La pequeña niña de ojos claros corría rauda gritando, con una carta en sus manos, hacia
un viejo y ruidoso tractor que labraba un enorme campo de lo que parecían ser futuras
judías.
- Mamá, mamá - gritaba intentando hacerse oír mientras corría campo a través agitando
la carta.
Una alta morena con un sombrero vaquero sobre su cabeza, observó a su hija correr hacia
ella, se apresuró a apagar el motor y con una sonrisa descendió del tractor para ir a
recibir a su monstruito, como cariñosamente llamaba a su hija Eva de ocho años, la cual
era una viva imagen suya con el pelo negro y los ojos, de un azul claro increíble.
Mientras corría al encuentro de su hija una sonrisa le apareció en el rostro al pensar
en lo mucho que había crecido los dos últimos años, mientras las niñas de su edad solo
se preocupaban de jugar, su monstruito daba de comer a las gallinas, a los cerdos,
fregaba los cacharros y hacia innumerables tareas más a lo largo del día por el mero
hecho de ayudar en casa, el pensar en todo ello la hacía sentirse a la vez orgullosa de
que fuera tan capaz y tan y a la vez culpable por no poder ofrecer a su hija una
infancia acorde con su edad, con sus juguetes y sus amigos, la dolía el corazón de
pensar que no podía dar a sus hijos todo lo que le gustaría.
Sus hijos Eva y Quique, los amores de su vida desde que murió su marido en accidente de
tráfico, realmente los dioses no habían sido muy benévolos con ella misma; huérfana de
padre y madre, después de pasarse la vida luchando para sobrevivir al fin encontró la
comprensión y la estabilidad que siempre había anhelado, cuando conoció a Alex este se
enamoró al instante de ella; la ofreció amor y cariño a raudales sin pedir nada a cambio,
ella jamás pudo ofrecerle otra cosa que cariño y respeto.
Le dio dos hermosos hijos a los cuales amó tanto como a ella, y le dejó una enorme
granja con muchas deudas, ya que Alex siempre había sido un soñador nunca un empresario,
por lo cual, constantemente tenía grandes proyectos para la finca pero ninguna visión
de la realidad.
Cuando se quiso dar cuenta ya era demasiado tarde para la granja, la ruina era total,
el banco les atosigaba a que vendiesen la propiedad por lo que decidieron que Alex se
acercara a la ciudad a buscar posibles bancos que los avalasen.
No consiguió nada y regresando a casa enfurecido con las entidades bancarias tuvo un
grave accidente con la camioneta que le causó la muerte instantánea dejándoles rotos
los corazones a todos sus familiares y amigos.
Cuando alcanzó a su hija, que respiraba acaloradamente, mientras la abrazaba y la besaba,
levantándola sin problemas entre sus brazos, le habló tiernamente:
- ¿Qué pasa para que vengas tan corriendo monstruito?
- Ahhh ajajaj ajajaj - respiró rápidamente calmándose de su carrera en brazos de su
preciosa mamá - verás mami, ha venido un señor y ha traído esto y me ha dicho Quique
que te lo trajera todo corriendo para que lo leas porque es muy importante - terminó
hablando atropelladamente.
- Gracias mi amor - respondió volviendo a besar a su hija mientras la depositaba en el
suelo y la colocaba con cariño, el gorro vaquero el cual tenía medio descolocado debido
a la carrera que se había pegado - ¿Por qué no viniste en el caballo? - preguntó
mientras abría el sobre con membrete del odiado banco.
- Es que Quique me dijo que lo que tardaba en ensillarle y prepararle que era mejor
que viniera corriendo que es muy importante, ¿Qué es mami? - preguntó curiosa y
asustada mientras observaba con su cara angelical a su madre, a la cual se la puso
gesto de enfado mientras leía la carta.
- Vale cariño será mejor que volvamos tengo que hablar con tu hermano y con Ricardo -
le sonrió a su hija tiernamente para tranquilizarla aunque por dentro la rabia la
estuviera consumiendo no quería que Eva se diera cuenta de ello, suficiente problema
tenía con que Quique se sintiese como el hombre de la casa a sus trece años, para
añadir más.
Juntas se encaminaron hacia el tractor para dirigirse hacia la granja, la pequeña Eva
se encapricho de conducir ella el tractor, a lo cual Verónica no se pudo negar ya que
eran pocas cosas las que pedían sus hijos como para no concedérselas.
