Observaciones: Para no cansarles demasiado no repetiré lo mismo nuevamente, dándose todo el mundo por enterado con sólo leer los disclaimers anteriores. Esta es la parte final de la historia y se la dedico a todo aquel que se anime a leerla. Como siempre para cualquier comentario sea del carácter que sea pueden escribirme a niraff2004@yahoo.es. Un abrazo.


ENTRE NOSOTRAS

Por Nira

Capítulo XX: Despertar

Hacía algún tiempo que Laura le había dejado un juego de llaves aunque nunca pensó que necesitaría usarlo tan pronto. Miró por toda la casa sin resultado al tiempo que la llamaba, cuando se daba por vencida escuchó el ruido del agua y se acordó de la piscina. Abrió la gran puerta corredera a través de cuyo cristal pudo comprobar que Laura nadaba con fuerza de un lado a otro.

Se sentó en una de las tumbonas a observarla, tenía que estar sufriendo por todo lo que había pasado, tal y como se lo demostraron, las lágrimas y los sollozos que escuchó a través del teléfono cuando hablaron hacia algo menos de una hora. Le había dicho que necesitaba estar sola algo imposible de cumplir después de oírla llorar de aquella manera.

Laura permanecía de pie en la piscina y con la cabeza apoyada sobre los brazos que cruzaba en uno de los bordes laterales. No podía verle la cara pero era obvio que lloraba, se levantó y se colocó en cuclillas frente a ella comprobando que ya sabía que estaba allí.

- Hola cariño.
- Hola Mari - logró decir.
- Deberías salir de la piscina, tenemos que hablar, ¿vale?

La voz de María era suave pero firme y Laura entendió que más que una sugerencia era una orden, cuando subió las escalerillas ya la mujer mayor la esperaba con la toalla en la que se envolvió recibiendo un cálido abrazo que la acompañó hacia una de las tumbonas. Laura se sentó y María hizo lo mismo a su lado.

- ¿Cómo estás, mi cielo?
- No lo sé, una parte de mi quiere hablar con ella e intentar arreglarlo, luchar para no perderla...
- ¿Y qué dice la otra parte?
- Que es mejor así, que en realidad nunca la he tenido.
- Pues yo creo que ahora es más tuya que nunca.

Laura la miró sin entender nada pero la sonrisa amable de María le demostró que no hablaba en vano.

- ¿Cómo puedes decir eso?
- Porque lo sé - le acariciaba la cara aún mojada que la miraba extrañada - Escucha, cuando colgué el teléfono tras hablar contigo mi idea era venir aquí corriendo y obligarte a olvidarla de una vez, ella no te merece y lo que te hizo fue una guarrada.
- ¿Y qué ha pasado?
- Vino a verme.

Laura se levantó y soltando la toalla la miró fijamente.

- Fue... a verte - hablaba de manera entrecortada intentando contener la rabia que de repente sentía - A ti... fue a verte... a ti.
- Sí - María la miraba esperando que saltase de un momento a otro.
- ¿Y para qué fue a verte si puede saberse?, para decirte que me pegó delante de todo el mundo, para justificarse... ¿por qué no vino a pedirme perdón a mi?... ¡¡¡Eso era lo mínimo que podía hacer!!!
- ¿Quieres sentarte y calmarte?
- ¿Calmarme?... ¡¡He estado demasiado calmada!!... ese ha sido mi error.
- ¡¡Laura...siéntate!!

Era la primera vez que María le gritaba y sólo pudo obedecerla, al fin y al cabo quería oír toda la historia pero necesitaba calmar un poco la rabia que sentía por dentro.

- ¿Ya?, ¿estás mejor?

María la miró fijamente y al comprobar que estaba más calmada la rodeó con su brazo y le habló suavemente.

