Una molesta voz se interpuso entre ella, y el agradable sueño que estaba teniendo;
arrebatándosela, mientras que su hombro era agitado y sacudido, con lo que quien fuese
que estuviera haciendo aquello, pretendía ser suavidad; mas, en su inconsciencia parecía
un verdadero terremoto producido en todo su cuerpo.
- Bea, Bea, despierta. -Oyó la voz, que ahora se convertía en susurro, al emerger
completamente de su estado onírico, mientras que Sandra continuaba meneando su hombro.
- Déjame dormir... -Masculló, casi ininteligiblemente, mientras se volteaba, escapando
de voces y zarandeos, bajo la calidez del cobertor.
- Bea, es tarde, tienes clases hoy, te quedaste dormida. -Sandra insistió aún, mientras
que alzaba la voz unos cuantos tonos más arriba.
- ¡¿¿Qué hora es??! -Fue todo lo que Beatriz necesitó escuchar, para dar un brinco de
la cama, y dejar atrás sueños, calidez de cobertores y sus deseos de continuar sumergida
en ellos.
- Ya, tranquila. -Sandra cambió su tono suave, por su habitual agudo, mientras que daba
un chillido, y aplaudía vigorosamente, observando a Beatriz, quien la veía con ojos aún
soñolientos, parada junto a su cama. -Vuelve aquí, es tempranísimo, y no tienes clases
hasta dentro de cuatro horas, tontita. -Le lanzó dos besos, sonrió zalamera, y se metió
entre las sábanas aún tibias, que habían cobijado a Beatriz durante toda la noche.
- ¿¡Entonces, por qué demonios me despiertas!? -Su voz se oyó enfadada, mientras que
efectivamente se sentía furiosa por haber sido sacada, tan egoístamente de su sueño.
- Lo siento mi niña ¡Es que no aguantaba más las ganas de saber todo lo que pasó ayer!
-Sandra agarró una almohada, le pegó unas cuantas palmadas, intentando dejarla lo
suficientemente abultada como para que su cabeza se posara en algo blando, y se dejó
caer en ella. -Ahora métase aquí al ladito mío y ¡Cuéntamelo todo!
- No puedo creer esto... -Beatriz meditó las posibilidades que tenía; y a la única
conclusión a la que fue capaz de llegar, era que, o le contaba todo de inmediato, o se
lo contaba más tarde; lo cual sería exactamente lo mismo, más aún, porque las
probabilidades de volver a quedarse dormida, después de tanto barullo, eran
prácticamente nulas.
- Ya, no te enojes, porque te pones fea y te arrugas; mira aquí ¿ves? se te está
formando una fea línea de tanto fruncir el ceño. -Sandra dijo, mientras se ponía seria,
y deslizaba un dedo por el entrecejo de su amiga, mientras que Beatriz le daba
manotazos, intentando liberarse de ella y de esa yema entrometida.
- Eres imposible... -Dijo con fastidio, mientras se acurrucaba nuevamente dentro de la
cama, con su amiga al lado.
- ¡Ah! se me olvidaba, te traje el desayuno, así te dan más ganas de contarme todo, con
lujo de detalles. -Sandra se paró de un brinco, regresando al segundo, con un vaso de
jugo natural, el cual extendió a Beatriz, para luego meterse una vez más en la cama,
con expresión de entusiasmo.
- ¿¿Un vaso de jugo?? ¿y el pan? ¿y mi café? esto no es un desayuno. -Beatriz le
devolvió el vaso a Sandra, sin siquiera darle un sorbo.
- ¿Pan y café? el pan engorda, y el café te mancha los dientes; un juguito natural es
más sano, toma toma y comienza a contar ¡Ya! que me tienes histérica.
- Ah no, yo sin mi café y mi pan, no digo nada; necesito incentivos. -Se volteó,
dándole la espalda a la trigueña, mientras que cerraba los ojos, fingiendo intentar
dormirse, otra vez.
- O sea que me lo vas a poner difícil ¿cierto? ok, ok, si esas tenemos. -Sandra dijo,
mientras abandonaba la cama, una vez más. -Volveré en un minuto, y más te vale que
halla pasado algo bueno ayer con la Pauli, porque o si no, te lanzo el café por la
cabeza. -Dejó de hablar, mientras parecía meditar algo. -Mejor el jugo, que tampoco me
gustaría que te quemaras...
Sandra abandonó la habitación, mientras que a Beatriz le comenzaba a hacer eco en la
cabeza el nombre Paula. ¿Contarle todo con lujo de detalles? ¿qué halla pasado algo
bueno con Paula? Las preguntas bombardearon su cerebro, mientras no daba con ninguna de
las respuestas que la trigueña, tan urgentemente necesitaba conocer.
Finalmente, sólo un nombre y un rostro llegaron a su cabeza, en el instante justo en el
que Sandra irrumpía nuevamente en la habitación, café y tostadas en mano, luciendo una
sonrisa de oreja a oreja, mientras que hacía pasitos de baile, derramando cada vez más
café en el platillo, el cual Beatriz aún sin probar, sabía perfectamente que estaba tan
agrio como todos los cafés que alguna vez, Sandra, con toda su buena voluntad, o todas
sus ganas de indagar en algo que le interesase sobremanera, se había hecho el tiempo de
prepararle en su vida.
- Qué conste que te lo advertí, luego no me vengas con que Sandra mírame las ojeras, o
los dientes amarillos; eres tan terca. -Le extendió la taza, que estaba prácticamente a
la mitad, y el platillo inundado de líquido café.
- Ya, que me duele la cabeza, y no se me olvida que me despertaste, sabes que lo
detesto. -Se acomodó en la cama, mientras dudaba si darle un sorbo al líquido, o mejor
pasar.
- ¿Te traigo una aspirina? -Sandra se acurrucó a su lado, apoyando la cabeza en su
hombro, mientras la miraba con ojos de adoración, para luego plantarle un empalagoso y
sonoro beso en la mejilla.
- No, gracias, está bien así. -Beatriz, por fin, reunió el valor de llevar la taza
hasta su boca, y dejar que el líquido pasara por su garganta; como bien lo había
supuesto, estaba terrible, y la expresión en su rostro no disimuló ni en lo más mínimo,
lo que le había provocado su sabor.
- Sorry, sé que mis cafés no son muy buenos que digamos, pero que no se diga que Sandra
no tiene la mejor intención y disposición del mundo. -Le sonrió a su amiga, con una
sonrisa infantil, para luego comenzar a jugar con las migajas de pan, que habían en el
plato, mientras que Beatriz le daba un mordisco a una tostada, intentando que pasara el
mal sabor.
- Está bien. -Beatriz dijo, dándole un beso en la frente; y se apuró un sorbo de jugo
de naranja, que después de todo, probablemente, era lo más sabroso de aquel desayuno.
-Mucho mejor. -Aceptó, una vez que había tragado aquel líquido frío.
- ¿Viste? si no fueras tan terca, desde un principio te hubieras bebido el jugo y ya; y
ahora, cuéntame, cuéntame al tiro ¡Qué ya no me aguanto ni un minuto más!
- Vale... -Fue todo lo que salió de la boca de Beatriz, mientras que sonreía divertida
al ver el suspenso en los ojos de Sandra, intentando adivinar lo que vendría a
continuación.
- ¡Ya poh! ¿pasó algo? ¿¿hubo beso??
- Definitivamente, hubo beso. -Beatriz dijo, sonriendo, mientras recordaba el momento;
y al segundo caía en la cuenta del problema que había olvidado que debía resolver.
- ¿¿¡Se besaron!?? -Sandra se paró de improviso sobre la cama, mientras que Beatriz
hacía esfuerzos para que el vaso que descuidadamente sostenía en una mano, no saliera
volando de ella, con semejantes movimientos. -¡Lo sabía! ¡Lo sabía! -Cantaba Sandra,
mientras que movía las caderas de un lado a otro, haciendo un baile de lo más divertido
a los ojos de Beatriz. -Sabía que mi Beíta, algún día se iba a lanzar definitivamente a
la vida, e iba a dejar atrás sus años monjisticos. -Continuó, para luego dejarse caer
de rodillas, abruptamente, sobre la cama, cuyo colchón rebotó por un momento, y antes
que volviese a su inercia, Sandra se estaba lanzando en los brazos de Beatriz, sin
importarle ni las tostadas, ni el jugo, que finalmente salió volando de las manos de su
amiga, derramándose por todo el cobertor.
- ¿¡Estás loca!? ¡Mira lo que hiciste, atarantada! -Salió hecha una furia de la cama,
para luego regresar con un paño el cual posó sobre la mancha de color naranjo, que
comenzaba a impregnarse en la tela.
- Uy, perdón... -Dijo Sandra, llevándose una mano al pecho, y observando el malhumor,
que definitivamente estaba apoderándose de las facciones de Beatriz. -Bea ¿por qué te
has puesto tan gruñona? antes no eras así ¿no te acuerdas cuando nos lanzábamos todo lo
que pilláramos, encima? y a tí te no te importaba ensuciarte, ni tener que ducharte
diez veces al día si es que era necesario.
Beatriz meditó aquello último; y los recuerdos de los años de infancia, y de pubertad,
se mezclaron, no tanto con lo que Sandra estaba reprochándole en ese momento, sino que
con las palabras que Gema, el día anterior, le había dicho. Al segundo, dejó de
deslizar el paño por sobre el líquido derramado, lo lanzó lejos, quitó el cobertor, lo
dejó caer en el piso, y volvió a meterse dentro de la cama, para luego darle golpecitos
al colchón, invitando a su amiga a que se volviese a acostar junto a ella.
- Tienes razón, yo... no sé por qué me he puesto así; es esta maldita edad, no sé, es
todo, perdona. -Recibió una sonrisa de Sandra, quien no demoró en instalarse junto a
ella, mientras que esperaba que Beatriz reanudara su interrumpido relato.
- Entonces me decías que ¡¡Hubo beso!! -Aplaudió entusiasmada, mientras apuraba a su
amiga a continuar hablando.
- Hubo beso, pero no fue con Paula, fue con Gema... -Beatriz pronunció la oración,
sintiéndose bastante extraña, y pensaba en cómo demonios le iba a explicar a Sandra lo
que había pasado; y más aún, porque ni ella misma tenía una idea lo suficientemente
clara, como para responder el bombardeo de preguntas a las cuales en unos segundos, sin
duda alguna, la trigueña la iba a someter.
- ¿¿¡¡Qué!!?? -Sandra exclamó, dedicándole una mueca enorme de asombro; pestañeó
reiteradamente, y luego soltó nuevamente la misma pregunta. -¿¿¡¡Qué!!?? -Se quedó
viendo a Beatriz en silencio, por algunos segundos. -A ver, espera un momento, o los
años me están afectando, o ayer oí que salías con Paula, y no con Gema.
- Era con Paula.
- ¿¿¡Entonces!?? -Preguntó alzando la voz, aún más, si es que aquello era posible,
mientras que no le quitaba los ojos de la cara a su amiga, esperando explicaciones.
- ¿No me darías unas horitas para que yo misma termine de comprender las cosas, y luego
te intento explicar? -Beatriz le dio el último sorbo a su prácticamente vacío vaso de
jugo, mientras que en vez de sentirse confundida, comenzaba a sentirse ridícula.
- ¡¡No!! nada que ver, necesito explicaciones right now.
En ese momento sonó el teléfono, y Beatriz salió inmediatamente de la cama en dirección
fuera de la habitación, sintiendo como si la campana la estuviera salvando; pero al
segundo recordó que podría ser Gema, o Paula, y se quedó inmóvil al instante.
