- ¡¡Ayyyyy!! -Sandra exclamó, para luego largarse a reír a carcajadas, mientras no
despegaba los ojos de la pantalla del televisor.
- Qué horror... ¿Qué a ésta no le enseñaron a cerrar la puerta con llave? -Beatriz dijo,
mientras su rostro reproducía la misma expresión de la actriz en primer plano.
- Sandrita, voy a pasar al baño, vuelvo altiro -Diego anunció, luciendo sus mejillas
levemente sonrojadas y una mueca de no estar nada cómodo en ese minuto.
- Nada de ir al baño, mi amorcito lindo, precioso -Sandra le besó el rostro
repetidamente, mientras que le hablaba como si se estuviera dirigiendo a un bebé-,
espérese hasta los comerciales ¿ya? esto es muy educativo.
A Diego no le quedó más remedio que obedecer, mientras miraba a Sandra con resignación,
para luego dirigir sus ojos hacia el frente, esperanzado de que la escena hubiera ya
terminado.
- ¡¿Te imaginas, Bea, que un día entras y me pillas haciéndole sexo oral a mi Dieguito?!
-Sandra dijo, como si hubiera hecho un comentario acerca del tiempo.
Beatriz se atragantó un poco con la bebida que pasaba por su garganta en aquel segundo,
y le dio una mirada de reojo a Sandra, quien se encontraba con una sonrisa en el rostro
y la vista atenta al frente, sin darse por aludida de la incomodidad que había
producido a su alrededor.
Diego se puso rápidamente de pie, con el pretexto de no poder aguantar ni un segundo
más las ganas de ir al baño.
- Ya vengo -dijo, y como una flecha se perdió detrás de la puerta del baño, mientras
que Sandra y Beatriz podían apreciar el evidente sonrojo que se había impuesto en su
rostro.
- Ayy, mi niño se puso rojito... -Sandra exclamó, suspirando exageradamente-. Tan
tierno que es ¿te das cuenta, Bea?
- ¿Lo haces adrede? -Beatriz inquirió con voz golpeada.
- ¿¿Y ahora qué hice?? -Sandra preguntó con tono de inocencia, mientras percibía el
enfado en el rostro de su amiga-. ¿Por qué me miras con ese feo ceño fruncido?
- ¿Cómo que qué hice? Sandra, no seas desubicada. ¿Cómo se te ocurre decir eso delante
de Diego? -Beatriz increpó, intentando esquivar el dedo de Sandra que se empeñaba en
restregar su entrecejo, aparentemente sin prestar atención a lo que le estaban diciendo.
- ¿Otra vez con tus gruñosidades? Nada que ver, Bea; cuando te de por fruncir el ceño y
ponerte ogra con tu Sandrita, piensa en Gema, así comenzarás a sonreír en vez de hacer
esas feas arrugas con tu piel.
El enfadado rostro de Beatriz sufrió una repentina metamorfosis, convirtiéndose en uno
feliz al instante en que había oído el nombre de la morena saliendo de la boca de
Sandra. Completamente olvidadas quedaron las frases desatinadas, dichas por su amiga, y
los sonrojos de Diego, quien aún estaría esperando que su rostro regresara a la
normalidad antes de salir del baño.
- Eeh, así está mucho mejor, mucho más linda se ve mi bebé sonriendo, obvio que sí
-Sandra dijo, mientras besuqueaba la mejilla de Beatriz, sin que aquel gesto le borrase
la sonrisa de los labios.
- ¡Ya! no me cambies la conversación -Beatriz advirtió, mientras se deshacía de los
mimos que le estaba regalando la trigueña, y hacía esfuerzos sobrehumanos por volver a
su seriedad, abandonada hace minutos-. Por ningún motivo vas a volver a hacer esos
comentarios sexuales en frente de Diego ¿entendiste? al menos no cuando esté yo
presente.
- ¿Cuál es el problema, Bea? De todas formas es imposible que me pilles teniendo ningún
tipo de sexo con Diego. ¿Se te olvida acaso que entre él y yo, nada de nada? -Sandra
dijo, mientras que su sonrisa se esfumaba, y la pantalla del televisor volvía a poseer
su atención, luego de tantos minutos de haberla perdido.
- Lo siento, Sandra... -Beatriz dijo, arrepintiéndose de haber regañado a su amiga,
sabiendo lo que aquel tema significaba para Sandra. Aunque aún no terminaba por
entender el por qué la chica hablaba con un tono tan casual de aquello, si en realidad
tenía una importancia tan grande para ella.
- Ok, intentaré no mencionar esas cosas cuando estén los dos presentes ¿te parece? -
Sandra dijo, mientras le daba un pequeño empujoncito a Beatriz en el hombro, y la hacía
sonreír otra vez-. ¿O es que acaso preferirías que le hubiera preguntado a Diego, que
qué pasaría si un día entra y me pilla haciéndote sexo oral a ti? -soltó la frase, con
una cara de malicia, que Beatriz no supo si darle rienda suelta a las carcajadas que
querían salir de su garganta, o al manotazo que su parte denominada por Sandra 'gruñona'
se empeñaba en manifestar.
- Eres imposible... -Beatriz pronunció, sintiendo cada una de las dos palabras.
- ¿¡Pero qué es lo que hago!? ni siquiera son realidades; la posibilidad de que tú me
pilles haciéndole a él, o él me pille haciéndote a ti, son nulas, cero, nada de nada.
¿Para qué tanto drama y exageración? -Sandra exclamó, elevando aún más su aguda voz-.
¿O es que acaso sí hay posibilidades de que él nos pille a nosotras? -preguntó,
procurando el tono más seductor, que pudiera emitir su voz, mientras que miraba a
Beatriz de lado, entrecerrando los párpados, y sus labios se fruncían en algo parecido
a un beso-. Te gustaría eso ¿verdad mi amor? -le agarró el rostro, y la obligó a
mirarla de frente, mientras que Beatriz pensaba en qué pasaría si Diego llegara en ese
momento a la sala, y viese a Sandra así, tan cerca de ella. El joven no sabía que la
trigueña adoraba esos jueguitos, para ella tan normales como ver a Beatriz cada mañana.
- Eres imposible... -repitió con fastidio, alejándola de un empujón, mientras que movía
la cabeza de un lado al otro, y se le escapaba la sonrisa, imposible de contener; como
Sandra misma cuando decía cualquier cosa.
- Sí, pero igual me quieres ¿cierto? -Sandra se arrimó a su hombro, mirándola con cara
de cordero degollado, que tan bien eran expresadas por su rostro, profesional ya en el
trabajo de la zalamería.
- Sí, te quiero. Pero cuando te pones obscena, grosera, desubicada y boca suelta, no te
quiero tanto, fíjate tú.
- ¿¡Obscena!? Obscena hubiera sido si hubiese dicho: ¿Te imaginas, Bea, que un día
entras y me pillas haciéndole conferencia de prensa a mi Dieguito? -Sandra sonrió
ampliamente, mientras que esperaba la reacción de Beatriz.
- ¿¡Sigues oyendo el programa del Rumpy!? ¡Por culpa de eso es que te has puesto
vulgar! Te voy a bloquear esa emisora. Tú no eres de las que lee los manuales, así que
no sabrás como volver a ponerla.
- Ok ok, astuta; sí tú haces eso, yo diré el doble de obscenidades, y ahora sí que
serán palabrotas bien fuertes ¿qué te parece eso? Te gustaría que cuando venga Gema, yo
le salga con esas frasecitas que tanto te molestan? -Sandra amenazó, sabiendo
perfectamente que había vencido, y que había encontrado el punto débil de su amiga, y
su nombre era Gema.
- Que eres completamente capaz de hacerlo, así puedes seguir con tus programas radiales,
lo lamento por tu pololito nada más -dijo Beatriz, encogiéndose de hombros.
- ¿Cuándo vas a traer a Gema? estoy loca de curiosidad por conocerla. Además falta mi
visto bueno, o si no, chaolín a la tipa ésa -Sandra dijo chasqueando los dedos.
- ¿¡Qué!? ¿Tú crees que a mí me importa si a ti te gusta o no Gema? -Beatriz exclamó,
mientras que veía la cabeza de Sandra moverse de arriba a abajo exageradamente, y
abriendo los ojos como platos, sin que saliera sonido alguno de su boca, debido al gran
trozo de zanahoria que acababa de comenzar a masticar.
- Pues debería; soy tu mejor y única amiga, y la persona que más te conoce. ¿No tomas
en cuenta mi opinión acaso? -Sandra dijo, con la zanahoria a medio comer, haciendo que
la dicción de las palabras recién salidas de su boca no fuera la más óptima-. Esto es
estupendo...
- Claro que me importa tu opinión; pero si a ti no te cayera bien Gema, yo seguiría con
ella. ¿No habrías hecho tú lo mismo, si a mí no me hubiera gustado Diego? -Beatriz
inquirió, esperando que su amiga, por fin, acabase la interminable tarea de mascar, y
tragase de una vez por todas.
- Te aprovechas porque sabes que eres top en esto de debatir, espérate a que estemos en
mi terreno, astutita -Sandra dijo, sin tener mayor argumento a su postura-. De todas
formas -continuó, para luego hacer trabajar sus dientes en otra mascada, un tanto más
mesurada que la anterior, pero igual de temida a los ojos de Beatriz-, si a ti no te
gustara Diego, no podría haber dejado de oírte; eres demasiado importante para mí,
además de sensata y madura -dijo honestamente, atrayendo la mirada complacida de
Beatriz.
- ¡¿Cómo es que te las arreglas para decir lo justo, en el momento preciso?! -Beatriz
exclamó sonriendo, mientras que agitaba las manos en el aire en señal clara de
entusiasmo ante las palabras de su amiga.
- Ya, si no te alegres tanto, mira que eso habrá sido antes, lo que es ahora con lo
crédula que te has puesto, tu opinión ya no es tan confiable como antes -Sandra dijo,
mientras se cruzaba de brazos, y le arrancaba un último pedazo a su zanahoria, para
martirio de Beatriz-. Y no me mires con esa cara, mira que sabes perfectamente bien que
es cierto -le agitó la comida, peligrosamente, a escasos centímetros del rostro-. La
Bea de antes no se tragaba lo que le decían a la primera, ni encontraba todo lindo al
primer segundo; y esa desconfianza en el fondo si bien era exagerada, de algo servía,
porque yo me podía confiar de que me decías las cosas tal cual son. Pero ahora andas en
las nubes, a todo dices que sí cuando te pillo desprevenida, no sé... esta Gema, me
tinca que te está poniendo medio pajarona.
- Tenías que embarrarla ¿cierto? no podías quedarte calladita -Beatriz dijo, mirándola
con cara de fastidio, mientras que Sandra se encogía de hombros, y provocaba un mayor
sonido con su masticación sabiendo que esto ponía nerviosa, y molestaba enormemente a
su amiga.
- Uyy, por lo menos Gemita no se ha llevado tu mal humor, porque así como vamos te
cambia completamente ¿y en cuánto? ¿una semana? ¿cinco días? -Sandra dijo con sorna, y
arrojó las sobras de su verdura a la pantalla del televisor, en donde se exhibía un
comercial, que a los ojos de Beatriz, la chica debía haber odiado, para semejante
agresión hacia el inofensivo aparato.
