AMOR CALLEJERO

Eugenia

Quinta parte

La morena la miró atentamente, había extrañado tanto esos ojos verdes...

- Ray... hola.
- Hola.
- Querías algo?
- Bueno... yo quería explicarte lo de Armando y...
- No tienes que explicarme nada... es tu vida.
- Asi es.
- Eres feliz?
- Si...
- Pues es lo único importante.

La morena acabó de quitarse las vendas, sus nudillos estaban algo morados, la morena se levantó con la intención de irse.

- A dónde vas? - dijo la rubia.
- Tengo que ir a hacer unas cosas.
- No puedes esperar a que terminemos de hablar?

La morena la miró, quería salir de allí cuanto antes, pero tampoco podía negarle nada, de repente Ted se acercó hasta Sam.

- Perdona Sam... me han dado esto para ti - dijo ofreciéndola una carta.
- Quién?
- No lo se, no la conocía.

La morena abrió la carta y leyó su contenido.

"Pensabas que te ibas a librar de mi?, lo siento, pero ya me han soltado y se dónde estas... por cierto, también se dónde esta tu amiguita..."

La morena estrujó el papel en su mano llena de rabia, es que nunca la iba a dejar en paz?

- Ted... esta carta te la dio una mujer... grandota y muy musculosa?
- Si, asi es.
- Mierda! - la morena dio un puñetazo a la pared.

La rubia no entendía lo que pasaba, estaba preocupada por la morena y quería saber que era lo que pasaba.

- Sam, qué es lo que pasa?
- Nada - dijo fríamente.
- Nada?, y por eso vas pegando puñetazos a las paredes?
- Ya te he dicho que no pasa nada, será mejor que te vayas!

El tono de su voz se había alzado, la rubia no creía que la estuviera tratando asi, con los ojos humedecidos la miró y le habló

- Está bien, si es lo que quieres me iré, pero no esperes verme nunca mas!

Dijo a la vez que rompía a llorar y salía corriendo.

- Ray!

La morena hecho a correr detrás de ella, cuando por fin la alcanzó la agarró del brazo.

- Espera!
- Qué quieres?, no querías que me fuera?, pues eso hago!, una vez me pediste que me fuera y lo hice, pero volví, pero ésta vez no!, no volveré mas, no dejaré que me rompas mas el corazón entiendes?

La morena la hizo callar cuando la rodeo con sus brazos y la abrazó con todas sus fuerzas, apretándola contra si, había esperado tanto para sentir ese contacto...

- Perdóname, lo siento, es que... no quiero que vengas aquí, este sitio es muy peligroso, y mas a estas horas.

La rubia lloraba desconsoladamente en el pecho de la morena, empezó a rodearle la cintura y la abrazó con todas sus fuerzas.

- Por qué quieres alejarme de ti?
- Porque estar conmigo es peligroso.
- Pero yo quiero estar contigo! - dijo llorando.
- Pero tu ya tienes un compromiso... - dijo con mucha tristeza.
- Y no podemos ser amigas?
- Yo...
- Por qué lo dudas?, el día que fui a verte a la cárcel dijiste que ya no me querías.
- ... menti.
- Qué? - la rubia se separó un poco de ella para mirarla a los ojos.
- Que te mentí... - dijo agachando la mirada.
- Por qué?...
- Porque... me amenazaron con que si no te dejaba de ver te harían daño.
- No... - la rubia comenzaba a llorar otra vez.
- Por favor, no llores, lo siento, no quería que te hicieran daño.

Sam volvió a abrazarla y apretarla mas contra ella.

- Perdóname por esto que te voy a decir pero... te quiero mas de lo que podía imaginar, no he dejado de quererte ningún día de mi vida.

La morena se fue separando muy despacio y se fue acercando a su rostro, los ojos de Ray estaban humedecidos, Sam la miró unos instantes antes de rozar sus labios con los de Ray, poco a poco fuero presionando sus labios, hasta que sus bocas se abrieron y dejaron paso a sus lenguas que tanto se habían extrañado, en ese beso se dieron todo el amor que en estos años no pudieron, sus labios ardían de pasión al igual que sus lenguas.

