Disclaimers: Como siempre esta es una historia que se clasifica como uber y, por tanto, el parecido que pueda existir con los personajes de Xena y Gabrielle es puramente físico.
Observaciones Generales: Se trata del desarrollo de dos personajes, Marta y Elisa (a la cual he cambiado el nombre por el de Laura) que surgieron por casualidad en mi anterior relato "El Albergue y La Boda", sin embargo, no es necesario haberse leído esa historia previamente. Son independientes y en muchas aspectos pueden no coincidir.
Violencia y sexo: De lo primero nada y de lo segundo algo hay, así como alguna palabra mal sonante que detesto pero que considero importante para el énfasis de la historia. Pido perdón de antemano por si puediera molestar a alguien.
Agradecimientos: Esta parte se la dedico por entera y en exclusividad a mi confidente, Gorky, que sigue igual de ángel que de diablilla, por su gran apoyo en muchos sentidos pero más aún en el desarrollo de esta historia. Y, en general, desearles que disfruten o al menos se distraigan por un rato.
Comentario: Tengo que aclarar que en la primera parte de este relato me equivoqué con la dirección así que si alguien me ha escrito (y me encanta recibir e-mails) y no le he contestado es porque nunca me llegó, lo siento. La correcta es niraff2004@yahoo.es. Un abrazo.


ENTRE NOSOTRAS

Por Nira

Ninguna de las dos quería nada de lo que le ofrecía muy amablemente la azafata. Marta recordaba la conversación que había mantenido con su novio, David, que tan bien la había tratado en todo momento y no podía más que sentirse culpable, sin saber muy bien por qué. No pasaba nada entre Laura y ella y, sin embargo, en su interior deseaba que así fuera aunque se sentía incapaz de aceptarlo, una y otra vez luchaba por que aquellos sentimientos no la dominaran.

- Laura.

La voz dulce de Marta la devolvió a la realidad, se giró para mirar a esos ojos que en tan poco tiempo se habían asentado en su corazón. La propia Marta tuvo que hacer un esfuerzo para no mirar fijamente aquel azul y desviando la mirada le preguntó.

- ¿Estás bien?, te noto lejos.
- Sólo recordaba a mi familia.
- ¿Tan duro fue?
- Sí, mucho.

Marta le puso la mano en un muslo sin pensar, sólo con ánimo de consolarla. Laura sintió un hormigueo y aquella se dio cuenta apartando la mano igual de rápido, miró a través de la ventana y se sorprendió a si misma volviendo a preguntarle.

- ¿Cómo era Estela? - "¿A qué demonios viene esa pregunta?" - pensó para si misma - "Bueno es amiga tuya y las amigas se preocupan, ya está, es sólo eso" - intentó autoconvencerse.
- ¿Estela?... pues era - pensó un momento, la pregunta la había cogido por sorpresa - Lo era todo, mi amiga, mi amante, me hacía reír y con un corazón enorme, me quería y eso lo demostró más de una vez... pero creo que yo no supe corresponderle como se merecía.

Marta quiso seguir preguntando pero decidió que no era el momento, tendrían tiempo para eso. Pensando en la semana que quedaba por delante no pudo evitar que una sonrisa apareciera en sus labios, sonrisa que inmediatamente borró al darse cuenta de su significado.

Al llegar a Tenerife, el piloto tuvo que dar una vuelta a la isla antes de aterrizar esperando que el tiempo mejorase en el Aeropuerto de Los Rodeos, algo que más de una vez había vivido.

- ¿Conoces la historia del aeropuerto? - le preguntó Laura.
- ¿Qué historia?, no sabía que hubiese una.
- Pues la hay. La construcción se la encargaron a un extranjero, un holandés creo, y este realizó estudios por toda la isla para ver el lugar idóneo para construirlo pero murió antes de terminar el trabajo. Otros ingenieros decidieron estudiar sus apuntes para sacar alguna conclusión porque por lo visto el tipo era buenísimo y observaron que recalcaba la zona de Los Rodeos, así que allí comenzaron a construirlo. Con el tiempo se dieron cuenta que si lo recalcaba tanto era precisamente por la consideraba la peor zona de la isla para construir una aeropuerto.
- ¿En serio?, suena a chiste - se rió Marta.
- Bueno, eso es lo que cuentan, no sé si será verdad - se rió también - Hace un día buenísimo, mira ahí - dijo señalando a través de la ventanilla.

Marta echó un vistazo y vio que el avión daba un giro justo cuando sobrevolaban Las Cañadas del Teide y la zona de La Orotava.

- Lo he visto muchísimas veces pero me sigue impresionando.
- Sí, el Valle de La Orotava, es precioso. Imagínate como tendría que ser eso en la época de los guanches, ¿verdad?, sin ninguna casa y sin haber talado un solo árbol.
- No puedo imaginármelo.

Marta miró a Laura que prácticamente tenía medio cuerpo sobre ella para poder mirar a través de la ventanilla, la morena se dio cuenta y volvió a su asiento sin poder mirarla.

Un taxi las llevó a Santa Cruz desde el aeropuerto, Laura se sorprendió al ver la lluvia que caía mientras que el taxista no paraba de hablar y quejarse, ¿cómo era posible que lloviese en julio?, el tiempo debía de estar loco.

Finalmente el taxi las dejó frente al edificio dónde se encontraba el piso, sacaron rápidamente las maletas de Marta ya que Laura sólo llevaba un bolso pequeño de mano, en medio de la lluvia acompañadas por las continuas quejas de aquel taxista.

- Vea el lado bueno, hombre - le dijo Marta - Con tanta lluvia la gente cogerá más taxis, ¿no?
- No se crea, no se crea.

Aquel hombre no parecía bajarse del burro fácilmente así que ninguna de las dos añadió nada más despidiéndose de él y entrando en el edificio, subieron en el ascensor y Laura apretó el botón del piso décimo.

- Vaya, está alto, ¿cuántos pisos son?
- Trece.
- Mal número ese - sonrió Marta cuyo pelo rubio comenzaba a escurrir.
- Estás empapada - le sonrió Laura que no podía más que pensar en lo bien que se tenía que ver Marta saliendo de la ducha.
- Pues anda que tú, estás mojando todo el suelo, ¿esto no es peligroso?
- Tampoco es para tanto, no estamos echando cubos de agua, de todas formas, ya hemos llegado.

Las puertas del ascensor se abrieron e hicieron un último esfuerzo acercando las maletas hasta la puerta del piso. Una vez dentro, Laura se dirigió al baño para darle una toalla a Marta.

- Ten, sécate un poco.
- Creo que será mejor darme una ducha y cambiarme.
- Vale, te enseño antes la casa, si quieres.
- De acuerdo.

Marta la seguía mientras Laura caminaba por el piso, no era tan grande como se hubiera imaginado tras ver la gran casa de Jandía. Tenía tres habitaciones, uno de los cuales era el cuarto de la tele, dos baños, la cocina, un salón más o menos amplio y un balcón no demasiado grande, pero lo suficiente para que cupiesen las dos sillas y una mesa pequeña y redonda que lo amueblaba. Ya era de noche así que Laura iba encendiendo y apagando las luces por cada uno de los cuartos por dónde pasaban.

- Este será tu cuarto.

Entraron en una pequeña habitación con un armario empotrado, una cama, una mesita de noche, una mesa de estudio y una ventana en el centro de la pared del fondo.

- Perfecto, dejaré aquí las cosas.
- El mío es este - dijo señalando el cuarto contiguo - No es un piso de lujo, ni mucho menos, pero está muy bien.
- A mi me gusta, es acogedor.
- Me alegro - le sonrió y le ayudó a llevar sus maletas al cuarto - En el baño encontrarás toallas y todo lo que necesites, estás en tu casa y... Marta - la miró tan fijamente que la rubia no pudo sostener la mirada y la desvió - Gracias por venir y por acompañarme.
- Lo que sea por unos días de escaqueo - se rió intentando no sonrojarse.
- Ya sabía yo - Laura también se rió - ¿qué quieres cenar?
- Algo caliente.
- Vale.

Laura salió del cuarto y Marta se sentó abrumada sobre la cama, su corazón latía con fuerza y no lo entendía, no sabía que le estaba pasando. ¿Por qué pensaba esas cosas?, ¿por qué al decir algo caliente había pensado en el cuerpo de la morena?. Tenía que haber pensado en el cuerpo de David pero era Laura la que le vino a la mente. "Quizás no fuese tan buena idea venir, después de todo" - pensó - "Acabaré volviéndome como ella y entonces, ¿qué?" - negó con la cabeza - "No, yo no soy así, no puedo ser así".

*****

- Hola Laura - la voz de María sonaba cariñosamente al otro lado.
- ¿Qué tal Mari?, ¿cómo va todo por ahí?
- Bien, como siempre, acaba de irse el pesado de tu amigo.
- ¿Qué amigo?
- Manuel.
- ¿El de los apartamentos del Puerto?
- Exacto, ¡Fuerte tipo pesado!.
- ¡Qué horror!, ¿sobreviviste?
- Ya sabes como es, un poquito de peloteo y se queda feliz. Dime, ¿cómo van las cosas por ahí?
- Esta tarde he quedado con mi hermana.
- ¿Y tu madre?
- La muy... no me ha querido decir donde está ingresada, he llamado a la casa pero no había nadie.
- ¿Y Martita?
- Bien, acaba de llamarla David al móvil y está hablando con él.
- ¿Qué tal la primera noche?
- Hemos dormido bien.
- ¿Hemos?
- Cada una en su cuarto, Mari - se rió.
- Ten mucho cuidado con eso, Laura, no quiero que sufras más, ¿vale?
- Lo tengo, créeme que lo tengo, pero me está costando muchísimo.
- No fue una buena idea.
- No quería venir sola.
- A mí no me intentes engañar, te lo he dicho mil veces.
- ¡¡¿Y que quieres que haga?!! - estalló Laura elevando demasiado la voz y volviendo a bajarla inmediatamente - Perdona, es que...
- Es que la quieres, ¿no?, ¿es eso lo que me vas a decir? - Laura no contestó - Laura, si no vuelves pronto oblígala a ella a venirse y ya está, ¿sabes el daño que le vas a hacer a David?
- No le voy a hacer ningún daño por que no tengo nada que hacer con ella. No es gay y creo que a veces me mira como a un bicho raro.
- ¿Tu crees?
- María, ¿tienes algo que decirme?, no estás muy clara últimamente.
- ¿Yo?, en absoluto, sólo lo que te he dicho, mucho cuidado.
- Lo tendré.
- Te vuelvo a llamar mañana, total lo paga la empresa - se rió.
- Pero bueno, un respeto a su jefa.
- ¿A mi qué?
- Hasta mañana.
- Adiós cielo y dale recuerdos a Martita.
- Se los daré.


Capítulo X: El primer paso

Marta se tomaba un café con leche mientras esperaba acurrucada en el sofá, ya era de noche y en los días que llevaba en aquel piso apenas había salido, ni visto a Laura, sólo por la mañana y por la noche. Casi no hablaban y cuando lo hacían era sobre cosas banales no sobre lo que de verdad pasaba por la cabeza de la morena. Por que algo le pasaba y de eso Marta no tenía duda, llevaba dos días sin verla sonreír y no es que sonriese mucho antes pero ahora estaba demasiado seria y preocupada. Y no todo era por la enfermedad de su madre, había algo más y esa noche estaba dispuesta a averiguarlo.

Miraba la tele sin prestar atención, cambiando de canal una y otra vez mientras se terminaba el café con leche, bajó al oír unos pasos en el pasillo de la planta y el sonido de unas llaves entrando en la cerradura. Laura abrió la puerta y entró con semblante serio, más de lo que empezaba a ser habitual en estos dos días.

- Hola.

La saludó sin demasiado entusiasmo mientras dejaba las llaves sobre la estantería del cuarto y se sentaba junto a ella en el sofá, Marta no dejaba de mirarla un segundo y Laura parecía no darse cuenta de ello, estaba como en otro mundo.

- ¿Qué ves? - le preguntó echándose hacia atrás y apoyando la cabeza en el respaldo del sofá.
- Todo y nada, hay que ver lo mala que está hoy, ¿qué tal te ha ido?
- Igual.
- Laura... ¿por qué estoy aquí? - le preguntó mirándola fijamente.
- ¿A qué te refieres?
- No lo entiendo, llevo dos días aquí, se supone que estaba para ayudarte pero tu no me hablas y sé que tienes mucho que contar, te lo noto en la cara. Hay algo que te preocupa pero no me dices nada y siento que estoy perdiendo el tiempo.
- Eres libre Marta, si quieres puedes irte, nada te retiene aquí.

Se levantó sin más y se dirigió a la cocina dejando a Marta completamente desconcertada. Ella no quería irse, nada más lejos de la realidad, sólo quería ayudarla, no soportaba verla de esa manera, se levantó y la siguió.

- Laura, ¿se puede saber qué te pasa?
- Mi familia, eso me pasa - estaba sentada en una de las sillas y con un brazo apoyado en la mesa mirando a un punto fijo en el suelo.
- No he querido preguntarte porque esperaba que tu me lo contaras pero visto lo visto, tendré que hacerlo, ¿qué ha pasado con tu madre?, ¿cómo está?
- Bien - Marta se sentó en la silla que quedaba frente a la morena.
- ¿Bien?... ¿ y ya está?
- ¿Qué más quieres saber? - el tono de Laura había cambiado y hablaba con brusquedad.
- No sé, Laura, algo más, si la has visto o si...
- Sí, la he visto.
- Y... está bien.
- Sí, está bien - volvió a levantarse y se apoyó de pie en el mármol - Está genial, de puta madre, ¿sabes? - sonreía irónicamente y movía la cabeza de un lado a otro en clara señal de que se estaba enfadando.
- No te entiendo.
- Claro que no me entiendes, no les conoces, por suerte para ti.
- ¿Vas a explicármelo?
- ¡¿Por qué coño voy a explicarte nada?!, ¡Sólo eres mi empleada, nada más! - comenzó a caminar por el cuarto.

Marta no supo que responder pero estaba claro que sólo enfadándola conseguiría saber que estaba pasando.

- ¿Se puede saber a que viene eso?, sólo quería saber de tu madre, saber que te pasaba.
- ¡¿Y qué coño te importa a ti?! - salió de la cocina caminando por el pasillo de la casa, Marta se levantó y fue tras ella, agarrándola por el brazo.
- ¡Me importa y mucho!
- ¡Suéltame y vete con tu novio!, nunca debiste venir.
- ¡Para estar así no, desde luego!, ¿qué pasa con tu madre, me lo vas a decir?

Laura se soltó de su brazo y entró en el cuarto de la tele, sentándose en el sofá, se echó hacia delante y se llevó las manos a la cara. Marta se sentó muy cerca de ella sintiendo que, a lo mejor, se había pasado un poco, no estaba acostumbrada a discutir con nadie y menos aún de esa manera.

- Laura - la llamó con dulzura.
- Era mentira - se estiró hacia detrás y apoyó la cabeza en el respaldo con una falsa sonrisa en la cara.
- ¿Cómo?

Volvió a levantarse de golpe pues la rabia la comía por dentro y no podía quedarse quieta, sentía que iba a explotar, que todo lo que llevaba dentro durante estos dos días, todo lo que había visto y lo que había oído luchaba por salir de su interior, de su alma y de su mente, donde se escondían.

- ¡Todo era una puta mentira! - gritó mientras las lágrimas aparecían en su rostro. Marta era incapaz de moverse - Mi madre está bien, de echo está genial ¿sabes?, ayer apareció en el despacho mientras estaba reunida con mi hermana.

Se apoyó contra la pared y se dejó caer poco a poco hasta quedarse sentada en el suelo con las rodillas levantadas, mientras las lágrimas no dejaban de rodar por su cara. Marta sólo podía mirarla sintiendo dolor en su corazón al verla de aquella manera, tenía que dejar que se desahogara y debía hacerlo a su forma.

- Era un trampa - se rió y su risa sonaba falsa - Sólo querían robarme mi parte de la empresa.
- No lo entiendo - fue lo único que Marta acertó a decir.
- Claro que no, tu tienes un corazón demasiado puro para entender una putada como esa.

Marta no puedo contenerse por más tiempo y se levantó del sofá para quedarse de cuclillas frente a Laura y apoyando las manos en sus rodillas. No entendía nada de nada o simplemente no podía creer que una hermana o una madre pudieran hacer algo así.

- Me quedé de piedra cuando la vi, yo tampoco comprendía nada. Vestía bien y su cara no era para nada la de alguien enferma ni que le quedase poco tiempo. Al principio pensé que disimulaba - la falsa risa reapareció - ¿sabes?, creí que se arreglaba para no preocuparme, ¡Qué patética soy!

Agachó la cabeza avergonzada y Marta no pudo evitar acariciarla sintiendo como Laura levantaba una mano y la ponía sobre la suya, su corazón dio un vuelco y por su mente pasaban imágenes y fantasías que jamás creyó tener con una mujer. El miedo hacia ese sentimiento volvió a dominarla y se alejó sentándose de nuevo en el sofá.

Laura levantó la cabeza para mirarla y al ver la expresión de su cara, se levantó del suelo y salió directa a su cuarto, aquello no podría soportarlo, sentirse rechazada de aquella manera por la persona que amaba y por su propia familia en dos días, era demasiado.

- ¡Laura! - Marta volvió a llamarla y salió al pasillo, siguiéndola hasta el cuarto donde la encontró sentada en su cama - Laura.
- Me la han quitado, Marta - la miró con los ojos rojos por las lágrimas que se acumulaban en ellos - Me lo han quitado todo y se han reído de mi y... - el llanto no la dejaba hablar con claridad - se rieron de Estela... - la miró fijamente - ¡Se rieron de ella!.

Marta se sentó a su lado y la abrazó, la rodeó y con una mano atrajo la morena cabeza hacia su hombro, Laura sólo se dejaba llevar. Su cuerpo temblaba a causa del llanto y Marta apretó el abrazo sintiendo todo su dolor. Giró la cabeza ligeramente y depositó un suave beso en la negra melena, a lo que Laura respondió abrazándola con más fuerza y sin parar de llorar.
Marta la besaba una y otra vez, en la cabeza y en la frente, sin pensar ni ser plenamente conciente de lo que hacía, sólo sentía el poder de aquella fuerza irresistible que la atraía hacia ella. Sus manos cobraron vida propia y se movían alrededor de la espalda de Laura y los besos pasaron de la frente a las mejillas, al tiempo que la morena levantaba poco a poco la cabeza, hasta quedarse a pocos centímetros de Marta. Un beso en la mejilla derecha fue descendiendo lentamente y acercándose peligrosamente hacia la boca de Laura, a quien todo aquello le parecía un sueño del que no quería despertarse jamás. Un suave roce de los labios hizo el resto y ninguna pudo parar, sus bocas se unieron en un largo y esperado beso que se intensificaba a cada momento.

- ¿Qué...?

