DISCLAIMERS: Ya saben que no quiero ser demandada ya que no sería muy agradable para mi así que: Los personajes de esta historia se parecen fisicamente a Xena y Gabrielle... Hay algunas menciones a capítulos y de más incluso a Janice y a Mel así que Xena, Gabrielle, Janice, Mel y todos los personajes de Xena: Princesa Guerrera pertecen tristemente a Tapert y compañia (Reinassance -o como sea que se escriba- Y Universal Studios)
No fue, es ni será mi intención quebrantar la ley ni nada parecido a los Derechos de Autor.

La historia aunque es mia esta basada en varias cosas que me han contado y he leído así que solo hize una recopilación y la estructuré o trate de hacerlo.
Cualquier duda, sugerencia, comentario y criticas (constructivas y destructivas también ¿por qué no?) son bienvenidos a mi mail s_healer@hotmail.com o bien healer_yaten@yahoo.com.mx

Por cierto esta es una historia UBER y en su contenido se encuentra la relación amorosa entre dos mujeres, lo cual significa que si te incomoda o no te gusta la idea y aún así decides leer esto... sera tu prerrogativa

De nuevo... si alguien tiene que me pueda regalar o vender, una copia de A Tale of Two Muses y Who's Gurkhan? ¿?

Bueno... l@s dejo en paz para que puedan leer...


LA SOMBRA DEL ENCUENTRO

por Healer

Quinta parte

Unas horas después Walter entraba a la habitación. Todo estaba en medio de la oscuridad, así que el hombre asumió que su prima había salido de nuevo. Con algo de trabajo para sostener el portafolio en una mano, una jaula con pájaros en la otra y una cámara de video colgada al cuello, el rubio se abrió paso entre los caballetes que Aline tenía a media estancia.

Al alcanzar la mesa del comedor depositó su carga sobre el mueble y ya con las manos libres buscó el interruptor de la luz eléctrica. Cuando la lámpara iluminó la habitación se sorprendió al descubrir a su prima sentada en el sofá negro.

- ¡No sabía que estabas ahí! - exclamó Walter sorprendido - ¿Por qué no dijiste nada? - preguntó sin obtener respuesta de su prima que parecía como perdida en otra dimensión - Aline... Aline ¿Qué no me estás escuchando? - preguntó de nuevo acercándose a la joven.
- ¿Umm?- respondió al fin Aline al sentir el toque de la mano de Walter sobre su hombro - ¿Cuándo fue que llegaste?
- Hace un rato pero al parecer tú estabas en otro mundo ¿Terminaste tu trabajo con la niña rubia?- preguntó el rubio sentándose al lado de su prima mientras estiraba cuan largo era, su cansado cuerpo.
- ¿Eh?... no... - titubeó Aline sin saber qué más decir.
- ¿No era el tipo de modelo que andabas buscando para el trabajo?
- No... no exactamente.
- Pues a mi me pareció una chica muy bonita... y además muy simpática cosa bastante difícil de encontrar en una mujer hermosa, porque tu perdonaras pero simpática tú no eres a menos que se te conozca. Pero bueno, tú sabrás más de eso que yo, la belleza es tu trabajo ¿O no?
- No se trata de eso... De hecho, hubiese estado perfecta para el trabajo - se animó a decir Aline al tiempo que se ponía de pie advirtiendo por primera vez la presencia de unas gaviotas en la jaula - ¿Y qué significan estos animalejos? - preguntó tratando de cambiar la conversación.
- Son parte de mi estudio. Estarán conmigo unos cuantos días solamente. Pero acaba de decirme lo que pasó con la jovencita.
- Bueno... es solo que... no era buena idea que ella posara para este trabajo... lo malo del asunto - titubeó Aline pensando si debía confiar en su primo lo que realmente había pasado - es que ya nos conocíamos y... a veces eso hace más difícil el trabajo.
- ¿De verdad? Es curioso, desde mi perspectiva de neófito en la materia yo pensaba que eso haría las cosas más sencillas... Tú sabes, con más confianza y todo eso.
- No... es que mi trabajo requiere un desnudo y ella se sintió incómoda. Es todo - terminó diciendo Aline tratando de no darle importancia al asunto mientras se servía una taza de café dándole la espalda a su primo. Sin embargo, las confusas voces que resonaban en la cabeza de Aline no dejaban de llamarle a gritos provocándole un desasosiego que le era muy difícil ocultar - "Ahora sí, definitivamente debo estar volviéndome loca"- pensó mientras el líquido oscuro llenaba la taza.
- Ya veo... sí, es verdad... esta chica parece del tipo ingenuo. Supongo que tendrás que contratar a alguien más... oye, sírveme también algo de café, por favor - dijo el rubio dirigiéndose a la cocina desde donde le hablaba Aline.
- Tendré que hacer el trabajo sin modelo- contestó Aline sorbiendo un trago.
- ¿Y a qué se debe eso?
- No tengo dinero para pagar una modelo - replicó la morena.
- ¿Y cómo pensabas pagarle a esta chica? - inquirió Walter sin entender a su prima.
- Bueno... de hecho tenía el dinero... hasta hace un rato. Yo... se lo presté a Fanny - concluyó la joven aún dándole la espalda a su primo.
- A ver... a ver... Déjame ver si comprendo esto. Ella no posó para ti, pero tú le prestaste el dinero y ahora ya no tienes para conseguir a otra modelo. De plano no te entiendo ¿Cuándo fue que dejaste de ser Aline Rogers la señorita pragmatismo? Esa no eres tú.
- No me lo preguntes, ni yo misma me entiendo - repuso Aline pasándose la mano por el cabello que le llegaba a la espalda en señal de nerviosismo.

