Ray estaba tumbada en la cama de Sam, recordando el mágico momento que acababan de
vivir, la ropa que la había dejado le quedaba grande, pero le daba igual, olía a Sam y
le encantaba. Sus pensamientos fueron interrumpidos por una alta morena que entraba con
una bandeja.
- Aquí te traigo la cena - dijo con una sonrisa.
Ray sonreía ampliamente, la morena le puso la bandeja sobre las piernas y después se
tumbo a su lado.
- Mmm, me encanta el chocolate.
- Yo hago el mejor chocolate del mundo - dijo riéndose.
- A ver si es verdad...
La rubia bebió un poco de chocolate, el sabor era exquisito, tras mirar a la morena que
sonreía volvió a beber un poco mas de chocolate, tras saborearlo miró con los ojos
brillando a Sam.
- Ésto esta delicioso!
- Jajaja, lo se, qué tal te sentó el baño?
La rubia se ruborizó y con una sonrisa tímida la contestó.
- Mucho mejor de lo que me esperaba.
- Ray... qué vas hacer con Armando?
- No quiero saber nada mas de él, por mi todo esta acabado.
- Entonces... te... te gustaría...
La rubia dejó la bandeja a un lado y se tiró a los brazos de Sam.
- Claro que me gustaría Sam... es lo que mas deseo.
- No sabes lo feliz que me haces... he esperado tanto esto...
- Yo también, pero por fin lo conseguimos, y esta vez nada ni nadie nos separará.
- Así es.
- Sam.
- Dime.
- Me gustaría que... dejaras las peleas, no quiero correr el riesgo de que te pase
algo.
- Ray... necesito el dinero para seguir pagando el alquiler.
- Yo puedo ayudarte con eso.
- No, no quiero que me andes pagando nada, buscaré otro empleo, si encuentro uno con
un buen sueldo lo dejaré.
- Sam... yo no puedo estar sufriendo cada día, pensando en que te pueden matar, no
quiero darte a elegir pero... es necesario Sam.
- Quieres decir que si no dejo de luchar... no estarás conmigo?
- Así es... - dijo agachando la mirada.
La morena lo pensó por unos momentos, en parte si que la gustaría dejar de luchar, pero
sabía que dentro de poco tendría que enfrentarse contra alguien... y que para vencer se
tendría que preparar, pero lo que mas le importaba ahora es que no le pasara nada a Ray,
y la única manera de controlar eso es tenerla siempre a su lado.
- Dejaré la lucha con una condición.
- Cuál?
- Que vengas a vivir conmigo.
Sam la miraba seriamente, pero al ver como se dibujaba una sonrisa en el rostro de Ray
en el suyo se dibujo una mas grande.
- Eso es un si?
- Jajaja, claro que si!
Ambas se abrazaron muy fuerte, Ray estaba tumbada encima de Sam, muy despacio la rubia
fue acariciando la mejilla de Sam con la suya, lo que sentían en ese momento no se
podía describir, sus labios se rozaban una y otra vez, parecía danzaban los unos para
los otros, Ray apoyó su frente en la de Sam, las dos tenían los ojos cerrados.
- Te prometo que te voy hacer muy feliz - dijo la morena.
- Se que lo harás, espero poder hacerte yo igual de feliz.
- Ya lo haces... solo con saber que existes me haces la persona mas feliz del mundo
Ray.
La rubia se rió y besó apasionadamente a Sam, abrazadas y en un pasional beso
continuaron a si durante toda la noche, entregándose todo su amor.
Ya había pasado un mes, Ray ya estaba instalada en el piso de Sam, la noticia a su
padre no la hizo mucha gracia, pero no le quedó mas remedio que aceptarlo, Ray y Sam
eran muy felices, la morena ya no luchaba, de vez en cuando las dos juntas iban a
visitar a Ted, cada una trabajaba en sitios diferentes, pero siempre encontraban tiempo
para ellas.
Como cualquier día, Sam volvía para casa, al torcer una esquina un tremendo golpe la
hizo caer el suelo, empezó a echar sangre por la boca, una mujer bastante musculosa se
agachó a su lado.
- Te dije que no te librarías de mi, por lo que veo no estas muy en forma, tienes una
semana, para prepararte, después lucharás conmigo, si no asistes a la pelea... la
rubita lo pagará, y si pierdes... lo pagará de todas formas jajajaja!
- Como... la toques... te...
- Qué?, te vas a tirar al suelo y te pondrás a patalear?, jajajaja, recuerda una
semana, la pelea será donde las organiza tu amigo, a media noche, no faltes.
La mujer se levantó y le dió la espalda a Sam, pero justo antes de irse dijo en alto.
- Que ganas tengo de hacer disfrutar a la rubia... no dejará de gritar jajajajajaja.
