Disclainers: Pues eso que, estos personajes no son míos, hago esto sin ganar un euro J y respeto, desde lo más profundo de mis riñones, los derechos del copyright ese...
Si tienes algún tipo de crítica escribe a kerryson16@yahoo.es
Dedicatorias: Se lo dedico con todo mi cariño a Bastet, la bardo de la tierra de las naranjas, la debía una dedicatoria de un fanfic ya que se lo prometí en su día, espero que este compense los anteriores "descuidos" J por supuestito también a mi "leyona" particular la Monstruito, que es el terror de los de su barrio :o) y unas gracias muy especiales a Covy por su lectura "depurativa", besiños.
ADVERTENCIA: Es un relato de terror (o al menos esa ha sido mi idea jejeje) os lo aviso porque yo al escribirlo he pasado bastante miedo, por lo tanto; si eres un poco "cobardita" como yo, y el Golum del Señor de los Anillos te hacia querer ir al baño del susto... NO LO LEAS.


LA CASA

Por Morfeo

- ¿Le apetece beber algo? - pregunté a José González mientras el negaba con la cabeza.
- Mejor no - dijo - podría usted pensar que soy un bebedor y prefiero que no lo piense.
- ¿Entramos al despacho entonces? - sugerí y él asintió.
Era un hombre más bien desastrado y su desaseado aspecto destacaba todavía mas a causa de un peludo anorak con capucha de esos que hacían parecer ridículo al más elegante. Era una pena, porque no era en absoluto necio y hacia su trabajo con total profesionalidad como pude comprobar.
Cuando nos acomodamos, me serví una copa de martini blanco de una de las botellas que tenía allí de la cesta navideña de la empresa.
- ¿Qué puedo hacer por usted Señor González? ¿desea enseñarme algo nuevo?
Como respuesta, sacó su carpeta con una serie de fotografías de quince por veinte en papel mate, las depositó boca abajo sobre mi escritorio y se volvió a mirarme. Mis ojos verdes se encontraron con los suyos marrones.
Estábamos sentados bastante cerca uno del otro, yo en mi sillón y él apoyado en la silla que usaba yo para escribir con la maquina de escribir.
- Señora Isabel, poco antes de que se marchara usted, mi periódico me envió aquí para que tomara unas fotografías de la casa, a ser posible desde todas las panorámicas. Se que tiene mala impresión de los periodistas, nos ve como simple carroña pero comprenda que es mi trabajo, tengo que ganarme la vida, esto es lo que llamamos fotografía de oportunidad pese a que solo quedaba yo, ya que mis compañeros habían marchado pensé que hacer alguna imagen mas - hizo una pausa mientras respiraba entrecortadamente - sino le importa creo que después de todo me apetecería esa copa que me ha ofrecido.
Le serví un martini como el mío, la luz de la lámpara se reflejaba en la copa produciendo así un extraño reflejo. Fuera oscurecía, el jardín estaba lleno de sombras.
- Prosiga por favor - le pedí esperando a que tragara el sorbo de su bebida.
- Bien, para esas fotografías uso, una pequeña furgoneta en la que puedo apostarme en un lugar durante horas sin ser visto, durante los días que estuve aquí tome muchas fotos de la casa, así como del jardín, mire están numeradas y fechadas en perfecto orden.
Colocó sobre la mesa una serie de fotos, tomadas mayormente con teleobjetivo, todas mostraban la casa desde distintos y variados ángulos. Había nieve en el suelo. En la mayoría de las fotografías las cortinas estaban echadas y parecía una casa deshabitada. O tal vez no, más bien daba la impresión de que el alma hubiera huido de ella, cuando la compré pareció una casa alegre, observando las fotos me di cuenta de que cometí un gran error.
- Ahora, mire esta por favor - dijo con voz apagada.
Hizo sitio sobre la mesa y puso una nueva fotografía. Había sido tomada desde el paseo que daba a la fachada principal. A juzgar por la luz debía de haber sido hecha al atardecer.
Mostraba los dos pisos superiores y parte del alero saliente. Al principio no vi nada fuera de lo normal, luego él señalo con uno de sus dedos algo que había justo debajo del alero.
En la ventana del desván se entreveía una cara pálida enmarcada por un cabello oscuro.
Sentí un escalofrió por todo el cuerpo y me acordé del movimiento que había atisbado a mi viaje de regreso, recordé como una cortina se movía pensando que fue el viento, pero era imposible ya que todas las ventanas estaban perfectamente cerradas.
- Tuve curiosidad por saber quien era, así que realice una ampliación por si se trababa de alguien conocido - explicó - esto fue lo que conseguí.
Sacó otra copia más grande y la puso encima de la primera. Mostraba un detalle de la anterior, ampliado, parte del marco de la ventana y el rostro que había dentro, la resolución era pobre pero lo suficiente para mostrar claramente que se trataba de un rostro de mujer.
- ¿La reconoce usted? - preguntó José.
Negué con la cabeza, su cara no me sonaba de nada solo hacia que mi carne se pusiera de gallina.
- Lo suponía, hubiera sido demasiado fácil - dijo mientras volvía a beber de su copa.
- Observé esta otra fue hecha la mañana siguiente - comentó mientras sacaba otra foto.
Mostraba una de las ventanas de abajo, la del comedor, a la derecha de la puerta principal. Las cortinas habian sido descorridas y en la ventana había una cara, esta vez mucho mas nítida.
- Pensé que sería alguien relacionado con su entorno, pero me di cuenta que en las horas que llevaba frente a la casa cerrada nunca vi entrar ni salir a nadie, pero lo que es peor... - dijo haciendo una pausa mientras comenzaba a sudar - juraría ante una Biblia que ella no estaba en la ventana cuando comencé hacer las fotos.
Mire el rostro de la foto, tenía un semblante duro y el cabello peinado severamente hacia atrás, revelando una expresión seria.
Parecía una mujer entrada en la treintena, tenía los labios gruesos y una rígida expresión en los mismos los ojos azules reflejaban aún mas su palidez, miraba a la cámara directamente como sabiendo que en esa furgoneta oculta había alguien.
- ¿Qué clase de truco es este? ¿qué es lo qué quiere conseguir? ¿asustarme? porque lo esta consiguiendo - inquirí enfadada mientras me levantaba nerviosa del asiento, mis fibras estaban a flor de piel, sentía el miedo en el aire.
- No es ningún truco, ni ninguna broma, creamé. Tengo más cosas que enseñarle haría muy bien en permitírmelo, estas fotografías le conciernen a usted; desde que las hice no puedo dormir pensando en ellas.
Volví a sentarme mientras José sacaba de su carpeta otro montón de fotografías.
- Está la tome en el jardín delantero el último día, sin saber porque necesitaba una foto del columpio.
Era visible parte de la casa, el porche con sus pequeños leones de piedra, los tres escalones y parte de la puerta principal.
En el jardín estaba el columpio que yo mismo monté para mi hija el año pasado. Nada de eso atrajo mi atención, eran detalles en los que no reparé hasta después, simplemente confirmaba que efectivamente eran fotos del jardín.
En el fondo había dos niñas, una de unos nueve años y otra de seis o quizás siete. Iban curiosamente vestidas, con faldas largas y anchas que dejaban ver botas debajo, y con el cabello peinado en tirabuzones.
Levantaban las manos mirando a la cámara, como saludando para salir en la fotografía.
Daban la impresión de acabar de llegar de una fiesta infantil de disfraces de la época victoriana.
Al igual que la mujer de las otras fotos, sus caras era muy pálidas y había algo en torno a sus ojos que no me permitía mirarlas de frente, rápidamente apartaba la vista. Eran expresiones mezcla pena, dolor, rabia, desilusión... imposible describirlo.
- Le juro que ellas no estaban allí tampoco, no había nadie en el columpio cuando hice las fotos - dijo el hombre con apenas un susurro.
- Me esta mintiendo - aseveré asustada.
Un rostro de enfado surgió en su cara.
- Por el amor de Dios ¿no ve qué estoy asustado? No habría venido a verla si lo hubiese inventado ¿Qué finalidad tendría? No gano nada solo quiero volver a dormir por las noches.
- ¿Hay mas fotografías? - pregunté con terror.
Asentó con la cabeza.
Otra escena del jardín de la parte trasera de la casa, cerca de un pequeño estanque con peces de colores mostraba de nuevo a las dos niñas, y con ellas se encontraba la mujer de las otras fotografías, vestidas todas con estilo victoriano. En ella se apreciaba que la mujer era muy alta, vestía ropas grises y su pelo negro lo llevaba recogido con estilo muy clásico.
De un trago terminé mi copa y volvía a llenar ambas, la suya y la mía.
- Esa en particular quería que usted la viera - comenzó a sudar de nuevo mientras sacaba una ultima imagen de su carpeta, muy lentamente.
La cogí con la misma parsimonia que él la saco de donde la guardaba, y la observé; en ella aparecíamos Laura y yo saliendo de la casa.
Estábamos a unos dos metros de la puerta principal de espaldas a la misma, yo llevaba puesta mi gabardina de cuero negro mientras Laura su abrigo marrón de piel, íbamos ligeramente separadas, en el medio de ambas, estaba mi hija, Irene, muerta hacia dos meses.
Todo está en silencio ahora. Tengo el martini en mi mano, he perdido la cuenta de cuantos llevo. Por la mesa esparció las fotografías.
José estaba tan afectado como yo, se lo notaba en la cara, por algo dicen que es el espejo del alma.
- No soy supersticioso - repitió rompiendo el silencio, como si su racionalismo facilitara un poco las cosas.
- ¿Dice que cuando hizo las fotos nunca había nadie? - pregunté de nuevo como intentando entender.
- - Nunca, creí que usted reconocería a alguien además de su hija - aseguró mientras un escalofrío recorría mi cuerpo - algo me dice que tiene relación con la casa.
Pensé que llevaba razón pero en aquel instante no supe hasta que punto.

