- En fin, espero que te vaya bien aquí, bienvenida de nuevo
- Muchas gracias, seguro que esto me va a gustar.
- Me alegro, cuando salga, Violeta le dará su número de taquilla y el horario de clases.
- Gracias, Sr. Fernández.
- De nada, Gisela.
Había empezado una nueva etapa en su vida, Gisela Marit, llegaba nueva al instituto y a
la ciudad; todo era nuevo, incluso su corte de pelo, antes lo llevaba largo hasta la
cintura pero se lo tuvo que cortar porque se le empezó a caer y era una pena porque
tenía un color dorado precioso combinado con lo largo que era, parecía oro, ahora tenía
el pelo "estilo chicote" pero tampoco le quedaba nada mal; tenía cuerpo atlético y unos
preciosos ojos verde azulados, dependiendo de la luz se veían verdes o azules. Era muy
agradable y cuando sonreía la habitación parecía iluminarse, parecía bastante segura de
si misma, le encantaba conocer gente, relacionarse, por suerte no se le daba nada mal,
vino a vivir nueva con su padre por lo visto no tenía madre.
Llegó a la taquilla, introdujo la combinación que se supone abriría la puerta de la
taquilla pero allí no pasaba nada, pensó que estaría rota y probó a darle unos
golpecitos.
- ¡Eh! ¿Qué se supone que estás haciendo?
- ¿Qué?- oyó una voz y se giró, allí estaba una chica mas alta que ella, con el pelo
negro hasta mitad de la espalda, con unos ojos azules que helarían el mismo infierno
pero a la vez derretiría el corazón del mismísimo diablo, se quedó embelesada hasta que
una mano pasó por su ojos devolviéndola a la realidad- Perdona, estaba intentando abrir
la taquilla.
- ¿Y para qué si puede saberse?
- Pues necesito meter mis libros, pero han debido de confundirse de combinación.
- No guapa, la que se ha equivocado has sido tú, ¡Ésta es mi taquilla! Y no soporto que
toquen mis cosas, ¿te enteras? No vuelvas a interponerte en mi camino - le sonrió
irónicamente.
- Perdona, en serio, lo siento. Soy Gisela.
- ¡Enhorabuena! - dijo dándose la vuelta, se juntó con otro grupo de chicos y chicas -
Estúpida...
- Vaya... - se quedó mirando como su agresora desaparecía por el pasillo y de pronto
notó una presencia a su lado - Eh, ¿Y ahora qué?
- Oh, perdona, no quería... lo siento... estoooo soy Ángel - le lanzó la mano a modo de
saludo.
- No, perdona, lo siento yo, soy Gisela. Encantada - dijo correspondiendo al apretón.
- Esa era Marian Díaz, la supermegaguay del instituto - hizo una burla como imitando a
una "niña tonta" que hizo sonreír a Gisela - No le hagas caso solo que como es una niña
rica y mimada, tu simplemente pasa de ella.
- Lo intentaré... Gracias, Ángel.
- De nada, oye, ¿tú eres nueva?
- Si, tanto se me nota.
- Jajajaja, si, mira que ir a la taquilla de Marian, uff, lo raro es que no te haya
matado... Oh, oh...
- ¿Qué? Oh, oh, ¿Qué?
- Pues que me parece que se va a ir vengando y eso es peor... solo será un día pero te
lo va a hacer insoportable.
- Vaya hombre, que mala suerte, báh, da igual...
- Me gusta tu forma de ser. Vente vamos a comer.
- Genial, ¡Me muero de hambre!
- Ven, por aquí.
Se dirigieron a la cafetería y nada más pasar un objeto volador no identificado salió
disparado hacia la cara de Gisela; se pudo identificar el objeto que no era tal era
puré de patatas con guisantes, miró hacia la dirección contraria encontrándose con una
sonriente Marian, pero si se enfadaba esa demonia conseguiría su propósito así que solo
se limitó a limpiarse y devolverle la sonrisa a Marian; todo el comedor se quedó en
silencio e incluso algunos con la boca abierta, no podían creer lo que veían, una
extraña suicida (era la única explicación) plantándole cara a la gran Marian Díaz,
increíble. Miraron a Marian aterrados, pero esta solo miró a su adversaria y quitó su
sonrisa de la cara, siguió comiendo. Al notar el silencio alzó la mirada y todos
volvieron a sus asuntos. Terminó la hora de comer, tenía literatura, fue a su clase y
ya estaban todos sentados, la profesora no había llegado aún, echó un vistazo a sus
nuevos compañeros y divisó a la "Demonia Diviniguay" (como ya la había bautizado),
estaba mirando un libro muy concentrada, se sentó justo delante de ella sin dirigirle
ni una mirada ni un saludo, solo se sentó y esperó a la profesora. Una chica pelirroja
se le acercó y le dijo al oido:
- Soy Tatiana, esta profesora siempre que hay alguien nuevo le dice que se presente,
ten cuidado con lo que dices, si dices algo fuera de contexto te colgarán el sello para
toda tu estancia aquí - le sonrió cómplice.
- Gracias, yo soy Gisela.
- Encantada... creo que ya viene. Suerte.
- Gracias.
Entró la profesora, la señorita Gracia, tendría unos 30 años, no era muy alta y tampoco
fea; le sorprendió.
- Muy bien, buenos días clase. Tenemos alumna nueva - miró a Gisela - ¿Por qué no te
presentas?
- De acuerdo - se dijo Gisela, se levantó y se dispuso a dar el primer paso para ir al
frente de la clase cuando notó un pie entre los suyos que la hizo caer al suelo dándose
un tremendo golpe, se hizo polvo las rodillas, el dolor hizo que sus ojos se empañaran
pero no quería llorar, se levantó un poco el pantalón para ver el daño, no tenía nada
nuevo, notó la mirada de la que había provocado la caída pero extrañamente estaba seria
mirándola, no sonreía como el resto de sus compañeros - Estoy bien, no ha pasado nada -
se levantó y fue al principio de la clase. - Bueno, me llamo Gisela Marit, vine nueva
con mi padre y poco más.
- ¿De dónde vienes? - dijo la Srta. Gracia.
- Ah, del norte.
- Ajá, bien, pues si no hay nada más que quieras comentarnos.
- Pues no... si alguien quiere preguntar algo no me importa responder - sonrió como
solo ella sabía hacerlo y se ganó la clase, incluso aunque se negara también se ganó un
poquito de la demonia diviniguay. Nadie en la clase se movió ni dijo nada - ¿Puedo
sentarme?
- Claro, Gisela. Muchas gracias.
- A usted.
Se sentó en su silla, pero al apoyar la espalda no pudo evitar un respingo que no pasó
desapercibido a Marian que no le quitaba la vista de encima; la clase pasaba con
normalidad, Literatura era la asignatura favorita de Gisela, le encantaba leer y
escribir, sobre todo poesía. Acabó la clase y los primeros deberes, una redacción sobre
un autor favorito, daba igual si fuera teatro, poesía o novela, le gustó ese trabajo,
no le sería difícil. El día transcurrió con normalidad, Ángel y Tatiana estaban
sorprendidos por como Marian había dejado tranquila a Gisela, ¿Qué habrá pasado? Pensaban
ambos, pero les daba igual, Gisela era una chica increíble, se alegraron de tenerla como
amiga. Las clases acabaron y salió para coger el autobús, no sin antes tropezarse con
Marian que le echó una mirada asesina pero no le dijo nada, en la parada se sentó en el
banco, para ser el primer día había sido agotador y por si fuera poco ahora tendría que
soportar a su padre e ir a trabajar después, menudo día. Por fin llegó el bus, un pedazo
de coche impresionante pasó a toda velocidad pero antes de perderlo de vista unos ojos
azules se juntaron con unos verdes en un microsegundo, subió al autobús y se sentó al
final del todo. Una parada más y estaría en casa, de nuevo el descapotable que sobrepasó
al bus, siguió con la mirada la dirección del coche:
- No, no, no... no puede ser, que no sea, que no sea, por favor...
Tocó bajar del bus y sus plegarias no fueron escuchadas, efectivamente el descapotable
de la "demonia diviniguay" estaba aparcado en la casa de al lado de la suya, era su
vecina. Llegó a su casa, tuvo que pasar por casa de Marian y ahí aceleró el paso, pero
con la mala suerte de que Marian estaba en la puerta, entrando y la vio pasar.
