Disclaimer: Como siempre esta es una historia que se clasifica como uber y, por tanto, el parecido que pueda existir con los personajes de Xena y Gabrielle es puramente físico.
Observaciones Generales: Se trata del desarrollo de dos personajes, Marta y Elisa (a la cual he cambiado el nombre por el de Laura) que surgieron por casualidad en mi anterior relato "El Albergue y La Boda", sin embargo, no es necesario haberse leído esta historia previamente. Son independientes y en muchas aspectos pueden no coincidir.
Violencia y sexo: De lo primero nada y de lo segundo algo hay.
Agradecimientos: A todos lo que me han animado y de manera muy especial a la flor de Sao Paulo, Marisa y a una activista de esta página, confesora y tan ángel como diablilla, Gorky. Gracias a las dos por todo, preciosas. Y, en general, desearles que disfruten o al menos se distraigan por un rato del ajetreo diario.
Comentarios: Que no me escriba nadie, ni se les ocurra, ni crítica, ni felicitaciones, ni declaraciones amorosas, nada de nada, no quiero nada y por si alguien no lo tiene claro... aquí dejo mi e-mail: niraff@yahoo.es. Un abrazo.


ENTRE NOSOTRAS

Por Nira

Capítulo I: Un encuentro inesperado

La sucursal se hallaba en el turístico pueblo costero de Jandía al sur de Fuerteventura, llevaba sólo tres meses destinada y durante dos años estuvo viajando de una isla a otra, hasta que por fin consiguió una plaza en su tierra natal. Pero sabía que había sido una casualidad o simplemente un error de las altas esferas que parecían jugar con la vida de sus empleados, tenía claro que de un momento a otro sería de nuevo trasladada, y ese momento parecía haber llegado.

- Buenos días, señorita Brito. Pase y siéntese, por favor.

El director era un hombre muy amable acostumbrado a tratar con todo tipo de personas, su constitución delgada y su baja estatura le hacían parecer, a primera vista, una persona débil, sin embargo, su energía y seguridad eran, sin duda, su mejor arma. No le llevaría más que un par de años, pero la formalidad constituía una parte fundamental en la relación con sus empleados, formalidad a la que ella mismo correspondió.

- Buenas días, señor Castro. Gracias.

Tomó asiento frente a la gran mesa siempre cubierta de papeles, tras ella Jorge Castro le sonreía mientras le comentaba su situación actual. Había escuchado las mismas palabras una y otra vez y se preguntaba si tendrían algún guión pues todos utilizaban las mismas frases: "se trata de la política del banco", "están saturados en tal o cual isla y es necesario ayuda", "es importantísimo la rotación para una buena formación", etc...

- Conozco su situación, señorita Brito, únicamente lleva tres meses en esta oficina y ha demostrado con creces su valía, sin embargo, me veo obligado a efectuar su traslado a la oficina central, en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Precisamente por esa valía también he recomendado una compensación económica que en breve se hará efectiva...

Veía sus labios moverse pero no prestaba atención a nada de lo que se esforzaba, más que en comunicarle, en venderle. La decisión estaba tomada, echaba de menos su pueblo y su gente, aquí tenía su vida y no tenía intención ninguna de continuar con esa "política de rotación", tanto si seguía trabajando en el banco como si no. Quería establecerse y estaba cansada de llevar su maleta de un lado para otro, no tenía sentido.

- Lamento que piense así, señorita Brito. He intentado por todos los medios convencerla de lo contrario ya que considero que tiene usted una brillante carrera por delante, con nosotros, por supuesto. Creo que comete usted un error, pero es joven aún. ¿Hay alguna forma de disuadirla?
- Lo siento, señor Castro, en este banco he encontrado lo que buscaba cuando estudié Económicas - y, en cierto modo, era verdad - pero, cuando he vuelto a mi casa, me he dado cuenta de lo mucho que la echaba de menos. Me gusta mi tierra y me gusta mi gente. Quisiera establecerme y con la política del banco es imposible.
- De nuevo siento mucho oírla hablar así, señorita Brito.

Después de media hora de escuchar "lo siento", "lo lamento" y "señorita Brito", por aquí y por allá, por fin, logró salir de la oficina y terminar su último día como empleada de banco. Salió puntualmente y se dirigió al pequeño apartamento situado en una de las calles principales.

Paseaba con calma dejando que el sol de las tres de la tarde le diera color a sus blancas mejillas. Saludó a un pareja de vecinos y subió al tercer piso por la escalera, ya que el edificio carecía de ascensor, abrió la puerta y respiró, le gustaba el olor de su casa cuando llegaba de trabajar y siempre dejaba abierta la ventana que daba hacia la avenida. Una mezcla de olores se colaba a través de ella. Se asomó y observó una vez más la larga playa de arena blanca que acompañaba toda la longitud de la principal avenida, en su orilla muchos turistas caminaban o aprovechaban para coger los primeros rayos de sol en dos semanas.

Fuerteventura era tierra caliente pero, en los últimos 15 días, no había echo honor a su fama. El frío no formaba parte de su climatología pero las nubes cubrieron el cielo abrigándolo con ansia.

- ¡Migue!

Llamó a su hermano comprobando que aún estaba trabajando, miró el reloj, hasta dentro de tres horas no volvería. Gracias a él había conseguido alojamiento con tanta rapidez pues el apartamento era suyo. En realidad, lo alquilaba desde hacía dos años cuando consiguió trabajo en el hotel.

Decidió bajar un rato a la playa, sabía que tendría que llamar a Jaime y contárselo pero había tiempo más que suficiente para eso. Ahora necesitaba relajarse y eso era algo que la isla daba con creces, incluso en su lugar más turístico.

Se puso el bikini negro que se acababa de comprar dispuesto a estrenarlo junto con unos pantalones cortos y una camisilla. Salió a la calle y cruzó la avenida para encontrarse con el camino que llevaba a la playa, aunque el apartamento estaba en primera línea tenía que caminar unos metros hasta llegar a la orilla.

Buscó un sitio dónde poner la toalla. Lo mejor de las playas de Fuerteventura es, sin duda, su longitud, el espacio abierto permite tener un lugar, más o menos, privado. Por eso no le fue difícil encontrar un sitio con pocos turistas a su alrededor.

Estiró la toalla y dejó sobre la arena la pequeña mochila que cargaba a la espalda, se quitó la ropa y la dobló cuidadosamente antes de guardarla. Sintió el aire del mar en su cara y cerró los ojos, la brisa la llenaba y le ondeaba su larga melena rubia.

Tras unos minutos decidió caminar un poco por la blanca arena, colocó la mochila sobre la toalla y se acercó hacia el mar. Se quedó un momento en la orilla dejando que el agua le mojase los pies, en Abril la temperatura del agua es aún alta.

Comenzó a pasear, lentamente y sin prisa, sintiendo la blanda arena bajo sus pies y el frío mar que algunas veces conseguía mojarlos. Caminaba mirando al horizonte y reviviendo lo ocurrido aquella mañana. ¿Qué iba a hacer ahora?, su único trabajo, desde que se licenció, había sido en el banco. No sabía de trabajos administrativos fuera de ese sector pero algo tendría que hacer, quizás algunos cursos para actualizarse en fiscalidad y contabilidad. Esto último no lo dominaba pues sus únicos conocimientos se limitaba a la única clase que había tenido en segundo de carrera. Una sola asignatura no era suficiente para dominar esa materia.

- Oh, lo siento.

No lo vio venir y tropezó con él de golpe, se disculpó sin mirar a quien, hasta que una voz profunda pero agradable le contestó.

- No pasa nada, ha sido culpa mía, iba distraído.

Levantó la vista para encontrarse con dos ojos verdes mirándola fijamente. No supo reaccionar pues era realmente guapo, su piel bronceada acentuaba aún más aquellos ojos así como su corta melena rubia. Era alto y su formado cuerpo relataba su costumbre de practicar deporte.

- David - una voz femenina lo llamó con cierta impaciencia.
- Ya voy - contestó de mala gana.

Marta se giró para ver a la dueña de esa voz, una mujer igual de alta que el rubio, con cuerpo de modelo y larga melena negra la miraba a su vez. Si los ojos verdes del rubio no pasaban desapercibidos menos aún lo hacían los azules de aquella bella mujer.

- Ha sido un placer chocar contigo - dijo sin dejar de mirarla.
- Gracias - contestó sin saber muy bien por qué.

Siguió su camino esperando unos segundos antes de girarse para completar la vista de aquel hombre. Se sorprendió al ver que la mujer morena también había echo lo mismo y ahora la miraba a ella.

- ¿Te ha gustado? - preguntó sonriendo David.
- ¿Cómo? - preguntó inocentemente la mujer.
- Laura, la he visto yo primero.
- Tranquilo creo que es de las tuyas. La acabo de coger mirándote por detrás.
- ¿En serio? - David se giró para comprobarlo pero ya era tarde - ¡Vaya cuerpazo!, ¡Y qué ojos!
- Los tuyos tampoco están mal.
- ¿Por qué serás así?, tu y yo haríamos buena pareja - volvió a mirar a la figura rubia que ahora se veía a lo lejos - Al menos, hasta ahora - sonrió.
- ¿Quieres volver y te tropiezas otra vez? - miró sonriendo a su amigo - Ya sabes, por casualidad.
- No ha sido premeditado - sonrió.
- ¿Ah no?
- No... no tuve tiempo para pensarlo... demasiado.
- Lo sabía - se rió.

Marta llevaba caminando un rato y decidió volver a la toalla para coger algo de sol, no había tenido mucho tiempo desde que volvió y su piel estaba demasiado pálida. Miró a un lado y al otro antes de acostarse extrañándose de no volver a ver al rubio. Finalmente se tumbó.


Capítulo II: Un nuevo trabajo

- Hola Martita - la voz de su hermano sonaba alegre al otro lado del teléfono.
- Hola Jairo.
- Tengo una buena noticia para ti - hizo una pausa que tanto le gustaba hacer cuando tenía algo bueno que decir y tanto desesperaba a su hermana.
- ¿Te vas a comprar, por fin, este apartamento?.
- Ojalá, ya sabes lo que me gusta. Escucha, están buscando a alguien en la inmobiliaria nueva, esa que han abierto.
- ¿La de aquí debajo?.
- Exacto, buscan un administrativo, es lo único que sé.
- Vale, dejaré el currículum. ¿Tú qué tal vas?
- Hoy está siendo un desastre, tenemos una nueva que no da una pero está buena.
- ¡Como son los tíos!, seguro que pide perdón por la torpeza, sonríe y menea las caderas al caminar y, ala, todo resuelto.
- Eso no es verdad... No camina mucho.
- Anda, ponte a trabajar.
- Y tú dales ya ese currículum, alguien puede adelantársete.

Se despidió de su hermano y se dirigió a su habitación, cogió la carpeta dónde guardaba los currículum que había preparado y sacó uno que metió en el plástico que compró para la ocasión. Observó de nuevo su foto, era la de la orla pero no le acababa de convencer. Le parecía algo fría y poco personal, si esto no le salía o no le convencía, estaba decidida a cambiarla.
Bajó las escaleras y salió a la calle buscando la empresa, la inmobiliaria Gutierrez estaba situada muy cerca del apartamento. "Será un suerte si sale bien" - pensó Marta.

Vio la puerta abierta y entró, frente a ella una mesa con pocos papeles y un ordenador la recibió. Tras ella una mujer, que pasó de los cuarenta hacía ya algunos años, le sonrió dándole los buenas días.

- Buenos días.
- Buenos días, quería dejarles el currículum.
- Por supuesto, espere un momento.

La mujer se levantó y entró en el despacho del fondo cuya puerta permanecía abierta. Marta decidió sentarse y esperar aprovechando para observar el lugar, la oficina era amplia pero poco amueblada, su único mobiliario consistía en dos mesas una de las cuales no estaba ocupada por lo que supuso que era el puesto que necesitaban cubrir, y alto armario archivador situado en la pared detrás de la mesa vacía. Al fondo, detrás de dónde se sentaba la mujer, se encontraba una puerta que ahora estaba cerrada y que parecía ser el despacho del gerente o dueño de la empresa. Minutos más tarde la mujer reaparecía.

- Si le interesa podemos hacerle una entrevista ahora.

La cogió por sorpresa absorta como estaba estudiando la empresa, ¿una entrevista?, ¿ahora?. Quizás fuera mejor así, las entrevistas la ponían nerviosa y más aún si le daban tiempo para darle vueltas a la cabeza.

- Sí, claro - contestó sin más.
- Déjeme el currículum, por favor, se lo daré a la jef..., a la señorita Gutierrez.

La mujer dudó un momento y eso le dio que pensar a Marta, le entregó lo que pedía y volvió a sentarse. La mujer entró en el despacho sin llamar por segunda vez, detalle que sorprendió a Marta, o era una maleducada o tenían mucha confianza. Una vez estuvo a punto de entrar sin llamar en el despacho del director de una de las oficinas dónde estuvo destinada en la isla de La Palma, gracias a que una compañera la paró a tiempo no llegó a hacerlo. Eso hubiera sido, poco más o menos, una catástrofe.

- Puedes pasar, la jef... la señorita Gutierrez, la espera.
- Gracias.

Era demasiada casualidad que la mujer dudase otra vez sobre que nombre decir. Tocó a la puerta con firmeza pero con suavidad, algo que había aprendido demasiado bien en el banco.

- Sí... pase.

Abrió la puerta para encontrarse de frente con una mujer alta de profundos ojos azules, le parecía haberla visto antes pero no lograba recordar dónde.

- Hola, pensaba abrirte la puerta yo misma - contestó con una sonrisa que le iluminaba la cara, al tiempo que le daba la mano.
- Perdone, estoy acostumbrada a...
- Supongo a lo que debes estar acostumbrada - la interrumpió mientras ambas tomaban asiento - Puedes tratarme de tú, aquí no estamos en un banco.
- Gracias - sonrió Marta.
- ¿Por qué? - preguntó sorprendida la morena.
- Bueno... por - dudó un momento - Por ser tan amable.
- No hay de qué, me llamo Laura.
- Yo soy Marta.
- Lo sé - dijo Laura mostrando su currículum en las manos. Marta sonrió.
- Bueno Marta, como habrás podido observar nos acabamos de mudar. Hace sólo una semana que hemos abierto pero no somos una empresa nueva, la central, por así decirlo, está en Tenerife. Sin embargo, me he decidido a abrir esta sucursal por... - pensó un momento - Siempre me gustó Fuerteventura, es una isla tranquila.
- La entiendo.
- ¿Perdón? - la miró de reojo.
- Te entiendo.
- Eso me gusta más, al fin y al cabo, sólo nos llevamos... - volvió a mirar el currículum - tres años, pero yo también trabajé en un banco y sé que es una costumbre difícil de quitar, ¿verdad?
- Sí, y más en una entrevista de trabajo.
- Te sonará extraño pero si quieres el trabajo es tuyo. Yo conozco a Jorge Castro, ¿sabes?, le acabo de llamar y le he pedido referencias.

Marta se quedó totalmente perpleja y sin saber que decir, ¿había llamado a su antiguo jefe?. No lograba imaginar lo que hubiera podido decirle aquel personaje.