- Escúchame, vino a contarme lo que ya tú me habías contado, exactamente lo mismo, al principio no quise ni escucharla pero era suficiente verle la cara para comprobar lo avergonzada y asustada que estaba.
- ¿Asustada?
- Sí, asustada porque su cobardía había conseguido que finalmente te pierda.
- ¿Y qué te dijo?
- Me explicó que ha hablado con todos.
- ¿Quiénes son todos?
- Todos son todos, sus amigos y su familia.
- Ja... eso sí que no me lo creo.
- Anoche mismo se lo dijo a tus amigos cuando te fuiste.
- ¿Y cómo se lo tomaron?
- Por lo visto estaban un poco confundidos, ella te había pegado delante de todos, y les cogió por sorpresa que pudiera sentir algo sí por ti pero acabarán aceptándolo.
- Es lo que siempre le dije.
- Lo sé, y yo - le sonrió y apretó el abrazo al ver la tristeza en la cara de Laura - Todo habría sido más sencillo si me hubiera echo caso.
- Como siempre - Laura la miró y le dio un gran beso en la mejilla - Gracias por estar conmigo, te quiero mucho.
- Yo también te quiero cariño, eres mi hija adoptiva, no lo olvides.
- No lo olvido, créeme... ¿y su familia?
- ¿Su familia?, creo que ahora mismo está hablando con ellos, no quería llegar anoche y contárselo.
- ¿Pero qué les está contando?
- Que eres su novia.
- Debería decirles sólo que es gay.
- ¿No vas a volver con ella?
- Así no, desde luego... ¿pero qué cree que con contarlo todo se arregla?... ¿y qué hay de mí, de lo que yo siento?... ¡¿es qué ni siquiera me va a preguntar?!
- Ahora mismo no creo que tenga fuerzas para hablar contigo.
- ¡Pues anoche bien que tuvo fuerzas para pegarme!
- No digo que no tengas razón pero deberías al menos escucharla.
- Lo haría si viniese hablar conmigo... pero veo que no se atreve, te manda a ti de mensajera.
- ¡Oye niña, que a mí nadie me manda a nada! ¡Ni siquiera Pepe!

Al recordar la calma y la nobleza que siempre mostraba Pepe y como le volvía loco María, en todos los sentidos, Laura no pudo más que reír y María se unió a ella.

- El pobre de Pepe ya tiene reservado un trocito de cielo - sonrió.
- ¡Y qué lo digas!
- ¿Crees que debo hablar con ella? - la miró volviendo a la seriedad de antes - Es que no sé si quiero.
- No sé si debes hablar tú con ella pero al menos debes escucharla... me ha dado algo para ti.

Laura la miró extrañada y vio como María sacaba del bolso que había dejado en la otra tumbona un sobre.

- Me dio esto para ti.
- A ver si lo entiendo... ¿me ha escrito una carta?
- Eso parece.
- ¡¿Y así es como piensa solucionarlo?!, vamos que leo esto y salgo corriendo a buscarla - sonrió irónicamente.
- Laura, tú sólo léela.
- Vale, pero ya deberá escribir bien.
- Pero léela a solas, es algo muy privado... - María se levantó y cogió su bolso - Y hazlo con el corazón tal y como Marta lo ha escrito.

Le dio un fuerte beso en la cabeza despidiéndose de ella y dejando a una desconcertada Laura sentada en la tumbona con el sobre en sus manos. Así permaneció un largo rato sin saber qué hacer, finalmente subió a su habitación sin saber muy bien porqué y se acostó sobre la cama pensando en las palabras que María le había dicho, debía leer la carta con el corazón pero su corazón estaba en estos momentos destrozado y por causa de la persona que había escrito aquella carta. Ahora no podía hacerlo, necesitaba calmarse.

*****

- ¡¡¿Se puede saber de qué estás hablando?!! ¡¡No, tú no te quedas aquí ni un minuto más!! ¡¡Se acabó!! ¡Ahora mismo voy a llamar a tu padre y que te coja cita con el psiquiatra que conoce, y punto!

La voz de su madre sonaba rotunda pero ya no le afectaba igual, finalmente lo había dicho y se había dado cuenta que no necesitaba el permiso de nadie, no era eso lo que buscaba, ni tampoco una felicitación, sólo buscaba la esperanza de no perder el amor que siempre había recibido de sus padres. En alguna parte había leído que el amor de una madre era incondicional pero no era verdad, había una cláusula en aquel contrato, una letra pequeña que nadie se molestaba en leer. Existe una condición y dos y tres pero nadie habla de ello en ningún artículo, es políticamente incorrecto.

- No pretendo que lo entiendas ahora, mamá.
- ¡¿Y qué pretendes?!, ¡¿matarme?!, te lo hemos dado todo y más, ¿por qué nos haces esto?, ¿en qué he fallado?
- No hago nada, mamá, y eso es lo que quiero que entiendas, simplemente soy así.
- ¿Eres así?, ¿y desde cuándo?
- Desde siempre.