Walter guardó silencio por un momento mientras le lanzaba a su prima una mirada escrutiñadora, después de lo cual se animó a decir.

- ¿Sabes primate? La última vez que yo hice eso por una mujer terminé casándome con ella... Es mala señal amiga mía... muy mala señal... - comentó Walter con una sonrisita traviesa.
- No me haces ninguna gracia, y supongo que a tu esposa no le gustaría oír eso tampoco. - repuso Aline con una expresión en el rostro que le hizo saber claramente a su primo que había tocado un punto sensible.
- Bueno mujer, no seas tan susceptible. Sólo estaba bromeando. Sabes bien que adoro a Nancy y cuando tú tengas la suerte de encontrar a la mujer adecuada seguro me entenderás. Dame esa taza de café que vengo muerto.

Y con eso quedó cerrado la conversación sobre Fanny Caffrey... pero no la confusión de Aline que no sabía qué era lo que le provocaba más ansiedad, si el hecho de que Fanny estuviese tan preocupada por la salud de su madre, o el extraño momento que había vivido con la joven tan sólo unas horas antes.

*****

Fanny también tuvo que batallar mucho para sobreponerse a la experiencia. Sin embargo, la prioridad en aquel momento era la operación de su madre así que no tuvo más remedio que espantarse las nubes del alma y tomar el primer vuelo a Atlanta. Afortunadamente la joven llegó a tiempo para estar con su madre antes de la operación, pero el débil cuerpo de Sarah, ya tan castigado después de veinte años de salud precaria apenas si pudo sobrevivir las cuarenta y ocho horas posteriores a la cirugía. Así pues, cuando el alba despuntaba en aquella mañana fría de noviembre, Sarah Caffrey soltó la mano de su hija para nunca más volver a acariciarla. Fanny percibió el suave adiós de su madre y cómo la tibieza de su piel se iba diluyendo en la frialdad de la muerte. Por curioso que parezca la joven no derramó una sola lágrima, ni dijo palabra alguna. Hay dolores que están más allá del llanto.
Después, solamente quedaron las crudas preocupaciones y cuidados que implica la preparación de un funeral. Con una fortaleza que sorprendió a la propia Fanny, la muchacha hizo los arreglos necesarios y notificó a sus parientes y amigos. Los siguientes dos días se sucedieron como entre la difusa neblina de un sueño impreciso. Apenas si pudo reconocer a algunos de sus tías y primos quienes se habían alejado de las Caffrey desde que habían quedado en la ruina. Para ella contó más la presencia de sus antiguos amigos de preparatoria, algunos chicos y padres de familia de la escuela especial para la cual ella había hecho trabajo voluntario y el fiel apoyo de Michelle, quien había dejado Nueva York para correr al lado de su amiga tan pronto se enteró de los tristes resultados de la operación. Sin embargo, ni aún cuando Michie la abrazó a su llegada durante el funeral, Fanny pudo romper en llanto.