A Ray le vino la imagen de Armando por un momento y sin pensarlo se separó rápidamente, miró a Sam y se puso a llorar.

- Dios... no me hagas esto Sam, yo... yo ya no puedo estar contigo, estoy con Armando y no quiero engañarlo.
- Le quieres?
- Si... le quiero.

Sam dejó caer los brazos en forma de derrota, las lágrimas luchaban por salir, pero Sam no lo permitiría.

- Entonces... te deseo todo lo mejor, que seas muy feliz Ray... adiós.

La morena se dió la vuelta y empezó a caminar, Ray no pudo moverse, se quedó mirando como se iba, ella quería a Armando, pero no lo amaba, deseaba con todas sus fuerzas estar con Sam, pero algo la decía que no iba a ser posible, con el corazón roto ambas se fueron pos caminos separados.


Había pasado una semana, Ray seguía con Armando, aunque no pudo olvidarse de Sam, ambos paseaban tranquilamente.

- Oye Ray, que te parece si vamos a por un helado y de paso vemos a tu amiga?
- No, no me apetece ninguna helado.
- Pero a mi si!, anda acompáñame.
- No tengo ganas Armando, ve tu si quieres.
- Joder solo te estoy pidiendo que me acompañes a por un helado, no creo que sea pedir mucho! - dijo alzando la voz.
- No vuelvas a gritarme!

Armando la agarró por los brazos con fuerza y se acercó mas a su rostro.

- Escucha, si te digo que vamos a por un helado es que vamos a por un helado, y si te levanto la voz es por que me obligas estúpida.
- Serás cabrón!, suéltame!
- Ya me has cansado.

Armando la soltó y la dio una bofetada, a Ray se le quedó todo el papo rojo, le ardía toda la mejilla, quería llorar, pero no sabía por qué no podía.

- Y ahora vamos! - dijo mientras la tiraba del abrazo.

Una vez llegaron a la heladería ambos entraron, Ray no quiso mirar, asi que estaba con la cabeza agachada, en el mostrador esta vez no estaba Sam, la señora parecía la dueña de la heladería, una vez le sirvió lo que quiso les dijo que esperaran un momento que tenía que ir a por cambio, ambos esperaban totalmente en silencio, de repente la puerta se abrió dejando ver a una Sam con bastante prisa, entró corriendo casi sin mirar.

- Perdona por la tardanza Carol!...

Cuando la morena vio quien estaba allí se paró en seco y se les quedó mirando, Armando se dió la vuelta y la saludo.

- Ah!, hola Sam, que tal estas.
- Hola, bien, gracias - dijo fríamente.
- Oye Ray, no vas a saludar a tu amiga?

La rubia ni le contestó ni se movió de su posición.

- Te estoy hablando Ray! - dijo alzando un poco la voz.
- Ya te dije que no me gritaras.
- Y yo qué te dije?!

Dijo él perdiendo los nervios ya, la agarró de los brazos nuevamente y la empezó a batuquear.

- Qué te dije? Vamos contesta!
- Me haces daño!

En ese momento Ray vió como el agarre de Armando se rompía y el estaba siendo sostenido en el aire, levantó la vista y vio a la morena levantándolo por el cuello.

- Si le vuelves a poner un dedo encima... te mato - dijo la morena a pocos centímetros de su rostro.
- Bájame!, es... túpida - dijo casi sin poder respirar.

La morena lo soltó, Armando se puso a toser, cuando se recuperó encaró a la morena.

- No vuelvas a tocarme estúpida.
- No lo haré si tu no la tocas a ella.
- Lo que yo haga no es asunto tuyo.
- Ella es asunto mío, por tu bien... ten cuidado.
- Ya basta por favor! - dijo la rubia - vámonos ya.
- Si, vamos!

