Disclaimers: Esta historia y todos sus personajes son de mi autoría.
Comentarios: Sólo quiero decir que este relato es muy importante y especial para mí; espero que lo disfruten.

Escríbanme ¿vale? de verdad necesito saber sus opiniones, me hace bien recibirlas; aquí les dejo mi dirección: xena_y_gabrielle@hotmail.com

Advertencia: Prohibido usar esta historia sin mi autorización.

Abril del 2004.


SENTIR

De: Astral

Tercera parte

Una molesta voz se interpuso entre ella, y el agradable sueño que estaba teniendo; arrebatándosela, mientras que su hombro era agitado y sacudido, con lo que quien fuese que estuviera haciendo aquello, pretendía ser suavidad; mas, en su inconsciencia parecía un verdadero terremoto producido en todo su cuerpo.

- Bea, Bea, despierta. -Oyó la voz, que ahora se convertía en susurro, al emerger completamente de su estado onírico, mientras que Sandra continuaba meneando su hombro.

- Déjame dormir... -Masculló, casi ininteligiblemente, mientras se volteaba, escapando de voces y zarandeos, bajo la calidez del cobertor.

- Bea, es tarde, tienes clases hoy, te quedaste dormida. -Sandra insistió aún, mientras que alzaba la voz unos cuantos tonos más arriba.

- ¡¿¿Qué hora es??! -Fue todo lo que Beatriz necesitó escuchar, para dar un brinco de la cama, y dejar atrás sueños, calidez de cobertores y sus deseos de continuar sumergida en ellos.

- Ya, tranquila. -Sandra cambió su tono suave, por su habitual agudo, mientras que daba un chillido, y aplaudía vigorosamente, observando a Beatriz, quien la veía con ojos aún soñolientos, parada junto a su cama. -Vuelve aquí, es tempranísimo, y no tienes clases hasta dentro de cuatro horas, tontita. -Le lanzó dos besos, sonrió zalamera, y se metió entre las sábanas aún tibias, que habían cobijado a Beatriz durante toda la noche.

- ¿¡Entonces, por qué demonios me despiertas!? -Su voz se oyó enfadada, mientras que efectivamente se sentía furiosa por haber sido sacada, tan egoístamente de su sueño.

- Lo siento mi niña ¡Es que no aguantaba más las ganas de saber todo lo que pasó ayer! -Sandra agarró una almohada, le pegó unas cuantas palmadas, intentando dejarla lo suficientemente abultada como para que su cabeza se posara en algo blando, y se dejó caer en ella. -Ahora métase aquí al ladito mío y ¡Cuéntamelo todo!

- No puedo creer esto... -Beatriz meditó las posibilidades que tenía; y a la única conclusión a la que fue capaz de llegar, era que, o le contaba todo de inmediato, o se lo contaba más tarde; lo cual sería exactamente lo mismo, más aún, porque las probabilidades de volver a quedarse dormida, después de tanto barullo, eran prácticamente nulas.

- Ya, no te enojes, porque te pones fea y te arrugas; mira aquí ¿ves? se te está formando una fea línea de tanto fruncir el ceño. -Sandra dijo, mientras se ponía seria, y deslizaba un dedo por el entrecejo de su amiga, mientras que Beatriz le daba manotazos, intentando liberarse de ella y de esa yema entrometida.

- Eres imposible... -Dijo con fastidio, mientras se acurrucaba nuevamente dentro de la cama, con su amiga al lado.

- ¡Ah! se me olvidaba, te traje el desayuno, así te dan más ganas de contarme todo, con lujo de detalles. -Sandra se paró de un brinco, regresando al segundo, con un vaso de jugo natural, el cual extendió a Beatriz, para luego meterse una vez más en la cama, con expresión de entusiasmo.

- ¿¿Un vaso de jugo?? ¿y el pan? ¿y mi café? esto no es un desayuno. -Beatriz le devolvió el vaso a Sandra, sin siquiera darle un sorbo.

- ¿Pan y café? el pan engorda, y el café te mancha los dientes; un juguito natural es más sano, toma toma y comienza a contar ¡Ya! que me tienes histérica.

- Ah no, yo sin mi café y mi pan, no digo nada; necesito incentivos. -Se volteó, dándole la espalda a la trigueña, mientras que cerraba los ojos, fingiendo intentar dormirse, otra vez.

- O sea que me lo vas a poner difícil ¿cierto? ok, ok, si esas tenemos. -Sandra dijo, mientras abandonaba la cama, una vez más. -Volveré en un minuto, y más te vale que halla pasado algo bueno ayer con la Pauli, porque o si no, te lanzo el café por la cabeza. -Dejó de hablar, mientras parecía meditar algo. -Mejor el jugo, que tampoco me gustaría que te quemaras...

Sandra abandonó la habitación, mientras que a Beatriz le comenzaba a hacer eco en la cabeza el nombre Paula. ¿Contarle todo con lujo de detalles? ¿qué halla pasado algo bueno con Paula? Las preguntas bombardearon su cerebro, mientras no daba con ninguna de las respuestas que la trigueña, tan urgentemente necesitaba conocer.

Finalmente, sólo un nombre y un rostro llegaron a su cabeza, en el instante justo en el que Sandra irrumpía nuevamente en la habitación, café y tostadas en mano, luciendo una sonrisa de oreja a oreja, mientras que hacía pasitos de baile, derramando cada vez más café en el platillo, el cual Beatriz aún sin probar, sabía perfectamente que estaba tan agrio como todos los cafés que alguna vez, Sandra, con toda su buena voluntad, o todas sus ganas de indagar en algo que le interesase sobremanera, se había hecho el tiempo de prepararle en su vida.

- Qué conste que te lo advertí, luego no me vengas con que Sandra mírame las ojeras, o los dientes amarillos; eres tan terca. -Le extendió la taza, que estaba prácticamente a la mitad, y el platillo inundado de líquido café.

- Ya, que me duele la cabeza, y no se me olvida que me despertaste, sabes que lo detesto. -Se acomodó en la cama, mientras dudaba si darle un sorbo al líquido, o mejor pasar.

- ¿Te traigo una aspirina? -Sandra se acurrucó a su lado, apoyando la cabeza en su hombro, mientras la miraba con ojos de adoración, para luego plantarle un empalagoso y sonoro beso en la mejilla.

- No, gracias, está bien así. -Beatriz, por fin, reunió el valor de llevar la taza hasta su boca, y dejar que el líquido pasara por su garganta; como bien lo había supuesto, estaba terrible, y la expresión en su rostro no disimuló ni en lo más mínimo, lo que le había provocado su sabor.

- Sorry, sé que mis cafés no son muy buenos que digamos, pero que no se diga que Sandra no tiene la mejor intención y disposición del mundo. -Le sonrió a su amiga, con una sonrisa infantil, para luego comenzar a jugar con las migajas de pan, que habían en el plato, mientras que Beatriz le daba un mordisco a una tostada, intentando que pasara el mal sabor.

- Está bien. -Beatriz dijo, dándole un beso en la frente; y se apuró un sorbo de jugo de naranja, que después de todo, probablemente, era lo más sabroso de aquel desayuno. -Mucho mejor. -Aceptó, una vez que había tragado aquel líquido frío.

- ¿Viste? si no fueras tan terca, desde un principio te hubieras bebido el jugo y ya; y ahora, cuéntame, cuéntame al tiro ¡Qué ya no me aguanto ni un minuto más!

- Vale... -Fue todo lo que salió de la boca de Beatriz, mientras que sonreía divertida al ver el suspenso en los ojos de Sandra, intentando adivinar lo que vendría a continuación.

- ¡Ya poh! ¿pasó algo? ¿¿hubo beso??

- Definitivamente, hubo beso. -Beatriz dijo, sonriendo, mientras recordaba el momento; y al segundo caía en la cuenta del problema que había olvidado que debía resolver.

- ¿¿¡Se besaron!?? -Sandra se paró de improviso sobre la cama, mientras que Beatriz hacía esfuerzos para que el vaso que descuidadamente sostenía en una mano, no saliera volando de ella, con semejantes movimientos. -¡Lo sabía! ¡Lo sabía! -Cantaba Sandra, mientras que movía las caderas de un lado a otro, haciendo un baile de lo más divertido a los ojos de Beatriz. -Sabía que mi Beíta, algún día se iba a lanzar definitivamente a la vida, e iba a dejar atrás sus años monjisticos. -Continuó, para luego dejarse caer de rodillas, abruptamente, sobre la cama, cuyo colchón rebotó por un momento, y antes que volviese a su inercia, Sandra se estaba lanzando en los brazos de Beatriz, sin importarle ni las tostadas, ni el jugo, que finalmente salió volando de las manos de su amiga, derramándose por todo el cobertor.

- ¿¡Estás loca!? ¡Mira lo que hiciste, atarantada! -Salió hecha una furia de la cama, para luego regresar con un paño el cual posó sobre la mancha de color naranjo, que comenzaba a impregnarse en la tela.

- Uy, perdón... -Dijo Sandra, llevándose una mano al pecho, y observando el malhumor, que definitivamente estaba apoderándose de las facciones de Beatriz. -Bea ¿por qué te has puesto tan gruñona? antes no eras así ¿no te acuerdas cuando nos lanzábamos todo lo que pilláramos, encima? y a tí te no te importaba ensuciarte, ni tener que ducharte diez veces al día si es que era necesario.

Beatriz meditó aquello último; y los recuerdos de los años de infancia, y de pubertad, se mezclaron, no tanto con lo que Sandra estaba reprochándole en ese momento, sino que con las palabras que Gema, el día anterior, le había dicho. Al segundo, dejó de deslizar el paño por sobre el líquido derramado, lo lanzó lejos, quitó el cobertor, lo dejó caer en el piso, y volvió a meterse dentro de la cama, para luego darle golpecitos al colchón, invitando a su amiga a que se volviese a acostar junto a ella.

- Tienes razón, yo... no sé por qué me he puesto así; es esta maldita edad, no sé, es todo, perdona. -Recibió una sonrisa de Sandra, quien no demoró en instalarse junto a ella, mientras que esperaba que Beatriz reanudara su interrumpido relato.

- Entonces me decías que ¡¡Hubo beso!! -Aplaudió entusiasmada, mientras apuraba a su amiga a continuar hablando.

- Hubo beso, pero no fue con Paula, fue con Gema... -Beatriz pronunció la oración, sintiéndose bastante extraña, y pensaba en cómo demonios le iba a explicar a Sandra lo que había pasado; y más aún, porque ni ella misma tenía una idea lo suficientemente clara, como para responder el bombardeo de preguntas a las cuales en unos segundos, sin duda alguna, la trigueña la iba a someter.

- ¿¿¡¡Qué!!?? -Sandra exclamó, dedicándole una mueca enorme de asombro; pestañeó reiteradamente, y luego soltó nuevamente la misma pregunta. -¿¿¡¡Qué!!?? -Se quedó viendo a Beatriz en silencio, por algunos segundos. -A ver, espera un momento, o los años me están afectando, o ayer oí que salías con Paula, y no con Gema.

- Era con Paula.

- ¿¿¡Entonces!?? -Preguntó alzando la voz, aún más, si es que aquello era posible, mientras que no le quitaba los ojos de la cara a su amiga, esperando explicaciones.

- ¿No me darías unas horitas para que yo misma termine de comprender las cosas, y luego te intento explicar? -Beatriz le dio el último sorbo a su prácticamente vacío vaso de jugo, mientras que en vez de sentirse confundida, comenzaba a sentirse ridícula.