Michelle acompañó a su amiga durante las dos semanas que se llevaron los arreglos legales posteriores a la muerte de la madre de Fanny y ni todos los ruegos de la rubia fueron suficientes como para convencer a su amiga de que debía de regresar a Nueva York si no quería perder demasiadas clases. Durante esos días Fanny consiguió que una de las viejas amigas de su madre se encargara de cuidar la casa Caffrey, que quedaría vacía hasta que la joven decidiese qué hacer con ella. Así pues, después de arreglar el último de los detalles, Fanny cerró la casa en la que había crecido y llevando un enorme saco de preciados y también melancólicos recuerdos, partió de nuevo hacia Nueva York en compañía de su amiga Michie

*****

Una vez de regreso, la depresión no se hizo esperar. Fanny continuó haciéndose la fuerte pero sus esfuerzos no eran suficientes para engañar a Michie. La joven pensó que ya que Fanny había elegido guardar silencio con respecto a su pena, lo mejor era respetar su decisión y simplemente estar ahí, presente y disponible para cuando la rubia finalmente necesitase un desahogo.

A pesar de las buenas intenciones de Michelle, no iba a ser fácil cuidar de Fanny, porque parecía que la rubia insistía en preocuparse más por los demás que por su corazón lastimado. Apenas habían pasado unos días desde su regreso a Nueva York y ya Fanny le insistía en que Michelle saliera sin ella.

- Yo creo que deberías aceptar la invitación de Raymond - comentó casualmente la joven mientras abría un sobre de gelatina que estaba a punto de preparar - a ti siempre te ha gustado el tipo ¿O no?
- Si... pero... no me gustaría dejarte sola, precisamente ahora que acabamos de llegar - respondió Michie tumbada en el sofá mientras veía televisión a su estilo, es decir, viendo todos los canales sin ver ninguno de ellos.
- Nada de eso. Si yo lo que quiero es precisamente que me dejes un rato sola, tengo mucho que leer para ponerme al corriente en mis trabajos y estando tú en el departamento no me dejas concentrar.
- ¿Yo no te dejo concentrar? - preguntó Michelle haciéndose la ofendida - ¿No será que lo que no te deja concentrar son las 18 llamadas que dejó Aline Rogers en la contestadora? - repuso Michelle burlona.

Fanny desvió la mirada de Michie fingiendo poner atención a la fresas que estaba a punto de desinfectar.

"Aline... Aline," - pensó la joven sin escuchar ya a su amiga aún sentada frente al televisor. Las tristes circunstancias la habían obligado a dejar esa preocupación en algún rincón de la mente donde dejamos las cosas que atentan en contra de nuestro control sobre las emociones. No obstante, había bastado regresar a Nueva York y escuchar la larga cadena de mensajes que ella le había dejado en la máquina contestadora, para comprender que tarde o temprano tendría que enfrentarse con Aline y el inquietante recuerdo de lo sucedido en el departamento de la joven.

- ¿No me contestas? UMMM... Eso está grave - masculló Michie dejando el sofá.
- Por todos los cielos ¡YA TOMA ESE TELÉFONO Y DILE A RAYMOND que aceptas su invitación! - chilló Fanny sacando la lengua y como ahí no paró su insistencia, la morena acabó dando su brazo a torcer. Unos minutos más tarde Michie estaba acabando de arreglarse para salir.
- ¿Ya llevas las llaves? - preguntó Fanny dándole el visto bueno al atuendo de su amiga.
- Si, señorita Caffrey, no se preocupe - Dijo Michie despidiéndose de la rubia con un beso y saliendo no muy convencida de dejar sola a su amiga.

Una vez sola, la muchacha regresó a la cocina. La leche que tenía en el fuego para preparar la gelatina de fresas estaba a punto de hervir. Fue entonces cuando escuchó el timbre. Con gesto de fastidio Fanny se dirigió de nuevo hacia la puerta, segura de que su compañera de cuarto había echado en saco roto su recomendación.

Algo preocupada por la leche que estaba a punto de derramarse, Fanny corrió hacia la entrada. Abrió la puerta bruscamente con el rostro aún vuelto hacia la cocina y apenas sus manos habían movido el picaporte salió corriendo de nuevo hacia la estufa.

