DISCLAIMERS: Lo mismo de siempre, ya saben lo que es mío y lo que no.

No fue, es ni será mi intención quebrantar la ley ni nada parecido a los Derechos de Autor.

Cualquier duda, sugerencia, comentario y criticas (constructivas y destructivas tambien ¿porque no?) son bienvenidos a mi mail s_healer@hotmail.com o bien healer_yaten@yahoo.com.mx

Bienvenid@ a la última parte de esta historia UBER en cuyo contenido se encuentra la relación amorosa entre dos mujeres, lo cual significa que si te incomoda o no te gusta la idea y aún así decides leer esto... sera tu prerrogativa y ha dejado de ser mi responsabilidad... Ya sabes lo que dicen: "Guerra avisada no mata gente" o para no sonar sádica, "Bajo advertencia no hay engaño".

Para aquellos que se interesaron y preguntaron, quiero enviar un agradecimiento a Claudia por haberme hecho el favor de pasarme los capítulos que buscaba. GRACIAS. J.

Además de una disculpa por un error de tipo tipográfico (quiero culpar a la dislexia) por lo cual los videos no llegaron a tiempo. Sorry. Pero ya esta corregido y ya va el que me regresaron en camino.

Y esta última parte la dedico a Guille.

Bueno... l@s dejo en paz para que puedan leer...


LA SOMBRA DEL ENCUENTRO

por Healer

Sexta parte

Fanny abrió los ojos para ver un paisaje verde. Estaba de pie frente a un interminable jardín y pudo ver a una mujer con un vestido de gasa blanco que salía a la terraza para sentarse bajo la sombra de una sombrilla a tomar el té. Fanny se sentía inexplicablemente atraída hacia aquella joven mujer cuyo rostro aún no podía ver por la distancia, pero que estaba delicadamente enmarcado por un sobrero blanco de ala ancha.

Como temiendo interrumpir las cavilaciones internas de la dama, Fanny se acercó lentamente. Su sorpresa fue grande cuando se pudo percatar del asombroso parecido que había entre ella y la mujer del vestido blanco. Era prácticamente como verse a sí misma en el espejo o en la proyección de un vídeo. Fanny estaba ya virtualmente en frente de la joven pero ella no daba indicios de advertir su presencia.

Así de cerca, Fanny pudo admirar el fino bordado inglés que adornaba el cuello del vestido y la delicada caída de la falda, la cual caía suavemente hasta la media pierna de la joven. Fanny hundió sus pupilas en las de su doble y le fue imposible abstraerse de la profunda melancolía que brillaba en el fondo de aquellos ojos.

La mujer dio un ligero suspiro mientras observaba distraídamente el brillo de la luz matinal sobre un anillo de diamantes que adornaba su mano. Fue entonces que Fanny observó que de la mansión erguida a espaldas de la mujer de blanco, salía un hombre de estatura media y de cabellos castaño oscuros que a Fanny le pareció familiar sin poder llegar a reconocerlo claramente. El hombre se acercaba a la joven y ponía sus manos sobre los hombros de ella depositando a la vez un beso en su mejilla. Entonces Fanny notó que la mujer cambiaba automáticamente su expresión ausente colocando una sonrisa en donde antes había una mirada triste. Sin embargo Fanny supo que la tristeza seguía ahí, aunque oculta tras una máscara de alegría.

Luego todo pasó muy rápido. Unas voces masculinas discutiendo acaloradamente se escucharon desde un rincón del jardín. Al poco rato aparecieron frente a la pareja unos hombres vestidos con uniforme que intentaban detener a un joven pelirrojo. Los de uniforme, que Fanny identificó como los sirvientes, trataban de advertirle al joven que el señor de la casa no estaba en la disposición de recibirle, pero por más que los hombres insistían el airado joven seguía avanzando por el jardín en dirección de la terraza. Era claro que aunque los sirvientes le seguían de cerca y trataban de convencer al intruso que no sería bien recibido, sentían cierto temor de tratar con mayor rudeza al hombre pelirrojo. Fanny pensó que tal vez se trataba de alguien igualmente importante y por eso los sirvientes no se atrevían a actuar con más decisión.

