Renuncia: Los personajes de Xena y Gabrielle son propiedad de Renaissance Pictures y Estudios Universal.
Género: Uber, por lo tanto esta historia me pertenece por completo.
Clasificación: este relato está de acuerdo con el subtexto. Así que si eres menor de 18 años o esta clase de historias no es de tu agrado, mejor ve a leer otra cosa.
Dedicatoria: a Paula mi gran amiga. A Celso, gracias por ayudarme y alentarme para que no baje los brazos. A Ricardo, gracias por ser como eres TQ amigoJ.
Y a todos los xenites que a diario nos encontramos en msn y con los que mantengo e-mail. Grax por leer mis FF.
A Marianela, mi primita grax por escuchar mis lokuras. Tq.
Y a vos... sí tú que estas leyendo esto... ¿qué pensabas que no te lo iba a dedicar? Pues ahí tienes. Disfrútalo.
Comentarios: saludos o le que se te ocurra... a mi mail: valxegab@hotmail.com :


SÁLVAME

Autora: Valeria XG

Primera Parte

"Tus dulces manos rodeando
la debilidad que me acecha.
Tus ojos claros, el único remedio
para mi dolor
Solo tu amor me podrá Salvar
Sálvame..."

- ¿Hola?
- Hola hermanita.
- Hola Franco, ¿cómo estás?
- Bien, ¿recibiste mi mail?
- Si lo mandaste hoy, todavía no...
- ¿En dónde estás?
- En la salida del subte... en las escaleras mecánicas.
- Bueno cuando llegues a casa lee el mail que te dejé.
- Ok. Besos.
- Otros.

Unos ojos tan azules miran hacia el final de la escalera mientras cierra su celular y se lo ajusta al cinturón.
El cansancio reina su cuerpo, fueron muchas horas de caminata.
Luciana Solda, una alta y buena moza joven de veinticinco años, morena de cabellos azabache y largo, camina despreocupada por las calles de la avenida que la llevarán hasta su casa. La gente que pasa por su lado se la queda mirando, su metro ochenta y su belleza la hace parecer una modelo. Ella los mira y sonríe de lado, como restando importancia a los piropos y comentarios.
Ella tiene una sola meta en esta tarde de diciembre... llegar a su departamento, donde la espera Argo, su perra Boxer de seis meses, su único compañero y regalo de cumpleaños por parte de sus hermanos Damián y Franco.

Luciana, es la mayor de los tres, ella trabaja como voluntaria en una escuela y fundación especializada en cáncer, donde también asiste a clases.
Hace dos años que logró mudarse de la casa de sus padres y comprar un departamento de tres ambientes en el barrio de Belgrano. No es un edificio de gran categoría pero a ella no le importa, se siente cómoda allí.

Damián tiene veintitrés años y está terminando el profesorado de Historia y al igual que Franco, el mas pequeño, que tiene dieciocho años y este año terminó el secundario y aún no se decide que estudiar, vive con sus padres a unos tres kilómetros.

- Buenas tardes Juan - el encargado del edificio levantó la vista del monton de cartas y le dedicó una sonrisa.
- Buenas tardes Señorita.

Juan era un hombre delgado de estatura normal, de unos cincuenta años, piel mate, cabello entrecano e increíbles ojos verdes, llenos de vida y picardía. Pero hacía unas semanas que el brillo que lo caracterizaba estaba apagado. El hombre hacía diecisiete años que trabajaba allí junto a su familia, pero su esposa había muerto dos años antes de que Luciana comprara el departamento. Se había quedado solo con su hija.

Andrea, era una muchacha de veinte años. Sus cabellos rubio rojizo y largo hasta la cintura, sus brillantes ojos verdes heredados de papá, y su rostro aniñado la hacía parecer más joven. Andy, como todo el mundo la llamaba no era muy alta, pero su cuerpo bien trabajado la hacía parecer un ángel. Como decía su padre... que triste se lo veía.

- Juan, ¿le puedo pedir un favor?- Luciana tomó las cartas que les eran ofrecidas.
- Claro señorita.
- Mañana antes del mediodía van a traer una caja para mí ¿usted podría recibirla?, yo a la tarde paso a buscarla.
- Quédese tranquila, yo la recibo. Cualquier cosa que yo no esté pídasela a Andrea.
- Bien, gracias.
- De nada, hasta luego.

Luciana entró al hall y observó su imagen en los espejos. Una duda rondaba por su cabeza, esa mirada triste... volvió sobre sus pasos y llegó donde estaba el hombre.

- Juan, disculpe que me meta... pero le sucede algo - Ojos verdes la examinaron un momento, pudo ver que lágrimas se acumularon en los ojos, pero no salieron.
- No señorita, estoy bien... sólo es el cansancio. Hace mucho calor.

Era verdad, ya estaba terminado el mes de diciembre y el calor parecía ir en aumento, además de la humedad.

- Cualquier cosa...- Luciana no sabía porque le ofrecía su ayuda, pero algo andaba mal en la vida de ese hombre, ella lo presentía- ya sabe, avíseme.
- Gracias. Lo tendré en cuenta.

El ascensor se detuvo en el quinto piso, metió la llave y entró. Encendió la luz, dejó su bolso sobre la mesa y se agachó para acariciar a Argo.

