Había pasado casi un año desde que Xena y Gabrielle se habían convertido en amantes
gracias al destino y a una pequeña ayuda de Afrodita. Se querían mas que nada en el
mundo y decidieron casarse pero antes tenían que contárselo a sus familias, la madre y
el hermano de Xena eran mucho más comprensivos que los padres de Gabrielle, bueno,
ellos no aceptaban a Xena y la culpaban de la marcha de su hija, por más que Gabrielle
les decía que se marchó por propia voluntad, no atendían a razones, Xena era la
culpable y punto. Llegaron a la aldea que está entre Amphípolis y Potedia, decidieron
que Xena iría a hablar con su madre y Gabrielle iría a hablar con su familia.
- Gab, cariño, en serio, no me gustaría que te enfrentaras a esto tú sola, déjame ir
contigo cuando acabe de hablar con mi madre voy derecha a tu casa y se lo decimos juntas...
- Xena, cielo, tengo que hacer esto yo sola. Si no me enfrento a ellos no me dejarán
nunca tranquila, ya depende de ellos. Nos vemos aquí dentro de dos días.
Esa noche hicieron el amor de una forma especial, se entregaron tanto la una a la otra
que no se dieron ni cuenta que cuando llegaron al clímax una gran luz blanca, cegadora,
iluminó la habitación. Se levantaron temprano, se despidieron, cogieron sus respectivos
caballos y se marcharon.
Gabrielle llegó antes, abrió la verja que cercaba la granja de su niñez y entró; oyó
voces detrás de la casa y pensó que serían sus padres que estaban en el huerto, caminó
sonriendo pero con cierto nerviosismo en su cuerpo, efectivamente, allí estaba su
familia al completo, incluidos Lila y su marido Héctor.
- Hola - dijo tímidamente, no sabía la reacción que podría tener su familia.
- ¡¡Gabrielleeeee!!- su hermana se le echó literalmente encima - ¡Dioses, hermana!
¿Cuándo te has cortado el pelo? Wow, menudo cuerpazo niña, se ve que has estado
haciendo ejercicio, ¿eh?
- Si, bastante ejercicio Lila, el pelo me lo corté hace tiempo. Hola padre, hola madre
- miró a sus padres que la miraban sin decir nada, se acercó a ellos y les besó, no le
correspondieron, luego miró a Héctor que esperaba educadamente a que saludara a su
familia para presentarse- Tú debes ser Héctor, ¿no?
- Si, ese soy yo. Encantado de conocerte por fin Gabrielle, Lila me ha hablado
muchísimo de ti.
- Em, Hector, ¿por qué no vamos adentro? - dijo Lila viendo que sus padres iban a
estallar de un momento a otro, no quería estar allí para verlo.
- Claro, podemos ir preparando la comida. Encantado de nuevo Gabrielle, nos vemos
ahora.
- Igualmente Héctor, hasta ahora chicos - se armó de valor y miró a sus padres.- ¿Qué
tal estáis? Os he echado mucho de menos.
- Nosotros a ti no, pero no creo que te importe - dijo su padre fríamente.- ¿Qué
quieres?
- Bueno... pues la verdad si que me importa. He venido a contaros el por qué de mi
tardanza y otro asunto que trataremos más tarde. Solo os pido que me escuchéis, nada
más.
- ¿Dónde está Xena? - dijo su madre.
- En su casa, cuando terminemos nuestros asuntos pues volveremos al camino.
- Ya decía yo que era demasiado bueno para ser verdad.
- ¿Por qué dices eso, madre?
- Por un segundo pensé que habías vuelto, pero ya veo que no.
- Lo siento, pero tengo que seguir mi vida. Aparte de vosotros, aquí ya no me queda
nada. Ahora soy guerrera y no puedo dejar de defender a los más débiles, no espero que
lo entendáis pero si que me respetéis.
- Muy bien, entremos. La cena ya estará.
Pasaron a la casa, la mesa estaba puesta y la cena casi estaba lista, se sentaron en el
salón para hablar de aquello tan importante que tenía que contarles su hija, Héctor
encendió la chimenea y se quedó en un lado, al fin y al cabo aunque era de la familia
el tema no iba con él.
- Bien, que es eso tan increíblemente importante que has estado haciendo como para no
venir a vernos.
- Pues empezaré desde el principio, es bastante largo pero intentaré resumirlo.
- Tranquila Gabrielle, yo vigilo la cena. - dijo Héctor.
- Xena y yo viajamos a la India y ahí conocí a alguien llamado Eli, él me enseñó el
camino de la paz y del amor, dejé de luchar y decidí impartir el amor; seguía su camino
y Xena lo aceptó aunque ella seguía siendo guerrera. Nos dirigíamos a un poblado cuando
un ejército romano nos apresó a Eli, a mi y a los otros seguidores, entre ellos también
iba una guerrera amazona, Amarice, pero ella sola no pudo defendernos, Xena había ido a
por César. Cuando estábamos en el calabozo Xena vino a rescatarnos, ya estábamos fuera
y alguien lanzó el chakram de Xena hacia su espalda y se la partió, luego descubrimos
que había sido Callisto - al decir este nombre su madre y su hermana soltaron un grito -
sí, la misma que mató a Pérdicas; en fin, me quedé para ayudar a Xena ya que ella no
podía levantarse y nos cogieron - en esta parte de la historia Gabrielle ya estaba al
borde de las lágrimas por los recuerdos.- Nos encerraron y nos encarcelaron, nos
torturaron, aprovecharon que Xena estaba inválida y la trataron peor que a una rata, me
obligaron a mirar. Al día siguiente nos crucificaron y morimos.
- ¡Ja! Menudo cuento Gabrielle, ¿es qué tenemos cara de tontos? - dijo su padre.- ¿Cómo
que muristeis? Estás aquí hablando conmigo, no estás muerta.
- Padre, mira - le enseñó las manos que aún tenían las cicatrices de los clavos y
luego le enseñó los pies- ¿te lo crees ahora? - su padre se encogió al ver las
cicatrices y solo asintió al igual que su madre que había empezado a llorar, Lila no
dijo nada de la congoja que sentía.- Bien, resucitamos gracias a Eli, él fue quien nos
devolvió la vida. Esperamos hasta recuperarnos para ir a hablar con nuestras familias,
nos ha costado mucho tiempo volver a nuestra vida normal. Por eso no he venido, las
heridas eran bastante desagradables y no teníamos apenas fuerza, ahora estamos mejor
por eso estoy aquí.
- ¡Caray! Santa madre de Zeus, cuñada, me sorprende que todavía puedas sonreír,
después de todo lo que te ha pasado... uff, yo no lo habría soportado.
- Bueno, seguramente sí, si cuentas con el am... - ahí se quedó callada, estuvo a
punto de revelar el otro tema pendiente que seguro que no aceptarían.
- ¿Si cuentas con qué? - dijo Lila.
- Con... con, bueno ya sabes, con la cabeza en su sitio y eso - casi la pillan.
- Pues menuda cabeza, cuñada. Lo dicho yo no podría. En fin, vamos a cenar que esto ya
está.