Antes de que cualquiera de los presentes tuviera tiempo para reaccionar, el pelirrojo se acercó a la pareja a sólo unos metros de distancia. Fanny entonces sintió que el corazón se le detenía paralizado por el miedo. Con una inexplicable angustia escuchó las palabras del pelirrojo:

- Si crees que me voy a quedar con los brazos cruzados mientras tú disfrutas a la mujer que quiero estás equivocado. Sí no se la dejé a la maldita de la Doctora Pappas y por eso ocasioné aquel derrumbe, MUCHO MENOS TE LA DEJARÉ A TI!!!!! ¡Y aunque la idea era que la mujer muriera, de cualquier forma logré mantenerla lejos de Jan! ¡Maldita sea tu estirpe Jack Kleinman! ¡Nunca te casarás con ella!

Después, las cosas se sucedieron con vertiginosa confusión. El joven se llevó una mano al interior del saco extrayendo un revólver que apuntó hacia el hombre. La joven volvió el rostro y Fanny pudo ver el horror dibujado en los ojos color verde de su doble. Con una rapidez mayor aún que los movimientos erráticos del hombre pelirrojo, evidentemente ebrio, la mujer de blanco se puso de pie.

- No hagas algo de lo que te arrepentirás, Shane,- gritó la joven al tiempo que se interponía entre el hombre de cabello castaño y el curso de la bala ya liberada por el gatillo.

Fanny quiso gritar para advertirle a la joven rubia, pero la mancha roja que repentinamente cubrió el vestido blanco, y el extraño dolor que le atacó el estómago, le hizo entender que ya era demasiado tarde. El sombrero blanco caía al suelo y el cuerpo agonizante de aquella mujer se desplomaba en los brazos del hombre que sería su esposo. Los sirvientes se abalanzaban hacia el hombre pelirrojo que gritaba y lloraba como si hubiese enloquecido.

Por un momento Fanny pensó que la bala le había tocado a ella misma, porque la punzada aguda en el estómago no la abandonaba cuando se acercó a ver a la muchacha rubia tendida sobre el piso de la terraza.

- ¡Dios mío, amor, resiste! Pronto llegará el médico y estarás bien,- decía aquel hombre tratando de mantenerse sereno, pero Fanny entendió que el pobre muchacho se moría también de pena al darse cuenta de que la herida en el cuerpo de la joven era sin duda mortal.
- No hace... falta ya- le contestó la joven con dificultad,- Los Dioses saben... lo que hacen.
- No digas eso.
- Tú... cuídate mucho... sé feliz... libérate de esta jaula de oro... que te sofoca- susurró la joven al oído del rubio con la voz cascada por los estertores de la muerte.
- No me dejes.
- Un último favor... dale esto... a ella y perdóname... por no poder...- apenas alcanzó la joven a decir señalando con la mano ensangrentada el collar que le pendía del cuello y un viejo pergamino. Luego expiró.

*****

Aline sintió que el espíritu se le desprendía al contacto con los labios de Fanny. Un sabor a fresas silvestres le llenó la boca y de repente parecía que el resto del mundo desaparecía para dejarla sola con aquella mujer en sus brazos que se rendía poco a poco a sus caricias. De súbito entendió que el vacío que siempre había sentido se iba llenando cálidamente. Parecía que la búsqueda había terminado. Había navegado por mucho tiempo para llegar a aquella orilla de la vida.

*****

Aline abrió los ojos para ver un paisaje lluvioso. Pudo ver gente vestida de negro presenciando un entierro bajo el amparo de las sombrillas. Los hombres portaban trajes oscuros a usanza de mediados de siglo y las mujeres trajes de talle largo negro a la última moda de los cincuentas. Algunas damas mayores aún llevaban faldas hasta los tobillos.

Todos se veían profundamente tristes, como si la persona que ese día enterraban hubiese sido alguien verdaderamente amada por todos. El sacerdote recitaba su sermón, pero ni todas sus palabras parecían consolar a nadie.