- Mejor anda tú, y si es para mí, dices que no estoy; hay algunas cosas en las que
necesito pensar antes de hablar con cualquier persona.
- Ah no, yo no me muevo de aquí, y ninguna de las dos contestamos, punto; porque ya
veo que la situación está enredosa tanto para tí, como para mí, así que has el intento
de explicarme cómo es que te fuiste a juntar con Paula ¡Y terminas besándote con Gema!
no me cuadra, y créeme que lo estoy intentando, me estoy esforzando, Bea.
- Vale. -Beatriz dijo resignada, observando un segundo a Sandra, quien la miraba
impaciente, mientras que se decidía a contar todo lo que recordaba, aún con el peligro
de parecer una verdadera demente; porque francamente incluso ella misma pensaba que se
estaba desquiciando. -¿Alguna vez has tenido lagunas mentales?
- ¿¿Lagunas mentales?? ¿eso qué te olvidas de algún momento en particular?
- Ajá, eso mismo.
- Mm ya, ya estoy comenzando a entender; lo que pasó es que te tomaste unos traguitos
de más ayer, mientras estabas con Paula ¡Y se te apagó la tele! -Rió divertida.
- ¡No! Esto va a ser más difícil de lo que imaginé... -Dijo Beatriz, entre dientes,
moviendo la cabeza de un lado al otro. -Mira, llegué al lugar, llegó Paula, nos
saludamos, nos metimos a un lugar a tomarnos un café, hablamos de varias cosas, todo
iba bien, incluso mejor de lo que me esperaba; entonces ella se paró para ir al baño,
en eso miro para afuera, y me pareció ver a Gema, entonces salí, miré para todas partes,
choqué contra algo, me volteé, y ahí estaba ella mirándome con sus ojos azulitos
azulitos... -Suspiró, mientras sonreía.
- ¿¿Y qué paso?? me estoy confundiendo un poco. -Sandra dijo, mientras meneaba las manos
en el aire. -¿Cómo es posible que estés en una cita con Paula, y al minuto que ésta
desaparece, aparece Gema?? ¿Se pusieron de acuerdo?
- Yo tampoco sé, pero aquí viene la parte difícil, y te suplico que no me salgas con
alguna de tus frases obscenas o desubicadas, por favor; porque yo misma no termino de
comprender ¿vale? -Beatriz miró a Sandra con ojos de súplica, mientras sentía que
cualquier petición de ese tipo, sería absolutamente olvidada, al segundo en que
emitiera la próxima oración.
- Ok ok, dale. -Sandra animó a Beatriz a continuar, mientras comenzaba a entusiasmarse
con el relato.
- No sé qué demonios me sucedió en ese momento, Sandra; pero la vi a ella ahí,
intercambiamos algunas palabras, me invitó a caminar; y sé que suena extraño, pero se
me olvidó por completo Paula, o sea desapareció de mi cabeza ¿entiendes? -Beatriz
dirigió una mirada a Sandra, quien la observaba esperando que continuara; pero eso no
ocurrió.
- Me estás tratando de decir que estabas en una cita con una chica, se aparece otra
chica, y se te olvida por completo la primera ¿¿¿tienes idea de lo extraño, loco y...
extraño, en fin, que suena eso??? -Sandra observó a Beatriz, la cual escapaba de su
mirada completamente avergonzada. -Bea, eso ni siquiera me ha pasado a mí, y dudo mucho
que me pase; lo que sucedió fue que se te apagó la tele; te tomaste unos cuantos... qué
digo unos cuantos ¡Varios! tragos de más, y ni siquiera de eso te acuerdas; y luego
alucinaste con Gema, o yo qué sé.
- ¡No! mierda... no, o sea, no tomé nada, sabes que casi nunca lo hago. -Beatriz alzó
la voz enfadada, y a la vez, completamente consciente de que hasta para ella misma
estaba sonando como una loca. -Simplemente, olvidé a Paula; y eso no es todo, nos
sentamos en el banco de una plaza con Gema, hablamos un momento, luego casi nos besamos,
pero yo me arrepentí, y luego cuando ella se va, corro, la agarro, y le doy tremendo
beso; dios... -Se cubrió el rostro, mientras que su sonrojo era evidente por entre sus
dedos. -¿Cómo se supone que una olvide cosas? no lo entiendo Sandra, y no me repitas
otra vez que si acaso estaba borracha, porque no es así, y estoy segura. -Dijo,
seriamente, mientras veía la incredulidad en el rostro de su amiga. -Luego nos quedamos
largo rato sólo tomadas de la mano, observando alrededor, y mirándonos de vez en cuando;
¿y sabes qué?
- ¿Qué? -Sandra sonrió, ante los sentimientos que demostraba cada una de las palabras,
y sobre todo la expresión de Beatriz.
- No puedo arrepentirme por haber olvidado a Paula, ni de olvidarme de todo lo demás...
-Beatriz observó sus manos, sonrió dulcemente, y elevó su verde mirada hacia el frente,
mientras que revivía las escenas del día anterior en su cabeza. -Porque fue maravilloso....
*****
- ¿Sandra? -Beatriz subía las escaleras, tan rápido como le era posible, mientras que
mantenía el celular pegado a su oreja, oyendo lo que la trigueña tenía que decirle.
-¿Hoy? ___ No sé... es que no tengo muchas ganas ¿por qué mejor no van ustedes solos?
___ Luego te digo ¿quieres? tengo que entrar a clases ahora, estoy atrasada ___ Vale
vale voy, nos vemos más rato ___ No sé, aún no me la encuentro; por dios... no sé qué
le voy a decir ___ Bueno, gracias ___ Besitos igual, bye.
Lanzó el teléfono dentro de su bolso, se paró delante de la puerta, donde probablemente
la clase ya habría comenzado, y quizá era mejor de esa manera; así tendría tiempo,
antes de que fuese inevitable el tener que hablar con Paula. ¿Qué explicación le daría
por haberse ido sin siquiera avisar? no tenía ni la más mínima idea; pero, de una cosa
sí estaba segura, que disculpas tendría que ofrecer, porque se había comportado como
una miserable con la chica, y sobre todo porque Paula se había portado genial con ella.
Inspiró profundamente, abrió la puerta, y en aquel segundo oyó una voz ronca y
desagradable cerca de su oído.
- Buenos días, señorita Beatriz ¿qué tal va avanzando su historia, cuya protagonista se
llama Gema? -El profesor se hizo paso entre el marco de la puerta, y Beatriz, sin
siquiera importarle atropellarla al pasar.
Beatriz lo miró con fastidio, mientras que olvidaba momentáneamente su actual problema;
lo vio avanzando a través de la sala, hasta situarse detrás de su escritorio, y dejar
caer los libros sobre la mesa; éstos hicieron un gran estruendo al hacer contacto con
la superficie. El hombre dirigió su mirada hacia ella, sonriendo burlescamente, y le
hizo un gesto con la mano para que pasara; sólo en ese momento, Beatriz fue nuevamente
consciente de que Paula probablemente estaba observándola desde el interior de la sala,
y que ella continuaba parada en la puerta como una estatua; como una imbécil.
Avanzó por entre las sillas, mientras sentía la mirada de Paula clavada en su rostro;
no sabía qué hacer ¿mirarla? ¿no mirarla? ¿saludarla? ¿qué hacer, por Dios? Por fin
decidió llevar su mirada hacia ella, y así lo hizo; con temor, lentamente, dirigió sus
verdes ojos, hacia el lugar en el cual se encontraba sentada la joven, y se encontró
con los marrones de Paula, observándola. Sus miradas hicieron contacto finalmente, y
vio en ella una expresión que no fue capaz de discernir del todo. Al llegar a su puesto,
sin quitarle la mirada de encima, los labios de Paula dibujaron una gran sonrisa; esa
sonrisa encantadora, y perfecta que había visto en reiteradas ocasiones, durante su
estadía en la universidad, y sobre todo, el día anterior.
No entendió a qué se debía esa sonrisa, ni por qué demonios Paula sentiría deseos de
enseñársela, y dedicársela a ella en todo su esplendor. Se dejó caer en su silla,
percatándose de que Paula estaba a su lado, en vez de dos asientos más atrás; miró
alrededor un poco confusa, mas, nadie estaba preocupado de ella; dirigió su atención
adelante, y nisiquiera el profesor la miraba, como era su costumbre, el estar pendiente
de cada uno de sus movimientos. Volvió a mirar a la joven a su lado, y la sonrisa
continuaba ahí; no estuvo segura qué hacer, o qué decir; así que simplemente esperó a
que Paula le dijera lo que quisiera, o por lo menos llegar a entender el motivo de su
alegría.
- ¿No me vas a saludar? -Oyó su voz cerca de su oído, mientras sentía cosquillas en él.
- Hola ¿cómo estás? -La miró afligida, y esperando lo peor.
- Perfectamente, después de ayer ¿y tú? -Paula continuaba sonriendo, y Beatriz comenzó
a sospechar que estaba siendo irónica, o que por lo menos, le faltaba un gran tornillo,
para decirle aquello; ya que definitivamente estaba pensando en su persona cuando se
refería al día de ayer.
- Yo... Paula yo... -Comenzó a tartamudear, mientras que una serie de frases de
disculpas bombardeaban su cabeza, y entre todas ellas, aparecía el rostro de Gema, y el
beso que se habían dado; el primero, puesto que los que siguieron, fueron una
continuación del mismo; aunque, Beatriz, se descubrió pensando en las diversas formas
en las que Gema besaba; sin que un beso fuera jamás inferior que el anterior, ni tampoco
igual; y la suavidad de sus labios...
- Bea ¿te pones nerviosa? qué linda... -Paula dijo, mientras sonreía aún más.
- ¿Linda? Paula, no me hagas esto más difícil, por favor. -Beatriz comenzaba a sentirse
bastante angustiada; y hubiera preferido que la chica simplemente la ignorara, o que
por lo menos la insultara, lo que fuese, en vez de esa actitud que estaba tomando.
- ¿No te gusta que te halaguen? bueno, si no te gusta, no lo volveré a hacer, o por lo
menos intentaré no hacerlo.
- Paula, lo siento, en serio; no sé qué me pasó, yo... mira, mejor no te explico qué
fue lo que pasó, pero lo siento tanto, de verdad, yo jamás había actuado de esa manera,
yo no soy así. -Las palabras salían, una a una, de su boca, mientras se iba sintiendo
más y más estúpida al pronunciar cada una de ellas.
- Tranquila, Bea; yo entiendo si no te gustan las cosas rápidas, aunque te dije que mi
intención no era llevarte a la cama; respeto tus tiempos, y si quieres ir lento, por mí
está bien, no quiero presionarte a algo, si no estás segura... yo soy muy paciente.
-Paula rozó fugazmente su mano, y dirigió su atención hacia el profesor, quien inundaba
la sala de clases con su estruendoso vozarrón.
Beatriz observó el perfil de Paula, desconcertada, mientras que no entendía ni una
palabra de lo que acababa de ocurrir; lo que pensó que eran frases irónicas, por su
comportamiento, claramente no lo eran; ya que la chica acababa de decirle que respetaba
sus tiempos, y que ¿entendía si no le gustaban las cosas rápidas? Por Dios ¿es qué
acaso era eso lo que había pensado Paula? ¿qué se había largado por temor a que se
estuvieran precipitando, por el simple hecho de haber estado en una cita? Francamente,
no sabía si sentirse feliz de que Paula hubiese quedado conforme con sus propias
conjeturas, o si sentirse realmente baja, por no sacarla de su error. Todo aquello se
mezcló en su cabeza, con sus lagunas mentales, y sus insólitos olvidos; y finalmente,
lo único que tenía claro, eran sus ojos, sus ojos azules, y su cabello oscuro, y sus
besos, sus besos, dios mío; Gema.
