Esta historia ha sido traducida por Maui (Goyur), miembro de Xenafanfics, y cuenta con el permiso de la autora para su traducción y publicación en Internet.
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Nota del Revisor: Las frases en cursiva expresan que la persona que las pronuncia se encuentra al otro lado de una conversación telefónica y, por tanto, no está físicamente presente en la escena.

Nota de Edición: Las palabras o expresiones escritas en negrita vienen en castellano en el original.


Aclaraciones: Nop, ninguna. Personajes, ciudad natal, seudo-compañía... todo es mío. Y esto es un Über, una historia con dos personajes de una historia anterior llamada Tormenta Tropical. Dar Roberts es la Vicepresidenta de Operaciones de una corporación de servicios informáticos internacionalmente conocida. Kerry Stuart es su ayudante y protegida.

Ambas se gustan.

El texto contiene un poco de violencia, palabrotas, actividad sexual y patatas fritas con salsa... pero todo ello muy muy suave.

Bueno. Pero no importa...


ALERTA DE HURACÁN

Por Melissa Good

Tercera parte

-¿Y ahora qué? -José se volvió con los brazos en jarras. Llevaba pantalones cortos de deporte, un polo en el que se podía leer "Liga de Bolos Marelito", calcetines negros y zapatillas de lona-. Nos volvemos, ¿?

-¡Por supuesto! -convino Steve-. Se acabó... No pienso acercarme a ese bicho.

Eleanor se sentó en un leño y empezó a abanicarse con la mano mientras los demás dirigían incómodas miradas a la serpiente. Cuando Dar se acercó, todas las cabezas giraron hacia ella.

-Al infierno con ellos -decidió José-. No tenemos por qué aguantar esto.

La alta y morena ejecutiva puso una mano en cada cuerda y sus botas de excursionismo justo en el borde del puente.

-Bueno... parece que aguantará -murmuró, dando un paso al frente y dejando así todo su peso sostenido por la cuerda.

-Dar... -la voz de Kerry objetó instintivamente.

-Eh... pirada... ¡vuelve aquí, por todos los demonios! -exclamó José.

-Ah... amiga mía... -Duks fue hasta el extremo del puente-. No hace falta que vayas.

-Mierda -maldijo Mark por su parte.

-Shh -Dar giró la cabeza hacia atrás y los miró-. Sólo quiero echar un vistazo, ¿vale?

-Vas a dar con el culo en ese precipicio... y créeme que voy a disfrutar cada segundo -dijo Steve en tono cortante.

Dar lo ignoró y continuó avanzando lentamente, asegurando sus manos sobre las sogas laterales a medida que se acercaba más y más a la serpiente, sintiéndose balanceada arriba y abajo por el viento y su propio peso. El agua rugía a sus pies y podía oír el ominoso crujido de las fibras de cáñamo que la sostenían con increíble nitidez.

El graznido de un pájaro salvaje estuvo a punto de hacerle perder el equilibrio, pero siguió avanzando tras unos segundos. Casi había llegado, y sintió cómo su corazón empezaba a latir con más fuerza y las rodillas le temblaban por el esfuerzo continuado.

-Vamos pequeña... -murmuró-. No te pongas nerviosa...

Las serpientes son sordas. Ella lo sabía. Aun así, hablar con aquel bicho le hizo sentirse más tranquila. Había avanzado diez pasos y podía ver la suave y reluciente superficie del animal descansando cómodamente bajo el sol y su cabeza, grande y angulosa, reposando sobre la cuerda.

Dar avanzó un paso más. Aguardó mientras una ráfaga de aire azotaba el puente haciéndolo oscilar y provocando que la serpiente se moviera ligeramente, agachó la cabeza y avanzó dos pasos más, que la situaron directamente junto a ella.

Al extender el brazo, pudo oír un sobresalto colectivo procedente de la otra orilla. Seguidamente, agarró la cabeza examinándola con curiosidad y, con expresión absolutamente tranquila, se volvió hacia sus compañeros de trabajo.

Todos la miraban fijamente, aguantando la respiración.

-"Fabricado en China" -les informó, sosteniendo la cabeza en alto-. Es de plástico.

Tras un momento de incredulidad, el grupo recobró su capacidad de movimiento.

-¡Hijos de perra! -exclamó Mark-. ¡Estos tíos están chiflados!

Dar dejó la cabeza de goma tal y como estaba y le dio unas palmaditas en el lomo. A continuación, echó un vistazo al resto del puente.

-Voy a continuar hasta el otro lado... No es difícil. Avanzad despacio y agarraos bien -aconsejó a los demás al tiempo que seguía adelante, asegurando bien los pies sobre la soga y alcanzando el otro extremo del desfiladero con un pequeño salto final. Allí descubrió una pequeña máquina parecida a uno de esos chismes que se usan para fichar en el trabajo. Sacó su tarjeta y la introdujo en la ranura.

Cuando se la devolvió, lucía una gratificante marca en la casilla número uno, así que la guardó y miró al precipicio. No le sorprendió ver a Kerry avanzando la primera sobre el puente, con una firme mueca de concentración en el rostro. Steve aguardaba su turno en el borde con impaciencia, y el resto trataban de convencer a Eleanor, que al parecer se negaba a aventurarse sobre las cuerdas. Aquello hizo que Dar se alegrase de estar ya en el otro lado.

Una parte de ella se sentía bastante satisfecha por haber eliminado uno de los obstáculos del camino para el grupo. A la otra, sin embargo, le molestaba que los demás no estuviesen colaborando en nada en absoluto. Miró a Kerry, parada ante la serpiente y examinando la cabeza pensativamente antes de pasar junto a ella sin soltarse de las cuerdas.

La mujer rubia parecía estar algo intranquila, pensó Dar al tiempo que ponía instintivamente sus propias manos sobre las sogas cuando ésta se detuvo para respirar profundamente. El viento sopló haciendo oscilar el puente y Dar pudo adivinar la tensión en la cara de su amante y sus nudillos blancos por la fuerza que estaba empleando para no caer.

-¿Estás bien? -exclamó, un poco preocupada.

Kerry aguardó a que el puente dejase de oscilar para mirar al frente y ver los azules ojos de Dar clavados en ella. Vamos, Kerry... si ella ha podido enfrentarse a una enorme serpiente devoradora de hombres, tú puedes atravesar el maldito puente. Se obligó a dar un paso adelante manteniendo la mirada fija sobre Dar en vez de hacia abajo. Seis pasos, siete. Estaba lo suficientemente cerca como para advertir el ceño levemente fruncido de la mujer morena. Ya estaba en el último tramo, donde un tablón de madera fijaba el puente al borde del terreno. Las manos de Dar se posaron en su cintura, ayudándola a bajar.

-Gracias. -Cerró los ojos y agradeció mentalmente el tener tierra sólida bajo sus pies-. En realidad no me dan miedo las alturas -explicó Kerry a modo de disculpa-. Lo de la pared de alpinismo está bien porque está cerca del suelo y todo eso... pero esto... -Agitó su cabeza y deslizó una mano un poco temblorosa por su pelo-. Vaya... no había tenido una reacción así desde hace mucho tiempo.

A Dar le supuso toda su fuerza de voluntad el no abrazarla, incluso con todos mirándolas desde el otro lado. En su lugar, le dio unas palmaditas en el hombro.

-Tranquila... ¿por qué no te sientas en aquel banco? Estás pálida.

-Dame un minuto -declaró la mujer rubia sacando su tarjeta de la bolsa con austera determinación-. Quiero mi sello. -Esperó a escuchar el seco impacto de la máquina sobre su cartulina antes de decir nada más-. Dar, lo que has hecho es increíble... Todos pensábamos que habías perdido la cabeza. -Levantó la vista hacia su jefa-. Mariana estaba literalmente en estado de shock.

Un encogimiento de hombros.

-Nah... hace frío. -Levantó una mano ante la fresca brisa-. Supuse que la serpiente estaría dormida... porque son de sangre fría -añadió a modo de recordatorio para su amante-. Sólo quería ver si estaba lo suficientemente tranquila como para permitirnos pasar... no me esperaba que fuera de mentira. -Miró hacia atrás, donde Steve atravesaba el puente ya sin ningún problema-. La verdad es que ha tenido su gracia, ¿no? -Una jovial mueca afiló su cara.

Kerry se rió suavemente.

-Sí. -Se dirigió al banco y se sentó, deseando que sus piernas dejasen de temblar. Vio cómo Steve pasaba junto a Dar sin decir una palabra y se acercaba furtivamente a la máquina. Después echó un leve vistazo al camino que tenían delante. Duks cruzó el siguiente y pudo comprobar que Mariana había convencido a Eleanor para que pasase delante de ella. Se preguntó qué argumento habría usado la jefa de Personal para conseguirlo. Después se contentó con observar a Dar, que se encontraba junto a la salida del puente con una mano apoyada en la cuerda.

Oh, chico... Aquello les había dolido de verdad. Se sonrió ante la certeza de que todos se habían llevado un buen puntapié directo a sus egos de machito... Estaba tan orgullosa de Dar que apenas podía contener su alegría al recordar el modo en que se había lanzado sin dudar un momento hacia el lugar en que estaba enrollada la serpiente. Vio que Duks ya había cruzado e intercambiaba algunas palabras con su amante, dándole una palmadita en el hombro y provocando en la mujer un modesto encogimiento de hombros y una risita. Kerry pudo afirmar así que Dar estaba contenta consigo misma, y le sonrió abiertamente cuando ambos se dirigieron a donde ella se encontraba.

-Bueno... -Duks se sentó junto a ella después de haber estampado su tarjeta-. Este ha sido el primero. Me pregunto qué más nos tienen preparado.

Dar apoyó una bota en el borde del banco y dejó descansar el peso de tu cuerpo sobre la rodilla.

-Nada excesivamente serio... quiero decir que, después de todo, no estamos en una academia militar ni nada parecido. Tienen que adaptarlo a ejecutivos ñoños y perezosos -comentó-. No esperes hoyos estancados o cosas así.

-Eso es cierto -declaró Duks mientras echaba un vistazo a su espalda, observando el farfulleo de Eleanor a medida que avanzaba, precedida por los halagos y los ánimos de Mark, y seguida por Mariana, que venía la última. Las cuerdas crujían por el peso de los tres cuerpos, pero parecía poder aguantar sin problemas-. Aún no te he perdonado por el modo en que me despertaste esta mañana, Dar... Eso no se le hace a un pobre hombre atontado e indefenso.

-No fue culpa mía -respondió la mujer de pelo oscuro-. Aunque estabais todos condenadamente graciosos allí de pie en calzoncillos, te lo puedo asegurar.

-Mm... voy a hacer como si no hubieras dicho lo que acabas de decir, sólo para conservar mi andrajosa dignidad -contestó Duks-. Y, ya de paso, te informo de que tengo al Señor Limpiasuelos pegado a mi trasero sobre la sospecha de que vosotras dos sois algo más que amigas -advirtió en voz baja-. Se está poniendo muy pesado, sobre todo después de haberse quitado de encima el estiércol de esta mañana.

Dar y Kerry intercambiaron miradas.

-No es nada que no haya oído antes. -Dar se encogió de hombros-. Y de boca de la mayoría de los que están aquí, de hecho.

-Cierto... cierto... pero desaparecer durante las caminatas probablemente no es una buena idea -comentó Duks cuando los tres compañeros alcanzaron su lado del precipicio-. Y Kerry, mi joven amiga, no te lo tomes a mal, pero tus ojos te delatan -le dijo con una media sonrisa. La mujer rubia se cruzó de brazos y bajó la vista hacia el suelo-. Ya sé que es difícil, pero deberías intentar mirar un poco más los pajaritos y esas cosas, ¿vale?

Kerry suspiró.

-Lo siento.

-No te disculpes -dijo Dar, de repente, cuando surgieron los otros tres-. Al infierno con ellos... que piensen lo que quieran. -Se sacudió el pantalón y caminó hacia el puente. Una vez allí se apoyó en la baranda y observó fijamente el agua que corría por debajo.

Kerry miró con disgusto a Duks, encarando después a los recién llegados.

-¡Eh! Ha sido divertido, ¿verdad?

-Repugnante. -Eleanor seguía limpiándose las manos de tierra con cuidado-. Sencillamente repugnante. -Miró de reojo a la absorta Dar volviendo a centrar después la atención en ellos-. No puedo creer que nos hicieran cruzar esa horrible cosa... Y estad seguros de que redactaré una queja oficial en cuanto volvamos a Miami.

-La verdad es que se han pasado un poco -concordó Mark mientras se sacudía el polvo de las manos-. Menos mal que teníamos a Dar... Tíos, esa mujer sería capaz de darle una buena paliza a Tarzán, os lo aseguro. -Se alejó a beber agua de una fuente excavada en la roca y estampó su tarjeta-. En fin, ha estado genial.

Eleanor resopló.

-Nunca pensé que pudieses disfrutar con algo que no tuviese un ordenador de por medio -dijo Eleanor cortante-. A propósito, ¿cuál es tu afición? ¿Surfear en Internet?

-No... ése es mi trabajo -rió Mark-. Mi afición es restaurar motos... Esa en la que llegué es mi favorita.

Kerry le sonrió.

-¿Me das una vuelta después? -inquirió la joven melosamente-. Siempre he querido poder decir que he montado en una Harley.

Él sonrió.

-Por supuesssssto -concordó haciéndose el interesante-. Pero sólo si alguien nos hace una foto... para que pueda presumir después.

Los demás echaron a andar sendero arriba. Esta vez Kerry tuvo buen cuidado de separarse de Dar y ésta de permanecer a la cola del grupo junto a Mark, quien se había embarcado en la narración de cómo solucionó "el tema de Hong Kong". Steve encabezaba el grupo buscando el próximo obstáculo, y el resto le seguía en grupos de dos o tres.

Duks se rezagó un poco para poder hablar con Dar, que avanzaba en silencio.

-No pretendía molestarte, colega -comentó él en voz baja.

-Lo sé -contestó concisamente la mujer de pelo negro.

-Sólo es un consejo de amigo... Ya sabes qué tipo de problemas puede echarte encima algo así -continuó el VP de Finanzas-. Y no necesitas más mierda de la que de hecho ya descargamos los demás en ti.

La mandíbula de Dar se tensó. Levantó la mano, partió una rama muerta y la utilizó para fustigar la maleza a medida que avanzaba.

-Para serte sincera, no estoy segura de que me importe tanto a estas alturas -admitió-. Es tan absurdo... que me apetece mandarlo todo al infierno y simplemente... -Se detuvo y suspiró.

-Eso pone a Mari en una situación muy comprometida -comentó Duks entre susurros-. Y tú lo sabes... Venga, Dar... conoces de sobra las consecuencias.

Ella miró fijamente al otro lado de los árboles.

-Claro que sí... Es que esto está volviendo mucho más complicado de lo que esperaba, Duks... Tal vez más de lo que puedo manejar. -Clavó la mirada en él-. Y si tengo que escoger, la compañía no va a salir ganando.

Duks ahogó una exclamación.

-Ah... -Sus labios se fruncieron-. No esperaba oír eso... Bien, ¿y si trasladamos a Kerry a otro departamento? -razonó él-. Sería una solución... ya que es el contacto directo lo que hace sospechar.