- Eh, Gisela.
- Hola Marian.
- Así que también somos vecinas de casa...
- Eso parece... sí. Em, Marian, tengo que irme, nos vemos mañana en el instituto, ¿vale?
- Vale, hasta mañana entonces.
- Adiós.
Oyó como Marian entraba en su casa, eso la hizo liberar tensión, entró a su casa y
antes de poder reaccionar un bofetón fue plantado en su cara.
- Llegas tarde niña estúpida - le gritó su padre - tengo hambre y no hay cerveza.
- Lo siento papá - dijo sollozando y limpiando la sangre que empezó a salir de su nariz
- en seguida hago la comida, tengo media hora para comer antes de irme a trabajar.
- Tienes que ir a por cerveza.
- Pero papá, no puedo, solo en ir a la tienda tardo 10 minutos...
- Me da igual, ves a por cerveza o atente a las consecuencias.
- Está bien.
No perdió el tiempo, pensó que comprando también la comida precocinada le daría tiempo
para comer a ella también, eso la consoló un poco, estaba baja de defensas y tenía que
comer algo. Tuvo que pasar de nuevo por casa de Marian, esperaba que no estuviera fuera
también ahora, aún se le marcaba la mano de su padre en la cara y no quería que nadie
supiera en las condiciones que vivía, la vergüenza era terrible. Pero como todo en ese
día también eso salió mal, Marian salía al mismo tiempo que ella pasaba de su acera a la
de Marian y la volvió a parar:
- Cualquiera diría que estamos destinadas a encontrarnos, ¿eh?
- Si, eso parece. Pero somos vecinas es normal... - se intentaba tapar la cara para que
Marian no viera la marca y una desagradable voz interrumpió la conversación.
- ¡¡Niña estúpida!! Date prisa, no tenemos todo el día; bueno yo si... jajajaja, eres tu
la que trabaja... jajajaja - su padre pasó a su casa riéndose de ella.
- Tengo que irme.
Dejó a Marian con la palabra en la boca y su padre la dejó a ella con lágrimas en los
ojos que amenazaban con salir delante de Marian y no lo podía permitir. Marian solo se
limitó a dejarla ir, no se acababa de creer lo que había pasado, ¿quién era ese? ¿Su
padre?, bueno, todo era cuestión de preguntar. Gisela compró la comida y cerveza para
una semana, así por lo menos ganaría algo de tiempo para poder comer antes de ir a
trabajar; llegó a su casa, esta vez Marian no estaba fuera, lo que le alegró en cierto
modo, en el fondo deseaba encontrarse con ella. Entró en casa, en un tiempo record hizo
la comida y comió, se puso el uniforme de limpiadora y se fue a coger el bus para ir a
trabajar, apenas le dio tiempo a levantar la vista cuando Marian se le puso delante
cortándole el paso aposta.
- ¿Dónde vas? - preguntó Marian.
- A trabajar, tengo que coger el autobús, si no te importa por favor...
- ¿Y dónde trabajas? - siguió incordiando sin apartarse de su camino.
- En el centro de salud - empezaba a perder la paciencia.
- ¿En que departamento?
- Marian, por favor, tengo que irme en serio... - justo cuando dijo esto el autobús pasó
dejándola en tierra. - ¡Mierda! Ahora tengo que ir andando, si llego tarde me despiden...
joder, muchas gracias Marian - la quitó de un empujón y empezó a correr como alma que
lleva al diablo, cuando torcía la esquina un bocinazo la hizo mirar. - ¿Y ahora qué
quieres? Mira, esto ya no es un juego tengo que trabajar para poder comer, a mi no me
lo dan todo hecho. Déjame en paz.
- Oye, sube, es mi culpa yo pongo el remedio, sube yo te llevo, seguro que llegas antes
que el autobús.
- No hace falta que te molestes.
- Venga Gisela sube, no es broma, yo te llevo.
- Está bien - se subió al coche, asombrándose de lo cómodo que era y lo bien que estaba,
asientos de cuero, todo limpio y pulcro - Wow, menudo coche...
- Sí, me lo regaló mi padre en mi cumpleaños el año pasado... ¿Por qué trabajas?
- Necesitamos dinero.
- ¿Tu padre también trabaja?
- Tuerce por la derecha - cambió de tema tajante, no le apetecía hablar de él.
- Muy bien, pues...
- Marian, por favor, si no te importa no me apetece hablar, lo siento, otro día quedamos
y nos conocemos mejor. A no ser que tu reputación se vaya al carajo, claro.
- Yo tengo la reputación que quiero que vean los demás, son así de corderos. Tú sin
embargo eres diferente, me gusta tu forma de ser.
- Gracias. Ya hemos llegado. Muchísimas gracias, Marian.
- Oye, ¿a qué hora sales?
- ¿Por? - preguntó sorprendida.
- Porque tengo clase de guitarra a la vuelta de la esquina y bueno, si quieres te puedo
recoger luego para volver a casa... - "¿¿esa soy yo??" pensó Marian.
- Salgo a las cuatro de la madrugada, no creo que estés por aquí a esa hora.
- ¡¡¿¿A las cuatro??!! Pero si entramos a clase a las 7.30 de la mañana, ¿es qué no
duermes?
- La verdad, prefiero comer a dormir - le sonrió con dulzura, como siempre sonreía.
Empezó a bajar del coche cuando Marian la agarró del brazo, soltó un grito de dolor -
Au, suelta.
- Perdona, pero no te he apretado tan fuerte. Es que se te olvida el bolso, ten - le
alargó el bolso. Le miró la cara, aún tenía marca del bofetón. - ¿Qué te ha pasado en
la cara?
- Nos vemos mañana en el instituto. Muchas gracias, ¡Ciao!
- Espera Gisela, ¿cómo te vuelves luego? A las cuatro de la madrugada que yo sepa no hay
autobuses.
- No, vuelvo andando. Adiós.
Se alejó rápidamente para que Marian no tuviera tiempo de reaccionar y hacerle más
preguntas, ella no era una chica normal, con 17 años tenía que trabajar para sobrevivir
pero lo poco de vida que ganaba la perdía luego a manos de su padre, literalmente.
Empezó la jornada de trabajo, sus compañeras la apreciaban mucho y siempre le dejaban
una media hora libre para hacer sus deberes antes del descanso para que así pudiera
seguir estudiando una hora completa, se lo agradecía siempre limpiando un poco más de
su territorio. Las cuatro de la mañana, a casa, caminaba despacio disfrutando de la paz
de la noche, del silencio, de la soledad, era el único momento donde podía pensar en
ella misma, soñar. Esa noche pensaba en la paliza que le dio hacía 3 días, utilizó el
bate y la golpeó por todo el cuerpo, donde tapaba la ropa, no era tan tonto. Lo que más
le dolía era la espalda y las piernas, ahí se ensañó bastante, pensaba que le había roto
algo, pero no, gracias a quien fuera, necesitaba trabajar, ya no solo por el dinero sino
también por alejarse de él toda la tarde, así solo lo soportaría unas 3 horas y media al
día. También pensaba en Marian, ¿qué tenía esa chica? Era rara a más no poder, no sabía
por qué pero se sentía atraída por ella, seguro que era por su misterio y porque esos
ojos, dios, esos ojos... Llegó a casa, miró hacía la casa de Marian esperando
encontrarla y un destello la confundió de sus ilusiones de que esa sombra fuera Marian;
entró a casa, su padre se había quedado dormido en el sofá para variar, lo arropó y
subió a su habitación, se quedó dormida en un segundo.
Marian se había despertado y miró el reloj, las 4 y media, "debe de estar por llegar"
pensó, se asomó por la ventana y ahí llegaba, se la veía cansada, se escondió un poco
para que no la viera, Gisela había alzado la vista hacia ella, su padre se había
levantado y encendió la luz del baño, dio reflejo en la ventana y tuvo que irse rápido
a la cama porque así Gisela sí la vería, "¿qué tienen esta niña que no se me va de la
cabeza? Báh..."