Cuando Laura volvió de noche al poco de irse el fotógrafo, consideré prudente no decirle nada, ya que querría marcharse de la casa enseguida, sin entender porque yo quería hacerlo, había algo en la casa que me indicaba que me quedase cuando lo más conveniente habría sido huir de allí y mandar destruir la casa.
Nos metimos en la cama, las noches nos producían gran estrés. El doctor nos había recetado píldoras para dormir, pero una vez que te acostumbras a ellas dejan de hacer su efecto, y lo único que logran es acentuar el insomnio.
Yo había desistido de tomar los míos y lograba períodos de profundo sueño alternando con largos episodios de vigilia.
Durante esos periodos en los que estaba despierta, no podía evitar recordar todo lo sucedido meses atrás.


RECORDANDO EL PASADO

Como todos los días yo iba a trabajar al estudio de pintura, en el centro de la ciudad, cogería el coche y me dirigiría hacia allí; antes de irme habría besado a mis dos soles, mi hija y Laura.
El trayecto era largo ya que nuestra enorme casa se encontraba en una urbanización bastante apartada, el entorno era muy tranquilo había un enorme bosque y las casas no estaban lo suficientemente cerca para molestar o tan lejos como para pedir ayuda o un poco de sal en caso de necesitarla.
Elegimos ese lugar por nuestra hija, Irene, el jardín era lo suficientemente grande para que jugara y corriera sin temor al tráfico o a que sus pequeños y frágiles pulmones sufrieran la polución.
La adoptamos cuando contaba con cinco años, en cuanto la vi me enamore de ella, su pelo rubio me recordó a mi cuando era pequeña.
Tenía un pequeño problema de nacimiento, sus pulmones eran demasiado débiles y no podía realizar demasiados esfuerzos.
El humo y la polución podía ser mortal para ella.
Por lo que en cuanto nos la entregaron en adopción decidimos que lo mejor sería mudarnos a las afueras aunque para ello nos tocará desplazarnos a nuestros respectivos trabajos.
Todos los papeles relativos a la adopción los pusieron a mi nombre, ya que soy una reconocida pintora, y las adopciones a las parejas homosexuales aun no existían en ese país, por eso el papeleo lo realicé yo, a todos los efectos Irene era mi hija, unos billetes por aquí y unos contactos por allá hicieron que todo fuera rápido y sin el "menor" problema.
La niña se adaptó rápidamente a ellas, me llamaba mamá y tiíta a Laura, los años transcurrieron en perfecta felicidad.
Cuando Laura se iba a su trabajo en el pueblo, trabajaba en una pequeña inmobiliaria, la dejaba en la única guardería de la zona.

Éramos felices, realmente felices.
Teníamos una posición social, la gente aceptaba nuestra relación con naturalidad y lo que era más importante, teníamos a Irene, nuestra hija, mi hija.
Reconozco que a veces era posesiva con ella, paso a ser lo más importante en mi vida por encima de Laura, hacia todo pensando en ella y para ella, lo más importante era darla el futuro perfecto, la familia ideal.
Quería que disfrutase todo lo que yo nunca tuve, quizás exageraba y Laura de vez en cuando me recriminaba mi actitud, yo intuía que sentía celos de mi atención por la niña, porque ya no hacíamos el amor con tanta frecuencia, pero para mí eso era secundario, ella era mi centro, mi vida.
Una tarde que llegue del estudio, noté algo raro en el ambiente nada más entrar por la puerta de la propiedad.
Siempre tuve esa sensación de incertidumbre, en la casa, desde que la visité por primera vez.
Pero hasta ese día no sentí miedo, algo frío se asentó en mí e hizo que deseara alejarme de la casa, pero esa misma sensación me lo impedía, es imposible explicar lo inexplicable.
La presencia de varios coches en el exterior confirmo mi temor, corrí.
Irene estaba muerta.