- Tranquila - dijo adivinando sus pensamientos - Profesionalmente te ha dejado bien, bastante bien, en realidad. Personalmente no eras de sus favoritas, ¿sabes? - Laura la miraba fijamente para ver su reacción pero Marta se esforzaba por no mostrar ningún sentimiento - Dice que eres un poco inestable.
- ¿Inestable? - no pudo soportarlo - Ellos sí que son inestables, te vuelven loca de un lado para otro. Sólo llevaba tres meses aquí y, ala, otra vez de viaje, no me importa viajar pero llevo dos años que no estoy seis meses en un mismo sitio. Necesito estabilizarme - miró a la morena que no le quitaba ojo y se reprendió a si misma por haber sido tan impulsiva.
- ¿En serio?... Tranquila, Jorge es un cretino - se rió - Ya es bastante que hable bien de ti como profesiona, Al fin y al cabo esa es la parte que a mí me interesa, lo demás vendrá por si sólo - dejó el currículum a un lado - Yo no te puedo ofrecer lo que te da un banco, ni el horario ni el salario. Supongo que sabrás como funciona una inmobiliaria, aquí todavía no tenemos demasiado trabajo, así que al principio puede ser que el horario sea más flexible, hoy mismo nos vamos a las tres. Te haríamos un contrato de tres meses y si vales, que seguro que sí, te dejaríamos indefinida. ¿Sabes idiomas? - Laura volvió a coger el currículum para buscar alguna indicación al respecto.
- Tengo un buen nivel de inglés y me defiendo en alemán. En esta sucursal del banco, era raro que entrase un español.
- Imagino, la población aquí debe ser 70% turista, ¿no?
- Es un lugar puramente turístico, sí, en su mayor parte, incluso más que Corralejo.
- ¡Corralejo!, tengo ganas de ir, hace mucho tiempo ya que no voy - sonrió.
- Desde que he vuelto a Fuerteventura yo tampoco lo he pisado.
- ¿Eres de aquí? - preguntó Laura desechando la idea que le acababa de pasar por su calenturientamente.
- Sí, mi familia es de Puerto de Rosario, yo vivo en un apartamento a dos edificios de aquí.
- Ah, es verdad, lo acababa de leer cuando entraste. ¿Qué más me queda?. Bueno, el tema del salario, ya te digo que esto no es un banco. Para empezar hablaríamos de 13.000 euros brutos al año, para ser una inmobiliaria te aseguro que no está mal. De todas formas eso sería al principio.
- Ahora mismo lo que más me atrae es la cercanía y el no viajar constantemente.
- Alguna vez si tendrías que ir a Tenerife, tenemos reuniones. Incluso la fiesta de Navidad la hacemos allí. No me mires así - le sonrió, sorprendiendo a la rubia.

Volvió a mirar aquellos ojos verdes sin poder evitarlo, la atraían y le costaba controlarse. Dudó un momento y decidió mirar para otro lado o nunca lograría concentrarse en lo que iba a decir.

- No somos tan pequeños como aparentamos - continuó - Aquí estamos empezando pero allá, en la capital, estamos muy consolidados.
- Siempre hablas en plural.
- Somos un equipo, aquí seríamos tres, mi hermana se encarga de la central y yo de esto. Allá son unas veinte personas, más o menos.
- Parecen muchas para este tipo de empresas.
- Quizás - la miró fijamente - Bueno, la decisión es tuya.

Durante un cuarto de hora más continuaron hablando de tecnicismos acerca del trabajo a desarrollar, del planteamiento empresarial y de las condiciones, en general, del trabajo. La mujer que le había atendido a la entrada, se llamaba María y era una de las veteranas de la empresa. La inmobiliaria la fundó el padre de Laura en Santa Cruz de Tenerife hacía unos 20 años y, tras su muerte, sus dos hijas tomaron el relevo.


Capítulo III: El Cofete

- Hola gente.

Marta saludó a los amigos que se habían reunido en "el capricho", el bar en el que quedaban todos los viernes por la tarde. Uno de los pocos que no estaban dedicados al turismo y donde normalmente se reunía la gente del lugar.

Se sentó junto a Jaime, un amigo de la infancia, vecino del barrio dónde creció en Puerto de Rosario. Él y su novia Karla, habían conseguido un puesto en el hotel dónde su hermano trabajaba de recepcionista y habían establecido su residencia en Jandía. Junto a ellos, se encontraba Raico a quien había conocido a través de Jaime, no era mal chico y tampoco estaba mal, pero por alguna razón, no se sentía atraída por él. Sin embargo, él no le quitaba ojo cuando la tenía cerca.

- Bueno, ¿qué es eso que nos tienes que contar? - le preguntó Karla.
- Tengo trabajo - dijo con una gran sonrisa.
- ¿En serio?, ¿dónde? - preguntó Jaime contento por su amiga.
- En aquella inmobiliaria -señaló calle arriba.
- ¿Cuál? - preguntó Raico - ¿En Gutierrez?
- Sí, así se llama ella.
- ¿Quién? - preguntó extrañada Karla.
- Mi jefa, tiene unos ojazos azules increíbles.

Se quedó callada un momento sorprendida por lo que acababa de decir. Ni siquiera lo había pensado para si misma y, aunque así fuera, tampoco venía a cuento.

- ¿De verdad? - preguntó Raico - A mí me gustan más los verdes - la miró sonriendo.
- Y, a parte de eso, ¿qué más? - sonrió Jaime.
- Acaban de establecer una sucursal aquí, llevan poco tiempo. Por lo visto son una importante inmobiliaria de Tenerife.
- ¿Crees que te interesa trabajar en un sitio así? - le preguntó Karla - No sé, no te parece que sea volver a empezar.
- Eso es justo lo que estoy haciendo, Car. El salario es inferior y el horario no será tan bueno pero me quedo en mi tierra, con mi gente y con mis amigos. No parece complicado aunque nunca he trabajado en algo así. No sé, al menos voy a intentarlo, mi jefa parece buena gente al igual que mi compañera.
- ¿Cómo es tu compañera?, ¿también tiene dos ojazos azules? - preguntó con ironía Jaime.
- Gracioso, no, es una mujer mayor.
- Entonces no te gusta - continuó Jaime.
- Eh, Marta es muy mujer, ¿vale? - salió Raico, en supuesta defensa de la rubia - No es una de esas.
- Tranquilo, Raico - le dijo Marta - No me gustan las mujeres, aunque tampoco te voy a negar que soy muy mujer - dijo empujándose el pelo hacia detrás con las manos y poniendo cara interesante.
- ¿Y qué va a tomar la mujerona? - le preguntó Paco el camarero que acababa de llegar a la mesa.
- Hola Paco - dijo con voz de mujer fatal, cruzó las piernas y poniendo los labios muy juntos le miró de reojo - Ponme lo de siempre - volvió a echarse el pelo para detrás.
- Pues si que estamos hoy contentos, ¿eh? - se rió Paco - ¿Qué será, una botella de agua o un refresquito de naranja?
- Por Dios, que ordinariez - y volviendo a ser ella misma, le contestó - Tráeme algo de limón, gracias.

Todos se rieron y se alegraron del cambio de humor que Marta había sufrido. Desde que llegó, hacía tres meses, tenía siempre un alo de tristeza a su alrededor.

*****

David dominaba el televisor desde el sofá donde se encontraba echado, hacía tiempo que no escuchaba el agua de la ducha lo que indicaba que no tardaría demasiado en salir del baño. Sus sospechas fueron ciertas al escuchar su voz en el pasillo.

- ¡David!, ¿te vas a duchar?
- ¡No, ya estoy demasiado guapo! - le contestó sonriendo.
- Típica contestación.

Laura se sentó en el sofá obligando al rubio a levantar los pies, a lo que este respondió con un par de gruñidos ininteligibles.

- ¿Qué estas viendo?

Se secaba su larga melena con la toalla, que hacía un momento llevaba enrollada en la cabeza.

- De todo un poco.

Laura se le quedó mirando con media sonrisa en la cara, había algo que aún no le había comentado a su amigo.

- ¿Sabes que he contratado a alguien?
- ¿Tan pronto? - no parecía darle demasiada importancia al tema.
- Pues sí, apareció con su currículum y le hice una entrevista, sin más.
- Qué bien, ¿no? - dijo distraído.
- Sí, estoy contenta de haberla contratado.
- Ah, es un mujer - esto pareció interesarle pero sólo durante un segundo.
- Sí, me recuerda mucho a alguien pero no sé... - hizo una pausa dramática - ahora mismo no logro recordar.

Se echó hacia atrás apoyando la espalda en el sofá, no dejaba de sonreír y David se dio cuenta.

- ¿Qué te pasa?, ¿a quién has contratado que te hace tan feliz?
- A alguien que te hará más feliz a ti - "por desagracia" - pensó.
- ¿Quién? - su interés había crecido de golpe.
- Te la describiré, veamos, no es muy alta que digamos, tiene unos ojos verdes preciosos así como una larga melena rubia, ¿qué más?, un cuerpo de infarto o, por lo menos, lo era con aquel bikini negro - le miró de reojo.
- ¡Venga ya! - se levantó de golpe - ¿Has contratado a la pedazo de rubia de la playa?
- ¿Qué querías que hiciera?, apareció sin trabajo y con un currículum.
- Laura - la miró muy serio - Tienes que presentármela, ¿cuándo empieza?
- Tiene mucho trabajo.
- ¡Y una mierda!
- Empieza el lunes.
- Perfecto - volvió a echarse en el sofá con una gran sonrisa en sus labios.
- No quieres saber cómo se llama.
- No, ya se lo preguntaré.
- ¿No irás a pasarte por allí, verdad?, será su primer día. Déjala adaptarse antes de atacarla.

David se le quedó mirando fijamente.

- Oye, no pretenderás robármela, ¿verdad? - volvió a incorporarse para encararla.
- Me temo que no podría aunque quisiera.
- Mejor.
- Vale, gracias, ya veo que te gusta verme sola.
- No es eso, boba. En realidad, tengo ganas de verte con alguien - le sonrió pícaramente - No sabes las ganas que tengo de verte con otra mujer.
- ¡Serás guarro!
- Bueno, venga , cuenta - la sorprendió.
- ¿Qué te cuente qué?
- Todo lo que sepas de ella.
- Ya lo sabrás el lunes -se levantó sonriendo.
- Vale, vale, ¿qué piensas hacer hoy?
- Ligarme a una rubia - se rió desde el pasillo.
- Oye, ¿por qué no vamos mañana a la playa del Cofete? - le preguntó siguiéndola por el pasillo hasta el dormitorio.
- ¡Quieto ahí!, ni un paso más.

La morena estaba sacando ropa cómoda del armario.
- Ya veo que hoy no piensas salir.
- No, estoy demasiado cansada.
- ¿Entonces qué?, ¿vamos mañana?
- No sé, la carretera es horrible.
- Voy a llevar el jeep.
- Es peligroso bañarse allí.
- Ah, ¿es qué piensas bañarte?
- ¡Serás pesado!

*****

- No sé cómo me he dejado convencer - se quejó Marta.
- Por mis encantos - le contestó Raico.
- Venga, no me digas que no tienes ganas de desnudarte en la playa - se rió Jaime.
- ¿Cómo dices tú? - le inquirió su novia, Karla.
- Eso ni lo sueñes - sonrió Marta.

Jaime conducía el viejo coche de su padre y comenzaba a arrepentirse de haber tenido la idea de ir a aquella playa. Seguramente iban a estar solos pero la larga carretera de tierra que conducía desde Jandía hasta El Cofete era para el pobre coche una auténtica tortura. Así como para sus pasajeros que parecían sentir cada piedra del viejo camino.

- Tu hermano ha sido el único inteligente - dijo Karla girándose desde el asiento delantero para mirarla.
- No te creas, si no ha venido, ha sido por interés.
- Explícame eso - le pidió Jaime.
- ¿Sabes esa chica nueva del hotel?
- ¿Quién? - preguntó Karla - No me digas que ha salido con esa.
- Hoy iban a no se qué playa.
- Ese si que se lo monta bien - se rió Jaime recibiendo un suave codazo de su novia como contestación.
- Es una pija idiota - contestó Karla.
- Eso es lo que menos le importa, pero no te preocupes, no creo que le dure mucho - dijo Marta mirando por la ventana.

La carretera pasaba ahora muy cerca de un pequeño acantilado, aunque ese no sería el nombre adecuado. Fuerteventura es la isla más llana y su montaña más alta sólo llega a los 724 metros y quedaba lejos de dónde ellos se encontraban.

Sonrió pensando en su hermano, era un ligón incorregible y no entendía cómo le había permitido quedarse en el apartamento ya que era su particular picadero. Supongo que no le quedó más remedio tras las amenazas de su madre. Pensándolo bien, puede ser que ni siquiera haya ido a la playa hoy, al fin y al cabo, ella iba a estar fuera prácticamente todo el día. Volvió a sonreír.

- Bueno, ¿y tú qué? - preguntó, de repente, Jaime. Al no recibir respuesta concretó - Marta, ¿y tú qué?
- ¿Yo qué de qué? - preguntó extrañada.
- ¿No piensas salir con nadie en tu vida?
- ¿Pero tú qué te crees?, yo ya he tenido mis amores. Ahora estoy, digamos, descansando.
- ¿Y vas a descansar mucho tiempo? - le preguntó Raico que no dejaba de mirarla y eso, a estas alturas, la estaba poniendo realmente nerviosa.
- El tiempo que haga falta - contestó sin más.
- Buena respuesta - dijo Karla a quien Raico no le acababa de convencer.

Al cabo de media hora divisaron la playa, desde lo alto de la carretera se podía observar en toda su longitud. La diferencia principal con Morro Jable era que no se divisaba ninguna casa por los alrededores, sólo un jeep se encontraba aparcado en una de las entradas a la playa.

- ¡Mira esas olas! - dijo Jaime - Ahí es imposible bañarse.

A Jaime no le entusiasmaba demasiado el oleaje, no tenía espíritu de surfista, como él mismo decía. Sin embargo, Raico se mostraba encantado.

- ¡Mira tú que no traer la tabla! - exclamó.
- Estás loco - dijo Marta - Ese mar es demasiado peligroso.
- No para mí.

Karla se giró para mirar a Marta y, con un solo gesto de su cara, le indicó lo que pensaba del comentario que el chulo moreno acababa de hacer, Marta sonrió.

- Parece que vamos a estar solos - continuó Raico - Sólo hay un jeep allá abajo.
- Esperemos que sean dos tías - Jaime miró a Karla de reojo. Le encantaba hacerla rabiar con ese tipo de comentarios y esta vez no fue una excepción.
- ¡A ver si van a ser dos tíos! - dijo la morena.
- Entonces serán maricones - se rió el propio Jaime.
- Ya estamos, los tíos no saben decir otra cosa. Como hallan dos tíos buenos ya son gays - dijo Marta.
- Son así de inseguros, hija, ¡Qué le vamos a hacer!
- Ni contigo ni sin ti, ¿eh? - Jaime le guiñó un ojo a su novia.

Decidieron aparcar por otra de las entradas de tierra, o debería decirse de piedras, lejos del otro coche. En definitiva, aquella carretera era lo que permitía que la playa no se llenase de turistas o domingueros. Así todos podrían disfrutar de la intimidad y la tranquilidad que podía ofrecer, sin embargo, el viento que allí reinaba interrumpía más de una vez la paz que reinaba.

Recogieron los bolsos del coche y caminaron unos metros antes de pisar la blanca arena, por suerte era lo suficientemente gruesa para que el viento no lograse levantarla, o quizás el viento era lo suficientemente suave para no poder hacerlo. Jaime plantó la sombrilla como si de una bandera se tratase en un punto cualquiera, verdaderamente no había nadie en la playa y a los dueños del otro coche no se les veía por ningún lado.

Plantaron las toallas frente a la sombrilla y dejaron todos los bolsos a su sombra. Jaime y Karla compartían un gran toalla azul, al lado de Karla estaba Marta y junto a ella, Raico, como no podía ser de otra manera. Esta vez había elegido un bikini azul que hacía tiempo no se ponía. Pero la sorpresa la puso el propio Raico al llevar una tanga rojo que jamás nadie le había visto, y no era la primera vez que iban juntos a la playa.

Jaime no pudo contener la risa en cuanto lo vio y esto molestó bastante al moreno que decidió darse un baño antes de partirle la cara a su amigo.

- ¿Vas a bañarte? - le preguntó Marta - Ten cuidado, el oleaje está fuerte.
- No te preocupes, guapa, ¿no me acompañas?