- Doce días, y lo sabes perfectamente bien, porque te lo dije esta mañana. ¿Qué
demonios te pasa con Gema? ni siquiera la conoces. Ella no me pone pajarona, ella saca
lo mejor de mí, y lo sabes.
- Por eso, doce días ¿no crees que ya deberías habérmela presentado? ni siquiera hemos
hablado por teléfono -Sandra hizo una exagerada mueca de meditación, mientras fruncía
los labios-. ¡Espera un momento! ni siquiera te ha llamado nunca a esta casa. ¿Por qué
será? ¿no será que tu Gemita no tiene tiempo de llamarte, porque aún está con su
pareja? -le dijo con todas sus letras, y toda la intención de expresarse de aquella
forma.
- No puedo creer que hallas dicho eso... -Beatriz dijo, poniéndose de pie bruscamente,
mientras que sus movimientos eran seguidos por los marrones ojos de su amiga, quien
permanecía aún sentada en el sofá.
- ¿Y por qué no? ni siquiera sabes nada de esa chica, y estás ahí muriéndote por ella.
¿Dónde se supone que está ahora, Bea? te he hecho preguntas concretas sobre ella y no
me sabes responder. Creo que te quieres engañar a ti misma, y sabes que hay algo raro
en ella ¡¿o no?! ¿¡o no!?
- ¡¡No!! maldición... Ella... ella es Gema ¿entiendes? ¡es mi Gema! ¡mía! Preocúpate de
tu relación, y déjame en paz con la mía. Yo no tengo ninguna obligación de
presentártela a ti, ni hablarle de ella a nadie; son mis asuntos ¿oíste? -alzó la voz
enfurecida, mientras que miraba severamente a Sandra, y la apuntaba con un dedo.
- ¿Pasa algo malo? -La voz de Diego hizo evidente su presencia en la sala.
- Nada... no pasa nada, me voy a dormir -Beatriz anunció, calmando su voz, tanto como
su furia se lo permitía, mientras que se hacía camino hasta la puerta de su habitación,
para perderse tras ella, desapareciendo ante los ojos de Sandra y Diego.
El eco del sonido que la puerta había hecho al golpearse, quedó retumbando como un
fantasma por algunos segundos, inundando los oídos de los jóvenes, mientras Diego se
dejaba caer en el sofá, abandonado por su presencia hace varios minutos atrás. Observó
el perfil de su novia, intentando adivinar lo que fuese que había sucedido entre las
dos chicas, ya que era evidente que habían estado discutiendo en su ausencia. Pensó en
preguntar, mas prefirió continuar en silencio; sabía muy bien que la amistad entre
ambas era algo que permanecía tan herméticamente sellado para cualquier intruso, como
lo era para él; situación que había aceptado a las pocas semanas de haber conocido a
Sandra.
Dirigió su atención a la pantalla del televisor, comprobando con alivio que la serie
que tanto adoraba Sandra había llegado a su fin.
*****
- Me siento tan relajada aquí... -Beatriz dijo, dejando escapar un profundo suspiro,
que más que venir de su garganta, parecía proceder de todo su ser.
- También yo...
Beatriz y Gema; ambas acostadas sobre el césped de alguna plaza olvidada por humanos,
no percibían la falta de estos, y mucho menos les extrañaban. Se pasaron los siguientes
minutos en silencio, sin malgastar palabras innecesarias entre ellas, sin hacer
comentarios acerca del clima, y sin temer que alguna persona pudiese perfectamente
pasar por sobre ellas, entre aquella abrazadora penumbra.
Beatriz giró su cabeza con un movimiento casi imperceptible, y mantuvo su mirada en el
rostro de la morena. Ésta yacía en su misma posición, a escasos centímetros de su
cuerpo; tan apacible, tan quieta, que por un momento a Beatriz le pareció que la chica
se había ausentado, sin tomarse la molestia de llevarse su cuerpo consigo. Recorrió los
contornos de su rostro, que desde aquella perspectiva se le mostraba de perfil. Sus
labios levemente entreabiertos, como si una palabra se hubiera quedado atrapada allí, y
amenazara con nacer en cualquier instante. Sus párpados semicerrados, lo suficiente
como para que Beatriz adivinase que Gema tenía la visión justa, a la que aspiraba
alcanzar desde aquel lugar. No pestañeaba, y su expresión parecía haberse quedado
congelada; todo su cuerpo, sin la más mínima muestra de tener un alma dentro de sí,
como una estatua a su lado, ausente.
¿En qué lugar se encontraba? ¿Dónde se había ido su Gema? se preguntó, sin atreverse a
convertir sus pensamientos en palabras. El cuadro expuesto ante su mirada, la belleza
en él, era demasiada como para extropearlo con cualquier frase que pudiese romper el
momento.
- Estoy aquí, contigo... -la voz de Gema acabó en seguida con las cavilaciones de
Beatriz, reviviendo a su dueña en ese mismo instante.
Atrás quedó la prisión de sus labios, y las palabras surgieron trayendo consigo un
significado, una sensación más fuerte en sus emociones, que cualquier grupo de sílabas
sueltas que pudiese haber dicho alguna otra persona, le hubiera logrado provocar.
Beatriz sonrió, sintiendo que también ella revivía, que su cuerpo volvía a adquirir de
movimientos.
- ¿Cómo haces eso? -preguntó, sin aguardar por una respuesta más lejana de lo que ella
misma esperaba que fuese.
- ¿Cómo hago qué? -respondió Gema, mientras continuaba con la mirada clavada en el
cielo nocturno.
- Contestarme a algo que no he preguntado -Beatriz se incorporó, poniéndose de lado, y
apoyando su cabeza en la palma de su mano, mientras su codo soportaba el peso de la
parte alta de su cuerpo, hundiéndose entre el pasto verde e impregnado de rocío.
- Me lo preguntaste -Gema dirigió sus ojos hacia la mirada atenta de la joven a su lado,
imitando la postura de su cuerpo. Sonrió.
- No lo hice -Beatriz movió ligeramente la cabeza de un lado al otro, mientras que
respondía a la sonrisa que le dedicaba la morena.
- Lo hiciste, sólo que no usaste palabras para ello, pero eso no quiere decir que no lo
hayas hecho -Gema dijo, para luego recostarse nuevamente sobre el césped, esta vez,
descansando sobre su costado izquierdo, y apoyando su cabeza sobre el dorso de su mano
derecha, la cual se había ajustado a su gemela, teniendo la amabilidad de inventar una
almohada para su dueña.
- ¿Haces esto con todos? -Beatriz preguntó, temiendo repentinamante no tener nada
especial y único con la chica-. No me gustaría eso...
- En realidad no querías preguntar eso ¿verdad? -Gema dijo, borrando su sonrisa y
clavando su mirada de lleno en los ojos verdes de Beatriz, quien la miraba sin
atreverse a contestar a ello, o sin tener la seguridad de que lo que fuese que dijera
sería la verdad absoluta-. Sabes que no... ¿olvidaste lo del otro día tan pronto? -Gema
preguntó tristemente, y se concentró luego en las estrellas titilando en el firmamento,
mientras que Beatriz sentía que la había herido con su pregunta.
- Por mucho tiempo dejé de creer en el amor verdadero ¿sabes? Es fácil caer en las
viejas costumbres -dijo suavemente, mientras bajaba la mirada-. En realidad, no tenía
la intención real de preguntártelo -Beatriz confesó, y su mano se tomó la autoridad de
llegar hasta el rostro de la morena, y obligarla a que le mirase a la cara nuevamente.
Por unos instantes intentó meditar el segundo en que su mente le había dado la orden a
su mano de hacer aquello.
- ¿Y ahora? -Gema inquirió, mientras era completamente consciente de la mano de Beatriz
aún descansando en su mejilla, como si una fuerza más allá de sus cuerpos no quisiera
deshacer el contacto.
- Ahora no quiero creer ni pensar, solamente sentir -Beatriz imitó la postura de Gema,
esta vez, recostándose junto a ella, y cerrando sus párpados, mientras la abrazaba.
Los siguientes segundos pasaron sin que palabra alguna saliera de la boca de ambas. Sus
labios se encontraron, y se reconocieron una vez más, mientras que Beatriz en sus
momentos de lucidez lograba plantearse la pregunta de que si aquello era lo que se
sentía al besar, qué demonios era lo que había sentido antes, al hacerlo con otras
personas. Ya que aunque tratase con toda su empeño buscarle algún mínimo grado de
semejanza a ambas sensaciones, a ambos sentimientos que explotaban en su interior, no
tenía éxito en considerarlos parecidos. No había nada, absolutamente nada que le
asegurase ahora, que lo que había hecho antes había sido besar. Había rozado labios,
labios suaves y agradables, y había albergado en su boca lenguas ajenas también, y
sentido el sabor de otra chica; pero, nunca había vivido la experiencia de lo que en
realidad era un beso, no lo sabía hasta ahora. Porque era eso, o lo que estaba haciendo
con Gema en aquel segundo era otra cosa completamente diferente, sin saber cómo
llamarle en realidad.
Beatriz sonrió, mientras que a su mirada la poseía nuevamente esos puntitos brillantes
sobre su cabeza. Por algún motivo resplandecían más de la cuenta. Fue consciente de la
mano de Gema tomando la suya, y de Gema misma sonriendo, mientras que sentía su mirada
viéndola de reojo, de una manera cómplice, de una manera única. Por dios que Gema sabía
cómo hacerla sentir, y con qué cosas soñaba, o quizá era simplemente que a su habilidad
de leer su mente la utilizaba en cosas tan simples como aquella; como provocar sus
sonrisas, como hacerla feliz sin hacer siquiera cosa alguna.
Allí, tirada sobre aquella alfombra verde natural se quedó y se congeló, al igual que
la morena había estado minutos atrás ¿o habían sido horas? Ya no estaba segura, ni le
importaba estarlo tampoco.
- ¿Has vuelto a verla? -la pregunta formulada por su propia boca fue oída en ese
instante, sin que su cabeza supiera muy bien el por qué lo había hecho.
- Sí, pero no de la manera en que piensas -Gema respondió, sin pensar ni un segundo en
negarle aquello que sabía perfectamente bien le atormentaba a Beatriz.
- ¿De qué manera entonces? -Beatriz sintió una especie de hielo atravesando su corazón.
Su mandíbula se tensó, y su garganta se hizo estrecha en el momento de tragar,
haciéndole doloroso el paso de saliva por aquel conducto. Apretujó un montón de pasto
entre sus dedos y se aferró a ellos, para luego arrebatárselos a la tierra, desde donde
crecía firme y verde. Los llevó hasta su nariz, y los olió, impregnándose su olfato de
aquel aroma a vegetal, humedad y tierra.
- Ella se para fuera de mi casa, e intenta acercarse cuando salgo o entro de ella. No
es porque yo busque verla -Gema dijo; la verdad plasmada en sus palabras, y sonando con
una convicción tan infinita en cada sílaba pronunciada, que Beatriz ni siquiera pudo
llegar a tener una pequeña duda, por más que su cabeza quiso provocarla.
- ¿Qué vas a hacer al respecto? -preguntó, y le dio una fugaz mirada a la morena, quien
estaba atenta a los movimientos de sus manos, las cuales estaban ocupadas en la tarea
de ir despedazando lentamente cada trozo del vegetal aprisionado entre sus dedos, para
luego dejarlos caer. Algunos volvieron a su lugar de origen, otros cayeron en el regazo
de Beatriz, y unos cuantos lograron una distancia aún mayor hasta el de Gema.
