Esta historia ha sido traducida por Maui (Goyur) y revisada por Ellen, ambas miembros del Equipo de Xenafanfics, y cuenta con el permiso de la autora para su traducción y publicación en Internet.
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Nota del Revisor: Las palabras o expresiones escritas en negrita vienen en castellano en el original.


Aclaraciones: Nop, ninguna. Personajes, ciudad natal, seudo-compañía... todo es mío. Y esto es un Über, una historia con dos personajes de una historia anterior llamada Tormenta Tropical. Dar Roberts es la Vicepresidenta de Operaciones de una corporación de servicios informáticos internacionalmente conocida. Kerry Stuart es su ayudante y protegida.

Ambas se gustan.

El texto contiene un poco de violencia, palabrotas, actividad sexual y patatas fritas con salsa... pero todo ello muy muy suave.

Bueno. Pero no importa...


ALERTA DE HURACÁN

Por Melissa Good

Cuarta parte

-Esto va a ser un circo -dijo Dar mientras se dirigía a la oficina con Kerry caminando a su lado-. Creo que voy a hacer un cartel diciendo lo que me ocurrió y me lo voy a colgar al cuello para ahorrar tiempo. -El frío viento, que acompañaba el frente de temporal que se acercaba esa mañana, se agitó contra la chaqueta de cuero que llevaba sobre la camisa de algodón metida en los cómodos pantalones de carga. Ésa había sido una de las pequeñas iluminaciones de la mañana, a parte de la insistencia de Kerry en "ayudarla" a ducharse, y ahora esperaba aparecer en la reunión del comité ejecutivo y ver a sus compañeros inquietos bajo sus trajes de lana.

Pasaron junto al guardia de seguridad que les saludó con una inclinación de cabeza y asintió positivamente a Dar, la cual hizo rodar los ojos y se dirigió al ascensor.

-Estoy condenadamente agradecida de que sea temprano -comentó secamente la ejecutiva. El ascenso fue tranquilo con Dar apoyada contra la pared y Kerry entretenida con un pedazo de su vestido que llevaba un bonito alfiler con una rosa de filigrana y hojas delicadamente remontadas.

-¿Ya te he dicho lo mucho que me gusta este alfiler? -murmuró.

-Unas seis veces. -Dar dejó que una sonrisa cruzase su cara-. De nada. -El día anterior, después del almuerzo, habían encontrado uno de esos artistas errantes por el paseo entablado y cada una había cogido uno o dos de los bonitos adornos... Dar tenía un pequeño caballo alzado sobre sus patas traseras que no llevaba puesto por andar con muletas. Salieron del ascensor y pasaron por el vestíbulo con Kerry un paso más adelante para abrir la puerta cuando llegaron al despacho de Dar-. Bien, vamos allá.

María las miró cuando entraron.

-Buenos días... ¡Dios mío, Dar! -la secretaria se levantó y miró fijamente a su jefa mientras la alta mujer se las arreglaba para entrar en el despacho-. ¿Qué pasó?

Kerry avanzó y abrió la puerta interna del despacho dejándola abierta.

-Un rudo fin de semana -bromeó ligeramente levantando su mano enyesada-. De hecho, acabó antes de lo esperado.

Dar exhaló.

-Es una larga historia, María... digamos sólo que tenemos que estar preparadas para todas las clases de porquería que van a caer de todos los tipos de dispositivos de movimiento de aire rotatorio hoy -hizo una pausa y a mitad de la puerta se volvió-. Además de los habituales desastres de lunes, estoy segura de que Mariana vendrá aquí en cuanto llegue..., enredamos las cosas. -Se giró y se dirigió a su escritorio. Se sentó en su cómoda silla con una sensación de alivio y dejó las muletas en el suelo a su lado. Encendió el ordenador con un movimiento vivo y se reclinó en el asiento mientras oía la queda voz de Kerry en la otra habitación poniendo a María al corriente del el fin de semana. Apareció su programa de correo e hizo una mueca de dolor observando cómo crecía rápidamente la lista de mensajes nuevos en la pantalla.

Se acordó de que acostumbraba a ser divertido. Hasta solía encontrarse esperando que llegase el lunes, que era cuando la mayoría de los desastres realmente interesantes les hacía levantar sus feas cabezas. Ahora... una oreja se centró en Kerry y suspiró, ahora tenía otras prioridades. El teléfono sonó y pulsó un botón.

-¿Sí?

-Dar.

-Mariana. Buenos días -contestó Dar entrelazando los dedos y reclinándose en el asiento.

-No, no lo son. Tenemos un problema -declaró con un susurro la VP de Personal-. La policía viene de camino. Fabricini ha presentado cargos.

Dar se incorporó apoyándose en los codos.

-¿¿Presentó cargos?? ¿Por qué? ¡No le toqué!

-No contra ti -contestó Mariana-. Contra Kerry. Por agresión. Le rompió la nariz.

-Oh, debes de estar bromeando -la interrumpió enfadada-. No puede ir en serio.

-Dar, no estoy bromeando y va en serio, acabo de hablar con él y no va a ceder. Va a presentar cargos por agresión y una demanda por daños y perjuicios -la voz de Mariana sonaba muy tensa-. No sé qué anda buscando, pero...

Dar miró el despacho silenciosamente.

-Yo sí lo sé -contestó-. Sé lo que está buscando. -Exhaló y asintió una vez-. De acuerdo... gracias Mari... le diré a Kerry lo que ocurre. -Colgó la llamada y se guardó la noticia cuando Kerry asomó la cabeza en la oficina.

-Voy al piso de abajo a por café, ¿quieres? -le preguntó la mujer rubia.

-Claro -Dar se obligó a sonreír-. Me encantaría. -Observó a Kerry salir y se quedó estudiando la superficie de su escritorio durante un momento. Quince años. Sus ojos se desviaron hacia el reloj dorado que reposaba en el estante que atravesaba la habitación, su conmemoración de los diez años. Quince años. Tomó una respiración y marcó un número. Esperó a que atendiesen-. Sube aquí -declaró calladamente cuando contestaron y colgó. Esperó.

No tardó mucho tiempo. Fabricini entró en su oficina con media cara tapada por una venda blanca y con la piel cubierta por manchas y embadurnado de loción. Se sentó sin que se lo pidieran y lanzó una carpeta sobre el escritorio con aire silenciosamente triunfante.

Dar lo abrió y observó el contenido con un rostro inexpresivo, seguidamente lo miró.

-¿Qué quieres?

Él ni siquiera hizo como que no la entendía.

-Te quiero fuera de aquí -contestó con viciosa satisfacción.

Dar lo contempló silenciosamente.

-De acuerdo -respondió simplemente-. Llama a la policía, retira los cargos y lo tendrás.

-Oh, no Dar... quiero cobrarle mi libra de carne a esa prostituta tuya -contestó Steve con una sonrisa.

-Retiras los cargos o no hay trato -contestó Dar-. Tienes una demanda en contra por acoso sexual.

La mantuvo esperando por un largo momento.

-¿Sabes lo dulce que es esto? -ronroneó-. Es perfecto, tú estás ahí sentada, completamente desvalida, y yo estoy aquí saboreando cada segundo. -Hizo una pausa-. De acuerdo, Dar... dejaré en paz a tu pequeña... pero te quiero fuera de aquí hoy.

Dar miró de lado el correo que acababa de bajar, cuatrocientos nuevos mensajes.

-De acuerdo -accedió ofreciéndole el mango del teléfono-. Llama.

Lo escuchó hablar de modo encantador con la policía y colgar.

-Adiós, Dar... ha sido un placer trabajar contigo -se levantó y se marchó.

Dar cerró los ojos brevemente. Ahora venía la parte difícil. Cogió el teléfono y marcó la extensión de Mari. La VP de Personal atendió inmediatamente.

-Mari.

-Dar... oh, bien... me alegro de que seas tú... escucha, he estado discutiéndolo con Duks, quizá podamos encontrar una manera de...

-Ya lo arreglé -la interrumpió Dar-. Ha retirado los cargos.

Silencio.

-Oh... -Mari estaba obviamente sobresaltada-. Bien... yo... yo no pensé que se fuera a echar atrás, Dar... yo...

-Y no lo hizo -declaró quedamente la mujer de pelo negro-. Tan sólo le di lo que quería. -Tomó aire-. Dimito. -Un suave sonido la hizo levantar la vista y vio a Kerry de pie en la puerta mirándola en estado de choque-. Voy a hacerlo por escrito... hazlo, Mari - concluyó Dar y colgó-. Cierra la puerta.

Kerry obedeció y se encaminó al escritorio, donde posó el café. Se arrodilló al lado de Dar y apoyó una mano en su brazo.

-¿Qué quieres decir con que dimites? -le preguntó absolutamente confundida-. Dar, ¿qué está pasando?

Unos tristes ojos azules la observaron.

-La policía venía hacia aquí, Kerry... él presentó cargos contra ti por agresión y una demanda por daños y perjuicios.

-¿Y? -a Kerry le saltó saliva al hablar-. ¡Déjale que lo haga! Dar, no me digas que dimitiste por eso... yo le... yo le... ¿qué problemas puedo tener por haberle pegado? ¿Que van a hacer... condenarme a prisión? ¿En el condado de mi Dade? No lo creo... aquí tienes que matar a alguien para que por lo menos te metan en una jaula.

-Kerry... no voy a dejar que eso aparezca en tu expediente ni que tengas que pasar por toda esa porquería con la policía, ser acusada y echada abajo... e ir a las cortes... dios sabe que él probablemente consiga un jurado que le dé la razón por no se qué daños y perjuicios... -acarició la mejilla de la mujer rubia-. No... no puedo quedarme quieta mirando sabiendo que es por mi causa... y que lo podía haber impedido.

-Dar, no puedes dejarle ganar así -protestó Kerry furiosamente-. No te voy a dejar hacerlo.

Dar suspiró y le acercó la carpeta.

-No tenemos otra opción -tocó la carpeta con el codo-. De todas formas una de nosotras tendría que salir.

Kerry la miró fijamente y abrió la carpeta. Sus ojos cayeron en una pila fotografías de 8 por 10'. Ella y Dar. Paseando, comprando... de pie en el paseo entablado abrazadas. Ella dándole a Dar de su cangrejo de río. Una llamativa fotografía de ella mirando a su amante, con una expresión que incluso Kerry no podía explicar de otra manera que no fuese adoración.

-Oh -cerró la carpeta-. Bien, entonces, me iré yo, Dar... vamos, tú eres mucho más importante para la compañía que yo... esto es ridículo. -Miró a Dar-. ¿Puedes llamar a Les? ¿No puedes hacer nada?

Dar estudió sus dedos entrelazados.

-No estoy segura de que quiera hacer algo -admitió.

Kerry la miró fijamente.

-¿Entonces te estás rindiendo? -ondeó una mano-. Después de quince años, ¿así de simple? -Agitó su cabeza-. No me lo puedo creer.

-Vamos, Kerry... no me arrepiento del tiempo pasado aquí, pero quizá sea momento para moverse... se me está haciendo cada vez más difícil mantener el perfil que necesito para esto -objetó Dar para que la entendiese-. Sin hablar de las repercusiones en mi vida personal, y no quiero eso en absoluto.

Kerry guardó silencio por un momento.

-¿Y qué se supone que debo hacer yo? -inquirió finalmente-. No pensarás que me voy a quedar en este agujero del infierno sin ti, ¿verdad? -Se levantó y pasó una mano por su pelo-. No me puedo creer que estés rindiéndote y dejándole ganar -repitió suavemente-. Yo... -Agitó su cabeza y se encaminó hacia la puerta interna, la abrió y salió sin una palabra.

Dar estaba silenciosamente aturdida. Aquí estaba ella, había sido bastante noble, a su parecer, poniéndose entre Kerry y una mala situación. Pero Kerry no lo veía en absoluto de esa manera... y en lugar de agradecérselo se iba defraudada. Dar se sentía muy desconcertada, pero no tuvo tiempo de considerar sus opciones antes de que la puerta se abriese bruscamente y entrase Mariana con su rostro perturbado y enfadado.

-¿Tú también vienes a gritarme? -le dijo a la defensiva.

Mariana se detuvo y se la quedó mirando.

-Estoy aquí para intentar hablar contigo y meterte algo de sentido común. Dar, no puedes irte así sin más.

-¿Por qué no? -Dar apoyó la barbilla en una mano-. ¿Tengo un contrato de por vida?

-No... no, Dar, ya sabes a lo que me refiero -Mariana tomó asiento.

-No, no lo sé -la alta mujer sacudió su cabeza-. Estoy en un estado de voluntad, no tengo ningún contrato firmado, la compañía no me posee, y no hay ninguna razón por la que no pueda simplemente coger y marcharme por esa condenada puerta. -Dar se levantó agarrando sus muletas y dando pasos por la habitación-. Es lo que él quiere, es lo que José quiere, es lo que Eleanor quiere... dios sabe que quizá estoy en su camino.

-¿Qué? Claro que lo estás, tú... -balbuceó Mariana-. Alguien tiene que hacerles frente, Dar, o ellos hundirán la compañía, tú y yo lo sabemos.

-¿Por qué yo? -Dar se giró y golpeó su pecho con un dedo-. Todo lo que hago es ser un blanco, Mari... no importa lo que haga, no importa cuantos jodidos conejos me saque del culo, no importa cuántas cuentas salve, o cuántos puntos haga que suban las acciones, siempre soy la maldita perra Dar Roberts... ¿no crees que ya estoy enferma y jodidamente cansada de eso algunas veces? -Su voz rozaba el alarido-. Ahora tengo a ese jodido anormal que contrataste que lo único que hace es ponerme las cosas condenadamente difíciles y no te oigo decirle alguna maldita palabra, ¿no es así?

Mariana la miró fijamente.

-No no... dejádselo a esa perra... ella lo hará tan bien como lo sabe hacer y lo callará... ¿cierto? -Dar la rodeó-. ¿Cierto? ¿Tengo que quedarme quieta y aguantar un evidente ataque personal por medio de otro empleado y me dices que no me puedo marchar? ¡Que te zurzan, Mari! -Ahora el temperamento de Dar saltó-. ¿Por qué diablos no le planteaste cargos por acoso? ¿O por jodida insubordinación? -Se inclinó sobre el escritorio-. Permíteme decirte una cosa... fue condenadamente afortunado que fuese Kerry quien le pegase, porque si hubiera sido yo, tendría algo más que una jodida nariz rota.

-Vale... vale... Dar... tranquilízate -Mariana levantó sus manos cautamente-. Tienes razón.

La mujer de pelo negro se giró y fue hacia la ventana apoyándose en ella con una mano.

-Sé que la tengo... he estado luchando todas las batallas aquí durante mucho tiempo, todos los demás se han olvidado cómo -declaró sosegadamente-. Bien, tendréis que encontrar a otro que luche por vosotros. -Dejó su cabeza descansar sobre el vidrio calentado por el sol-. Yo estoy cansada de hacerlo.

Silencio.

-Entonces... esto es sólo una excusa, ¿verdad? -preguntó Mariana quedamente.

Dar contempló las olas verdes y azules.

-Quizá.

Una suave exhalación.

-¿Qué te ha pasado, Dar?

Era casi cómico.

-Me he dado cuenta de que ahí fuera hay más para vivir que en el próximo e-mail, Mari -Dar resopló suavemente-. Desgraciadamente para la compañía. -Se giró-. No me voy a quedar mirando mientras ese bastardo ataca a Kerry... y puesto que tú no hiciste nada al respecto, lo haré yo. -Una pausa-. Lo he hecho-. Incluso si la propia Kerry protestaba. Tan sólo esperaba que la mujer rubia la perdonase.

Mariana se reclinó en la silla y exhaló.

