La vida diaria muchas veces nos fuerza a dejar de lado el plano espiritual para poner
atención a preocupaciones más terrenales. De esa forma aún Fanny, a pesar de lo turbada
que estaba con el descubrimiento del diario de la "autora", tuvo que
sustraerse un poco a esas perturbaciones para enfrentar un problema más urgente.
Había estado buscando un empleo de medio tiempo sin mucho éxito. Había probado unos
cuantos pero había terminado por dejarlos porque siempre interferían en sus prácticas,
las cuales había ya empezado a realizar pues estaba en su tercer año de la universidad.
Así que muy a su pesar, continuó contando cada centavo de su beca, teniendo que pedirle
prestado a Michie en más de una ocasión.
Un buen día su compañera de cuarto llegó con un volante que plantó justo en frente de
la joven al tiempo que decía con expresión jovial que había encontrado justo el empleo
que Fanny necesitaba. Algo eventual pero que podía ser más o menos regular y flexible.
Era un anuncio de la escuela de arte de la propia Universidad de Nueva York que
solicitaba modelos para las clases de pintura. Buscaban jóvenes con determinadas
características y la fisonomía de Fanny parecía encajar con los requerimientos.
- ¿Modelo? - preguntó la joven rubia frunciendo la nariz - ¡Estás loca, Michie! ¡Si
estás pensando que me voy a desnudar para los estudiantes de la Facultad de Arte estás
como recien operada del cerebro!
- ¡Por Dios, Fanny! - exclamó Michie totalmente exasperada - ¿Quién habló de hacer
desnudos! Muchas veces lo único que quiere esa gente es una mano, un pie o un simple
bulto que se pare sin moverse y ellos puedan ver cómo le pega la luz encima. Pagan a
más de diez dólares la hora, eso es buen dinero.
- ¿Cómo sabes tú eso? - preguntó Fanny aún desconfiada.
- Porque tengo un compañero en mi clase de Historia de la Cultura Americana que hace
lo mismo. Este muchacho me ha contado que vas a las oficinas de la facultad, te
inscribes en una especie de lista de espera y llenas una forma en donde aclaras el tipo
de trabajo que estás dispuesta a hacer. Si no quieres hacer desnudos pues no pones una
marca en esa opción y ya está. Nunca te llamarán para eso, sólo para posar como Blanca
Nieves, si eso es lo que quieres.
- JA, JA, JA - se rió Fanny burlona - ¡MUY GRACIOSA! Pues ni creas que me convences
con tus chistecitos.
No obstante, Fanny acabó haciendo lo que Michie le sugería y cuando ya habían pasado
varias semanas y ella ya casi se había olvidado de que había hecho la solicitud, recibió
una llamada. Al fin la llamaban para posar y no sin mucho miedo la muchacha se presentó
ante la clase del profesor Fullat, un hombre de origen catalán que lo único que deseaba
era que sus estudiantes hicieran estudios de las manos de Fanny. Por esta razón los
estudiantes tomaron muchas fotografías de las manos de la chica y eso fue todo. A partir
de entonces Fanny empezó a trabajar para la Facultad de Artes por lo menos una vez cada
dos semanas y el poco dinero que recibía de esa actividad se lo enviaba a su madre en
Atlanta. Michie insistió en que el dinero que le debía bien podría pagárselo después,
cuando hubiese terminado de estudiar y tuviese un empleo decentemente remunerado.
De esta manera la actividad de posar se hizo un hábito para la joven que a pesar de su
naturaleza inquieta, aprendió a quedarse inmóvil por largos ratos, con el afán de
mandar algo de dinero para su madre. El trabajo, bien mirado, era simple y bien pagado
así que ella lo hacía de con grado. Sin embargo, un día las cosas cambiaron
radicalmente.
Fanny había sido llamada para posar en una clase de estudiantes avanzados cierta mañana
de Marzo. Como de costumbre, se comunicó con el profesor a cargo antes de la clase y
este le indicó lo que iba a hacer, cuándo y dónde se realizaría la sesión. Se trataría
de bosquejos para apreciar cambios en la sombra con distintos tipos de iluminación, así
que requería de alguien con ya cierta experiencia y que fuese capaz de permanecer
inmóvil por un buen rato.
Siguiendo las indicaciones del profesor la joven llegó a la hora convenida esa mañana y
esperó en el pasillo mientras escuchaba la voz fuerte y algo chillona del catedrático
dando explicaciones a los estudiantes. Un instante después la voz se calló y el murmullo
de varias personas se dejó escuchar en el pasillo al tiempo que la puerta del taller se
abría.
