Esta historia ha sido traducida por Maui (Goyur), miembro de Xenafanfics, y cuenta con el permiso de la autora para su traducción y publicación en Internet.
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Nota del Revisor: Las frases en cursiva expresan que la persona que las pronuncia se encuentra al otro lado de una conversación telefónica y, por tanto, no está físicamente presente en la escena.


Aclaraciones: Nop, ninguna. Personajes, ciudad natal, seudo-compañía... todo es mío. Y esto es un Über, una historia con dos personajes de una historia anterior llamada Tormenta Tropical. Dar Roberts es la Vicepresidenta de Operaciones de una corporación de servicios informáticos internacionalmente conocida. Kerry Stuart es su ayudante y protegida.

Ambas se gustan.

El texto contiene un poco de violencia, palabrotas, actividad sexual y patatas fritas con salsa... pero todo ello muy muy suave.

Bueno. Pero no importa...


ALERTA DE HURACÁN

Por Melissa Good

Segunda parte

Kerry se aproximó y encendió el ordenador mientras se sentaba en su escritorio, le echó un vistazo a su correo y bebió un sorbo de su fragante y humeante café. Se reclinó en su cómoda silla de cuero y sonrió un poco, descansando la cabeza sobre la confortable superficie, al tiempo que aguardaba a que su ordenador acabara de arrancar.

Cuando lo hizo y ya se disponía a conectarse, sonó el teléfono. Pulsó el botón y contestó:

-Kerry Stuart.

-Hola, ¿Kerry? Soy John Brown de Charlotte. -La voz del hombre sonaba apresurada pero amistosa. Recordó que era el supervisor de la Oficina de Redes.

-Buenos días, John... ¿Qué puedo hacer por tí? -respondió cordialmente.

-Bueno... hum. Tengo un pedido procedente de vuestra oficina, y quería verificarlo con alguien... no quiero hacer algo por lo que luego me puedan patear el culo, ya sabes a lo que me refiero. Intenté contactar primero con el despacho de la Srta. Roberts, pero ella no está.

-Está en el vestíbulo en MIS... ¿cuál es el problema? -inquirió Kerry con curiosidad-. ¿Qué fué lo que te pedimos?

-Es el T1 fraccionario que usamos para transferir los datos del distrito de forma segura, tenemos un pedido para apagar este enlace y redireccionar el tráfico de la red desde vuestra oficina hasta el centro de conferencias de Londres -respondió John-. Se van a volver completamente locos si hacemos eso... por eso...

Kerry enarcó las cejas.

-¿Nosotros os pedimos que hiciérais eso? Espera... no, quiero decir que sé que tenemos un problema con los enlaces ultramarinos al extranjero, pero encontramos una solución para eso... ¿quién hizo el pedido?

Ruido de papeles.

-Alguien llamado Fab... Fabarini o algo así -murmuró-. No entiendo bien la letra... uno de mis chicos atendió la llamada y anotó el recado, y me lo dió para confirmarlo. -Una pausa-. ¿Quieres que siga adelante con ello?

Kerry tamborileó la mesa con los dedos.

-No -respondió calmadamente-. De hecho, no hagáis nada de esta oficina sin que sea pedido por Dar, Mark o yo.

Una larga pausa.

-Uh... de acuerdo -respondió John, obviamente confuso-. Quiero decir que... no suelo cuestionar así las decisiones del personal... me refiero a que vosotros estáis siempre haciendo pedidos para cambiar las rutas, pero esto parecía un poco drástico, ¿me entiendes?

"Ese estúpido pedazo de..."

-Sí, te entiendo..., hazme un favor, comprueba todo primero a través de Operaciones, ¿de acuerdo?

Incluso por teléfono pudo sentir como él se encogia de hombros.

-Claro -dijo John amablemente-. Mejor para mí... así los departamentos de Seguridad y Comercio Bancario no me morderán el culo cuando encontrasen que su canal habia sido tirado. -Pulsó unas cuantas teclas-. Gracias, Kerry.

-No hay de qué -respondió la mujer rubia y colgó. Recapacitó durante un momento, después se levantó para dirigirse a MIS al encuentro de Dar. Sin embargo, el teléfono sonó antes de que se pudiese mover y volvió a pulsar el botón para contestar-. Kerry Stuart.

-Soy José -la voz de VP sonaba nerviosa-. Estamos teniendo una reunión... baja. No consigo localizar a Dar.

Sus ojos verdes se clavaron en el teléfono.

-Claro -respondió Kerry-. Voy enseguida. -Rodeó el escritório y salió de su oficina a grandes pasos en dirección a la sala grande de conferencias que se encontraba al final del vestíbulo. Abrió la puerta, vio a un grupo de seis o siete personas en su interior y entró.

-¡Vamos directos al desastre! -insistía Steve Fabricini dando un puñetazo en la mesa-. ¿Podeis haceros a la idea de la imagen de perdedores que vamos a dar? -Se giró y vio a Kerry aproximándose-. ¡Y vosotros no movéis un maldito dedo al respecto! ¡Esto es vergonzoso! -Levantó las manos-. ¡Si yo no estuviese aquí no quiero ni imaginar lo que podría pasar! -Una pausa-. Es un bonito detalle por tu parte aparecer aquí a las nueve... y con esa tranquilidad.

Kerry se detuvo y lo miró fijamente. Después avanzó hacia una silla vacía y se sentó cruzando las manos sobre la mesa.

-¿Te importa empezar desde el principio? No sé muy bien de lo que me estás hablando.

José arrojó un lápiz sobre la mesa.

-Tenemos una condenadamente importante conferencia con la oficina transoceánica en Londres... y las líneas han caído.

Kerry asintió lentamente.

-La línea principal intercontinental... sí... fuimos informados -respondió con tranquilidad, saboreando lo que sabía que se acercaba-. Me avisaron con el busca esta mañana. -"Bueno, no exactamente pero..."

-Y no hiciste nada -repuso Steve encolerizado-. Bueno, ya me encargué yo... tengo al departamento de redes colocando algunas líneas artificiales para nosotros, con lo que lo solucionaremos.

La rubia irguió la cabeza.

-No, así no -replicó con calma-. Netops nos pidió aclaraciones y le dije que no lo hicieran.

-¿Qué? -José se levantó-. ¿Estás loca?

-¡Eso es! Lo sabía... tratáis de sabotearnos -acusó Fabricini levantando las manos.

Kerry exhaló.

-Esos circuitos extra pertenecen a una cuenta activa que tú ibas a tirar abajo sin notificación previa... por eso, sí, le dije que no lo hicieran -se levantó y posó las manos en sus caderas-. Además, no es necesario porque ya tenemos un enlace alternativo.

Silencio.

-¿Qué? -volvió a preguntar José mirando a Steve-. Dijiste que no había nada. -Volvió a mirar a Kerry-. No había nadie en vuestro departamento... ¡Llamamos tres veces!

La rubia se encogió de hombros.

-Nadie me contactó por el busca -arguyó simplemente-. Ni por mi teléfono móvil, ni dejando mensajes de voz... ni contactando con María. Me parece que alguien no se esforzó demasiado en ver si estábamos haciendo algo. -Sacudió un poco de polvo que tenía en una manga y luego caminó triunfante hacia el ordenador de presentaciones, encendiéndolo con la tecla que haría salir la información hacia la pantalla superior. Esperó. Después accedió a la red interna e inició la sesión de conferencia. Una lista de oficinas remotas apareció inesperadamente, destacando la posición central de Londres-. Aquí la tenéis. -Levantó la mirada-. ¿Hay algo más que pueda hacer por vosotros? Tengo bastante correo que limpiar antes de irme esta tarde.

Steve aún no había acabado.

-Vale... ¿a quién robaste las líneas? -preguntó sarcásticamente.

Kerry le sonrió, sin rastro de humor en su cara.

-A nadie. Alquilamos un satélite y usamos un enlace -respondió brevemente-. Además, lo hicimos antes del amanecer, por lo que supongo que puedes decir que estoy trabajando desde tres horas antes de que empezases tú. -Les dirigió una mirada a todos y rodeó la mesa encaminándose hacia la puerta.

-Deberías habérnoslo hecho saber -le interrumpió José-. No nos puedes censurar por haber pensado que no estábamos al día, Srta. Stuart... tengo un departamento y una compañía que proteger.

Kerry se giró cuando estaba en la puerta y lo miró fijamente.

-Tienes razón -le dijo sinceramente-. Deberíamos haberte llamado al busca... pero esperábamos tener la ruta alternativa en funcionamiento antes de que nadie supiese que había un problema. -Admitió-. Te pido disculpas... me aseguraré de que te lo notifiquen la próxima vez.

José jugueteó con el nudo de su corbata.

-Exacto... exacto... sí. Bien -asintió y se removió en su silla-, mantén esta conferencia en línea, ¿de acuerdo?

Kerry salió. Echó una mirada hacia atrás mientras la puerta se cerraba y contempló unos ojos hostiles observándola. Suspiró, y cerró la puerta tras de sí inclinándose contra la pared cuando consiguió que su cuerpo dejase de temblar. Odiaba aquel tipo de enfrentamientos cara a cara. De repente, su estómago se reveló y consiguió entrar en los lavabos de mujeres justo a tiempo para perder su desayuno. Su cuerpo estaba reaccionando violentamente contra el repentino e inesperado estrés. Luego se apoyó en la pared y cerró lo ojos esperando que su estómago se asentase.

-Vale, Kerry... relájate... ya te has visto en situaciones más tensas que ésta... ¿Qué pasa contigo? -se preguntó interiormente. Era verdad, lo había estado... con su padre, con Dar, por el amor de dios... ¿por qué aquel bastardo le hacía sentirse así? Suspiró. Avanzó penosamente hacia el lavabo, se lavó la boca y se refrescó la cara, que sentía como si estuviera ardiendo, con agua. Se estaba secando la cara con unas toallitas de papel cuando escuchó unos pasos que se aproximaban, levantó la vista y la puerta osciló, abriéndose y dando paso a una cabeza oscura y familiar que se asomaba-. Oh... hola... -saludó a Dar-. Te estaba buscando.

Dar se deslizó dentro y dejó que la puerta se cerrase.

-Yo también te estaba buscando... -miró fijamente a Kerry-. ¿Te encuentras bien?

Kerry asintió embarazosamente.

-Sí... sí... estoy bien... -decidió que Dar no necesitaba más estrés del que ya tenía-. Sólo me aseguré de que la conferencia estuviese en marcha... la conecté y confirmé que los servicios de Londres estuviesen accesibles desde la sala grande de conferencias.

Los ojos azules la estudiaron por un instante con cierta sospecha.

-Bien... bien... te lo agradezco... -Dar miró atrás y se acercó más tocando cariñosamente la mejilla de Kerry-. Estás muy pálida... ¿seguro que te encuentras bien?

Kerry miró alrededor consciente de lo público que era el sitio donde se encontraban.

-Sí... seguro... algo me debió de sentar mal... quizá aquel pastelito de carne que comí... -puso una mano sobre su estómago-. Pero estoy bien.

Dar dio un paso atrás y asintió con alivio.

-Oh... sí, hoy estaban muy aceitosos -comentó-. Bien, como esta crisis ya está resuelta, tengo otra para nosotras.

Kerry suspiró.

