DISCLAIMERS: Antes que nada quiero aclarar que esto no lo digo por gusto sino porque de otro modo puedo ser demandada y no sería muy agradable para mi así que: Los personajes de esta historia se parecen fisicamente (de hecho físicamente son) a nuestras heroinas (o por lo menos a MIS heroinas). Hay algunas menciones a capítulos y de más incluso a Janice y a Mel. Así que Xena, Gabrielle, Janice, Mel y todos los personajes de Xena: Princesa Guerrera pertecen tristemente a Tapert y compañia (Reinassance -o como sea que se escriba- Y Universal Studios).

No fue, es ni será mi intención quebrantar la ley ni nada parecido a los Derechos de Autor.

La historia aunque es mia esta basada en varias cosas que me han contado y he leido así que solo hize una recopilación y la estructuré o trate de hacerlo.

Cualquier duda, sugerencia, comentario y críticas (constructivas y destructivas tambien ¿por qué no?) son bienvenidos a mi mail s_healer@hotmail.com o bien healer_yaten@yahoo.com.mx

Y ya voy a empezar de nuevo... alguien tiene que me pueda regalar o vender, una copia de A Tale of Two Muses y Who's Gurkhan? ¿?

Bueno... l@s dejo en paz para que puedan leer...


LA SOMBRA DEL ENCUENTRO

por Healer

Tercera parte

La vida diaria muchas veces nos fuerza a dejar de lado el plano espiritual para poner atención a preocupaciones más terrenales. De esa forma aún Fanny, a pesar de lo turbada que estaba con el descubrimiento del diario de la "autora", tuvo que sustraerse un poco a esas perturbaciones para enfrentar un problema más urgente.

Había estado buscando un empleo de medio tiempo sin mucho éxito. Había probado unos cuantos pero había terminado por dejarlos porque siempre interferían en sus prácticas, las cuales había ya empezado a realizar pues estaba en su tercer año de la universidad. Así que muy a su pesar, continuó contando cada centavo de su beca, teniendo que pedirle prestado a Michie en más de una ocasión.

Un buen día su compañera de cuarto llegó con un volante que plantó justo en frente de la joven al tiempo que decía con expresión jovial que había encontrado justo el empleo que Fanny necesitaba. Algo eventual pero que podía ser más o menos regular y flexible.

Era un anuncio de la escuela de arte de la propia Universidad de Nueva York que solicitaba modelos para las clases de pintura. Buscaban jóvenes con determinadas características y la fisonomía de Fanny parecía encajar con los requerimientos.

- ¿Modelo? - preguntó la joven rubia frunciendo la nariz - ¡Estás loca, Michie! ¡Si estás pensando que me voy a desnudar para los estudiantes de la Facultad de Arte estás como recien operada del cerebro!
- ¡Por Dios, Fanny! - exclamó Michie totalmente exasperada - ¿Quién habló de hacer desnudos! Muchas veces lo único que quiere esa gente es una mano, un pie o un simple bulto que se pare sin moverse y ellos puedan ver cómo le pega la luz encima. Pagan a más de diez dólares la hora, eso es buen dinero.
- ¿Cómo sabes tú eso? - preguntó Fanny aún desconfiada.
- Porque tengo un compañero en mi clase de Historia de la Cultura Americana que hace lo mismo. Este muchacho me ha contado que vas a las oficinas de la facultad, te inscribes en una especie de lista de espera y llenas una forma en donde aclaras el tipo de trabajo que estás dispuesta a hacer. Si no quieres hacer desnudos pues no pones una marca en esa opción y ya está. Nunca te llamarán para eso, sólo para posar como Blanca Nieves, si eso es lo que quieres.
- JA, JA, JA - se rió Fanny burlona - ¡MUY GRACIOSA! Pues ni creas que me convences con tus chistecitos.

No obstante, Fanny acabó haciendo lo que Michie le sugería y cuando ya habían pasado varias semanas y ella ya casi se había olvidado de que había hecho la solicitud, recibió una llamada. Al fin la llamaban para posar y no sin mucho miedo la muchacha se presentó ante la clase del profesor Fullat, un hombre de origen catalán que lo único que deseaba era que sus estudiantes hicieran estudios de las manos de Fanny. Por esta razón los estudiantes tomaron muchas fotografías de las manos de la chica y eso fue todo. A partir de entonces Fanny empezó a trabajar para la Facultad de Artes por lo menos una vez cada dos semanas y el poco dinero que recibía de esa actividad se lo enviaba a su madre en Atlanta. Michie insistió en que el dinero que le debía bien podría pagárselo después, cuando hubiese terminado de estudiar y tuviese un empleo decentemente remunerado.