Marta pareció reaccionar y se separó bruscamente de una Laura abrumada y sorprendida por lo que estaba sucediendo. No lograba entender lo que estaba haciendo y asustada se levantó de la cama donde estaba sentada y salió directa a su cuarto cerrando la puerta tras ella.

La cabeza de Laura le daba mil vueltas mientras intentaba asimilar lo que acababa de pasar, sin pensarlo más se levantó y golpeó suavemente la puerta de la habitación de Marta.

- Marta.
- No - la voz de la rubia sonaba rotunda.
- No pasa nada, Marta. Tranquila, sólo ha sido un beso, sólo eso.

"Sólo un beso" - pensó Marta - "No ha sido sólo un beso, he besado a una mujer, por Dios, he besado a mi jefa, ¿qué estoy haciendo?".

- Marta escucha.
- No... no quiero oír nada más, buenas noches.
- Marta.

La llamó una vez más pero comprendió que era inútil. ¿Qué había pasado?, ¿qué estaba pasando en su vida?, en dos días todo se había ido al traste, todo por lo que había luchado y todo lo que amaba. Lo peor era, sin duda, que ya no había marcha atrás.


- Hola guapísima - la voz de David sonaba alegre.
- Hola - Marta acababa de abrir los ojos sorprendida por el sonido de su móvil.
- ¿Te he despertado?
- Sí.
- Ya son las diez, dormilona.
- Es que no dormí bien anoche.
- ¿Por qué?
- Debe ser la cama - "es la consecuencia de dar vueltas y más vueltas, al final no puedes dormir".
- Eso es que echas de menos a tu precioso novio.
- Sí, eso debe ser.
- ¿Te pasa algo?, te noto un poco seca.
- Será por el sueño y que me acabo de despertar.
- Eso será, ¿cuándo vuelves?
- En cuanto consiga un vuelo.
- ¿Por qué?, ¿qué ha pasado?, ¿te has peleado con Laura?
- No, es que ya está todo casi resuelto.
- ¿Cómo qué resuelto?, ¿se curó la madre o qué?
- Algo así, te lo contaremos cuando lleguemos, ¿vale?, ahora tengo que dejarte.
- Pero... - no pudo terminar la frase pues Marta colgó, David comenzaba a preocuparse.

Marta salió del cuarto y se dirigió al baño, desde allí escuchaba a Laura trasteando en la cocina. No sabía como enfrentarse a ella, llevaba toda la noche pensando en lo que había pasado y no lograba entenderlo, Laura no la había obligado fue ella misma quien empezó y se dejó llevar. "¿Qué me está pasando" - le preguntó a su imagen en el espejo - "Y lo peor es que me gustó y..." - no se atrevía ni a pensarlo - "...en el fondo quería seguir". Se pasó una mano por el pelo y después se echó agua una y otra vez a la cara. "Tengo que olvidarme de esto, no puede ser y punto, volveré a ver a David y me centraré en él, ya está, eso haré. Esto no es bueno, no señor".


Capítulo XI: Distancia

El viaje de regreso se marcó por el gran silencio que reinaba entre ambas. Laura ya había encargado los pasajes para un vuelo que salía esa misma mañana sin que Marta tuviera siquiera que sugerirlo, las palabras sobraban entre ellas y cada una intentaba asimilar a su manera todo lo sucedido la noche anterior.

Laura llevaba la peor parte pues no sólo se trataba de Marta sino también de su propia familia y de su trabajo. Entre su hermana y su propia madre habían conseguido arrebatarle la empresa sin que pudiera hacer nada al respecto pues hallaron un fallo legal en el testamento que su padre tan justamente dictó. Era oficial, ya no tenía familia si es que alguna vez la tuvo.

Marta al observar la expresión de preocupación y tristeza en la cara de la morena olvidó, por un momento, el asunto del beso para centrarse en otro más prioritario.

- Laura... - no sabía muy bien como preguntar.
- Todavía tienes trabajo no te preocupes.
- ¿Qué pasó con tu familia?
- Pasó que ya no tengo, definitivamente la he perdido. Puedo seguir con la inmobiliaria, al fin y al cabo, la abrí con mi propio dinero pero tendré que cambiar el nombre y arreglar unos cuantos papeles. Tenemos clientes propios con los que seguiremos pero los antiguos tendrán que decidir si seguir con nosotros o pasarse a la que abrirá mi hermana.
- ¿Va a abrir una en Jandía?
- No, lo hará en Puerto del Rosario - Laura hablaba sin poder mirarla a los ojos - Marta no te reprocharé nada si decides irte.
- ¿Y por qué iba a hacerlo?
- Pensé que ibas a hacerlo de todo modos después de...
- Será mejor olvidarse de eso - por alguna razón sus propias palabras eran como cuchillos en su corazón.
- Sí... gracias.
- ¿Por qué? - Marta la miró extrañada.
- Por no odiarme.
- No te odio sólo fue... - "una locura, una estupidez", no pudo terminar la frase y Laura tampoco.

El silencio cayó como un muro entre las dos que duró hasta llegar a Jandía incluso durante mucho tiempo después.

*****

- Buenos días.
- Hola María.

Laura abrió la puerta de su casa a la mujer mayor que la miraba con preocupación al ver las ojeras en su cara y al escuchar el tono de voz de completa desolación que mostraba su jefa y amiga.

- Laura, ¿has llorado? - le preguntó mientras se sentaba junto a ella en el sofá del salón.
- Más que en toda mi vida.
- Cariño, ¿qué ha pasado?, te llamé ayer pero tenías el móvil apagado. En cuanto escuché tu mensaje me vine pitando para aquí.
- La he perdido, lo he perdido todo.
- ¿Qué has perdido?, ¿a Marta?
- En realidad, nunca la tuve, ¿verdad?
- ¿Qué ha pasado? - volvió a preguntar.
- Me han robado la empresa, mi madre está muy bien y más feliz que nunca porque al fin ha conseguido hundir a la bollera de su hija y renegar por siempre de ella. Mi hermana está más feliz aún porque ya la empresa es completamente suya y Marta sencillamente no quiere ni verme.
- Cielo, ven aquí - María la abrazaba como si de una niña pequeña se tratase - Tu hermana es una hija de puta y seré más feliz que ella si no la vuelvo a ver en mi vida, tu madre soy yo a partir de ahora y si hace falta te adoptaré y Marta... no creo que sea verdad eso que has dicho.
- Todo es verdad - una vez más rompía a llorar - Dios, otra vez llorando, hasta cuando va a durar esto - se reprendió a si misma.
- Llora mi niña, es bueno desahogarse. Tendremos que pensar en ir montando algo, ¿no?
- Podemos seguir con la inmobiliaria, la he montado yo con mi propio capital y hemos conseguido clientes propios, podemos salir adelante.
- Me alegra oírte hablar así, creí que te había perdido.
- No me perderás, Mari, tu no.
- Vale eso está claro aunque no sé como perdiste la empresa pero lo único que necesito saber es que la inmobiliaria seguirá abierta, y ahora, ¿me dirás que pasó con Marta?
- Nos besamos - María se apartó un poco para mirar a Laura a la que seguía acunando entre sus brazos.
- ¿Cómo dices?
- Me eché a llorar y ella me abrazó, lo demás no sé como pasó pero cuando me quise dar cuenta nos estábamos besando - María sonreía.
- Piensa un momento antes de contestarme, ¿vale? - Laura asintió con la cabeza intrigada - ¿Quién empezó?
- ¿Quién?, pues supongo que yo.
- ¿Seguro?
- No sé, ella me abrazó y me besó la cabeza y...
- ¿Y?
- Después me besó la mejilla pero yo no me aparté, me fui acercando a ella.
- ¿Y? - Laura se incorporó al pensarlo.
- Creo que... que fue ella quien me besó a mi, yo sólo la correspondí - se extrañó al darse cuenta de ese detalle.
- ¿Has hablado con ella de esto?
- No, lo intentamos en el viaje de vuelta, en el avión, pero no pudimos.
- ¿Qué vas a hacer?
- No voy a hacer nada, ella es la novia de David, él está enamorado de ella y ella de él, y ya está. No le demos más vueltas.
- ¿Estás segura de eso?
- Claro que estoy segura de eso, David la quiere.
- Eso está claro, pero y ella, ¿está enamorada de él?

Laura no supo que contestar después de darse cuenta de que había sido Marta la que había dado el primer paso. Ella no la incitó de ningún modo, sólo lloraba y fue la propia Marta la que le abrazó y apretó el abrazo primero. Pero entonces, ¿acaso sentía Marta lo mismo?, no, eso no podía ser, seguramente sólo fue curiosidad o que pensó en David. Recordó la expresión de su cara cuando se separó bruscamente del abrazo, parecía haberla cogido por sorpresa.

- No le voy a hacer esto a David, él es muy buen amigo y no se lo merece, y además, ella no siente lo mismo por mí. Todo esto es una locura, un malentendido y ya está. Sólo eso.

*****

Marta se levantó como zombi y se sentó en el sofá del salón con la mirada perdida, estaba completamente confusa y echa un lío. Había soñado con Laura y fue erótico, tremendamente erótico, disfrutó con cada una de las caricias que recibía de ella en su sueño. Al despertarse recordó el beso y sintió deseos de volver a sentir el roce de sus dulces labios y la cercanía de su piel.

"¿Qué me está pasando?" - pensó - "No puedo seguir así, David vendrá de un momento a otro y mi hermano no va a estar en todo el día. Tendremos el apartamento para los dos solos y no puedo seguir pensando en ella, no de esta manera. Tengo que pensar en él, en mi amor por él". "¿Amor?" - se preguntó a si misma, y no tenía ni idea de cómo contestarse.

David no tardó en aparecer al igual que sus besos y sus caricias, ni siquiera se molestó en hacer su cama pues sabía bien que sería un doble trabajo. Se notaba que el rubio la había echado de menos pues su pasión crecía por momentos, sin embargo, cada vez que sus labios la besaban, ella sólo podía pensar en Laura. Por más que se esforzaba por concentrarse en su novio sólo veía la imagen de la morena sobre ella y recordaba una y otra vez el suave tacto de su piel al abrazarla. Se vio a si misma fingiendo, por primera vez, el orgasmo, eso era algo que nunca había hecho y funcionó pues el rubio no pareció darse cuenta.

- Te he echado de menos - dijo tras coger un poco de aire.
- Ya lo he notado - le sonreía.
- Te quiero.

Marta sintió que su corazón se paraba, este era sin duda alguna el peor momento que David podía haber escogido para expresar sus sentimientos. No supo que contestarle y sólo le besó, para colmo la sensación de los labios de la morena sobre los suyos volvió a invadirla. Sin duda, esa imagen no ayudaba en nada.

- ¿Estás bien? - le preguntó un tanto preocupado.
- Sí, es que, bueno, me coges de sorpresa y aún estoy cansada por ese viaje.
- Ayer hablé con Laura y me contó todo lo sucedido.

Marta se quedó pálida al pensar en lo que podía significar la palabra "todo".

- ¿Ah, sí?
- Son unas cabronas.
- ¿Quiénes? - preguntó algo asustada.
- ¿Quién va a ser?, la madre y la hermana, nunca me gustaron pero no creí que llegasen a tanto.
- No admiten que sea lesbiana - dijo en voz baja.
- ¡Qué va, eso sólo es la excusa que necesitaban!, son unas arpías. El padre de Laura quería dejarle la empresa completa a ella pues es la que mejor ojo tiene para los negocios pero la favorita de la madre siempre fue Noemí y no lo soportó, son tal para cual.
- ¿Cómo se tomaba Estela todo eso? - de repente, tenía curiosidad por saber más sobre la ex de Laura.
- Estela era un cielo, ¿sabes?, le caía bien a todo el mundo y era una luchadora se enfrentaba a quién fuese, y se enfrentó a la matriarca y sobre todo, a Noemí. Noemí no podía ni verla, yo creo que era por la envidia, y eso que fue amiga suya en la facultad, todavía no logro comprender cómo.
- ¿Y cómo era la relación entre ambas?
- Se querían mucho, Laura la quería pero Estela estaba perdidamente enamorada - Marta suspiró sin poder evitarlo.
- ¿Qué pasa?
- Nada - se avergonzó - Es sólo, bueno, por todo eso, Laura lo debe de estar pasando francamente mal.
- Deberíamos ir a verla esta tarde.
- ¿Tu crees? - Marta no sabía que excusa poner.
- Si estás cansada puedo ir yo sólo, pero me gustaría que fueras. Ven conmigo, por favor.
- Bueno... - no sabía como negarse y, al final, no le quedó más remedio que rendirse - Vale.


Capítulo XII: Pasión

Laura se preparaba para darse un baño y sentada, veía el agua caer sobre la redonda bañera a medio llenar. Sus pensamientos se centraban en una única persona, Marta, y la sensación de sus brazos rodeándola y sus suaves labios sobre los suyos.

El timbre de la puerta la sobresaltó, cerró el grifo y se puso el albornoz azul claro cubriendo su cuerpo desnudo, bajó las escaleras y descolgó el telefonillo situado en la cocina, se lamentó una vez más por no haber cerrado con llave la valla exterior, al no ver a nadie en la pequeña pantalla.

Salió de la cocina y caminó por el pasillo descalza hacia la puerta principal, se quedó petrificada al ver por la mirilla las caras de David y Marta. Se miró de arriba abajo y comprendió que ya era tarde para volver arriba y cambiarse, pensarían que no había nadie.

- Hola, qué sorpresa - dijo abriendo la puerta.
- ¡Uau, vaya manera de recibirnos!, tengo que venir más a menudo - dijo un sonriente David mientras le daba un abrazo.

Marta no pudo más que lamentarse por haber venido y luchar para que sus ojos no le jugasen una mala pasada y para que su mente no imaginase lo que aquel albornoz escondía.

- Hola - logró decir.
- Hola.

Ambas dudaron si saludarse con un beso o no, finalmente Marta desvió la mirada y decidió entrar sin más.

- ¿Te he dicho alguna vez que me encanta tu casa? - le preguntó David admirando todo lo que veía.
- Cada vez que vienes.
- Marta, ¿has visto alguna vez la piscina?
- ¿Hay una piscina?
- Sí, en la parte de atrás...
- Ah, ¿es qué hay más?, no lo vi cuando... - se mordió la lengua y agradeció que David no la hubiera escuchado, más que nada porque no le apetecía hablar de aquella noche en estos momentos.

Laura los condujo hacia el salón, un gran puerta corredera de cristal situada en el fondo daba paso al patio trasero de la casa, donde se encontraba una pequeña piscina rodeada de un terreno rectangular con césped. Frente a la puerta dos tumbonas blancas esperaban ser usadas algún día pues tenían aspecto de nuevas.

- ¡Vaya, está genial! - dijo David con admiración.
- ¿Te gusta? - preguntó Laura mirando a Marta.
- Claro, está muy bien - Marta le devolvió la mirada, para inmediatamente después desviarla hacia la cristalina piscina - ¿Te bañas mucho aquí?
- En realidad, nunca la he usado.
- ¿Estás loca?, ¡Yo estaría todo el día a remojo!, ¡No se hable más, vamos a estrenarla! - dijo David entusiasmado.
- ¿Es que has traído bañador?
- ¿Acaso hace falta?. Laura, ya nos hemos bañado desnudos antes, recuerdas.
- ¿Ah sí? - preguntó incrédula Marta.
- Sí, hemos hecho nudismo en Corralejo - le explicó Laura, sin entender por que se ruborizaba a estas alturas.

David no lo dudó un momento y comenzó a desnudarse ante el estupor de Marta. Laura estaba más que acostumbrada a sus locuras y, bueno, a ella no le afectaba y Marta era su novia. El sol aún calentaba lo suficiente, a pesar de ser tarde, y un baño no era mala idea, David obviamente pensó lo mismo porque de un salto se zambulló en la transparente piscina.

- ¡Uaooo, está de muerte!, ¡Venga chicas, no sean tímidas! - miró a Marta fijamente y sonrió con picardía mientras se dirigía hacia el muro y salía de él con claras intenciones.
- ¡David, ni se te ocurra!, ¡David!
- Espera tigre, no la tires con ropa, me vas a ensuciar la piscina.
- Gracias... supongo - le sonrió Marta.
- Puedo traerte un bikini - "tengo uno negro que te quedará casi tan bien como la primera vez que te vi" - pensó.
- No sé si quiero bañarme - quedarse en bikini delante de Laura no era lo que más le atraía en estos momentos, aunque si la cosa fuera al revés... "Basta" - se gritó a si misma.
- ¿Y tú qué?, quítate ese albornoz y metete aquí conmigo, ¡Desde cuando eres tan tímida! - volvió a zambullirse.
- ¿Qué dices?, ¡No tengo nada debajo!

Se arrepintió de haberlo dicho pues sintió un calor repentino por toda su cara, quiso mirar a Marta pero no encontró el valor para hacerlo cosa que Marta agradeció pues sus ojos hubieran delatado lo mucho que sus palabras le habían afectado.

- ¿Y desde cuándo te importa eso?, Marta no se va a asustar, ¿verdad?
- ¿Qué?, sí,... digo... por supuesto... que no, vaya que..., qué va - "Pareces una niñata histérica, ¿qué demonios te pasa?"

En ese momento el móvil de David sonó desde el interior del bolsillo de su pantalón que había quedado tirado por el suelo. Laura dio gracias a todo aquel que se le ocurrió y Marta dio un suspiro de alivio sin darse cuenta, por lo que la morena sonrió.

- ¡Oh, mierda! - David salió del agua - ¿Crees que debo cogerlo?
- No lo sé, David, mira quién es, al menos.
- Es del trabajo.
- Pero hoy es sábado, ¿no tienes el día libre?
- Yo tengo libre disposición o, por lo menos, eso pone el contrato que me hicieron - suspiró disgustado y finalmente atendió a la llamada que como suponía era de su jefe.

Marta y Laura permanecían en la misma posición en la que habían llegado evitando mirarse la una a la otra. La morena sentía que ya no podía más, aquella situación estaba durando demasiado y no podía seguir así, o acabaría mal de los nervios. Tenía que hablar claro con ella y que fuera lo que Dios quisiera.

- ¡Joder, tengo que irme! - dijo tirando el móvil sobre una de las tumbonas.
- Te traeré una toalla.
- ¿Qué pasa?
- Trabajo, lo de siempre, un cliente antiguo que llega hoy.
- Vaya, ya me estaban entrando ganas de bañarme.
- Pues quédate, en serio, Laura necesita compañía - los ojos del rubio casi le estaban suplicando y Marta no sabía como reaccionar - Parece que ahora se ha animado un poco, hablé con María esta mañana y me dijo que estuvo llorando.
- David, yo... - no sabía con que disculpa salir de allí pues temía perder el control y se sentía extrañamente incómoda con ella.
- Toma - Laura apareció en escena tirándole una toalla a David que se secó lo más rápido que pudo.
- Yo te llamo esta noche, ¿vale?, si es que puedo.
- Yo no...

