"Tus dulces manos rodeando
la debilidad que me acecha.
Tus ojos claros, el único remedio
para mi dolor.
Solo tu amor me podrá Salvar
Sálvame..."
Luciana entró en su departamento y se apoyo en la puerta de madera, cerró sus ojos y una
sonrisa afloró en sus labios, sus labios que aun sabían a esa chiquilla... su chiquilla.
Abrió los ojos y caminó hasta el cuarto, se quitó su ropa y se puso el pijama de seda,
quería sentir algo frasco en su piel.
Argo le olfateó las piernas y se sentó al lado de la cama. La morena se acostó y dejo
que su mente volara a limites insospechados.
Sintió en su piel, el calor del cuerpo de Andrea, acurrucada en la playa.
Era perfecto, se sentía bien, a gusto.
Luciana se giró hacia la derecha y enfocó su vista en una farola que se veía desde su
cuarto.
Esa chiquilla la traía loca, se confesó. Empezó a reírse y Argo la miró desde su
posición.
- Estoy enamorada Argo... - la cachorra movió el rabo y le dio una pata. La morena la
tomo y le acarició los plantares (palma de la pata del perro) y se fue adormeciendo.
La mañana la despertó despuntó nublada y lluviosa. El agua golpeaba en el vidrio de la
ventana y provocaba ese sentimiento de pereza y modorra. Andy se acurrucó mas en la cama
y sintió un peso a sus pies.
Brisa estaba estirada durmiendo y la pequeña se río al verla aun con el moño rosa
colgado de su cuello. Se levantó y la tomó en brazos. Se acostó nuevamente y la puso a
su lado. La perra abrió los ojos y miró el interior de los verde mar.
Andrea miró la hora y eran cerca de las siete de la mañana... probablemente Luciana
siga durmiendo.
Pero ni modo. Se levantó y se metió a duchar. El jabón caía libre por su cuerpo, la
ausencia de cabello en su cuerpo aun le extrañaba.
Termino de enjuagarse y se vistió con un pantalón deportivo gris y una remera de color
morado, se calzó las zapatillas y su gorra.
Su padre estaba desayunando y se sentó junto a él. Sacó todos los medicamentos y los
tomó.
- ¿No vas a desayunar?
- Sip, pero no aquí. - una sonrisa apareció en su cara - voy donde Luciana... quiero
agradecerle el regalo, además es de terca para desayunar... así que le haré un favor.
- Te agrada estar con ella ¿verdad?- el padre la miró a los ojos como tratando de
averiguar los sentimientos de su hija. Aunque ya se imaginaba cuales serian.
- Mm, si... me siento bien con ella.- Andrea recordó las noches en que estuvo internada
y las charlas compartidas con la bella morena.
- ¿Y que nombre le has puesto al regalo?- pregunto mientras veía como se acercaba el
animal. Su cuerpo desgarbado, la cola corta y las orejas caídas, el color del pelaje
era marrón oscuro y el pecho blanco.
- Brisa... se llama Brisa.
- Es bonito.
Luciana abrió los ojos lentamente y sus pupilas se contrajeron al recibir la luz solar.
Los golpes en la puerta terminaron de despertarla, Argo ladró y salió corriendo hacia
la puerta.
La morena se levantó y caminó descalza hacia la sala.
- Ya voy... yaaaa - Luciana abrió la puerta y se encontró con la persona más bonita y
dulce que sus ojos pudieron haber visto en la tierra.
- Hola... traje facturas - dijo mostrando el paquete. La morena sonrió y se hizo a un
lado para dejarla pasar.
- Hola... - Andrea entró al departamento y dejó el paquete en la mesa. - ¿Preparo café?
- Sip... tienes leche ¿no? - Luciana la miró a los ojos y sonrió- ¿qué?
- Nada... eres tan bonita. - estiró su mano y una pequeña aferró otra mas grande- Ven.
Andrea se acercó despacio y se paró frente a la mujer más alta. Alzó la vista recorrió
con ella el cuerpo de Luciana, que aun tenía su pijama de seda.
- Tú eres bonita - dijo algo sonrojada.
- Eso no es verdad... - Luciana acarició la mejilla de Andrea y esta se apoyo en la
caricia, mientras que con sus brazos rodeaba la cintura. - Andy... no te arrepientes de
lo de anoche ¿verdad?
Andrea sonrío y se alzó de puntas de pie y acerco su boca a la de Luciana. Un beso
tímido fue puesto en los labios.
- No... - susurró sobre ellos. Luciana bajó su cabeza y tomó la boca de Andrea en un
beso mas entregado y pasional que las dejó a las dos sin sentido. La lengua de la
morena tocaba tentativamente los labios de la chiquilla y pedían permiso para entrar.
Andrea presionó las manos en la cadera de la morena pegándola mas a su cuerpo. Un
suspiro salió de la boca de la mas alta y bajo sus labios al cuello de Andrea. - Mmm -
gimió.
- Eres hermosa Andrea. - la morena se separó y la miró los ojos.
- Lu... - los nervios le recorrían el cuerpo.
- Lo sé... vamos despacio.- beso su frente y la observo un momento. De un rápido
movimiento le arrebató la gorra de visera negra que ella misma le había regalado.
- Nooo... dámela Lu... - Andy quiso tomarla pero la morena había subido la mano por
arriba de la cabeza, tornándolo imposible.
- Pues nooo... no te la daré- le susurró y salió corriendo hacia la sala.
- Ahhhyyysshhh- Andy salió por detrás de la mujer que daba vueltas alrededor del sillón.-
Ya Luciana - la pequeña se plantó y puso sus manos en la cintura. - Ya dámela...
- No, porque en mi casa no se admiten gorras... - Luciana puso la gorra arriba de un
aparador y se acercó a Andrea que en ese instante estaba entretenida con algo en el piso,
pues su mirada esta allí. - Andy... mírame.
- Me da vergüenza, dame la gorra Lu.
- No... no quiero que la uses cuando estas conmigo. Ni gorras ni pañuelos. ¿Sí?
- Pero...
- Nada de peros Andy... te quiero así, tal cual estás ahora. Quiero que seas tú.
- Es que estoy horrible... por favor dámela.
- Andrea... mírame y escucha lo que te voy a decir.- Andrea levantó la vista y se perdió
en los ojos celestes que la miraban con amor.- para mí nunca serás horrible... porque
eres el ser más bello que he conocido en mi vida Andy... y te quiero así... al natural.
- Yo también te quiero Lu... y me gusta las cosas que me dices.- Andrea dio unos pasos
y se abrazó a la mujer alta. - ¿sabes?... tú eres hermosa... me gustaste desde el
primer día que viniste para conocer el departamento. - La morena rió con ganas.
- No lo puedo creer Andrea... hace un buen tiempo que estamos enamoradas una de la otra
y ninguna se hizo cargo. - Andrea rió con ella y se estrecharon en un fuerte abrazo.
Luego le pasó la mano por la cabeza calva. Y notó algo extraño. Volvió a pasarla
suavemente y sus ojos se abrieron por la sorpresa. - Dioses Andy...
- ¿Qué? - dijo ella desconcertada.
- Mira dame tu mano. - llevó la mano pequeña y la pasó por la cabeza- lo sientes...
- Wow... síiiii- Andrea empezó a tocarse y sintió como el cabello que antes no estaba,
lentamente comenzaba a crecer.- no lo puedo creer Lu... - y se abrazó a ella.