- ¡¡No!! nada que ver, necesito explicaciones right now.

En ese momento sonó el teléfono, y Beatriz salió inmediatamente de la cama en dirección fuera de la habitación, sintiendo como si la campana la estuviera salvando; pero al segundo recordó que podría ser Gema, o Paula, y se quedó inmóvil al instante.

- Mejor anda tú, y si es para mí, dices que no estoy; hay algunas cosas en las que necesito pensar antes de hablar con cualquier persona.

- Ah no, yo no me muevo de aquí, y ninguna de las dos contestamos, punto; porque ya veo que la situación está enredosa tanto para tí, como para mí, así que has el intento de explicarme cómo es que te fuiste a juntar con Paula ¡Y terminas besándote con Gema! no me cuadra, y créeme que lo estoy intentando, me estoy esforzando, Bea.

- Vale. -Beatriz dijo resignada, observando un segundo a Sandra, quien la miraba impaciente, mientras que se decidía a contar todo lo que recordaba, aún con el peligro de parecer una verdadera demente; porque francamente incluso ella misma pensaba que se estaba desquiciando. -¿Alguna vez has tenido lagunas mentales?

- ¿¿Lagunas mentales?? ¿eso qué te olvidas de algún momento en particular?

- Ajá, eso mismo.

- Mm ya, ya estoy comenzando a entender; lo que pasó es que te tomaste unos traguitos de más ayer, mientras estabas con Paula ¡Y se te apagó la tele! -Rió divertida.

- ¡No! Esto va a ser más difícil de lo que imaginé... -Dijo Beatriz, entre dientes, moviendo la cabeza de un lado al otro. -Mira, llegué al lugar, llegó Paula, nos saludamos, nos metimos a un lugar a tomarnos un café, hablamos de varias cosas, todo iba bien, incluso mejor de lo que me esperaba; entonces ella se paró para ir al baño, en eso miro para afuera, y me pareció ver a Gema, entonces salí, miré para todas partes, choqué contra algo, me volteé, y ahí estaba ella mirándome con sus ojos azulitos azulitos... -Suspiró, mientras sonreía.

- ¿¿Y qué paso?? me estoy confundiendo un poco. -Sandra dijo, mientras meneaba las manos en el aire. -¿Cómo es posible que estés en una cita con Paula, y al minuto que ésta desaparece, aparece Gema?? ¿Se pusieron de acuerdo?

- Yo tampoco sé, pero aquí viene la parte difícil, y te suplico que no me salgas con alguna de tus frases obscenas o desubicadas, por favor; porque yo misma no termino de comprender ¿vale? -Beatriz miró a Sandra con ojos de súplica, mientras sentía que cualquier petición de ese tipo, sería absolutamente olvidada, al segundo en que emitiera la próxima oración.

- Ok ok, dale. -Sandra animó a Beatriz a continuar, mientras comenzaba a entusiasmarse con el relato.

- No sé qué demonios me sucedió en ese momento, Sandra; pero la vi a ella ahí, intercambiamos algunas palabras, me invitó a caminar; y sé que suena extraño, pero se me olvidó por completo Paula, o sea desapareció de mi cabeza ¿entiendes? -Beatriz dirigió una mirada a Sandra, quien la observaba esperando que continuara; pero eso no ocurrió.

- Me estás tratando de decir que estabas en una cita con una chica, se aparece otra chica, y se te olvida por completo la primera ¿¿¿tienes idea de lo extraño, loco y... extraño, en fin, que suena eso??? -Sandra observó a Beatriz, la cual escapaba de su mirada completamente avergonzada. -Bea, eso ni siquiera me ha pasado a mí, y dudo mucho que me pase; lo que sucedió fue que se te apagó la tele; te tomaste unos cuantos... qué digo unos cuantos ¡Varios! tragos de más, y ni siquiera de eso te acuerdas; y luego alucinaste con Gema, o yo qué sé.

- ¡No! mierda... no, o sea, no tomé nada, sabes que casi nunca lo hago. -Beatriz alzó la voz enfadada, y a la vez, completamente consciente de que hasta para ella misma estaba sonando como una loca. -Simplemente, olvidé a Paula; y eso no es todo, nos sentamos en el banco de una plaza con Gema, hablamos un momento, luego casi nos besamos, pero yo me arrepentí, y luego cuando ella se va, corro, la agarro, y le doy tremendo beso; dios... -Se cubrió el rostro, mientras que su sonrojo era evidente por entre sus dedos. -¿Cómo se supone que una olvide cosas? no lo entiendo Sandra, y no me repitas otra vez que si acaso estaba borracha, porque no es así, y estoy segura. -Dijo, seriamente, mientras veía la incredulidad en el rostro de su amiga. -Luego nos quedamos largo rato sólo tomadas de la mano, observando alrededor, y mirándonos de vez en cuando; ¿y sabes qué?

- ¿Qué? -Sandra sonrió, ante los sentimientos que demostraba cada una de las palabras, y sobre todo la expresión de Beatriz.

- No puedo arrepentirme por haber olvidado a Paula, ni de olvidarme de todo lo demás... -Beatriz observó sus manos, sonrió dulcemente, y elevó su verde mirada hacia el frente, mientras que revivía las escenas del día anterior en su cabeza. -Porque fue maravilloso....

*****

- ¿Sandra? -Beatriz subía las escaleras, tan rápido como le era posible, mientras que mantenía el celular pegado a su oreja, oyendo lo que la trigueña tenía que decirle. -¿Hoy? ___ No sé... es que no tengo muchas ganas ¿por qué mejor no van ustedes solos? ___ Luego te digo ¿quieres? tengo que entrar a clases ahora, estoy atrasada ___ Vale vale voy, nos vemos más rato ___ No sé, aún no me la encuentro; por dios... no sé qué le voy a decir ___ Bueno, gracias ___ Besitos igual, bye.

Lanzó el teléfono dentro de su bolso, se paró delante de la puerta, donde probablemente la clase ya habría comenzado, y quizá era mejor de esa manera; así tendría tiempo, antes de que fuese inevitable el tener que hablar con Paula. ¿Qué explicación le daría por haberse ido sin siquiera avisar? no tenía ni la más mínima idea; pero, de una cosa sí estaba segura, que disculpas tendría que ofrecer, porque se había comportado como una miserable con la chica, y sobre todo porque Paula se había portado genial con ella.
Inspiró profundamente, abrió la puerta, y en aquel segundo oyó una voz ronca y desagradable cerca de su oído.

- Buenos días, señorita Beatriz ¿qué tal va avanzando su historia, cuya protagonista se llama Gema? -El profesor se hizo paso entre el marco de la puerta, y Beatriz, sin siquiera importarle atropellarla al pasar.

Beatriz lo miró con fastidio, mientras que olvidaba momentáneamente su actual problema; lo vio avanzando a través de la sala, hasta situarse detrás de su escritorio, y dejar caer los libros sobre la mesa; éstos hicieron un gran estruendo al hacer contacto con la superficie. El hombre dirigió su mirada hacia ella, sonriendo burlescamente, y le hizo un gesto con la mano para que pasara; sólo en ese momento, Beatriz fue nuevamente consciente de que Paula probablemente estaba observándola desde el interior de la sala, y que ella continuaba parada en la puerta como una estatua; como una imbécil.

Avanzó por entre las sillas, mientras sentía la mirada de Paula clavada en su rostro; no sabía qué hacer ¿mirarla? ¿no mirarla? ¿saludarla? ¿qué hacer, por Dios? Por fin decidió llevar su mirada hacia ella, y así lo hizo; con temor, lentamente, dirigió sus verdes ojos, hacia el lugar en el cual se encontraba sentada la joven, y se encontró con los marrones de Paula, observándola. Sus miradas hicieron contacto finalmente, y vio en ella una expresión que no fue capaz de discernir del todo. Al llegar a su puesto, sin quitarle la mirada de encima, los labios de Paula dibujaron una gran sonrisa; esa sonrisa encantadora, y perfecta que había visto en reiteradas ocasiones, durante su estadía en la universidad, y sobre todo, el día anterior.

No entendió a qué se debía esa sonrisa, ni por qué demonios Paula sentiría deseos de enseñársela, y dedicársela a ella en todo su esplendor. Se dejó caer en su silla, percatándose de que Paula estaba a su lado, en vez de dos asientos más atrás; miró alrededor un poco confusa, mas, nadie estaba preocupado de ella; dirigió su atención adelante, y nisiquiera el profesor la miraba, como era su costumbre, el estar pendiente de cada uno de sus movimientos. Volvió a mirar a la joven a su lado, y la sonrisa continuaba ahí; no estuvo segura qué hacer, o qué decir; así que simplemente esperó a que Paula le dijera lo que quisiera, o por lo menos llegar a entender el motivo de su alegría.

- ¿No me vas a saludar? -Oyó su voz cerca de su oído, mientras sentía cosquillas en él.

- Hola ¿cómo estás? -La miró afligida, y esperando lo peor.

- Perfectamente, después de ayer ¿y tú? -Paula continuaba sonriendo, y Beatriz comenzó a sospechar que estaba siendo irónica, o que por lo menos, le faltaba un gran tornillo, para decirle aquello; ya que definitivamente estaba pensando en su persona cuando se refería al día de ayer.

- Yo... Paula yo... -Comenzó a tartamudear, mientras que una serie de frases de disculpas bombardeaban su cabeza, y entre todas ellas, aparecía el rostro de Gema, y el beso que se habían dado; el primero, puesto que los que siguieron, fueron una continuación del mismo; aunque, Beatriz, se descubrió pensando en las diversas formas en las que Gema besaba; sin que un beso fuera jamás inferior que el anterior, ni tampoco igual; y la suavidad de sus labios...

- Bea ¿te pones nerviosa? qué linda... -Paula dijo, mientras sonreía aún más.

- ¿Linda? Paula, no me hagas esto más difícil, por favor. -Beatriz comenzaba a sentirse bastante angustiada; y hubiera preferido que la chica simplemente la ignorara, o que por lo menos la insultara, lo que fuese, en vez de esa actitud que estaba tomando.

- ¿No te gusta que te halaguen? bueno, si no te gusta, no lo volveré a hacer, o por lo menos intentaré no hacerlo.

- Paula, lo siento, en serio; no sé qué me pasó, yo... mira, mejor no te explico qué fue lo que pasó, pero lo siento tanto, de verdad, yo jamás había actuado de esa manera, yo no soy así. -Las palabras salían, una a una, de su boca, mientras se iba sintiendo más y más estúpida al pronunciar cada una de ellas.

- Tranquila, Bea; yo entiendo si no te gustan las cosas rápidas, aunque te dije que mi intención no era llevarte a la cama; respeto tus tiempos, y si quieres ir lento, por mí está bien, no quiero presionarte a algo, si no estás segura... yo soy muy paciente. -Paula rozó fugazmente su mano, y dirigió su atención hacia el profesor, quien inundaba la sala de clases con su estruendoso vozarrón.

