"Nunca creí que el destino jugaría duro conmigo, no puedo creer que hace dos meses,
esta habitación se ha transformado en mi casa, no puedo creer que hace dos meses que
personas de blanco se han transformado en los únicos seres que conozco. Me pregunto por
qué el Señor, único testigo de mi sufrimiento en toda mi vida, hoy me ha abandonado.
Me miro y no me reconozco, mi cuerpo ha cambiado, mi piel ya no es la de antes y mi
cara pálida y ojerosa me recuerdan a cada rato mi tortura.
Desde hace una semana tengo que llevar un horroroso pañuelo en mi cabeza, porque mi
largo y lustroso cabello rubio se ha dignado en abandonarme. Sé que es a causa de los
medicamentos, pero..."
- ¿Andy?- la voz de su padre la sacó de sus pensamientos que en ese momento eran
plasmados en un pequeño cuaderno.
- Papá... - una sonrisa broto en el rostro triste y demacrado. - Pasa...
El hombre se acercó a su pequeña, no sin antes colocarse un barbijo sobre la boca, era
una regla de seguridad e higiene, para darle un "beso" a través de la tela que cubría
la mitad de su rostro. La rubia estiró un brazo y envolvió el cuello acercándolo mas a
su cuerpo. El padre hizo lo mismo, la cabeza rubia ahora cubierta con un pañuelo con
pequeños ositos, se acurrucó en el pecho de su creador.
- ¿Estás bien?- preguntó cuando ojos verdes se encontraron con otros iguales.
- Mmm, sí - sonrió un poco- es que te extrañé.
- Te quiero enana.
- Yo mas papi- la rubia mujer se sentó en la cama y dejó colgando las piernas por un
lado. Una mueca de dolor cruzó su rostro cuando con un torpe movimiento la aguja que
tenía clavada en su mano se movió. - Rayos... como odio esto.
- Ya tranquila... - la tranquilizó el hombre.- ¿Luciana ha venido?
- Sí, estuvo conmigo toda la noche, pero la obligué que se fuera a su casa a descansar
un rato.
- Mmm, debe haber llegado cuando yo venía. - Reflexionó.
- Pá, ¿la abuela no ha llamado?- Andrea miró hacia la ventana.
- Sí, anoche... viene en la semana.
- ¿De verdad?- una sonrisa afloró en el rostro joven. Y se hizo más grande cuando la
puerta se abrió y una mujer de metro ochenta y ojos azules entraba por ella. - ¿Pero
qué haces aquí?
- Vine a cuidarte- dijo con una sonrisa chueca - no puedo esta en casa - admitió.
- Pero debes estar cansada. - Luciana se acercó a Juan y extendió la mano para saludarlo.-
buenos días Juan.
- Buenos días Luciana.
- A ver rubia dame tu mano- la Andrea extendió las dos manos pero Luciana tomo la que
tenía la vía conectada y desprendió cuidadosamente la cinta que la sujetaba y miró a
los ojos verdes cuando esta suspiró.
- ¿Tienes que quitarla? - dijo quejumbrosa - es que me duele cuando me tienes que
conectar una nueva.- explicó cuando una ceja oscura salió disparada hacia el nacimiento
del cabello oscuro que estaba algo húmedo y el aroma a canela y cítricos inundó sus
sentidos, se había bañado y se había cambiado con nuevo equipo de enfermería de color
rosado.
- Tengo que quitarla, Andy- susurró.
- Mmm - se quejó cuando sacó la aguja de su mano. Ella tomó algo de gasa y la embebió
en una solución de color marrón y limpió la zona con cuidado, algo de sangre se
escurrió por el pequeño pinchazo, pero enseguida tomó una nueva gasa, la dobló con
cuidado y la puso sobre la zona para luego sujetarla con una cinta blanca.- pero...
- En el parte dice que debo quitarte todas las vías, excepto esa- señaló la que tenía
en el antebrazo izquierdo y que por allí le aplicaban la quimioterapia.
- ¿Pero por qué? - preguntó Juan desde el sillón. La morena siguió quitando las otra
que restaba del antebrazo derecho. Y se volvió hacia el hombre y sonrió.
- Pues parece que la niña ha respondido bien y si los estudios salen bien te podrás ir
a casa en una semana.
- ¿En serio? - la rubia mujer la miró incrédula un momento pero al segundo una sonrisa
apareció en su rostro y sus ojos se llenaron de lágrimas, pero esta vez eran lágrimas
de felicidad.- ¿Eso quiere decir que estoy curada?
- No Andy... eso quiere decir que estas respondiendo bien al tratamiento, pero...
- Debo seguir con las sesiones de quimio, ¿verdad?- la interrumpió.
- Sip... pero quiero que hablen con el médico, él le va a explicar con todo los detalles.
- De acuerdo - dijo Juan mientras se acercaba para abrazar a su pequeña.- Te quiero,
hija.
- Yo más, papito.- la rubia abrazó a su padre.
El médico abrió la puerta de la habitación y se marchó dejando a tres personas con una
sonrisa en la cara.
Los estudios habían indicado que la enfermedad estaba en claro retroceso pero como
había anticipado la morena la quimio aun tenía que seguir aplicándosela hasta completar
las diez sesiones programadas. Solo que en vez de ser una cada semana serían cada dos
semanas. Así que solo le faltaban dos y eso sería un mes mas de tratamiento.
Andrea estaba parada delante del ventanal, mirando el cielo azul y disfrutando el sol
que le pegaba en la cara.
Juan consultó su reloj y vio que era tarde ya, tomó una bolsa y se acercó a la rubia,
pasó un brazo por su hombro y la abrazó.
- Enana... debo irme... - Andrea sonrió de costado y devolvió el abrazo.
- Por lo menos te vas con una buena noticia. Llámala a la abuela y a la tía.
- Lo haré apenas llegue a casa. - le dio un beso en la cabeza y le marchó no antes de
saludar a la morena.
- Hasta mañana Juan.
Andrea se acercó al pequeño placard y sacó una bata de color verde, y sus pantuflas
blancas. Tomó de una bolsa el jabón.
- Me muero por un baño- confesó.
- Voy a prepararte el agua mientras terminas eso. - la morena se metió en el baño y
llenó la bañera, templó el agua y se levantó. Se encontró con Andrea parada en la
puerta del baño, observándola con los ojos brillantes. - está todo listo madamme. -
bromeó.
- Gracias, está tibia. - se sacó la bata y se metió en la bañera. El agua cubrió su
desnudez y calentó el cuerpo cansado. Recostó su cabeza en la saliente de la bañera y
cerró los ojos.
- Andy... debo ausentarme unos minutos.
- No hay problema, me quedaré aquí hasta que regreses.- abrió los ojos y los enfocó en
otros azules que la miraban, notó un brillo especial en ellos, pero le restó importancia.