Los días transcurrieron sin que recuerde apenas lo que pasaba, simplemente dejaba pasar la vida, no me preocupe en vivirla.
Laura llevó el peso de la relación sobre sus hombros, yo simplemente me deje llevar. Me daba de comer, me metía en la cama, me levantaba, me vestía, etc.
Deje de pintar, ya nada me importaba.
La noticia de la extraña muerte de Irene, ocupo los periódicos más sensacionalistas que siempre intentan hacerse ricos por medio de las desgracias ajenas.
Murió en el desván, mientras buscaba en viejos baúles, se ahogo con el exceso de polvo según la autopsia, nunca se encontró una gota de polvo en el desván, es como si la niña absorbiera todo el polvo en una estancia completamente pulcra.
Deberíamos habernos ido de la casa entonces pero no se si algo hubiese cambiado de haberlo hecho.
Desde entonces el desván esta cerrado con llave.


EL PRESENTE

Mientras intentaba conciliar el sueño, volví a recordar las fotos, una a una, evocaba en mi subconsciente las imágenes, la mujer, las niñas y mi hija.
Laura tampoco estaba dormida su respiración así lo atestiguaba.
No nos habíamos vuelto a tocar, ella simplemente me cuidaba.
En el silencio de la casa, oigo que algo baja por la escalera.
Lo hace muy despacio y creo que para en cada peldaño. Contengo la respiración, y casi escucho otra a parte de la de Laura.
Creo que lo de las fotografías me ha trastornado aun más, pido a Dios que pare todo eso, al menos déjame dormir esta noche.
Dejo de oír los pasos.
Miré el reloj de la mesilla, eran las dos de la madrugada.
Decidí que lo mejor seria no sugestionarme e intentar dormir un rato. Laura seguía despierta.

Eran casi las tres de la mañana, cuando oímos un grito agudo, infantil, la voz de un niño. Era fuerte y lleno de un pavor indescriptible.
Nos incorporamos de la cama, di la luz de mi lamparita de noche.
Venía de la habitación de al lado, era la de mi hija.
Torpemente me levanté de la cama, tiritando, Laura venía detrás de mi. La casa estaba oscura encendí la luz del pasillo buscando seguridad.
El miedo se instaló en mí.
Con mano temblorosa así el picaporte de la puerta de Irene, titubeando, empuje la puerta temerosa de lo que allí pudiera encontrar.
Entramos dentro de la habitación, había silencio, de esa clase en la que te imaginas que hay alguien sentado delante de ti.
Busqué el interruptor a tientas, el cuarto se iluminó, los muñequitos de las paredes y el rosa claro nos recibió.
El cerebro indicaba que no tuviese miedo.
Sus peluches y juguetes yacían por la habitación, alguien había estado allí. Su caja de pinturas de colores había sido abierta y diseminadas por el suelo, un papel en blanco tenía un dibujo pintado.
Me incliné ha examinar el dibujo, tenía varios colores, una mano infantil, había esbozado tres figuras.
Con una caligrafía pésima estaban escritos tres nombres, Isa, Irene y Mamá.
Las figuras estaban mal hechas, pero se distinguía mi figura, con pelo corto rubio con ojos verdes y un traje verde que me encantaba como me quedaba, ella siempre decía mami guapa cuando me lo ponía.
El dibujo de Irene, estaba vestida de amarillo, con unos trazos rojos en la garganta, representando lo que parecía una bufanda.
Lo más extraño fue la figura de mami, una mujer alta, bastante mas que mi figura, morena con ojos azules y un largo vestido gris.
Me volví y miré a Laura, era obvio que la imagen no era ella, ambas estábamos pálidas.
- Es el desván, oigo pasos - dijo con voz temblorosa. Escuche pero yo no oía nada.

Pasamos la noche en la planta baja, yo en un sillón y Laura en un sofá. Pulsé todos los interruptores que había a mano, dejé las luces encendidas toda la noche.
El insomnio había desencadenado en auténtico pavor. Aquel horrible grito nos había helado la sangre y las pisadas del desván habían crispado nuestros nervios. No comentamos lo de la habitación de Irene.

Ya de día nos armamos de valor y subimos de nuevo arriba, con la luz del sol nuestros temores parecían haber mermado.
Todas las luces estaban dadas aunque la claridad que entraba del exterior era abundante, en los espacios a los cuales todavía no había llegado la luz del sol hacían que me sintiera incómoda.
Entramos de nuevo en la habitación de la niña. Todo seguía igual que la noche anterior. Me agache a recoger el papel del dibujo, una voz estalló a mi espalda.
- Déjalo, déjalo así. No toques nada - me volví, Laura estaba gritando indignada y temblorosa.
Dejé todo tal y como estaba, aún no podía explicar lo del grito pero ¿había sido el resto cosa de Laura? Eso hubiera explicado mucho excepto el grito.
Salimos fuera y deje todo tal y como estaba.
- Lo siento - murmuró - es que...
- No te preocupes - la tranquilicé - voy a subir al desván. Estoy segura que no hay nada, estábamos muy nerviosas anoche. Habrán sido pájaros o incluso alguna rata.
No dijo nada solo me miró intensamente. La idea que podría haber sido ella me había envalentonado. Olvidé las fotografías de José, pensé que las fotos podrían haber sido fácilmente trucadas, seguro que se había compinchado con alguna médium o bruja de esas, lo siguiente sería establecer contacto por medio de una determinada suma de dinero.
Cogí una linterna grande y fui por la llave, me costó mas de media hora encontrarla, estaba en un cajón de trastos olvidada y oxidada.
Subí por la escalera hacia arriba, metí la llave y no giraba, baje de nuevo y lo rocié con aceite para volver a probar.
Giró y con la linterna alumbré, silencio y oscuridad.
- ¿Hay alguien aquí? - grité con voz insegura, mostrando un valor que no sentía ni por asomo.
Proyecté la linterna sobre el habitáculo, localizando e identificando lo que había almacenado en el desván con el paso del tiempo.
Viejos muebles, mi máscara de esgrima y el florete, estanterías con libros, baúles, etcétera.
Desde que murió Irene y cerramos esa estancia, el polvo y las telarañas habían cubierto todo, incluso el suelo.
Avancé con la linterna, mirando objeto por objeto, todo estaba intacto, ilumine al suelo buscando huellas, comenzaba a pensar en lo absurdo que era todo aquello.
Alumbré las ventanas, recordé que yo misma mandé que cerraran firmemente las contraventanas. Me acerqué y tiré de la barra metálica que las cerraba, se resistió pero golpeé mas fuerte, terminó cediendo y se abrió.
La luz irrumpió en el desván, miré a través de los cristales todo parecía estar desenfocado nada era igual que antes, el jardín y los árboles descuidados.
De repente experimenté una sensación de amenaza, un malestar. No podía comprender que me ocurría, sentí una fuerza maligna que me estaba amenazando.
Abandoné la habitación tambaleándome, una sensación de rabia y cólera hizo que quisiera golpear a Laura por todo lo ocurrido. Cerré la puerta y bajé a buscarla.
Cuando llegué frente a ella la cólera se fue tan rápidamente como había aparecido y se instaló en mí de nuevo la calma.
- Arriba no hay nada - comencé hablar.
- Pero yo he oído...
- Por favor, cariño; las dos estamos muy nerviosas y sin dormir, creo que tantas pastillas nos están pasando factura.
- Crees que me lo invento ¿verdad? - expreso con cara de ansiedad.
- No hay nadie, ni señales de pisadas, nada.
Vaciló mientras me observaba.
- No le das importancia Isabel, te juro que lo oí no lo inventó.
- Necesitamos descansar, esto nos esta superando, bajemos a desayunar un café nos despejará. No hay por qué preocuparse.
Pero intuía que si lo había, la sensación de amenaza fue real, por más que quería pensar que no lo era. Cuando la cólera me abandonó recordé el sitio donde aparecieron las niñas de las fotografías de José.