Marta volvió a mirar sin querer el tanga rojo y tuvo que negar con la cabeza, si abría la boca no podría más que soltar una carcajada, algo que hicieron todos en cuanto Raico estuvo lo suficientemente lejos.

- ¡¿Pero que le pasó a este hombre?! - exclamó Karla - Si cree que así va a impresionar a alguien lo lleva claro.
- Bueno, quizás sólo quiera coger sol en cierta parte - se rió Marta.
- ¡Este se ha vuelto maricón! - A Jaime se le saltaban las lágrimas de tanto reírse.
- ¡No caerá esa breva! - exclamó Marta.
- ¿Tan pesado es? - le preguntó Jaime sin dejar de reírse.
- No, qué va, pegajoso y baboso, tal vez.
- Chulo - le ayudó Karla.
- Vaya, pensaba que les caía bien - se sorprendió Jaime.
- Pues sí que nos conoces - dijo su novia.
- Reconozco que a veces es un poco echadito pa' lante pero no es mal tipo.
- Si no digo que no lo sea pero a mi no me gusta y me temo que se lo tendré que decir claramente o no me dejará nunca en paz - dijo Marta.
- Ahí si es verdad que yo no tengo nada que ver.

A Raico le costó un triunfo salir del agua a causa de las continuas olas que no dejaban de estallar en la orilla. Jaime, al verlo llegar, no pudo más que hundir la cara en la toalla y echarse a reír nuevamente.

- ¿Qué tal el agua? - le preguntó Karla sin mirarlo mientras el moreno se echaba en la toalla.
- Está buena - y mirando a la rubia añadió - Pero no tanto como tú.
- Vale. Marta, ¿te apetece caminar un poco? - la ayudó Karla.
- Estaría bien estirar las piernas y coger un poco de aire - la sonrió y ambas se levantaron.

Karla y Marta caminaban riéndose por la playa mientras que Jaime intentaba hablar con Raico, misión que parecía imposible.

- Hay que ver que buena está - dijo Raico.
- Espero que te refieras a Marta.
- Por supuesto, tu novia no es mi estilo.
- Pues menos mal, oye, ¿le has pedido ya salir o algo de eso?
- No, aún estoy tanteando el terreno, pero creo que está a punto.
- ¿Tú crees?

Jaime le miraba de reojo, empezaba a entender a las dos mujeres. Conoció a Raico en el trabajo hacía un par de meses, le hacía reír, al menos, al principio. Desde que le presentó a Marta no dejaba de salir con ellos.

- Claro, tío, no te preocupes que está hecho.
- ¿El qué está hecho?
- Digo, que esta no se me escapa, ¡Ese cuerpazo será mío!
- Sí tu lo dices.

Lo dejó por imposible, ya Marta lo bajaría a la tierra por si misma.


Capítulo IV: Un encuentro esperado


- ¿Quieres que te ponga yo la crema? - preguntó David.

Laura se extendía el protector por sus pechos, tenía la suficiente confianza con el moreno como para hacer topless delante de él. De hecho ya habían echo nudismo en algunas ocasiones, sin embargo, a veces se podía poner un tanto pesado. Más aún si no había ninguna otra mujer a la vista como parecía ser el caso.

- Estás graciosito hoy, ¿eh?
- No te he dicho nunca el cuerpazo que tienes.
- Como sigas así, me voy a enfadar. Voy a coger el jeep y me largo de aquí.
- La llave la tengo yo - sonrió.
- ¿Y? - la morena lo miró de reojo.
- Vale, perdona. Necesito una mujer, rápido - se echó boca arriba sobre la toalla - Siento decirte que he decidido ir el lunes a tu trabajo, hace tiempo que no te veo.
- ¡Dios mío!, déjame en paz, la playa es enorme y aquí no hay nadie... o, al menos, no lo había.

Laura vio a dos mujeres que venían caminando por la orilla, David hizo lo mismo en cuanto escuchó sus palabras.

- Mis plegarias han sido escuchadas - sonrió el rubio y mirando al cielo añadió - Gracias.
- No vayas tan deprisa, a lo mejor no están solas.
- Eh, quizás también tus plegarias han sido oídas.
- ¡Qué sabrás tú de mis plegarias!
- Espera un momento - dijo David centrándose en las dos figuras - Mira a esa de la izquierda.

Laura ya se había dado cuenta de quien era la mujer que venía caminando por la playa, en dirección a ellos. Intentaba pensar con rapidez, la parte de arriba del bikini se había quedado en el jeep y empezaba a lamentarlo. No le gustaba nada que su nueva empleada la viese en ese plan y, menos, una empleada como aquella. Alguien, que aún sin querer reconocerlo y en tan poco tiempo, le había tocado el corazón.

- ¡UAU!, ¡No me lo puedo creer!, ¡Ahora sé que Dios existe - miró a Laura emocionado - ¡Es ella!, ¿verdad?
- Sí - fue lo único que pudo contestar.
- Me da igual si está sola o no, o si esa es su novia, esta vez la ataco.
- David.

Laura le llamó pero era inútil, en dos zancadas el rubio se encontraba en la orilla fingiendo no haber visto a nadie. La morena se llevó las manos a la cara y suspiró, ya no habría quien lo parase.

- Oye, ¿has visto a ese de ahí? - le preguntó Karla.
- ¿A quién? - dijo Marta sin haberse percatado de la presencia de David.
- Ese que está en la orilla, debe ser el dueño del jeep que vimos antes.
- Ja, tenías razón, se trataba de un tío y - se fijó en él - Vaya pedazo de tío.
- Y qué lo digas, hija, ese sí que sabe llevar bien un tanga - se rió Karla.
- ¡Jesús, vaya cuerpazo!

A medida que se acercaban la figura de aquel chico se hacía más clara. Marta se quedó petrificada al darse cuenta de quien era.

- ¡Dios mío!, Yo he visto antes a ese tío.
- ¿Lo conoces? - preguntó sorprendida la morena.
- En realidad, no, pero el otro día tropecé con él en la playa, allá en Morro Jable, está tremendo.
- ¡No me lo jures!

David era muy conciente de la cercanía de las dos mujeres a pesar de seguir mirando el agua, comprobó que la rubia había cambiado de posición y ahora estaba por su lado. Decidió repetir la misma táctica, parecería cosa del destino y al destino hay que ayudarlo de vez en cuando.

- Oh, lo siento - se giró descuidadamente para tropezar con la rubia.
- No pasa nada, venía distraída - le sonrió amablemente.
- ¿Nos conocemos?
- Creo que no - mintió.
- Sí, creo que el otro día también tropezamos.
- ¡Ah, sí!, ahora me acuerdo.
- Parece que estamos destinados a encontrarnos.
- Eso parece.
- Me llamo David.
- Hola David - sonreía hasta darse cuenta de la mirada fija que la morena le estaba echando - Sí, esto, yo soy Marta y ella es...
- Karla - le sonrió.
- Encantado, ¿están solas?
- En realidad, no, estamos con unos amigos.
- Vaya.
- ¿Y tú? - le preguntó la rubia siguiéndole el juego.
- Yo tampoco, estoy con - pensó que decir, si decía amiga parecería un ligue y eso la espantaría - ... mi prima.

Señaló a la morena que había decidido echarse boca abajo y taparse la cara con una gorra. Era lo único, más o menos disimulado, que se le ocurrió, funcionó por que la rubia no la reconoció. Sin embargo, Marta recordó que la última vez David paseaba con quien iba a ser su jefa.

- ¿La misma del otro día? - preguntó y se arrepintió inmediatamente, pues estaba confesando que recordaba bien la escena.
- Exacto - sonrió David. "Se acuerda " - pensó.
- Hice una entrevista con ella, ¿sabes?
- ¿Ah, sí? - fingió sorpresa - ¿En la inmobiliaria?
- Sí.
- ¿Y qué tal?, si te dijo que no, puedo convencerla, alguien como tú debe valer mucho - le sonrió y Marta no pudo evitar sonrojarse ligeramente.
- Empiezo el lunes.
- ¿En serio?, perfecto.
- Bueno, tenemos que irnos o se empezaran a preguntar dónde estamos - dijo Marta.
- Sí, no tardaremos mucho en irnos, Hoy tenemos fiesta en El Capricho - Karla lo dejó caer, por si acaso, y Marta, en su interior, se lo agradeció. No sabía como decirlo.
- ¿En El Capricho? - preguntó David.
- Sí, ¿conoces el bar?
- Claro.
- Pues pásate si quieres - le sonrió Marta.
- Vale, lo haré - dijo mirando fijamente a la rubia.
- Bueno, pues nosotras seguimos, nos vemos entonces y puedes traer a tu prima - dijo Karla.
- Se lo diré, hasta luego - volvió a mostrar su mejor sonrisa a la rubia de ojos verdes y esta le correspondió.

David se quedó mirando como las dos chicas se iban. Miró a Laura, que aún estaba boca abajo, y subió estirándose en la toalla junto a ella.

- Ya puedes salir de ahí - dijo riéndose.
- ¿Estas seguro? - Laura se quitó la gorra y levantó un poco la cabeza para mirar a la orilla.
- Y tanto, ya están lejos... ¡¡¡Tengo una cita, tía!!! - dijo emocionado.
- ¿Cómo que una cita?
- Sí, ya sabes, dos personas que quedan para hablar, conocerse, esas cosas, algunas veces cenan, otras...
- Vale, déjalo ya - le dio un ligero golpe en el hombro - Me refiero que dónde y cuándo.
- Hay una fiesta esta noche en El Capricho.
- ¿El Capricho?
- Sí, es una bar, donde la gente toma copas, hablan, se relacionan entre ellos, ¿sabes?
- Déjame en paz - Laura no podía evitar sentirse molesta.
- Deberías venirte, ¿sabes?. A lo mejor conoces a alguien y como con Marta no puede ser, ya no hay peligro.
- Pues no sabes lo que me alegro.

Laura seguía boca abajo sobre la toalla, Cruzó los brazos apoyando la cabeza en ellos y mirando para otro lado. Suspiró y pensó en las palabras de su amigo, necesitaba despejar un poco la cabeza, pero ver como David ligaba con Marta no era la mejor de las ideas para hacerlo.

- Bueno, ¿qué?, ¿te apuntas?
- Puede ser.
- Eso lo tomaré como un sí, te pasaré a buscar sobre las diez o las once.
- ¿Has pensado que podré ser un estorbo?
- Sí, ya lo he pensado - se rió David - Laura, me gusta esa chica, pero tu eres mi amiga y no me gusta nada verte así.
- ¿Así cómo? - la morena cambió de posición, poniéndose boca arriba.
- Triste, tienes que hacer algo no puedes pasarte la vida huyendo.
- No estoy huyendo - dijo molesta.
- ¿Ah, no?, ¿entonces qué haces aquí conmigo?, ¿qué se te ha perdido en esta isla?
- Eso es asunto mío - se incorporó sentándose y apretando las rodillas contra su pecho desnudo.
- Exacto, sólo es asunto tuyo y de nadie más. Nadie puede entrar en tu corazón, es imposible atravesar ese muro.
- Déjame en paz ¿quieres? - se levantó y caminó hacia la orilla.
- ¿Ves?, ya estás huyendo otra vez - le gritó David desde la toalla.
- Yo no huyo, simplemente quiero darme un baño, estoy sudando - le gritó desde la orilla.


Marta y Karla se encontraban ya cerca de los chicos.

- Gracias Karla.
- ¿Por qué?
- Yo no me hubiera atrevido nunca a invitarle.
- ¡Para qué estamos las amigas!, ay si no fuera por ese de ahí - suspiró Karla señalando a Jaime que le saludaba desde la toalla - Entonces, ¿esa de ahí era tu futura jefa?
- Sí.
- ¿Crees que te habrá visto?
- No lo sé, estaba boca abajo.
- Y en topless.
- Eso parecía.
- ¿Te has creído eso de su prima? - le preguntó desconfiada su amiga - Me sonó un poco raro.
- Ni lo sé ni me importa, Karla, ya lo averiguaré.
- Bueno, aquí tienes al antítesis - dijo viendo a Raico salir del agua.
- ¿Crees que se habrá mojado adrede? - sonrió Marta.
- ¿Adrede?
- Sí, para salir mojado del agua y esas cosas, a lo mejor piensa que está sexy.

Raico salía del agua con aire interesante, se sacudió el pelo salpicando agua a los lados y después se pasó una mano en un intento de peinarlo.

- Mejor dejo de mirar o me dará otro ataque de risa - dijo Karla que miraba a su novio el cual no podía evitar la risa viendo a Raico.
- Lo mismo te digo, hola Jaime - Marta le saludó y se sentó en su toalla.
- Ho... la... chi... cas - no podía dejar de reírse.
- Jaime, disimula un poquito o se va a mosquear - le dijo su novia.
- Vale, vale, lo intentaré pero tienes que reconocer que es difícil - se giró acostándose sobre la toalla para no verle.
- Y qué lo digas.

Marta se mordía los labios para no reírse pues Raico estaba muy cerca ya, decidió finalmente imitar a su amigo acostándose boca abajo.

- Hola preciosas - las saludó Raico - ¿No se bañan?, está genial.
- Gracias pero no, este viento me quita las ganas - le contestó Marta.
- Igual que a mí -.
- Pues es una pena no verte mojadita - Raico se acostó en su toalla junto a la rubia.
- Sí, es una pena muy grande - dijo Karla que no podía dejar de sonreír.
- Entonces, esta noche hay fiesta, ¿no? - dijo el moreno. Karla fulminó con la mirada a su novio.
- Sí - fue lo único que pudo decir Jaime, se le había escapado antes y el mismo se recriminaba por ello.


Capítulo V: El beso

Las ventanas del bar estaban cerradas en un intento por neutralizar el ruido de la música, los vecinos comenzarían a quejarse de un momento a otro. La noticia corría de boca en boca y muchos se habían acercado a la fiesta, no cabía un alma y Marta miraba a un lado y a otro buscando al rubio.

- ¿Aún no le has visto? - le preguntó Karla.
- No.
- Tranquila que vendrá.
- ¿Quién vendrá? - Raico apareció en escena - Así que me esperabas, ¿no?
- La verdad es que no - Marta había decidido ser más directa con él, a ver si así lo entendía de una vez por todas.
- Claro que sí - no se daba por enterado - ¿Quieres algo?
- ¿Algo de qué? - la rubia se estaba cansando ya de tanta tontería.
- Mujer, te invito a una copa.
- No, gracias, acabo de tomarme una - Marta seguía mirando a su alrededor.
- ¿Sólo una?, ¡Esto es una juerga!, te pediré otra.
- Raico - le llamó pero ya se había alejado directo a la barra.
- ¡Vaya tío pesado! - se quejó Karla.
- Dímelo a mí.
- ¿Quién es un pesado? - una voz masculina sonó a sus espaldas.
- Tú eres... - Marta se giró para encontrarse con los ojos verdes que tanto buscaba.
- Hola - la saludó sonriendo.
- Hola, creí que eras...
- ¿Quién?
- Otra persona - le contestó tímidamente.
- ¿Esperas a alguien?
- Ahora no - le sonrió, sonrisa que el rubio correspondió.
- Hola David - le saludó Karla - Voy a ver dónde está Jaime, ¿eh?

Karla se fue guiñándole un ojo a su amiga, en ese momento, Raico apareció con dos vasos cada uno en una mano.

- ¿Y tú quién eres? - le preguntó con brusquedad al rubio que lo miraba, a su vez, algo perplejo.
- Es mi cita - dijo Marta sin más - David este es Raico.
- ¿Tú qué? - le preguntó sorprendido.
- Lo que has oído, soy su cita - el rubio le sonreía - ¿Para quién son esas copas?
- Para... una amiga - le contestó sin saber que decir y mirando fijamente a Marta decidió alejarse. Estaba claro que allí no pintaba nada.
- ¿Y ese quién era? - le preguntó David al oído.
- Un pesado.
- Así que soy tu cita, ¿eh?
- Algo así - David le sonrió y la cogió por la cintura aprovechando el merengue que comenzaba a sonar.


