La oscuridad de la noche dio paso a la claridad de la mañana, cuando los párpados de
Beatriz aún se encontraban unidos, sin tener una real intención, ni deseo de separarse.
El aire matutino se introdujo a través de sus fosas nasales, en aquella primera
inspiración consciente de ese día; acababa de despertar. Y se formó en su cabeza aquel
primer pensamiento, que fue volverse a dormir, y tuvo también un segundo, el cual
dedicó al reloj, y a la hora en él, que probablemente le indicaría, que era más tarde,
de lo que se suponía que fuese, para que su cuerpo aún se encontrara descansando allí
en la cama.
Intentó mover un brazo, pero no lo logró; hizo un segundo intento, y le pareció
conseguir que éste avanzara unos cuantos centímetros, desde donde yacía tullido, y
entumecido, luego de tantas horas de haber estado prisionero bajo su pecho.
La habitación se encontraba iluminada; mas, no se divisaban rayos solares penetrando
por entre las cortinas, que cuidaban la privacidad del lugar en donde estaba. Pronto,
logró percibir el sonido de la lluvia, el cual sus oídos habían estado oyendo hace
algunos minutos ya, mas no alcanzaba su conciencia, en aquel estado de somnolencia que
lentamente había ido abandonando su cuerpo. Restregó sus ojos con pereza, y en lugar de
la suavidad de la piel de su mano, entró en contacto con sus párpados, la superficie del
tejido de su sweater.
Beatriz enfocó la mirada, mientras pestañeaba, apretando sus párpados fuertemente, para
luego abrir grande sus ojos, observándose a sí misma; y se encontró sobre la cama, aún
vistiendo la misma ropa del día anterior.
Se sentó, finalmente, sobre la cama, observando alrededor un tanto confundida, volvió a
mirarse; tal vez esperando ver el pijama, cubriendo su cuerpo esta vez; pero, la
situación continuaba siendo la misma. Pensó en la noche anterior; habían imágenes
borrosas en su cabeza, tanto, que apenas podía completar una secuencia de principio a
fin. Pero, de pronto, recordó algo en particular, a una persona; y aquel pensamiento
consiguió que sus labios se dilatasen en una pequeña sonrisa, mientras se aclaraba,
también en su mente, el estado en el cual había regresado hasta aquella habitación, tan
emocionada, que nisiquiera se había dado el tiempo suficiente como para quitarse la
ropa.
Abandonó la cama de un brinco, y miró la hora; efectivamente, era más tarde de lo que
le hubiese gustado; mas no le importó de la manera que lo hubiera hecho el día anterior,
o cualquier otro. Bostezó, mientras estiraba sus brazos y piernas, contorcionando su
cuerpo de una forma que a vistas de cualquiera, hubiese resultado bastante cómica.
Entonces, se concentró en empezar su día; y sus piernas comenzaron una carrera que la
llevó rápidamente fuera de la habitación, mientras que se quitaba la ropa por el camino,
dando saltitos en un pie intentando torpemente quitarse los pantalones.
Al pasar por fuera de la habitación de Sandra, se detuvo, mientras la preocupación
regresaba a su cabeza, y la mantenía parada delante de la puerta, meditando la
posibilidad de entrar; mas en seguida terminó descartándola, y en vez de eso, volvió a
poner en marcha sus piernas, en dirección de la puerta del baño, tras la cual se perdió,
definitivamente.
Tras quince minutos, en los cuales el agua de la ducha se estuvo confundiendo con el
sonido de la lluvia, cayendo sobre la piel de Beatriz, ésta reapareció nuevamente,
perfectamente fresca y renovada, saliendo desde el interior del baño. Por algún motivo
se encontraba de buen humor aquella mañana, y ni la flojera casi inexistente en su
cuerpo, pero de la cual continuamente era presa cada mañana, ni el día lluvioso en el
cual tendría que estarse moviendo las próximas horas del día, le parecieron un pretexto
para sentirse deprimida o desanimada; por el contrario, sentía una especial alegría y
vitalidad, que su cabeza no daba, o no se atrevía a dar, con el nombre de quien las
estaba provocando; sin embargo, Beatriz, perfectamente sabía de quién se trataba, y
cuál era su nombre.
Agarró del clóset lo primero a lo que sus manos llegaron, y cubrió su cuerpo con ello,
mientras recordaba que a diferencia suya, Sandra probablemente, hubiera tardado los
próximos veinte minutos como mínimo, en elegir su vestuario del día. Sonrió ante aquel
pensamiento, para en seguida volver a su preocupación principal por la chica.
Terminó con la rutina matinal, secándose el cabello, que gracias al corte que había
decidido hacerse hace poco tiempo, tardaba mucho menos en dejarlo compuesto; y tras
mirarse al espejo, observando el leve y casi inexistente maquillaje que lucía ahora su
rostro, abandonó nuevamente su habitación, mientras que esta vez, se dirigía
directamente hacia la cocina, con la intención de prepararse algo para desayunar,
mientras que sus cavilaciones acerca de Sandra no dejaban en paz su cabeza.
Dos horas más tarde, su pie golpeaba el piso con impaciencia, mientras que no dejaba de
mirar la hora en su muñeca, sintiendo que el puntero se había quedado pegado en el
mismo lugar los últimos treinta minutos. Observó a través de la ventana, mientras que
apoyaba su mejilla en la palma de su mano, y la imagen de Gema, y sus ojos azules, la
hacían sonreír sutilmente; mas, tan ampliamente en su interior, que su rostro hubiera
sido de completo júbilo, si no hubiese estado censurando sus propias emociones. Comenzó
a garabatear palabras en una hoja, sin prestar demasiada atención a lo que las letras
estaban formando, mientras ignoraba por completo lo que sucedía a su alrededor.
- ¿Será mucho pedir, que la señorita Beatriz se digne a contestar por fin la pregunta
que le estoy haciendo? -La voz del profesor llegaba a oídos de cada uno de los alumnos,
excepto de la persona a quien estaba dirigida ésta.- Beatriz. -Alzó un poco su tono.-
¡Beatriz!
- ¿Sí? -Dio un tremendo salto al oír su nombre a escasos centímetros de su rostro; miró
alrededor, al sentir las miradas clavadas en sus ahora enrojecidas mejillas, mientras
que intentaba adivinar qué era lo que el profesor necesitaba de ella, o cuál había sido
su pregunta.
- ¿Qué es lo que la tiene tan sonriente esta mañana? ¿le parece graciosa la clase de
hoy?
- Yo... no, es que... me distraje un momento ¿me decía? -Observó su rostro, mientras
que el hombre fruncía el ceño, en señal clara de no tener ni un gramo de paciencia para
repetirle aquella pregunta; la cual, probablemente, le había estado planteando en
reiteradas ocasiones.
- ¿Qué es esto? -En un movimiento rápido y certero, el profesor se hizo con la hoja, en
la cual Beatriz había estado deslizando el lápiz, segundos antes.
- No es nada. -Intentó arrebatarle el papel, sin resultados satisfactorios.
- A ver. -Las arrugas de los contornos de sus ojos y boca, se hicieron más notorias y
profundas, al dibujar una sonrisa en su rostro.- ¿Gema? ¿quién es esta persona Gema,
que tanto le preocupa para estar llenando una hoja con su nombre? -Beatriz pudo percibir
su voz de completa ironía, mientras que marcaba adrede las letras del nombre de la
persona en cuestión.
Las mejillas, y todo el rostro de Beatriz se encendieron tanto, que parecía imposible
el pensar que alguien hubiera conseguido cambiar de esa manera las tonalidades de la
piel, antes que ella.
- Es que estoy trabajando en el nombre de un personaje, y probaba si ése sonaba bien...
-Fue lo primero que se le ocurrió.
Sintió la mirada del profesor escudriñando su rostro y reacción, mientras que notaba la
incredulidad en sus ojos, y lo divertido que se encontraba, sometiéndola a ese pequeño
espectáculo, del cual Beatriz era protagonista y absoluta dueña de las miradas, y la
atención de todo individuo allí presente.
- No me agrada ese nombre, si le interesa mi opinión; es de esos nombres ridículos con
los que ahora las madres llaman a sus pobres hijos.
- No me interesa su opinión. -Beatriz dijo, secamente; y por fin, sus mejillas
comenzaron a perder tonalidades, volviendo a la normalidad, mientras que aquella última
frase salida de su boca, había tenido toda la intención de ser emitida.
- Pues debería, que para eso soy su profesor.
- Es mi historia, y le pongo a los personajes como quiera.
- Yo pongo la nota.
- No es para que le ponga ninguna nota, es mía. -Beatriz comenzó a enfurecerse, poco a
poco; cayendo en el juego del hombre. Pronto, se dio cuenta de que aquello había sido
suficiente para que el profesor acabase con sus dudas, y estuviera completamente seguro
de que Gema no era el nombre de ningún personaje ficticio.
- Bueno... -Dijo, alejándose de su lado, y sonriendo satisfecho, mientras que el resto
de los jóvenes ya no le prestaba atención a la pequeña discusión que había mantenido,
ni tampoco a su rostro, excepto...
Beatriz giró su cabeza, al sentir una mirada clavada en ella; sus ojos chocaron con
unos marrones, los cuales pertenecían a un rostro enmarcado por unos rizos hermosos y
perfectos, de color caoba y mechitas rojizas. Quiso escapar de esa mirada, pero la
dueña de ésta no tenía ni la más mínima intención de dejarla ir. Entonces, alzó sus
cejas, dedicándole aquel gesto a la joven, sin saber muy bien qué hacer; y recibió una
sonrisa en respuesta; una sonrisa que no supo, o no quiso interpretar, quizá por el
acostumbrado temor que sentía al interactuar con cualquier chica.