Las 6.30 de la mañana, hora de levantarse, el autobús pasaba a las 7 y cuarto, por
suerte la parada estaba cerca y podía apurar un poquito más en la cama; se levantó,
cogió sus vaqueros y su camiseta y bajó a desayunar, su padre aún no se había despertado,
cosa que agradeció, se aseó se miró la cara y se le había hecho un pequeño cardenal en
el moflete, se maldijo por como explicaría eso a la preguntona de Marian que seguro
preguntaría, entró en la cocina cogió un bollito que compró el día anterior, su carpeta,
sus llaves y andando. No se acordó siquiera de Marian, solo cuando casi llegaba a la
parada del bus se dio cuenta de que la seguían.
- Marian, ¡Qué susto me has dado!
- Eso es que algo temes... jajajaja. ¿vas en bus?
- Claro, no tengo coche.
- Pero yo si, vente, vamos juntas.
- ¿Y tu reputación?
- Al cuerno mi reputación estoy harta de ser la mala.
- Jajajaja, bueno, está bien, de acuerdo. Me ahorro el bono-bus. Solo me quedaba uno.
Mañana me hubiese tocado ir andando.
- Si que te pasas tía, el instituto está a media hora andando desde aquí.
- Tampoco es tanto, además estoy acostumbrada a andar, nunca he tenido comodidades de
ningún tipo.
- Ei, ¿Qué tienes en la cara? Menudo moratón.
- Ayer en el trabajo, sin querer me di con la fregona. - "ya, claro, eso no se lo cree
nadie" pensó para sí.
- No puede ser, porque ayer también te vi una señal y fue antes de que entraras a
currar.
- Bueno, Marian, mira no es asunto tuyo. Mejor me voy en bus, gracias de todas formas.
- Pero Gisela...
Gisela se fue dejando a Marian de nuevo con la palabra en la boca, aunque sintiera algo
muy fuerte por ella no podía dejar que descubriera como vivía, mucho menos ella. Subió
en el bus que por suerte llegaba justo al mismo tiempo que ella, pero no subió sola,
Marian la siguió y subió con ella.
- ¿Marian? ¿Qué haces?
- Voy en bus, no me apetece conducir hoy.
- Ya.
- Al final has gastado el bono bus.
- Si - suspiró - eso parece.
- Tengo una idea, vivimos una al lado de otra, ¿por qué no vamos juntas al instituto en
mi coche? - "Dios, cada vez me sorprendo más a mi misma... Increíble."
- Marian... no puedo pagarte la gasolina... ni siquiera la mitad. - bajó la mirada
avergonzada.
- Eh, que yo no te estoy diciendo nada de compartir gastos, vamos al mismo sitio, no me
queda más remedio que gastar la misma cantidad de gasolina, es un gasto que ya tenía más
que asumido todos los días. No te preocupes.
- Gracias Marian... - sus ojos amenazaban con llorar, era la primera vez que alguien se
preocupaba por ella de esa manera. Se apoyó en la pared del bus y de nuevo su espalda se
hizo sentir, soltó un ligero gruñido de dolor, mínimo pero Marian lo notó.
- ¿Qué te pasa? Ayer cuando te sentaste te pasó lo mismo.
- Nada.
- Oh, vamos Gisela, quiero ser tu amiga.
- Lo se, pero...
- Sabes, hoy no me apetece ir a clase, ¿te vienes? - dijo cambiando de tema, vio que
ese a Gisela le incomodaba.
- No, Marian, si no voy a clase prefiero quedarme durmiendo - "pero con él allí no me
queda más remedio que ir a clase" pensó.
- Pues vamos a mi casa, ahora no hay nadie, mientras tú duermes yo veo una peli que
cogí ayer en el videoclub. ¿Qué te parece?
- Marian, solo nos conocemos de ayer...
- ¿Y?
- Pues que no me parece correcto ir a tu casa a dormir, ¿no lo ves?
- Pues no, a mi me da igual. Te voy a ser sincera, nunca me he sentido tan a gusto y
tan bien con nadie; no se que me pasa contigo es como si ya tuviera todo lo que me
llena y no estoy hablando de nada material. ¿No te pasa a ti lo mismo?
- Si te digo la verdad... sí, tienes algo no se, es como si te conociera toda la vida.
Es muy raro.
- Pues mira, si no quieres dormir por lo menos vamos a mi casa y comparamos términos,
¿te parece?
- Vale, de acuerdo.
Bajaron del bus y volvieron andando, solo habían recorrido la mitad del camino así que
volver no estaba muy lejos, el paseo las relajó. Fueron todo el camino calladas, solo
se miraban casualmente y se sonreían. A medida que iban llegando, Gisela se escondía
detrás de Marian por si su padre la veía, Marian pilló el concepto y la llevó por la
parte de atrás, entraron. Gisela se quedó con la boca abierta solo al ver la cocina de
Marian, equipada al máximo, con toda clase de comodidades.
- Gisela, si no cierras la boca te van a entrar moscas, jajajaja.
- Perdona, pero nunca había visto tanto aparato en una cocina.
- Ven, vamos a mi cuarto de juegos.
- ¿Tienes cuarto de juegos?
- Ventaja de ser hija única, je.
- Si, bueno, yo también lo soy y nunca he tenido cuarto de juegos. En fin, te sigo.
Bajaron al sótano, una puerta de metal les dio la bienvenida nada más bajar las
escaleras, Marian la abrió, entraron, era todo un salón, había sillones, sillas, una
mesa gigante, incluso en un apartadito había una pequeña salita con una pantalla de
televisión extraplana de 21", equipado con un home cinema, una colección bastante
sustanciosa de películas y todo tipo de mandos a distancia. En un rinconcito había una
cocinita, con nevera pequeña y al lado un baño con ducha de hidromasaje. Era como un
estudio, se podía vivir allí perfectamente.
- Vaya tela, Marian. ¿En serio todo esto es tuyo?
- Sip, me tienen totalmente mimada, me paso todo el día aquí. Luego se quejan de que no
me ven el pelo.
- No me extraña, yo también me quedaría aquí para siempre - "contigo" pensó.
- Si... - respondió con un suspiro como respondiendo al pensamiento de Gisela. Se
quedaron mirándose lo que les pareció una eternidad, al final Gisela reaccionó.
- Bueno, esto... ¿Qué peli querías ver?
- Ah, si, la peli... pues El Retorno del Rey. Es la última parte de El Señor de los
Anillos. ¿No la has visto?
- No, nunca he ido al cine y no tengo ni video ni dvd... claro que para tener eso habría
que tener televisión también... - dijo esto casi para sí, sin que se diera cuenta de
que Marian la observaba con sorpresa y con tristeza al mismo tiempo. - Pero me he leído
la trilogía, varias veces de hecho.
- Bueno, pues vamos a verla. Ven siéntate aquí - le señaló el sofá que había enfrente de
la tele - ¿por qué mejor no desayunamos antes?
- Vale, como quieras.
- ¿Te gusta el chocolate?
- Me encanta, es mi pasión secreta - le guiñó un ojo.
- Jajajaja, pues este te va a enloquecer, hago el mejor chocolate del mundo.
- Ya será para menos, jajajaja, pero que fantasma eres.
- Y dime... ¿tienes alguna pasión más? - empezó a faenar en la cocina mientras Gisela
se sentaba cerca de ella - que no se coma, claro.
- Pues no, nunca he tenido más pasiones. Y tampoco tengo novio si es a eso a lo que te
refieres.
- Bueno, si, más o menos.
- ¿Y tú?
- Algún que otro rollo, nada serio. ¿De verdad no tienes novio?
- No, ¿Por qué?
- Bueno, es que eres guapa, inteligente, eres buena conversadora, tienes unos ojos
preciosos... - se calló de repente y miró a Gisela - Yo... bueno...
- No sabía que te hubieras fijado en mis ojos, es un detalle por tu parte que pienses
todo eso de mi. Pero tampoco soy para tanto. Sin embargo, tú... ¿te has fijado alguna
vez en tus ojos? Hechizan, niña. Eres muy alta, tienes un pelo precioso y tus labios...
- ella también se calló pensando en lo que iba a decir - ejem... ¿qué le falta a ese
chocolate?
- Esto ya casi está, toma, pon esto en la mesa - le pasó unas servilletas y unos
bizcochos.
- OK.
