En la capital de un pequeño país de Centroamérica.
-Extra! extra!, noticia de última hora... hayan animal creído extinto hace más de seis
años!, extra!, extra!... científicos estadounidenses desean intervenir en el hallazgo!!!
Febrero, 2004.
-No puedo creer esto, cómo no me avisaron nada?
-Qué cosa?
-Los científicos!
-Ah eso.
-Cómo qué eso? Acaso tú lo sabías?
-Sí, es más, esta misma tarde llegan.
-Pero que... acaso no tenemos científicos acá?, acaso yo no lo soy?
-Si que lo eres... y una muy buena Estela. -Observó su compañero.
-Pues entonces para qué?, además soy la bendita bióloga que ha descubierto al anfibio,
acaso no tengo vos ni voto?
-Claro que si, pero tu sabes como son aquí, les conviene que esto se sepa en cada rincón
del mundo, además estos científicos pueden aportar el dinero que ocupamos.
Estela se lo pensó un poco más calmada, su compañero tenía razón, si estos científicos
pensaban involucrarse más a fondo en el proyecto, tal vez podrían contribuir con la
construcción del laboratorio para recrear las condiciones en que esta especie vive.
-Um, puede que tengas razón.
-La tengo Estela, sé que es tu proyecto, pero un poco de ayuda no nos haría mal.
-Esta bien, voy a hablar con el jefe, aún sigo sin explicarme porque putas no me dijo
nada.
La chica miró a su amigo con una mueca de reproche agarrando un periódico que estaba
encima del escritorio de su compañero, miró el encabezado y lo dejo caer en el
escritorio, salió de la oficina que compartía con su compañero Ashuri rumbo a la de su
jefe.
Ashuri era un joven indígena de Talamanca, una de las pocas reservas indígenas que
quedaban en el país, esta se encontraba al sur, Estela lo había conocido en una de sus
tantas expediciones a esa zona, se habían hecho muy amigos, las ganas de superación y
conocimiento llevaron a Ashuri a convertirse en un discípulo de la bióloga, desde
entonces trabajaban siempre juntos.
Después de terminar la universidad, los logros y reconocimientos de Estela ayudaron a
que pudiera conseguir un buen trabajo en el MINAE, el instituto más importante del país
encomendado a la protección del ambiente y recursos naturales, Estela era la encargada
de los programas de conservación y protección de los animales en peligro de extinción.
Estaba muy encabronada, su jefe siempre le hacía lo mismo, era la última en enterarse
de todo, pensaba que de seguro lo hacía al propósito, solo porque le encantaba verla
enfadada.
-Ya estoy harta de esta mierda, vas a ver jefecito, de esta no te salvas...
Estela iba por los pasillos refunfuñando palabras incoherentes, los que trabajaban allí
la miraban mientras esta pasaba por su lado, ya se habían acostumbrado a sus extraños
parloteos y actitudes, pero aún así no dejaba de originar ese ímpetu y deseo de ayudar
a los demás, y de dar todo de sí misma para lograr sus cometidos. Era una mujer muy
respetada, sus grandes proyectos y hallazgos hablaban por ella, pero también conocían
su mal carácter y lo testaruda que podía ser, así que cuando estaba de malas ninguno se
le acercaba. Muchos de los hombres que trabajaban allí morían por salir con ella alguna
vez, alguna que otra mujer no se quedaba atrás, su cuerpo digno de admiración y su
rostro perfecto no podían pasar desapercibidos y aún menos sus ojos, esos ojos que
hacían temblar a cualquiera que la viese, tan azules como estaba el cielo reflejado en
las ventanas de las oficinas. Desde hacía cuatro años trabajaba en la institución,
ahora tenía 26 años de edad y nunca le había dado mucha importancia a los asuntos del
amor, había tenido alguna que otra novia, pero al cansarse de ellas las mandaba a volar
sin más, a los hombres ni los echaba a ver. Para ella lo importante era lo que hacía,
salvar a los animales y luchar por ellos era lo que más amaba en todo el mundo.
Al llegar a la oficina de su jefe abrió con fuerza la puerta y se paró al frente del
escritorio, este estaba hablando por teléfono, la miró y supo de inmediato a lo que iba,
con una de sus manos le indicó que esperara y después con la misma le señaló el teléfono,
Estela tubo que esperar a que terminara, pero cada segundo le era exasperante.
