En las calles mas peligrosas de un barrio... una alta mujer morena, de ojos azules se
encontraba rodeada por un multitud vitoreando. Un hombre musculoso y el doble de alto
que ella se encontraba delante de la morena en posición de ataque, la morena enarqueo
una ceja y con gran agilidad esquivó un puñetazo de aquel hombre, la morena combinó una
serie de golpes en el hombre, varios puñetazos y patadas. El hombre sangraba por toda
la cara pero no se rendiría, tras una sonrisa de burla de parte de la morena el hombre
se abalanzó sobre ella, con un acertado puñetazo en la cara de la morena hizo que esta
cayera de rodillas, el hombre le dio una patada en la cara haciéndola sangra por la
nariz como nunca había sangrado. Una vez recuperada del golpe... giró en una de sus
piernas dándole con la otra en la cara y dejándolo inconsciente. Un hombre salió de la
multitud proclamando a la morena la ganadora, le dio un fajo de billetes como premio.
- Otra vez la campeona... buen trabajo, nos veremos dentro de dos días.
- Bien... (fue lo único que dijo).
La morena se giró para irse de allí, sangraba por la nariz y tenía un ojo morado, ya
estaba oscureciendo, aquella mujer tan misteriosa se metió por un callejón adentrándose
entre las sombras.
Un nuevo día comienza para una bella joven de ojos verdes y pelo dorado, su corto pelo
la hacia aun mas hermosa, con una amplia sonrisa se dirigía al instituto, saludando a
todos sus compañeros que se iba encontrando por el camino. Una vez llegó... a lo lejos
vio al director acompañado por una estudiante, era mas alta que el, de cabello negro
azabache y de largo hasta la cintura, llevaba unas gafas que la cubrían los ojos. La
rubia se seguía acercando hasta donde estaba el director, el director avanzaba en
dirección a ella, una vez estuvo lo suficientemente cerca... con una sonrisa le dio los
buenos días, el director hizo lo mismo, la morena miraba al frente pero se dio cuenta
de que aquella mujer rubia no la quitaba ojo de encima y de giró para mirarla, la rubia
no pudo ver sus ojos pero sabía que detrás de esas gafas había una mirada fría, casi se
podría decir de desprecio. El director siguió su camino seguido por la alta mujer. Será
una nueva estudiante?, pensó la rubia. Una vez todos en clase ya... unos golpes a la
puerta interrumpieron la clase. La puerta se abrió y dio paso al director acompañado
por esa misteriosa chica, la profesora pidió silencio en la clase para que el director
pudiera hablar.
- Buenos días a todos, perdón por la interrupción, pero hoy a ingresado una nueva
estudiante en nuestro instituto y ha sido asignada a esta clase, espero que todos la
ayuden en lo que necesiten y se comporten como buenos compañeros. Bien ahora la señorita
María le dirá donde se sentará, eso es todo, buenos días.
Tras estas palabras el director salió de la clase. Aquella chica estaba delante de toda
la clase de pie, con la cabeza bien alta y aun con las gafas puestas. La profesora
María se puso a su lado nos empezó hablar.
- Bueno... primero bienvenida, ahora te importaría decirnos cómo te llamas?
- Sam (dijo secamente).
- Bien Sam, teniendo en cuenta que eres nueva que dejaré a cargo de Ray.
La rubia se sobresalto al escuchar su nombre, se puso de pie y asintió con la cabeza.
- Bien Sam, hay algo qué quieras decir?
- Si.
- Bien... te escuchamos.
- Si alguien intenta vacilarme lo lamentará.
- Bu... buenos pues ya queda todo dicho, ahora siéntate al lado de Ray.
La morena se sentó al lado de Ray, no se babía molestado en mirarla, Ray la miraba de
reojo, la morena se dio cuenta y giró para mirarla, con voz seca y fría la dijo...
- Tienes algún problema?
- No... ninguno.
- Y por qué me miras tanto?
- Curiosidad... supongo.
- Pues no seas tan curiosa, no me gusta que me miren.
- Perdona...
