"No voy a usar esto." Kerry cruzó sus brazos y asumió con su mas testaruda expresión. "No
me importa lo que digas, Dar, no iré a la fiesta de día de brujas vestida como Dogbert."
La mujer rubia de ojos verdes contempló el disfraz. "Así es que olvídalo."
"Aw." Dar Roberts, su alta compañera de cabello oscuro, se acercó y recogió una oreja
caída. "Lucirías tan linda, vamos, Kerry."
"No." Kerry frunció el ceño. "Y no luciría linda como un perro blanco, mentecato y
redondo."
"Está bien." Dar deshizo toda la fila de posibilidades. "Que tal éste?" Alzó un traje
de princesa hindú de cuero blanco y finos hilos.
"Chico, andas en los extremos hoy, ¿no es así?" Kerry escogió un traje mas suave. "Allí."
"No te refieres a la doncella Marian?"
"Mierda, no. Que tuvo ella de divertido?" La mujer rubia recogió algunos accesorios y
se dirigió hacia el cajero. "Y no puedo esperar a verte en esa armadura."
"Mm." Dar la siguió, reservando comentarios del pesado traje de malla de hierro
entrelazadas del que Kerry la había hablado. "Entre las dos, tendremos suficientes
armas para llevar la torre Centrus, si tenemos que hacerlo."
Kerry pagó por el disfraz y dejaron la tienda, caminando a través de la puesta del sol
y conduciendo la corta distancia hacia la terminal del ferry, que las llevaría a casa.
Después de la cena, se sentaron tranquilamente en el porche que daba hacia el Atlántico,
y observando aparecer las estrellas, junto con una agradable luna llena que pintaba una
franja cremosa a través de las ligeramente agitadas aguas. "Me gusta el Día de Brujas."
Comentó Kerry. "Es divertido y todos tienden a actuar un poco locos. Nosotros solíamos
ir al lago que estaba cerca de la casa de mis padres y contar historias de fantasmas
alrededor de una pequeña fogata."
"¿Historias de Fantasmas?" Dar rió entre dientes.
"Oye, no te rías, algunas de ellas realmente eran espantosas. Teníamos una acerca del
tren fantasma, donde podías oír el silbato una y otra vez, pero si permanecías cerca de
las vías, nunca podías verlo." Kerry le dijo. "A menos que estuvieses a punto de morir,
entonces lo hacías y el conductor te daba un saludo de despedida."
"Sí toda la gente que vio eso estaba a punto de morir, ¿cómo saliste tú de eso?" Su
compañera preguntó razonablemente. "¿Correo electrónico interdimensional?"
"Ja ja." Kerry apoyó sus desnudos pies sobre el barandal. "Apuesto a que no sabes una
buena historia de fantasmas, o si?"
Dar estuvo en silencio un momento. "Bueno, en realidad si." Asintió. "No tanto una
historia, es una leyenda de aquí mismo, en la isla."
"Ooh." Kerry se acomodó en una posición más confortable. "No puedo esperar a oír esto,
Alguna historia de Miccosoukee?"
"No exactamente." Dar colocó sus dedos en una rodilla. "Ésta isla solía ser gobernada
por Vanderbilts."
"Lo sé."
"¿Quieres escuchar la historia ó no?" Kerry cubrió su boca pacientemente.
"Ellos construyeron una enorme mansión en la orilla del agua que daba hacia el
Atlántico, y allí fue donde vivieron una buena parte del año." Dar señaló con el dedo.
"¿Puedes ver la mansión allá, cierto?
Kerry asintió.
"Estaban tan encariñados con la isla, que aquellos Vanderbilts que murieron aquí,
fueron sepultados en la propiedad, en dos lápidas monumentales, porque sacarlos de aquí
no era una opción. Pero la cabeza de la familia, Comodoro Vanderbilt era un veterano de
la Armada, salió un día de invierno y su barco se perdió en el mar."
"Oh."
