La oficina estaba prácticamente en silencio, atravesada sólo por el débil rasguñar de
una pluma sobre el papel y el suave y característico murmullo de un ordenador al fondo.
La decoración de la estancia se basaba en un juego de cálidos tonos caoba, con una
pequeña mesa de conferencias rodeada de sillas por uno de los lados, una mesita
discreta sobre la que reposaba una jarra de agua y un conjunto de vasos, y el escritorio
frente a una gran ventana que cubría toda la pared y ofrecía una amplia vista del
horizonte: el océano Atlántico, agitado y de un tono azul verdoso.
Tras el escritorio, una mujer alta y morena ataviada con una falda gris bastante
conservadora, una camisa blanca de seda y las mangas por encima de los codos dejando al
descubierto sus brazos morenos y torneados. El respaldo de la silla oculto bajo la
chaqueta a juego y la morena cabeza apoyada en el puño, mientras la otra mano sostenía
y manejaba afanosamente una elegante pluma. Terminó con uno de los folios y lo dobló,
dejándolo junto al pequeño acuario en el que dos peces siameses nadaban lánguidamente,
dirigiendo ocasionales miradas a la dueña de la mesa.
-Y van doce. Quedan dieciocho. -Dar suspiró rozándose el mentón con el extremo de la
pluma-. Las evaluaciones del personal deberían llevar mucho tiempo hechas.
-Se detuvo un momento y pulsó uno de los botones de su aparatoso teléfono-. ¿Mari?
-¿Sí...? Hola, Dar. Buenas tardes. -La voz de la Directora de Personal surgió
relajada y amistosa al otro lado de la línea.
-¿Me puedes explicar por qué no hay forma de que una de las mayores compañías de IS
del mundo tenga las condenadas evaluaciones de su plantilla en la Intranet?
-preguntó Dar con irritación-. ¿Sabes el tiempo que nos ahorraría?
-Ah, Dar... -Mariana suspiró como si llevara todo el día respondiendo a la
misma pregunta, y de hecho así era-. Si lo hiciésemos así, ¿cómo demostraríamos la
cláusula de la normativa que exige que todos nuestros altos directivos sepan escribir a
mano? -contraatacó-. Y ya que sacas el tema... no deberías quejarte tanto.
Sólo eres directamente responsable de treinta personas. Piensa en José. Él tiene
doscientas.
Dar lo consideró, mordiendo el extremo de la pluma.
-Tienes razón. Ya sólo esa idea me hace sentir mucho mejor. -Se rió entre dientes-.
Debe estar tirándose de los pelos... literalmente.
-No bromees -suspiró Mari-. En realidad, la razón de que no estén preparadas
las evaluaciones es que había ciertas reticencias en Seguridad. Desde la Intranet
cualquiera podría tener acceso.
-Oh. -Se tomó unos segundos para considerar también este nuevo dato-. Entonces...
supongo que no debería mencionar el hecho de que acabo de pasar por la sala de impresoras
y que uno de esos chismes estaba escupiendo las evaluaciones de José a diestro y
siniestro, ¿verdad?
Mari suspiró con disgusto al otro lado del auricular.
-Era como una de nuestras comidas de empresa. -Dar empezó a dirigir muecas al teléfono-.
Todo el mundo mirando de reojo...
-¿Y no hiciste nada? Dar... se supone que eres la responsable de Gerencia ahí.
-La voz de su homóloga de la sección de Personal empezaba a sonar irritada.
-Eh... ¿Cómo iba yo a saber que no se trataba de un incentivo para incrementar las
ventas? -preguntó Dar razonablemente-. Después de todo, yo estoy haciendo las mías a
mano.
-Jesús... Está bien, de todas formas me vendrá bien un café. Ya me paso yo -
resolvió Mariana con un suspiro-. ¿Cómo lo llevas?
-Estoy a la mitad -mintió Dar.
-Ya veo... -La voz de la mujer denotó la más completa de las incredulidades-.
¿Por qué siempre esperáis hasta el último minuto?
-¡¡Porque esto es como un dolor en el culo, Mari!! -respondió Dar exasperadamente-.
¡Dile a Plano que entre en el siglo XXI como todos los demás y suba todo esto de una
maldita vez! ¡Si hicieran las cosas bien no habría problemas de seguridad!
-¿Puedes deletrear eso, Dar? Seguro que les encantaría el fax -respondió
Mariana con voz seria-. De acuerdo... pondré una recomendación, otras más, para que
hagan los informes virtuales.
-Gracias -respondió Dar malhumorada-. Tengo que dejarte. -Colgó el teléfono y retomó
su tarea. Cada una de las evaluaciones constaba de cincuenta categorías con las que
calificar a sus empleados, y también una sección de comentarios en la que por norma
había que poner algo-. Por el amor de Dios... -Suspiró resignadamente recolocando los
folios-. ¿No les bastaría con un papelito que dijera "si no te despido es porque
trabajas bien"? -Dijo esto último dirigiéndose a los peces, que le respondieron
meneando las aletas-. No, supongo que no. -Devolvió su atención a los papeles,
escogió un fruto seco de su taza color azul cobalto y lo mordisqueó.
En ese momento, un golpecito a la entrada le hizo adorar repentinamente las
interrupciones.
-Adelante -dijo en voz alta, viendo asomar a continuación la cabeza de su secretaria
tras la puerta entreabierta-. María... ¿tenemos ya los informes de Marketing?
La mujer, madura y bajita, sacudió la cabeza.
-Nada... y van tres veces que llamo al departamento. -Avanzó sobre el suelo
alfombrado y colocó varias carpetas en el archivo de Dar-. Tres cuentas nuevas.
Kerrisita va a tener una semana ajetreada.
-Sí... -concordó Dar. La simple mención de su ayudante le trajo una inconsciente sonrisa
a la cara-. Depende... -Marcó con velocidad aprendida un número en el teléfono. Sonó dos
veces y a continuación, una voz animada-. Necesito hablar con José -comenzó Dar
secamente.
-Lo siento... en este momento está reunido -fue la respuesta del otro lado.
-Dígale que salga y que se ponga al teléfono o estaré allí en treinta segundos -afirmó
dejando caer el tono de su voz.
Silencio.
-Un momento, por favor.
Dar esperó, mirando el reloj con un gesto exagerado. Por su parte, María se cubrió la
boca para evitar que se le escapase la risa. Veintisiete segundos después alguien
diferente apareció al otro lado del auricular.
-¿Qué diablos quieres, Dar? -gruñó el Vicepresidente de Marketing.
-Necesito los informes -respondió Dar con el mismo talante-. Y francamente no puedo
permitirme perder el tiempo que supondría que mi gente persiguiese a la tuya por todo el
maldito edificio y se los sacase por las malas.
En el silencio, pudo oír la respiración pesada de él. Esperó pasando unos cuantos
comentarios más a la hoja que tenía a medias mientras mordisqueaba otro fruto seco.
-Estoy esperando -dijo con dureza.
-Pues espera un poco más. -La línea se convirtió en música.
Dar tarareó escogiendo una nuez y empujando la taza hacia María.
-¿Quieres?
La secretaria aceptó la oferta escogiendo un pedazo de albaricoque, sonriendo
internamente ante el repentino gusto de su jefa por los aperitivos saludables en lugar
de sus habituales chocolatinas.
-Los tendrás ahí en cinco minutos -afirmó la voz de José en cuanto volvió a
ponerse-. Y deja ya de asustar a mi personal.
-Si hicieran su trabajo no tendría que llamarte, ¿no crees? -replicó Dar suavemente
antes de colgar-. Subnormal -murmuró sacudiendo la cabeza-. Bien... si no tienes esos
informes a tiempo en tu mesa, ven a verme.
-Sí... Dar, ¿has visto al nuevo ayudante del Sr. José? -añadió María bajando la
voz-. No soy de las que van por ahí chismorreando, pero dos personas me han dicho ya
que es un tipo realmente astuto y que los dos están tramando... ¿Cómo se dice? Ir
contra ti.
Dar se inclinó sobre los codos, jugueteó con la pluma que tenía en la mano y la miró.
-Yo he oído lo mismo. -Sus intensos y claros ojos azules miraron a María-. Kerry está
en una reunión con él y con Eleanor ahora mismo. De hecho... fue él quien puso en
cuestión los proyectos de las instalaciones para este año.
-Dios mío -dijo la mujer mayor con el ceño fruncido-. Habrá problemas, ¿verdad?
Ella asintió lentamente.
-El Sr. Fabricini y yo nos conocemos desde hace tiempo -comentó calmadamente la
ejecutiva-. De hecho, éramos amigos. -Y de hecho también, un antiguo compañero de clase
cuya contratación había supuesto una desagradable sorpresa para ellas al regreso de
vacaciones-. Pero aquello se acabó -confesó al fin con franqueza-. Podría ponerse
bastante feo, sí.
María suspiró.
-Eso no es bueno -dijo arrugando la frente una vez más-. ¿Por qué no podrán simplemente
venir, hacer su trabajo e irse a casa... en lugar de estar todo el día buscando
problemas? -Exhaló-. Pobre Kerrisita, sola con esos dos.
Una silenciosa sonrisa asomó al rostro de Dar.
-Ella es fuerte... estará bien, María -afirmó para tranquilizar a su secretaria-.
Escucha, sé que tengo una reunión con el comité ejecutivo después del almuerzo, pero
¿podemos cambiar lo del informe del cliente ese para mañana o sigue planeada para las
cuatro?
-Lo comprobaré. -María se dirigió hacia la puerta-. Y te mantendré al tanto de lo de los
informes.
-Gracias -dijo soltando un suspiro. Volvió a concentrarse por un minuto y luego dejó
caer la pluma y se reclinó en su sillón con ojos pensativos.
Así que era cierto. Hasta Maria estaba enterada. Dar sintió una familiar frustración
creciendo en su interior, accionada por el entristecido comentario de la mujer. ¿Por
qué simplemente no podían aparecer y hacer su trabajo? Su primer encuentro le aclaró
que Steven Fabricini había sido contratado específicamente porque conocía a Dar, y José
esperaba que aquello le proporcionase ciertas ventajas en la sala de reuniones.
No es que no estuviera cualificado, meditó Dar. Incluso bastante más que José, en su
más honesta opinión. Pero también tenía menos escrúpulos que aquel cubano fanfarrón,
era más despiadado y mucho más agresivo si lo tenías como enemigo.
Igual que ella, si quería ver las cosas muy objetivamente, y en tal caso la decisión de
José no había sido mala para sus propósitos.
En cualquier caso, su primer encuentro no había ido bien.
"-Hola Steven. -Dar permaneció quieta tras su escritorio, con las manos sobre el mismo,
cuando él entró.
-Vaya, vaya, vaya... Mira lo que tenemos aquí. Pero si es mi antigua mejor compinche,
Dar Roberts -comenzó Steven avanzando con pavonería, cerrando la puerta tras él y
cruzando la habitación. No había cambiado mucho: alto, de constitución delgada, similar
a la de un corredor de fondo, y pelo tupido y oscuro. Sus ojos pardos no dudaron en
estudiarla mientras se acercaba, con una pulida sonrisa ya en su rostro para cuando le
tendió la mano-. Ha pasado mucho tiempo, ¿verdad?
"No el suficiente", casi respondió Dar mientras aceptaba el gesto con desgana y se lo
devolvía con un poco más de fuerza de lo normal.
-Así es -contestó ella en tono neutral-. Creo que la última vez que te vi fue justo
después de que te expulsaran de la Facultad en el último semestre.
-Mm... sí, y tú disfrutaste maquinando todo aquello, ¿verdad? -El hombre rió entre
dientes-. Pero está bien... sin resentimientos... después de todo, las cosas no ha ido
tan mal, ¿verdad? Aquí estamos los dos -dijo abriendo los brazos-. Mi oficina no es tan
agradable como esta, pero... -se interrumpió, posando los ojos en ella-. Quizá eso
cambie pronto.
Dar se limitó a levantar una ceja, negándose a picar el anzuelo.
-Bueno, te deseo suerte -concluyó ella manteniendo una expresión pétrea.
En ese momento resonaron unos golpecitos de la puerta interior y ella mandó entrar
alzando la voz, girando a medias la cabeza para observar el reloj al tiempo que Kerry
aparecía. La mujer rubia atravesó el haz de luz solar que se vertía por la ventana y se
pasó la mano por el pelo, destacando aún más su ya de por sí agraciada constitución.
-Tengo los informes -dijo ella, dirigiendo a Steven una mirada curiosa y centrando luego
su atención en Dar-. Ese centro de Nueva York va a ser casi imposible de completar...
Nynex tiene proyectados otros sesenta días antes de arrancar los circuitos.
-No es suficiente -dijo Dar concisamente-. Veré qué puedo hacer. -Luego se giró hacia el
lugar que ocupaba un visiblemente interesado Steven-. Kerry, éste es Steven Fabricini,
el nuevo ayudante de José -le presentó-. Kerry Stuart, mi mano derecha.
Kerry casi... casi había sonreído ante aquel comentario. A Dar no le había pasado
desapercibido cierto brillo en los ojos de la mujer al tenderle cortésmente la mano a
su visitante.
-Un placer.
-Lo mismo digo. Sin duda. -Habló dejando caer cada palabra y dedicándole una encantadora
sonrisa-. Trabajaremos muy bien juntos, estoy seguro.
Kerry se limitó a hacer una inclinación de cabeza, después se giró y se deslizó fuera de
la habitación dejándolos solos otra vez.
-Vaya, vaya... Dar, vieja amiga... ciertamente tu gusto ha mejorado -rió Steven-. Es una
preciosidad.
Ella consiguió frenar la rabia que pugnaba por salir de su interior, aunque casi
demasiado tarde.
-Steven, esto es una compañía EEDC, y nos lo tomamos muy en serio. Deberías guardarte
ese tipo de comentarios para ti, porque no creo que le interesen a nadie más.
-Oh, vamos Dar. -Se levantó con aquella obscena sonrisa aún pintada en la cara-. Tienes
ciegos a todos los de aquí con esa actitud de "bésame el culo"... pero yo no voy a caer
en la trampa. -La apuntó con el dedo-. Te conozco... y así es como te voy a hundir.
Dar lo miró fríamente.
-Steven, ya no soy la persona que conociste. Ten cuidado y no prometas cosas que luego
no puedas cumplir.
El rió y se marchó por donde había venido."
Desde entonces se habían lanzado unas cuantas puñaladas, culminando en un desafío
formal, un par de días antes, en lo referente a las negociaciones adicionales al
proyecto que habían estructurado antes del final del último año. Ella sabía que Steven
buscaba lucirse ante José, y aquello le suponía una oportunidad para atacarla. Por eso
revisó la información y envió a Kerry a la reunión en su lugar.
Se preguntaba cómo le iría.
*****
La sala de reuniones era pequeña, sólo una mesa ovalada con seis sillas y una pizarra
blanca detrás de una cortina beige. En aquel momento, cuatro personas estaban sentadas
a la mesa. Tres de ellas mirando fijamente a la cuarta: una mujer de mediana estatura,
pelo rubio y claros ojos verdes. Llevaba una sencilla falda azul oscuro y un jersey de
lana a juego que contrastaba con los trajes de ejecutivo y las resplandeciente falda y
chaqueta rojas de sus acompañantes.
-Lo siento... creo que no he entendido bien la pregunta -especificó Kerry haciendo
girar el bolígrafo entre sus dedos y observando pacientemente el otro lado de la mesa.
José, Eleanor y Steven completaban el círculo, y Kerry tenía la desagradable sensación
de ser un conejo encerrado en una jaula... con tres serpientes hambrientas.
"Afortunadamente", pensó para sí, "los conejos tienen uñas y dientes para usarlos cuando
es necesario".
-¿Qué tienen que ver media docena de directivas que ni siquiera fueron aprobadas con los
proyectos del año pasado?
