CORAZÓN INDOMABLE

Eugenia

Segunda parte

El contacto desapareció cuando ambas se fueron alejando por causa de las escaleras mecánicas, pero aun así no dejaron de mirarse hasta que perdieron de vista la una a la otra, Evelyn estaba bastante confundida, ese contacto... había sido cálido, empezó a sentir gran interés por esa mujer y decidió que el próximo día aprovechando que tenia que darle su cazadora intentaría hablar con ella. Compró un bonito árbol de navidad, y pidió que se lo llevaran a casa ya que ella no podría.

Llegó el día en el que se incorporaría al trabajo, nada mas entrar en la cafetería todos la saludaron y la dijeron cuanto la habían echado de menos, Susana salió de la barra para ir a abrazar a su amiga.

- Cariño ya estas mejor?
- Si, ya estoy mucho mejor (dijo con una sonrisa).
- Me alegro querida, por que esto sin ti era el caos.
- Jajaja, que exagerada eres.
- Para nada!, anda ve a cambiarte ya.
- Enseguida.

Evelyn entró en la cocina y lo primero que vio fue a la alta mujer poniéndose la chaqueta propia del cocinero, se acercó a ella por detrás con su cazadora en la mano.

- Perdona...

Dijo la rubia con timidez, la morena se giró para encontrarse con esos ojos verdes que tanto la gustaban.

- Creo que... esto es tuyo (extendió la mano con la cazadora).
- Gracias...

Tenía una voz preciosa, pensó la morena, creo que era la primera vez que la oía y con una sola palabra la había dejado sin habla.

- Esto... quería... darte las gracias por salvarme aquella noche...
- No... fue nada.
- Claro que si...

La rubia dio un paso y agarró del brazo a la morena que de inmediato bajo la vista hasta su agarre.

- Perdona...
- No pasa nada (la morena se giró).
- Oye... cómo sabías que tenía problemas?

La morena se tardó en contestar, se giró para mirarla durante unos instantes y apartando la vista de los ojos verdes dijo con timidez.

- Te... te sigo todas las noches hasta tu casa...

La rubia sorprendida por lo que la acababa de decir le pregunta.

- Por qué me sigues?
- Para asegurarme de que... de que llegas bien.
- Pero... cómo?, nunca te he visto.
- Salgo por la puerta de atrás y voy algo mas atrás que ti.
- Vaya, nunca me había dado cuenta (sonrió tímida).
- Lo siento, no... no quería asustarte.
- Y... me sigues todos los días?
- Si (dijo bajando la mirada).
- La noche que... que me atacaron, estuviste toda la noche hay fuera, sentada mirándome?
- Si, no me atrevía a llamar a tu casa y... no iba a dejarte sola ahí afuera.
- Para apenas conocernos... cuidas mucho de mi, gracias de verdad.
- De nada (la morena bajó la mirada).
- Oye, si quieres... puedes acompañarme esta noche a casa, no hace falta que vayas mas atrás de mi.
- Vale...

Ambas chicas se quedaron mirando largo rato, hasta que la rubia habló.

- Bueno... será mejor que me ponga a trabajar.
- Si, yo también.

Con una sonrisa se despidieron, cada una a hacer sus labores.

La noche llegó y con ella la hora de cerrar, Sayo esperaba a Evelyn en la puerta, salieron las dos juntas y comenzaron a caminar.

- Vaya, si que hace frío (dijo la rubia con los brazos cruzados).
- Si, hace bastante frío.
- Irás estas navidades a casa de algún familiar para celebrarlas?
- No, siempre las paso sola.
- Por qué?
- No tengo familia, soy huérfana.
- OH... vaya, lo siento.
- No pasa nada.
- Debe ser muy triste pasar las navidades sola.
- No lo se, nunca las he pasado acompañada, supongo que una persona que este acostumbrada a estar con la familia, el día que no sea así se sentirá triste.
- Si que lo es...

