AMOR CALLEJERO

Eugenia

Tercera parte

- SAAAAMMMMM!

El grito de Ray fue pánico total, el hombre que la iba a dar con el bate decidió mejor cogerla presa, pasó el bate por delante de ella y empezó a estrangularla con él, Sam intentaba soltarse pero no podía, la tenía bien cogida, Ray intentaba soltarse del hombre para ir a ayudarla pero este no la dejaba.

- No intentes ir, te mataran pequeña.
- No me importa!, tengo que ayudarla.
- Estará muerta igual si te ve en peligro.
- Suéltame!

Un grito de Sam les llamo la atención.

- LLÉVATELA DE AQUÍ!
- SAAAAMMMMM!!!
- Tenemos que irnos, vamos!

El hombre empezó a forcejear pero fue inútil, Ray consiguió soltarse y correr hacia donde estaba Sam y aquel hombre.

- SUELTALA! - dijo Ray entre lágrimas.
- Vaya, vaya, qué tenemos aquí?, ésta es tu novia?

Le preguntó a Sam apretándola mas el cuello, por la presión esta vomitó sangre, casi sin respiración Sam consiguió decir:

- Ve... vete...

Estaba a punto de desmayarse por falta de aire.

- DEJALA!, COJÉEME A MI SI QUIERES, PERO DEJALA YA!
- Acepto el cambio.

El hombre soltó a la morena dejándola tirada en el suelo tosiendo, inmediatamente agarró a Ray.

- Creo que tu y yo nos lo pasaremos bien... jajajaja.

Sam levantó la vista y vio como ese hombre se la llevaba y ella le gritaba al hombre que la trajo hasta aquí.

- Por favor, cuida de Sam!, no dejes que siga en esto!

La rubia miró a Sam que estaba en el suelo sangrando mucho.

- Te quiero Sam... no lo olvides.

Las palabras y las lágrimas de la rubia fueron como puñales en el pecho para Sam, la rabia y el amor la hizo olvidarse de sus heridas, se levantó con gran agilidad y echó a correr hacia el hombre.

- SUELTALAAAA!!!!!!!

El hombre tiró a Ray a un lado para recibir la embestida de Sam, que se le echó encima, los dos cayeron al suelo y comenzaron a rodar mientras forcejeaban, el hombre acabó encima de Sam, empezó a golpearla en la cara sin piedad, no había sitio en la cara de Sam donde no hubiera sangre, los ojos se la estaban poniendo en blanco, Ray aterrorizada por ver asi a Sam, corrió hasta el hombre tirándose encima de el, pero este de un golpe en la cara se la quitó de encima, Sam lo vio como pudo, una serie de imágenes con todas las expresiones de Ray, de todo el tiempo que estuvieron juntas pasó por su mente, cuando reía, cuando se enfadaba, cuando lloraba, cuando ponía morritos, cuando veía un helado... esas imágenes quedaron grabadas en su mente y... en su corazón, vuelta a la realidad Sam le dio un tremendo puñetazo el hombre que hizo que este se quitara de encima, el hombre rodó hacia a un lado y sacó de su cintura una pistola, apuntando a Ray que estaba en el suelo el hombre hizo detenerse a Sam.

- Si te acercas la mataré.
- Suelta la pistola - dijo la morena.
- Y si no qué?, la vida de esta perra no vale nada - dijo mirando a Ray.
- Tal vez para ti no, peor para mi si, déjala irse.
- Despídete...

El hombre agarró con mas firmeza la pistola y apuntó directamente a la cabeza de Ray, estaba a punto de disparar cuando Sam sacó una pistola y le disparó directamente a la cabeza. El hombre cayó redondo al suelo sangrando de la cabeza, Ray estaba impactada por lo que acababa de ver, miró hacia la morena... miraba hacia abajo, sus brazos colgaban en forma de derrota total, en una de sus manos aun estaba la pistola, pero que en pocos segundos no tardó en caer el suelo, Sam cayó de rodillas al darse cuanta de lo que acababa de hacer, había matado a un hombre, eso significaba la cárcel.

Ray sangraba del labio, con los ojos llenos de lágrimas se acercó corriendo hasta donde estaba Sam, se arrodilló delante de ella, Ray con una mano levantó por la barbilla la cara de Sam, sus ojos se encontraron, los ojos de Sam estaban nublados, había perdido ese brillo, parecían muertos.

- Yo... no... yo...

Ray no la dejó hablar, la abrazó con todas sus fuerzas, Sam la correspondió al abrazo, ambas estaban llorando la una abrazada a la otra, Ray gimoteaba palabras en el pecho de Sam.