Alejó, por fin, su mirada de Paula; la joven con quien había intercambiado las
suficientes palabras, como para conocer nada más que su nombre. El que ella hubiese
inmigrado a aquella universidad ese año, era una información de la cual todos estaban
al tanto. Y como era su costumbre el guardar las distancias con todas las personas, no
había hecho ninguna excepción con ella, de quien, lo único que había logrado percibir,
en aquellas ocasiones, en que sus propios ojos se habían encontrado observándola, en los
momentos que ella no veía; era que Paula se alejaba por completo del complejo de
intelectuales que tenían, o aparentaban tener todos, o la mayoría de sus compañeros.
En reiteradas ocasiones había cruzado miradas con la joven; de las cuales,
diligentemente escapaba con las mejillas un tanto sonrojadas, al entrever en ellas,
cierto grado de coqueteo, que era más de lo que su timidez podía soportar. Pero, Paula
nunca había intentado acercarse a ella, cosa que Beatriz agradecía enormemente;
independientemente, de que por otra parte, debía admitir que la joven no le era
indiferente.
- ¿Ocupada?
Tras quince minutos de acabada la clase, y los insolentes sonrojamientos a los cuales
le había sometido su rostro, Beatriz alejó su mirada de la taza de café con la cual sus
manos se entretenían meneándole suavemente, y produciendo un leve remolino en el centro
del líquido; y se encontró de frente con los ojos que hace un rato atrás, habían
atrapado su atención; de la misma manera que la estaba robando ahora.
- No mucho... -Fue lo único que se le ocurrió decir; temiendo que si se extendía en
explicaciones, terminaría tartamudeando tanto, o más, que cuando había tenido aquella
pequeña discusión con su profesor. Sonrió tímidamente, bajando la mirada al líquido
café oscuro, que ahora se encontraba quieto dentro de su taza.
- ¿Me puedo sentar? -Paula titubeó ante la posibilidad de dejarse caer en la silla
frente a Beatriz, o salir de allí; lo cual era muy posible, puesto que había visto a la
joven de cabello rubio, alejarse en la medida que le fuera posible de todas las
personas que intentaban acercarse a ella.
- Si quieres... -Beatriz dijo, encogiéndose de hombros, e intentando reproducir una voz
que se interpretara como segura en los oídos de la joven de cabello rizado.
- Quiero; o si no, no estaría aquí parada en frente de tí, pidiéndote permiso para
acompañarte.
Beatriz dirigió, una vez más, su mirada hacia Paula, quien sonreía levemente; pudo
notar cierto nerviosismo en sus movimientos, lo cual la hizo sentir inmediatamente
mucho más tranquila que al comienzo de aquella conversación.
- Bueno...
- Así que Gema ¿eh? -Fueron las palabras emitidas por Paula, mientras que sus labios se
movían dibujando la forma de las vocales y consonantes del nombre que a los oídos de
Beatriz sonaban como lo más hermoso que había llegado a filtrarse en sus tímpanos.
- ¿Qué cosa? -Sus mejillas tuvieron toda la intención de sonrojarse, por enésima vez
aquel día, pero su mente fue más rápida, esta vez; y pudo controlar aquel brusco cambio
de tonalidad, que su incomodidad intentaba producirle en el rostro.
- El nombre de tu "personaje" ¿de qué se trata la historia?
- Eso no te lo diré. -Beatriz clavó sus verdes ojos en los marrones de Paula, y notó
que eran muy bonitos, grandes y almendrados, con unas pestañas largas resaltadas con
algo de maquillaje; aprovechó de recorrer el resto de las partes que componían el
rostro de la joven; descubriendo con una grata sorpresa, que definitivamente era
atractiva, tanto de lejos, como de cerca. La vio sonreír, y escapó su mirada, en
seguida, hacia otro lugar, lejos de la persona que tenía enfrente, mientras estaba
prácticamente segura que aquello de estar escribiendo nombres en plena clase, había
ayudado a Paula a disipar sus dudas acerca de la sexualidad de quien tenía delante suyo,
y bajo su atenta mirada. Beatriz no logró decidirse entre las opciones de sentirse a
gusto o a disgusto con aquella situación.
- Eso supuse. -Paula dijo, sonriendo, mientras no le quitaba la vista de encima a
Beatriz. Te noto un poco tensa, si quieres que me vaya sólo dilo.
- Eso no es necesario; de todas formas ya me tengo que ir. -Beatriz se puso de pie
rápidamente, mientras que era completamente consciente de la forma en la cual Paula
seguía sus movimientos con la mirada.
- ¿Tan pronto? sé que no te gusta relacionarte mucho con la gente; pero ¿tan mal te
caigo como para soportarme apenas cinco minutos? -Paula sonrió encantadoramente,
mientras que conseguía una leve respuesta de los labios de Beatriz, sonriendo también.
- No me caes mal; es sólo que de veras tengo que llegar a casa; hay algo que me
preocupa. -Beatriz confesó, volviendo su rostro serio, en seguida, al descubrirse a sí
misma sonriendo. Pensó lo extraño que era el hecho de que en sólo dos días, hubiese
entablado conversación con dos chicas diferentes, y lo mucho que aquello se alejaba de
su rutina diaria.
- ¿Gema? quiero decir tu personaje.
- No, es otra cosa; ahora me voy, chao. -Abandonó rápidamente aquella mesa, haciéndose
paso entre sillas y personas caminando por ahí.
- ¿Beatriz? -Paula alzó la voz, consiguiendo que Beatriz se volteara, con ojos de
pregunta.
- ¿Sí? -Beatriz observó casi con temor a la joven de cabello rizado, mientras que sus
ojos llegaban a su bolso que en vez de colgar de su hombro, yacía suspendido en el aire,
entre los dedos de la persona que acababa de llamar su nombre. Su rostro produjo un
gesto casi cómico, de lo cual no fue consciente ella misma, mas sí lo fue Paula.
- Deja de pensar en tus personajes, y fíjate en dónde dejas las cosas. -Dijo, una vez
que Beatriz estuvo nuevamente a su lado, esperando que le devolviera el olvidado objeto.
Extendió el brazo, esperando hacerse con el bolso; pero Paula esquivó su mano
rápidamente, consiguiendo con esto que Beatriz la mirase extrañada. Si te hubiera
dejado ir, y me hubiese dedicado a mirar entre tus cosas ¿me habría encontrado con algo
que me dijese más sobre tu hermética persona?
- Si estás pensando en diarios de vida, y esas cosas, la respuesta es no. -Beatriz
respondió, y se hizo, por fin, con el objeto, del cual se aferró fuertemente, mientras
le exigía a su cerebro que nunca más en su vida le permitiese olvidarlo en ningún otro
lugar.
- Sé que no eres del tipo de diarios de vida; pero, quizá fotos, agenda, yo qué sé.
-Paula sonrió ampliamente, mientras que bajaba la mirada un segundo, para alzarla
nuevamente hacia los ojos de Beatriz, emitiendo una clara vibra de flirteo en ellos.
- Bueno, supongo que eso nunca lo averiguarás.
Beatriz se dio media vuelta, y se alejó del lugar, mientras que pensaba el por qué
demonios había respondido a su coqueteo; porque claramente lo había hecho. Movió la
cabeza de un lado a otro, mientras que ya se encontraba fuera, y caminando a la rapidez
de un rayo, sin tener la seguridad, si lo hacía para llegar más pronto a su
departamento, o por salir en cuanto antes pudiese de allí.
Sin querer, sus ojos se dirigieron hacia el interior del lugar, que acababa de
abandonar, y con tan mala suerte, que se encontró, una vez más, con la mirada de Paula;
la cual se distinguía apenas, pero lo suficiente como para que Beatriz percibiera el
coqueteo en ella, aún a través de los vidrios. Como si aquello fuera poco, la mano de
la joven se alzó haciéndole una pequeña seña, mientras sonreía ampliamente, y Beatriz
volvía a sonrojarse, mientras apuraba en la medida que le era posible, el paso.
*****
- ¿Sandra? -Beatriz casi susurró el nombre de su amiga, apoyando la frente en la puerta
de su habitación, mientras que daba pequeños golpes con sus nudillos, sobre su
superficie.- ¿Sandra, estás ahí? -Luego de haber recorrido el departamento, y encontrar
todo igual a como lo había dejado al salir aquella mañana, Beatriz llegó a la conclusión
de que Sandra se encontraba sin duda alguna, dentro de su cuarto aún; ya que la
trigueña dejaba las huellas de su paso por doquier, ya fuese tirando algo al piso,
dejando cualquier cosa fuera de lugar, o por lo menos las luces encendidas.- Sandra
¿se puede? -Alzó un poco más la voz.
- Estoy durmiendo. -Por fin, una voz respondió desde el interior; definitivamente,
Beatriz no encontró ni rastro de la emoción y alegría que había percibido en la chica,
la noche anterior.
- ¿Estás sola? -Pensó en abrir la puerta de una vez, pero se retuvo; no fuera a ser que
Diego estuviera dentro aún; no quería ser impertinente, pero sabía perfectamente, para
ese minuto, que las cosas no habían salido bien, para estar oyendo a Sandra con ese
tono tan sombrío en su voz.
- Sí, estoy sola, y quiero seguir estando sola.
- Lo siento, pero eso no va a suceder. -Beatriz dijo, abriendo por fin la puerta, que
tal como supuso, estaría sin seguro. Miró hacia el interior de aquella habitación, y
vio un bulto en la cama, bajo el cobertor, por el cual no asomaba ni un pelo de la
cabeza de Sandra. Vio las velas ya consumidas, y percibió el aroma a incienso aún
impregnado en el ambiente; estuvo segura que el efecto no había funcionado en lo
absoluto.- ¿Sandra, qué pasó? -Su voz sonó suave; mientras que temía acercarse, y ver a
la joven, mas lo hizo de todas formas; se sentó junto a ella, e intentó destaparla un
poco.