Obviamente Steven Fabricini se había enfadado por el hecho de que Dar la enviara a ella
en su lugar, reparó Kerry, pero comprendía por qué lo había hecho... Ella tenía las
respuestas a sus preguntas, y además aquella vuelta de tuerca impedía que la reunión se
convirtiese en un debate en el que Dar se vería forzada a estar a la defensiva, atacada
sin tregua por los tres responsables de Ventas y Comercio.
En aquel momento, Steven se levantó y fue hacia la pizarra blanca.
-Bien, tal y como yo lo veo... si pretendemos tener semejante potencial, los de
Financiación están obligados a ponernos banda ancha para que podamos cerrar acuerdos -
dijo abriendo los brazos-. ¿Qué necesitas entender?
Kerry inclinó la cabeza.
-Eso es como decir que vas a comprar seis hamburguesas del McDonalds por si te entra
hambre alguna vez en tu vida -replicó ella-. La petición del cambio de banda está basado
en una fórmula que relaciona el rendimiento de vuestro departamento en los últimos años...
Si queréis que eso cambie, tendréis que conseguir más contratos, porque nadie va a
proporcionaros circuitos más complejos sólo con la remota posibilidad de un "supuesto"
liderazgo. -Consultó la información que Dar había impreso para ella-. De acuerdo con
las proyecciones de los últimos cinco años, la infraestructura está aumentando la
adquisición de circuitos basados en nuevas cuentas en un diez por ciento proporcional.
-Levantó la mirada-. ¿Pretendes decirme que conseguiríais más cuentas de lo que está
aquí escrito?
-¡No tenemos ni idea! -exclamó José alzando las manos-. Pero no podemos negociar sin la
banda que nos permita atender sus demandas inmediatamente.
-¿No lo ves, Kerry? -añadió Eleanor suavemente, sonriéndole-. No tenemos un chip
regateador.
-Ah -dijo Kerry cruzando las manos sobre los papeles-. Bien... entonces, ¿qué pasa si no
añadimos esas cuentas y acabamos el año con un balance negativo que, digamos, tenemos
que compensar?
-¿Lo ves? Ese es tu problema, cielo... No puedes pensar así... Tienes que ser más
positiva -le dijo Steven apuntándola con el marcador-. Tu conservadurismo te ciega... y
eso destruye tu potencial para avistar nuevos negocios.
Kerry apoyó la barbilla en una mano.
-No... simplemente estamos siguiendo los principios preestablecidos para nuevos negocios,
y asentados por la corporación en Plano. Si tenéis alguna cuestión que debatir acerca
de esa estructuración, id con ella a Les Roesenthal, ya que el modelo es suyo. -Jugaba
sus cartas con la mayor elegancia-. Y esas cinco cuentas que echáis a suertes en este
resultado no se adhieren a ese modelo... De hecho, dos de ellas muestran un
significativo potencial de nuestra cantidad desperdiciado en la dimensión total
considerada, a pesar de los beneficios que obtendríais por la firma. -Su voz era gentil y
casi encantadora-. Pero, como podéis ver, realmente no estoy convencida de que debamos
ir a Infraestructuras con esto y pedirles que aceleren su programa. -Se levantó-. Y
ahora si me perdonáis, tengo un almuerzo en mi agenda al que debo llegar en veinte
minutos.
José agarró sus papeles y salió con aire enfurecido. Eleanor le siguió, dejando a
Steven y a Kerry solos en la sala.
-Eres bastante audaz -dijo el acercándose.
Unos ojos verde mar lo miraron fijamente.
-Gracias. -Recogió sus papeles-. Si me disculpas...
-Ey... ey... espera. -Steven rodeó la mesa y se reclinó sobre el borde-. No voy a
morderte. -Sonrió-. A menos que quieras, claro. -Golpeó los papeles con la punta del
dedo-. No hace falta que te muestres tan hostil... estamos en el mismo bando, ¿recuerdas?
-¿Lo estamos? -preguntó Kerry-. ¿Entonces por qué acusas a nuestro departamento de
sabotear deliberadamente el tuyo? -Levantó un e-mail impreso-. ¿O no fuiste tú quien
escribió esto?
-Oh, vamos... -protestó Steven perezosamente-. Es sólo un juego... relájate -dijo
golpeándole el brazo con su rollo de papeles-. Los dos somos nuevos en esto, ¿verdad?
-Más o menos -respondió Kerry, relajándose ligeramente.
-Entonces... podemos hablar... Mira, no estoy aquí para buscar problemas. Sólo quiero
dar lo mejor de mí para empezar rápido con algunas ventas... Se trata de que todos
salgamos beneficiados, ¿recuerdas? -dijo levantando las cejas-. Nos podemos ayudar
mutuamente... las cosas están un poco estancadas... y si trabajamos juntos, tal vez
podamos darles un empujón.
Kerry lo estudió. Era atractivo, él lo sabía, y a ella no le pasó desapercibido el
encanto de su cautivante sonrisa.
-Será un placer ayudarte en lo que pueda -contestó Kerry, manteniendo un cierto grado de
cautela-. Siempre y cuando no suponga comprometer nuestras normas.
Fue ese el momento que él eligió para acercársele, con un movimiento aparentemente
casual.
-Ah... Kerry... ¿crees que te pediría algo semejante? -dijo sonriendo-. Pero tienes un
almuerzo en tu agenda... Tal vez podríamos ir juntos a comer algo en la cafetería y
seguir con la conversación... ¿Qué te parece?
Steven capturó sus ojos y sus labios se contrajeron ligeramente.
-De acuerdo -dijo la mujer con tranquilidad-. Estaría bien. -Volvió a recoger sus
papeles y le obsequió con una sonrisa gentil-. Tengo que irme... llego tarde a la
reunión.
Él, por su parte, le guiñó un ojo.
-Ve, cielo... ya nos veremos.
Sus ojos la siguieron hasta que salió del cuarto y acto seguido su sonrisa de convirtió
en una carcajada leve y gutural.
-Hay más de una manera de arrancarle los colmillos a un gato, Dar... Y tú has cometido
un error. Uno muy grande.
*****
La cafetería estaba completamente abarrotada por los que almorzaban temprano. Personas
que entraban antes de las ocho y ya hacia el mediodía estaban muertos de hambre. Kerry
levantó su bandeja y echó un vistazo a la sala hasta que localizó a María y a unas
cuantas mujeres mayores sentadas de espaldas a una ventana, desde la cual se veía el
océano.
-Hola -las saludó, colocando su comida frente a una silla vacía-. Parece que va a llover.
-Sí -concordó María, mirando las amenazadoras nubes de fuera- ¿Cómo estás,
Kerrisita? ¿Fue bien la reunión?
Kerry asintió y cogió sus cubiertos.
-Más o menos. -Bebió un sorbo de té helado y pinchó con el tenedor un poco de lechuga-.
Hemos acordado que no estamos de acuerdo en nada... ya sabes cómo son estas cosas. -
Dirigió una mirada irónica a la mujer y luego en derredor con indiferencia-. ¿Han vuelto
a secuestrar a la jefa?
Esta vez fue María la que asintió.
-Sí... Una conferencia desde Francia... me pidió que le llevase un sándwich.
Kerry soltó una carcajada y sacudió la cabeza, pero no dijo nada. El resto de los
ocupantes de la mesa hablaban del último episodio de una famosa serie de televisión, así
que se unió a la conversación con su jovialidad habitual.
-Supongo que la luna de miel se acabó. -El comentario, indiferentemente sarcástico, hizo
que Duks levantara la cabeza y mirara con frialdad a quien acababa de hablar.
-¿Perdona?
La Administradora de Finanzas, Selene Advosan, se inclinó más hacia ellas.
-Vamos, Duks... al principio, ella y la princesa de hielo estaban más unidas que un
corcho a una botella de champagne... No las he visto almorzar juntas desde Año Nuevo...
Sólo fue cosa de "la novedad".
El Vicepresidente de Finanzas masticó su sándwich de carne en conserva con aire
pensativo.
-Ni me había dado cuenta. -Se encogió de hombros, luego miró hacia Kerry, quien se
encontraba a sus anchas con sus compañeras de mesa y se reía con ganas por algún
comentario de María-. Puede que sólo estén ocupadas... De todas formas, Dar nunca baja
aquí a comer... y parece que se llevan bien.
-Sí... pero aun así creo que está pasando algo interesante -opinó Selene con un suspiro-.
Debí haberlo imaginado... Dar está fuera de la competición.
-Mmm... -Para entonces, Duks dejó de prestarle atención al tema y se concentró en su
almuerzo.
Al terminar, Kerry llevó su bandeja fuera y se unió a María justo en el momento en que
la secretaria estaba pidiendo un sándwich para su jefa, estudiando las posibles opciones
y mirando de un lado a otro del mostrador.
-¿Tú qué opinas? ¿Ensalada de pollo? -preguntó frunciendo el ceño.
-Paté de atún con pan de pasas -Murmuró Kerry-. Y patatas fritas.
-Puaj... -María se estremeció dirigiéndole una mirada realmente aterrada. La joven
simplemente se encogió de hombros y sonrió-. Dios mío... En fin... -Pidió el
sándwich y también varias servilletas. Luego agarró la bolsa que le alargaba la cajera y,
con una pequeña carcajada, siguió a Kerry hacia el ascensor de personal, ya ocupado por
varios empleados. En el último instante, el sonido de unos pasos apresurados por el
pasillo y una mano que detuvo las puertas deslizantes dejó paso a Steven Fabricini, que
se sumó a los ocupantes del reducido espacio.
-¡Vaya, hola! -exclamó abriéndose paso entre el cartero y dos auxiliares administrativas
y optando por apoyarse contra la misma pared que Kerry-. ¿Qué tal el almuerzo?
-Bien, gracias -respondió ella con calma-. En realidad la cafetería no es mala... o al
menos, mejor que muchos de los restaurantes de por aquí..
-Ah... -El hombre mantuvo un aire distraído cuando las puertas se abrieron por primera
vez para dejar salir a una de las mujeres-. ¿Vives por la zona?
-En Kendall -dijo Kerry con amabilidad.
-Ey... ¡Yo también! -Steven sonrió-. Mi edificio es bastante normal... pero era eso o
allá arriba, en Miramar. -Luego levantó la mirada mientras salían el cartero y la otras
mujeres-. Parece que vamos al mismo sitio -observó, dándose cuenta de que el botón con
el número quince era el único que quedaba encendido.
-Eso parece... -dijo Kerry mirándolo de arriba abajo-. ¿En qué parte de Kendall vives
exactamente?
-Es muy agradable... con un club y cosas así -respondió él cruzándose de brazos.
-No queda lejos de la mía... Tiene buena pinta. Cuando vamos a patinar siempre bajamos
hasta esa pequeña panadería que hay en la esquina del paseo -comentó la mujer.
-Ey... yo patino mucho -aventuró Steven sonriendo-. Quizás choquemos algún día por allí...
Me gusta ese lugar. -En aquel momento, la puerta se abrió y él realizó un vistoso gesto
hacia el exterior-. Las damas primero...
Kerry siguió a María fuera del ascensor, observando la pose rígida de su espalda y
escondiendo una pequeña sonrisa. Steve las acompañó por el vestíbulo hasta la puerta del
despacho de Dar, donde relucía el distintivo de la ejecutiva. Su vibrante voz podía
adivinarse surgiendo de la habitación a través de la gruesa superficie de madera pulida.
-Ay... ¿Y ahora qué? -exclamó María con un suspiro.
Steven rió entre dientes.
-Dar no necesita un buen motivo para ser dura, cruel y desagradable. -Y dicho esto, pasó
entre las dos mujeres y atravesó la puerta que tenían delante, cerrándola tras él.
Kerry y María por su parte intercambiaron miradas y luego Kerry agarró su portafolios.
-Yo arreglaré esto. -Se detuvo un instante con la mano en el picaporte y tras un leve
empujón, pasó adentro.
-Mike, me importa muy poco lo que te hayan dicho, porque son todo mentiras. -Dar recalcó
sus palabras golpeando la mesa con el lápiz-. No voy a aceptar un plazo de sesenta días
para que arranquen un circuito asqueroso, así que más les vale que puedan ofrecer algo
mejor.
-Mira Dar... llevamos dándole vueltas al tema desde hace dos meses... Y no van a
ceder -respondió la voz del hombre, que surgía del altavoz del teléfono con un tono
visiblemente cansado-. Tienen miles de conexiones que hacer ahí arriba, y un equipo
más viejo que mi madre.
Dar levantó la vista al oír que la puerta se abría y mostró una expresión de profundo
disgusto al contemplar la descarada intrusión de Steven en su espacio personal.
-Dame un momento -dijo al tiempo que pulsaba el botón de llamada en espera-. La gente
llama antes de entrar en este despacho.
Él se limitó a reír entre dientes y dejarse caer pesadamente y sin ningún miramiento en
una silla.
-Esconde las uñas, Dar. No me das ningún miedo.
-¿Qué quieres? Estoy en medio de una conversación -le censuró la mujer morena.
Steven se reclinó hacia atrás, mirando a la puerta cuando ésta se abrió y Kerry se
deslizó al interior, donde segundos antes había estado él.
-¿Así que llaman antes de entrar? -preguntó burlonamente, sonriendo a Dar.
-Ella no tiene por qué. Trabaja aquí -replicó Dar-. Tienes diez segundos. Habla o
lárgate.
Kerry atravesó tranquilamente la alfombra y depositó la bolsa en la mesa de Dar.
-El almuerzo -murmuró, dirigiéndose luego hacia la puerta interior, que daba al pasillo,
que a su vez daba a su propio despacho.
-Gracias -dijo Dar con voz tirante y dirigiéndole una breve mirada-. Espera un segundo...
tengo algunos contratos para ti. -A continuación, volvió a concentrarse en su
inoportuno huésped-. ¿Y bien?
-Quiero un grupo de trabajo. -Se inclinó hacia delante bruscamente-. Y quiero a dos
miembros de tu personal. Así podré hacerme una idea de qué demonios estás tramando aquí
y echarlo abajo -puntualizó, con una sinceridad pasmosa, a la vez que temeraria-. La
quiero a ella y a cualquier otro que quieras asignarme, durante dos meses a partir de
mañana.
Cayó el silencio. Dar apoyó las manos sobre la mesa y le miró directamente a los ojos.
-¿Eso quieres? -le preguntó suavemente.
-Sí, eso quiero -reafirmó sonriendo.
Lo siguiente fue una estilizada y poderosa indicación hacia la puerta.
-Pues lo que yo quiero es que salgas ahora mismo de mi despacho -dijo la ejecutiva
terminantemente-. No tengo ni tiempo ni personal para dedicarte en tu estúpido
jueguecito de caza. Si quieres entretenerte rebuscando en los archivos como una rata,
habla con Mariana.
-¿Te asusta lo que pueda descubrir, Dar? -dijo él cruzando las piernas y sonriéndole al
tiempo que miraba de reojo a Kerry, que esperaba pacientemente a un lado-. No vas a
poder mantenerlo en secreto eternamente.
Dar se limitó a mirarlo fijamente.
-Como quieras. -Se levantó alisándose las perneras del pantalón-. Tendré que solicitarlo
a la vieja usanza... Conseguiré lo que quiero, y todos lo sabrán. Lo siento, Dar... Es
algo que te tengo guardado. Por los viejos tiempos. -Le guiñó un ojo a Kerry cuando
salía y dio un portazo a modo de despedida.
El silencio volvió a inundar la habitación, hasta el momento en que Kerry se aclaró la
garganta con un leve carraspeo.
-¿Sabes lo que quiero yo?
Dar levantó una ceja.
La mujer rubia se acercó y se apoyó en el borde del escritorio.
-Una ducha -dijo, señalando al otro lado de la habitación-. Justo en esa esquina. Así
podré ir y lavarme cada vez que tenga que hablar con ese rastrero montón de estiércol.
-Y formó una mueca improvisada-. ¡Me hace sentir tan pegajosa! -dijo estremeciéndose-.
