Aun podía escuchar sus pasos sobre mi cabeza, intentando no respirar y dejar de temblar,
no quería que me encontrara, solo quería escapar pero él tampoco se daría por vencido
tan fácilmente y recorrería la casa hasta encontrarme. Mi respiración se ajitó cuando
se detuvo justo sobre mi, acaso, ¿sabría dónde estaba?, no, no era posible, el no
conocía ese escondite. Yo solo atiné a cerrar los ojos lo mas fuerte que pude y rogar
por que saliera ya de la casa.
-¡Koda!, chiquilla estúpida deja que te encuentre y verás.
Al fin salió azotando la puerta como era su costumbre pero eso ya no me atemorizaba
tanto, con él fuera de mi vista me sentí mas tranquila con el corazón latiendo a un
ritmo normal y con las manos en los bolsillos salí de la casa también vigilando que no
estuviera escondido para atraparme cuando me viera salir, si es que me veía. A veces me
sorprendía que estando tan ciego lograra atraparme a medianoche cuando la oscuridad es
mas espesa, nunca me hubiera imaginado que existiera un ser así.
Recorrí un par de calles esperando tener suerte y encontrarme alguna moneda que a un
estúpido rico se le hubiese caído al pagar algo, a veces sucedía, ya que los de la alta
suelen venir a las calles llenas de mercaderes, a cada paso un puesto con diferente
mercancía. Finalmente paré en la calle que cruza con el río, recorrí la orilla un rato
hasta llegar al puente y allí me quedé, era mi lugar favorito, allí nadie me molestaba,
ni siquiera sabían que alguien estuviera en ese lugar. Y me quedé dormida.
Por la mañana muy temprano un sollozo, un llanto me despertó, una niña de unos tres
años menor que yo se sostenía las rodillas intentando retener su llanto. Parecía que no
me hubiera visto pues dio un pequeño brinco cuando me acerqué a ella a preguntar que
tenía.
-Oye, ¿estas bien?
Levantó su rostro mirándome a la cara, sus ojos, sus ojitos que ahora por el llanto
estaban hinchados y un poco enrojecidos eran verdes, se veía tan débil, tan solo era
una niña, y yo... bueno no podía hacer nada, no tenía nada que ofrecerle además del
hecho que yo también era una niña. La abracé y noté un moretón en su mejilla, uno mas
en su piernita y otro mas en su brazo derecho, lo primero que me vino a la mente fue
que sus padres le pegaban, llevaba ropa muy cara por lo que me di cuenta que era de ese
barrio, de la alta sociedad, muy diferente a mi.
-¿Quién te ha golpeado?, ¿tus padres?
Su respuesta fue una negativa, respiraba entrecortadamente pero finalmente se puso de
pie, era mas bajita que yo, parecía una muñeca de porcelana con su piel blanca y sus
cabellos rubios como los rayos del sol. Sacudió su vestido y me miró de nueva cuenta.
-¿Cómo te llamas?
- Yo soy Koda, mucho gusto. - Hice una reverencia dejando caer la boina que retenía mi
largo cabello azabache para que no se enredase y poder pasar como un chico para evitar
ciertas situaciones.
- ¿Koda?, que nombre tan raro, ¿eres una chica?
Se sorprendió, sus ojitos se abrieron de par en par sacando de muy dentro de mi una
pequeña sonrisa, hacia años que no sonreía y para mi suerte esa seria una de muchas mas
que vendrían. Caminamos un rato por la ladera cuando un gruñido de su pequeño estómago
llamó mi atención.
-¿Tienes hambre?
Ella se agachó tratando de esconder su lindo rostro sonrojado y asintiendo con pena.
-Calma, es natural que tu cuerpo tenga ciertas reacciones, como cuando te da hambre...
espera un poco ahora vuelvo.
