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UN PASEO POR LA PLAYA
Por Nira
La misma canción da vueltas en mi cabeza, nada describe tan bien lo que sentía cuando
la miraba. En sus ojos veía el intenso azul del mar como el que ahora me acompaña en mi
paseo por la orilla. Pero lo mejor era, sin duda, lo que transmitía a través de ellos
que hacía que el tiempo se detuviera para mi, todo a mi alrededor dejaba de existir con
sólo una mirada.
"Yo que soy andar
me anclé al azul de tu mirar,
sintiendo paz
me das el mar con tu mirada.
Y sé que tú alejarás,
con la pausada luz de tu mirar
todo mi mal
me das el mar con tu mirada
me acuna el mar de tu mirar..."
Seis años han pasado desde la última vez que la vi, justo antes de irse a Suecia con el
programa de intercambio en la universidad. Siempre supo que quería salir de la isla y
el programa Erasmus era su oportunidad. No tuvo problema para ser aceptada dado su buen
expediente, era buena estudiante y muy tenaz en todo lo que emprendía. Siendo sólo una
niña ya tenía las ideas claras, sin embargo, yo nunca supe que hacer con mi vida, no lo
sabía entonces y sigo sin saberlo ahora.
El sol luce por primera vez desde hace dos semanas y eso ha animado a más gente a
acercarse por aquí. El mar está en calma y muchos aprovechan para darse un rápido
chapuzón. La temperatura es suave pero la ligera brisa que se ha levantado me hace
desechar la idea de imitarlos, sin embargo, el sudor me cubre el cuerpo por lo que el
aire fresco es de agradecer.
Siempre vengo a la misma hora y alternando el correr con el caminar, sólo así puedo
durar un buen rato. No es una playa muy grande pero sus dos kilómetros de largo para mí
son suficientes. Tengo que bajar estos kilos que he ganado y no soporto el gimnasio, me
gusta el deporte pero al aire libre. Necesito el contacto con la naturaleza ya sea en
la arena de la playa o con la tierra en pleno monte.
Eso es algo que compartía con Ana. Nuestros juegos de niñas siempre tenían que ver con
actividades al aire libre. Aún recuerdo la primera vez que la vi, teníamos nueve años y
acababa de llegar de un colegio en algún lugar de Albacete. La profesora la presentó a
la clase y ella estaba de pie frente a 30 niños que la miraban curiosos, muy seria, muy
firme y muy segura de sí misma, con sus preciosos ojos muy abiertos observando todo lo
que había a su alrededor. Aunque llevo esa imagen clavada en mi mente no consigo
acordarme de dónde se sentaba pero no debió de ser muy lejos porque enseguida nos
hicimos amigas.
Ayer
El frío se colaba por la ventana a pesar de estar cerrada, estaba lloviendo y la
humedad se hacía notar a través de la rotura en uno de los cristales. Por el hueco
caían gotas que estaban formando un pequeño charco en el suelo. Treinta niños de nueve
años escuchaban en silencio a su profesora, curiosos al ver a la niña que acababa de
entrar con ella en la clase.
- Me estoy mojando - dijo muy bajito Vicky, cuya mesa se encontraba justo debajo del
cristal roto.
- Calla que no oigo nada - dijo Yaiza - ¿Cómo se llama?
- ¿Quién? - preguntó Vicky que siempre andaba en las nubes.
- Ana, me parece - contestó Carmen en un susurro.
La niña en cuestión se mantenía al lado de la profesora con semblante serio y mirando
fijamente a la clase. Yaiza no le quitaba ojo, su pelo negro le parecía el más largo
que hubiera visto nunca, pero lo que más le llamaba la atención eran sus ojos, al ser
azules ya no sería la única niña con ojos claros. Sus verdes ojos habían sido objeto de
burla en más de una ocasión.
- Me moriría de vergüenza si estuviera ahí de pie - dijo Yaiza.
- Yo también - le contestó Carmen.
- ¡Qué tontería! - Vicky no sabía lo que era la vergüenza ni la timidez, su carácter
alegre la salvaba de esas situaciones tan comprometidas - ¿Dónde creen que se sentará?
- No lo sé, no veo un sitio libre - Yaiza miraba a su alrededor.
La profesora había terminado su presentación y le indicaba dónde se podía sentar a la
nueva alumna. Las tres amigas no le quitaban ojo al igual que el resto de los niños de
la clase. Finalmente, Ana se sentó justo detrás de Yaiza, ni por un momento bajó la
mirada y en la expresión de su cara no existía ningún atisbo de timidez. Si estaba
nerviosa lo disimulaba muy bien.
En un momento en que la profesora buscaba algo en el interior de una de las gavetas de
su mesa, Vicky aprovechó para saludar a la recién llegada.
- Hola, me llamo Vicky. ¿Cómo te llamas tú?
- Ana.
- Hola, yo soy Yaiza y esta es Carmen.
- ¿De qué color son tus ojos? - le preguntó por sorpresa Ana que la miraba fijamente.
- No lo sé - contestó Yaiza tímidamente.
- Sí lo sabes, tonta, son verdes como los gatos, tiene ojos de gata - dijo Vicky
riéndose.
Yaiza bajó la cabeza y miró al suelo. A ella le encantaban los gatos pero no le gustaba
nada esa forma de llamarla.
- Los gatos tienen unos ojos preciosos y los tuyos también lo son. Además con ellos
pueden ver en la oscuridad.
- ¿Tú ves en la oscuridad, Yai? - preguntó Carmen a una Yaiza cuyo rostro estaba de un
rojo intenso.
- No, ¿cómo voy a ver en la oscuridad?, ¿estás tonta?
- Claro que puedes - dijo Ana - Yo, sí puedo.
- Eso no es verdad - dijo Vicky volviéndose hacia delante pues la profesora continuaba
con la clase.
- Sí que puedo y tú también - Ana miraba fijamente a Yaiza y en su cara se dibujaba
una gran sonrisa que la propia Yaiza le devolvió.
Esa fue la primera vez que Ana la defendió. Desde ese día se hicieron inseparables hasta
el punto que las otras niñas las dejaban solas, todas salvo Carmen y Vicky que de vez
en cuando se unían a los juegos de ellas dos. Ana era fuerte y se hacía respetar y
también hacía que respetasen a Yaiza. Ya nadie se metía con el color de sus ojos ni con
su pelo rubio, el único de toda la clase.
Ambas era muy activas y se aburrían con los juegos típicos de las niñas. Lo de ellas
era correr y jugar al fútbol con los demás niños, de ahí el sobrenombre de "las
machonas" que no tardaron en ponerles, pero eso sí, nadie lo repetía si Ana estaba
cerca. Sólo una vez Ana tuvo que pegar a alguien por ella.
Yaiza fue muy precoz y su desarrollo se produjo antes que a las demás. Los senos le
habían crecido deprisa para sólo tener nueve años y andaba siempre encorvada en un
intento por disimularlos. Pero su esfuerzo era inútil y acababa siendo el centro de
atención. Aquella tarde le estaba resultando muy dura, sentía molestias en la barriga
pues tenía su primera regla y los niños no dejaban de meterse con ella por sus senos.
Sobre todo uno en particular: Iván.
- ¡Eh, Yaiza!. ¡Las tienes más grandes que mi madre! - todos los niños la miraban
riéndose con el comentario de Iván.
Su timidez le impedía contestar y prefería callarse y apartarse hasta que se cansaran y
la dejaran tranquila.