"Su esposa estaba devastada, sufrió mucho por él y lo esperó, a que llegara a casa,
pero él nunca lo hizo. Así que ella murió en la mansión y fue enterrada ahí. La mansión
fue heredada a uno de los chicos, pero ellos nunca se aparecieron por aquí por algún
tiempo."
"Oh."
"Cuando lo hicieron, empezaron a escuchar historias del servicio que abandonaron.
Parece que las sirvientas y los jardineros estuvieron diciendo que en las noches de
luna llena, veían a la Sra. Vandebilt deambulando alrededor de la mansión, llamando al
comodoro."
"¿En serio?" Murmuró Kerry. "Vaya, eso es triste, y de alguna manera, romántico."
"Bueno, el personal no lo pensaba así." Remarcó Dar secamente. "Muchos de ellos hablaban
de dar notificaciones. De todas formas, uno de los hijos, dijo que se quedaría durante
toda la noche, sólo para comprobar que no había nada que temer." Se hizo, silencio.
"¿Y qué pasó entonces?"
"Lo encontraron en el fondo de la alberca." Le dijo Dar. "Al parecer estaba caminando
sonámbulo, caminó justo hacia el agua y se ahogó."
Kerry sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal. "Eso es... muy extraño." Observó
por encima del cuerpo de Dar para mirar la sombría mansión visible a la luz de la luna,
justo bajo la orilla. "Sin embargo, piensan que es sólo una historia o es lo que hemos
escuchado de eso hasta ahora."
Dar reposó su mentón en la barandilla y miró fijamente la costa. "No lo sé Todos en un
momento aparecerán repentinamente otra vez Clemente estuvo mencionando el otro día, que
al parecer una noche, una de las sirvientas corrió gritando del segundo piso, entonces
cayó por las escaleras circulantes. Aseguran que vio un fantasma."
"Ew." Kerry hizo una cara. "Ella probablemente lo estaba imaginando."
"Probablemente." Dar estuvo de acuerdo. "Bueno, iré a correr, ¿quieres acompañarme?"
"No esta vez." Kerry rechazó con pesar. "Tengo un proyecto en el que hay que trabajar y
dos cargas de ropa que lavar." Se levantó y siguió a Dar dentro, subió con dificultad a
su oficina y se colocó calmadamente detrás de su escritorio. Sacó sus archivos y se
puso a trabajar, pero la historia de los Vanderbilts seguía dentro de sus pensamientos,
hasta que finalmente se levantó de su silla y regresó abajo a la tranquila sala. Dar
había llevado consigo a su labrador, Chino, a que la acompañase, así que Kerry estaba
completamente sola, fue de regreso hacia el balcón y se inclinó contra el barandal.
Sus ojos encontraron la silenciosa mansión y estudió el piso de arriba, donde las
puertas de las que solían ser las habitaciones de los Vanderbilts se abrieron
directamente hacia el océano. Las paredes de piedra de la vieja casa resplandecían
débilmente ante la luz de la luna con los oscurecidos cristales de las ventanas con los
postigos cerrados que daban hacia el mar.
Era un truco de la luz, estaba segura, como una sombra se movió a través del lejano
barandal y desapareció. Un pájaro o algo, ¿verdad?.
Las aves no vuelan de noche, Kerry. Miró fijamente, convencida de que vería el
movimiento una vez más. Qué en el mundo... dudó, después compuso su mente, luego entró
al condo, deteniéndose en la cocina para agarrar una linterna antes de que abriese la
puerta trasera, bajó los escalones y salió de la pequeña área del jardín, cerrando el
portón de metal tras ella.
La costa estaba tranquila, mientras ella hacia su camino bajo la arena, las olas
golpeando contra sus pies desnudos. Caminó mas allá del oscurecido Club de Playa, luego
avanzó playa arriba hacia las escaleras de coral, que la llevaron hasta el patio de la
mansión.
El edificio apareció ante ella. Una piedra de dos pisos compuesta por extraños adornos
en los bordes y estatuas talladas en las esquinas que la miraban con ojos vacíos
mientras ella se acercaba, sus pies desnudos ligeramente raspados por el coral rodeando
la alberca, y miró hacia arriba al balcón.