Beatriz observó el perfil de Paula, desconcertada, mientras que no entendía ni una palabra de lo que acababa de ocurrir; lo que pensó que eran frases irónicas, por su comportamiento, claramente no lo eran; ya que la chica acababa de decirle que respetaba sus tiempos, y que ¿entendía si no le gustaban las cosas rápidas? Por Dios ¿es qué acaso era eso lo que había pensado Paula? ¿qué se había largado por temor a que se estuvieran precipitando, por el simple hecho de haber estado en una cita? Francamente, no sabía si sentirse feliz de que Paula hubiese quedado conforme con sus propias conjeturas, o si sentirse realmente baja, por no sacarla de su error. Todo aquello se mezcló en su cabeza, con sus lagunas mentales, y sus insólitos olvidos; y finalmente, lo único que tenía claro, eran sus ojos, sus ojos azules, y su cabello oscuro, y sus besos, sus besos, dios mío; Gema.

- Esperemos que la señorita Beatriz, no nos distraiga con sus personajes ficticios durante el transcurso de esta clase ¿nos haría el favor? -La molesta voz del profesor llegó hasta sus oídos, sacándola de sus pensamientos; y por fin quitó su atención de la joven a su lado, para dedicarla completamente al rostro de él.

- No hay problema. -Dijo, sabiendo que aquello molestaría al hombre, mucho más que si se dedicaba a discutirle, como bien sabía, que él adoraba. Sintió la mirada de Paula clavada en su perfil, mientras que sus cavilaciones volvían a atormentarla una vez más, y ciertamente, lo harían por las próximas horas del día, si no encontraba una razón lógica para esa especie de dimensión desconocida que había estado viviendo.

*****

Hora y media más tarde, Beatriz había logrado sobrevivir al sin fin de preguntas que su cerebro le había estado haciendo, y que ella sencillamente no podía contestar. Paula había aprovechado cada ocasión en la que pudiera tocarle, ya fuera una mano, un brazo, rozarle una pierna con la suya, y hasta quitar un mechón de cabello rebelde, que constantemente se iba hacia su rostro, cuando inclinaba la cabeza para tomar apuntes. Todo aquello le ponía incómoda, por las razones obvias de estar en público, y frente a personas a las cuales estaría viendo durante todo el resto del año, y hasta en años posteriores; y más aún, porque seguía sin entender el comportamiento de la joven hacia a ella; definitivamente, odiándola no estaba. ¿Y Gema? ¿Por qué sentía que la estaba traicionando cada vez que permitía que Paula la tocase, aunque fuera de forma tan inocente como lo estaba haciendo?

- Pensé mucho en tí anoche. -Paula le dijo, acercándose a su oído, mientras que salían del salón, y el ruido del exterior inundaba su audición, haciéndola sentir bastante descompuesta, a la vez, que jóvenes de innumerables diferentes looks, y edades, pasaban una y otra vez, delante de ellas, haciéndola sentir mareada y malhumorada.

- ¿Sí? -Beatriz la observó por fin, devolviendo su mirada, que sin duda alguna, estaba pretendiendo coquetear con ella. Paula no buscaba ser descarada, ni mucho menos incomodarla, delante de toda aquella multititud; pero, ciertamente lo estaba haciendo.

- No te gusta que te halaguen, ni que te digan que piensan en tí; espera voy a anotar. -Hizo ademán de sacar su agenda y escribir en ella; pero lo dejó, y sólo sonrió abiertamente, mientras que continuaba caminando junto a Beatriz, sin tener la menor intención de dejarla ni a sol ni a sombra.

- No es eso... es sólo que me siento un poco desorientada esta mañana. -Dijo, haciendo esfuerzos sobrehumanos por esbozar una sonrisa.

- Entonces déjame apuntar en mi mente, que no se te debe halagar, ni decir que se piensa en tí, cuando estás desorientada. -Hizo una mueca de meditación. -Aunque primero debo aprender a descifrar tu rostro, cuando muestre desorientación.

- Vale. -Beatriz sonrió, esta vez, sinceramente, mientras observaba a Paula, sin entender por qué una chica tan linda como ella, estaba en ese mismo instante siendo, o intentando por lo menos, ser encantadora; cuando el día anterior ella se había ido directamente a los brazos de otra persona, en plena cita con ella.

- Bea. -Le tomó un brazo de repente, cuando se encontraban lo suficientemente apartadas del resto de los mortales. -Sé que no te gustan las presiones, ni nada de eso. -Paula se puso seria, lo suficiente como para hacer que Beatriz comenzara a ponerse tensa, y hasta extrañar su sonrisa, deseando que ésta volviera, temiendo que ahora sí vendría un reclamo, o por lo menos un ¿qué pasó? -Tú me gustas mucho, me encantas ¿entiendes? y sé que debes tener un montón de chicas detrás; y no quiero hacer las cosas mal, quiero tener algo contigo, Dios... daría cualquier cosa por eso; dame una pista, Bea ¿qué debo hacer?

Beatriz la observó ahí, con su seguridad tirada a la basura, sin sonrisas encantadoras, y sin frases sobre llevarla a la cama, o tener paciencia; no; literalmente le estaba pidiendo, o casi suplicando, por algo que verdaderamente Beatriz no tenía ni la más mínima seguridad de querer entregarle; no por Paula en sí, no por su forma de ser, ni porque ella supiese o no cómo se le conquistaba; se trataba de Gema, por Gema no podía; por muy extraño, y hasta ridículo que sonase, tenía un sentimiento tan grande en su interior, no solamente por lo acontecido el día anterior, no sólo porque Gema era, sin duda, una belleza, ni mucho menos porque se aparecía ante su vista en las oportunidades más inexplicables, o especiales -como la morena hubiese dicho- como ambas ocasiones en las cuales la había visto; simplemente, por ser Gema, por hacerla sentir cosas que ni Paula, ni ninguna otra la habían hecho sentir jamás, nisiquiera en sus sueños infantiles, ni en sus fantasías más elaboradas.

- Paula yo... no sé... es que. -Tartamudeó, sintiéndose realmente inútil a sus veinticuatro años, siendo incapaz de dar una explicación de frente, como correspondía y con todas sus letras.

- ¿Es por Gema? -Paula preguntó, y su tono de voz denotó toda la inseguridad claramente plasmada en él.

- Sí, es por Gema; yo tengo demasiadas cosas en la cabeza ahora, y ella... si te contara te reirías, pero da igual, el punto es que no puedo intentar algo contigo si está ella presente ¿entiendes? -Lo dijo, y se sintió mucho mejor.

- ¿Ni siquiera me darías una oportunidad? no sabes lo que podríamos llegar a tener; yo te podría querer mucho, con toda mi alma, como nunca nadie te ha querido antes. -Sonrió, sabiendo lo cursi que sonaba todo aquello.

- Sé que me puedes querer mucho, sólo que ahora no puedo, es algo que no puedo controlar ¿entiendes? lo siento... -Beatriz dijo, sonriéndole dulcemente a la chica, mientras sabía en su interior que estaba desechando una oportunidad maravillosa con esa persona, sin mencionar, que segura; porque Paula no tenía parejas con quien terminar, y la tenía a mano, muchísimo más que a Gema. Pero ¿quién puede luchar contra los sentimientos? Beatriz ya no podía, y claramente, Paula no le provocaba lo que Gema le hacía sentir en su interior, cuando pensaba en ella, o en las pocas horas que habían compartido juntas.

- Esta Gema... -Paula pronunció su nombre mirando hacia el frente. -Sé que no tienes una relación con ella, porque de lo contrario no hubieras accedido a salir ayer conmigo; entiendo lo que ahora me estás diciendo, pero no lo acepto; como te lo dije ayer, no soy suertuda, pero sí segura, y puedes rechazarme ahora, pero ya veremos en el futuro; yo tengo mucha paciencia, sobre todo cuando algo en realidad me interesa. -Sonrió, con lo que Beatriz supuso sería la última sonrisa que vería de ella aquel día; se acercó lentamente hacia su rostro, hasta que sus labios se posaron suavemente sobre su mejilla, demorando el rompimiento del contacto, le rozó una mano con la suya, la miró de cerca como queriendo hechizarla, como sentenciándola con aquella mirada, a tener que someterse a sus deseos, tarde o temprano. Cubrió sus ojos con sus lentes de sol, se dio media vuelta, y se alejó de aquel lugar.

Beatriz la vio saludando gente en su camino, y conversar animadamente con ellos; la observó mientras se dirigía hacia su auto, hasta pararse en frente de él con las manos en su cintura, mirar una propaganda dejada entre el parabrisas y el vidrio delantero, mientras movía la cabeza de un lado al otro, para luego abrir la puerta, lanzar los libros en el asiento, a su lado, dejarse caer en el suyo, y finalmente, poner en marcha el vehículo.

Paula deslizó sus anteojos por su nariz, hasta dejar sus marrones ojos a la vista; y mirar, directamente, hacia los ojos de Beatriz, por el espejo retrovisor, mientras que le sonreía como era su costumbre, y le lanzaba un beso no menos encantador que su sonrisa, para luego perderse en la lejanía.

La confusión de Beatriz aumentó, aún, más que antes ¿Estaba haciendo bien las cosas? ¿qué pasaría si Gema no terminaba con su relación, o lo que era peor que nisiquiera volviese a llamarla? Demasiados pensamientos atormentaban su cerebro, como para ser capaz de llegar a una conclusión decente. Por otro lado estaba Paula, y lo que Beatriz estaba segura que haría la joven, no dejarla escapar así como así.

Había visto la decisión en su mirada; lo que había llegado a ser casi un reto, hablando a través de sus ojos; ciertamente no tan poderosos como los de Gema, pero con una vida en ellos al igual que los de la joven de cabello negro; mas, la incertidumbre estaba presente allí; Beatriz lo había podido comprender, ahora, que había visto en los ojos de alguien la verdadera seguridad, esa seguridad de conocer algo, o a alguien, tanto, como a sí mismo.

Gema, por algún motivo, sabía quién era ella, cómo era, y lo que sentía, sin tener que preguntarlo, sin tener que estar dudosa de ello; y eso era algo que no había podido hacer ni Paula, ni su familia, ni sus amores pasados, ni siquiera Sandra que era su persona más cercana, y ciertamente nisiquiera ella misma; porque Gema parecía conocerla más de lo que Beatriz se conocía a sí misma, o por lo menos hasta el momento eso parecía.

*****

- ¡Nada! no te digo, no me dijo nada de nada ¿lo puedes creer? -Beatriz decía, mientras que observaba un pantalón que Sandra le enseñaba en la vitrina de una tienda.

- ¿¿Ni siquiera te lo insinuó?? -Sandra la miró sorprendida, mientras acercaba su rostro al primer espejo que encontró pegado en una de las paredes; comenzó a mover su cabeza, provocando con ello que se reflejara un ángulo de su rostro, y después el otro, para luego, alejarse un poco, y observarse de cuerpo completo. -¿¿Por qué me veo más gorda en este espejo?? A ver, Bea, ponte aquí; quiero comprobar si es que es mi espejo el malo, o éste. -La jaló de un brazo, obligándola a pararse frente a él, para luego pasear su mirada -la cual parecía de concentración absoluta- entre Beatriz y su reflejo. -Definitivamente, este espejo es el mentiroso ¿te fijas? -Dijo, satisfecha. -¿Sabes, Bea? no entiendo, si no te dijo nada ¿para qué te preocupas?

- ¿Para qué me preocupo? porque me siento peor aún si no me dice nada; más encima, sabe que es por Gema, me dijo que tiene paciencia, sobre todo cuando algo le interesa de veras. Dios mío, estoy tan confundida; sé que ella va a seguir intentándolo, lo sé. -Beatriz se lamentaba, mientras que intentaba seguir el paso de Sandra, quien cambiaba de dirección constantemente, y cuando menos se lo esperaba, desaparecía de su vista, para encontrarla segundos más tarde dentro de cualquier tienda.