- Señorita Caffrey, buenos días, siento haberla hecho esperar, pase usted por favor -
le dijo el profesor, quien era un hombre de unos cincuenta o sesenta años, algo
desaliñado pero con una mirada abierta que le agradó a la joven.
- Gracias profesor Anderson - contestó ella entrando al salón y al momento de hacerlo
sintió un extraño tirón al interior, como si una señal le avisara que algo importante
estaba a punto de ocurrir.
El lugar era muy amplio y estaba lleno de caballetes, lámparas como las de un estudio
fotográfico, sombrillas y otros aparatos para reflejar la iluminación, así como una
ventana panorámica que en esos momentos dejaba entrar la luz matinal de lleno en el
taller. La joven rubia siguió al hombre, que era particularmente corto de estatura,
hasta el centro del salón donde él procedió a hacer las presentaciones de costumbre.
Mientras el profesor Anderson llenaba el aire con su voz chillona, Fanny repasaba con
la mirada la audiencia que tenía enfrente. Los estudiantes la observaban atentamente
desde su posición detrás de los caballetes, al tiempo que escuchaban las indicaciones
del maestro. Ella ya había vivido la misma escena varias veces desde que se dedicaba a
posar y por esa razón no alcanzaba a atinar por qué de repente se sentía tan inquieta.
La joven podía escuchar sus propios latidos dando golpeteos tan fuertes que le parecía
que pronto el corazón se le saldría por la boca.
Fue en ese momento que la joven volvió los ojos hacia uno de los extremos del taller
advirtiendo cómo, mientras todos los demás estudiantes ponían atención al profesor, uno
sólo entre ellos parecía estar ocupado haciendo otra cosa. Fanny no podía distinguir
con claridad qué era lo que ocupaba a aquel estudiante, porque se encontraba escondido
detrás de su caballete y la joven no le podía ver el rostro.
- Señorita Caffrey, ¿me escucha? - preguntó Anderson por segunda vez al darse cuenta
que la joven no lo había escuchado.
- ¿Sí?... este... perdón profesor... ¿Podría repetirme lo que acaba de decir? -
inquirió la joven sobresaltada.
- Tome asiento por favor - sonrió el hombrecillo amablemente y la muchacha le siguió
dejando que él mismo la acomodara en la postura deseada.
¿Qué había sido eso? - pensó Fanny al tiempo que seguía las indicaciones del profesor -
Por unos instantes le había sobrevenido otra más de esas extrañas visiones, pero
curiosamente ésta había sido distinta. Se veía así misma caminando en la oscuridad en
medio de una densa niebla y en la lejanía le parecía escuchar el sonido de espadas
chocando. Se volvía a su alrededor como buscando algo... o a alguien. Fue entonces
cuando el profesor la llamó y la visión desapareció tan rápido como había venido.
La joven se acomodó el cabello de la manera en que le pidió el profesor y resignándose
a una larga y aburrida media hora, trató de olvidarse de lo que había visto con su
mirada interior, así como de la inquietud que no la abandonaba.
Del otro lado del salón, los estudiantes comenzaron a trabajar y el misterioso usuario
del caballete del extremo izquierdo terminó por fin de acomodar sus carboncillos,
actividad que le había estado ocupando todo el rato que el profesor daba las indicaciones.
Cuando la joven levantó la cabeza para ver a la modelo en turno, no sin un dejo de
fastidio en los labios que sostenían un cigarrillo, pudo sentir con una claridad
pasmosa como su alma se le abría de par en par. El golpe fue tal que la joven dejó caer
el cigarrillo al suelo y por instantes que le parecieron siglos, no pudo más que ver a
la mujer que tenía enfrente como si estuviese mirando un fantasma.
- Aline, Aline, - le llamó una voz desde el caballete de al lado - ¡Carajo! ¿Qué no
me oyes?
- ¿Eh? - contestó aún ausente y con la cabeza dándole vueltas.
- Préstame tu navaja para afilar este lápiz - demandó un joven extrañado de la
expresión vacía en el rostro de su compañera.
Aline tomó la navaja que tenía a la mano y se la alcanzó a su compañero sin salir del
trance en que se encontraba. Fue entonces cuando Raymond advirtió que la causa del
mutismo de Aline no era otra que la presencia de la joven modelo, a juzgar por la
insistencia con la que la joven la miraba.
- Bonita la rubia, ¿No? - susurró Raymond con aire pícaro y para sus adentros pensó
que nunca había visto a su amiga tan impresionada por alguien.
- No... no sé a lo que te refieres - masculló la joven forzándose a desviar la mirada
del perfil de la muchacha.
- ¡Vamos, no finjas! - insistió el compañero.
