"Tus dulces manos rodeando
la debilidad que me acecha.
Tus ojos claros, el único remedio
para mi dolor.
Solo tu amor me podrá Salvar
Sálvame..."
El sonido de la lluvia resonaba en el cuarto oscurecido por un cielo tormentoso, hacía
tres días que estaba así, cada gota que resbalaba por el cristal coincidían con las
lágrimas que eran derramadas por dos personas, dos personas que habían sido engañadas
tan vilmente por una mente enferma.
El destino era así, cuando el amor había golpeado la puerta de dos corazones destinado
a salvarse mutuamente, una mente macabra los confina al sufrimiento y a la separación.
Luego de que se cerrase la puerta, Luciana recogió el papel que había sido arrojado
casi sin sentimientos al piso por Andrea. Totalmente angustiada y llorosa, la morena se
dirigió rumbo al ascensor para encerrarse en su propio mundo y así poder pensar en todo
lo que había pasado en las últimas cuarenta y ocho horas..
Llegó hasta la puerta del departamento y la abrió, se quitó los zapatos y el frío de
las baldosas refrescaron sus cansados pies.
Caminó despacio hasta el cuarto y se quitó la ropa, anduvo desnuda hasta el baño y
luego de encender la luz, comenzó a llenar la bañera, reguló la temperatura y esperó
que hubiese suficiente agua para cubrir su cansado cuerpo, antes de agregarle algunas
sales y gels de baño y sumergirse. Argo asomó su hocico y gimió. Ojos azules la miraron
y una mano le acarició la cabeza. Su mente voló a escenas de días pasados y se regodeó
con los recuerdos de la felicidad que había sentido y sentía, porque aun amaba a esa
pequeña y la amaría por siempre.
Las lágrimas bajaban por su rostro y se mezclaba con el agua que la cubría.
Tenía que recuperarla, ellas sabía que Andy la amaba, solo tenía que aclarar el mal
entendido que Marina había causado, producto de sus celos enfermos. Tenía que volver a
conquistarla.
Luciana se terminó de bañar y se cambio con ropa cómoda trato de ingerir algo de
alimento pero parecía que el estómago se había revelado y no aceptaba nada. Argo gimió
y Luciana entendió el mensaje, tomó la correa junto a las llaves y salió del
departamento apagando las luces tras de si.
Cuando estaba saliendo del ascensor la puerta de la casa del encargado se abrió y un
nudo en el estómago se le formó a la morena, se relajó al ver que no era ella, sino
Juan, ojos verdes la fulminaron y se sintió morir al ver el rechazo del hombre.
Luciana bajó la mirada y no ocultó su dolor. Tiró de Argo y caminó hasta la puerta,
Juan no sólo la vio partir, sino que también distinguió el dolor en esos gélidos ojos,
ese mismo dolor que veía en las esmeraldas de su hija.
Juan regresó a la casa y se encontró con su niña acostada en su cama abrazada a la
almohada y llorando. Se acercó y se sentó a su lado. Tomó la mano de su belleza y ojos
verdes lo miraron angustiados.
- ¿Por qué papá, si yo la amaba?- el llanto ahogado se intensificó cuando Andrea se
encontró rodeada por los brazos de su padre.
- Shh... ya tranquila.- Juan acuno a su hija antes de preguntarle- Andy... ¿has
hablado con ella?... yo creo que te debe una explicación.
- No... no quiero verla.
- Andrea yo creo que..
- Que no, papá...- lo interrumpió.
Juan se levantó y caminó hasta el centro de la sala dejándola sola en su habitación.
Con una mano se frotó la frente y suspiró.
Andrea se giró y contempló la pared mientras que los recuerdos invadían su mente. Brisa
saltó a la cama y se acurrucó entre sus brazos. Lentamente se fue adormeciendo junto a
su dueña.
La mañana llegó temprano para Luciana. Luego de ducharse, se cambio con un traje azul y
camisa blanca. Tomó sus cosas y las llaves del auto, verificando que el gas y las luces
estuvieran cerrado y apagadas, antes de cerrar con llave la puerta.
Sacó del garaje su Corsa bordó y se dirigió hacia la Fundación donde hoy empezaría sus
prácticas con pacientes oncológicos.
Una vez que terminó sus servicios con Andrea, recibió la propuesta del Dr. Farías para
integrar el staff de auxiliares de enfermos oncológicos y ella había aceptado.
Su trabajo sería muy parecido al realizado con Andrea. Pero esta vez estaría designada
al área infantil.
Estacionó el auto en el puesto número dieciocho y con una mueca y un suspiro salió del
mismo. Cerró, activó la alarma y se dirigió a la entrada del edificio.
El ascensor paró en la piso número cuatro y caminó por el largo pasillo hasta donde se
encontraba la recepción, una secretaria trigueña la saludó amablemente y luego de
ingresarla le entregó una placa con su nombre y desempeño a la cual ella tendría que
agregarle su fotografía.
Luciana buscó en su billetera un pequeño sobre y sacó una foto del tamaño adecuado y la
metió en el plástico para luego colgarlo de la solapa de su delantal blanco.
La secretaria sonrió y le señaló la puerta por donde estaba la sala de pediatría.
