Eva notaba la cálida respiración contra su pecho. Sonrió. Lucy aún permanecía con los
ojos cerrados después de esas horas en las que todo lo demás llegó a no importar. Pasó
un dedo dibujando su frente relajada; bajó por su nariz provocándole un leve cosquilleo
que se hizo visible cuando inconscientemente dio lugar a una mueca; siguió por sus
labios, esos labios que podían desprender la pasión de un huracán o calmarla en un solo
instante; llegó a su mejilla y apartó un mechón de pelo negro que le impedía seguir con
su pequeña aventura. Lucy se movió pegando su nariz al pecho desnudo de Eva y murmurando
algo ininteligible. La rubia sonrió, pensar que esa chica tan grande podía llegar a
parecer un cachorrito indefenso era realmente tierno.
Sus ojos verdes la recorrieron. La sábana no tapaba mucho, llegaba a la mitad de su
espalda bronceada y un poco más abajo de la mitad sus muslos dejando totalmente libres
sus piernas morenas entrelazadas con las de la rubia.
-¿Buenos días?- Unos ojos azules la sorprendieron en medio de su inspección.
-Buenos días- Eva le sonrió mientras se acercaba para situarle un beso en la punta de
la nariz.
-¿Qué tal has dormido?
-No he dormido- Confesó clavándole su mirada verde azulada.
-¿Y se puede saber la razón que le roba el sueño a la dama?- Lucy empezó a juguetear
sonriendo morbosamente.
-No has respondido a mi pregunta.- A la morena se le borró la sonrisa al ver que la cosa
iba en serio.
-¿Qué pregunta?
-A la que te hice en el autobús- Lucy suspiró resignadamente comprendiéndolo todo.- ¿Te
irás?
*****
-Eva, tranquilízate- Samy ponía la mano en el hombro de la rubia en un intento de
calmarla y evitar que se levantase por enésima vez de la silla plástica del hospital.
-No puedo... no puedo.- Se tapó los ojos con una mano- Ha sido mi culpa, yo...
-Tú has hecho lo que haría cualquiera ¿vale?
-¡¡¡¡¿¿¿Lo que haría cualquiera???!!!- Se levantó perdiendo por completo la calma- La
mujer que amo esta medio muerta por que yo le negué mis sentimientos, no me apetece
pensar lo que haría cualquiera en mi lugar...
-Eva, por el Amor de Dios ¿te calmarás de una vez?
-¿Alguna de ustedes es familiar de la señorita Lucía Mcgregor?- Ambas se sorprendieron
ante la presencia del doctor que las miraba fijamente a través de sus gafas de montura
rectangular.
-Sí... yo...- Eva apenas pudo tartamudear.
-Por favor acompáñeme usted sola, no se admite más de una visita.
-¿Ha llamado a su madre?
-Por supuesto, en secretaría se han encargado de todo, en poco tiempo llegará. Por
cierto, se encuentra inconsciente, con lo cual no responderá a nada de lo que usted le
diga- El doctor le sonrió amablemente a la vez que cerraba la puerta para dejarle una
mayor intimidad.
En el cuarto solo se escuchaba el monótono y molesto zumbido de la máquina que daba a
entender que ese corazón seguía latiendo. Tenía los ojos cerrados y sus mechones de
pelo negro estaban apartados de su cara a pesar de las gotas de sudor que recorrían su
frente. Un collarín y la sábana verde era toda la indumentaria de su cuerpo permitiendo
la visión del inicio de su pecho y de sus brazos. Un tubo diáfano se incrustaba en su
boca simulando el túnel de entrada y salida del aire.
Eva la miraba desde la puerta con silenciosas lágrimas recorriéndole los ojos que
dibujaban ante ellos una visión acuosa y deforme. Se acercó dando pasos cortos y lentos
como si temiese que en cualquier instante Lucy se levantase para culparla de todo lo
sucedido. Cogió aire; el olor que allí se percibía era realmente molesto, nunca le había
gustado el olor a hospital y ahora mucho menos. Con su dedo comenzó a retirar las gotas
de sudor que le cubrían la cara, tal y como la primera vez que había echo el Amor, pero
ahora era todo tan distinto...
Le cogió la mano acariciando sus dedos y entrelazándolos con los suyos. El tiempo ya no
importaba, para ella esa imagen se había paralizado, sus manos juntas y unidas como si
nunca hubiese pasado nada, como si ese maldito ser al que ambas habían llamado "padre"
no hubiese venido incluso después de muerto a robarle su último suspiro de felicidad.
Se llevó la mano a sus labios y la besó, la besó tiernamente mientras las lágrimas la
invadían de nuevo como el volcán que arrecia volviendo a explotar en cualquier instante
y ese mismo era el instante...
Te amo...- Pegó sus manos unidas a su propio pecho- y cambiaría mi lugar por ti solo
para que no sufrieses lo que sufres ahora.
*****
-Tengo que irme...- Lucy agachó la mirada evitando cualquier contacto visual que la
hiciese ceder ante sus propios deseos.
-Lo sé.- Una lágrima se digno a salir de sus ojos.- Lo peor de todo es que lo sé.