Nada. Sólo el suave siseo de las olas y el revoloteo de las aves tropicales en el nido
que estaba cerca, rompió el silencio.
Entonces escucho débilmente, un ruido sobre ella. Como si trapos empezasen a cubrir la
piedra, ella retrocedió y miro hacia el balcón, pero sólo vio sombras.
Impulsada por la curiosidad, fue hacia la puerta trasera, en donde estaba el bar, giró
la perilla. Se sorprendió cuando giró fácilmente bajos sus dedos, entonces se dio
cuenta de que el personal de limpieza probablemente no terminó la cena ahí dentro.
Empujó la puerta de madera abierta y entró, una ráfaga de aire frío le golpeó el rostro
mientras se desplazaba del coral hacia la alfombra, dejando que la puerta se cerrase.
Kerry caminó más allá del latón y del bar de madera, en donde vasos recién lavados
reposaban sobre una alfombrilla, sin embargo un cazo negro atrajo su atención se estiró
lo suficiente para agarrar un Marascino de cereza de él. Chupando con satisfacción la
colorida fruta mientras continuaba su camino.
El bar daba a lo que una vez fue el estudio del Comodoro y ahora era sólo un gran salón.
Estaba amueblado con muchos muebles de cuero y con libros. Caminó más allá y subió los
dos escalones de la entrada principal, donde las enormes puertas dobles de madera estaban
rigurosamente cerradas. En la entrada circular, una escalinata en forma de espiral de
mármol adherido a las paredes y sobre ella, Kerry escuchó repentinamente un ruido, como
si algo hubiese caído.
Su corazón empezó a latir con fuerza. "Vamos Kerry, no seas estúpida." Murmuró a si
misma mientras ponía su mano en el barandal y empezaba a subir las escaleras. Las
pisadas cesaron y la superficie se sentía extraña bajo sus pies, mitad limpio, mitad
revuelto, donde la superficie de mármol se había deteriorado a través de los años.
Movió la linterna en su mano pero no la encendió, puesto que la luz de la luna
alumbraba a través de las numerosas ventanas, hacía la luz innecesaria, hasta ahora.
Salió a la cima de la plataforma y miró fijamente hacia el vestíbulo, el cual tenía
puertas revestidas del lado este, y otras pocas en el oeste. Una fina banda de antigua
alfombra corría por el centro, puesto que ésta parte de la habitación no era usada en
las actividades diarias del Club, y de hecho, las antiguas habitaciones se utilizaron
en su mayor parte para guardar muebles y para proporcionar el espacio para oficinas
para el Maitre del Club y el departamento de abastecimiento.
Ahora se habían ido, seguramente a casa. El silencio la envolvió y se detuvo, escuchando.
Un suave rechinido la hizo saltar un poco, se giró mirando fijamente la puerta abierta
que estaba junto a ella. Era una habitación ensombrecida, asomó su cabeza por la puerta,
mirando alrededor y viendo nada, sólo muebles empolvados. Había un espejo colgado en la
pared, se introdujo dentro, echando un vistazo fuera de las puertas dobles que daban
hacia el mar, después se volvió para encontrar a ella misma reflejada en la oscuramente
plateada superficie.
Algo se movió. Kerry se giró pero no encontró nada, había sólo un cuadro desequilibrado
colgado en la pared.
Muy bien. Respiró profundamente y exhaló. Sólo relájate, empuñó sus manos y flexionó
sus brazos, sintiendo un ligero frío entrar en el aire nocturno de afuera mientras una
puerta se balanceaba con el viento. La miró fijamente por un momento, luego caminó
hacia ella y la cerró calmadamente, sintiendo la firme resistencia de cómo el viento se
asentaba a regañadientes en el lugar.
"Creo que mejor salgo de aquí." Su propia voz sonaba extraña y lejana. Se dirigió hacia
la puerta y reingresó al pasillo, pretendiendo dirigirse hacia las escaleras, se detuvo
al escuchar un fuerte rechinido detrás de ella.