¡Ugh! ¡Dar! ¡Puaj!
Aquello provocó una cansada risa en la otra mujer, que agitó la cabeza y lanzó un
suspiro.
-Es todo un personaje, te lo puedo asegurar. -Pulsó el botón del teléfono una vez más-.
Mike, ¿sigues ahí?
-Sí... -respondió una voz apagada-. Estaba empezando a comer.
-De acuerdo... dame el nombre de algún mandamás de ese equipo y veré si puedo acelerar
un poco las cosas. -Dar dejó caer la cabeza sobre una mano-. Sesenta días... Mi perro
tardaría menos en arrancar esa maldita red.
-Y seguro que lo haría bastante mejor que ellos -concordó la voz-. Te mandaré
un e-mail con algunos nombres... Gracias Dar.
-Sí, sí... -suspiró Dar tan pronto como hubo cortado la llamada, y se giró para
encararse con Kerry-. ¡Ey!
Ésta levantó la cabeza y sonrió.
-Ey... -Señaló la bolsa-. Atún con pan de pasas... Y será mejor que te comas las patatas
antes de que se filtren a través de la bolsa.
La expresión de Dar se ablandó y agarró la mano de Kerry apretándosela cariñosamente.
-Gracias... ¿Cómo fue la reunión? Has debido estar impresionante para que este memo te
haya mencionado.
Kerry le dirigió una mirada de incredulidad.
-Me parece que lo único que quiere es acabar contigo a toda costa... Pasó de ser
condescendiente y agresivo a acosarme de una forma realmente descarada -dijo haciendo
una mueca-. Quiere que almorcemos juntos mañana. -Observó cómo la ceja derecha de Dar se
alzaba en un gesto de expectación y sospecha-. Aquí... en la cafetería -añadió
compensándola con un guiño cariñoso. Aun así, el gesto no desapareció del rostro de la
ejecutiva-. Oooh... ¿Son celos eso que siento crecer en tu cabeza?
-Hmfh -rezongó Dar suavemente-. No... no es eso... Puedes ir a almorzar con quien quieras,
Kerry... No estoy... em...
Una mano cubrió su mejilla inesperadamente.
-Me siento halagada -susurró Kerry.
Dar cayó en silencio. Luego carraspeó un poco.
-Tengo un lado posesivo bastante desarrollado -admitió con cierta vergüenza-. Pero ten
cuidado, ¿vale? Ese tipo es muy astuto.
La mujer rubia se acercó un poco más.
-No tanto como tú -murmuró-, a pesar de lo que él crea. De todas formas, ¿qué problema
tiene contigo?
Dar suspiró.
-Fuimos juntos a la universidad... Éramos buenos amigos, aunque nunca tuvimos mucho en
común... Estábamos juntos en artes marciales, salíamos con gente del mismo grupo... Todo
empezó cuando le gané en los nacionales aquel año.
-Ah... -Kerry levantó una mano-. Déjame adivinar, ¿tenía un don natural para el kárate?
-No -replicó Dar de forma tajante-. En realidad no era demasiado bueno, y tal vez ese
fue el problema... Nunca habría conseguido pasar las rondas preliminares, y fui yo quien
lo mando al banquillo de los perdedores... por pura casualidad. -Volvió a suspirar
conforme los recuerdos acudían a su mente-. Según él, yo debía haberle dejado ganar...
porque en aquel momento estaba tratando de impresionar a una de las chicas del equipo
contrario que le gustaba desde hacía años. Ese fue el detonante.
-No tiene sentido... ¿por qué tenías que sacrificarte por él? -preguntó Kerry-. No te
imagino haciendo semejante cosa, ni en esa situación ni en ninguna otra.
Los claros ojos azules de Dar pestañearon unas cuantas veces antes de que ésta contestara.
-Es complicado... Él pensaba que le debía ese favor. Pero no era así, no lo hice y él
quedó expulsado del torneo de kárate después de aquello. -Se detuvo de nuevo, tratando
de ordenar sus pensamientos-. Estaba en la especialidad de Diseño de Sistemas...
casualmente la misma que estaba haciendo yo, cuando descubrí que había robado la idea
del diseño matriz de su profesor.
-Oh... -Kerry hizo una mueca de disgusto.
-Sí... bueno, yo era una moralista empedernida por aquel entonces, así que me faltó
tiempo para ir a contarlo al Departamento. El caso es que le expulsaron de la Universidad.
-Dar suspiró una vez más-. Nuestro último encuentro no fue lo que se dice agradable...
Me dijo que se las pagaría algún día, y por eso está aquí.
-Jesús... Debería olvidarlo y seguir con su vida... ¿Cuánto hace de eso? ¿Diez años? Qué
pérdida de tiempo... -Kerry cruzó los brazos sobre el pecho-. Me produce escalofríos.
-Mmm... -se reafirmó Dar-. En fin, el caso es que no nos queda otro remedio que lidiar
con él. Si continúa presionándote puedes decirle que no te interesa... o que estás
comprometida con otra persona.
-Ambas excusas son completamente ciertas -sentenció Kerry-. Se te está enfriando el
sándwich -añadió asestándole un leve golpe en el hombro.
La mujer sonrió, abrió la bolsa, sacó la comida y devoró de un bocado la primera patata.
-Mmmmmm... Apuesto a que la expresión de María al ver esto no fue precisamente agradable.
-Dio el primero mordisco al pan antes de continuar-. Ella suele traerme ensalada de
pollo en pan de pita.
Kerry la observó complacida durante un minuto. Después se levantó.
-No, no lo fue... Pero nada comparado con la que puso cuando la vieja víbora de Steve se
puso a flirtear conmigo. -Tocó el hombro de Dar, ésta vez cariñosamente-. Creo que ella
también tiene un lado protector.
-Mmhmm... -Dar asintió, con la boca llena-. Es que piensa que eres una especie de
reencarnación de la Virgen María por conseguir que haya cambiado los frutos secos por
mi habitual surtido de chocolate.
Kerry resopló suavemente.
-Tampoco fue tan difícil... Vamos, cualquiera podría haberlo hecho.
Dar estudió su sándwich durante un momento, antes de darle un bocado.
-Nadie lo había intentado antes -comentó casualmente mientras masticaba a dos carrillos,
disfrutando el agradable sabor del pan tostado-. Hasta mi madre desistió en su momento.
-Ya veo... -Kerry se movió ligeramente a un lado, lo justo para dejar un bombón errante
fuera de la vista de Dar-. Puedo llegar a ser muy cabezota, sin mencionar también mi
pequeño lado posesivo -añadió sonriendo-. ¿Tu madre era de los verdes?
-Vegetariana -le corrigió Dar, limpiándose la boca-. Lo intentó conmigo durante un
tiempo... pero mi padre me dijo que incluso de bebé tiraba fuera del plato los guisantes
y me lanzaba a por la hamburguesa que él se estaba comiendo. Debía sacarla de quicio
con eso... -Se acabó las patatas y metió todos los restos en la bolsa hasta que todo
quedó tal y como estaba al principio-. Gracias... Ahora tengo tiempo de sobra para
repasar este maldito informe antes de la reunión del Comité Ejecutivo... Y tengo que
ver a un nuevo cliente a las cuatro... No creo que esté libre antes de las siete.
Kerry asintió.
-He quedado con algunos de los chicos en el gimnasio para hacer una sesión de escalada
a las seis... ¿Habrás acabado para nuestra clase?
-Oh sí -respondió Dar positivamente-. Estaré lista para entonces... El día se me está
haciendo eterno, y sólo es la hora de comer.
-Tranquila. -Las manos de Kerry encontraron el cuello de su jefa, sintiendo la tensión
de sus hombros. Se situó detrás de la silla y comenzó a obsequiarle con un agradable
masaje, disfrutando a su vez de la tibieza de su piel bajo la fina blusa de seda-.
Estás muy tensa, ¿verdad?
-Mmm... -Dar cerró los ojos y dejó caer la cabeza hacia delante, rindiéndose plácidamente
al contacto de su compañera-. Sí... wow... vaya, es fantástico...
Reconoció entonces la bondad de aquella sensación. No sólo por el masaje y la distensión
que causaba en su cuerpo, sino también la calidez y la preocupación que prácticamente
podía sentir surgiendo a través de Kerry. Aquello hizo que todo lo malo del día hasta
entonces se desvaneciera, y la dejara en un estado mucho más propicio para encarar su
inminente reunión. Por fin, cuando la joven hubo acabado, se irguió y levantó la vista
hacia ella.
-Gracias
Kerry volvió a sonreír.
-De nada... Será mejor que me vaya. ¿Lo de los contratos era verdad o sólo una excusa
para retenerme aquí?
Una leve carcajada.
-No soy tan mala... Ten. -Dar le alargó las carpetas-. Son tres nuevos... y, por si no
te lo había dicho antes, hiciste un gran trabajo con la estructuración de los dos de la
semana pasada. -Y era verdad, ya que los planes de negocio y las cláusulas iniciales se
habían revelado realmente bien consideradas y eficientes-. Recibí una nota de Eleanor
sobre la reunión del New England Power... Al parecer quedó muy impresionada por cómo lo
manejaste.
Kerry irradiaba alegría. Una gran sonrisa cubrió su rostro y sus ojos parecieron
brillar con luz propia mientras asimilaba aquel cumplido.
-Wow... gracias... -De alguna manera, cuando Dar hablaba de negocios con ella conseguía
olvidarse de su relación y simplemente reaccionaba como cualquier otro lo haría para
conseguir el beneplácito de sus superiores. Era una sensación extraña, casi como si Dar
y ella fueran dos personas diferentes: compañeras de trabajo por un lado, y una pareja,
a secas, por otro-. Me alegro de haberlo hecho bien.
En ese momento, el teléfono de Dar rompió el encanto con su sentido de la oportunidad
habitual.
-¿Dar? -resonó la voz de María al otro lado con aire resignado.
-¿Sí? -respondió la ejecutiva, apoyándose en un codo sobre la mesa.
-Personal, línea uno.
-Apuesto a que sé de qué se trata -suspiró Dar-. Gracias... -y pulsó el botón-. Dar
Roberts.
-Eres una fuente constante de problemas, ¿lo sabías? -La voz de Mariana surgió a
medias entre irritada e irónicamente divertida-. ¿Intentas batir el récord de quejas
o qué?
Dar levantó las manos dejándolas caer después pesadamente.
-¿Qué he hecho esta vez?
-Oh... déjame ver... -Se oyó un ruido de papeles, pasados uno tras otro-. Ser
desagradable, obstruccionista, poco cooperativa, en detrimento del progreso del negocio...
-No es cierto, Mari -dijo Kerry por encima de los hombros de su jefa-. Yo estaba aquí.
En realidad se comportó con bastante educación.
Mariana suspiró.
-¿Qué es lo que quería?
-A mí -contestó Kerry-. Que yo y otro miembro del equipo fuésemos asignados a su mando
durante dos meses mientras él... nos ponía directamente de patitas en la calle.
Lo siguiente que oyeron una leve y fluida maldición.
-Y tú te negaste, ¿no es eso?
-Le dije que no tengo tiempo ni empleados para dedicarle en su estúpido juego... y que
si lo que quería eran perros a los que poner a escarbar en la basura, te los pidiese a
ti -replicó Dar-. No voy a ceder a mi gente, y mucho menos a mi valiosa y eficiente
ayudante, a ese montón de m...
-Ya me hago una idea -le interrumpió justo a tiempo la Vicepresidenta de Personal-.
En fin... le ha mandado una copia de la queja a Les, junto a un montón de estadísticas...
El asunto no me gusta, Dar... Te guardaré una copia.
Dar tamborileó con los dedos en la mesa.
-¿Le envió algo a José?
Un momento de silencio.
-Em... ahora que lo dices, no -respondió Mariana.
Dar sonrió.
-De acuerdo... gracias. Ya me las veré con Les si se decide a meter las narices. -Atrajo
hacia sí una de las carpetas que abarrotaban su escritorio-. ¿Te veré en la sala de
conferencias?
-Cuenta con ello -afirmó Mariana, colgando el teléfono.
-Parece que va en serio, Dar -expuso Kerry, frunciendo el ceño en señal de preocupación-.
¿No sería más fácil darle simplemente lo que quiere? Quiero decir... de todas formas no
va a encontrar nada, por mucho que investigue nuestro departamento.
Los pálidos ojos azules de la ejecutiva recorrieron la habitación antes de volver a
caer sobre el rostro de Kerry con significativa intensidad.
-Sí, eso sería lo más fácil -convino con sequedad-. Pero no pienso hacerlo. -La
ferocidad de su voz sorprendió a Kerry-. ¿Quiere pelea? Pues la va a tener.
*****
Dar miró el reloj al tiempo que entraba en su despacho. La reunión con el cliente se
había alargado casi una hora más de lo previsto, pero había acabado en un punto bastante
alentador, por lo que no consideró aquello como tiempo perdido. Faltaban pocos minutos
para las siete, pensó, y sacó su teléfono móvil al tiempo que presionaba las teclas de
memoria. Tres toques... cuatro... y el agudo sonido de la línea dejó paso a una voz
infinitamente más agradable al oído, aunque con la respiración entrecortada.
-Hey....
-Oh... -Kerry se detuvo para coger aire-. Hey... ¿qué tal?
-¿Dónde estás? -quiso saber Dar al sentir en su oído la agitada respiración de su
ayudante.
-Más o menos a la mitad del muro, colgando de una mano -respondió la mujer rubia-.
Oye... sabes que adoro hablar contigo, pero podrías...
-Lo siento -se disculpó Dar-. Acabo de llegar de la reunión... Estaré ahí en unos diez
minutos.
-Vale... se lo diré a los demás -respondió Kerry-. Ooooop... espera... vale.
-Suspiró-. Así está mejor... Me has pillado como quien dice cabeza abajo y tratando
de subir a pulso... Vaya, que casi me disloco el brazo.
La ejecutiva rió entre dientes suavemente.
-Vale... Bueno, vuelve a poner las dos manos en esos agarres, ¿de acuerdo? Te veo en un
momento. -Esperaba con ansiedad aquella clase, así como pasar algo de tiempo con Ken-.
Y ten cuidado.
-Vale... nos vemos... -Kerry colgó el teléfono y busco la manera de devolverlo a
la parte trasera de sus pantalones cortos-. En momentos como este me alegro de haber
comprado el modelo pequeño -comentó al muro irregular que se alzaba frente a ella-.
Bueno, hora de bajar.
Deshizo lentamente la ruta que había seguido en la subida, yendo de agarre en agarre
hasta que estuvo a la suficiente distancia del suelo como para dejarse caer sin peligro.
Sintió las hasta entonces invisibles huellas del esfuerzo en las caderas y los hombros,
los estiró con cuidado y se recostó contra el muro para recuperar la respiración.
-Whoo... -Agitó y flexionó las manos para recuperar el dominio total de los músculos y
seguidamente salió de la sala de escalada para echar un vistazo a la multitud que
llenaba el gimnasio-. Ah -exclamó localizando a Ken de pie junto a su pequeña oficina y
encaminándose hacia él.
Él levantó la vista al verla y le obsequió con una radiante sonrisa.
-Hola.
-Hola, Ken... -La mujer se secó la frente con la toalla que llevaba enganchada al
cinturón-. Dar viene para acá... Al parecer la reunión se alargó más de lo que esperaba.
Ken se frotó el cuello.
-Aún estoy dolorido de la última noche -comentó avergonzadamente. Dar le había
sorprendido con una patada lateral directa a la mandíbula que hizo que su cabeza
saliera disparada hacia un lado con más brusquedad de la recomendable-. ¿No podríamos
ir simplemente a tomar un café o algo así?
Kerry rió suavemente.
-Disfruta mucho de vuestras sesiones... pero no creo que le importe si se lo pides.
-Levantó la vista cuando Colleen entró en escena, ya ataviada con su habitual equipo de
entrenamiento-. Eh, Col... dame unos minutos. Dar está a punto de llegar.