Decidí llamar a unos amigos, sin contarles lo ocurrido quería que se quedaran en casa con nosotras, no quería volver a pasar otra noche sola.
Curiosamente ni Laura ni yo pensamos en la posibilidad de irnos a un hotel o a la casa de algún amigo.
Pasamos un par de días con ellos en la casa, no volvimos a oír ni gritos ni pisadas, nada. Ambas conseguimos dormir un poco.
Al tercer día recibí un sobre a mi nombre, Laura había salido a comprar comida, era de José.
Contenía una breve nota y dos fotografías nuevas, la nota decía:
"Por favor, llámeme estas fotos las tomé el día que fui a visitarla. La primera fue tomada con lente normal, la segunda con teleobjetivo. Creo que ustedes están en peligro. Tenemos que hablar".
Cogí la foto marcada con el numero uno, era de la parte alta de la casa, la miré detenidamente.
Se me congeló la sangre cuando descubrí la inconfundible imagen de un rostro en la ventana del desván; la misma que yo abrí días antes.
Recogí la segunda imagen, el rostro de la fotografía no era el de la mujer morena, ni el de las niñas ni tan siquiera el de Irene.
Era la cara de Laura, pálida y fría, mirando fijamente hacia abajo como si lo hiciese desde una enorme altura.

Aquella noche cuando conseguí dormir un rato, en mis pesadillas se mezclaban las imágenes, las niñas, mi hija, Laura y la mujer morena.
Desperté sobresaltada, con un sueño inquieto poco antes de las tres, esta vez no fue un grito lo que me despertó de mis sueños sino algo mas maligno.
Laura dormía a mi lado. Sentí que tenía un peso enorme encima de mi, respirar me costaba mucho, los pensamientos comenzaron a ser difusos oía una tercera respiración a los pies de la cama seguramente. Con un enorme esfuerzo conseguí incorporarme sobre la almohada.
- ¿Quién esta ahí? - pregunté en un susurró.
Nadie habló pero la respiración seguía allí, intenté esforzar la vista pero solo había oscuridad, intenté encender la luz de la mesilla pulsé el interruptor varias veces pero no se encendía.
La sensación de amenaza volvió con mas fuerza, lo experimentaba de dos formas diferentes, al mismo tiempo era ser objeto de un odio e ira irracionales y horrendos con una fuerza increíble y por otro lado, yo misma experimentaba maldad y crueldad. El ahogo cada vez era más despiadado, impedía que respirara como si tuviese una enorme bolsa de basura impidiéndolo.
La oscuridad me oprimía despiadadamente, sofocándome aun más.
- Isa cariño ¿Qué ocurre?
Intenté responder, pero no articulaba palabras. Su voz parecía muy lejana y débil me costaba entender las palabras.
- ¿Estas bien? háblame por favor.
De pronto, una luz brillante estalló en mis ojos, los cerré con fuerza y volví a abrirlos, por un microsegundo pensé que había visto a alguien de pie delante mío, una mujer alta, morena y vestida de gris.
Comencé a respirar con bocanadas intentando hacer llegar aire desesperadamente a mis pulmones y oí ahora claramente la voz de Laura,
- Cariño ¿Qué pasa? ¿estas bien? dime algo por favor.
- No lo se - contesté como pude - una pesadilla no podía respirar, ya ha pasado tranquila, estoy mejor.
Pero no estaba bien, algo se había alojado en mi interior profundamente, una sensación rara e inexplicable.
Tenía la sensación de estar sucia, manchada por dentro.
Laura hizo ademán de abrazarme, pero con la mano rechacé su gesto, por su rostro vi que se sintió profundamente herida por mi desprecio; jamás antes lo había hecho pero no me importaba lo que pensará.
Pasamos el resto de la noche sin dormir ninguna de las dos, con las luces de la mesilla encendidas intentando leer pero sin hacerlo realmente.

Por la mañana lo primero que hice fue llamar a José para quedar con él para hablar, intuía que tenía mucho que contarme.
Al día siguiente nada más marcharse Laura, el fotógrafo llegó, mientras le observaba llegar por el sendero de entrada note como miraba nervioso en todas las direcciones, con su cámara colgada del cuello.
Nos saludamos y le ofrecí un café que rechazo.
Le relaté los incidentes de los días anteriores lo más claramente posible, me di cuenta de que sus ojos aumentaban de tamaño a medida que escuchaba mis palabras. Cuando terminé de hablar cogí las fotos que me había enviado por correo y comenté.
- Hay algo mas, relacionado con las fotos. Las niñas me han trastornado, es como si ya las conociera de antes, una sensación no deja de inquietarme.
Asintió.
- Verá revisando fotos de mi luna de miel en Grecia, de los viajes que realice con Laura antes de adoptar a Irene - expliqué mientras se las mostraba - que nota raro.
- Dios mío son las niñas y la mujer morena - gritó asustado el fotógrafo - es como si de siempre fueran con ustedes.
- Lo se resulta aterrador, pensar desde cuando vienen con nosotras.
- Me gustaría fotografiar toda la casa por dentro, tengo curiosidad por ver que sacamos de todo esto ¿Qué le parece?.
- Creo que es buena idea aunque el simple hecho me da miedo, hágalo.

Cogió su cámara y le acompañé por todas las habitaciones; fotografió las ventanas, puertas, pasillos, escaleras y cualquier sitio posible, gasto varios carretes. Observó. Escuchó.
En la habitación de Irene (todo estaba ya colocado desde el último incidente) cogió alguno de sus juguetes como intentando alguna especie de contacto.
- No me gusta esto - dijo con una voz que hizo que mis pelos se pusiesen de gallina - esto me da mala sensación, aquí no debería hacer tanto frío.
- El desván es aun peor - contesté.
- Vayamos allí.
Cogí la llave y abrí la puerta, noté como algo se metía dentro de mí.
- ¿Puede usted sentirlo?
Afirmó, incluso con las ventanas abiertas la sensación de oscuridad siniestra era obvia, las sombras profundas se cernían sobre los rincones de la habitación. Encendí la linterna y enfoqué hacia el techo, y allí donde no llegaba la luz todo seguía igual.
Comenzó a fotografiar todo, encuadraba, ajustaba la velocidad y el filtro adecuado para cada imagen.
- Dios mío - gritó en voz alta.
- ¿Qué pasa? ¿hay algo? - contesté alzando la voz.
- No lo se hay algo, por el amor de Dios tenemos que salir de aquí ahora...
- ¿Pero que ocurre? - quería saber el motivo de su miedo.
No me contestó porque ya estaba corriendo escaleras abajo, por instinto salí corriendo tras él cerrando con un portazo y echando la llave como queriendo evitar que lo que fuese que hubiese visto saliera de allí.