- No hay nada que pueda hacer. Supongo que finalmente entenderá, y me dejará en paz.
Después de todo, como te dije, la relación no daba para más -la morena se hizo con los
trocitos de pasto, descansando sobre sus piernas, y los hizo aún más pequeños de lo que
Beatriz los había dejado.
- ¿Y yo acaso no tuve nada que ver en su separación? -Beatriz intentó indagar,
queriendo en el fondo de su corazón haber sido ella la causante, por más egoísta que
aquello resultase, y sin mencionar que además se alejaba demasiado de la persona que
realmente era ella.
- Eso ya te lo dije, Beatriz; pero, las relaciones no las rompen otras personas, dejan
de existir por sí mismas, porque algo no funciona entre ambas personas; y ésta estaba
muerta aún antes de comenzar.
- ¿Por qué? -Beatriz inquirió, clavando su mirada en las facciones de la morena.
- Porque ella no eras tú, y yo tenía que estar contigo, aunque aparecieras o no -Gema
dijo, mirando a Beatriz a los ojos, y sosteniendo su mirada-. Al llegar a mi vida me
diste el empujoncito que necesitaba para acabar definitivamente con lo otro.
Beatriz sonrió, con una sonrisa que nació desde el centro mismo de su alma. Apretó
entre sus dedos los dedos de Gema, y la acarició, sintiendo que su mano se amoldaba
tanto, o más perfectamente que su otra mano a la suya propia. Observó la unión, sólo en
un punto de sus cuerpos; mas, sintiendo que toda ella estaba unida a la vez a la joven.
Sus ojos se alejaron lentamente desde el contacto que mantenían, y subieron por el
brazo de Gema despacio, hasta llegar a su hombro, y saltar hasta su rostro, y a sus
ojos que la estaban mirando, que le estaban sonriendo, que le estaban dando su amor.
Beatriz sintió que desde su pecho salían colores infinitos y desconocidos para su vista
humana; colores que se esparcían, y viajaban alrededor de ambas, como si de un arco
iris se tratase, como si una burbuja de colores las mantuviera aisladas del resto del
mundo. La miró a su lado, tan llena de vida, sintiendo que la compartía consigo, que le
regalaba algo de su vida, algo de su alma, que le daba su energía, quién sabe...
Miró al frente, y su mirada chocó contra la imagen más cercana en movimiento; una
pareja que caminaba de la mano a algunos metros de distancia. La joven le recordó a
Paula; y en ese momento sintió que le estaba ocultando cosas a Gema, que le mentía.
- Tengo una amiga -Beatriz confesó, arrepintiéndose en seguida de haberlo hecho; mas,
sintiendo el deseo de que Gema supiera de su existencia.
- ¿Aparte de Sandra, dices?
- Sí, aparte. O sea, es una compañera que tengo, y nos hemos estado conociendo desde
hace poco tiempo -Beatriz sintió los ojos de Gema estudiando la expresión de su rostro,
y comenzó a ponerse nerviosa ante aquel gesto.
- ¿Por qué te pones nerviosa? ¿hay algo que quieras decirme sobre ella? -Gema preguntó,
sin reflejar ni un ápice de temor en el tono de su voz, mas, sí interés.
- Ella está interesada en mí de una manera que no es simplemente amistosa, aunque
acordamos que sólo seríamos amigas -Beatriz miró momentáneamente a Gema, y se
arrepintió en seguida de haberlo hecho, porque al segundo se encontró soltando las
frases más estúpidas que podrían haber salido de su boca-. La noche que te vi con la
chica ésa, estuve con Paula; así se llama ella, y... nos besamos -logró frenar a su
traicionera lengua, que no sabía por qué demonios se daba el derecho de disparar
aquellas maquiavélicas frases.
- Hmm -fue todo sonido manifestado por Gema.
- ¿Qué quiere decir ese 'hmm'?
- Que no voy a saltar en una pata por ello, pero que sé el por qué la besaste y está
bien si quieres ser su amiga -dijo honestamente, mientras que aquella honestidad más
que alegrar, parecía haber molestado a Beatriz.
- ¿¡Está bien!? -su voz sonó menos sorprendida de lo que realmente estaba. ¿Qué
demonios quería? ¿que Gema le hiciera un berrinche, una escena de celos? Ridícula, fue
la palabra que se dedicó a sí misma, mientras que observaba atentamente los movimientos
de la morena, y sus ojos que se tornaban sonrientes al ver su expresión-. Deja de hacer
eso...
- ¿Hacer qué? -la voz de Gema se oyó suave, inundando los oídos de su única receptora.
- Leer mis pensamientos.
- No leo tus pensamientos; sólo siento lo que te pasa interiormente.
- ¿Y eso qué significa?
- Tú también lo haces. Cuando sabes lo que ocurre en mi interior ¿escuchas en tu mente
en forma textual lo que yo estoy pensando acaso?
- No... -Beatriz respondió, recordando que efectivamente le había sucedido con
anterioridad que sabía lo que pasaba en el interior de Gema-. Bueno, entonces está bien
lo de Paula... -dijo, medio entre pregunta y afirmación.
- Me tiene sin cuidado; sé quién es y quién no es -dijo Gema, mientras se ponía de pie
de un brinco, y le ofrecía una mano a Beatriz para que imitara su movimiento.
- ¿Y quién es, y no es? -Beatriz se dejó elevar hasta estar parada sobre sus pies
enfrente de Gema, y alzó su mirada hacia su rostro, ya que era la única forma de
mirarla a los ojos.
- Es Paula, y no es yo -comenzó a caminar, mientras que no soltaba la mano de Beatriz.
- ¿Y eso qué significa? -Beatriz preguntó una vez más, sabiendo lo que quería decir la
morena; mas, deseando oírlo de su propia boca. Ya fuese por escuchar aquellas frases, o
por el simple hecho de oír su voz que producía semejantes efectos en sus emociones; más
de lo que podía recordar cuando no estaba con ella, y más de la remota idea que Gema
tenía de lo que conseguía provocar en ella.
- Significa que ella es sólo Paula, y yo soy tu Gema; y tú para ella eres Beatriz, pero
para mí eres mi Beatriz -Gema le sonrió dulcemente, y continuó caminando, sin mostrar
intención alguna de liberar a Beatriz de su mano, mientras que la joven de cabello
rubio pensaba en que probablemente Gema no tenía ni la más mínima idea de lo que sus
explicaciones le habían causado-. ¿Quieres continuar hablando de Paula, entonces?
- ¿Paula...? ¿cuál Paula?
Beatriz y Gema continuaron caminando hacia donde sus pies las llevaran, ni más lejos,
ni más cerca. Aunque al estar juntas las distancias se acortasen o se alargaran, y
aquello sucediera también con los minutos, y las horas, y los segundos, y con todo,
absolutamente todo. Y es que cualquier cosa era diferente al estar ambas en un mismo
espacio. Todo cambiaba; lo grande se hacía pequeño, y lo ancho se hacía angosto, y
nada permanecía en un mismo lugar, ni continuaba teniendo una misma forma; era y no
era, y ellas estaban y no estaban. No había nada seguro más que ellas dos, estuvieran
donde estuvieran, y fuesen al lugar fuesen.
*****
El golpeteo de la lluvia martirizaba la superficie de los cristales de aquellas
ventanas, cubiertas por cortinas verdes; las cuales impedían la visión del exterior de
la sala de clases, en donde el tiempo que parecía no querer avanzar, mantenía a Beatriz
presa en aquel lugar. Por algún motivo las clases se habían vuelto aún más tediosas en
el instante en que Gema había aparecido en su vida. No era que las palabras del
profesor se hicieran más monótonas y molestas para sus tímpanos; sino que simplemente
los segundos pasados dentro de aquellas cuatro paredes era tiempo perdido, que podría
estar aprovechando junto a la morena, con ella o con el pensamiento de ella. Aunque las
clases y la voz del profesor no le impedían del todo el desarrollar aquella segunda
opción, que hacía sus minutos infinitamente más llevaderos.
A escasos centímetros de su derecha -para Beatriz más lejana que su distancia física-
se encontraba la presencia de Paula; cuyo espacio en aquella sala era advertido por la
joven de ojos verdes en los instantes en que la chica conseguía llamar su atención de
formas no menos que desesperadas; ya fuese lanzándole una hoja de papel que había sido
colmada con frases, que honestamente a Beatriz no le interesaban en lo más mínimo, o
con movimientos exagerados, mientras se agachaba a recoger algún lápiz que su mano
curiosamente empujaba cada ciertos minutos.
- ¿Quieres que nos vayamos a tomar un café después de clases? -leyó silenciosamente,
mientras que sentía la mirada de Paula clavada en su perfil, atenta a cada movimiento
de sus ojos deslizándose a través del papel, que hacía sólo segundos permanecía entre
sus manos.
- Está lloviendo muy fuerte. Dejémoslo para otro día ¿vale? -Beatriz le extendió
rápidamente el papel, en el segundo en que tuvo la certeza de que el profesor no la
estaba mirando. Esperó hasta que Paula leyera las oraciones que le daban la negativa,
que probablemente no la haría para nada feliz, y aguardó a que la joven la atacara con
alguna otra palabra o frase, de algo que si no era súplica por lo menos se le pareciera
bastante.
- Por favor... -Paula le sopló en el oído, mientras que Beatriz permanecía con la
mirada atenta en el viejo, de quien estaba segura recibiría una mirada en cualquier
segundo, como él acostumbraba a hacer.
- Otro día ¿sí? -la miró suplicante, con la esperanza de que Paula comprendiese de una
vez por todas que no tenía intención alguna de ir a ningún lugar a tomarse un café con
ella.
- ¿Por qué la señorita Beatriz no desea aceptar tan amable invitación hecha por Paula,
la persona sentada a su derecha? -antes de que el profesor terminara tan sentenciadoras
frases, su corazón dio un vuelco enorme, mientras que sentía las miradas clavadas en su
rostro, tanto o más atentas que la mirada que había tenido que soportar de parte de la
joven de cabello rizado durante la clase completa.
- No es de su incumbencia, así que por favor... -el tono de Beatriz emergió desde su
garganta de una manera que si ella misma la hubiera oído no se habría atrevido a
continuar indagando sobre aquel asunto.
- Todo lo que sucede en mi clase es de mi incumbencia, Beatriz -el señor de barriga
prominente se ajustó los antejos que se resbalaban a lo largo de su nariz, como
queriendo escapar de aquella cara hosca y nada amable, mientras que la mirada de su
dueño caía sonriente en el rostro definitivamente no feliz de la joven de ojos verdes-.
Espero respuestas -se quitó las gafas, y sacó un pañuelo de su bolsillo con la elegancia
de un mago, para luego dedicarse a deslizarlo suavemente por la superficie de los
cristales, sin quitar su vista de los movimientos de Beatriz.
- Pues continuará esperando -Beatriz dijo, cerrando de golpe su cuaderno, consciente de
que la hora estaba a punto de favorecerla.
- ¿Por qué será que la señorita Beatriz no desea compartir su tiempo con su buena amiga
Paula? -marcó la palabra 'amiga' con un tono notoriamente irónico, aún para el oído de
la persona de más lento entendimiento-. ¿Será acaso que esta tarde se la dedicará a su
personaje 'Gema' y no tiene tiempo para terceras personas?