De esta manera la actividad de posar se hizo un hábito para la joven que a pesar de su naturaleza inquieta, aprendió a quedarse inmóvil por largos ratos, con el afán de mandar algo de dinero para su madre. El trabajo, bien mirado, era simple y bien pagado así que ella lo hacía de con grado. Sin embargo, un día las cosas cambiaron radicalmente.

Fanny había sido llamada para posar en una clase de estudiantes avanzados cierta mañana de Marzo. Como de costumbre, se comunicó con el profesor a cargo antes de la clase y este le indicó lo que iba a hacer, cuándo y dónde se realizaría la sesión. Se trataría de bosquejos para apreciar cambios en la sombra con distintos tipos de iluminación, así que requería de alguien con ya cierta experiencia y que fuese capaz de permanecer inmóvil por un buen rato.

Siguiendo las indicaciones del profesor la joven llegó a la hora convenida esa mañana y esperó en el pasillo mientras escuchaba la voz fuerte y algo chillona del catedrático dando explicaciones a los estudiantes. Un instante después la voz se calló y el murmullo de varias personas se dejó escuchar en el pasillo al tiempo que la puerta del taller se abría.

- Señorita Caffrey, buenos días, siento haberla hecho esperar, pase usted por favor - le dijo el profesor, quien era un hombre de unos cincuenta o sesenta años, algo desaliñado pero con una mirada abierta que le agradó a la joven.
- Gracias profesor Anderson - contestó ella entrando al salón y al momento de hacerlo sintió un extraño tirón al interior, como si una señal le avisara que algo importante estaba a punto de ocurrir.

El lugar era muy amplio y estaba lleno de caballetes, lámparas como las de un estudio fotográfico, sombrillas y otros aparatos para reflejar la iluminación, así como una ventana panorámica que en esos momentos dejaba entrar la luz matinal de lleno en el taller. La joven rubia siguió al hombre, que era particularmente corto de estatura, hasta el centro del salón donde él procedió a hacer las presentaciones de costumbre.

Mientras el profesor Anderson llenaba el aire con su voz chillona, Fanny repasaba con la mirada la audiencia que tenía enfrente. Los estudiantes la observaban atentamente desde su posición detrás de los caballetes, al tiempo que escuchaban las indicaciones del maestro. Ella ya había vivido la misma escena varias veces desde que se dedicaba a posar y por esa razón no alcanzaba a atinar por qué de repente se sentía tan inquieta. La joven podía escuchar sus propios latidos dando golpeteos tan fuertes que le parecía que pronto el corazón se le saldría por la boca.

Fue en ese momento que la joven volvió los ojos hacia uno de los extremos del taller advirtiendo cómo, mientras todos los demás estudiantes ponían atención al profesor, uno sólo entre ellos parecía estar ocupado haciendo otra cosa. Fanny no podía distinguir con claridad qué era lo que ocupaba a aquel estudiante, porque se encontraba escondido detrás de su caballete y la joven no le podía ver el rostro.

- Señorita Caffrey, ¿me escucha? - preguntó Anderson por segunda vez al darse cuenta que la joven no lo había escuchado.
- ¿Sí?... este... perdón profesor... ¿Podría repetirme lo que acaba de decir? - inquirió la joven sobresaltada.
- Tome asiento por favor - sonrió el hombrecillo amablemente y la muchacha le siguió dejando que él mismo la acomodara en la postura deseada.

¿Qué había sido eso? - pensó Fanny al tiempo que seguía las indicaciones del profesor - Por unos instantes le había sobrevenido otra más de esas extrañas visiones, pero curiosamente ésta había sido distinta. Se veía así misma caminando en la oscuridad en medio de una densa niebla y en la lejanía le parecía escuchar el sonido de espadas chocando. Se volvía a su alrededor como buscando algo... o a alguien. Fue entonces cuando el profesor la llamó y la visión desapareció tan rápido como había venido.

La joven se acomodó el cabello de la manera en que le pidió el profesor y resignándose a una larga y aburrida media hora, trató de olvidarse de lo que había visto con su mirada interior, así como de la inquietud que no la abandonaba.

Del otro lado del salón, los estudiantes comenzaron a trabajar y el misterioso usuario del caballete del extremo izquierdo terminó por fin de acomodar sus carboncillos, actividad que le había estado ocupando todo el rato que el profesor daba las indicaciones. Cuando la joven levantó la cabeza para ver a la modelo en turno, no sin un dejo de fastidio en los labios que sostenían un cigarrillo, pudo sentir con una claridad pasmosa como su alma se le abría de par en par. El golpe fue tal que la joven dejó caer el cigarrillo al suelo y por instantes que le parecieron siglos, no pudo más que ver a la mujer que tenía enfrente como si estuviese mirando un fantasma.