- Viste te dije que volvería.
- Si... gracias. - un beso como recompensa recibió la morena, que se prolongó por unos
minutos. Hasta que el estómago de la chiquilla resonó buscando alimento. Lentamente se
separaron y con un beso final, Luciana volvió a la cocina y se puso a preparar el café.
El sol entraba por la ventana y la lluvia había parado. Estaban sentadas en la sala y
desayunaban tranquilas.
- Lu... quería agradecerte el regalo. Es hermosa.
- Sabía que te gustaría... y ¿cómo la llamaste?
- Brisa... ¿sabes qué durmió toda la noche conmigo?.
- ¿De veras? Sabes Argo y Brisa son hermanas...
- Wow, que bueno... luego la traeré para que se conozcan.
La morena sonrió y se acercó para besar a su chiquilla.
- Mmm, me gusta como me besas. - confesó sonrojada Andrea.
- Mm, ¿si?- aduló la morena y volvió por su boca.
- Definitivamente sip... - dijo riendo. La música era relajante y sonaba suave, Andrea
estaba en su posición favorita, entre los brazos de su morena. Y escuchaba el latir del
corazón de Luciana.- Sabes esta escena me recuerda a algo.
- Mmm, a mí también. - Andrea levantó la cabeza y se miraron un momento.- ¿Qué?
- Nada estaba pensando en nosotras...- Andy se acomodó de frente y la miró. Se acercó
lentamente y la besó. La morena la rodeó con los brazos y se reclinó en el sillón
llevándose a Andrea que quedó sobre ella.
- Eres tan bonita. - sus labios tocaban suavemente los de la pequeña y su lengua
recorrió los mismo. Andrea abrió su boca para dejar entrar la suave lengua y se
estremeció al sentir como rozaba la suya. En segundos danzaban al igual y sus manos
empezaban a explorarse mutuamente. La morena había colado sus manos por debajo de la
remera de la chiquilla y acariciaba su espalda.
- Mmm... - gimió Andrea y se levantó un momento cuando sintió el tirón en su brazo
izquierdo. Luciana estaba entretenida en su cuello que no prestó atención a la queja de
su pequeña.- Mmm, Lu... oh dios... Lu espera... espera. - Luciana detuvo sus caricias y
la miró directo a los ojos. Su respiración era agitada igual que la de Andrea.
- ¿Qué pasa... te hice daño?- un beso en la boca le hizo entender que todo estaba bien.
- Perdóname... no puedo. - se desplomó sobre el cuerpo de la enfermera y se quedó allí
disfrutando del calor que ésta le brindaba.- no me siento sexy... Lu... no puedo hacerlo.
- Andy... tu sabes lo que siento por ti. - la cabeza calva rodó y se enfrentó con el
rostro de su amor. - no me importa como estés... pero se que a ti si te importa tu
imagen. Te quiero y prometo esperarte hasta que tu estás segura.
- Lo siento... realmente quiero estar contigo... pero...
- Lo sé bebé... vayamos despacio ¿sí?.- una sonrisa le dio la respuesta y un beso en los
labios la muestra de amor que ambas se tenían.
- Igual podemos seguir haciendo esto...- dijo algo sonrojada- me gusta, definitivamente
me gusta besarte y que me beses. - confesó antes de verse envuelta entre largos brazos
y una ardiente boca tomaba sus labios.
Unas horas habían pasado y Andrea decidió bajar a su casa.
- ¿Nos vemos luego?- preguntó la morena.
- Sip... voy a traer a Brisa, para que juegue con Argo, en la tarde nos vemos... ¿qué
harás ahora?
- Pues... ducharme y luego voy hasta la casa de mis padres.
- Ok, nos vemos luego.- un largo beso. Y Andrea caminó hasta el ascensor. Se pasó la
mano por la cabeza y notó que no tenía su gorra. Se rió y meneó la cabeza, entró al
ascensor y cerró la puerta. El espejo que había en el interior reflejaba una imagen
distinta a la Andrea de días pasados... ésta Andrea parecía un poco más saludable y con
un brillo en los ojos verdes. Andy se sentía bien. Era feliz.
*****
Una nueva semana ha pasado desde que comenzaron su relación, Luciana esta cómoda y le
gusta compartir su tiempo con la chiquilla... su chiquilla.
Andrea siente que cada día esta mas enamorada de esa mujer y aunque ninguna ha dicho
nada mas desde ese día, ambas sienten el deseo de amarse, en cada beso y caricias que
se dan.
Por suerte hoy es su última sesión de quimioterapia y si Dios quiere todo habrá acabado
en las próximas semanas...
Andrea está en la sala y tiene conectado a su catéter los medicamentos que les serán
aplicados por última vez. Está sola. Luciana ha ido hasta la sala de médicos para hablar
con el Dr. Farías. Y su padre esta en la casa... pues le horario de visitas ya ha
finalizado.
La música suena suave en su reproductor de cd y el sol se esconde.
Sus ojos verdes recorren cada lugar de la habitación, la conoce entera, cada recoveco
de ella no ha escapado de la vista de Andrea.
Sus ojos se cierran y unos profundos ojos celestes aparecen en su mente. Sonríe.
De repente en sus labios siente algo cálido que le llega al alma. Abre lentamente sus
ojos y la imagen de su mente ahora está en vivo para ella.
- Hola preciosa - Luciana vuelve a besarla y se sienta a su lado, le toma la mano y la
acaricia.
- Hola... - Andrea aprieta la mano y sonríe.
- ¿Te sientes bien?
- Mas o menos... estoy empezando con las náuseas.
- Mmm, ¿necesitas algo?
- A ti... ¿me puedes abrazar?... quiero que me abraces Lu.
- Ok.
Luciana se acomodó en uno de los sillones. Andrea se levantó, se acercó a ella y se dejó
caer en sus brazos.
Andy sacó la conexión y dejó que la música flotara por la habitación.
El abrazo le daba confianza y seguridad. Cerró los ojos y se abandonó a las caricias
que Luciana le regalaba. El sueño la fue venciendo y las nauseas desaparecían al sentir
el suave masaje que su amor le proporcionaba a su estómago.
Luciana miraba el rostro pálido y relajado de la niña... ja niña... si era mas mujer
que ella y mas fuerte.
Pensó por las pruebas que tuvo que pasar a su corta edad... ella a los dieciocho años
era una niña mimada y sus padres la mantenían. La niña... en cambio...
Su mirada recorrió toda la habitación y volvió al rostro de Andrea. Se dio cuenta que
estaba enamorada de esa chiquilla. La forma en que le latía el corazón cada vez que le
hablaba, le sonreía o simplemente le daba un beso suave y para nada sexual, la volvía
loca.
Un movimiento le llamó la atención en la ventana.
Sus ojos claros captaron la figura de una mujer alta y de cabellos claros con rulos.
"Rayos... Marina" pensó la morena. La figura de Marina apareció en la puerta y sonrió.
La mirada gélida de Luciana fulminó a la presencia.
Lentamente colocó el cuerpo dormido de Andrea en el sillón y encaró a la mujer.
La tomó del brazo y la sacó de la habitación.
- ¿Qué haces aquí?- la morena la tenía sujeta del brazo y la apretaba.
- Auu, suéltame... - protestó- me enteré que la chiquilla estaba en su última sesión,
sólo venía a ver como estaba.