Hubo un largo rato en silencio, Evelyn se sentía afortunada por tener una familia tan numerosa, pero sentía tristeza por Sayo.

- Te... te gustaría pasar estas navidades en mi casa?
- Te lo agradezco, pero las navidades son para pasarlas en familia, yo solo sería una extraña.
- Serías mi amiga...
- Gracias...

Sayo se paró de repente delante de un edificio.

- Yo vivo aquí, te gustaría pasar?
- Claro!

Las dos entraron en la casa, nada mas entrar un perro las dio la bienvenida, el perro se acercó hasta Evelyn moviendo la colita, ella empezó a acariciarlo.

- Vaya!, tienes un perro, cómo se llama?
- No lo se, no me lo ha dicho.

Evelyn se la quedó mirando, no sabía si la estaba tomando el pelo o se lo decía en serio, aun que por su tono diría que era muy en serio, Sayo fue hasta el frigorífico y sacó unas tarrina de helado.

- Quieres?
- No, gracias, no se como puedes comerlo con el frío que hace.
- Siempre lo como.
- Eres un poco rara, no te lo han dicho nunca?
- Alguna vez.

Tras sonreírse las dos se quedaron en completo silencio, tras unos momentos sus miradas se cruzaron y Evelyn habló.

- Bueno será mejor que me vaya ya.
- Vale, te acompaño.
- No hace falta tranquila, por lo que veo vivimos cerca, quédate aquí y descansa.

La morena se la quedó mirando unos instantes y después la respondió.

- Vale.
- Bueno, mañana libras verdad?
- Si.
- Ya que es noche buena... pues me pasaré a verte.
- Aquí estaré.
- Hasta mañana...
- Hasta mañana.

Evelyn salió de la casa y a los pocos paso miró hacia atrás. Sayo esperó un poco y después cogió al perro y salió con la intención de seguir a Evelyn. Tras ver como Evelyn entraba en su casa, Sayo se fue a la suya.

A la mañana siguiente, en la casa de Evelyn estaban todos decorando el árbol que lo acababan de traer, era enorme, Evelyn estaba haciendo unas galletas para llevárselas a Sayo, cuando ya estuvieron echas, la rubia cogió su abrigo, su gorro y se fue a la casa de Sayo. Cuando ya estuvo allí llamó a la puerta y como la vez anterior el perro salió a recibirla.

- Pasa.
- Gracias, ten te he hecho unas galletas por si te apetecía comer otra cosa que no fuera helado (dijo riéndose).
- Aahh, gracias.

Sayo abrió la caja y olió una galleta, cuando Evelyn estaba de espaldas y no miraba le dio una galleta al perro, después las tapó y las dejó en la mesa.

Evely se movía por la casa observándola, era simple pero acogedora, pasó por delante de un espejo y pudo ver que en el marco del espejo había una foto puesta, era una foto de ella... de Evelyn, la cogió y la estiró, pudo ver que era una foto que se hicieron todos los de la cafetería, y Sayo la había doblado para que solo se viera ella.

- Esta foto es de hace poco...
- Si.

Sayo la cogió y la volvió a poner donde estaba, la morena tenía muy claro que amaba a aquella pequeña rubia, pero no era capaz de decírselo.

- Tienes una casa muy bonita.
- Gracias, quieres tomar algo?
- No, gracias, será mejor que me vaya ya, aun tengo cosas que hacer.
- Ah claro, bueno pues nos vemos mañana.
- Yo mañana no iré a trabar, estoy en un cursillo de peluquería y mañana iré a ver que tal lo hago.
- Seguro que te saldrá genial.
- Eso espero.

Tras una larga mirada y una gran sonrisa Evelyn se dirigió hacia la puerta, Evelyn se giró para despedirse.

- bueno, pues hasta mañana.
- Hasta mañana.

Sayo se agachó y depositó un beso en su mejilla, Evelyn sonrojada sonrió y salió de la casa de Sayo, el día paso con normalidad, Evelyn en su casa con toda su familia y Sayo con la única compañía de su perro fiel.