-Ya lo he pensado -susurró Dar-. Pero la presión estaba a punto de acabar conmigo cuando decidí contratar a Kerry... No sé si seré capaz de estar sin ayuda... Y buscarme a otra persona... Ni hablar. -Se echó el pelo hacia atrás-. No... quizá es que toda esta historia con Steve me está llevando al límite... pero lo superaré. -En este punto, enterró temporalmente esa línea de pensamiento-. Perdona lo de antes... creo que me hace falta un poco de chocolate.

Duks la miró, riendo entre dientes con alivio.

-Tú y tu chocolate... -Miró a Dar mientras sacaba algo envuelto en papel plateado-. Si me dices que tienes bombones de chocolate voy a tener que tirar mi escaso desayuno detrás del primer arbusto que vea, Dar.

La mujer morena se detuvo y lo miró con la mano abierta, sonriéndole abiertamente con un toque de timidez.

-¿Quieres uno? -le ofreció en voz muy baja-. Yo... em... -Señaló con la cabeza al grupo que marchaba delante de ellos-. Creo que Kerry los está distrayendo.

-Oh, qué maquinadoras... -se carcajeó Duks-. Sé que haciendo esto me convierto en cómplice... -dijo, agarrando sin embargo un bombón-. Nunca en mi vida hubiese pensado que tuvieses guardado este as en la manga, amiga mía.

Dar paladeó alegremente su bombón, deleitándose con el dulce sabor que llenaba su boca.

-Sí bueno... cada día que vives te reserva una sorpresa -comentó, cuando un grito procedente de la parte frontal del grupo indicó que habían llegado al siguiente obstáculo-. Veamos de qué se trata esta vez.

*****

Al parecer el siguiente reto era un laberinto. Por lo menos, eso es lo que pensó Kerry al ver la multitud de caminos constituidos con maderos entrecruzados. Debían tener unas seis pulgadas de ancho, y le recordaron a las barras de equilibrio que siempre habían sido su perdición.

-¿Y ahora qué? -dijo mirando confundida la estructura.

-Tenemos que llegar allí -dijo Steve apuntando a una plataforma que se encontraba a unas cien yardas-. Simplemente se trata de escoger bien el camino. -Se detuvo mirando al frente y estudió las diferentes opciones-. Creo que éste es el bueno.

-¿Por qué? -discrepó José golpeando el que se encontraba más cerca de él con un dedo del pie-. ¿Por qué no éste?

-¿O éste? -Duks estaba investigando uno que pasaba por la periferia.

-Mirad... éste va directamente hacia allí... y es el que está más cerca -argumentó Steve-. Ese va en otra dirección, en zigzag... y ese otro está demasiado cerca de los bordes.

-Bueno... ¿pero no es más lógico pensar que el bueno no sea el más obvio? -preguntó Mariana razonablemente-. Si no, ¿dónde estaría la dificultad? -Vio que Mary Lou se acercaba a otro de los caminos-. No sé... quiero decir... supongo que podíamos probar cada uno hasta encontrar el que...

-¿Y no creéis que sería más rápido si cada uno de nosotros probase uno, y quien vea que se va acercando a la plataforma que avise a los demás para que le sigan? -inquirió Kerry siguiendo cada una de las posibles rutas. Los maderos estaban suspendidos sobre una gruta compuesta de hoyos, cuestas intransitables llenas de arbustos y paredes de piedra-. Y por cierto, ¿qué es esto?

Dar se situó a su espalda y echó un vistazo.

-Supongo que debía ser un lago -declaró-. ¿Ves cómo la tierra se va estrechando a medida que vas hacia abajo? -apuntó-. Y eso debía ser el fondo... de coral y caliza formados por el agua.

-Ahórranos el comentario Discovery Channel, por favor -dijo Steve mirándola con impaciencia-. Acabemos con esto -sentenció acercándose al camino que había escogido en primer lugar-. Vosotros haced lo que os dé la gana... yo me voy por aquí.

-Esto es de locos -murmuró Eleanor-. Van a tener noticias mías en cuanto lleguemos a Miami. -Puso un pie vacilante en uno de los maderos-. Jesús... como me caiga, les denuncio.

Dar fue la última en escoger. Esperó a que todos los demás se pusieran en marcha y fue hacia una de las esquinas del laberinto para mirarlo detenidamente. Kerry estaba a su izquierda, así que escogió el camino que con más probabilidad se encontrase con el que seguía ella. No era particularmente difícil. El madero era de unas ocho pulgadas de ancho, por lo que apenas necesitaba tener cuidado al andar. La caída no tenía por qué ser grave (aunque sí embarazosa) a menos que fueses un tío y al perder pie te quedase una pierna a cada lado del travesaño... o tuvieses tan poca vista como para irte de cabeza contra el fondo.

-¿Veis? Os lo dije -gritó Steve triunfalmente a medida que su camino se acercaba a la plataforma-. Ya podéis empezar a seguirme...

Dar dio dos saltitos sobre el madero, probando su consistencia.

-Tal vez tenga razón... -afirmó por una vez, a favor de Steve, aunque dirigiéndole una mirada torcida a Kerry cuando la miró-. Yo no... -Se detuvo cuando sintió un débil temblor corriendo sus piernas-. ¿Qué ha sido eso?

Kerry se concentró.

-¿El qué? -Parecía confundida.

-Como un... un temblor o algo así. -Dar esperó, pero la sensación no se repitió-. ¿No? Me lo habré imaginado. -Sacudió la cabeza y siguió adelante, observando cómo los caminos de Duks y Eleanor se iban acercando poco a poco. De repente, la vibración se volvió a repetir-. ¡Eh, chicos! ¿Habéis sentido eso?

-¿Qué? -Mark había escogido el camino que rodeaba el perímetro-. Dar, ¿te encuentras bien?

La mujer de pelo oscuro se detuvo y se concentró.

-Sí... creo que... -Esta vez, fue más fuerte-. Eh... no me digas que no... como cuando pasa un camión por una autopista.

-Yo lo he sentido -reconoció Kerry, mirando a su alrededor nerviosamente-. ¿Es un terremoto?

-¡¡Un terremoto!! -Eleanor la había oído-. No digas tonterías... En Florida no hay terremotos.

Dar frunció el ceño.

-Tiene razón... Todo el estado está formado de piedra caliza sobre una base de agua... no puede haber temblores... -Abruptamente, el travesaño de madera se tambaleó bajo sus pies-. ¡¡Eh!!

-¿Qué...? -José se vio igualmente sacudido de un lado a otro-. Todo esto es una especie de farsa... maldita gente... -Levantó los brazos par equilibrarse-. ¡Jesús!

En ese momento, Dar escuchó un crujido.

-Oh mierda... -Sus ojos se abrieron de par en par en espera de lo que se les venía encima-. ¡¡¡¡Agarraos!!!! -Instintivamente, echó a correr hacia Kerry al tiempo que la gruta entera se derrumbaba bajo sus pies con un estruendo de piedras y madera astillada.

Y cayó, como todos los demás, entre un torbellino de arena y árboles. Los gritos del grupo quedaron así ahogados a medida que la tierra se abría bajo sus pies. Dar se cubrió la cabeza durante la caída para protegerse del impacto de las ramas y el truco le funcionó hasta el momento en que una piedra impactó directamente contra su cuerpo, mandándola sobre uno de los bordes sobre los que descendía la avalancha de arena.

Se agarró a una raíz pero el peso de la tierra la empujó hacia abajo y siguió resbalando por la pendiente al tiempo que las piedras y las ramas le golpeaban sin cesar.

-¡Kerry! -gritó justo antes de que un contundente pedazo de roca la sumergiera a medias en una negra y aterradora niebla oscura, anulando cualquier defensa contra la inminente caída al fondo de la gruta, sintiendo el impacto como si medio mundo hubiera caído sobre ella.

Kerry, por su parte, a pesar de haber gritado en el momento en que la madera se desintegraba bajo sus pies, había encontrado diversos puntos de apoyo al caer y consiguió llegar hasta uno de los bordes del hoyo, escarbando para detener el descenso. Los gritos de sus compañeros la habían rodeado durante lo que pareció una eternidad. Luego asió fuertemente una rama y se mantuvo a pulso, con la esperanza de aguantar hasta que todo pasara.

Aun así, no fue por mucho tiempo. Cuando el anaquel de tierra que le servía de apoyo cedió, se encontró a sí misma dando volteretas sobre un montón de tablones, directamente hacia el fondo de rocas.

-¡Jesús! -Sin saber cómo, se las arregló para no quedar atrapada y, aferrándose a uno de los árboles que les acompañaban en la caída, consiguió llegar abajo, aunque el impacto hizo que saliera despedida hacia el centro del agujero.

La suerte hizo que aterrizara sobre un montón de tierra y piedras pequeñas en vez de la superficie de piedra caliza, por lo que puedo protegerse detrás de uno de los troncos más gruesos de las ramas que aún seguían cayendo sobre sus cabezas, mientras el rugido de la tierra la rodeaba. Sobre él, oyó su nombre y alzó la cabeza hacia el lugar de donde provenía el sonido. El cuerpo de Dar caía a plomo en medio de la polvareda, quedando a continuación semienterrado por la avalancha.

-¡Dar!

No esperó más. Saltó fuera de la barrera que la protegía y se precipitó avanzando sobre la inestable masa de tierra y roca, atravesando densas nubes de polvo y fintando las piedras que caían rodando a su alrededor, pendiente abajo.

-Dar... Oh Dios...

A la vista, lo único que quedaba de ella era un brazo, emergiendo inerte entre las ramas. Salvando el último tramo que las separaba, cayó de rodillas junto a su amante y apartó frenéticamente los restos que la cubrían.

-¿¿Dar?? ¡¡¡Eh!!!

Tras apartar la arena que le tapaba la cara, fue obsequiada con un débil gemido.

-Eh... eh... vamos...

-Vale... vale... tranquila -masculló Dar, recuperando parte de su movilidad y emergiendo de la cantidad de tierra que tenía encima. Las piedras y demás restos del desastre seguían bajo su cuerpo, así que, ayudada por Kerry, terminó de incorporarse-. Vaya... mira lo que has conseguido por no mirar dónde pisas... -Se las arregló para bromear débilmente, al tiempo que se frotaba la cabeza en el lugar en que la piedra la había golpeado momento antes con una mueca de dolor-. Maldita sea...

Kerry se sentó a su lado y le sacudió suavemente la tierra que aún tenía sobre la ropa.

-Jesús... ¿estás bien? -preguntó al tiempo que le examinaba la cabeza con preocupación-. ¿Qué ha pasado? ¿No habías dicho que no hay terremotos en Florida?

-Tranquilízate. -Dar la tomó de las manos y se las frotó con fuerza para que entrara en calor, puesto que hasta a simple vista podía ver que estaba temblando-. No ha sido un terremoto... -Echó una ojeada a su alrededor a medida que la polvareda se iba asentando, y llegó a escuchar el lamento de sus compañeros de aventura-. Ha sido un corrimiento.

-¿Un corrimiento? -Kerry se acercó más a ella, apoyándose contra su hombro y deslizando un brazo alrededor de su cintura-. Un corrimiento de tierra... vale... Entonces esto no forma parte de la prueba, ¿verdad?

-Así es. -Dar la miró fijamente-. ¿Estás bien?

-¿Qué? Oh, sí... estoy bien... perfectamente -aseguró Kerry-. Unos golpes, nada más.

-¿Seguro? -inquirió su amante bajando el tono de voz.

-Sí... en serio -declaró la mujer rubia.

-De acuerdo... Bien... ¿Entonces podrías soltarme el brazo? Estoy perdiendo la sensibilidad en los dedos. -Los ojos de Dar centellearon ligeramente.

Kerry bajó la vista hacia su propia mano, pálida por la fuerza con que estaba aferrada a la muñeca de Dar.

-Oh -dijo soltándola-. Lo siento. -Respiró varias veces para tranquilizarse y estudió a su compañera-. Estás sangrando...

Dar observó su hombro.

-Tranquila, estoy bien... sólo es un arañazo.

Una risita suave y perspicaz.

-¿Dónde he oído eso antes? -contestó Kerry mientras le examinaba la herida-. Parece como si te hubieras golpeado con una rama. -Suspiró, sin apartar la vista de su hombro-. Supongo que deberíamos ir con los demás.

-Sí. -Dar se puso en pie con una mueca de dolor cuando el peso de su cuerpo cayó sobre sus rodillas-. Oh... mierda... -El dolor, martilleante, le obligó a sentarse de nuevo-. Maldita sea...

-Qué... -Kerry la miró ansiosamente-. Tranquila... -Le enderezó la pierna con suavidad-. ¿Qué sientes?

-Mi rodilla... -exhaló la mujer morena-. Creo que me la he dislocado -afirmó palpando la zona con cuidado-. Sí... toca aquí.

Kerry puso sus vacilantes dedos sobre el barro que cubría el pantalón de Dar y sintió una protuberancia ominosa.

-Oh... Jesús, Dar... debe doler como un demonio...

De hecho, estaba comenzando a sentir nauseas.

-Sí... em... -Dar aspiró aire profundamente-. Escucha... ¿crees que podrías... colocármela de nuevo en su sitio?

Unos ojos verdes, abiertos como platos, la miraron fijamente.

-¿¿!!!Qué!!!?? -exclamó Kerry-. ¿¡Estás loca!?

-Kerry, vamos... hazme caso -instó Dar-. Si lo haces, me dolerá muchísimo menos.

-No creo que pueda... Dios, Dar...

-Sí que puedes -interrumpió con decisión la voz de la otra mujer-. Vamos... es sólo un segundo... Agárrala fuerte y tira. -Ella a su vez, asió una de las muchas ramas que las rodeaban y la apretó con toda la fuerza de su mano, mientras las de Kerry cubrían la dañada articulación-. Eso es... vamos.

Kerry cerró los ojos y apretó los dientes hasta oírlos rechinar. Refrenó sus crecientes ganas de vomitar y agarró la pierna lo mas fuerte que pudo, torciendo el hueso tentativamente hacia abajo y hacia fuera, consciente de la silenciosa quietud de su amante.

-Vale... allá voy... -Aguantó la respiración y tiró. Al instante, sintió bajo sus dedos que la zona resbalaba y se encajaba en su sitio-. ¿Lo he conseguido? -Al no recibir respuesta, se obligó a abrir los ojos, encontrándose con una Dar muy pálida desmayada sobre la arena-. ¡Oh, mierda!

*****

Dar volvió en sí vacilante al sentir un palpitante y embotado dolor en la pierna y un cálido hormigueo en los labios. Tardó un momento en decidir que probablemente ambos no estaban relacionados y dejó que sus párpados se abriesen, contemplando antes que nada más un par de profundos y visiblemente preocupados ojos verdes a dos centímetros de los suyos.

-Uh... -Pestañeó, tragó saliva y se pasó la lengua por los labios-. ¿Me acabas de besar?

Kerry dejó escapar un tímido suspiro de alivio.

-Sí... Estaba intentando despertarte.

-Mm... ¿Sabes? Sacudirme un poco hubiese tenido el mismo efecto... pero la verdad es que no tengo queja de tu método... -afirmó Dar irónicamente-. Siento haberte asustado.

-Bueno... el dolor debe haber sido increíble... Dar, yo...

Su amante suspiró.

-No... no ha sido por eso... es decir... Sí, me ha dolido, pero me he desmayado porque... -Se aclaró la garganta ligeramente al tiempo que intentaba incorporarse-. Por la sensación de los huesos rozando uno contra otro... Cuando competía, siempre me desmayaba cada vez que me pasaba algo así. -Dirigió una mirada de disculpa a Kerry-. Debí haberte avisado. -Sus labios hicieron una mueca-. Eso y las agujas largas... ya que estamos.