Luciana salió del cuarto y tomo su celular. Unos cuantos timbrazos y una voz masculina
atendió.
- ¿Franco? - Luciana se sentó en una de las bancas que estaban en el pasillo y con su
mano libre se frotó la sien izquierda.
- Hola Lucy... - se sintió que una puerta se cerraba y la morena frunció el ceño.
- ¿Dónde estas? - preguntó intrigada.
- En mi cuarto, es que me agarraste en la sala y estaba mamá a mi lado, con una de
sus engreídas amigas. - una risa suave sonó del otro lado del teléfono. - No
sabes, Lu, parecen cotorras como hablan.
- Si, Fran lo sé... ahora dime ¿qué has averiguado?.
- Es Marina, es ella Luciana.
- No sé que hacer, esa mujer me va a volver loca...
- Lucy, me parece que va a tener que hablar seriamente con ella... tienes que
pararla.
- Si lo tengo que hacer antes de que papá se entere. ¿No sospechan nada, verdad?
- No, que yo sepa.
- Mañana mismo voy a hablar con ella. Te dejo, Franco, debo volver con Andrea.
- ¿Por cierto como esta ella?.
- Bien, ha sido toda una sorpresa su evolución, si todo sale bien es probable que en
una semana ya esté en su casa
- Cuánto me alegro hermanita, mándales saludos y fuerzas de mi parte, ¿sí?.
- Ahora mismo le digo... - la morena se puso de pié y se dirigió de nuevo al cuarto.-
Y ya sabes Fran.
- Si lo sé Lucy, no te preocupes. Besos.
- Otros.
Luciana entró al cuarto y sintió unos sollozos desde el baño. Lentamente se acercó y
miró por la puerta que estaba entreabierta. Todos los días era lo mismo, se encontró
con Andrea sentada en el retrete con sus manos cubiertas de cabello rubio rojizo y su
rostro bañado en lágrimas. Y todos los días ella estaba allí para consolarla.
Tomó una toalla y entró al cuarto, Andrea intentó cubrir su desnudez, pero unas manos
fuertes pero suaves se lo impidieron.
- Tranquila... déjame ayudarte.
- No, no quiero que me vas así- de un empujón logró alejar a la morena que se quedó
helada por la fuerza que poseía su "pequeña". - ¡¡¡estoy harta que de todo esto... por
qué no me habré muertooooo!!! - gritó con toda la furia que llevaba dentro.
Andrea se había levantado y tiraba del poco cabello que le quedaba, Luciana reaccionó y
tomó ambas manos, la chiquilla forcejeaba y a gritos pedía que la soltara. Varias
enfermeras acudieron a la habitación y contemplaron el incidente.
- Shhh, ya Andy... tranquila. - Luciana había podido sujetarla para que no se hiciese
mas daño. Sara, una enfermera de unos cincuenta años se atrevió a preguntar si
necesitaban ayuda y Luciana respondió que no era necesario, que ya tenía todo
controlado. - Pueden retirarse, déjenos a solas.- pidió.
- ¿Por qué Luciana... por qué a mí? - el llanto apagado de la rubia mujer se escuchaba
a través del pecho de la mujer mayor - ya no lo soporto.
- Tienes que ser fuerte Andrea... ya falta poco... solo dos sesiones mas y todo
acabará.
- Ayúdame Lu... - los ojos verdes se alzaron para mirar a los océanos celestes. -
ayúdame.
- Haré lo que me pidas Andy.
Ya es de noche, Andrea está sentada en el retrete y mira con ojos cansinos su reflejo
en el espejo. Detrás de ella una mujer morena y de ojos claros la observa. Toma aire y
sus ojos se encuentran en el reflejo.
- ¿Estás segura Andy?
- No, pero da igual... hazlo.
La mujer asiente y toma una tijera. Un mechón rubio rojizo cae al suelo acompañado por
otro mas y luego otro. Así uno a uno de esos mechones se reencuentran, pero no están
solos, un mar de saladas perlas lo cobijan en el lecho del frío suelo. Luego la morena
cambia las tijeras por una máquina para cortar el cabello y la pasa a conciencia por la
cabeza de Andrea. El cuero cabelludo ahora reluce blanco ante el abandono de su propia
producción.
Andrea tienes los ojos enrojecidos de llorar. Se mira y no puede creer lo que ha hecho.
Pero así es mejor. No tendrá que liar con el sufrimiento cada vez que se bañe o cuando
no quiera llevar esos pañuelos.
Levanta una mano temblorosa y se acaricia la cabeza. Unos dedos largos y finos se unen
a ella y la acaricia. Andrea cierra sus ojos y deja caer sus lágrimas. Siente un par de
brazos que la rodean y un cuerpo cálido que se pega a su desnuda espalda. Se da vuelta
y se aferra con fuerza al abrazo que la espera. Llora... no sabe por cuanto tiempo...
pero sabe que en ningún momento esa calidez y la seguridad que ese abrazo le
proporcionaba, la ha abandonado.
La voz suave la vuelve a la realidad. Se remueve y se da cuenta que no está en la cama,
algo la sostiene firmemente. Puede escuchar un constante latido junto a su oído derecho.
Unos brazos la rodean y una voz armoniosa la llevan hacia la gloria... no quiere
despertar. Quiere disfrutar a pleno de ese momento. Sus ojos verdes se abren lentamente
y su mano acaricia el antebrazo de Luciana. El latido se acelera en su oído. El suyo
también.
Levanta la vista para encontrarse con el rostro más bello que el Señor ha creado.
Luciana está mirándola y una pequeña sonrisa asoma de sus labios.
- ¿Estás más tranquila?- Andrea intenta incorporarse, pero el abrazo se intensifica. -
No... quédate así.
- No quiero molestarte.
- No lo haces- Andy se acomoda en el pecho de la alta y suspira. - ¿mejor?
- Mmm, sí - la rubia vuelve su vista hacia la ventana y observa la luna, está brillante
y parece sonreírle. - Lo siento Lucy, no quise tratarte mal...
- Andy, mírame. - así lo hace- olvídalo quieres... estoy aquí para ayudarte.
- ¿Solo por eso? - susurra inconsciente la paciente.
- No - ojos verdes la observan atentos.- Y porque somos amigas y porque te dije que
nunca estarías sola. ¿Recuerdas?.
- Sí.
- Bien, porque quiero que lo recuerdes siempre.- la pequeña sonríe y asiente. El ruido
que su estómago produce la hace sonrojar - ¿Tienes hambre? - pregunta la morena.
- Mucha, pero es tarde.
- Veré que puedo hacer. - Luciana se levanta del sillón que esta junto a la ventana y
con ella lo hace Andrea, la lleva hacia la cama y la acuesta. La mira por un segundo y
sonríe. - Estás bonita.
- No bromees debo verme horrible - Andy lleva sus manos hacia la cabeza y se acaricia.
