- Hola... (fue lo único que pudo decir la morena).
- Ho... hola.
Ambas se perdieron en los ojos de la otra, pero la morena bajó la vista para ver
semejante belleza que tenía delante, sus ojos se posaron en ese vientre tan bien formado,
bajó hasta el muslo, no pudo evitar morderse el labio inferior, su vista subió hasta
esos perfectos pechos, sus labios se entreabrieron lentamente, no sabe cuanto tiempo
estuvo mirándola, pero en ese tiempo se perdió en sus pensamientos...
"¡Ooohhh! ¡¡¡¡¡¡No me lo creo!!!!!! ¿Cómo es posible que este tan buena? ¡Es perfecta!
Debe hacer deporte, tiene unos buenos abdominales. ¡Y vaya piernas! Seguro que corre a
menudo, ¡Dios esto es demasiado! Sus pechos son... ¡Uf! Si tan solo pudiera... ¡Aahhgg!
¡Necesito agua fría! Pero que muy fría" una vez fuera de sus pensamientos... seguía con
su vista en los pechos de la pequeña rubia. Sara miró a Shulia y vio que su vista se
posaba mas abajo, ella miró justamente donde estaba mirando la morena y después levantó
la cara sorprendiendo a una morena sonrojada, esos ojos esmeralda llamaron la atención
a esos ojos azules, cuando la alta morena se dio cuenta de que la había pillado mirando
apartó sus vista rápidamente y se giró.
- Yo... esto... no quería.
- No pasa nada (dijo la rubia totalmente sonrojada).
La pequeña rubia se puso rápidamente la ropa que tenía encima de la cama y con voz
entre cortada habló a la morena.
- Ya... puedes mirar.
La morena se giró lentamente, aun estaba sonrojada, miró por un instante esos ojos
verdes, pero enseguida bajó la vista.
- Siento mucho haber entrado así, deví llamar antes.
- No te preocupes, tampoco has visto nada del otro mundo.
- Ya... (he visto el paraíso, pensaba la morena).
- Bueno... y ¿cómo sabes dónde vivo?
- No lo sabía, vengo de estudiante de intercambio y al parecer esta es la casa que me
han asignado.
- ¿¿De verdad??? (dijo entusiasmada).
- Si, y por lo que me ha dicho tu madre compartimos habitación.
- Si... eso parece (agachó la cabeza y se ruborizó).
- Te has puesto roja.
- No.
- Sí.
- ¿Por qué me iba a poner roja?
- No sé, tal vez porque te gusta mi compañía (dijo divertida).
- Esto... (se volvió a poner roja).
- Te has puesto roja otra vez.
- ¡Oye! Tu también te pusiste roja al entrar en mi habitación.
- Bueno... es que (ahora fue ella quien se puso roja).
- ¡Jajajaja!, y ahora ¿qué grandullona? (¿grandullona? ¿Yo he dicho eso? dios... que
no me parta las piernas.
- ¿Cómo has dicho?
- He dicho... (vamos que no te intimide) grandullona.
- Pequeñaja.
- ¿Perdona?
- Lo que has oído... pequeñaja.
- Será mejor que no me llames así o...
- ¿O qué? (preguntó divertida la morena).
- O las pagarás muy caras (dijo con cara de diablillo).
- ¿A si?
- Si.
- Mmm, vale, tu ganas, dicen que los pequeñajos tienen muy mal genio (dijo con una
amplia sonrisa).
- Serás...
La pequeña rubia se puso en posición de ataque, como si se fuera a lanzar encima de la
alta morena.
- ¡OH!, no te atreverás ¿verdad?, recuerda que soy tu invitada.
- Mmm, yo no creo haberte invitado (y se lanzó encima de la morena).
La pequeña rubia tiró a la morena al suelo cayendo ella encima, empezó a hacerle
cosquillas a la morena que se retorcía de la risa debajo del cuerpo de la rubia, no
podía parar de reír.
- ¡Jajajajaja!, ¡Para!, piedad... jajajajajajaja.
- ¡De eso nada!, tu te lo has buscado.
- jajajajaja.
Sara no pudo evitar sentir un cosquilleo al ver esa risa, era un sonido... agradable,
le gustaba el sonido de su risa, mientras le estaba haciendo cosquillas cerró los ojos
para sentir mejor la risa que la envolvía en un aura de tranquilidad, se concentró
tanto en la risa que no se dio cuenta que dejó de hacer cosquillas a la morena. Shulia
se la quedó mirando atentamente, le pareció tan bella, tan indefensa, los ojos de la
morena se volvieron pura ternura. La rubia abrió sus ojos de golpe y vio que unos ojos
azules la miraban atentamente, intentó levantarse de encima de la morena pero esta no
se lo permitió, la agarró de la cintura y la hizo rodar quedando ella debajo de la
morena.
- Ahora me toca a mi (dijo divertida la morena).
- No por fa... (no pudo acabar de hablar por que unas carcajadas ensordecedoras
comenzaron a sonar).
- Ahora seré yo la que no tenga piedad (dijo divertida la morena).
