Sayo salía de la casa seguida por Evelyn, el pelo de la morena brillaba y tenía las
puntas bien cortadas, Sayo se giró para mirar a la rubia, ambas sonreían tímidamente.
- Bueno pues... nos vemos en el trabajo - dijo la rubia.
- Si...
Se miraron y poco a poco se fueron acercando, ambas dudaban, sus rostros se acercaban
tímidamente, sus labios por fin se juntaron en un tierno y tímido beso, se separaron y
se miraron sonrientes.
- Hasta mañana - dijo la morena.
- Hasta mañana.
La morena se fue alejando de la casa, miraba hacia atrás para ver a Evelyn, la rubia
también la miraba, una vez que se alejó lo suficiente como para no poder verse Evelyn
entró en la casa, el corazón la latía con fuerza, era de felicidad, por primera vez
sentía amor de verdad.
A la mañana siguiente Evelyn se disponía a ir al trabajo, ahora mas que nunca le
gustaba ir, porque Sayo estaría allí, cogió el coche y condujo hasta el trabajo, una
vez que llegó saludó a todos como hacia siempre, pero hoy iba a buscar a alguien que
sabía que encontraría en la cocina, y asi fue, allí estaba ella, pero pudo notar un
cambio en ella, estaba cocinando, pero sonriendo, su sonrisa le hacía perder el sentido.
Despacio se acercó a ella.
- Hola - dijo la rubia con una gran sonrisa.
Sayo se giró y dió de lleno en esos ojos verdes.
- Hola - ella sonrió del mismo modo.
- Qué... tal?
- Bien, y tu?
- Bien también.
Se quedaron en silencio, solo mirándose tímidamente.
- Quieres... que a la hora de descanso vayamos juntas a comer fuera? - preguntó la
morena.
- Me encantaría.
- Estupendo.
Los ojos azules brillaban como nunca antes lo habían hecho, al igual que los verdes,
solo brillaban cuando se veían la una a la otra.
- Entonces... hasta luego - dijo la rubia.
- Hasta luego...
Evelyn se acercó y le depositó un beso en la mejilla, tras una sonrisa se dió vuelta
para irse, pero Sayo agarró su mano delicadamente, la rubia se giró para ver su gesto
recompensado con una enorme sonrisa, Evelyn se la devolvió y despacio se fueron soltando
del agarre.
Llegó la hora de comer, Sayo estaba esperando a Evelyn fuera, de repente sintió como
una bola de nieve le daba en la espalda, se giró y vió a unos niños pequeños mirándola.
- Oye, quieres jugar con nosotros? - preguntó el niño.
Sayo no contestó, simplemente hizo una bola de nieve y se la enseñó al chico para
advertirle que era la hora de correr, los niños se empezaron a reír y a correr, Sayo
los seguía y se tiraban bolas de nieves unos a otros. Evelyn salía del la cafetería
cuando vió a una morena juguetona con unos pequeños granujas, cada uno estaba oculto
detrás de un árbol, Sayo tenía dos bolas en la mano, los pequeños al no verla
decidieron salir para buscarla, se acercaban al árbol donde estaba ella, cuando estaban
lo suficientemente cerca... Sayo salió tirándoles las bolas, les dió de lleno, los
niños salieron corriendo para refugiarse, Evelyn se acercó un poco.
- Ds contra una?, no os parece un poco injusto? - dijo cogiendo una bola de nieve.
Sayo la sonrió ampliamente, todos salieron al descubierto y empezaron una auténtica
guerra, Evelyn y Sayo se protegían mutuamente, cada vez que una bola iba a darle a una
la otra se ponía delante, todos reían y parecían felices, Evelyn resbaló con la nieve y
cayó al suelo, los niños querían aprovechar ahora que estaba indefensa, se acercaron
con un montón de bolas para tirárselas, las lanzaron con toda la intención de darle,
pero Sayo se tiró encima de Evelyn y las bolas la dieron a ella, la rubia sintió el
peso del cuerpo de Sayo sobre el suyo, y eso le gustó, Evelyn le rodeo la cintura con
sus brazos apretándola mas contra si, Sayo la miró tiernamente, se perdieron en los
ojos de la otra, Sayo desvió su miraba hasta los labios de Evelyn, que pedían ser
besados, después la miró a los ojos como pidiendo permiso, le fue concedido con una
tierna sonrisa, se fue acercando poco a poco, hasta que sus labios y los de Evelyn se
hicieron uno, sus labios se acariciaban con una lentitud increíble, Evelyn pidió
permiso con su lengua para encontrarse con la de la morena, sus lenguas se unieron en
húmedas caricias, tras estar asi una pequeña eternidad, poco a poco se fueron separando,
se rozaban los labios una y otra vez, no querían perdrr el contacto, fueron abriendo
los ojos para perderse en los ojos de la otra.
