"A veces quisiera no ser quien soy, estar en otro lugar otro tiempo, quisiera ser
alguien mas y ser libre para sentir pero solo es eso querer, porque mi destino ya esta
trazado y el camino ha comenzado."
- Hay cosas que es mejor no saberlas nunca.
¿Cuánto tiempo?, ¿cuánto tiempo hacia que no le veía, que no le sentía?, dioses ¿por
qué aparecer ahora si fue capaz de dejarla a su suerte tan débil que aquellos hombres
lograron atraparle. No, no se lo perdonaría tan fácil, Tamara lo pagaría, ella se
encargaría de vengarse. Se vengaría.
Los destellos coloridos de aquella ciudad se opacaron ante la esplendorosa luz solar,
que poco a poco inundaba todo paisaje que alcanzara a cubrir la vista. No tenía idea de
cuantas veces había visto un amanecer como ese, con las pocas nubes pintadas de rosas,
naranjas y morados apastelados colores. En el horizonte el sol, tan imponente, tan
llamativo como es. A su lado un cuerpo, un pequeño cuerpo acomodado en posición fetal.
¿Cómo había podido esa niña apaciguar aquellas pesadillas que iban y venían a su
memoria?, ¿cómo es que esa criatura tan pequeña e indefensa le daba valor suficiente
para enfrentarse a tantos demonios que llevaba dentro?, no encontraba explicación
alguna, solo ese sentimiento, ese sentir que le llenaba la vida, como si la mitad de su
alma reaccionara ante el acercamiento de aquella chica.
- A que es hermoso.
Se descubrió sorprendida por aquella dulce voz y tan rápido como pudo le quitó los ojos
de encima para ver nuevamente a través de la ventana hacia el paisaje de la ciudad.
- ¿De qué hablas? - Preguntó poniéndose de pie.
- ¿De qué va ser?, del amanecer, tiene cierto encano ¿no lo crees?
- Si, es magia.
- Por cierto ¿piensas decirme tu nombre algún día?
- Quizás, algún día.
- Bien y hasta que llegue el momento ¿cómo debo llamaros?
- Llámame... Hanna...
- Es un lindo nombre.
La morena se colocó la chaqueta de cuero que había dejado en la silla del pequeño
comedor, sacó las llaves del auto de su bolsillo y salió sin decir nada, sin responder
al halago de la rubia y sin importarle mucho lo que la chica pensara.
Anges se levantó y cambió sus ropas, eran las mismas ropas que llevaba desde el día
anterior. Se dió una ducha rápida y se cambió. Miró el reloj dando las 10 de la mañana,
era ya muy tarde para llegar; aun así se dio prisa, tomó su auto y salió a la jungla de
asfalto, donde todo puede pasar y pasa, donde las coincidencias son mas probables y
donde los caminos se unen y se separan una y otra y otra vez. Un día igual a tantos.
Tomó las cosas necesarias para entrar en el laboratorio donde ya estaban reunidos
varios de sus compañeros de trabajo, se tomó la cabeza recordando que llevaba meses ya
con aquel experimento y no había avanzado mucho, en realidad apenas y habían logrado
descifrar que el ser humano si tenía alma, el chiste de esto era demostrarlo.
Terminó cansada, le dolía la cabeza y sentía el cuerpo cansado, la noche anterior no
había dormido mucho, si acaso unas tres horas había pasado en los brazos de Morfeo era
mucho.
-¿A dónde iría?
La pregunta se repetía una y otra vez en su cabeza, agotada subió a su auto y se
dispuso a regresar a su departamento, no había desayunado ni comido, pero no tenía
hambre solo se sentía mal, como si aquel hermoso sol tomara su energía, nunca antes se
había sentido así, conducía lento con precaución para evitar accidentes, pero estos
pasan, tienen que pasar, lo queramos o no las cosas pasan pero siempre por una razón.
Así era que se había quedado dormida al volante y se había pasado un semáforo en rojo,
tres autos se estrellaron de inmediato, ella misma de no haber sido por el cinturón
habría muerto, su frente había chocado con el parabrisas haciendo de este un vidrio
estrellado, una obra de arte hecha con sangre. No supo cuando su sueño se volvió
pesadilla, podía oler la gasolina que se había regado en la carretera, sentía el
intenso calor de las llamas de los autos a sus costados... la ligera conciencia que le
quedo le advirtió que pronto eso estaría peor y que sin duda no podría volver a mirar
aquellos ojos azules. De nuevo la perdería... ¿De nuevo?
