Cierta mañana lluviosa un par de ojos verdes se paseaban nerviosamente por uno de los
pizarrones de noticias en la facultad de arte de la UNIVERSIDAD DE NUEVA YORK. De
pronto un pequeño mensaje llamó la atención de la dueña de aquellos ojos, quien tomando
en mano una libreta de direcciones se apresuró a anotar una dirección que aparecía en
el mencionado anuncio.
*****
El edificio era uno de esos condominios pretenciosos instalados en el sur de Manhattan.
Fanny abordó el elevador ojeando otra vez la dirección que tenía apuntada en su libreta
y de nuevo se dio cuenta de que las manos le temblaban aún cuando ella se esforzaba en
controlarlas. El elevador llegó finalmente al piso veinte y la muchacha salió de él
tratando de encontrar el número de departamento al cual se dirigía.
- "¡Vamos!" - se animaba a sí misma - "¡Tú sabes que tienes que hacerlo!" - pero
a pesar de sus intentos las piernas parecían flaquearle a cada paso. - "¡Por favor,
Dios mío, haz que se trate de una mujer!"- suplicaba Fanny para sus adentros mientras
tocaba al timbre aún con indecisión.
La puerta se abrió casi de inmediato para revelar a un hombre rubio, de más de uno
noventa de alto y que debía estar cercano a los treinta años.
- ¿Sí? ¿En qué puedo servirle, señorita? - preguntó el hombre rubio con gesto
amable, pero que no consiguió tranquilizar el nerviosismo de Fanny.
- Yo... estoy aquí por lo del anuncio... solicitando una modelo - contestó ella
sin mirar a los ojos del hombre.
- ¿Modelo? - preguntó el hombre con cierta confusión en la expresión de su
rostro, pero luego pareció comprender el mensaje con cierta dilación - ¡Ah si! Ya me
imagino, debe ser cosa de mi prima. Pasa por favor.- indicó el hombre abriendo el paso
para que la joven tuviese acceso al interior del condominio.
"¡Dijo Prima... Gracias Dios!"
Fanny entró con cautela al cuarto y se preguntó de nuevo si hacía bien al entrar al
departamento de un desconocido así nada más.
- Disculpa que no te entendiera de primera instancia - se disculpó el rubio
invitando a Fanny a sentarse en un amplio sofá de cuero negro - Verás, yo solamente
estoy aquí de visita. La dueña de este lindo lugar es mi prima. Ella es La artista de
la familia, seguramente puso ese anuncio para un trabajo escolar.
- Así es - contestó Fanny sin saber si debía alegrarse de que el hombre rubio
no fuese la persona para la que iba a posar o si preocuparse por quién y cómo sería la
mencionada prima. Después de todo, el rubio parecía amable y había algo en el fondo de
esos ojos que le inspiraba confianza.
- Mi nombre es Walter Nollan.
- Yo soy Fanny Caffrey - contestó ella aceptando la mano que le tendía el hombre
rubio.
- Mucho gusto. Tuviste suerte, pues estaba a punto de salir y mi prima tal vez
tarde unos minutos en regresar. Fue a hacer unas cuantas compras a unas calles hacia el
sur.
- Entiendo.
Nollan era sin duda un hombre amable pues no tardó en invitar a Fanny a tomar un poco
de café, que dada la temperatura de aquel día lluvioso, venía a las mil maravillas. Al
poco rato ambos jóvenes platicaban animadamente y Fanny casi olvidaba la razón por la
que estaba ahí.
- Así que estudias Educación. Debe ser un área muy interesante - comentaba
Walter sonriendo.
- Si... ¿Y tú a qué te dedicas? - preguntó Fanny casualmente.
- Soy biólogo. De hecho estoy aquí en Manhattan porque estoy participando en un
estudio sobre una especie de gaviota que habita toda el área de Long Island. Mi prima
me está dando alojamiento en estos días.
- Ya veo ¿Y cómo se llama tu prima?
Walter estaba a punto de responder cuando la puerta se abrió de par en par y Fanny se
topo de llenó con dos ojos azules tan profundos e intensos como el mar. Por un instante
le pareció que el mismísimo diablo se le había aparecido.
- ¡Qué bueno que llegaste, Aline! - exclamó Walter sin advertir la mirada de
pasmo en Fanny - la señorita Caffrey vino por el anuncio en que requerías una modelo
para uno de tus trabajos.
Bastó con que Walter terminara la frase para que a su prima se le cayese la quijada
hasta el suelo, pero Walter ni siquiera se percató del asombro dibujado en el rostro de
su prima porque ya se encontraba echando mano a un portafolio y saliendo
precipitadamente al tiempo que se despedía con apuro.
- ¿Viniste por lo del anuncio? - preguntó Aline aún sin asimilar el asunto una
vez que su primo Walter hubo desaparecido tras la puerta.
- Yo... yo - titubeó Fanny mientras pensaba en qué excusas inventar para salir
corriendo lo antes posible de aquel lugar. Tenía necesidad de hacer ese trabajo, pero
no podría ser si se trataba de Aline Rogers ¡Imposible! - yo creo que hay una
equivocación - dijo ella tímidamente.