Aline no tenía idea de quien había muerto, pero inexplicablemente sentía que el alma se le desquebrajaba ante la escena, como si se tratase de alguien que hubiese sido su misma vida. La ceremonia transcurrió lentamente mientras Aline continuaba observando en la distancia. Luego cada uno de los presentes se fueron acercando al sarcófago cubierto de rosas blancas para dar un último adiós a quien ese día dejaba de contarse entre el número de los vivientes. Lentamente los asistentes al funeral se fueron retirando hasta que solamente un hombre alto y de cabello castaño oscuro, vigilado de cerca por otros dos hombres que parecían ser sus guardaespaldas, quedaron en el lugar, bajo los paraguas y la insistente lluvia.
Fue entonces que un testigo inesperado hizo acto de presencia, descendiendo de un auto. Aline había advertido la presencia del auto estacionado en una de las veredas del cementerio desde inicios de la ceremonia, pero no salió de su asombro al ver a una mujer que se parecía tanto a ella que bien hubiese podido pasar por su doble.

La mujer de cabellos oscuros vestida también de negro se dejó ver por el sujeto junto al ataúd y solamente les tomó unos segundos para reconocerse y correr a abrazarse. Aline sintió como si una pieza más de su rompecabezas encajara en su lugar, al tiempo que ambas personas lloraban el uno en brazos de la otra con la tristeza más amarga que jamás Aline había experimentado. De repente Aline supo que ellos habían estado unidos por un fuerte vínculo que después se había roto, pero que en esa misma mañana se restauraba para siempre.

Cuando se separaron intercambiaron unas palabras que Aline no pudo entender pero cuyo significado comprendió claramente. Luego el hombre sacó algo de uno de sus bolsillos depositándolo en manos de la morena.

- Ella quería que tú lo tuvieras- le pareció a Aline que decía el sujeto.

La morena expresó brevemente su agradecimiento y luego se despidió de aquel hombre que se retiró del lugar seguido de sus guardaespaldas. La doble de Aline se quedó sola bajo la lluvia mirando como los enterradores hacían descender el sarcófago a la fosa. Aline se acercó lentamente a la mujer de negro pero pronto se percató que ésta no podía advertir su presencia. Lloraba en silencio mientras con una mano acariciaba aquello que el rubio le había entregado. Un collar y un pergamino.

Una vez que los enterradores hubieron terminado su trabajo, la mujer de negro sacó un reloj de su saco para ver la hora. Eran las 11:30 de la mañana.

- Aquí se detiene mi vida- susurró amargamente la mujer- Te juro que no volverá a salir el sol en mi alma hasta que vuelva a verte- y Aline entendió lo que la joven quería decir.

Con pasos lentos aquella doble de Aline dejó atrás la tumba sumida en calladas cavilaciones. Subió en su auto y desapareció bajo la lluvia. Después de entonces Aline sintió la calidez de sus propias lágrimas correr por sus mejillas.

*****

Mientras el beso se prolongaba el reloj de pared de la habitación dió las 11:31 volviendo a andar por primera vez en casi 50 años. Aline supo que el sol había finalmente vuelto a salir.

*****

La luz matinal penetraba insolente por las vidrieras del amplio ventanal. Los rayos parecían no molestarle a la mujer que yacía en el lecho aún profundamente dormida. En cambio, la mujer a su lado no tardó mucho en despertar, iluminada por la luz solar. La joven se incorporó con gesto perezoso retirando las sábanas que la cubrían. Aún medio dormida alcanzó con una mano la bata de seda que colgaba de la cabecera de la cama para cubrir su desnudez.

Dando un gran suspiro la joven se dirigió a pasos lentos para contemplar el espectáculo del nuevo día y escuchar el lejano ruido de los automóviles veinte pisos abajo. Con una sonrisa en el rostro se sacudió la oscura melena y se dispuso a comenzar las tareas cotidianas. Antes de salir de la habitación estampó un callado beso en la mejilla de la joven durmiendo y le despejó la frente de los cabellos rubios que la cubrían. Después se dirigió al baño.

Mientras el agua de la ducha corría por su cuerpo, Aline Rogers cerraba los ojos recordando los eventos de los últimos tres años. Ahora era estudiante graduada al igual que Fanny quien trabajaba medio tiempo en una escuela especial en el Bronx. Michelle se había marchado de los Estados Unidos para continuar sus estudios de postgrado en Inglaterra, pero intercambiaban e-mails con frecuencia y se veían durante las vacaciones del verano, de manera que a Fanny le parecía que su amiga seguía tan cerca de ella como siempre.