Desde la barra, Laura observaba la escena. No sabía como se había dejado convencer para venir pero, finalmente, la convenció y allí estaba, como suponía que iba a estar. Sola en la barra y con una copa en la mano, mirando como David ligaba con su futura empleada. Esta noche estaba más guapa aún, si es que eso era posible, su larga melena rubia destacaba y no pasaba desapercibida para nadie. La ondeaba, al tiempo que bailaba y su cuerpo giraba una y otra vez al ritmo que David imponía.

El rubio era un ligón incorregible pero había algo en él esta noche que le hacía sospechar. La forma en que hablaba de Marta y como la miraba ahora le indicaba que no era un ligue cualquiera. "Quiere algo más de ella" - pensó - "¿Y quién no?". Suspiró.

- ¡Jefa!

Una voz que conocía bien la despertó de sus pensamientos devolviéndola a la realidad. Se giró para ver a María, su fiel amiga y compañera.

- ¡María!, ¿cómo tú por aquí? - la saludo dándole dio un beso en la mejilla a lo que María correspondió - Y no me llames Jefa, sabes que no me gusta.
- Ya ves, como no tengo a mi Pepe aprovecho para desmelenarme - la miró sonriendo - Sólo vengo a tomarme algo y pa' casita.
- Me alegro de verte, necesitas divertirte de vez en cuando, ¿cuándo viene tu marido?
- En esta semana, el miércoles o el jueves, aún no lo sé exactamente.
- Pues ya sabes chica, a disfrutar.
- ¡Uy!, Yo ya no estoy para estos trotes - le sonrió mientras pedía una cerveza al camarero que se había acercado - ¿Has venido sola?
- Sí y no - le sonrió y devolvió la vista hacia dónde la pareja aún bailaba.
- ¿Cómo es eso? - María se sentó en un taburete que acababa de quedar libre y miró hacia donde miraba Laura - ¿Ese no es David?
- Sí.
- ¿Y esa no es la nueva?
- Exacto.
- ¿Está bailando con la nueva?
- Es más que eso, está ligando con ella.

Algo en el tono de voz de Laura hizo que María la mirase, la conocía desde que se hiciera cargo de la empresa en Santa Cruz hacía algunos años. Con el tiempo se convirtieron en amigas, aunque en muchas ocasiones se había sentido como una madre con ella. La quería mucho y no pudo soportar verla sufrir, así que decidió dejarlo todo y seguirla hasta Fuerteventura en un arrebato de locura. Por suerte, su marido Pepe era un cielo y haría lo que fuera por ella y por Laura, a quien quería como a una hija.

- Cielo, ¿estás bien?

Laura no podía apartar la vista de Marta, mientras bailaba se reía por los comentarios que David le hacía. En un giro David la abrazaba por detrás y volvían a reirse.

- Laura.
- ¿Sí? - pareció volver de muy lejos.
- ¿Qué te pasa?
- A mí, nada.
- ¿No estarás celosa? - Laura la miró sorprendida.
- ¿Celosa?, ¿de quién?
- De ellos dos - María desvió la mirada hacia la pareja - Hace tiempo que no te veo con nadie, demasiado.
- No es eso, es que...
- No me des explicaciones, no tienes por qué - María la miraba fijamente pero con ternura maternal - Ya sabes que si quieres hablar de lo que sea, aquí me tienes, ¿vale?
- Gracias, Mari, pero estoy bien.
- Si tu lo dices te creeré - dijo sin ninguna convicción - Es guapa esa chica, ¿verdad? - la miró de reojo, se acordaba bien de la cara que puso cuando le llevó el curriculum a su mesa y vio la foto de la rubia.
- ¿Quién? - preguntó intentando quitarle importancia.
- Esa... ¿cómo se llamaba? - le preguntó inocentemente.
- Marta.
- Ah, sí, Marta, digo que es guapa.
- No sé, no me he fijado.
- ¿Ah, no?, entonces debes estar ciega porque no le quitas ojo, o bueno quizás estés mirando a David - la miró sonriendo - Pero no creo que hayas cambiado tanto.
- Yo no he cambiado nada - dijo intentando desviar la conversación.
- Si tu lo dices te creeré.
- ¡Quieres dejar de decirme eso!, parece que me dieras la razón como a los locos.
- Te daría la razón si la tuvieras. ¿Y, entonces, qué?
- ¿Entonces qué de qué?
- Es guapa - afirmó esta vez.
- Desde luego - miró fijamente a María que se reía, había conseguido sacarle lo que estaba buscando - Siempre me haces hablar demasiado.
- Cariño, alguien tiene que hacerlo.

Le acarició la cara y volvió a mirar a la pareja que ya no bailaban sólo hablaban, observó la expresión de los dos mirándose y volvió a mirar a Laura.

- Laura, mucho me temo que ahí no tienes nada que hacer.
- Ya lo sé, Mari, además va a trabajar con nosotras.
- Exacto, venga, salgamos de aquí. Vamos a pasear un poco, nos vendrá bien coger aire - la cogió por un brazo mientras salían del bar - Por cierto, estás morena, ¿fuiste a la playa?
- Sí, ahora te cuento.

David se acordó durante un instante de Laura, miró hacia la barra y al no verla, la buscó con la mirada por todo el bar, finalmente la vio salir seguida de María. Se alegró de que no estuviera sola y con María quizás lograse desahogarse un poco. Tenía que hablar con alguien ya que con él parecía no estar dispuesta.

- ¿Qué pasa? - le preguntó Marta.
- Nada, estaba buscando a Laura.
- ¿Laura?
- Sí, tu futura jefa - le sonrió - Vino conmigo pero se quedó en la barra, afortunadamente ha encontrado a alguien y ya no está sola.

Marta miró en la misma dirección que lo hacía el rubio, vio a la alta morena que ya salía del bar y detrás de ella la mujer que le había atendido en la inmobiliaria y de cuyo nombre no lograba acordarse.

- Ah, tu prima - le sonrió burlonamente.
- ¿Qué pasa?, ¿no te lo crees? - la miró a su vez - Vale, no es mi prima es una buena amiga.
- ¿Por qué mentiste?
- No quería espantarte - le sonrió y Marta le devolvió la sonrisa.
- ¿De qué la conoces? - le preguntó curiosa.
- La empresa para la que yo trabajaba en Santa Cruz era cliente suyo, un día la conocí y me volví loco, ya has visto que es muy guapa - Marta no dijo nada sólo escuchaba un tanto extrañada - Al principio quería ligar con ella pero después comprendí que era imposible, así se fue convirtiendo en la gran amiga que es hoy. Por casualidad, comencé a trabajar de relaciones públicas en el hotel aquí en Fuerteventura y coincidí con ella que quería montar la empresa.
- Vaya, no sé que pensar.
- ¿Por qué?
- ¿Sigues loco por ella?
- Ahora no - la miró fijamente, sus ojos le atraían cada vez más - Tienes unos ojos preciosos, no puedo dejar de mirarte.
- Los tuyos tampoco están nada mal, ¿sabes? - le devolvió la mirada con la misma intensidad.
- Lo sé.
- ¡Qué modesto!
- Eso también lo sé - la miraba esta vez a los labios pero desechó la idea, no era el lugar idóneo para eso - ¿Quieres dar un paseo?, la noche está buena.
- Claro - Marta se había quedado paralizada por un momento tras la intensa mirada que el rubio le dedicó.

Salieron del bar y cruzaron la avenida hasta llegar al paseo que quedaba pegado a la playa, charlaron animadamente y caminaron uno junto al otro. Marta se encontraba muy a gusto con él, sentía que podía hablar de cualquier cosa. Le contó su vida en el banco, siempre de un lado para otro, David también había viajado mucho por motivos de trabajo, pero más que entre islas, había tenido muchas reuniones tanto en Madrid como en Barcelona. Tenía miles de anécdotas y se reía con todas y cada una de ellas.

La acera se ensanchaba en un semicírculo que miraba hacia el mar, varios bancos de madera lo amueblaban y decidieron sentarse en el más alejado. La luz de las farolas apenas lo alumbraba.


Laura y María caminaban ya de regreso, habían llegado hasta el final de la avenida y ahora regresaban por el mismo paseo junto a la playa.

- Laura, lo he decidido - dijo María firmemente.
- ¿El qué? - le preguntó la morena extrañada, llevaban varios minutos sin hablar cada una sumida en sus propios pensamientos.
- Te voy a buscar una novia.
- ¿Aquí?
- Claro que aquí, es tan buen sitio como cualquier otro.
- ¿Tú crees?
- Nunca se sabe, mujer de poca fe, si es necesario contestaré a uno de esos anuncios en el periódico.
- ¡Eso ni bromeando!, no estoy tan desesperada.
- A veces no es cuestión de desesperación sino de soledad.

Laura se paró un momento para mirarla fijamente.

- ¿Es qué has puesto alguna vez un anuncio, Mari?
- ¿Cómo crees que conocí a Pepe?
- ¡Venga ya!, te estás quedando conmigo.
- No, lo digo muy en serio.
- ¿Pusiste un anuncio en el periódico?
- Yo no, lo puso él.
- A ver si lo entiendo, Pepe puso un anuncio y tú te atreviste a contestarle.
- Todavía lo guardo, recuérdamelo un día y te lo enseño.
- ¿En serio?
- Sí.
- Nunca me has contado esa historia.
- Nunca me has preguntado.
- No suelo preguntar esas cosas.
- Bueno, también hay gente que no le hace falta - dijo señalando a una pareja que sentada en un banco, se besaban.
- Hay gente con suerte.

A medida que se acercaban Laura reconoció a David y la chica que estaba besando no podía ser otra, el alma se le fue a los pies y fue incapaz de seguir mirando.

- Vaya, si son... - se calló al ver la expresión en la cara de la morena.
- Sí, ya me he dado cuenta.
- Ahora sí que tengo que buscarte una novia - la miró con una dulce sonrisa - Así dejarás de mirarla.

Laura quiso responderle pero comprendió que era inútil, María la conocía demasiado para estar mintiéndola a estas alturas. Le sonrió e intentó borrar de su cabeza la imagen que acababa de ver, algo que por ahora le resultaba totalmente imposible.


Capítulo VI: Amigos y amigas

Miró el reloj en la pantalla del ordenador y comprobó que ya pasaban de las ocho de la tarde, en la oficina no quedaba nadie, María y Marta se habían ido hacía más de una hora. En realidad, no tenía tanto trabajo pero se había escondido durante la última semana en su despacho.

Tenía que solucionar aquello como fuera, no podía seguir así, no era bueno para la empresa ni para ella, y mucho menos para la propia Marta, a la cual no pudo mirar a los ojos en la semana que llevaba trabajando. Tenía que volver a ser una profesional y dejar los asuntos personales fuera de la oficina, sobre todo aquellos que únicamente le afectaban a ella.

Alguien tocaba a la puerta y se levantó saliendo del despacho y comprobando que se trataba de David.

- Hola - le saludó sin demasiado entusiasmo.
- Hola guapa, me he decidido a pasar por aquí para ver si seguías viva. Llevo días sin saber de ti.
- He tenido trabajo - contestó sin más dirigiéndose de nuevo a su despacho - Cierra la puerta, por favor, sólo nos faltaba que nos robasen.
- ¿Qué te robasen?, oye - la vio desaparecer tras la puerta del despacho y la siguió - Laura, ¿qué te pasa?, y no me digas que nada porque no me lo trago. Te conozco demasiado.
- ¿No has quedado hoy?
- Hoy Marta quería ver a sus amigos así que yo aprovecho para ver a los míos.
- ¿Qué tal les va?
- ¿A quién?
- Como que a quien - le miró fijamente - A ti y a Marta.
- Genial - la cara de David cambió radicalmente iluminándose con una amplia sonrisa - Es increíble, creo que me estoy enamorando.
- Me alegro - dijo esforzándose por parecer creíble.
- ¿En serio? - David la miraba con el ceño fruncido - ¿Y por qué siento que no es así?
- No lo sé, tú sabrás.
- Laura, ¿estás enfadada por algo?
- No, Dav, no sé, quizás sea el trabajo.
- ¿Me vas a decir ahora que tienes mucho trabajo?
- No, que va, ojalá fuera siempre así.
- Entonces, ¿qué haces aquí todavía?
- En realidad, nada, navegaba por Internet.
- ¿Tú navegando?, así sin más, sin tener nada que ver con el trabajo - sonrió - Eso sí que no me lo trago.
- Oye, David - pensaba en como preguntarlo - ¿Te parece de desesperados poner un anuncio?
- ¿Un anuncio?, ¿de qué?
- Me refiero, ya sabes, uno de esos anuncios de contactos.
- Pero es que te vas a meter a... - pensó un momento - señorita de compañía o algo de eso - dijo riéndose.
- ¡No hombre!, digo, estos anuncios... donde, ya sabes...
- No, no tengo ni idea y como no te expliques mejor vamos a estar aquí hasta mañana.
- Olvídalo.
- No lo voy a olvidar y no voy a salir de aquí hasta que me digas de que demonios estás hablando.
- Hablo de contestar a esos anuncios donde alguien busca a alguien.
- Laura, tu no estás bien - la miró preocupado.
- No es para tanto, Maria conoció así a su marido, ¿sabes?
- ¡¿A Pepe?!
- ¿Es qué tiene otro?, sí, a Pepe, pero ni se te ocurra decirle que te lo he dicho.
- Y, ¿por qué se lo iba a decir?. Bueno, al parecer le salió bien, pero no siempre es así Laura. En esas cosas hay muchas estafas, ¿sabes?. Pero bueno, a ti no te hace falta nada de eso. A ver si te enteras que estás buenísima, si no fueras gay yo mismo...
- ¿Y Marta? - le preguntó mirándole de reojo.
- Bueno ahora no, con ella no.
- David, ¿vas en serio?
- No lo sé, Laura. Aún es pronto, sólo te diré que soy incapaz de mirar a nadie más y eso es muy raro en mí. Tú lo sabes bien.
- Ya - volvió a mirarle seria.
- Vale, te seré sincero, no es fácil para mi admitirlo pero... estoy loco por ella. No sólo es guapa, a la vista está, sino que es increíble.
- ¿Ah sí? - comenzaba a picarle la curiosidad - ¿En qué sentido?
- Es alegre, me río mucho con ella, no sé, es buena gente, ¿sabes?
- ¿Buena gente?, nunca te he oído hablar así de ningún ligue - dijo Laura volviendo la vista hacia la pantalla del ordenador.
- Por que ella no es un ligue cualquiera, te lo estoy diciendo.
- Eso espero.
- ¿Cómo?.
- No quiero que le hagas daño.
- Oye... - la miró a los ojos - Ah, no, no puede ser. Espera un momento, a ti te gusta mi novia, es eso, ¿no?
- Déjate de tonterías, sólo me preocupa, es una buena chica y no se merece que le hagan daño. Es sólo eso, ¿vale?
- ¿Seguro?
- Claro, aunque sí que estoy algo celosa.
- ¿De qué?
- De la relación que tienes, quisiera volver a estar así con alguien.
- Y lo estarás guapa - David se levantó y le dio un abrazo a Laura - Bueno, ¿qué?, ¿es qué te vas a quedar a dormir en la oficina?
- Es lo único que me faltaba.
- Vamos, anda, te invito a cenar.
- ¿No se pondrá celosa tu novia?
- Contigo no.
- David - le miró fijamente - ¿Le has hablado de mi?
- Claro.
- ¿Lo sabe?
- Eso no, esas cosas prefiero que las digas tu misma. Además, ¿es que aún no lo sabe?
- ¿Y por qué tendría que saberlo? - le preguntó poniéndose a la defensiva, en el fondo no sabía como contarle algo así sin que se le notara lo que de verdad sentía - No tengo porque ir contando mi vida privada por ahí.
- Vale, vale, si yo no digo nada - se dirigió hacia la puerta esperando a que la morena se decidiese a levantarse por fin - Es que si esta relación durase, que es lo que espero, quiero que sean amigas. Sólo eso.
- En ese caso ya se lo diré yo misma.
- Ok. Eso es lo único que quiero, ¿vamos o qué? - volvió a preguntarle viendo que Laura no se movía de su sillón - Me muero de hambre.
- Yo también.
- ¿Sabes?, quizás no sea mala idea.
- ¿El qué?
- Lo de contestar a un anuncio, quién sabe. Aquí no he visto ningún bar gay ni nada de eso, puede que sea la única manera.
- Ya me lo pensaré.
- Cierra ya y vamos de una vez, pesada.
- Ya voy.