Llegaron y divisó a su hijo hablando con Ricardo, su hijo, desde que falleció su marido
hacia dos años, había crecido a pasos agigantados, se había ocupado de las duras labores
de la granja como si de un hombre adulto se tratara.
Físicamente se parecía mucho a su padre, tenía los ojos claros pero en un tono más
parecido al de su marido que al suyo, pero en el carácter era igual que ella.
Su instinto protector hacia sus seres queridos así como el genio los había heredado de
ella, al contrario que Eva que había heredado la dulzura y el sentimentalismo de su
padre.
- ¿Qué pasa Verónica? - preguntó Ricardo precipitándose hacia el tractor ayudando a
bajar a la niña del mismo, mientras la morena bajaba por si misma con una sonrisa
preocupada.
- Tranquilo Ric, no pasa nada grave - comentó señalando calladamente a su hija - Eva
cariño, ¿puedes traernos agua fresca de la nevera por favor?.
- Claro mami, así te dará tiempo a hablar con ellos mientras voy y vuelvo - comentó
pícaramente la pequeña mientras iba corriendo a cumplir el encargo.
Sonriendo mientras la observaban marcharse, comenzó a hablar Verónica con tono duro:
- Es una carta de el banco, va a venir una persona para realizar un inventario de todas
las propiedades que tenemos, estará al menos una semana por aquí mientras hace una
evaluación de absolutamente todo lo que hay en la propiedad.
- Malditos burócratas - vociferó Ricardo - son como los chupa sangres una vez que
tienen a la presa ya no la sueltan. ¿Cuándo llegará ese tipejo?.
- La carta dice que mañana, piden nuestra colaboración para no hacérselo difícil o
tendrán que tomar medidas drásticas - murmuró con el mismo tono duro y una mirada
acerada en sus ojos capaz de hacer esconderse al mismísimo sol.
- ¿Quieres qué le reciba con la escopeta mamá? - preguntó con expresión seria Quique
mientras miraba la miraba con enorme respeto.
- No, ya sabes que la violencia no hay que emplearla de forma gratuita, cariño - le
reprocho su madre.
- Pero mamá... - arremetió el joven enfadado.
- Verónica tiene razón, campeón, no puedes liarte a tiros con todo el mundo aunque se
lo merezca - ayudo Ricardo a la morena- pero siempre se pueden utilizar otros medios -
añadió sonriendo maléficamente mientras la morena le echaba una mirada de aviso.
Discutieron durante un rato más hasta que apareció la niña con el agua, dejando el tema
para retomar cada uno con sus duras tareas.
Mientras Verónica seguía "trabajando" el campo con el tractor, pensaba en lo que tarde
o temprano ocurriría, aunque siempre esperaba que en el último momento se arreglasen
las cosas y no tuvieran que vender la granja y podría cumplir el sueño de su marido de
convertirla en un negocio próspero.
"En fin veremos que nos depara el mañana, pero por los dioses que no pienso rendirme"
asumió mientras se concentraba en su trabajo tarareando una canción para olvidarse de
todos los problemas por unos instantes.
*****
A LA MAÑANA SIGUIENTE
Mientras el todo terreno recorría los tortuosos caminos de arena, llevaban como cuatro
horas de camino. Cristina pensaba en como se había dejado engañar por su padre para
terminar en ese pueblo-ciudad o lo que narices fuera, perdido de la mano de Dios.
Observaba de reojo a Roberto, que era el director del banco en esa parte del mundo, era
un hombre bien conservado el cual no le daba demasiada confianza y no le acababa de
gustar la postura servil que había tomado al conocerla.
Pensaba que por hacerla la pelota le ascendería o algo así, "pues lo tienes claro chico"
pensaba para si misma, "a mi ese comportamiento no me vale de nada".
No sabía por qué tenía tanto interés en comprar la propiedad de esa gente, realmente
dudaba de su valor, pero según la habían explicado estaba en una zona tremendamente
fértil y, con una buena inversión y una adecuada gestión podría obtenerse grandes
beneficios a medio plazo.
Por lo que sabía, lo llevaba una viuda con sus dos hijos pequeños, solo contaba con la
ayuda de un par de hombres así como de una especie de capataz, los cuales llevaban sin
cobrar desde hacía tiempo, según su información, pero eso parecía no importarles, cosa
que extrañaba a Cris ya que suponía que esa gente era tremendamente estúpida o por el
contrario demasiada buena.