- Esperemos que la señorita Beatriz, no nos distraiga con sus personajes ficticios
durante el transcurso de esta clase ¿nos haría el favor? -La molesta voz del profesor
llegó hasta sus oídos, sacándola de sus pensamientos; y por fin quitó su atención de la
joven a su lado, para dedicarla completamente al rostro de él.
- No hay problema. -Dijo, sabiendo que aquello molestaría al hombre, mucho más que si
se dedicaba a discutirle, como bien sabía, que él adoraba. Sintió la mirada de Paula
clavada en su perfil, mientras que sus cavilaciones volvían a atormentarla una vez más,
y ciertamente, lo harían por las próximas horas del día, si no encontraba una razón
lógica para esa especie de dimensión desconocida que había estado viviendo.
*****
Hora y media más tarde, Beatriz había logrado sobrevivir al sin fin de preguntas que su
cerebro le había estado haciendo, y que ella sencillamente no podía contestar. Paula
había aprovechado cada ocasión en la que pudiera tocarle, ya fuera una mano, un brazo,
rozarle una pierna con la suya, y hasta quitar un mechón de cabello rebelde, que
constantemente se iba hacia su rostro, cuando inclinaba la cabeza para tomar apuntes.
Todo aquello le ponía incómoda, por las razones obvias de estar en público, y frente a
personas a las cuales estaría viendo durante todo el resto del año, y hasta en años
posteriores; y más aún, porque seguía sin entender el comportamiento de la joven hacia
a ella; definitivamente, odiándola no estaba. ¿Y Gema? ¿Por qué sentía que la estaba
traicionando cada vez que permitía que Paula la tocase, aunque fuera de forma tan
inocente como lo estaba haciendo?
- Pensé mucho en tí anoche. -Paula le dijo, acercándose a su oído, mientras que salían
del salón, y el ruido del exterior inundaba su audición, haciéndola sentir bastante
descompuesta, a la vez, que jóvenes de innumerables diferentes looks, y edades, pasaban
una y otra vez, delante de ellas, haciéndola sentir mareada y malhumorada.
- ¿Sí? -Beatriz la observó por fin, devolviendo su mirada, que sin duda alguna, estaba
pretendiendo coquetear con ella. Paula no buscaba ser descarada, ni mucho menos
incomodarla, delante de toda aquella multititud; pero, ciertamente lo estaba haciendo.
- No te gusta que te halaguen, ni que te digan que piensan en tí; espera voy a anotar.
-Hizo ademán de sacar su agenda y escribir en ella; pero lo dejó, y sólo sonrió
abiertamente, mientras que continuaba caminando junto a Beatriz, sin tener la menor
intención de dejarla ni a sol ni a sombra.
- No es eso... es sólo que me siento un poco desorientada esta mañana. -Dijo, haciendo
esfuerzos sobrehumanos por esbozar una sonrisa.
- Entonces déjame apuntar en mi mente, que no se te debe halagar, ni decir que se piensa
en tí, cuando estás desorientada. -Hizo una mueca de meditación. -Aunque primero debo
aprender a descifrar tu rostro, cuando muestre desorientación.
- Vale. -Beatriz sonrió, esta vez, sinceramente, mientras observaba a Paula, sin
entender por qué una chica tan linda como ella, estaba en ese mismo instante siendo, o
intentando por lo menos, ser encantadora; cuando el día anterior ella se había ido
directamente a los brazos de otra persona, en plena cita con ella.
- Bea. -Le tomó un brazo de repente, cuando se encontraban lo suficientemente apartadas
del resto de los mortales. -Sé que no te gustan las presiones, ni nada de eso. -Paula
se puso seria, lo suficiente como para hacer que Beatriz comenzara a ponerse tensa, y
hasta extrañar su sonrisa, deseando que ésta volviera, temiendo que ahora sí vendría un
reclamo, o por lo menos un ¿qué pasó? -Tú me gustas mucho, me encantas ¿entiendes? y sé
que debes tener un montón de chicas detrás; y no quiero hacer las cosas mal, quiero
tener algo contigo, Dios... daría cualquier cosa por eso; dame una pista, Bea ¿qué debo
hacer?
Beatriz la observó ahí, con su seguridad tirada a la basura, sin sonrisas encantadoras,
y sin frases sobre llevarla a la cama, o tener paciencia; no; literalmente le estaba
pidiendo, o casi suplicando, por algo que verdaderamente Beatriz no tenía ni la más
mínima seguridad de querer entregarle; no por Paula en sí, no por su forma de ser, ni
porque ella supiese o no cómo se le conquistaba; se trataba de Gema, por Gema no podía;
por muy extraño, y hasta ridículo que sonase, tenía un sentimiento tan grande en su
interior, no solamente por lo acontecido el día anterior, no sólo porque Gema era, sin
duda, una belleza, ni mucho menos porque se aparecía ante su vista en las oportunidades
más inexplicables, o especiales -como la morena hubiese dicho- como ambas ocasiones en
las cuales la había visto; simplemente, por ser Gema, por hacerla sentir cosas que ni
Paula, ni ninguna otra la habían hecho sentir jamás, nisiquiera en sus sueños infantiles,
ni en sus fantasías más elaboradas.
- Paula yo... no sé... es que. -Tartamudeó, sintiéndose realmente inútil a sus
veinticuatro años, siendo incapaz de dar una explicación de frente, como correspondía
y con todas sus letras.
- ¿Es por Gema? -Paula preguntó, y su tono de voz denotó toda la inseguridad claramente
plasmada en él.
- Sí, es por Gema; yo tengo demasiadas cosas en la cabeza ahora, y ella... si te contara
te reirías, pero da igual, el punto es que no puedo intentar algo contigo si está ella
presente ¿entiendes? -Lo dijo, y se sintió mucho mejor.
- ¿Ni siquiera me darías una oportunidad? no sabes lo que podríamos llegar a tener; yo
te podría querer mucho, con toda mi alma, como nunca nadie te ha querido antes. -Sonrió,
sabiendo lo cursi que sonaba todo aquello.
- Sé que me puedes querer mucho, sólo que ahora no puedo, es algo que no puedo controlar
¿entiendes? lo siento... -Beatriz dijo, sonriéndole dulcemente a la chica, mientras
sabía en su interior que estaba desechando una oportunidad maravillosa con esa persona,
sin mencionar, que segura; porque Paula no tenía parejas con quien terminar, y la tenía
a mano, muchísimo más que a Gema. Pero ¿quién puede luchar contra los sentimientos?
Beatriz ya no podía, y claramente, Paula no le provocaba lo que Gema le hacía sentir en
su interior, cuando pensaba en ella, o en las pocas horas que habían compartido juntas.
- Esta Gema... -Paula pronunció su nombre mirando hacia el frente. -Sé que no tienes una
relación con ella, porque de lo contrario no hubieras accedido a salir ayer conmigo;
entiendo lo que ahora me estás diciendo, pero no lo acepto; como te lo dije ayer, no
soy suertuda, pero sí segura, y puedes rechazarme ahora, pero ya veremos en el futuro;
yo tengo mucha paciencia, sobre todo cuando algo en realidad me interesa. -Sonrió, con
lo que Beatriz supuso sería la última sonrisa que vería de ella aquel día; se acercó
lentamente hacia su rostro, hasta que sus labios se posaron suavemente sobre su mejilla,
demorando el rompimiento del contacto, le rozó una mano con la suya, la miró de cerca
como queriendo hechizarla, como sentenciándola con aquella mirada, a tener que someterse
a sus deseos, tarde o temprano. Cubrió sus ojos con sus lentes de sol, se dio media
vuelta, y se alejó de aquel lugar.
Beatriz la vio saludando gente en su camino, y conversar animadamente con ellos; la
observó mientras se dirigía hacia su auto, hasta pararse en frente de él con las manos
en su cintura, mirar una propaganda dejada entre el parabrisas y el vidrio delantero,
mientras movía la cabeza de un lado al otro, para luego abrir la puerta, lanzar los
libros en el asiento, a su lado, dejarse caer en el suyo, y finalmente, poner en marcha
el vehículo.
Paula deslizó sus anteojos por su nariz, hasta dejar sus marrones ojos a la vista; y
mirar, directamente, hacia los ojos de Beatriz, por el espejo retrovisor, mientras que
le sonreía como era su costumbre, y le lanzaba un beso no menos encantador que su
sonrisa, para luego perderse en la lejanía.
La confusión de Beatriz aumentó, aún, más que antes ¿Estaba haciendo bien las cosas?
¿qué pasaría si Gema no terminaba con su relación, o lo que era peor que nisiquiera
volviese a llamarla? Demasiados pensamientos atormentaban su cerebro, como para ser
capaz de llegar a una conclusión decente. Por otro lado estaba Paula, y lo que Beatriz
estaba segura que haría la joven, no dejarla escapar así como así.
Había visto la decisión en su mirada; lo que había llegado a ser casi un reto, hablando
a través de sus ojos; ciertamente no tan poderosos como los de Gema, pero con una vida
en ellos al igual que los de la joven de cabello negro; mas, la incertidumbre estaba
presente allí; Beatriz lo había podido comprender, ahora, que había visto en los ojos
de alguien la verdadera seguridad, esa seguridad de conocer algo, o a alguien, tanto,
como a sí mismo.
Gema, por algún motivo, sabía quién era ella, cómo era, y lo que sentía, sin tener que
preguntarlo, sin tener que estar dudosa de ello; y eso era algo que no había podido
hacer ni Paula, ni su familia, ni sus amores pasados, ni siquiera Sandra que era su
persona más cercana, y ciertamente nisiquiera ella misma; porque Gema parecía conocerla
más de lo que Beatriz se conocía a sí misma, o por lo menos hasta el momento eso parecía.
*****
- ¡Nada! no te digo, no me dijo nada de nada ¿lo puedes creer? -Beatriz decía, mientras
que observaba un pantalón que Sandra le enseñaba en la vitrina de una tienda.
- ¿¿Ni siquiera te lo insinuó?? -Sandra la miró sorprendida, mientras acercaba su rostro
al primer espejo que encontró pegado en una de las paredes; comenzó a mover su cabeza,
provocando con ello que se reflejara un ángulo de su rostro, y después el otro, para
luego, alejarse un poco, y observarse de cuerpo completo. -¿¿Por qué me veo más gorda
en este espejo?? A ver, Bea, ponte aquí; quiero comprobar si es que es mi espejo el
malo, o éste. -La jaló de un brazo, obligándola a pararse frente a él, para luego
pasear su mirada -la cual parecía de concentración absoluta- entre Beatriz y su reflejo.
-Definitivamente, este espejo es el mentiroso ¿te fijas? -Dijo, satisfecha. -¿Sabes,
Bea? no entiendo, si no te dijo nada ¿para qué te preocupas?
- ¿Para qué me preocupo? porque me siento peor aún si no me dice nada; más encima, sabe
que es por Gema, me dijo que tiene paciencia, sobre todo cuando algo le interesa de
veras. Dios mío, estoy tan confundida; sé que ella va a seguir intentándolo, lo sé.
-Beatriz se lamentaba, mientras que intentaba seguir el paso de Sandra, quien cambiaba
de dirección constantemente, y cuando menos se lo esperaba, desaparecía de su vista,
para encontrarla segundos más tarde dentro de cualquier tienda.