- Mantén abierta las posibilidades, Bea; conociéndote tan bien como te conozco, sé que Gema es la que más te gusta, pero ¿para qué te vas a cerrar a las demás posibilidades? me dijiste que te llevas bien con Paula, y la verdad es que me cayó bien con las pocas palabras que intercambiamos por teléfono; necesito ahora conocer a Gema, para darte una mejor opinión, así que por el momento te digo que no dejes escapar a ninguna de las dos. -Agarró a Beatriz de una mano, y comenzó a balancear su brazo atrás y adelante, como si fuera una niña pequeña.

- No sé... es extraño, hoy cuando estábamos en clases y permitía que Paula me rozara, no sé... -Levantó la mirada al techo, como esperando encontrar alguna respuesta, con la cual no dio en aquel lugar. -Sentía como si estuviera engañando a Gema; ella es tan diferente...

- ¿¡Diferente!? ¿Es que la tipa tiene tres ojos o tres tetas? -Sandra soltó el comentario con expresión de pregunta.

- No físicamente diferente, es algo interior; ella es como mágica... -Beatriz suspiró levemente, mientras observaba instrumentos musicales a través de una vitrina, y recordaba el primer instante en que la había visto; todo aquello que había sentido en su interior, eso a lo que era incapaz de ponerle nombre, porque jamás antes lo había sentido.

- ¡¿Mágica?! -Sandra preguntó, mientras que paraba en seco, finalmente, dejando de oscilar su brazo, y liberando la mano de su amiga, mientras la observaba, y percibía el aire de enajenación que ahora mismo tenía.

- Sí, mágica; como si existiera y no existiera a la vez ¿entiendes? como que había momentos en los que sentía que era una aparición, un ángel, no sé... yo me siento especial cuando estoy con ella; me siento distinta, y la siento distinta a ella. -Beatriz se vio en la obligación de frenar su paso, mientras que sus facciones se suavizaban tan notoriamente para ella, como para Sandra, quien la miraba con interés.

- Ok, a ver si entendí ¿estás queriendo decir que Gema es más mágica y Paula es más terrenal?

- No es que las compare... bueno, un poco tal vez; pero aún si no existiera Paula, Gema seguiría siendo mágica. -Beatriz sonrió, mientras ponía su atención en un bebé que dormía plácidamente dentro de un coche empujado por su madre. -¿Nunca has conocido a alguien que sientas que lo conoces de toda la vida? -Beatriz alejó la mirada de la criatura, y la concentró en el rostro de Sandra.

- Creo que sí, con Diego me sucedió, pero quizá sólo halla sido porque me gustó desde que lo vi, no lo sé, supongo que contigo también me pasó, pero éramos tan chicas. -Sandra se apoyó en una baranda, mientras le hacía señas alegremente a una persona, que afortunadamente bajaba por un ascensor, y aquello le imposibilitaba, el hecho de acercarse al lugar donde estaban, y entablar una interminable charla con la chica, como tantas otras veces, Beatriz había tenido que aguantar. La trigueña comenzó a hacerle gestos con la mano, imitando un teléfono. -¿Es eso lo que te pasa con ella? -Por fin, se concentró nuevamente en el rostro impaciente de Beatriz.

- Sí, eso es lo que me pasa con ella; siento que la conozco desde antes, y es más, siento como si ella supiera cosas de mí, cosas que yo he olvidado de mí misma ¿me entiendes? -Movió las manos en el aire, dándole énfasis a las oraciones, mientras que captaba la absoluta atención de Sandra, quien se le quedó mirando por largo rato con una expresión indefinible en su rostro.

- ¡Me estoy poniendo celosa! ¿Es que esta Gema me va a quitar a mi niña, acaso? -Sandra dijo, haciendo un enorme y exajerado puchero, mientras que bajaba la cabeza, y le dedicaba una mirada de tristeza a Beatriz, cerrando y abriendo aparatosamente sus párpados, que enfatizaban la pena en sus facciones.

- Tontita. -Beatriz dijo, moviendo la cabeza de un lado a otro, y sonriéndole dulcemente a su amiga.

- ¿Eso quiere decir qué sigo siendo tu regalona? -Sandra se hizo con el borde de la chaqueta de Beatriz, mientras la tironeaba suavemente.

- Sabes que sí.

Fue todo lo que bastó para que Sandra se lanzara por enésima vez en el día a los brazos de Beatriz, para luego empapelarla a besos, sin importarle que estuviesen rodeadas de gente; quienes probablemente no verían muy normal, que una joven de la edad de Sandra le dedicara semejantes muestras de cariño, a otra tan grande como ella, con aquella intensidad.

- Ya, suficiente. -Dijo Beatriz, sintiéndose un tanto incómoda.

- Gruñona. -Le hizo un desprecio, e hizo ademán de continuar caminando. -Te van a salir patas de gallo, y muchas arrugas por lo enojona que eres.

- Ya ya. -Beatriz sonrió, mientras observaba a la gente alrededor, quienes habían ya dejado de centrar su atención en ambas.

- ¡¡Aquí llegamos!! ¿lista para un cambio? -Sandra chilló, con entusisamo, mientras miraba a su amiga, y la apresuraba para que se acercara lo más pronto posible a su lado.

- ¿Estás loca? ¡Me dijiste que te ibas a comprar algo de ropa!

- Obvio; porque sabía que era la única forma de traerte aquí ¿dime si no soy astuta, acaso?

- Sandra ¡Apenas anteayer te hiciste ese look que llevas! además, yo no pienso hacerme nada ¿oíste?.

- Claro que te lo harás. -Sandra dijo, sonriente, y sin importarle demasiado la cara que Beatriz le estaba dedicando.

- No, no quiero, y tú tampoco deberías, no sé cómo ese pobre pelo te resiste. -Beatriz se rehusaba a ser llevada al interior del salón de belleza, en el cual Sandra estaba empeñada en pasar las próximas quién sabe cuántas horas.

- Para que veas que me resiste, porque es un amor, y sabe que todo lo que hago lo hago por él, a diferencia de tí que eres una terca de primera. -Sandra tironeaba de un brazo a Beatriz, mientras que le sonreía, y saludaba a una peluquera, conocida, seguramente, por ella, y le lanzaba dos besos a todos los demás.

- Ya, suéltame, si voy atrás tuyo; pero no pienso hacerme nada ¿entiendes? nada. -Beatriz, finalmente, ingresó hacia el interior del salón, mientras veía a Sandra correr hacia una joven de la edad de ambas, abrazarla empalagosamente, darle un sonoro beso, y comenzar a conversar con ella animadamente, mientras que le hacía señas para que se acercara.

- Ya conoces a mi Beíta ¿verdad? ésta es mi niña regalona, mi bebé. -Le explicaba a la joven, mientras que abrazaba a Beatriz, y la miraba con cariño.

- Sí, el otro día viniste con ella. -Dijo la joven, haciéndole un gesto con la mano a Sandra, para que se sentara en una de las sillas desocupadas. -¿Cómo estás? -Saludó a Beatriz con un beso en la mejilla, y le sonrió amablemente. -¿Tú también te vas a hacer algo?

- Hola ¿cómo estás? -Respondió Beatriz. Le echó un vistazo a la expresión entusiasta de Sandra, y volvió a concentrarse en la persona enfrente de ella. -No, yo sólo la vengo a acompañar, yo paso. -Dijo, sabiendo lo que venía a continuación; interminables súplicas, con caras incluídas, de parte de Sandra, que intentaría persuadirla hasta ganarla por cansancio.

- ¡Claro que se va a hacer algo! yo creo que podrían ser mechitas, o algo así; o que le tiñeras el pelo, así de ese rubio bien blanco ¿qué te parece? -Sandra agarró de la mano a Beatriz, y la instaló en una silla junto a ella. -¡Pato! -De pronto, su atención se concentró en otra persona que venía llegando; y con una sonrisa enorme, fue corriendo hacia el joven, mientras abría los brazos en clara señal de estar planeando apretujar al chico entre ellos.

- ¡Sandra! ¡Mi clienta favorita! ¿de nuevo por aquí? -Saludó, mientras recibía gustoso los besuqueos y abrazos, a los que estaba siendo sometido, mientras los devolvía con sus modales refinados.

- Sí, ya sabes que me aburro con el mismo look siempre, Patito ¿cómo has estado? -Sandra preguntó, mientras que le agarraba la chaqueta, deslizando su mano por la superficie de ésta.

- Bien, hemos tenido un montón de trabajo últimamente; creo que nos traes buena suerte. -Sandra pegó un par de chillidos en respuesta. -¿Te gusta? -Preguntó el joven, percatándose del interés de Sandra por su prenda; ésta asintió. -Adivina cuánto me costó. -Dijo, mientras agitaba las manos en el aire.

- Ay Pato, nada que ver, no me hagas pensar. -Le dio un empujón en un brazo.

- Nada, porque fue un obsequio de mi amor. -El chico pestañeaba casi tanto como Sandra.

- ¡Ayyy pesado! Este Pato... -Sandra rió divertida, para luego dirigir su mirada a Beatriz, quien comenzaba a aburrirse, pensando que además de estar soportando la cháchara, tendría que esperar quién sabe cuántas horas más.

- No le vas a permitir que se haga algo más en ese pelo ¿verdad? -Beatriz le preguntó a la peluquera, con esperanzas de que la chica tuviera un poco de sensatez, o a decir verdad, algo de moral.

- No te preocupes, la voy a convencer de hacerse algún peinado solamente, tú tranquila. -La joven sonrió, mientras que ambas veían a Sandra acercarse con una amplia sonrisa adornando su rostro.

- Ya Martita, mi pelo es todo tuyo ¿qué me recomiendas esta vez? -Sandra se dejó caer en la silla, junto a su mejor amiga, mientras a esta última, el aburrimiento le salía por los poros.

- ¿Qué te parece este peinado? -Marta le enseñó una fotografía, con un peinado bastante similar al que en ese momento Sandra llevaba, sólo que con un poco más de forma.

- ¿¿Sólo un peinado?? -La trigueña alzó la voz, mientras miraba a la chica, como si le hubiera dicho algún insulto terrible.

- Sandra por favor, te vas a quedar calva si te haces más cosas en ese pelo ¿podrías hacerme caso por una vez en tu vida? -Beatriz dijo, con tono suplicante, sin esperar realmente que la trigueña le hiciera el más mínimo caso, como sucedía, cuando se trataba de algún consejo que tuviera que ver con su aspecto físico; aquello era sagrado para Sandra.

- Si yo fuera tú, escucharía a tu amiga. -Marta dijo, posando una mano en el hombro de Sandra, mientras que la miraba a través del espejo.

Sandra pareció meditarse la posibilidad; observó la expresión en el rostro de Beatriz, luego se acercó al espejo, deslizó sus dedos através de su cabello, suspiró hondamente, mientras se relajaba en la silla, echó la cabeza hacia atrás apoyándola en el respaldo, y miró a Marta con cara de resignación, desistiendo finalmente, de su idea de cambios de looks; por lo menos, para ese día.