- Hey, chica... como estamos creciendo. - la perra atigrada empezó a correr por la sala y a brincar a su alrededor. - Calma, calma que me lastimas las piernas. - un ladrido le hace entender que tiene hambre.- Ya, espera que me saque esta molesta ropa y comemos algo ¿vale?

Un rápido paso por la ducha la refresca lo suficiente, pantalón y remera cómoda y a atacar la heladera.

Enciende la computadora, mientras pone a calentar unas porciones de pizza y le llena el comedero a su cachorra.

Teclea su nombre y contraseña y accede a la bandeja de entrada. Tiene cinco mensajes sin leer, dos de Franco, uno de Yesica, su prima que vive en el exterior, otro de la clínica donde trabaja y estudia y el último es de publicidad.

Abre primero el de su hermano que tiene archivo adjunto, en la pantalla se despliega una foto de ella con una mujer en una situación comprometida en un boliche gay en la zona más bacana de la cuidad.

- Rayos... ¿ahora qué hago?- Luciana hace un año que asumió su sexualidad, pero era su secreto, no quiere que su familia se entere, no quiere discusiones, pero parece que esto pronto va a dar que hablar en la familia. El teléfono suena y un nudo se forma en la boca del estómago.- ¿Hola?
- Lucy, soy yo.- Franco está del otro lado.
- Si me llamas por el mail...
- ¿Es verdad?- interrumpe.
- Pues... si... es verdad. - La morena suspira y se lanza de lleno- ¿Mamá y papá lo saben?.
- No, por suerte fui yo quien abrió las cartas, de la flia.- la joven voz del muchacho logra tranquilizarla.
- Fran, porque no vienes a cenar y hablamos.
- Vale... pero déjame decirte que no me molesta, eres mi hermana y te quiero.
- Yo también te quiero.
- En un rato estoy por allí.

*****

- ¿Andy?- Juan entra a su casa y busca con la mirada a la joven- ¿Andrea?
- Estoy en el baño, papá- la voz grave y cansada, se escucha a través de la puerta.
- ¿Hija estás bien?- el padre golpea la puerta y entra, se encuentra con su "pequeña", sentada en el piso totalmente pálida y cubierta con una capa de sudor.- Andy, que tienes hija, mira como estás.
- Me siento mal, papá...
- Ven, vamos a la cama- Juan toma en brazos el débil cuerpo y nota enseguida la pérdida de peso. - voy a llamar al médico, ya hace tiempo que estás así... - la ayuda a quitarse la ropa y ve varios moretones en el cuerpo.- tienes varios moretones en el cuerpo, ¿qué te ha pasado?
- Nada, papá... no recuerdo haberme golpeado. Me duele todo... debo tener gripe...- sus ojos verdes comúnmente lleno de vida poco a poco se van apagando.
- Yo voy a llamar al médico del cuarto piso para que por lo menos examine...

Juan sale de su casa y se dirige al ascensor, en eso que abre la puerta del mismo, Luciana desciende de él y se encuentra con el encargado en un estado alterado.

- Buenas noches Juan.
- Buenas noches.
- ¿Sucede algo?- pregunta algo preocupada por el nerviosismo del hombre.
- Es Andy... está en la cama con fiebre, está descompuesta... no se que tiene...
- Cálmese, espere que voy a abrirle a mi hermano, y hablamos.
- Hágame un favor, señorita yo pensaba ir a buscar al doctor del cuarto piso, ¿usted no podría quedarse un momento con ella?
- Claro, enseguida voy.

Luciana corrió hasta la puerta de calle y le abrió a su hermano.

- Hey - un beso en la mejilla y un abrazo.
- Hola loquita.
- Fran, mira tengo que quedarme un momento con la hija del encargado que está enferma, su padre fue a llamar al médico. Toma mis llaves y espérame en casa en un momento subo.
- Listo, no hay problema...

Luciana entró en la casa y se encontró que era pequeña, pero confortable un comedor que tenía una cama para una persona, un modular lleno de pequeños adornos, la heladera y a la izquierda dos cajoneras con mas adornos. A su espalda había un placard y la mesa con la televisión.
A la derecha estaba la habitación de Andrea, pequeña y ordenada, de extraña forma, una tele arriba de una cajonera de tres cajones, la mesa con la computadora, un pequeño placard y la cama. Lo que más le llamó la atención era la cantidad de delfines que adornaba la misma, algunos eran de cerámica, vidrio, otro eran solo fotos, calcos.

Acurrucada entre las sábanas estaba la pequeña mujer. Su cabello estaba húmedo y tiritaba. Luciana se acercó a la cama y le tocó la frente, la temperatura era alta. Unos ojos verdes se abrieron por el contacto y se dieron de bruces contra otros celestes que la estaba mirando. Al principio no la reconoció, pero cuando su mente procesó la información, una sonrisa se dibujó en el rostro cansado y demacrado.

- Hola- la suave voz de la morena la tranquilizó. -¿cómo te sientes?
- Hola... me siento fatal... ¿y mi papá?- sacó su brazo de debajo de las sábanas y la alta mujer pudo ver varios moretones.
- Fue a buscar al médico y me pidió que te cuidara un momento... voy a traer algo con que bajarte la fiebre.

