AMOR CALLEJERO

Eugenia

Cuarta parte

Sam estaba tumbada en su cama, con una sonrisa miraba las cartas, las había leído una y otra vez, en ella podía ver el amor de Ray, la angustia, la necesidad, estaba deseando verla, hablarle, abrazarla. Cerró los ojos y lo primero que vió en su mente fue la sonrisa y esos ojos verdes, con una amplia sonrisa se quedó dormida abrazada a las cartas.


Por fin llegó el día, Ray estaba muy nerviosa, salió de casa para irse con Ted que la estaba esperando fuera, había estado toda la noche pensando que la diría a Sam, deseaba abrazarla, eso era lo que mas claro tenía.

- Hola Ted, qué tal?
- Hola pequeña, bien, nerviosa?
- Mucho!
- Jajaja, Sam está deseando verte.
- Y yo a ella - dijo tímidamente.
- Venga, vamos.
- Si.

Ambos se pudieron en camino con destino a la prisión donde estaba Sam.


Una morena de ojos azules estaba en su celda haciendo abdominales como hacia cada mañana, de repente sintió una gran presión en el estómago, la misma mujer que le había robado las cartas ahora estaba presionando su estómago con el pie.

- Dejemos las cosas claras, no quiero que esa rubita se acerque por aquí, no quiero que te que llame, ni que te escriba, asi que mas vale que te despidas de ella si no quieres que... sufra un accidente.
- No... te... atrevas ha... hacerle daño...
- Pues si no quieres que nada malo le pase despídete de ella, que no vuelva mas por aquí, que no te llame, que no te escriba, esta claro?

Sam solo la miraba con odio, sabía que tendría que hacerlo si no quería que nada malo la pasara.

- Está claro?
- Si...
- Asi me gusta... jajajaja.

La mujer le golpeó el estómago dejando a Sam si aire, una vez que salió de la celda, Sam se levantó con una mano en el estómago y se tumbó en la cama, se puso a pensar en lo que acababa de pasar, pero cómo la diría a Ray que no quería verla mas?, le haría mucho daño, pero si no lo hacía podría pasarle algo, y lo primero de todo era su seguridad, de repente un guardia entró en la celda.

- Vamos Sam, tienes visita.
- Quién es?
- Lo verás cuando este allí.

Extrañada Sam siguió al guardia hasta la sala de visitas, una vez que entró en la habitación sus ojos chocaron con unos ojos verdes, humedecidos por las lágrimas a punto de salir, pero muy intenso, Ray la miraba a la vez que empezaba a dar pasos, Sam empezó a andar, pero sus pasos tranquilos se volvió en una carrera desesperada, ambas se abrazaron con todas sus fuerzas, la rubia hundió la cara en el pecho de Sam y comenzó a llorar.

- Sam... Dios, te he echado tanto de menos!!!
- Ray... - la morena la apretó mas contra ella - perdóname por no contestar a tus cartas, alguien ha estado manipulando todo esto y no las llegué a recibir.
- No pasa nada Sam, lo importante es que ahora estamos juntas... otra vez.
- Ray, hay algo que tengo que decirte - dijo la morena separándose de ella.
- El qué?
- No... no quiero que vengas mas...
- Qué estas diciendo? - preguntó confundida.
- Que no quiero que vengas mas aquí, no me escribas y tampoco me llames.
- Pero... por qué?, qué pasa?, he hecho algo mal?, vamos dímelo! - dijo llorando.
- No, no has hecho nada - la morena le dió la espalda para que no viera sus lágrimas - simplemente ya no siento lo mismo por ti, quería verte una vez mas para darte las gracias por todo... nada mas...
- No te creo.
- Eso... es problema tuyo.
- Mírame, mírame y dime lo que me acabas de decir mirándome a los ojos.

La morena no se giró, limpio sus lágrimas antes de que fueran vistas y endureció su rostro, tenía que aguantar, era por el bien de Ray.

- Sam!

Ray la giró y se la quedó mirando a los ojos, la mirada de la morena era fría, Ray no aguantó mas y la cogió de la cara con las dos manos y la besó profundamente, con fuerza, una vez que se separó volvió a mirarla.

- Mírame y dime que no ha significado nada para ti.
- ... lo siento.
- Que sientes qué!?, maldita sea, cuando nos hemos visto me has abrazado con el mismo amor con el que te he abrazado yo.
- Será mejor que te vayas ya.
- Yo no me iré a ninguna parte hasta que me mires y me digas que ya no me quieres, que el beso que te he dado no significa nada para ti!

Sam la miró directamente a los ojos y a la vez que habló una mano estrujó su corazón como si de una naranja se tratara.

- Ya... no te quiero...

Ray empezó a llorar tal vez como nunca lo había hecho, le habían roto el corazón por segunda vez, y se lo había roto la misma persona, Sam se moría por abrazarla y decirle que todo era mentira, que la quería mas que nunca, pero no podía.