-Sé que piensas que todo esto es por mi culpa, Dar... y lamento que pienses eso. -Levantó la vista pero la mujer alta no hizo que sus ojos se encontraran-. Tal vez tengas razón... debería haber saltado encima antes... deteniendo todo esto cuando comenzó... simplemente pensaba que lo tenías bajo control, y que si yo interfería, se volvería peor. -Hizo una pausa para darle a Dar la oportunidad de hablar. Al ver que la otra mujer no lo hizo suspiró-. De esta manera, también debería haberos separado a ti y a Kerry cuando me di cuenta de cómo os mirabais la una a la otra.

Continuó sin responder.

-Pero eso lo deberías haber hecho tú misma -continuó Mariana-. Y si lo hubieras hecho, no estaríamos sentadas aquí ahora.

La cara de Dar no mudó su expresión.

-Sigue. Échame todas las culpas -murmuró la mujer de pelo negro-. Ya lo hice... y ahora estoy haciendo algo al respecto ¿Cuál es tu problema?

Ella no tuvo oportunidad de responder porque la puerta se abrió y José entró.

-¿Qué es eso que he oído? ¿Dimites? -preguntó José con voz incrédula.

-Sí -contestó Dar-. Ya puedes encomendar la comida para la fiesta, José... felicidades. Ganaste -escribió un mensaje en su programa de correo y lo envió-. Ya está... acabo de comunicárselo a Les... eso lo hará definitivo. -Se levantó y agarró su maletín, sacó su portátil y lo dejó en el escritorio... -No tengo muchos objetos personales aquí. -Tomó sus delfines y miró sus peces luchadores-. Veré si María quiere quedarse con esos dos. -Puso su insignia y su busca encima del portátil.

-Espera... espera... -dijo José levantando una mano- ¿Qué quieres decir con que gané?

Dar lo miró fijamente.

-¿No era esto lo que querías? Contrataste un tipo que sabías que era un antiguo enemigo mío y le diste instrucciones explícitas de encontrar mi punto débil y explotarlo. Lo hizo. Me marcho, tú ganas -su tono era frío y sarcástico-. Felicidades y buena suerte... espero que fastidies la compañía de mala manera, tendrán que revocar la oficina entera.

-Yo no hice...

-Por supuesto que lo hiciste -Dar disparó de vuelta- ¿Quieres ver el e-mail que le enviaste?

El teléfono sonó.

-Dar, Mark en la línea número uno -la voz de María emergió.

-Gracias, María... ¿puedes llamarme un taxi por favor? -contestó Dar crispadamente.

- -la secretaria sonó confundida.

-Gracias -Dar pulsó el botón-. ¿Qué pasa, Mark?

-La línea central nororiental está abajo -declaró el jefe de MIS-. No consiguen localizar el problema.

Dar tomó aire.

-Encuentra a otro para arreglar eso, Mark. Ya no es mi problema -contestó con tono uniforme-. Dales más o menos una hora para encontrar a alguien que me sustituya.

Hubo silencio durante casi treinta segundos enteros.

-Entendido -respondió finalmente Mark y colgó.

Dar colgó su cartera del hombro y miró alrededor.

-Bien, me voy a casa -declaró rotundamente-. Que os lo paséis bien. -Cojeó hacia la puerta, la abrió y desapareció tras ella. Mariana estaba de pie junto al escritorio con el rostro arrugado por la preocupación-. María...

La mujer cubana rodeó el escritorio y se le acercó.

-¿Te vas? ¿Por las buenas? -le preguntó visiblemente perturbada.

-Eso me temo -contestó amablemente-. Gracias, por todo, María, eres una buena persona y aprecio todo lo que has hecho.

María retorcía sus manos. Se acercó más y abrazó a Dar.

-Que dios te bendiga, Dar... este lugar no te merece -miró a José que salía del despacho en ese momento-. Y tú eres un pedazo de caca. Y espero que dios te mande atropellar ahí fuera con un autobús. -Fue hasta su escritorio, cogió su bolso y salió dando un portazo.

Dar la siguió en silencio. Se dirigió por el silencioso corredor hacia el ascensor cuyas puertas se abrieron cuando de acercó. Entró y se giró apoyando la espalda contra la pared posterior cuando se cerraron las puertas y empezó a moverse.

*****

Kerry volvió a su despacho y se sentó. Estuvo mirando fijamente su escritorio durante mucho tiempo sin moverse.

-No me puedo creer que haya hecho esto -suspiró finalmente-. No me puedo creer que lo halla hecho sin ni siquiera hablar conmigo sobre ello... como si fuese una especie de cría que necesite ser protegida o algo así -Se levantó y comenzó a dar pasos de un lado a otro.

-No puedo dejar que lo haga.

Pasos, pasos, pasos.

-Sé que piensa que lo está haciendo por las razones adecuadas -suspiró-. Sé que quiere protegerme de toda esa porquería legal... pero lo que ella no comprende es que yo estoy políticamente mucho más a salvo de lo que ella piensa... se olvida de quién es mi padre.

Ojos verdes contemplaron la ventana.

-De acuerdo... entonces, ¿qué diablos es lo que voy a hacer? -tamborileó el escritorio con sus dedos- La primera cosa que necesito es encontrar aliados -Consideró el teléfono. Lo cogió y marcó un número. Tocó al otro lado varias veces saliendo a seguir un buzón de voz-. Maldita sea, Mark... ¿dónde estás?

Su pregunta fue respondida de una manera inesperada al abrirse la puerta y entrar Polenti con una mirada de enfado en su rostro.

-Oh... me oíste.

-¿Qué demonios ocurre? -preguntó Mark poniendo las manos en sus caderas- ¿Lo ha dejado?

Kerry se sentó en su escritorio.

-Es complicado, pero esencialmente, sí... lo ha hecho -cruzó los brazos-. La cuestión es, ¿qué vamos a hacer al respecto?

-Espera un segundo... ¿podemos empezar por un "por qué"? -Mark levantó una mano- No quiere decir que no esté contigo en eso de hacer algo, pero me gustaría saber que libro me estoy leyendo antes de saber la página por la que vamos.

Kerry frunció los labios.

-¿El contexto? Lo ha hecho porque Steve Fabricini me iba a causar grandes problemas y ella lo cambió por su puesto de trabajo.

Mark la miró con curiosidad.

-Lo sé... pero no la voy a dejar irse así -reconoció Kerry-. Por eso... primer punto, ¿cuántos problemas puedes crearle?

Mark se sentó y puso las manos entre sus rodillas.

-¿Problemas? Bueno... puedo expulsarlo de la red y reencaminar su mapa de navegación para que no pueda encontrar sus archivos.

Kerry se inclinó hacia delante y atrapó su mirada.

-No, Mark... no ese tipo de problemas. Los de verdad -sus ojos verdes centellearon-. Esos en los que sé que eres muy bueno.

Él se aclaró la garganta y pestañeó ante ella sorprendido.

-No pensé que tú... bueno, vale, puedo causarle muchos problemas, ¿por?

Kerry sonrió.

-Me gustaría que le causases tantos problemas como humanamente puedas, ¿vale? -contó con los dedos- Estoy hablando de tarjetas de crédito, impuestos, carné de conducir, legales, utilidades... todo.

El maxilar de Mark se descolgó.

-¿Estas hablando en serio?

Ella asintió.

-Estoy hablando en serio.

-Uau -se frotó la nariz-. Juegas sucio -La miró con una jovial sonrisa-. Eso me gusta -Se levantó- ¿Qué vas a hacer tú?

La cara de Kerry se endureció y sus ojos se volvieron fríos y calculadores.

-Voy a hacerles entender lo indispensable que ella es -le dijo la mujer rubia rodeando su escritorio y buscando algo en su pantalla-. Veamos, donde estaba... oh, vale, sí, aquí está -Marcó un número en su teléfono que fue atendido al segundo toque-. Sí, soy Kerry Stuart del departamento de Operaciones en Miami... necesito hablar con Les Roesenthal, por favor -Una pausa-. Es urgente -Puso el teléfono en espera-. Comienza por cortarle la electricidad, Mark... me gusta la idea de él caminando por el sensible moho.

Mark sonrió.

-Si, señora -salió trotando por la puerta cerrándola al salir.

Kerry asintió hacia la puerta sonriente.

-Te las verás conmigo. Eres una lastimosa muestra de medio asado de perro.

-¿Perdone? -preguntó una voz de hombre desde el teléfono- Creo que no la entendí... ¿Srta. Stuart?

-Lo siento... estaba hablando con otra persona -dijo Kerry con una embarazosa sonrisa-. Sí, ¿es el Sr. Roesenthal? Creo que tenemos que hablar.

*****

'Una gaviota solitaria volaba en círculos sobre la playa montando las cálidas ráfagas de aire. El agradable silencio y el cuchicheo de las olas eran los únicos sonidos que llegaban a los oídos de Dar mientras se encontraba sentada en el porche con la rodilla en alto sobre una silla cercana. Su cabeza descansaba contra el vidrio mientras contemplaba la gaviota con ojos medio cerrados.

En la mesa había una botella de vino dulce por la mitad, con un vaso al lado. Dar alzó un brazo y volvió a llenar el vaso. Bebió un sorbo, el cual hizo recorrer el interior de su boca antes de tragarlo. Chino estaba durmiendo en el suelo de azulejo cerca de sus pies. Se había quedado exhausta tras sus bufonadas de alegría al ver la inesperada llegada de Dar.

El teléfono había sonado varias veces dentro de la casa, pero Dar decidió ignorarlo prefiriendo quedarse mirando el horizonte y evaluar sus opciones.

Se sentía extraña por no estar trabajando. Le parecía aun más extraño el no estar segura de si la decisión que había tomado había sido la correcta y no una fundada en una reacción por el tirón de la rodilla y por la percepción del ataque a Kerry. Sabía que le debía una disculpa a Mariana, pero suponía que podría llamar a la VP de Personal luego a su casa, cuando estuviese fuera de la compañía. Bebió otro sorbo de vino. Miró su teléfono móvil cuando éste comenzó a sonar.

-Ah... me pregunto quién será, Chino. -Agarró el teléfono y lo abrió-. ¿Sí?

-Hola.

Dar sintió una mansa ola de alivio pasar por ella. -Hola. -La voz de Kerry estaba tranquila, le faltaba el toque de enfado que había tenido antes-. Siento haberme ido sin hablar contigo.

-Mm... sí, eso fue un poco decepcionante -le dijo Kerry suavemente.

Dar no sabía qué decir al respecto, por eso se mantuvo en silencio.

-¿Estás en casa? -preguntó Kerry.

-Sí.

-No has respondido el teléfono.

-Lo sé... estoy fuera en el porche con Chino -respondió la mujer de pelo negro-. Entonces... ¿ya te dieron mi despacho?

Una suave risa le respondió.

-Bueno, puesto que me fui de una reunión donde le dije a dos de los VP antiguos que me besasen el culo, probablemente no está entre mis posibilidades hoy.

-Mmm. -Oscuramente, eso alegraba a Dar-. ¿A qué dos?

-José y Eleanor... Mariana se fue a casa -respondió Kerry-. Y yo también me voy... desde que toda la división se ha puesto de huelga... no hay necesidad de que me quede aquí.

-Mm... eso está bien... espera. -Dar se incorporó-. ¿Qué?

-Debe de haber sido algo en la cafetería... cincuenta y dos personas de operaciones, casualmente, todas se han puesto enfermas y se han ido a casa -le contó Kerry alegremente.

Dar suspiró.

-Kerry... es un bonito gesto, pero va a crear problemas a todos -informó a su amante.

-Dar, no les pedí que lo hicieran -regresó la voz de Kerry-. Creo que no comprendes cuánto te respeta esta gente... María presentó su dimisión, hay diez más pendientes incluyendo la de Mark, y el servicio de Personal ha sido bombardeado con cartas oficiales de censura contra Fabricini aludiendo de todo, desde robo hasta intento de violación.

-Oh -murmuró Dar.

-Y su automóvil se ha quedado codificado.

-Oh -con un énfasis diferente.

-Y le han rajado los neumáticos.

-Ah... Kerry...

-Y le han cortado la electricidad, teléfonos, gas y agua.

-Kerry... -alarma ahora.

-Y han cancelado sus tarjetas de crédito.

-¡Eh!

-Su cuenta de ahorros ha ido a parar a una fundación de mujeres y niños.

-¡KERRY!

-Esa última era de broma -dijo Kerry riendo entre dientes.

-Vamos... te vas a meter en muchos problemas -le dijo Dar con tono grave.

-Sí... soy perfectamente capaz de meterme y salirme de ellos, Dar... no necesito que te lances sobre las situaciones por mí -respondió Kerry seriamente-. Me siento halagada de que te hayas ido por mí, ¿sabes? -No tenía respuesta para aquello-. -¿Dar?

-Sí -contestó Dar quedamente-. Lo siento... supongo que me las arreglé bastante mal para solucionar esto -contempló la gaviota displicentemente-. Quizá debería haberme quedado en casa hoy.

-¿Dar?

-¿Sí?

-Te quiero.

Una débil sonrisa asomó rápidamente en los labios de Dar.

-Yo también te quiero -hizo una pausa-. Disculpa si exageré.

-Disculpa aceptada, si me perdonas de antemano por intentar que cambies de idea.

Dar sonrió ligeramente triste.

-No creo que ésa sea mi opción, amor.

Kerry rió entre dientes.

-¿Por qué te ríes? -inquirió Dar con curiosidad.

-Te veré en unos minutos -respondió su amante-. Ciao.

Dar se quedó contemplando el teléfono.

-¿Qué estará tramando ahora? -le preguntó a la soñolienta Chino que meneó la cola en respuesta.

*****

Kerry abrió la puerta y la cerró tras ella. Escuchó una lucha de pequeñas patas contra las baldosas del suelo y sonrió cuando Chino se contorneó para atacar sus pies.

-Eh cielo... -se arrodilló y recogió a la cachorro- Ohhh... te estás haciendo grande, ¿eh? ¿Te gustó estar hoy en casa con mamá Dar?

-Encontró el aguacate de mamá Kerry en el fondo del frigorífico -comentó Dar apoyada sobre la puerta de la cocina-. Tuve que raspar guacamole de algunos sitios interesantes.

Kerry rió y frotó el estómago de la cachorro.

-Ohhh... chica mala. -Se levantó y siguió a Chino, dejó su maletín y fue hacia Dar. Deslizó sus brazos alrededor de ella y la abrazó-. Que día de perros.

Dar también la abrazó.

-Habría estado de acuerdo contigo hasta hace cinco segundos -sintió una sensación de alivio-. Escucha... pedí algo de comida del club... supuse que sería una mala noche para cocinar.

-Mmmmmmm... -Kerry enterró su cara en el suave tejido de algodón de la camisa que se había puesto Dar-. Con tal de que pueda comer justo aquí, me parece genial. -Pasó una mano hacia arriba y hacia abajo por el costado de Dar y la volvió a abrazar.

Dar se calentó alegremente en la calidez. El caos de sus tripas se alivió por primera vez en ese día. Plegó sus brazos alrededor de la pequeña mujer y enterró su cara en el suave pelo rubio rindiéndose a la necesidad de sentirla.

-Me alegro de que no sigas enfadada conmigo -comentó suavemente.

Kerry le dio unas palmaditas en el costado.

-No estaba realmente enfadada... quiero decir, estaba enfadada por lo que había ocurrido, pero... después de todo, lo hiciste por mí, así que... ¿cómo me podía enfadar? -inclinó su cabeza hacia atrás y consideró a Dar-. Y... hum... tuve que oír algunas historias de horror sobre la cárcel del condado de Dade que me contó la ayudante de Mark... que parecía que sabía una cantidad no habitual de historias sobre ello... y... hum... -Hizo una pausa y soltó aire-. Lo que estoy intentando decir, bastante mal, es que me alegro de haberme ahorrado esa particular experiencia.

Dar sonrió.

-Yo también me alegro -reposó sus antebrazos en los hombros de Kerry-. No lo tenía planeado... pero cuando oí lo que él había hecho... -Sacudió su cabeza suavemente-. No podía dejarle que siguiera con ello.