- Aline, Aline, - le llamó una voz desde el caballete de al lado - ¡Carajo! ¿Qué no me oyes?
- ¿Eh? - contestó aún ausente y con la cabeza dándole vueltas.
- Préstame tu navaja para afilar este lápiz - demandó un joven extrañado de la expresión vacía en el rostro de su compañera.

Aline tomó la navaja que tenía a la mano y se la alcanzó a su compañero sin salir del trance en que se encontraba. Fue entonces cuando Raymond advirtió que la causa del mutismo de Aline no era otra que la presencia de la joven modelo, a juzgar por la insistencia con la que la joven la miraba.
- Bonita la rubia, ¿No? - susurró Raymond con aire pícaro y para sus adentros pensó que nunca había visto a su amiga tan impresionada por alguien.
- No... no sé a lo que te refieres - masculló la joven forzándose a desviar la mirada del perfil de la muchacha.
- ¡Vamos, no finjas! - insistió el compañero.
- ¿Señor Dilthey, le importaría dejar de parlotear para concentrarse en su trabajo? - llamó la voz chillona del profesor Anderson, y Raymond inmediatamente se olvidó de molestar a su compañera para comenzar con la tarea señalada.

Imitando a su compañero Aline también comenzó a hacer los primeros trazos pero las manos le temblaban.

"No puede ser," pensaba mientras el corazón amenazaba con salírsele de su lugar - "es exactamente igual, cada detalle, cada línea del rostro, el cabello, la talla, el color de los ojos!"

Por su parte, Fanny no estaba más tranquila porque la sesión había ya comenzado. Todo lo contrario, se seguía sintiendo inexplicablemente inquieta y aunque hacía grandes esfuerzos para no mirar hacia el extremo izquierdo del salón de clases, parecía que una fuerza más poderosa que su voluntad la obligaba a mover los ojos hacia esa dirección. Fue entonces que sucedió. Con gran cuidado para no mover los músculos de la cara, la muchacha viró sus pupilas y en ese instante sus ojos se encontraron con un par de iris azules que parecían aun más intensos gracias a la camisa del mismo color que portaba la dueña de aquellos ojos. Todas las alarmas de su corazón parecieron encenderse dentro de la joven al contacto con aquella mirada insistente, y como si el encuentro le hubiese quemado, instintivamente desvió la vista. Fanny recordó que como regla general los estudiantes no debían ver a los ojos de los modelos, en especial si se trataban de bocetos para los cuales los modelos debían posar desnudos. La joven rubia no había posado jamás para un desnudo pero igualmente se había percatado que los estudiantes nunca la miraban a los ojos.

- Seguramente me cohibí porque me estaba mirando directamente, y no estoy acostumbrada a que hagan eso durante una sesión - se dijo a sí misma tratando de justificar su reacción al huir de la mirada de la joven. Reacción por demás extraña en ella ya que siempre solía mirar a las personas de manera franca y directa.

Pasaron unos minutos más y sin poderse controlar, la muchacha volvió a atisbar en la misma dirección y para su gran bochorno una vez más la joven del extremo izquierdo la miraba directamente. Había dejado de esconderse detrás del caballete y ella podía verla con claridad. Bastó un momento para que la muchacha advirtiera la delicada línea del perfil de la joven que parecía desembocar en un par de labios bien trazados en los que ella creyó adivinar una sonrisa burlona ligeramente esbozada. De nuevo un choque en el corazón y otra visión pasó por su mente. En aquel atisbo fugaz le parecía ver la misma sonrisa al atardecer, al tiempo que el sol se ocultaba en el silencio vespertino.

- ¡Ya basta! - gritó la joven dejando el banco en que se hallaba sentada y sorprendiendo a la audiencia con la inusual interrupción.
- ¿Sucede algo señorita Caffrey? - se apresuró a indagar el profesor alarmado por la violenta reacción de la joven.
- Lo... lo siento, profesor - se excusó la muchacha apenada - pero no es mi culpa... Hay, hay una estudiante que me está sacando de concentración al mirarme a los ojos.
- ¿En serio? - inquirió el profesor molesto con la idea. - Todos saben aquí que eso es falta de ética. Dígame usted de quien se trata.
- No es necesario - interrumpió la joven de los ojos azules con un dejo de insolencia - fui yo, pero no lo hubiese hecho si la señorita aquí presente dejase de moverse como una gelatina mal cuajada.
- ¿Moverme yo? - contestó Fanny indignada - ¡Esa es una excusa barata!
- Pues es la verdad - respondió Aline haciendo gala de su proverbial socarronería.
- Bueno, bueno - medió el profesor - tratemos de tener la fiesta en paz. Señorita Rogers, haga usted el favor de volver a su caballete y seguir trabajando, y usted Señorita Caffrey concéntrese de nuevo.

