CORAZÓN INDOMABLE

Eugenia

Primera parte

Evelyn era una joven de 22 años, rubia de pelo corto, con unos ojos increíbles que parecían esmeraldas, era de estatura mediana. Trabajaba en una cafetería de buena fama, cuando entró allí rápidamente se hizo amigos de todos, menos de una extraña mujer, no porque ella no quisiera, esa mujer no hablaba con nadie de allí, solamente iba, hacía su trabajo y se iba, todos decían que era muy rara, algunos creían que era muda. Lo cierto es que Evelyn nunca se fijo en aquella mujer, solo llevaba allí un mes y medio trabajando, dicen que aquella mujer entró poco antes que ella. En el poco tiempo que llevaba Evelyn allí se hizo amiga de muchos de los clientes, la mayoría de ellos eran ancianos ya. Susan era una de las chicas que trabajaba allí, se llevaba bastante bien con Evelyn, se lo pasaban bastante bien bromeando y eso. Era lunes, las 8:00 de la mañana, Evelyn entraba a la cafetería con un gorro verde que hacía juego con sus ojos, una bufanda a juego, una cazadora roja y unos guantes del mismo color que el gorro y la bufanda. Todos los ancianos que estaban sentados en la barra la saludaban alegres de verla.

- Evelyn!, qué tal estas hija?
- Muy bien Juan, y tu cómo te encuentras?
- Bien hija bien, igual de viejo que ayer.

Ambos echaron a reír, según pasaba fue saludando a todo aquel que conocía, pasó por detrás de la barra, vio a Susan preparando unos café y se acercó para saludarla.

- Buenos días Susan (le dio un beso en la mejilla).
- Buenos días renacuajo (le devolvió el beso).
- Bueno voy a dentro para cambiarme.
- Eso! Cámbiate de una vez que yo me tengo que ir.
- Si si, ya voy, que prisas por irte.
- No sabes cuanta, jajajajaja.

La rubia se fue a una habitación donde había taquillas, cada uno tenía la suya. Cuando entró a la sala se fijó que no estaba sola, miró a la izquierda y vio que aquella extraña mujer se estaba poniendo una camisa, tenía los brazos metidos, ahora estaba intentando meter la cabeza, estaba con los brazos alzados, debajo solo tenía puesto el sujetador, Evelyn abrió los ojos como platos y se quedó mirando el pecho de la mujer, tenía una gran cicatriz, de arriba abajo, parecía muy profunda, una vez que se colocó la camisa miró a Evelyn que enseguida alzó la mirada para verle la cara, pero ésta enseguida la agachó y se dio la vuelta para ponerse de espaldas a la joven que la estaba mirando. Evelyn se puso a guardar su cazadora en la taquilla, pero de vez en cuando miraba hacia atrás, vio como aquella alta mujer salió de la habitación, Evelyn quedó muy confundida por lo que había visto, hace tiempo la dijeron que aquella mujer tenía algo en el pecho, que era como un monstruo, pero ella solo vio una cicatriz que había causado gran dolor a la persona que la llevaba... a aquella mujer. Quiso saber mas de ella, así que una vez que se cambio fue donde su amiga Susan que llevaba mas tiempo aquí.

- Susan, qué sabes de aquella chica? (dijo señalando con la mirada).
- Pues que es una tía muy rara.
- Por qué?
- Aun lo preguntas? No habla con nadie, si la hablas solo se te queda mirando como diciendo... a mí qué coño me cuentas tía?, ni siquiera te mira a la cara.
- Tal vez sea tímida.
- Venga ya!
- Cómo se llama?
- Sayo.
- Bonito nombre...
- Si, lástima que se oiga poco por aquí.
- A qué hora acaba su turno?
- Al mismo que el tuyo mona, bueno yo me tengo que ir ya.
- Muy bien Susan, gracias por la información.
- De nada cariño (le dio un beso en la mejilla y se fue).

El día pasó tranquilo, Evelyn servía café y comida, y Sayo hacía las cosas de cocina, recogía, cocinaba y cosas de esas. Eran las diez de la noche, el turno de ellas no acababa hasta las doce, Evelyn servía café tranquilamente hasta que entraron dos hombres, iban algo borrachos, se sentaron en la barra, Evelyn se acercó para atenderles.