- No, en serio. Te queda lindo. - una sonrisa cruza el rostro de la pequeña y sus
esmeraldas sueltan brillos.- ¿Qué quieres de cenar?.
- Sorpréndeme.
Un beso en la frente y una caricia en la mejilla y la morena sale del cuarto rumbo a la
cocina.
*****
- Marina...
- ¿Lucy?... que gusto mi amor... - una mujer alta, rubia de rulos y ojos marrones
espera que la alta morena se acerque a donde ella está parada. Luciana a logrado
localizarla. Y quiere aclarar con esta mujer todo el asunto que la involucra. - Cuánto
hace que no nos vemos vida... Auuuch, suéltame ¿qué pasa?- Luciana la ha tomado del
brazo y la lleva casi a la rastra. Una habitación vacía servirá para su propósito.
- Solo quiero decirte una cosa Marina.- la mujer rubia la mira con deseo y se pasa la
lengua por los labios, está tan cerca... - Quiero que me dejes en paz, ¿entendido?,
deja de mandar fotos a mi familia, porque si algo les pasa al enterarse te juro que te
mato.- amenazó
La vena del cuello de Luciana estaba a punto de estallar y sus ojos gélidos fulminaban
la mirada de la otra. Que no parecía intimidada en lo absoluto. Marina esperó que
Luciana terminara de hablar, y se lanzó sobre la morena. Capturó sus labios en un beso
demoledor y con una limpia maniobra introdujo su lengua en la boca de su ex. Sacudiendo
todo rastro de cordura en la cabeza morena. ¿Cuánto extrañaba esos besos?
- ¿Qué demonios haces?- Luciana logró separase y se volvió hacia la ventana.
- Intento hacerte entrar en razón, amor. - Marina tomó de la cintura a la alta mujer y
pegó su cuerpo a la espalda de esta. - Te amo, Lucy- susurró en su oído. - ¿tu me
sigues amando?. - Sus manos acariciaban el estómago de la petrificada mujer mientras
sentía el deseo correr por sus venas otra vez.
Marina aprovechó el estado de debilidad y la arrinconó contra la pared. Lentamente la
dio vuelta hasta dejarla de frente a ella y volvió por su boca. Esta vez no hubo
resistencia. La rubia mujer sonrió por su victoria, pero se concentró en el esbelto
cuerpo que por fin volvía a ella.
Se fueron despojando de la ropa que impedía sentir piel con piel y comenzaron a "amarse".
Luciana no podía pensar. Su cuerpo estaba traicionándola vilmente, solo sentía el
placer que la otra mujer la proporcionaba. Había venido a frenarla y ahora estaba de
nuevo ahí, en sus brazos.
Luciana no podía pensar sólo sentía la boca de Marina devorar sus senos y una de las
manos aplicar presión en su sexo. No podía negarlo, la deseaba. Nunca había dejado de
hacerlo.
Cuando su cuerpo sudoroso y desnudo estaba por convulcionarse ante las caricias que le
proporcionaba la mujer una imagen cruzó su mente. El dulce y aniñado rostro de Andrea
apareció en su mente y la ira y el remordimiento tomó control de su cuerpo. Con un
limpio empujón se libró del cuerpo que tenía encima y la mano que estaba enterrada en
su sexo la abandonó, pero ese movimiento desencadenó olas de pequeños orgasmos que
intentó frenar.
- ¿Que pasó? amorcito... ¿Ya no te gustan mis caricias?- la mujer hizo gala de su mejor
seducción y llevó su mano empapada en los jugos de su amor a su boca. Uno a uno lamió
sus dedos y el sabor inundó los sentidos de la mujer rubia- mmm, una delicia... como
siempre.
- Estás loca... ¿lo sabes?- Luciana estaba componiendo su ropa y se encaró a la mujer. -
Quiero que desaparezcas de mi vida, para siempre. ¿Lo entiendes?
- Mmm, eso va ser imposible, cariño... eres mía ¿recuerdas?.
- Yo no le pertenezco a nadie, Marina. Eso entiéndelo. ¡¡¡A nadie!!!
- ¿Segura? - Marina se arregló el cabello y tomó su portafolio, sacó una foto y se la
entregó a Luciana.- Yo diría que ella tiene algo que ver en esto.
Luciana observó la fotografía de hacía dos noche atrás, cuando ambas estaban en el sillón,
luego de la crisis que sufriera Andrea... ¿pero como diablos la habían sacado?... mmm
eso era algo peligroso para su carrera y para su amistad con Andrea.
- ¿Cómo conseguiste esto?- preguntó duramente mientras tomaba a la mujer del brazo.
- Mmmm, calma princesa... ¿no querrás que la damita se entere de esto verdad?... parece
que te importa mucho esa chiquilina.
- Déjala en paz, Marina... con ella no te metas, por que sino...
- ¿Sino qué?... ¿Me vas a matar?...
- Te juro por mi vida que si te acercas a ella o la lastimas de la mas mínima manera,
sí... te mato... - Luciana se encaró con los ojos marrones de la mujer y la miró
fijamente. - No sabes con quien te acabas de meter Marina.
La morena se dio media vuelta y salió por la puerta, dejando a la rubia y alta mujer
sola... o eso creía.
- Tu, mi querida Luciana, no sabes con quien te acabas de meter- dijo en vos alta. Se
giró hacia la derecha donde había un pequeño baño y sonrió- ¿grabaste y fotografiaste
todo?- preguntó.
- Claro querida... - dijo un hombre alto y moreno vestido con pantalón y chaleco de
cuero...
*****
En la casa del encargado estaba todo listo para recibir a Andrea, el consejo de propietarios
habían decidido acondicionar la casa, pintándola y arreglando las imperfecciones de las
paredes. Luciana se había ensañado en reconstruir el cuarto de Andy. Ya que estaba
próximo su fecha de cumpleaños, había decidido regalarle mobiliario nuevo, que constaba
en una cama más grande, un placard, y una nueva computadora. Los últimos retoques se
harían el fin de semana. Puesto que para el jueves o viernes de la semana siguiente
Andy podría recibir el alta clínica, aunque debería seguir yendo cada quince días para
aplicar las últimas dos sesiones de quimio.
Luciana se despidió de Juan, y acompañó al personal de una cadena de electrodomésticos
que habían traído la nueva pc.
Subió al ascensor y llegó a su casa. Argo la esperaba detrás de la puerta y empezó a
saltar al ver a su dueña. Que grande estaba, se percató la morena. Aunque era todavía
cachorra, su cuerpo había crecido. Tomó la correa y le dio la orden para salir.
Argo corría por el pasillo y en ese momento Juan entraba de la calle, con lo que seria
su comida.
- Hola Argoooo - dijo contento y acariciando a la perra. - ¿vas a salir a pasear?
- Hola Juan.
- Luciana, cada día esta mas grande... si la viera Andrea.
- Ya la va a ver, cuando venga la semana que viene se la voy a traer para que la vea.
