No recuerdo exactamente como empezó todo, fue hace tanto. Tratare de contarlo lo más
fielmente posible y perdonen si de repente sucede algo fuera de la realidad. Aunque
todo era magia cuando estaba con ella y también disculpen si suelo ser algo infantil a
veces pero así soy.
Tenía algo así de 14 años cuando le vi por primera vez. Un teatro ambulante había
llegado al pueblo donde vivía, se instalaron en la plaza principal cerca de los
edificios viejos. Traían una especie de temática medieval y al ponerse en la zona de
las casas viejas le da mayor realismo a su estilo. Payasos, lanzafuegos, malabaristas y
demás se encontraban por doquier, también se colocó una pequeña feria de mismo estilo
de la edad media. Los dulces, los colores tan luminosos y llamativos, todo era un gran
carnaval.
Me acuerdo que ese día me escape de la vigilancia de mi madre para poder visitar la
feria, era una chavala, apenas despertaba al mundo real. Siendo de un pueblo chico se
suele pensar que las personas que allí viven son ajenas al exterior, viviendo como en
una burbuja, sin importar lo que acontezca en el resto del planeta, yo no era la
excepción. Mi mundo solo era el campo donde llevaba a pastar a las ovejas de mi padre y
la pequeña escuela a donde aprendí las primeras letras y ahora con un paso de irme a la
ciudad a estudiar la preparatoria.
Llegué al centro de la plaza y me encontré con un entarimado en el que se estaba dando
una función de teatro guiñol. Los títeres coloridos hacían la representación de una
historia de nombre "Los secretos de la guerra y el amor". En ella aparecía un títere
que llamó fuertemente mi atención. Vestido a la usanza de los hombres ricos del siglo
XIX, usaba un traje de pingüino como le digo yo y un bonito sombrero de copa. Se hacía
llamar Cyane, era sumamente chistoso en sus maneras y su forma de hablar, decía tantas
cosas que me parecían verdades inexpugnables.
La función terminó y quise ver más de cerca de Cyane el muñeco y conocer a quien lo
manejaba. Me metí entre personas y atravesé carpas hasta llegar donde se encontraba. Lo
vi sentado sobre una caja, traté de acercarme cuidadosamente contemplándolo maravillada.
Se había convertido en mi héroe. Levanté mi mano para tocarlo era tan hermoso ese
muñeco, sus ropas elegantes, el sombrero de copa tan chistoso y lindo, esa forma en que
se expresó durante la función me hicieron admirarle sobremanera. Estaba a punto de
tocarlo cuando por una extraña fuerza el muñeco se levantó y comenzó a mover y hablarme.
- Hola niña bonita, que hace una bella flor de campo paseando por mi hogar.
- Quería conocerle. - le respondí aun con un poco de susto.
- ¿Conocerme? A mí, al pobre Cyane. Este pobre desdichado de la vida y el amor.
- Si, a usted - el títere se movía y hablaba por arte de magia no lo creía, algo en
verdad mágico sucedía entre nosotros.
- Y ¿Cuál es el nombre de esta hermosa niña de cabello azabache y dueña de tan
hermosos ojos negros?
- Mi... mi... nombre bueno es Cecilia Lethelby, pero me puedes decir Cecil así me
gusta más.
- Mucho gusto Cecil, - se inclinó en modo de reverencia - mi nombre ya lo conoces, es
Cyane Pantzerki afamado Príncipe del País de Gethisburg.
- El gusto es mío caballero andante. - le correspondí con otra reverencia - Me ha
gustado mucho la obra en la que ha actuado. Todo lo que dice es muy cierto.
- Muchas gracias pequeña, eso me lo ha dado la experiencia de conocer muchos lugares
por los que he vivido.
- En verdad, cuénteme acerca de ellos. - insistí con tono infantil.
- Claro que si bella Cecil. En una ocasión viví en el País de Saltamontes, precioso
lugar en verdad, tenía grandes ríos y arroyos. La gente tenía grandes casas que daban a
los distintos ríos, todos se transportaban por medio de barcas, era hermoso de verdad. -
lo dijo dando un gran suspiro.
- Ojalá un día yo también pueda viajar mucho y conocer tantos lugares como lo hace
usted Cyane.
- Háblame de tú, pequeña niña, que a fin de cuentas somos más iguales de lo que crees.
- Si así lo prefiere esta bien.
- Me has agradado mucho Cecil, y me gustaría darte un regalo. Es algo muy importante
para mí y creo que a ti te encantará.
- Lo dice en verdad, perdón, lo dices en verdad Cyane.
- Por supuesto, es muy especial, te lo puedo asegurar. Ven acércate te diré su secreto
- me aproximé hasta poner mi oído cerca de su cara y en un susurro me dijo - es un
sombrero mágico, cumple deseos.
- Y me lo regalarás a mí. - estaba muy sorprendida algo como eso seria muy valioso.
- Claro pero tendrás que usarlo adecuadamente, de lo contrario el sombrero no te
cumplirá el deseo. Suele ser algo caprichoso más sin embargo es de buen temple. Si le
quieres y lo consientes te cumplirá lo que le pidas.
- Wow! Lo cuidaré mucho. - el títere se quitó el sombrero de copa que tenía sobre su
cabeza y me lo dio con gran ceremonia.