La voz de su hermano sorprendió a ambas, durante toda la conversación había permanecido de pie sin moverse ni un ápice y apoyado en la pared con una expresión seria en su cara.

- ¿Pero es qué tu lo sabías?, ¡¿tú sabías esto y no dijiste nada?!
- No me correspondía a mi decirlo.
- Tú no podías saber nada.
- ¿Te sorprende, verdad?, te conozco mejor de lo que piensas y es obvio que pasaba algo entre ustedes.
- ¡¿Cómo?! - la madre no salía de su asombro y parecía que le fuera a dar un infarto.
- Mamá tranquila, por favor, acuéstate vale, respira tranquila - Marta trataba en vano de calmarla, algo que resultaba en estos momentos imposible para ninguno de los hermanos.
- ¿Qué has querido decir con eso? - miraba directamente a su hijo.
- Quiero decir que es novia de su jefa.

Aquello fue suficiente para los nervios de su madre que acabó desmayándose y cayendo sobre el sofá, dónde la acostaron dándole aire, mientras Marta no dejaba de mirar a su hermano extrañada, ¿cómo lo sabía?

- No me mires así, ¿te crees que soy tonto?
- ¿Cómo lo has sabido?, he intentado ocultarlo por todos los medios.
- ¿Ah sí? - su hermano se rió - Olvidaste un pequeño detalle - sonrió mirando el contestador que descansaba sobre la mesita del salón.

*****

El tiempo que había permanecido en la bañera le había echo recordar la primera vez que hiciera el amor con Marta, volvió a revivir el cúmulo de sensaciones que se apoderó de ella aquel día, el más feliz de su vida, aquella tarde se había sentido más viva que nunca y lo que era más importante se había enamorado completamente, más de lo que ya estaba. Se había entregado a ella en cuerpo, alma y corazón.

Sentada en la cama no pudo aguantar más y abrió el sobre extrayendo de él la ansiada carta, la abrió y sólo ver su letra hizo que su corazón palpitase antes de pararse con sólo leer la primera línea.

Te quiero y te amo como nunca lo había echo, mi corazón se alimenta de tus latidos y no tengo vida si no estás conmigo. No sabes cómo luché por poder decirte estas palabras, por deshacer el nudo que una y otra vez se formaba en mi garganta, pero sólo te lo podía decir a través de mi cuerpo con mis caricias y mis besos. ¿Qué siento cuando hago el amor contigo?, en esto no te mentí, no sé explicarlo con palabras sólo sé que con cada caricia tuya me enamoraba más y más de ti, porque eso es lo que siento por ti amor, algo tan sencillo y que yo compliqué tanto.

No sé como pedirte perdón y ni siquiera sé si tengo derecho, ojalá pudiera controlar el tiempo y volver a ese momento devolverte el beso en vez de ensuciarlo, y lo haría, ahora sé que lo haría. Me has hecho el mayor favor que podías hacerme y yo no supe darme cuenta, o quizás sí pero tardé demasiado, he tardado demasiado y te he perdido. Pero es aún peor haberte echo daño, has sufrido tanto por mi y yo no he sabido verlo.

No sé lo que sentirás por mi en estos momentos pero yo sólo siento que te amo, te quiero tanto que me duele todo el cuerpo por no sentirte cerca, te amo tanto que mi corazón ya no me pertenece es todo tuyo, sólo tuyo. Dios mío, perdóname, Laura, sé que no lo merezco, que te he fallado, pero he enmendado mi error, ya todos lo saben, he hablado con tanta gente que hasta estoy pensando en poner un anuncio, y lo haría, de verdad que lo haría si tu me lo pidieras, ya no tengo miedo Laura, el único miedo es que ya no vuelvas a quererme. Si es así, entonces seré yo la que ofrezca tiempo, la que te dará todo el tiempo que tenga en este mundo y te esperaré, te esperaré siempre.

Te amo,
Marta

No sabía cuantas veces había leído cada una de aquellas palabras sólo que cada vez sentía con más fuerza la necesidad de volver a verla, todo lo que había pasado le había dolido pero peor era el dolor de no tenerla cerca y más ahora cuando todo parecía haberse solucionado, cuando ella le había abierto su corazón y su alma, sin engaños.