José estaba abajo en el salón apoyado contra la pared, pálido y tembloroso; yo pesé al frío sudaba copiosamente.
- Dígame que ha visto que le asustó tanto - inquirí.
Miró mis ojos verdes y con voz débil comenzó a decir:
- Yo estaba vivo, pero sentía que no vivía realmente, podía ver todo y oírlo pero no tocarlo. Existía algo a mi alrededor, solo se que veía mi muerte... una y otra vez. Pero era yo mismo quien me la producía, solo se que de repente sentí ganas de matar, necesidad de ello, para tranquilizar mi alma, si hubiéramos estado allí unos minutos más, le aseguro que la habría asesinado de una forma violenta y luego me habría suicidado sin sentir el menor remordimiento por ello.

Cuando por fin conseguimos tranquilizarnos lo suficiente para que él se marcharse. Después de varios tequilas, se llevó las fotos de mi luna de miel y de los viajes donde aparecían la mujer y las niñas, así como los carretes para revelarlos.
Lo más curioso del caso es que ni él me dijo que me fuera de la casa, ni a mi se me ocurre la idea de irme ¿Por qué será?
Mientras le observó marcharse por el camino, pienso en que al día siguiente buscaré un exorcista; igual esa es la solución a todos los problemas.

El resto del día transcurrió con calma, cuando llegó Laura, nos dedicamos a charlar sobre temas intrascendentes, ella no sabía nada de las fotos.
Sonó el teléfono, ambas leíamos o al menos lo intentábamos en el salón de la casa, era José había revelado las fotografías el tono de su voz era inestable, se veía que estaba borracho pero aún así el miedo se presentía al hablar con él.
- ¿Ha visto algo? - pregunté impaciente bajando la voz para que Laura no me escuchara.
- Por los dioses tiene que verlo usted - exclamó con pánico - estoy asustado por favor salgan de la casa, no me extraña que escuchasen pasos, no suban al desván y salgan rápidamente, se lo suplico.
- Maldita sea José que ha visto - grité por el auricular ya que el miedo del fotógrafo era contagioso, me olvide de que ella estaba allí.
- No se lo puedo explicar por teléfono, lo tiene que ver váyanse lo más rápido que sus pies se lo permitan, llámeme mañana por la mañana desde donde esté e iré a enseñarle las imágenes - colgó mientras yo seguía temblando con el teléfono de la mano.
Laura estaba a mi lado, asustada de verme tan pálida.
- ¿Qué pasa ahora Isa? - preguntó temerosa.
Sin entender porque algo me impedía correr fuera, salir de allí, algo me retenía en la casa.
Comencé a contar todo a Laura, lo de las fotografías y demás, la enseñé parte de las imágenes excepto en la que aparecía Irene en el medio de ambas y en la que ella estaba en la ventana del desván.
Creía que se horrorizaría y quería salir corriendo a casa de alguna amistad, pero solo esbozo una radiante sonrisa y dijo:
- Esta es adorable - señaló la foto de las dos niñas, donde estaban de la mano junto al columpio - han salido muy bien.
Me quedé petrificada, el corazón dejo de latirme durante un instante.
- ¿Ya habías visto las fotografías?
- No por supuesto que no, son las niñas que vienen a jugar al jardín. Son tan dulces que no tengo valor para echarlas, simplemente juegan.
Noté como el color abandonaba completamente mi cuerpo, un mareo se instaló en mi, ella siguió hablando.
- Lo único es que son un poco raras, visten tan antiguamente como si estuviesen disfrazadas, no me dicen donde viven ni donde están sus padres solo ríen y juegan. ¿Ocurre algo cariño? Estas demasiado pálida.
Decidí enseñarla la reproducción donde aparecía nuestra hija en el medio de ambas, en vez de persuadirla para que abandonase la casa parece ser que ver aquello hizo que sintiese una extraña paz espiritual.

Pensamos que lo mejor sería intentar dormir, yo no me encontraba demasiado bien. Laura en su afán de protegerme me abrazó mientras acariciaba mi cuerpo, la dejé hacer, no tenía fuerzas para nada.

Poco a poco me fui durmiendo, algo me sacudía el hombro sacándome de los brazos de Morfeo.
Somnolienta frotando mis ojos para ahuyentar el resto de mi descanso miré quien me había despertado.
- Sssssshhhhhh - hablo en un susurró Laura - escucha.
Todo estaba oscuro, la quietud crecía a mi alrededor, de repente oí lo que quería que escuchase el llanto de un bebé.
Mi mano agarró la suya, fuertemente, su voz se escucho fuerte y clara:
- Irene, puedes oírme ¿estas ah? - habló Laura intentando que la contestaran.
Los pelos de mi cuerpo se erizaron, el llanto cesó y un silencio en el que ni siquiera se oían nuestras respiraciones se instaló en el cuarto.
- Irene, amor mío, no tienes nada que temer somos tus madres, ¿estás aquí cariño?.
El sonido de unos sollozos ahogados, una respiración pesada, una absoluta oscuridad, tan rápidamente como pude di la luz.
Fue como si la necesitase, respiré intentando llenar mi cuerpo con aquella luminosidad... aspiré intentando absorber toda la luz que fuera posible.
De repente sentí un golpe, otro y otro más, miré y Laura estaba golpeándome con toda su furia.
- Maldita seas, maldita, maldita seas. Quiero matarte para que esto termine, si te mato las voces desaparecerán.
Sus puñetazos resultaban dolorosos, me lastimaba. Desesperada la sujete por los brazos como pude, iniciamos una pelea, su fuerza era descomunal.
Protegí mi cara con los brazos intentando que sus golpes me hicieran la menor mella posible pero resultaba prácticamente imposible.
Noté que mi nariz comenzaba a sangrar copiosamente igual que los labios, me debatía entre defenderme y golpearla o simplemente esperar a que todo eso pasase, no quería hacerla daño.
Finalmente notando que no pararía, golpeé como pude con mi rodilla en su estómago, conseguí agarrarla e inmovilizar sus manos.
Durante la pelea yo gritaba:
- Para Laura, por favor para, para, paraaaaa.
Pero estaba como poseída no oía, no me veía, sus ojos tenían expresión de puro odio.
Como vino su arrebato se fue.
La volví a mirar y en sus ojos no existía ya esa ira, esas ganas de hacerme daño.
Me miró y vio el daño que me había echo comenzando a comprender, la solté y empezó a llorar, yo hice lo mismo.
Nos abrazamos temiendo hablar, solo lloramos durante horas, terminamos exhaustas cayendo en un profundo sueño abrazadas la una a la otra.