- A ver, profesor. ¿Por qué gasta el tiempo que pagamos para su clase en querer indagar
lo que pasa o deja de pasarle a sus alumnos? No sabía que a usted le interesara tanto
la vida privada de nosotros. ¿No tiene algo más interesante en qué entretenerse, señor?
La mirada de Beatriz se posó con sorpresa en el rostro de Paula, el cual mostraba cierto
grado de molestia por parte de la chica; emoción dedicada absolutamente al profesor,
quien se vio tan sorprendido como Beatriz misma. Beatriz no consiguió decidir si las
palabras dichas por Paula la beneficiarían o perjudicarían en aquel momento. Para su
pesar, la segunda opción fue la correcta.
- Verá, Paula -el hombre largó la frase, mientras clavaba su mirada en el rostro de la
joven por sobre sus anteojos, haciendo temer profundamente a Beatriz lo que vendría a
continuación-, si usted ocupa mi clase para hacer vida social, entonces tengo todo el
derecho en indagar sobre ello -le echó una fugaz mirada llena de sorna a Beatriz -quien
permanecía en silencio con la mandíbula apretada- sólo para retornarla en seguida al
rostro, ahora levemente encendido de Paula-. Es usted quien no debería utilizar la
clase, que seguramente pagan sus padres para usted, en concertar citas con su "amiguita"
aquí presente. La clase ha terminado -anunció, y se dio media vuelta alejándose del
lugar, con una expresión de triunfo y una sonrisa que rayaba en la crueldad.
El resto de la clase comenzó a abandonar el salón, mientras que Beatriz sentía la furia
de Paula creciendo, y sus ganas de ir a decirle algo al profesor en ese mismo instante.
Pensó en calmarla, pero antes de que las palabras salieran de su boca, Paula se dirigía
con paso firme, sin parar ni mostrar titubeo alguno, hasta encontrarse frente a la mesa
tras la cual el señor sentado tranquilamente deslizaba una lapicera a través de un
papel, receptor de su total atención.
- ¿Qué le pasa con nosotras? -la voz de Paula se oyó aún más golpeada de lo que Beatriz
esperaba que sonase. Desde aquella perspectiva no lograba ver ya su rostro, puesto que
se encontraba de espaldas a ella; tampoco tenía visión de la expresión que estaría
teniendo el profesor en aquel minuto.
- Ah... se dirige a mí. Estoy ocupado ¿no se da cuenta? -el hombre levantó los ojos -
los cuales denotaban odio a vista de cualquiera- mientras que apuntaba con una mano
hacia la hoja sobre la cual escribía.
- Pues me va a responder la pregunta, y luego continuará con eso -Paula hizo algo que
en su vida Beatriz pensó que podría hacer; le arrebató ágilmente el papel y se quedó
con él en la mano, mientras observaba inmutable la reacción de sorpresa del profesor,
quien ahora estaba pasmado viéndola con los ojos fijos, y ligeramente más abiertos de
lo normal.
Sólo un segundo duró aquella expresión, pues en seguida se puso de pie, haciendo la
silla chirriar sonoramente en el piso, al haberse levantado tan repentinamente, sin
darse el trabajo de echarla hacia atrás.
- ¿¡Quién se cree que es!? -le dio un golpe a la mesa con la palma de su mano, el cual
hizo eco en todo el lugar, provocando que Beatriz pestañeara inconscientemente ante el
impacto.
- Una persona; eso me creo que soy. Y por ende le pido explicaciones por sus actitudes
hacia Beatriz y hacia a mí. Estoy esperando -Paula se cruzó de brazos, sin pensar en
dar ni medio paso hacia atrás, ni mucho menos sentirse apocada por el tamaño o gravedad
de la voz del hombre.
- Sabe, Paula -por un momento pareció calmarse, o sentirse disminuido ante la falta de
temor demostrada hacia él por parte de la joven. Se irguió y se dio media vuelta,
impidiendo que ambas chicas observaran su rostro. Su cabeza se alzó, y recorrió con sus
ojos el techo, mientras que sus lentes descansaban ahora entre sus dedos. Finalmente se
volteó nuevamente, clavó su mirada de lleno en los ojos marrones de Paula, quien una
vez más no pareció titubear ante esto-, la gente como usted no debería estar en esta
universidad -agarró sus libros, le dedicó una mirada de desprecio a Beatriz, y luego
otra a Paula, quien ahora le miraba atónita siguiendo sus pasos hasta verlo desaparecer
de aquel lugar.
- ¿Qué se supone que significa eso? -Paula miró con la boca abierta a Beatriz, quien se
encontraba con la cabeza gacha observando el piso.
- ¿Tú qué crees? -Beatriz elevó su mirada hacia Paula, cuyos ojos se encontraban
clavados en los suyos, como si tuviese la esperanza de encontrar la respuesta en ellos.
Ciertamente la halló; mas no de la manera que Gema lo hubiese hecho.
- No... -Paula se sentó en la silla más cercana, mientras que parpadeaba repetidamente
intentando entender qué demonios sucedía allí.
- Vámonos de aquí, creo que hay algo que deberías saber -Beatriz la tomó de un brazo,
obligándola a ponerse de pie, le extendió su bolso, y ambas abandonaron la sala de una
vez.
*****
- ¡¿¿La hija del profesor fue tu pareja??! -la voz de Paula sonó peligrosamente similar
a la de Sandra, cuando ésta se enteraba de un chisme 'top' para su gusto.
- No es necesario que lo publiques -Beatriz dijo, frunciendo el ceño a Paula, quien la
estaba mirando absolutamente sorprendida, con la boca abierta, y los ojos redondos como
platos.
- ¿Cuándo? ¿cómo? -Paula se acercó más a Beatriz, como esperando a que la joven se
dispusiera a susurrarle las palabras de ahora en adelante.
- No puedo creer que te esté contando esto... -Beatriz suspiró hondamente, mientras que
sentía verdaderos deseos de retractarse de todo lo dicho; mas, sabía en su interior que
aquello ya era imposible-. Hace años ya. Mira, esto no lo sabe nadie en la universidad
¿entiendes? y si lo llegaran a saber el viejo se las ingeniaría para que me echaran por
cualquier motivo -bajó su mirada, intentando encontrar las palabras correctas con las
cuales dejar claro lo sucedido; pero sin dar demasiados detalles.
- No te preocupes; somos amigas ¿recuerdas? -Paula dijo, mientras que sonreía con un
atisbo de tristeza en el rostro.
- Ella estudiaba en la misma universidad, el viejo lo ocultaba, y sólo yo sabía que era
su hija. Bueno... -Beatriz levantó sus ojos hacia los de Paula, los cuales parecían
expectantes por lo que vendría a continuación-, comenzamos una relación a espaldas de
él, por supuesto, y un día nos pilló ¿entiendes?
- ¿Las pilló...? -Paula levantó las cejas e inclinó la cabeza, invitando a que Beatriz
fuese un poco más específica con lo sucedido.
- Besándonos; nunca tan mala suerte -sonrió, mientras que esperaba no recibir más
preguntas sobre el tema-. Por eso sabe sobre mí, y por eso se comporta de la forma en
que lo hace. Mientras nadie se entere de lo que pasó, puedo estar tranquila de que no
me perjudique de ninguna manera; pero si se llega a saber, sé que me va a cagar, así
que por favor... -Beatriz clavó su mirada en el rostro de Paula, intentando asegurarse
de que se le entregase la tranquilidad que necesitaba sentir.
- No te preocupes; supongo que se habrá dado cuenta sobre mí también -Paula sonrió, sin
que esto pareciera molestarle en lo más mínimo.
- Claro, si estás cerca mío da por hecho que tú también eres... -Beatriz frenó antes de
terminar la frase, sin saber muy bien por qué le incomodaba tanto utilizar aquella
palabra.
- ¿Lesbi? ¡Vamos! puedes decirlo, que yo no me voy a ofender por eso -Paula sonrió aún
más abiertamente, mientras que veía cierto grado de timidez cruzar las facciones de
Beatriz-, mucho menos si el viejo me ha relacionado contigo... -la sonrisa se convirtió
en puro coqueteo de parte de la joven, quien ocultó el evidente gesto de felicidad aún
intacto en su rostro tras su taza de café.
- No es que piense que te vas a ofender por eso -Beatriz no pudo censurar su propia
sonrisa, contagiada por la mirada insistente de Paula directa en su rostro. La joven no
se contentaba con quedarse en el nivel de sus ojos, sino que recorría su rostro
completo, posándose en reiteradas ocasiones en sus labios, y para colmo de sonrojos de
Beatriz, en lugares a los cuales no era necesario dirigir la vista cuando se está
conversando con alguien-. Es sólo que detesto ponerle nombre; una no va por la vida
llamándole heterosexuales a las otras personas...
- Es verdad; de todas formas a mí me gusta, me hace sentir diferente -Paula extendió su
mano y se hizo con la de Beatriz, quien hizo ademán de alejarla; mas, no le fue posible
debido a que la joven ya se había aferrado a ella, y la miraba con atención-. Qué
lindas tus manos, ¿te lo han dicho? Me gusta este color de esmalte, ¿cómo se llama?
- Eso tienes que preguntárselo a Sandra; es ella quien me pintarrajea las uñas cuando
le dan sus ataques de 'fashion emergency' conmigo.
Beatriz dijo, para en seguida recordar que estaba disgustada con su amiga, y que desde
el día anterior no le había dirigido la palabra, apesar de los evidentes esfuerzos que
había hecho la trigueña por sonreírle en la mañana, cuando se habían cruzado antes de
que saliera del departamento hacia la universidad. Los pensamientos de la riña con su
amiga se vieron desvanecidos por completo en su cabeza, cuando fue nuevamente consciente
de la mano de Paula totalmente apoderada de la suya, sin intención alguna de dejarla ir
en los siguientes segundos. Beatriz fue la que cortó el contacto finalmente, no sin
antes tener que hacer esfuerzos por soltar los dedos aferrados a su piel. Verdaderamente
le incomodaba cuando la joven tomaba esa actitud con ella, que francamente estaba lejos
de ser amistosa.
- Disculpa ¿te incomodé? Fue sin querer... -Paula dijo, sin disimular para nada su
sonrisa amplia, ni mucho menos el hecho de que sus disculpas no estaban siendo nada
convincentes, al igual que su supuesta falta de intención con aquel gesto de tomar su
mano.
- Creo que ya me voy; tengo que hacer algunas cosas. Nos vemos mañana en clases ¿vale?
-Beatriz se puso de pie con el propósito de irse de inmediato.
- ¿Te vas sin darme nisiquiera un beso? ¿Y qué hay de tu historia con esa chica? ¿lo
que me contaste es todo lo que sabré? -Paula intentó indagar, mientras que seguía los
movimientos de Beatriz con su mirada, sin hacer ademán de seguirla; tal vez con la
esperanza de que Beatriz volviera a ocupar la silla enfrente de ella.
- Sí, eso es todo lo que sabrás; es que tenías que saberlo -Beatriz se inclinó, y le
dio un rápido beso en la mejilla escapándose en seguida de la cercanía lograda con
Paula.