- Mira Marina quiero que te largues de aquí y no vuelvas. Esta área es restringida. Así
que vete, si no quieres que llame a seguridad.
- Mmm, ¿te dije que me excitas cuando te enojas? - la rubia mujer se mordió el labio y
le sonrió.
- Mira me importa un bledo lo que te excite o no... solo déjanos en paz. - Luciana
estaba a punto de estallar y trataba de no elevar la voz por respeto a los demás
pacientes y en especial para que Andy no se alarmara.
- Esto no va a quedar a sí Luciana... vas a tener noticias mías... - Marina se alejó del
lugar. Luciana trató de calmarse, inspiró profundamente y exhaló. Sabía que éste
encontronazo traería problemas...
- Lu... ¿Luciana?...- la voz de Andrea la sacó de sus pensamientos.- Auuu, ¡Lucy, te
necesito!
- Ya amor, aquí estoy. - el rostro pálido de Andrea la preocupó, pero al ver que se
llevaba la mano a la boca reaccionó. Unos minutos después la chiquilla trataba de
recomponer su estómago. Luciana había humedecido un trapo y lo pasaba por la frente de
Andrea.- ¿Mejor?...
- Mmm, si... gracias... ¿dónde estabas?.- Andrea levantó la mirada y se perdió en los
ojos de su amor.
- Estaba afuera hablando con alguien. No te preocupes ya estoy aquí. - abrió sus brazos
y envolvió el pequeño y cansado cuerpo.
A la mañana siguiente le realizaron varios estudios que estarían listos en una semana.
Luciana la estaba ayudando a cambiarse. Por fin sus brazos estaban libres de agujas, y
cables.
Andrea se abrochó el sostén y se colocó la camisa metiéndola dentro del jeans.
Luciana se encargó de guardarle las cosas en el bolso y tomó la gorra, se acercó y le
besó la cabeza calva antes de colocársela.
Juntas salieron de la clínica y subieron al auto de la morena.
Andrea abrió la puerta de su casa y entró. Brisa escuchó los ruidos y ladró. Cuando la
reconoció empezó a saltar y a ladrar. Andrea la tomó en brazos y la acaricio, Luciana
entró detrás de ella y llevó el bolso al cuarto. Juan no estaba en la casa, así que
decidió esperar hasta que el hombre regresara.
- ¿Tienes hambre princesa?- preguntó Andrea mientras hurgaba en la heladera.
- Sip ¿y tu?. - preguntó acercándose a ella y tomándola de la cintura.
- Si, pero aun tengo el estómago algo sensible.
- Ok, ¿quieres que te prepare algo?- la morena le dio la vuelta al cuerpo más chico y
bajo la cabeza para besarla.
- Mmm - fue el único sonido que se entendió de la boca de Andrea antes de entregarse al
beso. El ruido en la puerta las hizo separar, unos segundos mas tarde habrían sido
vistas por Juan. Aunque el padre de Andrea sospechaba que entre ellas había algo mas
que una simple amistad, aun le parecería raro verla con otra mujer.
Luciana se separó y saludó al hombre con una sonrisa y un apretón de manos.
Se sentó en su lugar y espero que Andrea se reuniera con ella.
Juan, sonrió al ver a su hija, y la abrazó. Era feliz, su pequeña, estaba prácticamente
curada.
- Estoy tan feliz, Andrea - murmuró al separarse del abrazo.
- También yo, papá - parece que la pesadilla ha terminado.
Se sentaron y Andrea preparó algo para comer, Luciana se negó a quedarse, pero los ojos
tristes de Andrea, le hicieron cambiar de idea.
Luego de almorzar, Luciana se despidió y subió a su departamento. Tomó una ducha y
encendió su pc, para revisar los mails. Su hermano, le había escrito, diciéndole que la
extrañaba y que apareciera por la casa, que su madre estaba preocupada.
Otro era de la fundación. Y le último de Marina. Donde les mandaba un par de fotos,
junto a la chiquilla en la clínica, y en la entrada de la casa. Luciana, miró cada una
de ellas y sonrío a recordar los momentos que habían compartido. Pero un sentimiento de
rabia la inundó, la estaba chantajeando...
- ¡Maldición! - exclamó. Leyó el mensaje donde decía que ella era suya, y que ninguna
chiquilla se la arrebataría tan fácilmente Luciana siguió con la vista cada una de las
letras y cuando por fin terminó, un suspiro salió de su boca. - Dios, está enferma... y
pretende volverme loca también... pero esta vez no Marina... esta vez no.
Una semana había pasado desde que Andrea salió de la clínica, ahora estaba sentada en
el consultorio de su doctor y esperaba ansiosa por los resultados de sus últimos
estudios.
El hombre entró al habitáculo y tomo asiento frente a la chiquilla y su padre.
- Hola... veo que estas mejor - dijo con una sonrisa bailándole en los labios.
- Sip, la verdad es que estoy bien, me siento bien.
- Hasta come mas... - agregó Juan riendo.
- Y eso es bueno o malo - rió el médico.
- Es bueno para ella, porque quiere decir que se esta recuperando... pero es malísimo
para mi bolsillo - bromeó, agarrando la mano de su hija.- pero pagaría todo el oro del
mundo por verla bien.
- Papá... - susurró.
- Bueno... ¿quieren saber que dicen los estudios?
- Sí, por favor.
El doctor Farías abrió el sobre, y sacó los papeles de los que serian la libertad para
Andrea.
Leyó cada número, cada porcentaje y cada descripción de la sangre y otros fluidos de
Andrea.
Levantó la vista y la paseó de Andrea a Juan, y de ésta a la chiquilla.
Tomó aliento y habló.
- Bueno... según los últimos estudios... todo indica que el cáncer ha sido vencido.
- Dios... - exclamó Juan.
- Estas curada Andy... la terapia agresiva que te hemos aplicado ha tenido éxito.
- Por los dioses... no puedo creerlo - las lágrimas se acumularon en sus ojos y cayeron
despacio por su mejilla.- ¿eso quiere decir?
- Eso quiere decir que puedes volver a tu vida normal... pero debes cuidarte un tiempo...
tomarás medicación preventiva, y cada seis meses te harás análisis... ¿de acuerdo?
- Sí, claro...
Salieron de la clínica y se dirigieron a su casa, Luciana estaría esperándola allí,
porque había tenido que rendir unos parciales y lamentó mucho no poder acompañarla, pero
estaría impaciente que llegara a la casa.
Juan manejaba tranquilo por la Av. del Libertador, y Andrea miraba el paisaje por la
ventanilla... su mente iba perdida en el paisaje, aunque era plena cuidad, un bosque se
alzaba en la mitad de ella, un gran lago albergaba a cientos de patos, aves acuáticas y
alguna que otra nutria. Aunque era día de semana había gente, trotando o paseando, como
había disfrutado esos paseos ella. Andar en bicicleta un sábado a la tarde, descansar
bajo la sombra de un árbol leyendo un libro o escuchando música, o solamente mirar el
agua. Cuanta paz encontraba ella allí, cuanta paz después de lo sucedido con su madre.
Era su refugio y habría sido su refugio sino fuera porque no podía salir, pero ahora
estaba libre. Ahora podía ir donde quisiera... donde quisiera. Una sonrisa iluminó su
cara y sus ojos brillaron.