Fue hasta la heladera y sacó del congelador varias cubeteras tomó unas bolsas, y colocó hielo en ellas, las envolvió con unas toallas que encontró sobre una silla, probablemente para planchar o guardar.

- Haber déjame colocarte esto. - retiró las sábanas del cuerpo y descubrió que estaba solo en ropa interior, puso una bolsita sobre la frente, otra debajo de los brazos y dos más en la ingle. - Andrea, déjame decirte que tienes los ganglios inflamados, debes tener una gran infección.
- Hace varios días que están así... pensé que podría ser gripe o algo parecido.
- Yo diría que vayas a una clínica a que te examinen. Puede ser peligroso.

La voz del encargado las interrumpió, el doctor entró con su maletín y saludó con un gesto.
Luciana se quedó apoyada en el marco de la puerta mientras que la revisaba. Ella sospechaba que algo más grave estaba ocurriendo con esa chica. Luciana trabajaba para una Fundación/clínica que se especializaba en el área oncológica. Allí a demás estudiaba, aunque recién estaba en el primer año, ya había podido deducir mas o menos lo que le ocurría a la joven. Ella había visto muchos casos parecidos. Pero no podía poner las manos en el fuego por sus pensamientos.

Juan se volvió donde estaba ella y la miró con lágrimas en los ojos.

Ella se acercó y colocó su mano en el hombro y lo apretó suavemente.

El médico estuvo un buen tiempo examinándola. Luego colocó de nuevo las bolsas de hielo en los sitios correspondientes. Y se levantó.

- Mire Juan, en mi opinión yo diría de internarla, para hacerle más estudios... parece algo serio. Por la cantidad de días que ella me dijo que tiene los ganglios inflamados, los moretones en el cuerpo. No me quiero apresurar pero creo que es algo serio. Por qué mañana no la lleva a la clínica y la internamos para hacerle los estudios.
- No puedo doctor, no puedo pagarlos... voy a hablar con la obra social.
- Entonces debe llamar a la guardia de la obra social...
- Está bien. Gracias.- Juan se volvió hacia Luciana y le sonrió- gracias a usted, por cuidarla.
- No hay problema... si no me necesita... me retiro.
- Yo también lo hago, sígale aplicándole hielo o sumérjala en la bañera con agua tibia y la va enfriando poco a poco. No le dé nada sólo agua. Hasta que lleguen los médicos. Cualquier cosa llámame.
- Buenas noches...
- Hasta mañana.

La morena y el doctor subieron en el ascensor y ambos se miraron.

- ¿Leucemia o algo parecido verdad?- ojos azules como hielo lo miraba a los ojos.
- Eso me temo, tiene todos lo síntomas.
- Me imaginé. Estudio y trabajo en FUNDALEU... veo muchos casos.
- Lo peor es que es un tratamiento largo y costoso... y en él por de los casos se necesita un transplante. No sé si se podrá salvar... no cuenta con los recursos.
- Se va a salvar, es una niña fuerte... si que lo hará y por el dinero no se preocupe... lo van a conseguir.
- Dios la escuche.

*****

Luciana rebuscó en los bolsillos las llaves y se acordó que se las había dado a su hermano. Tocó el timbre y Argo ladró.

- ¿Qué pasó que tardaste tanto? - dijo de sopetón cuando le abrió la puerta.
- Está enferma la hija del encargado, parece que es grave.
- ¿En serio?- el muchacho de ojos azules iguales a los de su hermana buscaban respuestas. - ¿Que tiene esa belleza?, ¿Porque viste que linda que es?
- No lo saben aún pero el médico del cuarto y yo, estamos casi seguros que es Leucemia... tiene todos los síntomas.
- ¿Uuuuhhh, complicado eh?- el muchacho se acercó a su hermana que se había sentado en el sillón de la sala y le ofreció un baso de jugo.
- Muy complicado. - su mente volvió al cuarto con la pequeña, la forma en que se sintió al verla en ese estado y de cómo había reaccionado su cuerpo al sentir el contacto con la suave piel, en los lugares donde la tocaba para aplicarle el hielo. Su corazón se había disparado y se había encogido cuando el médico casi había confirmado las sospechas.
- Luciana... Lucyyyyy- la voz de su hermano la sacó de su pensamiento.
- Eh... ¿qué?- un sonrojo empezó a cubrir su cara.
- Hey, ¿en qué te quedaste pensando que estás sonrojada?.
- En nada, vamos a cenar, que tengo hambre, además tenemos una charla pendiente.

Ambos se levantaron y fueron hasta la mesa, donde los esperaba la cena ya servida por el muchacho.

*****

- Vamos hija... debes tomar esto...- Juan estaba sentado en la cama tratando de que Andy tomara algo de caldo, para ganar fuerzas... pero era imposible.
- No quiero tengo el estómago revuelto...
- Solo un poco más...
- Mmm... - Andrea se acurrucó más en las mantas y cerró sus ojos. La fiebre la fue durmiendo, hasta llevarla a la inconsciencia.
- Andy... ¿Andy?... Andrea contéstame - el padre empezó a sacudirla pero no encontró respuesta.

Salió corriendo y subió al ascensor, paró en el quinto piso y golpeó en la puerta con la letra "A". Una muchacho moreno, alto y de ojos celeste abrió la puerta y tomó del collar a un animal que pretendía salir de allí.

