EL AMOR ENTRE TU Y YO

Eugenia

Décima parte

A medida que el coche se acercaba se aclaraba la imagen del conductor, era David, su cara reflejaba odio, Sara no creía lo que veía, sin pensarlo echó a correr para ponerse delante, una vez se plantó delante, Sara vio como el coche venía hacia ella, David al verla delante dió un frenazo y giró bruscamente haciendo volcar el coche, que patinó, iba directo hacia Sara, la rubia no se movía, Shulia con la pierna libre empujó de la moto con todas sus fuerzas librándose de ella, inmediatamente echó a correr hacia donde Sara y se abalanzó justo encima de ella para que el coche no la diera, ambas cayeron al suelo, Shulia encima de Sara, el coche acabó estrellándose con otro que estaba aparcado, Shulia se apoyó en el suelo para levantarse un poco y ver como estaba la rubia.

- Sara!, estás bien.
- Si, estoy bien - dijo abrazándose al cuerpo de Shulia - y tu estas bien?
- Si cariño... ahora que te tengo estoy perfecta.

De repente unos golpes las hicieron miran para el coche de David, no había sufrido daño alguno, salió echo una furia.

- Serás zorra! - dijo mirando a Sara.
- Cómo vuelvas a insultarla te tragarás esas palabras! - dijo la morena enfadándose.
- A ti te voy a matar!

Sin decir mas David se abalanzó sobre la morena, ambos empezaron a forcejear, David consiguió darle un puñetazo en la cara, Shulia le dió un rodillazo en sus partes mas bajas dejándolo tirado en el suelo.

- Vámonos de aquí - dijo la morena agarrándola de la mano.
- Si!

Las dos salieron corriendo, David se quedó tirado en el suelo retorciéndose de dolor. Cuando por fin llegaron al centro para ir a las tiendas la morena se paró en seco.

- Sara...
- Qué pasa? - preguntó preocupada.
- mañana tendré que volver a Grecia, pero no quiero dejarte aquí sabiendo que el idiota ese puede hacerte algo - dijo muy angustiada.
- Le tengo mucho miedo Shulia... - dijo casi llorando.
- Entonces... ven conmigo a Gracia.

Sara la miró muy sorprendida, pero pudo ver en los ojos azules que se lo había pedido enserio.

- De verdad quieres que vaya?.
- Claro que si - la morena se acercó y la abrazó.
- Iré donde sea mientras sea contigo.

Shulia solo sonrió y la apretó mas contra ella, tras un cálido beso en los labios las dos se fueron a comprar, cogieron todo lo que necesitaron y algún que otro capricho.

Ya estaban en casa cuando Sonia estaba haciendo la comida.

- Hola mamá!
- Hola hija, que tal las compras?
- Bien mamá - dijo sonriente.
- Y Shulia?
- Esta colocando la moto.
- Ah, bien, dile que enseguida estará la comida.
- Claro, mamá, tengo algo que decirte.
- Dime hija.
- Verás, es que Shulia me ha pedido que vaya con ella a Grecia.
- Ya veo, y tu quieres ir?
- Claro mamá.
- Pues entonces ve y tráeme algún recuerdo - dijo guiñándole un ojo.
- Ja ja, claro mamá, gracias - Sara la abrazó y la dió un beso en la mejilla - iré a buscar a Shulia.
- Daros prisa.
- Si! - gritó mientras salía.

Shulia estaba fuera mirando si la moto había sufrido algún golpe, pudo ver que estaba un poco abollada y tenía algunos rallajos, pero nada que no se pudiera arreglar, justo cuando se giró para entrar en casa una pequeña rubia se colgó de su cuello y la besó profundamente.

- Mmm, sabes que cada día besas mejor?
- Ja ja ja, lo se - dijo sacándole la lengua - vamos, la comida ya está hecha.
- Estupendo, me muero de hambre.
- Shulia, ya le dije a mi madre lo de ir a Gracia.
- Y?
- Dice que le traiga algún recuerdo.
- Ja ja ja, dile que le traeremos el mejor recuerdo de todos! - dijo muy sonriente.
- Vamos!