- ¿Señor Dilthey, le importaría dejar de parlotear para concentrarse en su trabajo? -
llamó la voz chillona del profesor Anderson, y Raymond inmediatamente se olvidó de
molestar a su compañera para comenzar con la tarea señalada.
Imitando a su compañero Aline también comenzó a hacer los primeros trazos pero las
manos le temblaban.
"No puede ser," pensaba mientras el corazón amenazaba con salírsele de su lugar - "es
exactamente igual, cada detalle, cada línea del rostro, el cabello, la talla, el color
de los ojos!"
Por su parte, Fanny no estaba más tranquila porque la sesión había ya comenzado. Todo
lo contrario, se seguía sintiendo inexplicablemente inquieta y aunque hacía grandes
esfuerzos para no mirar hacia el extremo izquierdo del salón de clases, parecía que una
fuerza más poderosa que su voluntad la obligaba a mover los ojos hacia esa dirección.
Fue entonces que sucedió. Con gran cuidado para no mover los músculos de la cara, la
muchacha viró sus pupilas y en ese instante sus ojos se encontraron con un par de iris
azules que parecían aun más intensos gracias a la camisa del mismo color que portaba la
dueña de aquellos ojos. Todas las alarmas de su corazón parecieron encenderse dentro de
la joven al contacto con aquella mirada insistente, y como si el encuentro le hubiese
quemado, instintivamente desvió la vista. Fanny recordó que como regla general los
estudiantes no debían ver a los ojos de los modelos, en especial si se trataban de
bocetos para los cuales los modelos debían posar desnudos. La joven rubia no había
posado jamás para un desnudo pero igualmente se había percatado que los estudiantes
nunca la miraban a los ojos.
- Seguramente me cohibí porque me estaba mirando directamente, y no estoy acostumbrada
a que hagan eso durante una sesión - se dijo a sí misma tratando de justificar su
reacción al huir de la mirada de la joven. Reacción por demás extraña en ella ya que
siempre solía mirar a las personas de manera franca y directa.
Pasaron unos minutos más y sin poderse controlar, la muchacha volvió a atisbar en la
misma dirección y para su gran bochorno una vez más la joven del extremo izquierdo la
miraba directamente. Había dejado de esconderse detrás del caballete y ella podía verla
con claridad. Bastó un momento para que la muchacha advirtiera la delicada línea del
perfil de la joven que parecía desembocar en un par de labios bien trazados en los que
ella creyó adivinar una sonrisa burlona ligeramente esbozada. De nuevo un choque en el
corazón y otra visión pasó por su mente. En aquel atisbo fugaz le parecía ver la misma
sonrisa al atardecer, al tiempo que el sol se ocultaba en el silencio vespertino.
- ¡Ya basta! - gritó la joven dejando el banco en que se hallaba sentada y
sorprendiendo a la audiencia con la inusual interrupción.
- ¿Sucede algo señorita Caffrey? - se apresuró a indagar el profesor alarmado por la
violenta reacción de la joven.
- Lo... lo siento, profesor - se excusó la muchacha apenada - pero no es mi culpa...
Hay, hay una estudiante que me está sacando de concentración al mirarme a los ojos.
- ¿En serio? - inquirió el profesor molesto con la idea. - Todos saben aquí que eso es
falta de ética. Dígame usted de quien se trata.
- No es necesario - interrumpió la joven de los ojos azules con un dejo de insolencia -
fui yo, pero no lo hubiese hecho si la señorita aquí presente dejase de moverse como
una gelatina mal cuajada.
- ¿Moverme yo? - contestó Fanny indignada - ¡Esa es una excusa barata!
- Pues es la verdad - respondió Aline haciendo gala de su proverbial socarronería.
- Bueno, bueno - medió el profesor - tratemos de tener la fiesta en paz. Señorita
Rogers, haga usted el favor de volver a su caballete y seguir trabajando, y usted
Señorita Caffrey concéntrese de nuevo.
"¡Concentrarme!" pensó Fanny mientras trataba de obedecer al profesor, "¿Cómo voy a
concentrarme ahora? Por un momento me pareció ver a esta mujer en el sueño ¡Dios, mío!
Ahora sí creo que Michie tiene razón cuando dice que me falta un tornillo ¿Por qué es
que esta tipa me puso tan nerviosa?... ¡Gelatina mal cuajada! ¡Qué grosera! Todo es
culpa suya por hacer algo indebido." Concluyó ella para tranquilizar su conciencia por
haber respondido también a la mirada del joven.