- Mantén abierta las posibilidades, Bea; conociéndote tan bien como te conozco, sé que
Gema es la que más te gusta, pero ¿para qué te vas a cerrar a las demás posibilidades?
me dijiste que te llevas bien con Paula, y la verdad es que me cayó bien con las pocas
palabras que intercambiamos por teléfono; necesito ahora conocer a Gema, para darte una
mejor opinión, así que por el momento te digo que no dejes escapar a ninguna de las dos.
-Agarró a Beatriz de una mano, y comenzó a balancear su brazo atrás y adelante, como si
fuera una niña pequeña.
- No sé... es extraño, hoy cuando estábamos en clases y permitía que Paula me rozara,
no sé... -Levantó la mirada al techo, como esperando encontrar alguna respuesta, con la
cual no dio en aquel lugar. -Sentía como si estuviera engañando a Gema; ella es tan
diferente...
- ¿¡Diferente!? ¿Es que la tipa tiene tres ojos o tres tetas? -Sandra soltó el
comentario con expresión de pregunta.
- No físicamente diferente, es algo interior; ella es como mágica... -Beatriz suspiró
levemente, mientras observaba instrumentos musicales a través de una vitrina, y
recordaba el primer instante en que la había visto; todo aquello que había sentido en
su interior, eso a lo que era incapaz de ponerle nombre, porque jamás antes lo había
sentido.
- ¡¿Mágica?! -Sandra preguntó, mientras que paraba en seco, finalmente, dejando de
oscilar su brazo, y liberando la mano de su amiga, mientras la observaba, y percibía el
aire de enajenación que ahora mismo tenía.
- Sí, mágica; como si existiera y no existiera a la vez ¿entiendes? como que había
momentos en los que sentía que era una aparición, un ángel, no sé... yo me siento
especial cuando estoy con ella; me siento distinta, y la siento distinta a ella. -Beatriz
se vio en la obligación de frenar su paso, mientras que sus facciones se suavizaban tan
notoriamente para ella, como para Sandra, quien la miraba con interés.
- Ok, a ver si entendí ¿estás queriendo decir que Gema es más mágica y Paula es más
terrenal?
- No es que las compare... bueno, un poco tal vez; pero aún si no existiera Paula, Gema
seguiría siendo mágica. -Beatriz sonrió, mientras ponía su atención en un bebé que
dormía plácidamente dentro de un coche empujado por su madre. -¿Nunca has conocido a
alguien que sientas que lo conoces de toda la vida? -Beatriz alejó la mirada de la
criatura, y la concentró en el rostro de Sandra.
- Creo que sí, con Diego me sucedió, pero quizá sólo halla sido porque me gustó desde
que lo vi, no lo sé, supongo que contigo también me pasó, pero éramos tan chicas.
-Sandra se apoyó en una baranda, mientras le hacía señas alegremente a una persona, que
afortunadamente bajaba por un ascensor, y aquello le imposibilitaba, el hecho de
acercarse al lugar donde estaban, y entablar una interminable charla con la chica, como
tantas otras veces, Beatriz había tenido que aguantar. La trigueña comenzó a hacerle
gestos con la mano, imitando un teléfono. -¿Es eso lo que te pasa con ella? -Por fin,
se concentró nuevamente en el rostro impaciente de Beatriz.
- Sí, eso es lo que me pasa con ella; siento que la conozco desde antes, y es más,
siento como si ella supiera cosas de mí, cosas que yo he olvidado de mí misma ¿me
entiendes? -Movió las manos en el aire, dándole énfasis a las oraciones, mientras que
captaba la absoluta atención de Sandra, quien se le quedó mirando por largo rato con
una expresión indefinible en su rostro.
- ¡Me estoy poniendo celosa! ¿Es que esta Gema me va a quitar a mi niña, acaso? -Sandra
dijo, haciendo un enorme y exajerado puchero, mientras que bajaba la cabeza, y le
dedicaba una mirada de tristeza a Beatriz, cerrando y abriendo aparatosamente sus
párpados, que enfatizaban la pena en sus facciones.
- Tontita. -Beatriz dijo, moviendo la cabeza de un lado a otro, y sonriéndole dulcemente
a su amiga.
- ¿Eso quiere decir qué sigo siendo tu regalona? -Sandra se hizo con el borde de la
chaqueta de Beatriz, mientras la tironeaba suavemente.
- Sabes que sí.
Fue todo lo que bastó para que Sandra se lanzara por enésima vez en el día a los brazos
de Beatriz, para luego empapelarla a besos, sin importarle que estuviesen rodeadas de
gente; quienes probablemente no verían muy normal, que una joven de la edad de Sandra
le dedicara semejantes muestras de cariño, a otra tan grande como ella, con aquella
intensidad.
- Ya, suficiente. -Dijo Beatriz, sintiéndose un tanto incómoda.
- Gruñona. -Le hizo un desprecio, e hizo ademán de continuar caminando. -Te van a salir
patas de gallo, y muchas arrugas por lo enojona que eres.
- Ya ya. -Beatriz sonrió, mientras observaba a la gente alrededor, quienes habían ya
dejado de centrar su atención en ambas.
- ¡¡Aquí llegamos!! ¿lista para un cambio? -Sandra chilló, con entusisamo, mientras
miraba a su amiga, y la apresuraba para que se acercara lo más pronto posible a su lado.
- ¿Estás loca? ¡Me dijiste que te ibas a comprar algo de ropa!
- Obvio; porque sabía que era la única forma de traerte aquí ¿dime si no soy astuta,
acaso?
- Sandra ¡Apenas anteayer te hiciste ese look que llevas! además, yo no pienso hacerme
nada ¿oíste?.
- Claro que te lo harás. -Sandra dijo, sonriente, y sin importarle demasiado la cara
que Beatriz le estaba dedicando.
- No, no quiero, y tú tampoco deberías, no sé cómo ese pobre pelo te resiste. -Beatriz
se rehusaba a ser llevada al interior del salón de belleza, en el cual Sandra estaba
empeñada en pasar las próximas quién sabe cuántas horas.
- Para que veas que me resiste, porque es un amor, y sabe que todo lo que hago lo hago
por él, a diferencia de tí que eres una terca de primera. -Sandra tironeaba de un brazo
a Beatriz, mientras que le sonreía, y saludaba a una peluquera, conocida, seguramente,
por ella, y le lanzaba dos besos a todos los demás.
- Ya, suéltame, si voy atrás tuyo; pero no pienso hacerme nada ¿entiendes? nada.
-Beatriz, finalmente, ingresó hacia el interior del salón, mientras veía a Sandra
correr hacia una joven de la edad de ambas, abrazarla empalagosamente, darle un sonoro
beso, y comenzar a conversar con ella animadamente, mientras que le hacía señas para
que se acercara.
- Ya conoces a mi Beíta ¿verdad? ésta es mi niña regalona, mi bebé. -Le explicaba a la
joven, mientras que abrazaba a Beatriz, y la miraba con cariño.
- Sí, el otro día viniste con ella. -Dijo la joven, haciéndole un gesto con la mano a
Sandra, para que se sentara en una de las sillas desocupadas. -¿Cómo estás? -Saludó a
Beatriz con un beso en la mejilla, y le sonrió amablemente. -¿Tú también te vas a hacer
algo?
- Hola ¿cómo estás? -Respondió Beatriz. Le echó un vistazo a la expresión entusiasta de
Sandra, y volvió a concentrarse en la persona enfrente de ella. -No, yo sólo la vengo a
acompañar, yo paso. -Dijo, sabiendo lo que venía a continuación; interminables súplicas,
con caras incluídas, de parte de Sandra, que intentaría persuadirla hasta ganarla por
cansancio.
- ¡Claro que se va a hacer algo! yo creo que podrían ser mechitas, o algo así; o que le
tiñeras el pelo, así de ese rubio bien blanco ¿qué te parece? -Sandra agarró de la mano
a Beatriz, y la instaló en una silla junto a ella. -¡Pato! -De pronto, su atención se
concentró en otra persona que venía llegando; y con una sonrisa enorme, fue corriendo
hacia el joven, mientras abría los brazos en clara señal de estar planeando apretujar
al chico entre ellos.
- ¡Sandra! ¡Mi clienta favorita! ¿de nuevo por aquí? -Saludó, mientras recibía gustoso
los besuqueos y abrazos, a los que estaba siendo sometido, mientras los devolvía con
sus modales refinados.
- Sí, ya sabes que me aburro con el mismo look siempre, Patito ¿cómo has estado? -Sandra
preguntó, mientras que le agarraba la chaqueta, deslizando su mano por la superficie de
ésta.
- Bien, hemos tenido un montón de trabajo últimamente; creo que nos traes buena suerte.
-Sandra pegó un par de chillidos en respuesta. -¿Te gusta? -Preguntó el joven,
percatándose del interés de Sandra por su prenda; ésta asintió. -Adivina cuánto me costó.
-Dijo, mientras agitaba las manos en el aire.
- Ay Pato, nada que ver, no me hagas pensar. -Le dio un empujón en un brazo.
- Nada, porque fue un obsequio de mi amor. -El chico pestañeaba casi tanto como Sandra.
- ¡Ayyy pesado! Este Pato... -Sandra rió divertida, para luego dirigir su mirada a
Beatriz, quien comenzaba a aburrirse, pensando que además de estar soportando la
cháchara, tendría que esperar quién sabe cuántas horas más.
- No le vas a permitir que se haga algo más en ese pelo ¿verdad? -Beatriz le preguntó a
la peluquera, con esperanzas de que la chica tuviera un poco de sensatez, o a decir
verdad, algo de moral.
- No te preocupes, la voy a convencer de hacerse algún peinado solamente, tú tranquila.
-La joven sonrió, mientras que ambas veían a Sandra acercarse con una amplia sonrisa
adornando su rostro.
- Ya Martita, mi pelo es todo tuyo ¿qué me recomiendas esta vez? -Sandra se dejó caer
en la silla, junto a su mejor amiga, mientras a esta última, el aburrimiento le salía
por los poros.
- ¿Qué te parece este peinado? -Marta le enseñó una fotografía, con un peinado bastante
similar al que en ese momento Sandra llevaba, sólo que con un poco más de forma.
- ¿¿Sólo un peinado?? -La trigueña alzó la voz, mientras miraba a la chica, como si le
hubiera dicho algún insulto terrible.
- Sandra por favor, te vas a quedar calva si te haces más cosas en ese pelo ¿podrías
hacerme caso por una vez en tu vida? -Beatriz dijo, con tono suplicante, sin esperar
realmente que la trigueña le hiciera el más mínimo caso, como sucedía, cuando se
trataba de algún consejo que tuviera que ver con su aspecto físico; aquello era sagrado
para Sandra.
- Si yo fuera tú, escucharía a tu amiga. -Marta dijo, posando una mano en el hombro de
Sandra, mientras que la miraba a través del espejo.
Sandra pareció meditarse la posibilidad; observó la expresión en el rostro de Beatriz,
luego se acercó al espejo, deslizó sus dedos através de su cabello, suspiró hondamente,
mientras se relajaba en la silla, echó la cabeza hacia atrás apoyándola en el respaldo,
y miró a Marta con cara de resignación, desistiendo finalmente, de su idea de cambios
de looks; por lo menos, para ese día.
- ¡Ya pesadas! ustedes ganan, sólo un peinado. -Dijo, agitando las manos en el aire. -Pero
con la condición de que tú Bea, también te hagas algo, o ¿creías que te ibas a escapar
tan fácilmente? no señor. -Giró su rostro hacia Beatriz, y le sonrió ampliamente,
mientras veía la sonrisa de Beatriz -aquella de satisfacción, de que por una vez en la
vida, le había convencido de algo sobre su físico- desaparecer por completo.