Al día siguiente a primera hora, llamamos a José para que trajera las nuevas imágenes.
Le presenté a Laura, le expliqué que lo sabía todo, excepto la fotografía donde aparecía ella misma, le conté que veía a las niñas jugar en el jardín constantemente.
Mientras tomaba un café, fui directa al grano.
- ¿Qué había en el desván?
El hombre miró a todos los lados comenzando a ponerse pálido, la idea de volver allí no le hizo demasiada gracia.
Sacó un montón de fotografías de un sobre.
Al principio pensé que era un error no era en absoluto nuestro desván, era una habitación extraña muy grande. José me indicó que no había error era nuestro desván.
Cada fotografía era como si la decoración fuera cambiando poco a poco, en la siguiente las alfombras habían sido enrolladas y aparecían las dos niñas con la mujer gris al lado.
En las siguientes fotografías se veía a las niñas convirtiéndose poco a poco en demonios, degollándose mutuamente o comiéndose a la mujer morena, la cual miraba con expresión de profundo dolor a la cámara, intentando encontrar la salvación.
Eran imágenes escalofriantes, sangre y miembros por todo el suelo, las ganas de vomitar inundaron mi cuerpo y sin poder evitarlo vomité sobre el suelo mientras mi cuerpo se convulsionaba por las arcadas.
Laura miró las fotografías con una frialdad indescriptible, eso me asustó.
- Creo que la presencia poco a poco se esta haciendo no solo con el lugar sino con sus vidas, tenemos dos opciones en todo esto.
- ¿Cuáles? - pregunté mientras Laura me había traído un vaso de agua y había recogido la vomitona del suelo.
- La primera es coger lo poco que puedan salir de aquí rápidamente y mandar demoler la casa. Eso sería lo más sensato.
- ¿Y la otra? - aún intentaba superar el shock de las fotos.
- Subir al desván y terminar de una vez por todas con todo esto. Creo que allí radica el mal de todo esto.
Todos nos quedamos en silencio, analizando lo dispar de lo dicho por José, para mi sorpresa Laura fue la que habló primero:
- Si el alma de mi hija aún está aquí lo único que podemos hacer es subir e intentar que descanse en paz.
- Pero ¿estaremos seguras si subimos allí arriba? - pregunté reacia de hacerlo por miedo a lo que pudiese ocurrir.
- ¿Seguros? Quien sabe, lo que es seguro que sino subimos arriba esto podría no tener fin - explicó el fotógrafo convencido.
- No sería mejor averiguar algo sobre la casa, sus dueños anteriores, su estructura, cuando fue construida... - propuse torpemente.
- Toma aquí tienes toda la información sobre la mansión, no existe nada más en la Biblioteca Pública - dijo José mientras me entregaba una nueva carpeta con papeles.
Comencé a leer información sobre los alrededores de la casa, los terrenos fueron ocupados hace cientos de años por un templo construido en honor a un Dios, su nombre Dahan, tenía una serie de seguidores que lo veían como un dios único en la antigua Grecia.
Pero tal personaje, era más bien un ser del inframundo, al que algunos historiadores calificaban como demonio.

La Biología de los demonios es casi incomprensible. Los Demonios se manifiestan en una variedad desconcertante de formas, que van de monstruosidades a seres tiernamente bellos. No hay ninguna regla común entre la vida humana y vida demoníaca que no haya sido rota por algún demonio, son criaturas de desorden, e igual por su naturaleza buscan el dolor de los débiles.

Según los datos, existen cuatro tipos de demonios Machinae. Es la forma de vida Demoniaca más baja y normalmente son llamados "Artefactos Demoníacos"; Miles nacidos sólo para la guerra, son nada menos que temibles y a menudo horrorizan en extremo; Incubi están a cargo de incrementar a la raza Demoníaca. Buscan regar las semillas de descontento y podredumbre interior, atraen inocentes a su lado y los convierten en Demonios y por último Los Lores son los jefes de todos los Demonios. Normalmente son más grandes, más horrorizantes, y completamente más malos que otros Demonios. Cada uno manda su propio Infierno y otros miles de Demonios menores. Su misión es destruir totalmente a la raza humana.

Tragué saliva, sin entender porque el nombre de ese demonio sonaba demasiado familiar, a mi cabeza venían imágenes mías disfrazada con ropa desconocida en una especie de altar, mientras era alzada en el aire por algo extraño.
Dahan estaría en la categoría de Incubi, necesitaba afianzar su poder para convertirse en Lord y así mandaría su propio Tártaro.