-... Aja, pero... cómo qué no puedes?... José, habíamos quedado en eso... ese no es mi
problema!... ya te lo había dicho... y qué quieres que haga, qué me tire de un puente?...
-"Eso estaría bien". -Pensó Estela que se había sentado en la silla cara al escritorio.
-... Esta bien, pero es la última vez José... es la última oportunidad... muy bien,
hasta luego!
El jefe de Estela, Manuel, colgó el teléfono enojado, suspiro un momento y volvió su
rostro a la mujer que lo miraba divertida.
-Por qué sonríes?
-Por nada.
-No es gracioso estar peleando con los empleados.
-Lo sé... -Estela lo miraba interesada olvidándose por un momento de su problema... -Que
pasa, es algo importante?
-No, bueno sí, pero puedo buscar a otra persona que lo haga.
-Um... y puedo saber qué es?
Por la mirada que le hizo su jefe, Estela deseó mejor no haberle preguntado.
-Es una cosa muy sencilla, verás hoy llegan al país unos científicos que...
-Sí, ya me he dado cuenta... -Decía Estela recordando porqué estaba tan furiosa. -... Lo
he leído esta mañana en el periódico... -Continuó ofuscada y poniéndose de pié mientras
su jefe la observaba sin importancia.- ... Puedes decirme como se enteró todo el mundo
antes que yo, la que lleva a cargo este proyecto, mí proyecto... cómo?
-Calma Estelita calma, si no es para tanto... -La trató de tranquilizar Manuel.
-Cómo que no es para tanto?... cómo puedes decirme eso, estas haciendo las cosas a mis
espaldas?, no me comunicas, no me dices nada, cómo voy a calmarme?
-Esta bien, perdóname sí?... no he tenido tiempo de comunicártelo...
-Y cómo putas se enteró la prensa?
-Eso ni yo lo sé... pero te aseguro que lo iba a hacer, te lo iba a decir...
-Primero debiste de comunicarme antes de tomar esa decisión.-Le apuntó Estela herida
mientras se dirigía a la puerta de la oficina.
-Espera Estela!... -La chica se volvió para mirar a su jefe que de verdad se veía
arrepentido. -... Lo siento, no debí de hacerlo, se que es tu trabajo, pero era una
decisión que debía de tomar de inmediato, ayer me llamaron de Atlanta y me dijeron lo
que querían hacer, me pareció una excelente idea, no es que ellos sean mejores que
ustedes ni mucho menos, pero es una ayuda muy importante para el desarrollo de este
proyecto, comprende.
-Eso lo comprendo... es solo que... no lo vuelvas a hacerlo sí?
-Lo prometo.
-Una cosa más. -Informó Estela. -Yo llevo a cargo este proyecto... yo impongo las normas y
lo que se haga lo harán porque yo lo digo.
-No hay nadie mejor que tú... lo sé.
Estela le sonrió, no quería darle más cuerda al asunto, aunque todavía estaba muy herida
por ello, su jefe Manuel le devolvió la sonrisa demostrándole así lo mucho que la
apreciaba, era su consentida, él sabía lo importante que era ella para la organización
y lo importante que era la organización para ella, era su vida, de eso no cabía duda.
-Estela?-La llamó su jefe cuando esta estaba a punto de salir por la puerta.
-Sí?
-No te expliqué lo de los científicos.
-Oh, bueno, dime. -Le propuso Estela sentándose de nuevo en la silla.
-José era el responsable de ir por ellos al aeropuerto...
-Ajá?-Matizó Estela sabiendo más o menos lo que estaba a punto de proponerle.
-Que, pues él no puede ir...
-Qué me quieres decir?
-Que necesito a una persona que lo haga, y como vos vas a tener que trabajar junto a
ellos y eres su supervisora pues... no hay mejor persona que...
-Oh no!, nada de eso, sabes que tengo muchas cosas que hacer...
-Vamos Estela es solo ir por ellos, darles la bienvenida, llevarlos a un hotel y listo,
nada te cuesta...
-No, no puedo, tengo mucho trabajo y no hay otra persona que lo sepa mejor que tú...
-Vamos, hazlo por mí...
-No y punto!
Esa misma tarde.
-Maldición... muévanseee!!! -Gritaba Estela desde su auto, un Land Rover 2002 negro,
full extras, el cual le daba todas las comodidades para sus famosas expediciones. -...
