La ciudad bulliciosa despierta a un nuevo amanecer, el sol tímidamente se asoma por
entre los rascacielos de esta metrópoli en crecimiento, en un sector de clase media, en
un edificio de apartamentos en el cuarto piso alguien se estira perezosamente en su
cama, es una mujer alta, de cabello negro que le llega a los hombros, de tez morena,
entreabre sus ojos y son de color azul intenso, rápidamente deja las cobijas a un lado
y de un ágil salto se pone en pie, se encamina hacia el baño, después sale con una
sudadera puesta y en zapatillas para correr.
Son las 6:00 am, al salir a la calle, Ariadna, así se llama esta hermosa mujer; respira
el aire frío de la mañana, llena sus pulmones y empieza con un trotecillo suave a
avanzar hacia el parque que no queda lejos de allí, es su rutina de todos los días,
salir a trotar por el parque y luego hacer ejercicio en su apartamento donde tiene un
sitio especial para mantenerse en forma, su presencia no pasa desapercibida para la
gente que a esa hora pasa por allí, su cuerpo esbelto, su rostro hermoso y esa mirada
que cuando te ve de frente llega hasta lo mas profundo, sin embargo para ella da igual
quien pasa o deja de pasar, pareciera que el resto del mundo le fuera indiferente, y ha
sido así desde siempre, ahora a sus treinta años, siente que si no ha logrado encontrar
esa otra parte que la complemente, estará destinada a terminar sus días sola. Pero esto
no la preocupa para nada, tiene una vida cómoda, con lo necesario para vivir, sin
extravagantes lujos pero así se siente bien.
Ariadna es ingeniera civil, con gran reputación en el medio, una de los mejores,
pertenecen a una corporación muy prestigiosa en la ciudad, es la ingeniero encargada de
los mas prominentes proyectos, mano derecha de don Carlos Pérez dueño y director de la
corporación, se conocen desde hace muchos años fue el quien le dio la oportunidad de
demostrar allí todo su talento recién egresada de la universidad, este la considera
como su hija.
Ariadna regresa a su apartamento, su camiseta esta empapada en sudor, al entrar se
dirige al sitio donde tiene los implementos para hacer ejercicio, su rutina es hacer
abdominales, flexiones, y algo de pesas, para su cuerpo totalmente flexible es algo muy
fácil. Después de media hora de ejercicio, va hasta su cocina y saca del refrigerador
una botella de jugo de naranja y se sirve un vaso, luego coloca la cafetera y la deja
haciendo un poco de café, se mete en la ducha. veinte minutos después sale y va y le
apaga a la cafetera, luego va a su alcoba y abre el closet, saca una camisa blanca de
manga larga, unos pantalones color azul y el blaiser del mismo color, la ropa interior
la saca del cajón mas pequeño, se viste rápidamente, se sienta ante el espejo y peina
su hermoso cabello, se aplica un poco de maquillaje, algo muy suave como es su
costumbre, su cabello lo lleva en una cola alta que resalta mas sus hermosos ojos
azules. Se apresura a ir a la cocina y toma un poco de café y unas tostadas integrales,
luego va hasta el baño cepilla sus dientes, busca su portafolio y sale del apartamento.
Al llegar al parqueadero saluda al celador, y busca su auto, es un automóvil sencillo
pero cómodo, sube a el y sale a la avenida.
En una de las zonas mas céntricas se alza imponente el edificio de la Corporación Pérez
Ingenieros Asociados Ltda. En el último piso están las oficinas de los ejecutivos, en
una de ellas en la presidencia vemos a don Carlos Pérez, es un hombre de unos 60 años,
pulcramente vestido, se encuentra sentado ante su gran escritorio y habla por el
intercomunicador con su secretaria:
- Paula, cuando llegue la señorita Ariadna me le dice que pase a mi oficina, gracias.
En ese momento Ariadna hace su llegada a la Corporación, en el parqueadero deja su auto,
se saluda con otros empleados que van llegando, hay uno en especial que se le acerca y
le habla:
- Hola Arid. Cómo amaneciste?
- Yo acostada, en una cama. Contesta ella siendo divertida.