- Hunca... había sentido nada igual - dijo la morena jadeando.
- Yo tampoco...
Sayo apoyó su frente en la de la rubia, ambas sonreían.
Salían de un restaurante, caminaban sin decir nada, Evelyn estaba dudando en cogerle la
mano, miraba el perfil de la morena, era realmente bella, tras pensarlo un rato decide
cogerla la mano, al contacto Sayo la miró con una gran sonrisa y entrelazó sus dedos
con los de la rubia, ésta le sonrió de igual modo y asi entraron en la cafetería donde
trabajaban, todos se las quedaron mirando, especialmente Susan, Sayo le dio un beso en
la mejilla y se dirigió para la cocina, Evelyn fue donde estaba Susan.
- Hola Susan.
- Ho... la.
- Qué pasa?
- Como es que... o sea... tu... ella.
Evelyn se puso roja y sonrió tímidamente.
- Si... Sayo y yo nos hemos enamorado y... estamos juntas ahora.
- Tu estas loca, si, loca total, sabes?, haré como si no he oído nada, y te diré otra
cosa, no volveré a fumar en lo que me queda de vida, fumar me hace oír cosas
inimaginables.
La rubia no podía parar de reírse, la actitud de su amiga le parecía de lo mas gracioso.
- Me estas tomando el pelo no? - preguntó Susan.
- No, esto es muy en serio, quiero a Sayo.
- Pero si es una tía rara - dijo susurrando.
- No, lo que pasa es que no la conoces, pero eso tiene solución, SAYO!
La morena asomó la cabeza desde la cocina.
- Si?
- Puedes venir?
- Claro.
- No, no, no, por favor, no me hagas esto - dijo Susan.
La morena llegó hasta donde estaban ellas.
- Dime - dijo sonriente.
- Sayo, tu conoces a Susan verdad?
- Si.
- Es que Susan como nunca ha hablado contigo pues no te conoce, y le gustaría c
onocerte.
- Bueno yo... es que verás... Evelyn se ha empeñado en que...
Sayo y Evelyn empezaron a reírse, Susan no pudo seguir hablando, la risa fue contagiosa
y las tres empezaron a reírse, entre risas, Evelyn se acercó hasta Sayo y le rodeó la
cintura con el brazo, Sayo la abrazó encantada por encima del hombro, las dos se
miraron sonrientes y después miraron a Susan.
- Muchas felicidades chicas - dijo sonriente también.
- Gracias - dijeron las dos.
Los días fueron pasando, Evelyn y Sayo cada vez estaban mas unidas, salían juntas a
todos lados, se quedaban todos los del trabajo y jugaban a las cartas, Evelyn siempre
se sentaba encima de la morena para jugar juntas, iban a patinar sobre hielo, sacaban
al perro juntas, lo hacían todo juntas, llegó el día de noche vieja, Evelyn había
invitado a Sayo a cenar, en casa de Evelyn estaba toda su familia, eran mas de veinte,
Sayo aun no había venido y la gente ya se estaba felicitando el año nuevo, Evelyn se
asomó por la ventana y la vió en su porche, estaba sentada en el banco acariciando un
gato, extrañada decidió salir a encontrarse con ella, una que vez salió Evelyn se paró
delante de ella, Sayo levantó sus ojos azules para mezclarlos con los verdes, ambos
brillaban de amor, Evelyn se acercó y se sentó a su lado.
- Por qué no has entrado?
- No quería interrumpir.
- Sayo... eres mi invitada.
- Lo se.
Sayo la cogió de la mano y la miró tiernamente.
- Feliz año... cariño.
Sayo sacó una pequeña cajita del bolsillo y se la ofreció a Evelyn, la rubia
sorprendida la cogió y con cuidado la fue abriendo, en un interior había una anillo,
era precioso, unas lágrimas recorrieron las mejillas de Evelyn, levantó la vista para
mirarla con todo el amor que podía, Evelyn se puso el anillo en uno de sus dedos, tras
ponérselo se tiró a los brazos de la morena quien la recibió con los brazos abiertos,
se abrazaron durante largo rato.
Aun abrazadas la rubia habló:
- Muchas gracias Sayo... es precioso.
- Me alegro que te guste - dijo apretándola mas.
Evelyn levantó la cabeza del pecho de Sayo y mirándola a los ojos la dijo:
- Te quiero Sayo.
- Yo también te quiero Evelyn - dijo con los ojo húmedos - puedo... besarte?
Evelyn solo rió y muy despacio se fue acercando a ella, Sayo también se acercaban, las
dos se dieron un profundo beso, lleno de pasión y lleno de amor.
Esa misma noche Evelyn la pasó en casa de Sayo, las dos estaban en el sofá escuchando
uno de los disco favoritos de Sayo, abrazadas disfrutando de ese momento, Evelyn tenía
la cabeza apoyada en el pecho de Sayo.