- ¡Ya pesadas! ustedes ganan, sólo un peinado. -Dijo, agitando las manos en el aire. -Pero con la condición de que tú Bea, también te hagas algo, o ¿creías que te ibas a escapar tan fácilmente? no señor. -Giró su rostro hacia Beatriz, y le sonrió ampliamente, mientras veía la sonrisa de Beatriz -aquella de satisfacción, de que por una vez en la vida, le había convencido de algo sobre su físico- desaparecer por completo.

- Por ningún motivo, yo no me hago nada. -Beatriz dijo tajantemente, mientras agarraba una revista y comenzaba a ojearla, sin darle la posibilidad a Sandra de continuar con la discusión; cosa que a la trigueña no le importó en lo absoluto.

- Terca, más que terca. -Sandra movía la cabeza de un lado al otro. -No le hagas caso Marta, tú espera, mira que siempre se hace de rogar; es que le tiene miedo a los cambios, pero sabe muy bien que Sandrita la va a convencer ¿verdad que sí? ¿cierto que mi niña va a dejar que la Martita le haga algo bien lindo en su pelito? -Acercó su rostro a la joven rubia, mientras que le hacía gestos con el rostro, intentando convencerla, y robar la atención que Beatriz tenía puesta en la revista.

- ¡No! -Dijo, mirando por un segundo la expresión sonriente de Sandra, sólo para volver a bajar la mirada hacia las fotografías de la página número veinte, en la cual se encontraba.

- Vamos Bea, anda, hazlo por mí, sólo una cosita poca. -Decía con la voz más zalamera que era capaz de reproducir. -No sé para qué te cortaste el pelo si no le diste ninguna forma ¿lo vas a hacer verdad?

- Ene y o ¡No! -Beatriz dijo, gesticulando la palabra exageradamente. -Y ya déjame en paz. -Le dio un empujón a su amiga, a quien no le importó en lo más mínimo la negativa.

- Ya, pero entonces, no lo hagas por mí, hazlo por esa personita que ya sabemos tú y yo, y a quien de seguro, le va a encantar verte con un look más moderno ¿qué dices? -Sandra esperó que la mención de Gema, hiciera el efecto esperado en la chica. Aguardó unos segundos, mientras que Beatriz no despegaba los ojos de la misma línea; mas, Sandra sabía perfectamente bien que su amiga estaba meditando lo último, y que había dado en el clavo con aquella ocurrencia; finalmente, consiguió la respuesta deseada.

- Está bien, pero que no sea muy grande el cambio ¿vale?

- ¡Vale! -Chilló, feliz de la vida, Sandra, mientras aplaudía, y observaba la expresión absolutamente opuesta a la suya, en el rostro de Beatriz, mirándola por el espejo frente a ella.

Beatriz se hundió en su silla, mientras que movía la cabeza de un lado al otro, maldiciéndose, por una vez más, haber caído en las súplicas y ruegos que tan bien se le daban a Sandra, mientras que se resignaba a entregar su cabello a las manos de Marta o Pato, o tal vez a algún otro que estuviera libre en ese momento. ¿Por qué, Sandra, tenía que tener siempre la palabra justa para convencerla de cosas que en su vida se imaginaría a sí misma haciendo? Observó a la trigueña de reojo, con su sonrisa intacta en el rostro, y sonrió por fin, mirando su propio reflejo en el espejo; cosa que no hacía muy a menudo; aunque comparándolo con la trigueña, era imposible que alguien se observara más veces al día al espejo que Sandra. Suspiró, y pensó en Gema ¿la había convencido Sandra, o simplemente el pensamiento de que la morena pudiera sentirse más atraída por ella, al llevar un nuevo corte de cabello? Definitivamente, Gema.

- Que te quede claro que no fuiste tú la que me convenció, sino que el pensamiento de quien tú ya sabes... -Beatriz largó la frase, y se sintió mucho mejor; esperó la respuesta de la trigueña, pero no la obtuvo; finalmente giró su cabeza hacia ella. -¿Sandra? ¿qué pasa? -La vio con la mirada atenta hacia el exterior del salón; sus ojos denotaba preocupación, tensión; era extraño verla de aquella manera, cuando siempre sonreía y hasta parecía que nada le preocupaba demasiado. Beatriz siguió el camino de la mirada de Sandra, para encontrarse un sin fin de personas. -¿Sandra? ¿pasa algo malo? -La tocó en un hombro.

- No... no, nada; me pareció ver a alguien conocido, solamente. -Sandra por fin centró su atención en el rostro, ahora preocupado, de Beatriz, mientras retornaba la sonrisa al suyo. -¿Y? ¿estás lista para entregarte a Patito?

Beatriz suspiró con aflicción, mientras que veía al joven enseñándole unas tijeras, y sonriéndole, tan ampliamente, como Sandra misma acostumbraba hacer.

*****

- ¡Maldición, Sandra! ¿por qué no me llama? -Beatriz exclamó, mientras revisaba su celular, con la esperanza de no haberlo oído llamando, o que por arte de magia sonara en ese mismo instante, y que fuese Gema al otro lado de la línea.

- ¿Quién no te ha llamado, Bea? -Diego observó a Beatriz, por el espejo retrovisor, mientras manejaba su automóvil, con Sandra instalada a su lado, cambiando una y otra vez, de emisora radial, sin dar descanso a aquellos botones -que ya nadie comprendía cómo resistían de tanto ser presionados- ni a los oídos de las otras dos personas que iban con ella en ese momento.

- Una amiga. -Beatriz respondió, mientras apoyaba su espalda en el asiento trasero, y guardaba su celular con aire de desilución en el rostro.

- ¿¡Una amiga!? -Sandra exclamó, mientras acomodaba el espejo, de tal forma, que pudiese ver a Beatriz a través de él. -Es una chica que la trae loquita ¿qué te parece mi amor? mi Beíta se está enamorando. -Dijo sonrientemente, mientras apoyaba su cabeza en el hombro de Diego.

- Sandra, no hagas eso. -Diego volvió a poner el espejo en su sitio, dándole una severa mirada a Sandra, para luego volcar su atención en Beatriz. -¿Así que conociste una chica? ¿y cómo va todo?

- Gruñón; estás igualito a la Bea. -Sandra dijo, cruzándose de brazos, y alejándose del joven, mientras regresaba a la tarea de cambiar emisoras. Diego y Beatriz, miraban, esperanzados de que la trigueña se decidiera por alguna, cada vez que lograban reconocer una canción que era del gusto de alguno de ellos.

- No sé Diego, la conocí apenas hace dos días.

- Me tinca que ésta es la indicada; bueno, Sandrita te conoce mucho más que yo pero...

- ¡Obvio! -Sandra interrumpió. -Bea, es mi amiga ¡Mía! y tú eres un gruñón; un gruñoncito lindo eso sí. -Sandra dijo riendo, mientras que le enterraba un dedo en la mejilla a Diego, hasta lograr hacerlo sonreír; el joven comenzó a intentar mordisquear ese dedo, y Sandra, a chillar como una desquicidada, mientras reía a carcajadas, y no dejaba en paz a su novio.

- Perdona, Bea; ya sabes como se pone esta mujer cuando le dan cuerda. -Diego dijo, dirigiendo su atención, nuevamente, hacia Beatriz, quien los miraba divertida. -Como te iba diciendo; hace tiempo que te conozco, y es la primera vez que mencionas a una chica de esta manera, ojalá resulte ¿cierto?

- Cierto...

- Ojalá resulte... ojalá resulte... na na na na. -Sandra remedaba la frase de Diego, mientras reía cada vez, más estruendosamente.

- Compórtate. -Diego advirtió, mientras intentaba mirarla seriamente, y sólo conseguía hacer que Sandra chillara más alto. -Ya vas a ver cuando nos estacionemos, sólo te salvas porque estoy manejando. -Elevó un dedo en señal de amenaza, mientras intentaba ocultar su evidente sonrisa.

- Sólo te salvas porque estoy manejando... na na na na.

Beatriz obervó la escena; Diego y Sandra, Sandra y Diego, los dos. Era evidente lo mucho que se querían, y el nivel de confianza que tenían a esa altura de su relación. Suspiró, ya no deseando estar con alguien sin rostro, ni con alguien imaginario; sino que ansiando con todo su corazón estar con Gema. Gema, la persona a quien sólo había conocido hace dos días atrás, pero que indudablemente se había metido en su cabeza de una manera obsesionante.

Observó el asiento vacío a su lado, mientras apoyaba su cabeza en el respaldo, y sentía el movimiento del automóvil, produciendo unas leves vibraciones en su nuca. Suspiró; suspiró, con una inspiración que llegó a ser dolorosa en su pecho; siendo víctima del vacío que se siente cuando se tiene a ese alguien dentro del corazón; mas, no está presente, en un momento determinado de la vida. Como si de un día para el otro, le hubiesen cercenado un brazo, o más bien, un trozo de su alma; para luego lanzarla a la vida sin ellas, y tuviese la obligación de vivir cada día, mutilada, incompleta. Así se sentía Beatriz, desde el segundo en el en que había conocido a Gema; como despertando a la realidad de que siempre le había faltado esa parte; sólo, que hasta el día en que la morena había irrumpido en su vida, lo había logrado sentir por primera vez.

Extendió su brazo, lentamente, y posó su mano en la superficie de cuero; la acarició, mientras se mordía el labio inferior, sintiendo aún más fuerte la ausencia, la falta, su soledad. Giró su cabeza hacia el otro lado, y miró a través de la ventana; las calles iluminadas por las luces, que apaciguaban la oscuridad de la noche que las poseía; las edificaciones, los automóviles, la gente pasando rápidamente, haciendo imposible el que Beatriz fuera capaz de distinguir ningún rostro.

El automóvil frenó en una luz roja, entonces, Beatriz miró hacia adelante; extrañando la voz aguda y parlanchina de Sandra, o más bien, haciéndosele extraño el hecho, de no haberla oído todos esos minutos. ¿O había sido, tal vez, que se encontraba demasiado inmersa en sus pensamientos, que había sido capaz de hermetizarse a tal punto, de que sus sentidos estuvieran sellados para cualquier otra cosa que no fuese la imagen de Gema?

Nuevamente, apartó la mirada de la pareja, al verlos besándose, olvidando por completo que había un pasajero más en el automóvil; o quizá, siendo ellos mismos ciegos y sordos, para cualquier cosa que no fuera su propio amor. Beatriz sonrió con ternura, y bajó la ventanilla, para sentir un poco de aire, o tal vez, simplemente, para escaparse de tanto pensamiento que no estaba haciendo otra cosa que torturarla por dentro.

Un vehículo paró junto al de Diego; y la mirada de Beatriz llegó hasta la ventanilla del asiento trasero de ese auto, en donde un chico la observaba sonriente, para luego comenzar a hacerle gestos, lanzarle besos, y decirle cosas ininteligibles. Nada peor que un estúpido, para terminar de traerla a la realidad. Lo miró con fastidio, pero, no fue aquello suficiente, para que él dejara de gritarle cosas, ni para que la luz tuviera la misericordia de cambiar de una vez por todas, al verde.

- Hola mi amor ¿por qué no nos vamos a dar una vueltecita los dos? Tengo algo que te va a encantar. -Le gritaba el joven, sin que le diera importancia alguna, al hecho de estar siendo ignorado.

- ¿Y quién es ese tipejo, Bea?

- Qué se yo, un imbécil que no tendrá algo más divertido que hacer que gritarle cosas a la gente.