Sé que la adora.
- Ella adora a todos los animales. En especial los delfines y los perros Boxer.
- Lo sé. Tiene fanatismo por ambas cosas ¿verdad?
- Si, desde que era pequeña. Bueno la dejo, mañana debo ir temprano a la clínica.
- ¿A que hora tiene que estar? - preguntó mientras abría la puerta de la calle.
- A las nueve, mañana tengo que hablar con los médicos, para ver cuando puedo traer a
Andrea a casa.
- Por lo que me dijo el Dr. Farias, a fines de la semana que viene, pero quiere ver la
evolución en estos días.
- Si, lo mismo me dijeron. Esperemos que sea así.
- Dios quiera, Juan.- la morena le regaló una sonrisa y salió por la puerta apurada por
Argo que debía hacer sus necesidades.
El sol apenas se distingue en el cielo, aun es de madrugada. Andrea está sentada en el
sillón donde días antes su morena le apaciguo los temores. Alza sus manos y se toca la
cabeza, ahora le resulta menos doloroso. Sus ojos verdes están oscuros y sus pupilas
dilatadas, la poca luz que suministra la lámpara produce tal efecto. Suspira y vuelve
su vista al cuaderno. Allí lleva un diario desde el primer día en que fue capaz de
sostener firmemente una lapicera. Ahí cuenta absolutamente todo, sus tratamientos, sus
temores, y sus sentimientos hacia la maravillosa mujer que vela por su salud. Se
pregunta que hora serán, aun es verano y amanece mas temprano, así que deben ser las
cinco de la mañana. Y no puede dormir.
Sabe que en unas horas la vendrán a buscar para hacerles unos estudios, aquellos que
posiblemente le darán la libertad.
Lo único que desea es pasar su cumpleaños en su casa, faltan unos días. Pero quiere
tanto estar en casa...
Andrea se acurruca mas en el sillón y se cubre con la manta. Una mueca de dolor cruza
su rostro, estira el brazo donde lleva conectado el catéter para la quimio y suspira.
Sus ojos miran el cielo que se va aclarando y así se duerme.
Hoy es el gran día.
Luciana apaga el motor de su auto y toma la mochila. Entra por la puerta de vidrio y se
dirige hacia el ascensor. Camina por el largo pasillo y abre la puerta de la habitación.
Entra y se encuentra con el cuerpo de su pequeña dormido en el sillón. Lo ha vuelto a
hacer, Andy se queda mirando los amaneceres y luego de escribir un rato se duerme. La
primera vez que la encontró fue hace una semana atrás. Cuando entró y la vio le dio un
susto tremendo, pensó que algo le sucedía, pero el sueño tranquilo y el suave despertar
le dio a entender que era algo que la mujer deseaba hacer. Tal vez la cama ya no le
resultara tan cómoda, puesto que hacía dos meses que estaba acostada en ella. Otra cosa
que descubrió fue que al despertarla sus ojos verdes sonrieron al reconocerla. La rubia
se incorporó un poco y le pidió que se sentara a su lado. La morena así lo hizo y en
segundo el cuerpo pequeño y bien moldeado se acomodó en sus brazos. Y así se quedaron
un buen rato. Solo disfrutando de las sensaciones que el cuerpo de la otra le brindaba.
Pero ninguna hizo o dijo nada para que la otra lo supiese.
Como aquella mañana, la morena entró y dejó su mochila en la cama, se arrodilló frente
al sillón y con una suave caricia despertó a Andy. Ojos verdes lentamente se abrieron y
se perdieron en otros celestes, como todas las mañanas. Andy se incorporó a medias y la
morena se sentó. Abrió los brazos y dejó que la paciente se acomodara.
- Hola - Andrea levantó su cara del pecho de la morena y le sonrió, Luciana no pudo
aguantar el impulso y la beso en la frente. Una pequeña arruga se le formaba en el
puente de la nariz, cosa que Luciana encontraba encantador.
- Hola tú - Luciana le sonrió y miró hacia la ventana.
- Parece un bonito día ¿no?
- Sip... ¿hace calor?.
- Algo... - Luciana la miró un momento a los ojos y luego sonrió. - ¿quieres
comprobarlo por ti misma?- la cara de Andrea cambió, no sabía si había escuchado bien o
el destino había puesto palabras en su cabeza.
- ¿Qué dices?- preguntó mientras se sentaba en las piernas de la mujer mayor.
- Digo que si quieres comprobar si hace o no, calor. - unas lágrimas se formaron en los
ojos verdes azulados y se abrazó al cuello de Luciana.
- ¿Eso quiere decir que me puedo ir a casa?.
- Sí, preciosa. - Luciana rodeo el cuerpo de Andrea y la acunó lentamente.- tu papá
está haciendo los trámites, vine a buscarte.
- No lo puedo creer.
Luego de cargar las cosas en el auto, Luciana volvió a entrar a la clínica. Juan estaba
firmando la salida de Andrea y ésta lo esperaba sentada en una silla de ruedas. Luciana
la había ayudado a vestirse, eligiendo del nuevo placard un pantalón deportivo negro,
remera blanca y zapatillas. .
- ¿Lista?- preguntó cuando llegó a su lado.
- Mmm, sí. - Luciana buscó en su mochila un paquete y se lo entregó a Andrea. - ¿Y
esto?
- Es para ti. Creo que te gustará.
Andrea rompió el papel y se encontró con una gorra de béisbol negra con la imagen de un
Boxer en el frente. Además adentro venía una tarjeta dedicada en puño y letra para
ella.
- Es lindo... gracias. - Luciana le sonrió y luego de tomar la gorra se la puso en la
cabeza calva de Andrea.
- Te ves lindísima, Andy.- Andrea estiró su mano y tomó la de la morena, tiró de ella
hasta ponerla a su altura y la abrazó.
- Te quiero Lu... gracias por ser mi amiga.- luego de esas palabras dichas al oído. La
beso en la mejilla.
- También te quiero Andy- Luciana sacó de su bolsillo un barbijo y se lo entregó a
Andrea- debes ponerte esto.
- De acuerdo.
El camino a casa se hizo en media hora, Andrea estaba sentada detrás de Luciana y sus
ojos se encontraban cada segundo, el barbijo que cubría la mitad de su cara no le
impedía apreciar la sonrisa que se dibujaba en el rostro aniñado.
- ¿Estás bien Andy? - la voz de su padre la sacó de sus pensamientos.
- Sí, ya quiero llegar a casa.
- Ya llegamos falta un par de cuadras.- Luciana tomó la Av. Cabildo y paró en un
semáforo. - ¿Sabes que Argo estará contenta de verte?
- ¿En serio?- la alegría la invadió su cuerpo al pensar.- debe estar enorme.
- Ya la verás.
La puerta de la casa fue abierta por Juan quien entró el bolso y un par de bolsas donde
estaban los medicamentos y las ordenes para los exámenes.
