UN CASINO DE MONTECARLO
- Dita sea nos la ha vuelto a jugar, ¿cómo hades lo hace? - gritó nerviosa Adriana.
Era el octavo robo en dos años y este era, aún más osado que los demás, eso traía por
la calle de la amargura a Adriana.
Trabajaba desde hace varios años para distintas compañías de seguro, la que mejor
pagara en ese momento. La encantaban los retos, era superior a sus fuerzas, no lo podía
evitar contra más complicado y peligroso más la gustaba, adoraba la acción, no podía
estar ni un instante quieta.
Pero ese caso hacia mucho que había dejado de ser algo que resolver profesionalmente
para tornarse algo totalmente personal, detener a la persona que cometía esos hurtos la
quitaba el sueño. Ya no por el hecho de que se había convertido en el primer caso sin
resolver, lo cual ensombrecía su fama de perfección labrada con un arduo trabajo de
equipo y especialmente suyo, sino porque necesitaba para si misma el encontrar al
culpable para recuperar su tranquilidad.
Respiró hondo mientras repasaba mentalmente lo que sabían del ladrón, comenzó a
rememorar cuando empezó con el caso hacia año y medio.
Era el octavo robo, solicitaron sus servicios cuando ya iba por el tercero ya que ni la
policía, ni los detectives, ni los "servicios especiales" del estado habían conseguido
dar con ello, las compañías de seguro hartas de tanto robo decidieron contar con su
ayuda, ya que una carrera meteórica y una hoja de servicios impecables con cientos de
casos resueltos en tiempo record, avalaban a su empresa de investigación como una de
las mejores del mundo.
Para ello contaba con un equipo extenso tanto humano como técnico, a los últimos avances
tecnológicos se le unían personas y contactos que eran de lo mejor del mundo en sus
respectivos campos, por lo tanto contratarla era muy caro y no la llamaban hasta que
era absolutamente necesario. Principalmente acudían a ellos compañías de seguro pero
había resuelto algún caso para países, para la policía e incluso para algún particular
muy rico.
Mientras recordaba los robos uno a uno y las pistas con las que contaba hasta ese
instante, se dio cuenta de que algo tenían en claro del autor de los robos y es que era
una mujer, bajita y delgada para más señas.
El por qué llegó a esa conclusión era por la perfección y cuidado con el que llevaba a
cabo sus robos, todo perfectamente planeado, perfectamente medido, sin margen de error,
pensado hasta el mínimo detalle, para ella eso era obra de una mujer, ya que creía
firmemente que un hombre no podría haber sido tan "sutil" y cauto en todas sus fechorías,
y menos durante tanto tiempo.
No es que tuviese nada contra el sexo masculino, pero tenía claro que eso eran robos
que rozaban la perfección, cometidos con inteligencia y picardía propias de una mujer.
Claro que esto eran suposiciones suyas.
Pensaba que sería pequeña para poder escapar por tubos de ventilación y meterse en sitios
tan chiquitos para realizar sus robos, se había quedado escondida en lugares minúsculos
lo cual indicaba que era pequeña, ágil y delgada para poder entrar por determinados
lugares.
Llevaba robados cinco cuadros de gran valor económico, una figura de una colección
privada con una esmeralda como un puño de grande, un collar de perlas rosadas único en
el mundo y por último, la tiara de diamantes con la que se casó Grace Kelly con el
Príncipe Rainero de Mónaco, la cual se encontraba expuesta en un casino de Montecarlo
como reclamo a un pase de alta costura.
- Adriana ¿puedes venir un segundo? esto te va a encantar - dijo una voz masculina la
cual hizo que saliera de su ensimismamiento.
- Claro ¿qué pasa Sergio? - preguntó Adriana con curiosidad a uno de los integrantes
de su equipo.
- Mira...- le enseñó Sergio, que tenía puestos unos guantes de látex para recoger
posibles pruebas, unas pinzas con un pequeño pelo rubio - parece que nuestra ladronzuela
ha cometido un pequeño error que la puede salir muy caro.