Sin darse tiempo a pensarlo ya se había vestido y se ponía los zapatos mientras se dirigía dando saltos hacia la puerta principal, sin embargo, el sonido del teléfono la hizo dudar un instante hasta que finalmente pudo con ella y se dirigió hacia el sofá.

- ¿Diga?
- ¿Laura?

Una voz familiar pero que no conseguía identificar sonó al otro lado.

- Sí, ¿quién es?
- Soy yo, Dácil.
- ¡Dácil!, qué sorpresa.
- Sí, escucha no tengo mucho tiempo.
- ¿Qué pasa?
- Escucha, ¿te acuerdas que hoy me iba a Tenerife, verdad?
- Sí, a lo de la boda y a ver a tu novia.
- Exacto, pues Marta se viene conmigo.
- ¡¿Qué?!
- Sí, ya lo sé, a mí también me ha cogido por sorpresa, bueno en realidad no tanto porque al fin y al cabo la he invitado yo, pero vamos que me extrañó que aceptase yo sólo se lo dije para animarla y ahora...
- ¿Quieres ir al grano?
- ¡Pero si la que tiene prisa soy yo!, vale, el caso es que está conmigo y se viene a la boda de Dani, vamos a coger el avión, he aprovechado que se fue al baño para llamarte.
- Pensaba ir a hablar con ella.
- ¿De verdad? - Dácil sonreía.
- Sí, he leído su carta y...
- ¿La quieres?
- Sí, pero...
- Coge papel y lápiz y apunta... y rápido que viene.

Apuntó lo más deprisa que pudo la dirección que le indicaba Dácil.

- ¿La tienes?
- Sí.
- Pues allí se hace el banquete, son buenos amigos míos así que les explicaré la situación por si te decides.
- ¿Pero es qué quieres que me presente allí?
- ¿Yo?, tú haz lo que... que sí mamá, que ya sale el vuelo.
- ¿Ya está ahí?
- Sí, tengo que dejarte yo le doy recuerdos a todos.
- No sé que hacer.
- Bueno nos vamos... sí, me dan un poquito de miedo ya lo sabes pero... hay que coger el toro por los cuernos si no, uno no se mueve nunca.
- Vale... iré.
- ¿Cómo dices?
- Que sí, que voy.
- Vale, me alegro un montón... te quiero mamá, adiós.
- Adiós mi hijita y no me bebas, llámame cuando llegues - se burló Laura.


Capítulo XXI: Un nuevo camino

Colgó el teléfono mientras la cabeza le daba mil vueltas, las palabras de Dácil retumbaban en su cabeza, subió corriendo escaleras y se dirigió a su cuarto, abrió el armario y sacó la maleta que guardaba en la parte alta. La abrió y comenzó a sacar ropa de su armario y a meterla directamente en la citada maleta.

- ¿Pero qué estoy haciendo? - pensó en voz alta - Ni siquiera tengo pasaje y, además, para que llevo ropa, tengo un motón en mi apartamento de Santa Cruz... a ver, tengo que calmarme y pensar con claridad... ¿a qué hora era el banquete?, a las nueve y son... ¡Las cuatro de la tarde!, que va no voy a llegar.
Se sentó sobre la cama y cogió aire para tranquilizar los nervios que comenzaban a hacer de las suyas.

- Vale, organización, lo primero son los pasajes, llamaré a la agencia y que sea lo que dios quiera... o mejor, me voy directa al aeropuerto a ver que encuentro, llevo el coche y lo dejo en el aparcamiento ya lo recogeré cuando vuelva, eso, me visto y salgo para allá.

Se vistió todo lo deprisa que pudo sin pensarlo demasiado, al fin y al cabo, ella no iba a la boda sólo en busca de Marta. Bajó al garaje y sacó el coche no sin antes comprobar que todo quedaba bien cerrado. Conducía por la larga carretera sin otro pensamiento en la cabeza que no fuera Marta.

*****

Era imposible llegar a tiempo para la ceremonia religiosa, había empezado hacía quince minutos y aún les quedaba una hora de camino. Marta intentaba arreglarse un poco el maquillaje mientras Dácil conducía atenta a las señales para no despistarse. Mientras se miraba en el pequeño espejo su mente volvía una y otra vez a la noche anterior, recordaba con exactitud los ojos de Laura y su expresión entre confusión, sorpresa y vergüenza, tras aquel beso, no entendía cómo había podido hacerlo, sólo había sido un beso y aún con rabia seguían siendo sus dulces labios.