Corrí lo mas rápido que pude, si antes lo había hecho por temor ahora lo hacia de
felicidad, nunca antes me había sentido así y me enloquecía esa cosita en mi estómago,
bueno quizás era hambre también. Llegué a la calle llena de puestos de los comerciantes
pensando que no sabia que tipo de comida le gustaría a una niña de la alta así que opté
por tomar "prestada" un poco de comida de cada puesto, si no le gustaba algo ya tendría
yo para otro día.
Estaba a punto de regresar cuando el último puesto que recién se había instalado
exponía una serie de deliciosos y antojables panes que la boca se me hizo agua, mi
estómago rugió y la tentación me ganó, cargada como iba me fue difícil tomar aquel
pedazo de tarta, finalmente lo logré mas el hombre un sujeto corpulento me tomó la mano
evitando así mi huida, que va si solo me retrazo un poco, con una mordida en el brazo
me soltó y heché a correr como alma que lleva el diablo.
Llegué donde ella, la tomé de la mano, regresamos y nos ocultamos bajo el puente.
-Shhhhh, no hagas ruido.
Esperamos a que el gordo sujeto se regresara a su puesto y comenzamos a comer todo lo
que había podido conseguir.
-¿De dónde has sacado el dinero para todo esto?, Andreé dice que últimamente todo esta
carísimo.
-Ahh, bueno lo que pasa es que yo tengo crédito.
-¿Crédito, qué es eso?
-Mira, crédito es cuando me prestan la mercancía y yo puedo ir pagando poco a poco.
-Ohhh.
Yo me quedé pasmada al ver que mas de la mitad de la comida era prácticamente devorada
por aquella chiquilla, ¿dónde diablos le cabría toda esa comida?, yo habría comido una
semana con todo aquello.
-¿Dónde metes tanta comida?
Creo que mi pregunta la tomó por sorpresa y terminó escupiéndome en la cara una mezcla
entre agua y un par de tomates remolidos.
-Yo... yo lo...
-Ja... jajajajajajaja.
No resistí la risa, una carcajada tan agradable me surgió desde el alma, la niña se
había sonrojado pero después de unos segundos comenzó a reír conmigo.
No se bien en que momento se acurrucó en mis piernas y se quedó dormida. Me quedé un
momento mirándola, era tan bonita y me pregunté ¿qué haría una niña como ella debajo de
un puente? Y nuevamente me preocupé por los golpes que ocultaba tras un poco de tela
cosida que llamamos ropa. Antes también por el ajetreo olvidé preguntar su nombre,
seria divertido adivinarlo de no ser por que soy muy imbécil para las adivinanzas y no
me gusta en lo absoluto perder.
Comencé a sentir sueño, a sentirme en las nubes, todo por ese aroma tan dulce, primero
pensé que venía de fuera, nunca he sido muy observadora así que se me había pasado por
alto mas en ese momento con ella durmiendo tan rico me di la oportunidad de respirar
mas de cerca ese dulcísimo aroma que me llevo junto con ella a los cómodos brazos de
Morfeo y sus terrenos.
-¡¡Danielle, Danielle!!
Escuchamos gritos que nos despertaron con una agitación frenética que solo conocemos
los que nos sabemos culpables de algo. Asomé mi cabeza para ver que pasa allá afuera
encontrándome con un carruaje tirado por dos hermosos caballos, un hombre de traje de
pingüino y una señora joven, un señor con sombrero de rostro agriado y uno mas joven
buen mozo y preocupado gritando una y otra vez el nombre de Danielle.
-¿Tu nombre es Danielle?
La niña asintió con la cabeza dándome a entender una positiva, cosa que me entristeció,
jamás en mi vida llegué siquiera a pensar que demostraría tan abiertamente mis
sentimientos pero en ese instante lo hice. Al menos hasta razonar el por qué Danielle
seguía escondida detrás mío.
-Escucha, no dejaré que nada te pase, vamos a salir, toma mi mano y no te sueltes ¿de
acuerdo?
- ¿No me dejarás?, ¿estarás conmigo siempre?
-Siempre.