Kerry consideró sus palabras con apacible sorpresa.

-Oh. -Se reclinó hacia atrás frotando el brazo de Dar suavemente-. Nunca lo hubiera dicho... Quiero decir que... tú pareces tan... em... -Alzó una mano, buscando la palabra adecuada-. Ya sabes...

-Dura. -Dar sonrió desaprobadoramente al tiempo que aliviaba el abrazo alrededor de sus rodillas-. Lo sé... siempre ha sido mi mejor papel -reconoció mientras enderezaba la pierna cuidadosamente-. Ya estoy mejor -aseguró suspirando-. Bueno, ¿en qué estábamos? Hay que ir a por los demás, ¿cierto?

Kerry se reclinó.

-Dar... ¿por qué no te quedas aquí? Puedo ir yo sola a echar un vistazo. -Se levantó agachándose bajo la rama que las albergaba-. Quizá encuentre algo para vendarte la rodilla...

Dar extendió la mano por encima de su cabeza y agarró a su vez la rama, poniéndose en pie.

-No... será mejor que encontremos la forma de salir de aquí... -Aspiró profundamente y exhaló al sentir de nuevo la presión sobre la pierna. Dolía, pero al menos se tenía en pie. Alivió el peso y flexionó la rodilla varias veces antes de apoyar de nuevo el pie en el suelo-. Bueno... creo que puedo andar -afirmó echando un vistazo a su alrededor-. Jesús...

El terreno sobre el que habían pasado minutos antes había quedado convertido en un agujero semiesférico de más de cincuenta pies de profundidad. El fondo estaba lleno de piedras y restos de árboles estrellados, y una rezumante agua fangosa que Dar podía sentir enfriándole las plantas de los pies.

De pronto alguien gritó su nombre, y se volvieron para descubrir a Mark subido a un árbol medio sumergido, avanzando en su dirección.

-Vamos. -Dar recogió una rama quebrada que tenía cerca para apoyarse-. Podemos tener problemas si nos quedamos aquí.

Echaron a andar despacio, con Kerry resistiendo a duras penas el impulso de tomar el brazo de Dar durante cinco minutos, hasta que por fin dejó de luchar consigo misma y envolvió suavemente el codo de la mujer con una mano cada vez que llegaban a una zona particularmente insegura.

-Ya lo sé -comenzó a decir nerviosamente al sentir que Dar iba a decir algo-. Ya lo sé... y no me importa, Dar. Dimitiré... si es necesario. No me importa que se enteren.

Una larga pausa.

-Um... en realidad sólo iba a decirte que tuvieses cuidado con esas zonas más claras -contestó Dar suavemente-. Son de caliza y lo más seguro es que resbalen. -Hizo una pausa mientras pensaba-. Pero ya que sacas el tema de si se enteran o no... es lo que menos me preocupa en este momento. Lo primero es salir de aquí.

-Oh. -Kerry bajó la vista y cabeceó levemente-. Vale. Lo siento. -Se sentía un poco tonta. Por supuesto que Dar tenía razón... Ni uno sólo de los miembros del grupo iba a estar pensando en algo así en aquel preciso momento, ni ella debía hacerlo. Al parecer, el comentario de Duks le había puesto a la defensiva.

Sintió el brazo de Dar cambiar de posición y unos cálidos dedos sobre su brazo la sobresaltaron haciéndole levantar la vista. Los cálidos ojos azules de su amante la miraban firmemente con un débil matiz de desafío. Kerry sonrió y le dio un cariñoso apretón en la mano. A continuación, volvió a concentrarse en la no menos complicada tarea de encontrar un camino viable por el que avanzar.

*****

-Eh... échame una mano -pidió Mark a Duks-. Aguanta, Mary Lou... deja que te quite esto de encima. -Saludó a Duks con una inclinación de cabeza cuando el VP de Finanzas se le unió y puso una mano en la pesada rama-. Gracias.

-Con cuidado... -advirtió Duks a la joven mujer al tiempo que él y Mark tiraban, tratando de liberarla-. Argh... -Les hizo falta un extra de fuerza física para desatrancar su pierna de entre el fango-. Ya está...

-Ay... -La joven se puso en pie a duras penas-. Gracias... gracias... -Le dirigió una mirada agradecida a Mark cuando la tomó del brazo llevándola hasta donde estaba reunido el resto del grupo.

Dar se había sumergido en sus propias reflexiones y atizaba distraídamente un arbusto mientras Kerry cuidaba de Mariana, que lucía un feo corte en el brazo. Aparte de eso, y un buen número de contusiones y arañazos, todos habían salido ilesos, y permanecían reunidos en un estrecho círculo mirando a su alrededor con aire bastante desorientado.

-¿Y ahora qué, Sherlock? -Steve se situó a la espalda de Dar y observó los desfiladeros que les rodeaban por todas partes-. ¿Nos vas a sacar de aquí volando en tu maldita escoba? -preguntó con sorna e irritación-. No me puedo creer que nos hayas metido en esto... Creo que voy a... ¡EH! -En un segundo, se vio atrapado entre el tronco de uno de los árboles y el extremo del palo de la mujer, impidiéndole respirar con fluidez.

-Ya... -Dar apretó más fuerte-... me estás... -Se inclinó más cerca-... PONIENDO... -Su voz se hizo más gutural, pero al mismo tiempo más penetrante-... ¡¡¡ENFERMA!!! -Hizo una pausa mientras lo observaba-. Así que CÁLLATE o te meto esto POR EL CULO. -Un silencio mortal- ¿¿¿ENTENDIDO???

Steve cabeceó una vez afirmativamente y cayó cuando Dar retrocedió y pudo respirar otra vez.

-Puta -dijo frotándose la garganta.

El moreno rostro de la mujer dejó asomar una sonrisa salvaje.

-Gilipollas -le respondió ella volviéndole la espalda y estudiando el entorno una vez más.

-Oh... chica -susurró Mariana cuando Kerry acabó de vendarle el corte con la manga de una camisa-. DR está llegando a su límite, por lo que veo.

Kerry observó a su jefa y exhaló.

-Sí... y estaría mejor si ese tipo no la provocara constantemente... lleva así todo el fin de semana... De hecho me extraña que no haya explotado antes. -Sus feroces ojos verdes estudiaron a Mariana-. No es culpa suya.

La VP de Personal dejó que una cansada sonrisa cruzase su cara.

-De quién sea la culpa no va a afectar a la cantidad de papeles que voy a tener que rellenar tras esta ridícula excursión. -Tocó a Kerry en el codo con su rodilla-. Ve a ver si puedes tranquilizarla un poco... No me gustaría tenérmelas que ver también con la policía.

Kerry pestañeó.

-Oh... no, Dar no haría... -Hizo una pausa, recordando a Kyle-. De acuerdo... ya te entiendo. -Se levantó abrochándose de nuevo el cinturón y fue hacia donde estaba Dar. Steve le dirigió una mirada cortante cuando pasó a su lado y ella le respondió con la más encantadora de sus sonrisas, lo cual pareció incomodarle bastante.

Dar se encontraba examinando la pared. Sus claros ojos azules saltaban súbitamente de un lado a otro mientras descansaba su peso sobre el palo, salvaguardando así la rodilla.

-Hay una posibilidad -apuntó cuando Kerry subió hasta donde ella estaba-. Será difícil, pero creo que podemos hacerlo... si no todos, al menos los suficientes como para ir en busca de ayuda.

Kerry la miró fijamente.

-¿Por ahí? ¿Donde cuelgan esos árboles?

-Mmhmm... -La atención de Dar estaba herméticamente enfocada-. Sí, podríamos subir usando las raíces como asideros.

Era una posibilidad, razonó Kerry.

-Sí, podría funcionar. -Puso su mano en el palo, cubriendo los dedos de Dar, quien fijó sus claros ojos azules en ella-. ¿Estás bien?

Un débil pliegue asomó en la frente de Dar.

-¿Hmm? Oh... sí, la rodilla me está fastidiando un poco... y me ha empezado a doler la cabeza... pero nada grave. ¿Y tú?

Kerry deslizó su mirada hacia donde se encontraba Steve, sentado con altivez sobre un leño, y volvió a mirar el rostro de Dar. Una de sus cejas se izó a modo de pregunta.

La ejecutiva pareció confundida durante un momento. Después lanzó una mirada de impaciencia y resignación.

-Oh... sí, estoy bien... Sólo me he dejado llevar un momento -dijo quitándole importancia al incidente anterior-. Será mejor que nos pongamos en marcha.

La mujer rubia apretó con más fuerza la mano de su amante.

-A lo mejor deberíamos comer un poco antes... sería una buena oportunidad para que todos se tranquilizasen... ¿no?

Dar lo consideró.

-Puede ser -reconoció-. Supongo que media hora más no supone mucha diferencia. -Dejó que Kerry la llevase de nuevo junto a los demás-. Bueno... -No le costó mucho atraer la atención general-. Obviamente tenemos que salir de aquí.

-Sí. -Duks se mostró de acuerdo-. Y deprisa. Aquí cada vez hay más agua y sospecho que en breve podríamos encontrarnos con barro hasta las orejas -añadió taladrando con su pie un charco de agua helada.

-Jesús... -José se palpó una leve contusión que tenía en la cabeza-. Podríamos estar muertos.

-Pero no lo estamos -afirmó Dar con rotundidad-. Hay un sitio allí -comenzó apuntando hacia la zona en cuestión-... por donde podríamos subir. Al menos alguien que vaya a pedir ayuda.

-¿A quién? ¿A esa idiota? -declaró Eleanor con aire frustrado, refiriéndose obviamente a la monitora del campamento-. No seas ingenua, Dar... por ahí no se puede subir... y no me voy a quedar aquí sentada en este montón de estiércol.

-Vamos, El. -Mariana se anticipó a la creciente ira de Dar-. Tanto si es posible como si no... tienes que elegir. O lo intentas o te quedas. -Suspiró-. Yo me voy a pasar toda la semana que viene rellenando papeles por vosotros, ¿cierto?

-Podremos pedir ayuda "de verdad" una vez estemos fuera... -explicó Dar-. Pero todos debemos intentarlo. No sabemos cuánto tiempo nos podría llevar, y estoy prácticamente segura de que a ninguno nos apetece seguir aquí cuando se haga de noche.

A nadie pareció gustarle la idea, pero todo lo que surgió del grupo fueron unos cuantos asentimientos reluctantes.

-Será más fácil si nos comemos lo poco que nos dieron antes de salir -recordó Kerry a su jefa-. Nos vendría bien un poco de descanso.

-Oh sí... -Mark empezó a hurgar en su mochila-. Es una gran idea. -Todos se dispusieron a imitarle con diferentes niveles de entusiasmo-. ¿Qué es esto?

Dar se había sentado en una piedra con la pierna estirada hacia delante y echando un vistazo a su porción.

-Ahora lo llaman MRE -comentó-. Es comida militar. -Levantó la vista cuando Kerry se sentó a su lado con las piernas cruzadas-. No os matará, eso es lo único que os puedo garantizar.

-Oh... genial. -Kerry sacó el paquete y se puso a lidiar con la envoltura de plástico-. ¿Cómo funciona? -Giró la cabeza y entonces puso una mano en la rodilla de Dar-. Eh...

La ejecutiva se había recostado contra la roca con los ojos cerrados, pero se obligó a abrirlos de nuevo y miró a su compañera.

-¿Sí? -De repente se encontraba exhausta, y las palpitaciones de su cabeza iban a peor.

-Toma... -Kerry le puso algo en la mano-. Creo que lo necesitas más que yo.

Dar se quedó mirando el paquete.

-Oh. -Sonrió por defecto al ver el envoltorio de distribución genérica del ejército-. Sí... -afirmó con un suspiro. Dejó el paquete sobre su regazo y lo desembaló a medias-. De acuerdo... esto es una bolsa calorífica. -La cogió y tiró de las dos etiquetas que estaban en los extremos-. Si haces esto, cualquier cosa que esté dentro se calentará por acción química -Levantó la mirada y se sobresaltó al ver a todo el resto del grupo, menos Steve, rodeándola con atención-. No es difícil, chicos. Somos una compañía tecnológica, por favor, recordadlo.

-Bien, bien... -Duks tiró de sus etiquetas y puso el paquete grande al lado-. ¿Y qué es esto? No me lo digas... lo que nos dais a los ateos por Navidad, ¿no? -Cogió un paquete más pequeño-. Galletas, cereales...

-Oh, Dios mío... ¿y esto es lo que les dan de comer a los del ejército? -Los ojos de Eleanor se abrieron como platos.

-Mm... sí, lo vi en un documental el otro día -dijo Mark investigando su ración-. También hay cubiertos... qué civilizado.

Kerry abrió su envoltorio, ya caliente, y lo olfateó.

-Vaya... -La sorpresa le hizo erguirse levemente-. Creo que es lasaña. -Cortó un pedazo con el tenedor y se lo metió en la boca saboreándolo cautelosamente-. Y no está nada mal.

Se encontraban sentados en círculo. La mayoría comía en silencio sobre la pulida superficie de roca caliza que, lenta pero ininterrumpidamente, se iba llenando de agua. Dar, por su parte, se vio a sí misma hurgando con el tenedor en su comida. Miró a un lado y le ofreció el resto a Kerry.

-Toma... ¿Quieres acabártelo?

Kerry la miró.

-¿No te gusta?

Un encogimiento de hombros.

-No está malo... es que no tengo hambre -admitió Dar-. Venga... me da que ya estabas pensando en relamer los restos de la bolsa.

La mujer rubia se ruborizó, pero aceptó el ofrecimiento con gusto. Después le pasó a Dar su zumo de manzana.

-Toma... no me gusta... ¿Por qué no te tomas una aspirina?

Dar aceptó el consejo y se tragó dos pastillas, la de Kerry y la suya, junto con el zumo. Acto seguido, echó un vistazo a los demás.

-¿Habéis acabado?

-Sí. -Duks palmoteó su rodilla-. Vamos allá... estoy deseando regresar a nuestro acogedor campamento y a los bocadillos de crema de cacahuete que nos habrán preparado como premio. -Se puso en pie guardando con cuidado el equilibrio sobre la piedra en la que se encontraba.

José se le unió.

-Hijos de perra... voy a decirles unas cuantas cosas cuando vuelva, os lo aseguro - declaró-. Venga, Eleanor... acabemos con esto, ¿eh?

Fueron en fila hasta el lado del desfiladero que habían elegido como el único viable, tropezando y resbalando en la superficie pantanosa. Dar iba a la cabeza, renunciando al palo mientras se movía de roca en roca.

-De acuerdo... venid hasta aquí arriba.

-Yo no voy por ahí -declaró Steve-. Nos vemos en la cima. -Se volvió y echó a andar por su propia cuenta, agarrándose a las numerosas ramas que habían caído de los árboles.

-Tiene razón... por allí es más fácil. -Eleanor los abandonó y siguió con determinación a Steve-. Venga, José, Charles... no tiene sentido ir por el camino difícil.

-Sí -concordó el VP de Ventas mientras se alejaba de ellos y los seguía-. Ya voy...

El delgado ayudante de Eleanor los siguió obedientemente mientras se acomodaba las gafas con nerviosismo.

Dar los miró fijamente, pensando en algo que decir, pero terminó por encogerse de hombros y retomó su tarea. Apoyó la cabeza sobre unas ramas frescas un momento antes de enderezarse y buscar el modo de dar el próximo paso. El martilleo de sus sienes estaba empezando a menguar, pero se sentía distante de sus pensamientos, lo cual le puso levemente alerta, por lo que pudiera pasar.