Adriana no podía creer su suerte entre el cristal irrompible y la vitrina que protegía
la tiara estaba enganchado un pequeño y casi invisible pelo. Con una sonrisa en su
rostro miró a su ayudante y le dijo:
- Excelente trabajo, llevarlo ya mismo a que lo analice Julia, quiero saber todo de
ese pelo, absolutamente todo.
- Ya mismo jefa - contestó el chico mientras sonreía orgulloso de recibir la
felicitación de su superiora, por la cual suspiraban todos los componentes masculinos y
algunos femeninos de su equipo. Ya que su metro noventa, sus impresionantes ojos azules
y su pelo largo y negro, la hacían parecer una diosa a los ojos de cualquier mortal que
se preciase de tener buen gusto.
Mientras Adriana observaba como su equipo terminaba de revisar el área del delito y
segura de que no encontrarían nada más, mandó retirarse a sus "tropas" para que la
policía pudiera realizar su propia investigación, ya que ellos tenían preferencia a
"indagar" en el lugar del crimen antes que absolutamente nadie fuese quien fuese, lo
que les daba mucha ventaja a veces ya que, algunos policías, podían llegar a ser muy
torpes con las pruebas.
Se encontraba muy contenta de los resultados obtenidos, estaba segura de que las pruebas
de ADN de ese pelo les desvelarían datos muy importantes como sexo, peso, alimentación,
y un largo etcétera el cual daría un soplo de aire fresco al punto muerto donde se
encontraban situados.
"Creo que te hemos cogido, tengo ganas de verte la cara, compañera, pero que muchas
ganas" pensaba mentalmente la morena mientras se dirigía al laboratorio con su equipo
deseosa de conocer los resultados de la prueba.
AFUERAS DE SALAMANCA (España)
Una pequeña mujer rubia se afanaba en cortar el césped de su jardín un poco descuidado,
el cual llevaba necesitando arreglos desde hace tiempo.
- Saraaaaa - gritó una voz infantil por encima del ruido del cortacésped.
- Hooolaaa - contestó gritando la rubia mirando al niño que se aproximaba corriendo
hacia ella mientras apagaba la máquina.
- Sara, tienes que venir conmigo ahora mismo - dijo el niño mientras agarraba del
brazo a la rubia y tiraba de ella insistiendo para que lo siguiera.
- ¿Pero qué pasa Daniel? - contestó sonriendo mientras observaba con sus ojos verdes
al pequeñajo que seguía tirando con fuerza.
- Mamá ha dicho que te busque y te lleve - reclamó el niño para que fuera más rápido.
- Esta bien, esta bien, Dani mira que eres exigente - respondió ensanchando la sonrisa
que hizo que sus ojos se iluminaran mientras dejaba que el niño la dirigiera hacia el
chalet vecino.
Entraron en la casa y un olor a leña, mezclado con aromas de alimentos haciéndose en la
barbacoa hicieron que el estómago de Sara rugiera estrepitosamente lo cual hizo tanta
gracia al niño que comenzó a reír mientras la rubia le acompañaba en las risas.
Llegaron a la parte de atrás del chalet en el cual un numeroso grupo de gente charlaba,
jugaba o simplemente estaba sentada absorbiendo los últimos rayos de sol del verano
mientras grandes mesas llenas de comida y bebida inundaban el ambiente.
- Mamaaaá, mamaaaá, - reclamó Daniel gritando - ya te la he traído misión cumplida,
además su barriga ya hace los ruidos graciosos, creo que tiene hambre.
Una avergonzada Sara miraba con su cara sonrojada a la madre de Daniel mientras
comenzaba hablar:
- Tu hijo es tan insistente como tú, Paty - dijo sonriendo la rubia.
- Es bueno que en eso no se parezca a su padre, es un patán con ojos a la hora de
echarle cara al asunto - replicó Patricia sonriendo mientras daba dos sonoros besos en
las mejillas de Sara a la par que la agarraba las manos y se dirigían a una de las
múltiples mesas donde se encontraba su marido Tom.
- Hola niña - saludó un hombre barbudo de aspecto bonachón mientras se apartaba por un
momento de su grupo para dar otros dos besos a su vecina y amiga - ¿Por qué tardaste
tanto? Tuvimos que enviar a la caballería por ti.