La sesión continuó por unos instantes más y la joven se contuvo para no volver a mirar
en la dirección de esa tal Rogers, sin embargo, sentía que la piel le ardía bajo su
mirada, la cual podía percibir como si se tratase de algo sensible al tacto. Así
pasaron unos minutos más, y aunque Fanny trataba de pensar en otra cosa, no podía dejar
de sentirse incómoda, sobre todo cuando estaba casi segura de que los colores se le
estaban subiendo al rostro en contra de su voluntad.
- Profesor Anderson - dijo una voz proveniente del extremo izquierdo del salón.
- ¿Ahora qué le ocurre, Señorita Rogers? - preguntó el profesor con fastidio.
- Siento mucho que mi trabajo no sea lo que usted espera en esta ocasión - explicó la
joven en voz alta, para asegurarse de que todos le oyeran.
- ¿Y a qué se debe eso, se puede saber?
- Bueno, no puedo concentrarme con una modelo que se la pasa moviéndose a cada segundo.
Lo siento mucho, pero así un artista no puede trabajar - se quejó la joven.
- ¡Moviéndome! ¿De dónde saca usted eso? - vociferó la modelo que obviamente había
escuchado a Rogers.
- Señorita Caffrey, quédese usted en su posición. Y usted señorita Rogers, le debe una
disculpa a la señorita, a mi me consta que ella no se ha movido.
Fanny miró de nuevo a la joven con el rabillo del ojo tratando de contener una
sonrisilla de triunfo al darse cuenta de que el profesor se ponía de su parte.
- ¿Disculparme? - dijo Aline con arrogancia - ¡Por supuesto que no! Si todo es culpa
de ella.
- ¡Vaya atrevimiento! - contestó la modelo dejando el banquillo en el que se encontraba
sentada. Al fin y al cabo ya nadie en el salón seguía trabajando, tan al pendiente
estaban de la curiosa discusión.
- ¡Señorita Rogers! ¡Señorita Caffrey! - exclamó el hombrecillo desconcertado por el
curso que estaban tomando las cosas.
- No se moleste Profesor Anderson - respondió Aline sin cambiar su acento altanero -
no lo fastidiaré más. No puedo concentrarme por culpa de esta modelo aficionada que no
sabe hacer su trabajo, pero el resto de la clase puede hacerlo bien, yo simplemente me
retiraré el día de hoy.
- ¡No será necesario, yo seré quien se retire! - dijo Fanny adivinando que aún si la
muchacha saliese del salón de clases ella ya no podría reunir las fuerzas para seguir
posando como si nada hubiese sucedido - Discúlpeme, Profesor Anderson, pero no creo
posible seguir trabajando el día de hoy.
Y diciendo esto último Fanny tomó el bolso que había dejado en un perchero y salió del
salón dando un portazo. Pero las sorpresas no habían parado ahí esa mañana. Tan pronto
como la joven despareciera detrás de la puerta, Aline salió corriendo tras ella sin
tomar en cuenta la confundida expresión del Profesor Anderson, los rostros de asombro
de sus compañeros ni la mirada suspicaz de su amigo Raymond. El silencio reinó en el
salón por unos segundos hasta que Raymond lo rompió con un silbido.
- ¡Vaya! Eso es lo que yo llamo tensión sexual mal reprimida - dijo con picardía y su
comentario relajó la atmósfera y despertó la rechifla de los estudiantes.
- Hey rubita ¿A dónde vas con tanta prisa? ¿No se te olvida hacer algo importante
antes de salir corriendo como conejo asustado? - llamó Aline a mitad del pasillo.
- ¿Cómo me llamaste? - preguntó la joven deteniéndose en seco.
- Ummm... veamos... sí... fue algo así como rubita. Si, Rubita, te va bien el nombre
¿No? - sonrió maliciosamente Aline.
- Mi nombre es Caffrey, Fanny Caffrey - replicó la muchacha cada vez más molesta.
- Lindo nombre, pero creo que 'Rubita' me gusta más Rubita. Ya te habrás dado cuenta
que tienes el cabello rubio y eres pequeña ¿O no?
Ante el comentario mordaz Fanny alzó los ojos en señal de fastidio. Estuvo a punto de
contestar con una amenaza pero algo dentro de ella le dijo que era mejor ignorar a la
molesta señorita y salir del lugar lo antes posible, por lo que se limitó a dar la
espalda a la joven y seguir caminando a grandes zancadas.
- ¡Hey! ¿Ahora vas a declararme la ley del hielo Rubita? - inquirió Aline divertida
mientras seguía a la muchacha a corta distancia - Esa no es la mejor manera de comenzar
nuestra relación. Sobre todo cuando acabas de conocer al amor de tu vida.