- Ya voy para allá, cuidadín que quema - se acercó a la mesa y dejó los dos tazones con
chocolate caliente - al ataque.
- Eso, eso, a ver que tan buena eres haciendo... chocolate... - cogió un bizcocho y lo
mojó en el tazón - Ummmmmm, tienes razón, eres la mejor.
- Jajajaja, si ya lo decía yo.
Siguieron desayunando entre risas y conversaciones carentes de sustancia, cuando
acabaron limpiaron la mesa y fregaron las tazas, mientras Marian guardaba el chocolate
sobrante en la nevera, Gisela secaba los tazones, pero Marian tropezó con ella y le
echó chocolate en la camiseta poniéndola pringada.
- Oh, Gisela, lo siento. Voy a por una camiseta mía, espera - subió y bajó en un
santiamén, le dio la camiseta a Gisela.
- Gracias - se fue al baño a cambiarse, aún tenía el cuerpo amoratado y no quería que
Marian la viera.
- Eh, oye, ¿te da vergüenza cambiarte aquí? Solo es una camiseta...
- La verdad es que... - mejor que pensara que le daba vergüenza - si me da un poco de
vergüenza...
- No te preocupes. Yo también tengo mis cosillas, ve a cambiarte, mientras pongo la
peli.
- No tardo, además tengo que lavarme un poquito me has puesto perdida.
Mientras Gisela se cambiaba, Marian ponía el dvd y acomodaba todos los aparatos para
que Gisela se sintiera como en el cine, incluso hizo palomitas, aunque mentalmente se
prometió que la llevaría alguna vez, cuando ella quisiera o pudiera. Esa chica le
fascinaba, era increíble. Llegó Gisela y se encontró a oscuras con solo la luz del
televisor iluminando la sala.
- Gisela, ven. Siéntate aquí. He preparado esto como si fuera el cine.
- ¿Tiene que estar tan oscuro? - preguntó nerviosa, pero era mejor, cada vez que Marian
le sonreía no podía evitar ponerse colorada, así a oscuras no la vería.
- Sip, es la caña, cuando empieza la peli y todo o bueno casi todo el mundo se calla,
el olorcillo a palomitas... Ummmmmm, una gozada, ¿Qué te parece si algún día vamos?
- No puedo, trabajo todos los días. Fines de semana inclupidos - puso carita triste y
sonrisa tierna, intentando que comprendiera. - Pero gracias.
- ¿Todos los días? ¿En serio? Gisela, tienes que montártelo mejor. ¿Y sales todos los
días a las 4 de la madrugada?
- Si, los viernes y los sábados son mis días preferidos, porque puedo dormir un poquito
más, mis compañeras son muy buenas y cuando no hay mucho que hacer me dejan estudiar.
Son buena gente.
- No me puedo imaginar como has llegado a esto, no se, eres muy joven, tía tienes 17
años... 17 años, que se dice pronto. Vives con tu padre, ¿no?
- Ajá.
- ¿Y él? ¿No curra?
- ¿Cuándo empieza la peli? - cambió de tema radical, no quería hablar de él, no con
Marian. Le daba demasiada vergüenza, aunque ella no tuviera la culpa de nada se sentía
en cierto modo responsable.
- ¿Por qué siempre que hablamos de tu padre cambias de tema?
- No me parece un tema interesante, por favor, Marian, déjalo estar, por favor.
- Vale, vale, espero que algún día confíes en mi tanto como para hablar conmigo sin
tapujos. Mira, ya empieza.
- Genial, menudo sonido.
- Si... - dijo en un suspiro, mirando a Gisela.
En algún momento de la peli Gisela se había quedado dormida, Marian se dio cuenta y no
quiso despertarla, parecía que Gisela tenía frío, tiritaba, también soñaba y se removía
inquieta, hablaba o más bien farfullaba en voz muy bajita y cosas que no se entendían,
Marian no se quería mover por temor a despertarla se acercó a ella y le pasó un brazo
por los hombros, Gisela dio un respingo cuando le rozó la espalda, pero se relajó en
brazos de Marian y también cesó de tiritar. Marian disfrutó esto tanto que dejó hasta
que pasaran los créditos, movió un poco su mano para cambiar la posición, se le estaba
quedando dormida, pero Gisela dio otro respingo cuando volvió a rozarle la espalda, miró
a la cara de Gisela pero seguía dormida, aprovechó para mirar que era lo que le
molestaba; levantó la camiseta muy despacito, también había poca luz y le costaba
trabajo ver, puso la tele sin sonido pero con luz, o por lo menos algo para poder ver;
con los dedos tiró de la camiseta hacia arriba y lo que vio allí hizo que el corazón se
parara de repente: tenía toda la espalda morada, era un color casi negro y la tenía
ligeramente hinchada, "¿Cómo se habrá hecho esto?" sin querer tocó la piel de Gisela y
esta al notarlo despertó sobresaltada, vio que estaba acurrucada con Marian y se separó
rápidamente, como si se hubiera quemado.
- Oh, Dios, Marian, perdona...
- Tranquila, no me molesta, ¿has dormido bien?
- Em... si... - "demasiado bien" se acordó de lo que le había despertado - ¿Qué hacías?
- ¿Qué? Yo nada, ¿por?
- Nada, no tiene importancia... me pareció... ná, tonterías... Oye, ¿Qué hora es?
- Las 15:15, ya teníamos que estar llegando a casa... no espera... son las ¡¡16:15!!
Mierda, no me he dado ni cuenta... mis padres ya tienen que estar aquí.
- ¡¡¡¡¿¿¿¿LAS 16:15????!!!! No, no, no, no.... Tengo que irme... - empezó a llorar,
desesperada - Gracias por todo Marian - empezó a buscar su camiseta - Dios, me va a
matar... - salió como alma que lleva al diablo y se chocó con el padre de Marian, ni
siquiera pidió perdón, salió de esa casa en dirección a la suya.
Marian se había quedado en el sitio, no sabía como reaccionar, ¿Qué habría pasado?
Tampoco era tan tarde; salió detrás de ella aún a sabiendas que ya era tarde y que
seguro que ya habría salido de la casa, se topó con su padre que seguía mirando en
dirección por donde Gisela había salido.
- Marian, ¿quién era esa chica?
- Es Gisela, es amiga mía, es nueva en el instituto y también es nuestra vecina.
- ¿Qué le has hecho? Iba llorando y por la expresión de su cara diría que estaba
aterrorizada...
- Yo no le he hecho nada, siempre igual, ¿eh? Estábamos abajo y me ha preguntado la hora,
cuando se la he dicho ha salido escopetada... voy a su casa un momento a ver que pasa,
enseguida vengo.
Salió en busca de Gisela, a medida que se acercaba empezó a escuchar golpes, cristales
rompiéndose y a un hombre que supuso sería el padre de Gisela dando voces. Cuando estaba
en la puerta, oyó gritar a Gisela, seguido de un llanto, eso hizo que se apresurara en
llamar a la puerta. Cesó de golpear la puerta y de repente silencio... durante unos
segundos no se oyó nada, volvió a llamar esta vez al timbre, esperó y al fin se abrió
la puerta:
- ¡¿Quién?!- gritó el padre de Gisela.
- Hola, soy su vecina y amiga de Gisela, ¿puedo hablar con ella?
- Jajajaja, amiga dice... jajajajajajajaja.
- Disculpe, ¿Qué es tan gracioso?
- Mira guapa, ese despojo no tiene amigos, mejor vete por donde has venido, no puedes
hablar con ella, está... indispuesta.
- Sólo será un minuto...
- Que te vayas, niña. - empezó a cerrar la puerta.
- Pero...
- Adiós "amiga", jajajajjajaja - cerró del todo.