La voz de Laura me trajo de nuevo al presente:
- Hagámoslo ya, por favor.
- Si será mejor que subamos cuanto antes - expresó José con cautela.
Lo hicimos en total y absoluto silencio, intentando oír algo arriba; lo único que escuchábamos eran nuestras propias pisadas.
Al abrir la puerta esperaba cualquier escena de horror, como en las fotografías, imaginaba personas degolladas, pensé que éramos estupidos al subir allí después de aquellas fotografías.
Entramos dentro, la luz diurna entraba por las ventanas abiertas.
Laura fue directamente a una pared de ladrillos al fondo, aparto los trastos viejos y golpeo con sus manos, parecía muy sólido.
José se acercó he hizo lo mismo, me extrañé de la aptitud de ambos, como entendiendo lo que hacían.
- Necesitamos algo para derribarlo - hablo el fotógrafo.
Inmediatamente Laura desapareció para aparecer unos minutos después con un enorme martillo y un pico que teníamos para las labores del jardín.
En un silencio incómodo comenzaron a golpear la pared, el yeso se desprendía e iba amontonándose en el suelo con trozos de ladrillo, yo sentía que no debía ayudar por eso dejé que ellos hicieran.
Poco a poco dejaron un hueco para que entrará una persona, cuando terminaron en la habitación había bastante polvo, los dos sudaban copiosamente.
Con la ayuda de un par de linternas alumbraron el interior de la habitación descubierta.
Se me heló la sangre al verlo.
Había paredes que relucían con el haz de la linterna, eran de un color rojo intenso, el color de la sangre.
En el medio de la inmensa habitación, había una piedra enorme en forma de altar, estaba rodeada por extrañas figuras de piedra.
- Yo ya he estado aquí - dijo Laura susurrante.
El tono de su voz produjo un escalofrío en mi cuerpo, sentí la necesidad de salir de allí rápidamente.
- Será mejor que bajemos, llevamos demasiado tiempo aquí y hace cada vez mas frío - comenté mientras tiritaba.
- Tiene razón - apoyó José - lo mejor será traer a alguien para que averigüe que es esta habitación.
Cuando comenzamos a salir de nuevo, la imagen de la mujer morena delante de mí, hizo que mi corazón se parara.
- Tranquila, solo quiero protegerte, vete de la casa antes de que sea tarde - su voz era tan familiar, tan cálida. Su palidez hacia que los ojos azules pareciesen tan vacíos, tan faltos de algo.
- Mama, no te vayas, sálvame - dijo la voz de Irene, aunque no veía su imagen. Mis ojos no se apartaban de la mujer morena.
- No la escuches, es Esperanza, huye Gabriel - volvió hablar la mujer morena mientras se desvanecía lentamente.
Su rostro, esos nombres, todo era tan familiar pero tan desconocido. Quería hacer caso a la mujer, pero mi hija quería que me quedase.
Poco a poco me estaban volviendo loca.
Sentí que me agitaban fuertemente, una voz de hombre me hablaba:
- Despierte, oiga despierte por favor, se encuentra bien - el fotógrafo me zarandeaba, abrí los ojos, ni siquiera supe que estaba inconsciente.
- Se desvaneció cuando salíamos del desván la bajamos entre Laura y yo como pudimos de allí ¿se encuentra mejor? - explicaba mientras Laura me ofrecía un vaso de agua fresca para que bebiese.
- Tenemos que irnos de la casa cariño - dije mientras bebía agua lentamente.
- ¿Por qué? - preguntó descontenta - tenemos que averiguar que le pasó a nuestra hija, nos quiere decir algo.
- Tenemos que irnos, antes de que sea peor - me sentía muy nerviosa por toda la situación, algo me indicaba que eso no terminaría nada bien.
- Creo que es mejor quedarse hasta descubrir que es - insistió Laura con cara de pocos amigos.
- Mira cariño, no creo que el altar de sacrificios que hemos visto en el desván sea algo para dejar pasar - intenté que comprendiera.
- He dicho que NO TE PUEDES IR - la voz salió de la boca de Laura, pero realmente no era su voz, un tono ronco y tenebroso que al escucharlo ponía el pelo de punta.
Me congelé de terror al mirar sus ojos completamente amarillos, su piel se torno de un rojo intenso y comenzaron a salir bultos por todo su cuerpo, un olor a pochedumbre se apoderó de toda la habitación.
Miré a José cuyo rostro de pánico al mirar a mi pareja dio fe de que tampoco sabía nada de la transformación demoníaca que estaba teniendo lugar.
Por un acto reflejo, agarró al fotógrafo y corrió con todas sus fuerzas hacia la puerta principal.
Al instante un ruido sordo hizo que la luz de la casa desapareciera quedando todo sumido en una oscuridad total.
La puerta no se abría.
Entre José y yo intentamos forzarla al ver que era inexpugnable, corrimos a tientas tropezando con todo, hacia donde estaban las ventanas.
Ladrillos, todo estaba tapado con ladrillos.
Una luz rojiza inundó todo, olor a carne quemada, podrida, producía verdaderas naúseas, nos tapamos la nariz con la mano como pudimos.
Temblábamos de miedo, encogidos y abrazados contra lo que antes era una ventana y ahora era una pared inquebrantable.
- No hay salida Gabrielle acepta tu destino - dijo la voz que ahora pertenecía a Laura.
- Déjanos salir, por favor, no queremos hacerte daño - contesté con un hilillo de voz, el nombre por el que me llamó era familiar.
- Ya es tarde, demasiado tarde, no puedes huir acéptalo no luches o será peor - respondió la voz mientras el ser en que se había convertido mi pareja apareció frente a nosotros.
De su cuerpo salían bichos, completamente lleno de bultos de pus y un olor tan fuerte que comenzamos a vomitar los dos, entre fuertes espasmos sentimos que éramos elevados por otra fuerza y ascendíamos lentamente hacia el desván.
- Nooooooo - grité intentando luchar contra esa fuerza invisible.
- Mamá, ven te quiero - dijo la dulce voz de Irene.
Su sonido me hizo tranquilizarme tenía que ayudarla, liberarla.
Busqué a José con la mirada ya no estaba, no se que habría sido de él.
En el desván fui colocada en el altar de sacrificios, no podía moverme, el olor volvió miré y allí estaba ese ser demoníaco.
- Lo que fue ha de volver a ser, el Dios Único Dahan reinará en un mundo de terror y caos, será el demonio de los demonios - sonó de nuevo la voz.
Una multitud de recuerdos de ese mismo momento vivido en el pasado llenaron mi mente, me vi a mi misma matando a una mujer mientras una enorme llama me mantenía en el vacío.
Recordé.
Me llamaba Gabrielle y mi afán por salvar al mundo de los dioses fue la causa de que quedara embarazada.
Irene apareció ante mi.
- Mami, ¿quieres jugar conmigo? - preguntó con su rostro angelical.
Lágrimas rodaban por mis mejillas al mirarla y pensar en lo mucho que la echaba de menos.
- Sangre de un inocente -dijo de nuevo la voz del demonio.
De repente mi mano fue soltada del altar, un puñal apareció en ella.
El instinto de matar penetró hasta mis entrañas; un odio irracional hacia todo ser vivo, el poder de tener su vida en mis manos, la decisión de hacer que dejase de respirar.
El puñal fue dirigido hacia la niña, mi hija.
Asesté una puñalada, otra y otra, con intención de hacer el mayor daño posible.
Irene me miró, su cara y sus ojos eran la expresión de la inocencia en su estado más puro.
- NOOOOOOOOOOOOOOO - me escuche gritando - NOOOOOOOOOOOOOOOOO.
Volví a estar amarrada en el altar de piedra, quería morir, había asesinado a una persona a mi hija.
Una serie de palabras en un extraño idioma comenzaron a ser cantadas por las dos niñas de las fotos y el demoníaco ser.
La transformación de las niñas en los monstruos de las fotos comenzó.
Quería desmayarme, morir por el dolor que sentía mi cuerpo, pero no me lo permitían. Algo no lo hacía.
El cuerpo inerte de Irene yacía a los pies desangrándose lentamente, los seres cogieron parte de su sangre y la echaron sobre mi cuerpo.
Todo comenzó a temblar, o quizás solo yo, pero por defecto al moverme parecía que todo se desplazaba conmigo.
La mujer morena de las fotografías apareció vestida de cuero con un extraño circulo plateado en su mano, los demonios entre ellos lo que antes fue Laura, comenzaron a luchar contra ella.
Xena.
Su nombre vino a mi mente así como otro sinfín de recuerdos del pasado que llenaron mi mente.
- Xena nooo, huye - escuche mi voz, mientras miraba a la mujer morena.
Creí ver que en una milésima de segundo me miraba y sonreía para volver a la lucha encarnizada con los monstruos.
Intenté liberarme pero revivía el horror de la muerte de mi hija por mi odio, y desistía del intento inmediatamente.
- Gabrielle es una trampa, tu no la has matado, ella ya estaba muerta era un fantasma - gritó la morena - lucha contra Dahan sino lo de Hope se repetirá, lucha.
Sus palabras sonaban tan recientes, era como si acabase de pasar, cogí confianza y decidí seguir sus indicaciones.
Comencé a luchar, forcejeé, me negué a morir de aquella forma.
Volví mirar la lucha encarnizada que mantenía Xena con los demonios, ya solo quedaba Laura con vida.
Oía los gritos de la pelea, y me esforcé en soltarme para ayudar, por un lado no quería hacer daño a Laura pero estaba claro que esa no era ella, puede que a veces tuviera su mal carácter y sus cosas pero un demonio...
Sentí que era elevada de nuevo por una enorme llama que no quemaba.
- Otra vez no, Dahan - volví a escuchar mi voz, parecía que iba de por libre y no actuaba bajo la parte del cerebro que en ese momento parecía regir mi cuerpo.
Algo me agarró en el aire caímos en el suelo, mientras lanzaba el objeto dorado contra la llama, por un instante eterno nos miramos a los ojos ahí en el suelo ella debajo y yo encima mientras todo se derrumbaba a mi alrededor.
Nuestros labios se unieron, la sensación de plenitud y de amor invadió todos mis sentidos, superó a la razón y a la vida.
Me sentí de nuevo completa.
De repente y sin mediar palabra comenzó a evaporarse.
- Nooooo, otra vez no por favor, no me dejes Xena, te quiero - de nuevo la voz que salía de mi pero yo no recordaba querer decir eso.
- Siempre estaré aquí, a tu lado - dijo mientras desaparecía lentamente.
Mi mano y su mano antes unidas, intentaron de nuevo agarrarse pero el estado nebuloso de la morena lo impedía.
La habitación seguía derrumbándose a marchar forzadas, consciente de ello me levanté y corrí rápidamente hacia la salida.
- No es tan fácil matarme, Gabrielle - dijo el demonio de Laura de nuevo frente a la puerta - soy Dahan y...
Un enorme trozo de pared cayó sobre él, ella o lo que fuese en ese instante.
Miré hacia arriba y ví la cara de Xena con una enorme sonrisa, me guiñó un ojo.
- Gracias - murmuré.
Corrí más rápido hacia el exterior, y fuera de esa maldita casa, decidí quemarla en cuanto hubiese salido.
Escapé sin problemas, fui hacia la casita auxiliar donde guardábamos casi de todo cogí todos los trapos viejos los rocié con la gasolina del cortacésped y prendí fuego a un montón de madera, rápidamente comenzó el incendio, me aparté de allí para ver desde lejos como ardía aquel horrible lugar.
Poco a poco fue pasto de las llamas.
De repente el cansancio acumulado por meses se apoderó de mi cuerpo, necesitaba tumbarme ya.
Me tumbé en el camino, fuera de la casa; mientras observaba como iba derrumbándose poco a poco.
Era raro, que aún no apareciese ningún vecino histérico, no sabía como iba a explicar aquello, pero algo pensaré.
Lentamente dejé que Morfeo me atrapase en sus brazos mientras el sueño llegaba.

