Renuncias: Esta historia es mía y es producto de mi total imaginación, dichas protagonistas tienen una gran parecido a ciertas heroínas que ya conocemos, esta historia la he hecho sin ánimo de lucro. Esta historia nació de una noche de insomnio, se ve que estuve inspirada ja!
Subtexto: Sí mucho todo el relato.
Sexo: Sí un poco, pero más adelante.
Avisos: Es una historia de amor entre dos personas del mismo sexo, así que si te ofende o eres menor, quedas advertido y quien avisa no es traidor.
Violencia: Si un poco, como no, es sobre mafias así que ya se sabe, palabrotas unas cuantas, pero no escandalizan para nada.
Dedicatoria: A mi nena que la quiero mucho y siempre pienso en ella, Y a todas esas magníficas bardas que sus historias son sinceramente brillantes y las animo a que sigan escribiendo, y a todas las que lean mi historia, espero que la disfruten tanto como la disfrute yo.


POCAS OPCIONES

Autora: XenaDena

Quinta parte

Marian y Luciana, iban caminando por la urbanización, como si se conocieran de toda la vida, cosa que no pasaba desapercibida por las dos.
"Por qué me siento tan cómoda con ella, si hace apenas dos días que la conozco, me da confianza para contarle cosas, cosa que nunca me lo permitido tener con nadie, y ahora aparece Marian y lo quiero soltar todo, ¿pero esto qué es? ¿Tendrá razón Bernar que me estoy haciendo blanda? ¿Marian quién eres? ¿Por qué me resultas tan familiar?

- ¿Has dicho algo?-. "en que pensará, ella no habla mucho pero hoy esta como ida".
- ¡Eh! No, no he dicho nada.
- Perdona creí haber oído que me preguntabas algo, será imaginaciones mías-. " ¿Quién eres? Siento al mismo tiempo cosas, que creí no haber sentido nunca, pero algo me dice que si las he sentido, lo dudoso del asunto es que creo que también las sentí con ella, la pregunta es ¿cómo? La respuesta no la se".
- Sabes quizás lo que te diga ahora te parecerá absurdo, pero es que tengo la sensación de conocerte -. Marian se quedó mirando a Luciana esperando que dijera algo, para su asombro Luciana sonrió-. Sabes nunca había visto una sonrisa tan bonita como la tuya-. Para más sorpresa de Marian, Luciana se sonrojó.
- Gracias la tuya no se queda atrás, y te diré que no es absurdo yo tengo la misma sensación.
- ¿Y entonces dime de dónde nos conocemos? Yo no he viajado mucho, he ido a España a estudiar, ¿has estado en España? También he estado en Irlanda pero era pequeña, y ni me acuerdo mucho, así que ese viaje queda descartado, y no he estado en Italia, ¿así que dónde?
- No sé dónde, yo si que he viajado mucho, pero a España no, fui a Irlanda hace 3 años, así que no sé. Y dime ¿cómo que fuiste a España a estudiar?
- Pues a mi padre le pareció buena idea, que aprendiera el idioma y que según mi padre y mi madre, para mí era mejor esa institución. La verdad es que no me costo mucho irme, medio pena por mi hermano pequeño, y porque echaría de menos la casa y sobretodo mi cuarto y mi segunda madre-. Marian sonrío al ver el desconcierto de Luciana.
- Me explicas eso de segunda madre.
- Mi segunda madre es la cocinera, me conoce desde que nací y la quiero mucho igual que ella a mí, ya te la presentaré seguro que te caerá bien.
- ¿Tu madre es siempre así de...?
- Dilo no te cortes, de insoportable, pues la mayoría del tiempo si, siento haberte dejado con ella, pero me tenía que cambiar y mi madre es muy uf, muy suya.
- No te disculpes, no es tu culpa, no te enfades pero tu madre es un poco egocéntrica y un tanto falsa, por lo que he podido comprobar.
- No me enfado si es la verdad, bueno ya llegamos, que bien huele Luciana.
- Si entremos-. Marian entró primera y enseguida fue saludada por los hermanos de la morena, después de los respectivos saludos fueron directo al salón y se acomodaron. Marian estaba un poco nerviosa y no sabia ni donde sentarse.
- Marian toma asiento a mi lado y al de mi hija, si place-. Marian sonrío y enseguida se sentó al lado de Don Benetti y Luciana.