Salimos de nuestro escondite sin dejarles ver de dónde salíamos por si ocurría algo
poder escondernos allí después. Corrimos tras la carreta gritando para que se detuviera.
El señor joven volteó y nos vió, le dijo algo al que conducía la carreta y esta se
detuvo, dió la vuelta y nos alcanzó. La señora, el señor y el sujeto que se me antojo
agrio bajaron del carruaje extendiendo sus brazos para abrazar a la niña, yo me puse
entre ellos, no dejaría que se la llevaran tan fácilmente.
-¿Quién eres tu, chamaco insolente?
El sujeto agrio me desafió la mirada, mala idea, me han dicho que cuando me molesto mis
ojos azules se ponen como pequeñas dagas de hielo haciendo insoportable mi mirar. Así
lo comprobó el imbecil ese dando unos pasos para atrás.
-¿Cómo puede un niño tener semejante mirada?
Inquirió la señora que yo juraría no tenia mas de 25 años. La miré de arriba hacia
abajo esperando encontrar algo malo en ella, quería saber si era ella la culpable de
los golpes pero no fue así, todo lo contrario, las lágrimas en sus ojos retenidas no
por mucho tiempo mas me mostraron el cariño y la preocupación sincera de ella. Seguí
con el señor que le tomaba de la mano, igualmente joven, un tipo atractivo que si bien
era su padre nadie lo negaría pues tanto Danielle como él hacían gala de esos hermosos
ojos verdes. No, el no era el culpable. Finalmente llegué con el sujeto agrio, un
hombre delgado con el rostro lleno de rencores, celos, arrogancia y tantas cosas que ya
había visto en el rostro de Franzua que difícil no me fue averiguar que el había sido
el culpable, miré a Danielle a los ojos, sentí su temor y una oleada de rencor llenó mi
cuerpo y mi mente. Fue así como me lancé sobre él golpeando donde pudiera hasta que el
otro hombre me detuvo.
- Chico, ¿qué te ha hecho Andreé para que te le lances a diestra y siniestra con golpes
sobre él?
-Mi nombre no es chico, es Koda y ese señor ha lastimado a Danielle.
Me miró y luego miró al tal Andreé, se acercó a mi y llamó bajito a Danielle quien
lento se le acercó y efusivamente le abrazó. Le miró la mejilla, su bracito y su
piernita encontrando moretones que para entonces habían disminuído un poco su oscuro
color rojizo.
-¿Qué significa esto Andreé?
Vi como tembló el sujeto, estaba muerto de miedo y la inocente mirada del señor se
volvió fiera como aquel animal salvaje que protege a los suyos. De no haber sido por la
señora estoy segura de que lo hubiera matado en ese mismo instante.
-Estas despedido, no puedo creer que te atrevieras a ponerle un dedo encima a mi hija.
Fueron las palabras de la madre de Danielle quien corrió a abrazarle. Me aparté de
ellas, por un segundo sentí celos tanto de ella por tener una madre que le quisiera y
le protegiera como de la misma madre pues Danielle era una de esas personas que con su
sola presencia te llenan de alegría el alma.
-Pues bien yo me marcho.
Sacudí un poco mi vieja ropa, acomodé mi boina y regresé por el camino por el que
habíamos llegado.
-¡¡Espera!!
El padre de Danielle me detuvo, giré y él caminó hacia mi. Me tomó en brazos y me
sonrió sacándome una sonrisa por igual.
-Papá, no dejes que se vaya.
Ambos miramos a la niña quien corriendo se aferró a mi en un abrazo hundiendo su carita
en mi pecho. Jamás en mi vida me había sentido así, mis ojos se abrieron de par en par
y por primera vez sentí el corazón palpitar, estoy segura que latía, pero siempre tan
ajeno a mi, la única prueba era que yo seguía viva. Danielle levantó su inocente rostro,
se paró en puntitas y me besó en la mejilla, no pude ni moverme, sentí la sangre
gorgorear sobre mis mejillas y para ocultarlo miré hacia otro lado tratando de
separarme de ella.