Se pusieron a cenar, la mesa estaba silenciosa, sus padres no habían dicho nada, Lila
estaba demasiado ocupada asimilando que su hermana había estado muerta pero lo peor era
asimilar que la habían torturado y clavado a una cruz y Héctor, él simplemente hacía
comentarios sobre lo buena que estaba la cena. Al terminar, Lila y Héctor se fueron a
su casa y Gabrielle se quedó sola con sus padres, no tenía ganas de hablar con ellos de
su matrimonio con Xena sin Lila allí, en su hermana veía un gran apoyo porque la
entendía y conocía el genio de sus padres pero aún así también le preocupaba la
reacción de Lila.
- Padre, madre, me voy a la cama. Em... ¿sigo utilizando mi antigua habitación?
- Lo que quieras - dijo su padre secamente- sigue en el mismo sitio, está vacía pero
la cama está todavía allí. Llévate algunas mantas.
- Gracias - eso le estaba doliendo demasiado pero no iba a llorar delante de ellos,
miró a su madre y por un momento creyó ver compasión.- Buenas noches.
De camino a la habitación no pudo más y se puso a llorar, echaba muchísimo de menos a
Xena, era en momentos como ese cuando más la necesitaba pero estaba lejos y ahora estaba
sola. Entró en la habitación pero no lograba conciliar el sueño, decidió ir a practicar
con los sais detrás de la casa. Calentó un poco, hacía mucho que no practicaba y tenía
el cuerpo bastante entumecido, empezó a hacer los movimientos básicos de los sais y
luego luchó con un enemigo imaginario que acabó muriendo, para coger fuerza empezó a
golpear una viga con tal fuerza que las astillas la golpeaban en todas partes, ni se
dio cuenta. Paró al cabo de 2 horas, exhausta, se sentó en el suelo con la espalda
apoya en la viga, tiró los sais a los lados y respiraba cogiendo aire con fuerza,
apenas había descansado cuando oyó algo detrás de ella, rápidamente cogió los sais y
atacó a su "agresor", con un ligero golpe cayó al suelo de espaldas y Gabrielle lo
inmovilizó mirando su cara:
- ¿Madre?
- Si... sss... si, soy yo.
- Lo siento, creí que... - la ayudó a levantarse- ¿te he hecho daño?
- Oh, no tranquila, solo estoy asustada. No debí acercarme así a ti.
- Lo siento, es que muchas veces tratan de atacarnos por la espalda y bueno, es la
costumbre. ¿Qué quieres?
- Quería hablar contigo. Y pedirte perdón por como te hemos tratado, tu padre es muy
orgulloso, ya lo sabes. Pero te quiere, eres su hija.
- No pasa nada mamá, no voy a decir que me da igual y te mentiría si te dijera que me
duele pero no puedo evitarlo, es mi vida y me gusta. No voy a hacer nada por cambiar y
vosotros no podéis hacer nada.
- Lo se, cariño. Pero entiéndenos a nosotros también, cuando te fuiste nos dejaste
colgados, pensamos que te había raptado esa señora de la guerra y la culpamos hasta que
volviste, pero luego te volviste a ir. Y así siempre que venías, volvías a irte. Era
muy duro. Hasta que dejaste de venir por mucho tiempo, pensábamos que habías muerto y
resulta que era cierto - le cogió las manos a su hija y acarició las cicatrices- mi
niña, ¿cómo es posible que te hayan hecho esto? Jamás podía pensar que un ser humano
causara todo esto.
- Bueno, no duele tanto después del primer martillazo - intentó quitarle hierro al
asunto- es peor cuando ves morir a la persona que quieres - dijo esto casi sin pensar.
- Te refieres a... Pérdicas, ¿verdad?
- Em... sí, claro que sí, madre, a Pérdicas.
- Al final tu padre va a tener razón y crees que somos tontos.
- Madre, yo no creo que seáis tontos, ¿por qué dices eso?
- ¿Te crees qué no se que estás enamorada de Xena, qué es de ella de quién hablas?
- ¿Tanto se me nota? Madre, se que no la aceptáis, pero la amo y ella a mi, no podría
dejarla aunque quisiera. Es mi razón de vivir. ¿Padre también se ha dado cuenta?
- No, él no es tan observador como yo. En eso vas a tener suerte, no le digas nada si
quieres que siga siendo tu padre.
- Pero madre, yo he venido a deciros que voy a casarme con Xena.
- Tienes mi bendición pero no esperes que la acepte.
- Con eso me basta madre, me duele, pero lo acepto. Me voy a la cama, mañana me voy
temprano.
- Hasta mañana hija.
Xena llegó una hora más tarde a su casa y para su sorpresa no había nadie allí, sabía
que tenía que haber avisado pero bueno, sabía como iban a reaccionar su madre y su
hermano así que decidió dejarles una nota donde les decía que Gabrielle y ella se iban
a casar y que cuando fuera la boda vendría para avisarles. Se fue a la posada a esperar
a Gabrielle no merecía la pena quedarse sola en casa de su madre. Al día siguiente
Gabrielle llegó, no se la esperaba tan pronto y supo que algo había ido mal.
- Gabrielle, hola cariño - la besó.
- Hola, mi vida - correspondió al beso y la abrazó.
- ¿Qué haces aquí tan pronto?
- Uff, las cosas no fueron muy bien, he salido esta mañana temprano. Solo se lo he
dicho a mi madre y ella me ha dicho que no se lo diga a mi padre, estaba tan mal que me
he ido sin ni siquiera despedirme de Lila y Héctor. Ya les enviaré una carta, ellos si
querrán venir a la boda.
- Bueno, no pasa nada. Tú tranquila, todo saldrá bien.
- Si... bueno, ¿y tu?
- ¿Yo? Ni madre ni Toris estaban allí, así que me vine el mismo día para acá. Llevo
aquí desde ayer por la tarde, te esperaba mañana.
- ¿No se lo has dicho entonces?
- Si, les dejé una nota. Les avisaremos cuando sepamos donde y cuando será la boda. No
hace falta que les esperemos. Si quieres nos vamos de aquí.
- No, estoy cansada vamos a pasar aquí la noche y mañana nos vamos, ¿te parece?
- Vale, ven. Vamos al dormitorio... em... ¿Gabrielle?
- ¿Si?
- ¿Cómo estás de cansada? - le sonrió pícaramente.
Ambas subieron al dormitorio, pero Xena empezó a encontrarse mal y tuvieron que dejarlo;
a la mañana siguiente lo primero era ir a la aldea amazona para dar parte y coger cita
en el templo de Artemisa, por esa época del año las bodas parecían contagiosas, muchas
amazonas contraían matrimonio pero Gabrielle quería casarse en primavera y Xena no le
iba a negar ese pequeño capricho. Hicieron una parada antes de llegar a la aldea
amazona, prepararon el campamento como siempre, Gabrielle se ocupaba de la hoguera y
Xena de cazar o pescar la cena; pero cuando Xena se levantó de terminar de alisar el
saco se mareó y tuvo que volverse a sentar, Gabrielle corrió hacia ella preocupada:
- ¡Xena! ¿Qué te pasa?