- Me encanta el latido de tu corazón - dijo la rubia.
- Mi corazón... cuando era niña me dijeron que tenía corazón de mandril.
- Por qué?
- Tal vez porque el mandril es muy luchador... no lo se.
Evelyn acarició por encima de la ropa la parte en la que Sayo tenía la cicatriz, Sayo
posó su mano sobre la de Evelyn, las dos se miraron y poco a poco se fueron acercando,
hasta que sus labios se unieron y comenzaron a acariciarse sus lenguas, Evelyn empezó a
besarla el cuello con infinita lentitud, fue bajando hasta subirle lo justo de la camisa
para besarle el ombligo, Sayo le acariciaba la cabeza con mucha ternura, la rubia fue
subiendo la camisa de Sayo hasta quitársela, dejándola en sujetador, Evelyn estaba
sentada en las caderas de Sayo, esta se incorporó lo que pudo y le quitó la camisa a la
pequeña rubia, tras besarse nuevamente Sayo empezó a dejar un camino de besos húmedos
desde la boca hasta el pecho, Evelyn gimió al sentir el aliento de la morena en su
pecho, Sayo acarició la espalda de Evelyn hasta llegar al sujetador, con dedos ágiles
lo desabrochó y dejó al descubierto los hermosos pechos de Evelyn, su lengua rozó uno
de los pezones de Evelyn, la piel de la rubia se erizó, Evelyn le desabrochó el sujetador
también, le daba pequeños besos en los hombros, entre besos y caricias Sayo se puso
encima de Evelyn, besaba todo su cuerpo, ambas ya estaban desnudas por completo, sus
cuerpos ahora eran uno, sentir la piel de la otra era algo mágico, algo que las hacia
perder el sentido por completo, Sayo ahora jugaba con su lengua en el ombligo de Evelyn
que reía y acariciaba a la morena.
- Sayo... eres lo mejor que me a pasado nunca, eres maravillosa...
Sayo subió hasta quedar a la altura de los labios de Evelyn.
- Jamás hasta ahora había conocido el amor Evelyn, estar contigo ha sido como un mundo
nuevo para mi, un mundo que temía no llegar a conocer...
- Te quiero Sayo... has hecho que en este tiempo te ame con toda mi alma, te desee,
te ansíe, has hecho de mi un ser inmortal, un ser que solo morirá si no tiene tu amor... -
dijo besándola.
- Entonces serás inmortal el resto de tu vida, mi amor es lo único que no te faltara
en esta vida...
Se besaron con pasión, sus cuerpos se movían uno contra el otro en busca de mas
contacto, Sayo acarició la entrepierna de Evelyn haciendo que se abriera mas, la morena
se metió entre sus piernas y por primera vez ese contacto las hizo estallar, pequeñas
envestidas de Sayo hacía que Evelyn enarqueara su espalda y gimiera de placer, Sayo
devoraba su cuello mientras las envestidas aumentaban a la vez que el orgasmos se
acercaba, Sayo acalló los gemidos de la rubia con su propia boca, Sayo pasó de
devorarle el cuello a devorar uno de sus pechos, jugaba con su pezón, cada vez estaba
mas duro, pequeñas succiones hacían que Evelyn empezara a perder el sentido, las
embestidas continuaban con el mismo ritmo pero eran mucho mas intensas y prolongadas,
Evelyn enredó sus dedos en la oscura cabellera y la apretó contra su cuerpo, Sayo
entendió el mensaje devoró con ansia el pecho de Evelyn, tras la última embestida que
fue la mas fuerte, intensa, y explosiva ambas quedaron rendidas, Sayo hizo girarse para
ponerse debajo y dejar que Evelyn descansara encima de ella mientras la abrazaba.
- Ahora... no pretendas que viva sin ti - dijo jadeante Evelyn.
Sayo sonrió amargamente y la abrazó con mucha mas fuerza, susurrándole al oído.
- Te amo... con todo este corazón, que solo late por ti.
- Te amo Sayo.
Tras un tierno beso ambas se quedaron dormidas abrazadas a ese cuerpo que tras solo una
noche de pasión se había vuelto imprescindible para la otra.
Al día siguiente ambas llegaron al trabajo como cada mañana, cada una se fue hacer sus
labores, Susan se acercó hasta Evelyn para hablar con ella.
- Qué tal va eso nena?
- Estupendamente - dijo con una gran sonrisa.
- Ya veo, se te nota en la cara.
- Jajaja, si, es que soy muy feliz.
- Me alegro de que asi sea, te lo mereces - la guiñó un ojo.
- Gracias Susan.
- Oye necesito que me hagas un favor.
- Dime.
- Es que hoy he quedado con un bombón, lo que pasa es que viene con un amigo y
necesita pareja.