Kerry se enderezó y pasó una mano por el pelo negro de su amante disfrutando del sedoso tacto.

-Lo sé pero... -se detuvo abruptamente y tocó con suavidad el lado de la cabeza de Dar-. Hey.

Dar hizo una mueca de dolor y apartó un poco la cabeza.

-Au.

-Aún tienes un golpe ahí -persistió Kerry aliviando el toque y limitándose a examinar la superficie con las yemas de los dedos-. ¿Duele mucho?

Dar cerró los ojos brevemente y los abrió.

-Duele, un poco -admitió-. Como la pierna... un dolor poco intenso pero molesto.

Kerry le observó los ojos desde más cerca.

-Dar, ven aquí junto a la ventana un momento. -Esperó a que la mujer de pelo negro obedeciese, después se puso de puntillas y miró fijamente los iris azul claro-. Cierra los ojos. -Dar lo hizo-. Vale, ábrelos. -Las pestañas se abrieron temblorosamente-. Dar, tu pupila de este lado está reaccionando de forma diferente a la otra.

-Mm -Dar cabeceó desenvueltamente-. Sí... supuse que me podría haber golpeado con algo en ese sitio.

Kerry cogió su cara con las manos.

-Creo que deberías ir a examinarte eso -declaró con firmeza mirándola fijamente desde más cerca cuando Dar empezó a protestar-. Dar, estás actuando de una manera diferente desde que pasó lo del hundimiento de tierra.

-¿Qué? -Las negras cejas se juntaron-. ¿Qué quieres decir?

Kerry suspiró, sin saber cómo explicarse.

-Estás diferente... al principio pensé que fue el viaje, pero incluso cuando estamos en casa estás diferente... no sé... no eres tú misma.

Dar lo consideró. Se encogió de hombros.

-Me encuentro bien... -objetó-.Yo sólo... -calló-. He estado un poco en baja forma, pero... -Levantó una mano-. Se me pasará en un par de días.

-Ven aquí. -Kerry la cogió de la mano, deslizó un brazo de apoyo alrededor de Dar y la ayudó a cojear hasta la cama, donde se sentaron las dos. Cogió las manos de Dar con las suyas mirando a su amiga, quien la observaba con abiertos y casi ansiosos ojos azules.

-Dar, ¿confías en mí?

Los ojos se ensancharon un poco.

-Claro que confío... ¿Por qué?

-Por favor, vamos a llamar al Dr. Steve -le pidió Kerry suavemente-. Me sentiré mucho mejor si él le echa un vistazo y dice que todo está bien.

Dar la estudió confundida.

-Pero... -Kerry estaba seria, podía verlo. Y, a decir verdad, el molesto dolor de cabeza estaba empezando a acabar con ella-. De acuerdo. -Se encogió de hombros ligeramente-. Me parece una pérdida de tiempo por un pequeño golpe en la cabeza, pero si te hace sentir mejor...

*****

Kerry apretaba las manos y estudiaba el dolorosamente limpio azulejo de la sala de espera del hospital Monte Sinaí que estaba en la playa. Su pequeña carrera hacia el consultorio del Dr. Steve había llevado al pedido de examen de un TAC, contra las vehementes protestas de Dar, lo que le había supuesto usar todos sus considerables poderes de persuasión para traer a su amante hasta aquí.

Exhaló, mientras sus dedos tiraban de la costura de sus pantalones. Dar ya llevaba allí dentro como una hora y empezaba a preocuparse. ¿Esto dura tanto tiempo? ¿Qué estarán haciendo?,o, ¿estará Dar luchando contra ellos y por eso está tardando una eternidad?

Una suaves pisadas le hicieron salir de la solitaria vigilia en la que se encontraba tras las ocupadas horas en la sala de espera de radiología. Una alta figura, con un andar extrañamente familiar, se dirigía hacia ella. La figura llevaba una sudadera con capucha. Kerry solamente lo había visto una vez, pero lo reconoció inmediatamente. Se levantó y avanzó un paso tranquilizándose cuando él le extendió la mano.

-Hola jovencita -pronunció con lentitud la áspera voz cuando se le acercó.

-Sr. Roberts -susurró Kerry-. Dios, me alegro de que esté aquí. -Lo abrazó impulsivamente-. Dar está ahí dentro haciéndose un examen en la cabeza.

Él respondió torpemente al afecto físico de Kerry.

-Tiempo muerto -bromeó débilmente-. ¿Qué ha hecho la pequeña bicho esta vez? -Echó un vistazo alrededor y se sentó junto a ella-. Estaba aquí recogiendo algunos medicamentos... hasta que te vi entrar.

Kerry se lo dijo.

-Y yo también entré en la función -levantó su mano enyesada-. Pensé que ella estaba actuando un poco raro... dejó su trabajo hoy.

Él tosió del susto.

-¿Raro? Eso es más que raro, pequeña... esa cabezota ha perdido el juicio... ¿qué le van a hacer?

Ella suspiró.

-No lo sé... llevan ahí dentro una eternidad... probablemente tenga un ataque -envolvió su mano lesionada con la mano buena-. Espero que esté bien.

-Hey, hey... hace falta más que un golpe en la cabeza para perturbar a mi niña, ya deberías saberlo -Andrew Roberts la tranquilizó torpemente-. Ah... -Aclaró su garganta-. Te gusta de veras, ¿eh?

Kerry pestañeó ante él.

-Mucho -exhaló-. Significa todo para mí.

Unos claros ojos azules, muy parecidos a los de Dar, la estudiaron durante un momento.

-Eso es bueno... eso es realmente bueno... ahora no te preocupes, ella va a estar bien -hizo una pausa-. ¿Qué le están haciendo?

-Un TAC -le respondió Kerry.

-Oh, diablos. -Andrew jugueteó con los cordones de su sudadera-. Cuando era una niña, se cayó del tejado de la maldita casa... teníamos miedo de que se hubiera roto el cuello, la espalda o cualquier cosa... la transportaron en una camilla de politraumatizados y cuando llegaron al hospital la inmovilizaron con varas y todo tipo de material.

Kerry asintió.

-Para impedir que se moviese, claro...

-Sí, bueno... era trabajoso... la mantuvieron atada para eso... debieron pasar unas condenadas dieciséis horas más o menos... casi se vuelve loca... casi rompió la maldita tabla intentando soltarse -sacudió su cabeza-. Desde entonces odia los hospitales.

-Oh -Kerry sintió encajarse varias piezas del puzzle-. Sí... eso tiene sentido, supongo. -Se mordió un labio-. ¿Le ocurrió algo?

-No -resopló-. La condenada niña es mitad de hierro, mitad de goma.

Kerry sonrió ligeramente, se giró hacia él buscando con sus ojos su desfigurado rostro.

-Ella le quiere mucho, ¿sabía?

Sus hombros cayeron y exhaló.

-Sí, lo sé... es mi niña... yo también la quiero.

Kerry estudió las baldosas del suelo.

-Lo dice como si eso garantizase que los padres aman a sus hijos.

Él estaba a punto de responderle cuando se abrió la puerta y una enfermera asomó la cabeza.

-¿Srta. Stuart?

Kerry se levantó.

-Soy yo -gesticuló acercándose, girándose a medio camino para animar a Andrew a que se le uniese.

Pero él se había ido. Kerry suspiró y se dirigió a la mujer.

-¿Sí?

-El médico quiere hablar con usted... y después puede ver a su amiga -le dijo la mujer-. Venga por aquí.

El Dr. Steve estaba en una pequeña habitación de examinación junto a la pared para observar radiografías y otras películas, pero ahora sólo tenía pantallas desplegadas del TAC. Se encontraba estudiando una con otro hombre cuando vio entrar a Kerry.

-Ah... Srta. Kerry... bien... bien. -Le hizo señas para que se acercase.

-Hola. -Kerry se detuvo y miró el examen por encima de su hombro. No significaba nada para ella, sólo una gota grande con gotitas más pequeñas en el centro. -Entonces... ¿qué es esa cuchara grande? -Exhaló-. ¿Cómo está Dar?

-Ah -el Dr. Steve se aclaró la garganta-. Le tuvimos que dar un poco de sedante, está descansando cómodamente. -Apuntó a la pantalla-. Ahora... aquí está el problema... ese pequeño golpe le produjo una densidad líquida dentro de la cabeza. -Trazó una pequeña área semicircular-. Está presionando el cerebro haciendo que las cosas sean un poco imprecisas para ella ahora mismo.

-Oh -Kerry envolvió las manos bajo sus brazos-. Y entonces... ¿qué le va a hacer?

-Bueno, podemos hacer dos cosas... podemos intentar que se reabsorba por sí mismo, como, de hecho, parece que es lo que está haciendo, ¿lo ves aquí? -Trazó una fina línea gris-. Era más grande... ahora está más pequeño. -Lo estudió-. O podemos abrir por aquí y extraerlo.

Kerry pestañeó.

-¿Eso no es peligroso?

-Cielo -el Dr. Steve cogió las manos de ella entre las suyas-. Cuando se trata de la cabeza, todo es peligroso, ¿entiendes? Cualquier cosa que afecte la materia gris puede provocar todo tipo de problemas... desde parálisis a problemas de equilibrio, pérdida de la capacidad para hablar... es algo muy delicado.

Kerry debió parecer aterrorizada porque él le soltó las manos tomando la cara en su lugar.

-Hey... no... no... nada de eso está ocurriendo aquí... así que calma -la tranquilizó él apresuradamente-. Tranquila... ella está bien, y creo que se va a quedar así, pero, y quiero decir pero, tienes que hacer que se quede en la cama durante un par de días, hasta que eso disminuya. -La miró-. Nada de negocios ahora, Kerry necesita estar tranquila y que no le suba la tensión arterial ni nada de ese tipo de cosas.

Kerry tomó aire.

-¿Puede mantenerla aquí? Es difícil hacer que se quede sentada en casa. -Esto cambiaba los planes. Ahora sabía que tenía que regresar a la oficina y, en la medida de lo posible, mantener las cosas unidas el tiempo suficiente hasta que Dar mejorase. Había esperado que uno o dos días de huelga hubiesen... bueno... tenía que enfrentarse a ello-. Si se queda aquí tendrá que hacerlo.

Él suspiró.

-Podría... pero creo que eso le causaría más stress que mandarla a casa... tiene un gran problema con los hospitales.

-Lo sé -asintió la mujer rubia-. De acuerdo... la mantendré tranquila, de alguna manera -prometió-. ¿Puedo verla?

El Dr. Steve asintió.

-Claro... sólo le di sedante para cansarla antes de que se levantase y se fuera... hace aproximadamente veinte o treinta minutos -apuntó-. Ella está allí...

Kerry le dio un apretón en el brazo y fue a través de las puertas automáticas hasta una pequeña antecámara donde encontró a su amante tumbada en una delgada camilla. Por un momento, se quedó allí de pie, mirándola, después se acercó y cogió la mano de Dar entre las suyas y la frotó calentándola.

-Hey.

Lentamente, unos deslumbrantes ojos azules se abrieron y se volvieron hacia ella.

-Oh... hey -Dar se las arregló para decir-. Me drogaron pinchándome algo en el culo -murmuró-. ¿Puedo irme ya?

-En unos pocos minutos -le anunció Kerry suavemente-. Tienes un bulto dentro de la cabeza como el que tienes fuera.

Dar se tomó un minuto para digerir la noticia.

-¿Malo?

-Mm... no... no lo creo... el Dr. Steve dice que sólo necesitas reposo por unos días... te va a dejar ir, pero tienes que prometer que serás buena, y que estarás muy tranquila.

-Mal momento -una débil sonrisa irónica resbaló por la cara de Dar.

-Yo creo que es un momento estupendo -discrepó Kerry-. Él habló de una semana... eso dará tiempo de sobra a la compañía para darse cuenta de qué es lo que haces por ellos. -Hizo una pausa-. Y por qué no pueden hacerlo sin ti.

Dar negó ligeramente con su cabeza.

-Todos somos reemplazables, Kerry.

-Pueden poner a alguien en ese despacho, pero nunca podrán reemplazarte, y ambas lo sabemos -respondió Kerry acariciando la mejilla de Dar y quitando el desordenado pelo de su frente-. Y creo que eso es algo que hace que te guste tanto ese trabajo, ¿cierto? -Observó una gota en los ojos de Dar-. No desistas de ello, Dar... arreglaremos las cosas... Les aún no ha hecho nada respecto a tu dimisión.

Los ojos azules pestañearon lentamente.

-¿Cómo lo sabes?

Kerry sonrió.

-Porque me lo dijo él... quiere hablar contigo primero. Viene hacia aquí -mantuvo sus suaves caricias-. Me dijo que tú eras el corazón de la compañía, y su empleada más estimada, y que se maldeciría si se quedaba sentado dejándote marchar sin más.

-¿Hablaste con él? -Dar intentó no parecer adulada por el cumplido pero no pudo evitar una pequeña sonrisa.

-Oh sí... claro que lo hice... de hecho, le llamé y le estuve gritando unos quince minutos -le contó Kerry-. Le dije lo cerdos que eran José y Eleanor, y lo que sentía sobre Steve, lo que pasó durante el fin de semana, y cómo había sido un milagro que tú no lo hubieras enterrado en un hoyo y lo hubieras dejado allí, y cómo yo lo había fastidiado todo por no controlar mi temperamento.

Dar se la quedó mirando fijamente, muda.

-Y que maldita sea si iba a dejar que tú te vieses forzada a dimitir por algo que yo había hecho -continuó Kerry-. Que eso no era justo.

La mandíbula de Dar se movió varias veces antes de emitir ningún sonido.

-¿Y qué dijo él?

La frente de Kerry se arrugó.

-No sé si es un cumplido o un insulto, pero dijo que formábamos un equipo perfecto.

Lentamente, la cara de Dar se cubrió con una sonrisa y comenzó a reírse suavemente.

-Fue un cumplido -le aseguró a la mujer rubia-. Kerry, eres fantástica.

-No, no lo soy... sólo estaba furiosa -suspiró-. Estaba enfadada y frustrada, no me importaba lo que pudiera pasar... quiero decir, iba a presentar mi dimisión de todas formas, por lo que me figuré que me sentaría bien expulsando todo eso de mí mientras aún estaba empleada. -Levantó la mirada hacia las diminutas ventanas cuadradas de las dos puertas que daban a la parte de atrás de la pequeña habitación-. Oh... -Apuntó con el dedo índice hacia la ventana-. Me estaba preguntando dónde se habría metido.

-¿Quién? -Dar medio se había incorporado y cayó hacia atrás al reconocer la figura encapotada que se deslizaba dentro de la habitación-. Papá...

-Shh... shh... sí... hey, Dardar... -Andrew Roberts se acercó y le revolvió el pelo cariñosamente-. Las condenadas enfermeras andan arrastrándose por este sitio... ¿no tienen descansos para tomar café o algo?

Kerry observó el rostro de Dar mientras ésta miraba embobada al alto hombre. -Hey... Sr. Roberts, ¿por qué no regresa con nosotras... y nos hace una pequeña visita? -le ofreció viendo cómo una ávida chispa de entusiasmo aparecía en los claros ojos azules de su amante-. Es seguro y con mucha privacidad.

-Papá... sí... solamente una hora... podríamos ponernos al día -agregó Dar con urgencia-. Me gustaría de veras... y a Kerry también... tiene mucha privacidad.

-Ahá -Andrew resopló suavemente echando un vistazo alrededor-. Lo sé... estuve un par de veces, sólo para asegurarme que iba todo bien contigo.

-Pero... -Kerry parecía desconcertada.

-Demonios, Dar... ¿aún no le has dicho qué significa la "s" de seal(1) ? -dijo ásperamente el hombre alto dudando durante un perceptible momento. Dar se inclinó hacia él y le cogió la mano.

-¿Por favor? -le pidió simplemente.

Él volvió a echar un vistazo alrededor.