Comencé a despertar, estaba en algo mullido y cómodo ¿un colchón?
Estiré mis brazos parecía que hubiese dormido mucho.
Laura estaba sentada al lado de mi cama, miraba sonriente.
- Cariño ya te has despertado - dijo con su tono de voz normal - te golpeaste en la ducha.
Grité asustada intentando huir de ella.
Rápidamente entró una enfermera y un médico, debía estar en un hospital.
- Tranquila Isabel, enfermera dos miligramos de epinefrina, sufrió un golpe en la cabeza mientras paseaba por un parque con Laura después de su exposición de pintura, ha estado inconsciente una semana ¿Cómo se encuentra?
La información me turbó, hacia aproximadamente un año que realmente no exponía nada. ¿Qué ocurría allí? ¿una pesadilla? Comenzaba a marearme.
- ¿Dónde está Irene? - pregunté en un susurro.
- ¿Quién? - contestó Laura mirándome extrañada por ese nombre.
- Nuestra hija - volví a contestar.
El doctor y Laura se miraron, pensaban que deliraba o quizás que estaba loca.
Igual lo estaba y ni yo lo sabía.
Un agudo dolor de cabeza hizo que deseara volver a dormir, la inyección que habían puesto a mi brazo comenzó hacer el efecto sedante deseado.

Volví a despertar, la habitación estaba con poca luz, estiré mi brazo despidiendo los rastros de sueño.
Mire a mi alrededor, en una silla reclinable estaba Laura, dormía.
Observé su rostro, todo lo que había pasado en esos días fue una horrible pesadilla, ella estaba allí viva.
Me golpeé la cabeza saliendo de la última exposición y soñé todo.
Cada vez era más raro, dejé de pensar en todo ya que tenía de nuevo un dolor de cabeza por su causa.
Laura se despertó.
- Mmmm ¿te encuentras mejor cariño? - preguntó con tono tierno.
- Creo que si - respondí mientras se aproximaba a la cama agarrando mi mano.
- Me alegro - volvió hablar de la misma forma.
- ¿Quieres contarme que paso exactamente por favor? No recuerdo todos los detalles aun - dije para aclarar un poco las ideas.
- Claro, verás salíamos de tu exposición en la Sala de Arte Monet, un rotundo éxito como todas las anteriores, vendiste todos los cuadros decidimos volver a casa andando, yo comenté que hasta el centro teníamos un kilómetro pero no te importó querías pasear. Llegamos al parque para hacerle más grato, te empeñaste en subirte en un banco como cuando eras niña hacer equilibrio en el borde del mismo, te reñí pero como siempre me ignoraste, comenzantes hacer el tonto cuando quise reaccionar estabas en el suelo, sangrando, te golpeaste contra un muro de piedra rápidamente pedí ayuda y te traje al hospital, realmente fue un susto de muerte el que me díste - terminó con lágrimas en sus ojos e inclinándose para abrazarme.
Nos dimos un beso en los labios, simple pero cargado de romanticismo y promesas futuras.
- Lo siento - dije sin recordar lo ocurrido como lo contaba, pero sintiéndome culpable por su preocupación.
- No seas tonta, fue un accidente - añadió en mi oído mientras seguíamos abrazadas - ponte bien y volvamos a casa ¿de acuerdo?.
- Si, quiero volver a casa y olvidar todo esto ahora que ha terminado- añadí dando un significado mas profundo de lo que realmente parecía a mis palabras, había tanto que olvidar, seguro que necesitara la ayuda de algún psicólogo.
Quizás podría pintar algo de todo eso, dicen que deprimido se pintan tus mejores obras... aunque también se escriben las mejores notas de suicidio.
La enfermera entró a traerme la medicina, terminamos el abrazo y Laura regresó a su sitio en el sillón.
Quizás fue un reflejo de la luz, quizás fue mi imaginación, quizás soñaba que soñaba dentro de un mismo sueño ¿¿??... no lo se, pero en el cristal de la ventana que daba al exterior, lo vi claramente reflejado, su rostro dejó de ser el de Laura para adquirir su aspecto mas demoníaco.
Seguramente jamás estuviera libre de aquel infierno, pero después de aquello morir no parecía mala idea.

FIN


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