- ¡Déjala en paz, Iván! - le gritó Ana cuyo enfado era cada vez más latente. Sólo tenía
nueve años pero su genio no pasaba desapercibido para nadie.
- Ya saltó, la defensora. ¡Déjame en paz, Ana! - le gritó a su vez Iván - Oye, ¿te
deja tocárselas?
- Como no te calles te vas a arrepentir.
- No sabes que miedo me das. ¡Una niña me va a pegar, que horror!
Dicho esto se acercó a la niña rubia con la única intención de tocarla pero el puñetazo
que recibió se lo impidió, calló al suelo llevándose la mano a la cara y llorando como
un bebé.
- ¿Te gustó? - le preguntó Ana con aire triunfal - ¿quién es la niña ahora, eh?
Aquello le valió a Ana y a Iván un par de semanas de castigo después de clase. Pero Ana
se sentía orgullosa de si misma y de haber sido capaz de ayudar a su amiga. Yaiza se lo
agradecía cada día regalándole barritas de regaliz negra que tanto le gustaban.
- Gracias, Ana, yo no hubiese hecho nada de no estar tu allí.
- Yaiza, no puedes ser así, tienes que defenderte.
Siempre era la misma conversación pero Yaiza era incapaz de pegar a nadie ni de gritar
a nadie. La siguiente de la clase en desarrollarse fue, precisamente, Ana. Pero ningún
chico entonces fue capaz de meterse con ella ni con ninguna de las que le siguieron.
Hoy
¡Ajá!, aquí está otra vez la pareja de ancianos. Tienen a las gaviotas alborotadas,
siempre vienen a la misma hora y les falta tiempo para venir volando a los pies del
viejo.
- ¡Eh, oye tú!, ¡Deja comer a las demás!... ¡Sí, tú, que ya nos vamos conociendo! -
el anciano les hablaba como si se de personas se tratasen.
- ¿Qué te parece? - me preguntó - Siempre es la misma... es una abusona.
- Abusa por su tamaño, parece mucho mayor que las demás - contesté - Yo que usted no
le daba nada.
- Tiene razón la joven - replicó la anciana mujer que acababa de desplegar su silla y
se disponía a dirigir, bien sentadita, toda la operación de su marido - ... mira esa de
ahí, que flaquita está... Paco, dale pan a esa... no, no, a esa de la derecha...
Les sonreí y me despedí siguiendo mi camino. Efectivamente había más gente pero se podía
caminar cómodamente, al fin y al cabo no llegaba ni a la mitad que siempre ocupaba la
playa en verano. La mayoría eran parejas que preferían acostarse en la arena o darse un
baño rápido, las parejas mayores prefieren caminar por la blanca arena.
La orilla es mi lugar favorito donde el mar te va refrescando los pies a cada paso. Es
romántico, si tuviera con quien compartirlo, claro. Si lo pienso bien, existen muchos
momentos y situaciones románticas que no lo son menos por no tener a alguien a tu lado:
una puesta de sol, pasear descalza por la playa, un bonito paisaje...
Cuando llevas tanto tiempo viniendo a la misma playa y a la misma hora, acabas por
conocer a la gente. Normalmente siempre estamos los mismos. Está el matrimonio rubio
con su hijo de cinco años, aún más rubio, y que les obliga a pararse a cada momento
fascinado por algo que ha encontrado en la arena o por algún pez que pasa fugazmente
por la orilla. También está esa chica de melena rizada que babea cada vez que ese alto
con gafas pasa corriendo a su lado. Se nota que no sabe hacia dónde mirar y después se
da la vuelta tímidamente para verlo mejor.
Me acuerdo de Ana, una vez más. Estaba fantástica con aquel bikini rojo, aunque a mis
ojos ya podía ser violeta con lunares verdes brillantes que siempre me parecería guapa.
No recuerdo el momento en que empecé a mirarla de otra manera. A dejar de ver sólo a
una amiga para fijarme en la mujer, lo que llevaba puesto y como le quedaba, lo que
estaba haciendo en cada momento y quien era el afortunado con quien compartía su tiempo.
No sé cuál fue el momento pero sí sé que empecé a ser consciente de mis sentimientos a
los 13 años y ella también lo fue. Se dice que a esa edad aún no te has definido
sexualmente pero yo lo tenía claro, por una vez tenía algo claro.
Pasado
Esperaban en silencio a que el semáforo cambiara de color para seguir su camino. Desde
que habían salido del colegio apenas habían intercambiado algunas palabras y eso era
demasiado raro entre las dos como para dejarlo pasar sin más. Algunas veces cada una se
sumía en sus propios pensamientos pero en esta ocasión el silencio era demasiado
incómodo.
Desde hacía años siempre subían juntas hasta el cine Víctor dónde se despedían y cada
una seguía su propio rumbo. Ana de frente y Yaiza hacia la izquierda, pero esta vez era
diferente. Los sentimientos que ambas empezaban a experimentar desde hacía ya algún
tiempo empezaban a ser una pesada carga y ninguna de las dos sabía como aliviar sus
mentes ni sus corazones.
Aquella tarde en clase de matemáticas, esos sentimientos pudieron con Yaiza. Sin poder
evitarlo y por un momento que pareció eterno, se quedó mirando fijamente a Ana. Su
forma de verla era distinta, le parecía la chica más guapa que había conocido nunca y
no dejaba de pensar en ella, no se le iba de la cabeza. Esta se dio cuenta y levantó la
vista, sus miradas se cruzaron durante segundos en los cuales el tiempo pareció
detenerse. Ninguna podía apartarse de la otra, hasta que el profesor le hizo una
pregunta a Ana y volvieron bruscamente a la realidad.
Mientras subían por la calle principal, Yaiza no dejaba de pensar en ese momento. Estaba
enfadada consigo misma por haber sido tan obvia, Ana no era tonta y seguro que se
preguntaba a qué venía todo aquello. Llevaba un tiempo comportándose de forma rara con
ella y ha tenido que notarlo, seguro. Se quedaba mirándola cuando esta no se daba
cuenta e incluso soñaba con ella. La semana pasada Ana le prestó una bolígrafo y sin
darse cuenta lo guardó en su mochila al final de la clase, cuando lo sacó ya en su casa,
lo apretó en su mano y no lo soltó ni para dormir. Ana había tocado aquel bolígrafo y
era como estar tocándola a ella, sabía que era una total estupidez pero no podía ni
quería evitarlo.
Necesitaba verla, estar cerca de ella, saber que hacía, con quien estaba, si necesitaba
su ayuda para algo, lo que fuera. En su interior sabía que se estaba enamorando pero su
mente no lo admitía. Era su mejor amiga, por dios, era una chica. ¿Cómo es posible que
sintiera eso?, no es normal, ¿cómo podía querer besar a una chica?. Todo esto era una
locura y tenía que olvidarse de ella como fuera, tenía que fijarse en algún chico,
quitarse aquellas ideas como fuese. De repente, Ana dijo algo que la paralizó por
completo y la sacó de golpe de sus pensamientos.
- Yaiza... ¿tú me quieres?
La mente de la rubia iba a cien por hora. ¿Había escuchado bien?, sí, lo había entendido
perfectamente, pero, ¿a qué se refería?. Seguro que se refiere si la quiero como amiga,
eso debe ser, pero ¿y si le digo que sí y cree que me refiero a otra cosa?, descubrirá
todo lo que siento. Ella no puede saberlo, ¿y si se lo dice a alguien?, a la clase, a
mis amigas o a mis padres. No puede ser.