"¡Concentrarme!" pensó Fanny mientras trataba de obedecer al profesor, "¿Cómo voy a concentrarme ahora? Por un momento me pareció ver a esta mujer en el sueño ¡Dios, mío! Ahora sí creo que Michie tiene razón cuando dice que me falta un tornillo ¿Por qué es que esta tipa me puso tan nerviosa?... ¡Gelatina mal cuajada! ¡Qué grosera! Todo es culpa suya por hacer algo indebido." Concluyó ella para tranquilizar su conciencia por haber respondido también a la mirada del joven.

La sesión continuó por unos instantes más y la joven se contuvo para no volver a mirar en la dirección de esa tal Rogers, sin embargo, sentía que la piel le ardía bajo su mirada, la cual podía percibir como si se tratase de algo sensible al tacto. Así pasaron unos minutos más, y aunque Fanny trataba de pensar en otra cosa, no podía dejar de sentirse incómoda, sobre todo cuando estaba casi segura de que los colores se le estaban subiendo al rostro en contra de su voluntad.

- Profesor Anderson - dijo una voz proveniente del extremo izquierdo del salón.
- ¿Ahora qué le ocurre, Señorita Rogers? - preguntó el profesor con fastidio.
- Siento mucho que mi trabajo no sea lo que usted espera en esta ocasión - explicó la joven en voz alta, para asegurarse de que todos le oyeran.
- ¿Y a qué se debe eso, se puede saber?
- Bueno, no puedo concentrarme con una modelo que se la pasa moviéndose a cada segundo. Lo siento mucho, pero así un artista no puede trabajar - se quejó la joven.
- ¡Moviéndome! ¿De dónde saca usted eso? - vociferó la modelo que obviamente había escuchado a Rogers.
- Señorita Caffrey, quédese usted en su posición. Y usted señorita Rogers, le debe una disculpa a la señorita, a mi me consta que ella no se ha movido.

Fanny miró de nuevo a la joven con el rabillo del ojo tratando de contener una sonrisilla de triunfo al darse cuenta de que el profesor se ponía de su parte.

- ¿Disculparme? - dijo Aline con arrogancia - ¡Por supuesto que no! Si todo es culpa de ella.
- ¡Vaya atrevimiento! - contestó la modelo dejando el banquillo en el que se encontraba sentada. Al fin y al cabo ya nadie en el salón seguía trabajando, tan al pendiente estaban de la curiosa discusión.
- ¡Señorita Rogers! ¡Señorita Caffrey! - exclamó el hombrecillo desconcertado por el curso que estaban tomando las cosas.
- No se moleste Profesor Anderson - respondió Aline sin cambiar su acento altanero - no lo fastidiaré más. No puedo concentrarme por culpa de esta modelo aficionada que no sabe hacer su trabajo, pero el resto de la clase puede hacerlo bien, yo simplemente me retiraré el día de hoy.
- ¡No será necesario, yo seré quien se retire! - dijo Fanny adivinando que aún si la muchacha saliese del salón de clases ella ya no podría reunir las fuerzas para seguir posando como si nada hubiese sucedido - Discúlpeme, Profesor Anderson, pero no creo posible seguir trabajando el día de hoy.

Y diciendo esto último Fanny tomó el bolso que había dejado en un perchero y salió del salón dando un portazo. Pero las sorpresas no habían parado ahí esa mañana. Tan pronto como la joven despareciera detrás de la puerta, Aline salió corriendo tras ella sin tomar en cuenta la confundida expresión del Profesor Anderson, los rostros de asombro de sus compañeros ni la mirada suspicaz de su amigo Raymond. El silencio reinó en el salón por unos segundos hasta que Raymond lo rompió con un silbido.

- ¡Vaya! Eso es lo que yo llamo tensión sexual mal reprimida - dijo con picardía y su comentario relajó la atmósfera y despertó la rechifla de los estudiantes.


- Hey rubita ¿A dónde vas con tanta prisa? ¿No se te olvida hacer algo importante antes de salir corriendo como conejo asustado? - llamó Aline a mitad del pasillo.
- ¿Cómo me llamaste? - preguntó la joven deteniéndose en seco.
- Ummm... veamos... sí... fue algo así como rubita. Si, Rubita, te va bien el nombre ¿No? - sonrió maliciosamente Aline.
- Mi nombre es Caffrey, Fanny Caffrey - replicó la muchacha cada vez más molesta.
- Lindo nombre, pero creo que 'Rubita' me gusta más Rubita. Ya te habrás dado cuenta que tienes el cabello rubio y eres pequeña ¿O no?