- Verás es que mi césped parece una selva y me daba vergüenza tenerlo tan abandonado -
respondió manteniendo la sonrisa.
- Jajá, lo se pero no te sientas culpable tampoco has parado mucho últimamente por
aquí es lógico que lo tengas así, además no se porque no quieres contratar a alguien
que lo haga por ti - prosiguió el hombre insistentemente mientras la observaba con
cariño.
- Ya se que no lo entiendes Tom¸ pero me gusta llegar a casa después de tanto viaje y
sentir que tengo algo que hacer, no tenerlo todo hecho - agregó sonriendo tristemente.
- Entonces sabes lo que puedes hacer, venir aquí directamente después de cada viaje, y
arreglar todas las cosas estropeadas que tenemos, además Paty se encargará de
recordártelo constantemente yendo detrás de ti, sin dejarte respirar - contestó Tom
riéndose lo que hizo que todos comenzarán a carcajearse, excepto su mujer que le miró
con cara de ya hablaremos tú y yo, pero al final terminó riendo también.
Se entablaron distintas conversaciones mientras Tom servía a la rubia un gran plato de
comida con un poco de todo, lo que le hizo darse cuenta de que realmente estaba
hambrienta.
Charlaba animadamente sin percatarse de que en el otro lado del jardín era observada
por alguien.
- Disculpa Paty ¿Quién es esa chica rubia que habla con Tom? - preguntó el desconocido
a la anfitriona de la fiesta realmente interesado.
- Ya veo que te ha llamado poderosamente la atención nuestra adorada Sara, claro que
no me extraña, además de ser guapísima tiene unos ojos verdes increíbles, es una gran
persona, trabajadora, inteligente, además de muy guapa - respondió Patricia sonriendo
mientras observaba a su amiga y vecina.
- Si creo que nos referimos a la misma mujer - contestó el hombre sonriendo - podrías
decirme algo más de ella aparte de lo evidente.
- Claro, es soltera y, actualmente esta sin pareja, es azafata de vuelos de una
compañía privada y apenas para quieta por aquí, está constantemente viajando de allá
para acá, recientemente llegó de su último viaje aunque no recuerdo exactamente dónde
fue - dijo haciendo memoria - vive en el chalet de al lado sola, adora los niños y los
animales, de vez en cuando se ocupa de mis hijos lo que nos permite a Tom y a mi darnos
alguna escapadita nocturna, es una estupenda amiga, le encanta la música de todo tipo,
lee desde los clásicos hasta cualquier libro con un buen argumento, adora las pelis de
Disney, es una romántica empedernida, le encantan las flores y ocuparse ella misma de
las cosas, resumiendo es la chica ideal para un hombre como tú - concluyó Paty
sonriendo mientras animaba al socio de su marido a que fuera a presentarse a su amiga.
- Ufff, creo que no la hará demasiada gracia que des tantos datos de ella, espero que
cuando alguien te pregunte por mi al menos no les digas mi número de DNI - respondió
extenuado Miguel después de tantos datos sonriendo.
- Jajaja, es para que no pierdas tiempo, creo que necesita un buen chico cuanto antes
y ninguno mejor que tú - añadió riéndose.
- Gracias por tu voto de confianza, ahora solo te falta presentármela y ya me
encargaré yo del resto - añadió imitando la voz de un italiano mientras sonreía.
Así transcurrió la velada entre risas y buen ambiente sin sospechar en ningún momento
que algo, dentro de poco tiempo, podía terminar con el trabajo de toda una vida...
AEROPUERTO DE MONTERCARLO:
Adriana esperaba ansiosa la salida de Julia del laboratorio que tenían en el avión
privado, mientras estudiaba las notas del caso en su despacho.
- Ya lo tengo jefa - dijo una voz femenina lo que hizo que Adri levantara la cabeza
para observar a una sonriente Julia con bata blanca.
Detrás de ella estaba parte de su equipo con cara ansiosa por saber algo.
- Entrad todos - dijo sonriendo Adri - veamos que tenemos aquí.