Marta decidió ir a visitar a Jaime y Karla a su apartamento para ello tenía que caminar un poco y siempre cuesta arriba. Allí las distancias no eran excesivamente largas pero la casa de la pareja quedaba en una cuestita, así que decidió subir cuando el sol se estuviera poniendo. Además no conocía bien el horario que ambos tenían en el hotel y, a esa hora, era muy probable coger alguno de los dos en casas.

Se situó frente a la puerta y tocó el timbre. Casi inmediatamente la cara de Karla apareció tras ella y sonrió al verla.

- ¡Martita!
- Hola Karla.
- Me alegra que te decidas de vez en cuando a aparecer por aquí - dijo cerrando la puerta tras pasar la rubia.

El apartamento era más bien pequeño como casi todos los de la zona. Era una zona turística así que la vivienda se encarecía bastante con respecto a otros lugares de la isla, su capacidad adquisitiva sólo les daba para estudios o apartamentos tan pequeños como aquel. Jaime y Karla eran más ambiciosos y soñaban con tener un chalet pero Marta se conformaba con algo así, siempre y cuando se quedase en su isla favorita. No le hacía falta nada más.

- ¡Qué ganas tengo de salir de este cuchitril! - se quejó Karla sentándose en el único sofá del salón.
- Siempre han sido unos pijos los dos - Marta se sentó junto a ella.
- ¿Me vas a decir que no te gustaría vivir en un chalet?
- Mujer, a nadie le amarga un dulce, ¿sabes?. Pero, sinceramente, no me hace falta algo así para ser feliz.
- Pues nada hija cuando nos mudemos te dejamos este para ti solita.
- No te creas que no estaría mal, dejaría a mi hermano tranquilo con sus mujeres.
- A propósito, ¿cómo le fue con aquella?
- Como supuse ya no están juntos, ahora sale con una inglesa que estará dos semanas por aquí.
- ¡Si es que no para el tío!, aunque ya podrá.
- ¿A qué te refieres?
- Hija, a que está buenísimo.
- ¿Quién?, ¿mi hermano?
- Sí, se que para ti es difícil verlo pero lo está, créeme.
- Si tu lo dices.
- Y bien, ¿cómo te va en el trabajo?
- El trabajo bien - Se quedó callada un momento.
- ¿Y? - Karla la miraba fijamente.
- ¿Y qué?
- No sé, ¿seguro que va bien? - le preguntó extrañada al ver la expresión de su cara.
- Va bien, María es un encanto de mujer y me ayuda siempre, estoy aprendiendo mucho con ella.
- ¿Pero?
- Pero Laura, no sé, es rara.
- ¿En qué sentido?
- En la entrevista fue muy amable y me cayó muy bien pero en esta semana a penas me ha hablado y cuando lo hace, no sé.
- ¿Qué?
- Creo que me evita.
- ¿Cómo que te evita?
- Eso que intenta no mirarme o hablarme.
- Seguro que sólo son tonterías tuyas, Marta.
- Eso espero, creo que hasta ahora lo estoy haciendo bien. No sé si preguntarle.
- ¿El qué?
- Si estoy haciendo algo mal.
- Ya te lo hubieran dicho, sino ella esa tal María.
- Supongo pero...
- ¿Pero qué?
- Es una mujer rara.
- ¿Quién, María?
- No, Laura. Hay algo en su mirada, es como tristeza.
- ¿No serán esos fabulosos ojos azules? - se rió Karla al recordar el comentario que una vez hiciera la rubia.
- No, tonta. En serio, creo que tiene problemas o algo.
- ¿Y tu novio?
- ¿Quién? - preguntó disimuladamente.
- ¿Cómo qué quién?, David, ¿o es que sales con alguien más?
- ¿Qué pasa con él? - miró de reojo a la morena.
- Es muy amigo de ella.
- Sí, pero no le he comentado nada.
- De vez en cuando hay que parar para hablar, ¿sabes? - se rió Karla.
- Idiota, para tu información hablamos mucho.
- ¿En serio? - Karla la miró de reojo - ¿Antes o después?
- Cállate y dame un vaso de agua, estoy muerta de sed.
- Será por hablar tanto con... - hizo una pausa dramática mientras se levantaba dirigiéndose a la cocina - David.

Marta le lanzó un cojín mientras la seguía hasta la cocina. Laura le caía bien pero había algo en ella que la preocupaba, a veces tenía la mirada perdida y se moría por saber qué pasaba por su cabeza en aquellos momentos. Quería hablar con David de ella pero sentía que aún no tenían tanta confianza y, quizás, se estaría metiendo dónde nadie la llamaba.


Capítulo VII: La fiesta

- Chicas, ¿están listas?
- Casi, espera que termine de archivar estos papeles y ya vamos - dijo María ordenando el pequeño montículo que le quedaba ya sobre la mesa.
- ¿Quieres qué te ayude? - se ofreció Marta.
- Por favor.

Con la ayuda de Marta el trabajo se terminó en pocos minutos y, en un momento, estaban las tres sentadas en el Opel Vectra color vino de la morena. Laura había decidido celebrar la buena apertura de la empresa con una cena en el hotel donde trabajaba David. Le había conseguido un buen descuento, ya que se trataba de un hotel de lujo, y no lo dudó. No habían tenido ocasión de inaugurar el local así que, por lo menos, una cena no vendría mal.

- Están muy guapas las dos.
- Gracias, jef... Laura - dijo María que se sentaba a su lado.
- ¿Puedo hacerte una pregunta, María? - preguntó Marta que se sentaba en la parte de atrás.
- Claro - contestó algo extrañada la mujer mayor.
- Me da un poco de vergüenza pero me mata la curiosidad - Laura la miró a través del retrovisor.
- Adelante preciosa - entre María y ella, había surgido una buena amistad.
- La primera vez que vine, cuando entregué el curriculum...
- ¿Sí?
- Quisiste por dos veces llamar a Laura, jefa, pero no lo hiciste y ahora tampoco. Y, no sé, me pregunto por qué.

Ambas mujeres se rieron.

- No me gusta nada que me llamen así - contestó la propia Laura.
- Es una manía mía - dijo girando la cabeza y mirando a la rubia que sonreía.
- Pues a mi me gusta - Marta sonrió a Laura a través del retrovisor y esta sintió un cosquilleo por todo su cuerpo.

Al llegar al hotel ya David las esperaba. Se bajaron del coche y Marta le saludó con un rápido beso en los labios a lo que el rubio contestó con una amplia sonrisa. Laura evitó mirarles, María se dio cuenta y la cogió del brazo para animarla y entrar con ella en el magnífico hotel.

La sala era majestuosa y un camarero permanecía de pie junto a cada mesa, cosa que a Marta le incomodaba. Ella estaba más acostumbrada a los guachinches de toda la vida donde te miraban mal si llamabas demasiadas veces a la chica que lo atendía, manteles de plástico a cuadros rojos y sillas de madera, pero eso sí, comida abundante y grasienta. Todo aquello quedaba muy alejado de su ambiente.

- ¿Estás bien? - le preguntó David que sentado a su lado se acercó a ella.
- Sí, un poco incómoda tal vez - le sonrió.
- Hija, yo tampoco estoy acostumbrada a tanta delicadeza - dijo acercándose a la pareja y procurando que no escuchara el camarero - ¿Se puede saber para qué es todo esto? - preguntó mirando la amplia cubertería que cubría gran parte de la mesa.
- Tranquilas que estamos en confianza, cojan el que más rabia les de - dijo Laura que llevaba demasiado tiempo callada, detalle que no pasó desapercibido para nadie, especialmente para María que la miraba de ves en cuando, con preocupación.
- Me parece perfecto... ¡Noooo! - dijo intentando parar al camarero que llenaba de nuevo su copa con el vino que David había seleccionado, el pobre chico se sobresaltó tanto que casi deja caer la botella - Uy, perdona, es que como beba más vino no sé que va a ser de mí esta noche - se rió.
- Aprovecha, María, que esto no se ve todos los días - le sonrió David.
- Qué va, qué va, yo no puedo con las pastillas que me estoy tomando.
- En ese caso será mejor que no sigas - le dijo Laura observando la copa que el camarero finalmente logró llenar.

La comida había sido excelente pero como era normal en estos sitios, escasa. David aún tenía hambre pero viendo que las mujeres no estaban por la labor decidió terminar con el postre y aguantar.

- Y dime - dijo María mirando a David - ¿Comes aquí a menudo?
- ¿Aquí?, ojalá - se rió el rubio.
- Pues a mi no me acaba de convencer tanto lujo - dijo Marta - No sé, creo que no es mi ambiente.
- Eso es por que eres una persona sencilla - David la cogió de la mano y la besó, Laura se concentraba en el postre de naranja que le acababan de servir.
- ¿Dónde nos vas a llevar ahora? - preguntó María en un intento por hacerla hablar un poco.
- ¿Cómo? - Laura levantó la vista de su plato comprobando que la pregunta iba con ella - Bueno, no sé, no había pensado en nada.
- ¿Y por qué no nos quedamos aquí? - sugirió David.
- ¿Aquí? - preguntó Marta.
- Sí, tienen una discoteca fabulosa.
- Yo creo que estoy muy cansada, preferiría irme a dormir.
- Laura, mañana es sábado, ya tendrás tiempo de dormir.

Laura no quiso contestar, quizás algo de música y baile conseguiría animarla un poco, en estos días los recuerdos la invadían y no podía evitarlo. María terminó por convencerla y pocos minutos después se levantaron de la mesa y siguieron a David por el hotel hasta el salón de baile, tal y como rezaba el cartel de la puerta.

Justo cuando se disponían a entrar un hombre uniformado le hizo señas a David, este se disculpó del grupo y habló con él durante unos minutos regresando con semblante serio.

- Malas noticias - dijo mirando a Marta - Tengo trabajo, sso es lo malo de cenar dónde trabajas si surge algo te tienen a mano.
- ¿Qué ha pasado? - le preguntó la rubia.
- Acaba de llegar un cliente importante y ha preguntado por mí, el director quiere que le atienda. No sé cuanto puede tardar lo mismo una hora o lo mismo tres, quién sabe - Le pasó un brazo por los hombros a Marta y añadió - Pero no importa, diviértanse ahí dentro, tengan - dándole una tarjeta a cada una - Con esto les servirán todo lo que quieran.
- ¿Ah sí? - preguntó María entusiasmada.
- María, tú no puedes beber más - le recriminó Laura.
- Vale hija, pero algún refresco o algo sin alcohol si podré, digo yo - la miró fijamente.
- De eso todo lo que tu quieras - le sonrió David que despidiéndose de Marta con un beso miró, después, a Laura - Y a ver si me animan un poco a esta mujer que esta noche está que no la reconozco.
- Veremos que se puede hacer - contestó Marta sonriéndola.

Una vez dentro ocuparon una de las mesas redondas que se encontraban en un lugar un poco elevado al fondo de la sala. Laura pidió un Whisky mientras que ni Marta ni María quisieron nada. Esta última se extrañó ya que Laura no solía beber nunca.

Al contrario de lo que se imaginaron la sala estaba casi llena, el hotel estaba hasta los topes no en vano se hallaba en temporada alta. María no lo dudó un momento y salió a bailar animando a Marta a seguirla pero sin llegar a convencer a Laura, que se quedó sentada frente a su segundo vaso de whisky.

Varios hombres, uno tras otro, se acercaban a las dos mujeres, sobre todo a Marta que no paraba de reírse. Laura se apoyaba en el respaldo del confortable asiento y la miraba fijamente ayudada por la intimidad del rincón en el que se hallaba, la rubia había elegido un vestido verde y corto que hacía aún más llamativos sus ojos. Era ajustado y su cuerpo se marcaba con cada movimiento, lo cual atraía a la jauría que bailaba a su alrededor, atracción que también sentía con fuerza Laura desde hacía ya demasiado tiempo.

Escuchó un ruido que no lograba identificar, miró a un lado y a otro y comprobó que se trataba de un móvil, cogió los dos bolsos que habían dejado y notó que el de María vibraba. Lo abrió y sacó el pequeño aparato haciendo señas a María que no acababa de verla.

- ¡¡¿Sí?!! - gritó - ¡¡Hable más alto!! - se esforzaba pero era inútil - ¡¡No le oigo!!
- ¡¡Azulita!! - Sólo una persona la llamaba así en este mundo y ese era Pepe, el marido de María.
- ¡¡Pepe!!, ¡¡¿dónde estás?!! -.
- ¡¡¡Acabo de llegar!!! - gritó el hombre al otro lado - ¡¡¿Dónde están ustedes?!!!
- ¡¡En la discoteca... no... ¿qué?... no hombre... dis... co... te... ca...!!, ¡¡¿Tú?!!

Se rió de si misma pues parecía una loca chillando ella sola. Por fin, María entendió sus señas y volvió a la mesa, cogió el móvil al tiempo que Laura le indicaba que era Pepe y salió de la sala para hablar mejor. Su mirada volvió sobre Marta que charlaba animadamente con una pareja, se extrañó pero supuso que los conocería de algo. María volvió al rato con una amplia sonrisa en su cara.

- Mi Pepe ya está en casa - le dijo a Laura.
- ¿Desde cuándo?
- Desde hace una hora, me dijo que venía mañana el muy zorro.
- Querría darte una sorpresa.
- Y lo hizo, tengo que irme, mi cielo.
- Por supuesto - le sonrió.
- ¿Puedo dejarte sola con ella, verdad? - dijo mirando a Marta que seguía hablando con la pareja.
- No soy un peligro, María.
- Lo sé. Bueno, feliz fin de semana, preciosa.
- Para ti también.
- Seguro - le sonrió guiñándole un ojo y Laura se rió.

Vio como María se despedía de Marta con un abrazo y, por un momento, se imaginó lo que sería sentirla así, rodeándola con sus brazos y apretando su cuerpo al suyo. Terminó su vaso y pidió otro enfadándose consigo misma, tenía que olvidarse de todo aquello, Marta nunca sería para ella, y tenía que afrontarlo. Además era la novia de David y se le veía muy enamorado, era un amor totalmente imposible pero no sabía como evitarlo, como dejar de pensar en ella.

Y era peor ahora, se sentía completamente culpable, era su aniversario y estaba pensando en otra. Terminó su vaso y decidió dirigirse directamente a la barra sin querer pensar en lo que estaba haciendo. "Perdóname" - pensó - "Tú no te mereces esto".

Se giró para ver a Marta bailando con el hombre de la pareja que había saludado. Tendría unos 40 años y su mujer, o al menos, la mujer que la acompañaba bailaba alrededor de ellos sin parar de reírse. "Por lo menos se divierte" - pensó - "Se ríe igual que tú cielo, feliz aniversario ", levantó su vaso y lo vació de golpe.

Marta miró a la mesa del fondo dónde debía de estar Laura pero no la vio, la buscó por toda la sala y la localizó sentada a la barra, de espaldas a la pista y vaciando de golpe su vaso. Se disculpó con el hombre y se dirigió hacia ella, sentándose en el taburete que quedaba libre a su lado.