- Pobre, si supiera que no es de tu tipo. -El comentario hizo reír a Beatriz, mientras que el chico continuaba diciéndole cosas.

- Diego, no vayas a avanzar, voy a hacer algo. -Beatriz dijo, mientras que ya asomaba medio cuerpo afuera del automóvil, y le hacía señas al tipo, para que se acercara un poco más.

- ¿¿Qué está haciendo esta bruta?? -Sandra preguntó, mientras se volteaba, para ver lo que se disponía a hacer su amiga; Diego seguía sus movimientos también.

- Oye mi amor. -Beatriz dijo, alzando la voz hacia el chico. -¿Me escuchas bien? -Preguntó mientras sonreía ampliamente.

- Claro, preciosa, te oigo ¿te vienes? -El joven la miraba coqueto, mientras que sus acompañantes reían y tocaban la bocina como desquiciados.

- Me iría, si es que fueras de mi tipo ¿pero, sabes qué? con las ganas te quedas, porque me gustan las chicas. -Beatriz dijo, articulando marcadamente las letras de aquella última frase, mientras que veía el rostro del chico transformándose en algo que no era más sonriente. -Dale Diego ¡vámonos! -Ordenó, mientras que el automóvil ya comenzaba a moverse. -¡Dale lo que tienes a tus amiguitos, porque yo no lo necesito! ¡Qué asco! -Le gritó, mientras sonreía burlona, encogiéndose exageradamente de hombros.

- ¡¡¡Bea!!! -Sandra estalló en una carcajada monumental, mientras se hincaba en el asiento, entregándole su completa atención a Beatriz, quien la observaba, relajada, y sonriente en el asiento trasero, comenzando a contagiarse con las risas y chillidos de la trigueña. -¿¿De dónde salió eso??

- ¿No te gustó, acaso? -Beatriz preguntó, sabiendo perfectamente bien, que a Sandra le había, sencillamente, encantado.

- ¡¡Me encantó!! -Exclamó, mientras aplaudía, con una sonrisa de oreja a oreja, y elevaba una palma, invitando a Beatriz que la chocara con la suya.

- ¿Entonces? ¿soy gruñona o no soy gruñona? -Las palmas golpearon produciendo un sonido seco, mientras que Beatriz reía junto a su mejor amiga.

- Definitivamente, no lo eres. ¿Viste Diego a la Bea?

- ¡Ya! ¿tienen alguna idea de lo terrible que es oír a dos mujeres chillando? -Diego increpó, mirando a ambas jóvenes con el ceño fruncido.

- ¡¡¡Gruñón!!! -Le respondieron ambas al unísono, mientras que no paraban de reírse.

*****

La música alta, la multitud, y el humo de los cigarrillos llenando el ambiente, colmaban a la vez, cuatro de los sentidos de Beatriz, y de sus dos acompañantes; aunque a ambos jóvenes no parecía molestarles en lo absoluto todo aquello, a diferencia del efecto, que a los pocos minutos de haber entrado al lugar, ya se había encargado de hacer estragos en el ánimo de la joven de cabello rubio.

Beatriz observó alrededor, con la esperanza puesta en que ese espíritu que parecía poseer a toda esa gente, la poseyera también a ella. Pero parecía inútil, las discos y ella, no se llevaban bien, no mezclaban, como tampoco lo hacía ningún lugar donde hubiera la suficiente cantidad de personas como para necesitar los dedos de más de un par de manos, para ser contadas. Tal vez, si se hubiese esfumado la música, toda esa nube de humo, y el olor que se mezclaba entre tragos, perfumes y exhalaciones corporales; si hubiera desaparecido todo eso, hasta sólo quedar las personas, aún si estuviesen bailando sin descanso; llegaría a agradarle un poco, quizá... para nada; aún así, Beatriz preferiría estar en casa, tal vez escribiendo un poco, quizá hasta viendo algo de televisión, oyendo música, observando por la ventana, o simplemente pensando. Es que acaso ¿no era eso lo que había estado haciendo todos aquellos minutos? pensar... pensar... pensar... si tan sólo, hubiese variado el centro de sus pensamientos; mas, su concentración seguía puesta en una misma persona; esa misma persona que no se había hecho el tiempo para llamarla, como le había prometido.

- ¿Estás segura que no quieres tomar otra cosa? -Sandra le puso delante una botellita de coca cola, mientras la observaba con expresión de no estar para nada de acuerdo en que ese líquido pasase por su garganta.

- No bebo, ya lo sabes. -Beatriz levantó la mirada hacia la trigueña, cuyas únicas dos buenas obras en ese momento, eran estarle tapando un poco la visión de aquella masa de gente, y sosegar la sensación de ahogo que todo eso le estaba provocando.

- Latera. -Sandra dijo, y de inmediato unos brazos la tomaron por la cintura, mientras la voz de su novio le susurraba algo al oído.

- ¿Porque no quiero tomar soy una latera? vaya concepto que tienes de ello, ahora resulta que para ser entretenida hay que beber. -Beatriz dijo, mientras estaba apunto de anunciar su partida.

- ¡Bea! -Exclamó, Sandra. -¿¿Dónde quedó el espíritu rebelde que vi salir de tí en el auto?? -Preguntó, mientras la tironeaba de un brazo, haciendo lo posible por arrebatársela a la silla, y llevarla a la pista de baile.

- Salió, me acompañó hasta la puerta, y allá afuera se quedó ¿qué te parece? -Beatriz dijo con hastío, mientras le dedicaba toda la atención a su vaso de coca cola, y deseaba interiormente que aquel objeto la transportara a un lugar bien lejos de allí.

- Déjala amor, no quiere, no se ponga porfiadita ¿quiere? -Diego dijo, mientras no soltaba a la trigueña.

- Ahí tienes ¿ves? hazle caso a Diego, y vayan a divertirse, yo voy al baño.

Beatriz se puso de pie, mientras que Sandra finalmente renunciaba a sus esfuerzos en vano, por provocar en su amiga algún mínimo deseo por mover un poco el esqueleto; y se dirigía junto a Diego, feliz de la vida, y ya bailando, hacia la pista, a la vez que le echaba miraditas provocativas, y éste sonreía intentando sin muchos resultados, imitarlas de la forma que las emitía el rostro de Sandra.

Beatriz meneó la cabeza, sonriendo al ver semejantes movimientos exagerados por parte de su amiga, quien eligió ese segundo para dirigir su mirada hacia ella, y lanzarle un montón de besos, que apenas se distinguían entre la oscuridad del lugar, para luego volcar toda su atención en Diego frente a ella.

Se hizo paso entre la multitud, no sin llevarse uno que otro empujón de personas que elegían el momento en que ella pasaba por su lado, para darse una vuelta, o que habían decidido usar su mismo camino, pero en sentido contrario.

Por fin, llegó a su destino, y la oscuridad dio paso a una luz que resultó bastante agradable para Beatriz en aquel momento; si tan sólo el lugar no hubiera estado tan repleto de chicas acicalándose frente al espejo, o que por lo menos alguno de los baños hubiese estado libre, todo habría sido mucho mejor; por supuesto, todo aquello era demasiado pedir.

Esperó, armándose de paciencia, y observando alrededor; una que otra chica lo bastante atractiva como para atraer su atención por algún segundo, más de lo normal. Miró la hora en su muñeca, hasta que, al fin, una de las puertas se abrió, saliendo la persona del interior, que gracias a Dios se había dado la molestia de tirar la cadena; y se hizo paso dentro del lugar.

Dirigió su mirada hacia el lado derecho, y no encontró ni un pedazo de papel higiénico; giró los ojos al cielo, mientras suspiraba con fastidio; buscó entre su pequeña cartera, más bien artesanal, y se hizo con lo que le hacía falta, cubriendo el asiento de la taza con el papel, para luego bajarse los jeans y relajarse un momento, mientras expulsaba el líquido que probablemente había bebido antes de salir de casa, ya que dentro de aquel lugar, no había sido mucho lo que había pasado por su garganta.

Cerró los ojos; la música se oía mucho más baja, pero se escuchaba al fin y al cabo; y pensaba que definitivamente se largaría del lugar, al instante en que saliera de ese baño. Unos golpes en la puerta, la hicieron dar un salto, y fueron suficientes para que Beatriz, a los diez segundos, se encontrara abriendo la puerta, y teniendo frente a su vista, un sin fin de espaldas femeninas, medio encorvadas, haciendo lo posible por acortar la distancia entre su rostro y el reflejo del espejo.

Finalmente, se hizo con una de las llaves, lavó sus manos rápidamente, se echó una fugaz mirada en el espejo, y se encontró nuevamente entre toda una multitud de personas; aunque, esta vez, le pareció aún más fastidioso que antes de entrar al baño.

Milagrosamente no sintió roces ni empujones en la poca distancia que había conseguido avanzar, hasta aquel momento. Se detuvo, mientras apoyaba su espalda contra un pilar, observando alrededor. Por algún extraño motivo, sus pies decidieron cambiar de dirección, mezclándose aún más entre la gente, que no le prestaba ni la más mínima atención a ella.

Se paró en medio de la pista, sin saber muy bien por qué lo hacía, observó alrededor, miró hacia arriba, y finalmente, se volteó con la intención de volver al camino que había dejado segundos antes; sólo dos pasos bastaron, para que su mirada chocara directamente con la presencia absolutamente inconfundible para ella, de Gema.

La primera reacción de su cuerpo, vino de parte de su corazón que dio un vuelco, mientras que su estómago se apretaba, y Beatriz tragaba más dificultosamente de lo habitual; una sonrisa creció en su rostro, mientras le parecía como si todo sucediera más lento de lo normal. Beatriz dio otros dos pasos, con toda la intención de acercarse hacia la chica, y olvidando por completo que ésta no la había llamado en todo el día, y que, literalmente, odiaba el espacio en el cual se encontraba.

Su mirada se posó, entonces, pocos centímetros hacia la derecha de Gema; y se encontró en el rostro de otra joven, casi tan alta como la morena; sin embargo, no logró ver los rasgos de su cara, ya que su cabeza estaba girada hacia el otro costado, impidiendo que Beatriz pudiese mirarla con libertad; mas, lo que le fue imposible dejar de percibir, fue la mano de Gema, aferrándose a la de la chica, mientras ésta se abría paso entre la gente.

El corazón de Beatriz fue víctima de una punzada, su estómago también tuvo una reacción que definitivamante no era la misma que había tenido cuando acababa de divisar a Gema entre la gente. Su mirada volvió a subir hacia el rostro de ellas. Para ese entonces, ya no existían multitudes, ni música, ni olores, ni nada de nada; todo había desaparecido, excepto la escena en la cual se estaban moviendo Gema, y la mujer que la acompañaba. Beatriz sólo observó parada, sin mover ni un músculo, mientras veía a Gema agarrada de la mano de ella, avanzando entre las personas a quienes no veía, y percibió a la joven de cabellos oscuros acercándose al oído de la otra chica, y decirle algo en él, provocando con ello que ésta girara su cabeza; y consiguiendo con ello, que Beatriz la pudiese mirar en todo su esplendor.