-Dispara -respondió-. ¿Qué ocurre ahora? -Siguió a Dar fuera y se dirigió vestíbulo abajo oyendo los débiles sonidos de la reunión que se estaba realizando en la sala de conferencias.

-Nosotros cuidamos del IS de las plantas de manufactura y tenemos algunas estructuras principales que se han ido abajo -contestó Dar.

-¿Y? -inquirió Kerry-. No parece tan malo.

-Esas estructuras están en Hong Kong -espetó Dar-, que ahora tiene restricción tecnológica, por lo que no podemos ayudar a fijarlas.

-Oh -la mujer rubia se mordió el labio-. Eso cambia las cosas.

-Mm...

-¿Y si pasamos los circuitos clandestinamente dentro de las galletas de la fortuna?

Dar se rió entre dientes irónicamente mientras se dirigían corredor abajo.

*****

-¿Dar? -la voz de María quebró su concentración cuando se encontraba absorta estudiando unos diagramas de circuitos. Dar echó un vistazo hacia arriba volviendo repentinamente a tener consciencia del tiempo.

-¿Sí? -preguntó mientras consultaba su reloj. Mierda.

-Mariana acaba de llamar... y el autobús ya ha llegado -le comunicó la secretaria-. Pregunta si ya estás preparada.

Dar se reclinó en su silla contemplando con disgusto el montón de cosas que tenía encima del escritorio.

-No... pero eso no va a impedir se lleve a cabo la excursión, ¿verdad? -murmuró en respuesta-. Tengo una montaña de papeles que necesito pasar... y tres informes esperando... -suspiró frotándose las sienes-. Dile que me cambiaré y bajaré en diez minutos... ¿podrías llamar a Kerry y ver si ella ya va para abajo?

-Aún no -respondió una suave voz procedente de la puerta interior.

Dar levantó la vista para mirar la cabeza de Kerry que asomaba al interior de su despacho.

-Olvida eso último, Maria... ella está aquí mismo.

-Vale... cubriré las cosas aquí, Dar... intenta pasar un buen fin de semana, ¿de acuerdo? -incluso María parecía poco convencida, ya que conocía la situación-. Buena suerte.

-Gracias -la mujer morena suspiró-. Un buen fin de semana para ti también, María. -Le echó una mirada a Kerry-. ¿Preparada?

Kerry entró, ya vestida con vaqueros y una sudadera.

-En la medida de lo posible -miró irónicamente a Dar-. Acabé todo lo que pude, pero aún hay un montón de asuntos pendientes, la semana que viene va a ser de locos.

-Lo sé -suspiró Dar. Se levantó y enderezó sus más de seis pies de estatura mientras giraba el cuello para relajarse-. Vaya día... de acuerdo, deja que me quite este traje para monos e iremos para abajo. -Rodeó el escritorio con unos pocos pasos y estiró los brazos-. ¿Uno para el camino?

No obtuvo argumentos en contra por parte de Kerry, que se deslizó dentro del abrazo de Dar sintiendo la fresca seda bajo sus brazos, la cual se iba poniendo más cálida al tiempo que apretaba los brazos alrededor del cuerpo de la alta mujer.

-Mmm... -sintió la presión de unos labios contra su cabeza y se sumergió en la dulce sensación deseando quedarse así como estaba en vez de tener que subirse a aquel maldito autobús.

Tras un largo momento, se separaron con desgana y Dar pellizcó la mejilla de Kerry con sus dedos.

-Me molesta tener que gastar todo un fin de semana fingiendo que no estoy desesperadamente enamorada de ti -declaró seriamente-. Creo que me molesta más eso que el hecho de tener que ir.

Kerry se ruborizó ligeramente.

-Sólo espero no meter la pata y olvidarme de que sólo eres mi jefa -admitió-. Es mejor que permanezcas lejos de mí esta noche -le advirtió dándole una palmada cariñosa a Dar-. Ve a cambiarte... voy a por mi mochila.

Dar suspiró, pero accedió. Se quitó el traje oscuro y vistió unos cómodos vaqueros y un polo. Metió los faldones del polo dentro de los vaqueros, se abrochó el cinturón al tiempo que echaba un rápido vistazo al reflejo en el espejo y se peinaba antes de colgar el traje y volver al despacho.

-Dar, fuera hace frío -le regañó Kerry-. Ponte un jersey o algo, vas a resfriarte. -Inspeccionó en la mochila de su jefa y extrajo una sudadera suave y algodonada-. Ponte esto.

-Sí, mamá -rió Dar entre dientes, pero hizo lo que le había dicho deslizando la prenda por su cabeza y ajustándola a su cuerpo-. ¿Mejor?

Kerry observó el extraordinario color carmesí contra la piel bronceada de Dar y su pelo negro y sonrió.

-Oh... me gusta... el rojo te sienta muy bien -se colgó la mochila al hombro y exhaló-. Bueno, vamos allá.

Fueron hacia el vestíbulo y cogieron el ascensor. Descendieron en silencio intercambiando una última mirada antes de que la puerta se abriese.

El resto del grupo se encontraba esperando y las observaron con irritación cuando se les unieron.

-Perdón -se dirigió a la mujer que las había mandado buscar vivamente-. Sólo intentaba acabar algunos asuntos.

La mujer, una rubia desenvuelta de risa contagiosa asintió.

-Bien, estupendo... me alegro de que os unáis a nosotros -comprobó su carpeta-. Vosotras debéis de ser Roberts y Stuart, ¿cierto?

Dar asintió: -Sip.

-Excelente. Bien, de acuerdo... me llamo Skippy, y seré vuestra guía durante el seminario -comprobó su lista-. Lo que vamos a hacer es subirnos al autobús y comenzar... el campamento se encuentra a unas tres horas y media al norte y durante el camino rellenaremos algunos cuestionarios. Hay algunos aperitivos en caso de que alguien tenga hambre, ¿de acuerdo?

-¿Un aperitivo? -objetó José-. Hey, vamos... la mayoría de nosotros no hemos almorzado. -Miró alrededor abrochándose la chaqueta-. Son casi las seis. -Unas cuantas personas del grupo asintieron ante su comentario.

-De acuerdo -Skippy no se dio por abatida-. Tenemos algunas cenas completas a bordo... así que vamos, os explicaré más sobre el programa cuando nos pongamos en camino. -Los examinó y se subieron al enorme autobús alquilado-. Ahora bien, nadie lleva ninguna cosa nauseabunda como ordenadores ni nada por el estilo, ¿verdad? -les recordó-. Vamos a intentar llevar vuestras mentes a un espacio diferente este fin de semana.

-Me pregunto cuánta gente le habrá pedido crema de cacahuetes -comentó Duks en un murmullo provocando que Dar riese entre dientes-. No me puedo creer que esté haciendo esto, amiga... ni que lo estés haciendo tú, ya que estamos.

Dar se encogió de hombros.

-No nos hará mal -respondió lacónicamente mientras observaba a Kerry subir al autobús.

Subió tras ella agradecida por dejar atrás el denso olor a diesel. El autobús estaba forrado por dentro con terciopelo y tenia dos filas de asientos que iban hasta el final y que estaban separadas lo suficiente como para proporcionar un espacio decente en el que ubicar las piernas. En realidad no había motivos para estar apretados, por lo que Dar desganadamente pasó la fila donde se había sentado Kerry y se deslizó a la fila posterior, colocando el brazo entre los dos sitios y desperezándolo. Si se inclinaba contra la ventana podía ver la cabeza de Kerry haciendo lo mismo. Cuando la miró, la mujer rubia se volvió para atrás y se asomó por la separación.

Sacó la lengua haciendo que Dar sonriese, sonrisa que Dar ocultó rápidamente al ver que Steve se sentaba en su misma fila, clavando sus amenazadores ojos negros. Duks ocupó el sitio posterior a ella y Mariana ocupó el que estaba detrás de Steve, haciendo que Dar se reprendiese severamente a sí misma por no haber acordado con Kerry hacer lo mismo.

Genial. Ahora estaba obligada a ver el obsceno hocico de Steve durante tres horas. Con un suspiro de resentimiento, Dar subió una rodilla y apoyó el brazo contra la misma mientras el autobús salía del aparcamiento encaminándose hacia el débil ocaso.

*****

-Aquí tienes. -Skippy sonrió a Kerry mientras le tendía su carpeta con un montón de papeles dentro-. Rellénalos todos y si tienes alguna duda, pregúntame.

Kerry cogió los papeles.

-De acuerdo... ¿para qué es todo esto? -preguntó echándole un vistazo a los cuestionarios.

Skippy apoyó una mano en el respaldo del asiento que se encontraba a su lado.

-Bueno, es para que podamos conocerte mejor... y así podamos ajustar el seminario de acuerdo a tus necesidades.

-Ah... ¿no sería más eficiente si nos los hubierais entregado antes de recogernos? -inquirió con curiosidad-. Me refiero a que... no parece que tengáis mucho tiempo para hacer ajustes.

La viva sonrisa de Skippy se desestabilizó.

-¿Por qué?, estaremos levantados toda la noche si es necesario... no te preocupes... sólo rellena los cuestionarios.

Kerry tiró la capucha de su bolígrafo y estudió las hojas.

-Si la conociera mejor... diría que esto es sólo para mantenernos ocupados durante el viaje -murmuró sacudiendo la cabeza-. Porque no sé que tipo de ajustes vais a hacer con la lista de mis libros favoritos.

-Bueno, bueno... tan sólo déjanos hacer nuestro trabajo... esa información dice mucho sobre ti a nuestros analistas -le informó Skippy mientras huía pasillo abajo extendiéndole a Dar su carpeta y volviéndose para ofrecerle a Steve la suya-. Aquí tenéis... ¿alguna... hum... pregunta?

-Sí... ¿tiene un asiento asignado o puede ayudarme a rellenar mi carpeta? -le preguntó Steve dedicándole una sonrisa a la joven rubia.

Skippy le brindó una radiante sonrisa.

-Bien, déjame repartir el resto y volveré a echarte una mano, ¿vale? -se apresuró por el pasillo asegurándose de que todos tuviesen una carpeta-. ¿Sí? -Se inclinó donde Duks estaba sentado-. ¿Necesita alguna cosa? ¿Un bolígrafo?

Duks levantó uno de sus inagotables abastecimientos de bolígrafos mecánicos.

-No, gracias.

-Tú debes de ser contable -le sonrió-. Los contables siempre tienen de esas cosas.

Duks asintió solemnemente.

-Cuando te gradúas en la universidad con el título de finanzas te dan una docena de cajas de bolígrafos -le aseguró-. Con tu nombre grabado en ellos. -Le enseñó uno-. ¿Ves?

-Oh... sí. -Skippy se apartó de él sigilosamente y dirigió una resplandeciente sonrisa a Dar, que se encontraba escribiendo su nombre limpiamente-. ¿Y tú qué eres?

-Un problema -respondió Dar mirándola fijamente bajo sus negras pestañas y dejando asomar una vaga sonrisa a sus labios.

-Ah -Skippy retrocedió-. Bueno, ¿qué tal unos refrescos, eh? Tenemos de cola, naranja y lima.

-Leche -respondió Dar intentando sacarle la máxima diversión posible al fin de semana, lo que incluía atormentar a pequeñas rubias que estaban lejos de ser como la suya.