De repente sintió el calor de una mano sobre su espalda y se volvió para ver a Kerry a su lado, ostensiblemente en busca de un buen lugar al que agarrarse.

-¿Es seguro subir por aquí? -preguntó la mujer rubia mientras caminaba a su lado y se giraba vigilando el progreso de Steve y los otros por la pared opuesta-. ¿O, por mucho que odie admitirlo, ellos tienen razón?

Dar sonrió fatigadamente.

-Bueno... su camino es más fácil, pero no estoy segura de que merezca la pena intentarlo por allí -comentó.

-¿Por qué? -preguntó Kerry con curiosidad.

-Aquellas ramas están cubiertas de ortigas -contestó la mujer de pelo negro, viendo como Duks y Mark, que estaban justo detrás de ella, se echaban a reír entre dientes.

-Oh... no... no lo dices en serio. -Mariana apartó su deslucido pelo a un lado de su cara-. Dime que no te he oído bien, Dar... Lo has hecho a propósito.

Dar se limitó a negar con la cabeza y continuó subiendo, buscando agarres fáciles para el resto del grupo.

-Haremos un pequeño descanso más arriba -advirtió-. Agarraos aquí... eso es. -Subieron la cuesta despacio, utilizando cada asidero para guardar el equilibrio. Afortunadamente, las paredes no eran completamente verticales, lo cual les permitía detenerse para recobrar el aliento.

Steve, José, Charles y Eleanor ya habían alcanzado la cima y habían desaparecido. Dar se alegró de su ausencia, reparando en que la constante tensión que le producían había estado minando sus nervios poco a poco. La misma sensación tuvieron Duks y Mariana, que se apoyaron el uno en el otro para limpiarse el barro y el sudor que les cubría. Mark empezó a conversar con Mary Lou sobre los Marlins(1). Dar y Kerry se encontraban una al lado de la otra sobre la cuesta.

-¿Cómo va tu rodilla? -preguntó Kerry.

Dar se encogió de hombros y flexionó la pierna en cuestión.

-Está bien... -Se apoyó de espaldas contra la superficie terrosa sintiendo su frialdad a través del tejido de la camisa. La maniobra de Kerry le había dado estabilidad, y el dolor le llegaba de forma apagada, cosa que ella agradecía. Sin embargo, la subida no estaba ayudando a mejorarlo, a pesar de que trataba de alzar la mayor parte de su peso con los brazos y los hombros en la medida de lo posible-. Venga... -Exhaló-. Voto por secuestrar el maldito autobús y salir de este infierno en cuanto volvamos.

Todos miraron a Mariana, que le sacó la lengua a Dar.

-Sólo si paras en el primer Dairy Queen que encontremos, DR... Necesito quitarme de la boca el sabor a jalea de menta.

Los ojos de Dar brillaron ligeramente.

-Dairy Queen... sí... debe haber alguno cerca, ¿no? Helado... eso aliviaría este mal trago -meditó mientras retomaba su caza de raíces. Aún sentía náuseas, pero ni siquiera eso la detendría de comer helado.

-Tenías que sacar el tema... -suspiró Kerry mientras subía al lado de su amante-. Ahora estaremos oyéndole hablar de virutas de chocolate hasta que lleguemos allí.

-¿Qué es eso? -inquirió Duks ofreciéndole una mano a Mary Lou.

-Cáscara de chocolate endurecida -contestó Dar con una mueca de gusto-. Sumergen los conos en el chocolate y los dejan secar. -Subió un nivel más-. Te pringas hasta los ojos, pero sabe genial.

-¿Ya te has hecho adicta a eso, Kerry? -preguntó Mary Lou mientras superaba una zona pedregosa.

-Oh, sí... -contestó Kerry, reparando al mismo tiempo en el matiz secundario que podría tener ese cometario-. Em... acaban de abrir un Dairy Queen al final de la calle en la que está nuestra oficina de Kendall... pasamos por allí cuando vamos a las reuniones.

-Ya... ya veo -cabeceó Mary Lou.

Continuaron subiendo hasta que Dar, que iba en cabeza, se encontró lo bastante cerca de la cima. Luego se impulsó hacia arriba una vez más y se agarró a uno de los árboles que colgaban medio fuera del borde hasta que quedó tumbada sobre el camino por el que habían llegado unas horas antes.

Allí no había nadie.

-Bastardos... -murmuró Dar poniendo una mano bajo el codo de Kerry para ayudarla a subir-. Se han ido sin nosotros.

-Qué cerdos... -La frente de Kerry se arrugó-. No me puedo creer que hayan hecho algo así... nosotros les habríamos esperado.

El resto del grupo emergió del hoyo y pronto estuvieron todos sentados en el camino.

-Bueno... -exhaló Mariana-. Es el único ejercicio que he hecho desde que estuve en las Girls Scouts.

-Cierto -concordó Duks mientras descansaba con las piernas estiradas y las manos apoyadas en el suelo, a su espalda-. Pero lo hemos conseguido... y, por tanto, proclamo esta pequeña parte del seminario un éxito.

Dar se puso en pie.

-Sí, así es -afirmó-. Lo cual significa que el problema de cooperación no lo tenemos los que estamos aquí.

Mariana suspiró y también se levantó.

-Vale, vale... no ha sido precisamente un plan maestro. -Se sacudió el polvo de los pantalones-. Aunque, de no haber ocurrido esto, podría haber salido mejor...

-Sí -dijo Kerry suavemente mientras avanzaban, con el sol del atardecer filtrándose entre los árboles-. Bueno... a lo mejor podríamos hacer algún ejercicio de estos a menor escala... como... en un hotel o algo así.

-Un hotel cómodo. -Mary Lou estaba de acuerdo.

-Un hotel cómodo con camas, aire acondicionado y televisión -agregó Mark.

-Y no te olvides del módem -dijo Dar con una media sonrisa-. Y servicio de habitaciones.

-Servicio de habitaciones... oh, sí... -concordó Duks.

Todos rieron ligeramente mientras entraban en una curva cerrada. Se detuvieron al encontrarse de nuevo frente al puente de cuerda.

Y todos, sin excepción, quedaron perplejos ante lo que tenían delante.

Había ropa colgada de las sogas que hacían de baranda, y todo un cúmulo de farfulleos y voces repletas de frustración surgían del fondo.

-Oh oh... -Mariana se asomó a medias y se cubrió los ojos con una mano-. No creo que tenga los informes adecuados para reflejar esto, Dar.

-¿Qué? -la ejecutiva atisbó por encima del borde-. Oh, Dios...

Kerry se apoyó en su hombro.

-Oh, dios mío. Están desnudos...

*****

-¡Tiradnos la maldita ropa, idiotas! -gritó Steve, con sólo la cabeza fuera del agua.

Dar se apoyó contra la baranda.

-Di por favor -reclamó sarcásticamente.

-Dar... -Kerry le dio una palmada en el brazo-. Vamos. -Recogió las camisas y los pantalones y los hizo un ovillo. Entonces dudó-. ¡Se van a caer al agua! -les informó.

-Y por cierto, ¿qué demonios estáis haciendo? -dijo Mark apoyándose al lado de Dar-. Hace un tiempo horrible para ponerse a nadar, ¿sabéis?

José se puso en pie con el agua resbalándole cuerpo abajo.

-¡Han sido unos bastardos con armas!

Dar suspiró.

-Bien, ha tenido su gracia... hasta ahora. -Se enderezó y echó un vistazo a su alrededor. Entonces, volvió a ver la serpiente-. Esperad... -Avanzó por el puente, desenredó el "juguetito" y se lo echó al cuello antes de regresar junto a los demás-. Toma... -dijo entregándosela a Kerry-. Ata la ropa a un extremo. -Acto seguido, se volvió hacia Mark-. Tú vigila por si viene alguien. Deben haber sido unos cazadores con ganas de juerga, o algo por el estilo.

Mark se enderezó y miró a su alrededor.

-¿Qué se supone que tengo que ver? ¿Un puñado de retrasados mentales con rifles? Mi contrato no cubre esto, Dar -murmuró.

Kerry terminó de atar la ropa a la cola de la serpiente y vio cómo Dar la bajaba hasta donde estaba José, agachándose con el brazo extendido al máximo para que pudieran alcanzar sus pertenencias. Mantuvo una mano agarrada a la plataforma y la otra suspendida en el aire por si su jefa perdía el equilibrio, a pesar de la certeza de que si lo hacía, ambas caerían al agua.

-Vale... ¿lo tienes? -gritó Dar con una mueca de dolor al sentir la tensión contra su pierna. Vio a José alzarse y cerró los ojos en un acto reflejo-. Oh... Dios... hubiese preferido no ver eso... -murmuró al mismo tiempo que Eleanor emitía un agudo y desagradable chillido.

-Cállate... estoy cogiendo la maldita ropa -refunfuñó José haciéndose con ella finalmente-. Toma... -y soltó la cola del improvisado montacargas-. Ya está... ¡¡aiiieee!! -gañó, al sentir el peso muerto del animal de juguete cayendo a su alrededor-. Jesús, Dar... voy a darte una patada en el culo en cuanto salga de aquí.

Dar se enderezó despacio, consciente de la mano de Kerry sobre su antebrazo.

-No podrías ni aunque yo fuese una silla y llevases botas de latón -gritó ella.

-¡Callaos los dos de una vez! -les espetó Eleanor-. Oh Dios mío... me pica todo el cuerpo...

-A mí también -comentó Steve arremangándose la camisa-. Oh, mierda... ¡Augh!

-Pensándolo mejor, tal vez darles la ropa no haya sido una buena idea -comentó Dar a su amante con aire apacible-. Acuérdate de las ortigas...

-Ay. -Kerry hizo una mueca de dolor al tiempo que se miraba las manos-. Gracias por avisarme.

Dar sonrió.

-Estoy segura de que sobrevivirás -se rió entre dientes y exhaló mientras las cuatro figuras emergían mojadas, iracundas y llenas de barro, y se acercaban a ellos-. Bien... ¡ya basta! -Levantó la voz-. Salgamos de aquí. Ya tendremos tiempo después de gritarnos entre nosotros, ¿de acuerdo?

-Es lo más inteligente que has dicho desde que estamos aquí -le picó Eleanor-. Apártate de mi camino -añadió empujando a Dar y acometiendo de nuevo el puente de cuerda sin importarle ya la altura a la que estaba suspendido ni su inestabilidad, y rascándose enérgicamente el brazo mientras lo hacía.

-Muy bien... -Dar se apoyó contra las sogas-. Supongo que regresamos al campamento. - Todos pasaron delante de ella en un momento y esperó el turno de Kerry, que se había quedado la última deliberadamente, apoyando los pies con cuidado.

-Malditos sean todos... los voy a demandar hasta que le haya sacado el último centavo a esa condenada compañía... -iba farfullando José mientras caminaba-. Por irresponsables, por poner en peligro a los clientes... ¡putas!

Dar suspiró e intentó filtrar su voz y dejar de oírle, concentrándose en cambio en el dolor de su pierna a medida que avanzaban por el sendero. Funcionó, pero la dejó preocupada, de tal manera que no reparó en que todos se habían detenido y chocando así con la espalda de Kerry, lo cual las sobresaltó a las dos.

-Qué... oh... perdona. -Se apoyó en el hombro de Kerry y exhaló-. ¿Qué pasa?

Silenciosamente, Mark apuntó hacia el campamento. Dar fue junto a él y se asomó por entre las hojas para ver el vestíbulo principal de la choza. El autobús había sido estacionado a un lado y delante de la estructura había dos camionetas con remolques llenos de varios artículos de campamento y prominentes escopetas de caza, además de dos tipos tumbados en la parte de atrás de una de ellas bebiendo cerveza. Había otros dos en el porche, uno de los cuales tenía a la infeliz Skippy contra la pared e intentaba besarla. La guía, por su parte, no podía hacer más que retorcerse frenéticamente intentando escapar, pero sin mucho éxito

-Son los bastardos que nos desnudaron -gruñó Steve-. Dejadme ir hasta allí... -demandó rascándose los brazos sin parar-... auggghghh.

Dar sintió una oleada fría barriendo su cuerpo de arriba abajo que hizo que todo, excepto aquellos hombres, se diluyera, y que el agotamiento que la había embargado desde el accidente quedara en el olvido. Su atención se enfocaba ahora únicamente sobre aquellos hombres, y una leve y austera sonrisa se dibujó en sus labios.

-Bien, se acabó. Ya he tenido bastante. Esos tipos no saben dónde se acaban de meter - ronroneó, empujando a José y a Steve a su paso y acercándose furtivamente a la parte descampada.

-¿A dónde diablos crees que vas? -siseó Steve agarrándola del brazo.

Ella se lo sacudió como si se tratara de un simple mosquito.

-A liberar algo de frustración reprimida -gruño, retomando su camino.

-¡Dar! -la voz de Kerry surgió gutural, pero repleta de ansiedad-. Espera...

Avanzó sola durante unos segundos, aunque después unos pasos a su espalda y una mano agarrando con fuerza la tela de su camisa le hicieron detenerse. Ella se soltó.

-Quédate aquí -ordenó a Kerry, avanzando directamente hacia uno de los que estaban en el porche-. ¡Eh!

Ya estaba sobre la plataforma de madera antes de que hubiesen tenido tiempo de reaccionar a su llamada. Uno de ellos eructó a modo de saludo.

-Eh... ¡tú eres guapa! -Anduvo tambaleándose hacia ella con una mano extendida-. Ven aquí, preciosa...

Dar sintió el movimiento antes incluso de que ocurriese. Una reacción profundamente enterrada en su cuerpo proyectó su cuerpo hacia delante y envió un codazo a su mandíbula del tipo, estampándolo contra la pared con un aullido sobresaltado. Después giró la cabeza hacia el otro, y frenó su intención de pillarla por la espalda con un derechazo por encima del hombro, casi deleitándose cuando el impacto sacudió su brazo, desde el puño hasta el hombro. Él retrocedió tambaleándose y, tras seguirle de cerca, le agarró por la sucia camisa de franela y le inmovilizó contra la puerta del vestíbulo principal.

El tipo abrió la boca, pero la gélida mirada de los ojos azules de la mujer hizo morir las palabras en su garganta, dándole el aspecto de un niño a punto de echarse a llorar.

-Tú... -Dar bajó el tono de su voz tanto como le fue posible-.... te estás interponiendo entre yo... -Le golpeó con una rodilla en la ingle y observó que sus ojos y su boca se abrían desmesuradamente-... y el Dairy Queen.

Lo dejó caer y él se derrumbó agarrándose la entrepierna y emitiendo un leve gimoteo. Dar se giró en redondo y observó a los dos bebedores de cerveza, enarbolando sus rifles y a punto de saltar por los laterales del remolque. Les estudió por un momento y fue hacia ellos directamente, sin miramientos, al tiempo que abría y cerraba los puños.

Ninguno de los dos tuvo tiempo de actuar. Uno salió proyectado de cabeza contra el suelo y el otro de culo contra el remolque. El que había caído fuera corrió hacia el lado del conductor, consiguió abrir la puerta, encender el motor y meter primera, saliendo de allí como alma que lleva el diablo con los neumáticos derrapando sobre la gravilla del camino y propinando a su compañero de la parte de atrás una suerte de paliza contra las paredes del remolque metálico, proyectado arriba y abajo como una rana sobre el capó caliente de un coche. Sus gritos de desesperación, junto con el sonido de la camioneta, se fueron perdiendo poco a poco.