- Sí... creo que debe ser así - contestó Aline aún sin recobrar su acostumbrado
aplomo - "No puede ser que tú quieras posar para este trabajo, rubita. No es tu estilo"
pensó Aline tratando de comprender la situación.
Fanny tomó su abrigo en una mano y estaba a punto de dirigirse hacia la puerta cuando
una fuerza interna la detuvo.
"¿Tienes alguna mejor idea para conseguir ese dinero?" - se preguntó entonces luchando
contra sí misma - "Sabes muy bien que no tienes tiempo que perder y muy probablemente
no encontrarás otra forma de reunir la suma. No tienes otra opción. Debes hacer esto."
La muchacha se volvió de nuevo hacia Aline y dejando el abrigo sobre el sofá le dirigió
la mirada con una determinación que desconcertó a Rogers aún más.
- No hay tal equivocación - dijo ella con decisión - vine a hacer un trabajo, y
las cosas no cambian por el hecho de que nos conozcamos. Dime por favor dónde tengo que
posar. Entre más rápido lo hagamos será mejor para las dos.
A Aline le tomó todavía unos segundos más recuperar la frialdad, pero ante la resolución
de la joven no le quedó más que indicarle dónde se realizaría el trabajo.
- "No te entiendo, rubita" - pensaba Aline mientras le comentaba a la joven en
qué consistía el trabajo - "Jamás hubiera creído que pudieras ser tan pasmosamente fría...
y mucho menos que una chica de tu tipo estuviese dispuesta a... y no digo que me
disguste la idea... es sólo que... no sé si podré sostener los pinceles sin temblar...
¡Dios mío! Todavía no empezamos y ya me siento mareada."
- Entonces no deberé llevar nada puesto - dijo ella en un susurro sacando a
Rogers de sus cavilaciones.
- No, es un estudio anatómico y debe ser muy preciso - contestó Aline haciendo
grandes esfuerzos por conservar la serenidad.
- Está bien. ¿Te importaría empezar ya? - preguntó Fanny y Aline creyó escuchar
que la voz le temblaba ligeramente.
- Bueno, si así lo prefieres. Déjame preparar mi material, mientras tanto puedes
cambiarte en el baño y usar la bata que tengo en el perchero - indicó y la chica se
dirigió inmediatamente hacia la sala de baño como Aline le había indicado.
La joven entró a la sala de baño y evitando su reflejo en el gran espejo que había
sobre el lavabo, comenzó a desnudarse. Una larga cadena de argumentos y contra
argumentos le llenaban la mente haciéndola sentirse terriblemente desconcertada. Para
Fanny la idea de quitarse la ropa frente a alguien era algo que solamente concebía
dentro de las relaciones de pareja. Para empeorar las cosas, la joven aún no había
tenido ninguna experiencia íntima por lo que el nudismo era para ella una práctica
totalmente ajena. Luego entonces, el posar desnuda para una pintura, por académico o
artístico que fuese el propósito, la turbaba al punto de sentirse sucia. Y por si esto
fuese poco ahora resultaba que tendría que hacerlo justo para la persona que despertaba
en ella las emociones más contradictorias.
- "Solamente tienes que imaginarte que estás sola tomando un baño, eso es todo." - se
trataba de tranquilizar ella misma mientras se iba quitando cada prenda y acomodándola
en su bolso. - "Tú sabes bien, que no tienes alternativa. Necesitas ese dinero." - se
repetía una y otra vez.
Cuando se hubo terminado de desnudar, levantó los ojos para ver la bata de la que le
había hablado Aline y con gesto indeciso extendió la mano para alcanzarla. Una vez que
se la hubo puesto, se animó finalmente a mirarse en el espejo y arreglarse el cabello
que caía en una cascada dorada hasta la media espalda. Con un último suspiro abrió la
puerta y se dirigió al estudio donde la esperaba la joven que parecía muy ocupada en
limpiar una impresionante colección de utensilios para dibujo y pintura.
Aline se volvió entonces para chocar irremediablemente con la imagen de aquella joven
envuelta en una bata blanca de felpa que le quedaba grande y que parecía estar bañada
por una corriente caprichosa de cabellos rubios. No le fue muy difícil concluir de una
sola impresión que aquella era la visión más hermosa que sus ojos jamás habían mirado y
no estaba segura si la fuerza seductora que Fanny parecía poseer a manos llenas,
radicaba en la gracia de su belleza clásica o en el hecho de que ella parecía ignorarla
por completo. Así, parada en medio de la habitación, con la mirada extrañamente perdida,
le parecía tan indefensa y a la vez tan peligrosa que le era difícil poder definir lo
que ella le hacía sentir.
- ¿Estás lista? - alcanzó a preguntarle a la chica y ella apenas si respondió
con un suave asentimiento de cabeza.
Aline se acercó a ella sintiendo que el corazón empezaba a latirle a una velocidad poco
recomendable y estaba a punto de indicarle como deseaba que se colocara cuando advirtió
que los ojos de Fanny se habían llenado de lágrimas. Aquello fue el último de los golpes
que terminó de derrumbar sus defensas, y sin pensar en sus movimientos, se acercó a la
joven tomándole el rostro con ambas manos, con una delicadeza que sorprendió a Fanny.