- ¿Es que quieres emborracharte? - le sonrió Marta.

Sin embargo, su sonrisa se borró al ver la cara de Laura. Estaba claro que ya era tarde para eso, tenía la mirada perdida y los ojos rojos, un codo en la barra y la cabeza apoyada en su mano. Su voz, al dirigirse a ella, demostró que ya había bebido demasiado.

- ¿Ya... no baaailas? - dijo arrastrando las palabras.
- Creo que ya está bien por hoy, ¿y mi bolso?

Con un dedo señaló hacia la mesa que antes ocupaban mientras parecía disculparse pues sus palabras eran ininteligibles. Marta se dirigió a la citada mesa y recogió su bolso decidida a sacar a Laura del bar y llevarla para su casa.

- Venga, nos vamos - dijo cogiéndola por un brazo para levantarla.
- ¿Taaan... prooonto? - se levantó, apoyándose en la rubia.
- Sí, ya es suficiente.
- ¿Y Daaavid? -la miró - Lo vaaas a... deeejar sssoolo. Esse esss un peli... groo - se rió.
- Está trabajando y lo sabes.

Marta agarró un brazo de la morena pasándoselo por los hombros mientras que con el otro rodeó su cintura para poder sujetarla mejor. Había bebido más de lo que se imaginaba y se tambaleaba al caminar.

- Trabaaa... jaaando, ssssí - volvió a reírse - Ahora... lo llaaaman... asssí.
- ¿Qué estás diciendo?

Salían del hotel y Marta buscó el coche de Laura, no tenía la alarma puesta así que la apoyó contra el mismo, dándose cuenta de que la morena no tenía su bolso.

- ¿Dónde está tu bolso? - le preguntó sujetándola, Laura se encogió de hombros - Vale tendré que volver a entrar, tu espera aquí, ¿me oyes? - la morena sólo sonreía - Enseguida vuelvo, ¿vale?
- Vaaaaleeee - gritó.

Marta regresó al hotel y recogió el bolso de la barra donde había estado Laura. Cuando volvió al coche la vio sentada en el suelo con las piernas estiradas y sonriendo.

- Ya tengo las llaves - le dijo mientras la levantaba.
- Vale... yo conduuussco.
- Sí, hombre, lo que nos faltaba. Tu acompáñame - la llevó al asiento del copiloto y abría la puerta vigilando que la morena aguantase - Aquí, sentadita.

Dio la vuelta al coche y le dio tiempo de bloquear los seguros antes de que Laura consiguiera abrir su puerta.

- ¡Déjaaame sssalir! - protestó - ¡Essste... esss... mi... cooosshe!
- ¿Por qué has bebido tanto? - le preguntó mirándola fijamente.

Laura se calló y miró hacia el frente, con la mano buscaba la palanca del sillón, dio con ella y de golpe se fue para atrás quedándose acostada, lo que pareció hacerle gracia y comenzó a reírse a carcajadas.

- Vale - Marta arrancó el coche - Espero que no me pare ningún policía, ni siquiera tengo carnet.
- No deeebes... cooouuunndusssir.
- ¿Yo no debo conducir?, tu eres la que no deberías beber así.
- Beebo... porquee me daaa la gaaaana.
- Oh, mierda - se paró en unos aparcamientos antes de coger la carretera principal - No tengo ni idea de donde vives.
- Voy a cooundussir acostada... a paaartir de ahooraa - aún echada en el sillón movió los brazos como si tuviera un volante entre sus manos y lo giraba de un lado a otro - bruuummmmm...
- Laura, mírame - le pidió cogiéndole la cara para obligarla a mirarla, Laura la miró fijamente.
- Tieeenesss losss ojoosss más booonitosss que nuuuunca vi - la miraba seria y abrió los brazos hacia ella - Daame un abraasso, precioosssa. - Marta se quedó parada un momento hasta que la morena comenzó a reírse.
- Tienes que decirme dónde vives.
- Por ssupuesssto - le dio a la palanca de nuevo y el sillón volvió a su posición original - Vete por esssa calle - Pareció recuperarse un poco.
- ¿Estas segura? - Marta volvió a poner el coche en circulación.
- Claro queee... lo essstoy, sssé dónde... viiivo.

Tres cuartos de hora y varias casas más tarde, por fin, decidió llamar a María. Estaba claro que Laura no estaba en condiciones ni de indicarle dónde vivía.

- ¿María?
- ¿Sí?, ¿quién es?, ¿qué pasa? - preguntó la mujer sobresaltada.
- Siento despertarte, soy yo, Marta.
- ¡Marta, son las tres de la mañana!, ¿estás bien?, ¿Laura está bien?, ¿ha pasado algo?
- Tranquila no te preocupes estamos bien, es que Laura ha bebido más de la cuenta y estoy intentando llevarla a casa pero está demasiado borracha para decirme dónde es.
- ¿Qué está borracha? - preguntó sorprendida.
- Y tanto que lo está, ¡Laura vuelve dentro! - la morena acababa de sacar medio cuerpo por la ventana del coche.
- ¿Qué pasa?
- Casi sale por la ventana.
- Ya me parecía raro que pidiese un whisky, ella nunca bebe.
- Pues hoy ha bebido para toda su vida.
- ¿Dónde están?
- Delante del centro comercial.
- Ah, entonces están muy cerca ya, ves la calle que sube, hay un tienda de ropa en la esquina.
- Sí.
- Sigue hasta el final y gira a la derecha, vive en el número 7.
- ¡Por dios, si acabamos de estar ahí! - Laura se reía.
- Creo que te estaba tomando el pelo.
- Pues no me hace gracia.
- Noo te enfaaades - dijo Laura cogiéndole la nariz.
- ¡¿Quieres soltarme?!
- ¿Qué pasa? - preguntó María.
- Nada, ahora le da por cogerme la nariz.
- ¿Ah si? - se rió María - Esto se lo vamos a recordar el lunes.
- Lo que no entiendo es por que lo ha hecho.
- ¡¡¡¡Pooor eeellla!!!! - gritó Laura sorprendiéndolas a las dos.
- ¿Por quién? - preguntó Marta.
- Marta - María pareció recordar - Escúchame, no se lo tengas en cuenta vale, llévala a casa y olvida todo esto, yo iré mañana a verla - la voz de la mujer se había tornado seria.
- ¿Por qué? - preguntó Marta extrañada.
- Buenas noches, Marta - cortó.
- Buenas noches.

Marta hizo lo que María le había dicho y comprobó que acababan de pasar hacía pocos minutos por aquella calle, buscó el número 7 y lo encontró rápidamente. Se asombró al verla, se trataba de un chalet pareado, tenía dos grandes plantas y una tercera con terraza. Bajó a Laura del coche y lo cerró ayudándola a llegar a la puerta, abrió su bolso y buscó las llaves pero Laura se lo arrebató de golpe y ella misma las sacó. Eligió una al azar y la intentó llevar hacia la cerradura pero era imposible.

- ¡¡Estaate quieeeeta... sserrraaaadura!! - se enfadó Laura.
- Anda trae.

Marta le arrebató las llaves y abrió la puerta, detrás de la cual se encontraba un jardín con el suelo de césped. Siguió un camino de piedras que llevaba hasta la puerta principal que también abrió, estaba preocupada por que no fuera aquella la casa y sonara alguna alarma. La llevó hasta el sofá que constituía todo el mobiliario de un amplio salón vacío.

- Voooy... a la... cossina.

Se levantó tambaleándose y Marta no sabía muy bien que hacer, sólo la siguió hasta que comprobó al llegar, que sólo quería beber más pues abría unos de los armarios en cuyo interior guardaba la bebida.

- ¡Ah, no!, ¡Suelta eso ya o acabarás con un coma etílico!
- ¡Déjame en paaz!, ¡¡¡¿quieen... cooooño... eeeres... tu?!!! - le dijo sentándose en una de las sillas.
- Alguien que no te va a permitir beber más.

Laura se levantó de golpe situándose frente a ella, se miraban fijamente a los ojos y Marta no supo como reaccionar cuando la morena le cogió la cara con ambas manos y acercó los labios a los suyos. Durante un segundo sus labios se unieron hasta que Marta se separó bruscamente.

- ¿Qué estás haciendo?
- ¡¡Nooo lo sssé!! - gritó Laura.

Salió de la cocina y caminó tambaleándose por el pasillo hacia el sofá del salón.

- ¡¡¡Perdooonameee!!! - gritaba mientras se dejaba caer sobre el sofá - ¡¡¡¿Qué he eeechoo... Esteelaa?!!!

Marta se quedó perpleja sin lograr entender nada de lo que estaba pasando pero no podía dejarla así, se sentó junto a ella en el sofá.

- ¿Quién es Estela? - le preguntó con suavidad.
- Es nuuestroo... aniversssaaario - dijo sin parar de llorar.
- ¿Vuestro aniversario? - preguntó sorprendida - ¿De qué?
- Haasse... treees... añooos... que nos conooossimos... ¡Esteeela! - volvió a llamarla.

Marta era incapaz de reaccionar, la miraba sin entender nada. ¿Quién era Estela?, ¿su novia?, no podía ser, ella no era gay, ¿o sí?. David no le había dicho nada ni María, ni ella misma. Pero si era así, ¿dónde está esa tal Estela?, ¿y por qué hasta ahora nadie la había nombrado?. Vio como Laura poco a poco se relajaba y se iba quedando dormida.

La ayudó a estirarse en el sofá ya que era demasiado pesada para ella y no podía subirla a su habitación. Subió las escaleras y entró en el primer cuarto que vio. Debía ser algo así como el cuarto de estudio, aunque sólo tenía una mesa con un ordenador, una silla y una pequeña estantería en la pared repleta de libros. Sobre la silla vio lo que parecía una manta y la cogió, hacía calor pero era lo único que tenía a mano, bajó las escaleras y comprobó que Laura estaba ya profundamente dormida.

Se acercó a ella y la cubrió con la manta, la miró un momento intentando asimilar lo que acababa de pasar. ¡Su jefa la había besado!, ¡Una mujer acababa de besarla!. No sabía que pensar sobre todo aquello, si sería por la borrachera o si habría algo más detrás de todo esto. Aunque eso estaba claro, algo más debía de existir, sino ¿quién era esa tal Estela?. "Tendré que hablar con David mañana" - pensó. Antes de irse no pudo evitar darle un beso en la frente, Laura estaba sufriendo por dentro y mucho, y no sabía por qué.


Capítulo VIII: Una resaca y una confesión

El ruido del timbre de la puerta la despertó de golpe, se incorporó tan rápido que el cuarto giró a su alrededor. No entendía que hacía en el sofá del salón y por que tenía aquel espantoso dolor de cabeza unido a una necesidad extrema de beber agua. Poco a poco consiguió levantarse y abrir lo más rápidamente posible la puerta principal pues el timbre le martilleaba, una y otra vez, la cabeza.

- ¿Qué pasa?
- ¡Laura, estás horrible! - la voz de María sonó como un trueno.
- No... chilles - le pidió.
- No lo he hecho - le susurró.
- ¿Has venido a decirme eso?

Laura se dirigió a la cocina y María entró cerrando la puerta tras ella, la siguió y se sentó en una de las sillas alrededor de la gran mesa de cristal que constituía el centro de aquella amplia cocina. La miraba fijamente mientras la morena abría uno de los armarios para sacar una aspirina.

- ¿Qué?, estamos de resaca, ¿eh?
- ¿Qué pasó anoche? - preguntó mientras bajaba la aspirina con un gran vaso de agua.
- ¿No lo recuerdas?, ¿te tomas la aspirina sin comer nada antes?, venga siéntate que te prepararé algo.

María la obligó a sentarse en una silla mientras ella buscaba algo para el desayuno, encontró un bote de café instantáneo y en la nevera había leche que sirvió en un cazo para calentarla.

- No me acuerdo de nada, sólo sé que fuimos a la discoteca del hotel y nos sentamos al fondo y...
- Pediste whisky.
- Sí, pero a partir de ahí está como borroso.
- ¿Sabes cómo viniste a casa? - María se sentó junto a ella mientras la leche terminaba de calentarse.
- Me trajiste tú supongo.
- ¿No te acuerdas que me llamó Pepe?
- Es verdad, de eso sí que me acuerdo y te fuiste - se incorporó para mirarla - Entonces fue...
- Sí, señorita, exacto, Marta te trajo conduciendo tu propio coche.
- ¿Cómo lo sabes?, ¿has hablado con ella?, tú te fuiste antes.
- Anoche me llamó a las tres de la mañana desde el coche por que tu eras incapaz de decirle dónde vivías.
- ¡Dios mío!, ¿y qué hice?
- Eso no lo sé, Laura, tendrás que preguntárselo a ella.
- No habré echo alguna tontería, ¿verdad?
- Quien sabe.

María se levantó y apartó el cazo de la vitrocerámica, sirvió su contenido en una taza y se la dio a Laura, dejándole sobre la mesa el bote de café y el azúcar.

- Dios, no recuerdo nada de nada, ¿crees que debería llamarla? - le preguntó preocupada.
- No lo sé, eso es cosa tuya - se sentó junto a ella y la miró fijamente - ¿Por qué lo hiciste?
- ¿El qué? - sabía a que se refería pero no le apetecía hablar del tema.
- Sabes a lo que me refiero, tu nunca te emborrachas. Pero si nunca bebes y lo de anoche parece que fuera premeditado.
- Oye, me duele mucho la cabeza y estoy mareada, no estoy para esas cosas.
- ¿Qué cosas? - pensó antes de hablar - Estela, quizás.
- ¡Ya está bien! - la morena se levantó de golpe y se sirvió un vaso de agua pues la boca la tenía completamente pastosa - ¡Déjame en paz!
- Eso ni lo sueñes, guapa, he dejado mi vida para seguirte hasta aquí y el pobre de Pepe también. ¿Crees que ha sido fácil?, me merezco una explicación.
- Nunca haré lo bastante para devolverte ese favor y lo sabes, pero es que - las lágrimas se acumulaban en sus ojos y el llanto se le hacía una bola en la garganta luchando por salir - no... no puedo... olvidarla - No pudo aguantar más y las lágrimas rodaban con libertad por sus mejillas.
- Cariño, nadie te pide que lo hagas, no podrás olvidarla nunca - María se levantó y la abrazó por la espalda mientras la morena lloraba en silencio - Un amor así nunca se olvida pero tienes que salir adelante, ¿me oyes?
- Ayer, 10 de julio... cumplimos tres años.
- Por eso querías ir a cenar así de golpe y sin avisar, ¿verdad?. No querías quedarte sola una noche como esa.

Laura ya no podía hablar, el llanto volvió a ella después de mucho tiempo y se abrazó a María, que era lo más parecido a un madre en su vida. La suya aún vivía en Tenerife pero poco o nada quería saber de su hija lesbiana.

*****

Llegó al apartamento de David a la hora de cenar, la había invitado y aunque se lo pensó un poco, al final aceptó. Tocó el timbre y David no tardó en aparecer con la mayor de sus sonrisas.

- Hola preciosa - la saludó con un beso.
- Hola, ummm, ¿qué has preparado?, huele muy bien - dijo entrando en el piso y dejando su bolso sobre una silla.
- Mi especialidad, pollo al curry - le contestó David que se dirigía a la cocina.
- ¿En serio?
- Sí, ¿no te lo crees? - le preguntó desde la cocina.
- Ya veremos si es tu especialidad.

Marta entró en el comedor donde David ya había dispuesto la mesa de forma elegante con dos velas encendidas y música de jazz de fondo, sonrió al pensar en las molestias que se había tomado.

David no tardó en aparecer con una bandeja del citado pollo, su blanca camisa le hacía resaltar su moreno destacando sus verdes ojos y el rubio de su pelo. Tenía una caída suave que le marcaba los pectorales y Marta no podía dejar de mirarle.