La profesora llamó la atención de la nueva joven.
- Sam...
- Si?
- Aquí no te haran falta las gafas.
- Siempre las llevo.
- Eres ciega?
- No.
- Entonces quítatelas.
Sam se quitó las gafas y dejó a la vista unos preciosos ojos azules. Ray la miró de
reojo, no alcanzó a ver el color de sus ojos, pero si pudo ver un moratón alrededor del
ojo, giró la cabeza con asombro para mirarla mejor, la morena que se percató de ello...
giró la cabeza también para mirarla frente a frente. Sus ojos se encontraron por
primera vez, unos ojos verdes se perdieron por esos ojos azules tan profundos, se
miraron unos instantes hasta que la profesora las sacó de su silencio.
- Vaya Sam... cómo te has hecho eso?
- Eso no es asunto suyo.
- Lo se... pero me gustaría saber por qué una de mis alumnas viene con un ojo morado.
- Ya le he dicho que no es asunto suyo, por favor no insista mas.
- Esta bien, pero ya hablaremos de esto.
La clase continuo tranquila hasta la hora del patio, todos los alumnos fueron saliendo
al patio, Sam no tenía prisa, así que espero a que salieran todos, una vez fuera se
sentó en un árbol, no le gustaba la compañía de nadie, así que estaba hay sola
contemplándolo todo. A lo lejos pudo ver a aquella chica rubia de ojos verdes. Vio que
estaba sola también pero no por mucho, dos chicos se la acercaron y a ella no parecía
agradarle. Vio como Ray se levantaba para alejarse de esos dos chicos pero ellos no
dejaban de seguirla, ella se paró en seco y empezó una discusión.
- Oye, por qué no me dejáis en paz?
- Por que eres muy guapa y queremos que vengas con nosotros (dijo sonriendo y mirando
a su compañero).
- Lo siento pero no pienso ir a ningún lado.
- Si no vienes por las buenas vendrás por las malas.
- Ah si? Y qué vais a hacerme?
Uno de los chicos la agarró de la muñeca y empezaron a forcejear, de repente sintió
como el otro muchacho la agarraba de la otra muñeca, cuando ambos iban a iniciar la
marcha para llevársela pero antes de que eso ocurriera... Ray pudo ver como una larga
pierna pasaba por delante de ella y se incrustaba en la cara de uno de los jóvenes, el
chico cayó al suelo sangrando abundantemente de la nariz, el otro joven intentó
golpearla pero un rápido puñetazo hizo que el chico cayera al lado de su amigo. Ray no
creía lo que veía, con los ojos como platos se quedó mirando fijamente Sam... que con
fría mirada y una voz segura amenazó a los chicos.
- Si veo que la molestáis de nuevo... no respondo, esta claro?
- Sss... si, si.
Los jóvenes salieron corriendo con la mano en la nariz. Sam miró a Ray que aun no había
salido de su asombro. Con una voz mas suave le preguntó...
- Estás bien?
- Yo... si, si... gracias por tu ayuda.
- No ha sido nada.
La morena se dio la vuelta y se dispuso a irse cuando Ray la agarró del brazo, la
morena se giró y miró a la pequeña rubia.
- Pasa algo?
- No... es solo que...
- Qué?
- Que... si querías que pasáramos el patio juntas.
- Escucha... que te haya ayudado no significa que seamos amigas.
- Yo... lo se... perdona, no quería molestarte.
Ray se fue algo triste, quería conocer a aquella joven, pero sabia que no seria fácil,
tenia un carácter muy fuerte. La morena vio como se iba la joven, en el fondo se sintió
mal al decirle eso... pero no quería tener amistad con nadie, si se enterara de lo que
es realmente... seguro que no querría ni hablarla, así que sería mejor no encariñarse
con ella.
Sonó la campana para indicar que ya habían terminado las clases, Ray estaba metiendo
sus libros en la mochila cuando escuchó...
- Hasta mañana.