- Te dije que no olvidaras las llaves. Cierra tú que se me arruina la gelatina - alcanzó a penas a reclamar ya corriendo hacia la estufa.

La muchacha suspiró con alivio al darse cuenta de que había llegado a tiempo, logrando retirar la cacerola de la parrilla antes de que se derramase el contenido. En su premura apenas si pudo darse cuenta de que los pasos que la siguieron de cerca no eran los de Michelle. La puerta se cerró.

- Si tú me hubieses dado llaves de tu departamento, rubita, seguramente no las hubiera olvidado, pero no recuerdo haber tenido nunca esa suerte... hasta ahora - repuso una voz a espaldas de Fanny. La muchacha se paró en secó dejando el recipiente caer sobre la barra de la cocina. Un hilo rosa se derramó por un costado debido al ligero golpe con que Fanny había soltado la cacerola.

Pasaron varios segundos y la muchacha no alcanzaba reunir el coraje para volverse a mirar a la dueña de la voz. Si hubiesen sido otras las circunstancias Fanny hubiese respondido a la broma con un revés sarcástico, pero la joven no era la misma en la presencia de Aline y menos desde la última vez que se habían visto. De repente, bastó escuchar una sola frase de sus labios para que el delicado tabique que había contenido la fuerza de su pena se rompiera, dejando libres las lágrimas no lloradas.

Aline se percató de que el cuerpo de la muchacha se estremecía con un ligero temblor y un sonido reprimido inundaba el cuarto. Fanny estaba sollozando. Cuando la joven comprendió lo que estaba pasando una fracción de segundo fue suficiente para correr al lado de la muchacha poniendo suavemente su mano sobre el hombro de Fanny.

- ¡Dios, Fanny! ¿Qué ha pasado? - preguntó Aline alarmada por aquel llanto repentino. Algo en el aire le decía que se trataba de un dolor irremediable, tan real que comenzaba ya a lastimarla aún antes de que ella le dijese de qué se trataba.
- Mi madre... - alcanzó Fanny a explicar entre sollozos.
- ¿Qué con ella? ¿Está aún delicada por la operación? - preguntó Aline esperando no recibir una respuesta aún más grave.
- Ella... ella murió... me he quedado sola - contestó la joven e instintivamente Aline estrechó contra su pecho el ligero cuerpo de la muchacha, olvidando el riesgo de volver a pasar una rara experiencia como la última vez que habían estado tan cerca una de la otra.

Fanny por su parte, dando al fin rienda suelta a su tristeza se volvió para hundirse en el abrazo de la morena de ojos azules. De repente parecía que apretarse contra el pecho de Aline fuera la cosa más natural del mundo y sus brazos el lugar más apropiado para volcar el dolor que la había ahogado desde la mañana en que muriera su madre.

Pasaron largos minutos en los cuales lo único que se escuchaba en medio del silencio del departamento, era el llanto de Fanny sofocado en la chamarra de cuero de Aline. Mientras la joven abría la noria de su pena dejando salir todo su contenido de una sola vez, el calor de Fanny iba penetrando lentamente por los poros de Aline, y los ojos interiores de esta empezaron a percibir formas y colores que le hablaban al oído.

De repente le parecía que había estado de pie en aquel mismo lugar muchas otras veces. Tal vez el color de las paredes, algunos detalles de la decoración, o las persianas italianas que adornaban las ventanas, no habían estado antes ahí. No obstante, podía jurar que el lugar le era familiar... tanto como la calidez de la mujer que sostenían sus brazos. Conforme el llanto de Fanny se iba calmando, era cada vez más clara esa extraña sensación de déjà vu que poco a poco se fue tornando melancólica.

Después de un buen rato de desahogo la joven rompió suavemente el abrazo aún turbada por su inexplicable flaqueza. Aline le sonrió de una forma que ella nunca le había visto mientras le alcanzaba un pañuelo.