- Disculpe la hora, ¿pero está su hermana?.
- Si ya la llamo... Lu... ¿pasa algo?
- Juan... ¿qué pasa?- La morena había escuchado la voz agitada del hombre y en dos pasos estaba parada al lado de su hermano.
- Es Andy... necesito su ayuda. Trato de despertarla pero no me responde...
- Oh, dioses... vaya a buscar al médico, yo iré a su casa.- la morena se calzó las zapatillas y corrió hasta la habitación- Fran dejemos esta conversación para otro día.
- ¿Quieres que haga algo?- la morena le dio un juego de llaves.
- Cierra con llaves al salir.

Luciana bajó corriendo las escaleras y se dirigió hacia la portería, el hombre había dejado la puerta abierta, entró y encontró a Andy, con los ojos cerrados.

- ¿Andrea?- Luciana sacudió su hombro pero no recibió respuesta- Vamos pequeña... tienes que reaccionar... - La morena busca desesperada algo para hacerla reaccionar, encuentra sobre un estante un frasco de perfume. Se lo acercó a la nariz, y lentamente Andrea abrió los ojos y los enfocó en otros celestes.- Hola.
- Hola...

Juan entró con el médico y la examinó. El médico, se levantó y tomó el teléfono.

- Hola... Habla el doctor Traverso, necesito una cama para una paciente que va en camino... se presume Leucemia.
- ¿Leucemia?- Juan se alarmó y sus ojos se llenaron de lágrimas.- pero...
- Juan, prepare los documentos y vístala que yo los llevo.- dijo el médico.
- Voy con ustedes, déjeme unos minutos... voy por mis cosas.- la chica salió disparada por la puerta.

*****

La clínica estaba organizada para recibir a la nueva paciente.
Una habitación blanca y pura le dio la bienvenida. Un grupo de médicos se encargaron de atenderla. Ellos sabían que les esperaban unas duras semanas de estudios de sangre, plasma y algunas punciones en la médula ósea.

Luciana brindó su ayuda al igual que el resto de las personas del edificio. Ella se sentía "atada" a esa pequeña rubia... un sentimiento que quería reprimir, afloraba cada vez que la visitaba en la clínica.

Luciana estaba en una clase, cuando sonó su celular.

- Hola...
- Hola, soy Juan- la voz era triste y llorosa.
- Juan, que sucede.
- Confirmado... Leucemia.
- Oh... dioses... lo siento tanto...
- No se que hacer.
- Cálmese, escuche, termino esta clase y voy a la clínica. ¿El médico habló con usted?
- Sí, ya me dijo todos los tratamientos a seguir. Va a ser muy duro...
- Lo sé... en unas horas estaré allí.

El mes de diciembre estaba siendo terrible. El trabajo en la clínica había aumentado en vez de disminuir, aunque las clases habían terminado, el trabajo demandaba horas que ella prefería pasar con Andrea.

Luciana llegó a la clínica, tomó el ascensor que la llevaría a la segunda planta cuando éste se detuvo, abriendo las puertas para invitarla a salir, la morena vio a su encargado hablando con un par de médicos, probablemente estaría dándole el parte médico de la tarde.
Se acercó al grupo y pudo reconocer en él a uno de sus profesores de la fundación. Esperó a que terminaran de dar las últimas noticias y cuando se retiraba decidió hablar con él.
- Hola Juan... - el hombre saludó a la mujer- espéreme un segundo. - dijo mientras salía detrás del médico.
- Dr. Farías... - el médico se volvió y la observó.- Luciana Solda... estudio en FUNDALEU, además de trabajar allí.
El hombre la reconoció y extendió su mano.
- Ya me parecía que esos ojos me resultaban conocidos.- dijo con una sonrisa.- ¿Pero qué haces aquí?... ¿Algún familiar a quien vienes a ver?.
- Una amiga... justamente con el hombre que hablaban es su padre.
- Ahhh, la paciente Andrea D´Anilo.
- Sí, ¿Cómo está ella?- El médico miró a los ojos azules y negó con la cabeza.
- Muy mal... la enfermedad está un poco avanzada. Debemos actuar rápido...
- Dr... yo estaba pensando... si es posible trasladarla a la fundación... la obra social, no le cubre este tratamiento y por lo que sé, no cuenta con dinero... Usted podría.
- Voy a intentarlo... se lo prometo.
- Gracias - La morena sonrió de forma franca y estrechó la mano de su profesor.

Luciana se reunió con el padre y espero a que la enfermera que hacía unos minutos había entrado al cuarto de Andrea saliera.

- Hablé con el médico, hay una posibilidad de trasladarla a la Fundación.- el hombre que miraba el suelo, levantó sus ojos verdes y los enfocó acuosos en otros azules.
- Pero... el dinero...- dijo preocupado.
- Por eso no se preocupe, yo lo voy a ayudar...
- ¡No!, no puedo permitirlo...
- Juan... quiero hacerlo.

La enfermera salió del cuarto y asintió cuando le fue preguntado si podían ingresar.

- Entre usted... yo estuve hace un rato- dijo con una sonrisa.
- Gracias.