-De acuerdo... os encontraré a las dos abajo... pero sólo un poco... yo no... -se detuvo-. Yo no me quedo en un sitio por mucho tiempo. -Le dio un apretón a Dar en la mano antes de soltársela-. Tengo que asegurarme de que llegas bien a casa... con tus pequeños huevos mezclados, Dardar.

Dar sonrió abiertamente ante el cariñoso nombre. -Gracias, por alguna razón todo el mundo parece que hoy están malditamente empeñado en cuidar de mí -alzó una ceja ante Kerry, quien le sacó la lengua.

-Hey, guarda tu lengua antes de que la pierdas, jovencita -la riñó Andrew-. De acuerdo... os veo abajo en la entrada de las ambulancias. -Le dio a Dar una palmada en el hombro y se deslizó fuera mirando a ambos lados antes de dejar la puerta oscilante cerrarse tras él.

Kerry cruzó los brazos.

-Es muy dulce -le comentó a Dar, que se estaba sentando cuidadosamente.

-Uf... no dejes que te oiga decir eso -respondió Dar frotándose la frente-. Le daría un ataque... arruinarías su imagen.

Kerry rió tontamente y puso una mano en su cadera.

-Bueno... -pronunció demoradamente-, la castaña no cae lejos de donde se encuentra el árbol, ¿verdad, Dardar?

Dar la miró bajo sus negras cejas y comenzó a reírse.

-No... no lo hace -respondió tímidamente-. ¿Podemos salir de aquí ahora?

Recogieron al padre de Dar justo en el sitio que había dicho. Se deslizó rápidamente en el asiento trasero del Lexus cerrando la puerta tras él.

-Condenación.

-¿Qué? -preguntó Dar medio volviéndose en el asiento de pasajeros.

-He vivido en cuartos más pequeños que esta condenada cosa -resopló Andrew-. ¿También tiene ducha? -Extendió sus largas piernas y se recostó contra la puerta poniendo una mano sobre el asiento que ocupaba Dar-. ¿Te lo dio May?

Dar se aclaró la garganta.

-No... me lo compré yo -admitió-. Esto era una especie de término medio entre lo que yo quería y lo que la compañía esperaba que condujese.

-Huh -gruñó-. ¿Qué te están haciendo ahora? -Una pausa-. ¿O qué te hicieron?, la pequeña kumquat dijo que lo habías dejado hoy.

Kerry casi se estrella con un árbol.

-¿Qué me ha llamado? -preguntó con voz sobresaltada.

-Es una fruta nativa, Kerry -la tranquilizó Dar-. Es como una diminuta naranja ovalada. -Consideró a su padre especulativamente-. En cuanto a lo que hago... o hacía... -Se encogió de hombros-. Estaba envuelta en operaciones.

Kerry rió.

-Las castañas se asan en el fuego... -cantó melódicamente.

-Kerry -Dar le dirigió una mirada.

La mujer rubia condujo hasta el ferry y aparcó. Después se medio giró en el asiento para mirar a Andrew.

-Ella es la más antigua vicepresidenta de operaciones -le informó-. Y el CEO de la compañía viene de camino para pedirle que se quede.

-Eh, eh... -Andrew palmoteó a su hija en el brazo-. Mi pequeña... sabía que acabarías pateando traseros en lo que fuera que te metieses.

Dar suspiró.

Kerry sonrió contenta de ver una diminuta chispa en los azules ojos de Dar.

*****

-Jesucristo en muletas... ¿en qué estaba pensando esa condenada mujer? -Andrew miraba el apartamento-. La última vez que vi tanto mármol estaba en un maldito museo. -Caminó y se quedó mirando el complejo equipo informático-. Apuesto que eso no era suyo. -Se giró para ver a Dar caminando por la sala de estar con sus muletas y derrumbándose en el sofá-. ¿Cansada, bicho?

Dar suspiró.

-Un largo y detestable día. -Se tendió hacia atrás en el sofá, levantó la mirada cuando Kerry regresó con Chino retorciéndose-. Hey...

Kerry soltó a la cachorro que se abalanzó contra la pierna de Dar, gimoteando y rechinando hasta que la mujer de pelo negro la cogió.

-Vale... vale...

Andrew la miró fijamente. La capucha se fue deslizando mientras él movía la cabeza.

-Finalmente tienes un perro, ¿eh?

Dar intentaba en vano que Chino no le lamiese la boca.

-Es de Kerry -masculló.

-Oh sí, puedo verlo -resopló su padre-. Sé que siempre quisiste tener uno. -Se sentó en el sillón dando palmaditas en su superficie-. Esto está condenadamente bien, bicho... me alegro de que tengas un buen sitio donde colgar el sombrero.

Kerry había ido a la cocina y volvió con el inalámbrico.

-Sr. Roberts, ¿quiere cenar? Teníamos un pedido hecho antes de ir al hospital.

Unos ojos azules escondidos en la negrura de la capucha se enfocaron en ella.

-¿Aquiéndemonios le estás hablando, kumquat?

Kerry pestañeó.

-Hum... ¿a usted?

-Aquí no hay nadie que se llame Sr. Roberts -le dijo-. Están Comandante Roberts, Andy o "cabeza de mierda". -Hizo una pausa-. Así que escoge uno.

Dar rió disimuladamente ante la expresión de Kerry.

Pero la mujer rubia se recompuso.

-¿Qué tal papá? -sugirió cautamente yendo al encuentro de sus ojos con una mansa aceptación.

Ahora fue el turno de Andrew para pestañear. Se giró hacia su hija.

-Esta pequeña es valiente, ¿verdad? -aceptó maravillándose- Muy bien, kumquat... ése servirá -exhaló-. Y si tienen algo normal como hamburguesas, me pido una.

Kerry le sonrió.

-Vale, papá -sus ojos verdes centellearon-. Marchando una hamburguesa.

-Hm -gruñó él y levantó la mirada-. ¿Tienen helado? -Extrañado, se quedó mirando a Kerry cuando ésta estalló de risa teniendo que agarrarse en una silla para apoyarse-. ¿Qué demonios le pasa? -preguntó melancólicamente.

Dar agitó la cabeza.

*****

Kerry abandonó el sueño por el despertador y, cuidadosamente, extendió su mano para apagar la alarma antes de darse media vuelta y contemplar a su amante. Dar normalmente tenía un sueño muy ligero, pero esta mañana se encontraba profundamente dormida con el rostro completamente relajado e inexpresivo. El día anterior había ocurrido lo mismo y Kerry se preguntó si tendría algo que ver con la lesión.

Bueno, Kerry aún tenía unos minutos, así que se complació contemplando a Dar mientras dormía apaciblemente. Su rostro débilmente perfilado por la luz del amanecer. Sólo un débil movimiento irregular movía la suave y morena piel. Kerry enredó ociosamente un poco del pelo negro alrededor de sus dedos y lo pasó por sus labios absorbiendo la paz del momento. Era difícil apartarse y se encontró luchando contra el impulso de permanecer al lado de Dar, al infierno con la compañía.

Finalmente suspiró y salió de la cama tapando cuidadosamente el cuerpo de Dar con el edredón antes de abandonar el cuarto y subir por las escaleras hacia su habitación. Se detuvo abruptamente cuando casi se choca con una figura sentada en el suelo.

-Oh.

-Hola, kumquat -profirió Andrew Roberts en voz baja. Tenía a Chino entre sus rodillas y estaba jugando con ella. La cachorro rodaba encantada sobre su lomo mientras él le frotaba la barriga-. Pensé que me podrías llevar en el coche.

La noche anterior habían cenado y Kerry había entretenido al padre de Dar con lo que había sucedido, cuando acabaron era casi media noche por lo que él, renuentemente, se había acostado en uno de los cuartos de invitados de arriba.

Ella se había preguntado, brevemente, dónde se hubiera quedado de no ser allí. Él no parecía tener una casa permanente, una que ellas identificasen como tal, de todas formas, parecía que viviese en las sombras apareciendo a intervalos irregulares y pasando por sus vidas inesperadamente.

Kerry sabía que Dar quería pedirle que se quedase durante algún tiempo. Pudo leerlo en la cara de su amante y en la mirada nostálgica cada vez que contemplaba a su padre. Pero guardó silencio, con la idea de que si lo presionaba, simplemente desaparecería de nuevo. Bueno. Kerry consideró la oscura figura ante ella. Tal vez pueda ayudar.

Se sentó con las piernas cruzadas en las frías baldosas al lado de él y recogió el pelo detrás de una oreja con aire ausente.

-Hum... supongo que no podría convencerte de que te quedaras hoy por aquí, ¿eh?

Él levantó la mirada y frunció el ceño ante ella.

-Nah, vamos Kerry... la pasada noche estuvo muy bien, pero tengo que continuar... y yo... -hizo una pausa preso en los agradables ojos verdes-. ¿Por qué? -inquirió cautelosamente.

La mujer rubia exhaló.

-Bueno... tengo que irme a trabajar -declaró quedamente-. No quiero... va a ser un lío, y no estoy segura de que pueda encargarme de todo, pero tengo que hacerlo.

-Uh huh.

-Y si dejo a Dar aquí sola se va a volver loca de aburrimiento y preguntándose qué estará pasando -continuó Kerry-. Y eso no es bueno para ella... el médico dijo que no debía perturbarse.

-Uh huh.

-Y yo estaré con los nervios en pie todo el día preguntándome cómo estará ella. -Vinieron las suaves palabras-. Pero si tú estuvieras aquí, ella no se aburriría, y yo no me tendría que preocupar -finalizó Kerry asentando sus ojos en él en silenciosa apelación.

-¿Has pensado alguna vez en dedicarte a la diplomacia, jovencita? -preguntó Andrew Roberts irónicamente.

-Es la verdad... quiero decir, conoces a Dar mejor que yo, ¿cierto? -contestó Kerry razonablemente.

Él miraba hacia abajo observando sus manos con los bordes de la capucha disimulando su rostro desfigurado.

-De acuerdo -respondió renuentemente al final-. Haré de niñera por ti.

Kerry apretó su mano.

-Gracias... no será todo el día... lo prometo.

-Sip... es buena idea... no sabes en qué tipo de líos nos podemos meter mi niña y yo si unimos nuestras mentes -la avisó Andrew.

-Hmm -los ojos de Kerry se arrugaron cuando sonrió-. Lo tendré en mente.

Él asintió y le hizo cosquillas a la cachorro.

-Es una cosita tierna -comentó.

-Mm... sí que lo es -respondió Kerry-. Creo que es como tú. -Rió suavemente cuando la cachorro se retorció alegremente contra su pie.

Él frunció el ceño ante ella.

-¿No tienes que vestirte para ir a ese sitio? ¿O trabajáis en pijama?

Kerry se levantó y le sonrió.

-Capté la indirecta. -Se fue trotando por las escaleras tratando de prepararse psicológicamente para el día que le esperaba.

*****

Una mano en su hombro. Dar sintió la sacudida, pero su cuerpo no quiso moverse.

-Dar.

Parte de su cerebro conocía la profunda y áspera voz y la reconoció. Pero aún había una fuerte oscuridad sobre su conciencia y ello luchó con el deseo de volver a deslizarse en el pacífico sueño.

-Paladar, levanta tu trasero o tendré que abofetearte.

Uh oh. Un ojo azul se abrió en alarma y lo consideró. Después se le unió el otro y Dar se giró quedando boca arriba con el corazón bombeando a un ritmo irregular.

-¿Papá? -se aclaró la garganta por la ronquera y se frotó los ojos intentando salir de la niebla-. ¿Qu...?

-Vamos... pasan de las diez y ya he limpiado casi cada pulgada de este sitio. -Andrew extendió una mano hacia ella y suavemente le sujetó la barbilla y la contempló con cariño-. Ese maldito material que te dio te ha descolocado.

Dar sintió sus pensamientos desordenarse y tomó aire varias veces.

-¿Eso crees?

-Sip... a mí me pasa igual -le informó su padre-. Nunca tendría el maldito valor de tomar drogas. -Le palmeó la mejilla suavemente-. Vamos, bicho... deja que te dé el desayuno y algo de java.

-Qu... vale -la mujer de pelo negro hizo un esfuerzo para sentarse-. ¿Qué estás haciendo aquí? Pensé que te ibas esta mañana.

Andrew se sentó en el borde de la cama de agua cruzando los brazos sobre su pecho.

-Es lo que iba a hacer... hasta que tu pequeña kumquat posó esos bonitos ojos verdes que tiene en mí y me pidió que me quedase por aquí un poco -bufó-. Condenada astuta niña.

Dar sonrió un poco mientras ahogaba un bostezo.

-Sí... bueno, a mí me hace lo mismo. No te sientas mal.

Su padre rió suavemente entre dientes.

-Ya lo he notado.

Dar descubrió una sonrisa hacerse camino por su cara.

-De acuerdo... déjame echarme algo de agua en la cabeza... -giró sus piernas hacia fuera de la cama y se inclinó hacia la abrazadera-. Estúpida cosa...

-Anda... dame eso. -Andrew cogió la abrazadera y la deslizó en el sitio con manos experimentadas-. Creo que aún recuerdo cómo se hace, puesto que me pasé media condenada niñez tuya poniéndote todo tipo de vendas -ajustó las correas.

Dar se reclinó hacia atrás y lo observó.

-La hinchazón ya casi se ha ido... por lo menos esto funciona -suspiró alzando su pierna cuando él terminó y poniéndose derecha-. Gracias. -Se levantó y casi cae al invadirla una ola de vértigo-. Maldición...

-Oh, demonios. -Andrew la agarró apresuradamente-. Agárrate... -Pasó un brazo alrededor de ella y la alzó acunándola como si fuera una niña-. De acuerdo... cálmate, bicho.

Dar pestañeó mientras su cabeza acababa de aclararse y absorbió una respiración.

-Vale... estoy bien -frotó sus temporales irritadamente-. Puedes soltarme.

Su padre resopló.

-Sí, sí... -salió del dormitorio ignorando sus protestas y, finalmente, la posó en el sofá-. Déjate de pequeñeces, ¿vale? He cargado con cosas mucho más pesadas que tú un infierno de veces más lejos que eso -le recordó-. ¿Te acuerdas de Moose?

Dar se reclinó en el sofá y tomó aire.

-Sí... claro que me acuerdo... solía pensar que era un extraterrestre... nunca había visto a un ser humano comer tanto como él.

-Sí, bueno... tuve que cargar con él durante tres millas hace un par de años... el condenado casi me mata. Le hice comer barras Christly de cereales durante tres meses después de aquello. -Se sentó al lado de ella y le dio palmaditas en el muslo-. Así que no alborotes.

Dar volvió a sonreír y se pasó las manos por el pelo.

-De acuerdo -capituló-. Jesús... ¿qué hora es? Me pregunto cómo estará Kerry... será mejor si yo...

-Ah ah... -Su padre ondeó una mano llena de cicatrices ante ella-. Llamó hace una hora... dijo literalmente "esto apesta, pero estoy sobreviviendo".

La mujer de pelo negro asintió lentamente.

-Maldición -dijo mordiéndose el labio-. Desearía que no tuviese que hacer esto.

-Enfría los motores, bicho... tienes ahí un pequeño astuto bombón... lo hará bien -le aconsejó Andrew-. Te he hecho algunos huevos y discos de jockey. -Se levantó-. Sienta tu trasero ahí, yo te los traeré.

Dar ahogó un bostezo y asintió mirando pensativamente la mesa mientras él desaparecía.

*****

Kerry se sentía como si llevase colgada una diana roja y blanca con el blanco pintado de negro justo en su pecho mientras caminaba hacia el edificio. Ya tenía dolor de estómago y aún no se había subido en el ascensor. Saludó nerviosamente al guarda con un movimiento de cabeza cuando pasó por él.

-¿Srta. Stuart? -llamó el hombre inclinándose ligeramente hacia ella.

-¿Sí? -Se detuvo preguntándose si él tendría órdenes de no dejarla pasar o algo así.

Él rodeó el escritorio y se le acercó.