- Ah no!, a mi no me mires, ya sabes que yo estoy con Sayo.
- Lo se, lo se, pero no te estoy pidiendo que te enrolles con él ni nada, solo quiero
que nos acompañes aunque sea para hablar, asi no se sentirá tan solo.
- Esta bien, pero nada de meterme en líos eh!, tengo que estar aquí antes de que salga
Sayo, siempre nos vamos juntas.
- No hay problema nena, entonces prepárate que esta tarde a las cinco vienen.
- Esta bien.
Susan la dio un beso en la mejilla y se fue, Evelyn se fue a la cocina a comunicárselo a
Sayo.
- Sayo.
- Dime - dijo cariñosamente.
- hoy Susan va a salir con un amigo, y quiere que yo la acompañe porque él trae a un
amigo, y para que no este solo me a pedido que si puedo ir con ella, te importa... si
voy?
- No, no, tranquila, puedes ir, no pasa nada...
Dijo sonriéndole, pero a Evelyn no se le escapaba ninguna, vio la cara de preocupación
de su amor, y decidió acercarse a ella y besarla tiernamente.
- Me iré a las cinco, pero antes de que salgas ya estaré aquí.
Sayo la abrazó por la cintura y apoyó su frente en la de ella.
- Te voy a echar de menos...
- Y yo también te echaré de menos cariño.
- Estaré pensando en ti toda la tarde - dijo la morena.
- Entonces tal vez nos encontremos en nuestros pensamientos, porque yo no pensaré en
nadie que no seas tu.
Tras sonreírse mutuamente se besaron, y abrazaron. Ya eran las cinco y Evelyn estaba
lista para irse, Susan ya estaba con su amigo, y estaba saludando al acompañante.
- Bueno, pues podemos irnos ya - dijo Susan.
- Si - dijeron los dos.
Evelyn estaba buscando algo, o mejor a alguien.
- Evelyn quë buscas?
Evelyn no dijo nada, solo sonreía, de repente salió una morena de la cocina se acercó
hasta ella y la besó apasionadamente, Susan estaba roja, y sus amigos miraban sin
perder detalle.
- Nos vemos luego - dijo la morena.
- Claro - le dió un beso corto - te quiero!
- Te quiero!
Sonriéndose la una a la otra, Evelyn se fue, la tarde para Sayo se la estaba haciendo
mas larga de lo normal, echaba mucho de menos a Evelyn, solo quedaba una hora para que
volviera, se puso a trabajar con ganas, tal vez asi se le hiciera mas corta la hora.
Por otro lado Evelyn, Susan y los amigos de ella fueron a patinar sobre hielo, Evelyn
estaba mas que aburrida, solo pensaba en Sayo y en las ganas que tenía de verla.
Por fin llegó la hora de volver, iban todos juntos, tenían pensado tomar algo en la
cafetería, nada mas entrar Evelyn buscó con la mirada a su morena, pero no logró verla.
- Sentaros, yo iré por las cosas - dijo Susan.
Evelyn y los demás se sentaron en una mesa, la rubia hablaba con ellos de cualquier
cosa para pasar el rato hasta que pudiera irse.
Sayo había salido por la parte de atrás con los cubos de basura para vaciarlos, ya era
de noche y hacia bastante frío, ella llevaba la típica chaqueta blanca de cocinero,
estaba vaciando los cubos cuando de repente sintió un fuerte golpe en la pierna
dejándola tirada en el suelo, las voces de unos hombres llegaron hasta sus oídos.
- Vaya, vaya, mira quién está aquí, la zorra que nos pegó cuando intentamos
divertirnos con su amiguita.
- Si, la puta que me rompió la nariz.
Uno de ellos tenía un bate y otro un cuchillo.
- Ahora pagarás por ello.
El hombre del bate empezó a golpearla, en la espalda, en el estómago, en la cara, Sayo
estaba sangrando de la boca, del labio, de la nariz y de una ceja.
- Bien ahora me toca a mi.
Sayo se levantó como pudo para tratar de defenderse, pero no pudo, el hombre la dio
varios puñetazos en la cara y después le clavo el cuchillo en el estómago, dejándoselo
clavado los dos hombres se fueron. La nieve blanca ahora era roja, Sayo se levantó
agarrando el mango del cuchillo, con paso torpe se dirigió para la cafetería, consiguió
llegar y apoyándose por las paredes iba a salir hasta donde estaban todos para pedir
ayuda, Evelyn miró hacia el marco de la puerta de la cocina y de repente vio aparecer a
la morena, llena de sangre, lo que Evelyn vio fue como ver a la misma muerte con la
guadaña delante de ella, el pánico, el dolor, la angustia y la desesperación se apoderó
de ella cuando la morena se acercaba, cayendo finalmente al suelo a pocos metros de la
rubia.
Continuará...