- ¿Cómo qué si te quiero? - preguntó Yaiza con voz temblorosa.
- Sí, eso... que si me quieres. - Ana la miró fijamente.
Sólo podía decir que sí, quería gritar que sí, pero ¿cómo hacerlo?. Ella no podía
sentir lo mismo, era un disparate, perdería su amistad y eso no podría soportarlo,
nunca se lo perdonaría.
- Bueno... bueno, si no me vas a contestar... dejémoslo así. - dijo Ana un tanto
decepcionada.
Presente
Y así lo dejamos. No pude decirle nada, no podía mentirle ni decirle la verdad, preferí
callar. Ahora, 17 años después, lo pienso y me río, pero con tristeza. Ojalá algún día
me volviese a preguntar lo mismo, ahora sería muy diferente. ¿Cómo pude llegar a pensar
que se burlaría de mí?, ¿qué se lo diría a todo el colegio?, supongo que fueron los
nervios. Ella jamás hubiera hecho algo así, aún sin sentir lo mismo que yo me hubiera
abrazado y me hubiera ayudado en todo. Era mi mejor amiga y aún lo es, después de
tantos años sin verla, sigo sintiéndolo así. Si ahora necesitase mi ayuda se la daría
sin pensarlo, y no por lo enamorada que sigo estando de ella, sino por la amistad que
siempre nos ha unido.
*****
Definitivamente esto no tiene nada que ver con Suecia. Ya no me acordaba de lo bien que
se está en casa y de lo calentita que es esta isla incluso en pleno mes de noviembre...
¡¡Pero si estoy en manga corta caminando por el centro de la ciudad!! Tengo que
comprarme algo de ropa, después de seis años todo lo que tengo es demasiado abrigado
para estar aquí.
Vaya, si estoy en la calle del colegio, míralo, ahí está. Que pequeño me parece ahora y
eso que lo han ampliado. Pasé muy buenos ratos por aquí, ¿qué será de todos los de la
clase?, de algunos hace tiempo que no sé nada. A través de mi hermano pequeño he sabido
de aquellos que siguen en contacto con el colegio y del resto he sabido a través de
Vicky. Por cierto, tengo que llamarla.
Pero ni siquiera ella me ha sabido decir nada de Yaiza, desde la última vez que nos
vimos para cenar las cuatro de siempre. Reunión de antiguas amigas de colegio aunque
para mí fue mucho más que eso, fue la confirmación de que lo que sentía y siento por
ella sigue vivo. Estuvo dormido durante años pero al volver a verla despertó de golpe y
más fuerte que nunca.
¡Dios mío, estaba guapísima!, ¡Mejor que nunca!, con la edad mejoró y tanto que mejoró.
La recuerdo cuando estaba en el colegio, aquella niña rubita, bajita, gordita, con acné
por toda la cara que la traía de cabeza, aparatos en los dientes... ahora que lo pienso
no sé como pude fijarme en ella entonces. Supongo que fueron sus ojos, fue lo primero en
que me fijé cuando me senté detrás de ella en mi primer día.
Recuerdo ese día perfectamente, estaba muy nerviosa y no sabía dónde mirar. Cuando la
profesora me señaló mi sitio, vi esos dos ojazos verdes que me miraban fijamente pero
sin querer intimidarme, sino con amabilidad y con esa bondad que la caracteriza y que
siempre ha transmitido en su mirada. Y sentí alivio, supe entonces que no estaba sola y
lo he sabido siempre.
¿Cómo hemos podido perder el contacto así?, tampoco hice mucho por mantenerlo. De alguna
manera quería ver si podía olvidarla y seguir con mi vida, pero sé que no puedo. Al
menos así no, con esta incertidumbre, sin saber lo que ella siente, sin saber qué fue lo
que realmente pasó aquella noche. ¡¡Dios mío!!, seguro que a estas alturas estará casada
y esperando su segundo hijo o algo así.
*****
¡Ay!, tengo los pies hechos polvo, esto es justo el lado menos romántico y que nadie
menciona de caminar por la arena, aunque sea tan fina como esta. Cuando llevas un par
de horas, el roce de la arena mojada te acaba arañando tanto la planta del pié que se
acaban formando bolsas... ¿¿o es qué sólo me pasa a mí?? Ayer estuve más de tres horas
caminando y eso me ha debido de pasar factura. Sólo así podía dejar de pensar, acabaré
volviéndome loca como siga así. Durante estos años siempre, de una manera o de otra, me
he acordado de ella, pero en esta última semana ha empezado a ser una obsesión.
Ayer mismo en cuanto llegué a mi casa, ya de noche, busqué las antiguas fotos del
colegio y encontré aquellas de cuando nos fuimos de viaje de fin de curso a Lanzarote.
Estábamos en octavo y teníamos trece años. Recuerdo que nos tocó un pequeño bungalow y
en él nos quedamos Vicky, Carmen, Ana y yo. A Vicky la vi la semana pasada caminando por
la playa con su novio. Está como siempre, alegre y alegadora y con esa larga melena
rizada que ha llevado desde niña.
Pasado
- ¡Chicas nos ha tocado el mejor bungalow! - gritó entusiasmada Vicky - ¡Joder, como
lo vamos a pasar!
- ¡Tenemos una piscina ahí delante! - gritó Ana.
- Tengo que ver eso - dijo Carmen que inmediatamente salió al patio seguidas por tres
chicas de trece años completamente emocionadas.
El viaje en barco había durado ocho largas horas. El mar se movía bruscamente y el barco
le acompañaba haciendo que cada una se quedase quieta en su respectiva cama en el
interior del camarote. Lo mejor que se podía hacer era dormir y todas lo hacían excepto
Ana, ella estaba acostumbrada a navegar y era muy raro que se sintiese mareada.
En cuanto todas se quedaron dormidas salió del camarote rumbo a la parte más alta del
barco, abrió la puerta empujando duramente pues el viento soplaba con fuerza. La
ausencia de luna era la causante de la oscuridad total que la rodeaba, se sentó en el
único banco que el mar no había conseguido mojar, pues el oleaje era tan grande que
alguna ola conseguía alcanzar parte de la cubierta. Aquello le servía para evadirse y
pensar un poco, ya había pasado la medianoche y no tardaría en ir a dormir con las
demás.
Su amistad con Yaiza seguía siendo la misma pero algo cambió desde el momento en que
decidió hacerle aquella fatídica pregunta. "Qué si me quería, ¿cómo pude preguntarle
eso?" - pensó - "De milagro me sigue hablando, fue una estupidez, pude haberla asustado.
Pero es que en clase me miró de una manera que parecía... no sé, serían imaginaciones
mías. Tengo que olvidarme de todo esto y disfrutar de este viaje. Y punto".
Sabía que era algo difícil, sólo unos minutos atrás se había sorprendido a si misma
mirando fijamente a Yaiza mientras se cambiaba la ropa y se ponía el pijama. Todas
hacían lo mismo salvo ella, pero sus ojos sólo podían mirar a la rubia, soltó su larga
melena y Ana se moría por poder acariciarla y enredar sus dedos en él. Tenía la cara con
acné y aparatos en los dientes desde hacía dos años pero nada de eso le importaba, su
sonrisa era suficiente para no pensar en nada más. Deseaba abrazarla, sentirla, su
corazón le pertenecía pero ella no sabía nada de eso y no podía saberlo. Un ligero
codazo de Vicky le hizo darse cuenta de la situación y desvió rápidamente la mirada
hacia su amiga que sonría pícaramente. ¿Sabría algo Vicky de todo esto?, no, no puedo
ser tan transparente, ¿o sí?.