- Toma - apenas logró decir, sin saber qué más añadir ante la triste noticia del deceso de la madre de Fanny - Yo... de verdad lo siento... No me imaginaba que las cosas habían resultado de ese modo.
- Fue... todo tan rápido - respondió Fanny con una voz casi imperceptible mientras se enjugaba las lágrimas - apenas si tuve tiempo de arreglar las cosas después de que ella... se fue.
- Tus parientes te debieron de haber prestado alguna ayuda - supuso Aline que no sabía qué le tenía más confundida, si el extraño ambiente que rodeaba a aquella habitación, la idea de que la madre de Fanny estuviese muerta o el hecho de que la joven se había abrazado a ella y llorado en sus brazos como si fuese alguien muy importante para ella y la cosa más natural del mundo.
- No... no realmente - suspiró la joven - solamente contábamos con parientes lejanos, pero nunca fueron muy solidarios que digamos. Sobre todo cuando papá murió y la situación económica no nos fue muy propicia.
- Típico. Pero eso no debe de importarte demasiado. Creo que tienes aquí muchos amigos sinceros. Me consta que es así. - comentó Aline no sin poder evitar sentir una pequeña punzada de algo parecido a los celos.
- Gracias... y disculpa por estar tan emocional... no sé lo que me pasó... en cuanto a tu dinero.
- Ni lo menciones... me ofendes - contestó poniéndose seria y Fanny pensó que se veía muy hermosa con esa expresión de gravedad en el rostro.
- Gracias de nuevo... yo... - titubeó ella poniéndose cada vez más nerviosa conforme se iba dando cuenta que era ya casi inevitable hablar de las cosas que habían pasado antes de su viaje a Atlanta. - quisiera ofrecerte algo... ¿una taza de café o té te parece bien? - preguntó sin poder sostener su mirada.
- Té está bien para mi - dijo Aline y Fanny se percató que no cesaba de mirar en torno suyo como si tratase de reconocer el lugar.

Fanny le invitó a pasar a la estancia y al poco rato ambas estaban sentadas una frente a otra, tomando té y preguntándose quién daría el primer paso en aquella incómoda situación.

- Tienes un lindo lugar - comentó Aline rompiendo el silencio - Aunque debe ser algo caro.
- En realidad no es mío, sino de Michelle. Yo solamente soy su huésped y muy seguido la cocinera.
- Bueno, pues el té no está mal, rubita... solo me falta probar algo más... mmmh, consistente - dijo sonriendo abiertamente por primera vez delante de Fanny.
- Gracias.

De nuevo silencio, esta vez más denso que el anterior. Fanny empezó a retorcer la servilleta que sostenía en las manos sintiendo los latidos de su corazón aturdirle los oídos.

- Recibí tus llamadas - dijo ella después de un rato.
- Yo... eh... estaba preocupada por lo triste que estabas aquel día. Quería saber qué había pasado con tu madre. Incluso pregunté a algunos de tus compañeros, pero nadie sabía nada y Michelle se había ido de la ciudad sin avisar a nadie. Me enteré que volviste hace poco por Raymond.
- Ella fue a Atlanta tan pronto como lo supo. La verdad no sé qué hubiese hecho sin ella durante estos días - contestó la joven con un leve suspiro.
- ¿Cuándo llegaste? Raymond no supo decirme - preguntó y Fanny entendió que le debía una explicación por no haber contestado a sus llamadas.
- Hace unos cuantos días. Siento no haberte llamado.. .es que.
- No lo digas. Entiendo que no te sintieras de humor para hablar conmigo... sobre todo después de...

La joven contuvo el aliento por un segundo rogando al cielo que evitara el tema, pero Fanny sabía que eso no era posible.

- Después de lo que pasó aquella tarde en mi casa - completó Aline igualmente nerviosa.
- No sé a lo que te refieres - contestó Fanny poniéndose de pie violentamente para luego preguntarse por qué había dicho algo así.
- No me digas eso. Tal vez parezca la cosa más loca e irracional que se pueda imaginar, pero estoy segura que tú sentiste las mismas cosas que yo. No me preguntes cómo, pero lo sé con toda certeza - contestó Aline recobrando la acostumbrada dureza de su mirada.
- Pues ahora sí creo que estás loca - contestó Fanny defensiva dándole la espalda. En su interior la incontenible fuerza de las imágenes que había visto en aquella ocasión comenzó de nuevo a oprimirle el corazón. Con cada empujón, las asociaciones que había hecho en los días subsecuentes entre sus visiones y ciertos sucesos de su vida, la alteraban más y más.
- Así que piensas que estoy loca - repuso Aline también dejando el sofá - pues ahora te voy a mostrar algo que te demostrará cuál es el grado de mi locura.