La cena fue transcurriendo en una velada agradable, Marian se sentía muy a gusto, con toda la familia. Y deseaba que su familia fuera como la familia Benetti o por lo menos la mitad de unidos.
Pasaron unas horas y la señora Saturnina se levantó y fue a la biblioteca y puso música, y los hermanos de Luciana bailaban y reían. Marian estaba disfrutando mucho, y casi todo el momento su vista estaba puesta en la morena que reía de cómo bailaban sus hermanos.

- ¿Siempre sois así?
- Si, mira Bernar siempre dice que es un estupendo bailarín jaja-. Marian miró a donde la morena le indicó y vió al hermano mayor de ésta, haciendo una especie de baile raro y gracioso, tenía los dos abrazos estirados y moviéndolos, y los pies se movían al compás de los brazos a un lado y al otro. "Si eso es bailar bien, yo no sé que es lo que bailo jaja".- Sabes yo creo que Bernar no es que sea buen bailarín, es que no tiene sentido del ridículo jaja. Nos pasamos todo el rato riendo.
- Tengo que irme ya Luciana es tarde, no es que me apetezca irme ya, es solo que voy a tener que oír a mi madre y si regreso más tarde va a ser aún peor, ni te imaginas.
- Bien lo entiendo déjame acompañarte.
- Gracias Luciana pero no tienes que molestarte-. Marian se puso de pie y se fue despidiendo de toda la familia.

- Ha sido un placer haber venido, son estupendos, muchas gracias por la invitación Gerbachio. Y Saturnina su comida es exquisita.
- El placer es nuestro, y ya sabes puedes pasarte por aquí cuando gustes, siempre serás bienvenida.
- Muchas gracias a todos-. Marian besó a Don Gerbachio a la señora Saturnina y a los hermanos Benetti.
- Padre la voy a acompañar, no tardaré.

Don Gerbachio asintió, Saturnina se acercó en silencio a su amado esposo y le susurró:

- ¿Lo sabrán querido?
- No querida no lo saben son ilusas-. Y se pusieron a reír a carcajadas, sorprendiendo a todos sus hijos y contagiándolos, hasta las risotadas llegaron a los oídos de la morena y la rubia.
- Seguro que mi hermano pequeño sé ha caído es muy patoso al igual que gracioso, lástima que nos lo hemos perdido.
- Es increíble que estéis tan unidos, nunca había visto una familia como la tuya.
- Siempre hemos estado unidos, pero estos últimos 10 años nos hemos unidos mucho más.
- Si no es indiscreción ¿por algo en concreto?-. Luciana luchaba una batalla interior parte de ella quería confiar en la rubia, pero la otra no, y parecía que la parte que decía no le doliera por el simple echo de desconfiar de ella. Al final la mejor parte gano.
- Si fue por un suceso, que paso hace 10 años, pero es largo de contar y tu tienes que estar pronto en casa, ya te lo contaré otro día-. Marian sabia que tenía que ir a casa, pero quería saber lo sucedido y por una extraña razón algo de dentro le decía que si Luciana no se lo contaba hoy no lo haría nunca. "Pero vale la pena tener que aguantar a mi madre, si casi no la conozco por no decir del todo, ¿me quedo o me voy? Pocas Opciones". Marian elogió la primera Opción. No podía irse sin saber lo ocurrido, lo que torturaba a la mujer morena lo que le hacia tan misteriosa.
- No, ven sígueme, conozco un sitio tranquilo, allí no nos molestara nadie.

Marian comenzó a desviarse del camino que llevaba a la puerta de su casa, para ir por detrás de su casa y rodearla. La morena sin decir nada la empezó a seguir. Llegaron al otro jardín y entraron por la puerta trasera de este. Y Marian se dirigió a la caseta del árbol, sabiendo que su hermano no estaría a estas horas. Luciana imitó a Marian y subió por las escaleras hacia arriba del árbol.

- Ponte cómoda, ¿quieres tomar algo?-. Luciana miraba el resto de la caseta estaba bien construída y había bastantes detalles brillantes.
- Dale mis felicitaciones a quien la construyo, hizo un buen trabajo, muy resistente no le falta de nada.