Acto seguido la morena agarró su mochila y se fue. Ray sabía que no la había tratado
bien, pero solo con esas palabras se olvidó de lo anterior, una vez cogió todo salió
corriendo para ver si podía alcanzar a la morena, la vio caminar a lo lejos, asi que
corrió cuanto pudo para llegar hasta ella, una vez se puso a su altura la miró y dijo...
- Hasta mañana Sam.
Y le dio una de sus increíbles sonrisas, Sam en ese momento no fue consciente y le
devolvió la sonrisa. Ray quedó muy sorprendida, tanto por que le devolviera la sonrisa
y porque tenía una sonrisa increíble. Ray echó a correr feliz por lo que acababa de
pasar, una vez que desapareció delante de Sam... los pensamientos de la morena
empezaban a hablarla...
- Vaya por que la habré sonreído?, seguro que ahora se ha hecho ilusiones y mañana
intentará ser amiga mía... pero es que ella es tan distinta... no creo que deba pero...
en parte me siento a gusto con ella.
La morena se volvió a perder en las tinieblas de aquel callejón, pero antes de que se
adentrara... el hombre que salió anteriormente de la multitud de la gente para
entregarla el dinero apareció delante de ella.
- Esta noche hay una pelea... y se juega bastante dinero, quieres participar?
- Quién es el luchador?
- Desde cuándo te interesa eso?
- Desde nunca.
- Participarás?
- Claro.
- Muy bien, en una hora donde siempre.
- Ahí estaré.
- Apostaré por ti... así que ya puedes ganar.
- Alguna vez he perdido?
- No.
- Pues entonces no te quejes.
- Suerte.
- No me hará falta.
- Jajaja... seguro que no.
Y el hombre se fue, Sam se fue para prepararse, hizo una serie de calentamientos y a la
hora que le dijo el señor ella ya estaba allí. En señor hacia las apuestas entre la
multitud, los que ya conocían a Sam apostaban por ella, pero los nuevos apostaban por
la persona que pareciera mas fuete, en este caso apostaron por la contrincante de Sam,
era una mujer de su misma estatura, de piel negra y sobre todo muy musculosa, en sus
manos llevaba cadenas, estaba permitidas las armas pero Sam prefería usar sus manos
para la lucha. Una vez que iniciaron el combate Sam le dio un puñetazo en el estómago
pero la mujer ni parpadeo, al ver que no le hizo nada le dio una fuerte patada en un
costado pero la mujer ni se movía, simplemente se reía. Sam estaba perdiendo la
paciencia, no aguantaba que nadie se riera de ella, pensó en hacer un combinado de puño
y patada que era lo que mejor se le daba, peor cuando se disponía a hacerlo... sintió
como todas sus costillas se partían, la mujer le dio un fuerte golpe con las cadenas,
Sam cayó de inmediato al suelo, la mujer se acercó hasta ella y la rodeo el cuello con
las cadenas, una vez la tenía bien sujeta la levantó y la sostuvo en el aire con una
mano mientras que con la otra le daba puñetazos en el estómago y en la cara, Sam no
paraba de sangrar, por la nariz, por los ojos y echaba sangre por la boca. Una vez se
cansó de golpearla la dejó caer al suelo, Sam se retorcía de dolor pero no se iba a
rendir, se levantó con mucha dificultad, tenía un ojo cerrado y por el otro no veía
mucho por que estaba bañado en sangre, a pesar de todas sus heridas sacó fuerzas y le
dio con su talón en la rodilla de la mujer partiéndosela. La mujer gritaba en el suelo
de dolor y no tenía intención de levantarse, así que Sam volvió a ser ganadora. El
hombre que hacia las apuesta le dio el dinero y le ofreció su ayuda.
- Déjame que te ayude.
- No... no es necesario...
- Mírate, casi ni te tienes en pie.
- Estoy... bien, solo necesito un poco de agua y unas vendas.
- Iré a por ello, no te muevas.
- No podría...
El hombre fue a por lo que necesitaba Sam, una vez lo consiguió... la ayudó a limpiarse
las heridas y le vendó las costillas, parte del pecho, una mano y un tobillo. El hombre
sabía que eso no sería suficiente y le compró unos calmantes para el dolor. Sam no pasó
una noche muy agradable, pero dentro de lo que cabía demasiado bien la pasó.