Sintió que una lágrima amenazaba con derramarse pero antes de que sucediera se giró para ver a Dácil centrada en la carretera y comenzó a hablar con ella.

- ¿Estás segura de conocer el camino? - preguntó Marta.
- Creo que sí, de todas formas está bien señalizado.
- Es la primera vez que estoy en esta parte de Tenerife. Es diferente pero el paisaje sigue siendo una maravilla.
- Espera a ver Masca y la zona de Teno.
- ¿Lo vamos a ver hoy?
- Hoy no pero ya te llevaré algún día - dijo Dácil sonriendo.
- Gracias por invitarme, Dácil, me hacía falta salir de allí.
- Siento lo que ha pasado con Laura.
- Ha sido culpa mía.
- Y tanto - la miró un instante - Perdona que te lo diga pero es la verdad, creo que te ha hecho un favor y aún no lo sabes.
- Lo sé, créeme. Por fin he podido hablar con mis padres, bueno sólo con mi madre y con mi hermano. ¿Sabes que él lo sabía?
- ¿Cómo podía saberlo?
- Al parecer tuve un descuido con el contestador - se rió al pensarlo - Aunque eso sólo se lo confirmó, supongo que me conoce mejor de lo que yo pensaba.
- Suele pasar - sonrió Dácil.
- Sin embargo, le echo daño, Dácil.
- Tienes que hablar con ella.
- Lo sé.
- ¿Sabe dónde estás? - disimuló.
- No tiene ni idea. Le dejé una carta explicándoselo todo, incluso le pedí disculpas.
- ¿Qué le dices en esa carta?, si se puede saber, claro.
- Le he abierto mi corazón y espero que aún esté a tiempo. Le digo cuanto la amo, no podría vivir sin ella, ¿sabes?, la sola idea de pensarlo me vuelve loca.
- Creo que sé como te sientes.
- ¿No estás nerviosa?
- Yo, no, ¿por qué? - apartó la vista de la carretera un segundo para mirarla de reojo - Estoy histérica, me muero por volver a verla.
- ¿Sabes qué le dirás?
- Lo llevo pensando todo el viaje, pero es inútil. Sé que cuando la tenga frente a mí, no voy a poder decir ni la cuarta parte de lo que he pensado.
- Tengo ganas de conocerla.
- Y yo de que la conozcas.
- ¿Crees que he hecho bien viniendo? Debería haberme quedado con Laura, intentar hablar con ella en vez de dejarle sólo una carta.
- No le des más vueltas, sólo será un fin de semana, el lunes ya estarás allí otra vez.
- Tienes razón, supongo - de repente, las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.
- ¡Eh!, ¿qué te pasa? - Dácil la cogió de la mano.
- ¿Cómo pude abofetearla?, soy una cobarde.
- Siento decirte que en eso tienes razón.
- No supe reaccionar, estaba allí en la fiesta de Jaime con todos los demás. La llevé como a una amiga más y, de repente, me da un tremendo beso delante de todos. Sentí el silencio a mi alrededor. Sólo pude fingir que a mí no me gustó, que yo no era así. - sollozaba mientras hablaba - Fui una cobarde, una imbécil cobarde.
- Pero te diste cuenta de eso, al final lo confesaste. Todas pasamos por algo así, tarde o temprano, ¿sabes?
- Ya, pero ella no estaba allí para verme o para oírme, salió sin decir nada, sin correr, caminando normal. Eso me demostró lo que le había dolido.
- Tranquila, ya verás como todo saldrá bien.
- No lo sé, Dácil - el llanto se hizo más fuerte.
- ¿Qué pasó con tu familia?
- Aún es pronto, tendrán que acostumbrarse poco a poco - sollozó - No sé si aún me quiere.
- ¿Cómo no te va a querer?, le costará un poco pero acabará perdonándote. Ella está loca por ti y es una buena persona.
- Si que lo es para aguantar todo lo que le echo pasar, tiene un corazón de oro - había admiración en la voz de Marta.
- Oye, ¿qué decía ese cartel?
- ¿Cuál? - Marta abrió los ojos y empezó a mirar a un lado y al otro de la carretera.
- Espero estar en el camino correcto.
- ¿Qué hora es?. Ya está anocheciendo.
- Ya habrá terminado la ceremonia, tendremos que ir directamente a la casa - dijo Dácil con resignación.