- Lo siento tanto Sam... si no fuera por mi esto no...
- No digas eso!, esto no ha sido culpa tuya entiendes?, es mi culpa, yo soy la que esta metida en estos líos.
- Pero si yo no hubiera venido a buscarte...
- Habría dado igual, no te sientas culpable, hice lo que hice por salvar tu vida, y por ello no me importa tener que hacerlo una y mil veces.

Ray se separó lo justo para mirarla a los ojos, el brillo había vuelto, vio la sinceridad en ese azul mar, entre lágrimas Ray consiguió sonreír, tirándose nuevamente a sus brazos, ambas mujeres se quedaron a si por unos minutos, sintiendo la una a la otra.

Sam se separó despacio de ella y la miró a los ojos.

- Debes irte ya - dijo la morena con tristeza.
- Irme?, por qué?, ven conmigo - suplicó Ray.
- No puedo...
- Cómo qué no puedes?
- Yo...

Las sirenas de la policía anunciaba que se estaban acercando.

- No... por favor, dime que no vas a entregarte.
- Tengo que pagar por lo que he hecho - dijo suavemente.
- Pero no fue culpa tuya!, ven conmigo, te lo ruego!

Sam le acaricio la cara, con su pulgar limpio sus lágrimas, Ray agarró su mano y apoyó su cara en la palma de la mano de la morena, las sirenas se oían cada vez mas cerca.

- Ted llévatela de aquí - dijo Sam al hombre.
- Vamos pequeña, será mejor que no te vean o te involucraran.

El hombre la agarró y empezó a tirar de ella.

- No, no, no, por favor Sam!

Ray agarraba fuerte la mano de Sam pero poco a poco se fue soltando y Ray era alejada de ella por Ted. Ted y Ray ya estaban lo suficientemente lejos para que la policía no les implicara, estaban escondidos detrás de una columna para ver que pasaba.

La policía llegó y apuntando a Sam con las pistolas la obligaron a tumbarse en el suelo con las manos en la cabeza, los agentes se acercaron y la esposaron con las manos en la espalda, Ray estaba llorando, no quería separarse de ella, o al menos demostrarle cuanto la quería.

Ray hechó a correr con todas sus fuerzas para donde estaba Sam, los pasos de Ray le basta a Sam para saber que venía corriendo hacia ella, Sam se giró justo a tiempo para recibir los labios de Ray en los suyos propios, Ray la besaba apasionadamente, la abrazaba por el cuello, Sam no podía abrazarla pero la devolvió el beso con la misma pasión, Ray se apretó contra ella todo lo que pudo, quería grabar ese momento en su mente, paso a paso, quería recordar cada movimiento, cada tacto de sus lenguas, de sus labios, Sam quería lo mismo y por ello se entregó de lleno en ese beso, lo dio todo, su alma, su corazón, su cuerpo y sobre todo su amor, el amor que sentía por Ray, sabía que gracias a eso podría soportar lo que le tocaría pasar ahora.

- Has visto eso?, ni mi mujer me besa asi - dijo uno de los policías que lo estaba viendo todo.
- La mía tampoco... - dijo su compañero.

El beso fue acabando, Ray se separó muy despacio de Sam, aun se rozaban los labios, cada una había memorizado cada detalle de ese momento en su mente, los sabores de sus bocas ahora eran uno, no lo olvidarían jamás. Las dos se miraban fijamente, ninguna pudo decir nada, sus miradas lo decían todo, los ojos azules fueron arrebatados de los verdes cuando un agente tiró bruscamente de ella para llevársela, Sam miraba hacia atras, quería mirarla hasta el último momento, Ray tampoco dejó de mirarla. Sam ya estaba en el coche, miraba por la ventanilla para ver a su amor por última vez en mucho tiempo, Ray se acercó y pegó una sus manos a la ventanilla, Sam no podía ya que tenía las esposas por detrás de la espalda, solamente la sonrío, ella se la devolvió. El coche arrancó dejando a una Ray muerta de dolor y de alegría a la vez, por lo que acababa de suceder.


Llegó el día del juicio, Ray estaba en la sala acompañada de su padre, Sam estaba adelante, estaban apunto de decir el veredicto, instantes antes ella miró hacia atrás para ver esos preciosos ojos verdes, los encontró y eso fue todo lo que necesitaba en estos momento, la voz del juez sonó clara y firme.

- El jurado ha decidido que Sam es... culpable por asesinato, y la condena son tres años de cárcel y dos años de libertad bajo vigilancia policial.