Los labios de David impidieron que terminase la frase y Laura procuraba mirar para otro lado, esas demostraciones de afecto hacían que sus propios labios le doliesen al recordar la dulce sensación que la boca de Marta le había dejado.

- Gracias - le susurró David al separarse.

Marta no pudo contestarle, no hallaba que decir para escaparse y salir de allí, para no dejarle a su cuerpo salirse con la suya. Su mente se negaba pero el resto de su ser y, sobre todo, su corazón deseaban quedarse junto a Laura. Ambas vieron como David se vestía rápidamente y se despedía de las dos con un beso, saliendo de la casa e impidiendo que ninguna le acompañase.

- No hace falta, chicas, conozco el camino, ustedes quédense aquí y disfruten de la piscina.. ¡Y báñense que está buenísima! - sin más salió de la casa dejando a las dos de pie frente a la puerta corredera y mirando hacia la piscina.
- ¿Quieres bañarte? - preguntó Laura.
- No sé, ya es tarde y después me dará frío - caminó un poco hacia la piscina - Báñate tu si quieres.
- Como ves - dijo señalando el albornoz - pensaba darme un baño pero en la bañera.
- Pues vete yo me quedaré por aquí.

Marta se agachó y rozó con la mano el agua de la piscina comprobando que David tenía razón, estaba ideal. Pero no era la temperatura de la piscina lo que le preocupaba en estos momentos sino la de su propio cuerpo al imaginarse a Laura desnuda en la bañera.

Laura miraba a Marta acariciar el agua y sintió envidia, deseó convertirse en líquido, para lo cual ya había dado el primer paso pues se derretía con sólo mirarla. Cogió aire e intentó armarse de valor para sacar el tema o esto no terminaría nunca.

- Marta - fue lo único que logró decir pues la lucha interna que mantenía con su propia razón le impidió decir nada más.
- ¿Sí?

Marta levantó la cabeza para mirarla y Laura sintió temblar sus rodillas. Su larga melena rubia emitía destellos bajo la luz del sol y le hacía resplandecer como una diosa. En ese momento, decidió ponerla en apuros, sólo así podría comprobar el efecto que producía en ella, si es que en algo podía afectarla.

- Me voy a bañar... - hizo una pausa dramática mientras se desataba el nudo del albornoz- ¿me acompañas? - sin más lo dejó caer al suelo.

El corazón de Marta se paró y el aire no llegaba a sus pulmones, era incapaz de reaccionar ni de apartar la mirada de aquellos azules ojos. Sus propios ojos cobraron vida propia y no podía controlarlos, fueron bajando poco a poco recorriendo el resto de aquel cuerpo que caminaba hacia ella. Todo en él era tan perfecto que sintió marearse ante tanta maravilla.

Laura caminaba hacia ella sin dejar de clavarle la mirada, una vez llegó al borde se lanzó en un salto magistral a la piscina. Para Marta todo ocurría a cámara lenta y le pareció ver como cada parte del escultural cuerpo de la morena tomaba contacto en el agua cristalina. Tuvo que sentarse pues la sensación de mareo se agudizó al verla salir a la superficie de un salto, salpicando agua por todos sus poros.

- Está buenísima - le sonrió Laura.
- Ya lo creo.
- ¿Cómo? - Laura sonreía satisfecha, parecía haber obtenido la reacción que tanto esperaba.
- Que está caliente... el agua, digo.

Decidió levantarse y dirigirse hacia la tumbona para no meter más la pata e intentar recobrar un poco de la cordura que acababa de perder en el minuto más largo de toda su vida. "Dios mío, sólo es una mujer desnuda" - pensó - "Sólo eso, tranquilízate. ¿Qué pasa, qué tiene pechos?, sí, igual que tú, quizás más firmes, ¿y curvas?, vale, tu también, como cualquier mujer... no, Dios santo, ella no es como cualquier mujer, nunca he sentido tanto deseo por una mujer ni por nadie, me está matando, no logró pensar con claridad".

- ¡Marta!

La llamada de Laura la sobresaltó.

- ¿Qué tienes? - nadaba dando brazadas como si nada de lo que estaba ocurriendo tuviera importancia para ella.
- ¿Por... por qué?
- No sé, estás distraída, intentaba convencerte para que te metieras.

Hablaba sin mirarla, cambió de posición colocándose boca arriba sin dejar de avanzar moviendo los brazos.

- Creo que no... no tengo tanto calor - "al menos por fuera, por dentro estoy sudando la gota gorda".
- Saldré entonces, no me gusta bañarme sola.
- "Oh, dios mío, ahí viene otra vez" - pensó.

Salía de la piscina subiendo por la pequeña escalinata y mostrando con cada escalón una nueva parte de su piel. Caminaba hacia ella sacudiéndose el pelo para dejarlo más suelto y sin dejar de comprobar su reacción observándola por el rabillo del ojo. Marta sólo podía mirar al suelo o a los lados, no respondía si la miraba fijamente.

Laura decidió hablar después de ver lo nerviosa que Marta se había puesto, aunque claro quizás sólo era pudorosa. Al mostrarle su cuerpo, su propio deseo había crecido y ya era hora de lanzarse, se puso el albornoz y se sentó en la tumbona libre frente a ella.

- Marta, mírame.

Marta cogió fuerzas y levantó la vista para mirarla, alegrándose de que se hubiese puesto el albornoz pero no de lo sexy que le quedaba el pelo mojado y ligeramente alborotado. Laura la miraba fijamente y los nervios comenzaron a apoderarse una vez más de ella.

- Tengo que decirte algo pero no sé como - desvió la mirada hacia el suelo.
- ¿Qué pasa?, ¿es por el trabajo?
- No el trabajo va bien, mejor de lo que pensaba.
- ¿Tu familia?
- Yo ya no tengo familia, ¿recuerdas?
- Lo siento, ¿entonces?

La intriga se apoderaba de ella y, por un momento, una loca idea se le pasó por la cabeza, pero no, no podía ser.

- Por favor déjame hablar de un tirón, no es fácil para mi decirte esto y más siendo la novia de David.

Marta tragó saliva, al fin y al cabo, sí que podía ser.

- Desde Estela no he vuelto a sentir nada por nadie.
- Espera, espera - se levantó pues no estaba segura de poder enfrentarse a lo que Laura estaba a punto de decirle.
- Siéntate, por favor, y déjame terminar, después eres libre de irte e incluso de dejar el trabajo si quieres pero déjame hablar.
- Laura.
- Por favor.

Volvió a sentarse sin poder mirarla a los ojos.

- Yo la quería, eso ya lo sabes, y ella a mí, pero nunca... nunca sentí algo tan fuerte como... - intentaba reunir el valor suficiente - lo que siento por ti, Marta... La primera vez que te vi en la playa con aquel bikini negro, creí ver a una diosa, ya sé que suena cursi pero así fue - se pasó una mano por su larga melena negra - Mi corazón saltó y aquel sentimiento ha ido creciendo en mi desde entonces, cuando empezaste a salir con David decidí que tenía que olvidarte pero era imposible, comprendí que sólo podía ser amiga tuya, hasta ahora - se paró pensando en como continuar y reuniendo fuerzas para hacerlo - Lo he pensado y fuiste tu quien me besó Marta, yo ni siquiera me insinué, tu me abrazaste y me besaste por voluntad propia y no sé que pensar. Necesito saberlo porque ya no aguanto más, afrontaré lo que sea pero no puedo seguir así o me volveré loca. Sé que eres la novia de David y que él está enamorado de ti... ¡Dios, cómo me puedo llamar amiga! - pensó en voz alta - No puedo dejar de pensar en ti y te deseo tanto que me duele todo el cuerpo.

Marta no conseguía reaccionar, estaba demasiado abrumada por todo lo que estaba escuchando como para pensar claramente.

- Me queda bien, ¿no? - fue lo único que acertó a decir.
- ¿El qué? - preguntó extrañada.
- El bikini negro.
- Sí... te queda bien, muy bien.

Laura miró al suelo y una oleada de tristeza se apoderó de ella al ver que Marta no respondía, le había abierto su corazón y la única respuesta que obtenía era el silencio. Se lamentaba por haber sido tan impulsiva, había puesto en peligro su amistad con David y la amistad que de alguna manera tenía, hasta ahora, con Marta. Empezaba a acostumbrarse a perder cosas y las lágrimas se le acumulaban en los ojos luchando por salir.

Levantó la vista del suelo y miró a Marta que seguía mirando a algún punto fijo en los azulejos bajo sus pies, no movía un músculo y su cara parecía impasible, por un momento dudó si la había escuchado pero obviamente así era. Decidió esperar un instante pues quizás era demasiada información de golpe para ella, y aún más, después del numerito que acababa de montar. "He debido asustarla demasiado, soy una imbécil" - pensó.

La cabeza de Marta le daba mil vueltas y una feroz lucha entre la razón y el corazón había comenzado en su interior sin que ninguna tuviera aún ventaja sobre la otra. Era incapaz de mirar a Laura pues sus ojos la delatarían y no estaba segura de saber afrontarlo, Laura se levantó al ver que Marta no reaccionaba.

- Voy a ducharme, estás en tu casa, puedes quedarte o puedes irte lo que tu prefieras - se giró y dijo dándole la espalda - Si el lunes no quieres volver lo entenderé, no pasa nada, te echaré muchísimo de menos y mi corazón se romperá en mil pedazos pero lo superaré, cosas peores se han visto. Puedo afrontar las pérdidas... últimamente es lo único que hago.

Las lágrimas rodaban por su mejilla mientras se adentraba en la casa. Se lamentaba una y otra vez por lo que acababa de hacer, ya no había marcha atrás y tendría que afrontar lo que sea que fuese a ocurrir a partir de ahora.

Subió las escaleras y entró en el baño cerrando la puerta, se sentó en el borde de la bañera y abrió el grifo terminando de llenarla y sin parar de llorar. Cogió el jabón que siempre utilizaba cuando quería relajarse con un largo baño, justo lo que necesitaba en estos momentos.

Se recogió el pelo en un descuidado moño y quitándose el albornoz se introdujo en el agua caliente, se estiró apoyando la cabeza en el borde de la redonda bañera e intentó calmarse y concentrarse en relajarse. La imagen de Marta mirando al suelo tras sus palabras, no desaparecía de su mente como tampoco lo hacían las lágrimas que corrían libremente por su cara.

Ahora si sentía que la había perdido, no volvería a verla después de todo lo que le dijo y con ella se iría David. "Dios mío, David, te vas un momento y yo intento robártela" - pensó - "Pase lo que pase, a ti si que te he perdido y para siempre". Las lágrimas que caían en silencio se convirtieron en llanto que no podía ni quería controlar, se tapó la cara con las manos y dejó que su cuerpo y su mente se desahogaran ya que para su corazón sería imposible.


Su mirada seguía fija en el suelo intentando asimilar las palabras y los sentimientos que Laura le acababa de confesar. Su corazón saltaba de alegría con cada una de ellas pero su mente no quería darse cuenta, no podía aceptar tener ese tipo de relación.

Sin embargo, el corazón y el cuerpo fueron más fuertes que ella misma y se vio subiendo las escaleras en busca de Laura. Al llegar a la planta alta se fijó en la única puerta que estaba cerrada y rezó para que no lo estuviera del todo, sonrió al comprobar que no lo había echo y su mano tembló al abrirla. Esperaba escuchar algo pero sólo el silencio interrumpido por sollozos la rodeaba, entró y no sabía como reaccionar una vez más, con la imagen que tenía frente a ella.

Laura estaba en la bañera con el cuerpo hundido en el agua y la superficie cubierta de espuma, su hermosa cabeza se apoyaba en el respaldo y una mano le cubría la cara pues lloraba, de eso no había duda. El corazón de Marta se derritió al verla y no sabía que debía hacer, por su mente pasó la imagen de la morena completamente desnuda saliendo de la piscina y decidió pagarle con la misma moneda.

Poco a poco, el llanto se fue calmando y el silencio volvió a rodearla, cerró los ojos y, sin embargo, notó que había alguien más en el cuarto. Se giró rápidamente para ver a Marta clavándole la mirada, se incorporó y quiso hablar, pero en sus ojos pudo ver algo que la dejó sin habla, parecía... ¿deseo?. Si tenía alguna duda, la propia Marta se la disipó al bajar la mirada para clavarla, esta vez, en sus pechos que había dejado al descubierto cuando se incorporó.

El corazón de Laura se le paró al observar como Marta comenzaba a desabrochar los botones de su camisa sin dejar de mirarla. Uno a uno los fue abriendo, dejando al descubierto su busto y dejando caer la prenda al suelo, a continuación le tocó el turno a la falda que también dejó caer.

Laura no podía creer lo que estaba pasando, allí estaba en la bañera y Marta frente a ella en ropa interior, todo su cuerpo se estremeció viendo a la rubia aproximarse poco a poco mientras se quitaba el sujetador dejando libres sus hermosos pechos. Se quedó de pie frente a ella y Laura comprobó que era incapaz de controlar la situación, más aún viendo como se quedaba totalmente desnuda y metía un pie tras otro en la bañera. Por instinto encogió las piernas y Marta se sentó con las rodillas en alto.

- Marta - la llamó en un alarde de autocontrol.

La rubia se llevó un dedo a los labios indicándole que no hablara, se puso de rodillas elevando su torso y mostrándole sus firmes y torneados pechos vestidos de espuma. Con una mano cogió la ducha y abrió el grifo dejando que el agua le mojase poco a poco el pelo y cayese por su cuerpo apartando todo el jabón. Laura sabía que no babeaba porque la boca se la había quedado completamente seca y sentía que sudaba aún cubierta por el agua.

Una vez terminó dejó la ducha en su sitio y miró fijamente a la morena con la mirada más lasciva que nunca hubiese visto. Con dolorosa lentitud se acercó a Laura que a estas alturas era sólo una marioneta incapaz de pensar y se situó encima de ella pegando sus cuerpos y dejando su cara a pocos centímetros de la morena que no pudo aguantar más. El deseo la dominó por completo y la besó con toda la pasión que llevaba dentro, no fue un beso tierno sino ardiente, apasionado devorándose la una a la otra.

Movió un muslo situándolo entre las piernas de la rubia y apretándolo contra su centro cuya excitación era ya más que latente. Al sentirlo Marta comenzó a moverse sin separar ni un solo segundo sus bocas en cuyo interior dos lenguas luchaban y se saboreaban la una a la otra. El cuerpo de Laura se clavaba sobre el mármol pero era incapaz de sentir nada que no fuera el cuerpo y el deseo que la rubia le mostraba. Sin embargo, Marta si se dio cuenta en un segundo de lucidez.

- Laura... - la morena no la dejaba escapar y tuvo que esforzarse para separarse y poder hablar - Vamos... a... tu... cama.

Laura se separó un milímetro y la miró sorprendida, no estaba segura de haberla oído bien.

- Vamos a la cama - le repitió.

¡Dios mío!, las veces que había deseado y soñado escuchar esas palabras de la dulce boca de Marta, pero ni un su fantasía más salvaje se había imaginado lo que ahora vivía, tanta pasión y tanto ardor. Su respuesta no se hizo esperar y se levantó al tiempo que la rubia también lo hacía, la diferencia de altura era notable así que Laura la levantó en un abrazo quedando a la altura perfecta y la besó con la misma pasión al tiempo que la sacaba de la bañera y la transportaba a su habitación. Estaban completamente empapadas, dejando un rastro de jabón a su paso, pero nada de eso importaba, el deseo las poseía por completo y no existía nada más que ellas dos y sus mojados y desnudos cuerpos torneados y ardientes.

Entró en la habitación y con una mano, sin soltar a Marta, agarró la colcha que cubría la cama y la tiró al suelo, cayó de espaldas sobre el colchón dejando a la rubia sobre su cuerpo. La libertad de movimientos que la cama les ofrecía abría un mundo nuevo repleto de posibilidades para ellas.


Capítulo XV: Un nueva vida

Era incapaz de dejar de mirarla, se encontraba acostada boca abajo y abrazando la almohada a falta de un cuerpo a su lado. La tenue luz que entraba por la ventana marcaba el contorno y la silueta de la mujer que había sido suya instantes atrás, sin embargo, ahora no estaba segura de que siguiera siéndolo.

Marta parecía estar a mil kilómetros de allí a pesar de estar sólo a un paso, sentada en un silla junto a la ventana y con una fina sábana cubriendo su desnudez.

- ¿Estás bien?
- ¿Qué pasará a partir de ahora?

Marta seguía en la misma posición mirando a través del cristal.

- Lo que tu quieras, ya sabes lo que yo siento por ti y después de esto soy más tuya que nunca.

Marta permanecía callada, parecía intentar poner orden en su interior pero sus esfuerzos eran inútiles.

- ¿Qué sientes por mi?

Laura decidió ser más directa, sin embargo, Marta aún no estaba preparada para contestar a esa pregunta.

- ¿Qué pasa con David? - la rubia giró un poco la cabeza hacia ella pero sin llegar a mirarla a los ojos.
- ¿Sobre qué?
- ¡¡¡¿Sobre qué?!!!, ¡¡Yo le he puesto los cuernos y tu te has acostado con su novia!!!, ¡¡¿te parece poco?!!.
- Su novia también se ha acostado conmigo y yo no la he obligado.

Laura hablaba con firmeza pero tranquilamente, sabía que los gritos y la rabia de Marta sólo eran producto de la confusión que en esos momentos sentía.

- ¿A no?, ¡¿y a qué venía ese numerito de la piscina?!
- ¿Cuál?, ¿bañarme desnuda?

Seguía abrazada a la almohada en idéntica posición mientras que Marta daba vueltas por la habitación nerviosa.

- Ya lo he hecho antes con algunas amigas y ninguna se ha acostado conmigo. Eran heteros, ¿sabes?, y además, ¿qué pasa contigo y tu numerito del baño? - sonrió.

La rabia crecía por momentos en su interior y sentía que no podía controlarla, más aún cuando volvió a mirar a Laura y deseó tenerla como hacía solo unos minutos había echo y beber de su boca hasta dejarla seca. No pudo más y salió de la habitación rumbo al cuarto de baño donde se encontraba su ropa tirada por el suelo, como único testigo de la pasión que allí había sentido, la recogió y comenzó a vestirse.

- ¿Te vas? - preguntó Laura desde la puerta.
- ¡¿Es qué no vas a vestirte nunca?! - le gritó y recogiendo el albornoz del suelo se lo lanzó.
- ¿Por qué?, ¿te molesta mi cuerpo? - Laura sonreía intentando que se diera cuenta de lo que había pasado.
- ¡¡¡Vete a la mierda!!!

Decidió ponerse el albornoz mientras que Marta terminaba de abrocharse la camisa que momentos antes había abierto de aquella forma tan descaradamente sensual. La miraba fijamente, no podía dejar que se marchara así.

- Marta, no ha pasado nada tan malo - se acercó a ella y la rubia se sintió incapaz de apartarse, aún sentía el calor de su cuerpo y el olor de su piel sobre ella - Mírame.