- Yo te llevo a tu casa. Por lo menos si no me vas a contar el resto de la historia,
permíteme acompañarte ¿sí? -Paula observó el titubeo de Beatriz ante la propuesta-.
Como amigas -aclaró, mientras percibía la duda aún presente en el rostro de la joven-.
No hay ningún engaño hacia Gema en que te subas a mi auto -sonrió tristemente una vez
más.
Beatriz asintió con la cabeza, finalmente. En realidad Paula tenía razón; no había
ningún engaño en conversar con la chica, y además Gema estaba al tanto de su amistad
con ella y había estado de acuerdo.
Paula se puso de pie, denotando en cada uno de sus movimientos su complacencia, y por
qué no decirlo cierto grado de triunfo también. Era evidente que apesar de decir
constantemente la frase de ser sólo amigas, Beatriz sabía bien que en el fondo
continuaba esperando por su momento, y aquello era precisamente lo que la retenía de
sentirse más libre estando junto a la joven. Puesto que más allá de todo eso, Paula
continuaba siendo una persona agradable para ella. Pero como le había advertido en
reiteradas ocasiones, su finalidad amistosa era completamente sincera, y no guardaba
segundas intenciones como Paula lo hacía.
- ¿Qué edad tienes, Paula? -Beatriz preguntó, intentando hacer conversación de algo
trivial si fuese posible.
- Veintidós. ¿Por qué? -Paula sonrió, mientras caminaba junto a Beatriz. Observó su
perfil, y su mirada atenta al frente, a medida que daba los pasos y se acercaban al
automóvil.
- Sólo preguntaba. ¿No te interesa saber la mía? -Beatriz le dio una mirada, sólo para
volver a prestar atención al camino.
- Sé la edad que tienes -dejó escapar una leve risa, que a oídos de Beatriz se oyó como
si Paula se sintiese como si tuviera un punto a su favor al tener conocimiento de algo
tan simple como su edad-. Lo que me pregunto es qué paso en esos dos añitos.
¿Comenzaste con la universidad tiempo después de egresar de cuarto medio?
- Congelé dos años, eso fue... -Beatriz dijo, emitiendo en el sonido de su voz la clara
intención de no dar más explicaciones al respecto-. ¿Cómo se supone que sabes mi edad?
- Ya te lo dije; cuando algo me interesa lo consigo... -Paula frenó, obligando a que
Beatriz dejase de caminar al igual que ella. Se puso de frente a la chica y la miró a
la cara, sin pestañear, sin importarle el rostro de incomodidad que era evidente en las
facciones de Beatriz; quien por un momento temió que ésta le fuese a dar un beso; pero
no fue así-, sea algo tan simple como la edad, o algo tan importante como conseguirte a
ti completamente -sonrió, y continuó caminando como si nada. Beatriz se quedó estática
un momento, y nuevamente sintió la necesidad de irse de allí, y el temor de estarle
dando esperanzas que no eran posibles, sintiendo que al no decirle algo en ese instante
le estaba dando alas para que la chica continuara con aquella idea de conquistarla como
fuese.
- Paula, eso no va a pasar ¿entiendes? No quiero que tú... -Beatriz dejó la frase a la
mitad, mientras que no pensaba en dar un paso más tampoco, y por lo mismo obligaba a
Paula a dejar de avanzar.
Beatriz observó a Paula de espaldas hacia ella cinco pasos más adelante de donde se
encontraba parada. La vio bajando la cabeza, esperó a que dijera cualquier cosa, que
con suerte sería su asentimiento hacia lo que se le estaba diciendo; mas, no fue así.
- Tú quédate tranquila, que a Gema no la estás engañando. Y por mí... por mí me
preocupo yo. La única que se está arriesgando con esto soy yo; así que no me digas que
entienda las cosas, porque las entiendo perfectamente -se volteó finalmente, y la miró
de frente, aún guardando la misma distancia que no se había acortado ni un milímetro-.
Entiendo que quieras alejarte si es que no te caigo bien, o si sientes que te he hecho
algo malo. ¿Pero, porque sabes que estoy interesada en ti? Eso es francamente estúpido.
Beatriz vio en su rostro una expresión de dolor aún más notoria que las que había visto
anteriormente. Su sonrisa borrada completamente, sin dejar ningún rastro ya. La chica
avanzó; la vio acercarse hasta su automóvil y quitar el seguro. Luego se giró hacia
ella nuevamente, la miró por unos cuantos segundos sin decir nada, como esperando a que
Beatriz hiciese o dijera algo. Entonces, apoyó sus manos sobre la puerta del vehículo y
pareció meditar por un momento lo que debería o no hacer.
- Lo siento, yo... -Beatriz pronunció torpemente aquellas palabras, y no tuvo éxito en
construir ninguna oración completa.
- Está bien. Ya; que no te estoy pidiendo que me digas nada -Paula sonrió finalmente-.
¿Vienes o no?
Beatriz cruzó la distancia que las separaba. Unos pocos pasos más allá se encontró
frente a Paula, con el automóvil entre ambas. La chica siguió sus movimientos por sobre
el techo, y dejó descansar sus brazos sobre la superficie del vehículo, para luego
dedicarse a observar por largo rato a Beatriz, quien estaba sonriendo tímidamente.
- Me gustas como persona, Paula, y tienes razón; es una estupidez alejarme de ti por
eso. Pero por favor... ¿podrías intentar no mirarme de esa manera? me pone nerviosa
-Beatriz terminó de hablar con un evidente sonrojo invadiendo sus mejillas.
- Prometo intentar no hacerlo, pero no te prometo cumplirlo -Paula finalmente abrió la
puerta, y se dejó caer en el asiento frente al volante.
Beatriz suspiró, aún dudosa de si en realidad debía continuar siendo amiga de la chica,
si Paula lograría verla alguna vez fraternalmente. Meneó la cabeza de un lado a otro, y
antes de imitar la acción de Paula, su mente viajó lejos, donde quiera que Gema
estuviera, donde fuese que sus pies se mantuvieran parados, y en donde fuera que sus
ojos se encontraran posados; y la trajo consigo, la guardó a su lado, y con ella
ingresó al automóvil, para sentarse junto a su presencia ausente, al lado de la otra
chica.
*****
- Sí. ____ Sí, me estoy alimentando bien. ____ En serio. ____ No está...
Beatriz oyó la voz de Sandra al abrir la puerta e ingresar al departamento. No
escuchaba contestaciones, ni alguna otra voz más que la de ella, así que supuso que la
chica se encontraría hablando por teléfono. Como bien se imaginó, al adentrarse al
lugar y tener una visión mayor de la sala, se encontró a Sandra de espaldas con el
teléfono pegado a la oreja.
La joven se volteó al percatarse de su presencia, y se la quedó mirando, mientras que
Beatriz podía distinguir su expresión; una mezcla de tristeza y reproche, y esa
distancia que se produce entre las personas cuando éstas han tenido una discusión, y no
encuentran una forma de provocar un acercamiento.
Sandra no era orgullosa; era más parecida a una niña, que al segundo de haberse
agarrado del moño con otra, ya está jugando nuevamente con ella, olvidando por completo
su enojo. Con Sandra habían tenido tantas discusiones como momentos felices habían
compartido. Por supuesto, muchas de ellas se reducían a conflictos tan insignificantes
como que Sandra no cerrara la llave del lavamanos, y la dejara corriendo la noche
entera. O que olvidara la llave en la cerradura de la puerta, o las luces encendidas.
Un sin fin de pequeñas riñas, que eran más regaños de Beatriz, como si de una madre se
tratara. Pero aparte de aquello, raras habían sido las ocasiones en que una pelea real
se hubiera producido entre las amigas. En efecto, como lo ocurrido la noche anterior,
Beatriz ya no recordaba cuándo había sido la última vez.
Beatriz le hizo un gesto con la cabeza sin que su voz llegase a ser emitida, e hizo
ademán de irse a su habitación, sin permitir que Sandra le dedicase su acostumbrado y
sonoro beso, como cada vez que pasaban más de una hora separadas. Antes de que lograra
hacerse el camino hasta la puerta de su cuarto fue interrumpida, una vez más por la voz
-nada estruendosa esta vez- de Sandra.
- Espérate un poquito, aquí llegó -le dedicó las palabras al teléfono-. ¿Bea?
- ¿Sí? -Beatriz se volteó, esperando por lo que fuese que Sandra quería decirle. Le
molestaba enormemente la situación en la que estaban, sobre todo porque lo que había
sucedido la noche anterior, no había sido algo tan terrible como para que ahora se
sintiera tan ofendida por las palabras de la trigueña. Y pensándolo bien ¿por qué
demonios le había dolido tanto?
- Es mi vieja, quiere hablar contigo -Sandra esbozó una pequeña sonrisa, demasiado rara
en ella como para que Beatriz se sintiese con el ánimo de devolvérsela. Se acercó con
parsimonia hacia el lugar que ocupaba Sandra, y tomó en su mano el auricular que la
chica le estaba extendiendo-. Hola -le dijo cabizbaja, una vez que Beatriz estuvo tan
cerca que se rozaban, sin hacer ademán por besar su mejilla, nisiquiera por tomarla de
una mano, y se dirigió de igual manera hacia la cocina.
- Hola -respondió Beatriz, y la vio alejarse lentamente, para desaparecer de su vista.
Posó finalmente el aparato en su oído, y se dispuso a tener una -si es que tenía
suerte- corta conversación con la madre de su amiga-. Hola tía ¿cómo está? -su voz
sonó aún más desanimada de lo que planeaba que se oyese-. Bien, gracias. ____ Aquí,
poniéndole empeño. ¿Cómo está el tío? ____ Ah sí, me lo dijeron también; es que no
tengo tiempo para ir a verlos. ____ Sí, uno de estos días vamos a verlos a ustedes
también, prometido -Beatriz se quedó largo rato en silencio, mientras que oía lo que la
madre de Sandra le estaba diciendo. Comenzó a sentir una mezcla de emociones. La
culpabilidad empezó a hacerse lo suficientemente notoria, como para que Beatriz
dirigiera su mirada afligida hacia la cocina, justo en el momento en que Sandra salía
masticando una hoja de lechuga. La chica la miró y caminó rápidamente hacia su
habitación-. Hablaré con ella. ____ Sí, no se preocupe; debe ser el estrés. ____ Bueno.
____ Sí, usted también, un beso, chao.
Sus pasos la llevaron hacia la habitación de Sandra, en cuya puerta dio unos cuantos
golpes tras los cuales esperó algunos segundos. Al no recibir contestación la abrió
lentamente. La primera visión que tuvo fue de Sandra estirada en su cama de lado y en
posición fetal. Tenía los audífonos puestos, por lo cual Beatriz tuvo claro el porque
no había oído los llamados en la puerta.
Se acercó un tanto extrañada de verla tan quieta, cuando Sandra acostumbraba a estar en
movimiento constante, ya fuese haciendo ejercicios, bailando, o sencillamente dándose
mil vueltas sin hacer nada productivo.
Extendió su mano con la intención de tocarle el hombro; mas, recordó la pequeña
rencilla que habían sostenido, y dudó si en realidad quería o no hablarle. Aún estaba
dolida por las palabras de la chica hacia ella. ¿Por qué tenía que dudar de Gema si
ni siquiera la conocía? En realidad no había terminado de comprender la actitud de
Sandra aquella noche, ni mucho menos cómo habían estado sin hablar por tanto tiempo.