Tras oír esas palabras Sam cerró los ojos, tres años, podría aguantar tanto?, Ray lloraba sin poder evitarlo. Cuando el guardia cogió a Sam para llevársela le pidió que la dejara despedirse de una persona, el aceptó, se acercó todo lo que pudo hasta Ray, estaba llorando, esos ojos verdes que tanto le gustaban estaban tristes... y por su culpa, el padre de Ray estaba detrás mirándolas, Ray se acercó quedando solo a unos centímetros de ella, Sam tenía las esposas puestas, pero esta vez las tenía adelante, agarró una mano de Ray, esta levantó la vista para mirar esos ojos por última vez en tres años.

- Te escribiré... - dijo Sam en un susurro.
- Mas te vale - dijo del mismo modo.
- Podrías hacerme un favor?
- Claro.
- Cuando salgas, podrís decirle a Ted que venga a hacerme una visita?, vive a cuatro manzanas de tu casa, es una casa vieja y pequeña.
- Cuenta con ello - dijo sonriéndole.
- Gracias...

Sam se estaba muriendo por besarla, pero no sabía si sería lo correcto con su padre ahí.

- Puedo... puedo abrazarte? - preguntó tímida la morena.

La rubia solo pudo llorar mas fuerte y tirase al pecho de la morena para abrazarla, Sam levantó los brazos y los pasó por encima de la cabeza de la pequeña, con las esposas no podía abrazarla de otra manera. Cuanto echarían de menos ese contacto, ese cuerpo, ese calor, Ray hundió su cara en el cuello de la morena, besó su cuello tiernamente, Sam la apretó mas contra si.

- Venga acaba de despedirte, tenemos que irnos - dijo el guardia.

Sam y Ray se separaron, se miraron muy de cerca y Ray tenía claro una cosa, y es que era que amaba a esa mujer y que no le importaba nada mas, se acercó mas a Sam y la besó, la morena se lo devolvió mas que encantada, el padre de Ray quería hablar pero no le salían las palabras, tras separarse el agente se llevó a Sam, Ray se giró para mirar a su padre, no sabría que le parecería lo que acababa de hacer.

- Serás capaz de esperar tres años? - preguntó el padre.
- Por ella... esperaré lo que haga falta.
- Entonces... cuenta con mi apoyo hija.
- Gracias....

Ray no pudo contener las lágrimas, su padre la abrazó y la acunó hasta que se calmo.

Una semana después, Ray recibió una carta de Sam, era imposible expresar tanta felicidad, nerviosa la abrió y empezó a leer:

"hola Ray!, qué tal estas?, espero que estés bien, yo a pesar de todo estoy bien, aquí tratan bien a los presos, aunque son todas presas. Te echo mucho de menos pequeña, solo puedo pensar en ti, tu pensamiento es lo único que me ayuda a estar aquí, a sobrevivir, porque aunque los guardias tratan bien a las presas, aquí cada una de ellas tienes sus reglas y sus terrenos, quiera o no tendré que utilizar la fuerza si quiero sobrevivir aquí, pero no te preocupes, estaré bien, me porto lo mejor posible, me ha tocado una compañera de celda que por lo menos ella parece algo normal, es amable conmigo y poco a poco nos vamos haciendo amigas, la he hablado de ti, ella es la única que sabe mi razón para vivir, para salir de aquí... qué tal vas con las clases?, alguien se mete contigo?, cuídate mucho vale? Y sobre todo recuerda que... te quiero Ray, un beso."

Sam.

De inmediato Ray se puso a escribir una carta para contestarla.

"Hola Sam!, yo estoy bien... bueno, echándote mucho de menos, cada día noto mas tu ausencia... me alegro de que al menos tengas una amiga, si pensar en mi te ayuda a sobrevivir no dejes de hacerlo, te quiero de nuevo conmigo y esta vez para siempre, prométeme que volverás, que no te meterás en líos?, Sam... si te pasara algo yo... por favor, vuelve conmigo, te necesito. Las clases me van bien y tranquila que nadie se mete conmigo, puedes estar tranquila. Te quiero Sam, un beso."

Sam estaba feliz después de a ver leído la carta, de inmediato ella escribió otra para mandársela, pero esta vez no obtuvo respuesta, volvió a escribirle pero nada, no entendía lo que pasaba, por que Ray no contestaba a sus cartas, la angustia se fue apoderando de ella, ya habían pasado dos meses y no sabia nada de Ray, las ganas de vivir se fueron esfumando y con ellas todas sus ilusiones.

Un día Sam recibió una visita, era Ted, les dejaron hablar a solas en una sala

- Ted!, cuanto me alegro de verte.
- Y yo a ti, oye...
- Dime.
- Qué pasa contigo?
- Como que, qué pasa conmigo?, a qué te refieres?
- Ray no deja de llorar, dice que ya no la escribes, que no contestas a sus cartas y que no quieres recibir sus visitas.
- QUEEEEEEEEE???????????