Mientras todos se sentaban en sillas o en el sofá alrededor y se servían bebidas del
bar que tenían en el avión, observaban a su jefa abrir la carpeta y comenzar a leer.
- Mujer de raza blanca - una gran sonrisa surco su cara mientras gritaba - ¡lo sabía!,
rubia, metro sesenta y cinco aproximadamente, peso 48 kilos, salud perfecta, bla bla
bla, datos técnicos que ya leeréis, mmmm veamos, según el adn tiene los ojos claros
debido a la pigmentación del cabello. De acuerdo, Nora quiero que me hagas ahora mismo
algún retrato robot. Tú Sánchez, busca en el ordenador si esta fichada por la policía
de algún país, lo dudo mucho, pero hay que atar todos los cabos. Marcos registra los
videos de las cámaras de seguridad del museo, a ver si hay alguna visita en los últimos
dos meses, que encaje con la descripción de nuestra chica, el resto ya sabéis lo que
hay que hacer, venga a trabajar - terminó con voz impetuosa mientras todos iban a las
tareas asignadas, con nuevas energías, gracias a las pistas encontradas, sabían que
casi la habían cogido ahora solo faltaba el golpe final.
Cuando se fueron de su despacho, la morena se acomodó en la mullida silla de cuero,
mientras con su mente ponía cara a esos datos.
Poco a poco en su cabeza, apareció exactamente la imagen de la rubia, sabía que en
cuanto la contemplara, sabría quién era.
Ahora solo les faltaba anticiparse a su siguiente golpe y ya estaría todo resuelto,
ella recuperaría su reputación y descansaría por fin.
Sin entender porque, algo dentro de ella, como si ya la conociera de mucho antes, era
una sensación rara.
Moviendo su cabeza de un lado a otro decidió que lo mejor sería olvidarse de esas
tonterías y pensar en el siguiente robo que cometería.
Decidieron regresar a Madrid donde tenían la central de operaciones para una vez allí
estudiar cual sería el siguiente paso.
AFUERAS DE SALAMANCA (España)
Ya en su casa Sara pensaba en lo acontecido en la casa de su vecina, le habían
presentado a Miguel, el socio de Tom, pero a ella solo le pareció un tipo simpático,
nada más.
Agradeciendo el interés que mostraba por ella, le dijo educadamente, que de momento no
tenía tiempo para salir con nadie, su trabajo como azafata no le permitía demasiada
libertad para mantener una relación y que ahora se encontraba en una etapa de su vida,
en la que solo quería tranquilidad.
Sentada en el porche del jardín trasero observando las estrellas pensaba en su último
golpe.
La tiara de diamantes de Grace había sido un encargo de un hombre muy rico de Canadá,
con los millones que había conseguido pudo construir el orfanato y el hospital para
huérfanos y niños abandonados en las calles de Taichin, una pequeña ciudad de la China,
también tenían suficiente dinero para poder administrarse por ellos mismos sin necesidad
de depender de terceros, creando así sus propios ingresos de futuro.
Desgraciadamente allí las niñas eran tratadas peor que insectos, y los padres, en vez
de criarlas, las abandonaban o las golpeaban brutalmente. Ahora con el orfanato tendrían
una oportunidad de aprender, de estudiar, y sobre todo, de elegir sus destinos sin
tener que depender de las duras autoridades chinas.
El utilizar los millones, que obtenía de sus robos, para obras de esa magnitud hacia
pensar que era como una especie de Robin Hood femenina, robaba a los ricos para dárselo
a los pobres. Ese cuento siempre fue su preferido, desde pequeña.
Ese pensamiento la hizo sonreír, tenía la sensación de que en sus otras vidas también
había tratado de ayudar a la gente, no era algo nuevo para ella.
No entendía el arte, no concebía como alguien podía tener en su casa un cuadro que
valía millones de euros, cuando había gente que no comía y moría por enfermedades tan
tontas como un catarro o unas fiebres, era inconcebible en su concepto de humanidad.