Al día siguiente Evelyn se fue al cursillo de peluquería, iban a ir un gripo de ancianos para que el pelo, a Evelyn le tocó una señora de lo mas pesada:

- Jovencita, seguro qué sabes hacer bien?
- Yo creo que, además estoy aquí para aprender.
- No me cortes demasiado eehh.
- Tranquila.
- Y ten cuidado que yo aprecio mucho mi cabello.
- (pero si está calva, pensó la rubia), si señora.
- Pero de verdad que sabes lo qué haces?

Evelyn ya estaba que explotaba, aparte de la señora, no hacia mas que pensar en Sayo, no sabía por qué pero se sentía muy atraída hacia a ella, la echaba de menos, la vieja volvió a interrumpir sus pensamientos.

- Si sigues así me raparás al cero!
- Sabe qué le digo señora?, qué me tiene arta!, raparla es lo que habría que hacer por que no tiene ni un puñetero pelo de la cabeza bien!

Con eso dicho, Evelyn se quitó la bata y salió de allí, iba directa al trabajo, sabia que la persona que la apetecía ver estaba allí. Cuando por fin llegó a la cafetería lo primero que hizo fue saludar a todos los clientes que la conocían y a sus compañeros que estaban en la barra.

- Ay cariño, no te tomabas el día libre? (dijo Susana).
- Si, pero he tenido problemas con una viejecita insoportable.
- Jajaja, no será para tanto.
- Si yo te contara...
- Bueno nena, ya que estas aquí, te dejo, que yo me voy a descansar.
- Muy bien guapa, cuídate, mañana nos vemos.
- Claro, feliz navidad!
- Igualmente!

Susana se fue y Evelyn iba a entrar en la cocina, estaba deseando verla, se asomó por la puerta y la vio de espaldas, estaba friendo algo, se acercó despacio por detrás, se paró justo detrás de ella y estiró uno de sus brazos para tocarla la cintura y llamar su atención, en ese momento la morena hace un movimiento brusco dando a la sartén y hace que el aceite le salte en la mano.

- Auuoooch!
- Perdona!, estas bien?, lo siento mucho, no quería asustarte.

Evelyn cogió su manos y la posó entre las suyas viendo de cerca el grado de las quemaduras.

- No es nada, estoy bien, tranquila.

Dijo Sayo con una sonrisa.

- Te has asustado por mi culpa, lo siento de verdad.
- No ha sido nada grave, con una pomada se me quitará.

Evelyn acariciaba su mano sin darse cuenta, ambas se miraron directamente a los ojos y permanecieron así hasta que la voz de un cliente las saco de su trance.

- Será mejor... que salga a atender.
- Si... yo seguiré friendo.
- Bien.

Se sonrieron y cada una se fue hacer sus tareas, el día pasó tranquilo, siempre que se cruzaban se sonreían la una a la otra. Ya era de noche e iban a cerrar, Evelyn ya estaba fuera y se disponía a irse cuando escucho una voz.

- Te acompaño?
- Ah!, Sayo, claro, vamos.

Las dos comenzaron a caminar y a hablar.

- Qué tal el curso de peluquería?
- Pues un desastre, y no por que no sepa cortar el pelo, pero es que una señora me puso de los nervios.
- Jajaja.
- Tengo que practicar pero con gente así es imposible.
- Mañana es tu día libre no?
- Si, por?
- Bueno... es que también es el mío y necesito que me corten las puntas que las tengo muy mal ya, y ya que tu necesitas practicar y yo que me lo corten pensé que... bueno, que podíamos quedar y...
- Claro!, seria estupendo.
- Bien, pues entonces te vienes a mi casa?
- Mejor vente tu a la mía, no habrá nadie, y tengo todos los utensilios allí.
- Vale (se sonrieron).

Pasaron por delante de un puesto de chocolate.

- Quieres un chocolate? (preguntó la morena).
- Claro, estoy muerta de frío.