Luciana se levantó y tomó la manija de la puerta, abrió lentamente y una luz blanca se coló por el espacio.
La habitación estaba pintada de blanco, tenía aparatos por todos lados y una cama alta con barandas a los laterales cobijaba el pequeño cuerpo de Andrea, la pequeña mujer estaba semi sentada, y su cara miraba hacia la ventana. Una sábana blanca cubría su desnudez, en ambos brazos tenían conectados IV, por donde le suministraban los medicamentos, que por el momento poco efecto estaban haciendo.

La mujer entró y se puso al lado Andy, giró la cabeza con pesadez y miró a Luciana, una pequeña sonrisa asomó de su demacrado rostro, ojeras profundas se marcaban en la pálida piel. Andrea era ayudada a respirar por un tubo conectado a una máquina y a su nariz, por donde le suministraban oxigeno.
- Hola...- Luciana tomó la pequeña mano y apenas la estrechó. - ¿Cómo estás hoy?
- No lo sé - dijo con voz ronca, nada menos parecida a la voz dulce y alegre que Luciana acostumbraba a escuchar cada vez que requería los servicios del encargado y era atendida por Andrea- me siento fatal... y me debo ver peor.
- Vas a estar bien, Andy... va a ser difícil, pero estaré para ayudarte.
- ¿Qué me van a hacer? - Preguntó.
- He hablado con un médico que resultó ser profesor de la clínica donde yo estudio. Y me prometió intentar ingresarte allí.- explicó.
- ¿Se especializa en esta enfermedad verdad? - la morena asintió.
- Son muy buenos...
- Luciana...- la rubia mujer miró a los ojos azules y se perdió en ellos.- ¿Qué tan mal estoy?.
- No lo sé... - mintió.
- Sabes, no te creo... tus ojos... - Luciana desvió la mirada al verse pillada, Andrea apretó la mano que aún tenía enlazada y susurró- me voy a morir, ¿verdad?

Una aguacero frío cayo por sobre el corazón de la morena, se sentó en la cama y observó ese rostro aniñado y puro.
Miles de sentimientos pasaron por su cuerpo, tomó ambas manos de la chica, observando las conexiones en sus brazos y los crecientes moretones producto de la enfermedad.
Lágrimas se formaron en los ojos verdes y rodaron por sus mejillas, en segundos se vio rodeada de unos fuertes brazos, ella intentó devolverlo pero el cansancio en su cuerpo y los dolores se lo impidieron.

- Andrea, escúchame... - la morena miró a las esmeraldas cansadas- te prometo que no te pasará nada... me entiendes... tienes que ser fuerte... tienes que ser fuerte... yo te voy a ayudar- volvió a abrazarla.- por mi vida que te voy a ayudar.
- Lo siento... es que tengo tanto miedo- el llanto era cortado, las palabras apenas susurros...
- Shhh, descansa... descansa. - Luciana acomodó de nuevo a la chica en la cama y permaneció acariciándole el largo cabello hasta que su respiración se hizo pesada y uniforme señal de que estaba dormida.

Luciana depositó un beso en la frente de la chica y salió del cuarto, Juan estaba acompañado de una señora de corta estatura y rubia, muy parecida a Andrea. Se acercó y Juan las presentó.

- Srta. Luciana... ella es Ángela, la tía de Andrea...
- Mucho gusto- estrechó su mano y se volvió hacia el hombre- ... y por favor Juan, dígame Luciana o Lucy, a secas.
- De acuerdo... ¿cómo está Andrea?.
- Asustada... me preguntó si se iba a morir.
- Oh Dios - exclamó la mujer.
- Le prometí que la ayudaría a salir adelante.
- Gracias Luciana... eres importante para ella... estuvo preguntando por ti toda la mañana- informó el hombre.
- ¿De veras? - se extrañó.
- En serio...

Un calor rodeó el alma de la morena, una sonrisa afloró en sus labios y sus ojos brillaron.
La morena se despidió y se dirigió rumbo a su departamento.
En el garaje de la clínica estaba estacionado su auto, un Chevrolet Corsa de color bordó, se subió apoyó las manos en el volante y dejó salir la angustia que tenía acumulada en el alma. Las lágrimas brotaron amargas y cayeron por sus angulosos pómulos.
El timbre del teléfono celular interrumpió sus pensamientos. Aclaró la garganta y atendió, los nervios se esfumaron cuando escuchó la voz de su hermano.

- Hola, enano- se rió a medias y se secó los ojos.
- ¿Cómo estás? - preguntó.
- Bien ¿y tu?
- Bien... Lu... he recibido otra carta... más fotos.
- ¡Maldición!- exclamó la morena.
- ¿Qué quieres hacer?- los hermanos habían pospuesto la charla el día que Andrea fuese internada y luego no volvieron a tocar el tema, cada uno estaba ocupados en diferentes asuntos como para recordar las fotos.
- Voy para mi casa... te espero.
- Ok, nos vemos en un rato... ¿Por cierto dónde estás?
- En la clínica, vine a ver a Andrea.
- Cierto, ¿Cómo está ella?
- Mal, Franco... muy mal.
- ¿Tú crees que...?- dejó la frase colgando.
- Voy a ser todo lo posible para evitarlo... se lo prometí.
- Nos vemos hermosa.
- Te quiero.
- Yo más.