- Nnno, no lo se... pero apártate que voy a vomi... - no pudo ni terminar la frase,
todo lo que había comido desde su primera papilla estaba ahora a escasos centímetros de
las botas de Gabrielle, que la miraba preocupada- dios, ¿eso lo he echado yo? Supongo
que ahora no querrás besarme... - aún conservaba su sentido del humor, intentó sonreír
pero el eco de las nauseas seguían ahí.
- Xena, me preocupas, estás muy pálida. ¿Has comido algo que te ha sentado mal? Vamos,
échate, yo cogeré la cena, aunque sea fruta.
- No, estoy bien, voy a cazar algo... uff, me parece que ahí voy de nuevo - volvió a
vomitar, esta vez no echó apenas nada, no le quedaba nada en el cuerpo.
- Xena por favor, estate aquí echada, yo me ocupo de todo, duérmete y descansa - le
besó en la frente y fue a buscar la cena, preocupada.
Cuando volvió Xena estaba profundamente dormida, seguía pálida, decidió examinarla a
ver si tenía alguna marca de dardo o mordedura de algo, no sería la primera vez que le
ocultaba algo así, pero no había nada. La observó pensando que sería algún alimento en
mal estado, no podía dejar de preocuparse. Llegó la mañana, Gabrielle apenas había
dormido pendiente de Xena que estaba despertando ahora:
- Buenos Días preciosa, ¿cómo te sientes hoy?
- Uff, parece que mil carros han pasado encima de mí. Oh, oh... - se levantó corriendo
y fue a vomitar de nuevo.
- Xena, tenemos que llegar cuando antes a la aldea, quiero que te vea la sanadora.
- No - dijo Xena volviendo a Gabrielle, cogió un trapo y el odre de agua para limpiarse-
Estoy bien, creo que ya he expulsado todo lo que tenía en el cuerpo, seguro que fue
aquel pan de nueces el que me sentó mal.
- Aún así, por favor, hazlo por mi... - la miró con ojitos tiernos, siempre funcionaba.
- Vale, vale, está bien pero no me mires así que me derrites - se acercó para besarla
pero las náuseas llamaban a su puerta de nuevo.
Se pusieron en camino, Xena iba encima de Argo, estaba mareada pero no le dijo nada a
Gabrielle, sospechaba lo que podía pasarle pero era imposible, intentaba buscar otros
motivos. Al fin llegaron a la aldea:
- Xena, derecha a la sanadora - dijo Gabrielle en tono autoritario.
- Gabrielle, deja por lo menos que nos instalemos, estoy cansada.
- Bueno, vale, pero nada más que durmamos un poco vamos a la sanadora.
- Está bien, pero ya me siento mejor.
- Me da lo mismo, sigues teniendo mala cara, solo una revisión, ya está.
- Vale, vale - besó a Gabrielle en la frente.
Entraron en la cabaña de la reina, se acomodaron y Xena se tumbó un rato, tenía mucho
sueño. Durmió todo lo que quedaba de día, se despertó a la mañana siguiente más
descansada, miró al otro lado de la cama y Gabrielle no estaba, se volvió a tumbar
desilusionada, oyó una leve risita y miró en su dirección, allí estaba Gabrielle
sentada mirándola con amor.
- Eh, buenos días dormilona.
- Buenos días mi vida. ¿No has dormido aquí?
- Sí, pero hace horas que me levanté, no quería despertarte, estás tan mona cuando
duermes que no he podido resistirme a la tentación de observarte.
- ¿Mona? Gabrielle, por favor, no me digas esas cosas.
- Jajajjaa, si es que eres lo mejor - se levantó y la besó.- Venga, báñate, tenemos
que ir a la sanadora.
- Venga, anda.
Se bañó y fueron a la sanadora, Gabrielle quería entrar con ella pero Xena no la dejó,
intentó ponérselo de la forma mas convincente posible, al final se lo coló; no quería
que Gabrielle oyera a la sanadora confirmar sus sospechas.
- Buenos Días Xena, ¿Qué te pasa?
- Buenos Días Noé, pues... la verdad no lo sé.
- Siempre has sido buena sanadora, alguna idea tienes que tener. ¿Cuáles son los
síntomas?
- Pues, vómitos, mareos, somnolencia, ¿sigo o te haces una idea?
- Me hago una idea... estás embarazada. Déjame que te eche un vistazo, túmbate.
- Es casi seguro, Noé, pero no entiendo como ha podido ocurrir...
- A estas alturas quieres que te lo explique... - dijo la sanadora burlona.
- Jajaja, me parto Noé, sabes que Gabrielle y yo estamos juntas, hace eones que no
estoy con ningún hombre y que yo sepa hace falta un hombre para esto.
- Vale, vale, lo siento. Em... ¿Xena?
- ¿Si?
- ¿Cuándo has dado a luz?
- Es una larga historia.
- Vale, de acuerdo, solo era curiosidad, no sabía que tenías un hijo o hija.
- Hijo, si, tenía.
- Oh, perdona, no sabía nada.
- No te preocupes, aún no habías llegado a esta aldea cuando sucedió. Pero dejemos el
tema. ¿De cuánto estoy?
- Pues de 3 semanas, más o menos.
- No puede ser.
- Pues aquí lo tienes, hay un bebé ahí dentro.
- Está bien, ¿me haces un favor?
- Claro.
- No se lo digas a Gabrielle, ya se lo digo yo, no se como pero yo se lo digo. Dioses,
me va a dejar... - empezó a llorar.- No podría vivir sin ella, Noé.
- Shhh, Xena, ella lo entenderá. Si quieres me quedo contigo para decírselo, le daré
algunos detalles técnicos para que entienda.
- No, no, gracias Noé, pero prefiero decírselo yo cuando estemos solas... me va a
dejar, lo sé...
Diciendo esto salió de la cabaña preocupada por la reacción de Gabrielle, "allí está,
dios, que preciosidad, ¿Cómo he podido dejar que pase esto? No me lo va a perdonar en
la vida..." Gabrielle al ver que Xena salía de allí corrió a encontrarse con ella:
- Xena, ¿Qué te pasa?
- Oh, no es nada por lo que preocuparse. Voy a estar así un tiempo, pero se pasará
enseguida. ¿te he dicho alguna vez cuánto te quiero?
- Pues todos los días desde que estamos juntas.
- ¡¿Solo?! Vaya, tengo que mejorar.
- Jajajaja, venga anda, no me eludas, ¿Qué tienes?
- Vale, vamos a la cabaña, tenemos que hablar.
- Pero... Xena, me estás asustando...
Echaron a andar, Xena estaba mortalmente preocupada con la idea de que su razón de
vivir la fuera a dejar, no soportaría el dolor y ahora la necesitaba más que nunca.
Llegaron a la cabaña, Xena entró y se quitó la armadura, Gabrielle se sentó en la cama
y esperó pacientemente a que Xena estuviera lista para hablar de ello.
- Gabrielle...
- ¿Sí?
- Antes de nada quiero que sepas que eres lo mejor de mi vida, que no haría nada para
hacerte daño. Daría todo por ti.