Despacio, se giró, su corazón palpitando fuertemente, sus ojos buscando nerviosamente
en la oscuridad. El enorme y vacío pasillo ante ella, iluminado solamente por las
franjas de la luz de luna, entrando a través de las puertas medio abiertas.
Tranquilizándose un poco, caminó empezando a sentir un hormigueo en su piel, mientras
llegaba a la última puerta, la cual era un poco mas grande y colorida que las demás.
La atrajo poderosamente. Se encontró dejándose llevar hacia ella. Y antes de saber lo
que realmente estaba sucediendo, empujo el entrepaño de madera y entró en la habitación.
Lo primero que percibió fue el olor, una delicada insinuación de rosas cosquilleó su
nariz y giró en círculo buscando su fuente.
No había nada.
La puerta del balcón estaba abierta entraba hacia la tela suavemente drapeada sobre la
grande cama cubierta, rozando suavemente sobre la piel de Kerry, con un toque de fresca
humedad. Las paredes aquí se cubrieron de pintura vieja y desteñida, flores de plantas
trepadoras alcanzaban el techo enyesado. Un tocador finamente tallado cubría toda una
pared, con un espejo redondo montado sobre el. El espejo tenía solo una larga grieta
que cruzaba en forma diagonal sobre el cristal, pero de otra manera, estaba intacto.
Un fuerte viento sopló, y la puerta azotó cerrándose detrás de ella. Kerry saltó a medio
camino hacia la azotea, tiró sobre ella, sujetando la vieja y redonda manija de acero,
tirando con todas sus fuerzas, se desprendió de su mano y la puerta quedó firmemente
cerrada.
Estaba empezando a temblar.
"Muy bien." Se obligó a calmarse y caminó hacia las puertas del balcón, saliendo hacia
el frío mármol y tomando un respiro de aire limpio y salado. Miró hacia el mar,
observando las líneas cruzar el horizonte, entonces se giró hacia la siguiente ventana
y volver a entrar en ese camino.
Sus ojos se fijaron en un movimiento, de forma oscura y vio una mano extendida yendo
hacia ella y se aterrorizó. "Jesús!" retrocedió hacia adentro y llegó a la puerta
oyendo un crujido tras ella, mientras agarraba el antiguo mecanismo en un poderoso puño
y girándolo, sintiendo un débil clic y empujando su cuerpo hacia atrás para abrir la
puerta.
Afortunadamente se movió y se deslizó a través de ella, corriendo a toda velocidad hacia
los escalones, solo para que repentinamente tener la puerta de la primera habitación
balanceándose frente a ella. Incapaz de detenerse, dio el portazo en ella, echándose
abajo y si sentidos por un largo y confuso momento.
Un escalofrío vino sobre ella y se puso en pie al sentir un toque tras su cuello.
Empujó la puerta fuera de su camino reservando una mirada atrás mientras abandonaba el
pasillo.
Unas manos la agarraron y ella gritó luchando contra el puño que la sostenía firmemente
mientras ella retorcía su cuerpo a un lado en un desesperado intento de huir. Sus
sentidos estaban sobrecargados tratando de absorber en su cerebro aterrado la cascada
de sensaciones que caían alrededor de ella, hasta que su sentido del olfato impuso todo
lo de mas con solo un absoluto mensaje desesperadamente importante.
Los fantasmas no sudaban.
Ellos generalmente tampoco la llamaban por nombre, mientras sus oídos, finalmente
identificaron el sonido hueco alrededor de ella.
Tampoco eran, usualmente suaves, y más altos de lo que ella era.
Y no traían perros labradores para lamer sus temblorosas rodillas.
"Oh Dios mío." Kerry se desplomó en los brazos de Dar, enterrando su cara en el sudor
de su húmeda camiseta, mientras escalofríos recorrían su camino a través de su cuerpo.
"Oh Dios mío." Susurró.
"Calma." La voz baja de Dar retumbó. "Calma. Te tengo." Frotó la espalda de la pobre
mujer y la abrazó. "Te tengo." Echó un vistazo sobre el hombro de Kerry hacia el pasillo
polvoriento y sacudió la cabeza. "Sólo relájate."