Le levantó la cara con suavidad obligándola a mirarla, observando las lágrimas que comenzaban a asomar en sus verdes ojos.

- Sé que necesitas tiempo para asimilar todo esto, es algo nuevo para ti y sí algo puedo ofrecerte yo, es tiempo.

Le acarició la cara al ver que una de aquellas lágrimas conseguía abrirse paso y bajar por la mejilla de una descolocada Marta.

- Escucha, sé lo que viene ahora. Aunque no te lo creas yo he estado en tu situación, me negaba a mi misma una y otra vez lo que sentía por Estela al tenerla cerca. Con sólo una mirada me dominaba y eso no podía permitirlo y menos con una mujer, aquel sentimiento me convertía en una depravada, en una guarra y en mil cosas más. Ha sido una de las peores épocas de mi vida hasta que María me abrió los ojos y supe que sencillamente estaba enamorada de Estela.
- Ya, pero yo no... yo no puedo sentirme así... yo no - agachó la mirada para poder acabar la frase - no estoy enamorada de ti.
- Si eso es cierto... - sintió sus propios ojos humedeciéndose y tuvo que tragar saliva - me moriré pero, por favor, piénsalo antes. Yo sólo quiero que seas feliz y si no puede ser conmigo pues que sea con David - se dio la vuelta pues las lágrimas rodaban ahora por sus propias mejillas.

Marta sintió su cuerpo y su alma estremecerse con aquellas palabras, no sólo le daba tiempo sino que anteponía su propia felicidad, hasta ese punto la quería. Había descubierto el deseo y la pasión que la morena sentía por ella en cada una de sus caricias y en cada uno de sus dulces besos pero el amor era otra cosa, el amor era lo que Laura le acababa de ofrecer.

Sin embargo, se encontraba demasiado abrumada por todo aquello y era incapaz de reaccionar, su cabeza le daba mil vueltas y sólo podía pensar en David. ¿Qué pasará con él?, después de estar con Laura ya no podría seguir, no sería justo pues sabía que cada vez que cerrase los ojos para besarle o para sentirle en su interior, sólo podría pensar en ella, y eso la convertiría en una hipócrita, algo que siempre había odiado.

Venció la tentación de abrazarla y salió del cuarto bajando las escaleras con rapidez y saliendo de la casa, si se quedaba un minuto más sería incapaz de controlar su propio deseo.

Caminaba sin rumbo fijo y la noche había caído ya sobre Jandía. Se encontraba muy lejos de su casa pero eso no le preocupaba, al contrario, se alegraba por ello. Necesitaba caminar, sólo así podría despejar la cabeza y aclarar sus ideas, si es que eso era posible.

Decidió bajar a la playa aunque sabía que no era lo más recomendable por la noche, sin embargo, había luna llena y su luz iluminaba como una farola toda la orilla, incluso conseguía ver su propia sombra. El ambiente era cálido y se dejó envolver por la refrescante brisa que el mar le regalaba, las olas que rompían suaves mojaban sus pies y sintió como su cuerpo se relajaba con cada paso.

Pero era inútil, por más que luchaba, la imagen y la sensación del cuerpo de Laura rozando y apretándose contra ella, volvía una y otra vez a su mente. Aún al respirar olía su perfume que se había quedado grabado en su piel y en sus sentidos.
En un lugar tan bueno como cualquier otro, se echó sobre la arena sin importarle lo fácilmente que aquellos granos se quedaban pegados en su larga melena.

Los gritos de unos niños le obligaron a abrir los ojos, ¿dónde estaba?. Se incorporó sin apenas ver nada pues la luz del sol le llegaba directamente y la encandilaba, miró a su alrededor y comprobó con gran sorpresa que se hallaba en la playa. ¡Se había quedado dormida!, ¿cómo pudo pasarle?. El grito de una niña la sacó de sus pensamientos, por lo visto acababa de encontrar algo fascinante en la arena. Sonrió al comprobar que ese algo era ella misma, debía de tener un aspecto horrible.

- Pues eso que no me ha visto con resaca - comentó en voz baja mientras terminaba de levantarse y comprobar su posición - "¡Uf, no me queda nada!" - pensó, al ver lo lejos que estaba de su piso.

*****

- ¡¿Dónde está?!

David entró como una flecha por la puerta sin darle apenas tiempo para reaccionar.

- ¡No está en su casa! - los ojos verdes del rubio la miraron fijamente - ¿Ha dormido aquí, Laura? - la morena pareció darse cuenta de golpe de lo que pasaba.
- ¿Marta no está en su casa?
- No, ni en su casa, ni en la de Jaime y Karla, ni en el bar, ni en casa de María.
- Aquí tampoco está, y su hermano, ¿no sabe nada? - Una sensación de ansiedad comenzaba a crecer en su interior.
- Nadie sabe nada y si tu tampoco lo sabes, ya no sé que pensar, ¡Me voy a volver loco! - volvió a clavarle la mirada - ¿qué coño pasó anoche?

Laura se sentía incapaz de responder a esa pregunta pero sabía que algo tendría que decir y sabía que David no era tonto pero estaba muy nervioso, sensación que ahora mismo compartían.

- Ella se fue y dijo que quería caminar... no debí dejarla ir sola.
- ¡Claro que no debiste!, ¿es que estás loca?, aquí no suele pasar nada pero también pasa Laura, como en todos lados.
- Me visto en un momento y salimos a buscarla, intenta tranquilizarte, seguro que está bien.

Ella misma debía aplicarse su propio consejo pues el corazón le brincaba sin cesar, no dejaba de lamentarse, una y otra vez, al haberla dejado irse de aquella manera. Terminó de vestirse y pensando por dónde empezar, bajó las escaleras al final de la cual le esperaba un David que no paraba de moverse.

- ¿Por donde empezamos?
- Vamos a coger el coche y a hacer el camino que tendría que haber cogido para llegar a su casa - le contestó Laura intentando controlar su propio nerviosismo.

Llevaban una hora dando vueltas y David no hacía más que mirar el móvil, no sólo esperaba una llamada de Marta sino también de cualquiera que la hubiese visto pues les había dejado recados a todos de que así lo hicieran. Laura intentaba pensar pero la cabeza le daba vueltas, si le había pasado algo no se lo perdonaría nunca, no podía volver a perder a alguien y menos a Marta, la persona que hoy por hoy le daba sentido a su vida o, al menos, una razón para seguir adelante.

- ¿No tienes nada que contarme? - le preguntó gravemente David quien no dejaba de mirar por la ventanilla a un lado y a otro de la calle.
- ¿Sobre qué? - Laura se temía la pregunta y, en su interior, necesitaba contarle la verdad pero no lo haría sin antes aclararlo con Marta.
- No sé, algo que haya pasado con ella. Sé que te gusta, Laura.
- ¿Qué?
- No me lo niegues, por favor, no soy imbécil, dime que no ha pasado nada.
- Vale, ella me gusta y mucho además - eso sí que podía hablarlo con él - pero no está enamorada de mi.
- ¿Cómo lo sabes?
- Porque te quiere a ti.
- Entonces, ¿qué carajo le ha pasado?
- Tranquilo, la encontraremos.

Durante un cuarto de hora más siguieron dando vueltas sin ningún sentido intentando encontrar algo o pensar en dónde podría estar, no podía haber desaparecido sin más. David volvió a llamar al hermano que a estas alturas estaba tan nervioso como ellos dos, pero seguía sin saber nada al igual que todos los demás.

- ¡Para! - dijo de golpe David.
- ¡¿La has visto?!

Laura frenó tan de golpe que las ruedas del coche que les seguía detrás chirriaron debido al fuerte frenazo que se vio obligado a hacer, intentó pedir perdón pero fue imposible calmar los ánimos del conductor que insultándola de mil maneras acabó por adelantarla.

- No, pero voy a bajar a la playa - dijo bajando del coche.
- Buena idea, le gusta dar paseos.

No obtuvo respuesta pues el rubio ya había salido disparado, Laura se bajó del coche y silbó tan fuerte que David pudo escucharla, giró la cabeza para mirarla.

- ¡Llámame si las ves, por favor! - le pidió.
- ¡Vale!.

"Ojalá que así sea" - pensó - "Me estoy volviendo loca, no debí dejarla ir así, ¿en qué estaría pensando?, por Dios, ¿qué me costaba llevarla en coche?... Dios mío, que no le haya pasado nada, a ella no" - comenzó a llorar sin control mientras los coches la adelantaban pitando pues había parado en mitad de la avenida.

*****

El hambre comenzaba apretarle pero aún así la mañana estaba tan buena que había decidido seguir caminando por la playa. Se acordó de su hermano que estaría preocupado al no verla llegar, nunca había pasado una noche entera fuera, algo que no se podía decir sobre él. Pero no podía culparle por preocuparse, "en la primera cabina que vea cuando regrese, le llamo" - pensó.

Ese no fue su único pensamiento ni ahora ni anoche. Hasta bien entrada la madrugada reflexionó sobre todo lo que había pasado y decidió ser sincera consigo mismo, comprobó que a quien amaba y con quien quería estar era con Laura por mucho que su mente no lograra entenderlo, pero ese era el camino de su corazón. Sin embargo, necesitaría tiempo para asimilarlo, no sabía como se lo iba a decir a los demás y a su propia familia, no sentía valor para hacerlo, pero lo que sin duda constituía el primer paso era dejar de salir con David. Sólo conseguiría hacerle daño a él y a si misma, y eso no era lo que deseaba.

Una voz a sus espaldas la devolvió a la realidad y, sin embargo, pensó estar soñando pues era la voz de la persona en la que estaba pensando.

- ¡¡Marta!! - la llamó y en su tono se notaba desesperación.

Se giró para ver a David corriendo por la playa y como se encontraba con ella abrazándola con fuerza.

- ¿Qué haces aquí? - le preguntó confundida.
- ¡¡Qué... qué hago yo aquí!!, ¿qué haces tu aquí?, ¡Te hemos buscado como locos!
- ¿Hemos? - no salía de su asombro.
- Laura y yo.

Al oír el nombre de Laura se estremeció, estaba preocupada por ella y había salido a buscarla con David, sin poder evitarlo una sonrisa se dibujó en su cara.

- ¿Es qué te hace gracia? - le preguntó con los ojos como platos - Pues a mí no y a tu hermano tampoco, no sabíamos dónde estabas ni si te había pasado algo, ¿se puede saber qué haces aquí?
- Pasear.
- ¿Pasear?
- Y pensar.
- ¿Pensar?, ¿en qué?
- En muchas cosas - lo miró fijamente - En el trabajo, en mi familia, en Laura... y todo lo que le ha pasado, en mis amigos... en ti y en mi.
- Espera, vamos a sentarnos, ¿vale?

David le pasó un brazo por los hombros y caminaron un poco hasta apartarse de la orilla donde la afluencia de gente era cada vez mayor, no en vano era domingo y no sólo podían verse turistas sino muchos nacionales disfrutando de un merecido día de descanso.

- A ver dime qué te pasa, por favor, me estas poniendo nervioso.
- He pensando... - cogió aire sabía que le iba a hacer daño pero era mejor así - He pensado mucho en ti y en mi, en lo nuestro.
- ¿Y? - David se temía lo peor.
- Lo siento mucho.
- ¿Qué es lo que tanto sientes?
- No va a funcionar.
- ¿Funcionar?
- Lo nuestro no va a funcionar, David. Lo siento pero no puedo seguir así contigo.
- ¿Por qué?, no lo entiendo.
- Es difícil de explicar pero así es.
- ¿Me quieres decir qué ha cambiado?, ayer estábamos bien y de repente hoy me dices que no puede ser, sin más.
- Ayer no estábamos tan bien como tu te piensas - intentó mantener un tono de voz suave - Sé que esto es muy doloroso para ti, pero yo no siento lo mismo que tu sientes por mi, hace tiempo que lo sé pero, aún así, he intentado que funcionara.
- Muy generoso de tu parte, ¿tengo que darte las gracias?
- David, no es culpa de nadie, no me gustaría que te enfadases conmigo.
- ¿No te gustaría?, ¿y qué se supone que debo hacer yo ahora?. Llevo horas preocupado por ti, sin saber qué te había pasado, dónde estabas y si estabas bien, he llamado a tu hermano, a todos tus amigos, busqué a Laura y salí con ella a buscarte, y ¿para qué?, ¡Para que me dejes votado sin más! - le volvió la cara, no quería mirarla.
- David, mírame, por favor - intentó que le mirara y poco a poco fue cediendo hasta que sus ojos se encontraron - Yo te agradezco todo eso, no creas que no siento nada por ti, yo te aprecio y te quiero mucho pero no como amante.
- ¿Tan malo soy? - sonrió amargamente.
- No tiene nada que ver con eso, no es cuestión de ser bueno en la cama o no, estoy hablando de sentimientos, del amor y la pasión que no puedo sentir por ti como te mereces.
- ¡Vaya, ahora eres condescendiente conmigo!, ¿me tienes lástima o qué? - se levantó incapaz de permanecer impasible por más tiempo tras las palabras de la mujer de la que se había enamorado más de lo que él mismo pensaba.
- David, sé que suena falso, pero de verdad que quisiera tenerte como amigo... ¡No, no te vayas!... ¡Te estoy hablando en serio!... ¡David!

El rubio se fue caminando sin volver la vista atrás, incapaz de entender nada de lo que allí ocurría y Marta sólo podía verlo marchar sintiendo dolor en su corazón por el daño que, sin duda, le había causado. Sin embargo, en su interior sabía que era mejor así, todo lo demás hubiera sido muy cruel y muchísimo más doloroso. Esperaba que algún día se recuperara y pudiera verla como la amiga que siempre sería para él, igual que Laura.

- "¡Dios mío, Laura!" - pensó - "Debe de estar todavía buscándome por ahí, y mi hermano, tengo que llamarles".

Subió hacia la avenida lo más deprisa que pudo y buscó una cabina, la encontró no muy lejos y marcó el número de su hermano comprobando que comunicaba, decidió llamarle al móvil y este si daba tono. La voz amable y varonil de su hermano se escuchó al otro lado.

- ¡¿Eres tú Marta?! - su tono era de clara preocupación.
- Sí, tranquilízate, estoy bien.
- ¡Gracias a Dios!, ¡¿pero se puede saber dónde estabas?!
- Oye, tranquilito, no me grites que tu también te has pasado noches enteras fuera.
- Sí, pero con alguien, nunca he estado por ahí sólo, ¿dónde estás?
- En la playa.
- ¡¿Cómo?!
- Sin querer me quedé dormida en la playa.
- ¡¿Es qué te has vuelto loca?!, ¿sabes las cosas que podían haberte pasado?
- Lo sé pero estoy bien, ¿vale?, tranquilo.
- Yo ya estoy tranquilo pero llama a Jaime y Karla que están medio locos, hasta ha llamado ese tal Raico que no sé como se ha enterado.
- ¡Qué pesado el tío!
- Bueno, parecía un poco tonto, sí. ¡Ay, se me olvidaba!, tengo a tu jefa en el fijo y está preocupada, por lo visto, ha estado buscándote por ahí como una loca, ¿qué le digo?
- Dile que estoy bien - en su cara se dibujó una sonrisa tonta.
- ¿Viste a David?
- Sí, oye ¿ella sigue al teléfono?
- Sí, ¿por qué?
- Dile, por favor, que me pase a buscar, estoy un poco lejos de casa y no he desayunado, me siento cansada.
- Vale, y digo yo... ¿qué le digo a mamá?
- ¡¡¿Es qué mamá sabe algo de todo esto?!!
- No tonta, sólo era para despertarte - se rió.
- ¡Serás idiota!
- Oye, ¿te queda dinero?
- Sí, por suerte me quedaba algo en el bolsillo de la falda, ¿por qué?
- Espera que voy a hablar con tu jefa... con Laura, ¿no?
- Sí.
- Espera... ¿Laura? - preguntó comprobando que siguiera al teléfono.
- ¿Era ella?
- Sí.
- Gracias a Dios - suspiró.
- Quiere saber si puedes ir a buscarla, dice que está un poco lejos.
- Por supuesto, pero ¿dónde está?, ¿qué le ha pasado?
- Sólo te diré que está en la playa en... espera un momento... Marta, ¿a qué altura estás? - dijo cogiendo de nuevo el móvil.
- En frente del Stella Canaris.
- ¡Coñoo!, ¿cómo has ido a parar ahí?
- Caminando.
- Vale, no pregunto más... espera, parezco una telefonista - la rubia se rió con el comentario de su hermano - ¿Laura?
- Sí.
- Frente al Stella Canaris.
- Vale, voy para allá.
- Ahora mis... - se sorprendió al oír el ruido que significaba que acababa de colgar - De nada - dijo con sarcasmo - Marta que va para allá.
- Vale, ¿puedes hacerme otro favor?
- Dime, ya me debes unos cuantos.
- ¡Qué te calles!, ¿puedes llamar a la gente y decirles que estoy bien que todo ha sido una falsa alarma?
- Primero me gritas y después me pides que llame a todo el mundo, ¡Pero qué geta, la tía!
- Bueno para eso soy tu hermana más pequeña.
- No tengo otra por desgracia.
- Ya me gustaría a mí, chao guapetón.
- Bueno si me llamas así, vale. Chao preciosa.

No tardó en ver el Opel Vectra color vino de Laura dirigiéndose hacia donde ella se encontraba, al verlo sintió un cosquilleo por todo su cuerpo. Tenían cosas de que hablar y ahora le tocaba a ella, había pensado como hacerlo pero mientras más se acercaba y veía la cara de preocupación de la bella mujer que lo conducía, más olvidaba todo lo que le rondaba por la cabeza, para centrase en ella.

Se paró a su lado poniendo intermitente y avisando mil veces con la mano al que iba a detrás, no fuera a repetirse la bochornosa escena de antes. No pudo más que sorprenderse al ver que quien iba detrás era exactamente el mismo coche de antes, pero esta vez el hombre sólo la miró mal cuando pasó a su lado.

- ¿Por qué sonríes? - le preguntó Marta, una vez se subió al coche y cerró la puerta.
- Después te lo cuento, ¿dónde has estado?
- En la playa y me temo - dijo mirándose el pelo en el espejo - que te voy a llenar el coche de arena.
- ¿Has dormido en la playa o qué?
- Exacto.
- ¿Por qué?, ¿tanto daño te hice?
- ¿Tu a mí?, yo diría que fue al revés - la rubia la miró sonriendo mientras que Laura no sabía que contestar.
- ¿Y David?
- Me encontró en la playa... pero se ha ido.
- ¿Por qué?, estaba muy preocupado por ti.
- Lo sé.
- ¿Qué ha pasado?
- Después lo hablamos.
- ¿Después de qué?, ¿dónde vamos?
- Tu eres la conductora, dejemos que el destino nos guíe - dijo desperezándose como podía.
- ¿Estás bien?

La encontraba muy rara y algo parecía haber cambiado en ella pero no lograba identificar lo que era ni en qué sentido.