Sentada en el banco se juró a si misma no volver a pensar en Yaiza. Iban a ser unas
buenas vacaciones con toda la clase, iban a compartir un bungalow y se iban a divertir
como nunca. Eso era lo importante.
David no tardó en aparecer en escena, era el chico más guapo del colegio y todas
estaban locas por él. Todas salvo las dos amigas. Sin embargo, él no sabía nada de esto
y estaba decidido en ir a por Ana, quién le tenía loco desde hacía algún tiempo.
- ¿Qué, Ana?, nos damos un chapuzón - dijo mirándola fijamente con aire de triunfador.
- Quizás más tarde, ahora tenemos que poner orden, ¿verdad chicas? - dijo dando media
vuelta y entrando en la casa.
- Verdad - dijo Yaiza siguiéndola de cerca.
La piscina no era muy grande pero lo suficiente para refrescarse y para atraer a todos
los de la clase. El único bungalow que tenía piscina era el de ellas, así que no les
quedaba más remedio que aguantar a todo el mundo gritando y mojándose frente a ellas.
La verdad tampoco es que tuvieran mucha objeción al respecto, eran el centro de atención
y a qué grupo de chicas con trece años no les gusta eso.
Los dos días siguientes los dedicaron a excursiones por la isla, ninguno había estado
nunca en Lanzarote y se quedaron asombrados con el paisaje y con los lugares que
visitaron: los jameos del agua, la cueva de los verdes, etc... El trayecto en la guagua
era lo mejor con todo el mundo alborotado.
Un detalle no se le escapaba a Yaiza y ese era David. Llevaba todas las vacaciones
pegada a Ana, no la dejaba ni a sol ni a sombra, lo peor era que ese echo no parecía
disgustar demasiado a Ana.
Nada más lejos de la realidad porque Ana comenzaba a estar un poco cansada de tanta
persecución, y al subirse a la guagua ya de vuelta al bungalow, vio su oportunidad al
comprobar un sitio vacío al lado de Yaiza. Sin dudarlo fue hacía ella dejando a un David
algo decepcionado que acabó sentándose al fondo.
- Hola Yaiza.
- Hola - se sorprendió al verla allí de pie y le sonrió mientras miraba alrededor.
- Tranquila, David se ha sentado al fondo, entre tu y yo es un pesado.
- ¿Ah, sí?, no lo parece - Yaiza se sorprendió a si misma pues su tono de voz había
sido un tanto brusco e intentó disimular. - ¿Quieres sentarte junto a la ventana?, sé
que te gusta - le sonrió.
- Pues sí, gracias - y contenta se sentó mirando hacia afuera - David siempre se
sienta junto a la ventana así que no puedo ver nada.
- Estamos un poco alejadas del resto, están todos ahí detrás - dijo Yaiza que se había
incorporado comprobando la situación.
- Mejor - Ana se volvió rápidamente hacia la ventana al darse cuenta de lo que había
dicho.
- Bueno, sí, estamos más tranquilas.
El resto del viaje resultó ser más tranquilo de lo que esperaba, la gente parecía
cansada y aprovechaban para dormir un poco. Yaiza sólo podía pensar en la cercanía del
cuerpo de Ana. Sin aviso y, de repente, sintió la cabeza de Ana apoyarse en su hombro,
se quedó quieta sin saber como reaccionar.
- ¿Te molesto? - preguntó Ana.
- No, tranquila, ¿estás cansada?
- Un poco.
Las dos comenzaban a acostumbrarse a sentir la cercanía de la otra y decidieron que
estaban a gusto. Ana cogió la mano de Yaiza sin pensar, cuando se dio cuenta intentó
quitarla pero Yaiza la apretó con suavidad tranquilizándola.
- ¿Estás cómoda? - le preguntó dulcemente.
- La verdad, he estado en hombros más cómodos - levantó un poco la cabeza para volver
a apoyarla como si se tratase de una almohada.
- ¿Ah sí?, ¿es qué tiene alguna queja la señorita?
- No, ninguna. Estoy bastante bien, a decir verdad.
- Lo sé.
Ambas se quedaron en silencio al darse cuenta del significado de las frases que acababan
de decir. Ninguna se atrevía a mover un músculo pero la guagua decidió por ellas y
frenó, acababan de llegar a los apartamentos. En un segundo se presentó David que llamó
a Ana como despertándola.
- Arriba todo el mundo, que ya hemos llegado - dijo - Yaiza suéltala ya.
Las dos se levantaron de golpe, soltándose las manos. Yaiza miró a Ana y esta le
devolvió la mirada con la sonrisa más dulce que había visto en su vida. El corazón le
dio un vuelco y la sonrió a su vez, algo acababa de pasar y ninguna de las dos era capaz
de admitirlo.
Presente
- ¿Vicky?
- Sí, ¿quién es? - la voz en el teléfono era conocida pero no acababa de ubicarla.
- ¿No me reconoces?... soy yo, Ana.
- ¡¡Aaaanaa!!, pero ¿cuánto tiempo?, ¿dónde estás?, ¿en Austria?, ¿Suecia?... ¡¡Pero
cómo se te ocurre llamar desde tan lejos, debe salirte carísimo!!, ¿cuándo vas a volver?
- ¡Vicky!... no, ¡Oye!... ¡Vicky, por dios!, respira un poco.
- Perdona, ya sabes cómo soy, no me puedo controlar, ¿cómo va todo?, ¡Qué ganas tengo
de verte!, ¿sigues con tu novio austríaco?
- Vamos por partes, ¿vale?, no estoy en Austria ni en Suecia, estoy en mi casa y
llegué el sábado, además...
- ¿El sábado?, ¡Pero si hoy es miércoles!, ¿cómo has tardado tanto en llamarme?. Llevo
sin saber de ti, ¿cuánto?, un montonazo de tiempo, seguro que ya has llamado a todo el
mundo y soy el último mono, ¿verdad?
- Pero muchacha, tú no cambiarás nunca, ¿no?
- Pues de hecho si voy a cambiar, ¿sabes?, al menos de estado civil, me caso en
febrero con David.
- Vaya, eso sí que es una sorpresa. ¿En febrero?, extraño mes, ¿tú no decías siempre
que te ibas a casar en junio, que era el mes ideal por no sé qué y no sé cuánto?
- También decía que David era un imbécil que no sabía como lo podían aguantar sus
novias y aquí me tienes, enamoradita de él.
- Has sabido mantenerlo a raya, ¿eh?, me consta que te quiere muchísimo.
- ¿Te consta?, ¿por qué te consta?
- Por nada, mujer. Es que... me lo encontré... el lunes por la calle y hablamos un
rato...
- ¡¿Qué?!, ¿él sabía que andabas por aquí y no me dijo nada?
- Tranquila, no lo mates. Yo le dije que no te dijera nada, quería darte una sorpresa.
- Y me la has dado, vaya que si me la has dado. Está de más decirte que pase lo que
pase te quiero aquí el 14 de febrero.
- ¿El 14 de febrero?, siempre has sido una cursi.
- ¡¡Oye, cuidadito con lo que dices!! Te diría que fueses mi madrina pero mi hermana
no me volvería a dirigir la palabra si no se lo pidiese a ella, ¿sabes?
- Lo sé, conozco a tu hermana.