- Eso lo se, Xena, no hay nada que pueda separarnos.
- Está bien, pues la razón de mi malestar...
- ¿Cuál es? Dímelo Xena, puedo soportarlo.
- Estoy embarazada.
De repente, mil puñales ardiendo se clavaron en todos los sentido de Gabrielle, no podía
escuchar lo que acababa de oír, no dijo nada, su mirada se perdió en el vacío, todo se
había vuelto oscuro y el dolor era insoportable.
- Gabrielle, mi amor, di algo. Te juro que no se como ha podido pasar...
- ¿Qué? Pero serás cínica... está claro que me has engañado con algún hombre. ¿Qué
pasa? ¿La Gran Princesa Guerrera no podía conformarse con una estúpida e insignificante
aldeana?
- Gabrielle, te lo juro, no te he engañado.
- Es evidente que mientes Xena, déjalo vale. Si tan poco soy para ti, lárgate de mi
reino, déjame vivir en paz, vete con el padre de tú hijo y no vuelvas a ponerte en mi
camino, no respondería a mis actos.
- Gabrielle, por favor, no - empezó a llorar desconsoladamente- no me dejes, no puedo
vivir sin ti, no se por qué estoy embarazada, no he estado con ningún hombre desde que
estamos juntas, lo sabes.
- No, no lo se, ahora ya no. Vete de aquí y no vuelvas. Si se te ocurre volver yo
misma te mataré - dicho esto se marchó de la cabaña derecha a la cabaña de Eponin, no
quería que Xena la viera llorar, estaba demasiado furiosa y dolida como para darle el
gusto.
- ¡¡Gabrielle!! - gritó como si fuera la vida en ello, su voz se quebró y notó como el
corazón se le caía a los pies. Ya no había nada por lo que mereciera la pena vivir, sin
Gabrielle todo estaba perdido.
La aldea amazona al completo sintió como la piel se erizaba al oír el grito de Xena, la
reconocieron pero nadie podía hacer nada, excepto Noé, la sanadora. Xena recogió sus
cosas, aturdida y sin brillo en sus ojos, había muerto por dentro, se marchó sin dejar
rastro, no había ninguna pista de que Xena había existido allí, excepto en el roto
corazón de Gabrielle. Noé se dirigió rápidamente a la cabaña de Eponin para ver a
Gabrielle.
- Gabrielle, tengo que hablar contigo.
- ¿De qué? - su cara estaba desencajada por el llanto.
- De Xena, de su embarazo.
- Entonces no hay nada de que hablar. Vuelve a tus quehaceres, Noé.
- No, mi reina, Xena no ha est...
- ¡Vete Noé!
- Pero...
- ¡Qué te vayas! Este asunto no te incumbe y no quiero que se vuelva a pronunciar el
nombre de esa traidora en mi presencia.
- Como ordenéis, mi reina - se retiró con pena, sabía cuanto amaba Xena a Gabrielle,
ahora que Gabrielle la había rechazado no sabría cuanto podía aguantar Xena.
Pasaron 2 meses desde que Xena se marchó de la aldea amazona, del lado de Gabrielle, su
tripa empezaba a aumentar haciendo más evidente su estado y su recordatorio de que
Gabrielle la había dejado. Había intentado volver a la aldea pero no podía, no podía
soportar otro rechazo de Gabrielle, la acabaría matando del todo. No volvió a
Amphípolis, estaba demasiado lejos y ella demasiado débil, no podía luchar ni cabalgar
por mucho tiempo, enseguida acababa agotada y en su estado no era recomendable, se
alimentaba de frutos y de vez en cuando algún conejo despistado caía cerca de ella. No
dejaba de llorar todas las noches hasta que acababa rendida, sus sueños estaban
repletos de la imagen de Gabrielle, echándola de su lado, no podía más.
Mientras tanto, Gabrielle se estaba ocupando de la aldea amazona como su reina en
activo, aunque parecía haber rehecho su vida al lado de Eponin no podía dejar de pensar
en Xena, su corazón la traicionaba y le decía que había hecho mal echando a Xena de
allí pero pronto recordaba el por qué y seguía adelante, Eponin se había hecho muy
amiga suya y empezó con atracción física hasta que se convirtió en algo que parecía
amor, ninguna de las dos lo sentía, pero estaban a gusto así. No se volvió a mencionar
el nombre de Xena en la aldea y mucho menos en presencia de la reina.
Ya habían pasado los 9 meses y Xena estaba a punto de dar a luz, estaba sola en el
bosque, no tenía nada y estaba lejos de todos los sitios, no había persona humana cerca
en kilómetros a la redonda y no reconocía esos terrenos; los dolores de parto la dejaban
casi sin sentido, su delgadez dificultaba que mantuviera la compostura, estaba muy
débil para seguir adelante, tras mucho esfuerzo consiguió dar a luz, no podía moverse y
el bebé había caído al saco de dormir donde estaba, lloraba pero Xena se desmayó después
del esfuerzo y del dolor. El bebé lloraba con fuerza, no había nadie que lo amamantara
y Xena seguía desangrándose. No había forma que alguno de los dos sobreviviera.
Gabrielle salió con la partida de caza, ya llevaban 3 venados adultos con suficiente
alimento para 5 meses y con pieles de buena calidad. Tenía a otro en el punto de mira
cuando un grito desgarrador seguido de un llanto llegó a sus oídos; hizo guardar
silencio y se dirigió al foco del ruido. Al llegar y ver la escena hizo que su corazón
diera un vuelco, que de caber por la garganta seguro se habría salido. No reconoció a
Xena, estaba totalmente cambiada, solo vio a una mujer ensangrentada con un diminuto
bebé con unos buenos pulmones llorando con fuerza, se acercó y cogió al bebé, utilizó
su capa para limpiarlo y envolverlo, llamó a Eponin que andaba cerca.
- Ocúpate de la madre, parece que está muerta. Compruébalo.
- Si, Gabrielle - se acercó a la mujer, le apartó el pelo de la cara y su rostro se
quedó pálido al comprobar de quién se trataba, le buscó el pulso rápidamente y notó que
seguía viva pero demasiado débil.- ¿Gabrielle?
- Dime, ¿está muerta verdad?
- Nno, no está muerta pero pronto lo estará si no la llevamos a la sanadora - decidió
que no le diría nada a Gabrielle, seguro que rechazaría al bebé y lo dejaría morir junto
a Xena, en esos meses se había vuelto muy dura de corazón con respecto a ciertos temas.
Llamó a las amazonas que estaban mas cerca para que la ayudaran.
- Vale, ocúpate tú. Yo me llevaré al... - miró el sexo del bebé- vaya, es un niño. Me
parece que soy la primera persona a la que ves, ¿no? - el bebé abrió unos preciosos ojos
azules iguales a los de Xena- me recuerdas a alguien... - el bebé intentó buscar el
pecho para alimentarse con desesperación- no, no, no chiquitín, aquí no hay nada que
sacar. Supongo que tienes hambre... ¿Eponin?