- Vaya, tiene buena pinta.
- Obsérvalo bien - dijo dándole otro suave beso - Estás preciosa, cielo.
- Tú también estás precioso - sonrió la rubia.
- Eso sí que nunca me lo habían dicho, enseguida vuelvo - dijo regresando a la cocina.
- ¿Qué se te ha olvidado? - le preguntó mientras miraba bien el pollo cuyo estómago empezaba a reclamar.
- Aquí estoy - apareció portando otra bandeja con arroz.
- Estas echo un cocinero, ¿eh?
- Esa es sólo una de mis facetas - le guiñó un ojo.
- Ah, ¿y cuál más tienes?
- Ya lo comprobarás - dijo sirviéndole algo de pollo.
- Ya lo comprobaré, ¿eh?, ¿y cuándo?
- Cuando sea necesario, ¿te sirvo más? - le preguntó sonriendo.
- No, es suficiente.

La cena transcurrió del mismo modo, saboreando la estupenda comida que David había cocinado y hablando con cierta picardía. Marta consiguió olvidar por un momento lo ocurrido la noche anterior, finalmente David cambió la música poniendo baladas e invitó a bailar a una ilusionada Marta, era un táctica que había perfeccionado con los años, pero esta vez se sentía distinto. Lo que sentía por la mujer que ahora abrazaba era indescriptible y no se parecía a nada que hubiese sentido antes.

Se dejaron llevar por la sensualidad del baile y, poco a poco, de los besos pasaron a las manos, de las manos a las caricias y de las caricias a la pasión. David la cogió en brazos sin dejar de besarla y la llevó a su habitación donde culminaron el deseo que en ese momento sentían.

- ¿Cómo te sientes? - David permanecía acostado boca arriba y Marta se echaba a su lado en idéntica posición.
- Genial.
- ¿Sólo genial?
- Relajada, extasiada, sudada, en una nube - le sonrió.
- Eso me gusta más.

Estuvieron un rato en silencio hasta que Marta volvió a recordar lo sucedido, se giró quedando de lado e iba a contárselo cuando David se le adelantó.

- Por cierto, no me has contado nada de anoche - el rubio se giró quedando de lado frente a ella.
- Me has leído el pensamiento pensaba hacerlo ahora.
- Vaya, ya nos vamos compenetrando.
- Creía que ya habíamos com... penetrado - se rió Marta.
- ¡Muy graciosa!, ¿me lo cuentas o qué?
- Si me lo pides así, entonces - pensó un momento - o qué - recibió una mirada fría como contestación - Vale, fuimos a la discoteca.
- Eso lo sé.
- Bailamos, al menos María y yo, porque Laura se quedó sentada bebiendo whisky.
- ¿Bebiendo qué? - preguntó sorprendido David.
- Whisky. A mitad de la noche, Pepe, el marido de María...
- Sé quién es.
- La llamó por que acababa de llegar, María no pudo aguantar y se fue con él quedándonos solas, Laura y yo. Cuando me voy a dar cuenta estaba completamente borracha.
- ¿Qué estaba qué?, pero si ella no bebe nunca.
- Otro que me dice lo mismo pues anoche si lo hizo y bastante además. La llevé en su coche hasta su casa, incluso tuve que llamar a María y darle un susto porque era incapaz de decirme dónde vivía.

David se incorporó y se quedó sentado sobre la cama incapaz de comprender nada de lo que su novia le estaba contando. ¿Laura, borracha?, eso no tenía ningún sentido.

- Finalmente encontré su casa y la dejé allí dormida - Marta pensó un momento, no sabía si contarle lo del beso.
- Es increíble.
- Hay algo más - dijo tímidamente.
- ¿Qué?
- En un arrebato... - dudó si contarlo - habló de una tal Estela y de algo sobre un aniversario - miró al rubio que había palidecido por un momento - David, ¿sabes tu algo de eso?
- No sé si debería contártelo - volvió a acostarse boca arriba y Marta seguía de lado mirándole - Quizás debería hacerlo ella, ¿sabes?
- Yo no me atrevo a preguntarle.
- Escucha, ella es una gran amiga mía y quiero que ustedes dos sean amigas, ¿vale?
- Vale.
- Por eso debería contártelo ella, siento que traiciono su confianza si te lo digo.
- No sé si seré capaz de preguntárselo pero, al menos, contéstame a una cosa, ¿Laura es gay?. Lo digo porque como Estela es un nombre...
- Eso también debes preguntárselo tú.
- David, ella es mi jefa, que no se te olvide.
- Eso no tiene nada que ver.
- No tendrá que ver para ti pero yo no tengo por costumbre meterme en la vida privada de mis jefes, ¿acaso lo haces tú en el hotel?
- Te sorprendería saber las cosas que se hacen en ese hotel.
- ¿A qué te refieres?
- Eso te lo contaré en otro momento.
- ¿Y qué tiene de malo este?
- Que tú no puedes.
- ¿Por... - los labios del rubio la impidieron seguir hablando.

*****

Al día siguiente Marta salía de la ducha cuando escuchó el teléfono. Esperó, mientras se secaba, a que su hermano Jairo contestara, escuchó su voz y sus pasos dirigiéndose al baño donde ella se encontraba.

- Marta, es para ti, ¿le digo que llame más tarde?
- ¿Quién es?
- No lo sé, no la había oído antes, es una mujer.
- No le digas nada ya salgo.

Se enredó en la toalla y salió de la ducha descalza hacia el salón donde se encontraba el teléfono.

- ¿Sí?
- Marta... soy yo, Laura.

Marta se quedó de piedra y no sabía como reaccionar, decidió contestar naturalmente, al fin y al cabo, no había pasado nada tan grave.

- Hola Laura, ¿cómo estás?
- Mejor que ayer, afortunadamente.
- ¿Por qué?
- Bueno, la resaca fue monstruosa - escuchó la risa de la rubia al otro lado y sonrió - Oye, si no tienes nada que hacer y no has desayunado me gustaría invitarte, vamos si no tienes otros planes y te parece bien.

Marta no sabía que contestar ni a qué venía todo esto, recordó las palabras de David sobre la amistad que quería existiese entre ellas dos y decidió, al menos, intentarlo. Laura le caía bien, después de todo.
- Por mi vale, aún no he desayunado.
- Perfecto entonces, te espero en El Capricho si no prefieres otro sitio, claro.
- No, está bien.
- Hasta ahora, entonces.
- Hasta ahora -.

Marta colgó el teléfono sin poder salir de su asombro, ¿quería hablar de aquella noche?, ¿se acordaría de algo o sólo quería disculparse?. De repente, se encontraba nerviosa y se vio a si misma, ir a su cuarto y decidir que ponerse durante más de diez minutos. ¿Pero por qué estoy tan nerviosa?, ni que fuera esto una cita o algo así.

Laura ya debía de estar esperándola desde hacía un buen rato cuando llegó al bar. La vio sentada sola en una de las mesas con su larga melena recogida en una coleta, llevaba unos vaqueros y un camiseta blanca y pensó para si misma que le quedaba bien. Siempre la veía con traje de chaqueta y pantalón o chaqueta y falda pero este look de sport era otra cosa, parecía haber rejuvenecido unos años.

- Hola, siento la tardanza - se disculpó mientras se sentaba en una silla frente a Laura.
- No te preocupes no llevo tanto, prácticamente acabo de llegar, ni siquiera he pedido.

En ese momento se acercó Paco, el camarero del bar y las saludó un tanto extrañado.

- Vaya, un domingo y ustedes por aquí.
- Ya ves, Paco, no podemos vivir sin ti - se rió Marta.
- Y yo sin mi chica - le guiñó un ojo a la rubia - ¿Qué les traigo, guapas?
- Para mi un barraquito y un sándwich mixto - dijo Laura.
- Lo mismo para mi.
- ¿No tienes hambre hoy? - le preguntó Paco sorprendido por lo poco que había pedido.
- No mucha, la verdad - le sonrió.
- Enseguida vuelvo.
- Eso espero - se rió Marta.
- ¿Qué sueles desayunar? - le preguntó Laura extrañada.
- Oh, no tanto, no te creas, este que es un exagerado.

El silencio se adueñó de la situación durante un momento que a Laura le pareció eterno. Paco regresó con una bandeja que contenía lo que habían pedido, lo sirvió y se marchó, no sin antes bromear con la rubia que siempre estaba dispuesta a contestarle.

Terminaban en silencio los desayunos y Laura pensaba en como sacar el tema, no había otra manera más que directamente.

- Verás Marta - comenzó.

Marta levantó la vista del sándwich y la miró entre curiosa y nerviosa, por lo que le fuera a preguntar.

- No recuerdo mucho de lo que pasó la noche del viernes, ¿sabes?
- Lo supongo.
- María me dijo que la llamaste para preguntarle dónde estaba mi casa.
- Estabas demasiado borracha para encontrarla pero no debes avergonzarte de eso, a todos nos pasa una vez en la vida - la miró sonriendo - He de confesarte que a mí me pasó una vez.
- Quería darte las gracias por lo que hiciste.
- De nada, no tienes por qué, tú habrías echo lo mismo por mí.
- Sin dudarlo - la miró fijamente - Pero, hay algo que quisiera saber - Marta volvió a mirarla temiéndose la pregunta - ¿Pasó algo en la casa?, no recuerdo nada y no sé si hice alguna tontería.

Marta se quedó callada un momento y decidió, al final, coger al toro por los cuernos, como se suele decir.

- Verás, ayer hablé con David de este tema, precisamente.
- ¿Con David?
- Sí, en realidad, pasaron un par de cosas en tu casa y le pregunté a él.
- ¿Por qué a él?
- Bueno, él te conoce bien y, la verdad, no... - dudó si continuar la frase - no me atrevía a preguntártelo a ti.
- ¿El qué?
- Dijiste cosas.
- ¿Qué clase de cosas? - Laura comenzaba a preocuparse. Se temía que hubiese hablado más de la cuenta sobre sus verdaderos sentimientos por la mujer que tenía frente a ella.
- Llorabas y llamabas por una tal Estela -la morena se quedó pálida y no dijo nada - Decías que era vuestro aniversario y...
- Espera.

Laura llamó a Paco y le pagó los dos desayunos levantándose de la silla.

- No quiero hablar de eso aquí, te importaría acompañarme a la empresa, es el lugar más privado que se me ocurre por aquí cerca.
- Podrías venir al apartamento, mi hermano a tenido que salir ya y estaríamos solas.
- ¿No te importa?
- Por supuesto que no.
- ¿Seguro?
- Anda vamos.

Caminaron juntas hasta el edificio donde vivía Marta y subieron los tres pisos en completo silencio. Marta abrió la puerta y dejó pasar a la morena que se quedó quieta a la entrada esperando alguna indicación.

- Vamos al salón, ¿te traigo algo? - le preguntó, una vez Laura se hubiera sentado en el sofá.
- No,... bueno... sí, un vaso de agua me vendría bien - la boca se le acababa de quedar seca de repente.
- Ahora mismo lo traigo.

En un minuto Marta regresaba con el vaso de agua dándoselo a la morena. No podía aguantar la curiosidad por todo aquel asunto pero decidió que Laura comenzara cuando estuviera preparada.

- ¿Qué más dije? - le preguntó finalmente.
- Pues eso, que era tu aniversario y que llevabas tres años con esa tal Estela. Yo no quiero meterme en tu vida es que David quiere que seamos amigas y pensó que era mejor que lo hablase contigo y no que me lo contara él.
- Y se lo agradezco, es un buen amigo -la miró a los ojos - ¿Y tú no quieres?
- ¿El qué?
- Que seamos amigas.
- Por supuesto - la contestación le salió en un tono demasiado entusiasta e intentó suavizarlo de algún modo - Vamos que me encantaría ser amiga tuya.
- ¿Aunque sea tu jefa?
- Soy la novia de tu mejor amigo así que nuestra relación no es sólo de jefa y empleada, ¿no?
- Supongo - le dolía escuchar la palabra novia en boca de Marta pero tendría que acostumbrarse a ello, no le quedaba más remedio. Cogió aire y lo soltó intentando relajarse un poco y ordenarse las ideas - Estela era mi novia.

Marta se quedó de piedra y eso que sólo era la primera frase, pero había mucho en esa ella. Era gay y tenía novia, Estela, o al menos la tuvo algún día pues hablaba en pasado.

- Nos conocimos el 10 de julio de 2001 en la fiesta de cumpleaños de mi hermana, era amiga de ella de la facultad.
- ¿Cuántos cumplía?
- ¿Mi hermana?, pues... - pensó un momento - Veintitrés, creo. Ella es menor que yo, bueno, es de tu edad igual que Estela. Fue una relación difícil sobre todo por mi parte.
- ¿Por qué por tu parte?
- Siempre supe que era lesbiana pero nunca quise reconocerlo sobre todo a mi misma, me lo negaba una y otra vez. Estela consiguió abrirme los ojos y aceptarme tal y como soy, y eso me costó, me costó mucho - se calló durante un segundo antes de continuar - Mi madre me quitó el habla y mi hermana me acusaba de todos los problemas, incluso del infarto que le costó la vida a mi padre, el único que me apoyaba en todo esto.

Tuvo que parar un momento para controlar las lágrimas que amenazaban con aparecer de un momento a otro. Por fin, pudo continuar.

- Era una persona inteligente, capaz de comprender, de entender el amor en todas sus formas - miró fijamente a Marta que no pudo más que apartar la mirada, pues no sabía como reaccionar ante todo aquello - Llegué a amarla como nunca amé a nadie, quería compartir el resto de mi vida con ella, era increíble, generosa, cariñosa y guapísima. Para mi lo tenía todo pero un día recibí una llamada, estaba en el trabajo y me dijeron que Estela había tenido un accidente con la moto, ¡Cómo odio esas putas máquinas!. El accidente fue muy fuerte y prácticamente llegó muerta al... al hospital.

Las lágrimas lograron escapar por fin de sus ojos y rodaban sin control por sus mejillas, se llevó las manos a la cara y comenzó a llorar, era incapaz de controlarse.

Marta la miraba sin saber muy bien que hacer pero sintió unas ganas tremendas de abrazarla y así lo hizo. Se sentó junto a ella en el sofá y la abrazó sujetando su llanto, Elsa le devolvió el abrazo pegando su cabeza en el pecho de la rubia. Su cuerpo temblaba y Marta le acariciaba el pelo intentando tranquilizarla.

Le dio un beso en la cabeza y, de repente, pareció asustarse, se quedó parada sin mover un solo músculo, la morena seguía llorando sin percatarse de la lucha interna que había surgido en Marta. Se asustó de si misma pues no sólo se encontraba bien abrazando a Laura sino que disfrutaba con su cercanía. Por su mente pasó el beso que le había dado y no era la primera vez, llevaba todo el fin de semana pensándolo. En ese momento olía fatalmente a whisky pero sus labios le parecieron dulces, todo aquello la asustó y se despegó de la morena que notó su cambió brusco de actitud.

- Lo siento - dijo Laura - Los recuerdos son muy dolorosos y me he dejado llevar, todos necesitamos un hombro en el que llorar.
- Tranquila, lo comprendo - Marta evitaba mirarla.
- Perdona si te he incomodado, creo que debería irme.
- No pasa nada, es culpa mía.

Laura se levantó sin dejar de mirar a Marta, era incapaz de definir la expresión de su cara y decidió que era mejor irse, seguramente se había sentido mal con todo aquello.

- Marta, escúchame - la miró fijamente - Esto no tiene nada que ver con el trabajo, ¿vale?. Y, oye, no ha pasado nada, sólo has consolado a una mujer afligida por un doloroso recuerdo, sólo eso, nada más.
- Ya - Marta era incapaz de reaccionar y sentía que no podía controlar la oleada de sensaciones que invadían su cuerpo mientras acompañaba a Laura a la puerta.
- Hasta mañana, Marta.
- Laura - la llamó desde la puerta - ¿Estás bien? - esta vez la miró a los ojos.
- Lo estaré, no te preocupes - Laura se disponía a irse pero se giró, antes, para volver a mirarla - Gracias - le sonrió y Marta no podía más que pensar en lo abrumadora que era aquella sonrisa.