- Nunca he estado mejor.
- ¿Por qué?, ¿qué has hecho?
- Tu deberías saberlo mejor que yo - pensó un momento - mmm, bueno, no, deberías saberlo igual que yo.
- ¿De qué estás hablando?
- De que tengo hambre - sonrió - Aún no he desayunado.
- ¿No?
- No, el de las fantas y las donnas de la playa no pasa hasta el mediodía, como a las dos o así - dijo riéndose.
- ¿Seguro que estás bien?
- Que sí, tu conduce y disfruta - cerró los ojos y dejó que el aire que entraba a través de la ventanilla del coche le acariciara la cara.
- Que conduzca y que disfrute - se quejó Laura en voz baja, casi para si misma.

Laura seguía sin entender nada pero estaba encantada de pasar un tiempo con Marta y, más aún, de que la propia Marta quisiera pasarlo con ella, así podrían hablar.

- Marta deberíamos...
- Después de desayunar, por favor - dijo adivinando sus intenciones - Ahora mismo soy incapaz de pensar en nada - "que no sea tu cercanía" - pensó para si misma.

Se debatió entre decirlo en voz alta o no, pero decidió que aún no era el momento, en verdad necesitaba comer algo.

Se pararon en una gasolinera de la larga autovía donde todo a su alrededor era prácticamente desierto, Laura ponía gasolina al coche y comprobaba el aire y la presión de los neumáticos mientras que Marta aprovechaba para comer algo en la cafetería.

- Vaya había hambre, eh - comentó Laura al sentarse en la barra junto a la rubia que daba buena cuenta de un bocadillo de lomo.
- Ssss.
- ¿Piensas contarme algo de lo que te ha pasado?
- Sip - le contestó recogiendo la vuelta de su pago que el chico le entregaba.
- ¿Y bien?
- Todo a su debido tiempo - entró en él guiñándole el ojo a una desconcertada Laura.
- Vale - dijo entrando también y poniendo el motor en marcha - ¿Hacia dónde?
- Tu tira pálante, tenemos mucha carretera aún.
- ¿Es qué piensas dar la vuelta a la isla?
- No lo sé - Marta la miró fijamente y poniendo una mano en su muslo añadió - Tranquila, tu sólo conduce, ya te pagaré la gasolina si hace falta.
- Ja, ya pensaba descontártelo de tu sueldo.
- Inténtalo.
- Me gusta cuando me miras así.

Marta sonrió levantando la mano del muslo y devolviendo la mirada hacia el paisaje que las rodeaba. A pocos metros vio una carretera de tierra que llevaba hacia la costa y pensó que sería un buen lugar para hablar.

- Gira por ahí.
- ¿Por dónde?
- Ahí enfrente, a la derecha.
- ¿Por ese camino?, ¿estás segura?
- Tranquila te lavaré el coche también.
- Ahora sí que te voy a tomar la palabra - sonrió.

Se adentraron por la pequeña carretera de tierra que les llevaba hacia la costa, a una estrecha caleta donde no había nadie pero que seguramente sería un buen sitio para pescar, así que no pasaría mucho tiempo antes de que alguien apareciera.

- ¿Conocías esto? - le preguntó Laura cerrando el coche.
- No, es la primera vez que vengo.

Marta se sentó sobre unas rocas mientras veía el oleaje que de forma continua golpeaba la lengua de la milenaria lava de aquella pequeña caleta, formando una leve espuma y creando una sinfonía natural con cada embestida. La marea estaba baja aún, por lo que las olas llegaban suaves.

- ¿No te gusta estar así?, ¿viendo romper las olas?
- Pues, sí... supongo - Laura se sentó junto a ella mirando el mar - Estás muy rara hoy, ¿sabes?
- He hablado con David... me encontró en la playa y hablamos - miró a Laura que la miraba a su vez fijamente pero sin decir nada - Ya no estamos juntos.
- ¿Le has dejado?
- Sí.
- Por eso se fue sin más, por eso no estaba contigo en la playa.
- Exacto.
- ¿Cómo está?
- Necesitará tiempo pero no sé si algún día podrá perdonarme.
- ¿Perdonarte o perdonarnos?
- Yo soy quien le ha dejado, ya no podía seguir con él, no siento lo mismo y él se merece a alguien que le quiera de verdad, es un buen tío - volvió a mirarla - Además, ¿por qué tendría que perdonarte a ti?
- Por que yo, su mejor amiga, le he robado a la novia, ¿te parece poco?
- ¿Quién te ha dicho que lo he dejado por ti? - la miró desafiante.

Laura se quedó petrificada intentando encontrar una respuesta a aquella sorprendente pregunta.

- No sabe nada de lo nuestro - añadió Marta.
- Pues tu misma acabas de confirmarlo.
- ¿El qué?
- Que hay algo nuestro.
- Sí, bueno - dijo ruborizada - Pero no he dicho que seamos... que...
- Que estemos juntas - la ayudó.
- Sí - volvió a mirar al mar con una sonrisa en los labios.
- ¿Y qué estás haciendo aquí conmigo?
- Vale - giró la cabeza y el cuerpo para hablarle de frente - Sabes que yo nunca he tenido nada con una mujer...
- Hasta anoche - le sonrió.
- Déjame terminar.
- Vale, sigue - Marta la miró - que sí, sigue.
- Es difícil enfrentarme a esto, es nuevo para mi y necesitaré un tiempo.
- Ya te dije que lo tienes.
- Lo sé y te lo agradezco - sin mirarla le cogió la mano y la acariciaba mientras hablaba, con cada caricia Laura sentía un nuevo cosquilleo recorriendo su cuerpo - Ayer salí sin más porque tenía miedo, miedo de lo que sentía y de querer tenerte a mi lado, me hubiera quedado toda la noche abrazada a ti pero no podía, sencillamente no podía.
- Tenía que haberte llevado en el coche.
- No te hubiera dejado, no lo hubiera permitido. Si me hubiese pasado algo no sería culpa tuya, sólo mía.
- No me lo hubiera perdonado nunca - la morena colocó la otra mano sobre la de la rubia.
- Me fui a la playa porque quería pensar en todo lo que había pasado y lo que estaba pasando en mi interior, sobre todo, aquí - se llevó la mano al corazón - Siento algo muy fuerte por ti y necesito tenerte cerca, lo de anoche fue un sueño, fue increíble y quisiera sentirte así, una y mil veces más.
- Yo también - Laura acarició la cara de Marta que tembló con el contacto.
- Comprendí que quería estar contigo - levantó la vista para perderse en aquellos grandes ojos del color del mar - Quiero estar contigo pero no me pidas más por ahora.
- ¿Y qué más puedo pedirte?
- Que sea tu novia.
- No te entiendo.
- Me has dicho que me dabas tiempo, que es lo único que puedes darme.
- Y es verdad.
- Pues necesito ese tiempo para coger fuerzas, no será fácil hablarlo con mi familia y con mis amigos, sé lo que piensan algunos sobre estos temas y no quiero perder a ninguno de ellos.
- Tarde o temprano tendrás que enfrentarte.
- Lo sé, pero te pido que seas paciente.
- Marta, yo no tengo prisa, ya he perdido a mi familia y no quiero perderte a ti. Quieres tiempo y eso te voy a dar, pero ¿cómo quieres que sea nuestra relación entonces?
- Me parece horrible lo que voy a pedirte.
- Quieres que nos escondamos, ¿es eso?
- Sí - bajó la mirada incapaz de sostener la de Laura, avergonzada como estaba por lo que le pedía - Siempre he odiado la hipocresía y ahora voy a ser la más grande hipócrita que haya conocido.
- No me gusta que sea así, me ha costado mucho salir del armario para ahora volver a él, y me gusta estar fuera, el aire es más limpio, ¿sabes?
- No me odies por esto, por favor - le pidió con los ojos llorosos.
- No podría aunque quisiera y créeme que no lo quiero, sólo te quiero a ti.

La obligó a mirarla perdiéndose en aquel verde que intensifica su color a causa de las lágrimas y se acercó lentamente hasta que sus labios se rozaron, cerró los ojos para concentrarse en aquel suave tacto mientras que Marta los abría comprobando que nadie estuviera viéndolas. Finalmente, estaban solas y profundizó el beso deseando que aquel momento no acabase nunca.


Capítulo XVI: Una relación difícil

María llevaba toda la mañana observando a Marta que no hacía más que meter la pata y parecía estar a mil kilómetros de allí. Sus ojos reflejaban un brillo que nunca antes le había visto y además estaba Laura que no parecía estar mejor que su compañera de trabajo, algo raro pasaba y estaba dispuesta a averiguarlo.

Le iba a preguntar a Marta cuando la vio levantarse y dirigirse al despacho de Laura con una media sonrisa en la cara y cerrando la puerta tras ella. Eso era algo que nunca había echo antes.

- Hola - le sonrió sentándose frente a ella.
- Hola preciosa, ¿cómo estas?
- En una nube - se incorporó hacia delante cruzando los brazos sobre la mesa.
- ¿Y eso?
- Verá usted, señora jefa, es que he tenido un buen fin de semana.
- ¡Qué casualidad!, yo también.
- ¿Ah, sí?, ¿y qué ha hecho usted?
- Pues verá usted, señora empleada, he conocido a una mujer muy guapa y me he liado con ella.
- Me alegro por usted, señora jefa, ¿y cómo es ella?
- Elegante, esbelta, guapísima, ojos azules, pelo largo negro... ¡Ay, no, que esa soy yo! - se rió tontamente.
- ¡Qué susto!, creí que habíamos conocido a la misma persona.
- No, la mía es rubia.
- ¿Pelo largo, quizás?
- Pues no, lo tenía corto y medía como 1,60 - sonrió con picardía.
- Entonces no lo tenía tan corto - se rió.
- ¡Quieres dejarte de tonterías y venir aquí! - dijo girándose y palmeando con suavidad sus muslos.
- Esto es acoso sexual, que lo sepas.
- Pues no lo hagas.

Marta se levantó y se sentó sobre los muslos de Laura rodeándole el cuello con sus brazos.

- ¿Sabes? - dijo Laura - He pensado en contárselo a María, con ella si es verdad que no tienes ningún problema.
- No sé, Lauri.
- ¿Lauri?
- ¿No te gusta?
- Sí, no está mal, ¿qué es lo que no sabes?
- No sé si estoy preparada.
- Marta, mírame, es María, incluso he pensado que podrías decírselo tu misma así practicarías. Créeme, le darás una alegría.

Marta se levantó pensando en las palabras de Laura y volvió a sentarse en la silla frente a la mesa de la morena, que no le quitaba ojo ni un segundo.

- ¿En qué piensas?
- Creo que tienes razón.

Unos toques en la puerta las sorprendieron, Marta y Laura se miraron fijamente comprendiendo que aquel era el momento y la rubia asintió.

- ¡Pasa!
- Hola chicas - una alegre María entraba en el despacho - Ha llamado el Señor Suarez y dice que está tan contento con nuestro trabajo que nos invita a comer.
- ¿Qué dices? - se extrañó Laura - ¿Está enfermo?
- A lo mejor tiene fiebre pero eso es lo que ha dicho, te llamará en un momento para confirmarlo - sonrió.
- ¿Y a dónde nos va a llevar? - preguntó Marta.
- Ni idea - las miró un momento a las dos - Bueno, me vuelvo al trabajo - dijo dándose la vuelta.
- Mari, siéntate un momento con nosotras - le pidió Marta.

María se giró nuevamente para mirarla extrañada pero, curiosa como era, se sentó rápidamente a la expectativa de la conversación que vendría a continuación.

- Verás, es que me gustaría decirte algo... - Marta era incapaz de mirar a ninguna de las dos mientras intentaba buscar las palabras que se apelotonaban en su garganta - Yo... nosotras.
- ¿Qué pasa?, me tienes nerviosa.
- Pues que... que... estamos... juntas - pudo decir finalmente.

María miró a Laura que le sonreía ampliamente y después a Marta que la miraba tímidamente.

- ¿Cómo qué juntas? - preguntó para confirmar - ¿Quieres decir que están... juntas?, ¡¿qué están saliendo juntas?! - exclamó.
- Sí - Marta la miró para comprobar su reacción.
- ¡No me lo puedo creer! - se levantó de golpe y la abrazó cariñosamente ante el estupor de la rubia y la risa de la morena - ¡Mis niñas juntas!, ¡Si ya lo sabía yo! - soltó a Marta y se dirigió hacia Laura que ya se preparaba para el fuerte abrazo.
- ¿Cómo que lo sabías? - le preguntó extrañada Marta.
- Ay, mi niña, tu te crees que no tengo ojos en la cara, yo me doy cuenta de esas cosas.
- ¿Cómo qué te das cuenta?, ¿es que se me nota?
- Para mi, sí - miró fijamente a los ojos verdes - ¿Es algo malo?
- Por ahora no queremos que lo sepa nadie más - dijo Laura para suavizar un poco la situación.
- ¿Por qué?, si es estupendo.
- Lo sé... lo sabemos pero tenemos que hacernos a la idea.
- ¿Tenemos o tiene? - preguntó señalando a Marta con los ojos.
- Vale, yo, yo tengo que hacerme a la idea pero no digas nada, por favor.
- No me gustan nada en absoluto este tipo de cosas pero sé guardar un secreto. Eso sí, si veo que se alarga no respondo - dijo mirando fijamente a los ojos azules.
- Mari, tranquila, ya sabemos como es todo esto, lo hemos vivido antes.
- Por eso mismo lo digo - se dirigió a la puerta pero antes de salir miró a la rubia - En este tiempo te he cogido mucho cariño y no sabes lo que me alegra que te hayas dado cuenta de lo que sientes por Laura, pero una cosa sí te digo - el cambio en su tono de voz hizo que ambas la mirasen fijamente - No le hagas daño, piénsalo todo lo que quieras, pero no le hagas sufrir, no se lo merece.
- María - la llamó Laura con voz suave.
- Sé lo que me digo - y sin más cerró la puerta.
- No ha ido tan bien después de todo.
- Claro que sí, se lo has dicho y ella está contenta sólo que se preocupa por mi - se levantó y se sentó en la mesa acariciando la cara de Marta que la miraba con preocupación - Yo confío en ti.

Marta se levantó de la silla y la besó suavemente, la miró pensando en lo que contestar pero sólo fue capaz de sonreír antes de despedirse y volver al trabajo. Salió del despacho y se sentó en su mesa junto a María que acababa de colgar el teléfono en ese momento.

- Lo siento si he sido dura antes - se disculpó la propia María.
- No lo sientas, la quieres y sólo intentas protegerla.
- Yo no dudo que tú también la quieras pero sí de que lo hayas aceptado.
- ¿Aceptado?
- Dentro de ti sigues luchando contra ese sentimiento, no crees que sea correcto o que este bien.

Marta sólo pudo reconocer que tenía razón y sin querer darle más vueltas a aquel asunto continuó con su trabajo.

*****

- ¡Hombre, la desaparecida! - le gritó Jaime al verla llegar al bar.
- Hola gente, ya tenía ganas de verles.

Sentados alrededor de una mesa en "El Capricho" se encontraban Jaime, Karla y el eterno Raico que seguía sin perder oportunidad.

- Dichosos los ojos - dijo Karla levantándose para saludarla con un fuerte beso.
- ¡Pero qué exagerados que son! -saludó a los dos chicos con un beso y se sentó junto a Karla - No hace tanto tiempo que no nos vemos.
- ¿Y qué?, ¿qué es de tu vida? - le preguntó Jaime al tiempo que avisaba a Paco, el camarero, para que le trajese algo.
- Pues lo de siempre - mintió pues aún no se sentía preparada para hablar de su relación con Laura - El trabajo y eso.
- Ya, ¿qué pasa, que también trabajas los fines de semana? - le sonrió Jaime.
- Desde luego - se quejó su amiga, medio en broma medio en serio - Basta que tengas novio para abandonarnos sin más - le guiñó un ojo.

Marta aceptó el refresco que Paco le acababa de servir mientras se pensaba las palabras adecuadas.

- Ya no tengo novio - se sirvió en el vaso sintiendo las miradas fijas de todos sobre ella - Lo hemos dejado.
- ¿Cuándo? - preguntó la morena.
- Hace un par de semanas.
- ¡¿Un par de semanas y no sabía nada?! - la miró molesta - ¿Y qué?, ¿qué ha pasado?
- ¿Por qué? - añadió Raico animándose a hablar, en lo que llevaba sentada aún no había dicho ni media palabra, algo raro en él.
- Parecía un buen tío - añadió Jaime.
- Y lo es.
- ¿Entonces? - volvió a preguntarle Karla.
- No podía corresponderle - bebió del vaso.
- ¿Le has dejado tú?, pero si se te veía contenta - su amiga la miró desconfiada - ¿Hay algo que no nos hayas dicho?
- No podía seguir con él, eso es todo - comenzaba a ponerse nerviosa pues nunca le había gustado mentir - Él se merece a alguien que lo quiera de verdad y yo no puedo hacerlo.
- Vale, si así estás mejor, ¡Qué le vamos a hacer!, pero que me ahorquen si lo entiendo.
- Entonces - sonrió pícaramente Karla - David está libre, ¿eh?
- ¡Para ti no, desde luego! - la inquirió Jaime, recibiendo un suave beso de su novia como respuesta.
- Yo creo que has tomado una buena decisión - sonrió Raico.

Todos se le quedaron mirando concientes de lo pesado que había sido con Marta y temiendo que volviese a las andadas, pero esta vez Marta no se calló.

- No le he dejado por ti, Raico - le miró fijamente intentando que captase bien el mensaje.
- Eso lo veremos.

El moreno le guiñó un ojo pero el comentario le había molestado, se quedó muy serio hasta que recordó una noticia que había llegado a sus oídos recientemente. Le devolvió la fija mirada a la rubia y decidió hablar.

- ¿Conoces bien a tu jefa? - preguntó desafiante.

Marta no se esperaba una pregunta como aquella y no pudo más que sorprenderse y mirarle con angustia. No podía ser que él supiera algo, habían tenido muchísimo cuidado, así que intentó retomar el control sobre si misma antes de decir nada.