Tampoco razonaba demasiado bien, porque un paisaje pintado por Goya tenía un precio
desorbitado mientras el mismo paisaje pintado por cualquier artista callejero valía
unas simples monedas o menos aún.
No era por justificarse, la verdad es que su trabajo, no le quitaba el sueño las cosas
eran así y las aceptaba tal y como eran.
El mero echo de criarse en una familia feliz, pero teniendo tanta pobreza a su
alrededor, debido a que vivían en la parte marginal de la ciudad, la hizo pensar en
que algún día eso cambiaría, en hacer del mundo un lugar mejor para los menos afortunados.
Cogió una bolsa de m&m de la mesita, y se puso a contemplar las estrellas mientras
disfrutaba de las vistas.
Esperaría un tiempo para planear el siguiente asalto, tendría que mirar la web para
saber el siguiente encargo, ya que normalmente actuaba bajo pedido para realizar los
golpes.
El primer paso era saber el objeto a robar, durante un mes o un par de meses a lo sumo,
estudiaba la situación del lugar, las medidas de seguridad, la ruta de entrada y de
escape, así como miles de detalles para no dejar absolutamente nada al destino,
controlaba hasta los segundos que tardaban en abrirse los semáforos de la zona.
Cualquier cosa por ínfima que fuera, podía ser la diferencia entre el éxito y el
fracaso.
La suerte, había ayudado alguna vez a salir de situaciones realmente complicadas, pero
prefería no tener que depender de ella para tener éxito en su misión.
Sabía que la perseguía mucha gente, aunque jugaba con el factor ventaja, nadie sabía
que era ella el famoso ladrón, absolutamente nadie, incluso las revistas y periódicos,
que habían comentado los robos, aseguraban que era una banda de hombres; ese hecho le
hizo sonreír mientras terminaba su bolsa de golosinas y decidía que era buen momento
para asearse e irse a descansar.
- Mañana será otro día - respondió hablando a la noche, mientras se incorporaba de su
cómodo asiento perezosamente para irse a dormir.
SIERRA MADRILEÑA (España)
Adriana odiaba vivir en Madrid, los atascos la enfermaban así como el ritmo de vida tan
rápido que se llevaba en la gran ciudad.
El vivir a las afueras en una gran casa con un enorme jardín; la compensaba ligeramente,
ya que era materialmente imposible por su trabajo el vivir en otra ciudad.
Tenía otra casa en Lisboa, mas la de Barcelona, una en Tachulsi, isla del Pacifico,
otra en Nueva York y otra en Toulesse.
La encantaba la naturaleza, adoraba mirar las estrellas, sentía que alguna vez fueron
el techo de su hogar.
Mientras se preparaba algo rápido para cenar, pensaba en lo acontecido durante el día.
Los chicos no habían descubierto nada mirando fichas y videos, el retrato robot no
estaba tan logrado como ella lo tenía en su mente, pero no quiso revolver más el tema.
Mientras disfrutaba de la cena, pensaba cual sería el siguiente movimiento de la rubia
delincuente, la cuestión ahora era preparar un cebo pero ¿Cómo?
Sonó su móvil:
- Diga - preguntó terminando de masticar - de acuerdo, voy para allá - concretó.
Colgó el teléfono "hora de trabajar" se dijo a si misma mientras se preparaba para ir
al centro de "operaciones" habían descubierto algo, el mero hecho de tener nuevos datos
quitó completamente su apetito.
Sin dilación cogió su deportivo y se dirigió a la ciudad, "menos mal que a esta hora no
había demasiado tráfico" susurró.
En el compacto sonaba el último cd de Jon Bon Jovi, la gustaba especialmente el rock
duro producía un exceso de adrenalina en su sangre, haciendo que estuviese siempre a la
que salta.
Mientras escuchaba las canciones tarareándolas al tiempo, llegó a su destino, aparcó en
el parking privado y saludando al vigilante se encauzó hacia la sala de reuniones donde
la estaban esperando los chicos, por el resto de los coches supo que era de las últimas
en llegar.
Nada más entrar en las instalaciones, oyó jaleo; lo que indicaba que estaban nerviosos
y excitados por algo, se preguntó que podría ser.