Las tres cenaron animadamente y estuvieron hablando del viaje, tras una larga charla todas se fueron a dormir pronto para descansar para mañana.


Shulia y Sara ya estaban en la puerta de enbarque despidiéndose de Sonia.

- Shulia cuida de mi pequeña.
- No se preocupe, cuidaré bien de ella - dijo la morena sonriente.
- Cuídate tu también mamá, te llamaremos en cuanto lleguemos.
- Vale hija

Las tres se despidieron con un abrazo, Sara y Shulia entraron por la puerta cogidas de la mano como era costumbre ya. El vuelo fue muy tranquilo, las dos fueron entre mimos y caricias. Ya estaban enfrente de la puerta de la casa de Shulia.

- Lista? - preguntó Shulia.
- Si - le respondió sonriente - Shulia... crees que a tu madre le importará que tu y yo...
- No se si le importara, pero yo te quiero y si eso ella no lo entiende es su problema - la morena se acercó y la besó suavemente.
- Te quiero - le dijo Sara sonriente.
- Yo mas! - la morena la guiñó un ojo - vamos.

Shulia llamó a la puerta, no tuvieron que esperar mucho, una mujer de unos 40 años abrió la puerta, Sara pudo ver su gran parecido con Shulia, era igual que ella solo que en su cara ya se notaba la edad, los mismo ojos azules y el mismo color de pelo.

- Hija!, por fin has llegado.
- Hola mamá! - las dos se dieron un fuerte abrazo.
- Cuánto me alegro de que ya estés aquí, y dime quién es tu amiga?
- Se llama Sara, es la hija de la señora que me ha alojado en su casa y...
- Oh!, cuando me alegro de conocerte, gracias por cuidar de mi hija, yo me llamo Sila.
- Encantada Sila! - dijo la rubia sonriente.
- Mamá no me has dejado acabar - protestó la morena.
- Oh!, perdona hija, dime que mas querías decirme.
- Quería decirte que Sara es mi novia.
- Oh... - Sila volvió a mirar a Sara, tras una larga mirada la mujer sonrió ampliamente - es una preciosidad, tienes muy buen gusto hija!, bienvenida a la familia.

La cara de Sara se iluminó completamente al ver que la madre de Shulia la aceptaba, de la felicidad la rubia se lanzó a abrazar a la mujer que empezó a reirse al sentirlo.

- Muchas gracias Sila!
- Y encima es cariñosa!
- Ja ja ja ja - Shulia se reía con ganas al ver lo bien que se llevaban.
- Vamos chicas, tengo que daros de cenar! - dijo sonriente Sila.

Las tres estuvieron hablando durante toda la cena, sobre todo de la relación de las dos chicas, Sila se lo tomó muy bien y estaba muy contenta por su hija. Sara se había ido a duchar y mientras Shulia aprovechó para hablar a solas con su madre.

- Mamá dime ya que es lo que pasa.
- Verás hija, como sabrás tu padre hace algo mas de un mes que salió de prisión.
- Si... lo se.
- Recibí unas cartas suyas...
- Qué te decía?
- Me dijo que vendría a vernos y... que esta vez no nos libraríamos.
- Mierda...
- Hija tengo miedo, se que va a venir.
- Tranquilízate mamá, encontraremos una solución.
- No se...
- Ya lo verás - la morena abrazó a su madre - todo saldrá bien.

Tras animar un rato a su madre, Shulia subió a su habitación y se tumbó en la cama, estaba preocupada por lo que le había dicho su madre, estaba pensando qué podía hacer, pero sus pensamientos se vieron interrumpidos por el sonido de la puerta.

- Adelante.

Una cabecita rubia se asomó por detrás de la puerta.

- Se puede?
- Claro!, no hace falta que preguntes, ven aquí - dijo la morena haciéndole sitio en la cama.
- Voy!

La rubia se acercó y se tumbó a su lado, entre sus brazos, Shulia se quedó muy callada, tenía los ojos cerrados, Sara sabía que algo le pasaba, la conocía tanto como a ella misma.