- ¿Por qué?
- He oído algo sobre ella y no sé, a lo mejor, tu puedes corroborarlo - sonrió maliciosamente. Marta no respondió sólo esperó a que Raico se decidiera a contarlo - Creo que le gusta el marisco.
- ¿Cómo? - preguntó esta vez Karla sin entender nada y cansada como estaba de aquel supuesto amigo. Sin embargo, Marta lo entendió a la perfección y su cara palideció.
- Quiere decir que es gay - aclaró Jaime que también sentía lo mismo que su novia por aquel tipo, del cual era incapaz de deshacerse, al menos, de manera amigable.
- Exacto - la sonrisa de Raico le cogía toda la cara, orgulloso como estaba de su noticia y mirando nuevamente a Marta preguntó - ¿No lo sabías?
- No - Agachó la cabeza odiándose a si misma, ¿cómo podía mentir de esa manera?
- ¿Qué tu jefa es lesbiana? - se sorprendió Karla.
- Pues ten cuidado, Martita - se rió Jaime - Que esas son peores que nosotros, atacan a lo que sea.
- ¿Qué estás diciendo?
- Jaime es un poco exagerado, pero sí que debes tener cuidado - siguió Karla - ¿Está con alguien?
- ¡Y yo qué sé!
- A lo mejor está con esa vieja con la que trabaja - se rió Raico.
- Esa está casada, ¿no? - dijo Jaime.
- ¡Y qué mas da!, puede ser una tapadera y se lo montan en la oficina en cuanto sales, ¿eh Marta?
- Deberías cambiar de trabajo a ver si se te va a pegar algo - dijo Jaime.
- A lo mejor ya se le ha pegado y por eso ha dejado a su novio, ¿ya no te gusta la carne? - se burló Raico.
- ¡Quieren dejarla en paz! - Karla salió en su defensa - Ella no es así y no tiene culpa de trabajar allí.
- Pues que lo deje, no tiene porque seguir allí - afirmó Raico.

Marta se encontraba demasiado confundida para articular palabra, escuchaba a sus amigos hablar y por su mente pasaban los momentos vividos con Laura, sus dulces besos, los abrazos y las caricias que le hicieron tocar el cielo y sentir el amor fluir por su cuerpo y que ahora, en boca de ellos, se convertía en un acto puramente sexual, en algo sórdido que sólo pasaba entre pervertidas. Sin poder defenderse ni atacar y sin poder aguantar más se levantó ante el estupor de todos.

- Tengo que irme - se disculpó como pudo.
- Oye, ¿no te habremos molestado? - sonrió con malicia Raico que disfrutaba con todo aquello.
- No, es que estoy cansada, hoy ha sido un día duro - se despidió y salió del bar.
- ¡A lo mejor es que han hecho un trío! - se rió Raico.
- ¡Quieres callarte ya, gilipollas! - Karla se levantó para seguir a Marta sorprendiendo a ambos por igual.

Marta caminaba deprisa y alcanzarla era casi imposible para ella si no fuera por que el portal del edificio estaba cerrado y la rubia se entretuvo para abrir la puerta.

- Marta, ¿estás bien? - le preguntó una vez la alcanzó.
- Sí, es sólo - se concentraba en abrir la puerta y en evitar mirarla pues sus húmedos ojos delatarían su estado real - que estoy cansada.
- En serio, Marta. Raico es un imbécil y, a lo mejor, nos hemos dejado llevar, te llevas bien con tu jefa, ¿no?
- Sí y me duele - entró en el edificio y la miró amparada en la oscuridad del portal, Karla permanecía de pie en la acera - Ella no es así, como ustedes han dicho, ha sido...
- Un poco cruel, sí ya lo sé. Yo no tengo nada en contra de eso pero no me sentiría cómoda teniendo a alguien así conmigo, ¿sabes?, para ir al baño o para cambiarme de ropa o no sé.
- Karla, estoy cansada - dijo a modo de despedida, mensaje que su amiga pareció entender bien.
- Vale, ya te dejo, ¿seguro que estás bien?
- Sí - dijo sin demasiada convicción.
- ¿Salimos mañana a algún sitio?
- No sé, ya veré.
- ¿Por qué?, ¿qué tienes qué hacer?
- Adiós Karla - se despidió sin poder aguantar más las ganas de llorar.
- Vale, ya te llamo mañana.

Entró en el piso y pegó la espalda contra la puerta al cerrarla, las lágrimas brotaban sin control y se dejó deslizar despacio hasta acabar sentada en el suelo donde el llanto la dominó por completo. Sabía que su hermano no estaba en la casa y se desahogó sintiéndose una hipócrita, una mentirosa, una mala amiga y una peor novia aún. Por que eso era lo que hacía con Laura, era su novia. ¡Por qué demonios era tan difícil de entender!

Pasados unos minutos se levantó y se dirigió al sofá del salón para sentarse en la oscuridad que la noche proporcionaba a la habitación. Se sentó y dejó que su cuerpo intentase relajarse poco a poco manteniendo la mirada perdida en algún punto de aquel oscuro cuarto. Una luz la sorprendió y giró la cabeza para ver la pequeña luz roja parpadeante del teléfono que sólo podía significar que alguien había dejado un mensaje. Apretó el botón y escuchó la voz de su madre que se quejaba como de costumbre de lo poco que sus hijos la llamaban y amenazaba con aparecer cuando menos se lo esperasen, otra voz masculina la siguió confirmando la hora a la que había quedado con su hermano, una tercera voz la sobrecogió.

- Martita, soy yo... sé que no debería llamarte pero... espero que esto no lo oiga tu hermano... debería colgar lo sé pero tú siempre llegas los viernes antes que él y yo... sólo quiero decirte que te echo de menos... y... estoy loca por ti... llámame... si puedes, claro... yo - el contestador cortó el mensaje al haber terminado el tiempo de grabación.

Al oír la dulce voz de Laura el llanto volvió a aparecer y deseó tenerla allí abrazándola, sintiendo su calor y todo el amor que le ofrecía, todo lo que ella misma no podía darle y que había negado ante el mundo. Sin embargo, había algo peor en todo aquello y es que volvería a hacerlo y lo sabía, como también sabía que tarde o temprano acabaría afectándolas y que tendría que tomar una decisión. Temía ese momento y se repetía a si misma que aún debía de comprobar lo profundo de ese amor como para arriesgarlo todo por ella. Se lo negaba a sí misma pero en el fondo era muy consciente de que no necesitaba tiempo para saber lo mucho que la amaba y que la necesitaba a su lado.

Sin darse tiempo a pensarlo salió a la calle y cogió el primer taxi que vio para dirigirse a la casa de Laura. En coche el trayecto no era largo pero ella tenía prisa, necesitaba verla y darle todo el amor que sentía por ella y que acababa de ensuciar con sus mentiras.

Permaneció parada un largo rato frente a la puerta principal de la gran casa. Como siempre, Laura no había cerrado la valla de fuera y entró sin problemas por el jardín. En su interior discutía las verdaderas razones por las que se encontraba allí, no era sólo amor y ganas de sentir su cuerpo junto al suyo, también necesitaba disculparse ante ella aunque fuese de aquella manera. Lo hacía para sentirse mejor y eso era algo tremendamente egoísta

- ¡Marta!

La voz de la morena la asustó pegando un brinco al escucharla, la miró y se olvidó de todo lo que pasaba por su cabeza hacía sólo un segundo. La luna iluminaba su perfecto rostro y le daba brillo a sus ojos que aún en la oscuridad podía vislumbrar y lo que habían sido temores se transformó en deseo, en el único e incontrolable deseo de abrazarla y besarla hasta que no le quedasen labios.

- ¿Qué hac...?

El empujón de la rubia la sorprendió y la obligó a entrar en la casa impidiéndola decir palabra pues sus labios fueron sellados por un apasionado beso, al tiempo que la dirigía hasta el sofá y la desnudaba. Laura quería hablar pues no entendía lo que pasaba pero la pasión que Marta demostraba la controló hasta que no pudo pensar por si misma. Sólo sentía el cuerpo desnudo de la rubia retorciéndose sobre el suyo en el sofá del salón y la única realidad eran sus besos y el fuego interno que alimentaban con cada caricia.

Sin embargo, Marta consiguió dominarse y lo que había empezado de forma tan salvaje se estaba suavizando convirtiéndose en ternura y cariño sin olvidar la pasión que las envolvía. Aquel cambio de ritmo cogió por sorpresa a la morena pero lo aceptó con agrado pues era lo que más falta le hacía en estos momentos, quería hacer el amor con ella en el sentido amplio. No sólo sexo sino la demostración de sus sentimientos en cada caricia, en cada beso y hacerla suya como ella misma le pertenecía.

- No puedo...

Marta se levantó de repente sorprendiéndola y quedándose sentada sobre sus caderas, Laura la miró sin comprender nada de lo que pasaba aquella noche.

- ¿Qué?

La rubia se levantó del sofá separándose de ella y caminó hacia la puerta corredera del salón, tras la cual estaba la piscina que tan buenos recuerdos le traía.

- ¿Qué te pasa?
- Lo siento... lo siento mucho - se giró para verla y se llevó una mano a la boca mientras comenzaba a llorar.

Laura se incorporó sentándose en el sofá y sin dejar de mirarla.

- ¿He hecho algo...?
- No, por Dios, tú no has hecho nada - quiso abrazarla pero no pudo dar un paso - Soy yo, yo soy la mala en todo esto.
- ¿Qué estás diciendo?
- Me siento como Judas.
- ¿Judas?
- Hoy he visto a mis... amigos - se dio la vuelta incapaz de mantener su mirada - Han dicho cosas horribles y yo... yo no he...
- ¿De qué hablaban?
- ¡Dios mío, lo siento!... ¿cómo... cómo puedes quererme?

La morena observaba el leve movimiento de los hombros de Marta que sólo podían indicar que lloraba, pero lo hacía en silencio pues no escuchaba su llanto. Se levantó y se situó frente a su espalda cogiéndola suavemente de los hombros.

- Hablaban de mi, ¿verdad? - preguntó acariciando su piel.
- Sí.
- Saben que soy gay.
- Sí.
- Pero no les has dicho nada de lo nuestro.
- No - ahora sí podía escuchar su llanto y bajó las manos para abrazarla por la cintura.
- Tranquila...
- No puedo, yo no dije nada... te insultaban... y no dije nada.
- ¿Te dolió?
- Claro que me dolió - dijo la rubia girándose para abrazarla, quiso decirle lo mucho que la quería pero no conseguía que las palabras salieran de su boca.
- Sé lo que decían y es algo que escucharé toda la vida, haga lo que haga - apretó el abrazo - Ahora no has podido defenderme pero lo harás, sé que lo harás.
- ¿Cómo puedes confiar tanto en mi? - se separó de ella incapaz de seguir abrazándola, se sentía demasiado sucia para hacerlo - ¡Ni siquiera yo confío en mí!... voy a hacerte daño, Laura... y no... no quiero hacerte daño, si sigues conmigo sufrirás mucho... - volvió a sentarse en el sofá.
- Sufriré mucho más si no estoy contigo.

Marta la miró fijamente mientras las lágrimas le mojaban la cara y sin poder evitarlo se levantó de golpe y corrió hacia ella para abrazarla con fuerza. Una vez más quiso decirlo pero le resultó imposible, sin embargo, no lo fue para Laura.

- Te quiero.

Marta se separó para mirarla y Laura adivinó sus pensamientos pues sin apenas esfuerzo la cogió en brazos y la besó mientras subía las escaleras camino de su habitación.


Capítulo XVII: La visita

El timbre de la puerta sonaba con fuerza y cada uno esperaba que el otro se levantase a abrirla. Finalmente aquel horrible sonido pudo con ella y con su pereza y se levantó dispuesta a enfrentarse a quien fuera que tocase de aquella manera.

- Ya puede haber un incendio - se quejó en voz baja y ronca.

Miró por la mirilla y se despertó de golpe, tras la puerta estaba su madre. Como siempre, no la esperaban y parecía haber cumplido su promesa ya que tampoco habían ido a visitarla, a pesar de hablar con ella a diario. Cogió aire y la abrió.

- ¡Nena que pinta tienes! - su madre entró dándole un abrazo y moviendo su larga melena rubia.
- Hola mamá, acabo de despertarme.
- ¡No me digas que te he despertado! - sonrió burlonamente la mujer - ¿Y tu hermano?
- Creo que durmiendo, la pereza siempre le puede.
- Pues dejémosle dormir, ¡Tengo una noticia!
- Sí, vamos a dejarle dormir, el pobre tiene que estar muy cansado - le contestó en tono sarcástico - total, sólo son las siete y media de la mañana - ¿cuál es esa gran noticia?
- Me quedo esta semana con ustedes, papá tiene que viajar por trabajo a Lanzarote y estará la semana allí, a mi no me apetece nada así que me dije, ya que la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña.
- No pienso hacer un chiste con eso - se rió Marta - Me alegro de verte, mamá.
- Y yo, ¡Vamos a ver como tienes este apartamento!
- Oye, este apartamento en realidad es de mi hermano así que también es responsabilidad suya.
- Vale pero tu hermano trabaja mucho y tu sales pronto, ¿cuánto haces que no friegas?

Marta cogió aire al comprobar que su madre iba a comenzar una de sus largas inspecciones que acabarían por demostrar el machismo que imperaba en su familia. Para ella todo era responsabilidad suya y su hermano mucho hacía con lavar la losa de vez en cuando, eso en un hombre era suficiente.

- ¿Cómo te va el trabajo? - le preguntó mientras revisaba el baño.

No pudo contestar pues su hermano se acababa de levantar y las interrumpió, tras los abrazos correspondientes y un par de preguntas sobre el trabajo, se dirigieron a la cocina para desayunar.

- Mamá, ¿no trajiste equipaje?
- Claro, hijo, pero lo trae esta tarde Don Victor, ese amigo de tu padre que esta tarde viene para acá, me llamará cuando haya llegado y recogeremos los bolsos.
- Ya sabes lo de esta - dijo señalando a su hermana.
- ¿El qué?, ¿tienes novio? - preguntó ilusionada su madre.
- Noooo, aunque lo tuvo.

Su hermano se levantó de la mesa al terminar de desayunar mientras le dirigía una gran sonrisa que Marta, por supuesto, no le devolvió, ahora tendría que dar explicaciones y era lo que menos le apetecía en estos momentos.

- ¿Cómo?, ¿qué pasó?
- Nada mamá - contestó de mala gana y, por un momento, pensó en David y en su reacción cuando Laura hablara con él el sábado - Sólo lo dejamos, no funcionaba.
- ¿No funcionaba?, ¿el qué no funcionaba?, ¡¡Pero cuándo vas a sentar la cabeza de una vez!! - y mirando a su hijo le preguntó - ¿A qué te refieres entonces?
- Tiene una jefa lesbiana.
- ¿Lesbi qué? - preguntó extrañada su madre - ¿Y eso qué es, un país?
- No, mamá - se rió su hijo - Eso son mujeres que aman a otras mujeres.
- ¡¿Cómo?! - su madre la miró asustada - ¡¿tu jefa es una de esas?!

Marta no había dejado un segundo de mirar fijamente a su hermano quien, a su vez, también la miraba. Otra vez había salido el tema.

- Sí, Laura es gay.
- ¿Laura? - le preguntó con preocupación su madre - Ay, mi hija, tu ten cuidado con esas cosas, ¿pero porqué no buscas en otro sitio?
- Porque allí estoy bien, ella es gay, vale, ¿y cuál es el problema?
- ¡¿Qué cuál es el problema?! - le devolvió la pregunta molesta - ¿Es qué te parece normal dos mujeres... así?, por dios, no puedo ni pensarlo.
- Pues no lo hagas - sonrió su hijo.
- No creo que sea algo tan malo, sólo es amor.
- ¡No de eso nada!, el amor es entre un hombre y una mujer, eso es el verdadero amor - dijo su madre con firmeza - Lo demás es sólo vicio, ¿pero en qué mundo vivimos?
- Iba a cenar con ella esta noche y con María.
- ¡¿Te has vuelto loca?!, ¿quién es esa María?, ¿su novio? - su madre se mostraba indignada.
- María está casada desde hace mucho tiempo y debe tener cerca de tu edad, más o menos.
- ¡Pues mejor haría quedándose en casa con su marido y no por ahí cenando con esa!
- Su marido también va y yo...
- Tu nada - su madre la miró fijamente - Escucha, quiero que busques otro trabajo, no estoy tranquila si te quedas ahí.
- ¡Pues lo siento mucho pero no voy a cambiar de trabajo! - se levantó de golpe, a estas alturas estaba enfadada pero no sólo con su madre, lo estaba aún más consigo misma.
- ¡Claro que sí!
- Mamá - llamó a su madre desde la puerta de la cocina con voz firme y sin dejar lugar a dudas terminó - Voy a seguir trabajando allí te guste o no, Laura no es ninguna viciosa y María es un auténtico encanto, deberías conocerlas.
- ¡Jamás!

*****

El rubio llevaba unas 20 piscinas nadadas y parecía tener fuerzas para 20 más. Laura se sentía cansada con sólo mirarle desde la tumbona donde llevaba echada lo suficiente para sentir el efecto del sol en su piel. Mientras le miraba dar brazadas a un lado y a otro pensaba en como se lo diría.

Hasta ahora podían hablar de cualquier cosa pero todo había cambiado desde que Marta le dejó. Sentía que poco a poco le perdía como amigo, ya sólo hablaban de vez en cuando por teléfono, y si eso iba a suceder por lo menos debía de saber la verdad.

Tan absorta estaba en sus propios pensamientos que no se dio cuenta de la presencia de David a su lado. Secándose con una toalla suavemente la miraba intentando adivinar lo que pasaba por su mente, tiempo atrás lo hubiera sabido al instante pero ahora no tenía la menor idea y aquello no le gustaba. Quería recuperar a su vieja amiga.

- ¿En qué estás pensando soñadora?
- En que ya no hablamos como antes.
- Yo también pensaba lo mismo y la verdad no entiendo por que.
- ¿Cómo estás, David?
- ¿A qué viene eso?
- Me refiero a como estás después de lo de Marta.
- Ah, bien.
- ¿Seguro?, no me lo parece.
- Es cuestión de tiempo... ¿y ella cómo está?
- Muy bien.
- Ah.
Un silencio incómodo surgió entre ellos y ninguno de los dos sabía como hacerlo desaparecer. Finalmente David se decidió a preguntar.

- ¿Está con alguien?
- ¿Cómo? - Laura no se esperaba esa pregunta.
- Digo si está con alguien.
- Sí - decidió que era mejor no mentir más.
- ¿Ah sí?
- ¿Eso importa?
- No, en realidad, pero ya sería algo.
- ¿Algo de qué?
- Sería una explicación de por qué lo hizo.
- De por qué te dejó, ¿no te lo dijo?
- Me dijo, simplemente, que no podía quererme y no lo entendí como tampoco lo entiendo ahora. El día antes todo iba bien y, de repente, se queda dormida en la playa y todo cambia - se incorporó lo suficiente para poder mirarla - ¿Tu lo entiendes?
- Es difícil pero te hubiera echo mucho más daño si llega a seguir contigo.
- ¿Con quién está?
- ¿Has entendido lo qué te he dicho?

Esta vez David se incorporó hasta sentarse en la hamaca y se le quedó mirando fijamente.