- Déjame. -Sandra dijo, mientras que cubría su cabeza con sus manos, al sentirse
desprovista del cobertor.
- Sandra, por favor ¿qué paso? -Beatriz sintió aquella incipiente angustia,
acentuándose más y más en su pecho, al no saber a qué atenerse, al no tener idea de qué
era lo que en realidad había sucedido. Por fin, vio el cuerpo de Sandra moviéndose
lánguidamente, hasta sentarse en la cama; no alcanzó a divisar su rostro, ni sus ojos,
sólo la sintió aferrándose fuertemente a ella, mientras se largaba a llorar
desconsoladamente.- No cariño, no llores ¿pasó algo malo? ¿acaso...? -Beatriz frenó,
antes de preguntar nada directamente.
- No pude, Bea; lo intenté, te lo juro que lo intenté, pero no pude. -Comenzó a decir
entre sollozos.
- Tranquila, ya, tranquilita. -Beatriz decía, mientras le acariciaba el cabello, y
comprendía, finalmente, que no era que hubiese sucedido algo malo; sino, que
sencillamente nada había pasado.- No pudiste, está bien, quizá no era el mejor momento;
no llores, ya pasó, ya...
- ¿Cómo que no era el mejor momento, Bea? ha sido demasiado tiempo ya, si no es ahora,
entonces ¿cuándo? -Sandra la miró indignada, mientras que Beatriz sentía que su amiga
esperaba una respuesta un poco más satisfactoria de su parte, mientras que se la
quedaba viendo por algunos segundos, hasta volver a hundir su rostro en el hombro de
Beatriz.
- ¿Qué pasó? -Beatriz casi se arrepintió de haber planteado aquella pregunta.
- ¡Nada! no pasó nada; al momento en que él me tocó una teta me puse histérica; lo
empujé, y él se asustó; no es para menos, ni yo entendía por qué lo hacía, te juro que
intenté calmarme Bea, yo quería estar con él, pero me dio un terror tan grande... y
cuando acepté que me tocara otra vez, lo volví a empujar. -Sandra rompió en un llanto
más sentido aún.
- Ya... sh... tranquilita. -Beatriz le decía, mientras que sólo la dejaba llorar en su
hombro, como tantas otras veces lo había hecho.- Sandra, creo que te esmeraste
demasiado en el momento, quizá si hubiera salido un día, sin tanto planearlo, habría
sido mucho mejor; fueron los nervios, no puede haber sido otra cosa. -Terminó de
pronunciar aquella última frase, sintiéndose completamente estúpida. ¿Nervios? por
supuesto que no eran los nervios; quisiera o no admitirlo, lo más probable era que
Sandra no hubiese, después de todo, superado aún su trauma.
- Tal vez tengas razón, Bea ¿Crees que me excedí en lo de los planes; la depilación y
todo eso? -Sandra se restregó los ojos, y dirigió su mirada hacia Beatriz, mientras que
dejaba de sollozar, y la observaba con sus ojos húmedos, llenos de esperanza.- O sea,
si no planeo nada y dejo que suceda cualquier día ¿podría hacerlo?
- Claro, cariño, claro que podrías; yo soy incapaz de hacer algo cuando lo planeo,
sencillamente no me resulta ¿ya ves con lo que tengo que escribir? por más que intento
comenzar, nada que me sale ni media frase.
- Claro... eso fue, eso tiene que haber sido; gracias mi Beíta linda. -Sandra dijo,
dejando atrás sus mustios tonos de voz, mientras que estrujaba a Beatriz entre sus
brazos.- ¡Ay! te quiero tanto ¿lo sabes verdad? -Le dio un tremendo beso en la mejilla,
y se puso de pie de un salto, con renovadas energías. Al segundo, dirigió por fin su
mirada al rostro de Beatriz, quien la estaba observando, mientras sonreía levemente, y
escudriñó su rostro con atención.- ¿Y a tí qué te pasa?
- ¿Qué me pasa de qué?
- No sé... como que te noto medio rara, tienes como una vibra; a ver, mírame. -Sandra
ordenó, mientras clavaba su mirada, aún humeda y enrojecida por su llanto, en el rostro
de Beatriz; de repente, abrió inmensos sus marrones ojos, y chilló como nunca antes lo
había hecho.- ¡¡¡Conociste una mina!!! ¿¿¡cuándo!?? -Se arrojó como una loca, olvidando
que tenía huesos, y que estos dolían bastante, si se lanzaba tan descuidadamente sobre
otro cuerpo.
- Como tú dices, nada que ver. -Beatriz intentó escaparse del interrogatorio, rehuyendo
la mirada de su amiga, quien estaba empecinada en averiguar lo que fuese que se le
estaba ocultando.- Por favor, concentrémonos en lo tuyo ahora ¿quieres?
- ¡¡No!! nada de concentrémonos en lo mío; ya sé cuál fue mi problema, el planear
demasiado, y los nervios también; problema solucionado. Ahora, concentrémonos en lo tuyo
¡Ayyy mi Beíta! yo sabía que muy pronto ibas a conocer a alguien ¿cómo se llama? ¿de
dónde es? ¿cómo es? ¿cuándo la conociste?
- ¡Ya! por dios; primero cálmate y luego te cuento.
- Ok ok, ya estoy calmada. -Dijo inspirando hondamente.- ¿Notas la paz que me invade el
rostro? -Preguntó graciosamente, mientras pasaba su mano lentamente en frente de su
cara, mientras se mantenía quieta, y sentada sobre la cama junto a Beatriz, fingiendo
estar tranquila; mas, la joven de ojos verdes, sabía perfectamente bien, que al
instante en que comenzara con su relato, ésta comenzaría con sus chillidos, aplausos, y
todo el barullo que acostumbraba a hacer, cuando algo la emocionaba; y esto,
definitivamente lo haría.
- Anoche cuando tú... bueno, ya sabes. -Beatriz observó a Sandra, quien bajó un segundo
la mirada, sólo para volver a alzarla sonriendo nuevamente.- No sé muy bien por qué
salí del departamento y...
- ¡¿¿Qué??! ¿¡saliste de todas formas!? te dije que no lo hicieras, terca, y te lo dije
en serio; estaba lloviendo, Bea, bruta, inepta.
- ¿Terminaste ya de tratarme tan bien? -Beatriz preguntó, cuando por fin Sandra había
acabado con su sermón.
- Sí, ya.
- No estaba lloviendo cuando salí ¿vale?
- ¿No estaba lloviendo? ah, bueno. -Sandra dijo, encogiéndose de hombros, para en
seguida comenzar a aplaudir frenéticamente, mientras que una sonrisita maliciosa se
plasmaba en su rostro.- Pero, cuéntame cuéntame ¿¿cómo fue??
- Bueno, caminé y... ¿sabías que hay un pub en el que tocan jazz, frente a la playa?
- ¿Pub? no sabía; ha de ser nuevo ¿cómo se llama?
- Se llama... -Beatriz se concentró en recordar el dichoso nombre, pero no tuvo éxito.-
Luego te lo digo; tengo una tarjeta. -Sonrió pícara, mientras Sandra correspondía a
aquella expresión, reflejándola exacta en su rostro.- Bueno, el asunto es que entré en
el lugar, y salió ella de repente a tocar, saxo...
- ¿¿Saxo?? ¡Qué genial! y romántico ¿te la imaginas tocándote el saxo a tí solita?
-Sandra dijo entusiasmada, mientras que Beatriz dejaba escapar unas risitas.- Bueno, ya
terminará tocándote el sexo también.
- ¡Sandra! por dios. -Beatriz exclamó, dejando de sonreír al instante.- Si sigues
diciendo cosas así, no voy a contarte nada.
- Ya gruñona, no te enojes; ya conoces a tu Sandrita ¿o no? deberías estar acostumbrada. -Se lanzó a los brazos de Beatriz, y la besuqueó nuevamente, para luego apoyar su cabeza en el regazo de la chica, y quedarse ahí esperando por la continuación del relato.
- Sí que te conozco; bueno, como decía... -Continuó Beatriz, mientras que intentaba
poner en orden el cabello enmarañado de Sandra, pasando sus dedos a través de él.-
Cuando dejó de tocar, hicimos contacto visual, y no te vayas a enojar, pero me escapé y...
- ¿¡¡Qué!!? -Sandra levantó la cabeza al instante, incorporándose, mientras observaba
severamente a su amiga.- ¿Ya ves lo que provocas? que se me frunza el ceño, y luego me
arrugo...
- ¿Terminaste?
- Sí, ya.
- Bueno, entonces me senté en la arena, no sé muy bien por qué...
- Por terca; porque no me haces caso de que tienes que atinar cuando tienes la
posibilidad.
- ¡Cállate! maldición, déjame terminar; si vuelves a interrumpir no sigo ¿entendiste?
-Beatriz miró enojada a su amiga, la cual dejó de rezongar, e hizo un gesto con los
dedos como cerrando una cremallera imaginaria en la comisura de sus labios.
- Bueno, pero no te enojes tanto, que te pones fea.
- Entonces ella llegó a mi lado, de pronto; yo no podía creer que estaba ahí tan
cerquita mío; me puse súper nerviosa, era taaaaan hermosa. -Beatriz observó el techo,
sin mirar en realidad su superficie, remembrando el rostro de la morena, el cual se le
había hecho imposible borrar de su retina.