Dar se volvió hacia el que había recibido su primer golpe. Él, por su parte, se arrastró como pudo fuera del porche y salió corriendo al tiempo que el perro del campamento le ladraba de forma amenazante. A continuación, fue Skippy quien recibió su mirada, fría y llena de ira.

-¿Dónde está el conductor del autobús?

La muchacha abrió la boca y la cerró varias veces antes de emitir cualquier sonido.

-Oh... uh... yo... está...

-Encuéntralo -gruñó Dar.

-Ssssssí señora -farfulló echando a correr hacia el otro lado de la cabaña.

Todo quedó en silencio. Sólo el crujir de las botas de Kerry sobre la tierra arenosa quebraba la quietud del ambiente a medida que cruzaba el descampado y se plantaba ante ella en el porche.

-Bueno... -murmuró con los brazos en jarras.

Dar la miró tímidamente.

-Siento haber sido tan brusca contigo antes... ¿estás bien?

Kerry frunció los labios y echó un vistazo al hombre que aún se retorcía en el suelo.

-Em... sí... supongo. -Hizo una señal al resto del grupo para que se acercaran-. ¿Y tú?

La mujer se encontraba apoyada contra la pared cuando el resto se les unió, mirándola con una mezcla de cautela y admiración.

-Sí, estoy bien -comentó-. Sólo quiero un helado. -Caminó hacia el banco que había a un lado de la puerta y se sentó, estirando las piernas hacia delante y dejando escapar un suspiro.

Skippy regresó mirando a Dar, hecha un manojo de nervios.

-Viene de camino.

-Bien -dijo la mujer de pelo oscuro con los ojos cerrados-. ¿Tienes material de primeros auxilios? -preguntó girando la cabeza-. Empezando por un corrimiento de tierra... se puede decir que hemos tenido un día de perros. Esos cuatro se han rebozado en un montón de ortigas. -Cabeceó hacia Steve, Eleanor, Charles y José, que se la quedaron mirando.

-Uh... -Skippy los miró-. Será mejor que llame a los paramédicos.

Eleanor le dirigió una mirada maliciosa.

-¿Nos mantendrán aquí?

-Pues... no lo sé... em... probablemente... -respondió la guía a media voz.

-Usted métanos en ese maldito autobús -gruño la VP de Marketing-. Mi abogado se encargará del resto.

-El mío también -agregó José.

-Yo soy abogado -añadió Steve-. Y, chica, espero que tengáis un buen seguro. -Le apuntó amenazadoramente con el dedo-. Esto es vergonzoso, por no decir una temeridad...

-¡Sí! -gruñó José.

-Un momento. -Kerry se puso en pie y caminó entre ellos viendo que Skippy se encontraba al borde de las lágrimas-. Dejad de gritarle porque no es culpa suya. -Le dirigió una silenciosa mirada de simpatía a la guía-. Ella sólo está haciendo su trabajo.

Skippy le dirigió una trémula sonrisa.

-Gracias.

Kerry le devolvió el gesto.

-Tú cállate, puta -le espetó Steve.

La joven se volvió hacia él, consciente de un súbito movimiento en la periferia de su campo de visión.

-¿Perdona?

-Eres la putita de Dar... todos lo sabemos... así que cállate y ve a lamerle el culo o... -Ni siquiera vio venir el puño que le golpeó en plena cara, enviándolo por el porche con un afilado crujido de la madera. El cuerpo de Steve se deslizó flácido hasta el suelo.

Kerry, por su parte, sacudió la mano con energía.

-Ay... -se quejó con una mueca de dolor-. Duele como un demonio... -Todos se la habían quedado mirando, incluso Dar, puesta ya en pie y avanzando hacia ella en silencio-. Y para que te enteres, yo no soy ninguna "putita".

Un silencio incómodo se instauró entre el grupo. Finalmente, Skippy se aclaró la garganta.

-Em... ¿alguien... quiere galletas? -ofreció con desesperada alegría-. Tenemos de tres tipos diferentes, y un poco de zumo... mientras esperamos al conductor. Quiero decir... yo... le he pedido al director del campamento que saque vuestras cosas y... bueno, nunca nos había pasado algo así... Lo sentimos mucho... de verdad... em... ¿os traigo un zumo o algo?

Una larga pausa.

-¿Galletas? -Su voz se quebró ligeramente.

Mariana, misericordiosamente, vino en su ayuda.

-Eso sería genial... y si tiene loción de Calamina... Estoy segura de que no es culpa tuya... Veamos si también podemos encontrar algunas vendas. -Introdujo a Skippy dentro del vestíbulo, mientras Kerry volvía atrás y se sentaba al lado de Dar, consciente de sí misma. La mano le dolía muchísimo, y la acunó en la otra mirando fijamente los hinchados nudillos, como si no fueran los suyos.

Jesús. Le había atizado a una persona. No... mucho peor. Le había atizado al ayudante del vicepresidente de marketing de la compañía para la que trabajaba. Todo por un par de palabras. Miró a Dar, con aire avergonzado.

Unos cálidos y orgullosos ojos azules la contemplaban fijamente, acompañados por una sonrisa bien definida.

-No he debido hacerlo -susurró Kerry.

-No... pero no pasa nada -le dijo Dar extendiendo una mano deliberadamente para atrapar la suya, examinándole los moratones-. Te va a doler un poco durante dos o tres días.

-Mmm... -Kerry absorbió la calidez de los dedos de su amante-. Están igual que los tuyos aquella noche... -murmuró, echando un vistazo al resto del grupo, que evitaba deliberadamente mirarlas-. Lo he estropeado todo.

-No te preocupes por eso -le dijo la mujer de pelo negro-. Lo superaremos... confía en mí.

Sus ojos verdes, ligeramente húmedos, la contemplaron unos segundos.

-Confío en ti.

Dar asintió en un gesto tranquilizador y se reclinó hacia atrás, exhalando y deseando que el conductor del autobús llegase pronto.

*****

A su regreso, y después de dos paradas para recoger suministros médicos y una más en el Dairy Queen, que proporcionó no sólo el helado de Dar sino también un montón de hamburguesas para el exhausto grupo, ya había anochecido. Incluso Skippy abandonó su gallardía en el campamento y se unió a la comilona en silencio, intentando evitar las agrias miradas de los tres aventureros más quejicosos.

Steve no había abierto la boca desde el mismo momento en que había levantado el culo del suelo, alimentando sus agravios en malhumorado silencio y rascándose incesantemente. A simple vista, su piel se había convertido en una red llena de ronchas, al igual que la de Eleanor, Charles y José. Armados con sendos frascos de loción, se habían puesto tanta encima que cualquiera les habría confundido con criaturas de ciencia ficción.

Mark por su parte encabezaba la comitiva a lomos de su Harley con Mary Lou en el asiento trasero. Duks y Mariana dormitaban tras haber acabado de cenar.

Dar yacía en un asiento cerca del fondo del vehículo, mordisqueando virutas de chocolate y lamiendo las gotas derretidas de su helado de vainilla con una expresión absorta en la cara. Kerry, justo enfrente, daba cuenta de un postre de dulce de chocolate caliente con grandes cerezas como aditivo especial.

-Dime una cosa, Dar -comenzó, con el rabito de una cereza entre los dientes.

-¿Mm? -Los ojos azules de la ejecutiva la miraron por encima de la ya medio acabada bola de chocolate.

-El helado te hace sentir mejor -admitió Kerry-. ¿Por qué?

La mujer de pelo negro mordisqueó un pedazo más.

-No tengo ni idea -afirmó masticando con despreocupación-. Y en realidad no me importa... Sólo sé que siempre que me encuentre mal, un cucurucho de helado lo soluciona.

-Mm. -Kerry saboreó un bocado más de chocolate caliente.

-Probablemente sea porque dicen que es malo para la salud.

-Probablemente -concordó en voz baja.

Comieron en silencio durante un momento.

-¿Qué va a pasar el lunes? -acabó por preguntar Kerry con un susurro.

-No te preocupes con eso -contestó su amante.

-Nos van a causar muchos problemas -dijo Kerry, indicando las filas delanteras del autobús-. Todos ellos.

-Lo sé, y te digo que no te preocupes -repitió Dar-. Deja que yo me encargue de eso. - Atrapó una gota errante con su ágil lengua-. Yo también guardo algunos ases en la manga.

Kerry reflexionó sobre ese comentario.

-Dar... yo... prefiero dimitir a verte pasar por todo esto -profirió muy suavemente.

-Pues yo no quiero que lo hagas -objetó Dar al instante-. Deja que yo me ocupe de todo, Kerry... dijiste que confiabas en mí.

-B... bueno sí, y lo hago... Pero es que... -Se interrumpió un momento y suspiró-. No quiero que te hagan daño.

Una pequeña sonrisa surgió de los labios de la mujer.

-Estaré bien... Vamos a olvidarnos de todo esto hasta el lunes, ¿de acuerdo?

Kerry exhaló.

-Vale -convino, aunque sin dejar de repetirse que eso era algo definitivamente mucho más fácil de decir que de hacer.

*****

-Eh, Col. -Kerry vigilaba el tráfico con atención mientras conducía el Lexus por la calzada de Rickenbacker-. Ya hemos vuelto.

-Menos mal, chica... ¿qué ha pasado? -La voz de Colleen rebosaba alegría al otro lado del teléfono-. No regresabais hasta mañana por la tarde.

-Lo sé. -Echó un vistazo a Dar, que dormitaba contra la puerta del copiloto con los ojos medio cerrados-. Han surgido unos cuantos problemillas. -Dar había querido conducir, pero Kerry no cedió al respecto, por lo cual ahora se alegraba. El trayecto había resultado tranquilo puesto que la mayoría estaban dormidos desde antes de entrar a la ciudad, y absolutamente todos se habían dispersado en silencio en cuanto pisaron el aparcamiento de la oficina.

-Oh, vaya... -cloqueó la pelirroja-. Bueno, pues por aquí todo bien... Vuestro cachorro se ha portado como un angelito, y yo me he dedicado a pasear y a ver partidos de fútbol en vuestra magnífica tele -confesó-. ¿Habéis cenado?

-Pues... en realidad no -respondió Kerry-. Pero no te preocupes... ya tomaremos algo cuando lleguemos... al menos yo -agregó-. Dar no se encuentra bien.

-No exageres -masculló la mujer de pelo negro-. Es sólo un dolor de cabeza.

-¿En serio? De acuerdo... entonces encenderé las luces de su cuarto... -La voz de Colleen se apagó un poco a medida que avanzaba por la casa-... y le abriré la cama... ¿quieres que haga café o algo así?

-Buena idea -concordó Kerry-. Estamos entrando en el ferry... Nos vemos en quince minutos. -Colgó el teléfono y lo dejó a un lado. Después, condujo el automóvil hasta el barco, apagó el motor y cubrió la mano de Dar con la suya-. Ya casi estamos en casa.

-Kerry... estoy bien. -Sus ojos azules se posaron sobre la joven-. De verdad.

-Mira, Dar... ambas sabemos que odias que se te preste un poco más de atención de lo normal, pero cojeas... y sé que te duele... Así que, ¿podrías guardarte el cuento de "soy tan fuerte que podría tragarme una placa de circuitos sin masticar" para alguien que no te conozca tan bien como yo? -la riñó Kerry-. No es un delito sentirse mal, por el amor de Dios.

Dar se hundió más en el asiento y dejó asomar una fingida mueca, como de un niño que no quiere dar su brazo a torcer.

-Una carita adorable, Dar... pero a mí no me engañas. -Aun así, la verdad era que la joven sentía una sonrisa naciendo de su interior-. Creo que deberías cambiarte de ropa y acostarte en cuanto lleguemos... ¿es mucho pedir?

La imponente mujer suspiró.

-No... no, tienes razón... -afirmó frotándose las sienes-. Necesito una aspirina y una bolsa de hielo en la maldita rodilla, y... -Frunció el ceño ligeramente-... más helado.

Kerry puso en marcha el Lexus en cuanto atracó el barco, bajó la rampa y giró en el primer cruce dirigiéndose hacia su barrio.

-Creo que aún tenemos moca en el congelador -comentó irónicamente-. Aunque al menos podrías barajar la posibilidad de acompañarlo con un sándwich de queso o algo por el estilo.

-Ugh... -Dar hizo una mueca de disgusto-. No... yo... ahora mismo no tengo el estómago para experimentos. Con el helado me sobra.

Kerry estacionó el automóvil y salió a recoger sus bolsas del maletero. Se sentía un poco angustiada por su amante, pero sabía que presionar a Dar acerca de su estado no iba a servir de nada. Tal vez mañana...

-Vamos... -Esperó a que Dar la alcanzara al pie de la escalera y se tragó las ganas de agarrarla por el brazo a medida que ascendía cojeando-. Te cuesta, ¿verdad? -comentó en un tono ligera y deliberadamente casual.

-Sí -admitió Dar. Para ser sincera, que "le estuviera costando" era poco decir. La articulación estaba inflamada, y cada paso le provocaba latigazos de dolor desde la rodilla hasta la ingle. Ese dolor era además el responsable de que tuviera el estómago revuelto, y a mitad de la escalera se vio a sí misma haciendo denodados esfuerzos por no apoyar parte de su peso en Kerry.

Hicieron una pausa en la subida, justo antes del último tramo de escalones, y se quedaron mirándose la una a la otra. Kerry no estaba segura de cuál de ellas se había movido primero, pero de pronto se encontraron abrazadas, en una silenciosa rendición que las sorprendió a las dos.

-Gracias -dijo Dar.

-No hay de qué -contestó Kerry, ayudándola a terminar el ascenso. La puerta se abrió antes de que tuvieran tiempo de llamar al timbre, y el amistoso saludo de Colleen se transformó en un chaparrón de expresividad al más puro estilo irlandés en el momento en que vio el deplorable estado en que se encontraba su amiga.

-Santa María y José, Kerry... ¿qué diablos os habéis hecho? -Colleen agarró a Chino y le hizo retroceder para que ellas pudiesen pasar al interior de la casa-. ¿Qué te ha pasado en la mano? Y Dar, ¿por qué cojeas?

-Es una larga historia -suspiró Kerry mientras ayudaba a Dar a entrar en su habitación-. Dame un momento y te contaré una buena historia para no dormir.

Dar se apoyó contra la pared y dejó caer su peso sobre la pierna sana, tratando en vano desabrocharse la hebilla del cinturón.

Kerry le apartó las manos con delicadeza y terminó por ella, para luego seguir con los vaqueros.

-Ese café huele bien -murmuró, dejando caer la prenda al tiempo que deslizaba sus dedos bajo la suave camisa de algodón y apoyaba su cara contra el pecho de la mujer-. Pero tú hueles mejor.

Una suave risita.

-Fue una buena idea ducharnos antes de salir -comentó irónicamente la mujer de pelo negro, dejando que sus labios rozaran la suave piel de la oreja de la joven-. O estoy segura de que no hubieras dicho eso.

Kerry sonrió mientras la besaba suavemente en los labios antes de volver su atención sobre la pierna herida.

-Oh... mierda, Dar.

Dar exhaló.

-Sí... me da que se ha inflamado un poco. -Contempló la zona con aire irritado. La piel estaba hinchada y tensa por encima de la rodilla y coloreada con una pavorosa colección de rojos, azules y púrpuras. Se quitó la camisa sin molestarse en desabrochar los botones y la arrojó al respaldo de la silla que le quedaba más cerca-. ¿Me das mis pantalones cortos?