-¿La Srta. Roberts está bien? -preguntó moviendo sus pies nerviosamente y mirando alrededor-. Sé que normalmente vienen juntas, por eso...

Kerry le sonrió cálidamente.

-Está bien... gracias por preguntar -lo tranquilizó-. ¿Ha pasado ya alguien del piso catorce?

Él supo lo que le estaba preguntando.

-No señora... usted es la primera.

Kerry asintió.

-Ok... gracias... le diré a Dar que preguntó por ella. -Sus ojos verdes centellearon-. Deséame suerte para hoy.

Él se lamió los labios.

-Va a... -dejó la frase sin acabar.

-Oh no -Kerry negó con la cabeza firmemente-. Pero alguien tiene que sostener la bolsa de papel mientras todos los demás se lanzan por ella, ¿verdad? -Ella sabía que la noticia se propagaría en cuestión de minutos-. Dar me pidió que lo hiciera.

Él asintió.

-Entiendo. -Esbozó un saludo para ella-. Buena suerte, señora.

Kerry siguió su camino en solitario esplendor hasta su planta y saliendo a un pasillo completamente vacío. Sus pasos la llevaron primero al despacho de Dar. Ésta fue la primera vez que usó su llave. Entró donde María debería estar ya trabajando. La habitación se encontraba lúgubremente silenciosa. El escritorio de la secretaria estaba limpio como un alfiler, pero le faltaban los habituales objetos personales que María solía mantener allí. Sus fotografías enmarcadas, por ejemplo, y el intrigante prisma que esparcía luz por la habitación, el cual había sido un regalo de Dar.

Kerry se sintió irracionalmente triste ante la vista. Pasó una mano por la superficie de madera del escritorio mientras se la engullía una ola de frustración.

-Esto es tan insensato. -Agarró el contenido de la caja y se dirigió al despacho interior sintiendo la ausencia de su amante como un soplo físico. Notó que Dar lo había dejado todo de la manera que ya estaba, incluso los peces se encontraban depositados en solitario sobre la limpia superficie del escritorio con la luz de la ventana capturándolos en llamaradas de azul y rojo. La única cosa que se había llevado, reparó Kerry, eran los delfines que ella le había regalado.

-Oh, Dar. -Kerry exhaló sintiéndose enferma. El portátil se encontraba en silencio, dando un mudo testimonio del abandono de su dueña. Se preguntó qué habría pasado por la mente de Dar para desistir. Era la insignia tangible de su oficina, en realidad, lo que le daba acceso al corazón de la compañía. Dándole la autoridad, que ahora, aunque brevemente, descansaba en las manos de Kerry. Con un suspiro, cogió también lo que se encontraba en la caja de Dar. Rodeó el escritorio y se dirigió a la entrada trasera que daba a su propio despacho.

Sabía que podría encender el ordenador del despacho de Dar y trabajar desde allí, pero no tenía intención de mandar ese particular mensaje. Incluso tenía las palabras pase de Dar... la definitiva expresión de que su amante confiaba en ella. Si hubiera querido, podría haber derrumbado grandes sistemas informáticos por todo el mundo con la identificación y los accesos de Dar. Pero tampoco tenía ninguna intención de enviar ese mensaje.

Entró en su despacho y posó los papeles. Extendió su mano para encender el ordenador, agarró su taza y caminó a través del vestíbulo en busca de café.

Estaba de espaldas a la puerta, por lo que no vio quien había entrado, pero eso también le dio un momento para prepararse la respuesta que le iría a dar al recién llegado.

-Kerry -la voz de Mariana sonaba muy cansada.

La mujer rubia se giró y respiró profundamente.

-Hola.

-No esperaba verte aquí -le dijo honestamente la VP de Personal-. ¿Cómo está Dar?

Kerry bebió un sorbo de su café.

-Está bien... calmándose en casa. -Una pausa-. Intentó llamarte anoche.

La otra mujer suspiró y se reinclinó contra la pared.

-Salí y me emborraché -admitió Mariana-. Ví su número en el identificador de llamadas... iba a llamarla hoy. -Miró a Kerry-. ¿Sabes que Les ha puesto un punto de suspensión en su dimisión?

-Sí, lo sé -contestó Kerry quedamente-. Hablé con él -exhaló-. Vamos a mi despacho un minuto. -Siguió a Mari hasta la habitación y cerró la puerta-. Mira... no sé qué va a pasar... -comenzó.

-Él viene hacia aquí, Kerry -le anunció Mariana fatigadamente-. Y está muy disgustado.

-Lo sé -respondió Kerry-. Hablé con él ayer durante casi una hora... se lo conté todo... sobre José... sobre Eleanor... y sobre ese cerdo bastardo. -Se sentó en la esquina de su escritorio-. Y le dije que todo era culpa mía.

-¿Culpa tuya? -saltó Mariana-. Kerry, ¿de qué demonios estás hablando? ¿Qué quieres decir con que es culpa tuya?

-Me perdí. -La mujer rubia la miró fijamente-. Me... perdí... Dar estuvo todo ese tiempo sin ceder ante su acoso... no le dijo ni una palabra... y podía haber limpiado el campamento con él -le dijo a Mari-. Y yo lo estropeé... lo estropeé, porque no conseguí mantener la tapadera cerrada cuando él me picó. -Posó su taza de café y dio un paso-. Sin eso, él no tenía nada, nada, Mari... incluso con esas estúpidas fotografías seguía sin tener nada... pero con eso... ya tenía suficiente... -Se detuvo y se apoyó en el frío vidrio de la ventana-. Acertó a Dar en su punto débil -concluyó suavemente-. Yo.

Mariana se sentó lentamente en una de las sillas para las visitas.

-No -discrepó quedamente-. Oh, sí, quiero decir que claro... tienes razón, pero él nunca debería haber llegado tan lejos, Kerry. -Se apoyó en los codos-. Dar tenía razón... yo debería haberlo parado.

La mujer tenía un aspecto como si un camión hubiese pasado por encima de ella. Kerry suspiró.

-Bueno, no tiene sentido llorar por la leche derramada, es lo que dicen siempre. -Se giró y contempló su correo haciendo una mueca de dolor ante las páginas y páginas de mensajes marcados como urgentes-. Veamos lo que pasa cuando llegue Les... sé que considera a Dar un empleado muy valioso.

-Lo hace -concordó Mariana-. Ella se ha arriesgado por él en numerosas ocasiones... ella se ha arriesgado por todos nosotros y por eso es por lo que todo esto es tan... repugnante.

Kerry contempló sus manos que estaban plegadas sobre el escritorio.

-Dijiste que deberías haberlo parado... ¿por qué no lo hiciste?

La mujer más mayor miró la alfombra.

-He pasado media noche pensando en eso -admitió-. Y la conclusión a la que he llegado es que estaba demasiado habituada a que Dar hiciera el trabajo sucio... llevándose los golpes y atrayendo el fuego hacia ella que todos nosotros deberíamos llevar... -Hizo una pausa-. Era más fácil limitarme a quedarme en la retaguardia y ver cómo ella se encaraba con él... nunca pensé ni por un momento que él se le igualaría en el paso... él está fuera de su liga.

Kerry asintió aceptando aquello.

-Esperaba que ese fuera el caso... -dijo suavemente-. Esperaba que todos estuviésemos de pie tras ella para aguantarla cuando se dejase caer. -Levantó la vista hacia la expresión sobresaltada de Mariana-. Una vez me dijo... que todos en los que había confiado en los negocios se habían girado contra ella... y anoche, antes de irnos a dormir, me dijo que si yo... si resultaba que me encontraba a todos aquí... celebrando... su ida, que no debía sentirme mal por ello.

Una suave exhalación.

-Kerry, creo que sabes que eso no es cierto -dijo Mari alzando una mano-. Tienes doce despachos vacíos que lo prueban -declaró-. Tienes una división en pedazos, al CEO viniendo hacia aquí en el primer vuelo... Duks ni siquiera vendrá hoy, diablos... yo sólo he venido porque no tenía más remedio... todo el material que iba a acertar en el ventilador va a acertar en MI ventilador... por dios, la mayoría de la gente no la odia.

-Lo sé -reconoció suavemente la mujer rubia-. Pero, supongo que... los que lo hacen son mucho más oralmente, o por lo menos es lo que parece a veces. -Giró un lápiz entre sus manos-. Cuando comencé a trabajar aquí... todo lo que oía durante las primeras semanas... era sobre la horrible perra que era ella.

Mariana se mordió el labio inferior.

-Tuve que darme cuenta por mí misma de lo muy equivocados que estaban -Kerry suspiró-. Pero mucha gente no le da esa oportunidad.

-Ella no lo pone fácil -declaró Mari quedamente-. Mantiene a todos a un brazo de distancia, Kerry... hasta a Duks y a mí, y somos amigos desde hace años -suspiró-. Incluso a Mark... que todos sabemos que está perdidamente enamorado de ella.

Los labios de Kerry se tensaron en una débil sonrisa.

-Sabes, yo nunca la he visto así... quiero decir, supe que tenía un lado duro, porque lo había visto manifestado, pero siempre había algo... no sé... siempre pude ver que había algo más allá que la perra alfa.

-Bueno -Mariana le dirigió una mirada torcida-. Tú estabas en unas circunstancias mitigantes, como les gusta decir a los abogados -ponderó aquello-. Pero veo a lo que te refieres... si todo esto sale bien, creo que necesitamos cambiar la manera de hacer algunas cosas... hacer cosas en grupos de trabajo para intentar reducir algo del estrés y la lucha cuerpo a cuerpo.

Kerry aceptó aquel comentario.

-Bueno, ya veremos... y, aunque ella lo reconsidere, no volverá esta semana.

Las cejas de Mari se juntaron.

-¿Tan mal está de la pierna? Pensé que...

Kerry suspiró y jugueteó con su lápiz.

-No... anoche tuve que llevarla al hospital... tiene una contusión... una hinchazón en el interior del cráneo -admitió.

-Dios bendito... ¿y ella está bien? -preguntó Mari genuinamente interesada-. Eso podría ser...

-Peligroso... sí -la mujer rubia asintió silenciosamente-. Ella está bien... está tomándoselo con calma... tengo a alguien allí para hacerle compañía. -Levantó la vista-. Así que... sólo estoy yo. No tengo ningún personal de apoyo, no tengo su experiencia, y si me vienen con alguna mierda cuando pase por el vestíbulo me marcho de aquí.

Mari se puso de pie.

-Iré a hablar con ellos -declaró quedamente-. Creo que se alegraran de verte, no dirán ni pío, me aseguraré de ello.

El teléfono de Kerry sonó y ella observó en la pantalla que se trataba de una llamada remitida desde el despacho de Dar.

-Aquí vamos -pulsó el botón-. Operaciones, Stuart.

-Soy John Adams en Providencia... tenemos un pedido pendiente para un nuevo circuito para una semana... ¡qué diablos está pasando ahí abajo!

Kerry suspiró interiormente mientras le dirigía una mirada a Mariana.

-Solo un momento... ¿cuál es el ID de vuestra cuenta? -Escribió un número y comenzó a trabajar.

*****

Ambos se encontraban un poco nerviosos y con la lengua un poco atada, comprendió Dar mientras permanecían sentados en silencio en el sofá con Chino sobre su estómago. Él se encontraba sentado en el sillón de espaldas a la ventana y su cara entre las sombras de la capucha de su sudadera. Bueno, ninguno de los dos era buen conversador, pero alguien tenía que empezar.

-Tú, ¿tienes un sitio donde quedarte? -le preguntó, quedamente, bebiendo de un gran vaso de leche con chocolate.

-Un par de ellos -contestó su padre-. Este sitio, aquel sitio... ya sabes. -La contempló en silencio durante un momento-. Hago algunas cosillas aquí y allá, ellos me dieron esta tarjeta... -Sacó una pequeña cartera del bolsillo de su cintura y de ella una tarjeta de color plateado que parecía de crédito-. Sólo tengo que pagar todo con esto, ellos cuidan de mí.

Dar asintió lentamente.

-¿Por causa de mamá? -arriesgó en su suposición recordando los a veces oscuros e insondables modos del gobierno.

-Sip -dijo guardándose la cartera-. Ella recibe mi pensión... los beneficios... es así como lo quiero. Ellos toman cuenta de mí. -Su voz parecía acabar la sesión de preguntas.

Muy bien, segundo asalto. Ding ding. Dar volvió a asentir con la cabeza mientras jugueteaba con una de las suaves orejas de Chino. Después levantó la mirada y estudió su rostro, contemplando las cicatrices que habían torcido la carne formando una máscara casi irreconocible.

-¿Qué ocurrió? -hizo una pausa-. Si quieres contármelo. -Despúes simplemente esperó.

Él pensó durante mucho tiempo.

-Fue sólo una maniobra que salió mal -pronunció finalmente, casi sin ninguna emoción en la voz-. Fuimos a examinar un material del que habíamos oído decir que podría tratarse de un arma química, era una trampa, tres tipos murieron y yo acabé deseando ser uno de ellos.

Dar consideró aquello. Hablar sobre emociones y sentimientos era algo que hacían bastante mal, y ella lo sabía, pero...

-Sólo voy a decir esto una vez -declaró suavemente-. A mamá le importaría un comino tu aspecto.

Él estudió sus manos en silencio.

-Lo sé -admitió, cayendo en silencio otro poco-. Ella no quería que me fuese esa vez -acabó por añadir calladamente.

-Lo recuerdo -Dar exhaló serenamente-. Pero yo pensé... -Habían arreglado las cosas, o al menos eso es lo que le había parecido a Dar, su madre se perturbaba, sí, pero siempre lo soportaba.

-Sip, bueno, me llegó a decir que si iba, ella ya no estaría allí cuando regresase -afirmó Andrew rotundamente-. Me dijo que era opción mía. -Pestañeó unas cuantas veces, sus ojos se movían inquietos en la cara llena de cicatrices.

Dar estaba realmente alucinada.

-Ella no te habría dejado.

Dos dolidas órbitas azules se alzaron hacia las suyas.

-No fue su marcha... fui yo, la forma en que lo vio -tragó saliva-. Ella tenía razón, bicho, era mi opción... y escogí ir. -Tomó aire-. Pensaba que podría arreglar las cosas cuando regresase.

Dar absorbió aquello.

-Sólo estaba intentando que te quedases -dijo finalmente-. Temía por ti... tenía miedo de perderte -protestó-. Habría estado allí cuando volvieses y lo sabes.

Sus ojos se cerraron.

-Me gusta pensar eso. -Su voz era serena y triste-. Es el pequeño entretenimiento al que juego en mi cabeza, haciendo que no me vuelva loco y me tire de algún puente en cualquier sitio -su voz estaba ligeramente rota.

-Papá... ¿por qué no la llamas? -Dar se inclinó hacia delante haciendo que la escuchase-. Puedes ir a casa, ella lo entenderá, lo sé.

Un suspiro muy cansado.

-No puedo -respondió suavemente-. Porque no sé... ¿sabes? Y si ella ya no... si ella lo asumió, o si ella... -Una agonizante pausa-. No puedo encararlo, Dar, no puedo vivir con eso, ¿me entiendes? -Se defendió mansamente-. No puedo encarar que ella no... -Se detuvo, su garganta tragaba ruidosamente.

Dar liberó su aliento sostenido durante un doloroso momento.

-Oh, papá -murmuró.

Él suspiró.

-Entiendo que no tenga mucho sentido para ti. -Se frotó los ojos con una mano impaciente-. Maldición.

Ella lo miró fijamente con completa comprensión.

-Sí que lo tiene.

Andrew absorbió aquello durante un largo y pensativo momento. Después miró a su hija.

-¿Alguien le hizo daño a mi niña pequeña? -Un destello de fresco peligro entró en su voz. Él esperó el golpe viendo el maxilar de ella contraerse y relajarse.

Dar sacudió su cabeza de un antiguo dolor recordado.