Sin decir mas Ray se fue girando para irse, Sam aun tenía la duda de si estaba haciendo lo correcto, cuando Ray se disponía a salir de allí, Sam tiró se su brazo y la besó apasionadamente a la vez que la abrazaba, sus lenguas chocaban una y otra vez, cada vez con mas fuerza, ambas gemían en cada movimiento, Ray enredó sus dedos en la oscura cabellera y presionó mas, quería estar todo lo posible dentro de ella, se besaron hasta no tener aliento, aun lamían los labios de la otra, cuando se separaron Sam la dijo:

- Perdóname... tal vez algún día pueda explicártelo, adiós Ray...

La morena salió de allí dejando a una rubia totalmente confundida, no sabía que pensar, por qué le dijo eso?, y por qué la besó de aquella manera?, si no la quería como pudo sentir tanto amor con aquel beso?, la duda seguiría existiendo en su corazón.


Sam estaba en su celda, tumbada en su cama, las lágrimas caían de sus ojos, quería a Ray con todas sus fuerzas y la idea de estar tanto tiempo sin saber nada de ella, sin decirle que la quiere... era doloroso, pero mas doloroso era pensar que ella rehaga su vida con otra persona, eso le destrozaba el alma, siempre guardaría la esperanza da estar con ella otra vez.


El tiempo fue pasando, Sam tuvo el suficiente para entrenarse, para pensar, para estudiar y sobre todo para amar, habían pasado dos años, y seguía amando a Ray, no había pasado ni un día sin que pensara en ella, ahora era una mujer mas fuerte, tanto física, como mentalmente, aunque también se había vuelto mas tierna, mas amble, mas romántica, hoy le daban la libertad, por fin... después de tanto tiempo, Sam había tenido muchos problemas con aquella mujer, antes de salir de allí ella le juró que cuando saliera iría por ella.


Sam ya estaba fuera, con una amplia sonrisa se dirigió al que antes era su hogar, aunque aquel sitió no le traía buenos recuerdos, seguramente Ted estaría por allí aun con los luchadores haciendo apuestas. Una vez que llegó tal y como pensaba allí esta su viejo amigo.

- Ted...
- Sam!, que sorpresa, por fin te soltaron?
- Tu qué crees?
- Jajaja - ambos se dieron un abrazo.
- Qué tal te ha ido?
- No me puedo quejar, aunque aun no he encontrado un luchador tan bueno como tu.
- No hay un luchador mejor que yo - dijo guiñándole un ojo - por cierto... sabes algo de...
- La vi hace poco, esta hermosa, sigue viviendo en el mismo sítio, ve a verla.
- No se... no creo que quiera verme.
- No pierdes nadada por intentarlo.
- Tal ve... tienes razón, iré a verla.
- Entonces buena suerte.
- Gracias... la necesitaré.


La morena se fue a casa de Ray, estaba muy nerviosa, no sabía que reacción podría tener, pero ella la amaba, y estaba dispuesta hacer lo que fuera por recuperarla. De camino a casa de Ray vio una heladería en la que se decía que se necesitaba personal, Sam entró para ver si podía conseguir trabajo, afortunadamente la señora de allí era una mujer muy amable y la dió el puesto. Sam ya estaba algo mas animada, ya tenía trabajo y ahora solo esperaba que Ray aun la amara.


Una vez que llegó se paró delante de la casa, le temblaban las piernas, pero pensó que era ahora o nunca, con mano temblorosa llamó a la puerta, no tardaron en abrir, el padre de Ray ya estaba frente a ella.

- Hola señor...
- Sam... será mejor que te vayas de aquí.
- Por favor, permítame hablar con Ray un momento.
- Ya le hiciste bastante daño en su día, vete y no vuelvas.
- Entiendo... al menos dígame si ella esta bien.
- Si, ahora esta mejor.
- Gracias, perdone las molestias.
- Adiós Sam.

Sam se fue de allí abatida, tenía tantas ganas de volver a verla, por un momento alzó la vista y miró la ventana de la habitación de Ray, en ese momento la rubia miraba por la ventan, sus ojos se abrieron como platos al ver aquella figura, no logró reconocerla, pero a primera impresión parecía ella, Sam no logró verla, asi que se dio la vuelta y se fue, Ray miraba atentamente a aquella mujer, se parecía tanto a ella... se había puesto nerviosa, el corazón la latía muy deprisa, después de tanto tiempo, volvió a tener esa sensación que solo sentía cuando estaba con ella.


Ya era de noche, Sam se esta preparando para luchar, tenía que sacar algo de dinero, ya que no tenía ni para comer, Ted lo organizó todo, una vez que llegó la hora de la pelea Sam vestía con sus prendas mas cómodas, un top, pantalón corto, y unas vendas en las manos y en los pies, se ve que los años en la cárcel no le habían hecho perder su forma, ahora tenía los músculos algo mas marcados, tampoco exagerado, pero se veía mucho mas en forma que antes.

El otro luchador era un hombre con bastante músculo, pero a Sam no le costó nada derribarlo, con solo dos patadas lo dejó en el suelo, Ted se había sorprendido, se nota que había estado entrenando. Ted le dió su dinero y ambos se despidieron, a Sam no le quedaba otra que pasar la noche como en los viejos tiempo, entre cartones.