- ¿Y...? -Sandra aplaudió entusiasmada, mientras que sonreía ampliamente, y se sentaba
observando a Beatriz de frente, esperando por el resto del relato.
- Estuvimos conversando; me preguntó qué me preocupaba, y le estuve contando sobre tí,
ya sabes... y sobre tu noche; perdona si me fui de lengua, es que estaba realmente
nerviosa y necesitaba desahogarme.
- ¿¿¡Qué!?? -Sandra la miró indignada.
- Perdóname, pero ella no te conoce, lo siento...
- ¿¿Cómo se te ocurre conocer a una chica y hablarle de otra?? quién sabe qué habrá
pensado la pobre; le quitaste todas las ganas de lanzársete.
- Es que ella me pidió que le contara, y nunca me había sentido con ganas de abrirme a
nadie como con ella, y sólo hablé y hablé, y eso me relajó; incluso me tomó la mano en
un momento. -Beatriz sonrió, mientras recordaba aquel instante, y observaba la palma de
su mano, como si momentáneamente volviese a sentir el roce de la mano de Gema en la
suya.
- ¿Te tomó la mano? y luego ¿¡Se besaron!? -Preguntó Sandra, con renovado entusiasmo, y
olvidando por completo que ella había sido el centro de la conversación.
- Estuvimos a punto; pero, hay un problema.
- ¿Es hétero y sólo quiere probar? no me digas nada ¿le apestaba la boca? no te
preocupes, que eso tiene cura; no, ya sé ¿batea para los dos lados y eso te da miedo?
- ¡¡¡Cállate!!! -Beatriz exclamó; y Sandra cerró la boca al instante.- Tiene pareja,
ése es el problema; me dijo que estaban en las últimas, pero bueno, que eso es lo típico
que dicen y al final son mentiras.
- ¿Tiene pareja? uy, tendrá pareja, pero no está muerta; ay mi Beíta, la chica estaba
ahí sola, contigo, en vez de estar con su mina ¿qué crees que significa?
- Yo qué sé. -Beatriz se encogió de hombros.
- Por dios... que prefería estar ahí cagándose del frío en la playa contigo, que con la
polola en su casa.- ¿Cómo se llama?
- Gema ¿lindo verdad? -Beatriz sonrió.
- ¿Edad?
- Veinticinco.
- ¿A qué se dedica?
- Es música; o sea aparte de ser música, no sé... no le pregunté, creo que sólo eso;
somos las dos artistas ¿ves?
- Inepta. -Sandra dijo enojada, mientras le daba una palmada en la cabeza a Beatriz.-
Supongo que en vez de preguntarle detalles sobre su vida, le contaste cuando tú y yo
nos besamos ¿o no? porque eso solamente faltaría para terminar de estropear más las
cosas.
- No, como se te ocurre... -Beatriz dijo, sonrojándose levemente.- Bueno... no sé si voy
a llamarla en realidad, no quiero meterme con alguien que no esté libre, lo último que
quiero es sufrir.
- Bea, apenas conociste a la chica, y ya piensas en sufrir ¿no crees que estás siendo
un poquito pesimista?
- No sé, sabes que me da miedo; estoy confundida, me gustó, eso no te lo voy a negar,
me gustó demasiado; además, tuve la sensación de que ya la conocía, no sé... -Beatriz
sonrió, mientras que clavaba sus ojos en un punto fijo, sin observar nada en realidad,
dedicándose a recordar la forma en la cual se había sentido con Gema.- Mira, no lo voy
a meditar, si un día me encuentro marcando su número, que así sea.
- ¡¡No!! tienes que hacerlo, no seas tonta, Bea; ésta es tu oportunidad.
- Ya veremos. -Beatriz sonrió, pensando que definitivamente deseaba volver a ver a Gema.-
No te vayas a tirar encima mío por favor; pero hay otra cosita más.
- ¿Cuál? -Preguntó Sandra, quien comenzaba a entusiasmarse una vez más, y peligrosamente
a ojos de Beatriz.
- La chica nueva; ésa que te dije, que a veces pillaba mirándome; resulta que el profe
me quitó una hoja en la que... bueno, algo que no tenía nada que ver con la clase; y
luego de unas palabras que intercambié con él, esta persona, se me quedó mirando, y
después de que terminó la clase se me acercó...
- ¡¡¡Bea!!! -Sandra se le lanzó encima como una desquiciada, olvidando por completo las
advertencias que acababa de recibir de su amiga.- ¿¿Dices que entablaste conversación
con dos chicas que muestran, o han mostrado interés por tí, en menos de veinticuatro
horas?? ¡Lo sabía! Sabía que llegaría este día en que te lanzaras por fin a la vida.
-La trigueña dejó los apretujones a los que estaba sometiendo a Beatriz, finalmente, y
se puso a aplaudir, y a chillar, mientras que observaba emocionada a la joven de cabello
rubio, quien esperaba que en cualquier momento, Sandra se le volviera a arrojar encima;
y así fue.
*****
- ¡¡¡Sandra!!! -Beatriz apareció en la habitación de su amiga, con una cara que
definitivamente no era de tranquilidad, mientras que agitaba las manos en el aire,
enfatizando algo que la trigueña no alcanzaba a comprender.
- ¿Qué pasa? -Sandra dejó la tarea interminable de caminar y caminar sobre aquella
máquina, en la cual se pasaba religiosamente, una hora completa cada día; se quitó los
audífonos de las orejas, y en seguida la histérica voz de Beatriz llegó hasta sus oídos.
- La tarjeta, la tarjeta, Sandra ¡Se me perdió!
- ¿Qué tarjeta? oye tranquilízate, deberías verte como estás, mujer.
- La tarjeta donde estaba el número de Gema ¡No la encuentro! ¿¿entiendes?? -Beatriz
decía vehementemente, observando alrededor como si el objeto fuese a aparecer allí como
por arte de magia.
- A ver tranquilita, respira, respira, eso es; mira que los estreses causan arrugas.
-Sandra marcó el ritmo de inspiraciones, esperando que Beatriz la siguiera; no consiguió
más que una mirada de fastidio de parte de su amiga.
- Maldita sea, no me digas que esté tranquila, perdí la tarjeta ¿¿qué acaso no
entiendes??
- Pero Beíta, es cosa de volver a buscar; yo pierdo cosas todo el tiempo, y luego
cuando menos lo espero, zas que aparecen en cualquier lugar, bastante extraños aveces
déjame decirte; fíjate que hace mucho tiempo se me había perdido un anillo, y lo
encontré ayer en un bolsillo, cuando me estaba probando toda esa ropa y...
- ¡Ya! Sandra; tú eres una desordenada de primera, pero yo no. -Dijo Beatriz,
interrumpiendo el monólogo de la trigueña; la chica los adoraba.
- Bueno, no hay de qué preocuparse, es cosa de esperar que ella te llame.
- No le di mi número; ella dijo que me veía dudosa, así que prefirió darme el suyo
solamente, y que yo decidiera qué hacer ¿entiendes? ¿¿entiendes?? -Beatriz dijo,
alzando la voz, mientras sus ojos se abrían.
- Mm ya, a ver, déjame pensar. -Sandra se llevó los dedos índice y pulgar hacia la
nariz, la cual presionó a la altura de los ojos, mientras cerraba estos últimos.- Ya
sé, me dijiste que Gema toca en ese pub, es cosa que vayamos a preguntar allí, o que la
vamos a ver una de estas noches. -Aplaudió entusiasmada.- Además me muero por conocerla.
- ¡Es cierto! ¿¿me acompañas, entonces?? -Dijo Beatriz, sonriendo esperanzada.- Ah, y
recuerda que no está libre; yo... no me voy a meter en medio de ambas eh, sólo quiero
su amistad.
- Sí, como no ¿y por eso estás tan histérica porque perdiste su número? mira, Bea, creo
que tú y yo sabemos que le vamos a quitar la Gema a la otra mina; qué se le va a hacer,
algunos ganan y otros pierden; y mi Beíta linda preciosa se va a quedar con la chica
esta vez. -Sandra agarró a Beatriz aparatosamente, mientras que le estampaba besos en
las mejillas.
- ¡Fuchi! estás toda sudada, suelta.
- Mira Bea, fíjate aquí ¿lo ves? -Sandra acercó su rostro al de Beatriz, mientras que
se quedaba muy seria, y apuntaba hacia su frente con el dedo índice.
- ¿Qué cosa? -Beatriz preguntó, mientras observaba la piel de Sandra, sin entender a
qué se refería ésta.
- Estas líneas ¿qué no ves? ¡¡Me estoy arrugando!! ¿qué piensas de que me las quite?
están esas cosas que se inyectan o no sé ¿qué opinas? -Sandra hablaba como si
estuviese discutiendo acerca de un asunto de vida o muerte.
- Opino que ahora sí que terminaste de volverte loca; mira, si terminas siendo de esas
viejas que tienen la cara medio hinchada y deforme de tanto inyectarse cosas, no pienso
volver a mirarte más ¿oíste? por dios...
- ¡Bea! yo no soporto las arrugas, tienes que apoyarme con esto.
- ¿¿Cómo demonios te voy a apoyar en quitarte algo que no existe?? estás perfecta así
como estás.
- ¿En serio? o sea si me vieras por la calle y no me conocieras ¿te gustaría? -Le guiñó
un ojo coqueta.
- Dios... otra vez con lo mismo. -Beatriz dijo, girando los ojos con fastidio, para
luego dejar asomar una sonrisa, al ver a su amiga rebuscando entre una pila de frascos
de todos colores y tamaños.
- ¡Ay mi Beíta linda! tranquilita tú, que vamos a encontrar a la Gemita ya vas a ver;
tal vez ella conoce a alguien que inyecte esas cosas, acuérdame de preguntarle cuando
me la presentes eh. -Sandra dijo, mientras se disponía a salir de la habitación en
dirección al baño, con un sin fin de productos entre sus manos.