- ¿Qué te sucede Fanny? ¿Por qué lloras? - le preguntó y la joven no alcanzó a
comprender de dónde había sacado Aline aquel tono dulce y reconfortante. En otro momento
tal vez ella hubiese tratado de recobrar la compostura, pero el dolor que le oprimía el
pecho, la inesperada amabilidad de Aline y ese constante desfallecimiento que la
amenazaba siempre que se encontraban cerca, terminaron por liberar su tristeza. La
joven no atinó a hacer otra cosa que sollozar abiertamente sobre el pecho de Aline
quien la recibió con preocupación, asombro y a la vez beneplácito - ¡Fanny! - fue lo
único que pudo decir mientras sus brazos automáticamente encerraban el pequeño cuerpo
de la muchacha.
- Lo siento mucho, Aline - dijo ella entre sollozos - quisiera hacer esto sin
titubear tanto.
- ¿Quieres decir que no quieres posar? - preguntó mientras la calidez de la
joven le trepaba por los poros - No tienes por qué hacerlo si te hace sentir mal. Yo lo
entiendo.
- No, tú no entiendes. Tengo que hacerlo aunque no quiera. Necesito ese dinero -
respondió ella aún con el rostro hundido en el pecho de la joven. Era la primera vez
que se atrevía a decir en voz alta que estaba haciendo algo en contra de su voluntad
sólo por dinero. Eso sólo empeoró las cosas, pues ahora que se escuchaba decirlo se
sentía prácticamente a punto de prostituirse.
Aline escuchó extrañado las palabras de Fanny. Tratando de no asustar a la chica
intentó forzarla con suavidad para mirarle a los ojos, levantándole la barbilla.
- ¿Qué quieres decir con que tienes que hacerlo aunque no quieras? ¿Para qué
necesitas dinero con tanta urgencia? - preguntó hundiéndose en aquellas lagunas verdes
que parecían más profundas bajo la corriente de las lágrimas.
- Es mi madre... Le... le... han diagnosticado cáncer y es necesario operarla
de inmediato - dijo la joven con voz entrecortada.
- ¿Y necesitas el dinero para la operación? - preguntó Aline pensando que si
así fuese Fanny tendría que posar para muchísimas pinturas más para poder reunir la
cantidad necesaria.
- No... no realmente - dijo ella bajando los ojos - He reunido una suma gracias
a algunos préstamos de mis amigos, sobre todo del padre de Michie... pero aún me falta
dinero para el boleto de avión. Mi madre va a ser intervenida pasado mañana. Temo que
si no llego a tiempo, estará tan deprimida que no soportará la operación. Tengo que
estar ahí con ella, pero ya no puedo pedir prestado más dinero ¿Entiendes? - y como si
el acto de confesar su problema le diera nuevas fuerzas, la muchacha se desprendió de
los brazos de Aline y le miró con decisión - Vamos a empezar, por favor - y diciendo
esto llevó la mano derecha hacia el cinto de la bata con el propósito de desatarlo,
pero la mano firme de Aline la detuvo en el proceso.
- No, Fanny. No quiero que hagas nada que te haga sentir incómoda.
- Ya te dije que eso no importa. Lo que cuenta es mi madre - arguyó ella con
inesperada fuerza.
"¡Eres increíble, rubita!" - pensó Aline admiranda cada vez más del carácter de la
muchacha - "Tú tan orgullosa siempre, eres capaz de humillarte por el amor que le
tienes a tu madre."
- Espera, Fanny - replicó él sin soltar la mano de la joven - Te equivocas si
piensas que no tienes ya a quien pedirle prestado - y con esta última frase Aline se
dirigió a otra habitación de la cual regresó unos instantes después para entregarle a
Fanny un cheque a su nombre.
- ¿Qué es esto? - preguntó ella desconcertada.
- Pues un préstamo ¿Qué más va a ser? Creo que eso bastará para un viaje a
Atlanta.
- Pero... - balbuceó ella sin dar crédito a sus ojos.
- Nada de peros. Si te apresuras seguramente podrás encontrar un boleto para
esta misma noche.
- Pero yo quiero pagarte como debe ser. Déjame posar para tu trabajo y entonces
sentiré que estamos a mano.
- ¡Dios mío, Fanny! ¿Por qué has de ser siempre tan obstinada? - se quejó Aline
impacientándose, pero a la vez complaciéndose con el coraje de la muchacha - Toma el
préstamo y ya después me devolverás la suma cuando la tengas... Yo bien puedo contratar
a alguien más para hacer el estudio. Anda, vístete y vete a comprar ese boleto de avión.
La chica tomó el cheque con renuencia y sin saber qué decir volvió a desaparecer tras
la puerta del baño. Poco tiempo después una Fanny totalmente distinta a la que había
llegado al edificio salió ya vestida con sus acostumbrados jeans y su abrigo negro,
ostentando una amplia sonrisa.
- ¿Lista? - preguntó Rogers intentando aparentar naturalidad.