- ¿Si? - Eponin se estaba encargando de subir a la desmayada madre al caballo.
- ¿Hay alguna mujer que acabe de dar a luz en la aldea?
- Em... si, creo que Iris, la hija de Ralip acaba de dar a luz... ¿Por qué?
- Si la madre de este bebé no puede alimentarlo supongo que a Iris no le importará
darle el pecho, ¿no?
- Bueno, es cuestión de preguntárselo.
- De acuerdo, me adelanto si no el pequeño me va a romper la camisa.
- Está bien, en cuanto tengamos a la madre preparada te aviso.
- Hasta luego, entonces.
Salió en su caballo con el bebé en brazos que seguí llorando del hambre que tenía, llegó
a la aldea y fue derecha a casa de Iris.
- ¿Si? - dijo Ralip abriendo la puerta.
- Ralip, siento molestarte, ¿está Iris?
- Mi reina, si, claro, pasa. ¿Qué te trae por aquí?
- Necesito un favor. Hola Iris. ¡Oh, que preciosidad de niña!
- Gracias mi reina, se llama Dafne.
- Que bonito nombre, mira yo estoy aquí porque - el bebé comenzó a llorar de nuevo,
Ralip e Iris se miraron extrañadas- te puedes negar perfectamente claro, pero hemos
encontrado a una mujer que acababa de dar a luz en el bosque, está muy débil porque ha
perdido mucha sangre, el bebé estaba a sus pies y ella estaba desmayada, me preguntaba
si quieres bueno, me cuesta un poco pedirte esto, si podrías ocuparte de darle el pecho
hasta que su madre se recupere - el bebé seguía llorando desesperado.
- Claro mi reina, me he convertido en una auténtica máquina de hacer leche, no hay
problema. Suena a que tiene hambre, ¿me lo dejas?
- Oh, si, desde luego, toma - le pasó al bebé que rápidamente se enganchó al pecho
succionando con fuerza sacando su primer alimento. Gabrielle observaba la escena, se
enterneció- en fin, cuando acabes llévalo a la cabaña de la reina, yo me ocuparé de él
el resto del tiempo, con tu pequeña Dafne tienes que tener más que suficiente.
- Pero mi reina, un bebé se despierta a media noche para su toma.
- Uff, tenemos un problema... aunque espera... en la cocina hay una especie de botellas
de cristal, con una piel podemos hacer algo semejante a un pezón para que el bebé pueda
beber de ahí, mira, al final no va a hacer falta que te encargues de alimentarle. De
todas formas muchas gracias por ocuparte ahora de él. Estaba hambriento.
- De nada mi reina, hasta que tengas preparadas las botellas puedes dejarlo aquí.
- No tardaré, ahora me paso a por él- salió a las cocinas y a la curtidora le hizo
preparar varias tetinas.
Eponin se estaba encargando de Xena, la llevó a Noé que ya estaba avisada y tenía todo
preparado para intervenir.
- Noé, abre, aquí te traemos a la madre.
- Pasad, tendedla ahí.
- Noé...
- Dime, Eponin.
- Mira quién es.
- ¡¡Santa madre de Zeus!! - gritó Noé al ver la demacrada cara de Xena- está muy
cambiada, ¿qué habrá hecho en estos 9 meses? No tiene muy buena pinta - la examinó- ha
perdido mucha sangre y que esté inconsciente no ayuda nada, no creo que sobreviva -
acarició la cara de Xena con pena- ¿Qué te ha pasado princesa guerrera?... Eponin.
- Dime.
- ¿Sabe Gabrielle quién es?
- No, no se lo he dicho. Rechazaría al bebé y ahora más que nunca necesita una madre.
- Mejor, no le digas nada.
- Ya lo se.
- Voy a tratar de hacer que coma, es la única forma de que coja fuerzas. ¿Sabes cuánto
tiempo ha estado así?
- Gabrielle la oyó gritar, no creo que lleve más de 3 ó 4 horas.
- Bien, pues ya te puedes ir. Yo me encargo. Que nadie nada mas que tu venga a
comprobar el estado de Xena.
- Está bien, voy a decirle a Gabrielle.
- Hasta luego, Eponin.
- Adiós, Noé.
Vio a Gabrielle salir de la casa de Iris con el bebé y una bolsa, se acercó a ella por
detrás y le besó en la nuca.
- Eponin, ¿Qué tal está la madre?
- Está dormidito, que ricura. La madre, sigue inconsciente, ha perdido muchísima
sangre, Noé no cree que sobreviva.
- Dios, ¿Qué le habrá pasado para que se haya visto tan sola? Solo de pensarlo se me
parte el corazón. Vamos a la cabaña, este pequeño necesita dormir.
- Vamos - si supieras quién es... que fuiste tú la causante de esto, solo de
pensarlo es a mi a quién se le parte el corazón- Vaya...
- ¿Qué?
- Tengo que ir a ver a Noé un momento...
- Vale, voy mientras para allá.
- Vale - le dio un rápido beso y salió corriendo.
Gabrielle no se extrañó siempre le había gustado la vitalidad de Eponin para hacer las
cosas, siguió andando a la cabaña. Entró en el cuarto y acomodó al bebé en una cesta
que cubrió de pieles suaves para que durmiera, el bebé tenía los ojos abiertos, eran
tan azules como los de Xena y su pelo era igual al de Gabrielle.
- Dios, como te pareces a ella... tienes sus ojos... - empezó a examinar más a fondo al
bebé y en la pierna tenía una marca de nacimiento igual a la suya, era bastante rara ya
que era blanca y tenía forma de luna llena, se quedó totalmente sorprendida, solo su
familia había heredado esa marca. De pronto cayó en la cuenta... ¿cuánto tiempo había
pasado?...- ¡9 meses! - Dijo en voz alta.
Salió corriendo de la cabaña y cogió la cesta con el pequeño intentando no despertarle,
lo dejó en casa de Iris de camino a la cabaña de la sanadora, tenía que comprobar quién
era la madre del niño, si sus sospechas eran confirmadas tenía que tomar medidas. De
camino se encontró con Eponin que le preguntó donde iba pero Gabrielle la ignoró y
siguió corriendo, Eponin al ver donde iba salió corriendo tras ella. No la alcanzó y
abrió la puerta de golpe, Noé sujetaba a Xena, que estaba despertando, cuando Gabrielle
la vio, tan delgada y débil no pudo soportarlo y cayó de rodillas al suelo. Xena al fin
abrió los ojos mirando alrededor:
- ¿Dó... Dónde estoy?- dijo confusa.
- Estás a salvo - dijo Noé.
- Pe... pe... pero yo estaba en el bosque... - cayó en la cuenta- ¿dónde está mi bebé?
- intentó incorporarse pero un dolor punzante la hizo volver a caer- Acabo de dar a luz,
mi bebé, por favor, donde está - empezó a llorar de nuevo- tengo que ir por él, déjame
ir, por favor, seas quien seas apiádate de mi, tengo que ir - siguió llorando
amargamente.
- Tranquila tu bebé está bien - Noé no pudo evitar mirar a Gabrielle para que
comprobara lo lastimada que estaba Xena tanto física como moralmente- se están ocupando
de él.