Marian se sonrojo, pero pudo dar las gracias.

- ¿La construiste tu?, pensé que quizás lo hubieran hecho tus hermanos mayores o como mucho tu padre.
- Mi padre no estaba por la labor y mis hermanos pasaban un poco, la construí con la ayuda del peque jaja, era muy pequeño pero tenía tantas ganas o más de montarla que yo, el único que se presto un poco a ayudar fue mi hermano Alfred. Mi hermano Eric ha echo unos retoques este año.
- Pues esta muy bien. ¿Tienes agua?

Luciana vio como Marian se acercaba a un grifo y sacaba agua de allí y cogía un vaso de un armario que había allí al lado, de inmediato le dio el vaso, el agua estaba fresca y era buena.

- ¿Tenéis un grifo?, creí que era de adorno jaja, ¿cómo lo hicisteis?
- Pues verás antes solo teníamos una máquina que tenía la garrafa e iba echando agua, pero a mi hermano pequeño que es un genio dijo que eso era molesto, así que cogió una especie de tubo y lo coloco en la fuente que esta detrás de la casa, cada vez que yo abro el grifo la fuente se abre y el tubo chupa el agua y lo trae hasta aquí.
- Tienes razón tu hermano es un genio jaja, hay que tener cuidado no se lo lleve la Nasa.
- Bueno, querías hablarme de algo.

De inmediato el rostro de la mujer morena se puso rígido con la mirada distante y triste como si estuviera viviendo algo en este momento.

- Si no quieres no. No quiero forzarte a decir o hacer algo que te haga daño.
- No perdona si que quiero, verás yo tenia otro hermano pequeño, se llamaba Estefano, era un niño muy bueno, no era como mis otros hermanos y yo, el no era travieso ni tenía una pizca de maldad. Mucha gente le quería y le tenían aprecio. Hace 10 años yo tenía tu edad, Estefano tenia 9 años.
- ¿Y dónde esta? Hablas del como sí ya no estuviera no habra... -. Marian no quería ni pronunciar la palabra.
- El nos dejo un día después de haber cumplido 9 años. Me he culpado toda la vida de su muerte, sé que podría haberla evitado.
- Tu no abrías podido hacer nada Luciana la muerte llega a todo el mundo y es en lo único que no puedes hacer nada, no debes culparte.
- Si Marian si podría haber evitado la muerte de mi hermano, si hubiera ido con él a jugar con el balón, en vez de estudiar no lo abrían matado.

Marian no sabia que decir, sentía tristeza y impotencia en esos momentos, quería ayudar en algo, pero sabia que lo mejor era estar callada y escuchar.

- El vino todo contento con su nuevo balón a enseñármelo, y que si iba a jugar con él, yo le dije que estaba estudiando que ahora no podía pero que después más tarde si. Él se fue entendiéndolo buscando a mi hermano pequeño Georgiano, que en aquel entonces tenia 13 años. No hacia mucho que se había ido y escuché un chillido de él, me puse a correr en la dirección donde provenía pensando que quizás se había caído como tantas veces, pero por desgracia lo tenían sujeto y una pistola le apuntaba la sien. Vi a mi padre obedecer las normas que le pedían y a mi hermano pidiendo ayuda. En el momento que vi a ese hombre reírse supe que no soltaría a mi hermano como le dijo a mi padre así que empecé a correr todo lo que pude pero llegué tarde le disparó y vi a mi hermano caer ni me enteré que a mi también me había disparado hasta que sentí la sangre correr y el dolor, pero aún así lo que me importaba era saber de mi hermano como pude me arrastre hacia él y lo puse a mi lado, él estaba muerto. Oí a mi padre acercarse y como mis hermanos venían armados y disparaban el coche del agresor.

Luciana calló largos minutos, hasta que oyó un llanto, alzó la cabeza y vio que el llanto provenía de Marian. Ella misma también lloraba no podía evitarlo.