Y diciendo esto último la joven artista tomó un ancho portafolio que había traído consigo y dejado a la entrada. Unos segundos después Aline desplegaba ante los asombrados ojos de Fanny una interminable colección de dibujos y pinturas realizados con diversas técnicas. Para el gran desconcierto de la muchacha todos y cada uno de aquellos trabajos eran retratos de ella. Aline invitó a la rubia con un gesto de su brazo a observar los retratos más de cerca. Con las manos temblando ligeramente Fanny revisó los trabajos y para su mayor asombro pudo darse cuenta conforme movía las hojas, que algunos de esos dibujos la representaban como una niña. Sin importar la edad, el parecido con ella era increíble.

- ¿Qué significan estos dibujos? - se animó ella a preguntar con voz débil - ¿Quieres decirme que te has dedicado a dibujarme desde que nos conocimos?
- No, y ese es precisamente mi problema. Estos dibujos los comencé a hacer hace años, mucho antes de conocerte - dijo Aline clavando su mirada en los ojos verdes de Fanny, como tratando de no perderse detalle de la respuesta de la joven al escuchar su confesión.
- ¿Me vas a decir ahora que me habías visto antes de conocerme? - preguntó la muchacha, una parte de ella queriendo creer en las palabras de Aline que parecían sinceras, pero la otra desconfiando aún de la joven.
- Sé que parece absurdo, pero así es. Mira las fechas al pie de los dibujos. Es más, date cuenta cómo la técnica ha cambiado con el tiempo... ¡¡¡¡¡El más antiguo de estos dibujos tiene ya más de diez años!!!!! - explicó señalando un dibujo hecho a lápiz sobre un papel que el tiempo había tornado amarillento. Los trazos eran algo familiares al resto de los dibujos, pero no tan realistas, ni tan precisos como en aquellos otros trabajos firmados en fechas recientes.

Fanny quedó muda por otro rato, mirando aquel dibujo en donde se podía ver a sí misma a la edad de ocho o diez años.

- ¿Dónde me habías visto? - finalmente preguntó ella temiendo la respuesta que Aline podía darle.
- En sueños - contestó con un nudo en la garganta mientras se sentaba al lado de la joven.

Por fin estaba dicho. Había temido tanto ese momento que cada vez que llamaba a Fanny durante la ausencia de ella sin obtener respuesta, en parte se sentía aliviada al saber que el momento de la confesión aún no llegaba. Pero ahora ya estaba hecho, y podía esperar lo que fuera. Tal vez el rechazo y la incredulidad de ella. Aline sintió que el curso de la sangre se le congelaba en las venas.

- Yo... yo también te había visto antes... pero debo admitir que no con tanta precisión - contestó ella sorprendiendo a Aline con su respuesta - Aquí, te he visto aquí - añadió ella señalando su frente para dar a entender que lo había visto con los ojos del alma - Pero hay algo más.
- Dime, a estas alturas estoy dispuesta a creer la cosa más disparatada.
- Sígueme - ordenó Fanny suavemente tomándole la mano para guiarla a una de las habitaciones del departamento.

Lentamente la mano delgada de Fanny giró la llave de la habitación, a la cual había evitado a entrar desde su regreso a Nueva York. En su otra mano pudo sentir claramente el apretón que le diera Aline al entrar al estudio. Ella no necesitó ver los ojos consternados de la joven para entender que se despertaban en ella una cadena de dolores dormidos que lentamente le penetraban por los poros.

Aline soltó la mano de Fanny para llenarse los ojos de aquel espectáculo proveniente de días oscuros de un pasado que era el suyo sin serlo. Las pinturas en las paredes, el mapa, la estatuilla, los libros, los objetos del escritorio, el pizapapel piramidal que inmediatamente tomaron sus manos para sentir de nuevo aquella punzada en el pecho.