-Sabes, nos gustaría mucho que cuidaras de Danielle.
-Pero señor, apenas y me conocen.
-Lo se, pero si ella confía en ti, nosotros también, Danielle nunca se ha encariñado
con nadie, y a ti te ha abrazado como a uno de nosotros, como a su familia.
Danielle asintió y su madre se unió a ellos, revisó mi rostro y mis brazos, asintió sin
decir nada, miró directo a mis ojos y sonrió mirando a su esposo.
-Eres un chico fuerte y Danny necesita alguien que le cuide, nosotros no podemos andar
tras de ella todo el tiempo aunque quisiéramos, pero tu, bueno, eso si quieres.
Su esposo interrumpió.
-Te pagaremos un buen sueldo, todo lo que tienes que hacer es cuidar de ella, irás al
mismo colegio que ella y a los banquetes. Además podemos darte alojamiento en la
mansión.
Por todos los dioses, esa era una propuesta que no podría rechazar, no mas robarle al
panadero ni a la señora de la fruta o de la verdura y podría pagarles todo lo que les
debo y lo mejor de todo alejarme de Franzua, de sus golpes y sus groserías, y de todo
lo que me obligaba a hacer.
-Señor, será un placer.
Subimos todos a la carroza y partimos dejando a un Andreé muerto de furia parado a
media calle gritando como loco que se vengaría, de mi y de esa familia.
Llegamos a una enorme casa, el jardín era inmenso hasta pensé que nunca llegaría a la
puerta mas contrario a mis fantasías llegamos a un gran puerta tallada en el mas fino
material de roble que mis ojos habíasen visto. Entramos, todo me pareció increíble, era
un sueño, todo aquello debía ser un sueño, no me podía estar pasando esto a mi, solo
puede pasar en los cuentos de la abuela de la calle, aquellos en los que una rana se
convierte en príncipe.
-Danielle, has el favor de mostrar a Koda su habitación.
-Con gusto padre.
Danielle me tomó de la mano y me encaminó por las escaleras pasar un pasillo, girar a
la derecha, atravesar una sala y finalmente entrar en una habitación tan grande como la
casa de Franzua, en todos lados había cuadros de pintores como Miguel Angel, al que yo
conocía gracias a la vecina Martina quien de vez en cuando me llevaba a las capillas
para aprender algo bueno, como dios y esas cosas, fue ella quien me contó sobre la
capilla, ella fue buena conmigo y cuando tuviera con que pagarle le pagaría, que
estúpidos hijos tuvo, pensar que le abandonaron, de verdad si yo hubiese conocido a mi
madre le habría querido hasta el último día de mi vida.
-Esta es tu habitación, la mía esta a un lado.
-Danielle ¿puedo hacerte una pregunta?
-Si.
-¿Por qué me tratas así?, tu padre ha dicho que me tratas como a tu familia, y que no
tratas así a nadie mas.
-Porque a ti te conozco desde hace muuuuucho.
Su respuesta no me sacó de dudas, al contrario, me brindó algunas mas, ¿cómo era eso de
que me conocía de mucho tiempo si apenas hacia unas horas nos habíamos conocido?, era
verdad que yo me había encariñado con ella pero eso también era raro en mi, quizás le
estoy dando mucha importancia.
Danielle salió de la que ahora sería mi habitación, yo me recosté en la cama
disfrutando de esa suavidad y mirando el techo, sin creerme aunque todo eso me estaba
ocurriendo, pues dicen por allí que las cosas buenas no le pasan a malas personas.
Unas horas mas tarde tocaron a la puerta, pregunté de quién se trataba y me contestaron
que era hora de tomar un baño. Eso no estaba muy bien, si me duchaban sabrían el
secreto que con tanto recelo guardo.
-Escuchadme, yo puedo bañarme solo, no es necesario que todas ustedes me ayuden.