Sam no creía lo que oía, no entendía nada de lo que estaba pasando, necesitaba saber que era lo que sucedía.

- Pareces sorprendida - dijo Ted.
- Claro que lo estoy!, llevo meses escribiendo a Ray, pero nunca me devolvió la carta, cada uno de los putos días que llevo aquí me los he pasado pensando en ella!, pensé que ya no quería saber nada de mi - las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos.
- Claro que si!, ella esta igual de mal que tu, en tu carta la dijistes que te habías hechado una amiga, pensó que como la tenías a ella ya no la necesitabas - dijo apenado Ted.
- Oh dios mío!, algo esta pasando, alguien no quiere que sepamos nada la una de la otra.
- Eso parece...
- Ted, hazme un favor.
- Dime.
- Dile a Ray lo que está pasando, dile que la necesito mas de lo que se imagina, que la hecho muchísimo de menos, que quiero verla y que la quiero.
- Se lo diré.
- Otra cosa, dile que venga, pero ven tu con ella, si no le mentirán, yo siempre estaré dispuesta a verla.
- Muy bien, yo te la traeré.
- Muchas gracias por todo Ted.

Con un abrazo se despidieron, ahora Sam tenía que averiguar quien era la persona que les estaba haciendo eso, pero si algo tenía claro... es que era alguien de ahí dentro.


Ted fue a ver a Ray, tenía que contarle todo.

- Ted!, que sorpresa.
- Hola pequeña
- Dime, querías algo?
- Tengo algo que decirte.
- Dime.
- He ido a ver a Sam.
- Qué?!, la has visto?, qué tal esta?, por qué no responde a mis cartas ni nada?
- Tranquila, tranquila, Ray... ella esta igual de mal que tu, me a dicho que te ha estado escribiendo pero que tu no la contestabas ni nada, ella no a recibido tus cartas, ni la han avisado de sus visitas ni nada.
- Pero como...
- Sam me ha dicho que te diga que te hecha muchísimo de menos, que quiere verte, que te necesitas mas de lo que imaginas y que te quiere...

Ray no pudo aguantar las lágrimas, lloraba de felicidad y de tristeza, quería verla cuanto antes.

- Podemos ir mañana a verla?
- Claro, mañana mismo iremos.

Ray abrazó a Ted y lloraba de felicidad porque mañana por fin la vería.


Sam estaba paseando por al patio de la prisión, iba con su compañera de celda Carla, de repente un grupo de mujeres se puso delante de ellas, estaba claro quien era la líder, era una mujer que pasaba los dos metros de alturas, estaba cuadrada miraras por donde la miraras, era puro músculo, tenía alguna cicatriz que otra, pero a pesar de todo eso no consiguió intimidar a Sam.

- Quieres algo? - preguntó la morena con voz firme.
- Si, quiero matarte - dijo aquella mujer.
- Y que es lo que te he hecho yo para que quieras hacer eso?
- Solo llevas dos meses aquí y te crees que puedes hacer lo que te da la gana?
- Apártate.
- Tengo algo que podría interesarte.

Se metió la mano en el bolsillo y sacó unas cartas.

- Ésta que te escribe... debe ser tu novia no?, la pobrecita no entiende porque ya no le escribes - se empezó a reír y todas las mujeres que estaban con ella también.
- Dame eso... ahora.
- Y si no quiero?

La morena estaba perdiendo la paciencia, quería esas cartas y las quería ya.

- Por qué me las has robado?
- Porque sabía que esto era importante para ti, y se que harás lo que sea por ello.
- Cierto, haría lo que fuera por ello, lo que no entiendo es como has hecho para que no reciba visitas.
- Eso es muy fácil nena, coges a algún policía novato, le pagas, lo amenazas y hace lo que le mandas - dijo riéndose.

Sam se acercó hasta ella hasta encararla.

- Pues mas vale que no vuelvas a meterte en mis cosas o te arrepentirás.
- Quieres las cartitas de tu novia?
- Si.
- Pues pelea.
- No.
- Por qué no?, de qué tienes miedo?
- No voy a luchar, dame las cartas ya.
- Ya te he dicho lo que tendrás que hacer para conseguirlas.
- Muy bien...

Sam hizo amago de irse, pero de repente se giró y le dio una patada en el estómago haciendola caer de rodillas, Sam se acercó y cogió las cartas y se dio la vuelta para irse.

- Esto... no quedará asi... créeme.

Sam se fue a su celda para leer esas cartas que tanto había esperado...

Continuará...


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