- ¿Para qué demonios necesitas todas esas cremas? ¿No te aburres de ponértelas todos
los días? -Beatriz observaba los diferentes envases, intentando adivinar para qué
servía cada uno.
- Para ser bella hay que ver estrellas, Bea; estas cremas son milagrosas; mira, ésta es
reafirmante. -Sandra agarró un pote azul, y lo alejó lo suficiente como para que éste
estuviera a medio metro de distancia de sus ojos.
- ¿Desde cuándo que no vas al oculista, Sandra? -Beatriz sonreía, al ver el gesto de su
amiga.
- ¿Oculista? yo no necesito ir al oculista; tengo la vista perfecta ¿ves? por eso es
que veo desde tan lejos.
- ¿Y de cerca? a ver, si yo pongo esto aquí, por ejemplo ¿qué dice? -Beatriz agarró una
de las cremas, y la puso diez centímetros de distancia de los ojos de la trigueña.
- Mm dice... dice... ¡Ya! quita eso de ahí; yo no necesito anteojos, si es que es eso
lo que estás insinuando. -Sandra dijo, para luego dirigirse al baño, armada de todas
sus cremas.
Beatriz sonrió, mientras movía la cabeza de un lado a otro; y se dispuso a dirigirse a
su habitación, mientras que pensaba la forma de convencer a su vanidosa amiga sobre lo
bien que se vería con anteojos; ya que la posibilidad de que los tuviera que usar eran
bastante altas. De pronto, sonó el teléfono, y antes que terminara de girarse hacia el
aparato, Sandra salía ya del baño, corriendo como una loca en ropa interior, y al
segundo se encontraba con el auricular pegado a la oreja.
- ¿Aló?
Sandra tenía la extraña costumbre de hacer toda una ceremonia cuando contestaba el
teléfono; el tono de su voz cambiaba, a lo que Beatriz entendía que intentaba ser una
voz sensual, o algo por el estilo; aunque seguramente en la mente de Sandra, su voz
emitía los tonos más seductores que podía ser capaz de reproducir un ser humano. De
pronto, su voz regresó a la normalidad, y Beatriz tuvo la certeza de que al otro lado
de la línea se hallaba una mujer, y no un hombre.
- ¿Quién es? -Preguntó, gesticulando, sin alzar la voz.
- Sí ____ ¿Beatriz? sí, ella vive aquí ¿quién la llama? -Sandra miró pícaramente a
Beatriz, mientras oía la voz al otro lado del teléfono.
Beatriz corrió la distancia que la separaba de la trigueña, y pegó su cabeza a la de
Sandra, en la medida que le fue posible, intentando oír lo que le estaban diciendo.
- ¿Paula? -Sandra alargó las sílabas del nombre, sonriéndole ampliamente a Beatriz,
quien la estaba mirando con los ojos desorbitados, mientras comenzaba a negar
vehementemente con la cabeza y manos.- Sí, creo que está en su pieza, altiro te la
llamo, espera un momento. -En seguida agarró a Beatriz de un brazo, mientras que ésta
intentaba desesperadamente persuadirla, para que le dijese a la joven que no se encontraba;
obviamente, Sandra no prestó ni la más mínima atención a los ruegos.
Finalmente, Beatriz se hizo con el auricular, e inspiró hondamente, mientras que la
trigueña no mostraba intenciones de regresar al baño.
- ¿Aló? -Su voz se escuchó peor, de lo que ella misma esperaba que se oyese; alzó la
mirada hacia Sandra, quien le hacía gestos con su rostro y manos instándola a que
alzase la voz, e irguiera su espalda; para luego pegar su oreja, tratando de oír la
conversación, sin hacer ni el más mínimo caso a los empujones que Beatriz le propinaba,
intentando sacarla de su lado.- Bien ¿y tú? ____ No, no estaba ocupada, no te preocupes
____ ¿cómo conseguiste mi número? -Las mejillas de Beatriz se sonrojaron
instantáneamente, al oír la respuesta de Paula; observó, nuevamente, a Sandra, la cual
estaba sonriendo abiertamente, mientras que aplaudía silenciosamente, y pegaba su boca
al hombro de Beatriz ahogando sus gritos.- ¿Hoy? ____ -Sandra comenzó a mover la cabeza
de arriba a abajo, como una desquiciada, mientras que abría los ojos enormes, y meneaba
las manos, alentando a Beatriz para que contestase afirmativamente.- No sé... yo... ____
-Beatriz sonrió ante la respuesta, mientras meditaba la posibilidad de contestar que sí.
De pronto, la imagen de Gema pasó por su cabeza; se quedó en silencio un momento,
intentando entender por qué demonios estaba sintiendo que engañaba a la morena si
accedía a salir con Paula; sacudió su cabeza mientras veía a Sandra, aún asintiendo, y
pensó en qué sería peor; salir con Paula, o Sandra sermonéandola por el resto de la
tarde, y quién sabe por cuántos días más.- Está bien, hoy ____ Vale ____ Chao. -Sonrió,
al oír que Paula le enviaba un beso.
- ¡¡¡Bea!!! ¡¡¡Beíta!!! ¡¡¡Te saltó la liebre!!! ¡Le encantas! Ayyy qué tierna...
¿Oíste cuando te dijo que cuando algo le interesa a una, lo consigue como sea, cuando
le preguntaste cómo consiguió tu número? me cayó bien esta tipa; ven para acá, te vamos
a arreglar, y vas a quedar top, ya vas a ver. -Sandra agarró a Beatriz de una mano, y
la dirigió a su habitación, sin prestar atención a los rezongos de la chica.
- Suelta atarantada; mírate, estabas por darte una ducha, estás con ropa interior; te
vas a enfriar.
- ¿Y qué? Ay, no me digas nada ¿te excita verme así? sólo tenías que decirlo Bea, yo
así entiendo; espérame media horita y vuelvo ¿ok?
- Eres insoportable aveces ¿sabes? -Beatriz la miró con fastidio, mientras que caía en
la cuenta de que había aceptado verse con Paula, y que probablemente para ella aquello
fuese una cita.
- Igual me quieres. -Sandra le dijo con voz cantarina, mientras le lanzaba un montón de
besos, hasta perderse por la puerta del baño.- Creo que Gemita está a punto de perder.
-Asomó la cabeza nuevamente, lanzó la frase, y desapareció definitivamente de la vista
de Beatriz.
Beatriz se quedó meditando esa última oración; y regresó al pensamiento de haber perdido
el número telefónico de Gema. ¿Deseaba realmente salir con Paula? ¿Por qué había dicho
que sí a su invitación? Era increíble que después de tanto tiempo de dedicarle todo su
esmero a sus estudios, tuviera en ese momento dos chicas diferentes en quién pensar.
Podría ser que Gema nunca más apareciera, después de todo la había conocido en una
situación bastante extraña; y Paula, Paula era más tangible, estaba más a mano, era más
sencillo, después de todo.
Pero, nada era tan simple en realidad, si se trataba de relacionarse con chicas; era
peligroso y difícil para Beatriz, que no estaba segura de querer involucrarse con nadie;
eso decía su cabeza ¿pero su corazón? éste ansiaba fervientemente tener a alguien a su
lado, alguien a quien amar, o por lo menos querer, o por último, que sencillamante le
gustase; alguien en quien pensar. En ese minuto podría continuar pensando en Gema, y
Paula; Paula era más real ahora mismo.
*****
- ¡Preciosa! a ver date la vuelta ¡me encanta! top top top. -Beatriz obedecía el
mandato de Sandra, que cuando de vestuario se trataba, toda su atención se concentraba
en la persona en cuestión.- ¿Te vas ya? -Sandra preguntó, mientras aplaudía
frenéticamente.
- Eso creo, pero... ¿¿por qué demonios voy a juntarme con Paula?? -Los ojos de Beatriz
miraron aterrados a la trigueña, esperando alguna respuesta satisfactoria para su
afligida persona.
- A ver, veamos; primero, porque es chica y a tí te gustan, segundo, porque tiene
interés en tí y tú necesitas urgentemente relacionarte con alguna que no sea tu madre
ni yo, tercero, porque es linda, y lo suficientemente digna de tí, según lo que pude
apreciar el otro día, cuando me la mostraste, y cuarto, porque tienes la posibilidad de
dar unos besitos, tirar las manitos, quizá, o hasta echarte un buen polvo.
- Me parece increíble que hallas dejado la razón número cuatro para el final ¿¿será
posible que te estés profundizando?? -Beatriz exclamó sorprendida.- Aunque pensándolo
bien, las anteriores tampoco eran muy profundas que digamos ¿no?
- No sé, tú verás qué tan profundo llegas con la mina ésta; el punto es que por fin mis
ruegos han sido oídos, y tú vas saliendo por esa puerta directo a los brazos de una
chica. -Sandra dijo emocionada, dejando escapar un nuevo chillido.- Increíble ¿no?
- Lo que me parece increíble es que tú estés más emocionada que yo.
- Estoy feliz por tí, ¿acaso no puedo? a ver, espérate un ratito, vengo altiro. -Sandra
partió corriendo hacia su habitación, y al segundo regresó con un montón de objetos en
sus brazos, entre los cuales Beatriz fue capaz de reconocer los infaltables inciensos,
que a la trigueña le quitaban el sueño.
- ¿Esto para qué es? -Preguntó Beatriz, cuando ya se encontraba rodeada de humo oloroso,
alrededor de su cabeza, y comenzaba a ahogar una incipiente toz con sus manos.