(Despierta, despierta... no puedes dejarme, no otra vez, no me dejes... Gabrielle...
despierta)
Sus sentidos estaban atrofiados no podía recordar nada he intentarlo sería aumentar el
dolor de cabeza, todo estaba borroso, su cuerpo no respondía, estaba atada a algo, una
camilla, los colores comenzaron a aclararse las figuras a definirse, su visión
comenzaba a reaccionar y lo primero que vio tal cual era, con la claridad que merece
ser vista, una morena de ojos azules tomando su mano caminando a su lado entre aquellos
hombres vestidos de blanco... Temblaba, la alta chica estaba temblando, pero no la
soltaba, no echaba a correr como seguro tenía ganas de hacer. Tenía miedo a algo. Se
veía tan débil, tan... y recordó, la bata que ahora mismo ella usaba, la morena la había
usado el día de su accidente, el día anterior que ahora le parecía de mucho tiempo
atrás. Ahora entendía algo de todo aquello. Hanna le temía a ese lugar.
Lo último que vio fueron esos fríos ojos azules y lo último que sintió esas firmes
manos tomando con fuerza la suya, lo último que escuchó de esos labios rojos fue su
nombre "Anges".
El ¿qué diablos hacia allí? le abofeteó tan pronto se vio rodeada de todos aquellos
mortales vestidos iguales, con batas blancas, tan similares a los que habían querido
jugar con su inmortalidad la hizo temblar, odiaba todo a su alrededor, todo excepto a
ella, aun sin entender que diablos le pasaba cuando estaba con ella, no la soltó,
atravesó pasillos llenos de esa gente que a cada paso le recordaban el dolor, la
soledad, la agonía y la tristeza que había tenido que pasar, y quiso correr, quería
hacerlo y sin embargo apretó mas fuerte la pequeña mano que tenía sujetando, cerró los
ojos y dijo su nombre. "Anges".
Subió a la azotea del edificio mirando fijamente a ningún lado, al infinito cielo, su
oscuro color y sus chispeantes estrellas. Sus ojos azules lucían apagados, como siempre
pero la agitación en su pecho le obligó a recordar el accidente de hacia unos minutos...
"Que delicioso era vagar en esa ciudad tan concurrida, con gente yendo y viniendo a
ningún lado. Podía darse el lujo de escoger a su presa, nuevamente se sentía como la
cazadora que era y que siempre sería, oliendo rastros y siguiendo esencias. Si aquello
le había hecho tanta falta, la sensación de matar, de perseguir y de sentir el miedo
que se acrecentaba en el interior de sus víctimas. Subió al techo de un alto edificio
escudriñando a todo ser que pasara bajo ella, y le hayó, una chica de alrededor de los
20 años, un bocado suculento. De un salto cayó sobre la sombra de la chica que brincó
del sobresalto que su corazón advirtió peligro, sentir que desapareció al momento en
que sus marrones ojos tropezaron directo con los azules metálicos de aquella alta mujer.
La chica se dejó llevar por ese encanto tan paradójico que le pedía mas cercanía. La
tomó entre sus fuertes brazos, el éxtasis que la chica sintió la inundó, llenó por
completo su ser para perder el control de su cuerpo por completo. Cerró los ojos, la
chica le imitó, movió ligeramente su cabeza y su cabello dejando al descubierto el
delgado cuello de la chica; su lengua recorrió seductoramente sus labios, los
escondidos colmillos marfilados salieron a la poca luz de la calle, se acercó
disfrutando de su interminable tiempo para tomar la vida de un mortal mas, besó aquel
trozo de carne que había perdido su voluntad y los colmillos comenzaron con su trabajo,
comenzaron a hincarse en la piel... Algo había detenido su acto, una voz en su cabeza y
comenzó a dolerle todo el cuerpo como si le hubiesen atropellado. Dejó caer a la chica
sin conciencia y tomó su cabeza con ambas manos. Volteó a todos lados y encontró algo
en específico en la carretera, aquel auto, lo conocía. Caminó hasta hallarse entre las
llamas que salían de los autos accidentados, su olfato fue invadido por el olor
inconfundible del combustible, pronto todo aquello quedaría bajo las infernales llamas
sacó con delicadeza un cuerpo mas chico que el suyo, mas fino, mas débil. Anges no
estaba bien, había sufrido incalculable cantidad de golpes, tenía la frente abierta y
sangraba... sangraba."
- Maldita sea.
Golpeó tres veces seguidas el piso en el que se mantenía sentada haciendo sangrar sus
nudillos, los miró, y llevó su mano a la boca sorbiendo la sangre que comenzaba a
embarrar sus ropas.