- Qué les pongo?
- Una rubita de ojos verdes en la cama por favor, jajajajaja (él y su amigo se empezaron a reír a carcajada limpia).
- Veo que no quieren tomar nada (dijo mientras se disponía a irse).
- Oye! Así es cómo tratas a la clientela?
- Será mejor que se vayan.
- Ahora nos echas?
- Si, váyanse por favor.
- Escucha pequeña, nosotros no nos iremos de aquí.
- Si no se van llamaré a la policía.
- Llama a quien quieras rubita.

Evelyn cogió el teléfono, cuando se disponía a marcar fue agarrada fuertemente de la muñeca haciéndola soltar el teléfono.

- Qué crees que estas haciendo estúpida?
- Suélteme ahora mismo.
- De eso nada, sabes... eres muy mona niña (se acercó hasta ella para olerla).
- He dicho qué me suelte!

Una voz masculina les hizo parar el forcejeo, era el dueño de la cafetería, un hombre mayor, de unos 55 años.

- Haga el favor de soltar a la señorita si no quiere tener problemas.
- Está bien, está bien, pero que sepas que no nos a querido atender.
- Con razón...
- Esta cafetería es una mierda!
- Pues ya sabe dónde esta la puerta.
- Vamos idiota (dijo tirando de su compañero).

Los dos hombres salieron de allí dando un portazo, Fernando que era el dueño se acercó hasta Evelyn.

- Estás bien?
- Si, gracias Fernando.
- Si alguna vez te molestan no dudes en decírmelo.
- Está bien (le miró con una gran sonrisa).

Fernando se fue y Evelyn seguía atendiendo a la gente, Sayo lo había presenciado todo. Cuando llegaron las doce... Evelyn se despidió de sus compañeros que se quedaron recogiendo, se dio cuenta de que aquella mujer ya se había ido. Evelyn quedó con su hermano pequeño en que iría a recogerla con el coche. Estaba fuera de la cafetería, justo delante de la puerta mirando de un lado a otro a ver si veía aparece el coche de su hermano. La temperatura baja mucho por la noche y más en pleno invierno. Abrazada a sí misma se refugio mas en su cazadora, la bufanda le tapaba hasta la nariz, debajo de ella unos labios se movían refunfuñando. Miró hacia la izquierda y pudo ver que un coche se acercaba, esperando que fuera su hermano bajó de la cera y se puso a un lado de la carretera, cuando el coche llegó a su altura se percató de que no era el coche de su hermano, el coche se paró delante de ella y una ventanilla se bajó, tras ella se asomó una cabeza de un hombre, llevaba un gorro para protegerse del frío, Evelyn retrocedió unos paso al darse cuenta que eran los dos hombres que la habían molestado en la cafetería.

- Anda! Pero mira a quien tenemos aquí.
- La grosera que no nos quiso atender.
- Oye rubita quieres qué te llevemos?

Los dos hombres se reían, Evelyn comenzó a andar a paso ligero, los hombres comenzaron a seguirla con el coche poniéndose a su altura.

- Venga que hace mucho frío.
- Si si, nosotros te daremos calor (dijo tras una carcajada limpia).
- Dejádme en paz.
- Ya me he cansado niña, ACELERA! (le dijo a su compañero).

Evelyn comenzó a correr, el coche iba detrás de ella haciendo amagos de atropellarla, la pequeña rubia estaba muy asustada, las calles estaba desiertas, pudo sentir que el coche cada vez estaba mas cerca, corriendo con todas sus fuerzas se metió por un jardín donde sabía que ellos no podrían ir con el coche. En su carrera desesperada oyó un frenazo y cómo unas puertas se abrían, siguió corriendo sin mirar atrás, el césped estaba mojado, le costaba correr sin caerse, mientras corría pasaba de todo por su mente, sentía miedo, un miedo que le nublaba la visión, uno de los hombres estaba apunto de cogerla, ella lo sentía y justo antes de que el hombre le cayera encima consiguió gritar con toda su alma.

- SOCORROOOOOOO!!!!!

El hombre cayó encima del pequeño cuerpo que se revolvía debajo de él desesperadamente, el hombre se sentó encima de las caderas de Evelyn y le agarró las manos poniéndoselas encima de la cabeza, el se agachó para besar el cuello de la chica, pero le resultaba muy difícil por que no dejaba de moverse. Su otro compañero estaba llegando hasta donde se encontraban ellos, tardó algo mas ya que estaba muy borracho, una vez que llegó se quedó mirando la situación parpadeando varias veces.