- Incienso para el amor, para que te impregnes ¿ves? -Sandra oscilaba las varitas
alrededor de Beatriz, mientras que se concentraba en aquella tarea, como si estuviera
haciendo algo vital.- Toma esto, guárdalo en tu bolsillo.
- ¿¿Para qué demonios me das un imán?? -Beatriz preguntó, mientras observaba el objeto,
descansando en la palma de su mano.
- Es para atraer ¿es que no sabes nada? tú sólo guárdatelo y ya verás.
- Pensé que habías dicho que Paula ya estaba interesada en mí, si es así ¿para qué
necesito un imán?
- Para hacer más fuerte el interés; ya no me discutas, sabes que me da dolor de cabeza;
ahora, dame un abracito. -Sandra se arrojó a los brazos de Beatriz, le chilló en la
oreja, dio saltitos, y la miró con cariño, mientras le arreglaba el cabello, hasta
conseguir hacerla sonreír.- Eso es, qué linda mi Beíta, te va a ir genial, no pongas
distancias entre tú y la chica, tú sólo déjate llevar ¿ok? -Hizo un gracioso gesto con
las manos, y abrió la puerta del departamento, para luego empujar fuera a Beatriz.
- ¡¡No quiero!! -Beatriz hizo ademán de volver a ingresar, pero Sandra le impidió el
paso.
- Nada que ver, Beatriz; me voy a enfadar si no desapareces ahora mismo de mi vista.
-Sandra la miró severamente.
- Vale, ya me voy, pero si termina rompiéndome el corazón, será tu culpa por no decirle
que había salido ¿oíste?
- Ok ok, asumo la responsabilidad; ahora, fuerita de aquí. -Le lanzó dos besos, y cerró
la puerta de golpe.
A los veinte minutos, Beatriz comenzó a dar los pasos cada vez más lentamente; se
acercaba al lugar en donde había acordado encontrarse con Paula, y sus pensamientos
empezaban a confundirse en su cabeza. El hecho de que prefiriese mantenerse lejos del
resto de las personas, no era porque tuviera algún problema para relacionarse con la
gente, ni siquiera era por su timidez; sino que sencillamente en demasiadas pocas
personas encontraba a alguien que pudiese ofrecerle algo que le atrayera, una
conversación interesante, o por lo menos una actitud diferente; demasiadas pocas
personas, como para malgastar su tiempo intentando encontrar algo que valiera la pena
en alguien, para al final terminar aceptando que no había absolutamente nada que
tuviera relación con su persona, en aquel individuo.
Levantó la vista hacia el cielo, decidiendo que definitivamente el tiempo se había
compuesto, y no amenazaba en llover en las próximas horas; aunque nunca se podía estar
completamente segura; el tiempo es algo impredecible, tanto, como lo son las personas,
o como la cita, que por mucho que le costase llamarla de esa manera, estaba por
comenzar en cualquier momento.
- Hola. -La voz suave de Paula, llegó hasta sus oídos, cuando Beatriz aún mantenía los
ojos pegados en el gris, que poco a poco había ido menguando.
- Hola. -Beatriz se volteó, sin tener el tiempo suficiente como para meter un poco de
aire a sus pulmones, y relajarse, antes de entablar una conversación coherente con la
chica.
- ¿Cómo estás? -Suave y femenina, muy femenina sonaba su voz, y segura, demasiado
segura; le agradó lo suficiente como para hacerla sonreír levemente. Después de todo,
tal vez, aquello no estaba tan mal.
- Bien, decidiendo si es que el tiempo se ha compuesto definitivamente, o si es que
volverá a llovernos a cántaros en las próximas horas. -Elevó un dedo, apuntando hacia
las nubes, que definitivamente habían palidecido en su color.
- ¿Ah, sí? ¿y qué decidiste, finalmente? -Paula observó hacia arriba por un segundo,
mientras que se cruzaba de brazos, y comenzaba a estudiar el rostro de Beatriz.
- Que definitivamente ha dejado de llover ¿qué te parece?
Aquello estaba siendo demasiado sencillo; comenzar con algo tan simple como una
conversación sobre las probabilidades de lluvia, eso no había pasado por su cabeza, en
ninguna de las innumerables veces en las cuales intentó imaginar los temas que podía
tocar con Paula ¿Simple o estúpido? Aquel pensamiento cruzó por su mente, y fue
suficiente, como para que empezara su habitual tensión.
- Me parece que aquella nube de allí se parece a tu perfil ¿ves? -Paula soltó el
comentario, con toda naturalidad del mundo.
- ¿Qué tanto sabes tú de mi perfil? -Beatriz la miró de lado, mientras entrecerraba los
ojos ante el efecto que le había producido el observar por demasiado tiempo el cielo.
- He pasado los últimos meses sentada dos asientos más atrás de tí, a tu derecha
exactamente; conozco este perfil más de lo que conozco los pizarrones y las salas de
clase. -Paula posó suavemente la punta de su dedo índice en la mejilla de Beatriz, cuyo
cuerpo dio un pequeño respingo en respuesta.- Deslizas tus dedos por tu cabello, luego
apoyas tu mejilla en la palma de tu mano, suspiras, y miras a través de la ventana; es
todo lo que necesito para conocer perfectamente como eres desde esa perspectiva.
- Vaya... -Beatriz se sonrojó, mientras sonreía tímidamente, y observaba a la joven de
cabello rizado, parada en frente de ella, observándola con interés.
- ¿Vaya? ¿es todo lo que consigo por contarte que he pasado más tiempo obervándote, que
atendiendo a lo que dice el profesor? -Paula dijo, cruzándose de brazos, una vez más,
mientras hacía un gesto de desaprobación con la boca.
- Vaya... no tenía idea ¿Te parece eso mejor? -Beatriz empezaba a sentirse más en
confianza; sus piernas comenzaron a moverse, con Paula siguiéndola de cerca.
- Es mejor que sólo "vaya" pero bueno, quizá más rato consiga algo más ¿puede ser?
-Paula le dedicó a Beatriz una mirada coqueta, mientras sonreía con esa sonrisa
encantadora que Beatriz ya había visto en ella.- De todas formas, creo que sí tenías
idea, quizá sólo has respondido a mis miradas, pero se han cruzado unas cuantas veces
¿o me lo vas a negar?
- No sé, no llevo la cuenta de con quienes cruzo miradas, la verdad. -Beatriz dijo,
sabiendo perfectamente bien, que efectivamente sus miradas se habían cruzado más que un
par de veces; muchas más.
Caminaron en silencio los siguientes segundos, mientras que ambas sonreían, sabiendo
que todo había comenzado mejor de lo que esperaban. Beatriz se sentía más relajada a
cada paso que daba, mientras pensaba en que en realidad aquello había sido una buena
idea, y que no se había equivocado en pensar que la actitud de la chica, demostraba que
en ella podía encontrarse a alguien que definitivamente tenía cosas interesantes que
compartir.
- ¿Un café? -Paula preguntó, mientras le tocaba el brazo suavemente, dejando sus dedos
por más tiempo del necesario en él.
- Estaría perfecto. -Beatriz observó el gesto, y sólo sonrió.
Se sentaron en la mesa del rincón más lejano que pudieron encontrar; en realidad
Beatriz sólo siguió los pasos de Paula, y aceptó el lugar elegido por ella.
Veinte minutos después, se encontraban cada una con una taza de café en frente de ellas,
y la conversación acerca de la universidad se había agotado. Beatriz comenzó a
incomodarse, mientras recorría todos los rincones de su cerebro intentando dar con
algún tema que pudiera ser atractivo, siguiendo con su mirada, el leve movimiento del
líquido café producido por sus manos, en el interior de la taza ¿Por qué le costaba
tanto, tan sólo hablar de cualquier cosa?
- ¿En qué piensas? de repente te quedaste callada. -La voz de Paula la sacó de sus
cavilaciones.
- En algún tema del cual hablar. -Beatriz sonrió, mientras levantaba la vista de su
café, y se encontraba de frente con los marrones ojos de Paula.
- ¿No te preguntas el por qué te invité a salir? o quizá ¿por qué precisamente hoy? no
sé... -Paula sonrió coqueta, mientras que le daba un sorbo a su café, y el humo que
desprendía el líquido, provocaba una especie de cortina entre su rostro y la visión que
Beatriz tenía de él.
- En realidad sí... me lo pregunto ¿por qué? -Beatriz observó la mano de Paula deslizar
la taza hasta el platillo; tenía un anillo en cada dedo, y sus uñas estaban pintadas de
color cobrizo; poseía movimientos finos, aquello le agradó a Beatriz; y siguió aún la
trayectoria de esa mano, cuando ésta se hizo con una galletita de champagne, llevándola
hasta la boca de su dueña; sus labios se separaron lentamente, y sus dientes quebraron
una pequeña porción de ella, para luego perderse detrás de esa boca. Por fin, Beatriz
alzó la mirada hasta los ojos que la estaban viendo con atención, y percibió una
pequeña sonrisa formándose en ellos.
- Porque me gustas. -Paula sonrió ampliamente, mientras observaba a Beatriz, quien
comenzó a turbarse en el instante mismo de oír aquella frase saliendo de la boca de la
joven.
- ¿Por qué te gusto? ¿así de simple? -El nerviosismo de Beatriz, comenzó a imponerse en
sus movimientos, los cuales se hicieron visiblemente más torpes, mientras percibía a
Paula sintiéndose más y más segura.
- Tan simple como eso; aunque creo que eso tú ya lo sabías ¿o no? -Paula sonrió más
abiertamente aún, mientras observaba un leve sonrojo en las mejillas de Beatriz.