Por otro lado... Ray se pasó la noche pensando en Sam, le parecía una mujer dura, fría...
pero sabía que detrás de ese escudo había una chica dulce y amable. Deseaba verla de
nuevo, necesitaba verla otra vez.
El día siguiente llegó, Ray iba corriendo a clase porque tenía muchas ganas de ver a Sam,
cuando llegó allí no la vio por ningún lado, su cara ya no era la misma que cuando llegó.
Antes de entrar en clase miró por los pasillos, por los baños y por el patio, pero ella
no estaba, entró a clase bastante desanimada. Una vez comenzó la clase... ella estaba
distraída mirando el pupitre de al lado, donde se sentaba ella... Sam, unos golpes a la
puerta la sacaron de su pensamiento y miró al frente como los demás. Vio entrar a Sam,
que se paró para hablar con la profesora pero no logró escuchar nada... hablaban muy
bajo, de repente Sam se giró para ir a su asiento, su cara sostenía una sonrisa... una
sonrisa que se borró de inmediato al ver su estado. Con una mano se agarraba las
costillas, la otra la tenía vendada y con ella sostenía la mochila, andaba muy despacio
y venia cojeando, no logró verle la cara porque tenía la cabeza agachada. Sam llegó
hasta su pupitre y con mucho cuidado empezó a agacharse para sentarse, Ray pudo ver la
cara de dolor que Sam tenía, justo antes de sentarse Sam soltó un pequeño gemido que
solo alcanzó a oírlo Ray. La pequeña rubia estaba entrando en una angustia que nunca
antes había experimentado, quería ayudarla, quería hacer algo para calmar su dolor. Sam
se dio cuenta que Ray la estaba mirando, pero no quiso girar para que no le viera la
cara, tenía un ojo cerrado por el hinchazón, una de sus mejillas estaba morada y tenía
el labio partido. Con su pelo logró hacer un muro entre ella y Ray, asi no podría verle
la cara. Sam apoyó su mano vendada encima de la mesa, con la otra aun se sujetaba las
costillas y tenía una mueca de dolor en su cara. Ray observaba atentamente la mano que
estaba encima de la mesa, pudo ver sus dedos, estaban morados por la presión de la
venda. No sabe de donde salió ese impulso... pero no se negó a el, una de sus manos se
posó cuidadosamente encima de la de Sam, al sentir el contacto la morena se giró para
mirarla olvidándose de su cara, cuando sus ojos se volvieron a encontrar... los de Ray
se humedecieron al ver la cara golpeada de Sam, se llevó una mano a la boca y movió su
cabeza en forma de negación, Sam se dio cuenta del error que había cometido al mirarla,
agachó su mirada y poco a poco giró su cabeza para mirar de frente otra vez, Sam apartó
su mano de la de Ray, tras este acto a Ray le comenzó a caer una lágrima por su mejilla.
Sam se dio cuenta y con dificultad sacó un cuaderno de su mochila, lo abrió por la
mitad y escribió algo en é, después lo empujó hasta donde estaba Ray, la muchacha
sorprendida bajo su vista para leer lo que había puesto.
- Por qué lloras?
Ray sacó un lápiz de su estuche para escribir en el cuaderno y después pasárselo a ella.
- Por ti.
- Por mi no te preocupes.
- Lo siento, no puedo evitarlo.
- Deja de llorar.
- Quiero ayudarte.
- No necesito ayuda, estoy bien.
- Eso no es verdad, estas herida.
- Eso no es problema tuyo.
- Lo se, pero quiero ayudarte... por favor.
- Ya te he dicho que no es necesario.
- No te dejaré en paz hasta que me dejes ayudarte.
- Siempre eres tan pesada?
- Si, y eso no es mas que el principio, lo puedo ser mucho mas.
- Dios me libre...
- Déjame ayudarte... y te librarás.
- Esta bien, a la hora del patio necesito apretarme mas unas vendas, podrás ayudarme.
- Gracias.