-Leche... vale... creo que tenemos algo de eso... déjame ir a ver -huyó por el corredor en dirección a la parte delantera del autobús, donde Eleanor y su ayudante se encontraban instalados en un suntuoso esplendor. La VP de Marketing llevaba una colorida y gruesa tela trenzada alrededor de sus rodillas, y su ayudante, un hombre alto y delgado cuyos ojos pestañeaban nerviosamente tras gruesas gafas, se encontraba encorvado sobre sus cuestionarios. Todos los demás habían optado por llevar vaqueros, excepto José, que llevaba unos pantalones chinos impecablemente planchados y una guyabera.

Dar encogió las rodillas y reposó la carpeta sobre ellas mordiendo su bolígrafo mientras estudiaba los cuestionarios. Constaban de una colección de preguntas significativas para probar su perfil psíquico interno, razonó, pero por otro lado, ¿por qué preguntaban si prefería pollo o pescado, o si en un viaje de avión cogería el asiento que daba al pasillo o el que daba a la ventana? En parte pensaba que Kerry tenía razón y este material era sólo para tenerlos ocupados por un rato, hasta que llegasen o hasta que el aburrimiento del viaje se asentase y se quedasen dormidos.

Skippy regresó y le extendió a Dar un pequeño paquete de leche. Después se sentó junto a Steve y comenzó a abordar las preguntas del cuestionario con él.

-Psst -un suave susurro llamó su atención y le echó un vistazo al respaldo del asiento delantero. Los ojos verdes de Kerry estaban clavados en ella.

-¿Si? -preguntó suavemente.

-¿Ganamos puntos si conseguimos contestar más del diez por cien de las preguntas con "ninguno de los indicados"? -inquirió la mujer rubia-. Detesto todos los animales de la pregunta seis.

-Hey... -dijo a modo de protesta la voz de José- ¿Qué quieren decir aquí "relaciones con animales"? ¿Qué tipo de personas piensan que somos?

-Señor... se refiere a mascotas -Skippy le sonrió vivamente-. Ya sabe, como perritos y gatitos... ¿tiene alguna mascota que adore? -Su sonrisa se extinguió-. No es sobre si usted... uh... ama... no es en ese sentido... hum... nosotros no... no tenemos interés en saber eso.

-¿Qué tal mi pitón? -contestó Duks secamente desde su oscura esquina-. ¿Considera también mascotas las ratas que le doy de comer?

Dar se cubrió los ojos ahogando una risa.

-Hum... bueno, no... porque ellas son... mmm... transitorias, ¿cierto? Nos referimos a mascotas permanentes -respondió Skippy-. De las que están todo el tiempo.

-Como mi Dulcecita -dijo Mariana abstraída desde su asiento al otro lado de Dar-. Es la papagayo más bonita.

Skippy le sonrió.

-¿Ven? Sí... a eso me refiero...

-Mm... la quería mucho, la disequé cuando murió -añadió la VP de Personal-. Ahora ella es la cosa más permanente de mi casa.

Dar apretó fuertemente los músculos del maxilar.

-Sois muy irrespetuosos -dijo repentina y astutamente Steve-. Esta mujer está aquí para hacer su trabajo y todos os lo tomáis a broma. -Les dijo con tono irritado y Skippy le sonrió agradecida-. La compañía lleva esto en serio y vosotros también deberíais hacerlo. -Se sentó sonriendo a la guía, que estaba más relajada, en el asiento de al lado.

Dar suspiró. Iba a ser un fin de semana muy largo.

El zumbido de los neumáticos del autobús finalmente cambió y Dar se removió en su asiento, pestañeando y echando un vistazo por la ventana. Fuera estaba muy oscuro, sólo se veían los ocasionales destellos de las lámparas casi sin luz de los carteles. Miró por su derecha, entre los asientos, y distinguió la suave curva de la mejilla de Kerry, mientras dormitaba con la cabeza apoyada contra el frío cristal de la ventana.

Al otro lado, Steve y Skippy conversaban en voz baja. Parecía que los demás se habían quedado dormidos. Dar se enderezó y ojeó su reloj. Se levantó y apartó su pelo del respaldo del cómodo asiento.

-¿Estamos cerca? -interrogó suavemente.

Skippy giró la cabeza.

-Sí... acabamos de dejar la vía rápida... aún nos falta un poco -respondió alegremente-. Así, por este camino... queremos que no oigan el ruido del tráfico.

Dar se reclinó en su asiento y miró con atención por la ventana. Pasó un cartel.

-Enlaces Bail de Aardvark -comentó-. La próxima a la derecha. -Giró su cabeza-. Apuesto a que no sois los únicos que quieren algo de aislamiento.

Skippy pestañeó ante ella.

-¿A qué te refieres?

Dar volvió a mirar afuera.

-El cielo Bail de Bill -enunció-. Sin tiempo de espera, seis líneas. -Sus ojos azules la observaron irónicamente-. Estamos cerca de Stara.

-¿Stara? -preguntó Steve visiblemente molesto por la interrupción de su conversación-. ¿De qué estás hablando, Dar?

-La Penitenciaría Federal -vino la respuesta con ironía-. Hay una prisión cerca de aquí... y, si no me equivoco... está vacía.

-Oh... bueno... nosotros no vamos allí -le aseguró Skippy-. Vamos a un campamento al oeste de aquí, en serio... no os vamos a llevar a una prisión.

-Oh, no lo sé -dijo Steve cortante-. Me gustaría verlo por mí mismo.

Dar lo miró fijamente.

-Steve... tienes mucho más de qué preocuparte -respondió insinuantemente.

Él se reclinó.

-Oh... no lo creo... creo que esas mujeres acabarían con esa arrogante actitud tuya.

La mujer de pelo negro puso las manos en las caderas y le sonrió.

-Por lo menos mi actitud es algo que puede cambiar -dijo intencionadamente.

Skippy los había estado observando girando la cabeza de uno a otro como una pelota de ping-pong rubia y errante.

-Oh... ¿os conocéis bien? -preguntó brillantemente.

Steve estudió la alta figura de Dar especulativamente.

-Vamos, Dar... esos días tuyos quedaron atrás... corta con esa porquería -rió-. ¿Cuándo fue la última vez que subiste de cinturón?

-¿Cinturón? -Skippy pareció detectar una pelea e hizo un intento de desviarla-. ¿Qué tipo de cinturones son esos? ¿Estás en aerobic? Yo sí.

Dar decidió ignorarlos y deambuló por el pasillo hacia el extremo posterior del autobús donde estaba el cuarto de baño y un pequeño frigorífico. Lo exploró encontrando una lata de Yoohoo con disimulada alegría. Cogió un paquete de bizcochos salados mientras el autobús giraba a la derecha y disminuía drásticamente la velocidad.

-Oh... ya estamos casi -Skippy se levantó y fue a su asiento, que estaba en la parte delantera, mientras recogía su montón de papeles y miraba por la ventana frontal-. Muy bien, grupo... es mejor que despertéis porque la carretera es un poco accidentada por aquí y no quiero que nadie se asuste. -Su dinámica voz agitó al resto del grupo que despertaron con gran esfuerzo y mirando alrededor.

Dar se dirigió de vuelta a su asiento y se dejó caer en él. Abrió su refresco y bebió en silencio. Una cabeza rubia asomó del asiento delantero y ella levantó la vista reprimiendo a duras penas una amistosa sonrisa para Kerry. Los ojos verde ámbar bajo la débil luz del autobús centellearon en señal de reconocimiento y, a cambio, le ofreció algunos Pretzels.

-Gracias -contestó Kerry educadamente mientras escogía uno y lo masticaba.

El autobús volvió a girar a la derecha y entonces pareció como si pasasen por encima de mil baches. La vibración los sacudía desagradablemente.

-Jesucristo -dijo José bruscamente- ¿A qué tipo de lugar nos dirigimos? -Todos se asomaron por las ventanas, pero sólo consiguieron ver oscuridad y árboles cuyas hojas palmoteaban contra los lados del vehículo. Tras diez minutos de sacudidas, el autobús comenzó a ir más despacio y entró en una especie de portal meciéndose irregularmente mientras el camino se volvía más sucio.

Finalmente el autobús se detuvo y se encendieron las luces interiores del mismo.

-Bien -dijo Skippy-. Nos encontramos ante el vestíbulo principal... vamos a salir fuera del autobús y os conduciré hasta vuestra cabaña. -Verificó una lista-. En el vestíbulo tenemos un poco de café y algunos bocadillos por si tenéis hambre, este campamento no es un hotel de lujo, ¿entendido?

-¿Eso significa que sólo tenemos mostaza o salsa pero no ambas? -preguntó a su vez Duks secamente mientras se colgaba su bolsa al hombro.

Skippy sonrió.

-Vosotros veréis... intentamos hacerlo de forma que no se concentren en lo que les rodea... si no en los otros -se dirigió al camino-. Bien, ¡Vamos allá!

Bajaron del autobús y les asaltó una ráfaga de aire frío llena de aroma a pino y arena. Delante de ellos se encontraba un edificio de madera con un porche que lo rodeaba casi por completo. Siguieron a Skippy por las escaleras y a través de la puerta oscilante.

Era un lugar pardusco. A Dar le recordó a los campamentos del ejército a los que iba en su juventud. Había mesas de caballete colocadas en ordenadas filas con bancos largos y estrechos al lado. También había estandartes en las paredes. Habían barrido el local. El interior era frío y sólo tenía tres luces encendidas que ofrecían una atmósfera húmeda y casi oscura.

-Estupendo -declaró con una sacudida de cabeza-. ¿Qué es este sitio?

Skippy levantó la vista de sus papeles.

-Esto es un campamento YMCA -contestó con una sonrisa presuntuosa.

Eleanor había estado echando un vistazo y ahora miró fijamente a la mujer con aire espantado.

-No puede esperar que nos quedemos en este repugnante lugar -exclamó abrazando la chaqueta-. Esto es absurdo.

José se puso a su lado.

-Estoy de acuerdo... éste no es un lugar para personas como nosotros -dijo ondeando una mano ante ella-. Debe de haber un hotel por los alrededores.

Duks se sentó en el borde de una mesa.

-Yo podría quejarme de esto por cuestiones religiosas -declaró mientras miraba a Mariana-. ¿Tengo algún derecho?

La VP de Personal apagó un suspiro.

-Tengo que admitir que no era esto lo que esperaba de vuestra compañía -se dirigió a Skippy-. Sé que éste no es el tipo de facilidades que usaron para Plano.

Steve había estado vagando alrededor estudiando las paredes.

-Oh... no sé... no está tan mal -se volvió hacia ellos con una sonrisa-. Me trae recuerdos de cuando era un Boy Scout -dijo abriendo los brazos-. Vamos... son sólo dos noches... un montón de aire fresco... probablemente nos haga algo de bien a todos. -Respiró profundamente.

Como a una señal, todos se volvieron hacia Dar que se encontraba apoyada contra la pared. La VP de Operaciones se encogió de hombros.

-He estado en sitios peores -comentó-. Apuesto a que... no hay ningún otro lugar por los alrededores, ¿cierto? -Sus ojos fueron hasta Skippy.

-Cierto... -la rubia gallarda parecía perturbada-. Nos aseguraron que no tendrían ningún problema con este lugar... tengo que llamar a mi oficina... fuimos muy explícitos en la descripción.

José resopló.