Cada una se cogió un chocolate, entre risas y bromas se fueron acabando el chocolate, Evelyn tenía un poco de chocolate en la comisura de la boca y Sayo lo vio, pero no se atrevía a tocarla.

- Tienes... chocolate aquí (se señaló en su propia boca).
- Ah!, gracias, aquí?

Al ver que no lo conseguía quitar del todo Sayo la ayudó.

- Deja...

Con uno de sus dedos le quitó el resto de chocolate, Evelyn muy sonrojada, agachó la cabeza.

- Gracias...
- Bueno, ya llegamos.
- Si.
- Entonces... mañana por la mañana me paso por tu casa.
- Te estaré esperando.
- Hasta mañana...
- Hasta mañana.

La rubia se inclinó y le dio un beso en la mejilla, después la sonrió y salió corriendo hasta la puerta de su casa, Sayo no la dejó de mirar hasta que entró en casa, después ella se fue a la suya, a encontrarse con su peludo amigo.

Llamaron a la puerta, y Evelyn salió corriendo abrir, sabía quien era, y estaba deseando verla.

- Buenos días!
- Hola (dijo la morena con una sonrisa).
- Pasa, no te quedes ahí.
- Gracias.
- Bueno, qué te parece si te lavo primero la cabeza?
- Me parece bien.
- Siéntate hay.

Evelyn puso una silla al lado de la pila, para lavarle la cabeza, le gustaba el pelo de la morena, era muy suave y ahora lo podía tocar todo lo que quisiera con el disimulo de lavarle la cabeza.

Le dio el último aclarado y al incorporarse Sayo sintió un pequeño escalofrío.

- Estás bien?
- Si, solo que la camisa esta un poco mojada.
- OH, vaya, ven a mi cuarto, te dejaré alguna mía.
- No hace falta de verdad yo...
- Vamooosss.

Cogió la mano de la morena y subieron las escaleras hasta llegar a su cuarto.

- Siéntate mientras busco una.

Sayo se sentó en la cama de Evelyn y con atención miraba todo su cuarto.

- Tienes una habitación muy bonita.
- Gracias, quítate esa camisa y ponte esta.

Sayo dudó un poco, no porque tuviera vergüenza, si no porque sabía lo que había en su pecho, pero aun así se la quitó. La cicatriz quedó al descubierto con total libertad, Evelyn ya la había visto una vez, pero no tan bien como ahora, pero pudo ver que en esa cicatriz había mucho sufrimiento, poco a poco se fue acercando a ella, quedando entre sus piernas, acaricio con la yema de los dedos la cicatriz.

- Como... te la has hecho?
- Me han operado varias veces del corazón.
- Estas... enferma?
- Si... desde que nací.
- OH... Dios, lo siento.
- No pasa nada.
- Y... es muy grave?
- Si te digo que no veo un futuro... responde eso a tu respuesta?
- No digas eso! (los ojos verdes se humedecieron).
- Lo siento...

Sayo estaba en sujetador y con el pelo mojado, Evelyn fue agachando la cabeza hasta quedar a la altura de los labios de Sayo, primero fue un suave roce, luego lo profundizó un poco mas, pero al ver que Sayo parecía confundida, como que no sabía que hacer, se separó de ella y la preguntó.

- Nunca te han besado?
- N... no.
- Tranquila...

Evelyn volvió a juntar sus labios con los de ella y esta vez si pareció corresponder al beso, fue corto, pero dulce, Evelyn se quitó su camisa quedando en sujetador al igual que su amiga, Sayo elevó una de sus manos temblorosas y tocó en el centro del pecho, donde ella tenía la cicatriz, parecía sorprendida, Evelyn la miraba tiernamente, de repente de los ojos azules comenzaron a salir lagrimas, Evelyn no pudo evitarlo y pasó sus brazos por el cuello de la morena abrazándola, Sayo apoyó su cabeza en los pechos de la rubia y con sus fuertes brazos le rodeo la cintura mientras lloraba silenciosamente.

Continuará...


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