De pronto, se dio cuenta que se acercaban hacia ella, a tal punto, que la morena pasó por su lado, y su mirada alcanzó a pasear por el espacio en el cual se encontraba Beatriz, cruzando por ella, sin dedicarle un saludo, sin siquiera hacerle un gesto con la cabeza, ni siquiera fue capaz de levantarle las cejas como mínimo. Tan sólo pasaron sus ojos azules, por su rostro, y continuó detrás de la chica, que para aquel segundo, Beatriz ya sabía perfectamente bien de quien se trataba; pero a quien ya no se sentía capaz de dedicarle más pensamientos. Todo se había convertido simplemente en Gema, y el hecho de que no la hubiera ni siquiera saludado; Gema caminando por su lado ignorándola completamente, mientras que seguía desesperadamente a su, evidentemente, pareja, aferrándose de su mano, o a su brazo, cuando ésta se le soltaba.

Literalemente sintió que todo lo que sus deseos e ilusiones habían construido en esos dos días, se derrumbaba poco a poco; se desgarraba en su interior, y caía; todo caía hasta desaparecer por completo; dejando sólo el vacío, sólo la pena, la tristeza, y las inevitables ganas de llorar. Corrió hacia el lugar más vacío, y desprovisto de gente, que consiguió encontrar; apoyó su espalda en una pared, mientras cerraba los ojos, que se empeñaban en humedecerse, mientras sus párpados se apretaban, haciendo lo posible por no dejar salir ni una sola lágrima. Inspiró hondamente, dolorosamente, y luego de varios minutos, en los cuales los pensamientos se atropeyaban en su cabeza, se dirigió nuevamente a la mesa que había dejado abandonada, hace quién sabe, cuántos minutos ya.

Por un momento sufrió una desorientación, mientras un mareo invadía su cuerpo y sobre todo su cabeza, al punto de tener que afirmarse de lo primero que sus brazos encontraron, que resultó ser una persona, que la miró extrañada.

Caminó, intentando darle fuerza a sus piernas, hasta encontrar su mesa, en la cual dejó caer su peso, apoyando los puños sobre la superficie, mientras que bajaba la cabeza, y la tristeza ahora comenzaba a tornarse en rabia; una furia subiendo desde sus entrañas y hasta su cabeza, haciendo que su mandíbula se apretara.

- ¡Beíta! ¿Cómo está mi niña? -Sandra le estampó un beso en la mejilla, mientras que la abrazaba por la cintura, e intentaba moverla al son de la música. -¿Estás bien? -El tono de voz de Sandra, cambió a uno de preocupación, mientras que dejaba de zarandearla, y la observaba con atención.

- Sandra, ese trago que me ofreciste lo quiero ahora. -Fue todo lo que salió de la boca de Beatriz.

- ¡¿Qué?! -Sandra preguntó con su voz aguda.

- El trago, lo quiero, Sandra; no me digas ahora que no, cresta. -Beatriz giró su rostro hacia el de su amiga, provocando que su momentánea expresión de sorpresa, volviese a la de preocupación de hace segundos atrás.

- Bea ¿qué paso? -Sandra preguntó, completamente segura ya, de que algo le había sucedido a su amiga, mientras elevaba una mano y le tomaba la cara suavemente.

- Es Gema, la acabo de ver. -Beatriz bajó la mirada, mientras que se le formaba un nudo en la garganta.

- ¿¿Dónde está?? ¡¡La quiero conocer!! -Sandra se giró, mientras comenzaba a mirar a todos lados, esperando, tal vez, que Gema apareciera en ese momento junto a ellas.

- Está con su pareja ¿qué te parece eso? -Beatriz miró indignada a Sandra, mientras que ésta no acababa de comprender ni una palabra.

- A ver, explícame, Bea, porque no estoy entendiendo. -Sandra se cruzó de brazos, mientras volvía a ponerse extraordinariamente seria.

- La acabo de ver con una tipa; pasó por mi lado, y puedes creer que la muy... -Sus puños se tensaron aún más, mientras que alejaba la mirada del rostro de Sandra, nuevamente. -Ni siquiera me saludo, Sandra; me ignoro simplemente, y continuó caminando de la mano con la mina.

- ¡¡¿Te hizo la desconocida?!! -Sandra abrió los ojos como platos, mientras que su atención estaba dedicada completamente a su amiga.

- ¿¡Ves!? sabía que no debía confiar en nadie; toda la gente es igual, por la cresta. -Beatriz se dejó caer en la silla, mientras observaba su mano, como si ésta le hubiese hecho algo terrible. -¿Por qué me empecé a ilusionar con ella? -Levantó, nuevamente, la mirada hacia Sandra, como si ella tuviera la culpa de lo que había sucedido. -Si estuvieran en las últimas como me dijo, no andaría con la mina feliz de la vida en una disco. Tráeme el trago, Sandra, por favor ¿quieres?

- ¿Dónde está? ¿anda por aquí? -La voz de Sandra se suavizó, tanto, como el ruido que las rodeaba, le permitía bajar de tonos, antes de que la hiciera imperceptible para los oídos de Beatriz.

- Qué va a andar por aquí... seguro que se debe haber largado cuando me vio. -Beatriz se cruzó de brazos, mientras observaba alrededor, únicamente moviendo sus globos oculares.

- A lo mejor no te reconoció con ese look. -Dijo la trigueña, sin creer en realidad lo que estaba diciendo.

- No me insultes, Sandra. -Beatriz la miró enojada.

- Te voy a traer ese trago ¿ya? espérame aquí; y escúchame, Bea, la acabas de conocer, no es para que te pongas así, además no es ella la única alternativa, recuerda eso. -Sandra dijo, y se alejó de su lugar.

Beatriz la observó caminando entre la gente, cinco pasos más allá se encontró con Diego, intercambiaron unas palabras, el joven se volteó hacia ella, le sonrió, y le hizo una seña con la mano, dejando en evidencia que Sandra le había comentado algo de lo ocurrido. Juntos se perdieron entre la multitud, mientras que la mezcla entre tristeza y rabia de Beatriz, no disminuía ni en lo más mínimo.

*****

Beatriz sintió que todo le daba vueltas, mientras permanecía sin moverse del mismo espacio, apretando los párpados, con la esperanza de que todo aquel movimiento cesase finalmente. No tuvo suerte; las personas se deslizaban alrededor suyo bailando, mientras que el sonido continuaba castigando sus oídos, y una incipiente risa se hacía dueña y señora de su ánimo, cada vez que intentaba dar un paso en ese piso que parecía estar hecho de gelatina.

- ¡Esto es genial, Sandra! ¿¡Por qué me miras con esa cara!? no seas latera y muévete. -Beatriz dijo riendo, mientras bailaba, observando a la trigueña a su lado, la cual permanecía seria observándola con cara de preocupación.

- Bea ¿vamonos? se está haciendo un poco tarde.

- ¡Yo no me muevo de aquí! déjame tranquilita aquí bailando, y ándate tú si quieres. -Le gritó, mientras que soltaba el agarre de los dedos de Sandra aferrados a su brazo.

- Creo que esa cerveza se te subió a la cabeza, Beíta; vamonos ¿sí?

- Que te vayas tú ¡Terca! yo me estoy divirtiendo. -Continuó bailando, sin prestar demasiada atención a su amiga, quien finalmente desistió de arrastrarla consigo, y continuó bailando junto a Diego, sin quitarle un ojo de encima.

A los pocos minutos, Sandra había olvidado sus preocupaciones por Beatriz, y la joven de ojos verdes, había olvidado que odiaba bailar. Continuaron en la pista, sin volver a mencionar el asunto partida, por los próximos veinte minutos.

- ¿Ves? ¿ves como nos divertimos aquí? quiero otra chelita ¿me consigues otra Sandra, por fa? -Beatriz se abrazó de la trigueña, mientras que ésta se dejaba hacer, y sonreía acariciando su rubio cabello.

- Nada de otra chela; creo que con una tuviste más que suficiente; por muy extraño que parezca...

- ¿Está bien? -Diego le preguntó en el oído, mientras que observaba a Beatriz.

- Sí, no te preocupes, sólo está más contenta de lo habitual, es la poca costumbre. -Dijo Sandra, sonriendo.

- Es la poca costumbre, Diego, no te preocupes te dicen. -Dijo, remedando la voz aguda de Sandra, mientras apartaba la cabeza del hombro de la trigueña. -¿Y qué hace aquí el parcito? váyanse a bailar, que aquí la única que está más botada que un pucho soy yo.

- Creo que ya nos vamos ¿ahora sí quieres, Beíta? -Sandra preguntó, con cara de súplica.

- Ustedes se irán, porque lo que es yo, no me muevo de aquí; esa traidora de Gema no se va a salir con la suya amargándome la vida, no señor. -Beatriz dijo, mientras elevaba un dedo sentenciante; su mirada se posó en una figura femenina, que estaba obstaculizando su vista delante de ella. -¡Paula! ¡Paulita! ¿cómo estás? -Saludó sonriendo, mientras que se ponía de pie, y se abalanzaba sobre la chica de cabello rizado, quien la observaba extrañada.

- Bien. -Respondió Paula, sonriendo también, mientras que era abrazada empalagosamente, y recibía un beso en la mejilla, que estaba casi a la altura de los que daba Sandra, tan regularmente.

- Está un poco entonadita, no te asustes. -Sandra se puso de pie, y saludó a la joven.

- Sí, ya veo. -Dijo Paula, alzando las cejas. -¿Tomó mucho? -Preguntó, mientras que Beatriz la tironeaba de un brazo, haciendo esfuerzos por llevarla consigo a la pista.

- Una cerveza, y nada más. -Respondió Sandra.

- ¿¡Una!? -Paula exclamó sorprendida, mientras que se dejaba arrastrar.

- Espera Bea ¡Bea! nada que ver. -Sandra corrió hasta su lado. -Bea, nosotros nos queremos ir ¿te vienes con nosotros? puedes invitar a Paula al departamento. -Le dijo en un oído.

- ¡No! yo no me muevo de aquí, ustedes váyanse lateros, yo me quedo con ella. -Le gritó a Sandra. -¿Verdad? -Le preguntó a Paula, mientras le sonreía coqueta.

- Sandra ¿Es Sandra verdad? -Intentó cerciorarse, Paula, recibiendo un asentimiento de la trigueña. -¿Por qué no se van ustedes? nosotras nos quedamos un ratito, y prometo llevarla pronto a casa, ando en auto ¿quieres?

- No sé... -Sandra miró a Beatriz, mientras que ésta le hacía cómicos gestos por detrás de la joven de cabello rizado. -Es que...

- Vamos madre, dame permiso para quedarme un ratito más ¿¿sí?? -Beatriz le decía, mientras se le colgaba ahora del cuello, tan empalagosamente como ella misma hacía.

- Confía en mí, te prometo que la cuido; vamos, que no es una niña. -Paula dijo, mientras hacía esfuerzos por no despegar los pies del suelo, con semejantes tironeos a los cuales estaba siendo sometida.

- Ok ok, queda en tus manos, pero me la cuidas como hueso santo, o si no, conmigo te las veras ¿estamos? -Sandra advirtió, aún dudosa, mientras observaba seriamente a Paula, y Beatriz ya se había hecho paso entre la gente, y bailaba en medio de la pista sin la más mínima inhibición.

- No te preocupes. -Dijo, sonriendo.

- Y no le permitas que beba ni media chela más. -Sandra advirtió, mientras por fin desistía de sus temores, y dejaba ir a Paula detrás de Beatriz.