-¿Podrás soportar la distancia?- La morena rompió el silencio que había sido forjado
minutos atrás mirándola en una completa súplica.
-Si estás conmigo puedo soportar eso y más.- Al fin se atrevió a enfocarla de nuevo con
total seriedad.
Lucy pegó su frente a la de Eva tal y como la primera vez que se habían besado en la
tienda de campaña. Notaba su aliento muy cerca acariciando, en un agradable cosquilleo,
su labio superior. No le hacían falta palabras, mataría por estar una completa eternidad
así sin moverse, tan solo mirándola fijamente. Un "te amo" por parte de la rubia rompió
por completo el hechizo para alcanzar la fusión de sus bocas, de sus lenguas, de su
saliva, de su aliento, de ellas mismas... como si lo hubiesen hecho cada día de su vida
y esta sólo fuese una vez más de las otras muchas que formaban parte del juego.
Era la última vez que sus pieles se rozarían de ese modo. ¿Cuánto tiempo pasaría después?
Puede que fuese un "hasta pronto" pero lo inimaginable era un "hasta nunca". Eva deseaba
sentirla al completo, quería que cada instante, cada caricia, cada roce, cada gemido,
cada jadeo... quedase tatuado en sus retinas, en su piel y en su tímpano. Deseaba saber
que a pesar de la distancia ese cuerpo cubierto de sudor era suyo, que esa alma que se
estremecía por dentro le pertenecía. Introdujo sus dedos en su interior y si en ese
instante estuviesen acompañadas por una música de fondo no dudó en creer que estaría en
su punto culminante. Arremetió una y otra vez intentando evitar las lágrimas que la
traicionaron al alcanzar junto a Lucy ese momento en el que cierras los ojos y lo eres
todo durante segundos eternos. Gritó junto a ella, pero de auténtica rabia... Sólo supo
que ya podía morir sin temor a no haberlo sentido todo.
Lucy abrió lentamente sus ojos azules completamente húmedos mirando fijamente a esos
verdes que mostraban la misma imagen. No supo que decir, se abrazó a su pecho como si
fuese la última vez...
*****
-¿Crees que se recuperará?- Eva abrió los ojos para encontrarse una figura maltrecha y
con ojeras observando a Lucy desde la puerta con un gesto tan impasible como doloroso,
mostrando que no podía derramar ni una lágrima más.
-Mmmmh... lo siento me he quedado dormida- Se levantó de la cama de la morena frotándose
los ojos y sentándose en un sofá aparte rezando para que la escena hubiese pasado
desapercibida para la madre de Lucy.
-La veo tan indefensa...- Hizo caso omiso a las palabras de la rubia y se acercó a su
hija mirándola con completa devoción.
-Señora Mcgregor yo...
-Por favor llámame Miriam.- Le sonrió apartando por primera vez la mirada de Lucy.
-Miriam... - La culpabilidad la invadió por completo al pronunciar su nombre- ha sido
mi culpa, yo...
-Nadie tiene la culpa de las desgracias de los demás- le sonrió con total confianza como
solamente una madre sabe hacerlo.- ¿Tú eres la novia de Lucy?
Contuvo por unos instantes el aliento al escuchar la palabra "novia". No, era su hermana
y sólo eso, no podía pedirle nada más. Cuando despertase le contaría toda la verdad y
ella lo aceptaría... de mejor o de peor modo, pero lo aceptaría.
-No... la verdad es que no...- quiso morirse, así literalmente, al decir que no era su
novia, al reconocer de cierto modo que no sentía nada por ella cuando en verdad se
estaba consumiendo por dentro.
-Os habéis peleado... no te preocupes. Ella me ha hablado muy bien de ti, no tienes
porque sentirte incómoda hablando conmigo de lo vuestro.
-En serio que nosotras...
El pitido de la máquina rompió la tensión que se estaba creando. Lucy al fin despertaba
del coma dejando ver el zafiro de sus ojos confundidos ante la estampa que se estaba
llevando a cabo. Una luz que procedía de algún lugar, un techo que parecía estar
borroso con un gris sin vida, su madre que la miraba como si acabase de realizar una
gran proeza; de nuevo más gris, el de un sofá escoltado por un armario totalmente
blanco y por último un verde intenso que reconocería en cualquier lugar, en cualquier
instante, en cualquier situación... Eva, quien sonreía tragándose las lágrimas.
-Cariño... ¿Cómo estás?- Miriam le acariciaba la cara y le agarraba una mano para
besársela.
-Eva...- Se apartó la intubación de la boca únicamente para decir esa palabra, sin
fijarse tan siquiera en su madre.
La rubia se dio la vuelta para irse. Creía que podía afrontarlo, pero dolía, el dolor
le desgarraba el alma y no podía pronunciar ni por asomo algo como "soy tu hermana" o
peor aún "lo nuestro no puede seguir". Una mano la frenó en su intento de salir de la
habitación. Miriam la miraba suplicándole que no se fuese, que no dejase de ese modo a
su hija.