- No sé... o sea, nunca se está segura. ¿Por qué hoy precisamente, entonces? -Beatriz
se refugió detrás de su taza, mientras veía los dedos de Paula sacar un cigarrillo y
llevarlo hasta su boca.
- Por Gema. -Paula dijo, encendiéndolo.- ¿Te molesta? -Preguntó, elevando las cejas,
mientras que enseñaba el cigarro, aprisionado entre sus dedos, a Beatriz, quien negó
con la cabeza.
- ¿Por Gema? ¿a qué te refieres con eso? -Beatriz sintió una sensación nueva en el
pecho al oír ese nombre.
- Gracias a Gema supe que tenía oportunidad contigo por ser chica, y gracias a Gema
supe que si no lo intentaba terminaría perdiendo esa oportunidad; ya que es obvio que
esta persona existe en tu vida.
- Pensé que había dicho que era un personaje ficticio.
- Vamos, eso no se lo tragó ni el profesor; no te preocupes, el resto sí lo creyó, pero
ni él ni yo lo hicimos ¿O tendrías el descaro de decirme mirándome a los ojos que esta
persona Gema no existe?
- Vale; y si estás tan segura de que Gema existe en mi vida ¿por qué me invitaste a
salir?
- Porque nada se pierde con intentar, y ahora estás aquí conmigo, o sea que tengo esa
oportunidad; entonces, ya no me interesa Gema.
- Qué segura...
- ¿Te molesta eso? -Sus ojos marrones escudriñaron el rostro de Beatriz, mientras que
ésta bajaba la mirada por un momento.
- No, no me molesta; pero, el que esté ahora aquí, no significa que tengas asegurada
esa oportunidad conmigo. -Levantó sus ojos verdes sintiéndose satisfecha con aquella
respuesta; y comenzaba a meditar si es que realmente Paula habría dicho que no le
interesaba Gema, si es que la estuviese viendo en ese mismo instante parada frente a
ella. Sonrió.
- Eso ya lo veremos. -Paula dijo, clavando su mirada en los ojos de Beatriz.- Vamos,
que tampoco estoy esperando que amanezcas mañana en mi cama; soy paciente, ya lo vas a
comprobar.
- ¿No, eh? pues haces bien, porque eso no va a suceder.
- Soy segura, no suertuda; pero si durante el transcurso de las horas se te antoja
despertar en mi cama mañana, yo no tendré ningún problema... -Sonrió, con ese aire
coqueto que tenía su sonrisa.- Espérame un momento, voy al baño. -Paula se puso de pie,
dejó su cigarrillo descansando en un pequeño cenicero, observó los ojos de Beatriz
alzarse mientras que seguía sus movimientos, y miró alrededor, probablemente intentando
adivinar dónde se encontraba el baño.- No tardaré. -Dijo, acercando su boca al oído de
Beatriz, mientras se inclinaba, y posaba suavemente su mano sobre la de ella,
acariciando sus dedos sutilmente.
- Ok. -Beatriz dijo, asintiendo, mientras observaba la mano de Paula aún sobre la suya.
Sonrió ante el contacto, para luego seguir con su mirada a la chica alejándose de su
lado, la cual antes de perderse, se volteó, le sonrió ampliamente, y desapareció de su
vista. Beatriz mantuvo aquella misma expresión, mientras dirigía su mirada hacia el
cigarro humeante; tenía marcas del lápiz labial de Paula en él.
Giró su cabeza hacia la derecha, y observó a través de los vidrios del lugar, sin
prestar demasiada atención a lo que veía. Pero, de pronto una imagen se cruzó justo en
la línea de su visión. Beatriz abrió los ojos enormes, y antes de pensarlo dos veces,
se encontraba cruzando el lugar, lleno de mesas, mientras que daba grandes zancadas,
sin meditar el por qué lo hacía.
Observó para todos lados, mientras sentía las palpitaciones aumentar en su pecho; una
extraña desesperación invadió sus sentidos, al no dar con lo que quería encontrar. Dio
algunos pasos, y retrocedió otros cuantos, hasta que cualquier movimiento de su cuerpo
se detuvo tras chocar contra algo...
Beatriz se giró sorprendida, sus ojos se alzaron instintivamente, y se encontraron de
frente con unos azules mirándola, tan sorprendidos, como los suyos propios. Pestañeó
varias veces, sólo para encontrarse a la misma persona delante, observándola con una
expresión que probablemente era el reflejo de la suya. Sus labios se dilataron en una
pequeña sonrisa, mientras que sentía un hormigueo en el estómago, y veía otra sonrisa
formarse en el rostro de ella.
- ¿Gema...? ¿qué...? ¿cómo...? -Comenzó a tartamudear, esperando sentirse lo bastante
extraña como para no ser capaz de emitir ni media palabra.
- Hola. -Gema sólo sonrió, mientras sus ojos brillaban hermosos.
La noche aún no terminaba de oscurecer la ciudad, aunque las luces ya estaban
encendidas, formando con su reflejo una especie de aura alrededor del cuerpo de la
morena, mientras que su sonrisa parecía quedarse eternamente en su rostro, y el momento
que ambas estaban viviendo, parecía congelarse.
- Yo... esto es muy extraño ¿no crees? -Beatriz dijo, pensando en realidad que lo era,
sin embargo, sin sentir que lo fuese, o que al menos aquella no era la palabra correcta
para definirlo.
- ¿Por qué extraño? ¿soy extraña para tí? -Los labios de Gema fueron dibujando las
letras que iban saliendo de su boca; parecía como si Beatriz fuese capaz de ver en
cámara lenta cada uno de sus movimientos.
- No tú... el momento. -Beatriz extendió una mano, aunque no llegó a pensar en lo que
estaba haciendo, y le tocó suavemente un brazo; quizá intentando cerciorarse de que la
chica era real.
- Yo no diría que es extraño, sino que especial ¿recuerdas? -Gema bajó la mirada hacia
la mano de Beatriz posada en su brazo; la joven de ojos verdes, la quitó al instante;
pero la morena la detuvo a la mitad, atrapándola en la suya.
- Especial... mucho. -Beatriz parpadeó, nuevamente, varias veces, mientras que se
sentía aturdida, y bajaba la mirada hacia el agarre de los dedos de Gema en su mano; el
contacto era electrizante.
- ¿Por qué la quitas? ¿he dicho que me molesta que me toques? -Gema preguntó con una
tranquilidad en su voz y en sus facciones, que le provocaba a Beatriz quedársela
mirando, y dejarse llevar por esa actitud, hasta infectarse por completo de ella.
- Yo... no sé; hay personas que no les gusta que las toquen; yo no suelo tocar a la
gente en realidad... no sé por qué lo hice. -Beatriz sintió la calidez de los dedos de
Gema, acariciando casi imperceptiblemente su mano; tuvo el impulso de aferrarse a
ellos; mas, no lo hizo; se exigió a sí misma no hacerlo.
- Lo hiciste porque te nació hacerlo conmigo... y sí, me molesta que me toquen; pero no
me molesta que lo hagas tú... -Gema sonrió, mientras que sus ojos brillaban aún más, y
soltaba finalmente la mano de Beatriz.
- Bueno. -Beatriz bajó la mirada avergonzada.
- ¿Por qué no salimos de aquí? las luces, y la gente me están mareando ¿quieres? -Sus
ojos azules esperaron la respuesta esperanzados, mientras que Beatriz se sentía incapaz
de negarse a su petición ¿Cómo negarse? ¿cómo decirle que no a semejante criatura?.
- ¿Dónde vamos? -Observó la mano de la morena extendiéndose hacia la suya, por un
momento pensó en tomarla; pero Gema la quitó en seguida, quizá percatándose de lo que
estaba haciendo, aunque Beatriz fue capaz de percibir en su actitud, que ni la morena
misma sabía por qué lo había hecho.
- Sólo a caminar, lejos de aquí, no lo sé, a donde nuestros pies nos lleven ¿qué te
parece eso? -Gema dijo, mientras que avanzaba ya entre la gente, y Beatriz seguía sus
pasos de cerca.
- Me parece genial; últimamente me he puesto demasiado metódica para todo; a donde
nuestros pies nos lleven, me gusta eso...
Beatriz sonrió, mientras se mordía el labio inferior, y observaba a Gema caminando a su
lado; su corazón latía a mil por hora, sus piernas temblaban, y su respiración agitada,
resonaba fuerte, probablemente siendo percibida por ella; sentida por Gema.
*****
- ¿Así que metódica? -Gema preguntó, mientras se sentaba en el banco de una plaza, de
la cual niños y gente en general, se iba marchando poco a poco, probablemente al sentir
el frío de la noche ya calando sus huesos.
- Ajá, yo... sólo he perdido la libertad creo. -Beatriz imitó el movimiento de Gema, y
se situó a su lado, no sin antes pasar su mano por la superficie de las maderas
pintadas de verde.
- ¿Y por qué has dejado que eso pase? -Gema sonrió al ver a Beatriz apoyar su espalda,
e inclinarse hacia adelante, en seguida; como si se hubiese hecho daño, luego mirar su
espalda, para comprobar que las maderas estuviesen limpias.- Deja eso, aunque sacudas
el polvo continuará allí, es inevitable.
- Creo que tienes razón; es la costumbre. -Una sonrisa nació en el rostro de Beatriz,
mientras observaba a la morena relajándose en el asiento, y observando hacia el frente,
donde un niño daba vueltas y más vueltas en una pequeña bicicleta, con rueditas a los
lados.- No es que yo halla dejado que eso pase, sólo sucede, es inevitable... -Siguió
la dirección de la mirada de Gema.- Supongo que cuando tenía esa edad, era diferente, y
no estaba pendiente de horarios, ni de qué camino tomar. -Beatriz apuntó hacia el
pequeño.