Creo que herí sus sentimientos pero es preferible eso a otra cosa.
Que rápido pasa el tiempo cuando te sientes parte de algo importante, quizás no soy
mucho mas grande pero ahora tengo la experiencia de unos cuantos años mas, aun guardo
mi secreto, la familia me ha tratado como parte de ella y casi he olvidado todo aquello
que viví con Franzua y todo lo que hacia, para ese entonces no me daba importancia pues
todo lo que necesitaba era sobrevivir.
Lo que me ha estado sucediendo y lo que ya pase me dan mucho en que pensar, pues hubo
un tiempo en el que trate de alejar a Danielle sin causarle daño, fastidio para mi era
que siempre terminaba llorando entre mis brazos y yo pidiendo disculpas. Que estúpido
de mi parte pero... ahora no es igual, bueno de cierta forma lo es ya que aun quiero
alejarle de mi, no quiero molestar a sus padres ni terminar con la confianza y el
cariño que me han brindado pero... las circunstancias son diferentes, ahora entiendo mi
comportamiento para con ella, entiendo las razones y no son un disparate solo se que es
mejor que nos separemos ahora que aun puedo controlarme.
-¡Koda, Koda!, hijo ven acá.
-¿Qué sucede Sr. Frederic?
-Pues que no hemos olvidado tu cumpleaños, bueno por lo menos el día en que te
encontramos.
-Pero señor, no tiene que molestarse.
-Si no es molestia, después de todo eres como mi hijo.
-Gra... gracias señor.
Un año mas en esta casa, no se bien que día nací pero mas o menos llevo la cuenta de mi
edad y si hoy fuera de verdad mi cumpleaños, cumpliría 19 años. 10 años viviendo con
seres tan amables como lo son los señores Bouquet, después de todo quizás si existan
los milagros. Aunque hay algunos tan lejanos que es mejor olvidarlos.
-Señor.
-¿Si Koda?
-Bueno, yo quería pedirle un favor.
-El que quieras, sabes que si esta en mis manos.
-No creo que sea tan difícil, y es que he pensado que llevo un atraso en mi educación
pero puedo salir adelante, ya no quiero causarle mas molestias y me gustaría pedirle
que me inscribiera en el instituto Demian, si no es mucha molestia.
Todos los invitados me miraron expectantes y luego a al señor Frederic, esperando su
respuesta sentí que paso mucho tiempo aunque en realidad solo pasaran un par de minutos,
se lo pensó, yo no sabia si habérselo dicho en ese momento era lo mejor pero lo hice.
Danielle me miró se disculpó limpiándose la boca con su pañuelo y salió del comedor,
sabia que le pondría triste después de todo ella era muy apegada a mi, me trataba como
a un hermano mayor, como a su mejor amigo... su mejor amigo... no creo que pensaría lo
mismo si pudiera ver la cantidad de cosas que pasan en mi mente cuando sueño con ella,
ya sea dormida o despierta, todas esas situaciones tan sucias que pasan por mi mente
cuando la veo pasar al baño... dios mío, esto es lo mejor. Me repito una y otra y otra
vez pues segura estoy de que no resistiré mucho tiempo mas en esta situación.
-¿Estas seguro que eso es lo que quieres?, ese instituto es un internado, no podrás ver
a nadie en algún tiempo, solo durante las vacaciones y días festivos.
-Lo se señor.
-¿Aun así lo deseas?
-Yo... bueno... si, así es señor.
Los cuchicheos de los presentes no se hizo esperar y me sentí pequeña, muy pequeña,
estaba asustada y nerviosa, sería mas difícil mantener ese secreto en un lugar como ese
pero mil veces prefiero sufrir mil y un humillaciones a hacerla sufrir con mi
comportamiento incorrecto e indecente.
-Vaya ya desearía yo que mi hijo me pidiera estudiar en un colegio tan prestigiado como
ese.
-Y yo, necesito obligar a Simón a seguir estudiando.