- Te he visto aquí - dijo ella rompiendo el silencio - Al principio sólo eras una visión borrosa que yo creí fruto del cansancio o de mi imaginación infantil... Apareciste el primer día que entré en este cuarto, sin embargo no te reconocí. Pasó tiempo, y la visión se repetía, pero nunca podía ver tu rostro. No obstante supe que la persona que veía en mi mente había sido la dueña de esta habitación hace mucho tiempo. Luego, las imágenes se fueron haciendo más precisas... después te conocí en la clase del profesor Anderson, pero aún entonces no entendí que eras tú... fue hasta ese día en tu departamento que lo entendí... pero saberlo me dio miedo, porque aún ahora no entiendo del todo lo que sucede. Sólo sé que tú o esa persona que alguna vez fuiste, escribió este diario - explicó ella alcanzado el libro de cuero que guardaba en uno de los estantes del librero - Tal vez si tú lo lees podrás entender mejor que yo quienes somos en realidad.

Aline tomó el libro y no tuvo necesidad de leer por mucho tiempo para entender la tristeza que impregnaba cada página y que se convertía en amargura conforme se iba llegando a los últimos pasajes del diario.

"El médico me ha dado un año de vida y no pudo evitar sentirse desconcertado ante la pasividad con la cual recibí la noticia.

- Siento mucho tener que darle una noticia así. Usted es aún joven, pero supongo que querrá arreglar sus asuntos con tiempo. Quien sabe, tal vez podamos ganar terreno frente a la enfermedad mas allá del año.
- Que los dioses no lo permitan - le contesté y creo que debió haberme tomado por loca - Un año ya me parece demasiado tiempo. Pero le agradezco su preocupación. Arreglaré mis negocios a fin de que a mi esposo no le falte nada cuando yo me haya ido.

Desde ese día he estado ocupándome para que las cosas queden en regla. El hijo mayor de Robert, me ha ayudado mucho. Confío en que él llevará bien mis asuntos para que Francis tenga todo lo que necesite. A estas alturas ya no puedo trabajar y me paso los días en esta habitación, o aislada en mi alcoba. A ratos el dolor es insoportable, pero no es nada comparado con el dolor del alma... y ese dolor lo he soportado por más de veinte años... ¿qué más da? Después de todo, lo que mi cuerpo sufre ahora no es más que la consecuencia del abuso del alcohol de otras épocas. En cuanto al dolor del corazón... ese se lo debo a mis errores, y al destino que nunca me fue propicio.
...

Hoy finalmente escribí mi última carta para él. Ha sido difícil decir el adiós definitivo al único amigo íntimo que he tenido en la vida. El único que conoce cada rincón de mi poco desafortunado corazón. ¡Qué ironía! Y pensar que en un tiempo lo odié con todas mis fuerzas... pero lo que sucedió después acabó uniéndonos con lazos aún más fuertes que los que inicialmente nos ligaron. Ella, que solía bendecir con bondad todo lo que tocaba, aún en su partida logró dejar el perfume de su presencia uniéndonos a él y a mi para siempre. Dios quiera, que algún día, en otro plano... en otra existencia, los tres podamos ser amigos sin las cadenas de la pasión que un día nos separaron.

Cuando él reciba esta carta seguramente intentará venir, pero estoy segura que cuando llegue ya no estaré aquí. Aunque estas noticias llegasen a él antes de mi muerte, cruzar el Pacífico y luego volar desde la costa oeste le tomará demasiado tiempo. Aunque me hubiese gustado volverle a ver, será mejor así. Sé que mi muerte le romperá el corazón y que mi ausencia lo hará sentir aún más solo. Cómo quisiera que él hubiera encontrado a una mujer a quien amar después de aquello... pero no puedo reprocharle por dejar pasar su juventud recordándola, porque yo he hecho exactamente lo mismo ¡Cómo quisiera que las cosas hubieran sido diferentes, al menos para él!
...

Mi esposo está inconsolable. Aunque en un principio pensé en ocultárselo, luego comprendí que tarde o temprano acabaría por darse cuenta de la realidad. Así pues, no tuve más remedio que hacérselo saber.

Sé que su corazón está destrozado al verme en este estado y adicionalmente a su pena, entiendo que la aterra el quedarse solo. Desde la muerte de su madre yo he sido la única persona con quien ha podido contar. Sin embargo, por paradójico que sea, me atrevo a pensar que mi muerte será la primera oportunidad que mi pobre esposo tenga en su vida para ser verdaderamente independiente. Sin contar ya ni con su madre ni conmigo, Francis tendrá que aprender a tomar las riendas de su vida.