- Estás bien?
- Si... estoy bien.
- No lo estás.

Shulia abrió los ojos y se perdió en esos ojos verdes.

- No se te escapa una eh.
- No - dijo con una sonrisa la rubia - y ahora dime que te pasa.
- Estoy preocupada por mi madre.
- Le pasa algo?
- Verás... mi padre maltrataba a mi madre, bebía mucho, siempre estaba borracho, le pegaba muy a menudo, yo era pequeña y no podía hacer nada, pero cuando tuve la suficiente edad llamé a la policía para que se llevaran a mi padre.
- Shulia...
- Desde entonces mi padre me odió, ha estado en prisión cinco años, y hace poco mas de un mes que está en libertad, desde entonces mi madre ha recibido cartas de él con amenazas, diciéndola que va a venir y esta vez no podremos escapar.
- Eso es terrible - dijo la rubia muy triste.
- Si, lo es, no se que hacer, quisiera llevarme a mi madre de aquí pero no tengo donde llevarla.
- Shulia que se venga a mi casa.
- Sara tu madre ya tiene suficiente conmigo.
- Lo dices como si fueras una carga y no es asi.
- Bueno...
- Mi madre esta muy sola, seguro que las dos se entenderían bien.
- Tu crees?
- Claro que si - dijo sonriente - mañana hablaré con ella.
- Gracias por todo Sara - dijo la morena abrazándola mas fuerte.
- No tienes que dármelas, te quiero.
- Te quiero...

Las caricias dieron paso a los besos, los besos a los abrazos, los abrazos a la postura mas cómoda para dormir, seguras entre los brazos de la persona que amaban, se quedaron dormidas con total tranquilidad.


El día siguiente fue muy animado, Sila y Sara cada vez se llevaban mejor, siempre se estaban riendo, Sila empezó a enseñarle fotos de Shulia de cuando era pequeña, en ellas se veía una niña fuerte, poderosa y sobre todo traviesa, Sara se quedó con una de ellas, era la que mas la había gustado, Sila se la dio a escondidas ya que a Shulia no le hacía muchas gracia. Llegó el momento en el que Sara tendría que llamar a su casa para comentarle la situación.

- Mamá!
- Hola hija!, qué tal estáis?
- Bien mamá!, y tu qué tal?
- Bien también hija!
- Mamá hay algo que quería decirte.
- Dime!
- Verás, es que la madre de Shulia tiene problemas, al parecer su marido acaba de salir de la cárcel y la esta amenazando.
- Dios mío!
- La cosa es que Shulia no quiere dejar a su madre aquí, pero no tienen ningún sitio donde ir, yo había pensado que se viniera con nosotras.
- Claro que si hija!, dile a Shulia que traiga a su madre, ella sabe que la casa no es muy grande pero seguro que nos apañaremos bien - dijo contenta Sonia.
- Claro mamá, gracias!, se lo diré, cuando lo hablemos te llamaré para decirte cuando volvemos.
- Vale hija cuidaos mucho, dale un beso a Shulia de mi parte y saludos a su madre.
- Se lo daré mamá, un beso, hasta luego.
- Hasta luego hija!

Una vez que colgó fue a todo correr a donde estaba Shulia, sabía que estaba en la cocina asi que sin perder tiempo fue allí, antes de llegar vió como la morena salía de la cocina.

- Shulia!

La morena se giró y con los brazos abiertos recibió a la pequeña rubia que se abalanzó sobre ella.

- Shulia acabo de hablar con mi madre! - dijo desenganchándose del cuello de la morena.
- Y que te ha dicho?
- Me ha dicho que vayamos las tres, mi madre esta encantada - dijo sonriéndole.
- De verdad?
- Siii!
- Eso es estupendo!

Shulia y Sara se abrazaron de la felicidad, las dos daban vueltas y se reian, de repente apareció Sila.

- Chicas qué pasa?
- Mamá, Sara ha hablado con su madre y ha dicho que vayamos las tres allí - dijo sonriéndole.
- Pero...
- Mamá será hasta que yo encuentre un piso, mientras tanto podrás quedarte allí.
- De verdad? - dijo mirando a Sara.
- Claro que si, Sila - le respondió sonriente.