Cosas por el estilo llenaban mis oídos al termino de la fiesta, aun cuando los invitados
iban de salida me felicitaban con palabras como "si mi hijo fuera como tu" o "por que
no hay mas chicos como tu" ya no sabía si me halagaban o que pues comenzaba a
molestarme y finalmente un terrible dolor de cabeza invadió mis sentidos atrofiándolos.
Cuando todos se hubieron ido salí al jardín, Danielle aun no regresaba, la busqué en su
cuarto pero nada, en la sala y nada, en el desván y por igual, prácticamente le busqué
por todo el interior de la casa y no la encontré. El dolor me tenía casi noqueada,
"solo el jardín" pensé dándome ánimos para poder continuar. Ya había oscurecido y no
podía ver mucho aunque conocía perfectamente el jardín no podía pensar con claridad,
estaba preocupada por Danielle y la cabeza solo parecía existir para dolerme de aquella
forma.
-¿Qué haces aquí?
-Estaba preocupado.
-¿No querrás decir preocupada?
-Como gustes contigo es igual.
Y lo inevitable llegó, aquella pregunta que tanto temía ya estaba en sus labios y era
imposible de detenerla.
-¿Por qué quieres irte?, ¿es por mi?
-...
-¿Por qué no eres capas de decirme que me odias?, ¿Qué te hice?
Y comenzó a llorar, dios mío, nuevamente le hacía llorar ¿cuántas veces mas tendría que
hacerlo? ¿por qué ella no entiende?, ¿por qué tengo que sentir esto?, por que... por
que le amo tanto...
-Yo no te odio.
-Si seguro, Koda, ya no soy una niña, no soy una chiquilla, siempre has estado a mi
lado ¿por qué alejarte ahora?
-¡No lo entenderías!, yo misma no lo entiendo.
-¿El qué?, ¿Por qué no me lo cuentas?
-No puedo.
-Eso creí.
Y se fue dejándome allí con mas preguntas que yo sola no podría contestarme, con mas
miedo, con mas dolor, mas sufrimiento, dioses ¿por qué no puede ser como antes?...
-Porque te amo.
Cuatro palabras que salieron de mis labios cuando ya la había perdido de vista.
-Porque te amo con locura y no es normal... hermanita.
Cansada regresé a mi habitación, a la misma habitación que me habían cedido hacia 10
años, ¿cuánto tiempo?, cada día un poco mas de mi locura y de mi tortura.
Tocaron la puerta, me levanté de la cama en la que dormitaba, me miré en el espejo del
tocador antes de abrir, sequé las lágrimas que en sueños había soltado y limpié los
rastros de aquellas que ya se habían secado.
-Adelante.
Indiqué que entraran poniéndome de pie y caminando hacia la entrada.
-Hijo, ¿has visto a Danielle?, no la encontramos por ningún lado.
El corazón se me encogió palabra tras palabra y un nudo en la garganta me impidió
contestar, ella no sería capaz de escapar, no sabiendo la cantidad de gente mala que
había allá afuera, gente que yo si conocía. Salí de casa corriendo gritando su nombre
una y otra vez sin recibir contestación, su padre y su madre salieron en el carruaje y
recorrieron mas calles que yo, eso me recordó algo ¡Claro!
-Debajo del puente.
El frío de la madrugada comenzó a calarme en los huesos, con la prisa ni siquiera había
tomado mi saco, solo había salido desesperadamente a buscarla, jamás debí decirle a su
padre mi decisión, no frente a ella. El puente ya estaba cerca pero no quise entrar en
la abertura; me senté a un lado y comencé a hablar como si estuviera hablando con el
puente.
-Tus padres están preocupados.
-...
-¿Por qué has huido de casa?... a... a... achu.
Froté mis brazos para darme un poco de calor, el frío me afectaba mas incluso que el
calor y eso era una gripa segura.
-Te vas a enfermar igual que yo.