-Debe de estar riéndose de nosotros a carcajadas -gruñó con disgusto-. Buena broma... buena broma... esperad a que vuelva allí, voy a llamar a esos bastardos y darles un poco de entendimiento. -Apuntó a Dar-. ¿Ves en lo que nos metiste?

-Sí... te hago responsable de esto, Dar -Eleanor estaba de acuerdo-. ¿En qué estabas pensando?

Mariana se metió entre ellos.

-Esperad un momento... esto no tiene nada que ver con Dar.

-Claro que lo tiene -interrumpió Steve-. Su falta de cooperación es lo que nos trajo aquí, Mariana... pero ahora que estamos aquí, tenemos que hacerlo lo mejor posible. -Sonrió a Skippy que todavía parecía bastante disgustada-. Estoy seguro de que lo conseguiremos, a pesar de donde nos ha metido la vieja Dar.

-Ésa es una muy buena actitud St... quiero decir, Sr. Fabricini -afirmó la rubia.

Dar les dirigió a todos una mirada austera comprendiendo que Steve había ganado un tanto.

-Discutir ahora mismo sobre esto no nos lleva a nada -declaró-. Podemos discutirlo todos cuando volvamos a Miami, o mejor aún, tomar un vuelo hacia Plano y hablarlo directamente con Les.

Esa amenaza consiguió por respuesta unos ojos desorbitados.

-Ahora limitémonos simplemente a terminar con esto. -Examinó a Skippy-. ¿No nos ibas a llevar a la cabaña? Creo que dormir un poco sería una buena idea.

-Hum... cierto... de acuerdo... vamos. -Supo cuando aprovechar la retirada-. Por aquí. Pusimos sábanas y mantas en las literas, esta noche hace un poco de frío, tengo alguien fuera arreglando los calentadores pero aún no están preparados. -Los llevó por un camino de tierra oscura hacia una estructura de madera más pequeña-. Ya estamos -Abrió la puerta y se quedó de pie dejándoles pasar-. Vigilad vuestros pasos.

Kerry comprobó que era bastante espeluznante. Había ido a campamentos, claro, pero aquellos a los que sus padres la habían enviado tenían alfombras y literas privadas para cada persona. Éste no era así. Básicamente eran dos cuartos, con un baño compartido en el medio. Las literas estaban alineadas contra las paredes y las ventanas, situadas entre ellas, tenían las persianas bajadas. Seis literas en un cuarto y seis en el otro. El baño también se encontraba dividido en dos, con dos retretes en forma de establo y dos duchas carentes de cortinas.

Oh, chico. Kerry miró a Dar que parecía luchar entre una diversión salvaje y verdadera irritación.

-Los hombres en un lado y las mujeres en el otro -declaró rotundamente la VP de Operaciones-. No lo penséis... escoged una litera y dormid un poco.

Dar se movió furtivamente por el suelo de madera y seleccionó una litera de la esquina de la parte de atrás poniendo su bolsa bajo la misma. Kerry la siguió escogiendo la litera de al lado, se sentó en ella plegando las manos sobre su regazo. Siguió Mariana, escogiendo silenciosamente la litera al otro lado de Dar, sonriendo a la ayudante de Duks que se sentó a su lado, dejando la litera más alejada a Eleanor.

-Bien -gruñó Duks encabezándose hacia el otro cuarto que se comunicaba por una puerta. La abrió y entró-. Vamos chicos.

Steve se rió suavemente dirigiéndole una sonrisa a Dar antes de seguir al VP de Finanzas hasta el cuarto. José se arrastró tras él con mirada hastiada. El ayudante de Eleanor avanzó dócilmente dejando a las mujeres contemplándolos.

-Me voy a poner enferma -declaró Eleanor firmemente mientras abrazaba su bolsa-. Esto es inaceptable.

Kerry se levantó y rodeó el pequeño cuarto.

-Bueno... en realidad no está tan mal -declaró-. Quiero decir, podría ser peor, y las sábanas están frescas... esto está limpio, es obvio que lo mantienen. -Levantó la vista hacia arriba y decidió no mencionar las grandes telas de araña-. Sólo es por una noche o dos. -Miró a Eleanor-. Mira, ya estamos aquí, no tiene sentido luchar ahora, esperemos hasta que volvamos a casa y entonces podremos hablar de ello.

Eleanor frunció los labios, incapaz de encontrar una manera de discutir la lógica de Kerry. Se acercó a la litera y pasó un dedo por encima de la ropa examinándola.

-Bueno... está limpio. -Empujó la almohada experimentalmente-. Supongo que podré hacer un sacrificio... -Miró a Dar-. Pero vas a pagar por esto, Roberts.

Dar se encontraba sentada en su litera con la espalda apoyada contra la pared y mirándola fija e indiferentemente.

-Las amenazas son vanas -anunció haciendo una pequeña pausa-. Así que cállate... yo no pedí esto... no fui yo quien mandó el maldito e-mail a Les... y no quiero tener que oír esa mierda durante los dos próximos días.

-Bueno... él no habría tenido que enviarlo si hubieras cooperado, ¿no crees? -disparó Eleanor.

-No coopero con demandas irrazonables... ya deberías saberlo -respondió Dar irritadamente-. Me da igual quien las haga: tú, Les, y en especial tu pequeño muchacho del hacha en mano.

-Señoras -Mariana levantó una mano-, ¿podemos dejarlo por esta noche, por favor? -rogó-. Tendremos tiempo de sobra para atribuir culpas y luchar entre nosotros cuando volvamos a Miami... limitémonos a acabar con esto.

Dar suspiró. Mariana tenía razón y, además, estaba permitiendo que Eleanor la molestara.

-Cierto... -se levantó y abrió su bolsa de noche extrayendo una camisa de dormir de franela. Un silencio pesado se estableció y levantó la vista reparando en que todas se estaban lanzando fugaces miradas las unas a las otras-. Vamos chicas... somos todas mujeres. -Les recordó cómicamente la mujer de pelo negro mientras se quitaba la sudadera y el polo y los juntaba a los vaqueros.

-Oh no. -Eleanor cogió su bolsa y se metió en el cuarto de baño dejando al resto en un incómodo silencio.

Dar suspiró.

-Apaga la luz -dirigiéndose a Mariana-. Nadie podrá ver a las otras en la oscuridad.

La mujer alta de pelo rubio ceniza asintió apreciativamente, sumergiendo el cuarto en una oscuridad rota por los murmullos y el sonido de los pies descalzos sobre el suelo de madera. De la puerta de al lado se oían fuertes voces masculinas y se podía ver la luz por la ranura.

-¿Veis? A los chicos no les importa -comentó Dar mientras guardaba sus ropas y se sentaba en su litera, que se encontraba ligeramente separada del suelo.

Mariana resopló.

-¿Importarles? Ellos compiten... probablemente están midiéndose mientras nosotras hablamos.

Un coro de risitas.

-No con este tiempo -dijo Dar lenta e irónicamente-. Necesitarían un calibrador.

Otro coro de risitas, esta vez más fuerte.

Un salvaje grito emergió de la puerta cerrada del cuarto de baño y, tras un instante de aturdimiento, la puerta se abrió de un tirón al tiempo que Eleanor se arrojaba fuera a medio vestir gritando y dirigiéndose como un relámpago hacia la puerta de la cabaña.

Desgraciadamente se olvidó de abrirla primero y estampó la cara contra los tablones.

-Oh dios mío... oh dios mío... ¡¡Socorro!!

Dar saltó fuera de la cama y se dirigió allí rápidamente al tiempo que oía unos pasos pesados provenientes de la puerta de al lado. Localizó a Eleanor casi al mismo tiempo que José abría la puerta resplandeciente con sus calzoncillos de seda blancos y corazones rojos estampados.

-¡Jesús! ¡Qué está pasando aquí!

-Ni idea -gruñó Dar-. Eleanor... ¿qué demonios ha pasado?

La ejecutiva de Marketing se volvió y agitó sus manos ferozmente.

-¡Me atacó! Dios mío... ¡Tengo que salir de aquí! -Apuntó al baño-. ¡Allí!

Kerry había seguido a Dar y asomó su cabeza al interior del baño echando un vistazo alrededor cautamente. Observó el retrete, el pequeño lavabo donde estaban los cosméticos de Eleanor, la ducha y una serpiente. Echó su cabeza hacia atrás y tembló helada.

-Oh... Jesús. -Sus ojos se ensancharon-. ¿Alguien conoce la fauna local? -Dio un salto atrás cuando la serpiente comenzó a deslizarse hacia fuera-. ¡Mirad!

-¡Dios mío! -exclamó José cuando la vio volviendo al cuarto de los hombres de un salto y cerrando la puerta con un portazo.

La serpiente, un especimen verde de tres pies de largo, se encaminó hacia Dar.

-¿Dónde está Steve Irwin cuando lo necesitas? -murmuró Dar cuando la serpiente asomó bajo la tenue luz-. Creo que es inofensiva.

-¿Crees? -Mariana estaba de pie en su cama-. Dar, no me vengas con "creos", ¿vale? No me voy a pasar todo el lunes rellenando papeles porque te mordió un "creo".

-No... no lo es. -Dar esperó a que la serpiente se acercase hasta su pie y entonces la capturó por el cuello y la alzó-. Probablemente anda buscando un lugar cálido. -La examinó-. Sí... sólo es una serpiente de jardín... no es peligrosa.

La puerta del lado de los hombres se abrió con un crujido y tres pares de ojos se asomaron.

-Dios mío -rechinó el ayudante de Eleanor.

Dar suspiró e hizo señas a Eleanor para que se apartase de la puerta.

-Muévete... voy a ponerla fuera.

-¿Qué? -dijo Steve asomando detrás de la puerta- ¿Y permitir que ataque a alguien más? De ninguna manera... ¡Mátala!

-No siempre podemos matar las cosas que tienen el potencial para incomodarnos -aseguró Dar mirándolo firmemente-. Ahora sal de mi camino, Eleanor. -Se dirigió hacia la puerta y la mujer gritó al tiempo que se apartaba de ella retrocediendo y tropezando con la escoba de barrer la cabaña, aterrizando en el suelo y corriendo hacia atrás como una gran araña blanca desolada.

Dar liberó la serpiente, se sacudió las manos para quitarse el polvo y entró en la cabaña.

Los hombres estaban tras su puerta. Las mujeres estaban en forma de racimo contra la pared tras la camisa de Piolín que Kerry llevaba puesta.

Todos la contemplaban.

-Te hemos escogido como "Cazadora de Serpientes" -le informó Kerry con una débil sonrisa- ¿Podrías verificar si hay más?

Dar posó las manos en sus caderas.

-Yo no voté -protestó-. Además, con este tiempo es fácil... mirad donde haga calor.

Cinco pares de ojos se volvieron a la vez hacia sus literas.

-Oh dios mío -Eleanor se cayó al suelo sin fuerzas.

-Uh... creo que deberíamos dejar la luz encendida -declaró Mariana nerviosamente mientras ella y Mary Lou se esforzaban en llevar a Eleanor hasta su litera.

Dar suspiró y sacudió la cabeza. Se dirigió hasta su litera y se sentó en ella.

-Estoy segura de que tan sólo fue un incidente aislado -las tranquilizó-. Vamos... tenemos que dormir un poco... sólo dios sabe lo que "Mary Rayo de Sol" nos reserva para mañana. -Se tumbó de lado en su pequeña cama cruzando los tobillos y apoyando la cabeza en una mano.