- Esa voz... yo te conozco... ¿quién...? - cayó en la cuenta- ¿Noé?
- Si, Xena, soy yo. Estás en la aldea amazona, donde te encontraron eran territorios
de amazona.
- Tengo que irme, Gabrielle no debe saber que estoy aquí, tráeme a mi bebé, me tengo
que marchar - Gabrielle al oír esto sintió como el dolor de aquellas palabras la
traspasaba de la cabeza hasta los pies- ella no quiere verme... me echó de su lado...
no he podido dejar de pensar en ella...
- Shhh, Xena, tienes que descansar, no puedes ni andar, has perdido muchísima sangre.
- Noé, escóndeme, traerme a mi bebé por favor, ni siquiera he podido verlo, no se si
es niño o niña.
- Niño, ahora te lo traen - miró a Gabrielle que seguía atónita ante lo que tenía
delante.- Eponin, llévatela y trae al bebé - dijo en un susurro para que Xena no la
oyera, Eponin asintió y cargó a Gabrielle en brazos que no se resistió, estaba
totalmente absorta en sus pensamientos.
- Noé... ¿cómo está Gabrielle? - preguntó Xena de repente.
- Si... ella se quedó aquí como reina, está muy bien. Ha cambiado un poco.
- Me alegro por ella, nunca he podido olvidarla. Dejé de luchar y se me quitaron las
ganas de seguir viviendo, intenté quitarme la vida varias veces pero no podía ser tan
egoísta, tenía una vida inocente creciendo en mí. He pasado un embarazo realmente malo.
Estoy cansada... - se durmió con pena y angustia reflejado en su rostro.
- Duerme, Xena, yo me ocupo de ti.
Eponin dejó a Gabrielle en la cabaña, la encerró sabía que se enfadaría pero no podía
dejar que fuera por Xena y por su bebé, llamó a casa de Iris y cogió al bebé, se lo
llevó rápidamente a Noé.
- Noé, tengo que volver con Gabrielle. Aquí tienes al bebé.
- Gracias Eponin, yo me encargo.
Volvió a salir corriendo, llegó a donde dejó a Gabrielle, tenía que estar supercabreada
con ella por haberla encerrado, se preparó para la bronca pero al pasar Gabrielle
estaba dormida, no parecía haberse enterado de nada. Se quitó la ropa y se acostó junto
a ella. En mitad de la noche Gabrielle se despertó sobresaltada, miró a Eponin que
dormía profundamente, se acordó de Xena y fue a verla a hurtadillas. Llegó a la cabaña
de Noé, ésta estaba dormida y no se enteró cuando Gabrielle abrió la puerta y se dirigió
a la habitación donde estaba Xena; se acercó a la improvisada cuna y acarició el rostro
del dormido bebé, miró al bulto de la cama pensando que ahí debajo estaba el amor de su
vida, pero también la que hizo que su corazón se volviera de piedra. Se arrodilló a su
lado y miró su cara, estaba ajada por el tiempo y por las condiciones, estaba
extremadamente delgada y toda la fuerza que alguna vez se había reflejado en ella había
desaparecido, detrás de la oreja pudo ver una cicatriz, era nueva y por su aspecto no
hacía mucho que se la habían echo; la nariz la tenía ligeramente torcida, su boca seguía
igual, esos labios carnosos que incitaban a ser besados una y otra vez hasta desgastarlos;
no lo resistió más, se acercó y la besó, tan dulcemente que apenas rozaba sus labios
pero Xena se despertó de golpe y se asustó alejándose de ella y acercándose a su bebé.
- Xena, tranquila soy yo.
- Ya lo se, ya me voy, no se como he llegado aquí. Ya, ya nos vamos.
- No... Xena - un dolor convertido en lágrimas amenazaba con salir, ver a Xena tan
débil que hasta tenía miedo de ella, ¿Qué habría pasado con ella en este tiempo?- no
hace falta, quedaros hasta que os recuperéis.
- De verdad, yo no... yo quería respetar tu decisión pero me puse de parto y no pude
llegar a otro sitio si hubiese sabido que era tu territorio no habría entrado nunca,
perdona - empezó a levantarse pero se cayó al suelo, Gabrielle hizo amago de ayudarla-
No, no me toques, ya puedo yo sola - se arrastró hacia la cuna y cogió al bebé, al
comprender que no podría levantarse se acurrucó contra la pared abrazando al bebé y
empezó a llorar.
- Xena... - las lágrimas ya corrían libremente por su cara - déjame ayudarte a volver
a la cama, necesitas descansar.
- No... no me toques... por favor, déjanos, no cumplas tu promesa, ya nos vamos - su
voz era suplicante y el llanto hacía que pareciera aún más desvalida de lo que estaba.
- Está bien, pero no te vayas. Llamaré a Noé para que te ayude - salió de la habitación
y lloró como nunca antes había llorado, Xena estaba así por su culpa, fue ella la que
la rechazó, la que hizo que llegara a este estado, la pena la embargaba y apenas podía
andar, pero tenía que hacerlo, tenía que llamar a Noé para que ayudara a Xena, fue hasta
el cuarto de la sanadora y llamó.- Noé, por favor, siento molestarte pero Xena necesita
tu ayuda.
- ¿Gabrielle? ¿Qué haces aquí?
- Vine a ver a Xena, pero se asustó y se ha caído. No quiere que yo la ayude... es más,
no quiere que la toque - se guardó sus lágrimas y aguantó el tipo.
- ¿Seguro que no le has hecho nada? - preguntó la sanadora aún a sabiendas que lo que
estaba insinuando de la reina podía costarle bastante caro.
- ¡Noé! ¿Cómo te atreves...? No, no le he hecho nada. Vamos - al llegar a la habitación
no había nadie, ni Xena ni el bebé - ¡Maldita sea! Me dejé la puerta abierta - pegó un
puñetazo a la pared y bajó la vista al suelo, un rastro de sangre delataba que se estaba
arrastrando y que no podía haber llegado muy lejos- ¡Noé! Mira - dijo señalando la
sangre.
- Dioses, si se le han abierto los puntos y pierde más sangre morirá.
Salieron corriendo como alma que lleva al diablo y efectivamente se había ido
arrastrando de espaldas con el bebé en el regazo, estaba dormido cosa que ayudó a Xena
a escabullirse con mayor facilidad; cuando la encontraron había vuelto a desmayarse
pero esta vez tenía la cara pálida y labios morados, Gabrielle corrió hacia ella, cogió
al bebé y se lo entregó a Noé:
- ¡Xena! ¡¡Despierta!! Por favor... no te vuelvas a ir...
- Gabrielle, déjala, ha muerto... - dijo Noé- ya no hay remedio.
- Pero aún respira - le tomó el pulso aunque le costó encontrarlo- y tiene pulso
aunque es muy débil, seguro que puedes hacer algo. Es más, te lo ordeno como reina.
- Gabrielle...
- ¡¡Hazlo!!
Levantaron a Xena y la volvieron a llevar de nuevo a la cabaña de la sanadora, volvió a
coserle los puntos y a darle los remedios que le dio anteriormente para que recuperara
algo de color.