Luciana asintió y se dirigió hasta la misma. Tomó la manija de la puerta y soltó el
suspiro que no pensó haber retenido. Giró el mismo y entró. Una quincena de cabecitas
rapadas o cubiertas con pañuelos se volvieron para mirarla y una sonrisa en cada rostro
se reflejó al verla. Una sonrisa se instaló en su rostro y se planteó la idea de si
podría lidiar con eso... mmm, no se si podría, pero que lo intentaría, eso no lo dudaba.
*****
Juan entró en su casa luego de haber pasado la enceradora en el piso del hall de
entrada y se sorprendió que Andrea aun durmiera, miró el reloj colgado en la pared y
éste marcaba 10:28 am. Entró en le cuarto de su hija y suavemente la despertó.
Andrea parpadeó varias veces antes de que sus pupilas se acostumbraran a la luz del sol
que se colaba por la pequeña ventana. Brisa se desperezó a sus pies y gimió.
Andy se incorporó y se quejó cuando sus músculos adoloridos se manifestaron por estar
en la misma posición durante horas. Juan se sentó en la cama y observó a su hija. Su
cara juvenil estaba entristecida y sus ojos no presentaban ese brillo natural. Estaban
apagados.
Notó que su hija tomaba una larga inspiración y se le llenaron los ojos de lágrimas y
utilizó toda su fuerza por ocultarlas fracasando miserablemente, tomó su mano y le
ofreció su hombro para llorar.
Dos semanas habían pasado desde ese episodio. Las pocas veces que había salido en
ninguna ocasión se había encontrado con la morena mujer.
Su padre le había comentado que había empezado a trabajar en la clínica y hasta se
había alegrado de saber que trabajaba con niños con la misma enfermedad que ella había
padecido. Sabía que Luciana era buena..
Andrea se levantó y se dirigió al baño, contempló su imagen en el espejo y notó las
ojeras y el rostro demacrado. Se quitó la camiseta de dormir y se observó, había
adelgazado un par de kilos y eso no le gustaba nada, su piel estaba algo mas seca de lo
normal y se le encogió el corazón cuando el miedo dominó sus sentidos.
Rápidamente se duchó y se cambió por una muda de ropa ligera. Tomó las medicinas y algo
de yogurt, llenó el comedero de Brisa y se sentó contemplando la nada.
Su cabeza iba a mil y los nervios la invadieron, estrujó entre sus dedos el paño de
cocina y se mordió el labio..
Otra vez no...
Luciana ingresó al área infantil y se dirigió lentamente hacia la sala de oncología,
abrió la puerta y un grupo de niños que estaban jugando se levantaron y corrieron a
saludarla.
En las dos semanas que llevaba en la clínica, había congeniado bien con los niños en
edades desde los tres meses a los quince años. Todos con la misma cruz sobre los
hombros..
La alta morena caminó por el pasillo llevando de la mano a la pequeña Samira, una niña
de siete años y morena a la que se había encariñado. Samira tiene ojos de color negros
y una sonrisa que derrite a cualquiera. Es muy imaginativa y soñadora. Cada día tiene
una nueva historia para contarle. Hoy va de su mano contándole de cómo una princesa es
rescatada por un príncipe de las manos de una monstruo de tres cabezas.
Los ojos azules la miran con entusiasmo y la lleva hasta su cama, ahí la espera su mamá
y ella corre para lanzarse sus brazos. El pañuelo que lleva en su cabeza se le corre y
ella logra tomarlo y volver a colocarlo. A pesar de que su piel es morena el sonrojo es
evidente, la quimio esta haciendo efecto y eso a ella la avergüenza.
Luciana ve la timidez y enseguida un recuerdo llega a su mente... en realidad nunca ha
dejado de pensar en ella, todo lo que la rodea hace recordarla.
Luego de las revisiones, Luciana se dirige a la cafetería y al entrar se encuentra con
el Dr. Farías y juntos se sientan a almorzar.
- No la he visto...- Luciana baja sus ojos claros y se concentra en el plato que tiene
enfrente.
- ¿Pero no viven en el mismo edificio?- el profesional la mira extrañado.
- Sip... pero no sale mucho... además he tratado de evitarla.
- Mmm, ¿y eso?- el médico se asombra- si ustedes se llevaban muy bien..
- Es verdad, pero ha sucedido algo que hizo que me ella me odie.
Luciana terminó su almuerzo y se despidió del médico. Le había hecho bien contarle a su
profesor todo lo que sentía por Andrea.
El profesional le había aconsejado que hablase con ella y tratara de darle alguna
explicación de lo sucedido.
Lo intentaría... trataría de hablar con Andrea aunque en esa conversación se le fuera
la vida.
Andrea estaba sentada en el mismo banco de siempre cuando llevaba a Brisa a la plaza,
la cachorra estaba en el recinto jugando con los demás perros y la mente de la pequeña
giraba en torno a sucesos vividos apenas algunas semanas atrás.
Cerró los ojos y se pasó lentamente la mano por el corto cabello y un suspiro salió de
su boca mezclado con el llanto que intentaba contener. Sintió una presencia y parpadeó
incrédula al ver a su morena sentada a su lado. Su primer impulso fue abrazarla y
olvidar todo... Señor como la necesitaba.
Luciana se debatió entre estarse quieta o salir corriendo, ante la mirada de rechazo
que recibió por parte de Andrea... Oh no... me odia... la miró a los ojos y por un
segundo le pareció ver una pizca de emoción y necesidad en los ojos verdes de la
pequeña. Esa misma emoción que veía no hace tanto cuando caía presa de sus ojos.