Luciana ayudó a Andrea que se quedó impactada por el nuevo aspecto de la casa. Sus
esmeraldas se abrieron cuando giró su vista hacia su cuarto.
- Wow... ¿Pero que ha pasado aquí?.
- Lo decoró Luciana.- explicó Juan.
- Y hay una pequeña sorpresa para ti.- Luciana señaló una caja que estaba envuelta en
un rincón de la habitación.
- ¿Qué es? - preguntó intrigada.
- Ábrelo, sino no tiene gracia Andy.
Andrea se sentó en la silla que hacia juego con su escritorio y rompió la envoltura del
pesado regalo. Dentro de la caja estaba el nuevo CPU de su computadora.
- No lo puedo creer... pero quien... - miró a su padre y luego a Luciana- Tú. - dijo
sonriendo. - ¿Por qué lo hiciste?... esto sale mucho dinero Lu.
- Porque se que te gustan las computadoras y se que la tuya es vieja... pero tienes un
buen monitor y las demás cosas sirven, así que solo necesitabas cambiar el CPU.
- Gracias... no lo puedo creer.- Andrea se levantó y rodeó con sus brazos el esbelto
cuerpo de Luciana. Ésta no perdió oportunidad y también los hizo.
- De nada.
Juan había insistido en que Luciana se quedase a comer, pero ésta había desistido a la
idea, alegando que debía levantarse temprano. Pues debía asistir a clases a primera
hora.
Así que después de acomodar las cosas en la casa y explicarle a Andrea el tema de los
medicamentos y el cuidado del catéter que aun tenia en el brazo izquierdo, se marchó a
su departamento.
Luego de ducharse y ponerse algo de ropa cómoda, se preparó un sándwich y una buena
taza de leche y se recostó en su cama. En la tele estaban pasando un programa de
animales, zapeó por diversos canales hasta que dejó el de música.
Argo entró corriendo a la habitación y se subió a la cama. Olisqueó la mano y luego se
tendió al lado de ella. Los ojos de la morena luchaban por mantenerse abiertos. Pero al
fin se dio por vencida, apagó la tele. Se acurrucó al lado de la perra que ya hacia
rato que dormía y se rindió a los brazos del dios del sueño.
El sonido del despertador la sacó de su sueño. Estiró su mano y lo apagó. Lentamente
abrió los ojos y las esmeraldas se cerraron con fuerza cuando un rayo de luz se coló
por la ventana. Con una mueca de disgusto se quitó el resto de sueño y se levantó. Fue
hasta la mesa y seleccionó las píldoras que a esa hora le tocaba. Llenó un vaso con
agua fresca y las tragó. Preparó algo de café y le añadió leche. Unas tostadas recién
hechas la esperaba y le agregó mermeladas de frutillas.
Su padre entró a la cocina y se sentó al lado de su hija. Cargó una taza con café negro
y tomó una tostada. Andrea estaba algo callada hoy. Su padre se dio cuenta rápidamente
que algo estaba pasándole a su preciosa.
- Mmm, Andy... - Andrea levantó la vista y se encontró con el rostro preocupado de su
progenitor- ¿Qué te pasa?
- Nada, papá... es que estaba pensando.
- Sabes que puedes confiar en mí, hija.
- Si lo sé... es que estaba pensando en todo lo que me pasó en estos meses... y no
puedo creerlo que ahora este en casa.
- Me alegro de que estés aquí... - los ojos de su padre se oscurecieron y se llenaron
de lágrimas.- me asusté Andy...
- Papá... yo... - ella se levantó de su asiento y se sentó en el regazo de su padre. Él
miró la cara de su hija, que aun presentaba algunas ojeras y un color amarillento.
Acarició la mejilla y la besó en la frente. Andrea no llevaba su pañuelo por lo que su
calva blanca relucía a la luz del sol. Y sus ojos verdes brillaban más.
- Tenía miedo de perderte, Andrea... no sabes lo solo que me sentí en estos meses.
- Lo siento... - Andrea se abrazó con fuerza a su padre. Estuvo un buen rato sintiendo
la calidez del cuerpo de Juan y los recuerdo de la niñez volvieron a su mente.
Andrea se cambio con un par de pantalones de fibra color verde y una musculosa blanca.
En sus pies se calzó unas hawaianas negras y se cubrió la cabeza con un pañuelo negro.
Limpió a conciencia la zona donde tenia el catéter y lo cubrió con una gasa.
Tomó sus llaves, el barbijo y salió. Subió al ascensor y pulsó el número cinco. En
segundos estaba parada en la puerta y tocó el timbre. La voz de un hombre sonó detrás
de la puerta y fue éste quien la abrió.
La pequeña mujer sonrió al reconocerlo. Franco le dedicó otra sonrisa plena.
- Andrea... que gusto verte. - el muchacho se inclinó y le dio un suave beso en su
mejilla.
- Franco... ¿cómo has estado?... - Andrea entró en el departamento de Luciana y la
buscó con la mirada, pero no había rastro de ella.
- Bien, me alegro que todo este saliendo bien Andy, ¿puedo decirte Andy?
- Claro... ¿y Luciana?. - preguntó mientras se sentaba en un mullido sillón.
- Fue con Argo hasta la panadería de la esquina, enseguida viene. ¿Quieres tomar algo?...
digo, puedes tomar algo. -dijo señalando la tela que cubría la boca de la mujer.
- Mmm, sí... no es necesario que lo use aquí, pero es la costumbre - sonrió y se quitó
el barbijo para luego ponerlo en el bolsillo.
- Esta bien, mejor prevenir. - el alto muchacho entró a la cocina y en minutos extendió
un vaso con jugo de naranja.
La puerta se abrió y enseguida una agitada cachorra atigrada entró y se lanzó sobre la
menuda mujer.
- ¡¡Hey!! ¿Cómo estás?- Andrea acarició a la perra y se giró para ver a Luciana
entrando por la puerta cargada con unas bolsas. - Hola, ¿te ayudo?
- Hola... no gracias, ya lo tengo. - fue hasta la cocina y dejó todo arriba del mármol.
Volvió a la sala y le dio un beso en la frente a su amiga. - Hola de nuevo.
- Bueno Lu... yo voy a aprovechar y me voy a ir, debo pasa a ver a Sabrina, ha llegado
de sus vacaciones.
- ¿Pero no te quedas a comer?- preguntó mientras examinaba el brazo de la chica.
- No, quedé con ella anoche.
- Ok, entonces para la próxima - dejó el brazo y le sonrió- esta bien, no se ha
infectado.
- Ufff - suspiró... era realmente doloroso cuando se infectaba el catéter y debía
cambiarlo.
- Bueno Andy, me alegro que estés bien.
- Fue un placer charlar contigo.
- Bueno enano, te bajo abrir - se giró hacia Andrea y le sonrió. - ¿me esperas un ratito?