- Muy graciosa, le dice el. Espero que sola, porque si no me partirías el corazón.
- No crees qué está muy temprano para empezar con el coqueteo?
Le dice ella subiendo una de sus cejas. Gesto que derrite al hombre, que no es mas que
uno de sus colegas, otro ingeniero que trabaja en la empresa y que desde hace mucho ha
tratado de conquistarla.
- Te dejas ver tan poco que no puedo desaprovechar la menor oportunidad para
enamorarte. Todo esto lo conversan mientras caminan hacia el elevador que los llevara a
sus oficinas. Entran en el con otras personas, y esto hace que Julián su compañero de
trabajo se calle y solo le sonría conformándose, al salir del elevador Julián la lleva
hacia un lado y le dice en voz baja solo para que ella oiga.
- Dime cuándo aceptarás salir conmigo?
- Mi querido Julián, cuando aceptarás ese No que te he dicho siempre, ya sabes no soy
partidaria de las relaciones personales entre compañeros de trabajo, además yo solo
quiero ser tu amiga y nada mas.
- Eso lo sé, pero tu me gustas mas que como una amiga, además se que estás sola no
sales con nadie.
Ariadna se le queda viendo y con su mirada fría y cortante le dice:
- Y que si lo estoy, no se te a ocurrido pensar que me gusta estar así, que disfruto
de mi soledad, porque tienen que pensar que para que una mujer sea feliz debe tener un
hombre a su lado, es absurdo. Y ahora vamos a trabajar te parece?
El hombre hace un gesto de resignación y le regala una tenue sonrisa. Luego agrega:
- Hey! Sabes que no me daré por vencido aun, cuando me digas que estas locamente
enamorada de otra persona dejaré de insistir...
- No tienes remedio. Agrega ella.
Cuando Ariadna se aproxima a su oficina, oye que alguien la llama, es Paula la
secretaria de don Carlos.
- Ingeniera Linares, Don Carlos quiere verla en su oficina.
Ariadna sin ni siquiera mirar a Paula contesta:
- Bien, gracias.
Se dirige a la oficina da unos pequeños toques, desde adentro se escucha la voz de don
Carlos:
- Pase.
Ariadna abre la puerta y pasa al interior, don Carlos se levanta de la silla de detrás
del escritorio y se aproxima a ella para saludarla muy familiarmente dándole un beso
en la mejilla.
- Buenos días mi niña!
- Buenos días don Carlos.
Para Ariadna este hombre ha sido todo su apoyo, desde ese fatídico día en que por
absurdos del destino toda su familia murió en un accidente, el compañero inseparable de
su padre fue su respaldo cuando ella sintió que todo se desvanecía a su alrededor, el
fue su tutor, el administrador honesto y ecuánime de la fortuna que recibió como
herencia y que le permitió realizar sus estudios universitarios, aunque nunca aceptó
vivir con su familia, don Carlos estaba casado con una mujer superflua y materialista,
ambiciosa y Ariadna estaba segura que no lo amaba, solo estaba con el por su dinero, y
sabía muy bien como manipularlo; tenían una niña de 5 años hermosa de cabellos dorados
y unos preciosos ojos color verde mar, Ariadna nunca tuvo mucho contacto con ella, solo
en las ocasiones en que su familia era invitada a alguna fiesta y coincidían con la
familia de don Carlos, pero ella en realidad como le llevaba trece años de diferencia
no le interesaba mucho tener contacto con ella. Así que decidió ir a estudiar su
carrera universitaria en otra ciudad, claro sin dejar de tener contacto con don Carlos
en ese entonces, supo de los continuos problemas con su esposa, de la separación
definitiva de ella cuando esta lo dejó por otro, de los pleitos en la corte por la
custodia de su hija, la cual el ganó. Al terminar sus estudios y graduarse con honores,
don Carlos no dudo en vincularla a su corporación y convertirla en su mano derecha.
Para este hombre ella siempre tenía un gesto y una sonrisa amable.
- Buenos días don Carlos, cómo esta?
- Muy bien hija, ven siéntate quería comentarte algo.
- Usted dirá.
- Como sabes este fin de semana tenemos las licitaciones para el proyecto de la
construcción de la autopista al mar, y como representante legal y cabeza de la
corporación debo presentar el proyecto.