Cerró la puerta y volvió a sentarse en el sofá, dónde sólo unos minutos atrás la había abrazado. Estaba confusa y no entendía que era lo que le había pasado, ¿por qué apretó su cuerpo contra el de Laura?, ¿por qué le acariciaba y le besaba la cabeza?, y, sobre todo, ¿por qué disfrutaba tanto haciéndolo?.


Capítulo IX: La familia y el viaje

- Buenos días, quería hablar con Laura.

La voz al otro lado del teléfono sonaba brusca, para lo joven que parecía ser la mujer que llamaba.

- ¿De parte de quién? - preguntó Marta.
- Tú no eres María - dijo sin ningún tipo de cortesía.
- No, mi nombre es Marta - intentó ser lo más amable que podía, muchos clientes llamaban con idéntico tono y estaba más que acostumbrada a ello.
- No te conozco. Ponme con Laura, soy su hermana.
- Un momento.

Se levantó y se dirigió al despacho de su jefa, no habían vuelto a hablar del tema pero recordaba bien lo que Laura le contó sobre su familia. Tocó a la puerta que últimamente siempre estaba abierta y la morena se sobresaltó apartando la vista de los papeles.

- ¿Sí?
- Tu hermana te llama por la línea 1.
- ¿Mi hermana?, ¿estás segura? - se sorprendió.
- Eso me ha dicho y parece algo molesta.
- Tranquila esa es su forma de ser - suspiró y cogió el teléfono.

Marta cerró la puerta en un gesto de amabilidad que la morena le agradeció interiormente y volvió a su mesa. María llegaba en ese momento de desayunar.

- Mari, ha llamado la hermana de Laura.
- ¿Quién?, ¿Noemi?. ¡Qué querrá esa ahora! - se lamentó al tiempo que se sentaba en su puesto.
- Parece que no te cae muy bien.
- No es eso, mujer, es sólo que no la soporto - Marta sonrió al verle la cara a la mujer.
- Nunca te he oído hablar así de nadie y ya llevo unos meses aquí.
- Imagínate - María escuchó un momento y después miró el teléfono, comprobó que Laura seguía hablando al ver la línea aún con una luz roja - Es una estirada, ¿sabes?
- Sé que Laura y ella no se llevan muy bien.
- Y no lo sabes todo - la miró y habló un poco más bajo - Ya sabes que Laura es gay, pues cuando se decidió a contarlo a la familia, esta tía vio su oportunidad de quedarse con todo y comenzó a humillarla como no te puedes hacer idea, sobre todo, delante de los demás empleados. ¿Por qué crees que montó la empresa aquí, en la isla más lejana?
- Creía que era por aumentar el negocio.
- Sí, es una buena excusa. Estaba huyendo de todo lo que ocurría allí y más aún tras la muerte de Estela.
- ¿Conociste a Estela?
- ¿Qué si la conocí?, por supuesto. Yo fui la primera en darme cuenta de lo que pasaba entre ellas dos y la primera en hablar francamente con Laura, ya que ella no hacía más que negárselo a sí misma.
- No entiendo como puede ser gay, es guapísima, podría tener a quien quisiera.
- ¿Quieres decirme que demonios tiene eso que ver?
- Bueno, no sé, quizás si..., o no - la reacción de María la cogió por sorpresa y no sabía que contestar.
- ¿Crees que una mujer es gay porque no consigue a ningún hombre?. Típico - la miró fijamente - Te creía más inteligente.
- No te metas conmigo, María, ella es la primera lesbiana que conozco.
- ¿Y?
- Y nada, sólo eso - Marta miró una vez más el teléfono, Laura ya había colgado - Ya terminó.
- ¡Qué raro!
- ¿Por qué?
- Cuando habla con su familia suele acabar discutiendo incluso gritando a veces y después me llama para desahogarse un poco, pero - agudizó el oído - No oigo nada.
- ¿Vas a ir a ver? - le preguntó más preocupada que curiosa. María la miró fijamente viendo algo en aquellos ojos verdes y lo pensó mejor.
- Mejor vete tú, si quisiera hablar conmigo ya me habría llamado.
- ¿Tú crees?
- Bueno, no estás obligada, haz lo que te dicte tu corazón - dijo esto sin mirarla para no abrumarla.

Después de pensarlo un minuto, Marta se levantó decidida hacia el despacho y María no pudo evitar sonreír al verla. Tocó a la puerta y la abrió sin esperar contestación, Laura seguía sentada de lado en el sillón y mirando hacia la calle.

- ¿Estás bien? - le preguntó, algo en la cara de la morena le indicaba que las cosas no iban bien.
- No lo sé - su voz sonaba grave.
- ¿Ha pasado algo? - Se sentó en la silla frente a la mesa y la miraba con preocupación.
- Mi madre.
- ¿Qué le pasa? - se temía lo peor.
- Está enferma - dijo sin más explicación.

Marta no se atrevía a seguir preguntando pero algo la obligó a levantarse y a dirigirse hacia la morena. Se quedó de pie frente a la espalda del sillón mientras Laura seguía sentada y mirando por la ventana hacia la calle. Marta giró suavemente el sillón y Laura se dejo llevar hasta obligarla a mirarla, levantó la vista y se encontró con dos ojos verdes que la miraban fijamente, con ella se le hacía difícil controlarse y dos lágrimas cayeron por su cara.

Marta se agachó quedándose en cuclillas frente a Laura y cogiéndole de la mano decidió preguntarle.

- ¿Qué tiene?

Laura se llevó una mano a la cara mientras que con la otra apretaba la mano que Marta le había tendido. Estaba llorando y Marta no sabía que hacer, sólo quería abrazarla y volver a sentirla como lo hiciera en su apartamento, pero tenía miedo, miedo de esos sentimientos que últimamente se habían asentado en su corazón.

- ¿Quieres acompañarme? - dijo finalmente Laura aún oculta tras su mano.
- ¿Acompañarte? - Marta movía el pulgar acariciando la mano de su jefa con suavidad.
- Tengo que ir a Santa Cruz unos días por asuntos de familia.
- Por tu madre.
- Sí, perdona que te lo pida pero es que...

No encontraba la forma de decirlo sin dar a entender que la necesitaba a su lado, que sólo ella podía darle fuerzas. Apartó la mano dejando su cara al descubierto y habló sin poder mirarla directamente.

- María tiene la suficiente experiencia para encargarse ella sola unos días y David tiene trabajo y, bueno...
- No hay nadie más - la ayudó Marta.
- Si no quieres o no puedes, no importa. No forma parte de tu trabajo.
- Te equivocas sí que forma parte de mi trabajo - Laura la miró extrañada - de mi trabajo como amiga tuya - le sonrió y Laura sintió que era la sonrisa más dulce que jamás hubiera visto. Ni siquiera la de Estela llegó nunca a iluminar de aquella manera.
- Entonces, ¿vienes? - le preguntó sin poder evitar el entusiasmo en su voz, aunque fuese por un motivo trágico.
- ¿Cuándo nos vamos? - Marta seguía de cuclillas mirándola y acariciándole la mano casi sin pensar.
- Esta tarde sale un vuelo a las 7 y media.
- ¿Esta tarde? - miró el reloj y se levantó de golpe - Son las tres y media.
- Tenemos tiempo.
- ¿Tú crees?, ¿y cuánto tiempo vamos a estar?
- Eso no lo sé exactamente, no creo que estemos más de una semana.
- ¡¿Una semana?!, pero si no tengo nada preparado. Tengo que planchar y sacar toda la ropa, preparar la maleta y, ¿dónde nos vamos a quedar?, ¿cuánto dinero llevo?
- No te preocupes por nada de eso, tengo un piso allí en el centro y... - dudó un momento - bueno si quieres puedes quedarte en él, si no también puedo pagarte un hotel, no hay problema.
- ¿Un hotel?, para una semana debe ser carísimo.
- Como tú quieras.
- ¿Cuántas habitaciones tiene tu piso? - preguntó sorprendiéndose por se tan desconfiada.
- Una - sonrió Laura.
- ¿Una?
- No, es broma, hay tres habitaciones. Tenemos de sobra, incluso si David se decide a ir...

Por dentro, Laura rezaba para que no lo hiciese, pero al mismo tiempo se sentía culpable. David era su mejor amigo y le había ayudado muchísimo y allí estaba ella, intentando pasar un tiempo a solas con su novia, la mujer de la que estaba enamorado, tal y como había podido comprobar en su mirada en más de una ocasión. Lo que no veía tan claro eran los sentimientos de Marta hacia él pero, aún así, David no se merecía nada de lo que pasaba en esos momentos por su mente.

- Vale, se lo diré - "así no tendré la tentación" - pensó Marta, al mismo tiempo que se reprendía a si misma, por sólo haberlo pensado. "¿Pero qué pasa contigo?" - pensó.
- Puedes irte si quieres a preparar la maleta, María lo entenderá, no te preocupes.
- ¿Y cómo hacemos?
- Yo pasaré con un taxi a recogerte a... no sé, las cinco y media estará bien, ¿no?
- ¿Me lo preguntas a mí?
- Bueno tú eres la que ha viajado tanto entre islas, ¿recuerdas?
- Sí... - aquello le parecía muy lejano ya - Estará bien a las cinco y media, pues me voy que me quedan sólo dos horas para prepararlo todo. ¿Y tú?
- Yo lo tengo todo en el piso, juego con ventaja - le sonrió.
- Así no vale - fingió estar enfadada y salió de la oficina.

María no tardó en aparecer por el despacho tal y como Laura esperaba que ocurriera.

- Has tardado mucho - fingió extrañarse.
- ¿Qué ha pasado? - le preguntó María.
- Me voy con Marta a Tenerife - volvió la mirada hacia la ventana.
- Eso ya lo sé, lo que no sé es por qué.
- Mi hermana me ha dicho que mi madre está muy enferma y que debo ir para arreglar papeles.
- ¿Para arreglar papeles?, ¿así, sin más?
- Sí.
- ¡No cambiará la guarra esa!
- María, es mi hermana.
- No, si ahora la defiendes y todo - se recostó en la silla enfadada por la actitud benevolente de Laura después de todo lo que le había echo.
- Yo no la defiendo, ella es como es pero tampoco me gusta que la insultes.
- Cosas mucho peores te ha llamado ella a ti.
- Ya lo sé, María - dijo con pena en la voz.
- ¿Y qué tiene tu madre?. Eso, al menos, te lo habrá dicho, ¿no?
- Cáncer, pero no sé de qué.
- ¿No te lo dijo?
- Me da igual de que tipo sea, le queda poco y quiere que vaya, aunque yo con papeles o sin ellos, iría de todas formas - miró a María - Es mi madre, Mari y ni siquiera sé si querrá verme - las lágrimas reaparecían en sus ojos.
- ¿Sabes lo qué estás haciendo?...
- Tengo que ir, ¿cómo me voy a quedar aquí con mi madre sufriendo?
- No me refiero a eso.
- ¿Y a qué te refieres? - la miró extrañada.
- A Marta.

Laura se quedó callada, a eso no sabía que responder.

- Laura, ella es la novia de David, ¿se lo has preguntado a él?
- No lo había pensado.

María se levantó y cogió el teléfono ofreciéndoselo.

- Llámale ahora mismo y mira a ver que le vas a decir que no se parezca a la verdad.
- ¿A la verdad?
- Tu y yo sabemos por que lo haces y no es que me enfade pero deberías hablarlo con él. Está muy enamorado de ella y Marta parece quererlo.
- ¿Parece?

En ese momento la voz de David sonó al otro lado del hilo telefónico.

- ¿Diga?
- David, soy yo.
- ¡Laura!, ¿qué tal?.
- Más o menos.
- ¿Por qué? - David se extrañó al notar el tono de voz de su amiga - ¿Ha pasado algo?
- Mi madre está enferma, mi hermana me llamó esta mañana y quiere que vaya para allá para - suspiró...
- ¿Para qué?
- Arreglar papeles.
- ¿Cómo?, ¿pero que tiene tu madre?
- Un tipo de cáncer, al parecer.
- Lo siento, tía. ¿Vas a ir?
- Claro que voy a ir y, por eso, precisamente - pensó un momento - te llamaba.
- ¿Vas sola? - David se le adelantó.
- Bueno pensaba...
- Yo no puedo, Laura, sabes que iría contigo sin dudarlo - A Laura se le bajó el alma a los pies - pero es imposible con este trabajo, ¿María no puede?
- Alguien tiene...
- Ya, tiene que quedarse vigilando el fuerte, ¿no?. Marta todavía no lo sabe todo, ¿verdad?
- Exacto y... - David prácticamente no la dejaba hablar.
- Oye, ¿se lo has preguntado a Marta?, no es que me entusiasme la idea de que se vaya pero no quiero que vayas sola.
- Precisamente se lo he preguntado y ha aceptado - Laura se empezaba a sentirse fatal por su inocente amigo.
- Estupendo, es una gran chica, ¿eh?
- Sí que lo es.
- ¿Cuánto tiempo va a ser?
- No lo sé, quiero estar un poco con mi madre, necesito hablar con ella.
- Lo supongo pero no se lo descuentes de las vacaciones, ¿eh?. Me pienso ir de viaje con ella, a un crucero o algo así, pero no se lo digas, es una sorpresa.
- Por supuesto que no, ¿quién te crees que soy?
- ¿Cuándo se van? - preguntó con algo de tristeza en la voz.
- Esta tarde sale el avión a las siete y media.
- ¿Tan pronto?
- Tengo que llegar cuanto antes.
- Lo entiendo, la voy a echar mucho de menos - suspiró - Y a ti también, claro.
- Claro.
- Oye, ¿no intentarás llevártela al lado oscuro, verdad? - se rió David.
- ¿Cómo? - Laura sintió que se atragantaba con su propia saliva.
- Es broma, tranquila. Sé que me quiere y que eso no es lo suyo, por eso quiero que esté contigo, puede llegar a ser una buena amiga y a ti no te sobran los amigos, Laura, perdona que te lo diga.
- Lo sé, David. Gracias, no sabes lo que todo esto significa para mí.
- De nada, ahora mismo llamo a la pedazo de rubia que tengo por novia. Y Laura, espero que todo salga bien, sabes que puedes llamarme cuando quieras. Y si te ves muy apurada me cojo un par de días y amenazo de muerte al de recursos humanos si hace falta.
- Gracias, de nuevo, guapo.
- Me gusta más precioso - se rió - De nada y dale saludos a tu hermana de mi parte y dile que me tiene contento la muy...
- David, ya he oído suficientes insultos por hoy - dijo mirando a María que callada y muy seria escuchaba toda la conversación.
- Te llamaré.
- Más te vale. Chao, preciosa.
- Adiós.

Colgó sintiéndose como la peor de las amigas. David hacía todo lo posible por ayudarla en un momento como aquel y ella sólo pensaba en tener a su lado a la novia del rubio.

- ¿Has oído? - le preguntó a María segura de la contestación que iba a recibir.
- Claro que lo he oído. Ten cuidado, Laura, no me has dicho nada pero te conozco y lo que sientes por Marta es más fuerte de lo que tu misma te piensas.
- ¿Cómo? - Laura la miró con sorpresa.
- Lo que oyes, te podrás engañar a ti misma pero a mí no, ya hemos pasado por eso antes. Piensa lo que vas a hacer.
- No podría hacer nada aunque quisiera, ella no es gay. Esto es diferente.
- No te creas.

María se levantó dispuesta a salir del despacho y dar por concluida aquella conversación. Laura quiso preguntarle pero en vez de eso se volvió y cogió el teléfono para llamar a la agencia de viajes.

Continuará...


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