Ante el comentario mordaz Fanny alzó los ojos en señal de fastidio. Estuvo a punto de contestar con una amenaza pero algo dentro de ella le dijo que era mejor ignorar a la molesta señorita y salir del lugar lo antes posible, por lo que se limitó a dar la espalda a la joven y seguir caminando a grandes zancadas.

- ¡Hey! ¿Ahora vas a declararme la ley del hielo Rubita? - inquirió Aline divertida mientras seguía a la muchacha a corta distancia - Esa no es la mejor manera de comenzar nuestra relación. Sobre todo cuando acabas de conocer al amor de tu vida.
- Mira... tú, como te llames.
- Rogers, linda, me llamo Aline Rogers y apréndetelo bien porque va a ser un nombre importante - corrigió alzando la ceja.
- Mira... Brogers... o como sea - repuso Fanny con su tono más cortante - Grábatelo muy bien desde ahora. En este mundo hay un tú, un yo, pero no existe ni existirá nunca un "NOSOTRAS" y jamás habrá algo semejante a "NUESTRA RELACIÓN" ¿Entendido?
Y con estas últimas palabras la muchacha le dio la espalda de nuevo y continuó su camino hasta perderse tras una puerta, mientras que Aline la observaba desaparecer.

¡Dios! Es exactamente igual a la joven que aparece en mis sueños - pensó la muchacha sin salir aún de su asombro - ¡Pero Santo Cielo, qué carácter!

¡Dios! ¡Qué tipa más insolente!... - se dijo Fanny cuando se dirigía ya hacia el estacionamiento - pero tiene unos hermosos ojos... azules...

- Tan profundos e intensos que me recuerdan algo...

*****

Un día siguió a otro día, como todos los días en la historia humana. Pero después de aquella ocasión las cosas ya no fueron lo mismo para Fanny Caffrey. Parecía que su efímero y poco cordial encuentro con Aline Rogers había marcado su vida con una inexplicable inquietud que, por raro que le pareciese, había también desencadenado una total euforia de las visiones que la perseguían.

Si antes le parecían ya tan reales como extrañas, la rareza de sus "alucinaciones", así como su frecuencia aumentó aún más desde entonces. A ratos la escena en la niebla se mezclaba de nuevo con la insoportable risa de la odiosa alumna del profesor Anderson, en otras ocasiones la escena de las escaleras se repetía de nuevo y otras más una tercera visión comenzaba a molestarla.

Se veía a sí misma en el claro de un bosque vestida con un traje amazónico. Oía música lejana y alguien que la llamaba con un nombre que no era el suyo. Cuando se volvía para mirar, la visión desaparecía.

- Definitivamente creo que deberías ver a un médico - sentenció Michie mientras engullía animadamente sus nuggets en la cafetería de la facultad de letras.
- ¿Tú crees? - preguntó Fanny con mirada ausente.
- ¡Por supuesto! Mírate nada más, duermes poco y comes como un pajarito ¡Y eso tratándose de alguien como tú con las dos patas huecas, es algo grave!
- ¿Pero qué le diré al médico cuando me pregunte qué me pasa?
- Pues eso, pérdida de apetito, insomnio... Quizá te diga que estás anémica... o tal vez es que tienes parásitos.
- ¡Michie!
- Bueno, yo nada más especulo. Comiendo lo que yo cocino todo puede esperarse.
- ¡Oh Michie, no tienes remedio! No tomas nada en serio - se quejó Fanny apoyando la mejilla en una mano y hubiese seguido reclamando la falta de seriedad de su compañera de cuarto de no ser porque una tercera voz interrumpió la conversación.
- ¡Vaya, vaya! La señorita rubita en persona - dijo la voz y la rubia sintió enseguida que los vellos de la nuca se le erizaban al escuchar aquel timbre burlón - ¿No es esta una curiosa coincidencia? ¿Así que sacaste a tu cara a tomar el sol?
- Y tú crees tener exclusividad del humor negro ¿No es así? - contestó ella mordazmente sin volverse para mirar a Aline Rogers que se encontraba de pie junto a la mesa de las jóvenes - "¡Dios mío! ¡Tierra, trágame ahora mismo!" - pensó Fanny - "No un nuevo encuentro con ésta que parece patán de marca! ¡Y menos con Michie de testigo!"
- ¿No me presentas a tus amigos, Fanny? - inquirió Michie entusiasmada al ver que la recién llegada venía acompañada de un joven apuesto.
- Aline Rogers, señorita - se apresuró a responder Aline instalándose en una silla cercana antes de que Fanny pudiese abrir la boca para protestar. - Y este es mi amigo Raymond.
- Yo soy Michelle Valencia, pero todos me llaman Michie - se presentó la morena con su acostumbrada soltura.
- "¡Qué desfachatez!" - pensó Fanny sin dar crédito a sus ojos - "¡Dios mío! ¿Qué he hecho yo para merecer esto?".
- ¿Estudias también aquí en la UNIVERSIDAD DE NUEVA YORK? - le preguntó Michie al joven observando de inmediato la incomodidad de su amiga y la insistencia con que Aline miraba a la rubia.
- Sí, estudio diseño y pintura igual que Aline - contestó el joven con entusiasmo notando también como su amiga no dejaba de observar divertida la cara sonrojada de la modelo, Fanny.