- A ti... por ofrecerte a ayudarme.
- Puedo hacerte una pregunta?
- Si, otra cosa es que la conteste...
- Qué te a pasado?
- Prefiero no contestar.
- Te maltratan tus padres?
- Mis padres murieron hace años.
- ... lo siento
- Será mejor que atendamos en clase.
- Esta bien.
Y así dejaron de escribir en el cuaderno. Ray estaba contenta por dentro porque Sam la
había dejado ayudarla. Por otro lado Sam también estaba contenta porque Ray la iba a
ayudar. Ambas tenían ganas de que llegara la hora del patio para estar la una con la
otra.
Por fin llegó la hora del patio, Ray se levantó rápidamente para ponerse al lado de Sam
para ayudarla a levantarse, pasó una mano por la cintura de la alta morena pegándola a
su cuerpo, Sam pasó su brazo por los hombros de la pequeña rubia, a ambas les gustaba
sentir el cuerpo de la otra pegado al suyo, despacio fueron hacia el baño, de vez en
cuando Sam soltaba un gemido de dolor y Ray trataba de calmarla con palabras amables,
una vez que llegaron al baño Ray se disponía a ayudar a Sam.
- Bueno... qué vendas son las que hay que apretar?
- Estas...
Sam se quitó la camisa quedándose solo en sujetador, tenía una venda que le tapaba las
costillas y parte del pecho, Ray se acercó a ella y empezó a quitarle la venda para
después ponérsela adecuadamente. Una vez se la quitó... Sam dejó de sentir la presión
en ella y un fuerte dolor que la hizo caer de rodillas, inmediatamente Ray se agachó y
vio la cara de sufrimiento de Sam, Ray no pudo evitar abrazarla con mucho cuidado, la
alta morena hundió la cara en el cuello de Sam, no podía hacerse la dura... no con ella,
Ray le acaricio el pelo tiernamente mientras le decía palabras de consuelo en su oído.
- Tranquila... verás como pronto te recuperarás.
- Si... (dijo casi en un susurro).
- Oye... esto no se te curará con un simple vendaje, qué te parece si vamos al médico?
- No, de ninguna manera, no pienso ir a ningún hospital.
- Pero..
- He dicho que no.
- Está bien... entonces ven a mi casa, mi padre es médico, seguro que podrá ayudarte.
- Te lo agradezco pero no quiero ser una molestia.
- No lo serás, por favor... ven a mi casa después de clase.
- Serviría de algo qué me negara?
- No.
- Está bien... iré a tu casa.
- Estupendo, entonces déjame que te coloque el vendaje hasta entonces.
- Si...
Ray empezó a ponerle el vendaje cuidadosamente, las manos de Ray rozaban la piel de Sam,
ambas sintieron algo especial con ese pequeño contacto, la pequeña rubia se pegó mas al
cuerpo de Sam para pasarle la venda por detrás, con sus brazos rodeo la cintura de Sam,
sus labios rozaron su clavícula, Sam no pudo evitar soltar un gemido, Ray levantó la
cabeza muy despacio a escasos centímetros de sus labios preguntó...
- Te... te hice daño?
- No... tranquila.
Se quedaron así por unos instantes, de repente se abrió la puerta del baño, ambas
giraron la cabeza para ver quién era, dos chicas de su misma clase se las quedaron
mirando, Sam estaba en sujetador y Ray estaba abrazada a ella, las chicas si miraron y
salieron corriendo del baño, inmediatamente Ray y Sam se separaron, Ray ayudó a Sam a
levantarse y a ponerse la camisa.
- Gracias.
- De nada.
- Esas dos chicas...
- Si, son de nuestra clase y por cierto son los dos megáfonos de cotilleos de clase.
- Entonces después de lo que han visto ya nos podemos preparar para las miradas y los
cuchicheos.
- Si... pero bueno, ya se les olvidarán cuando encuentren otro cotilleo.
- Eso espero.
- Aun quedan quince minutos de recreo, quieres que vayamos al patio?
- No creo que sea muy buena idea que vayamos juntas a todos lados.