- Por ningún motivo, yo no me hago nada. -Beatriz dijo tajantemente, mientras agarraba
una revista y comenzaba a ojearla, sin darle la posibilidad a Sandra de continuar con
la discusión; cosa que a la trigueña no le importó en lo absoluto.
- Terca, más que terca. -Sandra movía la cabeza de un lado al otro. -No le hagas caso
Marta, tú espera, mira que siempre se hace de rogar; es que le tiene miedo a los cambios,
pero sabe muy bien que Sandrita la va a convencer ¿verdad que sí? ¿cierto que mi niña
va a dejar que la Martita le haga algo bien lindo en su pelito? -Acercó su rostro a la
joven rubia, mientras que le hacía gestos con el rostro, intentando convencerla, y
robar la atención que Beatriz tenía puesta en la revista.
- ¡No! -Dijo, mirando por un segundo la expresión sonriente de Sandra, sólo para volver
a bajar la mirada hacia las fotografías de la página número veinte, en la cual se
encontraba.
- Vamos Bea, anda, hazlo por mí, sólo una cosita poca. -Decía con la voz más zalamera
que era capaz de reproducir. -No sé para qué te cortaste el pelo si no le diste ninguna
forma ¿lo vas a hacer verdad?
- Ene y o ¡No! -Beatriz dijo, gesticulando la palabra exageradamente. -Y ya déjame en
paz. -Le dio un empujón a su amiga, a quien no le importó en lo más mínimo la negativa.
- Ya, pero entonces, no lo hagas por mí, hazlo por esa personita que ya sabemos tú y yo,
y a quien de seguro, le va a encantar verte con un look más moderno ¿qué dices? -Sandra
esperó que la mención de Gema, hiciera el efecto esperado en la chica. Aguardó unos
segundos, mientras que Beatriz no despegaba los ojos de la misma línea; mas, Sandra
sabía perfectamente bien que su amiga estaba meditando lo último, y que había dado en
el clavo con aquella ocurrencia; finalmente, consiguió la respuesta deseada.
- Está bien, pero que no sea muy grande el cambio ¿vale?
- ¡Vale! -Chilló, feliz de la vida, Sandra, mientras aplaudía, y observaba la expresión
absolutamente opuesta a la suya, en el rostro de Beatriz, mirándola por el espejo
frente a ella.
Beatriz se hundió en su silla, mientras que movía la cabeza de un lado al otro,
maldiciéndose, por una vez más, haber caído en las súplicas y ruegos que tan bien se le
daban a Sandra, mientras que se resignaba a entregar su cabello a las manos de Marta o
Pato, o tal vez a algún otro que estuviera libre en ese momento. ¿Por qué, Sandra, tenía
que tener siempre la palabra justa para convencerla de cosas que en su vida se
imaginaría a sí misma haciendo? Observó a la trigueña de reojo, con su sonrisa intacta
en el rostro, y sonrió por fin, mirando su propio reflejo en el espejo; cosa que no
hacía muy a menudo; aunque comparándolo con la trigueña, era imposible que alguien se
observara más veces al día al espejo que Sandra. Suspiró, y pensó en Gema ¿la había
convencido Sandra, o simplemente el pensamiento de que la morena pudiera sentirse más
atraída por ella, al llevar un nuevo corte de cabello? Definitivamente, Gema.
- Que te quede claro que no fuiste tú la que me convenció, sino que el pensamiento de
quien tú ya sabes... -Beatriz largó la frase, y se sintió mucho mejor; esperó la
respuesta de la trigueña, pero no la obtuvo; finalmente giró su cabeza hacia ella.
-¿Sandra? ¿qué pasa? -La vio con la mirada atenta hacia el exterior del salón; sus ojos
denotaba preocupación, tensión; era extraño verla de aquella manera, cuando siempre
sonreía y hasta parecía que nada le preocupaba demasiado. Beatriz siguió el camino de
la mirada de Sandra, para encontrarse un sin fin de personas. -¿Sandra? ¿pasa algo malo?
-La tocó en un hombro.
- No... no, nada; me pareció ver a alguien conocido, solamente. -Sandra por fin centró
su atención en el rostro, ahora preocupado, de Beatriz, mientras retornaba la sonrisa
al suyo. -¿Y? ¿estás lista para entregarte a Patito?
Beatriz suspiró con aflicción, mientras que veía al joven enseñándole unas tijeras, y
sonriéndole, tan ampliamente, como Sandra misma acostumbraba hacer.
*****
- ¡Maldición, Sandra! ¿por qué no me llama? -Beatriz exclamó, mientras revisaba su
celular, con la esperanza de no haberlo oído llamando, o que por arte de magia sonara
en ese mismo instante, y que fuese Gema al otro lado de la línea.
- ¿Quién no te ha llamado, Bea? -Diego observó a Beatriz, por el espejo retrovisor,
mientras manejaba su automóvil, con Sandra instalada a su lado, cambiando una y otra
vez, de emisora radial, sin dar descanso a aquellos botones -que ya nadie comprendía
cómo resistían de tanto ser presionados- ni a los oídos de las otras dos personas que
iban con ella en ese momento.
- Una amiga. -Beatriz respondió, mientras apoyaba su espalda en el asiento trasero, y
guardaba su celular con aire de desilución en el rostro.
- ¿¡Una amiga!? -Sandra exclamó, mientras acomodaba el espejo, de tal forma, que
pudiese ver a Beatriz a través de él. -Es una chica que la trae loquita ¿qué te parece
mi amor? mi Beíta se está enamorando. -Dijo sonrientemente, mientras apoyaba su cabeza
en el hombro de Diego.
- Sandra, no hagas eso. -Diego volvió a poner el espejo en su sitio, dándole una severa
mirada a Sandra, para luego volcar su atención en Beatriz. -¿Así que conociste una
chica? ¿y cómo va todo?
- Gruñón; estás igualito a la Bea. -Sandra dijo, cruzándose de brazos, y alejándose del
joven, mientras regresaba a la tarea de cambiar emisoras. Diego y Beatriz, miraban,
esperanzados de que la trigueña se decidiera por alguna, cada vez que lograban
reconocer una canción que era del gusto de alguno de ellos.
- No sé Diego, la conocí apenas hace dos días.
- Me tinca que ésta es la indicada; bueno, Sandrita te conoce mucho más que yo pero...
- ¡Obvio! -Sandra interrumpió. -Bea, es mi amiga ¡Mía! y tú eres un gruñón; un
gruñoncito lindo eso sí. -Sandra dijo riendo, mientras que le enterraba un dedo en la
mejilla a Diego, hasta lograr hacerlo sonreír; el joven comenzó a intentar mordisquear
ese dedo, y Sandra, a chillar como una desquicidada, mientras reía a carcajadas, y no
dejaba en paz a su novio.
- Perdona, Bea; ya sabes como se pone esta mujer cuando le dan cuerda. -Diego dijo,
dirigiendo su atención, nuevamente, hacia Beatriz, quien los miraba divertida. -Como te
iba diciendo; hace tiempo que te conozco, y es la primera vez que mencionas a una chica
de esta manera, ojalá resulte ¿cierto?
- Cierto...
- Ojalá resulte... ojalá resulte... na na na na. -Sandra remedaba la frase de Diego,
mientras reía cada vez, más estruendosamente.
- Compórtate. -Diego advirtió, mientras intentaba mirarla seriamente, y sólo conseguía
hacer que Sandra chillara más alto. -Ya vas a ver cuando nos estacionemos, sólo te
salvas porque estoy manejando. -Elevó un dedo en señal de amenaza, mientras intentaba
ocultar su evidente sonrisa.
- Sólo te salvas porque estoy manejando... na na na na.
Beatriz obervó la escena; Diego y Sandra, Sandra y Diego, los dos. Era evidente lo mucho
que se querían, y el nivel de confianza que tenían a esa altura de su relación. Suspiró,
ya no deseando estar con alguien sin rostro, ni con alguien imaginario; sino que
ansiando con todo su corazón estar con Gema. Gema, la persona a quien sólo había
conocido hace dos días atrás, pero que indudablemente se había metido en su cabeza de
una manera obsesionante.
Observó el asiento vacío a su lado, mientras apoyaba su cabeza en el respaldo, y sentía
el movimiento del automóvil, produciendo unas leves vibraciones en su nuca. Suspiró;
suspiró, con una inspiración que llegó a ser dolorosa en su pecho; siendo víctima del
vacío que se siente cuando se tiene a ese alguien dentro del corazón; mas, no está
presente, en un momento determinado de la vida. Como si de un día para el otro, le
hubiesen cercenado un brazo, o más bien, un trozo de su alma; para luego lanzarla a la
vida sin ellas, y tuviese la obligación de vivir cada día, mutilada, incompleta. Así se
sentía Beatriz, desde el segundo en el en que había conocido a Gema; como despertando a
la realidad de que siempre le había faltado esa parte; sólo, que hasta el día en que la
morena había irrumpido en su vida, lo había logrado sentir por primera vez.
Extendió su brazo, lentamente, y posó su mano en la superficie de cuero; la acarició,
mientras se mordía el labio inferior, sintiendo aún más fuerte la ausencia, la falta,
su soledad. Giró su cabeza hacia el otro lado, y miró a través de la ventana; las
calles iluminadas por las luces, que apaciguaban la oscuridad de la noche que las
poseía; las edificaciones, los automóviles, la gente pasando rápidamente, haciendo
imposible el que Beatriz fuera capaz de distinguir ningún rostro.
El automóvil frenó en una luz roja, entonces, Beatriz miró hacia adelante; extrañando
la voz aguda y parlanchina de Sandra, o más bien, haciéndosele extraño el hecho, de no
haberla oído todos esos minutos. ¿O había sido, tal vez, que se encontraba demasiado
inmersa en sus pensamientos, que había sido capaz de hermetizarse a tal punto, de que
sus sentidos estuvieran sellados para cualquier otra cosa que no fuese la imagen de
Gema?
Nuevamente, apartó la mirada de la pareja, al verlos besándose, olvidando por completo
que había un pasajero más en el automóvil; o quizá, siendo ellos mismos ciegos y sordos,
para cualquier cosa que no fuera su propio amor. Beatriz sonrió con ternura, y bajó la
ventanilla, para sentir un poco de aire, o tal vez, simplemente, para escaparse de
tanto pensamiento que no estaba haciendo otra cosa que torturarla por dentro.
Un vehículo paró junto al de Diego; y la mirada de Beatriz llegó hasta la ventanilla
del asiento trasero de ese auto, en donde un chico la observaba sonriente, para luego
comenzar a hacerle gestos, lanzarle besos, y decirle cosas ininteligibles. Nada peor
que un estúpido, para terminar de traerla a la realidad. Lo miró con fastidio, pero, no
fue aquello suficiente, para que él dejara de gritarle cosas, ni para que la luz tuviera
la misericordia de cambiar de una vez por todas, al verde.
- Hola mi amor ¿por qué no nos vamos a dar una vueltecita los dos? Tengo algo que te va
a encantar. -Le gritaba el joven, sin que le diera importancia alguna, al hecho de
estar siendo ignorado.
- ¿Y quién es ese tipejo, Bea?
- Qué se yo, un imbécil que no tendrá algo más divertido que hacer que gritarle cosas a
la gente.
- Pobre, si supiera que no es de tu tipo. -El comentario hizo reír a Beatriz, mientras
que el chico continuaba diciéndole cosas.