-Agua bajo el puente, papá, digamos simplemente que fui tras lo que mamá y tú teníais, y creí haberlo encontrado -le dijo sosegadamente-. Pero estaba equivocada. -Por primera vez vio claridad entre los espesos arbustos, y tuvo la seguridad de que había puesto su corazón en el lugar correcto.

Su último año en la universidad, todo parecía maravilloso... buenas notas, buenas perspectivas en la compañía para la que había trabajado durante cuatro años, y un delirante y excitante buceo en el amor que la dejaba mareada y le aseguraba que había encontrado su otra mitad.

Sí.

Cuatro meses de felicidad, seguidos de dos de infierno en los que todo se reveló. Sus pesadillas se encontraban llenas de una burlona voz que le decía lo inadecuada que era. No tenía ningún recuerdo de la graduación, el talento bruto y crudo y la inteligencia que le habían permitido mantener el grado de matrícula de honor. "Eres una persona inculta, ruda y mediocre que pasará toda su vida como una gerente de mediana categoría soñando lo que podría ser".

Su parte nueva e inexperta casi había creído en aquello.

Una pesadilla de depresión, alcohol y desesperación la había seguido, llevándola una noche bajo un puente, con una pistola y un momento en el que su odio hacia sí misma fue tan intenso que hasta pudo sentirlo.

Aún no sabía qué era lo que la había detenido. Sólo se acordaba de salir andando debajo de aquel puente a la mañana siguiente, mirando el nuevo día y decidiendo que aún no iba a dejar de vivir.

Había una venganza pendiente.

Había llevado unos cuantos años, pero se sintió muy satisfecha cuando todas las piezas encajaron en su sitio y la compañía adquirió una prestigiosa firma. Y la recientemente gerente regional Dar Roberts usó el chuchillo con decisión rebanando pulcramente el plan de diseño e investigación llamándolo...

Mediocre.

Encarando a su antigua amante.

Dar había firmado personalmente los documentos del cese y disfrutando inmensamente con ello. Tenía la expresión de Shari en la cara cuando los entregó.

Junto con su tarjeta.

Que tenga un buen día.

-Yo... prácticamente había perdido el interés después de aquello. -Dar despidió a sus recuerdos.

-Hum -gruñó su padre-. Hasta ahora. -La miró con astucia-. Porque no sé lo que sientes por ella, pero esa pequeña chica de ojos verdes ha perdido la cabeza por ti, bicho.

Dar sonrió llena de alegría.

-Hasta ahora -reconoció-. Cuando encontré a Kerry comprendí que finalmente había encontrado aquella cosa real. -Sus ojos se encontraron con los de su padre-. Por eso te entiendo, papá.

Él caminó hacia ella y se sentó a su lado. Ambos se observaron en confortable silencio.

*****

Sonó el teléfono por lo que le parecía a Kerry la milésima vez. Kerry se lo quedó mirando apoyando su cabeza en una mano.

-No, no, no lo sé, no, aún no está listo, no tengo ni idea, no, ella no me lo dijo, no, y no -murmuró. Después pulsó el botón-. Operaciones, Stuart.

-Hola.

Fue como una bocanada de ambrosía. Kerry encontró una sonrisa formándose en su cara incluso antes de que las sílabas se marchitasen y dejase salir un sereno suspiro.

-No sabes lo bien que sabe oír una voz amiga.

-Mm... violento, ¿huh? -retumbó suavemente Dar a través del aparato-. ¿Cómo está eso?

-Apesta. -Kerry se frotó los ojos-. Me siento como si me hubiese arrastrado durante todo el día tras un camión del vertedero lleno de pollos podridos -respondió-. Les está aquí, está de reunión con Mari y los otros desde hace un par de horas. -Hizo una pausa-. ¿Cómo te sientes?

-Eh -contestó Dar-. Dormí hasta tarde, siento que va a ser una lata todo el día. Papá y yo estuvimos hablando un rato, después comimos algo... ahora estamos viendo el Cazador de Cocodrilos -dudó-. Gracias, ya de paso, por pedirle que se quedase por aquí.

Kerry sonrió y apoyó un lápiz contra su labio inferior.

-Pensé que te gustaría la compañía -respondió sosegadamente levantando la mirada cuando su teléfono sonó-. Espera un minuto. -Puso a Dar en espera y atendió por la otra línea-. Operaciones.

-Srta. Stuart -la voz de Les sonaba tranquila y bastante austera.

-Sí, soy yo -respondió Kerry sintiendo saltar su estómago-. ¿Qué puedo hacer por usted?

-Estamos teniendo una reunión en la sala de conferencias, ¿podría venir, por favor?

-Claro -contestó Kerry uniformemente-. Ahora mismo. -Colgó y respiró profundamente antes de atender la otra línea-. Hola.

-¿Malas noticias? -inquirió Dar.

-No sé... era Les... quiere que vaya a la sala grande de conferencias -le contó Kerry-. Mira... lo peor que puede pasar es que me despidan, Dar... y como que... me da igual, ¿sabes? -Sacudió ligeramente la cabeza-. Después del día de hoy, probablemente hasta le quede agradecida.

-Mm -Dar consideró aquello-. Relájate, sé honesta y no dejes que te sacuda -instruyó sosegadamente a Kerry-. Mantén la cabeza alta... sólo has hecho bien a la compañía, Kerry.

Sintió que se tranquilizaba con aquellas palabras.

-De acuerdo... creo que puedo hacerlo -respondió-. Pero si él o alguien más empieza a echarte por tierra están fritos.

Una suave risa le contestó.

-Ésa es mi Kerry.

La mujer rubia sonrió abiertamente.

-Apuesta por mis botas. -Se levantó y enderezó el cuello de su camisa, tras lo cual se puso la chaqueta-. Deséame suerte. -Suspiró-. Te llamaré de una manera u otra cuando salga de allí.

-Buena suerte -deseó Dar obedientemente-. Estoy contigo.

Los ojos verdes centellearon suavemente ante la luz del atardecer.

-Lo sé -respondió-. Hablaré contigo después. -Colgó y pasó una mano por su pelo-. Muy bien... vamos allá.

Era una paseo corto hasta la sala de conferencias y aprovechó para reunir sus conocimientos junto con lo que Dar le había dicho mientras llegaba hasta la puerta y llamaba con unos ligeros golpecitos.

-Entre -sonó la voz de dentro. Giró el picaporte, tiró de la puerta hacia ella y entró en la habitación donde la hostilidad era tan densa que era casi como un paño de humo. José, Eleanor y Steve estaban allí, junto con Mariana y, por supuesto, Les. Kerry alzó un poco la barbilla y caminó sobre la alfombra hasta la silla del final, directamente en frente del CEO. Apoyó sus manos en el respaldo de la silla y los miró fríamente.

-Siéntese, Srta. Stuart -le ofreció Les cortésmente. Sus ojos la observaban con interés.

Kerry se sentó en la silla, la misma que solía ocupar Dar. Posó sus manos sobre la mesa y levantó la cabeza en actitud de oyente.

Esperó pacientemente. Hizo que ellos hablasen primero, como le había aconsejado Dar. Déjales que tracen la línea antes que tú.

-Bien. Tenemos aquí un buen enredo. -Les se aclaró la garganta y empezó.

-Sí, lo tenemos -asintió Kerry ligeramente-. He hecho todo lo que he podido, considerando las circunstancias.

-¡Eso es mentira! -Steve se levantó-. No has hecho nada que no sea fastidiar las cosas...

-Cállate -le saltó Kerry-. Desorientado, invertebrado e inútil pedazo de machista. -Captó la ceja gris de Les elevarse sobre la mesa y se levantó sintiendo la sangre bombear por su cuerpo-. Nunca en mi vida he visto una colección de personas tan inútiles como ésta.

-Hey, no puedes... -José se levantó desafiándola.

-Claro que puedo -respondió Kerry acalorada-. Vosotros no seríais capaces de averiguar el uso de una bolsa de papel si Dar no escribiese las instrucciones dentro, y tenéis las pelotas de estar aquí criticando una situación que es por VUESTRA MALDITA CULPA. -Su voz pasó a ser un grito. Toda la rabia que venía acumulando durante dos días explotó.

-¡Nosotros no le pedimos que dimitiese! -respondió José.

-Oh, ¿pero no era eso lo que andabais buscando? -Se opuso Kerry inclinándose hacia delante sobre sus manos-. ¿Entonces para qué contratar a alguien con instrucciones específicas de abalanzarse contra ella? -Apuntó a Steve que se encontraba hirviendo a su lado-. Alguien que recibió instrucciones por escrito de TI -apuntó a José- para "encontrar el punto débil de esa perra y hundirle el cuchillo en él"... ¿no era esa la cita?

Silencio.

-Bueno. Ya tenéis lo que queríais -continuó Kerry-. Y ahora el problema es que todos sabemos que lo único que mantenía la jodida compañía en movimiento era ella. Vosotros por supuesto que no podéis -una larga pausa- yo no puedo, después del día que llevo hoy no consigo imaginar cómo demonios se las arregló para hacerlo durante tanto tiempo.

José miró fijamente a Mariana, quien mordía su lápiz.

-¿La vas a dejar salirse con la suya?

La VP de Personal se encogió de hombros.

-EEOC, José, dejé que el Sr. Fabricini le dijese cosas peores a Dar en la cara, no puedo impedir que la Srta. Stuart diga lo que piensa.

-Eso es porque tú y ella sois íntimas como los ladrones... -declaró Eleanor acaloradamente-. No hay nada que podamos hacer...

-Disculpen -ladró Les.

Todos lo miraron en silencio.

-Gracias. -Se ajustó la corbata-. Agradecería que se marchasen todos a excepción de la Srta. Stuart. -Hizo una pausa-. Ahora.

Salieron en silencio evitando la mirada de Kerry salvo Mariana, que le palmeó el hombro cuando pasó.

El sonido de la puerta al cerrarse tras ellos le pareció increíblemente alto a Kerry, pero no mostró reacción alguna. Se sentó y plegó sus manos sobre la mesa.

Les la consideró a través de la longitud de la mesa de conferencias. Después se levantó y fue hacia donde estaba ella apoyándose en la esquina de la superficie de madera y cruzando los brazos sobre su pecho.

-Esa fue una grave insubordinación, Srta. Stuart -le remarcó fríamente.

-Lo sé -respondió Kerry levantando la vista hacia él-. Oigo lo que ocurre en mi departamento.

Les Roesenthal tenía unos grisáceos ojos azules, casi tan impactantes como los de Dar. Ahora mismo, la estaban observando con una débil señal de... algo.

-Su anterior jefa no era conocida por ser una jugadora en equipo.

Anterior. Kerry se sintió un poco triste.

-No, es sólo que se niega a jugar en un equipo perdedor -respondió.

Él asintió ligeramente.

-Tengo su puesto por cubrir, Srta. Stuart... usted es inteligente, astuta... creo que quedaría bien en él.

Kerry lo miró fijamente.

-Respetuosamente, señor, no trabajaría para alguien que dejase irse a alguien como ella sin una justificación.

Él irguió su cabeza.

-Creo que es el más educado "bésame el culo" que he oído alguna vez, Srta. Stuart -comentó Les-. ¿Entonces no quiere el puesto? Implica un buen aumento, buenas pagas extra, un gran paso para alguien con su edad y su nivel de experiencia.

Los ojos verdes brillaron peligrosamente.

-Creo que no me he explicado bien -Kerry se aclaró la garganta-. Béseme el culo. -Hizo una pausa-. Señor.

El CEO se rascó el maxilar, se levantó del escritorio y tiró de la silla que estaba al lado de ella, se sentó quedando ambos con las rodillas rozándose.

-Sabe, Srta. Stuart... cuando entró en la plantilla, apenas pensé que Dar se había vuelto chiflada -jugó con sus dedos entrelazados-. No tenía ni idea de lo que pretendía, pero le dejé seguir adelante porque confío en su juicio. -Hizo una pausa reflexivamente-. Ella se ganó esa confianza.

Kerry permaneció callada, limitándose a mirarle a la cara.

-¿Cree que puede conseguirme una charla con ella? -Ahora los ojos azules grisáceos tomaron un débil centelleo.

La mujer rubia bajó la vista hacia la mesa, escondiendo una sonrisa, y después la volvió a levantar.

-Sí... puedo hacerlo -respondió serenamente-. Ella está en casa.

Les le sonrió.

-Bien.

Kerry tomó un respiro.

-Eso era una prueba, ¿verdad? -arriesgó a decir cautelosamente-. ¿Lo de ofrecerme el puesto? -Los ojos centellearon ahora visiblemente-. ¿Pasé? -se atrevió.

-Como una campeona -respondió él con una risita-. Probó ser una verdadera discípula de Dar, Srta. Stuart... así que tómelo con calma.

Kerry exhaló.

-Lo siento, ha sido un día muy largo -admitió mientras se levantaba y caminaba hacia el teléfono que descansaba en el mueble junto a la pared-. Aguarde. -Marcó un número sin sorprenderse de que fuese cogido antes de que diera un toque-. Hola.

-Hey -la voz de Dar sonaba preocupada-. ¿Va todo bien?

-Eso creo -le dijo Kerry en voz baja-. Les quiere ir a verte.

-Ah. -Su amante ponderó el asunto-. Sí... claro, ¿por qué no? -respondió-. Si lo traes podrías llevar luego a papá fuera de la isla, danos unos minutos para prepararnos.

-Vale -Kerry sintió una agradable sensación de alivio envolverla-. Te veo dentro de un rato. -Colgó y volvió a la mesa de conferencias-. Le puedo llevar si quiere -le dijo al CEO.

-Es la mejor oferta que me han hecho en todo el día -respondió Les alegremente-. Vamos.

*****

Dar colgó el teléfono y miró a su padre.

-Bien. -Se refregó la cara-. Supongo que me vendrá bien darme una ducha y vestirme, mi jefe viene hacia aquí.

Andrew puso las manos tras su cabeza y estiró el cuerpo, muerto tras una larga tarde de ver cocodrilos.

-¿Te llevas bien con él?

-Mas o menos sí -Dar se puso de pie, agarró sus muletas y se dirigió hacia su dormitorio-. Vuelvo enseguida.

Su padre rascó la cabeza de Chino y cruzó los tobillos.

-Ten cuidado, Dardar, no te resbales ahí dentro.

La mujer de pelo negro se detuvo, inadvertidamente, en la puerta, y lo miró con silencioso afecto. Después sacudió su cabeza y se metió en el cuarto de baño. Se quitó el pijama y puso el agua a correr. Esperó por un momento mientras se quitaba la abrazadera de la pierna y después pasó cuidadosamente al plato de ducha. La pierna le dolía un poco, pero nada relacionado con el día anterior. Se sintió un poco optimista mientras cojeaba bajo el agua cálida.

Era una sensación estupenda. Lavó su cuerpo cuidadosamente evitando los arañazos del viaje. Lavó su pelo con cuidado alrededor del inmóvil bulto blando que tenía más arriba de la oreja. Sin embargo, parecía que había disminuido de tamaño. Se quedó de pie bajo la fuerza del agua durante varios minutos, aliviando la tensión acumulada.

Renuentemente cerró el agua y salió de la ducha agarrando una de las largas toallas playeras que tenía en el cuarto de baño para secarse. Se envolvió con ella y agarró otra usándola para secarse el pelo antes de salir del baño y moverse cautelosamente hacia su cuarto sin sus muletas.

Hmm. Probó su pierna cuidadosamente, contenta con el resultado. No está mal, consideró. Se encogió de hombros y cogió un polo y unos pantalones vaqueros. Vistió el polo y se miró con curiosidad en el reflejo del espejo.

-Tiene que ser -se hizo una cara torcida a sí misma y se cepilló el pelo rápidamente.

-Hey, ¿Dardar? -la llamó su padre desde la otra habitación.

-¿Sí? -Cojeó hasta la puerta y salió encontrándolo cerca de las puertas corredizas de vidrio-. ¿Qué pasa?

Él se giró.

-Hey, ¿dónde están las malditas muletas?