- "Toda mi vida"- pensó Andrea - sí claro. - dijo al fin.
Ambos hermanos bajaron por el ascensor y llegaron a la puerta.
- Franco ya sabes... manténme informada.
- Si Lu... pero debes cuidarte. Esa mujer está loca... ya te dije, casi le dijo todo a
Damián, menos mal que yo llegué. Pero te digo que me caló mal ¿eh?
- ¿Tu crees que irá tras papá?- la morena de ojos azules lo miró seriamente.
- Yo creo que está muy enojada, Lu, y seguramente va a ir tras las personas que
aprecies.
- Andrea... - murmuró.
- Sip. - asintió el muchacho.
- Bueno... entonces voy a tener que tener cuidado. - dijo sonriendo pícaramente.
- Eres fatal, Luciana, ¿lo sabes? - abrazó a su hermana y se despidió.
Andrea había puesto un CD en el estéreo y recorría con su mirada la casa, entró a la
cocina y hurgó en las bolsas, sacó lo que debía ir en la heladera y las guardó.
Se sentía realmente bien en la casa de la morena, Argo la observaba desde la puerta y
movía su rabo cada vez que Andy le dirigía una mirada y por consiguiente una sonrisa.
Se escucho la llave que abría la puerta y una alta morena apareció dos segundos después.
Se quedó mirando a la pequeña mujer mientras metía las botellas de agua en la heladera.
- ¿Pero, qué haces?- se acercó a la chica y tomó las cosas de sus manos.
- Solo estaba guardando las cosas que van en la heladera. - Andrea se apoyó en la
mesada y bajó la vista.- lo siento no quería meterme en tus asuntos.
- Auuu, lo siento Andy, no quise ser bruta -la morena se acercó y le levantó con un
dedo la barbilla- es que tú eres la invitada... no quise ser ruda.
- Es que estaba aquí sola que me sentí inútil.
- Vale, terminemos de guardar esto y hacemos la comida, ¿quieres? - una sonrisa
apareció en el anguloso rostro y se movió hacia delante para darle un beso en la frente.
- Está bien. - dijo Andrea mientras tomaba las cosas que restaban en la bolsa e
intentaba calmar su alocado corazón.
Una hora mas tarde estaban degustando la comida que juntas habían preparado.
Andrea tomó un poco de arroz y lo llevó despacio a su boca. Los medicamentos y la
quimio habían debilitado su cuerpo que ahora tendía a temblar. Luciana la observó y
luego se atrevió a preguntar.
- ¿Estás bien? - Luciana miró el pálido rostro.
- Sí, es que hace unos días he empezado a temblar, pero llamé al Dr. Farías y me dijo
que era normal. Es solo por momentos... no te preocupes - dijo mirándola a los ojos.
- Si tú lo dices - Luciana recordó algo y sonrió- Hey, me enteré que en una semana
cumples años.
- Mmm, sip el 15 de febrero...
- ¿Vas hacer algo?- preguntó de sopetón.
- No lo sé, tal vez venga mi abuela y mis tíos. Seguramente haga un brindis, no hay
dinero... estás invitada, obviamente y dile a tu hermano que también lo está.
- Le diré. - Luciana se levantó y recogió los platos. Los dejó en la pileta y volvió
con un pote de helado.- tu papá me dijo que te gusta el granizado y chocolate.
- Mmm, que rico - sus ojos brillaron con fuerza. Se llevó una cucharada a la boca y le
sonrió.
Andrea se fue de la casa de la morena a la tarde, su padre estaba limpiando las manijas
de bronce cuando ella descendió del ascensor. Una sonrisa le iluminó la cara al verla.
Aunque el pañuelo y el barbijo opacaban su belleza, para él su pequeña era única.
Andrea se acercó hasta donde estaba su padre y charló un rato con el. Varios de los
propietarios se alegraron al verla, y le dedicaron sonrisas y abrazos. Aunque ya hacia
una semana y media que había regresado de la clínica, Andy casi no había salido de la
casa, por miedo a contagiarse alguna enfermedad, cosa que no sería bueno, ya que sus
defensas estaban bajas.
Luego de una ducha y cenar, el pequeño cuerpo se acomodó en la mullida cama y
lentamente se durmió.
Cinco pisos mas arriba, una morena de penetrantes ojos de hielo, revisaba su correo
electrónico y se encontraba con un nuevo mensaje de parte de Marina.
Siempre era lo mismo, diversas fotos de ellas y mensajes donde le recordaba que ella
le pertenecía.
¡¡¡Que ilusa!!!, solo una persona, bajita y con cara de ángel era la dueña de su
maltrecho corazón.
Luciana no podía creer como había podido llegar a amar a esa mujer.
Como había caído en sus brazos.
Luciana sonrió cansina, era una adolescente... una estúpida e ingenua adolescente.
Cuando Luciana conoció a Marina apenas había entrado a la facultad, cuanto hacía de eso...
que va, un par de años.
Lo patético era que Luciana estaba de novia con Roberto... su primer amor... que
enamorada estaba de él. Pero luego llegó Marina y la engatusó con elogios y palabrerías
moviéndole toda la estantería. Se planteó seriamente su sexualidad hasta que llegó a la
conclusión de que Marina le atraía mucho, incluso mas que su novio. Por eso cuando la
rubia mujer la invitó a cenar no dudó en aceptar. Pocas horas mas tarde, dos cuerpos
sudorosos, encontraban juntos la liberación y caían rendidos en la cama de un hotel.
Marina le había enseñado cosas, que luego ella había plasmado en el cuerpo de la rubia
mujer. Caricias suaves, besos en lugares justos y una forma de hacer el amor que con su
novio nunca había experimentado.
Pero era demasiado, Marina le demandaba mucho tiempo y siempre estaba a su alrededor,
se había vuelto muy posesiva e incluso le había hecho un par de escenas de celos. Cosa
que para una mujer independiente le resultaba agobiante. Una mañana decidió que eso no
podía seguir así... fue esa misma mañana en que se mudó y conoció a Andrea... esa
chiquilla. Se le había metido en el alma en el mismo momento en que le dirigió su
primera sonrisa y un tímido "Hola", para luego presentarse.
Una semana mas tarde Marina salía de su departamento hecha una furia. No le había caído
bien el plantón que Luciana le había dado. "No quiero saber mas nada contigo", le
habría dicho.
Aunque le era imposible no cruzársela en la facultad, no volvieron a hablarse.
Pero ahora...
- Debo detenerte, Marina... debo hacerlo.
*****
Andrea se había despertado con nauseas, la sesión de quimioterapia del día anterior
había agotado todas las defensas.
Estaba acostada en una cama de la clínica, siempre se tenía que quedar un día internada,
por suerte ya hoy se iría para no volver hasta dentro de quince días y si Dios quería
sería a la última aplicación de quimio que se sometería.