Kerry hizo lo mismo deslizándose lentamente hasta su cama después de examinarla nerviosamente y acostándose de manera que su cabeza quedase cerca de la de Dar.

-Odio las serpientes -murmuró.

-¿Mmm? ¿Y que tal te llevas con los lagartos? -inquirió Dar con aire serio.

-Hum... no lo sé... ¿Por qué? -preguntó Kerry vacilantemente.

-Tienes uno en tu pierna -apuntó la mujer de cabello oscuro.

Kerry aulló y saltó mientras brincaba por el espacio entre sus dos literas y aterrizaba prácticamente en los brazos de Dar.

-¡Mierda! -miró al pequeño lagarto corretear lejos y exhaló rota-: Maldición.

Entonces reparó dónde se encontraba y atisbó la cara de Dar.

-Uh... lo siento -se alejó de la alta mujer cuyos ojos centellearon-. Dar, esto no tiene gracia... odio estas cosas.

Dar estuvo a punto de pedirle que se quedara donde estaba... ésa era la Dar que la protegería. Pero Mariana y Mary Lou las estaban mirando.

-Mira... sólo tienes que relajarte. Los lagartos son buenos... se comen a los bichos.

Mal comentario. En un segundo todas se colocaron en medio del cuarto y clavaron sus ojos en las camas.

Dar suspiró y se tapó la cara con la manta. Iba a ser una noche muy larga.

*****

Finalmente habían conseguido dormir algo. Dar las había convencido de que si apagaban las luces y se tapaban con la ropa de la cama hasta la cabeza ningún bicho las tocaría aunque los hubiese.

Así lo hicieron y ella se tumbó en su litera esperando que su cuerpo se relajase en este ambiente extraño mientras escuchaba las suaves respiraciones a su alrededor.

Un ligero sonido retumbante venía de la puerta de al lado, y la morena sonrió y exhaló esperando que ninguna de sus compañeras durmientes roncara.

Ella sabía que Kerry no lo hacía, a menos que estuviera tumbada boca arriba y exhausta. Dar sospechó que a ella le pasaba lo mismo en esas situaciones, pero normalmente la rubia prefería enredarse a su lado o contra el hombro de Dar calentando suavemente con su respiración su cuello.

Era increíble, Dar meditó sobre lo bien que eso la hacía sentir. Giró la cabeza y miró fijamente en la oscuridad. Casi no conseguía distinguir la abultada forma que estaba tumbada en la cama de al lado. Se desplazó un poco hacia delante acercando su cabeza a la otra litera tanto como pudo, y deslizó una mano recorriendo el espacio que había entre ambas camas hasta cerrar sus dedos sobre la mano de Kerry, la cual pudo distinguir apoyada sobre su cabeza.

Tras un suave sobresalto, la cabeza rubia se alzó y la débil luz reflejó el brillo de unos ojos pálidos.

-Oh -susurró-, me has asustado.

Dar sonrió y le frotó la mano calentándosela.

-¿Tienes frío? -murmuró en respuesta.

-Mm -Kerry se acercó más hasta que su cara estuvo a unas pulgadas de la de su amante-. Incluso con el relleno extra, aún estoy temblando... es bastante vergonzoso para una norteña -admitió.

Su alta compañera sonrió abiertamente y miró alrededor con cautela.

-Eso no puede ser -se deslizó fuera de su litera y se metió en la de Kerry con la oscuridad protegiéndolas.

-Dar -dijo la mujer rubia con voz hueca- ¿Qué estás haciendo?

-Protección corporal de mi ayudante -ronroneó la ejecutiva en su oreja mientras se enroscaba en su cuerpo y tiraba de las mantas tapándolas a las dos- ¿Algún problema?

-Yo no... pero todas las demás sí, Dar -susurró Kerry-. Creía que estábamos intentando guardar el secreto... y me parece que si se despiertan y nos encuentran juntas en la misma cama va ser un poquito evidente, ¿no crees?

-Shh... saldré de aquí antes de que amanezca... sólo relájate -la tranquilizó Dar-. A menos que no quieras calentarte, en ese caso... puedo irme ahora.

Kerry se acurrucó más cerca.

-Mmh -refunfuñó mientras enterraba su cara en el acogedor y cálido cuello-. Bueno... por lo menos estaré a salvo de las serpientes. -Una pausa-. De las que no tienen piernas, claro.

Dar se rió entre dientes suavemente y dejó que su cuerpo se acomodase para dormir, envolviendo confortablemente al de Kerry y moviendo sus manos en lentos círculos contra la piel de la mujer más pequeña.

La respiración de Kerry se hizo regular y más pausada abandonándose al sueño con sus manos flexionadas suavemente contra el pecho de Dar. De algún modo, esto alivió los acontecimientos del día haciendo que se fueran flotando, aclarando su mente y permitiendo que su cuerpo también flotase.

Estaba sentada en una pendiente con césped desde donde se veía el valle del río. La tierra abierta y ondulada se estrechaba ante ella, hendida por el azul profundo y la línea gris de agua cuya rapidez y murmullo venía débilmente hasta ella. El viento sopló en su rostro, echándole el pelo hacia atrás y agitando la suave tela que cubría el cuerpo de la rubia mujer que estaba tendida con la cabeza acomodada sobre sus piernas extendidas.

Una mano que reconoció como suya acarició cariñosamente el suave pelo que caía sobre su piel mientras era perezosamente consciente del zumbido de una abeja cercana y del canto de un pájaro sobre su cabeza.

Sus ojos descendieron por el cuerpo de su compañera y sintió una extraña sensación de sorpresa y familiaridad mezcladas, cuando reparó en que la mujer anidada contra ella estaba embarazada, destacando su barriga prominente bajo la suave tela. Su otra mano se entrelazó con la de la mujer y ambas se deslizaron por la superficie. Allí sentada, atrapada entre el sueño y los recuerdos débiles que descansaban contra su memoria, sintió la vibración de una vida diminuta bajo sus dedos.

Una pequeña sonrisa emergió de los labios de la rubia y sus ojos se entreabrieron encontrándose con los azules que la estaban mirando adoptando un silencioso y cálido centelleo.

Dejó que los músculos de su cara se moviesen y supo que le estaba devolviendo la sonrisa.

La mujer rubia acomodó su cabeza hacia atrás cerrando los ojos y allá recostó su cabeza contra la áspera superficie del árbol con la dulce brisa fresca relajándola en una maravillosa neblina de sueño.

*****

Despertó cuando apenas comenzaba a salir el alba. Los ojos de Dar se abrieron temblorosamente en el momento en que los primeros contornos grises se empezaban a vislumbrar más allá de los árboles. Se desenredó desganadamente de Kerry y se deslizó fuera de la cama metiéndose en la suya y tapándose para protegerse del frío de la mañana.

Recordó su sueño y su frente se arrugó mientras intentaba descubrir de dónde demonios le había venido a la imaginación la figura de Kerry embarazada... ¿sería una premonición? Kerry no había dicho nada de que algo así hubiera pasado cuando visitó a sus padres, pero... Dar contuvo la respiración mientras recordaba haber encontrado a su amante en el cuarto de baño el día anterior, blanca como la pared. Seguro que Kerry se lo habría dicho si hubiera sido agredida en casa de sus padres, ¿verdad?

A menos que no hubiera sido una agresión, claro... a menos que... Dar se abofeteó a sí misma mentalmente. No seas tonta, Dar... ese tipo de especulación no te hace ningún bien, y le quita credibilidad a ella... no es justo. Estás exagerando... sólo fue un sueño tonto... sé que ella ha tenido el periodo desde entonces... aunque eso no sea siempre una señal definitiva... vamos, sólo era un sueño.

¿Y si no lo fuera? Bueno... Dar apoyó la barbilla en su antebrazo mientras pensaba en ello. Nunca había querido tener niños... sabía que le faltaba la paciencia necesaria, y esa complicación era algo que nunca había considerado que fuera a formar parte de su vida.

Y aún no lo había hecho. Sus ojos viajaron hacia la pacífica cara de Kerry. ¿Verdad? ¿O podría aceptarlo, si eso significaba conservar lo que se estaba convirtiendo en algo esencial para ella?

Cerró los ojos y recordó la mirada de profundo amor que había encontrado en sus ojos, y entonces supo la respuesta. Por eso, aceptaría cualquier cosa. Todo. La sensación de pánico retrocedió y se relajó, especulando sobre la posibilidad de que su propio subconsciente quizá simplemente le había instigado en un momento de conocimiento de sí misma, cosa que le trajo una torcida y nostálgica sonrisa a la cara.

La litera estaba fría y vacía. Le supuso un gran esfuerzo el no mandarlo todo al infierno y volver junto a la calidez de Kerry.

Dar se debatió durante unos cinco minutos. Suspiró y decidió que era mejor levantarse y hacer algo antes de que causase algún estrago para las dos.

¿Y Kerry había estado angustiada consigo misma? Dar dirigió una malvada mirada al alba creciente, entonces se sentó, agarró su bolsa y extrajo unos pantalones deportivos y una sudadera. Después se dirigió al baño.

Era una mañana relativamente buena, pensó cuando salió de la cabaña, y se quedó de pie en el porche respirando el aire espeso de los árboles alrededor de ella, mezclado con un débil humo de nogal americano. La niebla estaba rondando procedente del lago y apenas conseguía ver el contorno del vestíbulo principal o el de las cabañas esparcidas que atisbaban fuera de los árboles.

Dar caminó fuera del porche. Sus zapatos de lona crujían suavemente sobre las agujas de pino caídas y los diminutos conos de pino mientras la niebla temblaba fuera de sus pasos como un fantasma de agua. Se dirigió hacia el lago. Inhaló profundamente varias veces para despertar su cuerpo y entonces descubrió un pequeño camino bien cuidado que aparentemente pasaba al borde del agua. Se lanzó a una ligera carrera hasta alcanzarlo y continuó por él disfrutando del fresco aire de la mañana.

El sol se estaba posando sobre el agua y sus rayos de filtraban a través de los árboles lanzando líneas de color salmón claro al tiempo que ella corría en silencio. Sólo la rodeaba el sonido de sus pasos contra la gruesa arena suelta y el suave sonido del agua contra la orilla. Hizo aproximadamente tres cuartos del camino antes de que empezase a oír unos pasos detrás de ella. Agudizó el oído y frunció el entrecejo al no reconocer el sonido de aquellos pasos. Una mirada hacia atrás hizo que maldijera, tomó un respiro mientras componía su temperamento antes de que Steve Fabricini la alcanzara.

-Buenos días.

Se puso al paso de ella mientras corría con su chándal negro y plata.

-Estoy sorprendido, Dar... no pensé que aguantases. -Dejó asomar una simulada alegría-. Yo hago maratones, así que esto forma parte de todas mis mañanas.

Dar pensó no contestarle, después tensó los labios.

-Es una buena forma de empezar la mañana -comentó.

-Oh sí -concordó-. Hago entre cinco y ocho millas por día... los fines de semana hago el doble... me quedé en décimo lugar en mis tres últimas competiciones.

La mujer de pelo oscuro lo miró.

-Felicidades.

-No eres tan rápida, ¿eh? -Rió Steve-. No... puedo ver que has perdido esa parte.

Un sutil y peligroso brillo apareció en los ojos azul claro.