Tras decir eso se fue, Sam estaba bastante mal, pero la rabia y el odio la hicieron
sacar fuerzas para ponerse en pie he ir a buscar a Ted.
Ya eran pasadas las diez, Ray no paraba de dar vueltas por la casa, estaba muy
preocupada por Sam, nunca llegaba tan tarde, el sonido de la puerta la hizo correr
hasta ella, su corazón empezó a tranquilizarse cuando vio a la morena entrar por la
puerta, sin pensarlo corrió hasta ella y se le enganchó del cuello.
- Ey!, que le pasa al amor de mi vida - dijo abrazándola.
- Me tenías preocupada, por qué has llegado tan tarde?
- Lo siento, es que a partir de ahora voy a tener que hacer mas turnos, y llegaré
algo mas tarde.
- La próxima vez me lo dices, ya me estaba pensando lo peor - dijo apretándose mas a
ella.
- Estoy bien cariño, pero tranquila yo te aviso si vuelve a pasar.
La rubia se apartó para mirarla con una sonrisa y después la besó.
- Mmm, cuanto estaba hechando de menos esos labios - dijo sonriente la morena.
- A si?, pues esta noche mis labios rodaran por todo tu cuerpo... - dijo rozando el
cuello de Sam con sus labios.
- Oh... lo siento pero no puedo esperar.
La morena la cogió en brazos y la llevó a la habitación, ambas iban riéndose, una vez
llegaron la morena la tumbó en la cama muy despacio, ella se tumbó encima, la mirada
estaba clavada la una en la otra, Sam acariciaba el pelo de Ray, con su otra mano
acariciaba el vientre de Ray por debajo de la camisa, su piel era muy suave, Ray
acariciaba la cara de Sam y poco a poco la fue atrayendo hacia si para besarla, era un
beso lento, suave pero muy intenso, la mano de Sam fue subiendo hasta acariciar un
pecho de Ray, ésta gimió en su boca, poco a poco se fueron quitando la ropa, sus
cuerpos ya estaban unidos, como tantas veces lo habían estado ya, ahora era Ray quien
estaba encima de Sam, estaba sentada sobre uno de los muslos de la morena, su lengua
jugaba con el vientre de Sam, la morena le acariciaba la cabeza, sus ojos brillaban,
Ray aspiró con fuerza en el vientre de Sam para llenarse de ella, era algo que la
encantaba, siempre que hacia eso la morena no podía evitar sonreír, la pierna de Sam y
las caderas de Ray se movían al compás, cada vez era mas acelerado, Ray introdujo dos
dedos en Sam, ambas gemían de placer, se acariciaban, se besaban una y otra vez, se
lamían la una a la otra, se succionaban... los movimientos de cada una fueron al mismo
ritmo, ambas llegaron al extásis juntas, Ray quedó tumbada encima de Sam, estaban
fatigadas, pero felices, siempre se abrazaban después de hacer el amor y para dormir
igual, desde que viven juntas nunca han dormido separadas.
- Te quiero Ray - dijo la morena acariciándole la espalda.
- Yo también te quiero Sam.
Se acurrucaron mas la una en la otra, con una gran sonrisa en sus rostros se quedaron
en silencio, disfrutando del contacto.
- Sam, cuántos días tendrás que llegar tarde?
- Durante una semana, después volveré a mi horario normal.
- Te voy a echar de menos - dijo apretándose mas a ella.
- Y yo a ti cariño - la morena le dio un beso en la cabeza.
- Pasaré a verte.
La morena sabía que si hacia eso la descubriría, bastante tenía con mentirle, su
conciencia no la dejaría tranquila, pero era la única manera de protegerla.
- No, Ray no quiero que vayas sola, y mucho menos a esas horas.
- Lo se, pero yo tampoco quiero que vengas sola - dijo con morritos.
- Por mi no te preocupes, yo se defenderme.
- También es verdad... - dijo con un suspiro - pero prométeme que tendrás cuidado.
- Te lo prometo.
La morena la besó durante pequeñas eternidades, hasta que el sueño las venció y
quedaron dormidas.
El día empezó como el de cada mañana, un agradable despertar, un desayuno rápido, un
beso, una acaricia y un te quiero. El día trascurrió rápido, Ray ya había llegado a
casa, normalmente Sam no tardaría mas de media hora en reunirse con ella, pero sabía
que hoy seria distinto, ya la estaba echando de menos, decidió hacerle su postre
favorito, asi se distraería un rato.
Sam ya estaba en el duro entrenamiento que Ted la había preparado, carreras,
abdominales, combos de patadas y puños en saco, pesas, flexiones y muchas cosas mas,
después de eso tendría que luchar, como en los viejos tiempos, pero no sería una pelea
y para casa, tendría que luchar contra dos como mínimo, y a si lo hizo, a pesar de la
falta de entrenamiento consiguió vencerles casi sin problemas, algún que otro golpe si
se llevó, pero no dejarían marca.