La observó nuevamente, tan estática como antes; le parecía imposible que no sintiese su
presencia en el cuarto. Nuevamente acercó su mano hacia ella, y esta vez la rozó
suavemente, con un toque que más que golpecito pareció una pequeña caricia. Sandra se
volteó sobresaltada, y la miró con los ojos abiertos de par en par, como si se hubiese
asustado más allá de la impresión que le había causado el ser sacada de sus
pensamientos, o de lo que fuese que había estado haciendo todo ese rato.
- Bea... -dijo, como si al pronunciar su nombre quisiera asegurarse de que estaba
viendo bien, que no era una ilusión lo que estaba enfrente de su vista. Fue todo lo que
salió de su garganta, puesto que al segundo siguiente sus ojos se inundaron en lágrimas,
mientras que su expresión se trasformaba en la habitual e inevitable mueca de llanto.
Ocultó su rostro tras sus manos, mientras sollozaba sin consuelo, y Beatriz olvidaba
por completo sus vacilaciones de acercarse a ella.
- No, no llores. ¿Qué pasa? -Beatriz se acercó aún más a la chica, hasta que estuvo en
contacto directo con ella. La abrazó, y sintió de inmediato como el cuerpo de ésta se
relajaba en sus brazos, apretándose en ellos y llorando a mares cerca de su oído-. ¿Qué
pasa, cariño? -le preguntaba, sin entender qué le sucedía a su amiga, y sin pensar que
en realidad estuviese así por lo ocurrido.
- Lo siento, Bea... perdóname. No quise decirte esas cosas, no sé qué me pasó...
-balbuceaba, entre sorbetones de su nariz, más sonoros que su llanto mismo.
- Ya, tranquilita, ya pasó. No te preocupes por eso, sé que no lo hiciste con mala
intención -Beatriz decía dulcemente, mientras que sonreía tristemente, entre los
mechones castaños del cabello de Sandra, que le dificultaban la visión que pudiese
tener enfrente de ella.
- No sé qué me pasa Bea, no sé por qué reaccioné así, te juro que no sé... -continuaba,
mientras que Beatriz comenzaba a sentirse culpable por el estado de su amiga, y no
alcanzaba a comprender muy bien el por qué todo aquello le había afectado tanto.
- Es porque estás preocupada por mí. Discúlpame, yo exageré un poco las cosas; es
verdad lo que dices, no sé mucho sobre Gema aún, pero sólo la conozco hace días, y
quiero ser feliz ¿entiendes? quiero creer en ella, y lo hago, sé que es una buena
persona.
- Sí, me preocupo por ti, Bea, más que de mí misma -aquella frase consiguió sacar una
leve risa de parte de Beatriz, mientras que sentía una sensación de ternura en su
interior. Era increíble la forma en que Sandra parecía la persona más frágil del mundo
cuando algo le acongojaba-. Pero no sé por qué tuve que decirte esas cosas. No sé qué
me pasa con lo de Gema... -Sandra se separó bruscamente del refugio de los brazos de
Beatriz, y quedó hincada frente a ella sobre la cama, mientras que mantenía la cabeza
gacha.
- No confías en ella, creo -Beatriz dijo, mientras que recorría sus facciones. Le
acarició una mejilla, y luego se alejó un momento, sólo para hacerse con una toallita y
entregársela a su amiga.
- Es que no es sólo eso, Bea -frenó, mientras que se sonaba sonoramente con el objeto
que le acababa de pasar su amiga-. Me siento extraña cuando me hablas todas esas
maravillas de Gema, no sé... -Sandra la miró, mientras que sonreía tan sólo para
ayudarse a continuar con lo que fuera que estaba intentando explicar-. Siento que ella
me está quitando a mi Beíta ¿entiendes? y eso me duele mucho -a duras penas logró
terminar la frase, porque nada más pronunciar la última letra, y su llanto explotó
nuevamente inundando toda la habitación con sus sollozos incontrolables.
- Pero tontita, si tú eres mi mejor amiga. Somos amigas del alma ¿recuerdas? y nadie
nos va a separar jamás. Gema... -Beatriz no quería decir algo que no sintiera, y
ciertamente no lo había dicho. Sandra para ella era una de las personas más importantes
de su vida, pero no pretendía hacerle entender tampoco que Gema lo fuese menos, porque
definitivamente no lo era, y el poco tiempo en que la había conocido no tenía nada que
ver con aquello-. Gema es indefinible para mí. No te puedo explicar lo que siento,
porque no lo vas a comprender. Sólo quiero que sepas y estés segura de que tú eres como
una hermana para mí, eres mi familia, y eso no lo va a cambiar nadie -dijo sinceramente.
- Sé que no, Bea, pero... -Sandra observó un momento el rostro expectante de Beatriz,
por lo que fuera que venía a continuación; mas, no encontró la forma de terminar
aquella oración, ya que no estaba ni ella misma segura de lo que quería expresar-.
¿Sabes? olvídalo. Mira, se me han juntado las cosas; Diego y yo no estamos bien, hemos
discutido mucho últimamente, y sé que en el fondo es todo por mi culpa -sus lágrimas
volvieron a brotar, esta vez sin sollozos que las acompañara, más por agotamiento que
por la falta de estos.
- ¿Están mal? ¿Por qué no me lo habías dicho? -Beatriz preguntó, haciendo esfuerzos por
no alzar la voz, y tratarla de la manera que ella necesitaba en aquel momento, con lo
afectada que claramente se encontraba. Buscó la mirada de Sandra, la cual se perdía de
la suya, concentrándose en las líneas de la costura de su cobertor, un tanto arrugado
luego de soportar los constantes movimientos hechos por Sandra, aquellos últimos
minutos.
- Desde el día que intentamos hacer... bueno, eso. Yo... no sé qué me pasa, Bea; yo lo
quiero tanto... -levantó sus ojos, que denotaban sinceridad en todo el brillo de su
mirada-. Pero busco cualquier pretexto para discutir con él, le encuentro defectos que
antes no le encontraba, le digo cosas hirientes; es como si quisiera culparlo de esto,
y sé que él no tiene ninguna culpa de que yo sea una traumada.
Beatriz la observó ahí delante suyo; parecía tan niña cuando lloraba. Sus lágrimas
caían sin parar sobre la superficie de la cama, y sobre sus muslos semi desnudos bajo
ese pantaloncito corto. Le parecía increíble lo difícil que se le hacía decir una frase
tan sencilla como 'hacer el amor' cuando en los momentos lúcidos de su diario vivir,
probablemente se hubiese referido a aquello como 'echarse un polvo' como quien dice
buenas tardes. No supo qué hacer, ni qué decir. ¿Por qué no encontraba ninguna maldita
palabra que le ayudara? Era su amiga, y no podía hacer nada por ella. Le acarició
torpemente el cabello y el rostro, e intentó secar sus lágrimas, tarea que era
totalmente inútil, ya que el llanto no pensaba en menguar en los segundos posteriores.
- No es tu culpa tampoco, Sandra, lo que pasó no fue tu culpa. Es bueno al menos que te
des cuenta de que las cosas no están bien, y de tus acciones; eso es algo positivo.
- ¿Y de qué mierda me sirve que lo reconozca, si no puedo hacer nada al respecto?
-Sandra dijo con la indignación patente en el sonido de su voz, y en la mirada que le
clavaba a su amiga luego de aquellas oraciones.
- ¿Y si buscamos un psicólogo, Sandra? Quizá lo dejaste demasiado pronto, tal vez
faltaba un poquitito...
- ¡No! eso no. Nadie me puede ayudar; es algo que tengo aquí adentro, y que tengo que
sanar yo misma ¡por la mierda! -se ensañó con la almohada, mientras que ésta aguantaba
sin chistar los golpes que comenzaba a recibir de los puños de Sandra.
No duró por mucho tiempo aquella agresión, como bien sabía Beatriz; y cayó nuevamente
entre sus brazos, mientras que lo único que podía calmarla era llorar y llorar, hasta
que sus lágrimas se agotaran, o hasta que su sueño viniera y se la llevara consigo.
*****
- ¿Estás bien? -una hora más tarde, Beatriz le preguntaba a su mejor amiga la inútil
pregunta, que bien sabía estaba planteando. No eran más que las típicas palabras que se
deben decir, sabiendo en el fondo que es imposible que una persona se reponga de su
pena en unos cuantos minutos.
- Mucho mejor, Bea -Sandra dijo sonriendo dulcemente. Se incorporó rápidamente, estiró
un brazo hacia uno de sus veladores, y se hizo con su espejo, infaltable dondequiera
que la trigueña estuviese-. ¡¡¡Estoy horrible!!! ¡mírame Bea! ¡tengo los ojos
inflamados y rojos! ¡qué feos! -chilló desconsideradamente, a pocos centímetros de los
oídos de Beatriz, quien ya se había habituado al silencio que se había mantenido en
aquella habitación la última hora.
- Es normal que se pongan así, si has estado llorando ¿qué querías? ¿tener el
maquillaje intacto? -Beatriz sonrió, sintiendo alivio al ver a Sandra regresar a su
comportamiento usual. Y cómo lo extrañaba cada vez que la joven tenía aquellas fugaces
depresiones, sobre todo porque esta vez su falta de ánimo había durado más de un día
entero.
- Of course, yo soy top oye, no debería tener los ojos como huevos fritos después de
llorar -se paró sobre la cama, y comenzó a saltar sobre ella como una criatura,
situación que Beatriz sabía perfectamente debía aceptar, ya que regañarla por eso sería
una total y completa pérdida de tiempo y energía. Por otra parte, esta vez aquellos
brincos sobre el colchón no le molestaron; y no precisamente porque la cama no fuese la
suya-. ¡Ayyy! ¡mira! te dejé llena de mocos -apuntó hacia el hombro de Beatriz agitando
un dedo desde su altura, y povocando que su amiga se mirara rápidamente-. Y se la creyó...
y se la creyó... ¡inepta!
- Ya vas a ver -Beatriz gateó por sobre la cama con la intención de agarrar a Sandra
por el tobillo, mientras que ésta ya se había dejado caer al piso y corría alejándose
de su amiga con ella detrás, como tantas veces habían hecho.
- Ayyy ¡para para! -gritaba como una loca, mientras que hacía esfuerzos por zafarse de
los dedos de Beatriz, firmemente enroscados alrededor de sus muñecas-. Si paras te
muestro algo ¿ok? -Sandra intentó negociar con Beatriz su libertad.
- A-a, porque tendría que ser algo muuuy interesante para liberarte; no te lo mereces
-dijo Beatriz, sonriendo maliciosamente.
- Obvio que es interesante. ¿Acaso hay algo de mí que no sea interesante? -Sandra
preguntó, mientras sentía que su amiga le devolvía el control de sus brazos, para luego
dirigirse hacia la puerta de su habitación-. Espérame aquí y vuelvo altiro ¿ya?
Beatriz la miró sonriente, mientras movía la cabeza de un lado al otro. Su amiga era
sin duda una persona singular; ella jamás podría estar saltando y gritando luego de
haber llorado por una hora entera, y aunque no hubieran salido lágrimas de sus ojos,
el tener una tristeza la enviaba directamente a la cama, y si tenía suerte al reino de
los sueños.