*****
Una semana después estaba preparando su bolso, los medicamentos que debía tomar si le
daban náuseas, pero eso no le impediría su propósito.
Sonrió al recordar la cara de Luciana cuando le propuso pasar esa semana que ella tenía
de vacaciones en el campo. Luciana la miró extrañada, pero luego comprendió. Un beso
las dejó sin habla a las dos y planearon el viaje.
Compraron todo lo necesario para pasar esa semana, y ya estaba todo listo para partir.
- Hola - dijo, Luciana al entrar a la casa.
- Ey... - se acercó y le dio un pequeño beso en los labios. Luciana le acarició el
rostro y la miró.
- ¿No le has dicho verdad? - Andrea bajó la vista y negó.
- No pude, no me animo.
- Esta bien princesa. - Luciana tomó una decisión y se la comunicó a su pequeña.
- ¿Quieres que lo hagamos juntas?- ojos verdes la miraron extrañados y poco a poco una
sonrisa apareció en sus labios.
- No lo se... y si se enoja.
- Quieres correr el riesgo de que se entere por otro lado y pues... - que ironía, ella
estaba aconsejando algo que pronto le ocurriría a ella si no paraba a Marina, y porque
no a si pequeña, si su ex no se conformaba con arruinarle ala vida a ella y se lanzaba
contra la niña... no, su pequeña no podía pasar por eso. - Andy...
- Está bien... se lo diré esta noche...
- Se lo diremos, pequeña.
En la noche luego de la cena donde Luciana había sido invitada, Andrea sirvió café y
una masas para acompañarlo.
Los nervios corrían por el pequeño cuerpo y tomando aire decidió hablar.
- Papa... debo hablar contigo... - Luciana la miró y sonrió. - debemos hablar.
- ¿Que pasó? - preguntó y clavó la mirada verde en otra igual.
- Pues no se como empezar... - Andy se mordió el labio y se le llenaron los ojos de
lágrimas.- me enamoré... - soltó sin mas.
- Y que tiene de malo eso... - preguntó mirando de reojo a la alta mujer. Juan sabía
muy bien, de quien estaba enamorada su hija... siempre lo había sabido. Pero ahora
estaba ahí, confirmándoselo. Percibió el roce de una mano contra la otra y la mirada de
amor que la morena le daba a su hija.
- Es de una mujer... papá - Andrea bajó la vista y unas lágrimas cayeron por su mejilla.
Juan miró a Luciana que también estaba llorando, el corazón le dio un vuelco podía ver
el amor allí flotando entre ellas.
- ¿Y qué tiene de malo eso?- volvió a preguntar. Andrea levantó la vista al escuchar las
palabras de su padre. Luciana clavó sus zafiros en él y sonrió aliviada... las había
aceptado.
- Pero... - susurró Andy.
- Te amo, hija... - se acercó y la abrazó - te amo... eres lo más importante de mi vida...
y si una enfermedad, no me hizo perderte... el amor no lo hará tampoco. Quiero que seas
feliz... - miró a la morena y le sonrió- quiero que la haga feliz, señorita...
- Lo haré, se lo prometo.
Dos días después estaban cargando las cosas en el auto de la morena, aunque Juan había
insistido en que se llevaran el de él, pero Luciana se negó.
Ambas cachorras quedarían al cuidado del hombre. Mientras que ellas estaban fuera.
Era las seis de la mañana cuando partieron.
El camino era tranquilo, se dirigían a un campo de la familia que estaba ubicado a unos
doscientos km. de la capital, era área de cosecha y ganado. El paisaje era hermoso, ver
los campos sembrados de maíz. Luciana manejaba tranquila, la música era suave y Andrea
miraba hacia su derecha... los ojos se cerraban y la morena se rió. Andrea la miró con
el ceño fruncido y la morena acarició la mejilla. Pararon en una estación de servicios,
cargaron nafta y tomaron un desayuno. Andrea tomó su medicación y siguieron camino, con
suerte en una hora y media estarían entrando a la ciudad.
Y así fue... llegaron a la casa que pertenecía a su abuela donde estaría por un día y
al otro día irían hacia la estancia.
Llegaron y estacionaron en la puerta. Una señora de unos sesenta años salió a recibirlas,
y los ojos se les llenaron de lágrimas al ver a su nieta totalmente recuperada, aunque
los vestigios de la quimio aun estaban a la vista, el humor y el estado de la niña era
cada vez mejor.
- Holaaa - saludó Andrea, abrazándose a su abuela.
- Mi niña. ¿cómo has estado?.
- Bien... ella es Luciana, abu.
- Hola.
- Hola, mucho gusto.
Luego del almuerzo, Andrea convenció a la morena a ir a dar una vuelta por la ciudad,
pasaron por el centro, por la iglesia, donde la pequeña dejó su promesa junto a la
imagen del sagrado corazón. Ella le había prometido que si se curaba, iba a dejarle la
medalla de su comunión que su madre le había regalado.
Luciana era más reacia en cosas relacionada a la fe y la religión, pero en este momento
se sentía agradecida con Dios, así que sin pensarlo dos veces se arrodilló frente a la
imagen de Cristo y le agradeció por salvar a su pequeña, por ponerla en su vida y
dejarle amar de la forma que ella lo hacía.
Aunque estuvo cinco minutos no se olvidó de pedirle por el futuro de ambas y por las
pruebas que debían sortear.
Andrea salió del confesionario y colocó su gorra, paso por la fuente donde había agua
bendita y se mojó las manos, las paso por su cabeza, el corazón y esperó a que Luciana
se acercara a ella, mojó sus dedos y lo pasó por la frente y el corazón de la alta mujer.
Caminaron por la vereda y se tomaron de la mano, ambas la tenían húmedas por el agua
bendita, así bendijeron su amor.
La última parada fue la zona de la laguna, caminaron por la pequeña playa que se
formaba y se besaron de las mil y una formas.
Se sentaron en un banco y observaron como el sol se ponía en el horizonte. Andrea estaba
entre las largas piernas de la morena.
- ¿ Te gusta el lugar? - preguntó viendo el lento descender del sol.
- Es hermoso, amor... es mágico. - Luciana atrajo mas a su pequeña. - te amo, Andy.
- ¿De veras? - preguntó tímidamente.
- De veras, princesita. - Andrea se giró y se abrazó mas a la morena.- ey, ¿estas bien?.
- Si, lo siento, es que es el lugar.
- ¿Te trae recuerdos verdad?
- Si...
- ¿Quieres ir?- lágrimas amargas caían por el rostro de Andrea. La morena la abrazó
fuerte y trató de calmarla, cuando al fin lo logró Andrea se había quedado dormida en
sus brazos, se rió de la ironía. Y se levantó. Cargó el pequeño cuerpo y fue hasta el
auto. Lo colocó lentamente y arrancó. Una vez que llegó a la casa, tocó suavemente la
mejilla y la despertó. - Amor... Andrea... ya cariño, llegamos.
- Mmm... - Andy abrió los ojos lentamente y parpadeó. - ¿qué pasó?... - La morena solo
sonrió.
Luego de cenar, Andrea sacó de su bolso la ropa de dormir y se duchó.
Estaba envuelta en una toalla, cuando Luciana entró a la habitación. Tomo sus cosas,
miró hacia la puerta que estaba cerrada, y se agachó delante de Andy para besarla.
- ¿Dormiremos juntas? - preguntó al ver una cama grande.