*****

La chica del mostrador se disculpaba pues no podía encontrar billete en los próximos vuelos, hasta el día siguiente estaba todo completo. Laura estaba desesperada y ya no sabía dónde acudir, le dio las gracias y se sentó en una de las sillas formaba parte de la larga hilera dispuestas justo en frente de la gran pantalla dónde se marcaban los vuelos que llegaban o salían.

- Hola.

Se sobresaltó al escuchar una voz masculina a sus espaldas y más aún al reconocerla.

- ¡David!
- El mismo, eres la última persona que esperaba encontrar aquí.
- ¿Yo?, pues lo mismo te digo.

Se levantó con ánimo de saludarle con un beso a su memoria volvió la última conversación que habían mantenido y cómo había perdido su amistad.

- ¿Cómo estás? - le preguntó David adelantándose.
- Bien, bueno, en realidad, un poco desesperada.
- ¿Desesperada?
- Sí, tengo que coger un vuelo para Tenerife lo antes posible pero no hay manera.
- Vaya, yo me iba para allá.
- ¿En serio?
- Sí... ¿y cómo está Marta?
- David, no sabes lo que siento todo lo que pasó, he estado a punto de llamarte un par de veces pero supuse que no querías saber de mi.
- Al principio así era pero ahora las cosas han cambiado, en realidad, esperaba poder hablar contigo pero aunque te he llamado nunca estabas.
- Lo siento, he estado un poco liada... ¿de verdad me has llamado?
- Sí, ¿ha pasado algo?, te noto algo nerviosa.
- Ha pasado de todo en realidad.
- Pues ya somos dos.
- ¿En serio?
- ¿Quieres que tomemos algo?
- ¿A qué hora sale tu vuelo?
- Dentro de hora y media, tenemos tiempo de sobra, no te preocupes.
- Tú quizás sí, pero yo no puedo, tengo que conseguir un vuelo.
- Eh, si digo que hay tiempo, es que hay tiempo, anda vamos.

David le acababa de guiñar un ojo y era como si volviese a ser el mismo amigo que siempre había sido, al tiempo que se daba cuenta de lo mucho que le había echado de menos. Su corazón se acababa de llenar con una nueva esperanza.

*****

- ¡Aja!. Ya hemos llegado - dijo Dácil, feliz por haber localizado la casa.
- Y sólo hemos tardado unas dos horas - dijo Marta con sarcasmo - Lo tuyo no es tomar notas, ¿eh?
- ¿Hemos llegado o no? - le contestó sonriendo - Venga, no perdamos más tiempo.
- ¿Tienes prisa?
- ¿Tú qué crees?, me muero por verla.

Salieron del coche y caminaron un poco hasta llegar a la puerta principal. Toda la carretera estaba plagada de coches aparcados a ambos lados, así que tuvieron que dejar el coche unos metros más atrás.

- Dácil, yo aquí no conozco a nadie, ¿qué hago cuándo estés con Tania? - le preguntó la rubia algo nerviosa.
- Tranquila, no estarás sola - "Espero habérselo explicado mejor a la jefa. Si no, no encontrará nunca este lugar" - pensó Dácil sonriendo.
- ¿Por qué sonríes así?
- Mujer, voy a ver a Tania.
- ¡Ey!, ¡Las rubias! - la voz de Daniela sonó alta y radiante.

Ambas se giraron sorprendidas y vieron a la pareja que les saludaba dentro de un flamante Mercedes negro que se dirigía al garaje de la casa, Daniela era la mejor amiga de Dácil y acababa de casarse con Javier quién a su vez era el mejor amigo de Tania.

Tras las debidas presentaciones y felicitaciones se dirigieron a la puerta principal y entraron hallándose en un amplio recibidor. A la izquierda habían unas escaleras de madera que comunicaban con la segunda planta y un pequeño pasillo, en cuyo final, debía de estar la cocina por los olores que de allí salían. Frente a ellas estaban abiertas unas grandes puertas correderas de cristal que mostraban un gran salón. Algunas personas se encontraban allí sentadas o de pie hablando. La mayoría eran personas mayores para las que, seguramente, hacía demasiado frío fuera. Un señor muy amable les indicó que pasaran por allí y les señaló las mesas que estaban dispuestas en la parte de atrás.