- Mira... tú, como te llames.
- Rogers, linda, me llamo Aline Rogers y apréndetelo bien porque va a ser un nombre
importante - corrigió alzando la ceja.
- Mira... Brogers... o como sea - repuso Fanny con su tono más cortante - Grábatelo
muy bien desde ahora. En este mundo hay un tú, un yo, pero no existe ni existirá nunca
un "NOSOTRAS" y jamás habrá algo semejante a "NUESTRA RELACIÓN" ¿Entendido?
Y con estas últimas palabras la muchacha le dio la espalda de nuevo y continuó su
camino hasta perderse tras una puerta, mientras que Aline la observaba desaparecer.
¡Dios! Es exactamente igual a la joven que aparece en mis sueños - pensó la muchacha
sin salir aún de su asombro - ¡Pero Santo Cielo, qué carácter!
¡Dios! ¡Qué tipa más insolente!... - se dijo Fanny cuando se dirigía ya hacia el
estacionamiento - pero tiene unos hermosos ojos... azules...
- Tan profundos e intensos que me recuerdan algo...
*****
Un día siguió a otro día, como todos los días en la historia humana. Pero después de
aquella ocasión las cosas ya no fueron lo mismo para Fanny Caffrey. Parecía que su
efímero y poco cordial encuentro con Aline Rogers había marcado su vida con una
inexplicable inquietud que, por raro que le pareciese, había también desencadenado una
total euforia de las visiones que la perseguían.
Si antes le parecían ya tan reales como extrañas, la rareza de sus "alucinaciones", así
como su frecuencia aumentó aún más desde entonces. A ratos la escena en la niebla se
mezclaba de nuevo con la insoportable risa de la odiosa alumna del profesor Anderson,
en otras ocasiones la escena de las escaleras se repetía de nuevo y otras más una
tercera visión comenzaba a molestarla.
Se veía a sí misma en el claro de un bosque vestida con un traje amazónico. Oía música
lejana y alguien que la llamaba con un nombre que no era el suyo. Cuando se volvía para
mirar, la visión desaparecía.
- Definitivamente creo que deberías ver a un médico - sentenció Michie mientras
engullía animadamente sus nuggets en la cafetería de la facultad de letras.
- ¿Tú crees? - preguntó Fanny con mirada ausente.
- ¡Por supuesto! Mírate nada más, duermes poco y comes como un pajarito ¡Y eso
tratándose de alguien como tú con las dos patas huecas, es algo grave!
- ¿Pero qué le diré al médico cuando me pregunte qué me pasa?
- Pues eso, pérdida de apetito, insomnio... Quizá te diga que estás anémica... o tal
vez es que tienes parásitos.
- ¡Michie!
- Bueno, yo nada más especulo. Comiendo lo que yo cocino todo puede esperarse.
- ¡Oh Michie, no tienes remedio! No tomas nada en serio - se quejó Fanny apoyando la
mejilla en una mano y hubiese seguido reclamando la falta de seriedad de su compañera
de cuarto de no ser porque una tercera voz interrumpió la conversación.
- ¡Vaya, vaya! La señorita rubita en persona - dijo la voz y la rubia sintió enseguida
que los vellos de la nuca se le erizaban al escuchar aquel timbre burlón - ¿No es esta
una curiosa coincidencia? ¿Así que sacaste a tu cara a tomar el sol?
- Y tú crees tener exclusividad del humor negro ¿No es así? - contestó ella
mordazmente sin volverse para mirar a Aline Rogers que se encontraba de pie junto a la
mesa de las jóvenes - "¡Dios mío! ¡Tierra, trágame ahora mismo!" - pensó Fanny - "No un
nuevo encuentro con ésta que parece patán de marca! ¡Y menos con Michie de testigo!"
- ¿No me presentas a tus amigos, Fanny? - inquirió Michie entusiasmada al ver que la
recién llegada venía acompañada de un joven apuesto.
- Aline Rogers, señorita - se apresuró a responder Aline instalándose en una silla
cercana antes de que Fanny pudiese abrir la boca para protestar. - Y este es mi amigo
Raymond.
- Yo soy Michelle Valencia, pero todos me llaman Michie - se presentó la morena con su
acostumbrada soltura.
- "¡Qué desfachatez!" - pensó Fanny sin dar crédito a sus ojos - "¡Dios mío! ¿Qué he
hecho yo para merecer esto?".
- ¿Estudias también aquí en la UNIVERSIDAD DE NUEVA YORK? - le preguntó Michie al
joven observando de inmediato la incomodidad de su amiga y la insistencia con que Aline
miraba a la rubia.