*****

Luciana llegó a la casa, Argo la recibió como siempre, a los saltos y ladrando, la morena se agachó y la abrazó. La perra aprovechó la situación y empezó a lamerla. La alta mujer se levantó y se dirigió a la cocina y llenó el comedero y agregó agua fresca. Argo se acercó y moviendo el rabo se puso a comer.

El agua caliente resbala por su cuerpo llevándose la espuma en su cabello que ahora son enjuagados para recorre sus hombros, su cuello y tocar sus senos, para luego perderse en el estómago y las largas piernas hasta llegar al suelo de la bañadera.

Luego de aplicarse el acondicionador se lava el resto del cuerpo y sale.
Se cambia con unos jeans desgastados y una remera de tirantes negra, va descalza, le encanta sentir el frío del piso. Se acomoda el cabello en una simple cola de caballo floja y se dirige a la cocina. Hurga en el refrigerador y saca unas cuantas verduras para preparar una suculenta ensalada, de una bandeja saca un trozo de pollo y lo corta en cubos para agregarlo a la misma.
Ordena la mesa y aguarda la llegada de su hermano, mientras coloca el CD de Celine Dion en el estéreo. Toma una copa a la que agrega vino tinto y se sienta en el sillón. Argo la observa desde el rincón y gime, ojos azules se encuentran con otros marrones, la morena palmea su pierna y con voz suave la llama.

- Ven... - la cachorra se acerca rápidamente meneando lo que queda de su cola y se sienta frente a su dueña. Luciana acaricia la cabeza de su mascota y se relaja. La perra puede sentir el ánimo de la morena, se levanta y pone su cara en el muslo de ésta, y gime. Luciana abre sus ojos enrojecidos y mira a su "pequeña", las lágrimas comienza a rodar.- Oh... Dioses - susurra. Y se abandona a los sentimientos.
Desde que Andrea fuese internada, ella ha estado pendiente de su salud, pero cada día que pasa su corazón se va encariñando cada vez mas con esa "niña", y verla hoy en la cama y a todos esos aparatos conectada, cosa que no tenía el día anterior, le partió en mil pedazos el corazón. Sólo quiera Dios que en la fundación la acepten...

El timbre la saca de sus cavilaciones, mira a su lado y se encuentra con Argo, apoyada en su pierna y observándola. Sonríe y le rasca la oreja.

- Gracias Chica...

Se levanta y toma las llaves, atiende el portero y una voz masculina anuncia su llegada.
La morena abre la puerta y se vuelve para mirar a su compañera de piso... ella está parada a unos pasos y su cara la hace reír... es hora de salir. Toma la correa y le hace un gesto con la cabeza.

- Después de todo tu también tienes que ir al baño ¿verdad?
Argo sale disparada hacia el pasillo y se detiene ante la puerta del ascensor. Unos segundos mas tardes sale corriendo por el largo pasillo que la lleva a su liberación. Se agita y contorciona ante la puerta, Franco la mira desde el otro lado y sonríe, Lucy engancha la correa en su collar y abre la puerta.

- Hey, calma, calma... -Franco se agacha y acaricia a la perra, luego se sacude las manos y mira a su hermana... nota los ojos enrojecidos y la angustia en su voz cuando lo saluda.
- Hola... - Franco abre los brazos y la rodea.
- No me gusta verte así Lu... - ojos celestes se encuentran con otros iguales- vamos a dar una vuelta.

Luego de que Argo descargara su vejiga y retozara con otros perros en la plaza. Luciana decide regresar. Franco solo la sigue. No ha podido sacarle nada... pero sabe que en el refugio de su casa, la fuerte y regia morena, cederá.

La mesa está ordenada y la ensaladera se centra en ella, una botella de vino será la encargada de humedecer y perfumar los sentidos.

Luciana ha puesto algo de música y ahora está sentada frente a su hermano menor, carga su tenedor de ensalada y lo lleva a su boca.
Franco la observa y espera que la morena rompa el hielo.
Así se hace.

- Lo siento... es que hoy me ha ocurrido algo realmente malo.- se disculpa.
- Es Andrea ¿verdad?- se aventura el muchacho.
- Sí... está mal... la encontré demacrada, llena de cables y tubos. - Franco toma la mano de su hermana y la aprieta.- me preguntó si se iba a morir, Fran...
- Por los dioses del Olimpo - exclamó.- pero no lo hará ¿cierto?
- No lo sé... eso es lo peor... estoy estudiando para ser médica en esto y no lo sé...
- ¿Y qué le dijiste?- preguntó mientras tomaba un trago de su vino.
- Le prometí que la iba a ayudar a salir adelante.
- Bien... creo que ella necesita apoyo.
- Mañana me contestan en la fundación si la pueden tratar. - Franco la miró ceñudo- es que trabaja un profesor y le pedi...
- Ya... suerte entonces. - Franco se levantó de la mesa y sacó de la mochila un sobre. Se lo pasó a la morena y esperó- Ahora quiero que hablemos de esto.

Lucy hojeó las fotos y sonrió de lado. Enarcó una ceja cuando vio una donde entraba a su casa con otra mujer.