-Un puñado de tipos corriendo alrededor de Nueva York en ropa interior no es mi idea de diversión -comentó ligeramente, a pesar de todo.

-Oh... te equivocas... -Steve sacudió la cabeza-. Es la competición lo que me gusta... luchar contra cien... contra otras mil personas que quieren lo mismo que tú... y tú les ganas. -Miró a Dar-. Eso me gusta -ronroneó-. Me gusta dejar a las personas mordiendo el polvo como te voy a dejar a ti, Dar.

-¿Eso crees? -comentó la mujer morena.

-Lo sé... te has hecho demasiados enemigos -le dijo Steve confiadamente-. Incluso esto... pensaba que era un error, pero ahora... -Se rió- Voy a disfrutar viendo tu declive, Dar... muchísimo. -Se adelantó alargando el paso y alejándose de ella-. Es hora de pensar en retirarse -gritó mientras se dirigía por una curva del camino y desaparecía de la vista.

Dar continuó con paso firme, sonriendo ligeramente cuando oyó un grito apagado.

-Ten cuidado, Steve... -comentó al aire vacío-. El lago cambia de dirección ahí, debe de haber una gran fosa de barro. -Un fuerte y ultrajado grito agitó el aire-. Pegajoso y hediondo. -Trotó alrededor de la curvatura e hizo una parada, poniendo las manos en las caderas y observando la negra y apestosa figura agitándose-. El último es una perra, Steve. -Comentó alegremente mientras brincaba en un leño largo y fornido que pasaba sobre la fosa de barro y se equilibraba impecablemente al atravesar la parte superior y aterrizar al otro lado-. Supongo que ya no me tengo que preocupar por el polvo, ¿eh? -Se giró y comenzó a correr otra vez, acelerando el paso alegremente y dirigiéndose de vuelta al campamento.

*****

Se encontraba en la parte posterior de un caballo, el fácil y familiar ritmo que la mecía en su niñez. El movimiento era tan reconfortante que estaba medio dormida, cabeceando contra la espalda de la alta persona que estaba delante de ella. Sus brazos rodeaban la delgada cintura y se apoyó contra la superficie de cuero calentada por el sol. Podía sentir la fresca dureza del metal bajo su mejilla.

Tenía demasiado sueño para abrir los ojos. Demasiado sueño para echar un vistazo alrededor. Todo lo que quería era que el sol caliente acabase por esconderse tras las montañas que sabía que se encontraban detrás y darle algún alivio de su fuerza implacable.

Una cálida presión rodeó sus dedos y ella entreabrió un ojo perezosamente para mirar fijamente el pelo negro y oscuro que suavemente cubría la oscura superficie de cuero y el bronce embotadamente brillante de metal sobre el que estaba apoyada.

-Ya falta poco. -La voz baja y vibrante era tan familiar como la suya propia y le dio un pequeño apretón a la figura alta para hacerle saber que la había oído. Era consciente de que estaba acalorada, cansada y hambrienta, pero había una especial sensación de alegría que apagaba todo aquello y le hacía desear que el paseo nunca acabase.

Extraño.

La primera cosa de la que Kerry tuvo consciencia fue que tenía frío. Abrió un ojo desganadamente confirmando que se encontraba donde temía que estaba, presa en aquel maldito campamento lleno de arañas, serpientes y quién sabe qué más. Rodó, sonriendo un poco cuando encontró el olor de Dar en sus sábanas y en la almohada.

Su sueño flotó hacia su consciencia y supo con claridad que efectivamente la persona contra la que había estado sentada era Dar. Pero, ¿Dar con una armadura?

La frente de Kerry se arrugó y sonrió ligeramente mirando al techo. ¿Era así como su subconsciente veía a su alta amante? ¿Como una guerrera?

Sí, quizá... o quizá era esa la manera en que su mente racionalizaba todas las incomodidades que sufría por ser la mano derecha de Dar y a pesar de todo quedarse a su lado. Uau... eso era profundo. Casi se rió por completo al imaginarse diciéndoselo a Dar.

Casi podía oír su voz: "¿Yo iba vestida con qué?". Kerry sonrió ante la visión.

Una mirada a su derecha le hizo ver que Dar no estaba. Al ver la luz del alba sospechó que su a veces solitaria amante, estaba fuera sacudiendo los vestigios del día anterior. Kerry se estiró y bostezó, después se incorporó debatiéndose entre salir o no de la cama.

Mary Lou se levantó y removió su corto pelo rubio ceniza.

-Oh dios mío. -Miró alrededor y luego fijamente a Kerry-. Esto es una pesadilla, ¿verdad?

Kerry suspiró mientras se sentaba en la cama envolviéndose en la manta.

-Seguro que esto es lo que se siente, ¿verdad?

Eleanor gimió al tiempo que alzaba su cabeza de la almohada y se asomaba para mirarlas en silencio. El pelo de la VP de Marketing parecía que había sido revuelto por un hurón curioso que hubiera estado anidando dentro de él. Sus ojos tenían unos anillos azul y negro alrededor por causa del rimel.

Kerry constató que parecía un rubio mapache gruñón.

Mariana mantuvo sus ojos enfocados hacia arriba y las manos plegadas sobre el estómago.

-Bien... tenemos que estar un día aquí y mañana nos iremos a casa. -Hizo una pausa-. Somos adultos. -Otra pausa-. Podemos hacerlo.

Mary Lou bostezó.

-Tienes razón, Mari... estoy segura de que sobreviviremos... mira, lo hicimos durante la noche, ¿cierto? -miró por encima de Kerry-. Eh... ¿dónde está Dar?

Todas se sentaron para observar.

-Quizá se la comieron las arañas -comentó Kerry inocentemente-. Estaba bromeando... no sé... ya no estaba cuando me desperté. Probablemente esté examinando el exterior.

Dar escogió ese preciso instante para volver a la cabaña con su pelo negro húmedo por el sudor.

-Buenos días -las saludó vivamente cuando se dirigía a su litera-. Nuestra posadera nos ha proporcionado algo parecido a un desayuno en el vestíbulo principal... quieren que comencemos a las nueve.

Kerry miró su reloj. Siete y media.

-De acuerdo, dijiste que era algo parecido... ¿a qué te refieres, crema de cacahuete y jalea?

-Sí. -Eleanor dignificó su postura-. Suelo comer Muesli.

Dar se sentó y empezó a quitarse las zapatillas de lona.

-Bueno, hay café y agua caliente... un par de cestos con panecillos y algunas cajas individuales de cereales. -Hizo una pausa mientras exhalaba-. Y plátanos.

-Genial. -Mariana se sentó y miró fijamente a Dar-. ¿Qué diablos has estado haciendo?

La mujer de pelo oscuro le lanzó una mirada.

-Corriendo -contestó brevemente-. ¿Queréis votar quién se va a duchar primero?

Todas miraron al baño con su diminuta y desnuda pila de la ducha, y la volvieron a mirar a ella con mudo horror.

-Estupendo. -Dar se levantó y se quitó la sudadera quedándose en sujetador y pantalones. Cogió la toalla que tenía en su bolsa y su pequeño juego de jabones-. Vuelvo enseguida. -Fue descalza al baño y cerró la puerta con un puntapié.

-Maleducada -riñó Eleanor con una mirada hastiada.

-Eficaz -discrepó Mariana-. Ella tiene razón... vamos a sentirnos terriblemente mal si no nos duchamos.

-Práctica -asintió Kerry-. Ésa es Dar.

-Buff -dijo Mary Lou con aprobación-. Es genial.

Todas la miraron sorprendidas.

-Eh, digo lo que veo -declaró la ayudante de finanzas encogiéndose de hombros ligeramente.

Como a una señal, todas se levantaron y ordenaron sus camas. Mariana y Mary Lou fueron a asomarse a la ventana para ver el nuevo día.

-Dios mío, ¿qué es eso? -dijo Mariana de repente.

Todas se agruparon detrás de ella asomándose fuera.

-Oh... dios... mío... -exhaló Mary Lou-. Es un monstruo del pantano. -El sol estaba situado tras la aparición que se aproximaba hacia ellas con movimientos antinaturales como si fuera un zombi. Se trataba de una figura sólida y negra con pequeñas manchas blancas aquí y allí.

-Dios de los cielos -chasqueó Eleanor-. ¿Qué es eso?

La figura caminó con paso tambaleante por las escaleras y abrió la puerta. El grupo de mujeres se agrupó por completo en la parte de atrás.

-¡Dónde diablos está esa perra! -gritó la figura en la que sólo se distinguían los ojos y los dientes blancos entre la piel ensuciada de negro. Un desagradable y penetrante olor flotaba desde él-. ¡Dar, voy a patearte el culo!

-¿Steven? -preguntó Eleanor cautamente.

Él la ignoró.

-¡Perra! ¡Sal de ahí! -jaleó con más fuerza.

La puerta del baño se abrió y salió Dar con el cuerpo desnudo envuelto en una toalla y el pelo oscuro mojado y echado hacia atrás.

-¿Sí? -preguntó mientras ahogaba una sonrisa-. Parece que tú vas a ser el próximo en ducharse, Steve -pronunció con lentitud mientras se apoyaba con una mano contra la pared de madera y cruzaba las piernas.

Él comenzó a ebullir y, por un momento, Dar pensó que iba a atacarla. Los músculos a lo largo de sus brazos y sus muslos estaban visiblemente tensos. Pero lo pensó mejor y, en cambio, abrió la puerta de los hombres y se metió dentro. Un fuerte coro de quejas se hizo oír y José vino hasta la puerta frotándose los ojos.

-¿Qué demonios está pasando?... Oh dios mío, ¡Dar, ponte la ropa!

Casi fue arrollado hacia atrás cuando la puerta se llenó de hombres de ojos muy abiertos y pelo salvajemente despeinado.

Dar sonrió, perversamente adulada.

*****

-Bueno -Skippy llevaba una sudadera rosa chillón con el nombre de su compañía estampado y unos pantalones blancos pulcramente apretados-. ¿Pasamos todos una buena noche? -El silencio saludó sus palabras-. Vale, eso es genial... me alegro de oírlo... muy bien.

Se sentaron alrededor de una mesa redonda en el vestíbulo más pequeño cerca del lago, protegido por paredes que ofrecían una buena vista del lago. El desayuno se convirtió en un cúmulo de quejas cuando constataron que la comida era insuficiente. Ahora formaban un grupo de personas ligeramente enfadadas sentadas alrededor de la mesa esperando que la tortura empezase.

-De acuerdo... vamos a hacer un pequeño ejercicio... -Skippy avanzó lentamente-. Me gustaría que todos dijeseis una pequeña afición vuestra. -Miró a Duks alentadoramente, mientras se alejaba de Steve que aún se encontraba encolerizado-. ¿Qué tal si empiezas tú?

Duks inhaló, después exhaló y cruzó los brazos sobre su pecho.

-Una afición, ¿eh? Bien... colecciono lápices.

Skippy suspiró.

-Sr. Draefus...

-No, no... en serio... -dijo Duks levantando una mano-. El más antiguo que tengo es de 1833... de veras.

Todos miraron a Duks desconfiadamente.

-¿Quién es el próximo? -continuó la guía alegremente.

Mariana estaba sentada al lado de él.

-Yo cuido jardines de hierbas.

-Ohh... ¡Eso es estupendo! -burbujeó la guía-. ¿Para cocinar?

La VP de Personal sonrió.