- Oye Tom... no crees qué té estas pasando? (preguntó zarandeándose).
- No estúpido, suelta la botella y ven a ayudarme.

El hombre bebió un trago mas y soltó la botella, se puso delante de su amigo que aun seguía sentado encima de la joven que no paraba de llorar y gritar.

- Tápale la boca a esta zorra.

El hombre no entendía nada pero hizo lo que le dijo su compañero, antes de que el hombre le tapara la boca Evelyn gritó a pleno pulmón.

- NO DEJADME! POR FAVOR! SOCORROOOOO.

Y su voz quedó sellada por una mano grande, con la otra mano agarró las muñecas de la chica que antes estaba sujetando su compañero. El hombre que estaba sentado encima de ella ya tenía las manos libres para hacer lo que quisiera. Abrió la cazadora bruscamente, lo mismo hizo con la camisa de botones que salieron volando, el hombre empezó a tocarles los pechos y besarle el cuello. Evelyn estaba desesperada, no podía moverse, tampoco podía gritar, estaba con los ojos cerrados, deseando que acabaran todo aquello, incluso deseaba la muerte antes que ser violada. El hombre que estaba encima de ella seguía tocándola y besándola. De repente sintió como le agarraban desde atrás y lo lanzaban al suelo, Evelyn al notar que el peso del hombre había desaparecido abrió los ojos y miró hacia delante, vio a una persona bastante alta que estaba dando puñetazos a su agresor, el hombre que había sido golpeado agarró un palo de madera que encontró con la intención de golpear a aquella persona, con gran habilidad esquivó al hombre quitándole el palo y estampándoselo en la cara, el hombre cayó inconsciente al suelo, el otro hombre que seguía agarrando a la chica se quedó atontado mirando a la persona que se acercaba a él, lo último que vio fue como la pierna de esa persona se aproximaba a su cara con gran fuerza. De una patada en la cara se deshizo de el otro agresor. Evelyn se quedó tumbada en el suelo, con los ojos llenos de lágrimas y temblando, vio como la persona que le había quitado aquellos apestosos hombres de encima de acercaba a ella, una vez lo suficientemente cerca intento mirar la cara de la persona que la había salvado pero estaba muy oscuro, lo único que consiguió ver fue una gran melena negra que bajaba por sus hombros, la figura alta la estaba mirando, no se movía, Evelyn estaba con la camisa abierta, se dejaba ver el sujetador, cuando se dio cuenta intentó taparse pero estaba muy débil, sentía como si se fuera a desmayar, lo último que dijo antes de que sus ojos se cerraran fue...

- Por... favor.

Y se desmayó, la figura alta se la quedó mirando unos instantes, estaba bastante agitada por los esfuerzos, su boca estaba entreabierta para dejar pasar mejor el aire, ya eran altas horas de la noche y hacia mucho frío, empezó a quitarse su abrigo, una vez se lo quitó se agachó hasta donde estaba la joven inconsciente, le echó su abrigo encima tapándola bien y después la cogió en brazos con mucho cuidado.

Eran altas horas de la noche, las calles estaban desiertas, solo se oían unos pasos tranquilos, con la luz de la luna se reflejaba una sombra, bastante alta, en sus brazos cargaba con un pequeño cuerpo, la sombra se paró enfrente de una casa, era blanca, con el tejado azul, tenía muchas ventanas y un bonito porche, al lado de la puerta había un banco de color blanco, las barandillas estaban cubiertas de nieve, al igual que los escalones para entrar en el porche. Con cuidado de no resbalar fue subiendo los escalones, una vez que llegó arriba se acercó hasta el banco y la tumbó en él con suma delicadeza. Se aseguró de que estuviera bien tapada con su chaqueta, una vez que la dejó cómoda y arropada... fue hasta los escalones de la entrada del porche y se sentó allí, con los brazos cruzados intentando darse calor ya que no tenía su abrigo, solo llevaba una camiseta y un jersey blanco de cuello alto, y allí se quedó observando el pequeño cuerpo durante toda la noche.