Andrea se removió incómoda, haciendo reaccionar a la morena. Luciana se acomodó en el
banco y suspiró.
- Hola..
Andrea se quedó callada y miró el sol que lentamente iba bajando.
- Andrea se que fui una estúpida... debí haber hablado contigo... pero tuve miedo.
La pequeña se arrebujó mas en el asiento y bloqueó sus sentimientos, aquellos que le
decían que olvidara de lo sucedido para empezar todo de nuevo. La voz dulce de Luciana
se metía por sus oídos y acariciaba su corazón.
Ya no lo resistía.
Luciana le había explicado quién era Marina y del significado de esos videos y las
cartas. Le dio a conocer que otro igual le había llegado a ella y otro más a la familia.
Provocando el rechazo de todos menos de su hermano Franco que ya conocía la historia.
Andy se sorprendió al escuchar eso y se volvió para mirarla. Encontró en los ojos de la
morena el cúmulo de lágrimas que al cerrarse rodaron por su mejilla. Díos..
- Te necesito Andy... no se que hacer para recuperarte..
Andrea se frotó las manos y dirigió una última mirada a Luciana, la encontró más bella
que nunca y alargó una mano para acariciarle el rostro, se detuvo a medio camino y se
levantó, fue hasta el recinto y recogió a su cachorra y caminó despacio por el sendero
que la llevaría a su casa.
Unos penetrantes ojos azules la vieron alejarse. Por un momento la invadió la
desesperación y los nudillos se le tiñeron de blanco al apretar la madera del banco.
Tomó aire y se programó para recuperarla... había amor en esa chiquilla, el mismo amor
que ella sentía.
*****
Tres semanas habían pasado desde ese encuentro. Luciana seguía trabajando en la clínica
y estaba desayunando cuando el timbre de su puerta sonó. Argo ladró y corrió hacia la
entrada.
Juan la miraba fijo y vió el rastro de lágrimas en su rostro. El labio inferior del
hombre vibró y un nombre salió mezclado con el llanto.
Luciana entró al departamento del encargado y se encontró con la figura de Andrea en la
cama totalmente desnuda, solamente una manta la cubría, la pequeña tiritaba y hablaba
incoherencias. La morena tomó su celular y marcó un número demasiado conocido para su
mala suerte.
La voz de una secretaria la atendió y pidió hablar con el Dr. Farías luego de darse a
conocer.
Juan estaba en la puerta y se sorprendió cuando la morena le ordenó que tomara todo lo
necesario para llevar a la clínica.
- ¿Cuánto hace que está así?- preguntó antes de sacar conclusiones.
- Unos días..
- ¡Qué!- gruñó Luciana- y en todo ese tiempo no me avisó o no la llevó al médico...
es una estupidez de su parte Juan..
- Es que yo,,,,
- Nada...- le clavó la mirada y le ordenó que la ayudara.
El cuerpo inconsciente de Andrea fue introducido con cuidado en el auto de la morena,
mientras que ésta intentaba calmar un poco sus nervios.
Le llevó nada llegar a la clínica dónde ya la esperaba el equipo de médicos prontos
para atenderla.
Luciana intentó formar parte del equipo pero el médico le aconsejó que no lo hiciese...
que estaba muy nerviosa como para ayudar.
Se sentó en una de las butacas a esperar como lo hacía Juan. El hombre estaba
angustiado y se frotaba las manos, cosa que le pareció conocido en Andrea. La chiquilla
se frotaba y retorcía las manos ante la muestra de nervios, mas de una vez tuvo que
tomárselas y verificar que no se las hubiese quebrado, provocando la risa de la niña.
Le encantaba escucharla reír... era contagiosa y reverberaba por toda la habitación o
el lugar donde se encontrara.
Dos horas habían pasado desde que Andrea había sido internada. Dos horas que no sabían
nada.
La puerta se abre y el grupo de médicos sale, ninguno le da informe de nada, Luciana se
desespera y entra en el cuarto para encontrarse con la peor imagen que su mente
recuerda.
En la cama se encuentra el amor de su vida totalmente dormida y asistida con un
respirador artificial, para poder ayudar a sus debilitados pulmones a oxigenar su
sangre. Varias bolsas de suero, medicamentos y calmantes penden a su lado.
Sus ojos se llenan de lágrimas que derrama sin restricción alguna. Lentamente se acerca
a la cama y despacio toma la blanca mano. No aguanta y cae de rodillas a su lado y
trata de abrazarla, de abarcarla, de hacerla volver en sí. Descarga su furia y llanto
maldiciendo en silencio y por otro lado se encarga al Señor para que su amor se
recupere.
Ojos verdes la observan y sale en silencio del cuarto, está de más.
La luz tenue del amanecer se cuela por la ventana y dan de lleno en dos zafiros
ojerosos que aun sostienen esa mano blanca y débil. No se ha movido desde que entró y
ha rechazado todo tipo de comida y bebida.
El Dr. Farías ingresa en el cuarto y le lee el diagnóstico..
Ha vuelto... ha vuelto... ha vuelto...
Esas palabras repican en su mente una y otra vez como si fueran los toques de campana
en plena Navidad.
Hay que esperar que los medicamentos que le fueran suministrados hagan el efecto
deseado y sino se comenzará con terapias más agresivas.
Hace una semana que Andrea esta inconsciente, desde que fuera admitida en la clínica
la chiquilla ha estado sumergida en un sueño profundo. Su piel joven y nutrida esta mas
escamosa y reseca. Luciana ha traído una crema nutritiva y la aplica lentamente en el
cuerpo desnudo de la chiquilla.