La pelirroja sonrió.
-Bien... Pensaba que llegaba tarde... Dos de los cajeros han tenido problemas y nos
hemos pasado una hora tratando de ver qué pasaba. -A continuación tiró de los pantalones
cortos de Kerry-. Vamos a beber algo mientras.
-Sí... aún tengo que ir a por mi equipo -informó Kerry-. ¿Tú quieres algo, Ken?
-No... -El agente del gimnasio negó con la cabeza- Id vosotras... Tengo que darme una
vuelta por aquí -afirmó señalando a un pequeño grupo de mujeres con aire desorientado-.
Nuevos miembros.
Kerry asintió y echó a andar detrás de Colleen hacia la barra donde servían los zumos.
-Pídeme uno de fresa y plátano, ¿quieres? Voy a cambiarme. -Dirigió sus pasos hacia los
vestuarios, saludando con la mano a tres sudorosas mujeres que pasaban por allí-. Hola
chicas...
-Hola Kerry -dijo la que estaba más cerca, una especialista en programación que
trabajaba en el departamento de Mark-. ¿Y la jefa?
-Viene de camino. -La mujer rubia sonrió alcanzando el cuarto forrado de taquillas, que
resonaba reproduciendo el siseo de las duchas y los chasquidos de las cerraduras contra
las puertas de metal. Abrió la suya y sacó sus pantalones de algodón, un top y un
cinturón, todos ellos del mismo tono de blanco. A continuación se deshizo de las mallas
cortas y la camiseta que había usado en la escalada, junto con las rodilleras,
eficientes a la hora de evitar que se dejara las rodillas destrozadas contra la áspera
estructura de hormigón.
Casualmente dirigió su mirada hacia la derecha y se encontró mirándose a sí misma en el
espejo, deteniéndose un momento para evaluar el reflejo. Giró sobre sí misma a derecha
e izquierda para apreciar la firme curvatura de su cadera, cuyos músculos lucía ahora
bastante más pronunciados de un tiempo a esta parte. Deslizó una mano sobre su cintura,
descubriendo con satisfacción que la formas de sus abdominales empezaba ya a adivinarse
bajo la piel que los cubría.
-Hmmm... -Alzó una ceja ante sí, contemplando ahora el movimiento de los músculos de su
hombro acompasados con su brazo. La verdad es que le había llevado un tiempo conseguirlo...
Estaba demasiado acostumbrada a su propia idea de sí misma, y aquel cambio no le había
hecho sentir precisamente cómoda al principio.
"De acuerdo", pensó suspirando mientras se enfundaba en los pantalones de algodón.
"Muy incómoda". Su mente regresó a los tiempos en que se veía condicionada por las
ideas de su madre acerca de lo que una mujer podía y no podía ser. Y desde luego, no
debían parecer atletas de lucha libre. Delgadas... elegantes... serias... Eso sí.
En fin...
Y la verdad es que había un montón de personas en el gimnasio que encajaban
perfectamente con las ideas de su madre, limitándose estrictamente a los ejercicios de
aeróbic y a las saunas hasta dejar su cuerpo como el de un galgo y huyendo de las
máquinas y la musculación como de la peste.
Dar se había empleado a fondo en demostrarle que había otro modo de ver las cosas. La
mujer consideraba que el desarrollo de la fuerza era una parte muy importante en el
cuidado de la salud, se mostraba orgullosa de cada músculo que formaba y torneaba su
cuerpo y explicó a Kerry con un toque de timidez que ella lo prefería así, puesto que
éstos se encargaban de consumir una buena parte de los excesos de alimentación que
cometía más que de vez en cuando.
Todo aquello sonó tan lógico a Kerry que decidió que, si iba a compartir su vida con
Dar, lo mejor era hacer un esfuerzo para que la rutina de comidas de la ejecutiva no
acabaran con ella. Descubrió que le gustaba el ejercicio a medida que iba desarrollando
su capacidad física, y le complació darse cuenta de que había disfrutado del rato que
había pasado escalando tanto como lo haría con el medio kilo de fresas y la taza de
espeso y oscuro chocolate que esperaba en casa. Como si hubiese oído sus pensamientos,
su estómago eligió aquel momento para rugir con fuerza.
La mujer sacudió la cabeza y, con una sonrisa, cerró con llave la puerta de la taquilla
y se dirigió a la salida ajustándose el cinturón.
-Te lo has tomado con calma... -dijo Colleen empujando amablemente el vaso de zumo
hacia ella-. Bueno, ¿qué tal tu semana?
Kerry suspiró.
-Personalmente, fantástica. Profesionalmente también, excepto por el tipo nuevo del que
te hablé... No ha parado de dar problemas. -Bebió un largo sorbo de la espumosa bebida
de fruta, disfrutando de su ligero sabor amargo-. Quiere hundir a Dar.
Colleen echó también un gran trago y jugueteó con la servilleta.
-Vaya... Ten cuidado con eso, cariño... No te quedes atrapada en la línea de fuego -le
aconsejó-. Dar es perfectamente capaz de cuidarse sola.
-Me temo que ya estoy en medio -dijo la mujer rubia con un cierto aire pesaroso-. El
asunto apesta... pero sabremos manejarlo. -Sus ojos fueron hacia la puerta justo en el
momento en que ésta se abría dejando paso a una silueta familiar. Dar aún llevaba su
traje de negocios, pero traía la bolsa de deporte colgada del hombro, y la recolocó
contra su espalda al tiempo que sus ojos recorrían el interior del gimnasio.
Le llevó menos de cinco segundos, según las cuentas de Kerry. Solían jugar a ese juego
con regularidad: ver el tiempo que tardaban en localizarse en medio de una habitación
atestada de gente. Para cuando el número cuatro se dibujó en su mente, unos ojos azules
encontraron los suyos, y los labios de Dar formaron la más sincera de las sonrisas. A
continuación, echó a andar hacia donde ellas estaban, esquivando graciosamente un par
de cintas de carrera apuntaladas en medio del área de máquinas.
-Hey -dijo Kerry ofreciéndole un trago de su bebida-. ¿Cómo te ha ido?
Dar se encogió de hombros.
-Igual que siempre. -Aceptó el vaso y tomó un sorbo-. Hola, Colleen.
La pelirroja sonrió.
-Hola, Dar... ¿Podemos trabajar en series de puñetazos hoy?
-Claro -respondió Dar devolviendo el vaso a su dueña-. Voy a cambiarme... os veo en el
tatami. -Acto seguido, se dirigió a los vestuarios, hacia la taquilla contigua a la de
Kerry, y la abrió. Dejó su bolsa dentro y se cambió rápidamente, deleitándose en la
sensación de aquel incómodo traje, la camisa, las medias y los zapatos abandonando su
cuerpo y siendo sustituidos por unos pantalones de algodón y unas zapatillas de corte
flexible.
Colgó la ropa de trabajo y se acomodó la camiseta larga antes de sacar un cinturón
negro de la bolsa, darle un par de vueltas y ceñirse la cintura con él. Llevarlo, al
principio, había resultado extraño. Estaba acostumbrada a trabajar con el entrenador de
la isla en pantalón de chándal y camiseta corta, pero cuando empezó a dar ella las
clases, Ken le aseguró que sus alumnos se sentirían menos impresionados si de hecho se
vestía con su propia ropa. Así, se encontró rebuscando en los viejos baúles que contenían
todos sus artículos personales hasta dar con aquella indumentaria. De hecho, le
sorprendió de que aún le valiese. Y de hecho también había tenido sus dudas sobre si ir
vestida así, pero se disiparon como la niebla tan pronto como Kerry dijo que le gustaba
su aspecto.
Está bien, está bien... En realidad sus palabras exactas fueron que estaba muy atractiva,
y desde aquel momento ni se había planteado vestir de otro modo.
-¿Egocéntrico? -se preguntó a sí misma un poco avergonzada-. Bueno... tal vez un poco.
-Cerró la taquilla y salió del vestuario.
Todos la estaban esperando: un grupo de diez, contando a Kerry y a Colleen. Dar les
dirigió durante el calentamiento habitual, aprovechando para desperezar sus propios
músculos. Siguió desarrollando unos cuantos conceptos que sólo habían tenido tiempo de
ver por encima la semana anterior y de ahí enlazó con la lección específica del día.
Como de costumbre, Kerry la observaba con aire de profunda concentración, el ceño
fruncido y la lengua asomando apenas entre los dientes y los labios mientras repetía el
ejercicio. Al principio con cierta indecisión, y después con creciente confianza.
-Genial -la elogió Dar-. Vale... ahora tú y Colleen, una contra otra. -El resto de la
clase observó mientras la rubia y la pelirroja se tanteaban manteniendo la distancia, y
Kerry se adelantó agarrando el brazo de Colleen y la mandó por los aires, dejándola
caer a plomo y sentada en el suelo con aire aturdido-. Eso es.
-Ugh. -Colleen miró de soslayo a su amiga-. Si sigues así tendré que estar sentándome
sobre almohadones el resto de la semana.
Kerry sonrió y le ofreció una mano.
Dar no esperaba disfrutar enseñando. Se ofreció voluntaria en un impulso inconsciente y
más tarde casi se había arrepentido de ello, pero con el paso de las semanas se
encontró a sí misma esperando impacientemente el momento de dar su pequeña clase.
-Vale... Muy bien. -Asintió con la cabeza, y dos de los hombres del grupo se
dispusieron a enfrentarse a modo de demostración-. De acuerdo... esa patada un poco más
alta... tienes que impactar justo sobre la rodilla. -Se acercó y tocó al hombre en el
muslo-. Aquí.
La clase terminó sin problemas y Dar se reclinó contra la pared, observando cómo Ken se
acercaba lentamente con una mirada de disculpa en su rostro.
-Buenas noches, Ken -le saludó-. ¿Cómo tienes el cuello? -En realidad, no había
pretendido golpear al pobre chico de aquella manera... Sólo intentaba probar un
movimiento que se le resistía de un tiempo a esa parte, no esperaba que le saliese... Y
le salió, lo cual sorprendió a ambos. Mejor dicho, ella se sorprendió. Ken para ese
momento estaba demasiado ocupado contando estrellas con la espalda pegada a la lona.
-Duele como un demonio... -admitió-. Creo que voy a tomarme la noche libre.
Dar se mordió el labio.
-Lo siento -le dijo sinceramente.
-Bah, olvídalo. -Chasqueó la lengua para restarle importancia al tema y alzó la mirada
hacia ella-. Oye, Dar... ¿has pensado alguna vez en volver a competir?
La pregunta le pilló desprevenida.
-No, yo... -empezó, dudando por un momento qué decir-. No... Vamos, Ken... Han pasado
diez años. Ya no estoy para esos trotes.
El hombre agitó negativamente la cabeza.
-Siento no estar de acuerdo... Quiero decir que no sé si te interesará, pero me pasé
por la competición el fin de semana pasado y tengo que decirte que, sinceramente...
Dar, habrías salido de allí con el trofeo en la mano. -Se metió las manos en los
bolsillos, encogiéndose de hombros-. Sé que es sólo a nivel local, pero podrías volver
si quisieras. Controlas todos los movimientos. Sólo te supondría un poco más de
preparación física.
Su primer impulso fue decir que no. Definitivamente no. Su vida ya era complicada de
por sí, no tenía tiempo para planteárselo en serio... o al menos no para aportar toda
la dedicación que requería algo así.
Pero....
Una seductora sensación, que ella creía enterrada y olvidada desde hacía tiempo, empezó
a abrirse paso de nuevo en su interior, recordándole lo mucho que se había divertido en
sus días de competición. Lo mucho que había disfrutado ganando. Quizás el haber visto
de nuevo a Steven había hecho vibrar aquella parte de sí misma atrayéndola a la
superficie, pensó abstrayéndose por un momento. Después, sus ojos se clavaron en el
expectante rostro de Ken.
-Lo pensaré -le dijo con serenidad-. No sé... La verdad es que no me lo había planteado
hasta ahora.
Él se limitó a sonreír.
-De acuerdo, piénsatelo... -le dijo golpeándole suavemente en el brazo-. Hablaremos en
un par de días.
Dar cruzó el ajetreado gimnasio, con expresión pensativa.
*****
Kerry se relajó en el suave asiento de cuero y respiró profundamente.
-Dios, me muero de hambre... Suerte que metí aquel bol de pollo satay en el frigorífico
antes de salir de casa.
-Mmm... eso suena bien -afirmó Dar con la vista fija al frente.
La joven giró la cabeza hacia ella, estudiando su perfil.
-Estás muy callada esta noche -dijo después de un momento de silencio-. ¿Va todo bien?
¿Aún sigues dándole vueltas a lo del señor bola de estiércol?
Sus claros ojos azules abandonaron la carretera y se dirigieron a ella por un momento.
-No se merece ni que me preocupe por él -declaró, aun sabiendo que era mentira-. Me las
arreglé para tocarle un poco las narices a José... Le di una copia de ese e-mail. -Rió
entre dientes con suavidad-. Nunca le había visto llegar a semejante tono de rojo en
tan poco tiempo... Aunque he de admitir que suelo tener ese efecto sobre él.
Kerry se estiró reclinándose sobre el reposa-brazos.
-¿Qué es lo que espera conseguir, Dar? Me refiero a Fabricini.
-¿Su objetivo? -Dar giró hacia la terminal del ferry y metió el coche en la embarcación
que acababa de atracar. Aparcó, y bajó las ventanillas antes de apagar el motor. El
gélido aire de enero recorrió el interior del automóvil, impregnándolo con el olor
salado del mar y se recostó, con una rodilla sobre el volante-. El puesto de José y mi
cabeza -afirmó-. Y si consigue probar que perdimos dinero por algo que yo haya hecho
tendrá una buena oportunidad de conseguir ambas cosas.
Kerry pestañeó.
-Pero... ¿cómo va a hacerlo? Tú sabes que no ha pasado nada de eso.
Dar desvió la cabeza hacia un lado.
-Nadie es perfecto, Kerry... Tal vez consiga descubrir alguna ocasión en que pudimos
haber hecho mejor nuestro trabajo, y que por tanto provocó pérdidas... Hay demasiadas
cosas en marcha al mismo tiempo, y muchas de ellas requieren decisiones rápidas y
basadas en la mejor información disponible... Podría ocurrir. -Dejó caer las manos sobre
su rodilla-. Pero le tengo preparado un buen contraataque... Va a tener que dar con
algo realmente escandaloso para hacerme daño, así que no me preocupa demasiado. -Quedó
en silencio y observó el agua encrespada que quedaba tras el rastro del ferry y borrada
la silueta de la luna de su superficie.
-Entonces... ¿qué es lo que te preocupa realmente? -inquirió Kerry en tono
condescendiente-. ¿El hecho de que se lo tome como algo tan personal?
Dar pensó un momento sobre ello.
-Puede ser -admitió-. O tal vez que esté husmeando sobre mí... -Una sonrisa triste
atravesó su rostro-. Y si descubre lo nuestro, seguro que lo utilizará como arma.
-Mmph... -Kerry giró su cabeza a un lado, dejándose mecer por las olas mientras
atracaban en la isla-. Bueno, sólo tenemos que asegurarnos de que eso no ocurra...
¿verdad?
Dar sacó el coche del barco, atravesando la cortina de agua que lanzaban las olas sobre
el muelle, y tomó la carretera que conducía a su casa. Aparcó junto al Mustang de Kerry
y apagó el contacto.
-Vamos... A cenar a gusto, hasta que no podamos más. -Salió recogiendo su bolsa y
esperó a que Kerry la alcanzara antes de subir corriendo las escaleras y abrir la
puerta.
Entraron rápidamente y encendieron las luces. Después Kerry dejó caer su bolsa en el
sofá y atravesó la cocina hacia el trastero, de donde surgía toda una serie de agudos
chillidos.