La llamaba poderosamente la atención comprobar la razón por la cual aún no habían
abandonado a esa mujer a su suerte y la seguían ayudando.
"Verónica, mmm creo recordar que es el nombre de la granjera happy", pensó para si
misma sonriendo mientras el coche se aproximaba a la propiedad.
Su finalidad allí era determinar cuantas propiedades tenía, así como el valor de las
mismas, hacer un inventario de absolutamente todo lo que hubiera dentro del perímetro
de la granja.
La llevaría días pero no la quedaba otro remedio que hacerlo bien, si quería que su
adorado padre cumpliera su promesa.
Le había dicho que si era capaz de llevar a cabo ese trabajo hasta su fin con éxito, le
sería concedida la dirección de una de las oficinas de París, lo cual era su sueño
dorado, pero antes tenía que hacer ese "encarguito" para lograr su objetivo.
Ya llegaban a la propiedad, el ver tanto polvo le hizo pensar que su traje de Dolce
Gabana no era lo más apropiado para ese trabajo, así como sus elegantes zapatos de
tacón no parecían ser el calzado adecuado para tal menester.
Roberto paro el coche y corrió a abrirle la puerta, ser la hija de uno de los banqueros
más ricos del mundo tenía esas ventajas, pensó sonriéndole.
Se bajó del vehículo con su aspecto impecable.
Lo primero que percibió fue a una niña pequeña acercarse corriendo hacia ellos, se fijó
en el pelo negro de la pequeña y los increíbles ojos azules, realmente era una cría
guapísima.
- Hola soy Eva - le dijo a Cris alargando su pequeña manita - mi mamá vendrá dentro de
un poco.
El gesto de la niña la hizo gracia y extendió su mano para darle el apretón como si
fuera un adulto cualquiera, lo que hizo sonreír con suficiencia a Eva, al ver que la
trataban como a una persona mayor.
- Encantada Eva, soy Cristina - respondió con una gran sonrisa - es un placer.
- Lo mismo para mi - contestó la pequeña haciendo que su cara se iluminara con una
sonrisa perfecta, esa señora era muy simpática y elegante, además le había dado la mano.
- Nenita - interrumpió Roberto de forma grosera exigiendo la atención de la criatura -
¿por qué no vas ya a buscar a tu mami?. Venga, ve corriendo, vaaa, venga marcha mocosa.
A Cris no le gustó el tono que empleó para dirigirse a la dulce niña, odiaba a la gente
que trataba con prepotencia y superioridad, y más cuando era a un niño la diana de esa
actitud.
Esperaba que no lo repitiera sino se lo recriminaría duramente, pero lo que sucedió a
continuación le sorprendió gratamente observando el genio de la pequeña.
- Si tanta prisa tienes, vas tú a buscarla yo estoy ocupada hablando con Cris - dijo de
mal humor mientras le sacaba la lengua y sus ojos adquirían una expresión de enfado
aterrador - además, tú no me gustas nada antipático.
Esta respuesta hizo que a Cristina le diera la risa al observar al banquero indignado
por la respuesta de la niña, lo cual hizo que aún Roberto se careará más aún al notarse
foco de las burlas de la criatura.
En un gesto de rabia levantó el brazo como queriendo golpear a la niña por su falta de
respeto hacia él, pero antes de que lo pudiera llevar a cabo, una mano tenía retorcido
su brazo a la espalda con mucho dolor mientras unos ojos acerados y de un azul profundo,
le miraban a escasos centímetros de su cara mientras con voz dura e inflexible dijo:
- Si vuelve a levantar la mano a mi hija le parto el brazo y si la llega a tocar un
solo pelo, lo mato.
- Maaaaami - gritó Eva contenta mientras abrazaba a su madre, cuya mueca de desprecio
desapareció para ser sustituida por una de amor y devoción total - esta es Cris y
parece maja.
El piropo de la niña sin conocerla de nada hizo que en la cara de Cristina se pusiese
un color rojo de una manera increíblemente rápida, mientras sopesaba de reojo la cara
pálida y los temblores que tenía Roberto a su lado, pensando mentalmente en tener mas
que palabras con él cuando se retirasen de allí, por haber amenazado a una niña "este
tipo no me gusta nada, menos mal que la rápida actuación de su madre ha evitado algo
horrible para todos, especialmente para la pequeña" pensó.