Esperó por algunos segundos a que Sandra regresara con aquello tan interesante que
tenía para enseñarle. Beatriz no esperaba nada que le llamase demasiado la atención;
era imposible que la chica apareciera ante su mirada trayendo a Gema consigo. Sonrió
aún más ante tal pensamiento; si se había convertido en una persona más bien positiva
¿por qué no podía esperar algo tan improbable como aquello?
Se sentó en la cama al notar que su amiga no pensaba en volver con el objeto, o lo que
fuera que planeaba mostrarle; probablemente no daba con él. A los pocos segundos
comenzó a oír su voz, chillando reclamos de que no podía hallarlo, y qué dónde mierda
lo había dejado. Beatriz rió mientras escuchaba a Sandra revolviendo todo, para pasar
de inmediato al pensamiento de que si su amiga estaba desordenando todo, probablemente
sería ella quien tendría que poner todo en su sitio nuevamente. Dejó de reír.
- ¡¡Los encontré!! -el grito de Sandra debió oírse en varios departamentos más allá.
- ¿Los? ¿son muchas cosas? -Beatriz preguntó, mientras veía a Sandra asomar su
sonriente rostro por la puerta, mientras que pensaba en qué sería lo que le iba a
enseñar; y que debido al historial de supuestas cosas interesantes que Sandra le había
prometido durante el transcurso de su bastante extensa amistad, Beatriz dedujo que
llegaría mostrándole algún conjunto de ropa interior medio transparente, una chaqueta
nueva, o por lo menos algún biquini.
- ¿Lista? -Sandra preguntó, mientras que permanecía con medio cuerpo fuera de la
habitación aún.
- Hace como media hora que estoy lista. Ya, muestra de una vez -se preparó para
cualquier cosa en lo cual estaba arriesgándose a ver alguna transparencia o algo por el
estilo.
- ¿Recuerdas que me insinuaste el otro día que debía "tal vez" usar anteojos?
- Ajá.
- ¿Y que yo te dije que tenía perfecta vista?
- También.
- Y recuerdas que yo...
- ¡Ya! por favor, no juegues con mi paciencia, Sandra, te lo suplico.
- Ya ya, doña gruñona, aquí voy -su rostro desapareció momentáneamente de la vista de
Beatriz, y reaparecieron más sonrientes que antes, Sandra y unos lentes que lucía tan
orgullosa como luciría cualquier prenda costosa.
- ¿¿Y esos?? -Beatriz preguntó, sonriendo divertida al ver a su amiga posando cual
modelo, mientras que hacía caras que rayaban en la ridiculez, pero que la chica pensaba
que eran muy intelectuales.
- Es mi 'new look' ¿qué te parece? ¿me veo intelectual?
- Te ves... distinta. ¿Que acaso no te servía usar de contacto? -Beatriz intentó
averiguar, mientras pensaba que lo último que esperaba ver, era a Sandra con anteojos.
- Obvio que me servía usar de contacto; pero el otro día Diego me dijo que encontraba
sexis a las mujeres que usaban anteojos. Y ya ves la sorpresita que le tengo... -corrió
hacia su espejo aplaudiendo, y tan entusiasmada como cuando hacía cualquier cosa
excepto estudiar. Comenzó a mirar su reflejo desde diferentes perspectivas, mientras
murmuraba frases que Beatriz no lograba oír, y posaba para sí misma cual ángel de
Charly, simulando con sus manos una pistola que apuntaba hacia su propia cabeza.
- ¿¡Tendré que acostumbrarme a verte con anteojos de ahora en adelante, sólo porque
Diego los encuentra sexis!? -Beatriz exclamó, temiendo que en realidad sería así, ya
que cuando algo se le metía a Sandra entre ceja y ceja, no había poder humano que la
convenciera de lo contrario-. ¿Te gustan a ti, al menos?
- No sé si me gustan o no; fea imposible que me vea, o sea, obvio que no. Y un cambio
no le hace mal a nadie. ¿Por qué? ¿no te gustan? -por fin pareció poner atención a la
persona a quien originalmente se le mostraba aquel interesante par de anteojos, y
escudriñó sus facciones, intentando entrever la opinión de su amiga.
- No es que no me gusten; es que te ves diferente, no sé... Si a ti te gustan está
bien, pero si es sólo porque le gustan a Diego estás definitivamente loca -Beatriz
dijo, mientras intentaba acostumbrarse a ver los ojos de Sandra a través de los
cristales.
- Ayyy, no me confundas, Bea. ¡Ya! me los quito mientras esté contigo y punto ¿ves qué
sencillito?
- ¿Sabes, Sandra? deberías de tú cambiar al mundo y no dejar que el mundo te cambie a
ti.
- ¿¿Disculpa?? -Sandra dijo, mirando a Beatriz con una exagerada mueca de pregunta,
mientras se quitaba al fin las gafas, para luego dejarlas caer descuidadamente sobre
su velador.
- Nada, nada.
- ¡¡Se me acaba de ocurrir algo topísimo!! -exclamó Sandra, mientras Beatriz estaba
segura que el asunto 'anteojos' había quedado en el olvido, y su amiga planeaba -con
suerte- algo que no tuviera nada que ver con ir de compras.
- ¿Qué? -Beatriz preguntó, contrastando extremadamente con el sonido de voz de Sandra,
sin esperar nada que la entusiasmara tanto como a su querida amiga.
- Vamos a prender unas velitas rosadas para el amor, unos inciensitos, y nos vamos a
relajar. ¿¿Qué te parece?? -Sandra comenzó a inspirar exageradamente, mientras cerraba
los párpados-. Que el amor venga hacia a mí, que el amor ilumine mi camino...
- No, Sandra; sabes que detesto el humo y los olores esos. Otro día ¿sí? -Beatriz hizo
ademán de dirigirse hasta la puerta, para salir tan rápido como pudiese de la
habitación de Sandra, antes que la chica la tomara de una mano y la instalara sobre la
alfombra con ella en frente, y las varas olorosas alrededor.
- Por favor... -Sandra rogó, utilizando todo ese poder de convencimiento que bien sabía
que tenía sobre Beatriz, cuando se ayudaba de esas caras que pondrían a su favor hasta
a su peor enemigo-. Por favorcito... -repitió, mientras que ya respiraba la victoria a
su haber, y tironeaba de una manga a Beatriz quien hacía lo posible por pedirle a su
voz que diera una negativa como respuesta-. Beíta linda, te lo suplico, necesito
relajarme, pero quiero compañía, lo harás por mí ¿verdad?
No hizo falta que Beatriz diera su sí, anticipadamente esperado y conocido por Sandra.
A los pocos minutos se encontraba sentada en posición de loto, entre una infinita
cantidad de cojines regados por la alfombra. Rodeada de velas rosadas, inciensos que
despedían fragancias de todas clases, las cuales invadían ya su olfato y todo el lugar.
Y una música que era mezcla de cantos de pájaros y sonidos, que para qué se lo iba a
negar a sí misma, relajaban quisiera o no.
Mientras mantenía abiertos los ojos por los últimos segundos, vio a Sandra con los
suyos cerrados ya, inspirando profundamente, mientras que su pecho subía y bajaba ante
aquella exagerada forma de meter aire en sus pulmones. Sonrió, y se acomodó entre la
suavidad de la seda, con la que Sandra cubría sus almohadas, mientras que oía la voz de
su amiga hablando en forma pausada y grave, diciendo frases sobre visualizaciones de
amor de ella y Diego, y suyas y Gema.
- Repite conmigo, Bea...
*****
- ¿Te dije lo mucho que te he extrañado? -Beatriz dijo, mientras sonreía observando de
lado y con atención cada movimiento que Gema hacía, mientras se dejaba caer en la arena
frente al mar, donde tantas otras veces ya habían pasado horas enteras.
- No me lo has dicho... -Gema observó a Beatriz hacia arriba, mientras ésta aún
permanecía de pie a su lado. Sonrió, más que por la pequeña información de la cual
acababa de enterarse, por ver a la chica con esa expresión en la cual podía notar que
su timidez quedaba totalmente opacada por el cariño que en ella veía; cariño absorbido
y devuelto con la misma intensidad por la morena.
- Mentirosa; claro que te lo dije -finalmente ocupó un sitio sobre aquella superficie
granulada, para qué decir a centímetros de distancia de Gema, si no existía ni el más
mínimo espacio que las separase entre sí.
- Entonces ¿para qué me lo preguntas? -Gema, sabiendo bien el por qué, no dejó de
preguntar; al igual que Beatriz quería oírlo de su boca.
- Porque esperaba que me dijeras que tú también lo has hecho, y de paso comprobar si
es que piensas algo en mí -Beatriz observó el oleaje casi inexistente en aquel momento,
mucho más que el sonido que el mar provocaba.
- Si te dijera que pienso algo en ti, estaría mintiendo... -Gema escudriñó cada
centímetro del rostro de Beatriz, el cual estaba a completa merced de sus ojos. A Gema
no le importaba que la chica sintiera su mirada insistente sobre su perfil, ni mucho
menos estaba interesada en girar su propio rostro si es que Beatriz decidía regalarle
el brillo de sus ojos en aquel instante.
- ¿No lo haces? Mentirosa -Beatriz dijo, tan segura de sus palabras, como de que la
persona que la mantenía en las nubes estaba tan cerca suyo en aquel momento que podía
sentir su roce, su aroma emanando de su piel, y su mirada; sus ojos clavados, más que
en su rostro en cada resquicio de su ser. ¿Por qué sentía aquella mirada tan intensa?
¿cómo lo lograba Gema?
- No dije que no lo hiciera; dije que estaría mintiendo si decía que pensaba 'algo'
porque la verdad es que pienso mucho en ti -Insistieron aún sus ojos azules,
permaneciendo en el mismo lugar. No iba a desistir tan fácilmente, no iba a desviar la
mirada. No. Ahí se quedaría, hasta que Beatriz se dignara a regalarle, aunque fuese un
segundo de su mirada, hasta que Beatriz le obsequiara un instante, sólo un momento en
el cual sus propios ojos fueran el destino de la mirada de la chica.
Beatriz dirigió su atención finalmente hacia el rostro de Gema, girando lentamente su
cuello. No hubieron imagenes contra las cuales chocaran sus ojos en el transcurso de
tiempo en que demoró llegar hasta su objetivo. Sólo su meta. Sí, sólo aquello inundaba
sus pensamientos; esos nervios que recorrían su estómago haciéndole cosquillas, esa
sonrisa torpe y tímida que invadía su rostro, cuando tenía la seguridad de que estaba
próxima a caer en su mirada y a perderse en ella. Aquellos movimientos que producía su
cuerpo, como si en un instante hubiese perdido la facultad para coordinar sus
articulaciones. Gema le producía tantas, tantas cosas, que no tenía idea ya si
continuaba controlándose a sí misma, o si inevitablemente era el efecto de Gema el que
la mantenía bajo su dominio, estuviera o no presente.
Habían momentos en los cuales no podía dejar de buscar sus labios. Habían instantes en
los que no era capaz de frenar sus manos, que volaban inexorablemente a lugares del
cuerpo de Gema, que se alejaban definitivamente de su rostro y de sus manos. Habían
segundos en los cuales no controlaba lo que su cuerpo decidía hacer y cómo hacerlo.