-Vale, vale Chino... calma... -Abrió la puerta y dejó salir al pequeño labrador, de
tres meses de edad-. ¿Nos has echado de menos?
La cachorro trepó por su pierna dando saltos arriba y abajo hasta que ella la levantó y
la estrujó en un fuerte abrazo.
-Hey... -Kerry sonrió al sentir una pequeña lengua rosada contra su cuello-. ¡Eh... sin
morder! -Los pequeños dientes afilados mordisqueaban su piel mientras se dirigía hacia
el cuarto destinado al cachorro-. Te has portado bien, ¿no?
Dar llegó en ese momento, y la perrita empezó a lloriquear retorciéndose en su dirección.
-Hey, pequeña...
-Está bien... está bien... -Kerry se la entregó-. Vete con ella... Ya sé a quién
prefieres de las dos... Mira, Dar. Hoy no ha hecho ninguna de las suyas.
La mujer morena recibió un mordisco en la nariz antes de mirar atentamente el cuarto.
-Fíjate... Buena chica -elogió al cachorro-. Recurrir a los servicios de la
urbanización para que la saquen un par de veces al día fue todo un acierto, ¿no crees?
-Así es -afirmó Kerry-. ¿Quieres dar una vuelta con ella mientras preparo la cena?
-Contempló con indulgencia a la mujer que acariciaba el mentón del animal, haciendo que
la placa que llevaba al cuello, con su nombre y la dirección de la casa, tintineara
suavemente-. ¿Dar?
-¿Hmm? -La ejecutiva levantó la mirada-. Oh... sí... perdona. -Acto seguido besó al
cachorro en la cabeza-. Vamos, Chino... salgamos... a ver si haces pis, ¿eh? -La dejó
salir por la puerta trasera y bajar la escalera del patio hacia la zona ajardinada,
bañada por la luz de la luna.
Kerry no pudo evitar reír mientras se lavaba las manos.
-Nadie en el trabajo creería esto aunque lo oyera. -Agitó la cabeza irónicamente. Dar
había demostrado tener un toque extremadamente tierno cuando descubrieron aquella
pequeña adicción mutua, y Chino pronto se había ganado una provisión vitalicia de
galletas para perros con sus nobles ojos castaños y un par de trucos bien aprendidos.
No era extraño ver a Dar con la cachorro sentada junto a ella, levantando la pata y
acariciándole suavemente la pierna, y a la bien entrenada humana dándole inmediatamente
una galleta Iams que Chino devoraba con visible regocijo.
Era una escena deliciosa, y Kerry adoraba observar cómo los intimidantes ojos azules de
su amante se volvían adorables y suaves cada vez que se giraban en la dirección del
animal.
Preparó el pollo y un poco de arroz, y añadió a plato habichuelas verdes al vapor para
acompañar.
-Eso servirá. -Se sacudió las manos y recogió su bolsa al tiempo que echaba un vistazo
a la sala de estar con una agradable sensación de calma. Al principio, le había
parecido demasiado estéril, fría, pero desde su mudanza había convencido a Dar para que
colocara algunos de sus objetos personales, añadiendo algo de su propia sustancia en
ello, y ahora la atmósfera era más cálida y alegre. Incluía unas cuantas ilustraciones
que habían adquirido en el Festival de Grove Art, un colorido paño tradicional trenzado
a mano que hacía las veces de mantel sobre la mesa central, con una escultura de bronce
de unos delfines nadando en el mar. También se las había arreglado para sacarle unas
pocas fotos a Dar, incluyendo dos de sus años de Universidad en las que Kerry pensaba
que estaba adorable, y añadiéndolas a las suyas en los huecos del recibidor.
Había quedado muy bien. Kerry corrió escaleras arriba y dejó el portátil en su despacho
antes de entrar en su cuarto.
Su cuarto. Aún tenía que convencerse de ello durante un segundo cada vez que atravesaba
el umbral de la espaciosa habitación de techo abovedado y puertas de cristal, que dejaban
caer en sus ojos una impresionante visión del Océano Atlántico. Había traído ya casi
todas las cosas de su apartamento, aunque seguía pagando el alquiler temporalmente, y
se le seguía haciendo raro ver a Pooh con los brazos abiertos como de costumbre encima
de la cómoda y acolchada silla que utilizaba para leer, justo en el lugar de la
habitación más propicio, puesto hacia ella el sol entraba con la inclinación perfecta
a través de la nítida superficie acristalada. Había colgado sus cuadros en las paredes,
su edredón cubría la cama y sus trastos plagaban el aparador en un desorden que
obviamente sólo ella entendía.
Kerry dejó caer su bolsa y fue hacia las puertas de cristal, deslizando una de ellas lo
suficiente como para poder salir a la terraza cubierta con la única finalidad de
quedarse allí de pie y contemplar el agua, oscura y ondulante, durante un momento. La
brillante luna teñía de plata las olas. Olía a sal, a la frescura del césped justo
debajo y el aroma del nogal que se alzaba en el club de playa cercano a la casa.
Aquello era precioso y ella lo adoraba, incluso aunque a veces tuviese que pellizcarse
a sí misma para convencerse de que era real y no sólo un extraño sueño, ya no sólo por
la casa sino por su vida en general. A veces hasta le daba miedo irse a dormir por la
noche, temiendo levantarse un día y que todo se hubiera esfumado.
Suspiró.
-Vamos, Kerry... vuelve a la Tierra y cámbiate para cenar -se reprendió a sí misma.
Volvió adentro cerrando las puertas tras de sí y se deshizo de la ropa del trabajo,
sustituyéndola por su camiseta de dormir favorita y colgando la chaqueta y la falda en
el enorme armario empotrado, del que Kerry juraba y perjuraba que era del mismo tamaño
que su vieja habitación en el apartamento de Kendall.
En ese momento, un leve gemido llamó su atención y se volvió a tiempo de ver a Chino,
que entreabría su puerta asomando la nariz y avanzaba tropezando hacia ella, tras haber
subido trabajosamente las escaleras. Su más reciente habilidad.
-Hey, Chino... ven aquí cariño. -Kerry se tumbó en la cama dejando que el cachorro
trepase por sus piernas, y jugó con ella un rato, levantándose después y dirigiéndose
de nuevo al piso inferior con la mascota tras ella en todo momento.
Dar estaba en su despacho, trabajando en algo, y levantó la mirada cuando Kerry asomó
la cabeza desde detrás de la puerta. Por un minuto, sólo se miraron la una a la otra,
hasta que Dar se reclinó en el respaldo de su cómoda silla.
-Huele muy bien... -Se puso las manos detrás de la cabeza y arqueó la espalda, de forma
que el fino tejido de su camiseta de béisbol se ciñó a las curvas de su esbelto torso-.
Ken me ha dejado caer algo esta noche... Me... ha sugerido que podría volver a competir.
Kerry se acercó a ella y apoyó su peso sobre el brazo del sofá.
-¿En serio? -preguntó mientras observaba de cerca el rostro de Dar-. ¿Y quieres hacerlo?
La mujer se mordió el labio inferior en su característico gesto de concentración.
-No lo sé... Cuando lo mencionó, lo primero que me vino a la cabeza fueron todas las
razones por las que no podría... y te aseguro que algunas eran realmente buenas. -Antes
de continuar, se encogió de hombros-. Es decir: requiere tiempo, mucho esfuerzo...
entrenamiento... -En este punto, lanzó un sonoro suspiro-. Ha pasado mucho tiempo... y
no sé si sería capaz.
-¿Pero? -aventuró Kerry, adivinando un tinte de indecisión en sus palabras.
Por su parte, la ejecutiva levantó las manos un momento y las dejó caer de nuevo sobre
los brazos de la silla.
-Quizá las sesiones de ejercicio que hemos estado haciendo... me han despertado algún
estúpido gen de adrenalina... No sé... No hago más que pensar en si podría volver a
ponerme a mi antiguo nivel. -Alzó la mirada-. ¿Qué opinas tú?
La mujer rubia la estudió en silencio un momento.
-Creo que deberías ir a por ello. -Sonrió-. Adoro las clases, pero veros a ti y a Ken
después es como un soplo de aire fresco... Hay algo increíble en tu expresión cuando te
enfrentas a él.
Dar se rascó la barbilla con un leve atisbo de vergüenza.
-¿En serio?
-Te lo aseguro. -Kerry le tendió una mano mientras consultaba su reloj-. Venga,
seguiremos hablando durante la cena. Ya debe estar lista.
Se sentaron frente a la gran pantalla de televisión y Dar la encendió rápidamente
después de que Kerry le sirviera un humeante plato de comida.
-Oh... mira, el Fanático de los Cocodrilos -observó-. ¿A por qué irá esta vez?
Kerry observó la pantalla.
-Serpientes. -Se llevó a la boca un poco de pollo con arroz, al que en el último momento
había añadido jengibre y especias-. Mmmm... Sí, serpientes de cascabel. -Agitó la
cabeza-. Jesús... las está cogiendo por la... Dar, se va a meter en una cueva llena de
esos bichos... ¿Es que el Discovery no teme que le pongan un pleito cuando se lo coman
vivo?
Dar levantó su plato y empezó a cenar.
-Probablemente le hayan hecho firmar un documento por quintuplicado que les exima de
cualquier responsabilidad legal con él. -La salsa de cacahuete picante del pollo
contrastaba con el agradable sabor a jengibre del arroz, y Dar suspiró con satisfacción-.
Kerry, está todo delicioso.
-Gracias -respondió antes de echar un largo trago de su té helado-. Hay fresas de
postre.
-Lo sé. -Dar rió entre dientes suavemente y pasó su brazo por los hombros de la mujer
al tiempo que daba el primer bocado a la que le ofrecía-. Bueno, ¿y qué está haciendo
ahora? Oh... eh, ¿su mujer está embarazada?
-Eso o devora bombones de cocodrilo fuera de las horas laborales -dijo Kerry con
desgana-. La arrastra a las montañas y le hace tocar serpientes de cascabel... ¡Jesús!
-El hombre de la pantalla retrocedió levemente ante la furiosa hembra que tenía en las
manos-. ¿Te gustan estos bichos? No, Steve... ¡No pienso hacerlo! -Dijo masticando-. A
pesar de eso, tiene un acento encantador. -Extendió la mano, agarró una habichuela del
plato de Dar y se la ofreció-. Toma... las he salteado con un poco de mantequilla de
ajo... Pretendía hacer una especia de fritura a la francesa.
Dar se comió la habichuela masticándola especulativamente.
-Creo que estoy siendo bastante condescendiente. -Pestañeó-. Fíjate... debe haber una
docena de serpientes debajo de esa roca... ¿Por qué no se estará quieto un rato? Espera...
¿Acaba de decir "mierda"?
Kerry frunció el ceño.
-Sí... lo ha dicho... ¿Qué?... ¿Has visto lo pálido que se acaba de poner? -Subió un
poco el volumen-. Oh... Dios... tiene una serpiente entre las piernas.
Su amante reventó en carcajadas.
-Bueno, no es lo que se dice original, pero...
-Tch... ¡Dar! ¡NO! ¡Tiene una serpiente entre las piernas! Mira... se están poniendo
nerviosos... ¡No sabe qué hacer! -Observaron cómo el tipo retrocedía lentamente y luego
salía corriendo como alma que lleva el diablo-. Wow... eso sí que ha sido emocionante...
Me pregunto si emitirían las escenas si realmente una serpiente venenosa le hubiese
mordido en sus partes.
-Bueno... -Dar reía ya sin ningún tipo de control sobre sí misma-, al menos ahí se
puede hacer un torniquete... Imagínate que fuese en la cara. -Suspiró y masticó una
gran cucharada de arroz-. Creo que es un adicto a la adrenalina.
Se quedó en silencio por un momento. Buscar esas sensaciones... esa excitación... ¿Era
eso lo que la estaba empujando a retomar la agresividad de la competición? Por otro
lado, ¿qué iba a sacar de volver diez años atrás en el tiempo para intentar recuperar
aquel pequeño pedazo de gloria? ¿Se trataba de un mecanismo de defensa ante el hecho de
que ya había entrado en la treintena? ¿Una jugarreta de su ego... para demostrar que
aún estaba ahí?
Si se trataba de eso... qué idea más deprimente, ¿no?
¿Vanidad? ¿O un desafío en el que sería divertido adentrarse? Contempló la imagen del
invencible Steve Irwin saltando de roca en roca en busca de más serpientes, inmune al
miedo que cualquier otro sentiría ante la idea de encontrarlas.
Hmm. Se acabó la cena con aire pensativo.
*****
-Y dime... ¿Cómo es que una chica lista como tú acabó en este nido de ratas?
La sonrisa que acompañaba a la frase pretendía dejar claro que lo decía en tono de
broma. Kerry reflexionó, tomando un buen trago de su té helado al melocotón.
-Entregué un currículum y me aceptaron -respondió con sequedad-. Y de hecho, esto me
gusta bastante. -La mañana había transcurrido lenta y aburrida, y por desgracia tampoco
había surgido ningún imprevisto que utilizar como excusa para eludir su cita con Steve
Fabricini.
Incluso Dar había propuesto inventarse una si realmente no le apetecía ir. La ejecutiva
había estado de muy bien humor desde su primera reunión del día con uno de sus nuevos
equipos de cuentas. Alguien les había dado un chivatazo, según informó a Kerry, y le
habían preparado un desayuno a base de crepes con mermelada de fresa y galletas en lugar
de la acostumbrada macedonia de frutas. A la joven, un leve centelleo en sus ojos la
había delatado como responsable de aquel cambio.
-Te gusta, ¿eh? -dijo Steve riendo entre dientes al tiempo que removía su yogur con la
cucharilla-. Es difícil de creer teniendo en cuenta para quién trabajas.
Kerry se encogió de hombros.
-Bueno, ya sabes... La gente dice muchas cosas, pero en realidad me gusta trabajar con
Dar. Es lista, sabe hacer su trabajo, te da confianza cuando hace falta... y siempre
está dispuesta a darlo todo por su equipo -comentó con honestidad-. Si sabes lo que
haces, no tienes problemas con ella. -Las mismas palabras que le había dicho Mark
Polenta cuando se conocieron-. Por supuesto, si no lo sabes... -Dejó la frase en el
aire.
Él, por su parte, se limitó a reír.
-Pobrecilla... Espera hasta que seas arrojada al fuego del sacrificio en cuanto le
culpen a ella de algo... No puedes ir por la vida siento tan ingenua, ¿sabes? -Se
inclinó hacia ella-. Escucha, cielo... Yo la conozco, ¿entiendes? No te... Se volverá
contra ti como un perro rabioso a la primera oportunidad.
-¿En serio? -La mujer le dio un bocado a su sándwich-. Bueno, gracias por el aviso.
-De nada -respondió Fabricini bajando la voz-. Oye... no hay razón por la que no
podamos trabajar juntos, ¿de acuerdo? Mi labor aquí es superar los baches que nos
encontremos en el camino... y si lo consigo, la Compañía al completo sale ganando. No
te quedes del lado equivocado, ¿hmm? -Posó una mano sobre la muñeca de ella-. Eres una
chica muy lista... todo el mundo lo dice. Y cuando todo esto salte por los aires, podrías
tener la oportunidad de tu vida... si entiendes a lo que me refiero.
Kerry le sonrió cándidamente.
-¿Quieres decir que si consigues descubrir lo suficiente como para echar a Dar de aquí...
yo podría ocupar su puesto?
Él le devolvió la sonrisa.
-Ya te dije que eras lista. -Sus ojos adquirieron un brillo peligroso-. Únete a mí,
dulzura.
La mujer se limpió los labios con la servilleta y la devolvió, con toda la parsimonia
del mundo, a la bandeja.
-Antes me gustaría aclarar un par de cosas -dijo meditadamente.
-¿El qué? -El hombre sonrió, mostrando una expresión triunfal en el rostro.