Como odio esto. -Decía mientras esperaba a que los autos se movieran. -Bueno... mientras
pongamos algo de música tranquila, si no, creo que estallaré en cualquier momento.
Los científicos llegarían a las cuatro de la tarde, Estela prefirió salir de su trabajo
más temprano de lo normal porque sabía que a esas horas las carreteras se llenaban de
autos, y una de las cosas que más odiaba era estancarse en una espantosa fila de autos.
Cogió la cartuchera de discos compactos que siempre andaba en el asiento del copiloto,
miró su colección y escogió uno, lo metió en el reproductor y de él empezó a sonar una
melodiosa canción de Deep Forest.
-Nada mejor que esto. -Reveló mientras subía las ventanillas del auto y ponía el aire
acondicionado.
Los autos de adelante empezaron a moverse, dándole al fin paso para seguir hacia el
aeropuerto internacional, ahora no estaba muy lejos, miró su reloj y supo que estaba a
buen camino.
Su jefe le había dicho que eran tres, una mujer y dos hombres, también que venían del
Jardín Botánico de Atlanta, que estaban muy interesados por la gran magnitud del
proyecto, y que se les había informado acerca de este espécimen supuestamente extinto
hace siete años, su nuevo descubrimiento en bosques costarricenses asombró a todos, era
algo casi nunca visto. Ahora querían ser parte de ello y ayudar a rescatar su
supervivencia.
Estela ya se encontraba en el aeropuerto, iba con un pantalón azul de mezclilla
desgastado, una camiseta negra sin mangas y una chaqueta de mezclilla que hacía juego
con el pantalón, se ubicó entre el tumulto de gente que siempre se hacía a las puertas
de arribo, sacó de su chaqueta un pequeño cartel el cual decía MINAE, para que los
científicos pudieran localizarla y se dispuso a esperar al tiempo que salían personas
de todas nacionalidades. Todavía no estaba de acuerdo con la llegada de esos científicos,
sentía que no era necesario, ella y su gente podían haberse hecho cargo de todo como lo
habían hecho siempre.
Ya habían pasado 20 minutos y nada, Estela empezaba a desesperarse pero sabía que
siempre se retrasaban los vuelos un poco, miró entonces a la cafetería que se encontraba
a un lado, no había mucha gente, así que se decidió a ir por un café, escogió un
capuchino con almendras, cogió del mostrador unas bolsitas de azúcar y se lo añadió a
su vasito de cartón, miró de nuevo a las puertas para tratar de visualizar a tres
personas con cara de científicos, pero ninguno lo parecía, volvió a su lugar de espera
y alzó de nuevo el cartel mientras se bebía el capuchino, y entonces alguien le colocó
una mano en el hombro, esta se volvió ligeramente para ver a un hombre que le hablaba
en ingles.
-Hello, I'm one of the scientists that come from Atlanta.
Estela lo miró por un momento, el hombre la observaba con una gran sonrisa en el rostro,
era un hombre de unos 30 años, rubio y de ojos marrones, un poco más bajo que ella,
parecía agradable, luego observó a su alrededor buscando a los demás, pero este estaba
solo.
-My name is Andres Murray.
-I'm Estela Arce, nice too met you. -Se presentó Estela con un inglés bastante
entendible estrechándole la mano al hombre. -Where your partners are?
-They come soon.
-Ok, well, do you speak Spanish?
-Sí... no hay problema. -Le dijo el hombre con buen acento.
- Aunque sé hablar un poco inglés la verdad así nos entenderemos mejor.
-Tienes razón, además estamos en un país de habla hispana, hay que hablar español.
-Si tú lo dices. -Apuntó Estela sin importancia.
-Es más, mis compañeros también hablan español, así que no vamos a tener ningún problema.
-Perfecto.
-Oh! -Exclamó Andrés. -Allá viene uno. -Le indicó a Estela señalando con un dedo.
Estela miró entonces una silueta que se aproximaba a ellos, era un hombre alto como ella,
parecía tener unos 28 años de edad, su cabello era negro y con un peinado tipo Elvis,
el hombre paró un momento para sacar de su chaqueta negra unos lentes de sol, se los
puso como en cámara lenta y se alisó el cabello con una mano, miró a ambos lados y
observó a su compañero cerca de Estela, atrás de él iba un hombrecillo jalando un carro
lleno de maletas. A Estela no le gustaba juzgar a las personas sin conocerlas, pero
este hombre el cual se iba acercando a ella sin dejar de mirarla le transmitía malas
vibras y no necesitaba conocerlo para saberlo.