Kerry rescató sus pijamas de las bolsas y le alargó lo que le había pedido. Luego se puso de rodillas y tocó suavemente la rodilla de su amante, flexionada ya que no estaba apoyando ni el más mínimo peso sobre esa pierna.

-Dar, esto tiene muy mal aspecto. -Miró hacia arriba, deleitándose al mismo tiempo en la visión del torso semidesnudo de Dar-. Deberías ir a que te la miren.

-Nah -discrepó Dar-. Mañana estará bien... sólo necesito un poco de reposo. -Hizo una mueca de dolor a medida que doblaba la pierna lo suficiente como para meterla por la pernera del pantalón. A continuación, el mero acto de apoyarla en el suelo para realizar la misma operación con la otra estuvo a punto de hacerla caer al suelo.

-D... -Kerry se levantó rápidamente y la sujetó hasta que se consiguió mantenerse de pie por sí misma-. Haz el favor de mirarte -le ordenó mientras terminaba de subirle los pantalones y le daba un ligero tirón a la goma de la cintura para que le prestara atención-. Esto no se te va a curar sólo... así que mañana mismo vas a llamar al Dr. Steve.

-Vamos, Kerry... no es... -Dar se detuvo cuando una ardiente llamarada de dolor la atravesó, haciéndola apretar los dientes. De acuerdo, quizá sí que era. Esperó un momento a que las estrellas dejasen de volar por su cabeza y suspiró-. Está bien.

Una mano cariñosa le dio unas cuantas palmaditas en la barriga.

-Buena chica.

-No voy a ir al hospital -advirtió Dar-. Los odio.

-Lo sé. -Kerry dejó escapar una sutil sonrisa-. A ver qué dice el Dr. Steve... A lo mejor tiene un hueco en su consulta a primera hora del lunes.

-El lunes no puede ser... vamos a estar hasta arriba de cosas -contraatacó.

-Dar -Kerry la miró fijamente durante unos segundos-. Muy bien, entonces le pediremos que venga a verte a la oficina mañana -sentenció con una sonrisa triunfal-. Estoy segura de que no le importará hacerte ese favor.

"No, seguro que no le importa", admitió Dar, reconociendo la derrota.

-Bueno, ya veremos. -Tiró de su camisa hacia abajo para alisar la tela-. A lo mejor mañana ya estoy bien.

Como una niña pequeña. Kerry pasó un brazo alrededor de su cintura y la abrazó suavemente.

-Venga... a la cama.

Dar se resistió.

-Me sentiría mejor si paso un rato en la sala de estar... sólo para relajarme -objetó-. Además, es difícil comer helado estando tumbada.

Kerry empezó a reírse.

-¿Sabes que a veces demuestras tener una mente de piñón fijo? -cedió-. Muy bien... puedes oírme contar nuestra triste historia... y te traeré un poco de helado.

La mujer dejó que la ayudase hasta llegar a la sala con uno de sus largos brazos alrededor de los hombros de Kerry.

-Me encanta oírte contar historias -comentó-. Ya lo sabes.

-¿Eh? -La joven la contempló con detenimiento-. ¿A qué viene eso?

Dar guardó silencio mientras consideraba lo que acababa de decir.

-No sé... creo que necesito con urgencia ese café -murmuró finalmente con consternación. Levantó la vista y vio a Colleen emerger de la cocina-. Gracias, Colleen. -Se sentó en el sofá y Chino fue hacia ella atropelladamente, pisándole los pies y gimoteando-. Vale... vale... -Se agachó y recogió a la cachorro, sufriendo a continuación un implacable ataque de lametones e inofensivos zarpazos.

Colleen llevó a la mesa una bandeja con las tazas de café y miró con atención la rodilla de Dar.

-Jesús María, parece como si hubieras estado jugando al rugby o algo así. -Se sentó y repartió las tazas-. Bueno... ¿qué ha pasado?

Chino se retorció y se soltó para saludar a Kerry dándole golpecitos en el brazo hasta que ella la recogió y la abrazó.

-Eh, pequeña... ¿nos has echado de menos?

Chino bostezó con un agudo gruñidito y empezó a mordisquearle la muñeca cuando ésta se puso a hacerle cosquillas en la tripa.

Dar se recostó sobre el cómodo y suave cuero del sofá con la pierna estirada sobre la mesa, echando pequeños tragos al café y dejando que su cuerpo se relajara. Había conseguido dormir un poco en el autobús, pero una serie interminable y enigmática de imágenes y escenas persistentes le habían dejado aún más cansada que antes.

-Espera... enseguida vuelvo -dijo Kerry dejando a Chino en el regazo de Dar y dirigiéndose a la cocina-. Sujétala tú un segundo. -Sonrió abiertamente cuando la cachorro se instaló de inmediato sobre el estómago de Dar, quien cambió de posición estirando su cuerpo con la cabeza apoyada sobre el brazo del sofá a modo de almohada-. ¿Y por aquí todo tranquilo? -preguntó a Colleen, más que nada por evitar silencios incómodos.

-Sí, bastante -contestó Colleen apartándose el pelo rojizo de la cara con una de sus pecosas manos-. Se ha portado muy bien... excepto cuando se las arregló para robar un plátano y tuve que remover cielo y tierra para recuperarlo.

Dar sonrió y acarició la cabeza del animalito.

-¿Hiciste eso? -Observó a Chino, quien se irguió a medias y movió las orejas con aire inocentón-. Los plátanos no deben sentarles bien a los perros, ¿verdad?

-Así es -afirmó Colleen son una sonrisa-. La mía se hizo con varios cuando era pequeña... y estuvo con gases una semana entera. -Observó a Kerry, que volvía con un cuenco y algo más en su poder.

Ésta se arrodilló a lado de donde yacía Dar, entregándoselo.

-Aquí tienes -dijo, sacando también la otra mano-. Y una aspirina para la rodilla.

Dar equilibró el recipiente sobre su pecho y se echó la pastilla a la boca, tragándola con un sorbo de café.

-Gracias. -Dejó la taza en la mesa y rescató el helado, que Chino olfateaba con interés-. Quieta ahí... esto es para mí.

Kerry se rió entre dientes y se levantó.

-¿Quieres una bolsa de hielo?

Dar sacudió la cabeza.

-Nop -masculló con la boca llena de helado al tiempo que seguía con la mirada a Kerry de camino a la cocina, y después de vuelta con un plato humeante y un tenedor.

-Col, hay más, por si te apetece -comentó Kerry ondeando el cubierto ante ella.

-Estaba acabando de cenar justo cuando llamasteis, pero gracias -respondió la pelirroja con una sonrisa-. Ahora cuéntame la historia y me iré... Mis gatos deben estar deseando verme.

Kerry suspiró.

-¿Por dónde empiezo...? -A continuación, expuso con brevedad el supuesto objetivo del viaje.

-Oh... Señor... Nuestra administración también fue víctima de un viaje de esos, y una de las gerentes regresó embarazada -respondió Colleen-. Desde entonces no han hecho más.

Dar se rió entre dientes.

-Tengo el presentimiento de que en nuestro caso la experiencia tampoco se volverá a repetir.

-Probablemente. -Kerry la miró de reojo al tiempo que se llevaba a la boca un pedazo de pollo sechzuan que había sobrado unos días antes-. En fin, que llegamos allí y...

Había algo conciliador en la voz de Kerry, pensó Dar mientras daba cuenta de su helado. Incluso aunque no escuchase todas y cada una de las palabras, su tono, subiendo y bajando, haciéndose más alto para resaltar algo y cayendo después, era tan agradable a sus oídos como la belleza de su cuerpo para sus ojos.

Era consciente de que el lunes iba a ser un absoluto desastre. Casi deseaba llamar diciendo que estaba enferma, pero eso significaría dejar a Kerry sola ante el peligro, y no era justo. Dar apuró el resto del sabroso helado y estaba a punto de lamer la cuchara cuando los implorantes ojos castaños que la miraban fijamente desde su pecho le hicieron cambiar de idea.

-Oh... está bien... -Acercó la cuchara y contempló cómo Chino la limpiaba a pequeños lametones con una mancha de helado en su nariz negro azabache-. A ti también te gusta, ¿eh?

La cachorro emitió un ávido gruñido y trepó metiendo toda la cabeza en el cuenco vacío y embadurnando su suave pelaje color crema en lo poco que quedaba pegado.

-Eh... eh...

-Dar, ¿le estás dando helado al perro? -Kerry parecía cómicamente ultrajada-. No me lo puedo creer.

-Bueno, no... no era mi intención -protestó Dar intentando sacarle la cabeza del cuenco-. Eh... sal de ahí...

Al final, la mascota se dio por vencida y quedó sentada, con aire satisfecho, al tiempo que se limpiaba el hocico con glotonería, y repitiendo luego la operación con la cara de Dar.

-Awww... vamos...

Kerry se echó a reír ante semejante escena.

-Sé que fue un regalo para mí, Dar... pero en honor a la verdad... este bicho es ya más tuyo que mío.

-No -dijo Dar tras conseguir apartarla de su cara-. Sigue siendo tu mascota... pero tiene una extraña afición por sentarse encima de mí.

-Si tú lo dices... -Kerry sonrió abiertamente y retomó su relato.

Dar escuchó durante un minuto más o menos, antes de hacer su cuenco a un lado y cambiar a una posición más cómoda. Sintió que finalmente su cuerpo empezaba a relajarse a medida que el sofá se amoldaba a él. Así, decidió cerrar los ojos para concentrarse en la historia.

-Y entonces Dar se enfrentó a todos ellos y... -Kerry levantó la mirada al sentir unos leves golpecitos en el brazo-. ¿Qué?

La pelirroja señaló a un lado al tiempo que sonreía.

Al mirar hacia allí, descubrió a su amante profundamente dormida en el sofá con la cachorro, prácticamente en el mismo estado, encima de ella. La impresión que daban ambas era la de no poder imaginar una situación de mayor felicidad.

-Oooooooh... -No pudo evitar sonreírse-. Espera... voy a buscar la cámara... shh... -Se levantó y subió la escalera, sacó su máquina de 35 milímetros del armario y regresó.

-Shh... te va a oír... -susurró Colleen cuando vio a su cómplice en posición.

-Vale... vale... -Kerry hizo girar la lente con habilidad, perfeccionando al máximo la toma, porque sabía que el flash probablemente despertaría a Dar, y enfocando la cabeza y el pecho de la adormecida mujer junto con la cachorro dormida. Al momento, el fogonazo del flash acompañó el chasquido del disparador.

Y en efecto, unos soñolientos ojos azules pestañearon ante ella en cuanto bajó la cámara, mirando después alrededor con aire desorientado.

-Oh... dime que no lo has hecho -se lamentó Dar.

-Sí, lo he hecho -confesó Kerry sin ningún tipo de reparos, poniéndose la cámara al cuello-. Estabas taaaaaaan adorable que no me he podido resistir.

Dar se cubrió los ojos con un brazo y suspiró.

Colleen, por su parte, se echó a reír.

-Bueno, pues yo me voy... se está haciendo tarde. Ya me contarás el resto de la historia mañana. -Se puso de pie y abrazó a Kerry-. Descansad, ¿vale? Espero que tu rodilla tenga mejor pinta mañana, Dar.

-Gracias -respondió ésta con una sonrisa-. Y gracias por cuidar de Chino.

La pelirroja dijo adiós con la mano y salió trotando, dejándolas mirándose la una a la otra.

-¿Me has hecho una foto? -gimoteó la mujer-. Keerrryyyy...

-Oh, venga... la cámara te adora y lo sabes... podrías cubrirte de barro y ponerte un cerdo en la cabeza y seguirías saliendo fantástica, así que cállate, Dar Roberts. -Kerry dejó la cámara sobre la mesa, fue hasta su amante, se arrodilló a su lado y rascó las orejas de la adormilada Chino-. ¿Lista para ir a la cama?

-¿Eso es una pregunta o una invitación? -respondió Dar con una sonrisa furtiva.

Kerry se inclinó hacia delante y la besó.

-¿Te basta como respuesta?

Dar la rodeó con un brazo y la atrajo hacia sí, devolviéndole el beso.

-Oh sí.

Chino bostezó, escondiendo la cabeza tras una de las piernas de Dar.

*****

Kerry se despertó con la luz del sol pegándole de lleno en la cara y entrecerró los ojos tratando de ver la hora.

-Mm... es domingo y no estoy en ninguna cabaña infestada de bichos en medio de ninguna parte... Eso es bueno. -Se encontraba tumbada de lado, de cara a la puerta, y un enorme brazo la mantenía literalmente pegada a otro cuerpo, dormido y acurrucado justo detrás de ella.

Alzó su mano dolorida y la flexionó, con una mueca al sentir tensión en los dedos.

-Jesús... nadie me dijo que esto doliese. ¿Cómo se las arreglarán para hacerlo a todas horas por la tele? -Así, dejó caer la mano en la cama y la cabeza sobre la almohada, mientras el aroma a lino de las sábanas limpias le llenaba los pulmones.

Tenía gracia. La mayor parte del tiempo pensaba en sí misma como en una niña pequeña, sobre todo en el trabajo, cuando caminaba por aquella enorme oficina, y tenía que pellizcarse y repetir de vez en cuando: todo esto es mío. Y ahora, aquí estaba, despertando en un lugar precioso con una belleza abrazada a ella, por lo que no podía evitar seguir el mismo proceso de autoconvencimiento... aunque con más frecuencia aún, y decirse...

-Esto es mío.

Entrelazó sus dedos con los de Dar y disfrutó de la cálida y viva sensación que le causaron estos al entrar en contacto con la piel desnuda de su estómago y la ligera presión de la sosegada respiración de Dar contra su espalda.

"Ella es mía. ¿Cuándo empecé a tener tanta suerte?"

Giró la cabeza y contempló el rostro de su amante, relajadamente dormido.

Simplemente, era así. Su rostro mostró un leve indicio de sonrisa, mientras contemplaba el modo en que un mechón de pelo negro cubría de forma encantadora uno de los ojos de Dar.

Éstos, como por casualidad, se abrieron en ese mismo momento reflejando increíblemente la luz del sol que entraba por la ventana.

-¿Ocurre algo?

Kerry negó con la cabeza en silencio.

Dar se acurrucó más contra ella y, tras encogerse de hombros, dejó que el sueño la arrastrara sin oponer resistencia una vez más.

-Bien... porque no me apetece moverme ahora mismo.

Kerry se apretó suavemente contra ella cerrando los ojos. Su amante no era del tipo de personas que se quedan en la cama una vez se despiertan, lo cual le hizo sospechar que el día anterior realmente la había agotado más de lo que le gustaba admitir. Sin embargo, si eso significaba poder estar así mismo durante toda la mañana... bueno, no iba a ser ella quien se quejara.

Nop, de ninguna manera. Le encantaba dormir y lo hacía siempre que podía, así que entrelazó más firmemente sus dedos con los de Dar y se dejó llevar.

*****

Dar no quería levantarse. Por fin había encontrado una posición cómoda, con la rodilla apoyada sobre las torneadas piernas de Kerry de forma que el dolor no era tan pronunciado. Así, había conseguido dormir.

A pesar de ello, un breve vistazo a su alrededor le confirmó que ya era bien entrada la mañana, y que la pobre Chino necesitaba un poco de atención. Miró a Kerry, aún dormida, y disfrutó en silencio por un segundo de aquel aire infantil que tenía siempre que estaba dormida, y que inevitablemente le hacía sonreír. Muy despacio, deslizó su cuerpo de entre las sábanas y enderezó la pierna cuidadosamente.