-Una, te recomiendo que me quites las manos de encima antes de que me vea obligada a
clavarte el tenedor en la mano -comenzó Kerry sin perder la compostura-. Dos, si vuelves
a llamarme "dulzura" tendré que buscarte un calificativo igual de insultante, y podría
no sonar del todo bien. -Ella sonreía mirándole a los ojos, disfrutando cada segundo de
aquella confrontación-. Y tres, donde va Dar, voy yo. -Se levantó en cuanto se vio libre
de él y recogió su bandeja-. Que tengas un buen día.
Y lo dejó allí sentado mientras contaba mentalmente hasta veinte tratando de controlar
su respiración, esperando que su corazón dejase de martillearle los oídos por la rabia.
-Maldito estúpido miserable... ¡Oh! Lo siento... -se disculpó tras chocar con Mark
Polenta, que miró detrás de ella.
-¿Estás bien? -le preguntó, puesto que había oído sus últimas palabras-. Ey... ¿qué has
hecho para dejarle con esa cara? Parece que le han dado en la cabeza con la torre de un
ordenador.
Kerry respiró profundamente unas cuantas veces para terminar de calmarse.
-Es un cerdo. -Depositó su bandeja en la zona de lavado-. Quiere que trabaje con él
para encontrar algo sucio sobre Dar, y luego me dice que si lo hago me dará su puesto.
Mark estalló en risas.
-Chica... debe tener los cables cruzados. -Palmeó el hombro de Kerry-. Apuesto a que te
eligió porque eres la que menos tiempo lleva aquí... y dio por sentado que el resto ya
tenemos una escala de lealtades formada. -Dejó su bandeja junto a la de ella-. Y bien...
¿qué le has dicho?
-Que me besara el culo -respondió Kerry enrojeciendo ligeramente-. Pero con un poco más
de educación.
Observaron cómo el sujeto echaba a andar hacia ellos con el cuello enrojecido de rabia
y dejaba la bandeja en el carro con un poco más de fuerza de lo normal.
-Fallo mío. -Afirmó, vertiendo una oleada de furiosa corrección sobre Kerry-. Debí
haber supuesto que habría algún tipo de lealtad... personal... en este asunto. -Arrojó
la servilleta al interior de la papelera-. Peor para ti. -Y se marchó, dirigiéndole una
evidente mirada de repugnancia.
Mark y Kerry se miraron el uno al otro.
-Gilipollas... -dijeron ambos al unísono. Después, Kerry suspiró.
-Bueno, al menos ya no tengo que preocuparme de que se le ocurra pedirme una cita -
remarcó sarcásticamente.
-Sí... pero puede llegar a ser peligroso ahora que le tienes como enemigo -respondió
Mark haciéndose con dos grandes galletas de chocolate y ofreciéndole una-. Ya sabes
cómo es esto de los rumores.
-Nada que no haya visto antes. -Kerry aceptó el dulce y le dio un mordisco-. De "ese"
precisamente me da que todo el mundo se ha cansado ya -aventuró refiriéndose a su
posible relación con Dar, y que había remitido visiblemente desde el día de Año Nuevo.
Se habían mostrado extremadamente cuidadosas al respecto, hasta el punto de no pasar
juntas más tiempo del necesario en horas de trabajo, ni siquiera durante el almuerzo.
El caso es que las habladurías dejaron de circular, y los cotillas se habían lanzado ya
a por algo nuevo y más interesante.
-Ya... pero aun así ándate con ojo -le aconsejó el jefe de MIS mientras se dirigían al
ascensor.
Kerry suspiró, pulsó el botón de la planta número quince y retuvo las puertas al oír
unos pasos que se aproximaban. No veía el exterior desde donde estaba, pero de alguna
forma ya sonreía para cuando Dar entró en la cabina, pasó hasta la pared del fondo y se
reclinó contra ella.
-Hablando del rey de Roma... -bromeó Kerry cuando las puertas se cerraron-. Acabo de
echar a perder mi almuerzo.
-¿En serio? -Dar se cruzó de brazos-. Al menos has tardado más de lo que lo hubiera
hecho yo. -Dirigió a Mark una mirada sarcástica-. Debes haberle dado bien, porque Mariana
acaba de llamarme y dice que se ha convocado una reunión para todo el alto personal
directivo. -Como si lo tuvieran estudiado, los buscas de Kerry y Mark empezaron a
lanzar pitidos-. No tengo tiempo para estas tonterías, y precisamente hoy menos que
nunca.
Kerry leyó el mensaje que surgía de la pequeña pantalla.
-Síp... a la una en punto en la sala de conferencias.
Mark maldijo por lo bajo.
-Tengo a HP aquí esta tarde por lo de los servidores... -farfulló mirando a Dar-. ¿Sabes
qué es lo que quieren?
La ejecutiva se encogió de hombros.
-Mari no me dio detalles... Estaba esperando un envío de Plano. -Suspiró-. Les lo ha
aprobado... y viene del mismísimo Centro de Personal... así que sólo Dios sabe de qué
se trata... Probablemente otra campaña de carteles publicitarios.
Mark se carcajeó.
-Me gustaron los de seguridad, Dar... Tengo ese de la prevención contra hackers
enmarcado en mi dormitorio.
Las puertas se abrieron para dejarles paso y se encontraron frente a frente con Mariana,
que esperaba en la puerta del despacho de Dar.
-Oh oh... -murmuró la ejecutiva-. Esto no tiene buena pinta -dijo despidiéndose de
ellos con un movimiento de cabeza-. Nos vemos luego.
-Dar, necesito hablar contigo -le informó Mari en cuanto llegó a su lado-. No te vas a
creer lo que nos acaba de caer encima.
-Bueno... de primeras, me creo cualquier cosa -afirmó Dar señalando hacia la puerta-.
Vamos dentro. -Y precedió a la mujer hasta el interior de la oficina-. María, apúntame
una reunión a la 1:00 p.m. y cancela la conferencia de lo de los extractos, por favor.
-Sí. -La secretaria levantó la vista del teléfono-. Dar, te llamó tu mascotita.
-Gracias -dijo Dar con aire distraído dirigiéndose a la puerta que daba a su despacho y
deteniéndose de golpe, provocando que Mariana impactase, literalmente, contra su espalda-.
Espera un segundo... ¿¿qué?? -Se giró y miró a la mujer-. Perdona... -Luego asomó la
cabeza a la sala-. María, ¿quién dices que ha llamado?
Ésta sonrió ampliamente.
-Sí... la cachorro... Levanté el teléfono y nada. Dije "hola" un par de veces...
luego buenos días, pero nada. Y cuando estaba a punto de colgar oí... -En este
punto se puso a lanzar una serie de graciosos gemiditos-. Comprobé el identificador de
llamadas y era el número de tu casa.
Dar cerró lo ojos momentáneamente, ignorando la amortiguada risa que venía de detrás de
ella.
-Debe haber salido de su cuarto... y habrá tirado el teléfono del soporte de la sala de
estar... Hazme un favor. Llama a los del servicio residencial y que vayan a echar un
vistazo, ¿quieres? -Sacudió la cabeza y volvió a meterse en el despacho-. Genial... Con
mi suerte, seguro que ya ha llamado a Singapur o algo así -murmuró mientras cerraba la
puerta-. En fin... a ver, ¿qué pasa?
Mariana arrojó un paquete sobre su escritorio.
-Antes de que empieces a pegar gritos, debes saber que ya he llamado a Les dos veces...
y no va a dar marcha atrás.
Dar rodeó su escritorio y se sentó recogiendo el paquete. Sus ojos lo examinaron y
levantó la mirada.
-Es una broma, ¿verdad?
Mariana sacudió la cabeza.
-Nop... Es un retiro para ejecutivos, con un programa específico para equipos como el
nuestro. Tienen una reserva para doce, a partir del viernes por la tarde. Mandarán un
autobús a recogernos. -Se cruzó de brazos-. Les dice que en Texas han puesto en práctica
uno muy parecido, de tres meses, y que al parecer funciona muy bien.
Dar se cubrió los ojos con la mano.
-A ver si lo he entendido... -murmuró-. ¿Quiere meternos a todos en un autobús,
mandarnos a Dios sabe dónde a escalar rocas y vivir en cabañas... porque eso nos va a
ayudar a hacer mejor nuestro trabajo?
-Esencialmente es eso, sí -asintió Mari-. La verdad es que he estado informándome sobre
el tema y podría estar bien, Dar... Aunque eso depende de los participantes.
-En nuestro caso, lo único que depende de los participantes es QUE NO NOS MATEMOS LOS
UNOS A LOS OTROS. -La mujer terminó la frase a gritos, que resonaron contra las paredes
de madera del cuarto-. ¿Está LOCO o qué? -Golpeó literalmente los números del teléfono-.
Beatrice, ¿está ahí? -Tamborileó con los dedos en la mesa hasta que le dieron paso a la
línea.
-Dar, antes de que digas nada déjame darte mi versión de los hechos. -La voz de
Les sonó jovial, como de costumbre-. ¿De acuerdo?
Dar cruzó las manos sobre la mesa.
-De acuerdo -respondió en un tono fingidamente tranquilo.
-Ayer recibí tu e-mail... y para serte sincero, me inquietó bastante -declaró el
CEO-. No porque pensase que fuera verdad... Soy consciente de que puedes ser una
condenada obstruccionista cuando quieres, Dar, pero siempre lo has hecho por el bien de
la empresa.
-Uh huh -gruñó Dar.
-Lo veo más bien como un problema global... de toda la compañía, y es por eso que
estamos usando esos seminarios... ¡Son magníficos! Te encantará... Escucha, es sólo un
fin de semana, lejos de todos... Sin móviles, sin ordenadores... la comida es buena...
y está demostrado que esas cosas funcionan. Hacen que las personas se conozcan mejor.
-Uh huh.
-Por eso estoy seguro de que las cosas se suavizarán entre tú y el tipo ese nuevo si
os dais la oportunidad... y el resto del equipo también necesita tomar un poco de
conciencia de grupo. Tus chicos me han dado más de un dolor de cabeza últimamente.
-¿Les?
-¿Sí? Va, ya puedes bombardearme si quieres.
-El problema entre Steve Fabricini y yo es que nos conocemos demasiado bien. Hice que le
expulsaran de la Universidad hace diez años y aún me la tiene guardada. -Dar se detuvo-.
¿Crees que mandarnos juntos al bosque es una buena idea?
El silencio al otro lado de la línea se prolongó un poco más de lo normal.
-Em... -murmuró Les-. Vaya... ojalá lo hubiese sabido antes.
-¿Podemos cancelarlo? -preguntó Dar, esperanzadamente.
-Pues verás... dimos una señal... y acabamos de dar salida a la orden de pago
-confesó el CEO con aire abatido-. Si lo cancelamos, perdemos el dinero... -dijo
como pensando en voz alta-. No, el proyecto sigue adelante, Dar... y cuento contigo
para dar ejemplo a los demás. Quiero que me los traigas rebosando de un nuevo y renovado
espíritu de equipo.
Dar suspiró.
-Les, en serio, no tengo tiempo para esto... Estás deshaciéndote de todo el grueso de
mi equipo, estaremos totalmente incomunicados... ¿Y si surge algún problema durante el
fin de semana? -Aquella era su última baza que jugar.
Les se echó a reír.
-Dar, ambos sabemos que tú escoges a tu gente precisamente porque sabes que no te
dejarán colgada en los momentos de crisis... El resto de tu departamento puede
arreglárselas un par de días. Lárgate, pásalo bien y relájate un poco. Yo estuve en una
de esas cosas y me lo pasé como nunca. Confía en mí. -El hombre escuchó una serie de
profundos resoplidos al otro lado del teléfono-. Estás furiosa conmigo, ¿verdad?
-Si pensase que eso podría hacerte cambiar de idea, te lo diría -respondió Dar
incisivamente.
-Vamos... mantén la mente abierta, Dar... Nunca se sabe lo que puede pasar en esta
vida... Igual regresáis de allí como los mejores amigos del mundo. -Les se echó a
reír de nuevo-. Y de todas formas... acabo de procesar tu paga extra de Navidad. Sé
que se me olvidó mandarte una tarjeta en tu cumpleaños, así que espero que esto me haga
enmendarlo.
-Les...
-Tengo que dejarte... El Presidente de IBM está aquí y vamos a charlar amigablemente.
Rumores, falsos cotilleos... esas cosas -dijo Les-. Hazlo, Dar... Si vuelves y
me dices que ha sido tan horrible como pensabas, te compensaré.
-¿Cómo? -inquirió Dar amargamente.
Una leve pausa.
-Podemos negociar eso de la velocidad con que se resuelven los problemas internos.
Las cejas de Dar se elevaron en un gesto de incredulidad.
-Está bien -manifestó pausadamente-. Supongo que un fin de semana es un precio razonable.
Les se rió por lo bajo.
-Ésa es mi Dar... Intenta pasártelo bien, ¿eh? -dijo, y colgó.
Mari se removió en su silla y sacudió la cabeza.
-Tu relación con él es realmente interesante. -A continuación, lanzó un suspiro-. Eres
una de las pocas personas de las que puedo asegurar que le caen bien.
-Bueno, al menos lo he intentado... -Dirigió una mirada irónica a la otra mujer-. Esto
va a ser una pesadilla, Mariana.
-Lo sé -afirmó la Vicepresidenta de Personal-. Tú y yo, Duks, Kerry, José, Steve, Mark,
su segundo, Eleanor, sus ayudantes y los de Duks y mi ayudante Mary Lou. -Aquí se detuvo
un instante-. Sabes cuál va a ser tu mayor problema, ¿verdad?
-¿Además de no matar a Steve? -Dar jugueteó con un lápiz de su bote-. Sí, lo sé.
"Evitar que descubrieran su pequeño secreto".
-Vosotras dos tenéis un química especial cuando estáis cerca la una de la otra -le dijo
Mari con ironía-. Va a ser algo difícil de esconder en un lugar salvaje, sin nada que
hacer excepto hablar unos con otros y asar malvas silvestres. -Dicho lo cual, se levantó
de la silla-. Gracias por intentarlo, amiga... Ha sido una lucha memorable, y lo hubieras
conseguido de no ser por el maldito dinero.
-Sí. -Dar se reclinó hacia atrás, exhalando-. Debí haberle ofrecido esa paga extra para
cubrir los costes -propuso a su amiga, ya visiblemente de mejor humor-. Creo que habría
salido ganando con el cambio.
Mari se echó a reír mientras se encaminaba hacia la puerta.
-Son sólo un par de días, Dar... Estaremos de vuelta en Miami el domingo por la tarde.
No creo que nos vaya a matar.
Dar se desperezó en el momento en que se quedó sola y arrojó el lápiz sobre la mesa,
echándole un vistazo más detenido al paquete que aún tenía delante. Sin embargo, unos
leves golpes en la puerta le hicieron distraer su atención y sonreír anticipadamente.
-Adelante.
Kerry asomó la cabeza y luego entró en el despacho.
-Hey...
-Hola. -Dar se reclinó de nuevo en la silla y cruzó las manos sobre el estómago.
-¿Problemas? -inquirió la joven con curiosidad.
-Tal vez ambas los tengamos. -Dar empujó el paquete hacia su ayudante-. Cancela tus
planes para el fin de semana. -De hecho no tenían nada serio pensado, sólo una sesión
de buceo, un viaje a Bayside y pasar algo de tiempo con Cappuccino.
Kerry levantó el envoltorio y se sentó en uno de los lugares destinados a las visitas,
estudiándolo con interés.
-Vaya... he oído hablar de estas cosas. -Levantó la vista hacia Dar con una sonrisa-.
Suena interesante... Viene de arriba, ¿verdad?
-Mmhmm -asintió Dar.
Un encogimiento de hombros.
-Puede que hasta sea divertido, Dar... Quiero decir que hay cabañas. No es como que
tengamos que sobrevivir a base de nueces silvestres ni nada parecido.
Dar rió entre dientes.