-En el cuarto, está bien. La pierna está mucho mejor -comentó Dar poniendo una mano contra el vidrio.

-Uh huh -sonó escéptico-. Me creería lo que estás diciendo si fuera yo quien lo dijese, he llegado a mentir a un línea azul.

Dar lo miró y se rió entre dientes irónicamente meneando su mano.

-Duele, pero la espalda me está matando por usar esas condenadas cosas, necesito un descanso -admitió-. De todas formas me voy a sentar, ¿quieres mostrarme algo?

Andrew pareció nervioso de repente.

-Nah, bueno... -se aclaró la garganta-. ¿Aún vas allí? -Su cabeza indicaba el mar.

Dar asintió.

-Dejé de hacerlo por un tiempo -admitió tranquilamente-, pero a Kerry le encanta, se sacó el certificado y hemos estado yendo casi todos los fines de semana.

-Bien por ella -declaró Andrew.

Una suave risa.

-Ella volvió a meterme en un montón de cosas... -la mujer de pelo negro suspiró-. Yo estaba... -dudó- considerando volver a la competición.

Los ojos de su padre se iluminaron.

-¿En serio? -La estudió seriamente-. Parece que podrías. -La atizó experimentalmente-. Eres mejor que algunos de los cachorros que me mandaron la última vez, te lo puedo asegurar.

Dar rió un poco avergonzada.

-Sí, eso lo he mantenido... -murmuró-, y tú eres el responsable de ello, siempre pensé que te defraudaría si lo dejase.

Andrew permaneció en silencio por un momento. Le puso una cariñosa mano en el brazo.

-Bicho, nunca podrías decepcionarme -su voz era sincera-. No importa lo que acabes haciendo, ni lo que acabes siendo, eres mi niña, y no hay nada en la vida que cambie eso.

Dar se encontró incapaz de responder y se le hizo un nudo en la garganta.

-Nada de ese material blando. -Andrew se aclaró la garganta-. Si vuelves a eso me vas a oír, ¿entendiste? -Extrajo una tarjeta blanca de su bolsillo y se la dio-. Aquí me encontrarás.

Un número de busca. Dar sonrió y se lo metió en el bolsillo de la camisa. Fue cojeando hasta su maletín y, mientras descansaba en una silla, sacó una de sus propias tarjetas. Garrapateó el teléfono de la casa en la parte de atrás y se la dio a él.

-Cambio a cambio -le dijo-. Llámanos de vez en cuando.

Miró fijamente la tarjeta mientras la giraba sobre sus dedos. Se la guardó cuidadosamente sin decir una palabra.

Los dos oyeron el sonido de un coche fuera.

-Apuesto a que son ellos -declaró Dar sosegadamente-. Gracias por quedarte hoy por aquí.

-Eso puedes agradecérselo a kumquat, fue idea suya -masculló Andrew-. Bueno, saldré por detrás y la esperaré, cuídate, ¿oíste, bicho?

Dar lo abrazó sintiéndolo tensarse por un momento y luego relajarse devolviéndole el abrazo.

-Te quiero, papá -susurró-. Te echaré de menos.

Él tomó aire de forma insegura y le dio unas palmaditas en el costado.

-Yo también. -Se soltó y se aclaró la garganta-. Sé buena. -Le dio otra palmada en el brazo y se deslizó en la oscuridad por la puerta de atrás.

Dar permaneció mirando hasta que la silueta se mezcló con el follaje. Se giró cuando escuchó pasos fuera en la puerta central.

*****

Dar colgó el teléfono y miró a su padre.

-Bien. -Se refregó la cara-. Supongo que me vendrá bien darme una ducha y vestirme, mi jefe viene hacia aquí.

Andrew puso las manos tras su cabeza y estiró el cuerpo, muerto tras una larga tarde de ver cocodrilos.

-¿Te llevas bien con él?

-Mas o menos sí -Dar se puso de pie, agarró sus muletas y se dirigió hacia su dormitorio-. Vuelvo enseguida.

Su padre rascó la cabeza de Chino y cruzó los tobillos.

-Ten cuidado, Dardar, no te resbales ahí dentro.

La mujer de pelo negro se detuvo, inadvertidamente, en la puerta, y lo miró con silencioso afecto. Después sacudió su cabeza y se metió en el cuarto de baño. Se quitó el pijama y puso el agua a correr. Esperó por un momento mientras se quitaba la abrazadera de la pierna y después pasó cuidadosamente al plato de ducha. La pierna le dolía un poco, pero nada relacionado con el día anterior. Se sintió un poco optimista mientras cojeaba bajo el agua cálida.

Era una sensación estupenda. Lavó su cuerpo cuidadosamente evitando los arañazos del viaje. Lavó su pelo con cuidado alrededor del inmóvil bulto blando que tenía más arriba de la oreja. Sin embargo, parecía que había disminuido de tamaño. Se quedó de pie bajo la fuerza del agua durante varios minutos, aliviando la tensión acumulada.

Renuentemente cerró el agua y salió de la ducha agarrando una de las largas toallas playeras que tenía en el cuarto de baño para secarse. Se envolvió con ella y agarró otra usándola para secarse el pelo antes de salir del baño y moverse cautelosamente hacia su cuarto sin sus muletas.

Hmm. Probó su pierna cuidadosamente, contenta con el resultado. No está mal, consideró. Se encogió de hombros y cogió un polo y unos pantalones vaqueros. Vistió el polo y se miró con curiosidad en el reflejo del espejo.

-Tiene que ser -se hizo una cara torcida a sí misma y se cepilló el pelo rápidamente.

-Hey, ¿Dardar? -la llamó su padre desde la otra habitación.

-¿Sí? -Cojeó hasta la puerta y salió encontrándolo cerca de las puertas corredizas de vidrio-. ¿Qué pasa?

Él se giró.

-Hey, ¿dónde están las malditas muletas?

-En el cuarto, está bien. La pierna está mucho mejor -comentó Dar poniendo una mano contra el vidrio.

-Uh huh -sonó escéptico-. Me creería lo que estás diciendo si fuera yo quien lo dijese, he llegado a mentir a un línea azul.

Dar lo miró y se rió entre dientes irónicamente meneando su mano.

-Duele, pero la espalda me está matando por usar esas condenadas cosas, necesito un descanso -admitió-. De todas formas me voy a sentar, ¿quieres mostrarme algo?

Andrew pareció nervioso de repente.

-Nah, bueno... -se aclaró la garganta-. ¿Aún vas allí? -Su cabeza indicaba el mar.

Dar asintió.

-Dejé de hacerlo por un tiempo -admitió tranquilamente-, pero a Kerry le encanta, se sacó el certificado y hemos estado yendo casi todos los fines de semana.

-Bien por ella -declaró Andrew.

Una suave risa.

-Ella volvió a meterme en un montón de cosas... -la mujer de pelo negro suspiró-. Yo estaba... -dudó- considerando volver a la competición.

Los ojos de su padre se iluminaron.

-¿En serio? -La estudió seriamente-. Parece que podrías. -La atizó experimentalmente-. Eres mejor que algunos de los cachorros que me mandaron la última vez, te lo puedo asegurar.

Dar rió un poco avergonzada.

-Sí, eso lo he mantenido... -murmuró-, y tú eres el responsable de ello, siempre pensé que te defraudaría si lo dejase.

Andrew permaneció en silencio por un momento. Le puso una cariñosa mano en el brazo.

-Bicho, nunca podrías decepcionarme -su voz era sincera-. No importa lo que acabes haciendo, ni lo que acabes siendo, eres mi niña, y no hay nada en la vida que cambie eso.

Dar se encontró incapaz de responder y se le hizo un nudo en la garganta.

-Nada de ese material blando. -Andrew se aclaró la garganta-. Si vuelves a eso me vas a oír, ¿entendiste? -Extrajo una tarjeta blanca de su bolsillo y se la dio-. Aquí me encontrarás.

Un número de busca. Dar sonrió y se lo metió en el bolsillo de la camisa. Fue cojeando hasta su maletín y, mientras descansaba en una silla, sacó una de sus propias tarjetas. Garrapateó el teléfono de la casa en la parte de atrás y se la dio a él.

-Cambio a cambio -le dijo-. Llámanos de vez en cuando.

Miró fijamente la tarjeta mientras la giraba sobre sus dedos. Se la guardó cuidadosamente sin decir una palabra.

Los dos oyeron el sonido de un coche fuera.

-Apuesto a que son ellos -declaró Dar sosegadamente-. Gracias por quedarte hoy por aquí.

-Eso puedes agradecérselo a kumquat, fue idea suya -masculló Andrew-. Bueno, saldré por detrás y la esperaré, cuídate, ¿oíste, bicho?

Dar lo abrazó sintiéndolo tensarse por un momento y luego relajarse devolviéndole el abrazo.

-Te quiero, papá -susurró-. Te echaré de menos.

Él tomó aire de forma insegura y le dio unas palmaditas en el costado.

-Yo también. -Se soltó y se aclaró la garganta-. Sé buena. -Le dio otra palmada en el brazo y se deslizó en la oscuridad por la puerta de atrás.

Dar permaneció mirando hasta que la silueta se mezcló con el follaje. Se giró cuando escuchó pasos fuera en la puerta central.

*****

Kerry estacionó el Mustang junto al Lexus de Dar y miró a su pasajero. Les había estado mirando alrededor con gran interés y, a cambio, le dio a ella una oportunidad para estudiarlo. Andaba por los sesenta, de media altura y rechoncho, con el pelo gris y ojos inteligentes. Tenía una cara redonda con una nariz chata y cejas espesas que se movieron cuando se giró para mirarla.

-Bonito sitio. -Habían charlado agradablemente sobre el sitio mientras ella conducía evitando mencionar el trabajo.

Kerry asintió.

-De acuerdo, bien, éste es el apartamento, así que... -Abrió la puerta y salió. Esperó a que él se le uniese antes de seguir y subir las escaleras. En cuanto se acercaba a la puerta dudó y alzó la mano para llamar, pero luego tomó una decisión silenciosamente y, en vez de llamar, fue con los dedos hasta el teclado numérico y abrió la puerta con su código.

Les no hizo ningún comentario.

-Después de ti. -La mujer rubia abrió la puerta y la sostuvo gesticulando con la otra mano. Un rápido vistazo dentro le permitió ver a Dar apoyada casualmente contra el respaldo del sillón contemplándolos. No había señales de Andrew, pero tampoco esperaba que las hubiese-. Hola.

Los ojos de Dar se encontraron con los suyos y le hizo un diminuto guiño.

-Hola. -Su atención se centró en Les-. Hola, Les... entra.

Kerry alzó una mano y retrocedió un paso.

-Hasta luego.

Dar alzó una mano en respuesta, y observó la puerta cerrarse tras su amante tras lo cual volvió su mirada hacia su jefe.

Se contemplaron en silencio durante un momento. Dar exhaló y se levantó.

-Siéntate, ¿quieres una bebida?

-Creo que necesito una -respondió Les irónicamente aceptando la invitación y sentándose en el sofá, recostándose hacia atrás y mirando alrededor-. Bonito sitio, Dar.

La mujer de pelo negro asintió.

-Gracias. -Fue cojeando hasta el armario que estaba contra la pared y cogió una botella. La abrió y vertió parte del dorado licor en dos vasos. Volvió a posar la botella y regresó. Le ofreció a Les su vaso y se sentó en la silla enfrente de él.

-Y bien. -Tomó un sorbo. Sus cejas se elevaron ante el sabor-. Muy bueno -añadió con aprobación.

-Me acordé de que te gustaba el whisky escocés -comentó Dar tomando un sorbo de su propio vaso. El alcohol de veinte años incendió calurosamente mientras descendía.

-Sí que me gusta -afirmó Les-. Sí que me gusta. -Miró alrededor -. Sabes, Dar... no es que haya pensado un montón de tiempo en ello, pero no te imaginaba en un sitio así. -Sus ojos fueron hasta el equipo informático-. Un apartamento de alta tecnología en las afueras de Brickell, claro... pero...

Dar sonrió brevemente.

-Me lo dio una tía mía.

Cayó un silencio embarazoso.

-Entonces -volvió a decir Les-, ¿qué vamos a hacer ahora, Dar? -Bebió unos sorbos de su whisky y la miró por encima del borde de su vaso-. Pienso que comprenderás que tengo a alguien de mucho peso sentado sobre esa demanda de dimisión tuya.

Dar consideró aquello.

-Adulador -comentó brevemente.

-Vamos a dejarnos de mierdas entre nosotros -le aconsejó Les-. Ambos sabemos que te considero una parte esencial de mi equipo de dirección, y me mataría perderte. -Hizo una pausa-. Especialmente por algo tan ridículo... -esperó, pero ella no hizo ningún comentario-. Así que, ¿qué es lo que realmente ocurre, Dar? He oído la parte de Mari y la de José y no lo capto, ¿qué es lo que hizo que abandonases todo y te marcharas?

Dar lo consideró en silencio durante un momento. Exhaló.

-Buena pregunta. -Una pausa y sacudió la cabeza ligeramente-. Tiene que ver con que en el último mes he sido atacada más veces por mi propia compañía que por alguno de nuestros competidores... y quizá haya empezado a preguntarme qué demonios es lo que estoy haciendo allí.

Les pensó en ello dando sorbos a su bebida silenciosamente.

-Eres una chica de perfil alto, Dar, siempre atraerás hondas y flechas y lo sabes -aventuró-. ¿Era tan malo ese tipo como una aguja en los calzoncillos?

Un encogimiento de hombros.

-Quizá. -Contempló la mesa-. Quizá porque era personal, no profesional... quizá el que fuese compañero mío en la universidad y lo hayan traído aquí deliberadamente para atacarme... -comentó cambiando el vaso de mano-. Pero supongo que me podría haber encargado de eso.

Les asintió dos veces.

-¿Pero?

-Pero él fue detrás de mi gente -concluyó Dar-. Y yo ya había tenido bastante. -Levantó la mirada hacia Les- Ya he tenido bastante de ser la perra prostituta del infierno hasta que se necesita algo.

Les se inclinó hacia delante.

-Dar, el hecho de que la mayor parte de las operaciones estén paradas completamente y que tengo más de cincuenta escritorios vacíos, debería decirte que no todos lo sienten así -contestó seriamente-. Y creo que sabes que yo no siento eso en absoluto o no estaría sentado aquí ahora mismo. Estaría en mi casa en Plano, viendo un partido y pensando a quién iba a promover para VP de Operaciones.

Dar se aclaró la garganta ligeramente.

-Debí haberte llamado primero -admitió-. Te lo debía.

Una diminuta sonrisa cruzó el rostro de Les.

-Una disculpa de Dar Roberts, gracias a dios que estoy sentado -bromeó con ternura-. De todas formas, me alegro de haber venido, para ver las cosas por mí mismo. -Se recostó en el sofá-. Tengo que reconocer que tienes problemas aquí. Y quería conocer a esa misteriosa ayudante tuya que parece que está causando todos esos problemas en desproporción con su tamaño.

-Ella no causa los problemas -gruñó-. Los resuelve.

Les se rió entre dientes suavemente.

-Ya me he dado cuenta, por eso le he ofrecido tu puesto.

A Dar le costó todo su autocontrol mantener una cara de medio interés en vez de tensarse.

-¿Y? -preguntó forzando una sonrisa perezosa en su cara-. Quedaría bien en él.

El CEO la miró intensamente. Asintió ligeramente con la cabeza.

-Eso fue lo que le dije, y su respuesta fue que le besase el culo -comentó secamente-. Lo que parece ser una tradición de tu departamento.

La sensación de alivio casi la estranguló. Dar tuvo que tomar aire varias veces, enmascarándolas bebiendo unos sorbos de su bebida, antes de poder contestar.

-Hace parte de la integración -pronunció con lentitud-. Ella lo aprendió más rápido que la mayoría. -Bendita seas, Kerry... seguí a mi corazón cuando vine hacia ti y eres la primera persona que no me clava un puñal en él-. ¿Quién es tu segundo candidato?