Kerry quedó en silencio por un momento, acurrucada en el abrazo de Dar hasta que su
respiración volviese a la normalidad y fuese capaz de abrir los ojos. "Lo siento." tocó
la superficie que había estado golpeando.
"No bromees." Dar le rodeó los hombros con un largo brazo. "¿Estás bien?, has obtenido
un chipote en la cabeza." Verificó el bulto con cuidado. "¿Qué sucedió?".
Kerry se asomó inciertamente hacia atrás. "No lo sé... realmente yo... pensé haber
visto un movimiento desde el apartamento, así que bajé a echar un vistazo y..." Miró
hacia arriba. "¿Acabas de venir de las escaleras?"
Dar asintió.
"Dar, vi algo ahí fuera. Lo juro." Kerry dejó escapar. "Había algo afuera en el balcón
y me persiguió." Exhaló inestablemente. "La puerta en esa última habitación se azotó y
no podía salir, entonces estaba afuera y la puerta finalmente se abrió, entonces me
persiguió y la otra puerta se abrió y la golpeé y entonces me levanté y me agarró y yo..."
"Shhh." Dar acarició su rostro suavemente. "Bueno, bueno... puedo ver que algo aquí te
asustó, eso es seguro." Sus ojos buscaron las paredes y la alfombra. "Iré a ver. Tú
quédate aquí."
"Como el infierno." Kerry cerró con picaporte hacia ella. "No necesito verlo otra vez,
salgamos de aquí, Dar."
"Déjame ir a echar un vistazo." Instó Dar. "Entonces permanece conmigo, si quieres.
Vamos hacia la última habitación y regresamos." Se detuvo. "Ésa era la habitación del
amo."
"Yo pienso que el amo aún sigue allí." Kerry dijo entre dientes permitiéndose, de mala
gana dejarse llevar. Aunque con Dar aquí, la mansión parecía perder su amenaza,
cualquier fantasma que las asechase, retrocedería debido a la poderosa personalidad de
su amante. Anduvieron por el vestíbulo acompañadas por el juguetón Chino y dando un
paso en el dormitorio el cual ahora era un espacio mundanamente deslustrado,
polvoriento, monótono completamente vacía de personas, corpóreo de otro modo. Kerry
sacudió la cabeza. "Vi algo." suspiró. "No era sólo mi imaginación, era... era esa sólo
una historia ó era realmente verdadera, Dar?"
"No lo sé." Dar la dirigió fuera del balcón, una extensión descubierta de mármol con
torcidas grietas muy finas en él por los años de abandono y sosteniendo bajo su propio
peso. Caminó hacia el borde y reposó sus manos en él mirando fuera hacia el mar. "Yo...
en cierto modo, siempre esperé que la historia no fuese verdad." Se giró y encaró a
Kerry. "Siempre esperé que, de alguna manera..."
"Mmm." Kerry frotó sus brazos aún fríos. "¿No sientes que aquí es escalofriante?"
"Sólo un poco triste." Dar miró de nuevo hacia el agua. "Pero entonces, la familia de
mi padre estuvo en la Armada por sólo Dios sabe cuántas generaciones, quizá sólo lo
entienda desde una perspectiva diferente."
La luna fue detrás de las nubes y fueron dejadas en una breve, casi alarmante oscuridad.
Kerry fue al lado de Dar y miraron hacia fuera, viendo las luces del barco, claras y
brillantes en el horizonte.
Muy lejos, oyeron una campana del barco, suave y solitaria en la noche.
Detrás de ellas, una puerta se cerró.
Se miraron la una a la otra. "¿Podemos salir de aquí ahora?" Kerry preguntó sintiendo
que un escalofrío le venía a la piel otra vez.
"Si." Dar concordó. "Buena idea."
Fueron hacia fuera de la mansión y salieron en la plataforma de coral, todavía e
nvueltas en sombras e hicieron su camino a casa.
Sin mirar hacia atrás.
FIN