Al instante, exhaló con irritación. De esta vez sí que la había hecho buena. Echó la colcha a un lado y contempló su rodilla con amargura, notando el extenso cardenal y la persistente hinchazón de la articulación. La dobló con cuidado, animándose un poco al ver que tenía un poco más de movilidad que por la noche y que el dolor antes punzante se había convertido en una molestia continuada.

Con un suspiro, se sentó en el borde de la cama de agua y abandonó su cálida comodidad ayudándose con los brazos para incorporarse. Se apoyó cautelosamente sobre la pierna e hizo una mueca de dolor al tiempo que aguantaba la respiración y se agarraba de la cómoda.

Mierda, mierda, mierda... Cojeó hasta el armario y se puso unos pantalones cortos. Después, buscó con afán en el último cajón del mueble hasta dar con una de sus viejas rodilleras, de las que había usado con frecuencia en el pasado, cuando se dedicaba al deporte de forma más o menos profesional.

-Bueno... es mejor que nada -murmuró mientras la examinaba, deslizándola después y ajustándosela sobre la articulación.

Ya de pie, comprobó que le daba un poco más de estabilidad, suficiente para caminar, aunque no con absoluta normalidad. Así pues, añadió a su atuendo una sudadera corta y se dirigió a la sala de estar. Chino la oyó al momento y empezó a saltar arriba y abajo y a lloriquear desde el cuarto trasero.

-Vamos, pequeña. -Abrió la puerta trasera para dejarla salir y fue hasta el porche para ver al animal que, con todo un alarde de alegría, y derrochando una enorme cantidad de energía cerebral, empezó a buscar el lugar más adecuado para desahogarse.

-Otro ejemplo de la superioridad mental humana -dijo Dar a la cachorro-. Nosotros no perdemos tanto tiempo eligiendo dónde orinar. -El fresco aire matutino agitó las mangas medio rotas de su sudadera y acarició la piel desnuda y suave de su estómago. Después, se entretuvo un momento respirando la brisa salada mientras se estiraba bajo la cálida luz del sol.

Tras pasarse una mano por el pelo, regresó adentro cojeando seguida de cerca por la perrita, que siguió brincando por toda la cocina hasta que Dar se hizo con un cucharón grande y le puso un poco de comida en su comedero.

-Eh... eh... tranquila, Chino... mastica, ¿quieres? Si sigues así te vas a ahogar. - Contempló al animal devorar la comida como si fuese un aspirador viviente, sonriéndose y sacudiendo la cabeza.

A continuación, se apoyó en la encimera mientras ponía a trabajar la máquina del café.

-Veamos Chino... ¿habrá algo para desayunar por aquí? -Abrió uno de los estantes y sacó una caja, de color azul chillón, agitándola suavemente-. Hmm... parece que sí. -Se detuvo un momento con aire pensativo-. Eh... ¿y si le preparo a tu mamá un desayuno sorpresa?

Chino se giró para mirarla, estornudó y regresó a su comida.

-El caso es criticar... -añadió con un resoplido-. Vale, no soy Julia Child... pero puedo hacer un desayuno decente. -Echó un vistazo al frigorífico-. Si soy capaz de poner en marcha operaciones de un millón de dólares... una estúpida tostadora no debería darme problemas.

Chino le soltó un pequeño ladrido como respuesta.

-¿Te estás riendo de mí, señorita? -Dar se puso en jarras, mirando fijamente al animal-. Ya vendrás luego a pedirme algo. -Cojeó por la cocina, sacó el pan, la mantequilla y un poco de mermelada-. Ok... las tostadas las tengo bajo control... ¿Me ves capaz de enfrentarme a unas crepes?

Los mansos ojos de Chino se ensancharon, casi con incredulidad.

-No... probablemente tengas razón... algo más sencillo. A ver, unos huevos... -decidió Dar sacando el cartón de la nevera-. Le gustan revueltos... ¿cuántos harán falta? -Dar inspeccionó los objetos blancos y redondos como si escondieran el más indescifrable de los misterios-. Hmm... parecen pequeños... así que cinco o seis, ¿eh? -Acto seguido, los dejó sobre el mostrador, donde se mecieron suavemente-. Vale... ¿tenemos...? - Volvió a meter la cabeza en el electrodoméstico-. Ah... sí. -Extrajo un paquete de salchichas congeladas-. "Dorar y servir... precocinadas...". Eso me gusta. Sin riesgo de provocar una epidemia.

La cachorro ladró meneando la cola.

-Ninguna advertencia del fabricante -afirmó, señalando la caja-. Bien... necesito dos sartenes, un plato para los huevos y algo donde batirlos. -Se asomó a la alacena-. No... mejor paso de la avena. La última vez que intenté hacer terminó en la basura. -Se rió irónicamente de sí misma mientras sacaba las dos sartenes y un cuenco-. Bueno... lo primero, cascar los huevos.

Rompió las cáscaras blancas y vació el contenido en el cuenco, con cuidado de que no cayese dentro ningún trozo.

-No... Kerry ya toma suficiente calcio... no necesita ser sorprendida con trocitos crujientes al comer. -Sacó un tenedor del cajón y batió los huevos tras agujerear las yemas para desparramarlas bien-. ¿Les pongo algo? -Miró por encima los frasquitos de especias-. Mmm... un poco de sal y pimienta. -Espolvoreó un pellizco de ambas al tiempo que seguía batiendo-. Ok... tiene buena pinta.

Encendió los fogones y dejó que se calentaran las sartenes.

-Me pregunto si habrá que echarles algo antes... -Se acordó de cuando vio el programa de televisión de cocina de Louisiana en uno de sus últimos vuelos, y que el cocinero había puesto media barra de mantequilla-. Oh... cierto... algo para que no se pegue... vale. -Cojeó una vez más hacia el refrigerador y sacó la mantequilla. Cortó un cubo de tamaño considerable y lo dejó caer en la sartén, que empezó a humear, salpicar y sisear de forma amenazante-. ¡Ey!

Chino ladró y se escondió bajo la mesa.

-Vale... tranquilidad... -Repartió la mantequilla por toda la superficie de la sartén y observó cómo se fundía-. Nunca te avisan de estas cosas -murmuró mientras vertía los huevos y bajaba el fuego. Después, puso las salchichas en la otra sartén.

-Chino, creo que tengo esto bajo control -comentó Dar revolviendo los huevos con la cuchara de madera-. Sí... fíjate... se están solidificando... -Hizo una pausa y dio una vuelta a las salchichas en cuanto éstas empezaron a sisear-. Eh... huele bastante bien, ¿no? -Bajó la vista y descubrió a la cachorro pegada a su pierna-. Eso es un sí. - Revolvió los huevos un poco más-. Bueno... ahora están pasando de gelatinosos a sólidos. -Quitó la cacerola del fuego con aire triunfal..- ¡¡Ahhh!! -exclamó, dejando caer a medias la sartén y apagando la lumbre apresuradamente-. Mierda... quema.

Se puso a buscar desesperadamente algo con lo que poder agarrar la sartén sin peligro y se las ingenió para apartarla del hornillo y depositar los huevos en el plato.

-Bien... por ahora vamos bien. -Devolvió su atención a las salchichas y las movió levemente-. Bueno, parece que están calientes. -Acto seguido, les dio media vuelta-. Oh... dorado... lo conseguí... dorar y servir. A mí me parecen bastante doradas.

Las dejó hacerse un poco más mientras metía unos pedazos de pan en la tostadora y la encendía.

-Pues nada, ya no hay vuelta atrás -dijo, asintiendo con energía-. Si se me va de las manos, Kerry se hará con la situación antes de que este condenado cacharro accione la alarma de incendios. -Regresó a las salchichas, cronometrando mentalmente el pan. Las puso en el plato junto con los huevos y acto seguido cazó las rebanadas al vuelo-. Eh... lo estamos haciendo muy bien, Chino... lo estamos haciendo bien... y es la primera vez que...

Un leve carraspeo interrumpió su monólogo y, sobresaltada, miró a su espalda para descubrir a Kerry apoyada contra el marco de la puerta ataviada con una camiseta larga hasta los muslos y el pelo ligeramente alborotado.

-¿Qué estás haciendo?

Dar sintió una tonta sonrisa abrirse paso en su cara mientras observaba a su adormecida amante, que la seguía mirando con aire perezoso.

-Em...

Kerry entró en la cocina y se quedó mirando el plato, repleto y agradablemente humeante.

-¿De dónde ha salido esto?

Dar le ofreció el plato.

-Lo he hecho yo -anunció con orgullo-. Iba a darte una sorpresa en la cama, pero...

Kerry tomó un pedacito de huevo y lo mordisqueó.

-Mm -susurró dirigiéndole a Dar una mirada de sorpresa-. Está muy bueno. -Arrebató el plato de las manos de su amiga y lo dejó sobre el mostrador mientras sus ojos viajaban por el cuerpo de Dar.

"He cerrado acuerdos de millones de dólares que no me habían hecho sentirme tan bien", reflexionó Dar en un momento de silenciosa lucidez.

-Sólo me faltan las tostadas -afirmó mudando de posición torpemente y colocando el pan. Entonces, sintió una cálida mano en su costado desnudo-. ¿Sí?

-Escucha... -Kerry se acercó y le dio un suave beso en el ombligo-. Yo llevaré esto fuera, y tú... -se interrumpió alargándole el móvil-... llama al Dr. Steve -concluyó acariciándole el brazo-. ¿De acuerdo?

-Hoy estoy mucho mejor -objetó Dar esperanzadamente-. De verdad... Kerry... lo estoy... esta rodillera ayuda mucho.

Los ojos verdes de la joven la miraron fijamente, casi sin pestañear.

Dar, por su parte, suspiró.

-Está bien... -Contempló a su amante mientras levantaba el plato y lo llevaba al balcón, y fue tras ella cojeando, agradecida de poder sentarse en una de aquellas sillas ovaladas mientras Kerry regresaba con el café y algunos cubiertos. Se quedó pensando un minuto, después marcó un número de teléfono y esperó a que le atendiesen-. Hola... sí, por favor. -Esperó-. Es para el Dr. Steve... dejaré mi número. -Lo dio junto con su nombre-. Me di un pequeño golpe en la rodilla ayer y sólo quería que le echara un vistazo. -Escuchó durante un momento en silencio-. De acuerdo, gracias. -Colgó el teléfono al tiempo que Kerry ocupaba su silla-. ¿Contenta?

Kerry atravesó con el tenedor un pedazo de salchicha y se lo ofreció.

-Dar, no hay ninguna necesidad de que estés mal. -Observó a su amante masticar la salchicha y tragársela-. ¿No hay avena?

-No... no he hecho... me ha parecido tentar demasiado a mi suerte -le informó Dar-. Éste es mi límite.

Una suave risita.

-Bien, está delicioso... Me has impresionado. -Probó los huevos-. Deliciosos, en su punto y sin trozos de cáscara... Perfectos.

Dar bajó la vista.

-Solía observar a mi padre cuando los hacía -comentó en voz apenas audible-. Es una de sus pocas especialidades y no lo hacía para cualquiera... sólo para las personas que realmente le gustaban.

Kerry masticó alegremente.

-Oh... ¿entonces ya puedo estar segura de que he sido aceptada? -Sus ojos centellearon-. ¿Ahora que has hecho el desayuno sólo para mí?

Una pensativa sonrisa se formó en los labios de Dar.

-No sé... eres la primera persona para la que hago algo. -Sonó el teléfono y lo atendió-. ¿Sí?

Kerry se quedó pensativa, con las púas del tenedor entre los dientes. De repente, al escuchar las palabras de Dar, los huevos parecían saber de otro modo. Aquello no tenía nada que ver con la comida, pero sí con el hecho de que Dar la aceptaba de buena gana como parte de su vida. Como parte de sí misma.

-Sí... hola Dr. Steve. -Dar se reclinó en el asiento y apoyó el pie cuidadosamente contra la barandilla del balcón mientras estudiaba con detalle la articulación cubierta por la rodillera-. No... yo... estábamos haciendo senderismo ayer por el norte del estado y tuvimos un pequeño accidente... me disloqué la rodilla y se me ha puesto de todos los colores posibles. -Escuchó con atención la voz al otro lado del teléfono-. No... no, nada de hospitales... no la tengo tan mal, sólo me duele un poco. -Otra pausa-. No... bueno, sí. -La voz de Dar adquirió un leve tono de resignación-. Sí... eso es... bueno, no, no puedo. -Esta vez, los hombros de la mujer cayeron, revelando una actitud de profundo abatimiento-. Vale... sí... no, le veré allí. -Suspiró-. Sí, dentro de una hora está bien... De acuerdo, adiós. -Colgó y dirigió a Kerry una mirada de soslayo-. Nada, que quiere hacerme una radiografía.

-Bien por él -respondió Kerry-. Creo que es una magnífica idea. -Le ofreció un poco de huevo revuelto en el tenedor-. ¿Una hora entonces? Bien... tengo ganas de conocerle.

Una sonrisa renuente apareció en el rostro de Dar.

-Él también tiene ganas de conocerte -admitió-. Bueno... por lo menos es en su consulta. -Se reclinó, dejando que la luz del sol bañase su cuerpo-. ¿Qué es lo peor que me puede hacer, eh?

*****

Dar se encontraba sentada en silencio sobre la camilla, apoyada sobre las manos y contemplando su rodilla con aire malhumorado. El Dr. Steve le había hecho lo que le parecía como unas cien radiografías y ahora se había retirado a su sala de estudio, a hacer lo que fuera que hiciese para sacar la información necesaria de las placas. Por lo menos no se había tenido que poner una de esas condenadas batas ya que, después de todo, el problema estaba en la pierna, y previsoramente se había hecho con un par de pantalones cortos antes de salir de casa.

Kerry, a petición suya, la había dejado sola y se había marchado a comprar algunas cosas que necesitaban, prometiéndole antes que la compensaría por estarse portando tan bien, y que regresaría lo más deprisa posible para recogerla en la consulta. Un sonido la alertó y vio al Dr. Steve entrar al cuarto, ataviado con un chaleco de color rojo chillón, camisa azul de jugar al golf y bermudas caqui.

-Bueno... deme primero las malas noticias.

-Dar, ¿por qué siempre te tienes que poner en ese plan? -dijo el Dr. Steve, agitando un dedo ante ella-. Eres una pesimista empedernida... ¿dónde está ese encantador modelo de virtud tuyo?

La mujer de pelo negro bajó la vista hacia el suelo.

-Si esperas lo peor, cuando lo que ocurre no es tan malo te llevas una agradable sorpresa -informó al médico-. Y Kerry llegará en cualquier momento.

-Mmhmm... bien. -Levantó dos de las radiografías y las colocó sobre un panel luminoso-. ¿Me cuentas otra vez cómo te has hecho esto? -Dijo trazando cierta zona iluminada con su pluma-. Tienes una compresión de la articulación aquí... y aquí, y un estiramiento de los tendones aquí y aquí... Como si hubieras estado dándole patadas a un coche. Y no lo has hecho, ¿verdad?

Dar suspiró.

-No... hubo un corrimiento de tierras... la caída fue de unos cincuenta pies, más o menos... y aterricé mal. -Se levantó de la camilla y avanzó cojeando por la habitación-. ¿Tengo algo roto?

El doctor estudió la radiografía con atención.