- ¡Jajajaja! ¡¡¡¡No paraaaa!!!!
De repente la puerta de la habitación se abrió, era la madre de Sara, con gran sorpresa
la madre se encontró a su hija debajo de la morena muerta de risa, ambas chicas se
quedaron en silencio mirando a la madre de Sara.
- Vaya... me alegra ver que ya os llevéis tan bien.
- Lo cierto es que nos conocimos hoy por casualidad (dijo la morena).
- Eso si que es casualidad, bueno chicas, vamos a cenar y me contáis como os
conocisteis.
- ¡Bien! (dijeron ambas con entusiasmo).
La cena trascurrió tranquila, tras haber hablado de cómo se conocieron y de la vida de
Shulia para conocerla mas, ambas jóvenes volvieron a la habitación para dormir ya.
- Bueno... supongo que ya que vas a vivir con nosotros no hará falta que quedemos en
la cafetería para ir a clase mañana (dijo la rubia divertida).
- Eso parece (dijo igual de divertida).
- Voy al baño a cambiarme.
- Vale... (aunque no se para que... si ya te he visto en ropa interior, pensaba la
morena).
La rubia se metió en el baño para ponerse el pijama, mientras tanto... Shulia se puso ha
mirar la habitación, era pequeña pero muy acogedora, se acercó hasta el escritorio de la
pequeña rubia y vio que ahí estaba la foto de ellas dos juntas, la cogió y se la quedó
mirando con una amplia sonrisa en la cara, "parecía feliz mientras la abrazaba" pensó
la morena. En el baño... Sara se estaba cambiando, una vez se pusó el pijama se miró al
espejo y se perdió en sus pensamientos... "este pijama es muy infantil, seguro que se
rie cuando me vea, debería ponerme algo mas... ¿atractivo?, vamos pero ¿qué estoy
diciendo? Solo voy a dormir... con una morenaza de ojos azules que tira de espaldas, y
si... no, no puede ser, es imposible que me sienta atraída por ella, bueno no quiero
pensar en eso, será mejor que me ponga esto" Sara sacó una camisa de tirantes y un
pantalón corto, una vez se lo puso volvió al espejo y empezó a colocarse unos mechones
rebeldes. La alta morena aprovechando que Sara estaba en el baño decidió cambiarse de
ropa para irse ya a la cama, sacó de la maleta un pantalón corto y un top negro, solía
dormir siempre con eso, estaba guardando la ropa que se había quitado en la maleta
cuando salió Sara del baño, Sara miró a la morena que justamente se ponía de pie, se
quedó atónita al ver el cuerpo de la morena, no es que fuera muy musculosa, pero estaba
bien marcada, tenía unos buenos brazos, piernas y sobre todo abdominales. La morena se
dio cuenta de cómo la estaba mirando la pequeña rubia, y se la quedó mirando con cara
divertida, tras unos instantes Sara se dio cuenta de que dos ojos azules la miraban
atentamente, levantó la vista para encontrarse con ellos, Sara no pudo evitar que un
rubor apareciera por sus mejillas, la alta morena levantó una ceja con una mirada mas
seria, a Sara le pareció una mirada fría... pero a la vez seductora, tras unos breves
instantes la pequeña rubia apartó la mirada y comenzó hablar.
- Pe... perdona no pretendía... mirarte tanto...
- Tranquila no pasa nada, se podría decir que ya estamos en paz (dijo divertida).
- En paz tampoco es que estemos... yo tenía menos ropa (dijo con aires de superioridad).
- Entonces no me queda otra que quedarme en ropa interior.
La morena empezó ha hacer el amago de quitarse la ropa, la rubia que vio sus intenciones
corrió hacia la morena para detenerla.
- ¡¿Pero qué haces?!, no quería decir que te la tuvieras que quitar.
- Ya lo se.
- ¿Entonces?
- Solo quería ver como reaccionabas (dijo la morena divertida).
- OH... que graciosa.
La morena se acercó mas a la rubia, sus labios casi rozando la oreja de la pequeña la
dijo...
- ¿Verdad qué si?
La rubia sintió un escalofrío por todo el cuerpo, sentía su aliento, su olor, su
calidez... la morena le dio un tierno y prolongado beso en la mejilla a la pequeña
rubia y a escasos centímetros de su cara la dijo...
- Hasta mañana... Sara.
- Ha... hasta mañana Shulia.
Acto seguido... Shulia se metió en la cama que estaba enfrente de la de Sara, la
pequeña rubia hizo lo mismo, ninguna de las dos podía dormir, cada una estaba con sus
pensamientos. Ya eran las tres de la mañana y Sara seguía despierta, se empezó a
encontrar muy mal, tenía escalofríos, le daban mareos y le dolía todo el cuerpo.
Pequeñas quejas llegaron hasta los oídos de Shulia quien se incorporó para ver que le
pasaba a su amiga.
- Sara... ¿te encuentras bien?
- S... si, solo un tengo un poco de frío y dolor de cuerpo (dijo tiritando).
- Eso no es normal...