- "Estás enojada, rubita, y con todo, te ves preciosa"! - no pudo evitar pensar Aline al tiempo que seguía la conversación con Michie y Raymond.
- No sabía que Fanny tuviese amigos en la escuela de arte - comentó Michie más y más intrigada con el obvio nerviosismo de su amiga.
- ¡No los tengo! - finalmente habló la rubia con franca irritación - Brogers aquí presente es alumna de una de las clases para las que he modelado. Nada más.
- Rogers, rubita, el nombre es Rogers, pero tú puedes llamarme Señorita Aline Rogers.
- ¿Eres toda una comediante, verdad? - preguntó Fanny lanzando una mirada airada mientras se ponía de pie bruscamente - ¡Vamos, Michie! Ya terminaste, ¿No es así? - añadió dirigiéndose a su compañera.
- Bueno, de hecho, estaba pensando pedir un postre...
- Pues a mi se he ha quitado el hambre, tal vez sea por el ambiente desagradable de este lugar - señaló Fanny -¡Vámonos ya, que aún tengo que pasar a la biblioteca!
- ¡Caramba, rubita, así que tú también estudias además de posar como gelatina! - repuso Rogers sin desaprovechar la oportunidad de lanzar una nueva pulla.
- ¡Por supuesto que estudio! Al contrario de otros que al parecer no tienen mucho que hacer - contestó rápidamente la muchacha para luego volver a dirigirse a la morena que se levantaba de la mesa con lentitud - Andando, Michie.
- ¡Pero hay que pedir la cuenta! - replicó la otra joven.
- ¡Pagamos en la caja, mujer! - refunfuñó Fanny dándole la espalda a Aline sin intenciones de despedirse.
- ¡Adiós rubita! Volveremos a encontrarnos - dijo Aline y Fanny no pudo resistir la tentación de volverse justo en el momento en que la primera le guiñaba el ojo. La chica se volteó de inmediato arrepintiéndose de su último movimiento y salió del restaurante como alma que llevaba el diablo llevándose a rastras a una Michie sumamente divertida con las reacciones de su amiga.
- ¡Qué hombre más lindo ese, Fanny! ¡Y su amiga sería perfecta para ti! - dijo al fin Michie cuando las dos se hallaban ya lejos del restaurante - ¡Justo como te gustan, alta, con cabello sedoso y largo, con presencia... Insito y ese Raymond... uh... ¡QUE TIPAZO!
- ¡Ay, Michie! A ti te basta ver a un palo de escoba con pantalones para entusiasmarte - se quejó Fanny.
- ¡Qué va! Este es un ejemplar de colección tu amiga Aline no se queda atrás... ¡Qué ojos!...


- Oye Aline... ¿porqué no me dijiste antes? Sabía que la modelo de aquella vez te había gustado pero ya viendola de cerca... que bombón y sus ojos son muy bonitos ¿Azules?... no... ¿Verdes?
- Son verdes - corrigió Aline con convicción - con unas vetas azules que se aprecian mejor con la luz y crean la ilusión de que pueden cambiar de color como el tornasol - abundó la muchacha en detalles al tiempo que la voz le cambiaba.
- ¡Hey! ¡Pareces haberte fijado en ella más de lo que quieres admitir - advirtió Raymond con picardía.


- Y dime Fanny, ¿piensas aventurarte a una relación con ella?
- ¡Qué tonterías dices! Aline Rogers es la persona más insoportable que jamás he conocido.
- Pero tú pareces gustarle.
- Ay Michie. Lo dicho, no tienes remedio.

*****

- ¿Qué pasa contigo, Fanny? - se preguntaba la joven rubia cierta tarde lluviosa de otoño mientras se esforzaba por concentrarse en un reporte de prácticas que tenía que entregar a uno de sus profesores. No importaba ya cuánto se esforzaba por evitarlo, porque cada vez que terminaba una o dos líneas, el mismo pensamiento recurrente volvía molestarla.