El Dr. Farías entró a la habitación y se encontró con que la pequeña mujercita estaba
mirando hacia la ventana, sus ojos fijos en una nube que pasaba.
- Hola - el médico rodeó la cama y se sentó en la silla que estaba al lado de la cama,
vio una mochila apoyada en el sillón y se extrañó.- ¿Es de Luciana?.
- Sí, fue hasta la cafetería... - explicó con la voz ronca.
- Ok, Andrea tengo buenas noticias para ti. - la mujer se sentó en la cama y como acto
reflejo se miró el brazo donde estaba conectado el suero.
- ¿De verdad?.
- Si, la enfermedad se ha reducido en un noventa y cinco por ciento... creo que con una
última aplicación dentro de quince días, habremos tenido éxito.- el médico les pasó
unos papeles- tu conteo de glóbulos rojos y plaquetas se están normalizando, eso quiere
decir que casi estás curada... pero eso no podemos dejar inconcluso el tratamiento. ¿Me
entiendes?
- Sí, pero cuando haya terminado todo, ¿podré volver hacer vida normal?
- No te preocupes Andy... volverás a ser la misma en unos pocos meses.
- Mmm, eso espero... sabe doctor... - Andrea miró hacia la ventana y luego enfocó sus
esmeraldas en unos ojos marrones que la miraban atentos- me gustaría viajar al campo
unos días... usted cree...
- Mmm, Andy, yo te recomendaría esperar hasta la última aplicación... faltan unas
semanas, se que estás cansada de estar encerrada, pero...
- Lo sé doctor... paciencia. - Andrea sonrió y un suspiro salió de su boca. Sus ojos se
dirigieron hacia la puerta de la habitación. Luciana entró y miró al médico con una
ceja enarcada.
- ¿Pasó algo?- preguntó
- No, solo le estaba dando a Andrea la buena noticia. - Luciana se acercó a la cama y
se sentó a los pies de la ella.- bueno Andy... en la tarde te podrás ir a casa.
- Gracias.
El médico se retiró y las dejó solas. Luciana tomó la mano donde tenía el catéter
conectado y lo examinó, miró los ojos verdes y sonrió.
Andrea levantó su mano y la apoyó suavemente en la mejilla de la mujer mayor.
- Hola - Luciana tomó la mano y entrelazó los dedos.
- ¿Cómo estás? - Andrea suspiró y se acomodó en la cama entrecruzando las piernas.
- Bien, aunque mi estómago está algo sensible. - Andy sonrió y ambas miraron cuando una
enfermera trajo la bandeja de comida.
- ¿Crees que puedas comer algo?. - Una mueca de disgusto cruzó por la cara de la joven.
Asintió.
- Lo intentaré.
La comida de la clínica, sabe mejor si se está acompañado.
Andrea estaba sentada en el sillón y Luciana estaba a su lado, la bandeja con la comida
estaba entre ella y un solo cubierto era compartido.
- Sabes que cuando era niña...
- ¿Mas aún?... - bromeó la morena.
- Lucy - Andy se volvió y miró por la ventana y luego a su amiga.- Vale... cuando era
más pequeña que ahora... mi mamá, mi papá y yo nos íbamos de vacaciones al campo... -
Luciana sacó la bandeja y se acomodó en el sillón, Andrea se sentó mas atrás y apoyó la
espalda en el pecho de la morena,< ya se había convertido en una costumbre> Un
estremecimiento corrió por ambos cuerpos al sentir el contacto con el otro y las hizo
sostener el aliento.
- ¿Estás bien?- preguntó mientras envolvía con sus brazos a la mujer pequeña.
- Sí - dijo de sopetón al verse pillada - mmm, cuando me recupere me gustaría ir allí...
Luciana giró a Andrea y la miró a los ojos, el brillo que siempre había visto en ellos
y que hacía unos meses se había apagado, se empezó a asomar nuevamente. La fortaleza de
esa niña la asombraba, probablemente ella se hubiese rendido, pero su pequeña <como
ella le decía en secreto> no... la niña era fuerte.
- Andy... mira... cuando todo esto termine haremos ese viaje. - su mano libre le
acarició la mejilla. Andrea cedió a sus sentimientos y se afirmó a la caricia. Cerró
sus ojos y una sonrisa se asomó en su boca reseca y lastimada a causa de los
medicamentos. Un torbellino de emociones le corrieron el cuerpo.
- Abrázame... por favor. - Su cuerpo liviano en segundos fue rodeado por unos brazos
largos y fuertes.- Necesito que me abraces...
Un rato después, Andrea se separó del cuerpo de su amiga, se acercó lentamente y
mirándola a los ojos, le dio un beso suave y tierno en los labios.
- Gracias - susurró. Luego se levantó y se metió en el baño.
Luciana no entendía que había pasado ahí... ella se había quedado en el instante en que
Andy se fue acercando y sintió los labios de la chiquilla sobre los suyos.
Andrea tenía su cuerpo apoyado en la puerta del baño, su corazón latía a mil por hora,
no había planeado hacer eso, pero cedió ante su deseo...
Mmm, había sido maravilloso, oh Dios... - Andrea tapó su cara con las manos y un agudo
grito salió de su garganta.
En segundos la puerta fue abierta y una morena de metro ochenta estaba ahí, en su
rostro se veía preocupación, pero también cierto brillo en sus ojos.
- ¿Estas bien Andy?- Oh Dios y es tan hermosa!!! - ¿Andrea?
- Mmm, si claro.- un rubor se instaló en sus mejillas. - Si, estoy muy bien.- Andy bajo
la vista, para luego subirla y sonreírle.
- Mmm, bien- en su respuesta se podía ver un toque de humor. - Ve a ducharte. En un
rato nos vamos.
Luciana cerró la puerta del baño y una sonrisa se instalo en su rostro. Esa chiquita
estaba enamorada de ella. Su sonrisa se hizo mayor al recordar que dentro de una semana
era el cumpleaños.
Mmm, Lucy... ahí tienes tu oportunidad, aprovéchala.
Jeans negro y camisa rosa, gorra con la visera hacia atrás. Un toque de maquillaje a su
pálido rostro. Y se calzó los zapatos.
- Mmm, creo que me veo bien- una mueca cruzó por su cara cuando el catéter le tironeó
un poco.- ja la próxima semana ya no te tendré.- se rió.
- ¿Andy, estas hija? - la voz de su padre la saco de sus pensamientos. Abrió la puerta
y sonrió.
- Ya, ¿vamos?.
Andrea y su padre llegaron hasta un restaurante. Un encargado los llevó hacia una mesa
y les pidió que se sentaran.
Andrea advirtió que la mesa era para cuatro, pero ellos eran dos.
Una mano se posó en su hombro, y una voz cálida y musical le susurró al oído.
- Feliz Cumpleaños- y un beso en su mejilla, la llevó al cielo.
- Gracias- Luciana se sentó a su lado y le sonrió.- ¿¿Perooo??