- Te importa lo qué diga la gente?
- No.
- Pues ya está.
- Ya está qué?
- Que no te voy a dejar tal y como estas, casi ni te tienes en pie.
- Puedo arreglármelas sola... gracias.
- Siempre tienes qué hacerte la dura?
- Yo no me hago la dura.
- Claro que si.
- No.
- Si!
- Qué no!
- Sabes... así no llegaremos a ningún lado, será mejor que me dejes ayudarte o tendrás
que aguantarme todo el día.
- OH! Esta bien, esta bien.
- Vamos.
Ray pasó su brazo por la cintura de Sam y cogió su brazo poniéndolo encima de sus hombros.
- Es necesario qué vayamos así?
- Claro qué si!, si no de qué serviría que fuera contigo? Estoy contigo para ayudarte.
- Ah... pensé que estabas conmigo porque te gustaba mi compañía.
- Claro que me agrada tu compañía, a ti... te agrada la mía?
- Si.
Ambas se pararon en mitad del pasillo y se quedaron mirando, Sam ya no quitaba los ojos
de los labios de Ray, y Ray a los de Sam, por un momento Ray se mordió el labio inferior
y Sam abrió un poco sus labios para dejar pasar aire.
- Sabes... será mejor que cojamos nuestras cosas y vayamos directamente a mi casa para
que mi padre te mire eso ya.
- Solo tenemos diez minutos para coger las cosas y salir de aquí sin que nos vean y al
paso que yo voy...
- Tienes razón... podrás bajar tu sola hasta la puerta? Yo mientras cogeré nuestras
cosas, nos veremos abajo.
- Vale, te espero abajo.
Ray corrió a clase a coger las dos mochilas mientras Sam iba a la puerta para salir, Ray
cogió su mochila y se la colocó en el hombro, cuando se disponía a meter un libro en la
mochila de Sam pudo ver que en su interior babía una venda llena de sangre, prefirió
dejarlo como estaba. Una vez lo tenía todo... salió corriendo para la puerta donde la
estaba esperando Sam. Una vez que salieron del colegio y llegaron a casa de Ray... Sam
esperaba sentada en el sofá mientras Ray hablaba con su padre.
- Papá necesito tu ayuda.
- Qué pasa hija?
- Tengo una amiga que esta muy mal herida, pero no quiere ir a ningún hospital, podrías
mirarla tu?
- Esta bien, dónde esta?
- Esta en la sala esperando.
- Vamos a ver...
Ray y su padre se dirigieron a la sala donde estaba Sam, una vez allí el padre saludo a
Sam.
- Hola, soy el padre de Ray.
- Hola señor.
- VAYA! Qué te ha pasado?
- He tenido un accidente... nada mas.
- A ver, déjame ver...
El padre de Ray empezó a examinarle las costillas, la cara, la muñeca y el tobillo.
- Y que clase de accidente has tenido?
- Esto... me... me caí por las escaleras.
- Tienes cinco costillas rotas, esguince en muñeca y tobillo, un ojo que parece un
molón y el labio partido, está claro que esto no ha sido una caída.
- Entonces? (dijo Ray).
- Estos golpes son señal de que te han dado una paliza... me equivoco?
- ... no señor.
- Vas a tener que guardar cama, si sigues andando por ahí te pondrás peor, en tu casa
hay alguien qué te cuide?
- No... vivo sola.
- No tienes nada de familia?
- No señor.
- Deberías ir a un hospital, allí te cuidaran.
- No hace falta, se cuidarme sola.
- Eso esta bien, pero esas heridas tiene que curarlas alguien.
- Papá...
- Dime hija.
- Podría quedarse aquí hasta qué se recupere?
- No por favor, ya me han ayudado bastante, no quiero ser una molestia.
- Por mi está bien hija, ahora debes convencer a tu amiga.
- Sam sabes que no tienes nada que hacer discutiendo conmigo.
- Lo se... pero de verdad...
- Nada, te quedas y punto.
- Yo que tu me rendiría cuando algo se le mete en la cabeza no hay quien se lo saque.