- Soy Verónica, tanto gusto señorita... - dijo mirándola a los ojos mientras agachaba
la cabeza en señal de presentación.
"Ni siquiera se molesta en darme la mano" pensó la rubia mientras no entendía por que
ese echo le molestaba, cuando cruzó los ojos con los de la granjera para devolverle el
saludo con el mismo movimiento de cabeza, pero se quedó sin respiración, por un segundo
tuvo un deja vu, un momento ya vivido.
"Tiene los ojos tan azules que jamás vi nada semejante a ese color". Dándose cuenta de
que llevaba unos segundos más de la cuenta observándola se obligó a reaccionar:
- Llámeme Cristina por favor y tráteme de tú - respondió recuperando su compostura
anteriormente perdida - creo que a Roberto ya lo conoce.
- Si desgraciadamente tengo ese mal gusto - añadió mirando con absoluto desprecio a su
acompañante.
- Creo que sabe a lo que vengo ¿no es cierto? Creo que se lo han notificado - añadió
mientras la miraba con un interés poco normal para ella, era como si ya la conociera de
algo aunque no entendía de que, ni porque "dudo que se mueva en mis círculos" se
encontró sonriendo ante su broma.
- Si lo se - añadió secamente mirándola con desprecio mientras preguntaba - ¿vas a
realizar tú el inventario?
- Si yo lo haré - contestó empezando a sentir la agresividad y peligrosidad que
emanaba de esa mujer, controlada en gran parte porque Eva no perdía detalle de los
acontecimientos.
- Pues mañana quiero que vengas sola, no quiero a mas de un chupa po...- Verónica se
contuvo por su hija - por aquí ¿queda claro?
- Perfectamente - respondió la rubia.
- De acuerdo, ¿quieres empezar ya o prefieres cambiarte de ropa? - comentó mordaz,
mientras observaba con desprecio el atuendo de marca de Cristina.
- Cuanto antes mejor sino te importa - manifestó la rubia notando el desagrado de la
morena hacia ella "compréndelo vas ha mirar todo lo que tiene y a darle un precio, es
lógico que no te quiera ni ver" meditaba mientras intentaba justificar a la granjera
por alguna razón fuera de su alcance.
- Bien pues empecemos ya si te parece - confirmó con tono duro - Eva cariño - su voz
cambio para adquirir una tonalidad suave y tierna que hizo que un escalofrío recorriera
la medula espinal de Cris - acompáñales a dar una vuelta por las instalaciones por
favor, tengo que terminar algunas cosas mientras tanto ¿lo harás?
- Claro mamá yo llevo a Cris a ver todo - dijo la pequeña sonriendo a la rubia con
expresión de felicidad por el nuevo cargo otorgado.
- Luego les veo - le dijo la morena de nuevo con la voz dura - ni se le vuelva a
ocurrir amenazar a algún miembro de mi familia recuerde - añadió mirando a Roberto con
una acerada mirada de desprecio que congelaría al más duro y que hizo que de nuevo el
banquero comenzase a temblar - no seré tan blanda.
- De acuerdo, muchas gracias - agregó la rubia para disipar la tensión "que mujer más
amenazante" pensaba mientras la observaba irse.
- ¿Tú no vienes verdad? - dijo la pequeña mirando con enfado al banquero.
- Si no la importa Señorita Cristina mejor espero en el coche haciendo unas llamadas
¿ok? - pregunto temeroso Roberto.
- No me importa, es más creo que es mejor - aseguró la rubia acatándole con la mirada
que lo hiciese "calzonazos" pensó, el hecho de que amenazase a la niña hizo que lo
pusiera inmediatamente en su lista negra, "se lo tendré que comentar a mi padre", tomó
nota mental mientras miraba a la niña con una sonrisa en la cara.
- Veamos Señorita Eva, usted es mi guía ¿Dónde vamos? - preguntó con voz dulce a la
cría, lo cual le valió una enorme sonrisa de la niña.
- Ven conmigo - habló la pequeña mientras la agarraba de la mano y la llevaba medio
andando medio corriendo a los establos.
"Creo que estos zapatos y esta ropa no son lo más apropiado para esta clase de trabajos"
meditaba mientras repasaba la conversación mantenida con la granjera "al final este
trabajo no va a ser tan malo como pensé" una sonrisa apareció en su rostro mientras
seguía a la pequeñaza.