- Si - dijo Fanny radiante y sin pensar en lo que hacía lanzó los brazos al
cuello de la joven. Esta ocasión, con la preocupación que la apesadumbraba algo
aligerada por las circunstancias, sólo fue cosa de segundos para que Fanny terminara
por percatarse que estaba abrazando a Aline Rogers. Sin embargo, lejos de sentir
repulsión, una nueva colección de sensaciones desconocidas explotó en ella
repentinamente. Aquello comenzó con la clara percepción de un aroma que de buenas a
primeras le llenó los sentidos y continuó después con un calor entrañable que le parecía
haber estado necesitando toda su vida, sin percatarse nunca antes de ello.
Para Aline las cosas no fueron distintas, porque de repente todo era como si las piezas
de un rompecabezas encajaran todas juntas. Mucho tiempo después de aquel momento las
jóvenes recordarían aquel momento como uno de los más intensos de sus vidas. Fue como
si en una fracción de segundo los juegos artificiales del alma se activaran todos juntos
y cada chispa fuese una voz, una visión, una imagen de un pasado desconocido. Rostros,
lugares, olores, sonidos lejanos inundaron el cuarto y de repente era como si estuviesen
sobre la cubierta de un barco lejano, en el claro de un bosque, sentadas junto a un lago
de aguas tranquilas, escribiendo una carta, en los corredores de una vieja pozada, en
una pirámide, en las ruinas de algo, corriendo en una escalera, o abrazadas frente a
una fuente natural en una montaña al atardecer. Eran ellas dos, Aline y Fanny, y al
mismo tiempo eran dos personas distintas, vistiendo ropas diferentes, hablando un
lenguaje diferente con inflexiones añejas y viviendo en una época distante.
- Tienes que llevarme contigo y enseñarme todo lo que sabes. No puedes dejarme
aquí.
- ¿Por qué?
- Viajo sola... Ni si quiera lo pienses.
- ¿Qué?
- Segirme.
- Es duro estar sola.
- No estas sola.
- ¿Qué es esto?
- Soy... princesa amazona.
- ¿Estás bien?
- Muy bien, es solo que no veo nada, pero estoy bien.
- Trata de abrir los ojos.
- Ah... mucho mejor.
- ¿Puedes ponerte en pie?
- ¡POR LOS DIOSES! Eres hermosa.
- Ella vive bajo su propio código, y ese código no incluye la muerte.
- Esta muerta.
- Eso no es cierto. No lo permitiré. Vamos Gabrielle despierta. Despierta. Gabrielle
estas asustandome. ¡¡¡DESPIERTA!!! Respira, vamos respira. ¡¡¡¡¡¡¡¡RESPIRA!!!!!!!!...
... ... Nunca le temías a nada en la vida. Vamos Pelea. Pelea... ¡¡¡¡¡PELEA!!!!!
- Déjala pasar en paz.
- ¿Usted que sabe? Ha matado a muchos.
- Igual que tú. Déjala ir.
- ¡¡¡¡¡VAMOS GABRIELLE NO ME DEJES!!!!! ¡¡¡¡¡¡DESPIERTA!!!!!! ¡¡¡¡¡¡DESPIERTA!!!!!!
¡¡¡¡¡DESPIERTA!!!!!! ¡¡¡¡¡DESPIERTA!!!!!!
- ¿Lo conoces?
- Sí, él es mi hijo..
- ¿Y esto por qué?
- Porque eres tú.
- El verte feliz me hará feliz. Y si eso significa casarte con Perdicas, entonces
tienes mi bendición.
- No dejaré que te despidas de mi. No se trata de eso. Nos volveremos a ver pronto.
- Sí alguien me escucha sabrá que no acostumbro rezar, pero no sabía que más hacer.
Una vez iba a rendirme y Gabrielle llegó a mi vida. Por favor no dejes que esa luz que
brilla en su rostro se apagué, yo no soportaría la oscuridad que sobre vendría.
- Xena, se que puedes oirme donde quiera que estes. Sé que siempre me dirás que sea
fuerte. No pudes abandonarme. No ahora. Sé que aún no es tu hora, lo siento en mi
corazón. Siento un vacío que jamás había sentido. Xena recuerda tu destino y lucha.
Este mundo te necesita. YO te necesito.
- Gabrielle, Gabrielle. No estoy muerta, soy yo.
- Xena.
- No he acabado.
- ¿Por qué te fuiste? Hay muchas cosas que quiero decirte.
- Gabrielle no tienes que decir nada. No tenemos mucho tiempo.
- Xena, no quiero perderte otra vez.
- Gabrielle, siempre estaré aquí...
- ¿Sabes que por unos momentos supe lo que era ser como tú?
- ¿Y?
- Y fue cálido, amigable, amoroso...
- Iremos contra los Dioses, Tu amiga...
- Va a donde Xena vaya.
- Aprendí hace tiempo a no tratar de dejarla atrás.
- ¿Crees que estoy loco?
- No lo sé. Ella cree que todos tienen un alma gemela.
- ¡Oyé! No cambies el tema. Necesito saber. Prométeme algo.
- ¿Qué?
- Que segirás a tu corazón - y no te preocuparas por mi.
- Eres parte de mi corazón.
- Xena, ¿recuerdas lo que me dijiste cuando... cuando Perdicas me propuso matrimonio?