- Sí, estudio diseño y pintura igual que Aline - contestó el joven con entusiasmo
notando también como su amiga no dejaba de observar divertida la cara sonrojada de la
modelo, Fanny.
- "Estás enojada, rubita, y con todo, te ves preciosa"! - no pudo evitar pensar Aline
al tiempo que seguía la conversación con Michie y Raymond.
- No sabía que Fanny tuviese amigos en la escuela de arte - comentó Michie más y más
intrigada con el obvio nerviosismo de su amiga.
- ¡No los tengo! - finalmente habló la rubia con franca irritación - Brogers aquí
presente es alumna de una de las clases para las que he modelado. Nada más.
- Rogers, rubita, el nombre es Rogers, pero tú puedes llamarme Señorita Aline Rogers.
- ¿Eres toda una comediante, verdad? - preguntó Fanny lanzando una mirada airada
mientras se ponía de pie bruscamente - ¡Vamos, Michie! Ya terminaste, ¿No es así? -
añadió dirigiéndose a su compañera.
- Bueno, de hecho, estaba pensando pedir un postre...
- Pues a mi se he ha quitado el hambre, tal vez sea por el ambiente desagradable de
este lugar - señaló Fanny -¡Vámonos ya, que aún tengo que pasar a la biblioteca!
- ¡Caramba, rubita, así que tú también estudias además de posar como gelatina! - repuso
Rogers sin desaprovechar la oportunidad de lanzar una nueva pulla.
- ¡Por supuesto que estudio! Al contrario de otros que al parecer no tienen mucho que
hacer - contestó rápidamente la muchacha para luego volver a dirigirse a la morena que
se levantaba de la mesa con lentitud - Andando, Michie.
- ¡Pero hay que pedir la cuenta! - replicó la otra joven.
- ¡Pagamos en la caja, mujer! - refunfuñó Fanny dándole la espalda a Aline sin
intenciones de despedirse.
- ¡Adiós rubita! Volveremos a encontrarnos - dijo Aline y Fanny no pudo resistir la
tentación de volverse justo en el momento en que la primera le guiñaba el ojo. La chica
se volteó de inmediato arrepintiéndose de su último movimiento y salió del restaurante
como alma que llevaba el diablo llevándose a rastras a una Michie sumamente divertida
con las reacciones de su amiga.
- ¡Qué hombre más lindo ese, Fanny! ¡Y su amiga sería perfecta para ti! - dijo al fin
Michie cuando las dos se hallaban ya lejos del restaurante - ¡Justo como te gustan, alta,
con cabello sedoso y largo, con presencia... Insito y ese Raymond... uh... ¡QUE TIPAZO!
- ¡Ay, Michie! A ti te basta ver a un palo de escoba con pantalones para entusiasmarte
- se quejó Fanny.
- ¡Qué va! Este es un ejemplar de colección tu amiga Aline no se queda atrás... ¡Qué
ojos!...
- Oye Aline... ¿porqué no me dijiste antes? Sabía que la modelo de aquella vez te
había gustado pero ya viendola de cerca... que bombón y sus ojos son muy bonitos ¿Azules?...
no... ¿Verdes?
- Son verdes - corrigió Aline con convicción - con unas vetas azules que se aprecian
mejor con la luz y crean la ilusión de que pueden cambiar de color como el tornasol -
abundó la muchacha en detalles al tiempo que la voz le cambiaba.
- ¡Hey! ¡Pareces haberte fijado en ella más de lo que quieres admitir - advirtió
Raymond con picardía.
- Y dime Fanny, ¿piensas aventurarte a una relación con ella?
- ¡Qué tonterías dices! Aline Rogers es la persona más insoportable que jamás he
conocido.
- Pero tú pareces gustarle.
- Ay Michie. Lo dicho, no tienes remedio.
*****
- ¿Qué pasa contigo, Fanny? - se preguntaba la joven rubia cierta tarde lluviosa de
otoño mientras se esforzaba por concentrarse en un reporte de prácticas que tenía que
entregar a uno de sus profesores. No importaba ya cuánto se esforzaba por evitarlo,
porque cada vez que terminaba una o dos líneas, el mismo pensamiento recurrente volvía
molestarla.
Fanny no alcanzaba a explicarse cómo era posible tener tantos encuentros casuales con
la misma persona en la inmensidad de la ciudad de Nueva York. Sin embargo, y por
extraño que pareciese, en el transcurso de los meses anteriores, Aline Rogers había
coincidido con ella en varios centros comerciales, en Central Park, en la cafetería de
la facultad de Educación, en una tienda de antigüedades que a ella le gustaba visitar,
en el teatro, en más de un restaurante y hasta en el metro.