Ve los típicos moretones y los ganglios inflamados en zonas claves, aun le suministran
medicamentos y rayos. Eso ha disminuido el grado de infección en la sangre. El conteo
de glóbulos rojos ha aumentado y los linfocitos y plaquetas han disminuído.
Luciana pasa su mano por el estómago de la pequeña y siente como los músculos se
contraen, rápidamente alza la vista al rostro de la pequeña y ve como los párpados se
debaten entre abrirse o mantenerse cerrados. No pierde tiempo y se sitúa a escasos
centímetros del oído de la joven y le dice palabras de aliento... lentamente se van
abriendo.
*****
La oscuridad se va desvaneciendo y da paso a la claridad, siente el cuerpo entumecido
y algo no la deja hablar. Un susurro en su oído hace que preste atención. Esa voz...
Lentamente abre los ojos y la luz del día da de lleno en sus pupilas... duele. Vuelve
a escuchar esa voz y ahora la reconoce. Intenta girar hacia donde le hablan pero no
puede... Tranquila princesita... le aconsejan. Un calor exquisito sube por su
estómago y desaparece repentinamente. Nooo...
- Andy escúchame... quiero que a la cuenta de tres me ayudes a sacarte el tubo...
¿entendiste como tienes que hacer?
Un leve asentimiento y a soplar.
Le duele todo, está molesta y se siente pésimo. No puede hablar y le cuesta entender lo
que hablan..
Luciana entró al cuarto y se encontró con la figura de Andrea semi sentada y mirando
hacia la ventana, donde el ocaso hacía que el cielo de invierno se tornara más gris que
de costumbre. Esto le trajo viejos recuerdos.
Se sentó en el sillón y esperó.
Media hora había pasado desde que había llegado y ya el sol no estaba. Andrea volvió la
cara despacio y se concentró en el rostro que tenía delante. Miles de recuerdos se
agolparon en su mente y reprimió el llanto al verse tal débil. Quería odiar a esa mujer
y cuanto mas lo intentaba menos lo conseguía. Cerró los ojos por un momento sintiendo
como tibias lágrimas rodaban por sus mejillas y no supo en que segundo se vio rodeada
de unos fuertes brazos destruyendo las murallas que tanto le había costado levantar
para proteger a su corazón. Pero cómo se había equivocado... eso era imposible...
porque ya no tenía corazón, hacía rato que lo había entregado.
Aun no sabe que la impulso a hacer eso, pero no se arrepiente... la tiene de nuevo
entre sus brazos y trata de consolarla y decirle que todo saldrá bien, quiere hacerle
entender que el tratamiento esta haciendo efecto y que ya falta muy poco.
Siente como la camisa se humedece y acaricia lentamente la espalda de su chiquilla. No
sabe como consolarla sin arriesgarse a que se enfade. Sólo le nace acariciarla y
besarla. No se reprime.
El calor de un beso la hace paralizar. Pero enseguida se rinde... no le importa se
aferra con fuerza a la alta mujer y se resigna a eso que tanto anhelaba.
Luciana sintió los dedos de su chiquilla aferrarse a su camisa cuando rozó levemente
sus labios en el rostro demacrado y se maldijo por haberse arriesgado tanto. Pero no
pudo evitarlo y volvió a hacerlo después de decirle que todo saldría bien. De nuevo se
sorprendió cuando el pequeño cuerpo se aflojaba y lentamente se acomodaba en el suyo.
Como tantas veces lo había hecho.
En ambos rostros se dibujo una leve sonrisa y se apretaron más al abrazo.
*****
El sol entró cancino por la ventana cubriendo con su calor dos cuerpos cansados.
Luciana había conseguido en silencio que Andrea se relajara y durmiera. La rubia en
ningún momento la había soltado lo que la había obligo a recostarse con ella.
Sintió como Andrea se quejaba al hacer un mal movimiento y por lo tanto la vía que
tenía en su mano se movía.
Se le aceleró el corazón al ver como los ojos verdes se abrían lentamente y se
enfocaban en sus ojos, no supo interpretar lo que vio en esa mirada pero se relajó al
ver que una pequeña sonrisa se formaba en los lastimados labios.
Sonrió...
La revisaron durante toda la mañana pero su mirada no la dejaban de seguir y buscar,
apenas si entendía a lo que los médicos le explicaban. Necesitaba perderse en esa
mirada, como lo había hecho en la mañana al despertarse. Su razón le exigía que la
repudiara pero su corazón la atraía más a ella. Se habían quedado abrazadas durante un
buen rato, hasta que la morena le dijo que debía irse. Tenía pacientes que atender.
Recordó que Luciana trabajaba con niños con su misma enfermedad.
Luciana entró en la sala y caminó entre los niños que estaban jugando junto con un
grupo de payasos que habían ido a visitar la fundación por el mero hecho de aliviar el
dolor de los pequeños.
La música de un programa para niños sonaba de fondo, Luciana se acercó a la cama de
Nair y examinó las conexiones en su pequeño brazo, el niño sonrió al verla y ella se
agachó para darle un beso en la frente, al segundo se vio rodeada de los brazos del
pequeño. La madre había muerto meses antes en un accidente y su abuela lo cuidaba
mientras que el padre trabajaba y se hacía cargo de sus dos hermanos mas grandes.