Dácil le presentó al resto de los invitados, era gente muy amable y alegre y ya algunos de ellos estaban cantando uniéndose aun grupo de guitarras que se había adueñado de una de las mesas. Una de sus amigas se acababa de llevar a Dácil de allí con algo que le sonó un poco a excusa, al fin y al cabo, aún no había ni rastro de Tania, la novia de Dácil. En un momento se encontró a solas con Carlos el hermano del novio quien afortunadamente un chico simpático y hablador que le impedía pensar y reflexionar el motivo de su asistencia a aquella ceremonia que poco o nada tenía que ver con ella.

Pero ni siquiera él conseguía que Laura se le fuera de la cabeza, tenía que haber ido hablar con ella en vez de huir a esta boda, porque eso es lo que había echo, una vez más había huido en vez de enfrentarse a la verdad. Sin embargo, necesitaba despejar su mente había tenido demasiada dosis de realidad en menos de veinticuatro horas, se lo había contado a sus amigos y a su madre, la cual aún no se había recuperado del susto y probablemente no lo haría nunca.

*****

Nunca había abrazado a un hombre con tanta fuerza como abrazó a David en el aeropuerto, le había devuelto su amistad y ese hubiera sido el mayor de los regalos si no llega a ser superado cuando le cedió su billete de avión. Él no se iría pues también tendría que solucionar antes su propio lío de faldas, siempre igual aunque ahora parecía que se había enamorado en serio, más aún que con Marta, y se alegró por él.

Volvió a sacar el manoseado papel de su bolso releyendo cada una de las palabras que le hubiera escrito la rubia y ganando fuerzas con cada una de ellas para ir a buscarla dónde estuviera. Le dio la vuelta a la hoja y observó una vez más la dirección que Dácil le había dictado tan apresuradamente, esperaba haberla anotado bien aunque algo le decía que no iba a ser fácil.

Dos horas más tarde se encontraba dando vueltas por el pueblo de El Palmar, no era grande pero algunas carreteras no tenían ni nombre y se veían casas de manera salteada, cualquiera de ellas podía ser. Finalmente decidió preguntarle a un hombre que permanecía sentado por fuera de su casa, enseguida reconoció cuál era la casa que buscaba y se lo indicó. En realidad, se encontraba ya bastante cerca.

Condujo un poco más hasta girar por una pequeña carretera que quedaba a la izquierda, tal y como aquel hombre le había indicado tan amablemente. En seguida pudo comprobar que no se había equivocado al encontrar una multitud de coches aparcados a ambos lados del camino al final del cual se encontraba la casa, justo en ese momento uno de los coches salía y sólo pudo mirar al cielo y dar las gracias a quién fuera que se hubiera apiadado de ella.

Según se acercaba a puerta los nervios iban aumentando, ¿qué iba a decir?, si preguntaba directamente por Marta nadie la iba a conocer. De repente, la puerta se abrió apareciendo una chica joven tras ella.

- Buenas noches, pasa, no te quedes ahí.
- Gracias, en realidad, estaba buscando a...
- ¿Sí?
- A Dácil.
- ¿A Dácil?, yo soy Cristina una amiga de ella pero a ti no te... espera, tú debes ser Laura.

La morena se sorprendió al oír su nombre, era obvio que ya Dácil le había hablado.

- Ya veo que te ha hablado de mi.
- Sí, de ti y de Marta, ella está dentro, bueno o fuera según se mire - le sonrió pero al notar lo tensa que Laura se encontraba en ese momento decidió no hacerla pasar por ese mal trago - Si quieres puedes esperarla fuera, estarán más tranquilas, sé que tienen que mucho de que hablar, bueno si no tienes frío.
- ¿Frío?, no qué va, el tiempo está agradable... gracias Cristina.
- De nada, ahora le aviso.

Realmente le agradecía a Cristina aquel gesto, no era cuestión de hablar de aquel asunto en la boda de dos completos desconocidos, delante de una multitud desconocida y en una casa igualmente desconocida para ambas. Bajó los pequeños escalones y paseó dando vueltas frente a la puerta principal, esperando. Recordó las últimas palabras que Marta le escribiera en aquella carta, "te esperaré siempre".

- Marta, ¿puedes salir fuera un momentito?