- ¡Ya la veo hasta en la sopa! - chilló la joven en voz alta y al momento de terminar
la frase un sentimiento de déjà vu la inundó por centésima vez, como si hubiese
repetido una frase ya dicha mucho, mucho tiempo atrás. Pero eso era solamente una más de
las múltiples cosas extrañas que le ocurrían en torno a Rogers - ¡Es una grosera y una
engreída! - añadió ella con un mohín altanero mientras presionaba el enter de su
teclado con energía - Sin embargo... - añadió después de una pausa - debo reconocer que
tiene... tiene algo de... encanto - pensó y una ligera sonrisa se esbozó en el rostro
al recordar las palabras de Michie:
- ¿Estás ciega, Fanny? La mujer es tan guapa que dan ganas de llorar nada más de
verla, por ella yo me volvería lesbiana.
- ¡Bah! Acepto que es guapa, pero nada más - había mascullado Fanny en respuesta.
- Pues estás más ciega que un topo - había sido la respuesta de Michie - ¡Lo que yo
daría porque ella me buscara como lo hace contigo - añadió después la joven morena
tirándose cuan larga era sobre la cama mientras jugueteaba con un muñeco Furby.
- ¿Buscarme? ¿Aline? - había preguntado Fanny incrédula - ¡Estás loca! Si esa mujer
solamente se la pasa molestando cada vez que nos vemos... Además, han sido meras
coincidencias.
- En serio que estás más ciega que un topo - repuso Michie burlona - ¿Sabes cuántas
personas viven en Manhattan? ¿Tienes idea de cuántas posibilidades hay de encontrarse
con la misma persona por azar una y otra vez? ¡Qué va! Ella te anda buscando.
Seguramente le gustas.
- ¡Estás loca! - Fanny había respondido al tiempo que arrojaba una almohada a su
compañera y el juguete que Michie tenía en las manos acabó rodando por el suelo.
- ¡Vas a matar a mi bebé! - gimió Michie exagerando la pena.
- ¡Michie! No es un ser real. Es sólo un juguete. Además, ni siquiera me gusta.
- ¡Eres una desalmada! - gimoteó la morena y así siguieron discutiendo entre reclamos
y bromas olvidándose por un momento de Aline Rogers.
No obstante, ahora que Fanny se detenía para mirar el monitor que ya comenzaba a
activar el protector de pantalla, la joven se volvía a preguntar si en realidad Aline
Rogers había estado provocando esos encuentros casuales.
- ¡Tonterías! - se dijo tecleando frenéticamente la barra espaciadora con el afán de
volverse a concentrar en su trabajo.
*****
El cuarto se llenaba de luz gracias a la espaciosa ventana que se extendía de pared a
pared. En la habitación hubiese reinado el silencio de no ser por los lejanos ruidos de
la avenida veinte pisos hacia abajo y el sordo murmullo del grafito hiriendo el papel.
Aline Rogers paseaba su atenta mirada sobre las líneas que su mano trazaba con rapidez
mientras terminaba el bosquejo de una escenografía para una de sus clases de diseño. A
ratos, la mano se detenía y la joven movía la cabeza en ademán negativo, como si
reprobara el rumbo que sus pensamientos tomaban alejándola del trabajo.
- Es sólo el asombroso parecido. Eso es todo - se dijo dejando de lado el trabajo con
fastidio - Me estoy dejando llevar por eso... - arguyó levantándose del banquillo para
mirar por el ventanal. Por un momento su expresión dura se estrelló sobre la luz
atrapada en los cristales, pero al instante siguiente el rostro se relajó y esbozó una
sonrisa - Sin embargo, esos ojos... miran con una extraña mezcla de fuerza y bondad...
con vida y luces propias, como las chispas del agua bajo el sol... y la risa... cuando
está con sus amigos y no se da cuenta de que la miro de lejos... y esas pocas veces que
me ha brindado una sonrisa.
Los recuerdos de Aline se remontaron al día en que se había encontrado con Fanny en el
trasbordador, al término de las vacaciones de verano. Después de los saludos mordaces
de costumbre, las jóvenes habían podido establecer algo cercano a una conversación que
por breves momentos estuvo desprovista de sarcasmo.
- ¿Vienes de New Jersey? - había preguntado Aline con tono casual.
- No realmente. Vengo de casa - contestó la joven y Aline pudo detectar cierta
tristeza en la voz de la muchacha - soy de Atlanta.
- ¿Quieres decir que volaste a New Jersey? - preguntó Aline extrañada de que la
muchacha no volase directamente a Nueva York.