- Sip, mi abuela nos cedió la cama grande, es mas cómoda..., ella esta en la otra
habitación con mi primo y mi tío.
- Oye, mira que no tengo problema... no quiero que piensen mal.
- Lu... que piensen lo que quieran... - Andrea se quitó la toalla revelando su desnudez
y Luciana se sonrojó al verla desnuda. - ups, lo siento... es que estoy acostumbrada a
que me veas así... ya no me... - Andrea tomó las manos de Luciana y la llevó a sus
labios.- sabes que te amo, ¿verdad?
- Sí, lo sé. - Luciana se acercó y la besó. Bajo sus labios por el cuello de la
chiquilla y besó el nacimiento de los senos.- también te amo.- susurró sobre la piel,
cálida y suave.
- Lu... - la morena miró los ojos verdes, se perdió en ellos.
- Lo sé... - Luciana le dio un beso en los labios y se levantó. - voy a ducharme, no
tardo.
Diez minutos después, salió del baño y se acercó a la cama. Andrea estaba acostada de
lado, mirándola. El velador de su lado estaba encendido.
Andrea apartó las sábanas y le hizo sitio a su lado. Se acurrucó a su lado y la abrazó
por la cintura. Su cabeza descubierta descansó en su hombro. Luciana estiró el brazo y
apagó el velador. Andrea levantó la cabeza y la miró a los ojos, lentamente se besaron,
un beso suave y tímido, un beso de amor.
- Te amo Lu... - dijo mientras se acomodaba en el hombro de Luciana.
- Yo más pequeña. - besó la cabeza calva y sonrió al sentir que el cabello estaba
creciendo.
La mañana las encontró una en brazos de la otra. Luciana abrió los ojos y lo cerró con
fuerza cuando un rayo de sol, le dio de lleno en su dormida pupila.
Se removió y logró escapar del agarre de su chiquilla, cuando esta murmurando se dio
vuelta dejando en libertad su cuerpo.
Se levantó y se cambió con ropa cómoda. Tomó las llaves de su auto y el juego de llaves
de la casa que Andy tenía y salió.
Paseo por la dormida ciudad, pasó por la panadería y compró facturas de todo tipo y
panecillos con crema o dulce de leche.
Paseó por la laguna y miró las aves que revoloteaban por la misma en busca de alimento.
Regresó al auto y tomo el camino para volver a la casa.
Entró a la casa y se encontró con Silvia, la abuela de Andrea, preparando té y una jarra
de café.
- Buenos días Silvia.- Luciana sacó unos platos y puso las facturas y los panecillos en
ellos.
- Buenos días Luciana... que tal has dormido.
- Bien señora gracias.
- Es difícil dormir con Andrea, se pega como una sanguijuela y no deja moverte.
- Ja, ja si... pero ya estoy acostum...- se mordió la lengua al darse cuenta lo que
había dicho. Luciana se dio vuelta para ver a la mujer y la encontró sonriendo.
- Estas acostumbrada... - Silvia tomó un sorbo de su taza de café- las paredes son muy
delgadas Luciana. Y me alegra desde el alma que ames a Andrea, como lo haces. Sé que
ella lo hace. Lo pude ver en sus ojos en la forma que te mira y sé que tu lo haces
igual.
- Gracias Silvia... es muy importante para mi y para Andrea que usted nos acepte.-
Luciana se agachó y beso a la mujer. Luego miró el reloj y vio que eran las ocho,
decidió despertar a su chiquilla, ya debía tomar sus medicinas. - Voy a despertarla, le
toca su medicina.
Luciana abrió la puerta de la habitación y se encontró con el cuerpo totalmente
destapado de Andrea. Su remera de dormir la tenía subida y dejaba ver sus piernas y su
trasero. Luciana se acercó a la cama y se hecho a su lado, admiró el dulce rostro de
Andrea, besó su mejilla y acarició la espalda. Andrea se removió y rezongó. Luciana se
apenó al tener que despertarla. Pero debía hacerlo.
- Andy... preciosa... vamos despierta. - el ceño de la chiquilla se encogió y sus ojos
parpadearon. - vamos bebé...
- Mmmmuuuaaa - Andrea se desperezó y abrió por fin los ojos- Hola...
- Hola. Arriba que el desayuno espera.
- Mmm... que ricooo- estiró los brazos e invito a Luciana a abrazarla. Luciana se hecho
en sus brazos y la besó.
- Sabes, compre factura... vamos perezosa, que debes tomar los remedios. - Luciana le
dio un último beso y se levantó.
- Noooo, quiero quedarmeeee- protestó.
- Nooo, arribaaa- la tomó de los brazos y la arrastró de la cama hasta ponerla a su
altura para luego tomarla en brazos y sacarla de la habitación.
- Yaaaaa... Luuu... bajameee.
- Nooo, porque volverás a la cama... - Llegó al baño y la bajó. Abrió la canilla y le
lavó la cara.
- Aaarrrgg esta fríaaaaa.
- Ja, ja, ja... no seas quejicaaa.
- Ya... ya... los dientes me los lavo yo.
Luciana la observo lavarse y cambiarse de ropa. Luego fueron juntas a la cocina y se
sentaron a desayunar.
Silvia había oído el escándalo que su nieta había armado y se reía.
- Que pasó cariño, ¿te levantaron?
- Aisshhh, es que es tan bruta... estaba fría el agua.
- Jajaja, ya Andy que no es para tanto.
- Pero yo quería dormir un ratito más. - dijo haciendo pucheros, Luciana estiró su mano
y tomó el labio de Andrea y lo apretó
- Oye, que tienes que tomar medicinas ¿ok?- Andrea asintió y atrapó la mano y le mordió
el dedo. - Auuuch.
- Jajajaja. - se levantó y fue hasta la mesada y seleccionó los medicamentos y regresó
con un vaso de agua. Uno a uno los tomó, y luego le sonrió. - ya... ¿ahora puedo seguir
durmiendo?
- Nooo, ni lo pienses enana...
- Uhhh, te has metido en terreno prohibido, Luciana- Silvia se levantó y le sirvió mas
café a cada una.
- Así que soy enana - Andrea se hizo la ofendida y no la miró, concentró sus sentidos
en no tentarse y besarla ahí mismo - bien.
- Ya Andy... si eres enana... - se acercó al oído y le susurró las palabras mágicas-
pero eres mi enana, te amo.- Andrea sonrió y giró la cabeza y la miró a los ojos. Vio
que su abuela le daba la espalda y la besó en los labios.
- Andy... - dijo Silvia, sin voltear - ¿eres feliz?...
- Si abuela... muy feliz. - Andrea no entendía nada a que venía la pregunta. Miró a
Luciana y la morena le sonrió, asintió ante la muda pregunta de la chiquilla. Sus ojos
se abrieron ante la confirmación de sus sospechas. - Mmm... abuela.
Silvia se dio vuelta y se acercó a su nieta, se arrodilló frente a la chiquilla y la
tomo de las manos, la miró a los ojos verdes y vio el amor reflejados en ellos. El
mismo amor que se podía ver en los ojos de la morena.
- Solo quiero que seas feliz... - se acercó y la beso.
- Gracias abu... es importante para mí que lo aceptes.
- Es importante para las dos, Silvia- Luciana rodeó la cintura de Andrea y besó la
cabeza.
- Sabes bien que te quiero, Andy... y pues si eres feliz, yo también lo soy... ¿bueno
ahora que harán?