Al abrir la puerta todos los presentes se volvieron hacia ella, el olor a café y pizza
indicaba que la mayoría habían optado por cenar allí, el silencio se asentó, ella
alzaba su ceja en señal de pregunta mientras decía:
- ¿Y bien?
- Será mejor que te sientes - advirtió Sánchez.
Mientras tomaba asiento notaba como la impaciencia crecía en ella, nunca había sido una
persona paciente, más bien al contrario enseguida se perturbaba cuando las cosas no se
realizaban inmediatamente.
- Verás hemos descubierto el collar de perlas rosadas, lo tiene en su poder Sócrates
Kausopolis. Se lo ha regalado a su hija en la fiesta de cumpleaños, allí había uno de
nuestros contactos, ahora solo resta ir allí y preguntar como lo obtuvo - terminó
sonriendo.
- Dioses no puedo creer en nuestra suerte, será mejor que salgamos para Grecia ahora
mismo, Nora y Marcos preparar todo ahora mismo, nos marchamos de nuevo.
Una pequeña queja se instaló en el grupo, acababan de llegar a sus casas y partían de
nuevo hacia otro país, a pesar del enorme sueldo que les pagaba, hoy no les notaba
demasiado contentos con la situación, pero una fría mirada de sus intensos ojos azules
acalló a todos.
Odiaba las situaciones en las que tenía que imponer su voluntad, pero no le quedaba más
remedio que ser dura en algunos casos, y ese era realmente uno de ellos.
Ya instalados en el jet privado, con las órdenes de vuelo actualizadas se prepararon
para salir hacia Atenas. De allí unos coches les llevarían hacia la mansión de
Kausopolis que estaría esperando su llegada.
"Nada como tener contactos en todas las partes" pensaba mientras se reclinaba
cómodamente en uno de los sillones para prepararse en el despegue.
El avión comenzó a ascender rápidamente mientras todos procuraban dormir las tres horas
que tardarían en llegar a su destino.
Mientras, Adriana observaba por la ventana, la negrura de la noche, lo único que se
apreciaba era oscuridad, apenas se vislumbraban pequeñas luces de Madrid mientras lo
dejaban atrás.
Lentamente se acomodó y decidió que dormir un rato no era mala idea, perezosamente, se
dejó acunar por el ruido del avión y se quedó dormida.
En cuanto notó que el aparato comenzaba su aterrizaje se despertó, normalmente su sueño
era siempre ligero, el menor ruido o movimiento la hacían ponerse alerta,
constantemente dormía en un estado de vigilancia inquebrantable, a veces era realmente
cansado pero no podía hacer nada para evitarlo.
Ya listos montaron en los coches que les esperaban y se dirigieron sin más dilación
hacia el hogar del millonario griego que les estaba esperando.
Nada más entrar por la puerta de la propiedad se percato de que estaba en una verdadera
fortaleza, cámaras y guardias por todas las partes visibles y no visibles.
Los coches pararon y un hombre vestido como un mayordomo.
Les rogó que lo acompañaran a un enorme salón donde había un buen surtido de comida y
bebida para los visitantes.
- Sírvanse por favor, si desean algo en especial no duden en solicitarlo - agregó el
mayordomo educadamente con una leve inclinación de cabeza - el señor Kausopolis vendrá
inmediatamente.
Desapareciendo de su vista, sus empleados no hacían más que pronunciar palabras de
agradecimiento por la bienvenida y el ágape con el que eran agasajados.
- Ciertamente este hombre sabe montárselo - comentó Marcos mientras tomaba un poco de
un champán que según indicaba su etiqueta era de las mejores cosechas.
Todos sonrieron y cogieron algún canapé mientras intercambiaban alabanzas sobre el
anfitrión.
Una de las puertas se abrió apareciendo un hombre de unos sesenta años con aspecto
impecable, traje de marca hecho a medida, pelo y barba perfectamente recortados.
Directamente la morena se dirigió hacia él ofreciendo su mano, un fuerte y firme
apretón indico a su instinto femenino que, Kausopolis, no iba a ser nada fácil de
convencer.
Continuará...