Revisó al resto de los niños y se sentó en uno de los sillones a disfrutar del
espectáculo. Una carcajada salió desde el pecho al ver a Mariano, el enfermero bailar
junto con una payasa imitando los movimientos que un juego decía.
*****
El tratamiento agresivo que le había aplicado estaba funcionando, los análisis eran
favorables, aunque aun quedaba mucho por delante.
Andrea estaba en la sala de quimioterapia esperando que le suministraran el tratamiento,
cuando la figura de una mujer se apareció en la puerta de la sala.
Ojos verdes la miraron con sorpresa y sintió que el alma se le llenaba de furia y
mientras intentaba calmarse la alta mujer se le acercó a la cama.
Al principio no entendió lo que le dijo, pero cuando se obligó a prestar atención pudo
descifrar que esa no era una visita de cortesía.
Marina había burlado la seguridad hospitalaria vestida con su atuendo de enfermera,
aunque ya hacia varios meses que había abandonado la carrera.
Se acercó a la cama y clavó sus ojos castaños en otros de color verde. Una sonrisa
fiera apareció en su rostro y se arrimó hasta dejar la cara a escasos centímetros de la
de la rubia...
Una frase, solamente una frase.
Estas muerta...
Ya era tarde y casi no había gente en la clínica, los medicamentos estaban siendo
suministrados por intravenosa y demorarían unas cuantas horas.
Marina había descubierto como acercarse en la hora indicada y ahora estaba dispuesta a
llevar a cabo su plan.
Un pañuelo tapó su boca y nariz, y se debatió forcejeando, pero estaba muy débil para
que el efecto del éter no la sumiera en un sueño profundo.
Del bolsillo de su chaqueta sacó una jeringa y una ampolla, tomó el tapón y luego de
cargarla pinchó la aguja en el mismo. El líquido amarillento empezó a correr...
*****
Luciana estaba en la sala haciendo una última revisión a los mas pequeños. Estaba
hablando con el padre de una de las criaturas que próximamente recibiría el alta,
cuando sintió que un escalofrío le recorría la espalda y un nudo se le formaba en el
estómago. Parpadeó con fuerza ante la situación.
Sintió como su corazón se aceleraba y se disculpó ante el hombre que la miraba algo
preocupado.
- Lo siento... es que no me siento bien...
- Mmm, se ve algo pálida, porque no toma asiento un momento.
- No, no... debo irme.
Luciana salió de la sala y caminó rápido hasta el ascensor, se miró en el espejo del
mismo y apretó el número tres... allí estaba la sala de quimioterapia y algo le decía
que Andrea no estaba bien.
Caminó el largo pasillo hasta que llegó a la puerta... una sombra le decía que alguien
estaba con su chiquilla y lentamente se asomó. Lo que vio la dejó paralizada y se le
encogió el estómago y el corazón al ver a su amor inconsciente y a Marina con una
jeringa inyectándole algo en la vía.
No sabe en que momento cruzó el cuarto...
Marina estaba de espaldas a la puerta y no sintió la presencia de la alta morena, hasta
que una fuerte mano la sujetó del hombro y la hizo girar en redondo hasta que unos
zafiros se clavaron en sus pupilas fulminándola en el lugar. Lo próximo que sintió fue
la descarga de un puño en la mandíbula. Empezaron a forcejear, hasta que Luciana la
desestabilizó golpeándola en una rodilla y la rubia y alta mujer cayó al suelo con un
grito. Los golpes habían alertado a unos médicos que corrieron a la sala. Al ver lo que
ocurría llamaron a la seguridad.
Luciana trató de recuperarse de la inyección de adrenalina y tomando aire se relajó,
miró la jeringa aun conectada en la goma de la vía y se apresuró a sacarla,
desconectando con mucho cuidado la IV del brazo de Andrea que a la mortecina luz del
atardecer se veía pálida y presentaba unos leves roces en su cara.
Los de seguridad ingresaron a la sala y se llevaron a Marina. Recogieron las pruebas
que la implicaban y se fueron dejando aun grupo de médicos que examinaron a Andrea.
Luciana se relajó al escuchar que el líquido no había ingresado en las venas, cosa que
solo debían esperar a que despertara cuando los efectos del éter se fueran de su débil
cuerpo.
*****
Unas manos le tapaban la boca, mientras le susurraba lo mucho que la odiaba y de que
manera ella le había robado la felicidad... Sí, porque había sido feliz con Luciana
hasta que ella había aparecido en la vida de la morena. Marina le contó como había
trucado los videos y de cómo se había alegrado cuando ella había recaído. Ahora
saboreaba la victoria...
Sintió unos gemidos ahogados y un calor en su mejilla, quería arrimarse a ese calor
pero descubrió que no podía moverse, estaba agotada, sólo quería dormir.
Palabras de amor y aliento le instaba a quedarse con esa persona, sentía los párpados
pesados y un sabor amargo en la boca.
Sintió que era elevada y que lentamente la mecían... se regodeó en esa sensación y se
relajó.
Luciana estaba sentada al lado de la pequeña mujer y le tomaba la mano, las lágrimas
salían de sus ojos y se arrimó la cuerpo inerte que estaba acostado en la misma cama
que hacía unos meses antes.
Dirigió su mirada hacia el ventanal y sonrió. Se levantó y corrió las cortinas el cielo
estaba despejado y se veía una blanca luna, las estrellas parpadeaban circundándola.