- Pues teníamos pensado ir a la estancia... quiero pasar unos días al aire libre,
desintoxicarme, y ser feliz... - dijo riendo.
*****
El camino de tierra se hizo lento y bien maniobrado, las indicaciones de Andrea hizo
que Luciana tomara los lugares correctos para evitar posos y cortadas, el paisaje era
único, campos sembrados de soja, maíz, girasoles. El ganado vacuno pastando tranquilo y
algunos caballos galopaban por los campos... el auto torció a la derecha para hacer
unos metros y volver a hacerlo a la izquierda, la tranquera tenía un letrero, "Estancia
La Catalina"... en honor a la madre de los dueños.
Andrea bajó corriendo y abrió la tranquera, Luciana se echó a reír al verla subirse a
la misma y viajar el recorrido de ésta hasta quedar abierta. A veces es tan niña...
pensó la morena mientras pasaba por su lado, miró por el espejo y volvió a ver que su
niña, hacia el camino a la inversa, para luego enganchar el aro en el palo y así quedar
cerrada.
- Uff... cuanto deseaba hacer eso. - dijo sonriendo.
- Jajajaj, pareces una niña, Andrea...
- Es que mi abuelo siempre me retaba, porque decía que se bajaba la tranquera y luego no
cerraba.... pero ja, me saqué el gusto - dijo toda satisfecha.
- Jajajaja... si vi que lo hiciste.
El camino hasta el casco de la estancia tomó cinco minutos. Había varios peones
trabajando en el campo y varias maquinas cosechando el cereal.
Al llegar a la casa, fueron recibidas por el capataz.
Manuel, era un hombre de unos cuarenta años, hijo del antiguo servidor, había nacido
allí y ahora vivía allí con su familia, Sandra, su esposa y sus tres hijos, dos varones
y una niña.
- Buenos días señorita Andrea... - Andrea lo abrazó y besó su mejilla.
- Hola... tanto tiempo... - el hombre la miró a los ojos y sonrió.
- Nos hemos enterado... lo sentimos mucho.
- Gracias Manuel... pero no te preocupes... ya estoy bien... - Luciana se acercó a
ellos una vez que estacionó el auto donde Andrea le indicó. - Manuel... ella es Luciana.
- Hola, mucho gusto... estamos para servir.
- Hola, gracias.
- ¿Y Sandra? - preguntó.
- En la cocina, esta preparando la comida, vengan pasen... a los niños le gustaran
verte, Andy.
Entraron a la casa del capataz, ubicada a unos metros de la principal. Sandra sonrió al
verla y la abrazó.
- ¡¡¡Hola chicaaa!!! Que bueno verte.
- Hola... me alegra estar aquí también. Sandra, ella es Luciana.
Luego de saludarse, ambas se quedaron a comer con ellos, hablaron de todo un poco,
aunque lo mas divertido había sido ver a Andrea liar con tres pequeños de doce, nueve y
cinco años tratando de llamar su atención.
- ¿¿Así que les cuentas historias??- preguntó Luciana entrando a la casa, con los bolsos.
- Sí, desde que Nicolás es pequeño...
- Bueno no le llevas mucha diferencia...
- No, creo que lo hago desde que él era bebé y yo venía los veranos, y me quedaba los
meses de vacaciones aquí. Después nació Martín y seguí contándoles historias. Y bueno
con Anna, también... - Andrea se acercó a Luciana, y le pasó las manos por la cintura y
la abrazó. Un beso en su cabeza y otro en su frente, en su nariz y por último en la
boca. - mmm, como deseaba hacer eso, Dios.
- Yo mas, pero no hemos estado solas, en ningún momento.
La tarde la pasaron haciendo algo de limpieza y ordenando la habitación.
Caminaron por el lugar y visitaron el establo, los caballos estaban sueltos en una
parcela, los suficientemente grande para albergar cientos.
Andrea se acercó al alambrado y silbó de forma particular. Un caballo levantó las orejas
y relincho, Andy volvió a hacerlo pero agregó la palabra clave.
- Luna... ven preciosa.
La yegua se separó de la manada y trotó hasta ella, su mirada estaba puesta en la
chiquilla pero se detuvo al ver otra persona desconocida. Con paso desconfiado se
acercó, pero no lo suficiente para que Andy la pudiera tocar.
Andrea se dio cuenta y sonrió.
- No te conoce... - explicó.
- Ahh, pues espera que me alejo...
- No... espera. - Andrea pasó entre el alambrado y se acercó a su yegua. - Luna, no
tengas miedo... - le acariciaba la cabeza y recibió un beso. - mira ella es Luciana...
mi novia. Anda preciosa, ven - Andy comenzó a caminar hacia Luciana y ésta la siguió
algo precavida.
En una hora las dos cabalgaban en el alto animal de color negro, con las patas blancas.
Nicolás se acercó al establo y vio como su amiga, andaba a caballo. El sabía de la
enfermedad de Andrea, lo había escuchado... y había llorado por ella. Aunque era un
niño, se había enamorado de su relatora de cuentos. Tal vez era la pasión que ponía en
sus relatos o la forma en que sus ojos brillaban al hacerlo.
- ¡¡¡Andy!!! - gritó. Luna fue guiada hasta él y ambas bajaron de ella.
- ¿Que, enano?
- Vengan, quiero mostrarles algo.
Los tres se dirigieron hacia el establo de madera que esta a metros de allí.
Nico, corrió la pesada puerta de madera y entró. Se dirigió a una de las casillas y le
dijo que cerrara los ojos. Andy así lo hizo.
- Ya... - ojos verdes se abrieron al ver el pequeño potrillo de color negro que estaba
allí.
- Wow, que hermoso...
- Es de Luna, Andrea. Es tuyo.
- ¿En serio? - no lo puedo creer.
El resto de la tarde se la pasaron hablando de las cosas que habían cambiado allí. Nico
era un chico, muy entendido en lo que era campo y sobre todo caballos.
La noche caía y ambas mujeres estaban sentadas comiendo.
- Estoy muerta - declaró Luciana.- me duelen las piernas.
- Ja, solo a ti se te ocurre jugarle una carrera a ese niño.
- Por dios, es rapidísimo.
- Sip, dímelo a mí.
- Jajaja. - Luciana tomó la mano de Andrea y la besó. - creo que me voy a bañar.
- Ok, hazlo, yo acomodo esto.
Andrea estaba sentada en un escalón de la casa, mirando las estrella... Dios cuantas
hay... en la ciudad no se ven ni el uno por ciento - pensó.
Luciana la observó desde la puerta y sonrió, su cabeza estaba al aire libre, relucía
bajo la luz de la luna. Luciana había logrado sacarle la gorra, estando a solas y en la
casa.
Se acercó despacio y se sentó en el escalón y abrazó a su pequeña...
- Hola... se dio cuenta que Andrea estaba llorando y la apretó mas ella. - ¿Qué pasa
princesa?
- Nada, recuerdos.
- Ok... sabes que te adoro... y estoy aquí para ti...
- Lo se... te amo Lu.
La habitación estaba ambientada a lo rústico. Así lo había hecho Andrea unos años antes,
un gran ventanal dejaba entrar la luz natural de la luna, el cielo despejado y las
estrellas se veían desde la gran cama ubicada en la mitad del cuarto, sábanas limpias y
perfumadas, esperaban ansiosas a sus posibles habitantes.