- Claro don Carlos, todo esta listo yo misma preparé el proyecto.
- Si hija lo se, por ese lado nada me preocupa; pero sabes que pasa, que este mismo
fin de semana llega mi hija de Europa y no voy a poder ir a recogerla al aeropuerto, ni
estar con ella hasta el lunes que regrese: quería pedirte un favor especial... no se si
tengas planes para este fin de semana.
Ariadna siendo perspicaz como es se da cuenta de lo que quiere don Carlos, encargarla
de recoger a su hijita y entretenerla el fin de semana mientras el llega, como si ella
estuviera para ser niñera de alguien. Pero no ve como negarse, además que tan terrible
puede ser pasar un tiempo con una chica de quince, dieseis, diecisiete años? En verdad
no sabe la edad de la hija de don Carlos.
- No. No tengo planes para este fin de semana, con gusto la recogeré en el aeropuerto
y la llevare a pasear por la ciudad, y bueno si quiere me quedaré en su casa con ella,
le parece?
Don Carlos sonríe abiertamente, no tubo que explicar mas, Ariadna lo entendió todo.
- Gracias hija, no sabes como te lo agradezco, yo hablaré con Natalia y le explicaré
todo, tendrá que entenderme.
- Natalia , así se llama su hija?
- Si no te acuerdas de ella, la chiquita de cabellos dorados que parecía dinamita
cuando asistíamos a las reuniones con tu familia.
- Si ella - me acuerdo de una de las últimas reuniones en que asistí con mi padre, ese
día la sorprendió usted detrás de una puerta tomando una cerveza y creo que ya se había
tomado como dos mas, usted le dijo que eso no se debía hacer, que el alcohol era
perjudicial para la salud, y ella le contestó altivamente que entonces porque su madre
tomaba tanto, si eso era algo tan malo...
- Si. Dice don Pedro con actitud melancólica. - Ese día no supe que responderle...
- Al poco tiempo su madre nos abandonó, luego vino el pleito por su custodia, fueron
días terribles para ella, pero siempre se mostraba fuerte y altiva, y cuando decidí que
estudiara en ese internado en España lo aceptó, aunque creo que lo hizo para huir de
todo el dolor que le producía el verme derrotado y destrozado por la partida de su
madre, como también la afectaba los comentarios mal intencionados de muchos acerca de
la moralidad de su madre.
- Sabes desde ese tiempo no viene a este país, soy yo el que la visita cada año, ahora
viene a pasar una temporada pero después se irá a continuar sus estudios en Barcelona.
Si la vieras es tan hermosa...
- Me alegro mucho de que venga a pasar un tiempo con usted don Carlos, así que deberá
sacar el tiempo necesario para pasarlo con ella, después de este fin de semana deje las
cosas a mi cargo.
- Eso haré hija, sabes siempre quise que tu fueras para ella como la hermana mayor que
no tuvo, solo que tu también te fuiste.
- Era mejor así, esta ciudad me traía recuerdos muy duros, pero que ya superé.
- Bien hija, el sábado la recoges a las 10:00 am, y después no se llévala a almorzar a
algún restaurante típico, al cine, no se; tu sabrás mejor que yo.
- Trataré de ser la mejor anfitriona posible, solo que yo no llevo mucha vida social,
además no se que les interesa a los jóvenes hoy en día.
- Ella te dirá.
- Bien ahora a trabajar.
Después de largos días de trabajo, hoy viernes Ariadna regresa por la avenida a su
apartamento, su auto va despacio y va mirando en el horizonte como el sol se oculta
lentamente, dándole ese toque de nostalgia a la tarde, sus días rutinarios a veces la
agobian; llegará a ese apartamento solitario, encenderá la radio y escuchara su música
favorita, hará un poco de comida ligera, encenderá la tele y dará vuelta por todos lo
canales sin encontrar nada de su agrado, luego tomará un libro de su extensa biblioteca
y leerá hasta que el sueño y el cansancio la venza y se retire a descansar.
En su pensamiento razona:
- Vaya vida la que tengo, esta tan llena de emociones. En su rostro se ve un amago de
sonrisa.