Se volvió para ver a Andrea y tomó una manta.
Despacio la envolvió en ella y la tomó en brazos. Se dirigió hacia el sillón y se sentó
en él, acomodó su tesoro y vigiló la IV de la mano. Estaba bien.
Acarició lentamente la espalda de la joven mientras que le hablaba al oído. Tomó la
pálida mano y entrelazó sus dedos para luego apoyarla en el estómago de Andrea y
acariciar con suaves movimientos la piel que allí encontró.
No sabe cuando se quedó dormida, pero cuando su mente reaccionó y pudo abrir los ojos
el sol apenas se distinguía en el horizonte. Se quedó mirando la ascendencia del astro
rey y apretó un poco el dormido cuerpo entre sus brazos.
Un quejido llegó a sus oídos y rápidamente miró el rostro aniñado de Andrea.
Los párpados se abrieron aleteando y se clavaron al segundo en unos ojos tal claros
como al agua misma. Se miraron por unos minutos y una pequeña sonrisa afloró al darse
cuenta donde estaba.
- Hola...- saludó la morena en un susurro.
- Ho... la- la voz le sonó demasiado ronca y carraspeó para aclararse la garganta.-
¿Qué pasó?
- Marina...- sintió que Andrea se ponía rígida y apretó levemente la mano que no había
soltado.- Esta presa.
- No recuerdo nada... solo que sentí mucho sueño.
- Te durmió amor...
El silencio reinó en la habitación cuando a ambas mentes les llegó el significado de la
palabra. Luciana se pegó un puñetazo mental y cerró los ojos ante su torpeza, no había
querido forzar las cosas pero ya no aguantaba más. Sus sentimientos la estaban
traicionando.
Sintió que Andrea se movía sobre su cuerpo y apretó con fuerza los ojos ante el miedo
de perder el calor que tanto había estado anhelando.
Se sorprendió al sentir una leve caricia en la mejilla y se obligó a abrir los ojos. Se
dió de bruces contra unos ojos verdes que la miraban con ternura... se fundió en esa
mirada y despacio rodeó la cintura de la mujer mas pequeña. Acarició la piel desnuda
bajo sus dedos mientras observaba cada gesto en la cara de Andrea. No vio rechazo.
Siguió con las caricias hasta que los ojos de la rubia mujer descendían hasta posarse
en sus labios. Sintió un fuego encenderse en su cuerpo y lentamente fue levantando la
cabeza sin dejar de mirarla.
Alzó despacio la mano al ver como Luciana cerraba los ojos y se sorprendió al descubrir
una lágrima, acarició la mejilla y los ojos azules como el cielo se abrieron de golpe y
la miraron atentamente.
Las caricias en su cintura y espalda la estaba desarmando, quería permanecer enojada
con esa mujer pero con cada caricia veía como perdía batalla. Sabía que todo lo
sucedido había sido un macabro juego de una mente enferma. Marina se lo había confesado
antes de dormirla...
En ese momento se sintió angustiada por no haber dejado que Luciana le explicara como
habían sido los hechos.
Ahora tenia la oportunidad de hacerle saber a Luciana que nunca había dejado de amarla
por mas que su mente se lo dictaba a cada segundo no había podido sacarla de su
corazón.
Bajó su mirada a los rosados labios y sintió como el cuerpo la traicionaba mientras
sentía que su respiración rápidamente se aceleraba.
El primer roce fue apenas perceptible, pero las hizo redescubrirse. El beso se
intensificó y ambas temblaron por la descarga que las recorrió. Luciana sintió como la
rubia se apretaba mas a ella y subió su mano para acariciarle la mejilla y posar su
mano en la nuca para ahondar en el beso. Una mano pequeña se coló por sus costillas y
permaneció acariciando esa zona. Abrió levemente sus labios y se sorprendió al sentir
la húmeda lengua de Andrea recorrerla, gimió como repuesta y abrazó más a la chiquilla.
Cómo la había extrañado.
Andrea estaba fuera del mundo cada vez que besaba a Luciana y hoy no era la excepción,
se estaba entregando de nuevo al amor y descubrió que le importaba poco lo que había
sucedido. Ya habría tiempo para hablar... ahora solo quería sentir.
Recorrió la piel acalorada de Luciana y suspiró cuando se vio rodeada de los fuertes
brazos. Sentía el cuerpo en llamas y se esforzó muchísimo parea detener este asalto
antes de pasar a mayores.
Con suaves besos se fue separando y nuevamente se perdió en esos ojos azules. Luciana
se recostó en el brazo del sillón y tiró de ella para que se acomodara en su hombro.
Andrea descansó la cabeza entre el hombro y el cuello y absorbió con gusto el aroma de
Luciana. Ambas sin decir una palabra se dieron la bienvenida.
*****
Hace tres meses que Andrea ha sido ingresada por una recaída, durante ese tiempo se ha
ido recuperando de a poco y con la ayuda de su familia y de Luciana ha salido adelante.
Hoy esta ansiosa esperando que su morena entre por la puerta para tomarla de la mano y
llevarla a casa.
Se ha enterado que Marina ha sido internada en un psiquiátrico después que intentara
quitarse la vida.
Ahora se mira por última vez en el espejo y ve que los colores que antes casi no se
percibían hoy están instalados en sus mejillas, dándole un saludable tono rosado.
En la cabeza lleva un pañuelo y se acomoda el cuello de la camisa color verde para
luego meterla dentro de unos jeans negros.