- No... en realidad... yo viajo en autobús... tú sabes, para ahorrar.
- ¿En serio? - fue lo único que pudo replicar preguntándose cómo era posible que la
muchacha luciese tan animada y alegre después de un viaje que seguramente le había
llevado más de 24 horas - Debes estar muerta.
- Un poco, sí, pero me siento tan bien de haber podido estar con mi madre que
realmente no lo resiento ¿Y tú? ¿Viste a tus padres en estos días? - preguntó ella
recobrando su acostumbrado acento vivaz tras de suspirar brevemente y Aline se asombró
de la facultad de la joven para cambiar de estado de ánimo de un momento a otro.
- Si... bueno... a mi madre solamente - contestó desviando la mirada, algo incómoda
de que alguien inquiriese en su vida familiar - De hecho, vengo de visitarla. Está
pasando unos días en una casa de campo que tiene en New Jersey.
- Ya veo... ¿Y tu padre? - preguntó Fanny con naturalidad y Aline creyó sentir que
ella ladeaba el rostro como haciendo un esfuerzo por reencontrarse con los ojos que
evadían el contacto directo.
- Umm... la verdad es que no lo veo desde que comencé la universidad... - confesó con
voz apenas perceptible.
- Es una pena - replicó la rubia desistiendo en su intento de mirar al joven
directamente al tiempo que distraía sus ojos en las aguas móviles del Hudson.
Después de eso se sobrevino un silencio extraño entre las dos y Aline creyó por un
instante que estar al lado de Fanny Caffrey sin decir una sola palabra resultaba casi
tan cómodo como estar a solas consigo misma y al mismo tiempo, era terriblemente
difícil mantenerse inmóvil cuando ese incómodo cosquilleo le recorría la piel de pies a
cabeza. Curiosamente, todo aquello que sentía cuando estaba con Fanny era algo nuevo,
pero en el fondo no podía dejar de pensar que antes, en algún pasado que no podía
definir, había ya experimentado todas esas sensaciones.
- Mi padre murió cuando yo tenía doce años - dijo la joven rompiendo el silencio con
voz muy queda mientras el trasbordador atracaba - ¡Era un hombre maravilloso! Aunque,
claro, no era perfecto. Recuerdo que siempre me reñía porque decía que yo era demasiado
confiada con las personas y eso acabaría por lastimarme. Tenía manías raras, como la de
levantarse con el alba y ser demasiado quisquilloso. Amaba a los Beatles pero odiaba a
Bon Jovi, lo cual era una pena porque yo lo adoro. Sin embargo... - pausó la joven
sorprendiendo a Aline con las muchas palabras que podía hilar de una sola respiración -
... sin embargo, daría lo que fuese porque hoy estuviese vivo, aunque me continuara
riñendo todo el tiempo.
- ¡Fanny! - había balbuceado Aline sin saber qué decir ante aquel inesperado arranque
de franqueza.
- Quiero decir - dijo la joven levantándose de su asiento - que eres afortunada Aline
Rogers y sin duda una tonta por no reconciliarte con tu padre.
- ¿Quién dijo que estoy enemistada con él? - contestó tratando en vano de recuperar
su talante indiferente.
- No hacía falta que lo dijeras, Aline. Si yo fuese tú, reflexionaría un poco sobre
el asunto - dijo ella y con esta última frase la chica se había alejado por el pasillo
del trasbordador hacia la salida.
- ¡Eres una verdadera entrometida, señorita rubita! - se dijo Aline acariciando
brevemente los vidrios del ventanal con la punta de sus yemas - No te basta con invadir
mis sueños noche tras noche, sino que además quieres inmiscuirte en mis asuntos
familiares - la joven inclinó el rostro sin poder evitar una sonrisa mientras un
insistente pensamiento volvía a cruzársele por la mente -Sí, eres una entrometida, pero
tan bella que duelen los ojos de sólo mirarte...
*****
A ratos Michie pensaba que la carga energética que corría entre Fanny y Aline cuando
estaban juntas era tan obvia que podía sentirse a millas de distancia. Obvia sí, para
todo el mundo, menos para las dos jóvenes involucradas quienes continuaron ignorando la
fuerza que impelía a Aline a provocar el encuentro y a Fanny a prolongarlo con gestos
contradictorios que a ratos decía "me gusta estar junto a ti" y en otros
pretendían el rechazo. Pero lejos de desalentar a la artista, los avances y retrocesos
de la chica solamente incitaban más la persistencia de la joven.
Tal vez este juego de casi cortejo hubiese durado más tiempo, de no ser porque ciertos
eventos inesperados precipitaron las cosas.
Continuará...