- ¿Qué si he entendido qué? - su tono había cambiado ligeramente.
- Pues que no podía seguir contigo y que fue lo mejor que pudo hacer dadas las circunstancias.
- ¿Qué circunstancias? - David comenzaba a sospechar algo.
- Que no podía quererte como te mereces.
- Esas fueron sus palabras exactas, ¿sabes?
- Lo sé, me lo contó.
- ¿Vas a decirme con quién está... o... quieres qué lo adivine? - Laura desvió la mirada incapaz de aguantar la de David.
- Está con... - dudaba.
- No.
- Está con...
- No, por favor, no.
- Conmigo.
- ¡Joder! - se levantó de golpe - ¡Pero...! - la frustración que crecía en su interior le impedía pensar con claridad.
- David, no fue planeado, surgió sin más.
- ¿Qué no fue planeado?, ¡¡¿qué quieres decir con eso?!!, ¡Joder Laura!, ¡Tu más que nadie sabía lo que yo sentía por ella! - comenzó a dar vueltas por el pequeño trozo de césped y con cada palabra elevaba algo más la voz hasta gritar con toda su dolor - ¡Estaba enamorado!, ¡Ella no es bollera!, ¡¡¿qué le hiciste?!!, ¡¡¿le comiste la oreja o qué?!!
- ¡¡Deja de gritar como un poseso y siéntate!!
- ¡¡Y una mierda!!, ¡¡Tengo todo el derecho del mundo!!, ¡¡Qué clase de amiga eres tú!!

Laura se quedó completamente petrificada al ver lo que parecía una lágrima en el rostro de David, sólo una vez lo vio llorar y fue en el funeral de su padre. Tenía que haberle echo mucho daño, más del que ella misma podía imaginar.

- Lo siento, no fue culpa de nadie, surgió...
- ¡¡¿Cómo que no fue culpa de nadie?!! - se acercó para gritarle a la cara algo que Laura jamás permitía pero en aquel momento tenía que aguantar, debía de desahogarse antes de poder hablar con él - Mírame a la cara, Laura, ¿te has acostado con ella?
- David, somos novias.
- ¿Y fue antes o después de cortar conmigo?, no espera, no me contestes, fue la noche que se quedó dormida, ¿no?, por eso cambió de idea. No digas nada, lo leo en tus ojos - caminó alrededor de ella - Así que mi novia se acostó con mi mejor amiga, perfecto, ¡¡Maravilloso!!, al menos podían haberme invitado.

Laura permanecía sentada sintiendo que aquello era el fin, había demasiado dolor en él como para poder perdonarla, tanto a ella como a Marta.

- David, hace muchos años que somos amigos...
- ¡¡¿Amigos?!! - gritó y mientras recogía su ropa le replicó con voz amarga - Tú no sabes lo que es eso.
- David... ¡David!... ¡¡David!! - le llamó por el pasillo hasta que el rubio salió a la calle y abrió el coche para un segundo después salir disparado.

*****

- ¿Qué te pasa? - preguntó María.

Laura tenía la mirada perdida y a pesar de que le habían servido su plato de solomillo a la fresa hacía un rato, no había probado ni un bocado. Esa noche salieron las dos solas a cenar pues Pepe estaba demasiado cansado y Marta tenía una cena familiar.

- No sé lo que estoy haciendo - logró decir por fin.
- ¿A qué te refieres, cielo?
- He perdido la amistad de David que tanta falta me hace, por alguien que ni siquiera sé si me quiere.
- ¿Por qué no está ella hoy aquí?
- Tenía cena con su hermano y su madre.
- ¿Y por qué no estás con ellos?, yo podía quedarme en casa con Pepe, sabes que no me importa.
- Lo sé pero ella no me invitó, ni siquiera lo insinuó. Creo que se avergüenza.
- ¿De qué?
- De nuestra relación - una lágrima le rodó por la mejilla.
- Ella te quiere, no sé si te lo habrá dicho pero estoy segura, sólo necesita tiempo para hacerse a la idea, ya sabes como es.

Con sus propias palabras intentaba convencer no sólo a Laura sino a ella misma pero resultaba inútil. A estas alturas comenzaba a indignarse con la forma en que Marta la trataba pero Laura la quería demasiado para darse cuenta de esos detalles.

- He perdido a David por ella.
- Oye, tampoco le eches toda la culpa a Marta, ella no te obligó a nada.
- Lo sé, pero yo pierdo a mi familia y a mi mejor amigo y ella, sin embargo, ¿qué?, no cuenta nada, no se lo dice a nadie y me pide que lo esconda. Es demasiado fácil.

María esta vez no contestó pues estaba completamente de acuerdo con todo lo que escuchaba. La cena terminó antes de empezar pues las lágrimas de Laura resbalaban por su cara sin control y decidieron pagar e irse a casa. María la acompañó hasta que el cansancio pudo con ella y se quedó, finalmente, dormida.

Al día siguiente el ambiente en el trabajo estaba tenso y se notaba en el poco habitual silencio que reinaba en la oficina. Laura llevaba encerrada en su despacho todo el día y ni siquiera quería recibir llamadas, María permanecía en su mesa con semblante serio y cuando hablaba con ella lo hacía en un tono brusco.

Tuvo que salir a entregar unos papeles y cuando volvió a la oficina, entró sin dejar de mirar a María y se sentó en su puesto. Sentía que la mujer estaba molesta con ella y se imaginaba que sería por la cena, pero lo que más le preocupaba en estos momentos era Laura. Llevaba todo el día encerrada pero decidió esperar a que María se fuera para hablar a solas con ella, sin embargo, la propia María se le adelantó, pues giró la cabeza y le devolvió la misma mirada fija que ella le mostraba. En un gesto poco habitual, acercó su silla.

- Escúchame - le dijo en tono serio pero bajando la voz - Sabes que soy muy directa así que iré al grano, no me gusta nada pero nada lo que estás haciendo con Laura, si la quieres demuéstralo pero si no déjala en paz de una vez, vale. Yo sé que la quieres pero si eso no te parece bien ahí tienes la puerta, ¿ok?, y no me refiero a despedirte sino a salir de su vida. Le estás haciendo mucho daño, ella ha perdido a su familia y a su mejor amigo y para colmo su novia se avergüenza de su relación.
- Yo no me avergüenzo - le contestó en voz igual de baja.
- ¿Ah no?, ¿y qué estás haciendo?. Anoche estuve con ella casi toda la noche, no paró de llorar. ¿Por qué no viniste a cenar?, y encima avisas a última hora.
- No podía, tenía cena con mi madre.
- ¿Y por qué no la invitaste a ella?
- Mi hermano le contó que es gay y mi madre no quiere saber nada de esos asuntos.
- ¿Te estás escuchando?, esos asuntos son los tuyos, a ver si te enteras de una vez, niña. Tú también eres gay, te guste o no, sobre todo si piensas seguir con Laura. ¿Qué harás?, ¿seguir mintiendo toda tu vida?. No permitiré que le hagas volver a eso, si eres demasiado cobarde para enfrentarte a los demás es tu problema pero yo si la quiero, ¿vale?, y no lo permitiré - esto lo dijo al tiempo que recogía su mesa, cogía su bolso y se levantaba sin más, para salir de la oficina.


Capítulo XVIII: Una nueva amistad

Antes de bajar al bar dónde había quedado decidió avisar a su nueva vecina, Dácil quién se había convertido en una amiga en el poco tiempo que llevaba viviendo en el edificio. Tocó el timbre y no tuvo que esperar mucho tiempo hasta que la rubia de pelo corto le abriese la puerta.

- Hola Marta - la saludó sonriendo.
- Hola guapa, he quedado en el bar con los demás, ¿te apuntas, verdad?

Dácil llevaba un par de meses destinada en la isla trabajando en el puesto que ella había dejado vacante en el banco, algo que no le había contado aún. Era gay y todos los días quedaba con su novia Tania que vivía en Tenerife y hablaban por teléfono, era una relación un tanto difícil.

- Tengo que llamar a Tan.
- ¿Te toca a ti hoy?

Marta no había hablado nunca con Tania pero Dácil le había contado toda su historia.

- Sí.
- ¿A qué hora?
- Pues ya, habíamos quedado a las nueve.
- Tú sabes dónde está el bar, ¿no? - le preguntó sonriendo.
- No sé, es que hay tantos - dijo burlonamente.
- Te esperamos abajo, ¿vale? - le sonrió - Cuidadito con lo que se hace.
- Ojalá pudiera hacer algo.

Marta le sonrió y bajó las escaleras del edificio pensando en lo fácil que sería todo si no tuviera tanto miedo a sincerarse, miedo a las reacciones que todo aquello provocaría. "¿Por qué será tan difícil? - pensó - Quizás no lo sea, quizás soy yo quien lo hace tan difícil".

A medida que se acercaba al bar y veía las caras de sus amigos pensaba en cómo decírselos, ¿pero cómo hacerlo después de la última conversación?. Sabía como pensaban, había quedado claro y, sin embargo, ¿qué clase de amigos serían si no la aceptaran tal y como es?

- Hola pedazo de rubia - le saludó siempre sonriente Javier.
- Hola guapetona - le sonrió Karla levantándose para abrazarla.
- Bueno, ¿qué pasa hoy?, ¿es que van a pedirme algo?
- Qué desconfiada eres, ¿cómo van las cosas?
- ¿Qué cosas?
- El trabajo, el amor, los amigos, la familia, esas cosas.
- El trabajo bien, el amor lo intento aunque no lo parezca, los amigos son los pesados de siempre y la familia está metida en mi casa, por cierto, ahora baja Dácil - suspiró.
- Estupendo y ¿quién está en tu casa? - preguntó Jaime.
- Mi madre.
- ¡Qué horror!, así tienes esa cara.
- Tampoco es para tanto, hombre, que es mi madre.
- Lo sé... - puso mueca de estar cansado - por eso lo digo.
- ¿Y qué es lo que estás intentando? - preguntó curiosa Karla ignorando a su novio.
- ¿Intentando?
- Sí, con el amor, dices que lo intentas, ¿es qué hay alguien por ahí?

Parecía el momento oportuno para hablarlo, al fin y al cabo, sólo estaban Jaime y Karla, se armó de valor mientras buscaba las palabras adecuadas.

- Hola gente - Dácil apareció en escena.
- Hola guapetona - sonrió Jaime y mirando a Marta añadió - La otra guapetona... ¡Ay! - un pellizco de su novia fue suficiente para borrarle la sonrisa - ¿Qué tal estas? - dijo frotándose el brazo.
- Mejor que tu al parecer.
- ¿Estás bien? - preguntó Karla, la cara de Dácil no mostraba nada bueno.
- ¿Te ha pasado algo? - preguntó Jaime.
- No, tranquilos, sólo son bajonas que le dan a una - acertó a decir.
- ¿La morriña, eh? - preguntó esta vez Karla - Ya te queda menos, mujer.
- Un mes - suspiró.

Marta la miraba fijamente pues se daba cuenta de que algo no andaba bien, se le notaba demasiado. Aquel sería un buen momento para hablar así que se disculpó con los demás e invitó a Dácil a dar un paseo junto a la playa. La noche era cálida, y la ligera brisa que llegaba del mar se agradecía, cuando estuvieron un poco alejadas, Marta fue la primera en hablar.

- ¿Qué ha pasado, Dácil?, y no me digas que tienes morriña, ¿conseguiste hablar con tu novia?
- ¿Mi novia?, yo no la llamaría así.
- ¿Y cómo la llamarías?
- La verdad, no lo sé.
- ¿Hablaste con ella?
- Después de llamarla como una loca desde las nueve hasta las diez menos cuarto, se encontró con una amiga del gimnasio con quien hacía tiempo que no hablaba. Y, por lo visto, tenían mucho que contarse.
- ¿A qué te refieres?
- Perdona, es que no... no quiero hablar de eso.
- Vale, no pasa nada, aunque si quieres hablar ya sabes.

Permanecieron un rato paseando hasta que llegaron al final de la avenida y decidieron regresar, Marta pensó que sería un buen momento para empezar a sincerarse ya que si alguien podría entenderla esa era Dácil, pero esta se le adelantó.

- No volveré a llamarla - dijo sin más.
- ¿Por qué?, ¿lo han dejado?
- ¿Dejado?, ¿el qué?, ¿una relación telefónica?
- Sabías que iba a ser así desde el principio, al menos hasta que estuvieras aquí.
- Lo sé, lo que no sé, es lo que ella siente por mí.
- "Eso mismo se preguntará Laura" - pensó - ¿Tú la quieres?
- Sí. ¡Y no me hace falta verla para saberlo!, simplemente es así.
- ¿No necesitas verla?
- Vale, claro que necesito verla y besarla y abrazarla. Pero, por ahora, esto es lo que tenemos. O lo que teníamos - dijo con pena en la voz.
- ¿Qué ha cambiado?
- Ella ha cambiado - Dácil se paró mirando a Marta - Será mejor que me vaya.
- Vale, te acompaño si quieres, estoy cansada, mañana es sábado y me temo que no voy a poder dormir mucho con mi madre en casa. Por cierto, pronto tendremos una fiesta.
- ¿Fiesta?, ¿dónde?
- En casa de Jaime.
- ¿Y eso?
- Es el cumpleaños de Marcos, el hermano.
- Ah, vale - dijo sin entusiasmo.

Marta no estaba para muchas fiestas pero quizás fuera lo que necesitaba, sin embargo, dudaba si invitar a Laura o no, ¿por qué no?, ¿por qué no puede invitar a una amiga?. Llegaron al edificio y subieron por la escalera hasta la tercera planta, cada una se dirigió a su propio piso pero Dácil se volvió para mirar a Marta.

- Oye, ¿te apetece pasar un rato?
- ¿Estás segura? - Marta sonrió por dentro, necesitaba hablar con alguien y no sabía como pedirlo.
- Claro, ¿por qué no?
- Vale.

Ambas entraron en el apartamento y Dácil se dirigió a la pequeña cocina seguida de Marta, abrió la nevera y cogió el único licor que tenía en el piso. Era licor de crema catalana, uno de sus preferidos.

- ¿Quieres? - le ofreció a la rubia.
- Claro, me encanta ese licor.
- A mí también.

Se sentaron en la pequeña mesa frente a dos vasos, Marta pensaba como sacar el tema pero una vez más Dácil pareció leerla la mente y se adelantó.

- ¿Puedo hacerte una pregunta?
- Claro.
- ¿Por qué no sales con nadie?
- ¿Cómo? - la pregunta la cogió por sorpresa pero en el fondo se alegró de que la hiciera.
- No sé, te miró y veo una mujer muy guapa y sexy, y, sin embargo, estás sola. Ni siquiera sé, si eres gay o no.
- Eso es algo que nadie sabe, ¿por qué te lo voy a decir a ti? - de repente, estaba a la defensiva, y no entendía por qué.
- Tranquila, no pasa nada, no contestes si no quieres. Sólo me faltaba enfadarme contigo hoy.
- Perdóname tu a mi, yo lo sé todo sobre ti y tú no sabes nada de mí, ¿no?
- Algo así, pero no hace falta si no quieres. Total yo me iré dentro de un mes.
- Te echaré de menos, espero que me escribas o me llames de vez en cuando.
- ¿Más llamadas? - se rió Dácil y miró a Marta - Yo también te echaré de menos, preciosa. Te escribiré y te llamaré, las dos cosas.

Marta notó las manos de Dácil sobre las suyas y en un acto reflejo las apartó lamentándose al instante de ser tan desconfiada.

- Yo... estoy con alguien - logró decir finalmente.
- ¿Cómo?
- Lo que oyes, tengo pareja.
- ¿Desde cuándo?
- Hace unos cinco meses, más o menos.
- ¿Pero si nunca te veo con nadie?, ¿por qué lo escondes?, ¿y quién es tu novio?
- Novia, en realidad.

Dácil soltó sobre la mesa el vaso que se disponía a llevarse a los labios, le entraron ganas de reírse pero decidió que no era el momento, y aguantó.

- Vaya... así que al final estamos en el mismo lado, ¿eh?, ¿pero por qué lo escondes?
- Desde que me contaste lo de Tania pensé en decírtelo pero es difícil.
- ¿Nadie lo sabe?
- No.
- ¿Y quién es?
- Es mi jefa.
- ¡Venga ya! - se rió - Esa pedazo de mujer.
- Dímelo a mí - Marta miró a Dácil y ambas se rieron.
- Por lo menos, no tienes mal gusto.
- ¿Cómo es Tania?
- Se parece a tu novia pero mejor.
- ¿Por qué mejor?
- Ella tiene mejor gusto que la tuya - se rió.
- Graciosa.
- ¿Y qué vas a hacer?
- ¿Con qué?
- ¿Vas a ocultarlo toda la vida?
- Tú y María son las únicas que lo saben.
- Pero tendrás que decirlo, Marta, y cuanto antes lo digas mejor.
- Tú no les has oído hablar sobre homosexualidad.
- Vamos a ver, ¿tú le has dicho que yo lo soy?
- No.
- ¿Cómo?
- No te hablarían si se lo dijera.
- Eso a mí me da igual, la próxima vez que los vea se lo diré y punto, y tú también deberías decírselo, si son de verdad tus amigos acabaran aceptándote, les costará pero lo harán. A todos nos cuesta aceptarlo al principio - Dácil la miró fijamente un momento antes de preguntar - ¿Tú lo has aceptado?
- No puedo negarme lo que siento.
- No te he preguntado eso y lo sabes.

Marta la miró a su vez, sabía que esa era la raíz del problema, por mucho que amase y desease a Laura aún no se había echo a la idea y tenía que admitirlo, era un primer paso.

- Ahí está el problema, debes aceptarte primero a ti.

Dácil no necesitaba oír una respuesta para conocer la verdad.

- Marta, es sólo amor, ni mejor ni peor que el heterosexual, deberías saberlo.
- Y lo sé.
- ¿La quieres?, y piénsalo antes de contestarme.
- Nunca he querido a nadie como la quiero a ella, la amo.
- ¿Y se lo has dicho?
- No.
- ¿Por qué?
- No lo sé.
- Lo peor de todo esto es que acabarás perdiéndola.
- No quiero ni pensar en eso, pero tienes razón, le estoy haciendo daño, ella ha pasado mucho por mi, ha perdido un amigo por mi culpa.
- No me gusta amenazar, ¿sabes?, pero soy tu amiga y no voy a permitir que pierdas una amor así por los prejuicios y menos si son los tuyos, así que si no lo dices tú lo acabaré diciendo yo.
- Eres la segunda persona que me amenaza con lo mismo.
- ¿María te dijo eso?
- Sí, y se me está acabando el plazo.
- ¿De qué tienes tanto miedo?
- De todo - las lágrimas asomaban en sus ojos.

Dácil se levantó y se acercó a ella abrazándola.

- No tienes por qué sufrir así, cariño, ni hacerla sufrir a ella, no sabes lo maravilloso que es cuando no se miente.
- Lo perderé todo.
- ¿Todo?, la perderás a ella si no te sinceras.
- Perderé a mi familia y a mis amigos.
- No conozco a tu familia pero a tus amigos no creo que los pierdas, oye ¿por qué no la invitas a la fiesta?
- Estaba pensando en eso.
- Pues no lo pienses más y hazlo.

Continuaron hablando hasta que las primeras luces del amanecer las sorprendió, Marta se despidió agradeciendo a Dácil todo su apoyo y lo mucho que la había ayudado y aguantando la bronca que su madre no tardó en soltarle en cuanto entró por la puerta de su apartamento.