Armando salió primero de la heladería, Ray se iba a ir pero Sam la agarró del brazo, la rubia olvidó por completo el golpe que había recibido en la mejilla y aun se notaba, levantó la cabeza para mirarla a los ojos, Sam los abrió mas al ver la mejilla de la rubia, soltándola del brazo subió su mano hasta acariciarla la mejilla golpeada, a Ray se le humedecieron los ojos, antes de que Sam se acercara mas Ray salió corriendo de allí, la morena quería ir detrás de ella, pero sabía que no debía hacerlo.


Ya había pasado un mes, Sam entre su trabajo y las peleas consiguió dinero suficiente para alquilarse un piso, no era gran cosa, pero se podía vivir bien en él. No había conseguido saber nada de Ray, fue varias veces hasta su casa para ver si la veía salir o algo, pero no logró verla, estaba preocupada pensando que podía haberla pasado algo.

Ray estaba tumbada en su cama, no podía dejar de pensar en Sam, durante este último mes había sufrido las agresiones de Armando, quería alejarse de él, pero no podía, le había amenazado, hoy iba a pasar a por ella, quedaban diez minutos pero aun no se había arreglado, no tenía intención de salir, tenía el cuerpo dolorido y la cara amoratada. El timbre de la puerta empezó a sonar, pero Ray no tenía intención de abrirla, el timbre dejó de sonar, de repente sonó el teléfono de su habitación, Ray lo cogió sin pensar con la ilusión de que fuera otra persona.

- Si?
- Se puede saber por qué no me abres?
- Ah... no oí el timbre.
- Pues sal y abre la puerta.
- Es que... estoy en la cama, hoy no podré salir.
- Claro que saldrás, vamos!
- No... adiós.
- Ahora verás!

Armando colgó y Ray empezó a oír como alguien golpeaba la puerta, parecía que intentaran derribarla.
Sam iba de camino a casa de Ray para ver si la veía, pero para su sorpresa vió la Armando dándole una patada a la puerta consiguiendo asi abrirla, cuando vió que entraba en la casa sin pensarlo dos veces hecho a correr.

Ray estaba muy asustada en su habitación, oía como subian las escaleras, era un paso firme y fuerte, cada vez estaba mas cerca, hasta que por fin entró en su cuarto, Armando tenía cara de pocos amigos, se paró en el marco de la puerta y acto seguido se acercó hasta donde estaba ella.

- Vamos levántate!
- Ya te he dicho que no!

Armando la dió una bofetada y la dejó tirada en la cama, Ray sangraba por la nariz.

- Si no vienes te haré daño!

Ray no podía dejar de llorar, consiguió levantarse, cuando vio la cara de Armando intento huir pero no lo consiguió, Armando la cogió y la tiró al suelo, se sentó encima de sus caderas, la volvió a golpear en la cara y después le arrancó la camisa dejándola en sujetador.

- Si no quieres venir... nos lo pasaremos bien aquí!
- Noooooo!, déjame!, por favor!.

Armando se disponía a quitarle el sujetador cuando sintió una fuerte patada en la cara, cayó a un lado de Ray incosciente, la rubia aun no había abierto aun los ojos, de repente unos brazos fuertes la rodearon, unos brazos que Ray ya conocía, abrió los ojos como platos y se encontró con esos ojos azules que tanto deseaba ver.

- Sam!
- Tranquila, ya ha pasado todo.

Ambas se abrazaron fuertemente, Ray no podía dejar de llorar, Sam la acunaba en sus brazos hasta que consiguió calmarla.

- Estas bien? - preguntó la morena.
- Ahora si - dijo acariciando una de las manos de Sam - como sabías que estaba en peligro?
- He venido cada día para ver si te veía, y justo vi al desgraciado ese dando una patada a la puerta de tu casa.
- Sam...

Las lágrimas se volvían a asomar, Sam la dio un beso en la mejilla y la siguió acunando entre sus brazos.

- Tranquila, no dejaré que te hagan mas daño.
- No me dejes... - dijo llorando en el pecho de la morena.
- Jamás.

Tras conseguir calmarla Sam la cogió en brazos y la puso encima de la cama.

- Espérame aquí vale?, ahora vengo.
- Dónde vas?
- Tengo que sacar la basura - dijo con una sonrisa.