Marian se quedó en la puerta un buen rato sin saber por donde le había entrado lo que
acababa de pasar, lo dio por imposible y se fue a casa. Comió con su familia, pero no
dejaba de pensar en el moratón de la espalda de Gisela, en su padre y en los golpes que
se oían, "no me extrañaría nada que la pegara, ¿pero por qué? ¿Por qué Gisela no pide
ayuda?", se acordó que Gisela trabajaba y salió a la puerta a esperar que pasara. Gisela
salía de su casa para ir a trabajar, esta vez se había pasado el muy... tenía toda la
cara hinchada y no podía mover la mano izquierda seguro que se la había roto, le había
costado mucho cortar la hemorragia de la cabeza, cuando le tiró el jarrón se rompió
justo en su cabeza, de seguro necesitaría puntos. El estómago le dolía muchísimo, la
última patada. Deseó con todas sus fuerzas que Marian no estuviera fuera, para evitarlo
salió un poco antes y dio la vuelta a la manzana, no tenía bono-bus, tenía que ir
andando. Le dolía todo el cuerpo, no había comido y la pérdida de sangre no contribuyó
mucho, cada vez se sentía más débil, le quedaba menos de un metro para llegar al centro
de salud donde trabajaba pero se desmayó. Un señor que pasaba por allí la vio y corrió
a pedir ayuda, dos enfermeros y una medico salieron en su busca, la reconocieron y la
trataron, no era suficiente había que llevarla al hospital a hacerle una transfusión.
La ambulancia llegó en un santiamén y la llevaron al hospital, allí al cabo de dos horas
despertó, ya con la transfusión hecha y el brazo escayolado, se movió pero le dolía
todo, con la mano sana se tocó la cabeza y también le habían echado los puntos. Miró
alrededor y comprendió al fin que estaba en el hospital. No había nadie en la habitación,
intentó incorporarse y una punzada de dolor en el estómago la hizo volver a tumbarse,
una enfermera pasó.
- Hola Gisela, ¿Qué tal te sientes?
- Uff, como si mil carros de guerra me hubieran atropellado. ¿Qué tal estoy?
- Como si mil carros de guerra te hubieran atropellado - ambas sonrieron. - ¿Qué te ha
pasado?
- Un accidente... - bajó la cabeza avergonzada y sus ojos se inundaron.
- Ya... bueno, ¿quieres qué avise a alguien? ¿a tus padres?
- No, no, ¿puedo andar?
- Em... si, claro, pero ¿no prefieres que llame a alguien para que venga a por ti?
- No, gracias. Me valgo por mí misma - volvió a intentar sentarse pero el estómago
volvió a dolerle.
- Eso es porque tienes una costilla rota, te la han colocado, casi te perfora el pulmón.
Dentro de lo malo has tenido suerte. Bueno, pues cuando quieras te doy el alta.
- Pues ya, entonces. Tengo que ir a trabajar.
- Ah, no. De eso nada, estás de baja por un par de meses. Ya te han arreglado todo.
- Pero... ¿quién?
- Tus compañeras, han hablado con tus jefes. Es que una de ellas es mi hermana, por eso
lo se.
- Ah, vale, gracias. ¿Puedo irme ya?
- Si, claro. Toma tu ropa - le acercó sus vaqueros y su camiseta.
- Gracias - se levantó y se vistió.
- He visto que tienes cardenales y moretones más antiguos...
- Si, pero esque soy muy torpe... no es nada importante.
- Aún así, hay un teléfono de gente que te puede ayudar, lo tengo ahí fuera voy por él
mientras terminas de vestirte. Volvió al instante - toma, por si tienes más "accidentes"
o te cansas de ellos, llama a este número, te pueden ayudar.
- Gracias... - no miró a la enfermera a la cara, solo cogió el número y el resto de sus
cosas y se fue.
Eran casi las 22 de la noche y llegó a casa, entró en el mayor silencio posible para
que su padre no la oyera, por suerte estaba dormido. Había acabado con todas las
existencias alcohólicas de la casa, con suerte mañana iría al instituto sin que le
molestara. Pensó en darse una ducha, pero con la escayola y sin poder doblarse apenas
podía hacer nada, tenía el pelo lleno de sangre y tenía que lavárselo, no le quedó más
remedio que soportar el dolor y lavarse por lo menos el pelo. Se desnudó, se metió en
el baño y al empezar el lavado las lágrimas ya corrían libremente por su cara, los
recuerdos, el dolor todo se le vino encima... iba a estar mas tiempo en casa... con él...
terminó su mini ducha y se fue a la cama, se puso su pijama favorito, conectó el
despertador y se durmió en cuanto encontró una postura cómoda.
Las 6.30, hora de levantarse, se levantó y se vistió, fue al baño para verse la cara,
"está muy hinchada, bueno, al menos el moratón del otro día ya no se me ve..." suspiró,
se lavó la cara como buenamente pudo, le dolía más que ayer, se tocó la parte del
estómago donde tenía la costilla rota y un escalofrío la recorrió entera al notarlo; no
desayunó y salió 10 minutos antes, tenía que ir andando. Pasó por casa de Marian y el
coche ya no estaba allí, agradeció que ya se hubiera ido pero en el fondo le hubiera
gustado encontrarse con ella, le debía una disculpa por como se fue de su casa ayer.
Llegó al instituto, el primero que la vio llegar fue Ángel.
- Gisela, dios, ¿Qué te ha pasado?
- Ayer tuve un accidente... tranquilo estoy bien.
- Menuda cara, ¿Cómo fue?
- Pues... no lo se, quedé inconsciente durante dos horas. Me desperté en el hospital ya
"curada".
- Tuvo que ser un buen golpe, corrijo unos buenos golpes.
- Si, bueno... no lo se. Mira ahí está Tatiana.
- Hola chicos, Gisela, ¿Qué te ha pasado?
- Un accidente, no se que pasó porque estuve inconsciente dos horas.
- Wow, vale, vale. ¿Qué tienes?
- Brazo roto, brecha en la cabeza, costilla rota y contusiones varias.
- ¡Joder! - dijo Ángel - solo de pensarlo me duele a mí.
- Esque eres un blando - le respondió Tatiana - Oye, Gisela, si necesitas algo me lo
dices...
- Nos lo dices, cuenta conmigo también.
- Muchas gracias chicos, de verdad, os lo agradezco de corazón.
Iban a clase, Tatiana y Gisela tenían lengua y Ángel tenía arte, entró en clase dejando
la mochila en su pupitre, al girarse para ver si estaba Marian la costilla se hizo notar
haciendo que se doblara de dolor, sintió unas manos que la sujetaban y la ayudaba a
incorporarse, miró al "buen samaritano" no era otra sino Marian:
- Gisela... ¿estás bien?
- Si, tranquila, tuve un accidente ayer.
- Ya, bueno... lo que tu digas. Adiós - lo dijo secamente, como si no le importara lo
más mínimo.
- ¿Marian? - se quedó helada, "¿Por qué se comporta así?" - espera.
- ¿Qué? Hay clase, la profesora está por llegar.
- Solo quería pedirte disculpas por como me fui ayer de tu casa, lo siento.
- Vale, ¿algo más?
- No...
Se dio media vuelta y se sentó en su sitio sin mirar a Gisela, sentía que iba a
explotar en cualquier momento, se sentía enfadada, furiosa pero a la vez no podía
enfadarse con Gisela, quizá lo que más le molestara fuera eso, que era Gisela y no le
contaba la verdad, ya tenía una ligera sospecha de que era exactamente lo que le había
pasado a Gisela, pero si no quería su ayuda mejor sería pasar de ella. Así dolería
menos.
Toda la semana ignoró a Gisela, esta cada vez estaba más deprimida, Tatiana y Ángel no
la comprendían, solo pasaba el rato con ellos, con quién quería estar era con Marian,
no entendía porqué la trataba así, pensaba que eran amigas. Cada vez la añoraba más y
más y sus sentimientos iban aumentando progresivamente hacia ella, hasta llegar a
enamorarse perdidamente de ella. También sabía que no podía ser, seguro que Marian no
le correspondería y eso le hacía sentirse peor. La costilla cada vez le dolía menos y el
brazo lo movía cada día un poco más, la cara apenas tenía morados ya y el resto de su
cuerpo se recuperaba, ahora su padre estaba más tranquilo, antes de que pidiera nada
Gisela ya se lo había dado, lo mantenía contento y así todo bien. Lo que le dolía de
verdad ahora era el corazón, Marian sin saberlo se lo había destrozado. Marian veía cada
vez mejor a Gisela, cosa que le alegraba pero no podía soportar la idea de que Gisela
no confiara en ella, eso era realmente importante, pero solo hacían unas semanas desde
que la conoció, no le había dado tiempo a darle una oportunidad pero también tenía miedo,
lo que sentía por Gisela no era normal, su corazón palpitaba con mucha más fuerza cada
vez que la veía, no lo negaba pero si lo escondía: estaba enamorada de ella.