El trabajo de Aline como artista empezaba a ser reconocido. Sus primeras dos exposiciones habían tenido cierto éxito y estaba colaborando con un equipo de diseñadores de prestigio en la elaboración de las escenografías para la puesta en escena de un musical francés que recién se había traducido al inglés. Su madre estaba más que orgullosa y su padre, aunque aún distante, mantenía con su hija una relación más cordial que en el pasado.

- Mañana será 2 de julio- pensó Aline mientras el shampoo se diluía en el agua.

Había vivido con Fanny por casi dos años y en todo ese tiempo ninguna de ellas había llegado a entender completamente el misterioso pasado que las unía. Algunas pesquisas de la propia Aline habían llegado a identificar a la antigua dueña del departamento en el que Fanny y Michie habían vivido, como Melinda Pappas, una famosa doctora en el campo de la historia de mediados de siglo XX, que había llegado a ser muy popular hasta su muerte en 1972. Sin embargo, poco o casi nada sabían del amigo que la doctora llamaba Jack y que le había dirigido infinidad de cartas provenientes de los lugares más recónditos del planeta durante varios años. Fanny había encontrado esas cartas en una caja oculta entre los libros que no le habían interesado a Michie, pero no había más referencias que el simple nombre de quien había escrito las cartas, sin apellido ni más indicios de su origen. No obstante, las referencias en el diario y las visiones de ambas parecían señalar que el mencionado Jack era el hombre con quien "Ella" había estado comprometida.

Había también unas cartas femeninas escritas en un tono cariñoso e informal que Aline y Fanny identificaron como las cartas que "ella" le había escrito en una época en que la vida era menos ingrata. Así fue como averiguaron el nombre de la mujer en cuestión: Janice Covington. Con los pedazos de información encontrados aquí y allá las jóvenes llegaron a la conclusión de que "La autora" había amado a esa mujer toda su vida y que ella, tal como Fanny lo había presenciado en sus visiones, había muerto violentamente al tratar de salvar la vida de su prometido del ataque de un pretendiente rechazado, un día 2 de julio.

¿Por qué ellas tenían esas visiones sobre un pasado ajeno? La verdad es que nunca lo sabrían con claridad, pero una cosa era cierta, el destino, la suerte, Dios o lo que fuese, las había hecho encontrarse por una sola razón, para amarse y cerrar un ciclo que quizá antes había quedado incompleto y reclamaba solución.
Tal vez aunque las visiones y los sueños nunca hubiesen aparecido Aline y Fanny se hubiesen enamorado de todas formas. ¿Qué más daba? A Fanny lo único que le importaba era que después de todo sí había podido encontrar ese "rostro en la multitud".

*****

Un anciano miraba pasar a los transeúntes como si se tratara de imágenes en el televisor. Los miraba sin mirarlos, absorto en sus pensamientos y sus recuerdos. La joven detrás suyo conducía la silla de ruedas sin mucho interés. No se cruzaban palabras entre el viejo y la muchacha.
De repente los ojos color miel del anciano, apagados ya por los muchos años vividos, parecieron cobrar nuevas luces por escasos segundos mientras miraba pasar a una joven pareja. La más alta era esbelta pero con músculos marcados, ojos azules y melena azabache. La otra muchacha era rubia y de piel muy blanca. Los ojos eran verdes, profundamente verdes, como las hojas en primavera y al anciano le pareció que había visto el fondo de aquellos ojos una noche nevada hacía muchos años, tantos que sería imposible que fuesen los mismos. Ambas jóvenes caminaban abrazadas y se paraban a ratos para ver los aparadores y reírse juntas de alguna simpleza. Eran felices, y estaban enamoradas, eso era obvio a cualquier observador. La multitud avanzaba y el anciano pudo ver como la pareja desaparecía en la distancia, la chamarra de cuero negra de la morena y su cabello negro ondeando al viento fue tal vez lo último que se perdió en la distancia.