Mas, habían minutos en los que no deseaba nada más que quedársela mirando. Por dios,
que se quedaría su vida entera observando aquel rostro, y aquellas facciones que en su
vida había soñado ver en algún ser humano. Ni en sus historias, ni en sus pensamientos,
ni en ningun lugar en donde su mente parecía colapsar de ideas coherentes, para
trasformarse en unas absolutamente dementes; ni aún allí encontraba la hermosura que
había descubierto al ver por primera vez a Gema, la que iba encontrando cada día más,
y la parte de imaginación a la que se había aferrado, de toda aquella belleza que aún
faltaba por ver, tocar, y sentir de ella.
- Hay algo que me gustaría contarte -habló por fin, percatándose que su tono de voz se
oía tímido y dubitativo.
No hizo falta que Gema respondiera, ni que le diera una respuesta afirmativa a aquello
que dentro de la cabeza de Beatriz luchaba por salir, por más que la joven no tuviera
mucho interés en pronunciar las palabras que dejarían claro en la morena todo aquello
de lo cual su ser parecía querer desprenderse.
Gema sonrió sutilmente, y se dispuso a escuchar cualquier cosa que Beatriz quisiera
contarle; cualquier cosa de la cual tuviera la intención de hacerla partícipe. Ya que
de su vida se trataba, y por eso ella daría lo que fuese por pertenecer completamente.
- La chica con la que tuve esa relación que no funcionó, era la hija de un profesor que
actualmente tengo -Beatriz observó por un segundo la reacción de Gema, intentando
percibir el más mínimo grado de rechazo o falta de interés de su parte. Cualquier cosa
negativa que emitieran sus facciones, para así frenar de inmediato a su -algunas veces-
traicionera lengua.
- No me molesta que me hables de ello si eso temes, Beatriz.
Por dios que Gema no parecía tener compasión de ella. Cómo se atrevía a pronunciar de
aquella forma las letras de su nombre. Cómo tenía corazón para mandar a sus cuerdas
vocales que dijeran sin previo aviso aquellas sílabas que conformaban la palabra con
la cual sus padres habían decidido que se le llamaría durante toda su vida. Cómo era
posible de que Gema con una falta de consideración mayúscula, le lanzara a quemarropa,
y sin siquiera cortarse por ello, su nombre. No era posible, no podía ser, cómo iba a
ser... que con aquella palabra que se oía tan simple, tan banal en labios de cualquier
otro, la derrumbase por completo, la desmembrara, y la hiciera sentir como si su alma
se derritiese lentamente, hasta formar un montón de substancia, una pila de lo que
fuese que estuviera conformado su espíritu. Pero, no en el suelo; no, eso si que no.
Beatriz se caía hacia el cielo, hacia el espacio, quedaba flotando en él, tan liviana
y translúcida para los ojos de Gema, como para nadie más lo era.
- Me dejó el mismo día en que su padre, mi profesor, descubrió que lo nuestro no era
una simple amistad -Beatriz dijo, una vez que su voz tuvo la decencia de volver a
aparecer en su garganta-. Yo no sé si el viejo se las ingenió para convencerla de que
era heterosexual. Estoy segura que hasta el día de hoy la obliga a ir al psicólogo.
Bueno, eso no me interesa; tal vez en realidad sólo fue una confusión -aquello último
no la convenció ni a ella misma-. Ahora está casada ¿sabes? Lo sé porque el señor ése
se dedicó a vanagloriarse de ello, como si hubiese sido él mismo el del matrimonio.
Por supuesto, que la noticia me la dedicaba completamente a mí. Recuerdo muy bien la
forma en que me miró con su sonrisa amplia; jamás lo había visto, ni lo he vuelto a
ver sonreír de esa manera, como cuando anunció que no estaría presente en clases la
semana siguiente, porque su hija se casaba con el hombre más maravilloso que pisaba la
faz de la tierra -Beatriz rió; no hubo ironía en aquel sonido, sólo una gracia pura y
honesta que lo que estaba relatando producía en su ánimo-. Carolina era su niña
consentida; ella adoraba a su padre ¿sabes? lo tenía en un altar, como si el viejo
fuera un dios, y siempre se sintió culpable por lo nuestro; me lo hacía sentir, como
si con ello estuviera faltándole a su padre, como una traición -Beatriz buscó el
recuerdo de la chica en su interior, pero lo encontró tan lejano como sus propios
sentimientos hacia ella-. Bueno, espero en realidad que sea feliz con su marido, al
menos ella era feliz haciendo feliz a su padre, y eso lo consigue con el simple hecho
de ser 'la señora de'.
- ¿Nunca más volviste a verla?
- Nunca; ella jamás se acercó a darme una explicación. No vive en esta ciudad, eso fue
lo último que supe. Supongo que el padre prefiere privarse de ver a su hija seguido, a
que ella tenga la posibilidad de cruzarse conmigo en la calle -sonrió. La obligó a
dejar los estudios y todo.
- ¿Y de qué forma te trata?
- Me odia, y no hace demasiado esfuerzo por disimularlo. Supongo que él sueña con el
día en que no me vea más la cara. Al menos no me pone bajas notas, más que por moral
por su temor; siempre ha creído que yo voy a andar divulgando lo que pasó, y en vez de
eso prefiere continuar viéndome en cada clase.
- Gracias por contármelo, ese hombre no tiene idea el favor que me hizo -Gema dijo,
mientras se ponía de pie y le extendía un brazo a Beatriz.
- ¿Favor? -se quedó mirando a la morena un tanto confusa.
- El pobre hombre sólo es un objeto del destino; él ayudó a sacar a la chica de tu
vida, de paso me ayudó a mí ¿recuerdas? Carolina debía desaparecer de tu lado; ese
lado que yo debía ocupar. ¿Vamos?
- ¿Dónde? -Beatriz sólo sonrió; era cierto, si su profesor no hubiera utilizado su
título de padre para separarlas, quizá Beatriz aún seguiría con Carolina. ¿Qué hubiera
pasado si las cosas que sucedieron, no hubieran sido de la misma manera? ¿Hubiera
aparecido Gema en su vida?
- Hubiese o no estado esa chica junto a ti me habrías conocido de todas formas; yo no
lo necesitaba a él para alejarla de tu lado, pero aún así me facilitó las cosas -Gema
sonrió, mientras observaba la reacción de Beatriz ante sus palabras-. A mi casa
¿quieres conocerla?
Beatriz observó a Gema parada a su lado acercándole su mano, y esperando para que al
fin la tomara entre la suya. ¿Era aquello una invitación a que su relación evolucionara
en algo más íntimo? ¿o era sólo una forma de hacerla parte de su vida, de su ambiente
diario?
Fuese de la manera que fuera, Beatriz estaba segura que no podría resistirse a lo que
sea que Gema tenía en mente. ¿Lo deseaba? Cualquiera que la hubiese visto mirando o
devolviéndole una mirada a la morena, sabría sin necesidad de ser mentalista, que sus
deseos crecían día a día, cada segundo que estaba junto a la joven, y cada vez que la
acariciaba.
La vio sonriendo ampliamente, tal vez adivinando sus cavilaciones, quizá siendo
partícipe en sus reflexiones que estúpidamente pensaba eran sólo de ella. La observó
allí, con sus ojos brillantes, y ese azul que parecía alcanzar un color antinatural a
la vista de cualquier individuo. La contempló esperando por ella, sólo por ella; y supo
que Gema la estaría esperando toda su vida si es que fuese necesario. Ya fuera por el
momento que tanto temía como esperaba, o simplemente por encontrarla, como le había
dado a entender que había estado haciendo todo aquel tiempo ausente de su vida. Y por
qué no aceptar que ella misma tan sólo había estado vegetando, sin vivir realmente,
sin respirar en esta vida, sin sentirse un ser humano íntegro y completo.
Se apoderó de su mano, la apretó firmemente. Qué hermosa la sensación que le producía
aquel contacto, qué lindo era sentir la forma en que su mano se amoldaba a la de Gema
tan perfectamente, que precioso era el simple hecho de caminar junto a ella, de
deslizarse por allí, por donde fuese y hacia donde fuera. Qué importaba, si Gema se
encontraba a su lado, qué importancia podía tener que nada en la vida fuera seguro,
qué le interesaba a vista de cualquiera parecer un bicho raro, cambiando su pensamiento
de vida al momento justo en que Gema se había dejado caer en ella, aquella noche frente
al mar. Qué demonios le importaba analizar o analizarse, o que alguien más intentara
hacerlo ¿qué importaba? ¿qué?
Dio un paso, y extrañamente tropezó con algo. ¿Quién rayos había dejado caer algo en
su camino? Nisiquiera alcanzó a pensar en nada, porque se estaba yendo al suelo de una
manera demasiado brusca, para el hecho de que estuviese fuertemente agarrada a la mano
de Gema. No, la chica no la dejaría caer, por supuesto que no; ella permanecería de
pie y la obligaría a continuar de pie también a ella.
- ¡Beatriz! -oyó su voz llamarla, mientras que el vértigo hacía presa de su cuerpo, y
el eco de aquella última sílaba retumbaba en sus oídos, mientras se transformaba en un
sonido que parecía demasiado lejano para venir de alguien que se encontraba
literalmente a su lado.
- Bea... Bea...
Sus párpados dolieron, dolieron tanto, y en una forma tan aguda cuando se estamparon
cada uno contra los huesos de sus cavidades oculares. Su cuerpo chocó contra algo que
más que parecer pavimento o alguna superficie dura, parecía nada más que aire.
Desapareció la calle, y desapareció todo a su alrededor, y cuando enfocó su vista en
la figura enfrente de ella, no fue a Gema a quien encontró, nisiquiera a su propio
reflejo.
- ¿Qué pasó? -Su voz preguntó dudosa, temerosa, mientras sentía una sensación de
desasosiego tan desquiciante, que le hacía querer llorar sin descanso. Miró hacia
abajo, miró para todos lados, y miró finalmente al frente una vez más, en donde ella
la estaba observando, mientras sonreía divertida. Y ese olor, ese olor penetrando por
sus fosas nasales, y todas esas pequeñas llamitas alrededor haciendo que todo pareciera
aún más extraño.
- Y luego me dices que no te gustan estas cosas, es que eres tan terca -rió chillona-.
Ya, tranquila, deja de mirarme con esa cara de loca, sólo estabas soñando; en vez de
meditar terminaste durmiéndote como un bebé.
- ¿Soñando...? -Beatriz preguntó dudosa.
- Sí, eso que hacen las personas cuando se duermen; soñar.
Beatriz obervó a Sandra poniéndose de pie, mientras que no se daba ni el trabajo de
apagar las velas. ¿Qué demonios acababa de pasar? ¿A qué punto llegaban sus
sentimientos por Gema, que incluso soñaba con ella de una manera que más que un sueño
parecía una vivencia tan lúcida como cualquier cosa que hiciera en su vida diaria?
Sacudió su cabeza confundida, mientras gateaba alrededor soplando una a una las
llamitas amarillentas; algunas apenas desprendiéndose de la mecha, otras que parecían
querer llegar al cielo. Pensó en Gema nuevamente y sonrió, e intentó deducir cómo
reaccionaría la morena cuando supiera que no se contentaba tan sólo con los momentos
que la chica le regalaba para estar junto a ella, sino que ahora se daba la libertad
de robársela y llevarla hasta sus sueños, de tenerla a cada instante consigo.
Continuará...