El viernes, en el recreo, estaba Gisela en el pasillo mirando unos panfletos informativos,
Marian pasó por detrás de ella y ni siquiera la miró, Gisela se había girado para
saludarla pero ante esto se desbordó, empezó a llorar y se fue al baño corriendo. Estaba
vacío, mejor, dio rienda suelta a sus emociones y dejó fluir todas las lágrimas que
tenía dentro, oyó la puerta abrirse y se metió en un inodoro, cerró la puerta e intentó
cesar de llorar pero no lo consiguió, lo empeoró, quería ahogar sus gemidos y lloriqueos
pero parecía que el sonido se triplicaba; llamaron a la puerta y las palabras no le
salían, se calmó y entre hipos consiguió decir.
- Está ocupado...
- Gisela, soy yo. Marian, abre la puerta anda.
- No Marian, déjame, sigue con tu vida. No te preocupes por mí.
- Gisela, por favor... hay una razón para que te haya tratado así, por favor abre.
- No, en serio, estoy bien y entiendo que sigas con tu vida, no pasa nada.
- Gisela...
- ¡¡Que te vayas!! No te necesito, no necesito a nadie - su congoja volvió a salir.
- Pero yo si te necesito a ti... Estoy enamorada de ti... - silencio, ni siquiera se
oía respirar, nada - Gisela... por favor - esperó un minuto más y al ver que no salía se
dio la vuelta para marcharse.
- Espera... - Marian se giró al escuchar la voz de Gisela, se paró y Gisela se aproximó
a ella - Yo también estoy enamorada de ti - se acercó más a ella y la besó. Estuvieron
así un rato, disfrutando la una de la otra, Marian quería profundizar más el beso y la
abrazó, con tan mala suerte que Gisela se quejó de su costilla rota - Au, eso ha dolido
- se separó de Marian para calmarse el dolor.
- Oh, Gisela lo siento... ¿qué...?
- Tengo rota una costilla, pero ya está sanando, tranquila.
- Soy una insensible...
- Yo diría que todo lo contrario, estabas intentando abrazarme, ¿no? Eso es muy sensible
que yo sepa... - la miró sonriéndole.
- Eres única... - le devolvió la sonrisa y esta vez la abrazó con más delicadeza - y
besas de miedo... - notó como una risa rebotaba en su pecho.
- Tu tampoco lo haces nada mal... de hecho eres con la única con la que he sentido que
si se acababa el mundo me daba igual...
- Te sale tu vena literaria... un momento... ¿la única? Eres...
- Si, lo soy. Pero tu también, ¿no?
- Yo más bien soy bisexual.
- Ah, yo soy "unisexual". Only girls, please - ambas rieron.
Quedaron a la salida para ir a casa, era temprano porque la última la tenían libre,
fueron a casa de Marian, al cuarto de juegos y nunca mejor dicho porque el hambre que
sentían la una por la otra las hizo empezar a "jugar", no llegaron muy lejos pero los
preliminares estuvieron bastante bien. Llegó la hora de ir a casa, salieron por la
parte de detrás, se despidieron y cuando Gisela salía del jardín, Marian corrió hacia
ella y la besó dulcemente. Gisela sonrió y fue a su casa. Al entrar, sonreía, no se
cercioró que su padre estaba mirándola.
- ¿Y ahora de qué te ríes, estúpida?
- De nada - su rostro tornó serio como siempre que tenía a su padre delante - vamos a
comer.
- Más te vale, tengo hambre - se fue al salón.
- Ya está, puedes venir a comer - dijo Gisela al cabo de media hora, como tenía mas
tiempo libre se dejaba la comida hecha por las noches.
- Ya era hora... - se sentó y empezó a engullir como el cerdo que era, Gisela se sentó
delante de él pero no podía comer porque no podía dejar de pensar en Marian, tenía
hambre pero no esa clase - Le he echado el ojo a esa vecinita nuestra... - miró a Gisela
de reojo y siguió comiendo.
- ¿Qué? - "esto no puede ser bueno" pensó.
- Igual le hago una visita un día de estos, o mejor arréglame una cita con ella, seguro
que le va la marcha. Me gustan las morenas.
- Papá, tiene 17 años, por el amor de Dios. Es de mi edad.
- ¿Y? A mi eso me da igual, solo quiero tirármela tanto como si quiere... como si no...
- remarcó esto para ver que efecto tenía.
- ¡¡Eres un pedazo de c...!! - se calló de golpe al ver que su padre se reía, su furia
aumentó - No te atrevas ni a mirarla, como se te ocurra tocarle un pelo te juro que...
- ¡¡¡¡Cállate, zorra. Eres una puta lesbiana y esa es tu novia. Os he visto por la
ventana, besándoos como si eso fuera natural. Que asco, te voy a enseñar lo que es
normal a base de palos!!!!
Gisela se había quedado descompuesta, no le dio tiempo a reaccionar cuando vio que su
padre se levantaba y se dirigía hacia ella, antes de que dijera nada sintió un tremendo
golpe en la cabeza, después de eso todo oscuro. Despertó al cabo de un rato, estaba en
su habitación atada a las cuatro esquinas de la cama, desnuda, con una mordaza y le
dolía muchísimo la cabeza. Su padre estaba sentado delante de ella, mirándola y
riéndose, había varias botellas de cerveza vacías alrededor, estaba borracho. Gisela
oliéndose lo que quería hacer se intentó soltar, pero cada vez que lo intentaba las
cuerdas se apretaban más y más, dejó de intentarlo e intentó gritar pero la mordaza
amortiguaba el sonido. Solo le quedaba llorar, aguantar y esperar lo que fuera que le
tenía preparado, le había quitado la escayola del brazo, tenía el hueso casi soldado
pero aún le dolía y con el mínimo movimiento volvería a romperse; su padre se acercó y
se puso a la altura de su cara.
- Hace muchos años que dejaste de ser alguien, fuiste la causante de la muerte de tu
madre. Murió por salvarte a ti... - miró a la asombrada cara de Gisela, su madre había
desparecido pero no sabía que había muerto - si, si, no pongas esa cara, tú eras muy
pequeña para acordarte. Yo te tenía atada tal cual estás ahora, solo que no estabas tan
buena, tenías unos 4 años. Lo que tenía planeado para ti, wow, ojalá hubiera podido
llevarlo a cabo, no te lo imaginas... ¿o si? - se encendió un cigarrillo y con el
mechero acarició el contorno del pecho izquierdo, Gisela cerró los ojos asqueada pero
no podía hacer nada - El caso es que ya estaba a punto cuando tu querida mamita se
interpuso diciendo "déjala, no es más que una niña, déjala, hazme a mi lo que quieras"
Y lo hice, jajajaa, vaya que si lo hice, jajajaja, pero me pasé apretándole el cuello y
se asfixió. Tuve que deshacerme de ella, tú te salvaste sin que yo me diera cuenta, te
escapaste y estuviste en un hogar de acogida hasta los 8 años, creías que estabas de
vacaciones, luego pedí tu custodia y me la concedieron, estúpidos. La historia se repite,
te cambias por tu novia. Ahora voy a hacer lo que te tenía preparado hace 13 años,
jajajajaja.
Al día siguiente, Marian esperó a Gisela para ir al instituto, al ver que no salía
llamó a su casa, su padre contestó:
- Hola, lamento molestarle, pero quedé con Gisela para ir al instituto. ¿Está lista ya?
- Gisela no está. Ha ido a ver a su tía enferma. Hasta la semana que viene no vuelve.
- No me había dicho nada...
- Mira niñata, lárgate. Tengo cosas que hacer... - cerró de golpe la puerta.
Marian se quedó plantada, desconfiaba de lo que ese hombre le había dicho pero también
podría ser verdad; cogió su coche y se marchó. Pasaron tres días y no había señales de
Gisela, se decidió a ir a su casa de nuevo a preguntar, al llegar a la puerta oyó al
padre de Gisela gritar:
- ¡Jodida zorra lesbiana! No te he quitado la mordaza para que me muerdas, serás hija
de puta.