Escucha unos pasos en el cuarto y sonríe. Sale del baño y se encuentra con su amor
parada en a los pies de la cama y con su bolso en la mano. Los ojos azules la miran
risueños y se acerca para darle un beso.
- ¿Lista para ir a casa?- pregunta Luciana, mientras la abraza y la besa en la cabeza.
- Sip, ya quiero estar allí, me muero por ver a Brisa.- una sonrisa hace que se le
arrugue la nariz y le da ese aire travieso de niña pequeña.
- Te aseguro que no la reconocerás...- dice riendo. Se agacha un poco para darle un
beso en los labios.
Luciana tomó la pequeña mano y entrelazando sus dedos se dirigieron rumbo al
estacionamiento.
*****
Han pasado tres años desde que Andrea fuera admitida en la clínica. Casi dos años le
llevó recuperarse totalmente, hoy goza de muy buena salud, aunque cada seis meses debe
hacerse los controles de rutina.
Luciana sigue trabajando en la misma institución mientras termina su carrera. Andrea ha
finalizado sus estudios y este año comenzará la facultad.
*****
El agua caliente relaja sus músculos abarrotados luego de varias horas de cabalgata.
Habían decidido ir hasta el claro en la mañana temprano y pasar el día allí. Era un
lugar de pastos tiernos y una pequeña laguna. Era su lugar favorito... siempre iba a
ese sitio cuando necesitaba pensar o solamente desconectarse del mundo.
Eso había hecho durante los dos años que padeció la enfermedad y si bien ahora estaba
curada, seguía siendo su lugar.
Enrolla una toalla en su cuerpo y abre la puerta. El aire fresco y perfumado la golpea
de lleno y sonríe al escuchar la canción que suena en el estéreo.
Camina descalza hasta el cuarto y lo encuentra solamente iluminado con velas. Luciana
está sentada en la cama y obsérvale ir y venir de un lado al otro. Andrea le regala una
sonrisa y se acerca para darle un beso mientras toma la loción de la mesa de noche y
vuelve a salir del cuarto.
Luciana está con los ojos cerrados y espera más... pero no llega, toma aliento cuando
la ve entrar nuevamente, Andrea está parada frente al espejo y se pasa el cepillo por
el cabello, esta corto. Puede ver por el reflejo el estado de excitación de Luciana
pero no hace nada, quiere jugar...
Luciana al ver que su chiquilla no hace nada para seguir con lo que había empezado
decide tomar las riendas en este juego. Se levanta lentamente y con su brazo rodea la
cintura de la rubia y la aprieta contra su cuerpo, lentamente baja su boca por el
cuello y lo muerde, Andrea siente una descarga y cierra los ojos como respuesta. Un
suspiro sale de su boca al sentir como las manos de Luciana le acaricia cada parte de
su rostro para luego pasar a sus hombros y la espalda.
Lentamente se gira y quedan de frente. Azul y verde se fusionan durante un latido, las
manos de Andrea le recorren la espalda y se posan en la cintura de Luciana.
- Bésame...- un susurro sale de su boca.
Así lo hace, despacio baja su rostro hasta que sus labios se tocan, se rozan. Pequeños
besos en unos labios perfectos, los muerde suavemente mientras su lengua saborea la
dulzura que hay en ellos. El beso se hace más urgente y pasional. Andy enreda sus dedos
en la larga cabellera y juega en la espalda. Ahora es su beso, toma en control y se
lanza con pasión dentro de la boca de Luciana, su lengua la recorre entera y juegan un
rato, tocándose... saboreándose. Un gemido deja en claro cuanto de aman y disfrutan de
los besos y caricias.
Comienzan a caminar hacia la cama mientras se deshacen de ambos toallones y la piel
tibia y ansiosa hacen contacto, se siguen besando mientras que sus manos se recorren.
Ambas se sientan en la cama y Luciana sigue besándola y comienza a acariciar el pequeño
cuerpo. Se ha perdido en su cuello y se separa para mirarla a los ojos.
- Te amo Andy...
Vuelven a besarse pero ahora es mas erótico y apasionado, lentamente se acuestan en la
cama y Luciana continúa su recorrido de besos por su cuello donde succiona mandando una
descarga eléctrica por todo el cuerpo de Andrea, sus manos la acarician despacio
mientras que sus labios bajan hasta llegar a uno de sus pechos.
Un escalofrío recorre el cuerpo de Andrea cuando los labios se cierran en torno a su
pezón, un gemido sale en respuesta y se aferra a las sábanas y se estremece cuando
siente las caricias que le brinda su amante.
La humedad la excita, despacio la toca y nota como el cuerpo se estremece al rozar ese
punto clave, sus labios están besando su estómago y baja un poco mas, nota como Andy
retiene el aliento cuando la besa allí, deja salir su lengua y la saborea lentamente,
un gemido sale de su garganta al notar la humedad que crece y succiona despacio
mientras que su lengua acelera el ritmo para llevarla al éxtasis.
Los lamentos llegan a su oído y sabe que ya casi está, levanta la cabeza para mirarla,
mientras que se introduce lentamente, la imagen es única, la encuentra radiante, bella,
feliz y en ese momento siente como el cuerpo se tensa y con un par de caricias más,
Andrea estalla en un orgasmo, lento y placentero.