- Solo queda esperar - dijo Noé a Gabrielle que acunaba al bebé- dame al niño.
- ¿Para qué?
- Xena tiene leche aún, podemos acercarlo y que mame.
- Está bien, ya lo pongo yo - se acercó a Xena y le descubrió un pecho, tenía marcas
de mordiscos y alguna cicatriz más de las que ella recordaba. No pudo evitar llorar con
el recuerdo de que alguna vez ese demacrado cuerpo le hacía sentir el mayor amor y
placer que existen en el mundo, colocó al pequeño en el regazo de Xena, lo acercó al
pezón y el pequeño lo agarró con fuerza y empezó a chupar con ahínco, debía de estar
hambriento. Gabrielle lo miraba con ternura, ya no le importaba que fuera un engaño de
Xena, le daba igual solo quería que Xena volviera con ella, cosa que era imposible.
Siguió llorando en silencio, cuando notó que el pequeño había dejado de mamar, limpió
el pecho de Xena y lo tapó cogió al bebé para que echara los gases, le dio palmaditas
en la espalda y soltó un sonoro eructo que la hizo sonreír.- Eh, precioso, te pareces
mucho a tu mamá, ¿lo sabes, verdad? Si... tienes un pelo precioso... un color muy
parecido al mío, a decir verdad es igual que el mío... ¿qué nombre te habrá puesto?
- Gabriel.
- ¿Si? - se volvió al escuchar su nombre pero se quedó de piedra al ver de donde
procedía, era Xena, había estado escuchando.- ¿Xena? ¿Me has llamado?
- No - intentó abrir los ojos pero no podía, le costaba hablar pero aún así lo hizo-
es su nombre.
- Ah... Xena, ¿quieres agua? - preguntó temerosa de que la volviera a rechazar hasta
por intentar ayudarla.
- Te lo agradecería.
- No tienes por qué - fue por agua y se la dio- ¿por qué... por qué lo llamas Gabriel?
- Es el nombre de la persona que un día amé con toda mi alma y a la que no pude
mantener a mi lado por mi estupidez - ahora ya si pudo abrir los ojos y miró a Gabrielle
que miraba al bebé, se quedó observándola un momento luego volvió a cerrarlos- me lo
puedes dar, no quiero que sea una carga para ti. En cuanto las piernas puedan sostenerme
nos iremos, no volverás a saber de nosotros. Te lo prometo.
- Xena, no digas eso... quiero que os quedéis todo el tiempo que queráis y Gabriel no
es una carga para mi, yo lo cuidaré mientras tú estés...
- No, él es la razón por la que me echaste de tu lado, no quiero que sea un
recordatorio constante para ti también. Es mi hijo, dámelo - eso último sonó con más
seriedad y sin sentimiento apenas. Abrió los ojos y miró directamente a los ojos
acuosos de Gabrielle- dámelo, por favor.
- Xena... - no podía creerse que Xena pensara eso del bebé, le echaba la culpa por
algo en que la única culpable era la propia Gabrielle, se fijó en los ojos de Xena
estaban apagados, no había nada en ellos, no tenía alma.- Xena... por favor, no pienses
eso, sólo es un bebé inocente. No te preocupes, cuando estés bien te dejaré con él,
ahora no puedes mantenerlo, te lo traeré todos los días y pasaré todo el tiempo contigo
hasta que te recuperes.
- No quiero ser una carga para ti... estoy tan cansada...- se quedó dormida.
- Te quiero, Xena, siempre te he querido incluso cuando creí odiarte. Ojalá algún día
podamos volver a ser como antes- miró una vez más a Xena y la besó en la frente.
Iba de camino a su cabaña con el pequeño Gabriel en brazos, estaba dormido después de
comer y estaba cansado. Al entrar vio a Eponin tumbada en la cama, vestida y con sus
cosas en puerta, Gabrielle la comprendió y no le dijo nada, Eponin se limitó a besarla
por última vez y le dijo "fue bonito mientras duró", sonrieron y se marchó a su antigua
casa. Gabrielle se quedó sola con el bebé de Xena, lo bañó y volvió a ver esa marca en
la pierna del bebé, luego se miró la suya, no cabía duda, eran idénticas. Una absurda
idea le vino a la mente.
- Puede que seas hasta hijo mío, ¿qué tontería no? Eso es imposible, las dos somos
mujeres...
- Cierto preciosa.
- ¿Quién...? - se dio la vuelta buscando el origen de esa voz, era Artemisa.-
¡Artemisa! - se arrodilló.
- Gabrielle, levanta, eres mi elegida, no tienes que arrodillarte. Y respondiendo a tu
pregunta, pues no, no es una tontería. Pedí permiso a Zeus para jugar con las leyes de
la naturaleza en tu caso, hice que tú tuvieras lo que un hombre para poder fecundar a
Xena ya que era ella la que estaba en pleno proceso para quedarse embarazada. Y a la
primera, cielo, menuda puntería. Ese niño es tuyo también.
- No, Artemisa, no... no me digas eso... Xena está casi muerta por mi culpa...
¡¡¡Dioses!!! Pero que estúpida soy...
- Gabrielle, tranquila, Xena lo entenderá, pero la he estado observando desde que os
separasteis, tenéis mucho de que hablar.
- ¿Qué la has estado observando? ¿Por qué no la ayudaste? ¡¡Has visto en lo que se ha
convertido!!
- No podía interferir, pero ¿quién crees que fue la que la condujo hasta tu territorio?
- Mi hijo... nuestro hijo... pero Xena no lo sabe y no me creerá - dijo Gabrielle
volviendo la vista hacia el bebé de nuevo- Artemisa, esto es lo mejor del mundo, podré
volver con Xena - se quedó pensando en lo resentida que estaba Xena con ella, no
permitía ni que la tocara- la he perdido para siempre...
- Oh, no, ella lo sabe. Pero sabía que tú no la creerías, lo sabe desde que...
- Desde que... ¿Qué?
- Gabrielle, yo me tengo que ir, hazme caso y habla con Xena. Ella querrá, te lo
prometo- se desvaneció.
- ¿Has oído eso Gabriel? Yo también soy tu mamá...
No perdió el tiempo y se marchó a esperar que Xena hablara con ella, llevó al pequeño
Gabriel a casa de Eponin y le dio las botellas con leche para que lo alimentara mientras
ella arreglaba las cosas con Xena.
Llegó a la cabaña, Noé estaba dándole los remedios a Xena que ahora tenía mejor color,
estaba sentada mirando al vacío dejando que Noé la tratara sin oponer resistencia y sin
decir absolutamente nada. Gabrielle suspiró y la oyeron, Noé miró a su reina temiendo
lo que podía pasar ahora y se adelantó:
- Mi reina, Xena necesita descansar.
- Lo sé Noé, solo he venido a hacerle compañía... si ella quiere... - miró a Xena y
obtuvo indiferencia que tomó como un sí- Si quieres vete a dormir yo me quedo con ella,
si hay algo te llamo.