Un día nuevo llegó y con él, el primer día de trabajo, a Sam no se le daba mal del todo servir helados, le costaba un poco coger bien una bola, pero poco a poco le iba saliendo, ya había pasado una semana, hoy Sam le tocaba trabajar turno completo, tras una dura mañana Sam se sentó un rato para descansar, de repente las puertas se abrieron y una risa muy familiar entró por los oídos de la morena, su corazón se agitó y su respiración se hizo mas profunda, alzó la vista y pudo ver una rubia de pelo corto y ojos verdes, unos ojos que no fue capaz de olvidar en todo este tiempo, estaba preciosa, mas que antes, ahora parecía mas mujer. Sam miró a su lado y pudo ver que iba de la mano de un chico, ambos sonreían, parecían felices..., Sam tenía muchas ganas de llorar, pero se tuvo que contener, carraspeando un poco para aclararse la voz Sam les preguntó:

- Qué les pongo?

Aquella voz... la rubia sintió que se mareaba, su corazón se paró por unos instantes, le pareció tan increíble que tuvo que alzar la vista para verlo con sus propios ojos, después de tantos años sus miradas se volvieron a entrelazar como si fuera la primera vez, ninguna podía hablar en es momento. El chico que iba de la mano de Ray dejó de sonreír y se fijó como Ray y aquella chica se miraban.
Tras mirarse unos instantes la rubia fue la primera en hablar.

- Sam...
- Hola... Ray.
- La conoces? - preguntó el chico.
- Si...
- Nos conocemos - dijeron ambas a la vez.
- Pues encantado, yo soy Armando, el novio de Ray.

Tras decir eso Ray apartó la mirada y agachó la cabeza, soltó la mano de su compañero y ese gesto no pasó desapercibido para Sam.

- Qué os pongo? - preguntó la morena en un tono frío, pero abatido.
- Yo quiero un cucurucho de chocolate, y tu cariño?

Dios como le dolía a Sam todo aquello, que la llamara cariño, que la cogiera de la mano...

- Yo... quiero uno de limón.

Sam preparó los helados, primero le dio el suyo a Armando y después le ofreció a Ray el suyo, ésta estiró su mano para cogerlo, sus dedos se rozaron por primera vez, y sus miradas se juntaron nuevamente, el contacto permaneció unos instantes, Ray cogió el helado y la apartó.

- Cuánto te debo? - preguntó el joven.
- Nada... os invito yo.
- Vaya!, gracias - dijo el chico sonriente - bueno nos vamos, adiós Sam - dijo Armando.
- Adiós... - dijo la rubia sin dejar de mirarla.

Sam solo le contestó con una sonrisa amarga, Ray y Armando fueron hasta la puerta para salir, justo antes de cruzarla Ray se giró y miró a Sam una vez mas, una vez que se fue Sam se sentó para tranquilizarse, estaba feliz, triste, cabreada, estaba de mil maneras, cuánto le habría gustado abrazarla, pero las cosas habían cambiado, ya nada volvería a ser como antes.


Ya era de noche, Ray estaba tumbada en su cama, no podía dejar de pensar en Sam, después de tanto tiempo los sentimientos que pensó que habían desaparecido han vuelto y con mucha fuerza, necesitaba hablar con ella, pero no sabía dónde podría encontrarla, solo se le ocurrió un lugar. Un lugar que no le gustaba, pero si quería hablar con ella tendría que ir.


Ray ya estaba por aquellos callejones que no le gustaban nada, se dirigió de donde venia todo el bullicio, metiéndose entre la gente para ver el espectáculo allí la pudo ver nuevamente, con su traje de lucha, ahora tenía mejor cuerpo que antes, Sam daba un combo de patadas y puñetazos a su rival, hasta dejarlo en el suelo, Ted salió al centro y la proclamó campeona de la pelea, la gente se fue yendo, dejando a una rubia cruzada de brazos por el frío, Ted y Sam la miraron, la mirada de Sam no duró mucho, la apartó enseguida, Ted se acercó para hablar con ella.

- Hola pequeña.
- Hola Ted, qué tal?
- Pues bien, ahora que vuelvo a tener a mi luchadora.
- Ted... por qué sigue luchando.
- Bueno, se ha buscado un trabajo honrado, pero necesita mas dinero para alquilarse un piso o algo, dormir todas las noche en un cartón no es muy cómodo - dijo riendo.
- Duerme en un cartón?. No tiene casa, ni una habitación ni nada?
- No, desde que la conozco siempre a vivido entre cartones, ahora esta ahorrando para alquilar aunque sea una habitación.
- Dios mío..., Ted si no te importa voy hablar con ella.
- Claro que no, ve.

Ray se acercó hasta Sam, que se estaba quitando las venda de las manos, Ray se paró delante de ella, buscaba su mirada desesperadamente y por fin la encontró, azul y verde se mezclaron.

- Sam...

Continuará...


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