-Si fuésemos sólo tú y yo, o con Duks y Mariana... incluso hasta con Mark, te daría la
razón. Pero van Steve, José, Eleanor... y dos o tres más que ni siquiera conozco.
-¿Y qué? -Kerry examinó el folleto-. Es genial... tienen carreras de obstáculos en las
que hay que ayudarse unos a otros... -Levantó la vista de las ilustraciones-. ¿Quién
sabe? A lo mejor sirve de algo.
La mujer de pelo negro la miró fijamente.
-Bien, ¿debo entender entonces que no te importa tener que pasarte un fin de semana
entero fingiendo que no me conoces? -le preguntó suavemente- ¿O al menos no más de lo
que se conoce a una "jefa"?
Kerry pestañeó.
-Oh. -Momentáneamente, se mordió el labio inferior recapacitando sus palabras-. Cierto,
emm... ¿No puedes librarnos de esto? -planteó, casi como una súplica.
-Ya lo he intentado. -Dar levantó las manos dejándolas caer en un gesto de impotencia-.
Les acaba de pagarlo... así que me temo que estamos atrapadas.
Se miraron la una a la otra un momento.
-En fin... -Kerry lanzó un suspiro dándose por vencida-. Bueno, estoy segura de que
podemos hacerlo... Quiero decir que manejamos bastante bien el asunto durante las horas
de trabajo. -Se levantó y devolvió el paquete a la mesa. Después la rodeó y se sentó en
una de las esquinas que quedaban del lado de Dar.
-¿Tú crees? -Los labios de la ejecutiva se contrajeron ligeramente-. Bueno, tengo que
decirte que eres la primera ayudante que tengo con esa peculiar costumbre de apoyarse
en mi mesa. -Tiró de uno de los extremos de la falda de Kerry-. La mayoría no se
acercaban a menos de dos metros de mí.
Las cejas de Kerry se alzaron.
-Ellas se lo pierden -respondió en un tono malicioso, lo que hizo asomar una genuina
sonrisa al rostro de su jefa. Reflexivamente, se inclinó para tocar la mejilla de Dar,
recorriendo sus labios con el dedo pulgar y emitiendo a continuación un leve suspiro-.
Dos días, ¿eh? Esto va a ser de locos.
La sonrisa de Dar se intensificó levemente antes de que esta llevara una mano a la
rodilla de la joven y le diera unas palmaditas en señal de exagerado consuelo.
-Sobreviviremos -afirmó mirando su reloj-. Hora de ir a esa maldita reunión... No me
perdería por nada del mundo la cara de tonto que se le va a quedar a Steve cuando vea
para lo que ha servido su rabieta de niño pequeño... Y por cierto, ¿qué es lo que quería
de ti?
-Oh... -Kerry se puso en pie y dejó espacio a Dar para que saliese de detrás de la
mesa-. Comprarme con la promesa de que tendría tu puesto una vez que nos hubiésemos
deshecho de ti.
Dar se detuvo un momento antes de incorporarse del todo, se enderezó lentamente y se
pasó una mano por el pelo.
-Tiene gracia... -comentó brevemente-. Así es como se ha ganado a Elana.
Kerry bufó de rabia.
-Sabía que era una idiota en cuanto la vi... ¿¿¿Te traiciona para quedarse con tu puesto???
¡¡¡Por el amor de Dios!!! -Golpeó a Dar ligeramente en el brazo para dar énfasis a sus
palabras-. Ni por cualquier puesto de trabajo en la Tierra... Por nada del mundo, ni de
Marte, ni de Júpiter... -Su diatriba fue cortada de golpe por los labios de Dar sobre
los suyos y un intenso y sentido abrazo-. Mmm... -murmuró Kerry cuando se separaron-.
No me hagas mucho caso... pero esto podría darles una ligera pista sobre la naturaleza
de nuestra relación. -Retrocedió ligeramente y pasó las manos sobre la fina tela de la
camisa de su amante antes de besarla de nuevo.
-Tal vez... pero gracias. -La mujer le acarició la mejilla y la besó en la frente antes
de soltarla-. Vámonos ya... o llegaremos tarde.
*****
Los gritos les llegaron incluso antes de girar la última vuelta del pasillo.
-Oh... eso suena bien -murmuró Dar entre dientes, dirigiendo una mirada a su compañera,
quien frunció los labios en señal de concordancia y abrió la puerta de la sala de
conferencias dejando que Dar pasara primero.
El griterío cesó en el momento en que la figura de metro ochenta de estatura traspasó
el marco de la puerta, y todos los ojos de la sala se giraron hacia ella. Dar sintió
que Kerry estaba justo detrás, pero mantuvo su atención en el grupo de personas congregado
alrededor de la mesa y simplemente se quedó allí de pie, con los brazos en jarras.
El silencio se mantuvo, hasta que la imponente mujer alzó una ceja.
-¿Hay algún problema? -preguntó casi con un rugido irritado-. ¿O es que no tenéis otra
forma de pasar el rato que estar aquí armando jaleo?
José se levantó, o para ser más exactos, se enderezó, ya que tenía una rodilla apoyada
en la silla. Luego agitó una copia del paquete, que ella ya conocía de sobra, ante sus
narices.
-¿Has visto esta mierda? -Y lo arrojó son fuerza sobre la mesa-. ¿Qué es lo que pretenden?
Los ojos de Dar fueron hasta Mariana, que se encontraba reclinada en su silla con las
yemas de los dedos sobre la superficie de madera.
-Supongo que ya se lo has contado. -Esperó a que la Vicepresidenta de Personal asintiese
con la cabeza.
-Claro que lo ha hecho. -Eleanor dejó caer su lápiz-. Por el amor de Dios, Dar... No
pueden pretender que aceptemos esto... ¡Todos tenemos vida propia! -Una dulce sonrisa
apareció en el rostro de la Vicepresidenta de Operaciones-. O al menos la mayoría...
-Sí... Yo no pienso seguirles el juego -declaró repentinamente Steve-. No le veo sentido.
Dar rodeó la mesa lentamente hasta llegar a la cabecera de la misma, que ellos habían
dejado manifiestamente vacía, y tomando asiento se reclinó contra el respaldo sin
alterarse en ningún momento.
-Está pagado, así que no hay más que hablar -afirmó zanjando el tema-. No ha sido idea
mía, pero Plano lo ha dejado todo bien clarito. Es lo que hay.
Un coro de voces estalló ante ella. Dar lo toleró por un momento, después se enderezó y
aspiró una profunda bocanada de aire.
-¡CALLAOS DE UNA MALDITA VEZ! -rugió, con tal profundidad que los vasos del aparador
parecieron tintinear. Los ojos de Kerry se dilataron y se hundió en la silla por puro
reflejo mientras un profundo silencio inundaba la sala. Mantuvo la expectación un
minuto, que pareció eterno, y después apuntó a Steven-. La próxima vez, ten cuidado con
lo que pides. -Bajó el tono de su voz y sus ojos se posaron, escrutadores, sobre
Eleanor y José-. Vosotros empezasteis todo esto. Plano sólo ha respondido, y por Dios
que vais a ir a esta estupidez sin una sola queja o me veré obligada a pagar la
excursión de vuestros condenados sueldos. -Cada palabra había ido subiendo de tono y
haciéndose más penetrante, de forma que la última surgió como un disparo que rebotó de
nuevo en todas y cada una de las paredes de la sala y clavó a todos sus ocupantes en
sus sillas-. ¿¿Entendido??
Silencio.
-Yo... um... llevaré una baraja de cartas -sugirió Mark, meditadamente.
Steve bufó, y se reclinó hacia atrás.
-Yo no voy -declaró, encarando con insolencia a Dar.
-Sí, sí que vas -dijo José girándose hacia él-. Si yo voy, tú también. -El Vicepresidente
de Ventas dirigió una mirada de disgusto a la sala-. Voy a llamar a mi mujer.
Mariana repartió un paquete a cada uno.
-Aquí hay instrucciones sobre lo que tenéis que llevar y lo que no. Nada de aparatos
electrónicos, teléfonos móviles y cosas así. Cuatro mudas de ropa cómoda, objetos
personales y cualquier medicamento que necesitéis, siempre y cuando esté preescrito por
un médico.
-¿Eso incluye calmantes? -murmuró Eleanor, levantando la vista hacia la malhumorada
Dar-. Creo que voy a necesitar una dosis extra.
Duks, que había pasado todo aquel tiempo hojeando su folleto, levantó la vista hacia su
ayudante: una mujer corpulenta de pelo rubio corto y gafas bastante gruesas.
-Sandy... ¿te causa algún problema?
Ella se caló bien las gafas.
-No... Le pediré a mi madre que cuide de los gatos... Al menos es un cambio de aires.
-Miró de reojo a Kerry-. ¿Has estado antes en una cosa de éstas?
-No. -Kerry no había dejado de mirar a su jefa en ningún momento, consciente del grado
de irritación que emanaba de ella-. Nunca... pero estoy segura de que al menos será una
experiencia muy instructiva. -Y acto seguido, echó un vistazo a Steve, que tenía los
ojos fijos en Dar con una expresión de profunda crueldad.
Duks se rascó el maxilar y su mirada siguió la de Kerry.
-Oh... sí -convino con solemnidad-. Vamos a aprender algo, de eso estoy seguro.
*****
Kerry se encontraba indecisa entre dos de sus camisas. Finalmente escogió una y la
metió en la mochila, que no había tenido mucho uso desde que se había mudado con Dar.
Su amante había llevado a Chino a la camioneta e iba de camino por la isla hacia una
pequeña tienda italiana para pedir dos raciones de pasta para la cena. Ella había
intentado disuadirla, puesto que podían hacerla en casa, pero Dar había dicho que las
dos necesitaban relajarse al máximo ante el par de días infernales que les esperaban.
A pesar de su natural optimismo, Kerry había acabado por ceder, y además así tendría la
oportunidad de saborear los fettuccini trattoria de Alfredo's. Algo a lo que era
realmente difícil resistirse.
Terminó la mochila y bajó la escalera silbando y de buen humor, deteniéndose para echar
un vistazo a la bota de la que Chino había dado buena cuenta tras su escape furtivo del
trastero.
-Ooo... esta vez has tenido suerte, pequeña. Era una de las más viejas. -Rió entre
dientes dando vueltas a la bota y pasando un dedo por la suela mordisqueada. La cachorro
la había sacado del armario de Dar después de revolver la papelera y arreglárselas para
descolgar el teléfono de su soporte. La oportuna visita del servicio de mascotas del
complejo residencial la había devuelto a su cuarto, pero aún les quedaba pendiente una
investigación para saber cómo se las había arreglado para salir de allí la primera vez.
La puerta trasera se abrió justo cuando ella pasaba por la cocina y Dar entró cargando
con la cachorro bajo un brazo y una gran bolsa, que dejaba escapar un aroma realmente
agradable, en el otro.
-Mmmm... Esto promete. -Kerry sonrió, liberándola del peso de la comida-. No dejo de
darle vueltas a lo que nos darán en el retiro... ¿Tú qué opinas? ¿Todo frito?
Dar suspiró y dejó a Chino en el suelo, quien se lanzó hacia su comedero y empezó a
beber agua con una serie de sonoros lametones.
-Probablemente... Según el folleto es un sitio muy "rústico", lo que suele significar
hamburguesas y perritos... En fin, supongo que podría ser peor.
-Oh sí... Podría haber sido uno de esos en los que sólo sirven legumbres crudas...
También los hay, ¿sabes? Combinan la comida sana con la educación corporativa.
Un bajo resoplido.
-Habría volado hasta Plano y golpeado a Les con un saco de apios hasta hacerle gritar
si nos hubiera metido en uno de esos -murmuró la mujer de pelo negro-. Ya es lo
suficientemente malo tal y como está. -Sacó los recipientes de la bolsa junto a un
fragante pedazo de pan de ajo relleno de queso-. ¿Has hecho la maleta?
-Mmhmm... -Kerry buscó algunos cubiertos, un par de servilletas y tiró de Dar hacia a
sala de estar-. Vamos, Dar... no está tan mal... Apuesto a que todos estaremos tan
ocupados en nuestras cosas que nos olvidaremos de la incomodidad y de lo mal que nos
cae el de al lado. -Abrió su bandeja de pasta y aspiró, llenándose los pulmones con
aquel irresistible olor-. Mmm...
-Puede ser... -suspiró Dar, clavando el tenedor en su cena: una generosa ración de
cabello de ángel a la boloñesa. Después partió el pan de ajo por la mitad, ofreciéndole
a Kerry su parte-. Toma...
La joven lo aceptó y partió un pedazo, sumergiéndolo en la salsa especial de Alfredo
antes de llevárselo a la boca.
-Quiero decir que... somos adultos después de todo... y profesionales, por el amor de
Dios... Estoy segura de que podemos superar dos miserables días juntos.
Dar sonrió con ironía.
-Tal vez tengas razón, amiga mía... y espero que así sea, o va a resultar un fin de
semana condenadamente desagradable. -Se tragó la comida que tenía en la boca antes de
seguir hablando-. ¿Te leíste todo lo que venía en aquel paquete? Ellos nos observan y
mandan informes periódicos a Plano. -Dirigió a Kerry una mirada sarcástica, mientras
ésta pasaba canales de televisión hasta dar con el de Historia-. Eso debería provocar
algún tipo de cooperación... Ninguno de nosotros querrá que Les se entere de que nos
hemos comportado como una panda de niños malcriados.
Kerry se chupó los restos de salsa de los dedos.
-¿Crees que está preocupado de verdad por nuestro departamento? -preguntó-. No puede
ser que otorgue ni el más mínimo de credibilidad a las acusaciones de Steve, ¿cierto?
Dar se encogió de hombros mientras masticaba laboriosamente.
-Eso es algo difícil de decir -contestó, después de tragar-. ¿Cómo está tu pasta?
Kerry se inclinó hacia ella besándola suavemente.
-Juzga por ti misma. -Enredó un poco en su tenedor y se lo ofreció a Dar.
-Uh uh. -La ejecutiva esquivó el bocado y se lanzó hacia delante, pasando su lengua
sobre los labios de Kerry antes de que ésta le devolviese el beso. Luego dejó su bandeja,
casi vacía, sobre la mesa del café, lo cual le dejó las manos libres para acariciar la
cara de la joven y recorrer sus hombros-. Oh sí... me gusta... -dijo suavemente.
-A mí también. -Kerry dejó también su plato y centró su atención en el cuerpo de su
compañera, impaciente por tenerlo bajo sus manos. Adoraba la textura sedosa de la piel
de Dar, y deslizó los dedos bajo la camiseta de algodón con avidez mientras ambas se
lanzaban, sin prisa, a explorarse mutuamente. En un momento dado, enterró su rostro en
el cuello de Dar golpeándole levemente bajo la cintura de los vaqueros, y sintió cómo
los músculos se contraían para dejarle espacio entre sus piernas-. ¿Es que quieres
perderte "En Busca de los Misterios de la Antigüedad" -inquirió suavemente.
-No tengo la menor intención -replicó Dar, riendo entre dientes, al tiempo que le
desabrochaba el primer botón de la camisa.
-¿Me estás llamando vieja? -Kerry le mordisqueó el lóbulo de la oreja, sintiendo cómo
la risa viajaba por el cuerpo de Dar-. ¿Hmm? -Acto seguido le acarició el ombligo, una
zona que se había revelado como de las más sensibles de su cuerpo-. Vamos, oigo una
agradable y cálida cama de agua susurrando mi nombre. -Pellizcó ligeramente con los
dientes la suave piel del cuello de Dar y después levantó la vista-. ¡Ey!
El cuerpo de Dar reaccionó, incorporándose del sofá.
-¿Qué...? Oh. -Una suave risa-. Chino, ¿qué crees que estás haciendo?
La cachorro estaba encaramada con las patas delanteras en la mesa con la cara cubierta
de salsa boloñesa. Sus grandes ojos marrones expresaron un "oh oh" canino al verse
descubierta, aunque sin dejar de lamer el espagueti que le colgaba de la boca.