Fanny no alcanzaba a explicarse cómo era posible tener tantos encuentros casuales con la misma persona en la inmensidad de la ciudad de Nueva York. Sin embargo, y por extraño que pareciese, en el transcurso de los meses anteriores, Aline Rogers había coincidido con ella en varios centros comerciales, en Central Park, en la cafetería de la facultad de Educación, en una tienda de antigüedades que a ella le gustaba visitar, en el teatro, en más de un restaurante y hasta en el metro.

- ¡Ya la veo hasta en la sopa! - chilló la joven en voz alta y al momento de terminar la frase un sentimiento de déjà vu la inundó por centésima vez, como si hubiese repetido una frase ya dicha mucho, mucho tiempo atrás. Pero eso era solamente una más de las múltiples cosas extrañas que le ocurrían en torno a Rogers - ¡Es una grosera y una engreída! - añadió ella con un mohín altanero mientras presionaba el enter de su teclado con energía - Sin embargo... - añadió después de una pausa - debo reconocer que tiene... tiene algo de... encanto - pensó y una ligera sonrisa se esbozó en el rostro al recordar las palabras de Michie:

- ¿Estás ciega, Fanny? La mujer es tan guapa que dan ganas de llorar nada más de verla, por ella yo me volvería lesbiana.
- ¡Bah! Acepto que es guapa, pero nada más - había mascullado Fanny en respuesta.
- Pues estás más ciega que un topo - había sido la respuesta de Michie - ¡Lo que yo daría porque ella me buscara como lo hace contigo - añadió después la joven morena tirándose cuan larga era sobre la cama mientras jugueteaba con un muñeco Furby.
- ¿Buscarme? ¿Aline? - había preguntado Fanny incrédula - ¡Estás loca! Si esa mujer solamente se la pasa molestando cada vez que nos vemos... Además, han sido meras coincidencias.
- En serio que estás más ciega que un topo - repuso Michie burlona - ¿Sabes cuántas personas viven en Manhattan? ¿Tienes idea de cuántas posibilidades hay de encontrarse con la misma persona por azar una y otra vez? ¡Qué va! Ella te anda buscando. Seguramente le gustas.
- ¡Estás loca! - Fanny había respondido al tiempo que arrojaba una almohada a su compañera y el juguete que Michie tenía en las manos acabó rodando por el suelo.
- ¡Vas a matar a mi bebé! - gimió Michie exagerando la pena.
- ¡Michie! No es un ser real. Es sólo un juguete. Además, ni siquiera me gusta.
- ¡Eres una desalmada! - gimoteó la morena y así siguieron discutiendo entre reclamos y bromas olvidándose por un momento de Aline Rogers.

No obstante, ahora que Fanny se detenía para mirar el monitor que ya comenzaba a activar el protector de pantalla, la joven se volvía a preguntar si en realidad Aline Rogers había estado provocando esos encuentros casuales.

- ¡Tonterías! - se dijo tecleando frenéticamente la barra espaciadora con el afán de volverse a concentrar en su trabajo.

*****

El cuarto se llenaba de luz gracias a la espaciosa ventana que se extendía de pared a pared. En la habitación hubiese reinado el silencio de no ser por los lejanos ruidos de la avenida veinte pisos hacia abajo y el sordo murmullo del grafito hiriendo el papel. Aline Rogers paseaba su atenta mirada sobre las líneas que su mano trazaba con rapidez mientras terminaba el bosquejo de una escenografía para una de sus clases de diseño. A ratos, la mano se detenía y la joven movía la cabeza en ademán negativo, como si reprobara el rumbo que sus pensamientos tomaban alejándola del trabajo.

- Es sólo el asombroso parecido. Eso es todo - se dijo dejando de lado el trabajo con fastidio - Me estoy dejando llevar por eso... - arguyó levantándose del banquillo para mirar por el ventanal. Por un momento su expresión dura se estrelló sobre la luz atrapada en los cristales, pero al instante siguiente el rostro se relajó y esbozó una sonrisa - Sin embargo, esos ojos... miran con una extraña mezcla de fuerza y bondad... con vida y luces propias, como las chispas del agua bajo el sol... y la risa... cuando está con sus amigos y no se da cuenta de que la miro de lejos... y esas pocas veces que me ha brindado una sonrisa.

Los recuerdos de Aline se remontaron al día en que se había encontrado con Fanny en el trasbordador, al término de las vacaciones de verano. Después de los saludos mordaces de costumbre, las jóvenes habían podido establecer algo cercano a una conversación que por breves momentos estuvo desprovista de sarcasmo.