Aun sin respuesta. Intrigada me acerqué al puente y husmeé la razón por la que no me
contestara, pensé que estaría demasiado molesta conmigo pero esa era una razón muy
lejana de la verdadera. Mis piernas temblaron cuando vi lo que sucedía, tragué saliva
cuando mis ojos chocaron con esos fríos y atemorizantes ojos marrón, del miedo caí de
sentón sobre la hierba fresca. Mis ojos abiertos de par en par me indicaron que no era
un sueño. Andreé y Franzua juntos eran una mala combinación, pero allí estaban ellos,
con Danielle.
-¿Cuánto tiempo mi querida Koda?, ¿te ha ido bien y no has compartido nada con el buen
samaritano que cuido de ti 9 años?, pero que niña tan malagradecida.
-A mi, ¿me recuerdas a mi?, claro que debes, por tu culpa me despidieron. Ahora tu y
esta morrita me las pagaran.
Sacó una daga de sus pantalones y la colocó en el cuello de Danielle. Sin pensarlo me
puse de pie y les plante la cara, no dejaría que nada le pasara a ella, no si yo podía
hacer algo y aunque no pudiera lo intentaría.
-Pero mira nada mas que nos ha salido valiente la cabrita.
Se burló Franzua.
-Déjenla en paz... suéltenla ahora mismo.
Advertí intentando guardar la calma mas la ira poco a poco se apoderaba de mi razón, no
hicieron caso y me arrojé sobre Andreé quien sostenía a Danielle, Franzua se interpuso
y me soltó tremendo golpe en el rostro que caí de bruces a la hierba. Me levanté de
nuevo y apreté los puños, con intenciones de volver a lanzarme sobre ellos.
-Ni lo pienses chiquilla, tu te defiendes y ella se muere.
Danielle estalló en llanto cuando me vio escupir sangre y el cardenal que se me formaba
en la mejilla, tenía tanto miedo que no dejaba de temblar "tu te defiendes y ella se
muere", me puse en lo que yo consideraba defensa pero con un chasquido en su boca
Andreé negó con la cabeza y presionó mas la daga en el cuello de la persona mas
importante de mi vida. Cerré los ojos y bajé los puños esperando únicamente los pesados
golpes de Franzua, golpes que no tardaron en comenzar. El primero dió de lleno con mi
estómago haciéndome escupir sangre de nuevo, el siguiente fue en el rostro y caí al
suelo de nuevo. Me levanté, volví a cerrar los ojos y con los puños abajo. Me tiró un
puñetazo en las costillas haciéndome retorcer del dolor, uno mas en la cabeza del cual
comenzó a brotar sangre. No resistiría mucho. Incluso los gritos y el llanto de la
rubia dejaron de rebotar en ese eco tan terrible en mis oídos que llegué a pensar que
estaba muerta. Mala idea el rendirme, pues en el suelo una patada y una orden de
"levántate" casi me hacen vomitar. Sentía los golpes por todo mi cuerpo, en las piernas,
los brazos, mis costillas, mi estómago hasta mi rostro. Mis ropas rasgadas y el frío
viento me obligaron a abrir los ojos, aquello que vi primero fueron manchas, muchas
manchas de muchos colores, sentí muchos pinchazos por todo el cuerpo, pequeños copos
de nieve caían sobre mi aumentando el dolor de las heridas. Como pude talle mis ojos
para ver mejor. Andreé desgarraba la ropa de Danielle entre sus carcajadas de victoria.
Franzua descansaba, seguro que darme una paliza le había dejado muy cansado. La daga
estaba como a tres metros de ellos y tan solo a medio metro de mi. Tenía que hacer un
último esfuerzo, alcanzar la daga, nunca dejaría que le pusieran un dedo encima a
Danielle. Franzua me miró y vió a donde dirigía mi mirada, eso me restaba tiempo, sabia
lo que tenía pensado, como pude me levanté y él por igual, ambos lanzándonos sobre el
arma deseando siempre ser el primero en alcanzarla...
To be continued....