-No lo parece, amiga mía -dijo dando una palmaditas en el brazo de Dar-. Eres afortunada... si hubiese sido una lesión de las malas... hubieras necesitado reconstrucción.

Dar hizo una mueca de dolor.

-Mm... ¿entonces qué hago? ¿Tomar aspirina hasta que me deje de doler? -Regresó a la camilla y se sentó, aliviando el peso en la pierna.

-Oh no... no has tenido "tanta" suerte, Dar... -rió el Dr. Steve-. Te voy a poner una rodillera más restrictiva, y un precioso par de muletas.

-Ah ah... nada de muletas -objetó Dar de inmediato-. Odio esas cosas.

-Dar...

Los dos se giraron al escuchar unos ligeros golpes en la puerta.

-Adelante -invitó el Dr. Steve, sonriendo cuando Kerry asomó la cabeza adentro-. ¿Qué tal? -Le sonrió-. Entra... entra...

Kerry entró y le devolvió una tentativa sonrisa antes de que sus ojos saltaran al rostro de Dar.

-¿Cómo va?

Dar exhaló.

-Kerry, éste es el Dr. Steve. -Alzó una mano en dirección al doctor-. Steve, ésta es Kerry.

-Encantada de conocerle -dijo la joven, dándole un apretón de manos.

-Ah... yo también me alegro de conocerte, Kerry... no sabes cuánto -dijo el doctor devolviéndole el saludo-. Bueno, quizá la única persona que es capaz de hacer sonreír a este gato terco me ayude a convencerle de usar un simple par de muletas, ¿no crees?

-Eh... -Dar frunció el ceño.

-¿Ya estás dando problemas? -Kerry rió suavemente, fue hasta su amante apoyándose en la camilla y puso una mano en el muslo de la mujer-. ¿Qué es lo que tiene que hacer? -le preguntó al doctor.

-Tiene mucha hinchazón y líquido libre en la rodilla -explicó vivamente el Dr. Steve-. Podemos arreglarlo de dos maneras... O esperamos haciendo que Dar repose y el cuerpo lo reabsorba, o... -En ese momento, mostró en su mano una aguja larga y hueca.

Los ojos de Dar se abrieron como platos, pero no dijo nada.

-Por eso quiero que se ponga una rodillera, para evitar movimientos bruscos y convencer aquí a mi buena amiga de que no la sobrecargue y le dé una oportunidad de sanar por sí misma.

Kerry se lo quedó mirando, y luego dirigió la vista hacia Dar.

-Y bien... ¿cuál es el problema?

Su amante suspiró.

-Odio las muletas -gruñó-. Me rompí una pierna cuando estaba en la universidad y tuve que andar con esos inventos del demonio durante cuatro meses... Casi me vuelve loca.

-Ah... bueno, Dar... sólo te pido una semana, eso es todo -le dijo el Dr. Steve amablemente-. Venga... es eso o estarte metida en la cama todo el santo día.

Una débil sonrisa surgió en la cara de Kerry, e hizo que sus ojos centelleasen con aire travieso.

-Hmm... -susurró la joven, riendo entre dientes-. Tómatelo como una ventaja estratégica, Dar... Si te presentas con muletas en el trabajo nadie se atreverá a atacarte.

Unos ojos azules la contemplaron displicentemente.

Kerry suspiró.

-De acuerdo... a ver qué te parece esto... Si apareces con muletas y te atacan, las puedes usar para golpearles en la sala de reuniones. -Hizo una pausa para ver el efecto de sus palabras, y contempló cómo una inquina sonrisa comenzar a afilar el rostro de Dar-. Sólo es una semana.

Dar exhaló son resignación.

-Bueno... Me servirá de excusa para ir vestida con ropa normal... No voy a llevar una maldita falda y la chaqueta con una rodillera y un par de muletas -cedió finalmente-. Y no pueden oponerse, ya que la culpa fue de su maldita excursión.

-¿Lo ves? Ahí lo tienes. -Kerry se volvió y le guiñó un ojo al Dr. Steve-. ¿Y ahora qué?

El doctor se rió entre dientes.

-Túmbate, Dar... voy a ponerte esa rodillera y te daré un minuto para que te vayas acostumbrando a ella. -Salió del cuarto y regresó trayendo consigo una pieza blanca y de aspecto rígido. La deslizó por la pierna de su paciente y la colocó encima de la zona lesionada-. Por suerte estás en buena forma. -Le golpeó el muslo con los nudillos-. Creo que esto mantendrá tu pierna de una pieza. -Apretó las correas y pegó las tiras, ajustándola con la máxima presión posible-. Ya está... ¿Cómo lo sientes?

Dar tensó los músculos del muslo y movió la pierna arriba y abajo. Luego se sentó, doblando la rodilla hasta donde fue capaz.

-Estable.

-Es como se supone que debe estar -le dijo Steve alegremente-. Bien... deja que busque unas muletas de tu talla... ¿las quieres de madera o de aluminio?

-Madera -contestó Dar con aire ausente, centrando su atención en la rodillera. Luego miró al hombre hasta que estuvo fuera del cuarto y se giró hacia Kerry-. Estoy siendo un poco brusca, ¿verdad?

-Emm... no... bueno... -Kerry se aclaró la garganta-. Creo que admitir una debilidad es muy difícil para ti, Dar. -Recorrió suavemente el brazo de la mujer con sus dedos-. No te gusta hacerlo, especialmente en el trabajo, y sé que esta semana va a ser muy dura.

Dar reconoció silenciosamente que, a fin de cuentas, ella tenía razón.

-Bueno, será mejor que me acostumbre un poco a esto... ¿Qué te parece si comemos y luego damos un paseo corto por la playa? -le ofreció.

Los ojos de Kerry se iluminaron.

-Claro... ¿vamos a Joe? Hay un paseo de tablas justo al lado- Había desarrollado un fuerte gusto por el marisco desde que empezara a vivir con Dar, y la mera visión mental del menú le había hecho la boca agua. Además, era una dieta muy saludable.

-Suena bien -convino Dar.

El Dr. Steve regresó con dos muletas de madera para su "víctima".

-Déjame ajustarlas primero. -Soltó la anilla alargando la longitud del poste y se las entregó.

-De acuerdo... -La mujer puso las puntas de los pies en el suelo y se levantó-. ¿Alguna cosa más, Dr. Steve?

Él la miró con aire pensativo.

-¿Quieres algo para el dolor? -preguntó por fin.

-No -decidió finalmente con un suspiro pensativo-. Tiendo a confiar demasiado en esas cosas... y no es buena idea -contestó honestamente-. Con aspirinas me vale.

Steve le dio unas palmaditas en el costado.

-Buena chica. -Después le dio un tironcito al pelo rubio de Kerry-. Cuídala, ¿de acuerdo? -Tomó su mano y se detuvo-. ¿Y qué tenemos aquí? -preguntó contemplándola-. ¿Tú también te caíste a ese agujero?

-Pues... no exactamente. -Kerry se frotó la oreja-. Yo... me di un golpe con algo.

-Con "alguien" -le corrigió Dar.

Las cejas del Dr. Steve se alzaron.

-¿Ah sí? -Se rió con ganas, visiblemente sorprendido, llevando a Kerry hacia una zona bien iluminada del cuarto-. A ver... deja que le eche un vistazo.

No se atrevió a protestar bajo la atenta mirada de Dar, así que suspiró y avanzó. Hizo una mueca de dolor cuando el doctor le examinó los moratones que lucía en el dorso de la mano.

-Au...

-¿Puedes cerrarla? -le preguntó.

-Pues... la verdad es que no -confesó Kerry cerrando los dedos a medias-. Sólo hasta aquí... después me duele mucho. -Se encontró de repente siendo encaminada hacia el aparato de las radiografías y oyó la suave risa de Dar a su espalda-. ¡Por lo menos yo no estoy protestando! -dijo mirando por encima de su hombro mientras el Dr. Steve posicionaba la máquina.

Finalmente salieron a la soleada calle con Dar maniobrando con cuidado sus muletas y Kerry acunando su mano, cubierta con una fina venda de contención.

-No tenía ni idea de que un hematoma en el hueso doliera tanto... -se quejó la mujer rubia-. No parecía ser algo grave.

-No es nada... -la imitó Dar, fastidiándola con una sonrisa.

-Sí, sí, sí... -suspiró Kerry examinando la venda-. Vas a tener que aprender a cambiarme la venda... es la primera vez que me hago algo así -afirmó moviendo los dedos-. Me alegro de que sea un simple golpe -dijo con modestia, mirando al frente-. Vamos... estoy oyendo unas enormes y sabrosas gambas gritando mi nombre.

Bajaron por la calle despacio, evadiendo la muchedumbre que paseaba a su alrededor, puesto que era domingo. La mayoría de los jóvenes avanzaban satisfechos de poder lucirse, y los mayores simplemente echaban un vistazo, algunos admirados, y otros incrédulos ante la existencia de cierto estilo de ropa o de conducta.

Kerry contempló a las personas que tenía alrededor. A su lado caminaban dos muchachos jóvenes de aspecto muy atlético y con pantalones cortos que prácticamente revelaban la "religión" a la que pertenecían. Kerry se rió entre dientes suavemente y agitó su cabeza, tras lo cual se disculpó con dos mujeres con las que había estado a punto de chocar. Ellas le sonrieron y la miraron con más detenimiento del habitual, lo que hizo que Kerry se ruborizara y bajara la vista.

-¿Ocurre algo? -inquirió Dar, observando a la pareja que se alejaba.

-Em... no, no... yo sólo... -Kerry se alisó la cómoda camiseta blanca y se ajustó pulcramente la hebilla de los pantalones cortos-. Ellas...

-¿Te estaban mirando? -Los ojos de Dar centellearon mientras bajaba la voz-. No las culpes... eres muy atractiva. -Paseó los ojos por el cuerpo y el pelo de su compañera, que llevaba recogido en una trenza y dejaba así su rostro totalmente despejado.

Kerry enderezó los hombros ligeramente y le devolvió la mirada.

-¿Entonces por qué no te miran a ti? -Señaló los farrapos desvaídos de Dar y el polo carmesí. La alta mujer también llevaba puesta su gorra de béisbol favorita, que mantenía el pelo negro apartado de su frente y dejaba salir por la parte de atrás su espesa mata de pelo en forma de cola de caballo.

-Ah ah... mirar a un lisiado es de mal gusto -le dijo con aire suficiente-. Relájate... aquí mirar es como un hobby... no le des más importancia. -Giró hacia una cafetería, agradeciendo que hubiesen llegado al fin, puesto que había comenzado a sentir molestias en la rodilla, a pesar de lo poco que habían caminado desde la consulta hasta allí. En realidad, una semana no era para tanto, si con ello se evitaba aquella maldita aguja de seis pies de longitud. Sintió un estremecimiento involuntario al recordarla.

-Eh chicas. -Una extraña voz llamó su atención y ambas se detuvieron, evitando chocar con una mujer alta de pelo rojo y la rubia que la acompañaba-. ¿Qué tal?

Dar rebuscó en su memoria tratando de ubicarlas. Era la directora del coro de la iglesia y una amiga suya, también de allí.

-No nos va mal, ¿y vosotras? -contestó educadamente-. El otro día recibimos el boletín informativo... gracias por enviarlo.

-No tiene importancia. -La pelirroja sonrió con ganas-. ¿Qué os ha pasado, chicas? -Dijo señalando la pierna de Dar-. ¿Habéis tenido un accidente de coche o algo así?

-Algo así -dijo Kerry sonriendo a su vez-. Hola Anne... me encanta tu camisa.

La mujer rubia le devolvió el gesto.

-Gracias... ¿y qué vais a hacer? ¿Dar una vuelta? -dijo, apartándose del tránsito arrollador.

Las dos mujeres iban vestidas con vaqueros desgastados y camisetas de la Fiesta de las Artes del mes anterior. Parecían buenas personas.

-Vamos a Joe a almorzar... y luego daremos un paseo. Dar está intentando acostumbrarse a las muletas -explicó Kerry, echando un vistazo a su alrededor-. ¿Y vosotras?

Anne se encogió de hombros.

-Pues nada en concreto... ¿os importa si nos unimos? -dijo dándole un golpecito a su compañera-. Liz me acaba de decir que ya le está entrado hambre.

Kerry observó la cara de Dar, intentando averiguar su opinión antes de decir nada. La expresión de la mujer alta era de ligero interés, sin el más leve signo de objeción.

-Claro... sería genial... así podríais hablarme del programa artístico que mencionabais en el boletín.

Caminaron despacio debido a la rodilla de Dar hasta llegar al restaurante. Una vez allí, tomaron asiento cerca de la ventana, que ofrecía una buena vista del mar.

-Quédate aquí -dijo poniendo una mano en el brazo de Dar-. Te traeré un plato... ¿vale?

A Dar no le hacía gracia todo aquello, pero incluso ella reconoció que intentar hacer malabares con un plato y un par de muletas resultaría francamente ridículo.

-Vale -concordó reclinándose en el asiento y estirando los fatigados músculos por la inusual presión. Miró por la ventana hasta que regresaron las tres. Kerry puso el plato ante ella y salió trotando a por el suyo. Anne y Liz se sentaron y colocaron las servilletas en sus regazos.

-Y dime, Dar... ¿qué os ha pasado? -preguntó Anne, metiéndose una gamba en la boca.

-Estábamos haciendo senderismo y hubo un corrimiento de tierras -contestó Dar brevemente mientras seleccionaba un pedazo de cangrejo frío y lo zambullía en salsa de mostaza-. ¿Qué tal va el coro? -le preguntó con educación a Liz.

-Mm... iría mucho mejor si pudiese convenceros de que os unáis -comentó Liz, tomando un sorbo de su té dulce.

Dar sonrió ligeramente reconociendo el cumplido.

-Mi trabajo no me permite comprometerme a algo así -explicó-. Tengo que salir de la ciudad cada dos por tres. -Miró a Kerry, que regresaba y se sentaba en la silla de al lado con un plato rebosante-. ¿No te vas a quedar con hambre? -bromeó, sonriendo cuando Kerry le sacó la lengua.

-Entonces... -Kerry le dio un buen bocado al pan de ajo-. Habladme de ese programa vuestro... hay algunas clases a las que me gustaría ir... como esa de pintura al óleo, por ejemplo.

Anne se lanzó en una entusiasta explicación y Liz dejó los comentarios, permitiendo a Dar escuchar y comer el plato que Kerry le había traído. La mujer rubia se rió de algunos comentarios y frecuentemente alargó la mano para tocar el brazo de Dar cuando contestaba. Ésta, se contentaba con hacer una pequeña aportación a la charla de vez en cuando.

-Ah, Dar... tienes que probar esto... -interrumpió Kerry ondeando un cangrejo de río ante ella-. Te va a encantar... toma... -Arrancó una pata, la zambulló en mantequilla y se la ofreció a su amante. Dar sonrió amablemente y se agachó para tomarla pulcramente entre sus dientes masticándola y saboreándola-. ¿A que sí?

-Pues sí -concordó Dar mientras todas reían. Su ojo capturó un movimiento extraño y giró la cabeza para descubrir a un fotógrafo en una de las mesas de fuera, midiendo ángulos y disparando un par de veces. La mujer de pelo negro pensó que probablemente andaría buscando famosos. Se rió suavemente, dejó de prestar atención al hombre de caqui y se concentró en disfrutar de su almuerzo.

Continúa en la CUARTA PARTE

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(1) Equipo de béisbol, "Florida Marlins" (N. de la T.)


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