La alta morena se levantó de su cama y se acercó con cuidado a la de Sara, puso una de
sus manos en la frente de la pequeña.
- ¡Vaya!, estas ardiendo.
- No... es... nada...
- Supongo que tendréis algo para bajar la fiebre, iré a mirar.
Shulia fue hasta la cocina y empezó a mirar por los armarios para buscar las medicinas,
encontró una caja de aspirinas.
- Bien, esto servirá para bajar la fiebre.
Shulia puso rumbo a la habitación con un vamos de agua, la alta morena entró a la
habitación encontrándose con un pequeña rubia tapada hasta la cabeza echa una pelotita,
a Shulia se le encogió el corazón, se acercó hasta ella destapándola un poco para
hablarle.
- Hey pelotita, traigo tu medicina.
- OH... gr...gracias.
Sara tomó la aspirina y bebió un poco de agua, se volvió a recostar en la cama, la alta
morena se agachó para poner sus labios en la frente de la pequeña para ver si aún tenía
mucho calor, notó que aun estaba demasiado caliente.
- Aún tienes mucha fiebre, tienes que beber mucho agua y sudar.
- No... se... como... quieres... que... sude... con... el... frío... que tengo.
- Eso se puede arreglar.
La morena abrió la cama de la pequeña rubia y se metió en ella, Sara abrió los ojos
como platos, pero la idea de estar con ella la hacia mas que feliz. La morena se giró
para ponerse cara a cara con ella, pasando un brazo por encima del pequeño cuerpo y
atrayéndolo al suyo.
- Ven aquí... yo te daré calor pequeñaja.
- Mmm... te lo agradezco de verdad.
Sara abrazó a la alta morena por la cintura pegándose mas a ella, su cara se escondió
en el cuello de la morena que la abrazaba fuertemente.
- Mmm, que bien se esta así.
- ¿Verdad qué si?, a partir de ahora me meteré en tu cama todas las noches (dijo de
broma entre risitas).
- Me encantaría dormir todas las noches así...
La morena se sorprendió por la respuesta, ella lo dijo de broma pero en verdad lo decía
en serio, la respuesta de la rubia hizo que la abrazara a mas no poder y le depositara
un suave beso en la frente.
- A mi también pequeña...
- Entonces... mañana te estaré esperando.
- ¿Solo mañana?
- No... te esperaré toda mi vida si es necesario.
- No te are esperar tanto.
- Eso espero.
Ambas se rindieron en los brazos de Morfeo, la mañana llegó tranquila, Sara fue
despertando poco a poco, pero no quiso abrir los ojos, quería seguir respirando el
aroma de su amiga, la abrazó mas fuerte y aspiró en el cuello de la morena, Shulia ya
estaba despierta, y sintió los movimientos de la pequeña, una de sus manos acariciaba
la espalda del pequeño cuerpo y la otra estaba enredada en su corto cabello. Una voz
ronca, pero llena de ternura entro en los oídos de Sara.
- Buenos días...
- Mmm, y tanto que buenos.
- ¿Te encuentras mejor? (dijo poniéndoles los labios en la frente).
- Si, gracias a tus cuidados (dijo sonriéndola).
- Tengo muchas habilidades.
- No lo dudo.
Ambas se acurrucaron mas la una en la otra, de repente la puerta de la habitación se
abrió y dio paso a la madre de Sara que no creía lo que veía.
- Pe... pero...
- Tranquila mama, anoche tube fiebre y Shulia se metió conmigo para controlarme la
fiebre.
- Eso es (dijo sonriente la morena).
- Y... ¿es necesario controlarla tan pegadas?
- Es que tenía mucho frío y le pedí a Shulia que me abrazara.
- ¡Que va! No me lo pidió, la abracé yo por que la vi tiritando.
- No la hagas caso mamá está loca (le dio un codazo a la morena).
- Su hija si que está loca (le devolvió el codazo).
- Tu mas (empujón).
- No tu (se lo devolvió).
- Pero tu mas (le dio con un cojín).
- Ni lo sueñes, tu muchísimo mas (le dio con otro cojín).
Ambas se quedaron mirando en silencio, y de repente la morena saltó encima haciéndola
cosquillas, se revolvieron en la cama entre risas y gritos, la madre las miraba con
ternura y se reía al ver a su hija tan feliz.
- Chicas, creo que las dos estáis igual de locas, daros prisa que se os enfría el
desayuno (dijo saliendo de la habitación).
Ellas seguían riendo y jugando, la pequeña no paraba de retorcerse de risa debajo de la
alta morena.
- ¡¡¡Piedad!!!... jajajajajaja.
- ¡OH! Ni hablar, ahora verás lo que es bueno pequeñaja.
- ¡NOOO!! JAJAJAJAJAJAJA.
Las manos de la morena recorrían los costados de la pequeña rubia que se retorcía a
carcajadas debajo de ella, en uno de los movimientos bruscos de la pequeña hizo que la
morena perdiera el equilibrio y cayera encima de ella, sus labios se rozaron durante
unos segundos...
Continuará...