Dijiste que verme feliz te haría feliz, yo siento igual.
- ¡Xena! Que alegría verte.
- ¿Te has vuelto loca?
- Gabrielle, ¿estás bien?
- Sí, estoy muy bien.
- Haber.
- Estoy mareada, maldita y más bien mareada.
- Disculpa. ¿Sabes mi nombre?
- Vamos al templo de Las Furias a averiguar que sucede.
- No.
- Por favor Xena.
- Mmmh - mm.
- ¿Lo harías por mi? Te lo pido.
- Lo haré.
- Gabrielle... ¿Quién hizó esto?
- Yo, yo la asesiné Xena.
- No. No fuiste tú.
- Fui yo Xena.
- Xena.
- Aquí estoy Gabrielle.
- El dolor es interior.
- ¿Qué?
- Ya nada es igual. Nada.
- Tranquila. Todo, todo estará bien. Tranqula. Lo prometo.
- Xena, ¿qué está pasando?
- Creo que estas embarazada.
- Es una niña... Sostenla.
- Que no maten a mi bebé.
- Tenías razón.
- ¿Sobre qué?
- Dijiste que un día volvería a tener esperanza. La llamaré Hope.
- Te voy a aclarar algo Xena: No importa lo que sea, es MI hija. No te interpongas.
- Xena, ¿qué estás haciendo?
- Gabrielle, solo es algo que tengo que hacer.
- Por favor explícame, ¿a quién quieres matar? ¿por qué?
- ¿Le debes a alguien tanto, que desperdiciarás estos últimos años?
- Sí.
- Lo lamento Xena, nunca dejaría que lo hicieras.
- Xena si lo prometes te liberarán. Por favor. Podemos irnos lejos de aquí.
- ¿Podemos hablar? Claro que no, te traicioné. Lo más patético es que pensé que te
estaba salvando. Mi reverencia por la vida mantuvo al tirano más brutal con vida y
llevo a mi mejor amiga a la muerte. Se que me odias Xena, no más de lo que me odio.
- Ráscame la nariz ¿quieres?... Vamos. Se que pensaste que era lo correcto. Estaba
molesta contigo pero no te odié. No podría.
- Lo cuidaremos bien. Te amo Xena.
- Y yo a ti Gabrielle.
- Siempre has estado lista para culparla ¿cierto? Ella no es mala. No lo es.
- Hope... La niña es Hope.
- Lo siento, no quisé engañarte. Xena no podía matarla, tú eres madre, lo sabes.
- Xena, NO. No.
- Fuera.
- Xena.
- Lárgate.
- Si hubiera hecho lo que dijiste, cuando lo dijiste, ambos estarían con vida.
Kalleiupus y Solan.
- No. No quiero que menciones su nombre.
- ¿Xena?
- No. Tu me mentiste. Confié en ti y me mentiste, y ahora Solan está muerto. Mi hijo
ha muerto por ti.
- Te amo Xena.
- Xena... en caso de que el veneno comienze a esparsirse más aprisa... Tengo una
última petición.
- Me la dirás después... Cuando seamos ancianas.
- No voy a dejarte morir.
- Lo más importante es el bien supremo... Eso que tiene un significado más importante
que nuestras existencias.
- ¡NO TÚ EXISTENCIA!
- Quisiera tanto ser como tú.
- Y yo ser como tú.
- ¡No! Hope Deten ésto.
- ¡Xena no debes matarla! Xena.
- Protegiste muy bien a tu hija ¿verdad? ¿Por qué permitiste que ese monstruo matara a
mi hijo de entre todos los niños?
- Xena, entiende.
- Eso no lo entiendo.
- ¿No entiendes? Con gusto moriré para librar al mudo de esa maldad.
- Pues tengo que hacer algo. Tengo que pensar rápido. No, no puedo pensar en perderte.
- Es extraño. La que más amo en el mundo y la que más odio, son casí iguales.
- No Xena. Despues de todo lo que hemos pasado, estaré contigo hasta el final.
- Entonces te diré algo: Cuando me haya ido no quiero que sientas culpa.
- Xena.
- Escúchame. Sucedieron muchas cosas este año y hubo ocaciones en que estuvimos muy
confundidas, pero quiero que sepas que aún pienso que eres lo mejor que pudo sucederme.
Le diste significado y alegría a mi vida y serás parte de mi para siempre.
- ¡NO! ¡NO LA MATES! ¡NO!
- ¡GABRIELLE!
- ¡XENA!
- ¿Sabes lo que dijo? Dijo que tu Karma y el mio están entrelazados.
- Tal vez no es la primera vez que caminamos por aquí.
- Puede ser que no sea la última.
- Esto no tiene sentido... la lucha, la guerra...
- Promete no seguirme.
- Lo prometo. Xena, Cuídate.
- Xena, que alegría que estés aquí.
- Oye, esa visión no será verdad.
- ¡Levantate!
- ¡No!
- ¡Levantate!
- No puedo Gabrielle, es mi espina.
- Xena.
- ¿Lloras? No llores.
- Ya no. Descansa.
- Hice que dejaras el camino del amor. Fue mi culpa.