- Fue como un sueño- susurró el viejo con los ojos llenos de lágrimas.
- ¿Pasa algo tío?- preguntó la joven.
- No... nada... vamos a casa- musitó el anciano enjugándose los ojos.

*****

- Me dijeron que tu tío murió hace un par de semanas.
- Así es. Pobrecillo, la verdad es que ya se la pasaba muy mal. Era tan viejo- comentó Amanda Matzner con un suspiro de melancolía.
- ¿Era hermano de tu abuelo?- preguntó la amiga de Amanda.
- No, qué va. Fue el esposo de una amiga historiadora de mi abuelo, se llamaba Melinda Pappas. En realidad no guardábamos ningún parentesco. Pero mis abuelos lo tomaron bajo su cuidado cuando quedó viudo, por lo de su pierna y bueno, la responsabilidad pasó de generación en generación.
- Era muy anciano ¿Qué edad tenía?
- Veamos... creo que debió haber cumplido los 97 o 98 años hace tan sólo tres meses- contestó Amanda haciendo un esfuerzo para hacer memoria.
- ¡Vaya! Él sí que debió haber visto el mundo cambiar de manera drástica.
- ¡Imagínate! Cuando era joven las mujeres vestían aún faldas largas y usaban corset, exceptuando tal vez a la Doctora Covington, los autos eran una novedad y los aviones una rareza ocupados solo para la guerra- dijo Amanda.
- ¿Dices que era viudo?- inquirió la amiga de Amanda desde el otro lado de la línea.
- Sí, su mujer murió durante los años 70's, pero el nunca se volvió a casar. Creo que en su juventud trabajaba en exploraciones precisamente con Janice Convington, como mis abuelos, pero lo dejó cuando perdió la pierna en un accidente. Jamás volvió a las excavaciones. Mi abuelo decía que recuerda que era un buen traductor y que era un buen miembro del equipo, y que de hecho su esposa también lo era.
- Es una pena que haya sido así- fue la respuesta de la amiga de Amanda.- ¿cómo dices que perdió la pierna?
- En un derrumbe, una viga le cayó encima porqué evito que cayera sobre su esposa.
- Vaya, debe de haberla amado demasiado para haber arriesgado así su vida por ella.
- Sí, supongo que sí. Mañana mamá y yo vamos a hacer una limpieza general en el cuarto de tío Francis. Guardaremos algunas cosas, regalaremos otras y tal vez vendamos el resto a alguna tienda de antigüedades. Tenía almacenadas tantas cosas viejas en su habitación que parece un museo ¿Quieres venir?
- No es mala idea. Pero por lo pronto tengo que dejarte. Te llamo mañana para decirte si puedo ir.
- Está bien. En todo caso nos vemos la próxima semana ¿no?
- Claro Amanda.
- Hecho.

*****

- ¿Me permite ver ese dije?- pidió una joven de cabellos negros y ojos azules al empleado de la tienda de antigüedades.
- Por supuesto, señorita. Es de oro blanco con incrustaciones de oro normal y esmeraldas, una verdadera rareza. Nuestro experto calcula que debió haber sido hecho antes de la Edad Media, piensa que puede ser de la antigua Grecia, probablemente un medallón Amazónico.
- Está asombrosamente bien cuidado- comentó la joven sintiéndose aún más atraída por aquel extraño dije en forma circular que semejaba una especie de arma en miniatura y le producía melancolía. Algo le decía que lo había visto.
- Así es. Es una de las adquisiciones más recientes de nuestra tienda. Pertenecía a un anciano que recientemente murió y sus familiares nos vendieron varias cosas.
- Envuélvamelo para regalo- dijo la joven con una sonrisa y el empleado no pudo evitar pensar que aquella mujer tenía la sonrisa más hermosa de todo Manhattan.
- Con papel alusivo al Día de San Valentín, supongo- insinuó el empleado.
- Sí, es para mi esposa.
- Oh... ya veo- contestó el empleado mordiéndose la lengua y envidiando a la mujer que ocupaba los pensamientos de la morena.
- Un favor más. Antes de envolverlo podría hacer que le grabasen un nombre por atrás.
- Claro ¿Cuál es el nombre?
- Fanny Rogers.

FIN


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