Con las manos en los bolsillos y contando los escalones que bajaba, con la cabeza gacha
y sus azules ojos escondidos tras un par de mechones rebeldes bajó a la habitación de
la rubia. Toda la noche la había pasado en el techo del hospital mirando las estrellas
y por el pesado sueño perdiéndose el amanecer. Según el reloj del hospital marcaba poco
mas del medio día, al hallarse en la sala de espera se encontró con varias personas mas
de las que por la noche estaban allí, con regalos y flores, todos con esa mirada de
preocupación, y se preguntó si en esos momentos ella se veía igual, o como su parte
inmortal, sin sentimiento alguno. Miró mas detenidamente a cada personaje en la sala,
una mujer de 45 años con cabello rubio y ojos color miel, con la piel un poco arrugada
y unos ojos cansados, triste y preocupada, a su lado tomando su mano un hombre mayor
que la señora misma, con la piel un poco mas marchita y unos ojos igual de verdes que
los de Anges, grandes y con esa chispa de inocencia que tanto caracterizaron a la chica
que ahora estaba en una camilla en alguna de las habitaciones del hospital. Por último
se fijó en un muchacho, de mayor edad que Anges, era fácil notarlo, con el cabello
cenizo de su padre y los ojos amielados de su madre todos tomados de las manos, dándose
ánimos, intentando tranquilizarse unos a otros, como una familia, eso eran ellos una
verdadera familia, algo que ella misma nunca estuvo segura de tener.
Se introdujo a horcajadas en la habitación en que habían colocado a la chica de ojos
verdes. Aun antes de que sus familiares entraran. No tenía derecho ni privilegio pero
necesitaba verla, necesitaba saber que estaba bien, necesitaba... la necesitaba a ella.
Así de simple.
Dentro del cuarto cerró las cortinas. El cuarto quedó tenuemente ensombrecido, se
acercó a la cama y se sentó en la silla mirando detenidamente a la chica.
- Anges... yo... lamento no haber estado contigo, pero me siento extraña a tu lado...
es algo que no puedo entender, muchas cosas han cambiado, cosas que nunca había visto
pasan ante mis ojos tan cotidianamente ahora... ni siquiera entiendo por qué te cuento
esto, mi vida no es tan simple como crees, como te lo dije antes, no pertenezco aquí,
solo despierta... por favor, despierta.
Hundió su pálido rostro entre las pulcras sábanas blancas, un sollozo, y las lágrimas
salieron de sus ojos cuan mortal que siente dolor, tristeza y vacío, un gran vacío.
Sintió una mano posarse en su larga cabellera azabache y en un par de palmadas la
delicia de las caricias que una madre brinda a su hijo que a caído de la bicicleta y se
ha hecho un raspón en la rodilla, con esa delicadeza y con esa ternura. Su mirada se
levantó un tanto sorprendida, Anges estaba despierta, la había escuchado, sin
interrumpir su confesión, solamente brindándole aquello que le hizo sentir completa,
como si su alma estuviera completa por fin.
- Estoy bien... gracias a ti - Le limpia las lágrimas que aun no logran saltar de su
mejilla - no se quién eres, de dónde vienes o por qué dices que no perteneces aquí y no
me importa saberlo - tose.
- Calma, descansa, prometo explicarte un par de cosas cuando salgas de aquí.
En la puerta, la enfermera toca para anunciar la llegada de las visitas, la mujer
vestida de blanco entra y tras ella su familia, a la que reconoce al instante y una
sonrisa tan dulce se dibuja en su rostro, su padre carga al frente una charola con el
desayuno.
- La enfermera lo había traído hace unas horas pero aun estabas dormida.
- Gracias papá.
- Hey enana que has logrado tu sueño infantil, has salido en televisión.
- ¿A qué te refieres pimpollo?
- Pues que te han encontrado fuera del hospital en brazos de una extraña y tu automóvil
estrellado en el centro de la ciudad a unas 2 horas de aquí.
El chico prendió el pequeño televisor y colocó el canal de las noticias donde su
accidente pasaba en el día por cuarta vez.
"Los testigos anuncian que la chica que conducía el pequeño Atos fue llevada al hospital
general por una mujer desconocida, lo inexplicable del caso es que hayan tardado menos
de 20 minutos en llegar allá y que los otros conductores simplemente lograran salir de
los autos justo antes de que estos explotaran como hicieron".
- ¿Ahora vez a lo que me refiero enana?
Un rato después todos se despidieron dejando a la convaleciente con un escaso desayuno
de dieta, una gelatina light, yogurt y un vaso de jugo de naranja.
- Vaya aquí me voy a morir de hambre.
Tomó su jugo que mantenía presionado el periódico del día y mientras daba un sorbo las
letras del encabezado llamaron su atención.
"¿Laboratorios secretos del gobierno?, hace unos días una terrible explosión
subterránea sacudió por completo a un pequeño pueblo a las afueras de la ciudad, de los
restos hallados se han encontrado cantidades de material para experimentos, agujas,
pinzas, catéteres e instrumentos para operaciones, ¿acaso el gobierno tiene algo que
ver con estos laboratorios subterráneos?"