Les exhaló mientras contemplaba sus manos pensativamente.

-No tengo ninguno, esperaba poder convencerte de que volvieses. -Hizo una pausa-. Sólo quería ver qué diría la Srta. Stuart, y, básicamente, dijo exactamente lo que esperaba. -Hizo otra pausa y la miró-. Sabía que confiabas en ella y quise ver por qué.

La expresión de Dar se ablandó un poco.

-¿Y lo viste?

Él asintió.

-Sí, lo vi. -Esperó a que ella continuase, pero se mantuvo en silencio-. Así que... ¿qué te parece, Dar? Te ofrecería más dinero aunque no creo que eso sea lo que realmente te interesa.

La mujer de pelo negro se aclaró la garganta.

-No, tienes razón... -Alzó una mano dejándola caer enseguida-. Necesito dos cosas.

Les se inclinó hacia delante expectante. Sus ojos se afilaron y esperó.

-Mi estructura de organización permanece intacta -enunció Dar cuidadosamente-, completamente intacta.

El CEO frunció los labios.

-Política sensata, eso es un asesinato.

-Lo sé -respondió Dar-. Pero necesito que sea así.

Él tamborileó con los dedos.

-Vamos a tener que marcar puntos sobre las revisiones y todo eso -murmuró él-. De acuerdo, es una pesadilla de personal, pero lo haré. -Hizo una pausa- ¿Qué más?

-Que José se busque otro ayudante.

Les se rió.

-Lo vi venir. -Se reclinó hacia atrás evidentemente rendido-. Mi problema es que necesito una manera de mandarlo fuera legítimamente -le dijo a Dar-. O de otra manera, ese pequeño bastardo pondrá una demanda por despedimiento injusto, y no quiero ese tipo de publicidad.

Una sexy sonrisa cruzó lentamente el rostro de Dar.

-Yo te daré esa manera, si me dejas que sea yo el verdugo. -Sus ojos brillaron peligrosamente-. Absolutamente legítima.

Les la miró fijamente y dejó salir una bocanada de aire.

-¿Eso significa que te quedarás? -inquirió-. Tuve una larga charla con Mariana, siente que mucho de esto es por culpa suya, piensa que nada de esto habría pasado si ella lo hubiera detenido.

Dar lo dejó un minuto esperando y después asintió con la cabeza.

-De acuerdo, pero te aviso desde ya, no aguantaré más porquerías de ellos -avisó serenamente-. No en mi nombre o cualquiera de mi personal.

Les se mordió el labio.

-Van a ser una cuantas semanas duras, hay muchos resentimientos por allí -contestó-, pero tengo mucha confianza en ti, no estoy preocupado. -Apuró el whisky escocés-. ¿Estás libre para cenar? Nunca consigo verte, Dar, ¿cuánto hace que no nos vemos?, ¿dos años?

Los labios de Dar se tensaron bruscamente.

-En realidad, tenía planes, pero eres bienvenido a unirte a ellos -declaró amablemente-. Hay un pequeño sitio italiano en el otro lado de la isla... y es informal.

Sus ojos centellearon ligeramente.

-Bueno, disfruté de mi conversación con la enigmática Srta. Stuart, ¿seguro que no le importará?

Dar se sintió ultrajada al descubrirse ruborizándose, por lo que se alegró de que la luz del crepúsculo la escondiese.

-Estoy segura de que estará bien. -Se levantó y cojeó hasta la cocina-. De hecho, déjame que le dé un toque.

Les se relajó estirando las piernas y cruzando los tobillos.

-¿Qué te has hecho en la pierna? -le interrogó.

-Estalló la articulación cuando caímos en ese maldito hundimiento de tierra -contestó Dar mientras regresaba con el teléfono portátil y marcaba un número-. Me debes un favor de los grandes por ese pequeño viaje, Les.

Él se rió.

-Ya oí hablar de ti y la serpiente, después hice que Beatrice llamase al presidente de esa medio compañía de burros y les dejase caer las palabras negligente y pleito.

Dar se rió entre dientes mientras se acercaba el teléfono a la oreja para escuchar las llamadas.

-Hey -dijo suavemente cuando respondieron-, ¿dónde estás?

La voz de Kerry sonaba rendida.

-Abajo por Southpoint, paseando por la playa, ¿por? -preguntó-. Acabo de llegar, supuse que os llevaría un rato.

-Nop -le informó Dar-. Te estamos esperando para cenar, así que vente para acá.

-¿De veras? -preguntó Kerry.

-De veras -le aseguró Dar.

Una débil pausa.

-¿Vas a volver?

-Sip.

-¿Aún eres mi jefa?

-Sip.

-Impresionante -la voz de Kerry se iluminó inmensamente-, eres simplemente impresionante, Dar... no te haces idea de lo que me alegra oír eso. -Se oyeron sonidos de pasos por la arena-. Estaba aquí sentada en mi coche intentando pensar en para quién me gustaría trabajar, viendo si podría tener alguna oferta decente por los alrededores.

-Bueno, ellos no pueden tenerte. -Dar medio se giró y bajó la voz-. Eres mía.

-Oo -Kerry rió con total deleite-. Me produces escalofríos.

Dar sonrió sintiendo que su mundo volvía a estabilizarse alrededor de ella.

-Además, me he enterado de que rechazaste una buena oferta. -Observó a Les mientras se levantaba y vagaba alrededor de la sala deteniéndose para examinar las fotografías enmarcadas de los estantes.

-¿Qué of...? Oh -Kerry resopló-. Eso... sí bueno. Como si lo fuese -se aclaró la garganta un poco y cambió de asunto-. Tu padre es un encanto, me dio un regalo para ti. Me dijo que le daba demasiada vergüenza dártelo a ti directamente.

-¿Un regalo? ¿Por qué? -preguntó Dar con curiosidad.

-Hum... ¿tu cumpleaños? -le recordó Kerry-. ¿Recuerdas?, ¿aquella fiesta que hicimos?

-Oh -dijo la mujer de pelo negro-. Eso -hizo una pausa, mirando a Les-. ¿Qué es?

Kerry rió suavemente.

-Una caja -dijo chinchándola.

-Kerrryyyyy... -gruñó Dar mansamente.

-Bueno, ¡es lo que es! -se burló su amante-. No tengo rayos X en la vista, ¿sabes?

La mujer de pelo negro suspiró.

-Tan sólo date prisa y vuelve a casa.

-Jesús, Dar... estoy en el barco... ¿quieres que salte y reme? -protestó Kerry-. Yo quiero... pero a los marineros les daría un ataque... ya sabes como se ponen. -Hizo una pausa, escuchando el agradable sonido de la respiración de Dar contra el receptor-. Te quiero -murmuró-, no hace falta que respondas... sé que Les está ahí contigo -añadió.

-Yo también te quiero -respondió Dar encajando el golpe-. Te veré en unos minutos. -Y colgó.

Kerry se quedó allí sentada mirando fijamente el teléfono durante un rato antes de plegarlo y meterlo en su bolso.

-Uau. -Se reclinó hacia atrás en el asiento y apoyó una rodilla contra el volante.

*****

Dar miró su reloj cuando entraron en el apartamento.

-Jesús, ya pasa de medianoche -comentó sorprendida-. No pensé que fuese tan tarde.

-Uh huh -bostezó Kerry, caminó dentro y se derrumbó en el sofá-. Fue una agradable cena, creo... él es una persona interesante. -Recogió a Chino que había salido corriendo del cuarto de útiles, así que Dar le abrió la puerta-. Hey cielo... uo... uo... no mastiques los dedos de mamá, ¿vale?

Dar regresó cojeando con dos grandes vasos de leche con chocolate y puso uno sobre la mesa.

-Toma. -Se sentó en el sofá junto a su amante y se deslizó hacia atrás estirando las piernas y quejándose-: Ay.

-Te dije que usases las muletas -le riñó Kerry dándole unas palmaditas en la pierna a la alta mujer-. Te vi intentando no cojear delante de Les.

-No es eso -dijo Dar tomando un sorbo de leche-. Es el resto de mi cuerpo intentando compensarlo... la espalda me está matando -se quejó.

-Ah... ya veo. -Kerry deslizó suavemente una mano por la espalda de Dar-. Uau... tienes la espalda toda tensa. -Apoyó la mejilla contra el hombro de Dar-. ¿Qué tal unos minutos en la bañera con agua caliente?

Unos ojos azules se giraron hacia ella centelleantes.

-Eso sí que es una fantástica idea -le felicitó Dar-. Hace una noche estupenda... vamos. -Se apoyó en Kerry mientras se dirigían hacia el dormitorio y cambiaron sus vaqueros por los trajes de baño.

-Me gusta como te queda ese bañador. -Dar se había colado furtivamente tras Kerry y deslizó los brazos alrededor de su tronco abrazándola cariñosamente-. Es del color de tus ojos. -El bañador de Kerry era de un azul verde ligeramente brillante y casi translúcido con la luz baja, acentuando el contorno de su cuerpo...

Kerry se reclinó contra ella y plegó sus brazos sobre los de Dar.

-Gracias. -se giró cogiendo una cajita pequeña-. Casi me olvido de esto... es de tu padre -anunció extendiéndoselo.

-Oh... -Dar la cogió examinándola cuidadosamente como si tuviera miedo de que se abriera de un salto. Desembrolló lentamente el papel y encontró un recipiente cerrado que se abrió suavemente-. Uau.

Dentro, junto al negro terciopelo, descansaban dos perlas negras opalescentes que brillaron ante ella. Tenían el tamaño de los garbanzos secos y hacían un buen par.

-Uau -exclamó Kerry al mirarlos-. Son espléndidos.

-Sí -asintió Dar-, desde luego que lo son. -Cerró la caja suavemente y la cerró sacudiendo la cabeza ligeramente-. Sus regalos son siempre como éste... nunca sabes cuando te va a dar uno, pero cuando lo hace... siempre es... -Contempló la caja-. Siempre es algo especial.

-Puedes usarlos para que te hagan unos pendientes -sugirió Kerry-. Te quedarían de maravilla.

Dar soltó la caja en la cómoda y la empujó con un largo dedo.

-Quizá -concordó-. Venga... vamos a empaparnos un rato.

Salieron fuera, llevándose los vasos con ellas. Kerry sostuvo los vasos mientras Dar se metía en el agua.

-Ungh. -La mujer de pelo negro estiró los brazos y cogió su vaso de leche-. Esto sabe genial -Miró a Kerry cuando se le unió acurrucándose inmediatamente contra ella-. Dejemos los vasos -le aconsejó Dar dejándolos en la barandilla. Después pasó un brazo alrededor de los hombros de Kerry.

Durante unos minutos apenas se quedaron allí sentadas, absorbiendo la sensación del agua, una mezcla de cálido agua con cloro flotando por sus rostros. El océano había subido y las olas golpeaban contra los diques. En la distancia, ellas conseguían oír las campanas de las boyas balanceadas por el viento.

-Está bonito aquí fuera -murmuró Kerry reclinando su cabeza hacia atrás y contemplado el cielo estrellado con una asilada nube.

Dar giró la cabeza y observó la silueta junto a ella bajo la luz de la luna.

-Vaya si lo está.

Kerry captó su mirada y sonrió ligeramente ruborizándose.

-Entonces -se aclaró la garganta-, todo ha salido bien, ¿eh?

-Mmm. -Dar meneó los dedos de los pies alegremente-. Les me pidió que lo reconsiderara, y le dije que tenía dos condiciones, se las dije y hecho. Eso fue todo. -Ahogó un bostezo-. Tú eras una de las condiciones, y Steve era la otra.

Kerry ponderó la frase final.

-Entonces... sabe lo nuestro, o... -dejó la idea flotando.

-Lo sabe -confirmó Dar riendo sosegadamente entre dientes-. Dijo que lo supo en cuanto vio aquellas primeras fotografías, aquellas de Orlando, pero que en el fondo estaba contento de que ocurriese.

-¿Y no supone un problema? -preguntó Kerry-. Quiero decir... llevamos jugando al gato y al ratón desde hace meses, porque era una de las grandes reglas, ¿y entonces?

Dar se encogió de hombros.

-Se ha venido abajo, ¿qué es más importante?, ¿las reglas de la compañía o las ganancias? -le comentó a su amante secamente-. Pueden hacer excepciones... y sí, es un problema, pero no es como si no hubiera pasado antes, Kerry, y esa regla es principalmente para proteger al empleado más nuevo.

-¿Proteger? -Kerry irguió la cabeza-. Oh, ¿de acoso y ese tipo de cosas?

Un asentimiento.

-Exactamente, es para que los jefes no se aprovechen de sus subordinados, y es una buena regla. -Extendió una mano y apartó una gota de agua de la mejilla de Kerry-. Pero le dije que te necesitaba... y él se alegró de que no estuvieses siendo presionada o coaccionada en ningún sentido, así que tan sólo va a ocuparse de ello.

-Oh -Kerry pensó en ello-. Impresionante. -Besó el hombro de Dar-. Entonces puedo llevarte el almuerzo y no sentirme culpable, ¿cierto?

Unos claros ojos azules me movieron hacia ella.

-Ahora puedo pasear por ese pasillo varias veces al día sin sentirme llamativa -respondió Dar secamente-. Quiero decir, es como otra cosa cualquiera... nos trataremos profesionalmente en la oficina, es sólo que no tendremos que estar preocupadas con lo que la gente averigüe lo que hacemos fuera.

-Hmm -Kerry asintió ligeramente-. Entonces, ¿puedo llamar al resto del personal y decirles que vuelvan mañana? -preguntó anhelosamente-. Porque no creo que consiga aguantar más días como el de hoy.

Dar dudó.

-Yo... hum... podría llamarlos por la mañana -se aventuró.

Unas bolitas verdes como el mar giraron y se fijaron en ella.

-Podrías si fueses al trabajo, cosa que no vas a hacer. -Kerry pestañeó ante ella-. ¿Cierto?

La mujer de pelo negro tamborileó con sus dedos en la barandilla.

-Estoy mucho mejor de la cabeza -declaró-. De veras... y también de la rodilla... sería mucho más relajante para mí empezar con algún material que quedarme aquí sentada preocupada por ti. -Apartó un mechón mojado de la frente de Kerry-. Además, tengo que hacer una cosa allí mañana.

Kerry suspiró.

-Quiero que te quedes en casa. -Pasó sus dedos por el cuero cabelludo de Dar y palpó suavemente la zona del golpe. Tuvo que admitir que casi había desaparecido-. Pero puedo ver que no es eso lo que va a pasar... así que, ¿podemos al menos hacer una jornada corta?

Una lenta sonrisa.

-Te lo prometo, cena al ocaso, fuera en el agua -ofreció Dar con una ceja alzada a modo de invitación-. Tú, yo, el barco... algunas gaviotas... ¿qué te parece? -Se inclinó hacia delante y robó un beso-. ¿Hmm?

Kerry mordisqueó el cuello de Dar.

-De acuerdo -convino susurrando las palabras junto a la oreja de la mujer alta-. Estás admitida.

-Estupendo. -Dar volvió a agachar la cabeza encontrando los acogedores labios de Kerry. Tiró de ella hacia su regazo y pasó un brazo firmemente alrededor de la cintura de la rubia mujer. Sintió las manos de Kerry descendiendo por sus hombros y sus ojos se cerraron en reflejo cuando sus cuerpos se unieron en armoniosa familiaridad.

Ya tratarían de todos los problemas mañana. Ése sería otro día. Ahora mismo, todo lo que importaba era la agradable brisa nocturna, las estrellas y ellas dos.

Continúa en la QUINTA PARTE

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(1) Nota de la Traductora: Navy SEALS son una sección de élite de la Marina de los Estados Unidos. SEAL es el acrónimo de "Sea, Air and Land", lo que indica que están capacitados para llevar a cabo operaciones tanto en el agua, como en el aire y en la tierra.


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