Después de eso solo un fuerte golpe y un ligero aullido de dolor femenino, esto hizo que
se levantara su ira y entrara de golpe a la casa, buscaba la habitación de Gisela cuando
el padre de esta salió de una tambaleándose, al final cayó al suelo inconsciente. Entró
en la habitación donde había salido el padre de Gisela, al entrar tuvo que apoyarse en
la puerta para no caerse. Gisela estaba en la cama tendida, llena de sangre, vómitos y
de sus necesidades, estaba ensangrentada, su cara estaba hinchada y sus muñecas estaban
en carne viva al igual que los tobillos; estaba desnuda y se temía que ese maldito
cabrón la había violado. Al oír ruido Gisela empezó de nuevo a llorar:
- Ya basta, por favor... no puedo más. Acaba conmigo de una vez.
- ¡Gisela! Soy yo cariño, oh dios santo, ¿Qué te ha hecho ese salvaje?
- ¿Marian? No, vete, si te ve te hará lo mismo... no vete por favor.
- Está inconsciente en el pasillo, estará borracho. Venga vamos, salgamos de aquí - le
cortó las cuerdas de las muñecas y de los tobillos, le dio una camiseta larga para que
se vistiera.
- No puedo andar... - lloraba de dolor pero más de vergüenza, Marian lo notó.
- Shh, tranquila, no pasa nada, yo te ayudo - le puso la camiseta, la cogió en brazos y
salió con ella de allí.
La llevó a su casa, su madre estaba allí en el salón viendo la televisión, tenía que
pedir ayuda, ella sola no podía y Gisela se había vuelto a desmayar.
- Mamá, mamá, por favor ayúdame.
- ¡Hija! ¿Qué pasa? Dios santo, ¿quién es?
- Es mi novi... mi amiga. Su padre la tenía secuestrada, creo que también la ha violado.
- ¿Dónde está su padre?
- Está borracho el muy canalla, se ha quedado inconsciente. Tenemos que llevarla al
hospital, antes de esto le rompió el brazo y una costilla, me temo que no se ha curado
del todo.
- Está bien, hija. Vamos en mi coche, avisaré a tu padre de camino.
- Vale, vamos. Gisela, te vas a poner bien y te vas a olvidar de ese cerdo - besó
ligeramente a Gisela en los labios sin tener en cuenta a su madre, cuando se acordó de
ella la miró - yo...
- Tranquila mi niña, es muy bonita - le sonrió complice.
Salieron echando lechugas de allí, en el hospital les atendieron enseguida, eran una
buena familia y encima de dinero, tenían preferencia claro, curaron las heridas de
Gisela y le hicieron reconocimientos de todo tipo. Al fin el médico salió:
- Por favor, ¿familiares de Gisela Marit?
- Yo - dijo Marian.
- Bueno, pues ya está, la costilla que tenía rota está sanando bien, no ha sufrido más
daños, la muñeca, la rotura si que se ha abierto un poco más, las contusiones y las
quemaduras de cigarro ya están tratadas. Y con lo referente a sus sospechas de violación,
pues son negativas, no la han violado aunque lo han intentado. Se la llevan a la
habitación, la enfermera les dirá donde.
- Muchas gracias doctor - dijo la madre de Marian.
- Es mi trabajo señora... aunque en casos como este me gustaría ser juez y verdugo la
verdad... en fin, mañana pasaré a ver que tal evoluciona.
- De acuerdo, gracias de nuevo.
- Uff, no la ha violado... al menos es un alivio... pero lo ha intentado el muy...
- Shhh, niña, un respeto que estoy delante, se merece todo lo que le digas pero delante
de mi nada.
- Lo siento, mamá. Mira ahí está la enfermera. Señorita, disculpe, ¿donde está la
habitación de Gisela Marit?
- ¿Son familia?
- Se podría decir que si.
- Bien, está en la 314. Pobre... ya estuvo aquí antes... le di un número de ayuda pero
se ve que no lo utilizó.
- Gracias señorita.
- De nada.
- Vamos, mamá.
- Vamos.
Llegaron a la habitación, la primera en pasar fue Marian y enseguida tras ella, su
madre. Gisela estaba despierta mirando al techo, sus lágrimas caían sin ningún control
por su cara. Marian se acercó a ella.
- Tu olor es inconfundible - dijo Gisela que se volvió para mirarla.
- Pues estoy sin duchar... - provocó una ligera sonrisa en Gisela, en ese momento pasó
la enfermera para ponerle una vía de suero.
- Hola Gisela, ¿cómo estás? Espera, no me lo digas... como si mil carros de guerra te
hubieran atropellado, ¿no?
- Si... - dijo Gisela mirando a la enfermera - ¿Qué aspecto tengo?
- Como si mil carros de guerra te hubieran atropellado - contestaron las dos al unísono,
se sonrieron. Marian y su madre miraban la escena con tristeza y ternura, esa complicidad
enfermera/paciente no debería existir.
- Bueno, Gisela, ¿Cuánto llevas sin comer?
- Cuatro días - bajó la cabeza con vergüenza, no se atrevía a mirar ni siquiera a la
enfermera.
- Gisela, tranquila, no tienes que avergonzarte - dijo la madre de Marian hablando por
primera vez desde que llegaron.
- ¿Quién...?
- Es mi madre, Gisela. Me ha ayudado a traerte aquí. Mi padre es abogado y acabas de
contratar sus servicios.
- Marian, sabes de sobra que no tengo dinero para pagarme un abogado.
- ¿Dinero? ¿Qué ser dinero? Mi no comprende tú - dijo con acento extranjero, Gisela le
sonrió - en serio, no te preocupes por eso, además eres menor.
- No, ya no lo soy... cumplí los 18 ayer...
- ¿Qué? Vaya tela, y yo sin regalo.
- Te equivocas... mi regalo lo tengo delante - se miraron a los ojos enamoradas y con
la poca fuerza que le quedaba tiró de Marian hacia abajo para besarla pero Gisela tomó
conciencia de que no estaban solas, miró a la enfermera y a su "suegra" - lo siento.
- Ah, por nosotras no te preocupes. Señora, ¿le apetece tomar un café?, es mi hora
libre.
- Claro, vamos. Marian, enseguida vuelvo.
- Gisela si se te acaba el suero llama a las enfermeras para que te lo cambien, ¿vale?
- Gisela asintió - de acuerdo, ¿vamos? - salieron dejando a Marian a solas con Gisela.
- Bueno, por fin solas - dijo Marian.
- Si... ¿y mi regalo?
- Creí que solo yo era tu regalo - dijo pícaramente sabiendo de sobra a lo que Gisela
se refería. Le sonrió y se acercó a ella, la besó despacio, saboreando todas las partes
de su boca. Cuando les faltaba la respiración tuvieron que separarse - ¡Menudo regalo!
No se si ha sido para ti o para mi...
- Creo que para las dos... ven - se hizo a un lado en la estrecha cama y Marian se
tumbó a su lado, Gisela la abrazó como buenamente pudo, estuvieron así un rato hasta
que Gisela habló - mató a mi madre.
- ¿Qué?
- Mi padre, mató a mi madre. No podía permitir que me hiciera daño, dio su vida por mí.
Yo solo tenía cuatro años, luego le concedieron la custodia a mi padre y me dijeron que
mi madre había desaparecido. Desde los 8 años he estado viviendo con mi padre, si a eso
se le puede llamar vivir... - los dolorosos recuerdos se transformaron en lágrimas que
ahora corrían por su cara, Marian la escuchaba y la acariciaba reconfortándola - llevo
trabajando desde los 13 años, él dejó de salir de casa y tan solo bebía hasta que perdía
el conocimiento o me buscaba para... para pegarme... no fue un accidente lo del otro
día, como llegué tarde se enfadó muchísimo. Te oí llamar a casa y el solo escuchar tu
voz, me reconfortó tanto que no me importó existir por primera vez en toda mi maldita
vida. Si es a tu lado no me importa vivir. - Marian se alzó y la besó dulcemente, le
secó las lágrimas y la abrazó. - Te quiero.
- Yo también te quiero, descansa yo me quedo contigo - la besó en la frente y la dejó
dormir.