- ¿Vienes de New Jersey? - había preguntado Aline con tono casual.
- No realmente. Vengo de casa - contestó la joven y Aline pudo detectar cierta tristeza en la voz de la muchacha - soy de Atlanta.
- ¿Quieres decir que volaste a New Jersey? - preguntó Aline extrañada de que la muchacha no volase directamente a Nueva York.
- No... en realidad... yo viajo en autobús... tú sabes, para ahorrar.
- ¿En serio? - fue lo único que pudo replicar preguntándose cómo era posible que la muchacha luciese tan animada y alegre después de un viaje que seguramente le había llevado más de 24 horas - Debes estar muerta.
- Un poco, sí, pero me siento tan bien de haber podido estar con mi madre que realmente no lo resiento ¿Y tú? ¿Viste a tus padres en estos días? - preguntó ella recobrando su acostumbrado acento vivaz tras de suspirar brevemente y Aline se asombró de la facultad de la joven para cambiar de estado de ánimo de un momento a otro.
- Si... bueno... a mi madre solamente - contestó desviando la mirada, algo incómoda de que alguien inquiriese en su vida familiar - De hecho, vengo de visitarla. Está pasando unos días en una casa de campo que tiene en New Jersey.
- Ya veo... ¿Y tu padre? - preguntó Fanny con naturalidad y Aline creyó sentir que ella ladeaba el rostro como haciendo un esfuerzo por reencontrarse con los ojos que evadían el contacto directo.
- Umm... la verdad es que no lo veo desde que comencé la universidad... - confesó con voz apenas perceptible.
- Es una pena - replicó la rubia desistiendo en su intento de mirar al joven directamente al tiempo que distraía sus ojos en las aguas móviles del Hudson.

Después de eso se sobrevino un silencio extraño entre las dos y Aline creyó por un instante que estar al lado de Fanny Caffrey sin decir una sola palabra resultaba casi tan cómodo como estar a solas consigo misma y al mismo tiempo, era terriblemente difícil mantenerse inmóvil cuando ese incómodo cosquilleo le recorría la piel de pies a cabeza. Curiosamente, todo aquello que sentía cuando estaba con Fanny era algo nuevo, pero en el fondo no podía dejar de pensar que antes, en algún pasado que no podía definir, había ya experimentado todas esas sensaciones.

- Mi padre murió cuando yo tenía doce años - dijo la joven rompiendo el silencio con voz muy queda mientras el trasbordador atracaba - ¡Era un hombre maravilloso! Aunque, claro, no era perfecto. Recuerdo que siempre me reñía porque decía que yo era demasiado confiada con las personas y eso acabaría por lastimarme. Tenía manías raras, como la de levantarse con el alba y ser demasiado quisquilloso. Amaba a los Beatles pero odiaba a Bon Jovi, lo cual era una pena porque yo lo adoro. Sin embargo... - pausó la joven sorprendiendo a Aline con las muchas palabras que podía hilar de una sola respiración - ... sin embargo, daría lo que fuese porque hoy estuviese vivo, aunque me continuara riñendo todo el tiempo.
- ¡Fanny! - había balbuceado Aline sin saber qué decir ante aquel inesperado arranque de franqueza.
- Quiero decir - dijo la joven levantándose de su asiento - que eres afortunada Aline Rogers y sin duda una tonta por no reconciliarte con tu padre.
- ¿Quién dijo que estoy enemistada con él? - contestó tratando en vano de recuperar su talante indiferente.
- No hacía falta que lo dijeras, Aline. Si yo fuese tú, reflexionaría un poco sobre el asunto - dijo ella y con esta última frase la chica se había alejado por el pasillo del trasbordador hacia la salida.


- ¡Eres una verdadera entrometida, señorita rubita! - se dijo Aline acariciando brevemente los vidrios del ventanal con la punta de sus yemas - No te basta con invadir mis sueños noche tras noche, sino que además quieres inmiscuirte en mis asuntos familiares - la joven inclinó el rostro sin poder evitar una sonrisa mientras un insistente pensamiento volvía a cruzársele por la mente -Sí, eres una entrometida, pero tan bella que duelen los ojos de sólo mirarte...

*****

A ratos Michie pensaba que la carga energética que corría entre Fanny y Aline cuando estaban juntas era tan obvia que podía sentirse a millas de distancia. Obvia sí, para todo el mundo, menos para las dos jóvenes involucradas quienes continuaron ignorando la fuerza que impelía a Aline a provocar el encuentro y a Fanny a prolongarlo con gestos contradictorios que a ratos decía "me gusta estar junto a ti" y en otros pretendían el rechazo. Pero lejos de desalentar a la artista, los avances y retrocesos de la chica solamente incitaban más la persistencia de la joven.

Tal vez este juego de casi cortejo hubiese durado más tiempo, de no ser porque ciertos eventos inesperados precipitaron las cosas.

Continuará...


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