-Para Santería... mi tío es sacerdote.

Los ojos de Skippy se desorbitaron.

-Oh... hum... ¿siguiente?

-Yo...mm... -Charles tragó nerviosamente-. Yo crío peces -masculló-. Peces tropicales de agua salada... tengo un tanque.

-¿En serio? -preguntó Dar interesantemente-. ¿Cómo de grande?

Él la miró y se ajustó las gafas a la nariz.

-Setecientos galones -dijo asintiendo ligeramente-. Transformé mi garaje.

Incluso los ojos de Dar se salieron del sitio.

-Eso no es un tanque... es un acuario marino -murmuró la mujer alta de pelo oscuro-. Cuidarlo te debe de llevar mucho tiempo.

-Lo lleva... pero mi esposa y los niños ayudan -declaró Charles feliz ante la reacción-. Cuido de un tiburón -declaró orgullosamente-. Tuve que separarlo porque se lo comía todo y estaba engordando.

-Dios mío -Eleanor pestañeó asombrada ante su ayudante-. Eso es increíble.

Todos la miraron.

-¿Qué? -Se quedó mirando la VP de Marketing-. Oh... una afición... qué tonta... no tengo ninguna afición.

-¿Ninguna? ¿Qué haces en tu tiempo libre? -inquirió Skippy animada por el éxito anterior.

Eleanor permaneció callada durante un momento.

-Bueno, yo... voy a cenar, claro... voy de compras y juego a las cartas con unos amigos nuestros...

-Oh bien... eso está bien. -Sonrió la rubia guía gallardamente-. ¿Y tú? -preguntó volviendo la mirada a Steve.

Él miró a Dar.

-Yo corro -contestó gruñonamente-. Participo en maratones.

Una gran sonrisa de Skippy.

-Oh... eso es maravilloso... siempre quise hacerlo... participo en todas las caminatas y carreras de la compañía... ¿no es un deporte fabuloso?

-Sí -asintió mientras intentaba limpiar el húmedo estiércol bajo sus uñas con poco éxito-. Sí, lo es.

Mary Lou se reclinó hacia atrás y abrazó su rodilla con ambas manos.

-Yo piloto ultraligeros -declaró sonriendo abiertamente ante la reacción-. Sí, ésa soy yo, los fines de semana en South Dade zumbando por los alrededores... -Sus ojos fueron hasta Dar que estaba sentada al lado de ella-. ¿Y tú?

Los ojos azules pestañearon inocentemente.

-Yo colecciono cabezas -contestó con el rostro firme-. Ya sabes... de las reducidas... de esas que tienen cordones atravesando los labios.

Todos la miraron fijamente con reacciones que iban desde el horror hasta la morbosidad.

-Bueno, eso es lo que todos esperabais oír -pronunció la ejecutiva con lentitud-, ¿verdad? -Captó una oculta sonrisa en la cara de Kerry-. En realidad buceo.

Skippy asintió con la cabeza como el asiento trasero de un Chihuahua y se giró esperanzadamente hacia Kerry.

-¿Y tú?

Kerry respiró.

-Yo escribo poesía -contestó muy bajito, atrapando el cálido centelleo en los ojos de Dar con el rabillo del ojo.

-Eso es maravilloso. -Skippy la miró como si pudiera besarla-. ¡Muy creativo!

José había sostenido su barbilla en la mano con mirada aburrida.

-Yo colecciono estampas de béisbol -les dijo-. Para invertir, ya sabes.

Otra mirada patéticamente agradecida de la guía.

-Oh... eso es fantástico... siempre quise hacer eso... -Escribió algo en su carpeta-. Bien, ciertamente somos un grupo muy variado, ¿verdad? -Echó un vistazo a sus papeles-. De acuerdo... bien, espero que todos hayan aprendido algo de los otros... hum... probemos ahora con un ejercicio de confianza. -Se levantó-. Todos de pie, tendremos que agarrarnos los unos a los otros.

Todos se la quedaron mirando.

-Será divertido -les aseguró-. De veras.

*****

-Es una mala idea -dijo Dar de pie en la parte trasera del círculo de personas.

Kerry se volvió y la miró.

-No pasa nada... nosotros lo hacíamos en las prácticas de gimnasia... sólo es un juego, Dar. -se contuvo de darle una palmadita confortable en el brazo a la mujer alta, pero se acercó y le susurró-: No te preocupes... pase lo que pase no te dejaré caer.

Dar la miró fijamente con una sonrisa juguetona en las comisuras de los labios.

-Eso ya lo sabía... -le murmuró-. Es sólo que... -Se mordió el labio-. No me gusta que me toquen.

La mujer rubia se rascó la mandíbula.

-Bueno... puedes decirles a todos que no te agarren -le comentó suavemente-. Pero va a doler.

Dar suspiró y miró a Skippy con su siempre presente carpeta, el pelo recogido bajo el sombrero encantadoramente rosa con un pony bordado. La ejecutiva tenia un deseo casi irresistible de agarrarlo y enterrarlo profundamente en la tierra.

-De acuerdo... así es como funciona... -explicó la guía-. Una persona se pone de pie en el medio y el resto se sitúa detrás de ella. Entonces esa persona se deja caer hacia atrás y los demás la sujetan, ¿entendido?

-¿Qué ocurre si no la agarran? -preguntó Duks.

-¿Perdona? -lo miró Skippy.

-¿Qué ocurre si los otros no sujetan a esa persona? -inquirió el VP de Finanzas.

-Oh... bueno... hum... supongo... sólo... bien, simplemente cae, supongo... -la mujer frunció el ceño-. No sé, en realidad... nunca ha pasado.

-Eso es muy tranquilizador -Duks puso sus manos hacia atrás y se balanceó sobre sus talones. Llevaba unos pantalones de pintor de algodón, unas cómodas botas de excursionismo y una camisa de franela color carmesí. Entonces se giró hacia Mariana que llevaba una arrugada camisa y vaqueros azules-. ¿Trajiste los papeles de los trabajadores de la compañía por si acaso?

Mariana se aclaró la garganta.

-Claro.

Skippy pestañeó desconcertada.

-Los traes... oh... bueno, estoy segura de que no los necesitarás -se apresuró en decir para tranquilizarla-. Éste es un curso muy seguro... nunca tenemos accidentes, nunca.

-No te preocupes, querida... este barco es absolutamente insumergible -murmuró Mary Lou en voz queda.

-Shh -le riñó Kerry-. Podemos pasarnos todo el día con esto... acabemos ya.

-Hum... ¿quién quiere empezar? -preguntó Skippy sonriendo ligeramente a Steve.

Él avanzó con un pequeño encogimiento de hombros.

-Después de todo... no puede ser peor que el haber hundido MI TRASERO en el BARRO esta mañana -dijo dirigiéndose a Dar- ¡Podrías haberme avisado!

Todos miraron a Dar, la cual se encogió de hombros.

-¿Cómo se supone que iba a saber que el barro estaba allí? -inquirió razonadamente-. Fuiste tú quien decidió adelantarme, no es culpa mía que no parases a tiempo.

-Oh, ¿podéis callaros? -chasqueó Eleanor de mal humor-. Acabemos con esta idiotez.

Steve, muy malhumorado, se giró de espaldas a ellos y colocó los brazos al lado del cuerpo. Llevaba una luminosa sudadera azul encima de un polo blanco que contrastaba con sus pantalones chinos color caqui.

-¿Preparados?

José se puso delante dándoles con el codo.

-Venga... venga... -Se juntaron formando un grupo-. Eso es.

Steve encuadró los hombros y se dejó caer hacia atrás.

Una fuerte explosión detrás de ellos hizo que todos saltaran y gritaran. Incluso Skippy arrojó su carpeta al aire a modo de defensa.

-¡Oh dios!

Steve cayó olvidado golpeando el suelo lleno de agujas de pino.

-¡Hijos de puta! -gritó.

El sonido se repitió y ellos repararon que era el tubo de escape de algún vehículo. Skippy corrió hacia donde Steve se encontraba tumbado frotándose la cabeza y se arrodilló ante él.

-Oh dios mío... oh dios mío... ¿estás bien?

Todos se volvieron hacia él con miradas de remordimiento y hacia la entrada del campamento donde un estruendoso sonido indicaba que alguien estaba acercándose.

-Escucha... lo siento muchacho... -José le ofreció una mano-. Ese ruido... ¿sabes?, nos asustó a todos, parecía una condenada pistola.

El sonido se hizo más fuerte. Un brillo de metal los deslumbró proveniente de una Harley que rugía y avanzaba por el irregular suelo hacia ellos al tiempo que disminuía la velocidad para observar la escena. Paró y el piloto se quitó el casco.

-Hey.

A Dar le supuso una gran parte de su concentración conseguir quitar una diabólica sonrisa de su cara.

-Hey, Mark... pensé que no vendrías.

El jefe de MIS bajó de su motocicleta y la observó cubierto de diminutas formas manchadas de sangre.

-Yo tampoco... Dios condene estos bichos. La compañía me debe una buena por esto, me va a llevar una semana conseguir quitar todos sus intestinos de de mi motocicleta. -Levantó la mirada-. ¿Qué está haciendo él en el suelo?

*****

Skippy decidió desistir de este ejercicio y les permitió tomar un descanso durante unos minutos mientras Mark se instalaba y ponía su Harley en un sitio más seguro. El jefe de MIS había quedado atrapado en Miami resolviendo el problema de Hong Kong y había prometido intentar unirse a ellos, pero había tenido que dejar a su ayudante allí para terminar el trabajo.

-Esa fue una faena, Dar. -Sacudió la cabeza cuando se les unió, después de haber cambiado su traje de cuero lleno de cadáveres de bichos por algo menos repugnante-. Tuve que acabar por hacer que la sucursal de Erding trajese el equipamiento para ellos, vas a tener que dejar unas cuantas personas allí.

Dar asintió.

-Buen trabajo... -Recolocó su suave y pesada camisa de algodón dentro de los pantalones vaqueros-. Me alegro de que te puedas unir a nosotros. -Dirigió la mirada hacia donde se encontraban Steve, José y Eleanor.

-Sí... parece que os lo estáis pasando bien -contestó Mark secamente-. Este lugar es un vertedero. -Levantó la vista cuando Skippy regresó con un puñado de sacos colgados de su hombro-. Uh oh... ¿y ahora qué?

-¡Muy bien! -Skippy sonreía vivamente-. Esto es lo que vamos a hacer ahora: tenemos un circuito, podéis ver la entrada allí. -Apuntó y todos miraron al sendero claramente marcado-. Es un camino de diez millas. Tiene diferentes paradas y obstáculos por los que tendréis que pasar. -Dio un saco a cada uno-. El objetivo es que lo terminéis todos. -Les dirigió una mirada-. Todos, no sólo algunos, ¿entendido? Tenéis que regresar todos. Todos, ¿entendéis?

Kerry esbozó una risita.

-De acuerdo... en este saco está vuestro almuerzo... y un aperitivo. -Sostuvo una muestra-. Las direcciones a seguir están marcadas encima.

Dar se rió al verlas.

-¿Vosotros vais de compras al Canal Militar, no?

Skippy le frunció el ceño de modo simpático.

-Sigamos. En cada estación hay un punto de control, al acabar tenéis que tener esta tarjeta estampada por cada punto de control. Aproximadamente a mitad del camino hay una cabaña con agua, zumos y cosas por el estilo -exhaló-. No es una carrera, ¿vale? El propósito de esto es que trabajéis juntos para superar los obstáculos.