Había pasado un cuarto de hora cuando la puerta de la habitación se abrió, pasaron y
cerraron la puerta tras de si, Marian se despertó al oír la puerta cerrarse y sin
despertar a Gisela se levantó, cuando recuperó la visión pudo ver que había alguien en
la habitación, acucó los ojos para ver mejor, estaba todo a oscuras pero no le hizo
falta ver porque escuchó una voz que hizo que los pelos de la nuca se le erizaran. Era
el padre de Gisela.
- Vaya, vaya, vaya, ¿Qué tenemos aquí? Un par de lesbianitas durmiendo juntitas.
Jajajaja pero que ridículas, ¡Eso es asqueroso!
- ¡¡¿Cómo ha entrado usted aquí?!! Pedazo de cabrón, ¿Cómo puede haberle hecho eso a su
hija? Si de mi dependiera estaría en la silla eléctrica, maldito hijo de puta.
- Wow, que fierecilla - sonrió maliciosamente y antes de que Marian pudiera hacer algo
se acercó a ella y la golpeó dejándola tirada en el suelo, la arrinconó y se rió del
miedo que asomaba en los ojos de Marian. Se sentó a horcajadas en ella y le inmovilizó
las manos, Marian volvió a gritar y despertó a Gisela - Cállate zorra - volvió a
golpear a Marian.
- ¡¡¡¡No!!!! Déjala.
- La historia se repite, jajajaja - miró a Gisela y luego a Marian - ¿sabes qué está
así por tu culpa? - Marian lo miró extrañada - Si, no me mire así, a quién yo quería
era a ti pero ella se ofreció en tu lugar, pero ahora os tengo a las dos - miró a
Gisela - Y tú... te voy a hacer lo que no me has dejado hacerte mientras tu queridísima
novia mira - cogió una sábana y la hizo trizas atando a Marian de manos y pies, le puso
una mordaza y se fue a por Gisela - espero que no seas virgen, te dolerá menos,
jajajaja - se fue acercando a ella y le quitó la vía del suero, luego volvió a hacer
tiras la sábana y la ató como a Marian - Dímelo ¿eres virgen? - Gisela solo lo miraba
horrorizado - Contésta, maldita sea - le pegó en la cara con el dorso de la mano.
- Nnn... no - contestó Gisela a duras penas.
- ¿Y dime con quién fue? ¿La conozco? - miró a Marian y luego a Gisela - ¿Ha sido con
esta?
- No... no fue con una chica...
- ¡Anda, si también le van los chicos a la putita! Oye, ¿Cuándo fue? - fue rodeando la
cama y le quitó el camisón dejándola desnuda, miró a Marian que estaba paralizada
mirando sin poder hacer nada, quería apartar la vista pero no podía - ¿a qué está buena?
Jajajaja, no tanto como tú pero tiene un buen polvo, ¿verdad? - Gisela empezó a llorar
en silencio sintiendo como las lágrimas le quemaban - Volvamos a nuestra conversación,
¿Cuándo y con quién fue? ¿Quién se folló a mi querida hijita?
- No lo conoces... fue hace 1 año y medio. Era compañero del instituto... por favor...
déjala ir.
- ¿Qué? - dio él acercándose y poniendo la oreja simulando que no la había oído pero la
había escuchado perfectamente - ¿cómo dices?
- Déjala por favor, no le hagas más daño, ya me tienes a mi, te prometo que esta vez no
me resistiré. - Marian miraba a Gisela gritándole que no, pero la mordaza ahogaba los
gritos.
- Jajajajajjajajaja, me ha salido valiente y noble... ay, ay, ay, pero como la voy a
dejar mi niña, estoy de acuerdo con lo de que no te resistirás pero con ella mirando
será mucho más excitante, lo mismo a ella le entra envidia y quien sabe, igual se anima
a que tú nos mires - Marian se removía inquieta, pero no podía hacer nada. - Bueno,
empecemos - el pánico inundó la habitación, Marian gritaba desesperada y las lágrimas
de la ira y afloraban, Gisela se limitó a cerrar los ojos y a esperar que todo acabara.
Él se subió encima de ella y la miró, se quitó el cinturón - ¿sabes? No eres hija mía...
por eso me cuesta menos hacerte esto, a ver, que si fueras hija mía de verdad también
lo haría pero sería diferente, eres clavada a la zorra de tu madre, maldita sea - se
bajó los pantalones, Gisela lo notó y empezó a llorar resignada, cuando estaba a punto
de penetrarla se oyeron golpes en la puerta. La esperanza asomó en los ojos de Marian y
Gisela y el pánico asomó en los de él. En un susurro dijo - No se os ocurra emitir
ningún ruido, como os oiga os rajo el cuello - de su pantalón sacó una navaja y la abrió.
Se quedaron en silencio y los ruidos parecían haber remitido. - Bien, vamos a lo nuestro
- se volvió hacia Gisela y luego hacia Marian que miraba horrorizada - ¿tienes buena
vista?... Contesta - Marian asintió - bueno, a empezar.
Justo entonces un gran golpe sobresaltó a los tres ocupantes de al habitación, miraron
en dirección a la puerta, ¡Se había abierto!, dos policías entraron y capturaron al
padre de Gisela, justo después entraron varias enfermeras y la madre de Marian que se
descompuso al ver a las chicas en semejantes condiciones, corrió hacia Marian y la
desató, cuando se vio libre corrió hacia Gisela apartando a las enfermeras bruscamente
desató a Gisela con la navaja de su padre y la tapó con la sábana que quedaba, se
abrazaron pero ambas estaban heridas y tenían que tratarlas, muy a su pesar se separaron
para ser tratadas. A Marian se la llevaron a la sala de curas y a Gisela le volvieron a
poner la vía y más tarde le harían las radiografías correspondientes. Cuando todo se
hubo calmado les tomaron declaración y encarcelaron al padre de Gisela, al tener 18 años
la ley del menor ya no la amparaba pero el padre de Marian la ayudó alegando que toda
violencia sufrida fue antes de cumplir los 18 y que después de estos se le acusaría de
intento de violación. Le caerían unos 10 ó 15 años, la noticia alegró a todos. Al salir
del hospital, volvieron a casa bajaron del coche y Gisela se fue a su casa, pero Marian
la detuvo.
- ¿Vas a volver a tu casa?
- Claro, Marian, no puedo seguir causando más molestias a tu familia, y a ti tampoco.
- Pero...
- Nada Marian, la casa a pasado a ser mía y hay una orden de alejamiento. No hay
problema. Quiero empezar de nuevo mi vida, te necesito a mi lado, ¿Qué me dices?
- Pues... - se acercó y la besó enviando todo el amor que sentía por ella.
- ¿Eso es un sí? - consiguió decir cuando se separaron.
- Ajá.
- Eres la mejor, ¿lo sabes, verdad?
- Ummmmmm, si, claro que lo se. Jajajaja.
- Serás fantasma.
- Anda, vamos a tu casa a ver que hace falta y a ordenarla un poco.
- Había pensado en pintarla y redecorarla, más adelante claro, tengo que volver a mi
trabajo y ahorrar, cuando tengamos suficiente dine...
- Para, para, para... lo primero, no vas a volver a currar porque el dinero precisamente
me sobra y de momento nos tenemos que limitar a pasárnoslo bien como las adolescentes
que somos y segundo vas a descansar ahora mismo, pero en la que aún es mi casa o más
bien la casa de mis padres. ¿entendido?
- Si mi sargenta - hizo un saludo militar y sonrió.
- Eres de lo que no hay, vamos anda.
- Te quiero Marian, muchas gracias por todo.
- No, gracias a ti por existir, yo también te quiero. Y nunca te volverás a sentir como
si mil carros de guerra te hubieran atropellado. Te lo prometo.
Y se fueron a casa, nunca más se volvió a saber del padre de Gisela, un día cinco años
después les llegó una carta comunicando su muerte. Gisela se empeñó en ir al funeral y
Marian la acompañó, no había nadie más allí. Gisela no apartaba la vista del féretro,
pensaba en como era esa "persona" en vida, de seguro iría de cabeza al infierno.
Gisela se hizo enfermera y Marian arquitecto, se casaron y adoptaron dos niños gemelos
a los que llamaron Daniel y Moisés, viven en el mismo sitio, felices.
Fin