- ¿Qué quieres saber Franco?... Creo que ya eres grande.- dijo sarcástica.
- Ya... ¿es verdad?.
- Sí, pero esto- levantó las fotos- ya no existe... se acabó.
- ¿Entonces...?
- Entonces nada, enano... debe ser ella- Lucy se levantó y trajo una nueva botella de vino.- La corté... le dije que no quería estar mas con ella, pero parece que sigue enganchada. ¿Mamá o Papá las vieron?.
- No, pero casi... intercepté a Bruno cuando le llevaba la correspondencia a papá.
- Creo que debo hablar con ella.
- Igual seguiré atento.- dijo con una sonrisa de lado al igual que su hermana.
- Gracias.
- Lu... - el chico se sonrojó- ¿Cuánto hace que eres?.
- No lo sé... creo que desde siempre. Aunque hace unos años que lo asumí... después que rompí con Roberto y entré a la fundación. Ella estudia allí.- explicó.
- Ahhh, pero...
- No te preocupes Franco, no se hereda... es una elección de vida, no una enfermedad.
- Que va, Lu... solo que me cuesta creerlo de ti... eres tan mujer.- dijo en un susurro.
- Sip, pero deberás tener cuidado...- Franco la miró no entendiendo- Con tu novia... es realmente bonita- dijo seria, pero por dentro se moría por estallar en carcajada al ver el desencajado rostro de su hermano.
- Eeerrr, ¿no lo dirás en serio?- "por que eres tan inocente", pensó la morena antes de ceder a sus ganas de reír.
- Ja, Ja, Ja... tendrías que haberte visto la cara...- la morena se tomaba el estómago y seguía riéndose.
- Pero si serás....- Franco comenzó a reírse y se alegró que su hermana también lo hiciese.

*****

Dos semanas han pasado desde la última conversación con Franco, Luciana ha hablado con Marina su ex, y le advirtió que la dejara en paz, a lo que la mujer solo pudo asentir, pero Luciana no estaba tranquila.

Andrea por fin había sido trasladada a la Fundación y allí era atendida por todo un grupo de médicos especializado en su enfermedad.
La enfermedad se había detenido gracias a los suministros de medicamento, pero esto no la detendrían por siempre, habían descubierto que las células afectadas se adaptaban rápidamente a los medicamentos y esto había llevado a los médicos a aplicar una terapia más agresiva.
Andrea recibiría hoy una de las diez sesiones de quimioterapia programada.

Luciana llegó al centro a las tres de la tarde, luego de clases, saludó a cada persona que la reconocía. Se dirigió hasta la sala donde tenía su armario y cambió su chaqueta por un guardapolvo blanco.
Caminó hasta el ascensor y presionó el número cinco una vez dentro.
Cuando salió de éste torció hacia la izquierda y de nuevo hasta pasar cuatro puertas de madera oscura. El número 523 brilló en sus pupilas y abrió con cuidado la puerta.
La figura de Juan, parado frente a la ventana, mirando a través de ella le impacto, el rostro del hombre estaba demacrado y la falta de sueño se percibía por las negras ojeras que circundaba su rostro.

- Hola... - dijo en un susurro, el hombre se sobresaltó y se volvió para encararla.
- Buenos días.- Saludó, rodeó la cama donde estaba el cuerpo dormido de Andrea a causa de los calmantes y estrecho la mano de la morena.- Gracias por venir.
- Era lo menos que podía hacer.- Luciana se acercó a la cama y acarició la mejilla.- ¿A qué hora la llevan a la sala?.
- A las cinco...- La morena consultó el reloj, faltaba dos horas.
- Juan, tengo que hacer un par de cosas aquí adentro vendré en un rato, cualquier cosa me busca en recepción ¿Sí?.
- Si señorita.

Luciana se agachó y besó la frente sudorosa de la joven, se acercó a su oído y susurró.

- No te preocupes Andy, yo estaré a tu lado.- acto seguido volvió a besarla, pero esta vez en la mejilla cerca de la comisura del labio.

La alta mujer salió rumbo a la sala de médicos. Cuando llegó golpeó la puerta blanca. Una enfermera atendió y la miró de arriba hacia abajo. La morena enarcó una ceja por la osadía y dijo en un gruñido.

- Deseo hablar con el Dr. Farías... por favor- la mujer algo retacona y de cabellos rojo brillante asintió y cerró la puerta en su cara.- Ya verás cuando yo esté aquí pedazo de mier...- en ese momento el hombre salió por la misma puerta y se encaró con la mujer.- Dr. Farías.
- Srta. Luciana...- el hombre extendió la mano que le fue estrechada por una de dedos largos y finos.- ¿Qué necesitaba?
- Disculpe que lo moleste, pero deseo hablar sobre la terapia que va a recibir la paciente de la habitación 523.
- Si, es más, en una momento debo prepararla...
- Lo sé... pero quería pedirle un favor...
- La escucho- el hombre miró atento a la mujer- pero creo saber que es...
- ¿En serio? - preguntó algo sorprendida.
- Quieres participar en su tratamiento... quieres ayudarla en las terapias... como decirlo...- se quedó pensando- ser su enfermera personal.
- Pues... sí algo así...
- Está bien, Luciana, eres una buena estudiante y excelente persona... y si crees que podrás con ello...
- Si Doctor, ella es mi amiga y me necesita... además sé que una enfermera personal sale caro y yo... bueno podría hacerlo gratis. Además vivo en el edificio y cuando Andrea salga podré seguir su estado de cerca.
- Me parece buena idea... Bueno si quieres empezar, podrías ayudarme a prepararla, así te vas familiarizando con los aparatos y ella no se va a sentir tan aterrada.