- ¿Por qué demonios me traen estos periódicos amarillistas, quieren que me recupere o
que me ponga peor?
Aventó el periódico a la silla donde antes se había sentado Hanna, miró la silla y el
periódico, la silla otra vez y se estiró para seguir leyendo ese artículo amarillista.
Se saltó algunos renglones hasta encontrarse con una foto del lugar, desde allí reanudó
su lectura.
"Nadie, absolutamente nadie ha logrado salir con vida, lo único que ha quedado de estos
hombres ha sido su recuerdo".
Levantó la mirada a la televisión donde por fin terminaban con las indagaciones de su
accidente y pasaban a las siguientes noticias, que de casualidad resultaron coincidir
con su actual lectura.
"Nadie sabe que tipo de criatura ha logrado causar este desastre, el señor presidente
pide calma, (nadie debe alterarse, no sabemos si fue una criatura o una explosión
accidental) esas son las palabras del presidente, ahora pasamos con las noticias de los
deportes..."
Así su mente comenzó a trabajar, la universidad quedaba para las afueras de la ciudad,
no muy lejos de aquella explosión, ese mismo día se había topado con Hanna y llevaba
una bata como la que ella traía puesta, "no, ella no pudo... no pudo hacerlo ella". Lo
que resto del día lo pasó sumida en sus pensamientos, todo aquello embonaba de las mil
maravillas, y aun así no quería creerlo, no creía capas a Hanna de algo tan horrible,
matar a tantas personas. ¿Qué estarían haciendo con ella en ese lugar?, recordó el
temblor que la de ojos azules intento esconder cuando la introducían a cirugía.
- Tenía miedo... por eso tenía miedo.
La noche siempre puntual a su cita llegó y con ella a través de la ventana una sombra
se introdujo a la habitación, la rubia tenía bien sujeta en sus manos la plana en que
anunciaban los laboratorios secretos aunque aun siguiera dormida. Liberó el papel de
sus manos y lo leyó, intentó imaginar que había pensado la rubia de eso, pero el caso
es que el daño estaba hecho y ya no podía ayudar a nadie de aquellos seres asquerosos
que jugaban a ser dioses con ella... ¿Ayudar?, antes nadie hubiera apostado a que
oirían aquellas palabras de su boca, de la Destructora de Naciones, antes ni siquiera
lo hubiese pensado.
-¿Quién eres tu?, ¿por qué soy tan diferente a tu lado?
Abrió las persianas que la enfermera había cambiado para colocar unas limpias dejando
que la luz de la luna alumbrara la habitación sin que demasiado brillo lastimara los
ojos de la rubia si despertaba. Se acercó a ella, con paso lento, pausado y callado, no
había hecho un solo sonido al caminar hasta llegar donde la chica. La miró
detenidamente, buscando quizás eso tan especial que le provocaba cambiar.
-¿Qué tienes que no tengan los demás?
- La mitad de tu alma mi querida Hannael.
Sintió el frío recorrer su espalda, sintió el rencor de la venganza y sintió la furia
de saber quién estaba tras ella e imaginándose la cara de satisfacción que esta había
puesto al atraparle con la guardia baja. Así giró sobre sus talones tan bruscamente
como pudo, sus ojos se tornaron mas fríos de lo usual, se encendieron en odio y toda
tranquilidad que una vez invadió su ser se esfumo por completo.
-¿Qué demonios haces TU aquí?
- Vaya, que manera tan descortés de recibir a un antiguo AMOR.
- ¿Tu? ¿antiguo amor?, vamos Tamara ¿a qué juegas?
- Lo sabes.
- Yo no tengo nada que ver contigo, solo una cuenta pendiente.
- Imposible cariño, ya deberías saberlo, tu me perteneces y esa rubia... bueno, podria
unirla a nosotros si tu me ruegas que lo haga.
Se acercó a la rubia, se sentó a la orilla de la cama y depositó un beso en los labios
de Anges.
- Tus gustos siempre han sido buenos, es hermosa.
- Que no se te ocurra acercarte de nuevo a ella.
- Todo depende de ti, cherry.
La chica saltó, y de la misma manera en que había llegado desapareció tras el bailoteo
de las cortinas ante su paso y el paso del viento que se llevó con ella.
- Maldición... Tamara, te mataré, ¡¡¡Te mataré!!!
Miró por unos instantes fijo fuera de la habitación, su mirada se había perdido en
algún lugar de la ciudad y su mente, su mente vagaba por los confines del tiempo en
dolorosos recuerdos, recuerdos que esa niña le hacia olvidar de una forma tan mágica
como resulta el amanecer mismo.
Esta historia... continuará...
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Notitas y nototas: vale, necsito opiniones para saber si continuar o no, la
verdad es que he entrado en una etapa de depre y salir me está costando mucho, me
caería bien un par de comentarios, gracias.