- Y recuerda trátalo bien y tus deseos se cumplirán por difíciles que parezcan.
- Te lo agradezco mucho Cyane, es lo más increíble que me han regalado jamás, nunca te
olvidaré. - de nuevo hizo una reverencia.
- Siempre recuérdame hermosa Cecil. - un grito se escucho y me sacó de mi ensoñación.
- Marina!!! Pequeño diablillo deja mi muñeco. - un hombre iracundo se acercó a donde
me encontraba con Cyane.
- Nunca me olvides, que yo no lo haré Cecil. - de pronto de debajo de la caja salio
una niña de cabello rubio y ojos color esmeralda que con una gran sonrisa y un beso al
aire me dijo estas palabras.
- Marina!!! No huyas que ya te alcanzaré.- el hombrecillo tomo el muñeco y lo guardo
dentro de la caja con una gran rapidez sin tomarme en cuanta hasta ese momento - ¿Y tú
quién eres?
- Yo... yo... - en ese momento escondí el sombrero y salí corriendo por el mismo rumbo
por el que antes salio la niña rubia.
No pare hasta estar en un lugar muy alejado del hombrecillo iracundo, me detuve con
gran agitación tratando de tomar aire al tiempo que recordaba el rostro de la niña
rubia. Me pasé el resto de la tarde buscándola por toda la feria pero no hallé ni un
rastro de ella. Entristecí mucho al no encontrarla y decidí regresar a mi casa pues ya
era algo tarde más no sin antes prometerme que regresaría a buscarla el día siguiente.
Toda esa noche estuve soñando una y otra vez con ella y con todo lo que había sucedido
en ese lugar. Algo dentro de mi se alegraba y otra se entristecía, sentimientos opuestos
surgían por primera vez en mi vida. No podía explicarlos o entenderlos siquiera. En mis
ideas yendo y viniendo me acorde de una frase que Cyane el muñeco dijo en la función,
"... las incongruencias del amor se dan cuando tenemos sentimientos contrapuestos..." y
"... el amor suele ser confuso pero a la vez tan certero...". Esas palabras rondaron mi
cabeza durante toda la mañana del día siguiente cuando estaba pastando a las ovejas. El
amor es tan incongruente y confuso pero al mismo tiempo ser certero, como puede serlo.
Me preguntaba una y otra vez. En todo ese mar de ideas de golpe llegó una, el sombrero
de copa mágico. Sí, el me ayudaría a encontrarla y responder mis dudas.
Regresé a casa y lo busqué, al tenerlo en mis manos lo apreté contra mi pecho y cerrando
los ojos desee con toda mis fuerzas volver a ver a Cyane la niña rubia.
Escapé de mi casa de nuevo para buscarla esta vez con la certeza de hallarla. Por toda
la plaza mis pies anduvieron, caminando de arriba abajo durante largo rato hasta que al
fin me cansé y me senté en la fuente de agua que estaba cerca de la iglesia del pueblo.
Estaba viendo mi reflejo en el agua aun pensando en Cyane que no salía de mi cabeza esa
niña rubia.
- Hola! ¿Cómo estas? - el reflejo de Cyane apareció de súbito en el agua de la fuente,
haciéndome dar un gran brinco del susto.
- Me asustaste.
- Lo lamento. - me sonrío y al instante olvidé todas mis locas ideas, solo estaba su
rostro.
- ¿Eres tu Cyane? - preguntando para asegurarme de algo que era por demás obvio.
- Mi nombre es Marina pero tú me puedes decir Cyane, ese nombre me gusta más hermosa
Cecil. - sonreí como una verdadera tonta pero no me importaba nada mas que sus ojos
verdes.
- Tienes unos bellos ojos, me recuerdan al verde del pasto de primavera durante las
mañanas cuando esta regado con el rocío.
- En verdad, gracias. Tus ojos también son bellos me recuerdan el mar cuando es
iluminado por los rayos del sol y dan ese brillo tan hermoso. - estábamos embelezadas -
Tus ojos brillan de un modo tan hechizante - rompí en una pequeña risa - es verdad.
- Te creo, pues los tuyos también me han hechizado pequeña Cyane.
- ¿Pequeña? Bueno si soy algo pequeña, no como tu que eres por mucho más alta que yo.
- Tu regalo a funcionado muy bien.
- ¿En verdad? Sí ,en verdad, claro es que es un sombrero muy especial. - guiñó un ojo
de manera muy picaresca.
- Ya lo creo, tú lo eres. - y habiendo dicho esto me sorprendí dándole un beso en la
mejilla.
- Wow! - fue lo único que salio de su boca y una aun más grande sonrisa se dibujo en
sus labios.
- Ven conmigo.- tomó mi mano salimos caminando rumbo a las carpas del teatro ambulante.
En ese momento me sentí tan feliz, algo extraño y hermoso que había surgido en el mismo
momento en que vi a Cyane sobre el entarimado del escenario. Era amor, no lo dudaba,
era incongruente y confuso por tantas cosas pero a las vez tan certero y exacto que
derribaba todo. Estaba en el mismo paraíso mientras corríamos entre las personas
agarradas de las manos, entre tanto color, entre tantos olores tan ricos y exuberantes,
entre los payasos, los malabaristas y todas esas personas que encuentras en un circo o
en un carnaval.
FIN