Siente como su mundo se viene a bajo cada vez que la Luciana le hace el amor, puede
sentir sus dedos acariciándola en su interior y sus labios besando cada palmo de piel y
una mano en la cadera ascendiendo despacio para rozar uno de sus senos, siente como
las sensaciones se vuelven intensas y su cuerpo se tensa para luego comenzar a temblar,
en un impulso captura la mano que aun trabaja en su interior y siente como la morena
la besa. El orgasmo la atraviesa y no puede controlar los espasmos en su cuerpo.
- Shh... tranquila amor...
Luciana siente como Andy se estremece y rápidamente sube a abrazarla y besarla. La
respiración se hace más trabajosa en ambas mujeres.
La rubia oculta su cara en el cuello de su amor y se la abraza con las pocas fuerzas
que le queda. Siente como su amante la tranquiliza y así aguarda el sosiego.
Luciana siente como la chiquilla se va calmando y le acaricia la espalda en movimientos
lentos y sensuales.
Ante esas imperceptibles caricias, arquea la espalda en señal de excitación y se pega
más a la morena, un gemido sale de su boca y Luciana la abraza con más fuerza, pasa una
pierna por su cadera y la chiquilla se obliga a abrazarla, se siente de gelatina, así
es cada vez que le hace el amor, se rinde a ella...
Puede sentir el pulso acelerado y le regala un beso.
- ¿Estas bien?- Luciana la observa pero la joven permanece con los ojos cerrados.
- Si...- es apenas un susurro. Saca su cara del cuello de la alta mujer y se quedan
mirando por un ratito.
- Te amo cielo... te amo tanto...
Un brazo fláccido rodea la ancha espalda y se arrima más a ese cuerpo. Luciana ha
pasado la pierna derecha por la cadera de la chiquilla y la abraza, Andy levanta su
mano y acaricia el rostro anguloso, sonríe al ver como Luciana se afirma a la caricia
y en un susurro le pide que la bese. Andrea se acerca y le regala un beso, dulce, suave.
Toma el labio inferior y lo muerde, lo succiona, un gemido sale de la garganta de la
alta mujer y abre su boca para dejar que su chiquilla la explore, ambas lenguas se
rozan y el sabor dulce del beso se mezcla en ambas bocas.
Luciana siente como las manos de la chiquilla la acaricia despacio. Andrea ha llevado
sus caricias desde los hombros hasta las manos y entrelaza sus dedos para luego hacerla
descansar en su propio cuello, la caricia se hace mas perceptible cuando le roza las
costillas hasta llegar a la cintura, baja por su trasero y se atreve a ir mas allá.
Gime al sentir la humedad en Luciana y un pequeño estremecimiento cruza su cuerpo.
Mete su pierna entre las de Luciana y puede sentir la humedad que deja en ese roce.
Una pequeña mano en la cadera y el movimiento justo para que se produzca mayor
satisfacción. Ambas se besan con pasión y lujuria, los movimientos se hacen mas
acelerados y ambos gemidos se mezclan.
Un beso suave mezclado con pequeños mordiscos va desamando lentamente a la alta mujer.
Andrea se separa un poco y mira a Luciana, le gusta mirarla... la excita, Luciana se
muerde los labios, pasa lentamente la lengua para humedecerlos y siente como Andrea la
incita a ponerse de espalda, una nueva caricia en su pierna y gime al notar como los
pequeños dedos la acarician entre las piernas.
Puede sentir como Luciana se excita bajo sus caricias, entonces deja su cuello y
comienza a bajar con pequeños besos hasta llegar a uno de los senos. La morena arquea
la espalda al sentir una suave succión en su pecho.
Al sentir la respuesta de Luciana a su estímulo prueba llevando su mano en una suave
caricia por su estómago, mientras que el mismo recorrido es imitado por sus labios.
Pero antes de que las caricias se tornen más íntimas, Andrea sube hasta el oído de la
morena.
- Te amo princesa...- un susurro sale de su boca y toma el lóbulo entre sus labios y
lo besa.
Sigue descendiendo con sus besos y llega al fin donde Luciana la desea. Puede sentir
el sabor de su amante y lentamente deja que sus lenguas la acaricien.
Luciana siente la tibieza de las caricias en su centro y sus caderas comienzan a
moverse. Los dedos de Andrea la estimulan y puede sentir como la excitación crece bajo
esas caricias.
Las manos de Andrea la recorren y baja la suya para aferrarse mientras siente el
orgasmo formarse en su cuerpo.
Andrea escucha cada lamento y gemido que sale de la garganta de Luciana y eso le
indica que casi esta en la cima.
Chupa, succiona y muerde levemente, hasta que ese sonido único y especial le hace saber
que Luciana ha alcanzado el clímax.
Siente el cuerpo estremecerse y con un último beso sube para abrazarla. Aun tiene los
dedos atrapados en el interior y siguen estimulándola hasta que alcanza un nuevo
orgasmo.
Ambas mujeres se besan y pueden sentir el sabor de cada una, mezclándose, uniéndose.
- Te amo tanto...
- Yo más.
Están agotadas... las velas ya casi se han consumido y el aire refresca sus cuerpos
sudados. Luciana tiene acurrucada entre sus brazos a su chiquilla y la acaricia
suavemente... sus respiraciones se hacen cada vez mas pesadas y antes de dormirse toma
la sábana y cubre sus cuerpos desnudos y satisfechos...
Un Te amo cruza la noche y a ninguna les queda claro de que garganta salió... pero
ambas saben lo que significa ello para sus almas.
FIN