La pregunta de Cristina la había cogido por sorpresa y no entendía nada.

- Sólo será un momento - le guiñó un ojo.
- Vale, disculpa Carlos.
- Nada tranquila mujer, me iré a cantar un rato a tengo ganas.
- Cómo no - se burló su novia que no era otra más que la propia Cristina.
- ¿Ha pasado algo?
- No, mujer, tranquila.

Cristina abrió la puerta principal y le sonrió.

- Hay alguien que pregunta por ti.
- ¿Por mi?
- ¿Tú eres Marta, no?
- Sí, pero por mí, aquí, ¿no será otra Marta?
- A lo mejor, pero si no sales no lo sabremos.

La sonrisa que aquella bajita mujer le ofrecía era de lo más enigmática así que decidió salir. Ni siquiera escuchó cerrarse la puerta tras ella, sus ojos y todos sus sentidos se centraban en un único punto, la figura que tenía en frente. Al principio no lograba reconocerla pues su mente no asimilaba que pudiera estar allí, debía ser algo así como un espejismo. Pero no, ella era real y sus dos grandes ojos azules se clavaban en ella igual que su mirada lo hacía en Laura.

Laura caminó lentamente hacia Marta que parecía no reaccionar, subió dos escalones quedándose por debajo de ella, pero dada la diferencia de altura aquella era la posición ideal pues sus ojos quedaban frente a frente. Ambas buscaban en sus respectivas mentes las palabras pero no era su cabeza lo que ahora mismo funcionaba mejor sino sus corazones.

- Perdóname - logró decir Marta.
- Schssss... no digas nada.
- Pe...

Los labios de Laura la impidieron seguir hablando, todo su cuerpo temblaba ante aquel contacto y sólo podía corresponder como no había podido hacer la noche anterior. Se obligó a separarse para mirarla o los ojos.

- Te amo, Laura.
- Y yo a ti.
- Te quiero tanto que si hace falta entro ahí dentro y lo grito para que todos lo sepan.
- ¿En serio?

Se giró para dirigirse a la puerta pero la mano de Laura se lo impidió a tiempo.

- No hace falta que hagas eso.
- De verdad que lo haría.
- Te quiero.

Volvieron a besarse y a abrazarse.

- Salgamos de aquí - dijo apartándole el pelo rubio de la cara.
- ¿Y dónde vamos?, estamos en Tenerife y lejos de tu apartamento.
- Calla, tengo muchas cosas que contarte.
- ¿Ah sí?, ¿cómo has conseguido aparcar tan cerca?
- Fue una señal del cielo.
- ¿Una señal?
- Entra ya.
- ¿Tienes prisa?
- Pues sí.
- ¿Pero dónde vamos?
- ¿Te importa? - Laura la miró fijamente antes de arrancar el coche.
- En realidad no, siempre que sea contigo.

Laura se apoyó en el respaldo y admiró como la luz de la luna llena se reflejaba en Marta aumentando aún más su belleza.

- Dímelo otra vez.
- ¿El qué? - Marta la miraba su vez aunque sabía lo que quería oír - Te quiero.
- ¿Has visto lo fácil que es?
- Ahora sí, ahora se me hace muy fácil, ya se lo he dicho a todo el mundo.
- ¿El qué?, ¿qué los quieres? - sonrió Laura.
- No, idiota, le he contado a todo el mundo lo mucho que te quiero.
- ¿Y aún sigues viva?
- Vale, me lo merezco.
- ¿Qué ha pasado con tu madre?
- Aún no lo sé, no creo que nuestra relación vuela ser la misma, ella nunca lo aceptará, siempre esperará que de repente aparezca príncipe azul o algo de eso.
- ¿No le vale una princesa?
- Me temo que no.
- ¿Y a ti?
- A mí lo mismo me da que sea una princesa o una mendiga mientras seas tú.
- ¿Y tus amigos?
- Ellos sí que lo aceptarán.
- Si no hubieras sido tan cabezota.
- Ahora eso es pasado, ya todo el mundo lo sabe.
- Sí, ha dejado de ser algo sólo nuestro.

Abrazó dulcemente a Marta que acababa de pegar su hermosa cabeza rubia contra su pecho. Marta alzó la vista y la miró sonriendo.

- Ya no es sólo algo entre nosotras - la besó una y otra vez - Te quiero.

FIN


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