- Y esta sensación que siempre llevo conmigo, de ansiar algo que no se que es, ese
sentimiento de ausencia, de que me falta algo para complementar mi vida, pero no es
algo material, no es necesitar de mas gente a mi alrededor, es solo de alguien, alguien
que no se quien es y que muy probablemente jamás lo habrá...
Estando en estos pensamientos llega hasta su apartamento.
Deja sobre una mesa el portafolio, se quita los zapatos y camina descalza por el lugar,
enciende la radio, pone un cd, luego va hasta la cocina y saca un jugo de la nevera,
vuelve a la sala y se recuesta en el sofá grande, cierra sus ojos y se deja llevar por
la música, al cabo de una media hora, se levanta y vuelve a la cocina, saca de la
nevera algunas frutas y prepara una ensalada sencilla, apaga la música y enciende la
tele, no hay nada que ver, la apaga y se dirige al balcón, el aire fresco de la noche
le da en la cara y respira profundamente, alza sus hermosos ojos azules al firmamento,
la noche esta despejada y hay miles de estrellas, piensa en voz alta:
- Me pregunto si en tantas estrellas que hay, pueda existir un planeta igual a este,
con gente como nosotros, con los mismos problemas, o tal vez alguien que lleve la misma
vida que yo llevo, me pregunto si alguien esta pensando igual que yo...
- Qué idioteces digo!
Entra de nuevo a su apartamento y consulta el reloj, entra a su recámara y se pone la
pijama, se mete entre las cobijas y se dispone a dormir.
El sol entra a través de la venta del cuarto de Ariadna, hoy se permitió dormir un poco
mas, mira el reloj y son las 7:00 am, sale de la cama y se pone su ropa deportiva y
como siempre sale a trotar.
De regreso ya son las 8:30 am, hace su rutina de ejercicios y se mete en la ducha. Sale
presurosa pues sabe que tiene que ir al aeropuerto a recoger a Natalia la hija de don
Carlos.
Busca en su closet unos jeans y una camiseta, zapatos cómodos, y una chaqueta en cuero,
coge su cabello en una media cola. Busca sus gafas de sol, pues la intensidad de este
le afecta un poco sus ojos.
Toma las llaves de su carro y sale.
En un avión comercial que se aproxima al aeropuerto central de la ciudad, en la zona de
la mitad se encuentra al lado de la ventanilla una mujer, cabello dorado y corto, tez
blanca, va reclinada hacia atrás y lleva sus ojos cerrados, de pronto voltea su rostro
hacia la ventanilla y abre los ojos, la luz del sol de la mañana hace que los frunza un
poco, pero se puede ver el color hermoso de ellos, un color verde aceituna que al
reflejo del sol dan destellos azulados, su rostro es hermoso, al mirar a través de la
pequeña ventanilla, su mirada se torna nostálgica, ella no es mas que Natalia Pérez la
hija de don Carlos; la voz de la azafata indicando que se abrochen los cinturones
porque están próximos a aterrizar la saca de sus pensamientos.
En la sala de espera recostada a un muro esta Ariadna, cual alta ella se ve imponenente
en esa pose, su cabello negro azabache, sus piernas largas y firmes, sus brazos largos,
al no llevar abotonada la chaqueta deja ver debajo de esta a través de la camiseta que
lleva puesta su abdominales bien definidos, lleva puesta una gafas oscuras que esconden
esos preciosos ojos.
Anuncian la llegada del vuelo procedente de Barcelona, entonces Ariadna se aproxima al
muelle y empieza a ver el avión que poco a poco va terminando su recorrido en la pista,
recuerda lo que le dijo don Carlos:
- La reconocerás fácilmente, es una chica rubia, de cabello corto, mas bien de poca
estatura, tiene unos ojos preciosos verdes y muy seguramente estará vestida en jeans,
zapato deportivo y traerá un morral.
Los pasajeros empiezan a bajar y Ariadna muy atenta los mira uno a uno, después de ver
salir a uno diez aproximadamente, ve a una pequeña rubia de cabello corto que asoma por
la puerta, va en jeans, chaqueta en cuero, zapatos deportivos y un morral en su brazo
derecho; aun a la distancia puede ver lo hermosa que es, y sin saber porque siente una
sensación rara dentro de ella que no puede pasarla desapercibida, se aleja un poco del
muelle y se dispone a esperarla.