- No. Yo elegí. No hacer nada o salvar a mi amiga y elegí salvar a mi amiga.
- Perdona las veces que no te trate bien.
- Xena, hiciste brotar lo mejor de mi. La persona que fui no se parece a lo que soy.
Me sentía invisible, pero tú viste lo que yo podía ofrecer. Me salvaste Xena.
- Quisiera tener un entierro digno siquiera.
- Lo vas a tener.
- Lo sé.
- Gabrielle. Tu eres lo mejor que pasó en mi vida.
- Te amo Xena.
- Estaremos juntas por toda la eternidad.
- Tu tienes el balance entre la luz y la oscuridad y sin ambas cosas, lo mejor de ti
no sirve.
- Me da gusto regresar a casa.
- Regresar a casa en más de una forma. Gracias Gabrielle.
- ¿Por qué?
- Por aclarar la forma de regresar a mi podrido ser.
- ¿Yo hize eso?
- No lo pensé en ese momento pero cuando le pedí a la señal que me mostrara el camino,
apareciste tú.
- ¿Embarazada? ¿Cómo que embarazada? ¿Cuándo? ¿Con quién?
- Aún no lo sé.
- ¿No tienes la menor idea?
- No. He pensado esto cientos de veces. No Lo Sé.
- ¿Cómo que no lo sabes? Xena, es difícil.
- Desearía saber que estas buscando un padre.
- Pues no.
- ¿No? Alguien tendrá que hacer el trabajo.
- Sí, Gabrielle.
- Pagraía por ver eso.
- ¿Por qué ese cambio? Crei que abandonabas a Xena.
- Se necesita más que tú para eso.
- Gabrielle no debí culparte por la muerte de Eli, yo...
- No Xena, yo misma me culpaba. Lo siento.
- Lo lamento.
- La fé duradera entre ustedes dos es el mayor milagro de todos.
- Gabrielle ven dame tu mano. No, aquí.
- Está pateando.
- Lo sé.
- Eres una mamá.
- No estoy sola.
- Las dos dedicaremos la vida para salvar a tu bebe, así que no puedes fallar.
- No fallaremos.
- Estaba recordando cuando Ephiny tuvo un bebe y tu le ayudaste...
- Mejor callate... Cierra la boca.
- Es una niña.
- Se llama Eva.
- ¿Ya tiene nombre?
- Idea de Solan...
- Si le pones un dedo encima te juro que...
- ¿Qué? ¿Qué harás?
- Si acepta destruirás a Xena, la convertirás en lo que antes solía ser... una asesina
viciosa.
- Muy bien, me agrada esa Xena.
- ¿En serio? Entonces ¿por qué estás tan obsesionado con quién ahora es?
- ¿Cuál es ese asunto sin terminar?
- Tratará de seducirme.
- ¿Qué crees que hacías? Todo estaba bajo completo control.
- ¿Y qué tan lejos lo dejarías Xena?
- Dijo que … tú no me confiabas a Eva... ¿Es cierto?
- ... El darte a Eva le hubiera dado a ella unos segundos más, pero ambas sabemos que
la hubieran matado si hubieran tenido la oportunidad sin importar en brazos de quien
estuviera.
- No permitiré eso... No puedo perder lo que queda de mi familia.
- Espero que no sea verdad Xena, por el bien de Gabrielle.
- ¿Qué le hiciste a Gabrielle?
- Xena discúlpame, no pude evitarlo.
- Es muy simple Xena: Gabrielle por Celesta.
- De acuerdo.
- No Xena...
- Gabrielle ven, está bien.
- Tiene el lado oscuro dentro de ella, el espíritu de Callisto. Son cosas difíciles de
vencer.
- Tú lo hiciste.
- Tuve ayuda.
- ¡Eva! ¡Eva! ¡Eva! Tenemos que ir tras ella Gabrielle. Hará algo terrible. Tenemos
que salvarla de si misma.
- Yo fui ella.
- Hay esperanza, por que tú cambiaste.
- Hablé con Livia, intenté decirle que la amamos. No le interesó.
- La llamaste Livia.
- Es lo que es. Xena ella ya no es tú hija, es de Roma.
- Xena ¿qué pasó?
- Creo que los seguidores de Eli obtuvieron el milagro que pedían.
- ¿Por qué? ¿Qué te dijo?
- Dijo que su nombre era Eva.
- Xena, salvemos a tú hija.
- Ninguna de las dos va a abandonarme. Gabrielle eres lo más puro de mi vida.
- Parece que recuperaste a tú hija.
- No, RECUPERAMOS a nuestra hija.
- Gabrielle, cuando te golpeé con mi chakram.
- Xena comprende. No fue tu culpa, fueron Las Furias. Ellas hicieron que tratara de
matar a Eva. Ya te perdoné, hazlo tu tambien.
- No quería perderte.
- Su cuerpo se congeló en el agua helada. Vamos a darle calor. Xena, Xena despierta.
Por favor Xena.
- ¿En serio? Virgil y tú parecían listos para quemarse no hace mucho.
- Sí, ¿y?
- El mal, el lado oscuro... Es intoxicante ¿cierto?
- Uy sí, nos intoxica.
- Por un momento creí que te perdía.