Ambos caminaron por el pasillo y tomaron el ascensor que los llevaría a la sala donde se les aplicaba quimioterapia, generalmente eran pacientes ambulatorios, pero algunos estaban internados allí y eran trasladados directamente en su cama.
Así que acomodaron el sitio para recibir a Andrea y otro médico trajo todo los medicamentos y los químicos necesarios para empezar la terapia, sólo faltaba la paciente.

Luciana subió acompañando al Dr. Farías, para buscar a Andrea.
Cuando ingresaron al cuarto la pequeña mujer estaba despierta y hablaba con su padre. Las cortinas estaban corridas y dejaba entrar el sol. Sus ojos verdes brillaron al ver a la mujer y una pequeña sonrisa asomó en sus labios partidos.

- Hola... - susurró. El médico sonrió al ver algo de brillo cuando apareció la morena en el campo visual de la chiquilla.
- Hola princesita... - saludó el Dr.- Andrea sabes lo que te haremos ¿verdad?.
- Sí doctor... estoy de acuerdo... sólo quiero salir de esto.
- Bien dicho - el hombre tomó un sobre que tenía una nueva vía para que pudiera ingresar los químicos, le hizo seña a Luciana para que lo ayudara - Lucy, quiero que encuentres una buena vena para insertar esto.
- Está bien. - Luciana tomó con cuidado el brazo izquierdo de la pequeña y palpó hasta encontrar lo que buscaba, insertó la aguja y la sujetó con un trozo de cinta adhesiva. - Listo... ¿Te hice doler?. - preguntó algo avergonzada.
- No, ni lo he sentido... tienes buenas manos.- la morena se sonrojó levemente y le sonrió.
- Bueno, Señor D' Anilo... en un momento la vendrán a buscar y la llevarán a la sala de quimioterapia, usted podrá observarla desde afuera.
- ¿Pero va a estar sola? - preguntó.
- No, Luciana permanecerá con ella todo el tiempo. Ha sido designada su enfermera personal, bajo mi responsabilidad, así que todas las dudas que tengan...- miró a Andrea - pueden preguntarle a ella o a mí. ¿Alguna duda?
- No, Doctor, muchas gracias- Juan estrechó la mano del médico y una lágrima escapó de sus ojos verdes- Gracias por todo lo que están haciendo por ella.
- Es nuestro trabajo... - Se volvió hacia Andrea. - ¿Bueno princesa alguna pregunta?
- Bueno yo quería saber... he oído que con la quimio... - Andrea además de cansada se sentía aterrada, pero el echo de que Luciana estaría con ella la alivió y lo que quería preguntar era algo tan insignificante que al final se calló.- no importa...
- Sí importa... te explico... con el correr de la terapia vas a perder el cabello, vas a estar pálida, débil, vas a tener nauseas y vómitos y vas a maldecir a todo el mundo, porque tu humor va a estar por las nubes... ¿pero sabes?- Andrea lo miró expectante.- nosotros los médicos estamos acostumbrados a eso, para mí, para tu papá y para Lucy, vas a estar tan bonita como cuando te conocimos, ¿sabes por que?
- No... - dijo en un susurró, el médico se acercó y tomó la mano de su paciente.
- Porque dentro de muy poco vas a estar recuperada, y todo eso que un día se fue, como el cabello, va a volver, pero más sano y fuerte que nunca. ¿Entiendes?
- Sí... yo... es que tengo miedo... - admitió.
- Lo sé, pero estamos aquí para ayudarte.

La puerta fue abierta por dos camilleros que se encargarían de llevar a Andrea a la sala. Juan fue el primero en salir y esperar en el ascensor. Luego el médico y cuando Luciana estaba por salir Andrea la detuvo tomándola de la mano.

- Luciana... quiero agradecerte... no tenías que...
- No... sí tenía que hacerlo... no sabes lo importante que eres - ante la sorpresa de sus propias palabras que salían sin permiso de su boca la morena de ojos azules se detuvo. Andrea apretó la mano y la miró a los ojos.
- Tú también eres importante para mí... - azul y verde se fusionaron en milésimas de segundos y solo se atrevieron a separarse cuando uno de los camilleros les preguntó si podían irse.
- Vamos... - Andrea salió del cuarto junto a la morena, que no la había soltado en ningún momento. El calor que irradiaba dicha mano le daba la fuerza suficiente para afrontar el reto más grande de su corta vida.

El cielo está oscureciendo, una chiquilla rubia de pelo largo y ojos verdes, está acostada en una cama de una Fundación especializada en Leucemia, a su lado una mujer de pelo negro y ojos celestes le toma la mano, la mira y le sonríe. Está recibiendo la primera sesión de quimio, los medicamento y los químicos entran por su vena y recorren el cuerpo. Es la primer de muchas que vendrán.
La morena sabe que vendrán tiempos difíciles, sólo espera que ese ángel al que le toma la mano sea fuerte.
La mujer rubia gira la cabeza para perderse en ese océano de aguas calmas. Aprieta la mano que la sostiene y le devuelve la sonrisa.

- Prométeme que nunca estaré sola..- susurra.
- Nunca estarás sola... siempre estaré a tu lado.- afirma.

*****

Fin de la primera parte.
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