Andrea abrió la puerta e ingresó, seguida de Luciana, se paró frente a la ventana y
suspiró al sentir el cuerpo de la alta mujer pegado al suyo.
Se giró y vio los ojos celestes que la miraban, la observaban, la deseaban.
- Te amo, Lu...
- Yo mas, princesa.
Luciana abrazó a Andrea y se arrimó a su cuerpo, se sentía bien, lentamente bajó su
cabeza y besó los suaves y rosados labios, un gemido salió de ambas bocas, Andrea alzó
sus manos y la tomó del cuello haciendo presión para besarla mas a fondo.
Luciana bajó sus labios por su cuello y lo besó, la piel blanca se erizó bajo las
atenciones y se rió cuando tocó un lugar sensible, estaba nerviosa, pero Dios como
deseaba sentirse amada.
Luciana, la llevó a la cama y lentamente se acostaron, puso medio cuerpo sobre Andy y
comenzó a besarla. La respiración se aceleraba con cada beso, cada caricia, las fuertes
manos acariciaron la cintura de la pequeña y levantaron con cuidado la remera que esta
llevaba, sus miradas se perdían entre zafiros y esmeraldas, Andy hizo lo mismo con la
remera de Luciana a tiempo que la volvía a besar.
- Quiero sentirte... - jadeó en su oído, y beso su lóbulo.
- Dios... me gustas tanto.
Luciana admiró la belleza, besó el cuello, fue descendiendo hasta llegar al pecho y besó
cada uno de ellos por encima del sostén. Bajó por el abdomen y llegó hasta el nacimiento
de su pelvis. El cuerpo se estremeció al sentir los besos en su ombligo. Luciana
desprendió el botón del jeans y bajó el cierre. Se puso de rodilla en la cama y
lentamente se lo sacó. Hizo lo mismo con el de ella, y quedó solo con su ropa interior.
Sentía la mirada de Andrea y sintió su piel calentarse al ver como la chiquilla
flexionaba las rodillas y la invitaba a ponerse entre ellas... dejó caer el cuerpo
sobre el de su pequeña, y jadeó al sentir la suavidad de su piel, tocándola.
Comenzó un movimiento lento pero excitante, sus senos se tocaban, sus manos se
reconocían.
- Andy... mírame... - la pequeña abrió los ojos verdes y los enfocó en los celestes. -
Te amo, preciosa... ¿lo deseas?
- Si... te deseo, Lu... - Andrea levantó la cadera al sentir que le quitaban su tanga y
suspiró al sentir la humedad del centro de Luciana en su pierna.
Ambas danzaban sobre el cuerpo de la otra, el deseo flotaba en el aire, los gemidos
eran mutuos...
Ambas se tocaban, se lamían, se mordían, no se distinguía donde empezaba una y terminaba
la otra, estaban unidas.
Luciana besaba los senos de su amante, los apretaba, Andrea gritaba, no podía más.
Sus flujos se mezclaba, sus salivas se unían.
- Luuu... ahhhh.. - las caderas se agitaban, se elevaban, se apretaban.
- Tranquila, Andy... - Luciana bajó su mano y la metió donde más la necesitaba, la
humedad impregnó los dedos, y Andrea se apretó mas a ella. La estimuló hasta llevarla
al éxtasis.
- Ahhh, ya amorrrr - Luciana llevó dos dedos hasta la entrada y bajó a besarla en los
labios, lentamente la fue penetrando. Despacio... con calma. - Ohhhh... Luuu.
- Tranquila... te amo... eres mía bebé... siénteme...
- Siii- las caderas se encabritaron y el cuerpo se tensó, con un grito Andrea llegó a la
cima.
El cuerpo sudoroso y débil, se relajó en la cama, mientras que Luciana seguía, aplicando
pequeños besos por el rostro de su amor.
Andrea envolvió con brazos flojos la ancha espalda de Luciana y la apretó mas contra
ella.
La respiración era forzada, pero lentamente se fue normalizando.
Los ojos verdes se abrieron luego el momento de sosiego, y se enfocaron con otros
celestes brillantes. Luciana se separó de Andrea y se puso de costado. Andrea hizo lo
mismo y pasó su mano por la cintura de la morena. Se acercó al cuerpo y notó el calor
de la piel de su amante.
Ambas se miraban y Luciana se acercó para basarla en la punta de la nariz.
- ¿Estás bien?. - preguntó.
- Sí... fue... hermoso - se apretó mas al cuerpo y apoyó la cabeza en el hombro. - wow...
- un suspiro salió de su boca. Luciana se rió de la sonrisa boba que presentaba la cara
sonrojada y sudada. - Lu... ¿me enseñas?... quiero aprender a amarte.
Luciana asintió y bajó su cabeza, se besaron lento y suave, se acostó de espalda y dejó
que la chiquilla decidiera que hacer con su cuerpo.
Andrea recorrió con su mano el lateral de su cintura, tocó el costado de su pecho y le
rozó la mejilla, la besó con mas pasión mientras emprendía un camino descendente por el
cuello, la clavícula y el nacimiento de su seno.
Se separó y la miró a los ojos. Bajó un poco su cuerpo y besó el lugar que ocupaba su
mano, hizo un reguero de besos, cerca del seno, hasta que metió de una el pezón en su
boca y los chupó suavemente, Luciana arqueó la espalda al sentirla y una de calor azotó
su cuerpo.
Andrea siguió besando, lamiendo y chupando su seno y luego pasó al otro, su manos
estaba en el estómago y lo acariciaba lentamente.
Bajo su mano y se detuvo en la pelvis, subió otra vez a los labios y la besó. Mientras
que su mano se hundía en el sexo de Luciana.
Al sentir la suave caricia, su cadera se levantó y abrió mas las piernas.
- Mmm, Dios Andyyy... - gritó al sentir las caricias en su clítoris hinchado.
- ¿Qué? - preguntó algo sonrojada- ¿Lo estoy haciendo mal?
- Mmm, noo... demasiado bien, cariño. - respondió mirándola a los ojos. Levantó la
cabeza y la besó.
Los fluídos salían en abundancia ante las caricias de Andrea y empapaban su mano. Llevó
los dedos mas abajo y mirándola a los ojos los introdujo en el cálido interior.
- Mmm, ahhh, asiii - la cadera se movía frenéticamente, los dedos salían y entraban
con diferentes ritmos y profundidad. - Andyyy... mmm.
- Te quiero Lu... - Andrea la besó y siguió haciéndolo por toda la piel que podía
abarcar.
- Mmm, ya estoy... - se le tensionaron todos los músculos y sintió los dedos atrapados
en su interior. - Ahhhhhh. Andyyyyy.
Las convulsiones recorrieron el cuerpo y el alma... se sentía en el cielo. Sentía el
pequeño cuerpo pegado al suyo y lo abrazó. Andrea sacó los dedos y la abrazó con fuerza.
Los rayos de sol entraron por la ventana y bañaron con su calor dos cuerpos desnudos.
Luciana estaba boca a bajo y Andrea descansaba su cabeza calva en la amplia espalda y
su brazo ceñía con despreocupada fuerza la cintura.
El canto de los gorriones y un motor encendido demasiado cerca, arrancó a Luciana de su
sueño. Ojos claros se abrieron y un gruñido escapó de su garganta, estaba agotada... sus
labios se tensaron en una sonrisa al acordarse lo que había pasado hacía unas horas
atrás.