Puff el olor en los establos no era tan divino como ella creía que sería, cuando había
montado a caballo jamás había olido tan mal, eso no era humano.
Aguantando las ganas de vomitar medio escuchaba las explicaciones de Eva, mientras
contenía la respiración, intentaba no vomitar y se fijaba bien en donde pisaba ya que
ese terreno no era lo más adecuado para los zapatos de tacón. Realmente estaba en
problemas.
Decidió que lo mejor sería volver a por ropa adecuada para esos menesteres y retirarse
de momento, no quería quedar en una posición de desventaja por su atuendo, se
encontraba incómoda así y odiaba sentirse de esa forma.
Después de un rato visitando las instalaciones ecuestres, lo único que sacó en claro es
que estaban muy bien cuidados, pero su olfato y su estómago no aguantaban más.
- Disculpa Eva, creo que es mejor que me marche para cambiarme de ropa - comenzó
suavemente sonriendo cariñosamente a la niña.
- La verdad es que zon mu chulos esos zapatos pero aquí no son buenos - comentó la niña
sabiamente, lo que hizo que una sonrisa apareciese en la cara de la rubia.
- ¿Ya te marchas Cristina? - preguntó una voz sarcástica desde la una de las puertas
de entrada.
Al volverse para ver a la mujer de la cual sabía que procedía el tono, diviso a la
impresionante morena parada en la puerta, el que estuviese de espaldas al sol no la
permitía ver sus preciosos ojos azules. Si no supiera quien era aseguraría que era una
top model haciéndose unas fotos de moda en una granja.
- Creo que tengo que cambiar mi atuendo, tiene razón que no es el atuendo mas adecuado
para este traba... - empezó hablar pero no pudo terminar porque su estúpido tacón se
incrustó en un pequeño montón de estiércol partiéndose con un golpe seco, lo que hizo
que se tambaleara y sin poder evitarlo cayera hacia delante, quedando su cara encima de
una inmensa mierda de caballo.
Al segundo de haber caído las risas de Eva y Verónica resonaban en todo el establo sin
poder parar, con algo más que su traje y su rostro manchados, Cristina se puso en pie
limpiándose la cara como podía, el simple olor de aquello y su aspecto, hizo que justo
en ese instante su almuerzo decidiese salir al exterior a conocer mundo...
Rápidamente se apartó de la pequeña, la cual seguía riendo, para vomitar todo lo que
tenía en su interior.
Si pensaba que eso ablandaría a la dura morena estaba muy equivocada.
- Eva vete a por agua y una toalla para que se lave la cara nuestra invitada - dijo
Verónica con voz dulce a su hija.
La pequeña salió rápidamente a por el encargo de su madre preocupada por la reacción de
su nueva amiguita y sin reírse ya en absoluto.
- Creo que esto te queda grande, será mejor que vuelvas a tu palacio de oro y dejes el
trabajo a la gente que sepa hacerlo, no estas hecha para otra cosa que no sea ir de
compras. Por cierto di en la tintorería que el estiércol sale muy bien con oximel.
Dicho esto se dio la vuelta dejando a una cabreadísima rubia llena de caca de caballo y
sin nada en el estómago, su orgullo había sido herido y eso no lo permitía jamás.
"Será hija de..., si quiere guerra la tendrá, vaya si la tendrá" cojeando por el zapato
roto y llena de porquería se dirigió de la forma más digna que pudo hacia el coche de
Roberto.
Al verla llegar con semejante pinta hizo ademán de preguntar, pero con voz seca Cristina
dijo:
- No digas absolutamente nada o te despido, al hotel ya - montándose en el todo
terreno, dando un fuerte portazo a la puerta espero que el banquero lo pusiese en
marcha para dirigirse al pueblo.
Desde lejos con sonrisa desdeñosa Verónica les observaba marcharse, mientras se colocaba
su sombrero tejano pensaba que después de todo, no había sido un mal día.
Nada más llegar al hotel después de un silencioso viaje, Cris subió a su habitación sin
apenas hablar a nadie, en su expresiva cara se leía un enfado absoluto.
Decidió hacer un par de llamadas, no estaba dispuesta a perder esa particular batalla
que se había establecido, su talante competitivo comenzó a emerger hacia fuera.
Iba a ser un trabajo más complicado y menos aburrido de lo que imaginaba en un principio,
las expectativas de un nuevo reto comenzaban a ser más que claras...
Continuará...