La mujer mayor y Sara se dieron un estrecho abrazo, Shulia sonreía al verlas, las tres decidieron ponerse a guardar todas las cosas, Sila no podría mas que llevarse lo justo, los muebles y demás los guardaría en un almacén, hasta que encontraran una casa. Por fin llegó la hora de descansar, habían estado todo el día trabajando y las tres estaban agotadas, Sila fue a su habitación a dormir y Sara y Shulia también, pero antes prefirieron ducharse, tras refrescarse y quedar como nuevas las dos se tumbaron en la cama.

- Estoy agotada - dijo la morena que estaba apoyada en el pecho de la rubia.
- Yo también.

Shulia estaba apoyada en el pecho de Sara, la rubia estaba acariciando su espalda, Sara sintió un tremendo deseo de hacer el amor con Shulia, ahora que lo pensaba nunca lo había hecho, oportunidades han tenido pero no sabe por qué y quería aclarar el por qué.

- Shulia...
- Dime.
- Desde que nos conocemos, nunca... nunca hemos... - la morena se dió cuenta de lo que quería decir.
- Lo se...
- A ti... bueno... quiero decir que... si... si te gustaría...

Shulia levantó la cabeza del pecho de la rubia y la miró sonriente.

- Claro que me gustaría, me encantaría y... me gustaría que nuestra primera vez fuera muy especial.
- A mi también - dijo sonriente Sara - cuando encontremos ese momento especial... lo haremos.
- No lo dudes...

Shulia besó a Sara muy suavemente, la rubia profundizó el beso, cuando se separaron las dos sonreían ampliamente, siguieron abrazadas.

- Tengo que llamar a mi madre para decirle que iremos mañana - dijo la rubia.
- Llámala mañana, total hasta mediodía no saldremos.
- Si, mañana por la mañana la llamaré.
- Yo tengo que empezar a buscar un piso.
- Lo... lo vas a buscar en Madrid?
- Aun no lo se... no se si mi madre querrá vivir en Madrid, si no le gusta tendré que buscárselo en otro lugar.
- Cuando lo encuentres... tendrás que ir a vivir con ella?

Shulia miró fijamente a Sara, veía angustia en su cara, preocupación, Shulia se dio cuenta de que le preocupaba el que se tuvieran que separar.

- Escúchame... se que es lo que te preocupa y pase lo que pase, encuentre la casa mas lejana del mundo... jamás me separaré de ti - dijo acariciándole la cara.
- Ya veo que me conoces bien - dijo sonriente Sara - no quiero separarme de ti.
- Y no lo harás, y yo tampoco.

Felices se acurrucaron mas la una en la otra y se quedaron dormidas, todas las noches eran buenas, siempre y cuando estuvieran la una con la otra.


Tras una agitada mañana las tres viajaron hasta Madrid, Sila había llorado al dejar la casa, le tenía mucho cariño, pero sabía que allí no se podía quedar. Sara abrió la puerta de su casa dando paso a las dos mujeres que iban tras de ella.

- Mamá, ya hemos llegado!
- Oh!, hija ya estáis aquí!

La mujer recibió a su hija con un beso y un abrazo, al igual que a la morena, cuando sus ojos se posaron en Sila quedó asombrada por el gran parecido que tenía con Shulia, con una gran sonrisa se acercó hasta ella.

- Usted debe ser Sila - dijo Sonia sonriente.
- Asi es, y usted Sonia - ambas mujeres sonrientes.
- No me trate de usted por favor, se podría decir que somos como de la familia ya - dijo mirando a Sara y a Shulia que estaban abrazadas.
- Ja ja ja, tienes razón, ahora formamos una gran familia - dijo Sila contenta mirándolas de igual modo.
- Qué te parece si te enseño tu dormitorio? - dijo Sonia.
- Tu dirás, yo te sigo


Las dos mujeres hicieron muy buenas migas desde el principio, no paraban de hablar, los días fueron pasando, cada vez estaban mas unidas, iban juntas a todos lados. Sara y Shulia siguieron cultivando su amor, Shulia decidió preguntarle a su madre donde le gustaría el piso.