-¡Perro malo! -la reprendió Kerry severamente dándole un pequeño cachete-. No... no
muevas la cola de esa forma...
Sus pequeñas y suaves orejas quedaron colgando y se bajó de la mesa, sentándose y
mirándolas a través de sus negras pestañas. De cualquier modo, el efecto sentido quedó
pronto anulado cuando empezó a dar cuenta de la salsa que le manchaba el hocico. Con
ello, ambas mujeres se echaron a reír.
-Oh... no tiene gracia -suspiró Dar-. Pero no puedo evitarlo... mírala.
-Sí... sabe poner cara de inocente incluso mejor que tú -respondió Kerry con una
exhausta risita.
Las cejas de la ejecutiva se alzaron de repente.
-Yo no hago eso -declaró Dar severamente.
Kerry trazó sus cálidos labios de color coral con un dedo.
-Claro que sí... Cuando quieres algo que sabes que es malo para ti -le dijo amablemente-.
Como aquel pastel que hice para tu cumpleaños. -En el extremo de los labios que
contemplaba apareció una tímida sonrisa-. ¿Lo ves? -dijo sonriendo-. Me encanta cuando
haces eso.
-¿Quieres decir que me he ganado el pastel? -preguntó Dar, ingeniosamente. Se inclinó
para acariciar a Chino, que fue hacia ella y se encaramó al brazo del sofá lamiendo el
brazo de Kerry-. Seguro que tú también quieres un poco, ¿eh?
-No no no... Ella no puede comer chocolate -sentenció Kerry acariciándole las orejas-.
Me alegro de que Colleen se ofreciera para cuidarla... No hubiese estado tranquila
dejándola sola aquí, aunque los del servicio vecinal se pasaran de vez en cuando.
-Dirigió una súbita mirada a Dar-. ¿A ti te parece bien?
-Mmhmm -convino Dar-. Por mí está bien... Iba a preguntarle a Clemente si podría enviar
a alguien aquí, pero Colleen es la mejor opción... aunque me da la impresión de que no
se siente del todo cómoda conmigo. -Tiró ligeramente de un mechón del pelo de Kerry,
para quitar importancia a lo que acababa de decir.
Kerry suspiró.
-Es que... se preocupa por mí, eso es todo... Se alegra de que estemos juntas, pero lo
del trabajo la confunde -admitió lentamente-. Y hablando de confusiones... a veces
siento como si fuera dos personas completamente distintas.
-Mm... sí, yo también -afirmó Dar.
-Y me siento tan... -Kerry se detuvo un momento para apartarle a Dar un mechón de pelo
de la cara-. Odio cuando la tensión te gana terreno... como cuando te pusiste a
gritarles esta mañana en la reunión... me revuelve el estómago. -Admitió-. Ese idiota
me enfureció tanto que estuve a punto de romperle la cara en la cafetería, y no por el
hecho de que me tomase por tonta... sino porque pretendía perjudicarte, y eso es algo
que no soporto.
Dar permaneció callada, dejando que la cachorro le mordisquease los dedos mientras
consideraba las palabras de Kerry.
-Lo siento -murmuró finalmente-. Es sólo mi manera de hacer las cosas.
-Lo sé. -Kerry sonrió un poco-. Es que es tan... -Se detuvo-. Tu reputación está basada
en la realidad, y a veces lo olvido... porque para mí no eres así. -Se inclinó para
cubrir la mejilla de Dar con su mano-. Se me olvida que casi todo el resto de mundo ve
de ti una imagen diferente.
Dar exhaló.
-Me haces parecer una esquizofrénica -afirmó con ironía-. Y por desgracia vas a tener
que lidiar con la señorita Hyde durante todo el fin de semana... así que te pido perdón
por anticipado.
Kerry rió con aire desesperanzado.
-Creo que lo mejor será que no esté demasiado tiempo contigo... o corro peligro de que
se me olviden las condiciones y te abrace delante de todos. -Le ofreció una demostración
gráfica de cómo sería, y se sintió mucho más cómoda en el momento en que Dar le
devolvió el abrazo-. Mm... eso está mejor.
-¿Qué te parece si nos deshacemos de lo que queda de cena y seguimos con esa búsqueda
que hemos dejado a medias antes? -dijo Dar con un profundo susurro, justo en su oído,
de forma que el cálido aliento de la mujer lanzó un leve y placentero escalofrío por la
espalda de Kerry-. No quiero pensar o hablar más de trabajo en lo que queda de noche.
Kerry murmuró un comentario mostrándose de acuerdo y recorrió la clavícula de Dar con
sus labios. Luego se apartó, a regañadientes, y se dispuso a recoger las bandejas de
aluminio, encontrándose de nuevo a la cachorro color crema con la nariz bañada en salsa
y lamiéndose con deleite los mofletes.
-Oh... vaya... Dar, se va a poner mala del estómago como siga así.
Ésta levantó los recipientes de pasta fuera del alcance de Chino y los tiró a la basura,
y se disponía a meter los cubiertos en el lavavajillas cuando Kerry se puso detrás de
ella y la atrapó, rodeándole la cintura con los brazos.
-Ey... -Aquellas manos se deslizaron bajo su camisa, explorando su piel, haciendo que
sus rodillas se estremecieran y casi cediesen, por lo que tuvo que buscar apoyo en la
encimera para recuperar el equilibrio.
Después se giró, encarando aquel ataque implacable, enredando sus dedos en el pelo
rubio de Kerry y entregándose en cuanto el cuerpo de la joven se unió al suyo,
rindiéndose a la pasión, dejando atrás las complicaciones de su vida, nublando su
consciencia a medida que su corazón se aceleraba.
Debió de ser entonces cuando imaginó que levantaba a Kerry en sus brazos y la llevaba
al dormitorio, porque sabía perfectamente que era incapaz de hacer algo así.
¿O no?
*****
Kerry sólo reconoció de nuevo el lugar en que se encontraba cuando el penetrante
estallido de un trueno sacudió las ventanas. Pestañeó, dirigió una mirada al reloj y se
dio cuenta de que el mal tiempo mantenía una atmósfera de profunda oscuridad a pesar de
que ya quedaba muy poco para el amanecer.
Del exterior pudo escuchar de nuevo el trueno, acompañado del fogonazo de luz de varios
relámpagos. Aguzó la vista para ver el leve reflejo de la luz del reloj sobre los
entreabiertos ojos azules de Dar.
-Eso no suena nada bien.
-Uh huh -convino la mujer.
-No estarás pensando en salir a correr con este tiempo, ¿verdad?
-No. -Dar resopló ligeramente mientras recorría con sus dedos las desnudas costillas de
Kerry-. ¿Me tomas por loca?
-Sólo era para asegurarme. -Kerry pegó la nariz al tierno pecho sobre el que había
descansado toda la noche-. Últimamente has sido de lo más cabezota en ese aspecto.
Su amante se acomodó sobre la cama y emitió un débil y gutural ronroneo.
-Correr es una buena manera de empezar el día... me aclara la cabeza... y me da tiempo
para pensar. -Un trueno secundó sus palabras desde el cielo-. De todas formas, cuando
está así es cuando mejor se duerme -murmuró.
Kerry miró la lluvia que azotaba la ventana y los inconstantes relámpagos que
iluminaban el interior del cuarto.
-Sí... tienes razón. -Deslizó una rodilla entre los muslos de Dar y se fue acurrucando
más contra ella, extendiendo un brazo a lo largo de su espalda y exhalando con
satisfacción-. Bueno, aún nos queda una hora más.
-Mmhmm... -Dar tiró de las mantas hacia arriba y dejó que se le cerraran los ojos.
En ese momento, sonó el teléfono.
La ejecutiva maldijo por lo bajo, sacando un brazo de la cama y descolgando el
auricular sin necesidad de mirar a qué distancia se encontraba.
-¿Sí?
-Dar, soy Mark. -La voz del jefe de MIS surgió con un evidente tono de
preocupación.
-¿Qué pasa? -preguntó Dar, sofocando un bostezo-. ¿Ha caído un meteorito sobre Plano o
algo por el estilo?
-Peor... los portales transcontinentales se han caído. Un petrolero de Exxon dejó
caer el ancla en el sitio equivocado cuando pasaba por el Atlántico Norte y se llevó el
cable con él. Trescientos metros de cable.
-Ugh... -Dar se estremeció-. Jesús... ¿podemos redirigirlos? -Sintió el cuerpo de Kerry
estirarse a su lado y le acarició la espalda para que se volviese a dormir-. Oh, mierda...
teníamos planeada una reunión de ventas con cuatro nuevos clientes ingleses esta mañana.
-Lo sé -respondió Mark-. Por eso te llamo... Va a saltar tanta mierda de esto
que más nos valdría montar un negocio de fertilizantes. -Un leve golpeteo de teclas
surgió del otro lado de la línea-. Uno de los pares cortados es el de la línea de
administración... no saben quién tiene contacto y quién no, y no pueden redirigir nada
antes de que les consigan un diagnóstico de los desperfectos... Eso podría llevar horas,
o incluso todo el día.
-¿Podemos alquilar temporalmente una conexión vía satélite? -susurró Kerry.
Dar lo consideró un momento.
-¿Has dicho algo, Dar? -inquirió Mark-. Me ha parecido oír algo.
"¿Se lo digo? Qué demonios, él sabe que está en esta casa cada dos por tres".
-Kerry ha sugerido una alternativa... desviarlo a una línea por satélite y alquilar un
enlace.
-Oh... dale los buenos días de mi parte. -La voz de Mark adquirió un leve tinte
divertido, a pesar de las circunstancias-. A ver... tenían pensado llevarlo por
multimedia en tiempo real... No estoy seguro de que un satélite acepte tanta amplitud
de banda, pero es una idea. Tendríamos que reconfigurar todas nuestras terminales, y
las suyas por tener un sistema diferente... Tendría que conectarlo a la red general.
-¿Hay alguna otra posibilidad? Además de la redirección, porque me parece que nuestra
instalación no está preparada para algo tan serio -inquirió Dar.
-A mí no se me ocurre nada, jefa... por eso te he llamado -respondió Mark-. Y
he conseguido dos por el precio de una, porque Kerry era la siguiente de la lista.
-No me llames, por favor -dijo Kerry entre dientes-. Me he dejado ese chisme en modo
vibración y está en el aparador... Siempre me da un susto de muerte cuando se enciende.
Dar sofocó una risa.
-Vale... Llama a Intelsat e intenta conseguir una... No, dos conexiones. Di a tu gente
que llegue temprano para empezar a reconfigurar el sistema de la sala de conferencias.
-Acto seguido, abrazó a Kerry con fuerza-. Buen trabajo -afirmó con orgullo.
Kerry se limitó a encogerse de hombros modestamente.
-He aprendido de la mejor -contestó, devolviéndole el cumplido y apoyando la barbilla
en el esternón de Dar, sonriendo.
-De acuerdo, cuenta con ello -respondió Mark entre el sonido de las teclas de su
ordenador y el retumbar de un trueno-. Os veré en la oficina.
-Llevaré pastelitos -afirmó Dar irónicamente-. Y montones de café cubano. -Colgó
el auricular y suspiró dirigiendo la vista hacia el techo con indiferencia-. Era
demasiado pedir que pudiese quedarme en la cama.
Pero Kerry no la soltó.
-¿Por qué? ¿Hay algo que puedas hacer durante la próxima hora? -preguntó razonadamente-.
A Mark le va a llevar aún un buen rato encontrar a alguien de Intelsat, considerando
que están en California y son sólo las seis menos cuarto. -Comenzó a trazar un lento y
persuasivo recorrido por el abdomen de Dar, deslizando sus dedos en pequeños círculos
sobre la piel ligeramente ondulada.
Dar meditó, entre el impulso natural de lanzarse a solucionar el problema y el insidioso
deseo de su cuerpo de quedarse justo donde estaba. Bajo aquel agradable y cálido abrazo,
que susurraba en su mente todo el afecto que Kerry sentía por ella.
Sorprendentemente, su cuerpo ganó. Se rindió afirmando su posición sobre el cuerpo de
su amante, y exhaló suavemente.
-Tienes razón... No tiene sentido ir allí sólo para desgastar la moqueta. -El suave
golpeteo de la lluvia la estaba relajando una vez más, y sintió que sus ojos se volvían
a cerrar, justo antes de sentir los labios de Kerry sobre los suyos.
Las dos estaban demasiado cansadas como para ir más lejos, pero pasaron una placentera
media hora sólo jugueteando, sin llegar siquiera a decir nada, hasta que una reluctante
luz gris les avisó de que el sol estaba a punto de despuntar sobre el Océano. Dar se
estiró y salió de la cama, ofreciéndole una mano a su amante, que la miraba con aire
lánguido.
-Voy a ducharme... ¿Por qué no haces café mientras?
-¿Sabes? -Kerry saltó fuera de la cama de agua-. Ganaríamos mucho tiempo si nos
ducháramos juntas.
Una de las oscuras cejas de Dar se elevó en un gesto de expectación.
-Así que ahorraríamos tiempo, ¿eh? -Preguntó con una sonrisa-. Y agua también... ya que
estamos... -agregó, fingiendo analizar la situación-. De acuerdo... vamos.
Se dirigió al cuarto de baño, encendió la luz y atravesó la mampara de la ducha antes
de dejar correr el agua.
-Mm... -Kerry rodeó la cintura de la mujer con uno de sus brazos-. ¿Sabes, Dar? Creo
que la idea de no poder tocarte durante dos días y medio me... em... -se detuvo con
aire meditabundo.
-Excita -adivinó Dar besándola con rapidez-. Eso está bien. -Sonrió al ver el ligero
rubor que cubría el cuello y el rostro de Kerry-. Ven aquí. -Condujo a la mujer hacia
el centro de la ducha y dejó que la cálida y vibrante cortina de agua cayera sobre
ambas. Después se hizo con una esponja natural, le añadió gel y comenzó a lavar el
cuerpo de Kerry.
-Mmm... -Kerry se estremeció ligeramente antes de buscar la suya y corresponder a los
cuidados que estaba recibiendo, pasando la porosa superficie sobre la piel bronceada
de Dar. Iba por la mitad del tórax cuando se vio a sí misma acercándose y reemplazando
el lugar de la esponja con sus labios, incapaz de ignorar los deseos de su cuerpo.
Dar respondió, desplazando sus resbaladizas y habilidosas manos sobre las caderas de
Kerry, atrayéndola hacia ella y dejando que el torrente que surgía de la ducha las
cubriese totalmente. Se permitió olvidar el tiempo, mientras las manos de la joven se
deslizaban por su cuerpo guiadas únicamente por su pasión, envolviéndolas a ambas en
una ardiente intensidad, y haciéndolas temblar poco después. Dar se reclinó contra los
azulejos, húmedos por el vapor, y se las arregló a duras penas para conseguir que las
piernas la sostuvieran.
-Wow...
Kerry aspiró una bocanada de aire entre la cálida piel de Dar y el agua que resbalaba
por su cuerpo, inundando sus pulmones con el agradable aroma del gel.
-Oh... -Tras recobrar el aliento, apoyó la cabeza contra el brazo de Dar-. Supongo que
habrá que saltarse el desayuno...
Dar rió entre dientes, con la respiración entrecortada.
-A mí con esto ya me vale. -Terminaron de ducharse y salieron, envolviéndose en toallas
la una a la otra, y avanzaron lentamente hacia la sala de estar, donde las esperaban
los leves gemiditos de Chino como cada vez que las oía moverse por la casa.
-En fin... -suspiró Dar, pasándose los dedos por el pelo húmedo-. Autopista hacia el
Infierno, allá vamos. -Depositó un último beso en la rubia cabeza de Kerry y añadió-.
Oh... Eleanor... Cómo te gustaría tener una vida como la mía...
Y ambas se echaron a reír.
Continúa en la SEGUNDA PARTE