- Has estado increíble para el tiempo que llevas sin hacerlo - dijo Ted.
- Eso nunca se olvida, y mas si pienso quién lo puede pagar si no lo hago bien.
- Te entiendo.
- Ted, si el día de la pelea... pierdo, prométeme que te llevarás a Ray de aquí.
- Tienes mi palabra.
- Gracias.
- No me las des, se cuánto significa ella para ti.
- Bueno, será mejor que vuelva ya a casa.
- Vale, nos vemos mañana.
- Si, hasta mañana.
- Hasta mañana Sam.
La morena se fue hacia la casa, estaba muy cansada, sus músculos estaban resentidos,
los sentía pesados, pero tenía que aguantar y no quejarse para que Ray no se diera
cuenta de nada.
Una vez entró en la casa, se dirigió hacia el salón, hay pudo ver a una rubia
acurrucada en el sofá dormida, y encima de la mesa una tarta de chocolate, sin poder
evitarlo Sam se dirigió hacia el sofá, acercando su rostro al de Ray le dió un tierno
beso en los labios, Ray fue abriendo los ojos muy despacio, hasta que su vista se
aclaró y pudo ver los ojos azules... sus ojos azules.
- Hola... - dijo Ray con la voz risueña.
- Hola mi amor...
Sam la besó mas profundamente, Ray la rodeó con los brazos hasta tumbarla encima suya,
se besaron durante un largo rato.
- Mmm, te he hechado tanto de menos...
- Y yo a ti, pero ya estoy con mi niña - dijo sonriente la morena - que además me a
hecho mi postre favorito mmm.
La morena empezó besarla por el cuello, Ray no podía parar de reír.
- Ese es tu postre favorito?
- Tu eres mi postre favorito.
- Jajaja, yo no tengo chocolate.
- A no?
La morena cogió un poco de chocolate de la tarta con un dedo y se lo extendió por el
cuello, Ray se empezó a reír, Sam lamía, y chupaba todo el chocolate en el cuello de
la rubia.
- Yo diría que si que tienes chocolate - dijo sonriente Sam.
- Jajaja, te quiero - dijo muy feliz a la vez que la besaba.
- Mmm, que tal si vamos a la cama y sigo disfrutando de mis dos postres favoritos?
- Me parece una idea estupenda - dijo riéndose.
Tras amarse profundamente como cada noche se rindieron a los brazos de Morfeo.
Eran las ocho de la mañana, Sam apenas podía moverse, aparte de que Ray estaba encima
de ella le dolía mucho el cuerpo, tenía que levantarse para ir a trabajar ya, muy
despacio fue saliendo de debajo del cuerpo de la rubia, casi lo había conseguido pero
la voz de la rubia la hizo saber que no fue asi.
- Ya te vas?
- Si, tengo que ir ya a trabajar, tu hoy entras mas tarde no?
- Si, una hora mas tarde.
- Pues entonces sigue durmiendo, pero no te quedes dormida.
- Prefiero no correr el riesgo, te vas a duchar ahora?
- Si, solo tengo quince minutos, acaso quieres venir? - preguntó divertida.
- Que pregunta...
La rubia se puso de pie y arrastró a la morena hasta el baño, entre besos y risas se
quitaron la ropa la una a la otra y se ducharon, casi les habría venido mejor una ducha
de agua fría, una vez salieron y se vistieron Sam hecho a correr porque no llegaba.
- Me voy ya que todavía no llego!
La morena se paró donde Ray y la besó apasionadamente, al ver que no se separaba la
rubia empezó a reirse en sus labios y a intentar separarse de ella.
- Sam, mmmm, Sam que... mmmm.
Ray no podía hablar ya que los labios de Sam tapaba los suyos, cuando por fin consiguió
apartarse lo suficiente para hablar vio la sonrisa juguetona de Sam.
- Vas a llegar tarde!
- La culpa es tuya!
- Mia?????????
- Claro que si!, tienes unos labios perfectos, normal que no pueda dejar de besarlos!
La morena la dió una rápido beso y salió corriendo con una gran sonrisa, cuando Ray
pensó que ya se había ido vió como la cabecita de Sam asomaba por la puerta.
- Y no olvides que te quiero!
Tras un guiño de ojo Sam se fue ya a toda carrera, esto también la serviría para su
entrenamiento.
Ray rió para si misma y susurró.
- Te acabas de ir y ya te hecho de menos... esta noche iré a verte...
Tras decir eso cogió sus cosas para ir al trabajo, cada día mas feliz, estar con Sam
era lo mejor que la había pasado en la vida. Ray de lo que si estaba muy segura era de
que no podía estar tanto tiempo separada de Sam, y por eso esta noche iría a hacerle
una visita.
Continuará...