Dios, nunca pensó que la chiquilla fuese tan pasional. Era dulce, tímida, al segundo
cambiaba de técnica y se volvía salvaje, perversa.
Sentía el lento respirar en su espalda y levantó la cabeza para mirarla, no podía...
estaba atrapada bajo el cuerpo de su pequeña.
Sintió que Andrea tomaba una fuerte inspiración y se movía inquieta. Hacía unas noches,
que le sucedía eso. Las veces que Andrea se quedó a dormir, la invadían ciertas
pesadillas, a veces era la enfermedad, otras la muerte de su madre, otras veces que
ella moría.
El Dr. Farías lo había advertido, podía ocurrir.
Luciana se giró y la abrazó, sus cuerpos desnudos se pegaron, las lágrimas salían por
sus ojos y corrían libre por las rosadas mejillas. Andrea dio un grito al liberarse y
abrió los ojos. Buscó algo en que aferrarse y se encontró con el rostro compungido de
Luciana apretándola en sus brazos.
- Dios - jadeó.
- Tranquila ya pasó... tranquila mi amor. - Luciana la besó suavemente y la acunó el
tiempo necesario para que Andy se sintiera bien.
- ¿Lu?... - el rostro bañado en lágrimas se alzó para mirarla - Lo siento.
- Ya preciosa...
Dos horas mas tarde estaban las dos en la bañera, compartiendo entre besos y nuevas
exploraciones un baño.
El desayuno lo habían tomado en la cama, Luciana se había levantado y preparado, café
con leche, unas tostadas con manteca y dulces caseros que Sandra le había dado la tarde
anterior.
Luciana la ayudó a secarse y se cambiaron con unos pantalones cortos y musculosa.
Salieron a recorrer el campo y a contar, junto a Nico el ganado.
*****
Una semana después se despedían de la familia, y emprendían su vuelta hacia el pueblo.
Pasarían dos días en la casa de Silvia y volverían a la Capital.
Llegaron de noche a la casa y después de comer, decidieron acostarse.
- ¿Estas cansada? Una sonrisa picara asomó en los rosados labios de Andrea.
- ¿Yo?... nop... ¿y tú? - Luciana la miró con ternura y le acarició la mejilla.
- Nop... es más... tengo mucha energía, - dijo, mientras que ponía su cuerpo sobre el
de Luciana.
- Ufff... estas ganando peso, pequeña. - dijo mientras la abrazaba.
- ¿Qué... me llamas gorda? - dijo frunciendo el ceño.
- No, no, no... solo dije que estabas ganando peso, no que estabas gorda. - Luciana se
rió. - me gustas así... y mas gordita mejor... eso quiere decir que te estas recuperando,
nena.
- ¿Sí? - Andrea se acomodó entre las piernas de Luciana y suspiró al sentir el calor de
su centro contra su cuerpo. Luciana se sacó la remera y Andrea la imitó.
- Sip, estas recuperándote. - levantó la cabeza y la besó.
- Te amo Luciana... - los besos se hicieron cada vez más profundos y sus cuerpos
reaccionaron al calor y al deseo.
- Eres mía bebé. - Luciana giró y se situó sobre Andrea. Su cuerpo se estiró y contrajo
sobre su amante. Se estimularon, se amaron.
Luciana se relajó sobre Andrea, mientras las dos buscaban oxigenar sus cuerpos. El
orgasmo había llegado junto al de la otra. Sus gritos fueron reprimidos con besos
profundos y uñas clavadas en la espalda.
La llegada a la capital se hizo un poco caótica, el tráfico a la hora pico, era
espantoso. Andrea se veía en el espejo y una sonrisa apareció en sus labios.
Luciana la miró y también se rió.
Alargó su mano y le acarició la cabeza. En estas semanas, el cabello había crecido, lo
suficiente como para notarse, el rubio y fino pelo llenaba la totalidad del cráneo. Y
aunque faltaba mucho hasta llegar a su largo normal. Andrea se sentía feliz, Luciana
tomó su mano y la besó.
Ambas se miraron y aprovechando a que estaban paradas en un semáforo, se besaron. El
sonido de las bocinas las sacó de tan apasionado beso.
Se rieron a carcajada... Dios que feliz que se sentían.
Llegaron al edificio, Luciana llevó los bolsos hasta la entrada de la casa de Andrea y
se despidieron con un beso.
- Mañana te acompaño hasta la casa de tu tía ¿Si?.
- Gracias amor... mañana hablamos. Que descanses princesa.
- Tu también mi reina.
El ascensor subió al quinto piso, Luciana abrió la puerta de su departamento y se
encontró con Argo, parada esparándola, los ladridos y los gemidos de la perra, le
dieron indicios que el animal, la había echado de menos.
Unos abrazos y palabras la calmaron un poco. Lucy se dirigió hasta la mesa donde Juan
había dejado la correspondencia y las ojeó. Un sobre de papel madera llamó su atención,
rápidamente lo abrió y se encontró con mas fotos de ella y Marina, en diferente
situaciones y en el mismo sobre un video, junto con una carta.
"Mi querida Lucy:
Lamento que no hayas recapacitado y por lo pronto, no hayas aceptado mi propuesta de
ser feliz. ¡Que lástima!
Mi paciencia y amor se ha agotado, es hora de venganza, mi morena... venganza.
Solo te digo, que dos sobres iguales a este, están en dos pares de manos diferente.
Pero con el mismo sentimiento hacia a ti.
Bueno, quizás el de la chiquilla, sea diferente al de tu papi. ¿A que si?...
O me dices que a tu papi, le haces el amor, en una cabaña en una estancia.
Uhhh ese chiquillo, el mas grande, ¿Cómo era?... ¿Nico?... sip, asi es... habla mucho.
Bueno mi morenita... Disfruta el video.
Te quiero M."
Luciana miró con ojos desorbitados el papel, lo leía y releía.
Tomó el video y lo puso en la cassetera y pulsó play. Imágenes de cama la mostraban a
ella y a Marina.
La escena en la clínica y el beso robado la noche de la última quimio. Aparecía allí.
Los nervios y la bronca se acumulaban en el estómago y en el pecho de la alta mujer.
- No... Dios... esto no es verdad... no ahora que soy feliz... - lágrimas surcaron su
rostro.- Andy... no te puedo perder...
Luciana, bajó corriendo los cinco pisos y llegó hasta la portería, una mano temblorosa
golpeó la puerta, una, dos veces. Pasos en el interior, la puerta es abierta.
Ojos verdes enrojecidos en lágrimas. La tristeza flor de piel. Un puño cerrado sobre un
trozo de papel, de fondo, gemidos, súplicas, un orgasmo.
Ojos celestes se pierden en la tristeza de su pequeña.
Ninguna habla.
Una pequeña mano se levanta con demasiada rapidez, y da de lleno con una mejilla morena,
sorprendida. Inmóvil.
El papel, escapa de su agarre, y la puerta se cierra.
"Chiquilla:
Lamento ser yo quien te abra los ojos de esta forma, pero no quiero engañarte. Como lo
hace la persona con quien estas.
Mientras tu sufrías en la cama de la clínica, tu enfermera personal y ahora ¿amante?,
se divertía en brazos de otras...
Lamento decírtelo, pero que bien hace el amor... bueno tu lo sabes...
Disfruta de las fotos y del video"
Continuará...