- Mamá.
- Dime hija.
- Dime dónde te gustaría que cogiera el piso.
- A ti te gustaría quedarte aquí verdad? - preguntó la mujer sonriente.
- Claro mamá.
- Entonces no se hable mas, búscalo por aquí.

La morena sonreía ampliamente, de repente entró Sonia en la sala.

- Interrumpo algo?
- No que va - dijo Sila - mi hija me estaba preguntando en dónde quería el piso.
- Ah, estupendo, y ya sabéis dónde?
- Pues mi madre lo quiere en Madrid - dijo sonriente la morena.
- Tu madre ya lo tiene en Madrid - dijo Sonia sonriente y con una mirada cómplice a la otra mujer.
- Qué quieres decir? - preguntó la morena.
- Quiero decir que esta casa esta hecha para dos personas, por lo tanto el piso que cojas será para ti y para Sara, Sila y yo hemos decidido vivir juntas.

La morena le costó asimilar toda la información, pero al ver que se lo decían enserio, la morena se tiró encima de las dos para abrazarlas.

- No le digáis nada Sara, quiero darle una sorpresa - dijo la morena dando saltitos de alegría.
- Ja ja ja, no diremos nada - dijeron ambas a la vez.
- No diréis nada a quién?

Preguntó la rubia que acababa de entrar, la morena se acercó corriendo hasta ella y levantándola por la cintura con sus brazos la besó profundamente mientras andaba y salía de la sala, Sila y Sonia empezaron a reirse, Shulia y Sara seguían besándose llenas de amor, la morena se separó un poco.

- Te quiero muchísimo - dijo sonriente.
- Te amo, gané - dijo riendo.
- De eso nada.

La morena la volvió a besar y en sus labios repitió una y otra vez que la amaba, después la volvía a besar.


Ya había pasado una semana, Sara estaba algo triste porque Shulia había estado mas tiempo fuera de casa que con ella, últimamente no habían hablado mucho, la morena llegaba muy tarde a casa y nunca le decía lo que había estado haciendo, hoy era una de esas noches, Sara ya estaba en la cama desde hace rato, eran las doce y media de la noche, Shulia acababa de entrar a la habitación, la rubia estaba de espaldas a ella, sintió como la morena se tumbaba a su lado, Shulia la abrazó y acercó sus labios a su oreja.

- Estás despierta? - le susurró la morena.
- Si - su contestación fue fría y apagada y la morena lo notó.
- Sara te pasa algo? - no hubo respuesta - Sara... mírame.

Sara no se giró, pero las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos, no pudo ahogar su llanto en silencio.

- Cariño por favor.

La morena la fue girando despacio por el hombro, cuando quedó cara a cara con Sara lo primero que hizo fue abrazarla con todas sus fuerzas, le había dolido tanto verla asi...

- Sara qué te pasa? - preguntó la morena sin dejar de abrazarla.
- Shulia siento como si te hubiera perdido, ya casi no hablamos, apenas te veo, llegas tarde a casa y...

La morena la acalló besándola con todo su amor, la rubia la respondió bien al beso, hacia días que no la besaba asi, cuando quedaron sin aire se separaron.

- Cariño perdóname, no me has perdido, lo que pasa es que he estado ocupada con algo y...
- Con qué?, por qué no me lo quieres decir?
- Sara no te lo puedo decir, pero mañana lo entenderás todo.
- Qué quieres decir?
- Que apartir de mañana me tendrás como siempre, he incluso mas - dijo sonriente - solo te pido que esperes hasta mañana.

La rubia la miró fijamente a los ojos y pudo ver que lo que le decía era verdad.

- Esta bien.
- Gracias.

Sara rodeó con sus brazos el cuello de la morena y la trajo hacia si, dándole un profundo y ardiente beso, Shulia la respondió con ganas, se tumbó encima de ella y entre besos y caricias pasaron la noche.

Continuará...


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