Por su parte Natalia termina de bajar la escalinata del avión y se dirige con los demás
pasajeros a la salida, sus hermosos ojos empiezan a mirar a todas partes como buscando
algo o a alguien; su padre por teléfono le explicó por qué no podía ir él a recogerla,
pero que en su lugar iría otra persona muy cercana a él, al principio llegó a pensar que
se trataba de alguna nueva novia de su padre, algo así como su nueva madrastra, cosa
que la irritaba, la relación con su padre no era la mejor, había pensado siempre que
este la había hecho a un lado al mandarla a estudiar fuera del país, y cuando la
visitaba en vacaciones solo era una semana y ya, y se limitaba a llevarla de compras, a
complacer sus caprichos ye ella hubiese querido que todo ese amor que le decía tener se
lo demostrara de otra forma, cuantas veces quiso compartir con el cosas simples, como
hablarle de lo mucho que lo extrañaba, de sus inquietudes acerca de tantas cosas, de lo
sola que se sentía en ese internado a pesar de tenerlo todo, pero nunca se daba el
momento. Incluso ahora mandaba a una extraña para ella a recogerla; le había dicho que
la reconocería fácil por su porte, que era una mujer muy alta, de cabello negro largo,
cuerpo atlético y ojos azules, que Ariadna era como de su familia, algo así como su
sobrina favorita, esto le había dicho don Carlos, pues bien ahí estaba buscando con su
mirada a su supuesta prima.
Ariadna se va acercando poco a poco Natalia, quien esta de espaldas, se ha quitado sus
gafas oscuras; de pronto Natalia se da la vuelta y sus miradas se encuentran, el azul
intenso choca contra el verde aceituna y en el plano cósmico donde se cruzan los
destinos de todos los humanos hay luces multicolores y música de hadas porque estas dos
almas se han encontrado, por supuesto todo esto pasa desapercibido para el resto del
mundo, solo ellas en lo más profundo de sus almas sienten una sensación rara y por
milésimas de segundos no rompen el contacto visual.
Ariadna se aproxima mas, Natalia espera, al estar cerca, ambas hablan al mismo tiempo.
- Tu debes ser Natalia.
- Debes ser Ariadna.
- Bien, dice Ariadna, alargando su mano. - Soy Ariadna Linares.
Natalia alarga la suya y contesta:
- Natalia.
El contacto se da brevemente, pero a ambas llegan sensaciones raras que no pasan por
alto.
Natalia mira de arriba a bajo a Ariadna y comenta.
- Tal como te describió mi padre.
Ariadna solo se limita a medio sonreír y dice:
-A ti también te describió muy bien.
A lo cual agrega Natalia:
- Y eso que solo me ve una vez al año por unos días.
En la forma en que lo dice Ariadna nota cierto recelo por parte de Natalia hacia su
padre.
- Bueno vamos por tu equipaje, agrega.
- Equipaje? No. Solo traje este morral.
- Y tu ropa? Dice Ariadna.
- Ropa? No yo no me complico con eso, planeo renovar mi vestuario aquí en esta ciudad.
- Entonces vamos, te llevare a desayunar y después a tu casa.
- Todo eso esta muy bien, pero quiero saber una cosa antes de ir.
- Si dime?
- Tu eres ahora la noviecita de turno de mi padre?
Los ojos azules se iluminan con chispas de fuego, y se clavan lacerantes en los ojos de
Natalia, es una impertinente esta niña. Piensa.
Tomando aire para tranquilizarse contesta.
- No. No lo soy, yo trabajo con tu padre, somos buenos amigos, hey! Pero cuando digo
amigos es solo eso amigos, no mal interpretes las cosas y solo estoy aquí porque el me
pidió el favor de estar contigo este fin de semana mientras el llega, queda claro.
- Esta bien no es para tanto, ya lo entendí. Solo quería saber.
Ariadna comenta en voz baja:
- Este será un largo fin de semana.
Continuará...