Sam se acercó hasta el cuerpo de Armando, lo agarró de un brazo y lo fue arrastrando hasta fuera de la casa, lo dejó en la mitad de la calle, cuando volvió a la casa vió a la rubia tal y como la había dejado, se acercó hasta ella y se sentó a su lado.

- Ray, será mejor que nos vayamos de aquí.
- Y dónde vamos a ir.
- A mi piso, he conseguido alquilarme uno.
- Es que... no quiero salir asi... mírame..

Sam se acercó lo suficiente a ella como para pegar su frente con la de la rubia.

- Ray eres preciosa, por muchos moratones que tengas nadie podrá quitarte tu belleza - la acaricio la cara.
- Sam abrázame.

La morena obedeció y la abrazó durante un rato, después ambas fueron hasta el piso de Sam que no estaba muy lejos, una vez llegaron Ray se sentó en el sofá del salón y a su lado Sam.

- Dime, dónde mas te duele?
- Me duele todo el cuerpo.
- Tienes mas moratones quitando los de la cara?
- Si... - la rubia se subió un poco la camisa.
- Dios...

Sam quedó aterrorizada por como estaba Ray, en ese momento pensó en ir y matar a ese desgraciado, pero no podía dejar sola a Ray.

- Prepararé agua caliente, eso te ayudará.
- Gracias por todo Sam... no se que haría sin ti.

La morena se agachó y la dió un beso en la frente.

- No tienes que agradecerme nada, espera, ahora vengo.
- Vale.

La morena fue a llenar la bañera, sabía que esto le iba a doler mucho, ya que ella ya había pasado por ello, pero no la dejaría sola, una vez se llenó la bañera Sam sacó ropa suya limpia para que se la pusiera Ray.

- Ray, el baño ya esta listo.
- Gracias.
- Si necesitas algo avísame.
- Lo hare - ambas se dedicaron una sonrisa.

Ray se fue quitando la ropa, lágrimas caían por sus mejillas al ver como estaba su cuerpo, una vez se quitó la ropa se quedó frente al espejo, no podía seguir mirándose, cerró los ojos llenos de lágrimas y se abrazo a si misma, le dolían todas sus heridas y no sabía si sería capaz de hacerlo sola. Un cuerpo cálido se pegó al suyo por detrás, unos brazos fuertes la rodearon y unos labios suaves acariciaron sus hombros, Ray se dejó llevar y apoyó su cuerpo en el que tenia detrás, ambas estaban desnudas, sintiendo la calidez de la otra, un susurro llegó hasta los oídos de Ray.

- Estaré contigo... hasta el final.

La morena la cogió en brazos y con mucho cuidado se fue adentrando en la bañera, el agua cada vez cubría mas sus cuerpos y algún quejido que otro salía de la garganta de Ray.

- Tranquila... ya casi estamos.

La morena la calmaba con sus palabras, una vez el agua cubrió sus cuerpos Sam acomodó a Ray entre sus piernas y sus brazos, ésta se apoyó de lleno en su cuerpo.

- Estas bien?
- Escuece un poco.
- Lo se...

Sam empezó a masajear sus brazos para que se le fueran relajando los músculos, subió hasta los hombros, Ray cada vez se relajaba mas, sus manos acariciaban sus costados y su vientre, Ray subió sus brazos y los pasó por detrás del cuello de la morena haciendo que sus mejillas se juntaran.

- Sam... te quiero - dijo casi en un suspiro cuando la morena rozó uno de sus pezones.
- Yo también te quiero Ray.

La rubia giró la cabeza para mirar a los ojos a Sam, tras mirarse unos instantes Sam acercó su rostro al de Ray juntando sus labios en un suave beso, Sam rodeo a Ray como si fuera un cinturón de seguridad, un brazo por su cintura y el otro entre sus pechos hasta que su mano quedo sobre su hombro, ambas se mordisqueaban los labios, aun sus lenguas no habían entrado en contacto, poco a poco la lengua de Ray fue pidiendo permiso para entrar, gustosamente la morena dejó paso para que sus lenguas de fuego se juntaran y formaran una gran llama, la llama de la pasión.

Continuará...


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