- ¿Sí? ¿Qué momento fue ese?
- Gabrielle, cada vez que sentía que empezaba a perder el control pensaba en ti, eso
me regresaba.
- ¿En serio?
- Claro.
- Xena, no seas tan sentimental conmigo...
- ¿Qué pasa con el chico del desierto?
- Quiere que le enseñe a usar los sais.
- Eligió una gran maestra.
- Es extraño ser vista como guerrera más que como bardo. Supongo que ha sido un largo
camino.
- ¿Es eso bueno?
- Sí, lo es.
- No, es más complicado de lo que crees.
- Xena, no es complicado. Es simple... Yo maté a Korah.
- Aquí la pena por eso es la muerte.
- Acepto eso.
- Bueno, yo no.
- Me sentí así una vez. Sentía que no había nada por que vivir. Estaba cansada del
dolor y solo quería que todo terminara.
- ¿Qué cambió para ti?
- Tu fuiste.
- Mmmh, me salvaste hoy Xena, en contra del bien supremo. ¿Por qué? ¿No es eso por lo
que hemos peleado?
- Gabrielle, en la vida de todos hay algo que va más allá del bien supremo. Eso eres
tú en mi vida. No iba a dejarte morir si había algo que pudiera hacer para evitarlo.
- Buen tiro, solo que no sé que clase de vino va con la madera.
- Comeremos pescado, es lo que la gente hace cuando va al río.
- El pescado por mi está bien. Tú fuiste quien dijo que quería venado.
- Xena, no tuve un buen día.
- Oh él tuvo un buen día, es según como lo mires.
- Xena, si hubiera escuchado a mi corazón, ¿crees que ese chico aún estaría vivo?
- Escuchaste a tu corazón. Pensaste que iba a matarme, tu corazón te dijo que me
protegieras. Un guerrero entrenado no llega por atrás en una tormenta porque sabe que
lo confundirían con un atacante.
- ¿Dices que enviaron a un niño a hacer el trabajo de un hombre?
- Con esto digo que me da gusto poder confiarte mi vida... en especial ahora.
- No dejaré que te mates solo por sentirte culpable Gabrielle.
- Deja de regañarme.
- Tu herida está empeorando.
- ¿Esto está mal verdad?
- Hemos estado en peores circunstancias. Vamos a sacarte de aquí. Cuenta con ello.
- ¿Hope?
- ¿Dijiste Hope?
- Mi bebé, ¿eres tú?
- Sí soy yo.
- Te amo. Jamás te haría daño. Lo sabes ¿verdad?
- Lo sé.
- Mi niña... Debes irte. Debes irte, ella te hará daño. Ella te alejará de mi.
- Debes descansar. No debes ir a ningún lugar.
- No entiendes.
- Sí entiendo. Entiendo todo.
- Xena, tengo un último deseo.
- No quiero escuchar eso.
- Hablo en serio. ¿No quieres saberlo?
- Dime cual es.
- No quiero que me entierren con las Amazonas.
- De acuerdo, en 50 años cuando llegue el momento...
- Xena, quiero descansar contigo, con tu familia. En Amphipolis.
- ¿Y tu familia?
- La amo pero soy parte de ti. Quiero que así sea para siempre. Te amo... Esto es mi
culpa.
- Esto no es tu culpa. Esto no es tu culpa. Es mía por llevarte por un camino que
nunca imaginaste caminar.
- Mi camino esta bien Xena, si estoy contigo.
- Xena.
- Oh Gabrielle.
- Soñé que vendrías por mi.
- Los recuerdos son poderosos Xena, Agradezco que los los tuyos te regresaran a mi.
- No fue magia.
- Estaba vendiendo esclavas.
- Con que calma habla tú hija de su pasado.
- Sabe lo mismo que yo. No hay nada que puedas hacer para cambiar el pasado. Solo
puedes trabajar para mejorar el futuro. Por eso esta preocupada de lo que puedas hacer
una vez dentro de Mogador. Gabrielle, no eres una asesina.
- Tienes razón Xena. Hoy no soy una asesina... Mañana...
- ¡Entra!
- ¿Cómo está?
- Excelente.
- Tienes miedo. ¿Cómo mi madre? Y ¿mi padre? ¿cómo el esposo de mi hermana? Justo antes
de que les cortaras la cabeza. Si te mato, tú ganas y seré como tú... ... TE ODIO.
- ¿Estás segura de que no eres una diosa?
- Ha, ha, ha... no hay nada divino en Xena, si fuera Diosa yo no podría hacer esto.
- Ow.
- O esto, ni esto... Ow.
- Ya basta. Ya entendió.
- Quiero que cierres los ojos.
- No.
- Confía en mi, por favor.
- No.
- Cierra tus ojos.
- ¿Qué es esto?
- Ábrelo... Le pedí a Safo que te escribiera algo.
- ¿Un poema? ¿Safo escribió un poema para mi? No puedo creerlo. Xena, planeaste todo
esto ¿cierto? "THERE'S A MOMENT WHEN I LOOK AT YOU--AND NO SPEACH IS LEFT IN ME-.-MY
TONGUE BREAKS--THEN FIRE RACES UNDER MY SKIN AND I TREMBLE-.-AND GROW PALE FOR I AM
DYING OF SUCH LOVE--OR SO IT SEEMS TO ME." Es hermoso. Éste es el mejor regalo de
cumpleaños que jamás me han dado.