- Sabes en esos momentos sólo pensaba que no lo volvería a ver sonreír ni jugar ni correr, que no volvería a oír su voz. Que me lo habían arrebatado de mi lado y le he pedido perdón todos estos años por haberle fallado, por no haber cumplido la promesa que le prometí. Así que juré, que mataría al hombre que me arrebató a mi hermano, costara lo que costara, le arrebataré su vida igual que él hizo con mi hermano.
- Yo dios mío.

Marian se lanzó a los brazos de Luciana que también lloraba, y estuvieron en silencio un largo rato, consolándose.

- Yo creo que hicisteis algo que no mucha gente haría Luciana, fuiste muy valiente al ir corriendo, aún sabiendo que ese hombre llevaba una pistola.
- Mi vida no me importaba, yo creo que pude haber hecho más, hubo un momento que me quedé paralizada dudé.
- Es normal, eso es lo que nos hace ser humanos, dudamos de las cosas, sentimos, y podemos caer en el mismo error más de una vez.
- Pues yo no me puedo volver a permitir dudar, no quiero perder a nadie más de la familia, ni a incumplir una promesa.
- ¿Que promesa incumpliste Luciana?-. Luciana cerró los ojos y le cayó una lágrima de nuevo.
- Le prometí que siempre cuidaría de él y que nunca le pasaría nada porque siempre estaría con él, que si le ocurría algo malo solo tenía que silbar y aparecería. Ya lo ves le fallé.
- Yo creo que él esta orgulloso de la hermana que tiene, y que lo entendió. No te castigues por eso, por que creo que a él eso no le gustaría, además tampoco le gustaría que lo recordaras con tristeza y culpa, tienes que recordar los buenos momentos que pasaste con él.
- Tienes razón, él eso no se lo merece. Me ha echo bien contártelo, gracias.
- No tienes que dármelas, ya sabes si necesitas hablar, cuenta conmigo. Por cierto ¿se supo quién era? ¿Esta en prisión?
- No esta en prisión, ese cretino sigue suelto, y si se supo quien era, hasta tú lo conoces-. Luciana sé arrepintió de haber dicho eso último, pero le salió sin más. "Bueno ya lo he dicho, ya que más da, además así mejor que no se acerque a ellos no quiero que acabe herida o algo peor".
- Entonces si se sabia quien era, por que la ley no lo cogió, espera un momento has dicho lo que creo que has dicho, yo lo conozco, ¿quién es? ¿Estas segura que yo lo conozco? Eso no puede ser Luciana.
- Te lo digo por que es mejor que no te acerques mucho a ellos ni a esa zona, Hoy no me encontraste porque si en el bosque, vigilaba a alguien.
- Pero Samuel no puede ser era un niño también, a no ser, no, no puede ser ¿Don Federico Pancho?
- Si el mismo, pero de Don no tiene nada. Ahora me tengo que ir es tarde y tu tienes que entrar es bastante tarde, y Marian sigue mi consejo no vayas por esa zona y no te vuelvas a acercar a Samuel.

Marian no supo que decir y sin darse apenas cuenta la morena había desaparecido en la oscuridad de la noche, solo la luna alumbraba algo.
Marian entró por la puerta trasera y subió a su habitación sin ser vista, no tenia en estos momentos ganas de tener una riña con su madre. Ni si quiera se fijó en la hora, se cambió y se acostó, creyó que la riña vendría mañana, pero era mucho pedir, enseguida picaron en la puerta y no tuvo más remedio que contestar.

- Sí-. Marian solo podía pensar en todo lo que le había contado, ahora su amiga morena.
- ¿Hija estas presentable?-. "¡Oh¡ mierda mi padre, entonces si que la he echo buena que hora debe ser". Marian se giró y vió el despertador casi chilla, marcaban las 3 de la madrugada. "Dios mío que tarde es ahora empiezo a comprender".
- Si padre lo estoy, puede pasar-. El señor Anthony pasó con semblante serio, eso le dió a entender a Marian que era muy pero que muy mala señal, y si fuera poco detrás de este estaba su madre.
- ¿Hija tenemos que hablar?
- ¿Padre tiene que ser ahora?
- Si Marian Jane Evans Miler, tiene que ser ahora. "Padre nunca me llama así si no es porque esta enfadado de verdad, pero por una vez creo que me da igual el castigo, porque si me dieran la oportunidad de cambiar hubiera elegido la misma Opción".

Continuará...


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