Capítulo XIX: La Fiesta

Karla no dejaba de mirar su reloj, Marta llevaba ya una hora de retraso y comenzaba a preocuparse. Le había comentado que tenía que ir a buscar a alguien pero Dácil vivía al lado, por tanto, no tenía ningún sentido tanto retraso.

- Pues no lo pienses más y hazlo.
- ¿Marta no iba a venir? - preguntó Raico.
- El que no tenía que haber venido eres tú.

La brusca contestación de Karla se debía a la conversación que había mantenido su novio Jaime con él aclarándole unas cuantas cosas, entre ellas que prefería no verle por la fiesta, sin embargo, como de costumbre Raico no hizo ningún caso y Marcos, el hermano de Jaime y dueño del dúplex donde celebraba su propio cumpleaños, era demasiado buena gente para decirle nada.

- El que no tenía que haber venido eres.
- Siempre tan amable, ¿eh? - sonrió a Karla con ironía.
- Marta no quiere nada de ti.
- En cambio yo si quiero algo de ella.
- Ten mucho cuidado.
- ¿Eso es una amenaza?
- Si es necesario sí - la voz de Jaime les sorprendió a ambos - Estás aquí porque mi hermano es demasiado bueno pero yo no lo soy tanto, no te pases ni un pelo.
- Tranquilo, tigre - se despidió mostrando su cínica sonrisa - Hasta luego.
- No sé cómo pude ser amigo de este, estaba ciego.
- ¿Sabes dónde anda Marta?, iba a buscar a Dácil pero está tardando demasiado.
- Pues Dácil ya está aquí.

Una rubia sonriente se acercaba hasta ellos en ese mismo momento.

- Hola pareja, ¿cómo están? - les dio un beso a cada uno que fue igualmente correspondido.
- Hola, muy bien desde que has llegado.
- Jaime, un día Karla se va a mosquear en serio.
- Y qué lo digas - contestó la propia Karla - ¿Marta no te traía?
- ¿Marta?, no, he venido caminando, me apetecía dar un paseo.
- ¿Entonces no viene?
- Claro que sí, debe estar a punto de llegar.
- Pero...
- ¿Eso qué es?, ¿sangría?
- Sí, la hizo Marcos, está buenísima, es un fiera el tío con estas cosas - dijo Jaime - No es bueno que esté orgulloso porque se le den las bebidas alcohólicas pero como él no bebe nada.
- ¿No bebe nada?, pues esto está buenísimo.

Dácil ya probaba del vaso que se acababa de servir evitando intencionadamente la pregunta que, sin duda, Karla se moría por hacerle. De todas formas, en sólo un segundo serían contestadas pues Marta acababa de subir a la gran terraza donde estaba montada la fiesta.

- Ahí la tienes.
- Ah, por fin - Karla fue a saludarla pero se quedó parada un momento - ¿Esa no es su jefa?
- Efectivamente, me dijo que la invitaría - miró fijamente a ambos comprobando su reacción - ¿No les importará?
- No, en absoluto, por lo menos a mí no - sonrió Jaime - Y a mi hermano menos.
- Hola gente.

Marta saludó con un tímida sonrisa, no sabía como iban a reaccionar al ver a Laura con ella, al fin y al cabo era la última persona que esperaban ver esa noche. Laura permanecía de pie un paso por detrás, manteniendo las distancias y comprobando igualmente las reacciones al verla.

- Laura, ella es Karla y él su novio, Jaime... y a Dácil ya la conoces.

Todos se saludaron sonriendo y Dácil le guiñó un ojo, había podido conocerla cuando días atrás las había invitado a su piso a ella y a Marta, estuvieron prácticamente toda la noche hablando y le gustaba mucho Laura, en muchos aspectos le recordaba a su adorada Tania, tenían los mismos llamativos e increíbles ojos azules.

- ¿Tu eres el que cumplesaños? - le preguntó Laura a Jaime.
- No qué va, todavía no me toca - se rió - Es mi hermano, aquel tío tan feo de allá.

Señaló a un chico de veintipocos años alto y moreno y rodeado de un grupo de mujeres.

- Él se lo llevó todo - se quejó.
- No todo - Karla le rodeó por la cintura y le guiñó un ojo.

Laura miró a Marta, deseaba poder tener aquellas muestras de afecto con ella sin importar lo que la gente pensara, pero aún era imposible. Ni siquiera la había presentado como una amiga, todo el mundo daba por sentado que era sólo su jefa con la que se llevaba bien. Todo aquello empezaba a cansarla sobremanera y a no dejarla dormir por las noches, no estaba dispuesta a continuar con aquella farsa por más tiempo y así se lo había echo saber a la propia Marta minutos antes.

*****

- Aquí es.

Marta señalaba un edificio de sólo dos plantas que quedaba al final de la calle, buscó un aparcamiento pero resultaba inútil, llegaban tarde y todo el mundo había aparcado ya. Por detrás de la casa existía un pequeño terreno sin edificar que algunos utilizaron como aparcamiento, entre ellos la propia Laura al no tener otra alternativa a la vista.

- Marta, ¿estás segura?

Laura había parado el coche y la miraba fijamente, no sabía muy bien como enfrentarse a la situación pero si algo tenía claro era que tenía que hacerlo y pronto. Su relación comenzaba a peligrar y no quería perder a la mujer que la hacía temblar con sólo mirarla, a quien amaba y deseaba como nunca había sentido antes.

- Laura tengo que enfrentarme a lo que siento por ti, enfrentarme al mundo.
- Yo no podré estar así toda mi vida, Marta.
- Lo sé.
- No creo que lo sepas - Marta la miraba extrañada - Yo te amo y te lo he dicho mil veces, sin embargo, yo no sé lo que sientes por mi, no me lo dices y necesito saberlo y que dejes de avergonzarte.
- No me avergüenzo.
- ¿Ah, no?, ¿qué les dirás a ellos cuando nos vean llegar?
- Yo puedo invitar a quien quiera.
- Puedes invitar a cualquier amiga, ¿no?
- Claro.
- Pero yo no soy tu amiga... ¿o sí?
- Eres mucho más que eso...

Una vez más las palabras se le atragantaban en la garganta, luchaba por sacarlas pero no encontraba las fuerzas suficientes para hacerlo, quiso coger su mano ya que si con palabras no podía con gestos si lo intentaría, sin embargo, Laura la rechazó, por primera vez desde que estaban juntas rechazaba una caricia suya.

Una sensación de ansiedad se apoderó de ella al ver como Laura salía del coche sin mirarla, el final se acercaba y sólo ella podía evitarlo. La idea de estar sin ella se le pasó por la mente y fue demasiado dolorosa para soportarla ni siquiera un segundo.

*****

Se adueñaron de un rincón de la terraza y de las sillas y mesas que lo adornaban, el grupo mantenía una animada charla sobre las ridículas situaciones que habían vivido cuando eran niños.

- Mira que uno hacía tonterías, ¿verdad?
- Sobre todo cuando te gustaba algún chico - se reía a su vez Karla.
- Yo una vez escribí una carta - comentó Dácil.
- ¿Una carta?
- Sí, en el edificio de enfrente vivía una vecina y me había enamorado tontamente, no sabía como acercarme y le escribí una carta, qué vergüenza, sólo le decía disparates uno detrás de otro.

El grupo la miraba fijamente sobre todo Jaime y Karla que mostraban la misma expresión de extrañeza en sus caras.

- Pero, ¿a quién le escribiste? - le preguntó finalmente Karla - ¿Al hermano de tu vecina?
- No, que va, a mi vecina... ¿es qué ustedes no lo saben? - miró sonriendo a Marta y esta agachó la cabeza - Me extraña que Marta no les haya dicho nada.
- ¿Eres lesbiana? - preguntó con sorpresa Jaime.
- Sí, desde que tengo uso de razón.
- Vaya, ¡Otra más!, esto se está convirtiendo en una fiesta gay.

Todos se giraron para ver a Raico que acababa de acercarse justo a tiempo para escuchar el último comentario.

- ¿Qué, no tienes otra cosa que hacer que meterte en conversaciones ajenas? - le recriminó Karla - ¿Tan aburrido estás?
- Esto está más interesante - miró a Dácil - así que eres lesbiana.
- Pues sí, y así que tu eres... un capullo reprimido.
- Pues aquí hay otra - dijo mirando a Laura.
- Raico, ¿quieres largarte ya?, aquí no pintas nada - las palabras de Marta sonaban rotundas pero para Laura eran insuficientes e incluso falsas.
- Vaya, las defiendes, empiezo a entender por qué ya no tienes novio, y sobre todo, porque no quieres estar conmigo, sería la única explicación de por que no quieres estar con un hombre.
- ¿Y a qué hombre te refieres? - le preguntó Karla - El único que veo por aquí es Jaime, y ya está comprometido.
- Ja, ya quisiera ese ser como yo.
- ¡Quieres largarte ya jilipollas! - Jaime se levantó y Raico se alejó sonriendo.
- ¡Será imbécil!
- Ahora irá a contarlo por ahí - dijo Karla.
- ¿El qué? - preguntó Dácil - ¿Qué soy gay?, a mí eso me importa más bien poco.
- ¿No te preocupa que lo sepan todos?
- En absoluto, ¿por qué tendría que preocuparme?, es la verdad.
- Bueno, al fin y al cabo te vas dentro de poco, ¿no?
- Eso no tiene nada que ver, aunque me quedase a vivir no me importaría lo más mínimo, es lo que soy y no voy a cambiar sólo por que a los demás no les guste. Es mi vida.
- Eso mismo pienso yo - eran las primeras palabras de Laura en toda la noche.
- No son como las imaginaba - dijo Jaime.
- ¿Cómo?
- Bueno, que no sé, no son...
- Te refieres a que somos femeninas, buena gente, no violamos ni robamos, ni nada de eso, ¿no?
- No mujer, pero... no lo entiendo - dijo Karla.
- ¿Y qué hay que entender? - Laura volvía a hablar - Somos personas perfectamente normales, mujeres como cualquier otra, la única diferencia está en nuestra forma de amar, ¿es eso algo tan grave?
- Y ustedes, ¿están juntas? - preguntó Jaime.

Laura miró a Marta que sólo escuchaba, era el momento para hablar pero aún no se decidía. Por un momento pensó en decirlo ella misma pero Dácil habló antes de darle tiempo a lanzarse.

- No, mi novia está en Tenerife.
- ¿Vas a volver con ella cuando te vayas?
- Por supuesto, me muero de ganas por volver a verla.
- Sigo sin entenderlo, ¿por qué son lesbianas?, ¿por qué complicarse la vida de esa manera? - dijo Karla.
- Karla esto no es algo que una elija, no llegas un día y dices pues me voy a hacer lesbiana, ála, se trata de sentimientos y eso no lo puedes remediar - dijo Laura - Yo sólo puedo amar a mujeres y esa es la verdad, lo pasé mal hasta que lo acepté, y no es que deteste a los hombres ni mucho menos, sólo que no puedo sentir...
- Amor por ellos - continuó Jaime.
- Exacto - Dácil le sonrió.
- Bueno, pues yo también sólo puedo amar a mujeres - dijo Jaime mirando a Karla - Y a una en concreto y si ella me lo permite, me gustaría bailar con Marta a ver si consigo sacarle esa sonrisa tan hermosa que tiene porque hoy está en otro mundo.
- Perfecto, a ver si la espabilas, ¿qué te pasa hoy Marta?, no has dicho una palabra - le dijo Karla.

Marta agradeció a Jaime que la invitase a bailar pues así podría aclarar sus ideas y evitar contestar con mentiras a la pregunta de su amiga. El propio Marcos hacía de Dj pues era una de sus trabajos y disfrutaba con ello, había comenzado con algo de merengue que sabía gustaba a todo el mundo. Jaime bailaba con Marta bajo la atenta mirada de Laura, mientras que Dácil y Karla seguían hablando y aclarando las dudas que la morena tenía sobre la homosexualidad, era también una forma de ayudar a la propia Marta.

- ¿Qué tienes hoy? - le preguntó Jaime.
- No sé.
- No has dicho nada, ¿sabías lo de Dácil?
- Claro.
- ¿Y por qué no nos habías dicho nada?
- No sabía si ella lo quería.
- En el fondo me parece valiente y Laura también.
- ¿En serio?, pues el otro día no decían eso precisamente.
- No hagas caso de todo lo que decimos, a veces es hablar por hablar.
- Pues hablaron de Laura como si fuera una depravada.
- No lo parece, en absoluto - le sonrió - Pero ella también está seria hoy, ¿ha pasado algo entre ustedes?

Marta no encontraría un momento mejor para poder hablar del tema pero la música cambió del merengue al Dance y eso no era lo de Jaime que decidió volver a sentarse.

- ¿Qué ya te sientas? - le sonrió su novia - De eso ni hablar vamos a movernos un rato, ¿qué chicas, vamos?
- Por supuesto - sonrió Dácil - Venga, a olvidar las penas, ¿ustedes vienen pareja?

La pregunta iba dirigida a Laura y a Marta, esta última la miró fijamente pero Dácil se limitó a sonreír y a seguir a Karla y a un obligado Jaime en busca de un hueco para bailar.

- ¿No quieres bailar? - preguntó Marta después de un momento de silencio.
- No me apetece, ¿y a ti?, por mi no te quedes, no hace falta.
- Quiero quedarme contigo.
- ¿En serio?, ¿y eso por qué?
- Eres mi...
- ¿Mi qué?
- Lo ha dicho Dácil, mi pareja.
- Tu pareja, sí, ¿pero de qué?, ¿de baile?, ¿de compañía?
- Sabes lo que quiero decir.
- No, no lo sé, no tengo ni puñetera idea de lo que quieres decir, no sé lo que significa pareja para ti.
- ¿Qué te pasa?
- ¿A mi?, nada, yo estoy perfectamente, la pregunta sería que te pasa a ti.
- ¿A mi?
- No piensas decirlo nunca, ¿verdad?
- No encuentro el momento.
- Esa si que es buena, llevamos toda la noche hablando del tema y tus amigos parecen encajarlo bien - Marta bajo la mirada - Eres tú quien no lo acepta, ¿verdad?
- Necesito tiempo.
- Marta, la vida tiene un límite, sé que te prometí tiempo pero no te prometí que esperara el resto de mi vida, ¿cuánto tiempo llevamos así?, y no lo entiendo.
- Sé... creo que mis amigos lo acabarían entendiendo.
- ¿Eso crees?, mira para allá - dijo señalando hacia el lugar donde bailaban Karla, Jaime y Dácil - Ya saben que Dácil es lesbiana y ahí los tienes, llevan todo el rato riéndose.
- Ya pero mi familia.
- ¿Tu familia?, ellos no están aquí.
- Mi madre está en el apartamento.
- ¿Y? - Laura obligó a Marta a mirarla - Dime lo que sientes por mi.
- ¿Cómo?
- Dime lo que sientes cuando me miras, cuando estamos juntas, cuando nos abrazamos o cuando hacemos el amor, dímelo.
- ¿Ahora?

Laura se echó para detrás dejándose caer sobre el respaldo de la silla y suspirando. Marta intentaba una vez más disculparse o evitar el tema, no sabía muy bien lo que decía porque no la escuchaba, se limitaba a ver bailar a los amigos y al resto de la gente que allí se encontraba. Volvió a mirar a Marta que la miraba a su vez y sin pensarlo, se acercó a ella cogiéndola la cara con ambas manos y besándola. Fue un beso con rabia que a la rubia la cogió completamente desprevenida y lo suficientemente largo como para que varias personas se dieran cuenta, incluidas Dácil que sonreía y Jaime y Karla que no salían de su asombro.

Laura se separó finalmente, había cogido el toro por los cuernos como se suele decir y ahora Marta no tendría más remedio que afrontarlo, era la única manera de hacerla reaccionar. Sin embargo, la reacción de Marta no fue como esperaba y la cogió completamente desprevenida. ¿Había sido una bofetada?, ¿la había pegado?, sí lo había echo y con ganas pues la cara le quemaba pero el dolor era más intenso en su corazón que acababa de romperse en mil pedazos.

Se levantó sin fuerzas para mirar a Marta y caminó decidida hacia las escaleras que comunicaban con la planta baja donde se encontraba la puerta principal.

Marta no podía creer lo que acababa de hacer.

- ¿Qué...?
- ¿Se puede saber a qué venía eso? - Dácil fue la primera en acercarse y hablarle.
- ¿Pero qué ha pasado? - preguntó Karla sin entender nada.
- Dios mío, le he pegado.
- Sí, lo has hecho, ¿qué coño haces? - le recriminó Dácil - Solo te beso, por amor de Dios.
- ¿Sólo la besó? - dijo Jaime - ¿Es qué se volvió loca?, acaso ustedes piensan que todas las tías son iguales.
- ¿Cómo?
- Sí a mi me hubiera besado hubiera reaccionado igual - dijo Karla.
- ¿Ah sí? - Marta levantó la vista para mirar a la pareja - ¿Pegarías a Jaime si te besa?

Jaime y Karla se miraron sin entender nada.

- Marta, yo no pegaría a Jaime por besarme, es mi novio.
- Y ella es... mi novia - se levantó y los miró fijamente - Sí, han escuchado bien, ella es mi novia, la persona que amo y le he pegado porque me besó delante de ustedes, sólo quería abrirme los ojos para que saliera del armario y yo voy y le pego.
- ¿Qué estás diciendo?, Marta tú no eres lesbiana - dijo Karla.
- ¿Lesbiana?, quizás no, no lo sé. Lo único que sé es que la quiero a ella, me he enamorado de Laura y si eso me convierte en lesbiana, pues lo soy.
- Pero... - Karla quiso a hablar pero las palabras de su novio la frenaron.
- Si eso es verdad, deberías ir a buscarla.

Marta miró a Jaime sorprendido por su respuesta, le sonrió y en su interior sintió el principio de su liberación, ya tenía un pie fuera de aquel asfixiante armario y Laura tenía razón, el aire comenzaba a ser más limpio.

- Vete Marta, quizás aún la encuentres.


En el coche las lágrimas y el dolor que sentía impedían a Laura arrancar el coche, y sólo podía llorar. Aquello era el fin, Marta no sólo no se aceptaba sino que tampoco la aceptaba a ella, jamás pensó que fuera capaz de hacer una cosa así sólo para evitar que la gente se diera cuenta de la verdad de ellas dos, y la había dejado a ella como una acosadora. La frustración se apoderó de ella y deseó salir de allí, arrancó finalmente el motor y salió del aparcamiento tan rápido que no pudo ver la figura que salía de la casa y corría detrás del coche en un desesperado intento por hacerla parar.

- ¡Laura!... ¡Lauuura!... ¡Te amooo!.

Cayó de rodillas en el asfalto y sólo pudo llorar mientras veía a Marta alejarse de allí y de su propia vida.

Continuará...


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