- Hablando de amores... - el tono de Vicky cambió, ahora era algo más burlón - ¿sabes
a quién me vi la semana pasada en la playa caminando solita?
- Ni idea - su corazón se paró por un segundo.
- A nuestra querida Yaiza y está fantástica, ¿sabes?. Ha conseguido tener un cuerpazo
y yo diría que hace ejercicio a diario. Tiene ahora el pelo corto, siempre me ha gustado
su pelo, es un rubio precioso y le pega maravillosamente con esos ojazos verdes. Cuando
le da el sol es como si brillase, parece una santa, está guapísima. Hablé un rato con
ella, está trabajando de profesora, con niños pequeños y le va genial... oye, ¿estas ahí?
- preguntó con tono inocente.
- Sí, sí... aquí sigo - no lograba articular palabra y el corazón se despertó,
sintiéndolo con fuerza en su pecho, desde el primer instante en que escuchó su nombre.
- Pues sí, te decía... - la sonrisa en los labios de Vicky era innegable aunque no
pudiera verla - aparte de eso, sigue siendo la Yaiza dulce que tanto queremos. Alegre,
cariñosa, ¿sabes qué?, me dijo que iba todas las tardes a la playa.
- ¡¡Vicky!!
- ¿Qué?, ¿me vas a decir que no tienes ganas de verla?, ¡¡Anda, miénteme si te atreves!!
- Me conoces más que mi madre... y, ¿te fijaste si estaba con alguien?
- Veamos, no sé, ¿me fijé o no me fijé?... ¿me fijé o no me fijé?
- Vicky, ¿quieres matarme, verdad?
- Noooo, para eso usaría las manos, cariño. No estaba con nadie, y no, no tiene novio,
ni está casada. No sé como dos personas tan inteligentes pueden llegar a ser tan
estúpidas.
- ¿A qué te refieres?
- Oye, ¿quién va a pagar esta factura?
- Tú no te preocupes por eso y dime a qué te refieres, pesada.
- Sé bien lo que tú sientes por ella y también sé lo que ella siente por ti, esas cosas
se notan. Si no, dime: ¿qué pasó con tu novio?, ¿por qué de repente estas aquí otra vez?
- Nunca he tenido novio en realidad, aquello fue un error - pensó un momento - Oye,
¿qué has dicho?
- He dicho muchas cosas, siempre digo muchas cosas, ¿sabes?, no paro de hablar.
- Ya, créeme que lo sé, me refiero a eso que has dicho de lo que ella siente por mí.
- Pues eso, es lo que he dicho.
- ¿Me estás ocultando algo?
- ¡Pero qué dices!. Tengo ojos en la cara y después de lo que me contaste aquella vez,
de lo que sentías y todo eso, me fijé en ella y me pareció ver lo mismo, eso es todo.
- Pues no sabes lo equivocada que estás, creo que no siente lo mismo.
- ¿Y cómo lo sabes?
- Es una historia larga pero créeme, no lo siente.
- ¿Por qué has vuelto, Ana?, no es que no quiera que estés aquí, me alegra que estés
pero no has venido sólo por mí o por la familia, ¿verdad?
- Necesito aclarar las cosas con ella, Vicky, no puedo vivir así sin saber lo que hay
realmente. No me importa que no sienta nada pero necesito saberlo para seguir con mi
vida.
- Me alegra escuchar eso, de verdad, no sabes cuánto. Oye cuando hables con ella
recuerda que lo siento mucho - dijo con pena en su voz.
- ¿Qué sientes, Vicky? - preguntó sorprendida.
- No haber hablado contigo entonces, creí que era cosa vuestra. Salió corriendo... fui
una imbécil y quizás están así por mi culpa. Perdóname.
- Pero, ¿de qué estás hablando?
- ¿Te he dicho que va todas las tardes a la playa?
- No me cambies de tema, ¿a qué te refieres?
- Pues sí, va a la playa todas las tardes. Oye, ¿cuándo nos vemos?, tenemos que quedar
las cuatro otra vez - dijo Vicky evitando el tema. - Hace poco vi a Carmen y estaba
embarazada, debe estar de unos siete meses. Me preguntó por ti y por Yaiza. ¿Cuándo te
vas?
- No depende de mí, pero te prometo que quedaremos las cuatro... vaya, si todo va bien...
- decidió no preguntarle más.
- Todo va a ir bien, tontilla. ¿Vas a verla?
- No lo sé, ya lo sabrás.
- Asquerosa, ahora me dejas en ascuas como siempre.
- Adiós Vickylla.
- Adiós Anita.
*****
"Sé que el tiempo ha pasado
que ya nada es igual
que los días se escapan
y no vuelven más.
Tantas veces te fuiste
y te vi regresar
fue como una marea
que viene y que va.
Pero son tus gestos
lo que he aprendido a amar
....o acaricias mis cabellos
me desarmas me haces decir
que tú ahora estás ahí
que tú ahora estás aquí"
Siento envidia al ver pasear a las parejas de ancianos cogidos de la mano. No sé si yo
llegaré a esa edad y si alguien estará a mi lado, o si podré pasear con mi mujer por la
playa sin aguantar miradas acusadoras. Estar como aquella pareja abrazados y apoyados
en el tronco de la palmera. Anda, pues no, debería decir abrazadas, vaya, son dos
mujeres. Eso sí que es raro, parece mentira pero incluso a mí me choca. A mí, que
desearía estar exactamente igual con cierta morena bañándome en ese mar que son sus
ojos. ¡Pero que cursi me pongo a veces!, menos mal que no me escucha nadie, sólo yo
tengo que soportarme.
Esto tiene que acabar o me volveré loca, ¡Cómo pude comportarme así! Ahora debe estar
en Suecia tranquilamente con su novio, pensando en qué regalarle por Navidad, y ni
siquiera se acordará de mí, salvo cuando le cuente las batallitas del colegio. Muchas
veces le he ayudado a elegir sus regalos de Navidad, como la última vez que la vi.
Habíamos quedado las cuatro de siempre para cenar y al despedirnos decidimos caminar
nosotras dos solas, exactamente igual que hacíamos en el colegio. Sólo que esta vez ella
se ofreció a acompañarme a mi casa, yo no hacía mas que hablar, ahora mismo no recuerdo
que tanto tenía que contarle, sólo quería hablar para no pensar demasiado en la
situación. Y, de repente, me vi invitándola a un concierto que había al día siguiente.
El concierto estuvo bien pero yo sólo tenía ojos para ella, su figura había mejorado
muchísimo. Era mucho más femenina pero seguía viéndose igual de fuerte como cuando me
defendía en el colegio.
Pasamos la semana comprando regalos y la invité a pasar el fin de año en casa de unos
amigos, que organizaban una fiesta. Aquella vez creí que mi suerte había cambiado por
fin, que ella sentía lo mismo que yo, pero todo fue una absurda ilusión. Sólo eso.
Pasado
- ¿Yaiza? - la voz de Ana sonaba al otro lado del teléfono.
- Sí, soy yo Ana, ¿vas a ir, verdad? - su cara se tornó seria al pensar que podía
haber cambiado de opinión.
- Sí, claro que voy, me da vergüenza preguntarte esto pero es que no sé que ponerme.
- Seguro que estarás bien con cualquier cosa. - "¿Pero qué estas diciendo Yaiza?. Dí
algo no te quedes callada." - Quiero decir que no vamos a ir de etiqueta ni nada de eso,
tú ponte unos vaqueros y una camiseta que vas bien.
- Vale, mejor así, ¿a qué hora quedamos?