-Hola preciosa, mi nombre es John Welsh. -Se presentó el hombre quitándose los lentes
rápidamente y mirando a Estela ofreciéndole la mano.
Estela se le quedó mirando por un momento desconfiada enarcando una ceja mientras el
hombre seguía con la mano alzada.
-Estela. -Dijo esta a secas dándole la mano y mirándolo a los ojos seriamente.
-Allá viene Alison. -Indicó Andrés con su cabeza.
Todos volvieron a ver a donde estaba su compañera caminando hacia ellos tratando de
esquivar a los hombres que le ofrecían taxi. Parecía una chica bastante joven,
aparentaba 24 años de edad, no era alta pero tampoco era tan baja, su cabello era corto
y rubio, con un corte moderno, llevaba puesto un pantalón pescador blanco y una camiseta
verde sin mangas, en una mano llevaba una maleta pequeña, seguramente para un portátil
y en la otra llevaba otra un poco más grande. También si se fijaban bien verían el
pequeño piercing que tenía a un lado de la nariz.
Estela la observaba mientras terminaba de beber su capuchino. Cuando la chica llegó a
donde ellos, Andrés se ofreció para ayudarla con la maleta más grande y esta le
agradeció.
-Hola... me llamo Alison Howels, tú debes de ser la bióloga del MINAE, Estela Arce. -Dijo
la chica ofreciéndole la mano y sonriéndole.
-Si. -Dijo Estela sin acopio de sonreírle mirando a los ojos de Alison y estrechando la
mano de esta.
A Estela le parecieron bonitos, un verde difícil de verle a cualquiera. Es más le
pareció bonita toda ella pero trató de esquivar rápidamente sus pensamientos. También
se sintió un poco mareada mientras estrechaba la mano de chica, dejó de verle a los ojos
y pasó de inmediato a otro plano.
-Bueno... ya que nos hemos presentado... Indicó Estela mirándolos a todos sin titubear.
-Quiero darles la bienvenida al país de parte del MINAE, ahora si me disculpan...
-Comunicó mientras se encaminaba al parqueo dándoles la espalda. -... Debemos irnos...
por aquí por favor.
Los tres científicos se miraron entre sí y después la siguieron hasta el parqueo donde
los esperaba el auto de Estela, esta abrió la cajuela del auto para que el hombrecillo
metiera las maletas.
Alison le dio a cambio diez dólares y sin más el hombrecillo se fue junto a su carrito
para seguir con su trabajo.
En el transcurso del camino Estela les había dado algunos datos sobre la especie en
peligro, también del habitat y lugar en el que lo había descubierto y más o menos contó
lo que se tenía en mente hacer. Alison y los demás habían puesto toda la atención a sus
palabras, de verdad parecían muy interesados, haciéndole algunas preguntas referente a
la expedición a la selva, y sobre el proyecto de el laboratorio. Estela les había dicho
que primero debían de estudiar muy bien la situación antes de hacer la expedición y eso
tardaría como una semana, Alison le había comunicado que la expectativa del Jardín Botánico
para el cual ella y sus compañeros trabajaban era compartir el proyecto y poder así
ganar más conocimiento y desarrollar la procreación de la especie en los dos países al
mismo tiempo para poder salvarla, a cambio el Jardín aportaría dinero para la creación
del laboratorio si ella y sus compañeros así lo decidían.
Pero Estela no estaba muy convencida, aún así sabía que el Jardín Botánico de Atlanta
era uno de los más importantes a nivel mundial, sus experiencias anteriores junto a otras
instituciones no habían dado buenos efectos para la biodiversidad del país, ni para la
institución, siempre había algún hijo de puta que hacía cosas que nadie se imaginaba
con los animales solo por ganar dinero fácil, para Estela eso era una lucha constante,
nunca era de acabar, ni siquiera podía confiar en su propia gente, menos lo haría con
gente del exterior, nunca se sabía, algunas especies en peligro valían más que una casa
o un auto, era increíble como existía tal grado de contrabando, de tráfico de animales
como si fueran puros de marihuana o bolsitas de cocaína, Estela odiaba todo eso, le
daban asco las personas inhumanas que vendían Pericos en el centro de la ciudad, cuando
encontraba los caparazones de las Tortugas Lora a la orilla del mar o mataban a las
Dantas en medio de la selva para vender su carne a grandes precios.