La mañana llegó y los rayos alumbraban todo a su paso, unos ojitos verdes fueron sorprendidos por la luz, cerrándolos de nuevo y parpadeando varias veces hasta que se acostumbró a luz, desconcertada... miró a su alrededor, una vez que se dio cuenta sus ojos chocaron con unos ojos azules... tan azules que sintió como si se ahogara en las profundidades del mar, eran los ojos mas bonito que había visto en toda su vida, eran unos ojos profundos, tristes y muy tímidos, miró bien a la dueña de esos ojos... era ella... pensó Evelyn, pudo ver que aquella mujer la miraba fijamente, también vio su larga melena de color negro azabache, era preciosa, pensó Evelyn. La mujer morena se fue levantando del escalón poco a poco, estaba de brazos cruzaos intentando refugiarse del frío, Evelyn se incorporó hasta quedar sentada, mientras miraba a la mujer se sumergió en sus pensamientos.

Pero qué ha pasado? Por qué está aquí? Acaso pasó ahí la noche? Dios mío no entiendo nada, no dice nada... por qué me mira así?, tienes unos ojos que... Ho, jamás había visto, me hacen sentir a salvo, me da tanta confianza...

Salió de sus pensamientos cuando vio que la mujer se alejaba poco a poco sin dejar de mirarla, Evelyn se levantó y se arropó mas con el abrigo, vio como la mujer se daba la vuelta y se iba, Evelyn hizo un gesto con la mano como para indicarle que esperara, quería decírselo pero de su boca no salió nada, a medida que la alta mujer se alejaba pudo ver como ella miraba hacia atrás sin dejar de andar, sus miradas se cruzaron una vez mas. Evelyn se quedó allí hasta que vio desaparece a la mujer. Sin dejar de pensar en ella entró en la casa, aun estaban todos dormidos, eran las 7 de la mañana, con la vista en el suelo... fue subiendo a su habitación, una vez llegó cerró la puerta y apoyó su peso en ella. Un olor penetró en sus fosas nasales, era un olor suave, abrió los ojos y vio el abrigo que tenía sobre sus hombros, este abrigo no es mío... pensó Evelyn, se lo acercó mas a la cara para captar mas de esa esencia, pegó su nariz al abrigo y aspiró con fuerza, es su olor... es de ella, y pasó toda la noche ahí?, dios mío ha tenido que estar helada... pensaba Evelyn abrazando el abrigo y con gran angustia. El pequeño cuerpo cayó de rodillas al suelo y comenzó a llorar.


Pasó una semana, Evelyn no había salido de casa en todo el tiempo, llamó al trabajo y dijo que estaba enferma y no podría asistir. Llegó un nuevo lunes, Evelyn decidió salir a comprar el árbol de navidad. Se pusó unos vaqueros ajustados, una camisa blanca de tirantes, un jersey bastante gruesos y su cazadora de color rojo chillón. Salió de casa y se dirigió a unos grandes almacenes. Mientras caminaba miraba a su alrededor, las calles estaban totalmente nevadas, las casas estaban llenas de luces de todos los colores, los niños hacían muñecos de nieve y otros jugaban a lanzarse bolas, por cierto... esos enanos casi me dan.

Evelyn entró en el centro comercial, estaba lleno de gente, todo estaba muy bien adornado con las cosas de navidad. Tenía que subir al piso de arriba que era donde estaba los árboles de navidad. Se puso en las escaleras mecánicas que subían, pegadas estaban las escaleras mecánicas que bajaban. Evelyn tenía una mano apoyada en la barandilla que daba justo a las escaleras de al lado. Iba sumida en sus pensamientos mirando hacia abajo, hasta que en su mano se posó la caricia más increíble que había sentido nunca, rápidamente miró a la derecha y chocó contra unos ojos azules... unos ojos que solo vio una vez pero que le resultó imposible de olvidar. Ese azul... eran tan profundos que te hacian sentir en el mismo cielo, sus ojos verdes se mezclaron con el intenso azul. Evelyn miró su mano, la mano de Sayo estaba sobre la de ella, que piel tan suave... pensó Evelyn, Sayo estaba en las escaleras que bajaban, cuando Evelyn subió la vista para encontrarse con esos ojos... esos ojos que por un instante pensó que le pertenecían, esa mirada tímida, calidad y sobre todo profunda... pensó que solo a ella la mirada así, Sayo apretó la mano de Evelyn con suavidad.


Continuará...

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