Beatriz observó a Paula avanzando hacia su lado, mientras que sonreía con esa sonrisa que tan bien la caracterizaba, y que a ella tanto le llamaba la atención. No era mucho lo que podía percibir de su cuerpo, ni de sus facciones tampoco; pero, sí lograba ver lo suficiente, como para volver a percibirla tan hermosa como ella era; como acababa de recordar que era. Sonrió, al verla llegar al lugar donde se había estado moviendo los últimos segundos, mientras que ya se había habituado a la sensación de mareo, y extraña alegría, que la estaba invadiendo, quién sabe por qué motivo; ya que tan sólo minutos antes, el nudo en la garganta que tenía, apenas la dejaba pronunciar palabra.

- Hola otra vez, no sabía que bailaras tan bien. -Paula se acercó a su oído, y susurró en él haciéndole cosquillas.

- Sólo bailo desde hoy ¿qué te parece? -Beatriz sonrió ampliamente mientras que sentía cómo Paula le tomaba la mano; bajó la mirada, y se quedó viendo sus dedos entre los de la chica, para luego levantarla nuevamente, y dirigir sus ojos hacia los marrones de Paula, y quedársela viendo con la sonrisa intacta en el rostro, sin que le importara el hecho de que se encontrasen rodeadas de gente. -Eres muy pícara... ¿cómo me encontraste? -Le preguntó risueña en el oído.

- Eso es un secreto. -Paula respondió, cuidando de no terminar con la vibra de flirteo que estaban llevando hasta el momento, mientras no tenía intención de soltar la mano de Beatriz, y ya comenzaba a abrirse paso entre la gente.

- ¿Un secreto? ¿eso quiere decir que no piensas decirme? -Beatriz preguntó una vez más, mientras que permitía ser arrastrada entre la multitud, y sólo levantaba sus pies, sin hacer mayor esfuerzo.

- Exactamente, no pienso decírtelo. -Paula respondió, volteándose, y sonriéndole encantadoramente.

- ¿Dónde se supone que me llevas? -Beatriz intentó indagar, percatándose de que lo que Paula pretendía hacer, era sacarla del lugar, en ese mismo momento.

- Nos vamos de aquí, hay demasiada gente ¿qué te parece?

- Me parece que no tengo alternativa. -Dijo animadamente. -¡Espera! que se me queda una cosita. -Beatriz deshizo el agarre, y corrió con dificultad hasta la mesa que había estado ocupando junto a sus dos amigos, mientras tendía a irse hacia el lado izquierdo, cada vez que daba un paso. Observó alrededor, tomó su cartera, y regresó al lado de Paula, quien la esperaba sonriente.

- ¿Lista?

- ¿De qué te sonríes tanto?

- No preguntes tanto y vamos. -Volvió a tomarla de la mano, mientras que avanzaba hábilmente entre la gente, y Beatriz se dedicaba a seguirla de cerca, mientras observaba su cabello largo y rizado, moviéndose graciosamente, cada vez que Paula cambiaba de dirección.

Beatriz se volteó, oteando alrededor, antes de que abandonaran el lugar, mientras que el recuerdo de Gema volvía a golpear su cabeza, y momentáneamente el dolor regresaba.

*****

- ¿Dónde te gustaría ir? -La voz de Paula se oyó por sobre la música que inundaba el automóvil en el que viajaban a mediana velocidad, mientras que el aire ingresaba por la ventana, haciendo que el cabello rubio de Beatriz se elevara, cubriendo sus ojos a ratos, mas, sin conseguir que la imagen de Gema y su pareja, volase lejos de su cabeza.

- No sé, a dónde nuestros pies nos lleven ¿qué te parece eso? -Beatriz rió, mientras sacaba una pequeña botellita del interior de su chaqueta, y le daba un gran sorbo, para luego pasarse el dorso de la mano por su boca.

- ¡Oye! ¿De dónde salió eso? -Paula la miró sorprendida.

- Me la robé de una mesa a la salida. -Beatriz sonrió abiértamente, mientras que la miraba como una niña que acaba de cometer una travesura, y está feliz y orgullosa de ello. -¿Quieres? -Acercó el objeto al rostro de Paula.

- Bea, estoy manejando, no puedo beber; tampoco pensé que tú lo hicieras. -Paula dijo, prestándole atención al camino. -Y dame eso; tu amiga me pidió que no te dejara tomar más por hoy. -Intentó arrebatarle la botella.

- Sólo lo hago desde hoy. -Beatriz dijo, encogiéndose de hombros, y esquivando la mano intrusa de Paula. -¿Te cuento un secreto?

- ¿Cuál? -Paula preguntó, divertida al ver las expresiones en el rostro de Beatriz.

- Tomé mucho más que sólo una chela. -Beatriz dijo en voz baja, como si alguien pudiese oírla, aparte de Paula, mientras dejaba escapar unas risitas traviesa, provocando que Paula la mirase sonriendo y meneando la cabeza. -¿Este auto es tuyo? -Preguntó mirando alrededor.

- No, es de mi viejo, pero es como si fuera mío, él prefiere pasármelo a mí, y quedarse a pata él. -Explicó Paula, mientras Beatriz la miraba con interés.

- Ahhh ¡Para! ¡Para aquí! ¡Quiero ir a la playa! -Chilló, apuntando con el dedo en dirección al lugar, mientras que articulaba las palabras cada vez con más dificultad.

Paula aparcó el automóvil, siguiendo las órdenes de Beatriz, mientras que ésta no le prestaba atención, observando alrededor como buscando algo entre todas las edificaciones.

- ¡¿Dónde demonios está?! No lo veo. -Decía, mientras que giraba la cabeza de un lado a otro.

- Deja eso ¿no querías ir a la playa? pues vamos. -Paula la agarró de la mano, y la condujo, obligándola a seguirle el paso.

- ¡Mentirosa! ¡Embustera! -Comenzó a increpar, lanzando patadas al aire.

- Bea ¿de qué hablas? -Paula la miró extrañada, mientras que comenzaba a hacerse una idea del por qué Beatriz estaba en las condiciones en que estaba, y a qué persona llamaba embustera.

- No quiero hablar de eso, ahora estamos solas tú y yo, y nadie más. -Beatriz dijo, para luego salir corriendo, hasta dejarse caer en la arena, botella en mano, mientras que le daba los últimos sorbos, antes que el líquido dorado se consumiera por completo.

- Ten cuidado, no vaya a estar sucio ese lugar. -Advirtió Paula, mientras que se sentaba junto a Beatriz, y observaba el perfil de ésta, quien estaba atenta al oleaje, en frente de ambas.

- No me importa. -Dijo, encogiéndose de hombros, mientras agarraba un puñado de arena en sus manos, sólo para arrojarla lejos, con tan mala suerte, que el viento corría en dirección contraria, y regresó hacia ella, clavándosele en los ojos. -¡Ouch! -Se quejó, llevándose los dedos, desesperadamente, hacia sus párpados cerrados.

- ¿Estás bien? -Paula preguntó, esperando observar nuevamente los ojos verdes de Beatriz.

- Mierda, se me metió arena en los ojos.

- ¿Me dejas ver? quizá yo pueda arreglarlo. -Paula dijo, intentando quitar las manos de Beatriz.

- Si esto es un intento tuyo por besarme, déjame decirte que te va a costar un poquito más hacerlo. -Advirtió Beatriz.

- Engreída. -Paula dijo, sonriendo.

- ¿Engreída? ¿acaso no te gustaría besarme? -Beatriz la observó, con una graciosa mueca, dejando en paz sus ojos, que reaparecieron a la vista de Paula, un tanto enrojecidos, pero tan hermosos como siempre.

- Claro que me gustaría; pero no solamente porque no te ha resultado algo con otra chica. -Paula llevó sus ojos al frente, poniéndose seria. -Y es obvio que tuviste algún problema con Gema. -Bajó la mirada hacia sus manos, las cuales comenzaron a jugar con la arena.

- ¿Así que no intentarás besarme entonces? -Beatriz insistió aún.

- No, no lo voy a intentar, sólo estoy aquí para acompañarte y conversar un rato.

- No te creo. -Beatriz dijo con seguridad, sin quitarle la mirada de encima.

- Bea, no me hagas esto más difícil ¿quieres? -Paula pidió, mientras se afligía más y más. -No pienso ser una segundona, ya te lo dije, tengo y seguiré teniendo paciencia; así que primero dejas de pensar en ésa, y luego...

- ¿Y luego qué...?

- Luego, te voy a dar un beso que te hará olvidar para siempre a esa imbécil.

- ¿Y por qué no me haces olvidarla ahora? -Beatriz dijo, mientras le tomaba el rostro entre sus manos.

- ¡No! estás borracha ¿cómo sabría luego si es porque quieres o por las chelas?

- No estoy borracha, no estoy viendo doble, puedo caminar perfectamente. -Beatriz se puso de pie, trastabillando al dar el primer paso, provocando la sonrisa de Paula. -Y hasta correr si quiero ¡Veme!. -Dicho y hecho aceleró su paso, hasta comenzar a correr alrededor, ciertamente, no tan rápido como hubiese sido capaz, de estar sobria.

- Ven aquí, y deja de correr. -Paula se puso de pie, intentando alcanzar a Beatriz, mientras se deslizaba, notoriamente, con más facilidad que la chica rubia. Al segundo, la estaba agarrando de la cintura, y la observaba de frente, con la sonrisa intacta en el rostro, y viendo otra que crecía en el de Beatriz, quien no terminaba de enfocar la mirada en sus ojos.

De pronto, Paula la soltó abruptamente, mientras apartaba la mirada, e intentaba alejarse.

- ¿Qué pasa? ¿por qué me sueltas? mira que yo no tengo ninguna infección o algo parecido. -Beatriz dijo, extrañando los brazos de Paula alrededor de su cintura.

- Córtala Bea, me estás tentando y no quiero; no en estas condiciones. -Paula comenzó a caminar, dirigiéndose hacia su automóvil.

- Olvídate de Gema, ella no está ni ahí conmigo. -Beatriz alzó la voz, mientras que se le enredaban las letras de cada palabra.

- Pero tú sí ¡Por la cresta! -Paula se volteó hacia la chica, con una mirada grave, y sin rastro de sonrisa. -¿O me lo vas a negar?

- Es cierto, yo sí. -Beatriz soltó la frase, mientras bajaba la mirada, e hizo ademán de seguir a Paula; pero, al dar el primer paso se fue de bruces al suelo.

Paula corrió la distancia que las separaba, hasta dejarse caer de rodillas sobre la arena, mientras que a Beatriz le daba un ataque de risa, que poco a poco fue contagiándola. Se puso de pie, y estiró sus brazos, agarrando a la chica de las manos, mientras hacía esfuerzos -los cuales se veían disminuidos debido a las carcajadas que salían de su boca- por tratar que Beatriz volviera a estar de pie. Finalmente, y luego de varios intentos, consiguió alzarla, mientras que no paraban de reírse.

Entonces, se quedaron viendo, la expresión de Paula se hizo seria, mientras que Beatriz sentía que todo daba vueltas, y le costaba clavar la mirada en su rostro, el cual a ratos se convertía en dos. Observó los labios de Paula dilatarse en una sonrisa, mientras sentía sus brazos alrededor de su cintura, no sabía si más por sentirla, o por impedir que terminara en la arena; y antes que volviera a inspirar, nuevamente, los labios de ésta se apoderaban de los suyos, seguramente, ignorando sus temores a causa de Gema, y consiguiendo que por un lapso de tiempo, Beatriz se olvidara, por fin, de la morena.

Continuará...


Indice Fan Fiction

Página Principal