- Este no será el viaje que te prometí Gabrielle, pero si Akemi me llama debo ir.
- A donde vayas, estaré a tu lado.
- Sabía que dirías eso.
- Gabrielle, ven aquí. Ven dame tus manos, muy bien... Aquí, siente el flujo de sangre
de mi cuello... justo atrás.
- Xena no tienes que hacer esto, entiendo por qué nunca me ensañaste a hacerlo.
- No, no. Hoy más que nunca quiero que sepas lo que sé. Por favor.
- ¿Por qué haces esto?
- Gabrielle si solo tuviera 30 segundos para vivir, así es como quisiera vivirlos...
mirando tus ojos.
- Detén esto. ¡DETENLO!
- Nunca olvides cuanto te quiero.
- ¡XENA! ¡XENA!
- Xena.
- Gabrielle ¿qué estás haciendo aquí?
- Estaba preocupada por ti. Encontré tu chakram. Había mucha sangre.
- Estoy bien.
- Lo siento Gabrielle, no podía decirte. Habrías tratado de determe.
- ¿Se supone que eso me haga sentir mejor?
- Tu eres mi vida Xena. No te perderé.
- No me perderás.
- Ella es mi alma gemela. Es poetiza como tú Akemi.
- ¿Xena?... Xena, Xena, ¿qué paso?
- Te dije que te vería aquí... La fuente de la fuerza... toma el agua, la fuente, el
agua.
- Xena... Esto no está bien... No me interesa. Tú eres todo lo que me interesa.
- No sabes cuanto deseo dejarte hacer esto, pero si hay una razón para que viajemos
juntas es porque tengo mucho que aprender de ti. Lo suficiente para conocer al final lo
bueno, lo que hay que hacer... No puedo regresar. No puedo.
- Te amo Xena. ¿Cómo pretendes que viva sin ti?
- Siempre estaré contigo Gabrielle, siempre.
- Una vida de viajes te ha traído hasta las tierras más lejanas, hasta el mismo fin
del mundo...
- Y al lugar en donde siempre estaré: Tu Corazón... ¿Ahora a dónde?
- Vayamos al sur, a la tierra de los faraones. Necesitan una chica con un chakram.
- A donde vayas... iré a tu lado.
- Sabía que dirías eso.
- Pudieron herirme.
- ¿Quién eres?
- Soy Mel Pappas y busco a la Doctora Janice Covington.
- Aquí están... los pergaminos.
- ¿Juntas?
- Pues no si tu no... quieres.
- Esta bien... Ayudame con esto.
- Esta vez será distinto. Siempre será posible reencontrarme con Janice mientras
estemos vivas.
- Dicen que Francis esta tratando de obligarla a casarse con él por lo del accidente.
- ¡Eso no es amor!
- Cuídala mucho y no la dejes nunca, Mel se lo merece.
- Te llevaré a la estación.
- No.
- Te llevaré a la estación.
- ¡He dicho que no. Eso hará las cosas más dificiles!
- Quiero que el tiempo se detenga.
- ¿No sería mejor no habernos conocido?
- Entonces yo te contestaría que soy muy mala cumpliendo promesas. Si me preguntaras
por mis sentimientos por él, yo te diría que le tengo aprecio, gratitud, consideración...
pero amor apasionado y absoluto como el que tuve... como el que tengo por ti... ¡Maldita
sea mi suerte!...
- ¡No puedo hacerlo! Quisiera mentirte pero no puedo. Intenté una vez escribirte una
carta para decirte que todo estaba olvidado pero ni siquiera tuve el valor de enviarla
¿Cómo decirte ahora que estoy enamorada del hombre que será mi esposo, cuando no es así.
- ¡Dioses, Dioses! ¿Qué falta cometimos en nuestra vida pasada o nuestros antepasados
para que nosotras la paguemos de esta manera? ¿Por qué este amor puro y bueno, tan
intenso que ni el tiempo ni la distancia han podido abatir, se ha vuelto un pecado?
¿Por qué no puedes ser mi mujer, cuando en el fondo eres la esposa de mi corazón? ¿Por
qué me estás prohibida?"
Fanny se separó violentamente del abrazo sin soportar más ya la explosión de visiones
que le habían irrumpido en el alma como con una serie de poderosos choques eléctricos.
Levantó el rostro asustada y se dio cuenta que Aline también estaba tan absorta como
ella. Por extraño que pareciese ambas supieron, sin necesidad de decírselo, que la otra
había tenido también las mismas visiones.
Sin saber qué hacer, Fanny tomó su bolso y salió corriendo de la habitación como si la
estuvieran persiguiendo. Aline no tuvo fuerzas para detenerla. Todavía se hallaba
demasiado abrumada por la fuerza de las emociones vividas en aquel extraño vistazo a un
mundo que tanto ella como Fanny habían olvidado desde hacia mucho, mucho tiempo, pero
que aquel abrazo había vuelto a despertar de su largo letargo.
Continuará...