- Yo pensaba ir un poco antes para ayudar a Eva, no va a ser una gran cena, cada uno
llevará algo. Pero habrá que organizarlo un poco, preparar las uvas, esas cosas. Más o
menos sobre las 18:00, la gente empezará a llegar a las 22:00 como siempre.
- Me parece bien, así los voy conociendo, no conozco a nadie de los que van.
- Me conoces a mí - Se hizo un silencio entre las dos que empezaba a ser habitual en
sus conversaciones de la última semana - Pero... no vamos a ser muchos, mucha gente se
ha rajado en el último momento.
- Suele pasar - otro silencio - ¿Qué ha dicho tu madre?, ¿no se ha molestado por qué
no pases con ellos el fin de año?
- Un poco pero no pasa nada - "Solo me tiró dos gritos que me dejaron sorda pero por
pasarlo contigo lo que sea" - ¿Y tu familia?, para una vez que vienes.
- No, ya sabes que ellos no son muy detallistas ni muy familiares, mientras sepan que
estoy bien y hable con ellos de vez en cuando todo va bien. - "Uf, tenías que haber
visto la cara de mi madre".
- Vale, pues te recojo a las 17:30 en la esquina de siempre.
- ¿En la esquina de siempre?, suena un poco feo eso, ¿no?
- Sólo si te pones minifalda, medias de rejilla y giras el bolso sin parar.
- Podría sacarme un dinerillo extra pa' estas fiestas.
- Hasta luego, Ana.
- Hasta luego.
La fiesta era en una casa solitaria en el monte, en el exterior habrían unos 2 grados
pero dentro la calefacción hacía que pudieses estar en camiseta. Llevaban toda la tarde
organizando la cena, Ana siempre fue muy sociable mientras que para Yaiza significaba
un esfuerzo conocer a alguien nuevo. No era este el caso pues conocía bien a las 15
personas que ocupaban el salón central de la casa.
Vicky se encontraba entre los invitados y se alegró al verlas. Ninguna de las dos le
dijo nada pues querían darle una sorpresa, conocía a Eva la dueña de la casa y llegó al
mismo tiempo que ellas. Ana se encontraba en el salón hablando con dos tíos mientras
que Eva, Vicky y Yaiza estaban en la cocina terminando de preparar unos canapés.
- ¡Qué alegría de verlas aquí!, ¡No me habían dicho nada de que venían! - exclamó por
enécima vez Vicky.
- Queríamos darte una sorpresa, cacho perra - dijo Yaiza.
- ¿Se han fijado la cantidad de bebidas que tenemos?, hay como tres botellas por
persona y de todo - dijo Eva.
- Creo, no sé porqué, que Yaiza ya ha empezado a catarlo, ¿verdad?
- No, que va... bueno, un poquito sí.
- ¡Un poquito!, ¡Jamás te he oído llamar cacho perra a nadie!, ¡Nunca has dicho una
palabrota en tu vida! - Vicky se rió - Creo que lo vamos a pasar muy bien.
- Voy al cuarto de fuera a ver si encuentro por allí un sacacorchos en condiciones -
dijo Eva soltando el que llevaba en la mano sobre la mesa - Este es una mierda.
Vicky vio la oportunidad de intentar sacarle algo a Yaiza. Hacía tiempo que Ana le
confesó sus verdaderos sentimientos hacia ella pero no sabía nada acerca de lo que Yaiza
podía sentir o pensar al respecto. Definitivamente no podía dejar pasar este momento.
- ¿Cómo qué Ana anda por aquí? - le preguntó inocente.
- La invité - contestó Yaiza escuetamente.
- ¿Consiguieron encontrar el regalo para su hermano?, me dijo que salieron el otro día
juntas a buscarlo.
- Sí, pero mira que me costó. Me vuelve loca cuando salimos de compras, nunca se
aclara y al final termino yo haciendo todo el trabajo - cogió la botella de vino que
habían empezado y se sirvió en su vaso. - ¿Quieres?
- ¿Tan pronto?
- Son las nueve, venga mujer un traguillo.
- Bueno, ponme pero sólo un poco que no he comido nada, ¿qué te pasa hoy?, ¡¡Quién te
ha visto y quien te ve!!, es que ¿te ha dejado tu novio? - comienza la batalla.
- ¿Novio, qué novio?... - preguntó, terminando el vino que se acababa de poner.
- ¿Es qué te vas a poner más?
- ¿Quieres?
- No, ¿has comido algo?
- Llevo picando toda la tarde entre canapé y canapé, aunque empiezo a estar algo
mareada - dijo mirando a su alrededor.
- No me extraña, hija. Y digo yo que alguno habrás tenido - primer disparo.
- ¿Algún qué?
- Algún novio, me refiero.
- No.
- ¿No?, ¿nada de nada? - en la cara de Vicky se dibujó una sonrisa - y, ¿por qué?.
Yaiza la miró fijamente, el vino debía de estar afectándola porque deseaba sincerarse
con ella. Nunca había hablado con nadie del tema y Vicky sabía guardar un secreto
aunque no parase de hablar, se conocían desde siempre.
- Oye, ¿si te cuento algo... tú no lo dirás, verdad? - le preguntó mirándola fijamente.
- Claro que no, y lo sabes - le contestó Vicky expectante.
- Estoy enamorada de una persona.
- ¿Enamorada?, ¿de quién?
- Es... es, prométeme que no te enfadarás conmigo ni me mirarás rara, ¿vale?
- Que sí, mujer - la cogió de la mano para animarla.
- Precisamente.
- Precisamente, ¿qué?
- Que es una mujer - Yaiza miraba al suelo sin atreverse a levantar la vista hasta que
Vicky comenzó a reírse y la miró extrañada - ¿de qué te ríes?
- De nada, siempre he sabido que no te atraían los hombres. Era imposible que de tantos
que te tiraban los tejos no te gustase ninguno, echarías por tierra la teoría de la
probabilidad. Y, ahora, ¿me vas a decir quién es?
- Eso no es tan fácil - Yaiza se bebió su cuarto vaso de vino desde que se habían
sentado a hablar - Vale, es...
- Por fin, he encontrado uno decente - dijo Eva que acababa de entrar haciendo que las
dos mujeres brincaran del susto - Tranquilas, que soy yo, ¿he interrumpido algo?
- No, mujer, qué va, tú nunca interrumpes - dijo Vicky con ironía.
Miró a Yaiza y vio que esta articulaba con la boca intentando decirle un nombre. Pudo
entender el nombre de Ana, Vicky vocalizó el nombre a su vez señalando hacia la sala
dónde Ana seguía charlando con el resto de los presentes y Yaiza asintió con la cabeza.
No pudo evitar levantarse y abrazarla ante el asombro de Eva y de la propia Yaiza.
- ¡Eh!, ¿qué pasa aquí?, ¿ya están borrachas?
- Yo no pero esta preciosidad rubia va camino de ello - dijo dándole un beso en la
cabeza.
- Pues no te cortes mujer, ¡¡Venga otro trago de vino que yo te acompaño!! - gritó Eva.
El resto de la velada transcurrió normalmente entre risas, vino y comida, que como
siempre sobraba. Cuando el reloj tocó las 12:00 todos se tomaron las uvas de año nuevo
y comenzó el ritual de los abrazos y los besos. A estas alturas Yaiza había bebido
demasiado y el abrazo con Ana duró más de lo normal.
- Feliz Año Nuevo, Anita - se lanzó a sus brazos y la apretó con fuerza.