- Eso no es inevitable; sólo te rendiste, y ya no luchas por esa libertad que tenías
cuando eras más joven ¿por qué no haces el esfuerzo? -Gema se giró hacia Beatriz,
mientras que apoyaba su brazo sobre el borde del banco, y se la quedaba mirando con
interés.
- Porque ya está todo metido aquí. -Beatriz se llevó un dedo a la sien.- Es más sencillo
así; además, ya no soy una niña, tengo responsabilidades, así que aunque quisiera...
- Eres zurda.
- ¿Qué?
- Eres zurda ¿verdad? -Gema le indicó con un dedo hacia su mano izquierda.
- Ajá, qué observadora. -Beatriz sonrió.
- Me gusta.
- A mí no mucho, es una complicación. -Beatriz dijo, mientras arrugaba la nariz, y
hacía una mueca de desagrado con la boca.
- ¿Por qué? -Gema preguntó, extrañada.
- Todo está hecho para diestros; puede llegar a ser peligroso incluso, si manipulas
instrumentos cortantes, o esas cosas. -Beatriz explicó, mientras movía las manos.- De
hecho, he aprendido a usar la mano derecha, tanto como la izquierda.
- No hagas eso; eres zurda, continúa así ¿por qué sigues la corriente?
- ¿Por qué sigo la corriente? porque es más simple; no es para tanto, es para mejor,
además me evito un día cortarme una mano usando una sierra eléctrica, o algo así.
- No es para mejor; no deberías dejar que el mundo te cambie a tí, deberías tú cambiar
al mundo; además no te imagino usando una sierra eléctrica.
- Yo no quiero cambiar al mundo, sólo hacerme la vida más sencilla, que ya bastante
tengo con que me gusten las chicas, y todo lo que ello implica, en un país como éste.
- Y ¿por qué eso no intentaste cambiarlo y el resto de las cosas sí?
- Porque eso no se controla; se siente aquí dentro; no es lo mismo, no hay punto de
comparación.
- Exacto, eso es; el que te gusten las chicas lo sientes con el corazón, cuando eras
pequeña todo lo sentías con el corazón, hasta las cosas más insignificantes ¿En qué
punto de tu vida dejaste de sentir las cosas, para solamente pensarlas con la cabeza?
- No lo sé... -Beatriz bajó la mirada, mientras que comenzaba a sentirse bastante
extraña.
- ¿Te está molestando esta conversación? -Gema observó la reacción de Beatriz, mientras
pensaba que quizá estaban de más todas esas cosas.
- No es eso; es sólo que es diferente...
- ¿Qué es diferente?
- Tú eres lo diferente...
- ¿A qué te refieres? -Gema preguntó, posando suavemente sus dedos en la mejilla de
Beatriz, levantando su rostro despacio, hasta obligarla a mirar directamente a sus ojos.-
Mírame a los ojos, cuando me miras puedo sentir lo que te pasa dentro.
- No lo sé... ¡Dios! hemos conversado apenas unas pocas horas, y me parece como si
supieras más de mí que yo misma; como si nos conociéramos de antes... -Mantuvo su
mirada en la azul de Gema.
- Eso es porque nos conocemos desde antes.
- ¿Nos conocemos desde antes? -Beatriz frunció levemente el ceño, mientras mantenía la
mirada atenta a los movimientos faciales de Gema.
- Tú lo acabas de decir; dijiste "me parece como si nos conociéramos de antes" eso es,
lo que sientes, es.
- Estoy confundida...
- ¿Yo te confundo?
- No lo sé.
- No tienes que pensar tanto; tienes que sentir solamente, sin meditar tanto las cosas.
- Es necesario pensar; hay decisiones que tomar, no puedo dejarme llevar por lo que
siento, simplemente, así como así; es muy riesgoso.
- Sí puedes, claro que puedes; por pensar tanto es que no tienes ideas para tus
historias, por pensar tanto es que estás confundida ahora, por pensar tanto es que te
olvidaste de tu princesa... -Gema la miró tan directamente a los ojos, tan intensamente,
que Beatriz literalmente se sintió desfallecer.
- Eran tonterías de niña; las princesas y príncipes no existen, o al menos no una sola;
el amor viene y va. -Beatriz dijo, haciendo ademán de ponerse de pie, mientras que huía
rápidamente de la mirada de la joven de cabellos oscuros, y hacía lo posible por
mantener la compustura en la medida que le fuera posible.
- No te creo, esa no eres tú, en realidad; dejas que tu cabeza hable, pero tu corazón
me está diciendo otra cosa. -Aferró sus dedos en la mano de Beatriz, quien no pudo
continuar avanzando, debido al agarre de Gema; que no la obligaba a permanecer allí
parada, que no infundía presiones en ella; mas, a Beatriz le era imposible dar siquiera
un paso más. Se volteó, y la observó hacia abajo, en donde los azules ojos de Gema, la
miraban como nunca antes alguien la había mirado; como si estuviera más segura de lo
que pasaba por su cabeza y en su corazón, de lo que ella misma lo estaba.
- ¿Por qué estás tan segura? apenas me conoces. -Cerró los ojos, con un nudo en la
garganta, y ya ni siquiera sabiendo en realidad quién demonios era. Bajó la cabeza.
- Sí te conozco, nos conocemos desde antes, tú misma lo dijiste. -Gema se puso de pie,
sin soltar la mano de Beatriz.
- Sólo lo dije; no estaba pensando en lo que decía... -Al terminar la frase, cayó en la
cuenta de lo que acababa de decir; demasiado tarde para echar marcha atrás a sus
palabras.
- Eso es, sientes que me conoces desde antes, y esa es la verdad; y más aún porque...
-Gema buscó la mirada de Beatriz otra vez, levantando su cabeza suavemente, con sus
dedos.
- ¿Por qué?
- Porque yo también lo siento...
A Beatriz se le borraron los pensamientos, meditaciones y temores; su cerebro pareció
desaparecer de su cabeza, mientras que sentía que era toda sentimientos. Sintió el
aliento de Gema rozando sus labios, mientras que estos se entreabían, esperando el
contacto; sus párpados se cerraron, se dejaron caer, y su estómago dio un vuelco,
mientras el corazón se le aceleraba una enormidad. Un segundo, un segundo más, y la
estaría sintiendo; alcanzó a percibir la suavidad de sus labios, apenas un instante,
tan sólo un segundo acariciando los suyos; y una imagen, un pensamiento fue lo que
bastó para que Beatriz rompiera el contacto en seguida, para que el momento muriera,
sin haber terminado en realidad; sólo un movimiento, para que todo se desvaneciera.
- ¡No! dios... -Beatriz se llevó una mano a su frente, mientras que bajaba la mirada.
- ¿Por qué?
- Gema, tú... tú tienes pareja, yo no puedo, no deberíamos, tú no deberías, no deberías
hacerme esto, no debes. -Se volteó, mientras que sentía el nudo en la garganta otra vez,
y no sabía por qué diablos le pasaba aquello.
- Lo sé; yo... lo siento, no puedo evitarlo, es que siento cosas por tí. -Gema confesó,
mientras dudaba si posar su mano en el hombro de Beatriz, o alejarla lo más posible de
ella.
- Esto no es normal, apenas nos hemos visto, no nos conocemos, tú... yo... -Beatriz
balbuceaba.- Se me perdió tu número telefónico, no sé dónde demonios lo dejé. -Dijo,
por decir cualquier cosa, mientras giraba su cabeza hacia Gema una vez más.
- Eso no importa, te lo volveré a dar; o no, esta vez tú me lo darás, me aseguraré ahora.
-Gema sonrió dulcemente, al ver la reacción de Beatriz.
- No te rías Gema, esto no se le hace a las personas, no quiero, no puedo enamorarme de
alguien para luego perderla, no puedo...
- Lo siento, yo sólo hago lo que siento; no quiero engañarte, y no lo estoy haciendo;
no la quiero a ella, si me pudieras dar una oportunidad, un tiempo...
- No puedo fiarme, no quiero fiarme ¿que no entiendes? -Las lágrimas casi inundaban sus
ojos, sin contenerse ni un segundo más, mientras que sentía la mano de Gema aferrarse a
la suya, fuerte, muy fuerte, una vez más.
- No llores. -Le acarició suavemente la mejilla, y Beatriz literalmente casi colapsó en
ese mismo momento.- Lo siento... yo no quiero hacerte daño, es mejor que me vaya; si el
destino nos quiere juntar, que lo haga nuevamente... -Gema comenzó a alejarse; sus dedos
se separaron lentamente, hasta rozarse una última vez, para luego deshacer el contacto
definitivamente.
Beatriz bajó la cabeza, sintiéndose como nunca antes se había sentido; desprotegida,
incorrecta, como si la secuencia del momento que estaba sucediendo en ese segundo en su
vida, no fuese el que tuviera que ser, y se hubiese cambiado, como si ella lo hubiera
cambiado todo, como si lo hubiese estropeado, manipulado, roto. Levantó su mirada, y
observó la espalda de la morena, alejándose lentamente, con la mirada baja, sin
voltearse. Entonces, corrió, corrió la poca distancia que aún las separaba, y le agarró
el brazo bruscamente, como una bruta se aferró a él, e hizo que Gema se girase hacia
ella, que la mirara de frente, como la misma chica había hecho minutos antes. No
dijeron nada, sus expresiones ni siquiera cambiaron, o no alcanzaron a cambiar; porque
Beatriz se lanzó a sus brazos, tomando su rostro entre sus manos, y le dio el beso más
sentido, el beso más lleno de sentimientos, emociones y sensaciones, que jamás en su
vida le había dado a alguien, que nunca en su vida alguien había compartido con ella.
Continuará...