- Está bien mi reina, con permiso- se fue pero se quedó cerca, por si acaso.
- Xena... ¿me puedes mirar?
- ¿Para qué?
- Xena, lo se.
- ¿Qué sabes qué? - dijo mirándola por fin.
- Que Gabriel también es mi hijo, Artemisa me lo contó todo.
- Te equivocas, Gabriel es hijo mío solamente, tú lo echaste de tu lado.
- Entiéndelo, estaba confundida y lo más lógico era pensar que había sido de forma
natural.
- ¿¿Lo más lógico?? Había otra opción, ¿sabes? Escucharme y confiar en mí, se supone
que me querías, lo mínimo hubiese sido concederme el beneficio de la duda, pero
preferiste pensar que te había engañado con algún hombre. No, Gabrielle, tú rechazaste
a mi hijo, no tienes ningún derecho sobre él. Me da igual lo que diga Artemisa, ese bebé
es mío, de nadie más.
- Xena, no puedes hacerme esto, lleva mi sangre, es tan mío como tuyo. La única
diferencia es que tú lo llevaste en tu seno. No tenías más remedio que ocuparte de él.
- De no ser por él yo ahora no estaría viva, ni él tampoco... - dijo esto en voz alta
casi en un susurro, arrepintiéndose de lo que había dicho y sobre todo de quien la
había oído.
- ¿Qué?
- Nada.
- Si, Xena, has dicho que si no fuera por él ninguno estaría vivo ahora. Explícamelo.
- Cuando me dejaste... no pude soportarlo, dejé de luchar y... empecé a beber. Me
desperté mas de una vez en cama extraña, otras veces simplemente me despertaba en algún
claro de bosque, ni siquiera recordaba que pasaba hasta sospecho que más de una vez me
violaron. Dioses, hasta un día me desperté con todo el cuello ensangrentado, algún
canalla me intentó cortar el cuello. Entonces apareció Artemisa y me explicó que este
niño era tuyo también, pero no podía decírtelo a ti hasta que tú tuvieras la más mínima
sospecha de que el bebé era tuyo, cosa que era imposible, al saber esto la desesperación
pudo conmigo, era nuestro hijo, fruto del amor y ya no tenía nada, no te tenía a ti...
Compré cicuta y antes de beberla, noté como se movía, lo mínimo que podía hacer era dar
a luz para que él tuviera una oportunidad. Poco a poco fui quedando más débil, tenía
que esconderme la mayoría de las veces, en los últimos meses las piernas no me sostenían
y arrastrándome llegué a los territorios de la reina amazona. El resto ya lo sabes. ¿Y
a ti como te ha ido? - esto último lo preguntó con ironía.
- Lo siento - se echó a llorar- ¿cómo pude...? No te merecías nada de eso, yo tenía
que haber pasado todo eso.
- Mira, reina Gabrielle, no necesito que nadie se compadezca de mi. Noé me ha dicho
que para mañana podré empezar a andar, entonces cogeré a mi niño y nos iremos de aquí.
Sigue con tu feliz vida, yo seguiré con la mía.
- ¿Feliz vida? ¿Llamas ser feliz a estar todos los días amándote y odiándote al mismo
tiempo? Estaba preocupada por ti, no sabía nada...
- Ya, claro, apuesto a que no te ha faltado alguien que te caliente la cama por las
noches... ¿o me equivoco? - miró a Gabrielle que agachó la cabeza confirmando que no se
equivocaba.- A ver, déjame adivinar quién es... um... ¿Eponin?
- Sí, era Eponin, ya lo dejamos. No había nada más que respeto y cariño, pero no amor.
No me juzgues por rehacer mi vida, yo no sabía nada de que el bebé también era mío.
- No, no te equivoques yo no te juzgo. Y no, el bebé no es tuyo, solo pusiste algo de
ti en él, yo soy su madre y los dos nos bastamos y nos sobramos. Ahora si no te importa,
tráemelo, me gustaría darle de comer - no podía creerse la forma en que estaba tratando
a Gabrielle, a su Gabrielle, la quería con toda su alma pero todo le había pasado por
su culpa necesitaba una lección. Gabrielle tenía que confiar en ella y respetarla,
tanto como ella hacia Gabrielle.
- Está bien, ahora solo déjame decirte algo...
- ¿Qué?
- Dime que no me quieres mirándome a los ojos y yo os dejaré marchar sin impedimento
alguno. No os buscaré y me olvidaré de vosotros - "como si fuera tan fácil, las dos
personas que mas quería en el mundo", si Xena la rechazaba no lo soportaría, miró a
Xena- vamos, a que esperas.
- Gabrielle... - Xena empezó a llorar- no me pidas eso, por favor... Sabes que no
puedo, te sigo queriendo con toda mi alma aunque la mataste hace mucho ya.
- Entonces déjame intentarlo de nuevo, por favor, el bebé también es mi hijo, por
favor - se acercó a Xena e intentó cogerle la mano, pero Xena por reflejo la apartó-
Xena, no me hagas esto... - se unió a las lágrimas de Xena e intentó cogerle la mano de
nuevo, esta vez Xena no la retiró, la miró a los ojos y por fin, vio algo en ellos un
pequeño resquicio de vida ahí dentro, se atrevió a ir más lejos y abrazó a Xena, que
aunque no le correspondió no la rechazó.
Estuvieron así un cuarto de hora, Xena empezó a rodear a Gabrielle con sus brazos, la
apartó y miró los hinchados ojos verdes que la miraban con miedo pensando en que la
rechazaría, pero en vez de eso sintió unos suaves labios en los suyos, suspiró y una
nueva oleada de lágrimas dejaron escapar por fin la tensión que sentía y se dejó llevar
por Xena. Recordaron con besos todo lo que habían dejado antes de su separación, cuando
el cansancio pudo con ellas se durmieron. Noé que había estado por allí pasó a ver que
tal iba todo al haber tanto silencio, sonrió ante la imagen: Xena tenía la cabeza encima
del pecho de Gabrielle y le pasaba una mano por el estómago, Gabrielle a su vez rodeaba
todo lo que podía a Xena, sus rostros emanaban paz.
Amanecía y Xena se despertó sobresaltada como siempre desde que dejó a Gabrielle,
lloraba y Gabrielle también despertó asustada por Xena
- ¡Xena! ¿Qué te pasa?
- Oh, no, nada, tengo pesadillas y me despierto muy asustada, en un ratito se me pasa.
No te preocupes - respiró varias veces y se limpió las lágrimas pero estas no cesaban-
oh, dioses, cada vez es peor...
- Ven aquí - Gabrielle la abrazó y la besó intentando calmarla, parecía que lo estaba
consiguiendo- ¿te sientes mejor?
- Ss... si, gracias, esto realmente ayuda, despertarse sola así es bastante duro...
- Ya no estarás sola nunca más, siempre estaremos contigo.
- ¿Puedes traer a Gabriel? No podido verle bien, me gustaría conocerlo un poquito más...
- Claro, enseguida vuelvo.
- Gracias...
- No hay de que, mi vida... - sonrió y le sonrieron, salió en busca de su hijo.