- Diego, no vayas a avanzar, voy a hacer algo. -Beatriz dijo, mientras que ya asomaba
medio cuerpo afuera del automóvil, y le hacía señas al tipo, para que se acercara un
poco más.
- ¿¿Qué está haciendo esta bruta?? -Sandra preguntó, mientras se volteaba, para ver lo
que se disponía a hacer su amiga; Diego seguía sus movimientos también.
- Oye mi amor. -Beatriz dijo, alzando la voz hacia el chico. -¿Me escuchas bien?
-Preguntó mientras sonreía ampliamente.
- Claro, preciosa, te oigo ¿te vienes? -El joven la miraba coqueto, mientras que sus
acompañantes reían y tocaban la bocina como desquiciados.
- Me iría, si es que fueras de mi tipo ¿pero, sabes qué? con las ganas te quedas, porque
me gustan las chicas. -Beatriz dijo, articulando marcadamente las letras de aquella
última frase, mientras que veía el rostro del chico transformándose en algo que no era
más sonriente. -Dale Diego ¡vámonos! -Ordenó, mientras que el automóvil ya comenzaba a
moverse. -¡Dale lo que tienes a tus amiguitos, porque yo no lo necesito! ¡Qué asco! -Le
gritó, mientras sonreía burlona, encogiéndose exageradamente de hombros.
- ¡¡¡Bea!!! -Sandra estalló en una carcajada monumental, mientras se hincaba en el
asiento, entregándole su completa atención a Beatriz, quien la observaba, relajada, y
sonriente en el asiento trasero, comenzando a contagiarse con las risas y chillidos de
la trigueña. -¿¿De dónde salió eso??
- ¿No te gustó, acaso? -Beatriz preguntó, sabiendo perfectamente bien, que a Sandra le
había, sencillamente, encantado.
- ¡¡Me encantó!! -Exclamó, mientras aplaudía, con una sonrisa de oreja a oreja, y
elevaba una palma, invitando a Beatriz que la chocara con la suya.
- ¿Entonces? ¿soy gruñona o no soy gruñona? -Las palmas golpearon produciendo un sonido
seco, mientras que Beatriz reía junto a su mejor amiga.
- Definitivamente, no lo eres. ¿Viste Diego a la Bea?
- ¡Ya! ¿tienen alguna idea de lo terrible que es oír a dos mujeres chillando? -Diego
increpó, mirando a ambas jóvenes con el ceño fruncido.
- ¡¡¡Gruñón!!! -Le respondieron ambas al unísono, mientras que no paraban de reírse.
*****
La música alta, la multitud, y el humo de los cigarrillos llenando el ambiente,
colmaban a la vez, cuatro de los sentidos de Beatriz, y de sus dos acompañantes; aunque
a ambos jóvenes no parecía molestarles en lo absoluto todo aquello, a diferencia del
efecto, que a los pocos minutos de haber entrado al lugar, ya se había encargado de
hacer estragos en el ánimo de la joven de cabello rubio.
Beatriz observó alrededor, con la esperanza puesta en que ese espíritu que parecía
poseer a toda esa gente, la poseyera también a ella. Pero parecía inútil, las discos y
ella, no se llevaban bien, no mezclaban, como tampoco lo hacía ningún lugar donde
hubiera la suficiente cantidad de personas como para necesitar los dedos de más de un
par de manos, para ser contadas. Tal vez, si se hubiese esfumado la música, toda esa
nube de humo, y el olor que se mezclaba entre tragos, perfumes y exhalaciones
corporales; si hubiera desaparecido todo eso, hasta sólo quedar las personas, aún si
estuviesen bailando sin descanso; llegaría a agradarle un poco, quizá... para nada; aún
así, Beatriz preferiría estar en casa, tal vez escribiendo un poco, quizá hasta viendo
algo de televisión, oyendo música, observando por la ventana, o simplemente pensando.
Es que acaso ¿no era eso lo que había estado haciendo todos aquellos minutos? pensar...
pensar... pensar... si tan sólo, hubiese variado el centro de sus pensamientos; mas, su
concentración seguía puesta en una misma persona; esa misma persona que no se había
hecho el tiempo para llamarla, como le había prometido.
- ¿Estás segura que no quieres tomar otra cosa? -Sandra le puso delante una botellita
de coca cola, mientras la observaba con expresión de no estar para nada de acuerdo en
que ese líquido pasase por su garganta.
- No bebo, ya lo sabes. -Beatriz levantó la mirada hacia la trigueña, cuyas únicas dos
buenas obras en ese momento, eran estarle tapando un poco la visión de aquella masa de
gente, y sosegar la sensación de ahogo que todo eso le estaba provocando.
- Latera. -Sandra dijo, y de inmediato unos brazos la tomaron por la cintura, mientras
la voz de su novio le susurraba algo al oído.
- ¿Porque no quiero tomar soy una latera? vaya concepto que tienes de ello, ahora
resulta que para ser entretenida hay que beber. -Beatriz dijo, mientras estaba apunto
de anunciar su partida.
- ¡Bea! -Exclamó, Sandra. -¿¿Dónde quedó el espíritu rebelde que vi salir de tí en el
auto?? -Preguntó, mientras la tironeaba de un brazo, haciendo lo posible por
arrebatársela a la silla, y llevarla a la pista de baile.
- Salió, me acompañó hasta la puerta, y allá afuera se quedó ¿qué te parece? -Beatriz
dijo con hastío, mientras le dedicaba toda la atención a su vaso de coca cola, y
deseaba interiormente que aquel objeto la transportara a un lugar bien lejos de allí.
- Déjala amor, no quiere, no se ponga porfiadita ¿quiere? -Diego dijo, mientras no
soltaba a la trigueña.
- Ahí tienes ¿ves? hazle caso a Diego, y vayan a divertirse, yo voy al baño.
Beatriz se puso de pie, mientras que Sandra finalmente renunciaba a sus esfuerzos en
vano, por provocar en su amiga algún mínimo deseo por mover un poco el esqueleto; y se
dirigía junto a Diego, feliz de la vida, y ya bailando, hacia la pista, a la vez que le
echaba miraditas provocativas, y éste sonreía intentando sin muchos resultados, imitarlas
de la forma que las emitía el rostro de Sandra.
Beatriz meneó la cabeza, sonriendo al ver semejantes movimientos exagerados por parte
de su amiga, quien eligió ese segundo para dirigir su mirada hacia ella, y lanzarle un
montón de besos, que apenas se distinguían entre la oscuridad del lugar, para luego
volcar toda su atención en Diego frente a ella.
Se hizo paso entre la multitud, no sin llevarse uno que otro empujón de personas que
elegían el momento en que ella pasaba por su lado, para darse una vuelta, o que habían
decidido usar su mismo camino, pero en sentido contrario.
Por fin, llegó a su destino, y la oscuridad dio paso a una luz que resultó bastante
agradable para Beatriz en aquel momento; si tan sólo el lugar no hubiera estado tan
repleto de chicas acicalándose frente al espejo, o que por lo menos alguno de los baños
hubiese estado libre, todo habría sido mucho mejor; por supuesto, todo aquello era
demasiado pedir.
Esperó, armándose de paciencia, y observando alrededor; una que otra chica lo bastante
atractiva como para atraer su atención por algún segundo, más de lo normal. Miró la
hora en su muñeca, hasta que, al fin, una de las puertas se abrió, saliendo la persona
del interior, que gracias a Dios se había dado la molestia de tirar la cadena; y se
hizo paso dentro del lugar.
Dirigió su mirada hacia el lado derecho, y no encontró ni un pedazo de papel higiénico;
giró los ojos al cielo, mientras suspiraba con fastidio; buscó entre su pequeña cartera,
más bien artesanal, y se hizo con lo que le hacía falta, cubriendo el asiento de la
taza con el papel, para luego bajarse los jeans y relajarse un momento, mientras
expulsaba el líquido que probablemente había bebido antes de salir de casa, ya que
dentro de aquel lugar, no había sido mucho lo que había pasado por su garganta.
Cerró los ojos; la música se oía mucho más baja, pero se escuchaba al fin y al cabo; y
pensaba que definitivamente se largaría del lugar, al instante en que saliera de ese
baño. Unos golpes en la puerta, la hicieron dar un salto, y fueron suficientes para que
Beatriz, a los diez segundos, se encontrara abriendo la puerta, y teniendo frente a su
vista, un sin fin de espaldas femeninas, medio encorvadas, haciendo lo posible por
acortar la distancia entre su rostro y el reflejo del espejo.
Finalmente, se hizo con una de las llaves, lavó sus manos rápidamente, se echó una
fugaz mirada en el espejo, y se encontró nuevamente entre toda una multitud de
personas; aunque, esta vez, le pareció aún más fastidioso que antes de entrar al baño.
Milagrosamente no sintió roces ni empujones en la poca distancia que había conseguido
avanzar, hasta aquel momento. Se detuvo, mientras apoyaba su espalda contra un pilar,
observando alrededor. Por algún extraño motivo, sus pies decidieron cambiar de dirección,
mezclándose aún más entre la gente, que no le prestaba ni la más mínima atención a ella.
Se paró en medio de la pista, sin saber muy bien por qué lo hacía, observó alrededor,
miró hacia arriba, y finalmente, se volteó con la intención de volver al camino que
había dejado segundos antes; sólo dos pasos bastaron, para que su mirada chocara
directamente con la presencia absolutamente inconfundible para ella, de Gema.
La primera reacción de su cuerpo, vino de parte de su corazón que dio un vuelco,
mientras que su estómago se apretaba, y Beatriz tragaba más dificultosamente de lo
habitual; una sonrisa creció en su rostro, mientras le parecía como si todo sucediera
más lento de lo normal. Beatriz dio otros dos pasos, con toda la intención de acercarse
hacia la chica, y olvidando por completo que ésta no la había llamado en todo el día, y
que, literalmente, odiaba el espacio en el cual se encontraba.
Su mirada se posó, entonces, pocos centímetros hacia la derecha de Gema; y se encontró
en el rostro de otra joven, casi tan alta como la morena; sin embargo, no logró ver los
rasgos de su cara, ya que su cabeza estaba girada hacia el otro costado, impidiendo que
Beatriz pudiese mirarla con libertad; mas, lo que le fue imposible dejar de percibir,
fue la mano de Gema, aferrándose a la de la chica, mientras ésta se abría paso entre la
gente.
El corazón de Beatriz fue víctima de una punzada, su estómago también tuvo una reacción
que definitivamante no era la misma que había tenido cuando acababa de divisar a Gema
entre la gente. Su mirada volvió a subir hacia el rostro de ellas. Para ese entonces,
ya no existían multitudes, ni música, ni olores, ni nada de nada; todo había
desaparecido, excepto la escena en la cual se estaban moviendo Gema, y la mujer que la
acompañaba. Beatriz sólo observó parada, sin mover ni un músculo, mientras veía a Gema
agarrada de la mano de ella, avanzando entre las personas a quienes no veía, y percibió
a la joven de cabellos oscuros acercándose al oído de la otra chica, y decirle algo en
él, provocando con ello que ésta girara su cabeza; y consiguiendo con ello, que Beatriz
la pudiese mirar en todo su esplendor.