Alison le había asegurado los propósitos sanos y verdaderos del Jardín Botánico para
con el MINAE y para con el país en sí, salvar a los animales también era su propósito y
como Costa Rica al igual que otros países tenían animales que ni si quiera se sabía
existían, era una excelente forma de aprender y conocer acerca de ellos.
-Bueno, hemos llegado. -Informó Estela al llegar al hotel.
Manuel le había dicho que las reservaciones eran en el hotel Aurora, en el centro de la
capital, era un hotel muy lujoso y bastante céntrico, así se les haría más fácil ya que
las oficinas del MINAE donde ella trabajaba quedaban muy cerca de allí, además el
apartamento de Estela quedaba como a seiscientos metros.
Estela les ayudó a sacar las maletas del auto y sin otra cosa se despidió.
-Mañana paso por ustedes a las nueve de la mañana. -Decía entrando al auto.
-Muchas gracias Señorita Arce. -Le agradeció Andrés.
-Llámenme Estela.
-Gracias Estela, fue muy amable en ir por nosotros. -Apuntó Alison mientras recogía dos
maletas del suelo.
John solo movió su cabeza igual hizo Estela quien encendió el motor y se esfumó del
lugar tan rápido como habían llegado.
*****
En el hotel, horas más tarde.
-Valla... si que es temible. -Opinó Andrés haciendo una mueca de susto.
-Oh vamos, no exageres, ni siquiera la conoces.
-No sé, es muy rara.
-Bueno sí, es un poco umm... insociable?
-Creo que esa es la palabra.
Alison acomodaba su ropa en el armario junto a la cama, había preferido una habitación
solo para ella, mientras que sus compañeros iban a compartir una sola, Andrés la miraba
desde la cama, prefería pasar su tiempo con su compañera que con John, Alison se había
molestado cuando le comunicaron que John iba con ella, pues ella no se lo soportaba,
era un hombre creído e impertinente, no era de confianza, él quería ser el mandamás de
todo y que los créditos solo cayeran en él, pero no podía hacer nada, su jefe le había
dicho que iba a ser de gran ayuda, pero para Alison solo iba a ser un estorbo. Esperaba
que no cometiera ninguna estupidez. Pero cuando le dijeron que iba a acompañarla también
su compañero del alma Andrés se puso toda contenta, pensó que con él no le iba a ir tan
mal después de todo.
-Tiene unos increíbles ojos.
-Qué?
-Que es muy bella. -Le reveló Andrés a su amiga.
-Ah... sí. -Dijo Alison sin importancia.
Pero por dentro su mente repasaba una y otra vez ese rostro que se presentó en el
aeropuerto, en cuanto la vio, creyó que la había hipnotizado con sus ojos, nunca había
visto en su vida una mujer tan hermosa, pensó que seguro algún familiar suyo era griego
o algo así. Dejó de darle vueltas al asunto pensando que era natural haberse sentido un
poco atraída por alguien tan bello ya sea hombre o mujer, como si fuera un bonito cuadro
exponiéndose en un museo.
-... Alison, me estas escuchando?
-Ah qué?... perdón no, no te escuché.
-Te decía que me voy a descansar, mañana nos veremos para ir a desayunar... buenas
noches.
-Buenas noches Andrés.
-Ah!, y Alison no te olvides de llamar a Erick que debe de estar súper preocupado por
ti. -Le recordó Andrés.
-Como se me va a olvidar.
Andrés salió de la habitación dirigiéndose a la que compartía con John, Alison terminó
de acomodar su ropa, y miró la habitación, era muy cómoda una cama matrimonial, un
cuadro bastante grande de una flor morada muy bella colgaba encima, una mesa para
cuatro personas estaba justo al frente de la ventana que daba a la ciudad, un sillón
individual con un tapiz exótico estaba en una de las esquinas y un minibar al otro lado.
Cogió el portátil que estaba encima de la cama y lo puso en la mesa, se dirigió al
minibar para mirar que había, habían varias botellas de vino y champaña, cogió una de
vino rosado, la abrió y se sirvió en una copa, lo probó y pasando su lengua por los
labios le dio la aprobación, se dirigió luego al teléfono que estaba en una mesita al
lado de la cama, se sentó en la cama y marco a recepción.
-Por favor, una llamada a larga distancia... Alison Howels, habitación 413.
Continuará pronto...