A veces pienso que nuestro matrimonio, en lugar de traerle la estabilidad y fortaleza que yo alguna vez creí, solamente contribuyó a volverlo más retraído, inseguro... siempre dependiente e insatisfecho. Sé bien que yo cargo con parte de la culpa ya que nunca pude darle lo que más deseaba. Tal vez la voluntad me falló en el empeño... no lo sé. Lo cierto es que lamento el daño que le hice, pero ya es demasiado tarde para remediar las cosas. Al fin y al cabo, yo no he sido solamente su verdugo, sino también su víctima. Creo que estamos a mano, pues ambos participamos igualmente en la construcción de nuestra mutua desdicha."


Aline cerró de un golpe el diario y lo dejó caer pesadamente sobre el escritorio. En un gesto nervioso se llevó las manos a la frente como si estuviera tratando de despejarse la mente de las imágenes que giraban en torno suyo vertiginosamente.

- ¿Te sientes mal? - preguntó Fanny preocupada posando su mano sobre el hombro de la joven.
- Estoy bien... es sólo que... todo esto es una verdadera locura... yo ni siquiera creo que exista vida después de la muerte. Sin embargo, estoy segura de que las cosas que vemos y sentimos... las vivimos antes... antes del primer recuerdo que tengo de mi infancia. ¿Cómo encajar estas cosas en mis esquemas?
- No lo sé - contestó Fanny bajando la mirada mientras sus ojos divagaban en la superficie de la alfombra. Ella misma no alcanzaba a explicarse las cosas con sus propios esquemas - Honestamente, hay muchas cosas que aún no entiendo - confesó finalmente con timidez - Tal vez si nos damos la oportunidad de hablar más detalladamente sobre las cosas que hemos visto podamos encontrar más sentido en todo esto - comentó ella sintiendo un choque al tiempo que Aline ponía su mano sobre la de ella.
- Es probable que eso nos ayude, pero, si he de serte sincera, hay ciertas cosas que no necesito aclarar más porque ya las entiendo - repuso ella acercándose peligrosamente a la joven mientras se llevaba la mano de ella a la mejilla - No sé si tú y yo realmente nos conocimos antes... en otra dimensión, en otras vidas o quizá solamente en sueños. Lo cierto es que yo te he buscado desde siempre. Y ahora...
- ¿Ahora? - balbuceó Fanny sin resistir ya el vértigo que le provocaba mirar directamente a los ojos claros de Aline. A pesar de la agitación de su corazón los sentidos le permitieron percibir el aliento de la joven recorriéndole las sienes.
- Ahora finalmente entiendo por qué nunca antes me había enamorado verdaderamente.

Fanny intentó casi como por instinto resistirse a la suave fuerza con que los brazos de la joven la atrajeron contra su pecho. No obstante. aquello fue una mera reacción refleja que pronto fue abatida por un impulso interior, llevándola a rendir todas sus defensas en fracciones de segundo. Era como si una voz interior le dijera "es ella... no tengas miedo". El resto pasó con la suavidad con que el cuerpo sucumbe ante los influjos de un sueño.

Por curioso que pareciera, la joven sintió que aquel abrazo había sido vivido antes, con la misma ansiedad, la misma fuerza que hacía que sus músculos se amoldaran con los de Aline. Luego, el beso que siguió, a pesar de ser el primero que las dos intercambiaban, no pareció ser nuevo, y el sabor de su boca tenía un aroma y un gusto que le parecieron conocidos. Aline Rogers no era la primer persona que la besaba, pero algo dentro le decía que esos labios que ahora acariciaban los suyos, eran sin duda los primeros en tocarle el alma.
No pasó mucho tiempo en aquel intercambio físico, tierno y cada vez más decidido, para que la joven comprendiera que tarde o temprano ella terminaría entregándose a aquel sentimiento que la amenazaba desde hacía tiempo. La idea se fue abriendo paso entre los pasajes más oscuros de la mente de Fanny, saliendo a la luz progresivamente, haciéndose cada vez más clara e ineludible. Imágenes más definidas y personales se iban delimitando mientras que su voluntad se diluía en las caricias de Aline.

Continuará...


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