De pronto, se dio cuenta que se acercaban hacia ella, a tal punto, que la morena pasó
por su lado, y su mirada alcanzó a pasear por el espacio en el cual se encontraba
Beatriz, cruzando por ella, sin dedicarle un saludo, sin siquiera hacerle un gesto con
la cabeza, ni siquiera fue capaz de levantarle las cejas como mínimo. Tan sólo pasaron
sus ojos azules, por su rostro, y continuó detrás de la chica, que para aquel segundo,
Beatriz ya sabía perfectamente bien de quien se trataba; pero a quien ya no se sentía
capaz de dedicarle más pensamientos. Todo se había convertido simplemente en Gema, y el
hecho de que no la hubiera ni siquiera saludado; Gema caminando por su lado ignorándola
completamente, mientras que seguía desesperadamente a su, evidentemente, pareja,
aferrándose de su mano, o a su brazo, cuando ésta se le soltaba.
Literalemente sintió que todo lo que sus deseos e ilusiones habían construido en esos
dos días, se derrumbaba poco a poco; se desgarraba en su interior, y caía; todo caía
hasta desaparecer por completo; dejando sólo el vacío, sólo la pena, la tristeza, y las
inevitables ganas de llorar. Corrió hacia el lugar más vacío, y desprovisto de gente,
que consiguió encontrar; apoyó su espalda en una pared, mientras cerraba los ojos, que
se empeñaban en humedecerse, mientras sus párpados se apretaban, haciendo lo posible
por no dejar salir ni una sola lágrima. Inspiró hondamente, dolorosamente, y luego de
varios minutos, en los cuales los pensamientos se atropeyaban en su cabeza, se dirigió
nuevamente a la mesa que había dejado abandonada, hace quién sabe, cuántos minutos ya.
Por un momento sufrió una desorientación, mientras un mareo invadía su cuerpo y sobre
todo su cabeza, al punto de tener que afirmarse de lo primero que sus brazos
encontraron, que resultó ser una persona, que la miró extrañada.
Caminó, intentando darle fuerza a sus piernas, hasta encontrar su mesa, en la cual dejó
caer su peso, apoyando los puños sobre la superficie, mientras que bajaba la cabeza, y
la tristeza ahora comenzaba a tornarse en rabia; una furia subiendo desde sus entrañas
y hasta su cabeza, haciendo que su mandíbula se apretara.
- ¡Beíta! ¿Cómo está mi niña? -Sandra le estampó un beso en la mejilla, mientras que la
abrazaba por la cintura, e intentaba moverla al son de la música. -¿Estás bien? -El
tono de voz de Sandra, cambió a uno de preocupación, mientras que dejaba de zarandearla,
y la observaba con atención.
- Sandra, ese trago que me ofreciste lo quiero ahora. -Fue todo lo que salió de la boca
de Beatriz.
- ¡¿Qué?! -Sandra preguntó con su voz aguda.
- El trago, lo quiero, Sandra; no me digas ahora que no, cresta. -Beatriz giró su rostro
hacia el de su amiga, provocando que su momentánea expresión de sorpresa, volviese a la
de preocupación de hace segundos atrás.
- Bea ¿qué paso? -Sandra preguntó, completamente segura ya, de que algo le había
sucedido a su amiga, mientras elevaba una mano y le tomaba la cara suavemente.
- Es Gema, la acabo de ver. -Beatriz bajó la mirada, mientras que se le formaba un nudo
en la garganta.
- ¿¿Dónde está?? ¡¡La quiero conocer!! -Sandra se giró, mientras comenzaba a mirar a
todos lados, esperando, tal vez, que Gema apareciera en ese momento junto a ellas.
- Está con su pareja ¿qué te parece eso? -Beatriz miró indignada a Sandra, mientras que
ésta no acababa de comprender ni una palabra.
- A ver, explícame, Bea, porque no estoy entendiendo. -Sandra se cruzó de brazos,
mientras volvía a ponerse extraordinariamente seria.
- La acabo de ver con una tipa; pasó por mi lado, y puedes creer que la muy... -Sus
puños se tensaron aún más, mientras que alejaba la mirada del rostro de Sandra,
nuevamente. -Ni siquiera me saludo, Sandra; me ignoro simplemente, y continuó caminando
de la mano con la mina.
- ¡¡¿Te hizo la desconocida?!! -Sandra abrió los ojos como platos, mientras que su
atención estaba dedicada completamente a su amiga.
- ¿¡Ves!? sabía que no debía confiar en nadie; toda la gente es igual, por la cresta.
-Beatriz se dejó caer en la silla, mientras observaba su mano, como si ésta le hubiese
hecho algo terrible. -¿Por qué me empecé a ilusionar con ella? -Levantó, nuevamente, la
mirada hacia Sandra, como si ella tuviera la culpa de lo que había sucedido. -Si
estuvieran en las últimas como me dijo, no andaría con la mina feliz de la vida en una
disco. Tráeme el trago, Sandra, por favor ¿quieres?
- ¿Dónde está? ¿anda por aquí? -La voz de Sandra se suavizó, tanto, como el ruido que
las rodeaba, le permitía bajar de tonos, antes de que la hiciera imperceptible para los
oídos de Beatriz.
- Qué va a andar por aquí... seguro que se debe haber largado cuando me vio. -Beatriz
se cruzó de brazos, mientras observaba alrededor, únicamente moviendo sus globos
oculares.
- A lo mejor no te reconoció con ese look. -Dijo la trigueña, sin creer en realidad lo
que estaba diciendo.
- No me insultes, Sandra. -Beatriz la miró enojada.
- Te voy a traer ese trago ¿ya? espérame aquí; y escúchame, Bea, la acabas de conocer,
no es para que te pongas así, además no es ella la única alternativa, recuerda eso.
-Sandra dijo, y se alejó de su lugar.
Beatriz la observó caminando entre la gente, cinco pasos más allá se encontró con Diego,
intercambiaron unas palabras, el joven se volteó hacia ella, le sonrió, y le hizo una
seña con la mano, dejando en evidencia que Sandra le había comentado algo de lo ocurrido.
Juntos se perdieron entre la multitud, mientras que la mezcla entre tristeza y rabia de
Beatriz, no disminuía ni en lo más mínimo.
*****
Beatriz sintió que todo le daba vueltas, mientras permanecía sin moverse del mismo
espacio, apretando los párpados, con la esperanza de que todo aquel movimiento cesase
finalmente. No tuvo suerte; las personas se deslizaban alrededor suyo bailando, mientras
que el sonido continuaba castigando sus oídos, y una incipiente risa se hacía dueña y
señora de su ánimo, cada vez que intentaba dar un paso en ese piso que parecía estar
hecho de gelatina.
- ¡Esto es genial, Sandra! ¿¡Por qué me miras con esa cara!? no seas latera y muévete.
-Beatriz dijo riendo, mientras bailaba, observando a la trigueña a su lado, la cual
permanecía seria observándola con cara de preocupación.
- Bea ¿vamonos? se está haciendo un poco tarde.
- ¡Yo no me muevo de aquí! déjame tranquilita aquí bailando, y ándate tú si quieres. -Le
gritó, mientras que soltaba el agarre de los dedos de Sandra aferrados a su brazo.
- Creo que esa cerveza se te subió a la cabeza, Beíta; vamonos ¿sí?
- Que te vayas tú ¡Terca! yo me estoy divirtiendo. -Continuó bailando, sin prestar
demasiada atención a su amiga, quien finalmente desistió de arrastrarla consigo, y
continuó bailando junto a Diego, sin quitarle un ojo de encima.
A los pocos minutos, Sandra había olvidado sus preocupaciones por Beatriz, y la joven
de ojos verdes, había olvidado que odiaba bailar. Continuaron en la pista, sin volver a
mencionar el asunto partida, por los próximos veinte minutos.
- ¿Ves? ¿ves como nos divertimos aquí? quiero otra chelita ¿me consigues otra Sandra,
por fa? -Beatriz se abrazó de la trigueña, mientras que ésta se dejaba hacer, y sonreía
acariciando su rubio cabello.
- Nada de otra chela; creo que con una tuviste más que suficiente; por muy extraño que
parezca...
- ¿Está bien? -Diego le preguntó en el oído, mientras que observaba a Beatriz.
- Sí, no te preocupes, sólo está más contenta de lo habitual, es la poca costumbre.
-Dijo Sandra, sonriendo.
- Es la poca costumbre, Diego, no te preocupes te dicen. -Dijo, remedando la voz aguda
de Sandra, mientras apartaba la cabeza del hombro de la trigueña. -¿Y qué hace aquí el
parcito? váyanse a bailar, que aquí la única que está más botada que un pucho soy yo.
- Creo que ya nos vamos ¿ahora sí quieres, Beíta? -Sandra preguntó, con cara de súplica.
- Ustedes se irán, porque lo que es yo, no me muevo de aquí; esa traidora de Gema no se
va a salir con la suya amargándome la vida, no señor. -Beatriz dijo, mientras elevaba
un dedo sentenciante; su mirada se posó en una figura femenina, que estaba obstaculizando
su vista delante de ella. -¡Paula! ¡Paulita! ¿cómo estás? -Saludó sonriendo, mientras
que se ponía de pie, y se abalanzaba sobre la chica de cabello rizado, quien la
observaba extrañada.
- Bien. -Respondió Paula, sonriendo también, mientras que era abrazada empalagosamente,
y recibía un beso en la mejilla, que estaba casi a la altura de los que daba Sandra,
tan regularmente.
- Está un poco entonadita, no te asustes. -Sandra se puso de pie, y saludó a la joven.
- Sí, ya veo. -Dijo Paula, alzando las cejas. -¿Tomó mucho? -Preguntó, mientras que
Beatriz la tironeaba de un brazo, haciendo esfuerzos por llevarla consigo a la pista.
- Una cerveza, y nada más. -Respondió Sandra.
- ¿¡Una!? -Paula exclamó sorprendida, mientras que se dejaba arrastrar.
- Espera Bea ¡Bea! nada que ver. -Sandra corrió hasta su lado. -Bea, nosotros nos
queremos ir ¿te vienes con nosotros? puedes invitar a Paula al departamento. -Le dijo
en un oído.
- ¡No! yo no me muevo de aquí, ustedes váyanse lateros, yo me quedo con ella. -Le gritó
a Sandra. -¿Verdad? -Le preguntó a Paula, mientras le sonreía coqueta.
- Sandra ¿Es Sandra verdad? -Intentó cerciorarse, Paula, recibiendo un asentimiento de
la trigueña. -¿Por qué no se van ustedes? nosotras nos quedamos un ratito, y prometo
llevarla pronto a casa, ando en auto ¿quieres?
- No sé... -Sandra miró a Beatriz, mientras que ésta le hacía cómicos gestos por detrás
de la joven de cabello rizado. -Es que...
- Vamos madre, dame permiso para quedarme un ratito más ¿¿sí?? -Beatriz le decía,
mientras se le colgaba ahora del cuello, tan empalagosamente como ella misma hacía.
- Confía en mí, te prometo que la cuido; vamos, que no es una niña. -Paula dijo,
mientras hacía esfuerzos por no despegar los pies del suelo, con semejantes tironeos a
los cuales estaba siendo sometida.
- Ok ok, queda en tus manos, pero me la cuidas como hueso santo, o si no, conmigo te
las veras ¿estamos? -Sandra advirtió, aún dudosa, mientras observaba seriamente a Paula,
y Beatriz ya se había hecho paso entre la gente, y bailaba en medio de la pista sin la
más mínima inhibición.
- No te preocupes. -Dijo, sonriendo.
- Y no le permitas que beba ni media chela más. -Sandra advirtió, mientras por fin
desistía de sus temores, y dejaba ir a Paula detrás de Beatriz.