- Desde luego... esta bien, me quedaré.
- Muy bien, Ray hija, ven y prepara un baño de agua bien caliente.
- Si papá
- El agua caliente te sentará bien al cuerpo Sam.
- Gracias señor.
- Después te colocaré las vendas y te recetaré unos medicamentos.
- Se lo agradezco mucho señor... de verdad.
- Bien ahora me voy a acabar de hacer unas cosas, cuando estés listas dile a Ray que
te lleve a mi despacho.
- Bien.
El hombre salió de allí al tiempo que entraba Ray y se sentaba al lado de la morena.
- Ray no era necesario.
- Si que lo era Sam, quiero ayudarte.
- Ya me has ayudado mucho.
- Somos amigas no?
Amigas... esa era una palabra que Sam no había conocido hasta ahora, pero a pesar de
que nunca le gustó... viniendo de la boca de Ray esa palabra le fascinaba.
- Si... claro.
A Ray se le iluminó la cara, por fin la había aceptado como amiga, eso ya era un paso
mas, sabía que con el tiempo que pasara en su casa podría conocerla un poco mas... y
finalmente poder llegar a ser buenas amigas...o algo mas?
- El baño ya está listo, acompáñame te diré dónde esta.
- Gracias.
Ray ayudaba a Sam a llegar al cuarto de baño, la alta morena se apoyaba en la pequeña
rubia.
- Bueno, ahí tienes todo, si necesitas algo llámame.
- Lo haré, gracias.
Ray salió de la habitación y se fue a la de al lado por si Sam la llamaba, Sam con
cuidado se empezó a quitar las vendas y la ropa, con cuidado se fue metiendo en el agua,
su cuerpo se resentía por el agua caliente, estaba tan concentrada en el dolor de sus
costillas que no se acordó del esguince de su pie, al apoyarlo sintió un fuerte dolor y
no pudo mantener el peso sobre ese pie, cayó de golpe al agua a la vez que su garganta
emitía un grito de dolor. Ray lo escuchó perfectamente y salió corriendo de la
habitación de al lado para ver que le había pasado a su amiga. Cuando entró en el baño
se encontró a su amiga de rodillas dentro de la bañera abrazándose a si misma, Ray
corrió a su lado olvidando la desnudez de su amiga.
- Estás bien?
- S... si, solo pisé mal.
- Esto... quieres... quieres qué te ayude?
- No quiero incomodarte.
- Tranquila, no me incomoda.
Ray puso una de sus manos encima del hombro desnudo y mojado de Sam, la alta morena le
respondió con una leve sonrisa. Ray cogió una esponja y con lentos movimientos empezó a
frotar la espalda de Sam, la esponja se deslizaba suavemente por la piel de la alta
morena, cuando llegó al costado... salió un gemido de la boca de Sam producido por el
dolor.
- Lo siento... te hice daño?
- No, no tranquila.
- Si te hago daño... no dudes en decírmelo.
- Eres muy amable conmigo.
- No es nada.
- Por qué me ayudas?
- Porque te considero mi amiga.
- Gracias...
Se quedaron mirando fijamente a los ojos de la otra.
- Tienes unos ojos preciosos...
- Tu también (dijo la morena suavizando su mirada).
Ambas se quedaron mirando, la mano de Ray se elevó hasta la mejilla de Sam, posó su
mano en la cara acariciándola suavemente. Sam cerró sus ojos y pegó su cara mas a la
mano de la rubia y en un susurro dijo.
- Nunca nadie había sido tan hable conmigo...
- De verdad?
- Si.
- Lo cierto... es que intimidas, a lo mejor es por eso que no se te acerca la gente.
- No lo se... pero mis padres tampoco me dieron cariño, por eso no estoy acostumbrada...
gracias por serlo conmigo (aun apoyada en su mano).
- No tienes que darlas... (dijo en un susurro).
Sam subió la vista para encontrarse con esos preciosos ojos verdes, se miraron durante
unos breves instantes que para ellas fueron una eternidad, Sam y Ray se fueron acercando...
Continuará...