- Feliz Año Nuevo, Yai - Ana la abrazó a su vez.
La música empezó a sonar y fueron apartando los muebles de la sala para ganar espacio.
El timbre de la puerta no paró de sonar en la siguiente hora ya que mucha gente decidió
pasar después de las uvas. El vino había terminado con la timidez de Yaiza que hablaba
y se reía con cada nueva persona que pasaba a su lado.
Ana se había sentado desde hacía un rato en un rincón y observaba cada uno de sus
movimientos. Bailaba con Luis, un amigo suyo de la facultad, no recordaba haberla visto
bailar así nunca. Balanceaba sus caderas con cada vuelta y se iba pegando al cuerpo de
Luis cada vez más. Sentada en su rincón sentía el calor subir por su cuerpo, sus ojos
recorrían las curvas de la rubia de arriba a abajo y de abajo a arriba. Derrochaba
sensualidad en cada uno de sus movimientos, en un intento por controlarse apartó la
vista hacia otra pareja pero cuando volvió a mirar, sintió los ojos de Yaiza sobre ella.
La miraba con la misma intensidad con que ella llevaba haciéndolo toda la noche.
No supo que pasaba hasta que llegaron a la habitación. Yaiza conocía bien la casa y
tras despedirse de Luis se acercó a ella y cogiéndola de la mano la obligó a levantarse
y a seguirla. Ana no podía reaccionar, subieron las escaleras que llevaban a los
dormitorios del segundo piso. Yaiza abrió una de las puertas y la llevó dentro.
Ana permanecía en el centro del cuarto paralizada mientras Yaiza cerraba la puerta y se
daba la vuelta apoyándose en la madera con las manos a la espalda y mirándola. Sus ojos
verdes recorrían su cuerpo como momentos antes ella misma había echo. De repente Yaiza
comenzó a caminar hacia ella mientras se quitaba la camiseta y la lanzaba al suelo.
- Yai, ¿qué?
- Schhhhh... no digas nada - susurró Yaiza mientras se acercaba tocándole el turno al
sujetador que acabó también en el suelo.
Ana no podía apartar la vista de sus firmes pechos. Llevaba mucho tiempo, demasiado
tiempo soñando con algo así y estaba ocurriendo, sin terminar de reaccionar lo siguiente
que supo es que estaba acostada boca arriba en la cama sintiendo el peso del cuerpo de
Yaiza sobre ella. Los besos de la rubia eran intensos y apasionados, con una fuerza que
nunca pensó que tuviese. Su lengua buscaba la suya en el interior de su boca y no tardó
en encontrarla, sentía las caderas de Yaiza moverse contra su cuerpo mientras sus manos
apretaban con fuerza una y otra vez sus pechos.
Yaiza no podía controlarse, por fin tenía lo que tanto ansiaba, su sueño se estaba
cumpliendo. De repente, paró. Se incorporó mirando a una sorprendida y aturdida Ana a
los ojos. No, ese no era su sueño, en su sueño ella no estaba borracha ni apestaba a
alcohol. ¡Dios mío, pero si prácticamente la estaba violando!, me mira como si fuera
una extraterrestre. No, esto no esta bien, nada bien, no es esto lo que quiero.
- ¡Dios mío, perdóname Ana! - se levantó de un salto recogiendo del suelo su camiseta
y su sujetador - Lo siento, debo de estar muy borracha, no me controlo.
- No pasa nada - Ana se incorporó sorprendida y aturdida por lo que pasaba - Pero,
¿dónde vas?... no, Yai, no tienes que irte... espera, no te vayas, por favor... Te
quiero.
Yaiza no pudo escuchar sus últimas palabras pues su vergüenza era tal que salió
corriendo de la habitación vistiéndose por el camino. Bajó las escaleras lo más rápido
que pudo sin levantar sospechas, se despidió de Vicky pues no lograba encontrar a Eva,
y salió a buscar su coche.
- ¡Yai, Yai! - Vicky salió detrás de ella llamándola, corriendo consiguió alcanzarla -
Pero, ¿qué ha pasado?
- Pasa que estoy borracha y no sé lo que hago, lo he echado todo a perder, Vicky, debo
irme.
- Pero, ¿qué...? - Yaiza arrancó el coche - Oye, has bebido demasiado no debes
conducir , ¡Haz el favor de salir del coche!
- Adiós.
Hoy
A ver Anita, ya estamos aquí, veamos, entrada 1, entrada 2, 3... solía ponerse por el
medio... entrada 7, sí aquí me quedo. Uf, no hay mucha gente, ni mucho sitio dónde
esconderse. Valor, Anita, valor. Qué bueno sentir la arena bajo los pies después de
tanto tiempo, no recordaba esta playa tan limpia, debe ser porque estamos en invierno y
no viene tanta gente. ¡Qué cantidad de gaviotas hay ahí enfrente!, ah, aquella pareja
les está dando de comer.
Teníamos 17 o 18 años, ella llevaba un bikini verde color esmeralda que hacía que sus
ojos adquirieran más brillo aún, si eso era posible. Pero a mí, la verdad, me daba
igual el color. En ese momento, le sobraban bastantes kilos pero para mí era la mujer
más bella del mundo, tenía una larga melena rubia que le llegaba hasta la cintura y yo
sólo tenía ojos para ella. No sé como pude ser amiga de ella en ese tiempo sintiendo lo
que sentía, cómo podía aguantarlo. ¿Y si era verdad lo que Vicky había dicho?, ¿y si
ella sentía lo mismo por mí?, ¿cómo pudo aguantarlo ella también?, nunca me dio esa
impresión en aquel tiempo.
Cuando llegaba empapada de agua salada y se sentaba a mi lado, no sé como podía
controlarme, como podía no abrazarla y tirarla sobre la arena blanca que tanto
contrastaba con su morena piel, ponerme sobre ella y no dejar un solo poro de su piel
por explorar, besar una y otra vez sus atrayentes labios, desnudándola lentamente
mientras bajo por su cuerpo... sí, sí, y todo eso en una playa abarrotada de gente en
pleno mes de agosto. Ana, has visto demasiadas películas, imagino la noticia. "Detenida
una depravada sexual mientras intentaba violar a su mejor amiga delante de cientos de
personas en la principal playa de la isla en pleno mes de agosto". Algo que contar a los
nietos, desde luego.
Por Dios, debo parecer una loca sonriendo yo sola en mitad de la playa, menos mal que
no hay mucha gente. Bueno, veamos, ya estamos en mitad de la playa y me acerco a la
orilla... ¡Brbrbrbrb!, ¡Pero qué fría está el agua!, ¡Cómo puede estar esa gente
bañándose tranquilamente!. Centrémonos y vamos a lo que vamos, sí, céntrate a ver que
carajo le digo yo cuando la vea.
La última vez que la vi salía corriendo de aquella habitación. Todavía no entiendo lo
que pasó, ni siquiera sé si querrá verme, debí asustarla de alguna manera, no lo sé.
Sólo sé que no he dejado de pensar en ese momento desde el instante en que se fue.
Cierro los ojos y la veo acercándose a mí con pasión y vuelvo a sentir su cuerpo sobre
el mío. Debo centrarme en qué le voy a decir. Sí, céntrate a ver que carajo le digo yo
para que no vuelva a salir corriendo.
- "Hola nena. Estás buenísima y me pones a cien, hagámoslo aquí mismo" - Un poco
salvaje.