Beatriz observó a Paula avanzando hacia su lado, mientras que sonreía con esa sonrisa
que tan bien la caracterizaba, y que a ella tanto le llamaba la atención. No era mucho
lo que podía percibir de su cuerpo, ni de sus facciones tampoco; pero, sí lograba ver
lo suficiente, como para volver a percibirla tan hermosa como ella era; como acababa de
recordar que era. Sonrió, al verla llegar al lugar donde se había estado moviendo los
últimos segundos, mientras que ya se había habituado a la sensación de mareo, y extraña
alegría, que la estaba invadiendo, quién sabe por qué motivo; ya que tan sólo minutos
antes, el nudo en la garganta que tenía, apenas la dejaba pronunciar palabra.
- Hola otra vez, no sabía que bailaras tan bien. -Paula se acercó a su oído, y susurró
en él haciéndole cosquillas.
- Sólo bailo desde hoy ¿qué te parece? -Beatriz sonrió ampliamente mientras que sentía
cómo Paula le tomaba la mano; bajó la mirada, y se quedó viendo sus dedos entre los de
la chica, para luego levantarla nuevamente, y dirigir sus ojos hacia los marrones de
Paula, y quedársela viendo con la sonrisa intacta en el rostro, sin que le importara el
hecho de que se encontrasen rodeadas de gente. -Eres muy pícara... ¿cómo me encontraste?
-Le preguntó risueña en el oído.
- Eso es un secreto. -Paula respondió, cuidando de no terminar con la vibra de flirteo
que estaban llevando hasta el momento, mientras no tenía intención de soltar la mano de
Beatriz, y ya comenzaba a abrirse paso entre la gente.
- ¿Un secreto? ¿eso quiere decir que no piensas decirme? -Beatriz preguntó una vez más,
mientras que permitía ser arrastrada entre la multitud, y sólo levantaba sus pies, sin
hacer mayor esfuerzo.
- Exactamente, no pienso decírtelo. -Paula respondió, volteándose, y sonriéndole
encantadoramente.
- ¿Dónde se supone que me llevas? -Beatriz intentó indagar, percatándose de que lo que
Paula pretendía hacer, era sacarla del lugar, en ese mismo momento.
- Nos vamos de aquí, hay demasiada gente ¿qué te parece?
- Me parece que no tengo alternativa. -Dijo animadamente. -¡Espera! que se me queda una
cosita. -Beatriz deshizo el agarre, y corrió con dificultad hasta la mesa que había
estado ocupando junto a sus dos amigos, mientras tendía a irse hacia el lado izquierdo,
cada vez que daba un paso. Observó alrededor, tomó su cartera, y regresó al lado de
Paula, quien la esperaba sonriente.
- ¿Lista?
- ¿De qué te sonríes tanto?
- No preguntes tanto y vamos. -Volvió a tomarla de la mano, mientras que avanzaba
hábilmente entre la gente, y Beatriz se dedicaba a seguirla de cerca, mientras
observaba su cabello largo y rizado, moviéndose graciosamente, cada vez que Paula
cambiaba de dirección.
Beatriz se volteó, oteando alrededor, antes de que abandonaran el lugar, mientras que
el recuerdo de Gema volvía a golpear su cabeza, y momentáneamente el dolor regresaba.
*****
- ¿Dónde te gustaría ir? -La voz de Paula se oyó por sobre la música que inundaba el
automóvil en el que viajaban a mediana velocidad, mientras que el aire ingresaba por la
ventana, haciendo que el cabello rubio de Beatriz se elevara, cubriendo sus ojos a
ratos, mas, sin conseguir que la imagen de Gema y su pareja, volase lejos de su cabeza.
- No sé, a dónde nuestros pies nos lleven ¿qué te parece eso? -Beatriz rió, mientras
sacaba una pequeña botellita del interior de su chaqueta, y le daba un gran sorbo, para
luego pasarse el dorso de la mano por su boca.
- ¡Oye! ¿De dónde salió eso? -Paula la miró sorprendida.
- Me la robé de una mesa a la salida. -Beatriz sonrió abiértamente, mientras que la
miraba como una niña que acaba de cometer una travesura, y está feliz y orgullosa de
ello. -¿Quieres? -Acercó el objeto al rostro de Paula.
- Bea, estoy manejando, no puedo beber; tampoco pensé que tú lo hicieras. -Paula dijo,
prestándole atención al camino. -Y dame eso; tu amiga me pidió que no te dejara tomar
más por hoy. -Intentó arrebatarle la botella.
- Sólo lo hago desde hoy. -Beatriz dijo, encogiéndose de hombros, y esquivando la mano
intrusa de Paula. -¿Te cuento un secreto?
- ¿Cuál? -Paula preguntó, divertida al ver las expresiones en el rostro de Beatriz.
- Tomé mucho más que sólo una chela. -Beatriz dijo en voz baja, como si alguien pudiese
oírla, aparte de Paula, mientras dejaba escapar unas risitas traviesa, provocando que
Paula la mirase sonriendo y meneando la cabeza. -¿Este auto es tuyo? -Preguntó mirando
alrededor.
- No, es de mi viejo, pero es como si fuera mío, él prefiere pasármelo a mí, y quedarse
a pata él. -Explicó Paula, mientras Beatriz la miraba con interés.
- Ahhh ¡Para! ¡Para aquí! ¡Quiero ir a la playa! -Chilló, apuntando con el dedo en
dirección al lugar, mientras que articulaba las palabras cada vez con más dificultad.
Paula aparcó el automóvil, siguiendo las órdenes de Beatriz, mientras que ésta no le
prestaba atención, observando alrededor como buscando algo entre todas las
edificaciones.
- ¡¿Dónde demonios está?! No lo veo. -Decía, mientras que giraba la cabeza de un lado a
otro.
- Deja eso ¿no querías ir a la playa? pues vamos. -Paula la agarró de la mano, y la
condujo, obligándola a seguirle el paso.
- ¡Mentirosa! ¡Embustera! -Comenzó a increpar, lanzando patadas al aire.
- Bea ¿de qué hablas? -Paula la miró extrañada, mientras que comenzaba a hacerse una
idea del por qué Beatriz estaba en las condiciones en que estaba, y a qué persona llamaba
embustera.
- No quiero hablar de eso, ahora estamos solas tú y yo, y nadie más. -Beatriz dijo,
para luego salir corriendo, hasta dejarse caer en la arena, botella en mano, mientras
que le daba los últimos sorbos, antes que el líquido dorado se consumiera por completo.
- Ten cuidado, no vaya a estar sucio ese lugar. -Advirtió Paula, mientras que se sentaba
junto a Beatriz, y observaba el perfil de ésta, quien estaba atenta al oleaje, en
frente de ambas.
- No me importa. -Dijo, encogiéndose de hombros, mientras agarraba un puñado de arena
en sus manos, sólo para arrojarla lejos, con tan mala suerte, que el viento corría en
dirección contraria, y regresó hacia ella, clavándosele en los ojos. -¡Ouch! -Se quejó,
llevándose los dedos, desesperadamente, hacia sus párpados cerrados.
- ¿Estás bien? -Paula preguntó, esperando observar nuevamente los ojos verdes de
Beatriz.
- Mierda, se me metió arena en los ojos.
- ¿Me dejas ver? quizá yo pueda arreglarlo. -Paula dijo, intentando quitar las manos de
Beatriz.
- Si esto es un intento tuyo por besarme, déjame decirte que te va a costar un poquito
más hacerlo. -Advirtió Beatriz.
- Engreída. -Paula dijo, sonriendo.
- ¿Engreída? ¿acaso no te gustaría besarme? -Beatriz la observó, con una graciosa mueca,
dejando en paz sus ojos, que reaparecieron a la vista de Paula, un tanto enrojecidos,
pero tan hermosos como siempre.
- Claro que me gustaría; pero no solamente porque no te ha resultado algo con otra chica.
-Paula llevó sus ojos al frente, poniéndose seria. -Y es obvio que tuviste algún
problema con Gema. -Bajó la mirada hacia sus manos, las cuales comenzaron a jugar con
la arena.
- ¿Así que no intentarás besarme entonces? -Beatriz insistió aún.
- No, no lo voy a intentar, sólo estoy aquí para acompañarte y conversar un rato.
- No te creo. -Beatriz dijo con seguridad, sin quitarle la mirada de encima.
- Bea, no me hagas esto más difícil ¿quieres? -Paula pidió, mientras se afligía más y
más. -No pienso ser una segundona, ya te lo dije, tengo y seguiré teniendo paciencia;
así que primero dejas de pensar en ésa, y luego...
- ¿Y luego qué...?
- Luego, te voy a dar un beso que te hará olvidar para siempre a esa imbécil.
- ¿Y por qué no me haces olvidarla ahora? -Beatriz dijo, mientras le tomaba el rostro
entre sus manos.
- ¡No! estás borracha ¿cómo sabría luego si es porque quieres o por las chelas?
- No estoy borracha, no estoy viendo doble, puedo caminar perfectamente. -Beatriz se
puso de pie, trastabillando al dar el primer paso, provocando la sonrisa de Paula. -Y
hasta correr si quiero ¡Veme!. -Dicho y hecho aceleró su paso, hasta comenzar a correr
alrededor, ciertamente, no tan rápido como hubiese sido capaz, de estar sobria.
- Ven aquí, y deja de correr. -Paula se puso de pie, intentando alcanzar a Beatriz,
mientras se deslizaba, notoriamente, con más facilidad que la chica rubia. Al segundo,
la estaba agarrando de la cintura, y la observaba de frente, con la sonrisa intacta en
el rostro, y viendo otra que crecía en el de Beatriz, quien no terminaba de enfocar la
mirada en sus ojos.
De pronto, Paula la soltó abruptamente, mientras apartaba la mirada, e intentaba
alejarse.
- ¿Qué pasa? ¿por qué me sueltas? mira que yo no tengo ninguna infección o algo parecido.
-Beatriz dijo, extrañando los brazos de Paula alrededor de su cintura.
- Córtala Bea, me estás tentando y no quiero; no en estas condiciones. -Paula comenzó a
caminar, dirigiéndose hacia su automóvil.
- Olvídate de Gema, ella no está ni ahí conmigo. -Beatriz alzó la voz, mientras que se
le enredaban las letras de cada palabra.
- Pero tú sí ¡Por la cresta! -Paula se volteó hacia la chica, con una mirada grave, y
sin rastro de sonrisa. -¿O me lo vas a negar?
- Es cierto, yo sí. -Beatriz soltó la frase, mientras bajaba la mirada, e hizo ademán
de seguir a Paula; pero, al dar el primer paso se fue de bruces al suelo.
Paula corrió la distancia que las separaba, hasta dejarse caer de rodillas sobre la
arena, mientras que a Beatriz le daba un ataque de risa, que poco a poco fue contagiándola.
Se puso de pie, y estiró sus brazos, agarrando a la chica de las manos, mientras hacía
esfuerzos -los cuales se veían disminuidos debido a las carcajadas que salían de su
boca- por tratar que Beatriz volviera a estar de pie. Finalmente, y luego de varios
intentos, consiguió alzarla, mientras que no paraban de reírse.
Entonces, se quedaron viendo, la expresión de Paula se hizo seria, mientras que Beatriz
sentía que todo daba vueltas, y le costaba clavar la mirada en su rostro, el cual a
ratos se convertía en dos. Observó los labios de Paula dilatarse en una sonrisa, mientras
sentía sus brazos alrededor de su cintura, no sabía si más por sentirla, o por impedir
que terminara en la arena; y antes que volviera a inspirar, nuevamente, los labios de
ésta se apoderaban de los suyos, seguramente, ignorando sus temores a causa de Gema, y
consiguiendo que por un lapso de tiempo, Beatriz se olvidara, por fin, de la morena.
Continuará...