- Fue invitación de ella An - su padre le aclaró las dudas. Andrea se sonrojó y bajó la
vista.
- Gracias Lu... - Andrea la miró a los ojos y vio el brillo en ellos. El mismo que
había apreciado en los suyos.
La cena había sido exquisita, y ahora disfrutaban del postre. Andrea había pedido
helado igual que la morena y su padre un café.
- Si me disculpan señoritas, enseguida vuelvo- Juan se levantó y fue rumbo al baño.
- Ja, me parecía raro que no lo hiciese.- declaró la muchacha. Tomó una cucharada de su
helado y la llevó a su boca. Luciana la miró y sintió una oleada de calor al ver lamer
la cuchara.
- ¿¿Lu?? - la morena salió de su mundo y se sonrojó.
- Mmm, ¿qué? - Andrea se empezó a reír, cosa que contagió a Luciana. Era encantador
verla y escucharla reír. Llenaba el alma. - Tienes helado en la cara...
- Mm, ¿si?... ¿dónde?- Luciana se acercó y pasó un dedo por la comisura de la boca de
Andrea. La pequeña, cerró los ojos y disfrutó de la caricia. Lentamente los abrió y se
encontró con el cielo de los de Luciana. Una sonrisa afloró de sus labios que fue
acariciada por los suaves dedos.
- Ya está- dijo la alta mujer y sonrió- ¿La estas pasando bien?
- Genial, Lu... gracias- Andrea miró a su padre que se acercaba a la mesa y le sonrió.
- Bueno niñas nos se ustedes pero yo me tengo que ir, mañana debo levantarme temprano.
- No se preocupe ya nos vamos, déjeme pagar la cuenta.
- No, yo lo hago Señorita.
- Juan, esto fue un regalo para su hija. Por favor
- Mm, gracias.- los ojos verdes les sonrieron.- ¿Bueno qué piensan hacer?
- Mm, no sé tal vez pasear un rato... ¿quieres?.
- Si, esta muy linda la noche.
Luciana pagó la cuenta y salieron del restaurante, Juan se subió al auto y luego de
saludar a su hija y a la morena, partió rumbo a su casa.
Ambas caminabas por la acera, y Luciana observaba a la pequeña a su lado. Llegaron
hasta donde había estacionado el auto y la invitó a subir.
Tomaron el centro y pasaron por el Obelisco, emblema cultural de la ciudad, pasearon
por la zona de los teatros y cines. Un sábado a la noche la ciudad se vuelve mágica.
Luciana tomó la avenida que la llevaría a la rivera y se estacionó frente al agua.
Ambas estaban en la pequeña playa y caminaban con sus pies descalzos dejando que el
agua le acariciase La luna estaba alta y brillante, la brisa jugaba con sus cuerpos.
- Es una noche hermosa - soltó Andrea rompiendo el silencio.
- Muy hermosa... - Luciana se detuvo un momento y tomo el pequeño brazo. - ¿Andy?
- Dime Luciana.- Andrea se acercó al cuerpo mas alto y encaro su mirada.
- Mmm, pues... - Luciana tomo una mano y la apretó suavemente. Andrea subió la mano y
la puso en su rostro.
- Lu... - Luciana sonrió y se acercó despacio. Rozó sus labios con los de la joven y
sintió que ésta se pegaba mas a su cuerpo. Se separó por un segundo y la miró a los
ojos. Y volvió por ellos. - mmm - gimió en la boca de la morena.
- Me gustas Andrea- la niña la rodeo con los brazos el cuello y la atrajo hacia su boca
nuevamente.
Luciana quería devorar a la pequeña, su corazón estaba acelerado, la tomó de la cintura
y la apretó a su cuerpo.
La lengua tentativa de Andrea se encontró con otra de igual curiosidad, una corriente
le atravesó los sentidos cuando hicieron contacto.
Luciana terminó el beso chupando el labio inferior.
- Oh, Dioses - exclamo Andrea.
- ¿Estás bien? - Luciana se preocupó.
- Sí, fue... fue... - Luciana se empezó a reír y Andrea la miró algo enojada. La morena
se agachó y la volvió a besar. Cuando por fin cedieron a las exigencias pulmonares,
Andy se río y la abrazó.
- Fue genial.
Siguieron caminado por la playa, pero a cada segundo se detenían y se volvían a besarse.
Estaban sentadas en la arena, y la morena tenía entre sus brazos el pequeño cuerpo. Su
cabeza en el hombro y sus manos entrelazadas.
- ¿Sabes qué el día que me besaste en la clínica, me dejaste de piedra?- confesó Lucy.
- ¿De veras?, yo pensé que no te había gustado... como te quedaste.
- Pues cuando quise reaccionar ya estabas en el baño.- Lucy estrecho mas a su pequeña -
y entonces te oí gritar.
- Mmm, si fue de alegría... y sorpresa, no creí que pudiera hacer algo así Lu, pero te
vi ahí y no me pude resistir.
- Pues me alegro que no te hayas resistido. - Andrea se dio vuelta y la miró.
Lentamente se acercó y se volvieron a besar.
Cuando regresaron al edificio, Luciana y Andrea se despidieron en la puerta del
ascensor con un beso largo y excitante.
- ¿Andy? - Andrea se volvió y sonrió - Feliz Cumpleaños.
- Gracias. - una sonrisa apareció en su rostro.
- Espero que te guste mi regalo.- y cerró la puerta del ascensor dejando a una pequeña
intrigada.
Andrea entró en silencio se dirigió al baño, luego de cambiarse su ropa por el pijama
se fue a la habitación, encendió la luz y casi se desmayó cuando vio encima de su cama
un dormido cachorro de Boxer, con un moño rosa amarrado a su cuello, y sobre su mesa de
luz una carta.
Se acercó lentamente y lo tomó en brazos, el pequeño cachorro se despertó y bostezó
mostrando sus pequeños dientitos y una rosada lengua. Le entró la curiosidad y se dio
cuenta que era una nena.
Tomo la carta y la abrió.
Una familiar caligrafía adornaba la hoja suavemente perfumada.
" Feliz Cumple, preciosa:
Espero que hayas pasado un buen día, yo lo disfruté.
¿Qué te pareció mi regalo?... viste es hermosa.
Espero que el final de la velada te haya gustado.
Te quiero.
Lucy"
Andrea, se recostó en la cama y colocó a la cachorra sobre su vientre, una sonrisa
apareció en su rostro y se acarició los labios. Recordando los besos que había
compartido con su morena.
- Bueno Brisa... me parece que estoy enamorada... ¿tu que dices?- la aludida se acomodó
y la miró ladeando la cabeza. - ¿Eres hermosa sabes?- Le rasco la oreja y se acomodó
en la cama.
Cerró los ojos y unos celestes se le aparecieron.
Y así con esa imagen se durmió.
Fin de la segunda parte