- "¡¡Yaiza!!, ¿cómo tú por aquí?, ¡Qué sorpresa!, ¿qué es de tu vida?" - Un poco falsa.
- "Hola Yai, vengo directamente desde Suecia para terminar lo que empezamos" - Un poco
presuntuoso.
- "Hola Yai, ¿qué t...
¡¡Dios mío!!, ahí está. Es increíble, aún está más guapa, pero, espera, ¿será ella?. Sí,
no hay duda. Está mejor de lo que esperaba, ese pelo corto le queda genial, y sigue
teniendo esa mirada... pero no me mira a mí. Aún no me ha visto, todavía estoy a tiempo.
No, no puedo, ahora sí que no, me he vuelto a enamorar como una imbécil y ni siquiera
me ha mirado aún. Parece estar en su mundo mirando algo en el agua, no ha cambiado en
eso. Lo que daría por acercarme por detrás y abrazarla, apretarla contra mí, y
susurrarle lo mucho que la quiero y que siempre la he querido. Si ahora me tiemblan las
piernas no sé qué va a pasar cuando...
*****
Hoy el mar tiene un color especial. Es de un azul intenso que... sí ya lo sé, te
recuerda a Ana. ¡Es que hay algo que no te recuerde a Ana!. Pues mira, justamente ese
pez que está pasando delante de ti no tiene nada que ver con ella... aunque a ella le
gustaba pescar, incluso intentó enseñarme pero no es lo mío... ¡Me rindo!, ¡Hasta cuando
va a durar esto!
Creo que hay alguien detrás de mí y juraría que me está mirando fijamente. Tú
tranquilita, te giras y sigues caminando como si tal cosa, a lo mejor también está
mirando el pez... oh,oh, diría que se está acercando. Vale, pues me giro y le miro de
frente a ver qué pas...
- Hola.
- Ho... la. ¿Te... conozco? - "¡Qué si la conoces, con esos ojos, no qué va!, ¡¡¡¡Dioooos
Míoooo!!!"
- Pues, creo que sí - contestó un tanto extrañada - ... soy yo, Ana.
- Ana - su cabeza le daba vueltas y no conseguía pronunciar otra palabra.
- Sí, que sorpresa, ¿no?
- Ssss - a su mente venían una y otra vez las imágenes de la última noche que la vio.
- Estás fantástica, ¿sabes?
- Gracias, tú... también.
El silencio volvió a hacer acto de presencia, cada una buscaba en su cabeza algo que
decir y Ana fue la primera en intentar romper el hielo.
- Ayer hablé con Vicky.
- Sí yo la vi el otro día con David, vaya pareja, ¿verdad? ¿Sabes que se van a casar?
- Sí, me lo dijo y creo que estamos invitadas.
- Sí, eso creo.
Mientras hablaban intentaban evitar la mirada de la otra pues no sabían lo que en ella
iban a encontrar. Esta vez fue Yaiza la que rompió el silencio.
- Me dijo que tenías un novio austríaco - dijo sin poder mirarla a los ojos.
- No lo tengo - pensó durante un segundo como seguir - Fue algo así como un experimento.
- ¿Experimento? - ahora Yaiza si levantó la vista y sus miradas volvieron a encontrarse.
Durante un breve instante a su alrededor sólo había oscuridad y lo único que existían
eran aquellos dos ojos azules donde podría sumergirse y perderse para siempre.
- ¿Te importa si nos sentamos en la arena un momento? - No podía dejarlo pasar por más
tiempo.
- Llevo un rato caminando y estoy algo cansada, vamos allí arriba.
Caminaron unos metros alejándose de la orilla y se sentaron una al lado de la otra sobre
la arena que comenzaba a perder el calor acumulado a lo largo del día y cada vez era más
fresca.
- Salí con él durante un tiempo - tragó saliva y apartó la mirada centrándola en algún
punto fijo en la arena bajo sus pies. - Sólo quería comprobar una cosa.
Yaiza no sabía si preguntar o no, pero la curiosidad pudo con ella.
- ¿Qué cosa?
- ¿Qué pasó aquella noche, Yai?
La pregunta la cogió por sorpresa y durante un minuto permaneció en silencio pensando
que contestar. Sabía perfectamente a qué noche se refería, desde aquello la misma
imagen le venía una y otra vez, incluso en sueños, el cuerpo de Ana debajo del suyo
sintiendo cada poro de su piel pero Ana no le correspondía.
- No lo sé.
- ¿No lo sabes?
- Ana, siento vergüenza de aquello, y me cuesta mucho hablar de eso.
- Entonces lo haré yo - dijo Ana firmemente. - Salí con Steven porque... quería
olvidarte.
- ¿Olvidarme? - el corazón de Yaiza dio un vuelco.
- No me interrumpas, por favor - su voz sonó un poco brusca por lo que añadió en un
tono más suave. - Déjame decirlo de un tirón, se me hace difícil.
- Vale.
- Aquella noche creí que todos mis problemas se habían solucionado. No sé cuándo pasó
ni por qué pero ya de niña me empezaste a gustar y poco a poco aquel sentimiento se ha
convertido en amor. Llevo mucho tiempo enamorada de ti y, por un momento, pensé que tú
sentías lo mismo. La pasión de tus besos y de tu cuerpo no podían ser falsos, pero, de
repente, saliste corriendo. Le echaste la culpa al alcohol y yo me lo creí.
- Ana yo...
- Espera. Durante estos años pensé que fue lo que paso, si fue el alcohol lo que te
hizo comportarte así. Pero no he dejado de revivir aquella noche y he llorado pensando
que nunca más va a pasar - una lágrima rodó por la mejilla de la morena sin que pudiese
evitarla. - No sabes la de veces que había imaginado ese momento y cuando por fin llega
sales corriendo sin explicación. Estoy aquí porque quiero saberlo, Yai, necesito saberlo.
Sea lo que sea, quiero continuar con mi vida ya sea contigo o sin ti... aunque no sé si
podré hacerlo sin ti.
La rubia sabía que de su boca no iba a conseguir sacar una sola palabra. El corazón
parecía querer salírsele del pecho y sólo una cosa podía hacer para demostrarle a Ana
que todo había sido real. Mirándola a los ojos, acercó sus manos a la cara de Ana,
rodeándola dulcemente y atrayéndola hacia sí. Cuando la tuvo lo bastante cerca acarició
sus labios con los suyos una y otra vez, rozándolos, hasta que el beso se hizo más y más
profundo. Sus manos se enredaban en la larga melena azabache, mientras los brazos de
Ana rodeaban a la figura rubia abrazándola y apretándola contra su pecho.
- Yai, una vez te lo pregunté y nunca me contestaste - dijo Ana al lograr separarse un
centímetro de aquella boca que la quemaba por dentro.
- ¿El qué? - susurró sensualmente.
- ¿Tú me quieres? - sonrió.
- Es increíble que te acuerdes de eso, no sabes la de veces que he deseado que me lo
volvieses a preguntar - Yaiza volvió a besarla.
- ¿Y? - consiguió preguntar Ana en medio del beso.
- ¿Qué?
- ¿Qué si me....
- Con toda mi alma.
Se respiraba amor y pasión y la escena no pasaba desapercibida para nadie. Una chica
morena y un hombre musculoso calvo y con gafas que iban cogidos de la mano los miraron
fijamente. Mientras, en el otro lado, una pareja de ancianos siempre rodeados de gaviotas
hambrientas, sonreían felices por su amiga y vieron como ambas se levantaban y abrazadas
se dirigían al coche.
FIN
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