-Captamos la idea -la informó Duks.

-Muy bien... de acuerdo... bien, comenzad... tendremos la cena preparada para cuando regresen -dijo Skippy gesticulando con las manos.

-Espera un momento... ¿pretendes que caminemos durante diez millas? -objetó Eleanor-. Debes de estar de broma. -Miró alrededor buscando el apoyo del resto-. Es ridículo.

-No es para tanto -dijo Kerry amablemente acercándose a la VP de Marketing-. En serio.

-Oh no... no... de ninguna manera. -Eleanor retrocedió alejándose de ella-. Lo siento... ya he tenido bastante.

-Mira... -Skippy abrazó la carpeta contra su pecho-. Ésta es la parte importante del seminario, ¿entendido? Tengo que escribir un informe sobre el grupo para vuestro equipo de dirección, y está basado principalmente en este ejercicio.

Mariana exhaló.

-Vamos, Eleanor... dios sabe que no me apetece nada caminar durante diez millas, pero tenemos que hacerlo. -Miró a Dar-. Continuemos... cuanto antes empecemos antes acabaremos. -Colgó el saco de su hombro-. Podemos descansar por el camino... ¿cierto? -inquirió dirigiéndose a Skippy.

La guía sonrió con alivio.

-Cierto... hay bancos y cosas para que descanséis... no es un circuito de resistencia ni nada de eso -les aseguró-. Y hay fuentes de agua.

El grupo se marchó desganadamente. Se acercó al camino, pasando la señal y entrando en la senda delineada por árboles y cubierta de arena y agujas de pino. Un pesado silencio cayó sobre ellos. Comenzaron el camino con José y Steve encabezando la marcha. Dar prefirió quedarse en la parte de atrás. Kerry se quedó cerca de ella como por casualidad, mientras Mark y Duks empezaban a charlar sobre las eliminatorias de fútbol. Mary Lou y Mariana siguieron a José y Steve. Eleanor siguió detrás quejándose ruidosamente y caminando al lado de su ayudante. El viento soplaba ligeramente haciendo volar las hojas contra ellos y silbando alrededor aislando sus conversaciones.

-¿Te estás divirtiendo? -inquirió Dar.

-Mm... en realidad no... ¿no te parece que Mary Rayo de Sol quería librarse de nosotros? -preguntó Kerry mientras ajustaba la tira de su saco de lona a su cintura en lugar de llevarla al hombro-. Así, déjame ponerte el tuyo... así es más fácil de llevar. -Ajustó el de su compañera deslizando sus brazos alrededor de Dar por un momento para conseguir amarrar las correas.

Bueno, estuvo un poco más del tiempo necesario, pero no el suficiente para llamar la atención de los compañeros que andaban quejándose.

-Sí... -dijo Dar mirando alrededor-. Creo que no vamos a obtener un buen informe de su parte... estamos siendo poco cooperativos. -Tomó un poco de aire fresco y sintió cómo se calmaba ligeramente-. Sin embargo, esto es agradable.

-Espera a que lleguemos a los obstáculos. -Kerry se rió entre dientes mientras hacía rodar los ojos-. Hey, sabes, esta noche tuve un sueño raro. -Le sorprendió la súbita y sobresaltada mirada de Dar-. Estábamos montando un caballo... y llevabas vestida una armadura desgastada.

-¿Qué? -Dar empezó a reirse-. Estás de broma.

-No... no, de veras... -Kerry también se rió entre dientes-. No sé... era muy extraño... pero también muy real... podía sentir el olor del caballo... y el del cuero que llevabas vestido... y la armadura era de una especie de latón.

Dar no contestó. Permaneció callada por un momento caminando pensativa.

-Bueno... -dijo finalmente- supongo que será esta atmósfera... yo también tuve un sueño bastante extraño -afirmó volviendo a quedarse callada.

Kerry aguardó durante un largo minuto.

-¿Sobre qué era? ¿Yo salía en él? -preguntó interesada.

-Sí... -respondió la alta mujer-. Estábamos en una colina... en un sitio que no reconocí... encima de algún río... hacía calor y simplemente estábamos allí viendo las nubes pasar. -Hizo una pausa-. Tú estabas durmiendo... con tu cabeza descansando sobre mi pierna. -Se tocó el muslo.

Kerry esperó.

-Y... ¿eso es extraño? -preguntó confundida-. No lo entiendo.

-Tú estabas embarazada -pronunció Dar muy suavemente-. Ésa es la parte extraña. -Siguió caminando unos cuantos pasos antes de darse cuenta de que estaba caminando sola. Se detuvo y miró atrás. Kerry estaba parada de pie en el camino mirándola fijamente-. Eh... sólo era un sueño. -Pero notó un cierto tono de pregunta en su propia voz, y supo que Kerry también lo había notado.

La mujer rubia tomó aliento y entonces continuó caminando. Alcanzó a Dar con un pequeño trote. Continuaron avanzando en silencio durante un pequeño trecho.

-Es extraño -dijo Kerry finalmente-. Quiero decir que... es una especie de susto oír eso... es algo que yo... -Dudó-. Sé que ya no tengo que preocuparme con eso, a menos que yo quiera... hum... ya sabes. -Miró la cara de Dar y notó tensión alrededor de sus ojos-. Hum... tú has... quiero decir, tú quieres...

-No... no... -Dar alzó las manos y las dejó caer-. Los niños y yo... no nos llevamos bien -declaró firmemente, luego dudó-. Quiero decir que... bueno, yo... quiero decir, si tú quisieras... algún día... creo que... mmm... -Se quedó callada mirando a Kerry-. ¿Sabes?

La cara de la mujer rubia se arrugó en una sonrisa desconcertada.

-Creo que sí... pero no está dentro de mis planes por ahora, si es eso lo que te tenía preocupada.

-Yo no estaba preocupada -Dar contestó al instante-. En absoluto. Simplemente estaba diciendo que... hum... es posible acostumbrarse a las cosas, ya sabes a lo que me refiero.

Ahora Kerry sonrió.

-Sé a lo que te refieres -tranquilizó a su jefa-. Pero esa es una extraña imagen para un sueño.

-Bueno, ¿y yo en una armadura? -preguntó Dar alegre por cambiar de asunto-. Quizá sean esos bocadillos que nos dieron... aún no estoy segura de lo que estaban hechos. -La sustancia pastosa tenía un sabor entre pollo y atún de ensalada, mezclado con un poco de tabasco o pimiento. Dar se lo había comido resolviendo que era mejor que su mente no lo examinase demasiado.

-Quizá -concordó Kerry suavemente-. Jesús... no había pensado sobre la posibilidad de quedarme embarazada desde... -Una pausa-. Hace un tiempo.

Una ráfaga de viento sopló levantando el pelo rubio y negro de ambas y fustigándolas en la cara. Dejaron que el grupo ganase distancia delante de ellas y el camino tortuoso las aisló durante un instante. Dar la miró y se encontró con una callada mirada de introspección en la cara de su amante. Debatió consigo misma si insistir con Kerry en el asunto. Finalmente suspiró y se encogió de hombros.

-Tú... hum... -Un encogimiento de hombros-. ¿Quieres hablar de ello?

Kerry observaba pensativa los árboles que pasaban.

-En realidad no hay mucho de qué hablar... es sólo una estupidez de mi parte... cuando fui a casa el año pasado -relató en tono quedo-, me estaban haciendo pasar un mal rato... y me sentía una piojosa... -Una pausa ligera-. Me sentía fea -Kerry se corrigió irónicamente-. Fui a una fiesta con unos viejos amigos de la universidad... me emborraché hasta que no sabía la mitad de lo que estaba haciendo, y acabé en la cama con un tipo que no había visto desde hacía cinco años. -Estudió sus botas mientras recordaba la sensación de hastío que había sentido cuando despertó-. Yo no estaba tomando la píldora, claro... -Resopló suavemente-. Tuve suerte... no pasó nada.

Dar echó una mirada furtiva delante de ellas y pasó un brazo alrededor de los hombros de su compañera acercándola.

-Eso es muy desagradable... siento que tuvieses que pasar por ello -declaró suavemente la mujer de pelo oscuro-. No consigo decirte lo enfadada que me hace sentir.

-¿El que yo hiciera algo tan estúpido? -preguntó Kerry amargamente-. Sí, bueno... yo también estaba bastante enfadada conmigo misma.

-No -Dar la besó en la cabeza-. Que tus padres te hicieran sentir tan mal.

-No les eches la culpa a ellos, Dar... -Su amante sacudió la cabeza-. Ellos no me obligaron a ir a la fiesta, ni a emborracharme ni a meterme en la cama con aquel tipo.

-Lo sé -dijo la ejecutiva con un suspiro-. Pero creo que lo hiciste como reacción al modo en que te estaban haciendo sentir... cuando ese tipo fue hasta ti, te hizo sentir bien, ¿verdad? -Sintió cómo los hombros de Kerry se encogían ligeramente-. ¿Verdad? Apuesto a que era guapo.

Un nublado recuerdo apareció y los orificios nasales de Kerry se dilataron.

-Sí... -admitió irónicamente-. Era parecido a aquel actor de Dune -admitió-. Era muy atractivo... y me dijo que pensaba que yo era atractiva... y yo... -Un largo suspiro-. Supongo que necesitaba oír aquello. -Miró a Dar que todavía estaba caminando con el brazo sobre los hombros de la mujer más pequeña-. Era un buen tipo... me llamó al día siguiente... porque no había usado protección... diciéndome que era un tipo saludable y diciendo... que haría lo correcto si resultaba que estaba... -Tuvo que reírse-. Fue surrealista.

Dar rió suavemente.

-Bueno, nunca tendrás que emborracharme para que te diga lo atractiva que eres, ¿vale? -abrazó a Kerry.

La mujer rubia descansó su cabeza contra el brazo de Dar.

-Me haces sentir tan maravillosa, ¿sabías? -contestó-. Es un placer estar enamorada de ti.

Dar pestañeó muda durante unos cuantos latidos de su corazón.

-Igualmente -consiguió decir débilmente al final.

Un grito proveniente de delante las distrajo.

-Oh demonios -la cara de Dar asumió una mirada de fastidio-. Maldición, tengo que abandonar este sitio...

Kerry dio unos golpecitos en la barriga de su compañera.

-Tenemos que acabar esto todos, ¿recuerdas? Vamos... veamos qué han encontrado. -Se deshizo del agarre de la mujer alta y apresuró el paso subiendo una pequeña raíz y atisbando el camino abajo.

El resto del grupo se encontraba parado al borde de un precipicio en el que el camino se interrumpía por una quiebra de unos cincuenta pies aproximadamente.

Sólo había un puente de cuerda, consistía en una cuerda simple junto a otras dos. Estaba suspendido encima del agua aproximadamente veinte pies proporcionando a quien cayese del puente una caída aparatosa aunque no letal.

El objetivo, obviamente, era conseguir llegar al otro lado. Si caminaban con cuidado parecía que no era difícil de conseguir.

El problema era la pitón de quince pies que estaba enredada en la soga, exponiéndose al sol.

-Oh chico -murmuró Dar surgiendo detrás de ella-. Esto puede ponerse feo.

Continúa en la TERCERA PARTE


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