-Os dejaré hablar... avisaré al doctor de que Lucy ha despertado- No permitió una
respuesta por parte de Eva, de golpe cerró la puerta a sus espaldas.
No podía voltearse, sentía esos ojos azules clavándose en todo su ser y afrontarlos de
frente era algo que siempre le costó hacer y ahora que se sentía el ser más pequeño,
más absurdo y más repugnante del mundo estaba segura de que saldría perdiendo en la
batalla. Suspiró y apoyó su frente contra la puerta cerrada deseando que ocurriese
cualquier cosa para evitar lo que posteriormente vendría.
-Eva...- Lucy repitió suplicando- siento haberte llamado de ese modo...
Sonrió apoyada contra el marco. Lucy no cambiaría nunca, antes se echaba la culpa de
todo que aceptar que alguien que quería había cometido un error.
-Tenemos que hablar...- fue lo único que se atrevió a decir después de unos segundos de
silencio.
-¿Por qué me has dejado?- Lucy agarró su mano cuando la rubia se sentó en el borde de
su cama.
-Por favor no me toques...- Eva tragó saliva y apartó su mano.
-Lo siento.
-No es tu culpa. Es toda mía por no saber como decírtelo. Si yo lo hubiese hecho desde
el principio, si te hubiese explicado las cosas como realmente son o si simplemente me
hubiese suicidado, ahora sería yo la que ocuparía tu lugar...
-Eva...
-Déjame seguir.- Levantó una mano para negarle ninguna explicación o palabra de consuelo.-
No es fácil lo que te voy a decir y no te pido que lo entiendas. Lo que sí te pido es
que comprendas la razón por la cual lo nuestro no puede seguir.- Suspiró- Te amo, te
amo más que a mi vida. Has sido mi primer y mi único Amor...- comenzó a llorar. Lucy le
borró una lágrima con su pulgar.- No me toques...
-Pero...
-Pero no quiero que me toques...
-Has dicho que me amas.
-¡No lo entiendes!- Eva se levantó de la camilla para evitar así un futuro contacto
entre ambas.
-Explícamelo
-No es fácil...- quiso morirse, lo deseó con toda su alma, que si Dios la escuchaba en
ese momento se la llevase sin dilaciones- Somos... hermanas...
-¡¡¡¡¿¿¿Cómo???!!!- Lucy intentó incorporarse pero un dolor se clavó en su pecho. Ya no
sabía si por las palabras que acababa de escuchar de la boca de Eva o por el accidente
que acababa de tener.
Ya estaba, había sido más fácil de lo que se imaginaba. Ahora solo tendría que irse y
mirarla por el resto de sus días como si fuese su hermana...
-Eva... no es posible.
-Sí, lo es...- Ahora llegaba la peor parte...- El hijo de puta de mi padre... Sí, ese
mismo que dejó embarazada a mi madre y se fue; sí, justamente ese que solo buscaba su
nacionalidad y su autosatisfacción; ese...- tragó las lágrimas- es a quien tu también
llamabas padre...
-Bésame...- Una sonrisa se dibujó en el rostro de Lucy.
-¿Qué?- Eva no comprendía nada. Acababa de decirle que eran hermanas ¿y ella quería
besarla?
-Por favor bésame... por última vez...
*****
El aire de la mañana se reflejaba en el ambiente. Eva le ayudaba a meter la última
bolsa de su equipaje en el maletero. No se atrevía a decir nada ¿Cuándo volverían a
verse? No lo sabía y tenía miedo de estar sola. Se había acostumbrado a su presencia, a
sus palabras, a sus ojos... y ahora todo lo que quedarían serían conversaciones eternas
por teléfono donde ni una ni la otra podían llegar a tocarse realmente. Metió sus manos
en los bolsillos esperando la odiosa despedida peliculera que tarde o temprano se
llevaría a cabo.
-Gracias por ayudarme.- Lucy se apoyó contra el maletero.- Hey... mi amor ¿estás bien?
-¿Crees que puedo estar bien si te vas?- Se acercó y empezó a juguetear con los dedos
de la mano de la morena.
-No te preocupes.- La obligó a mirarla pero se apartó de nuevo.- Prométeme algo.
-No sé si podré...
-Tú tan sólo hazlo.- Le sonrió y se acercó a ella agarrándola por la cintura.- Quiero
que seas totalmente feliz aunque yo no esté. Da igual donde me encuentre... tú sabes
que te pertenezco.- Lucy se acercó muy tiernamente a sus labios.- Promételo.
-Lo prometo.- Eva sonrió y volvió acercarse como si eso sellase el pacto que acababan
de hacer.
Lucy la miró por última vez. Le acarició la mejilla borrándole una lágrima y se subió a
su Meganne negro. "Te amo" fue lo último que salió de su boca. Cerró la puerta sin
querer mirar hacia atrás. Sabía que se arrepentiría si dirigía su mirada al espejo
retrovisor y veía allí parada en medio de la acera a Eva. Simplemente metió la primera
y arrancó a toda velocidad en un intento de olvidarse de todo.
Eva se sentó en el bordillo donde había estado el coche de Lucy. Apenas se había ido y
ya la echaba de menos. Comenzó a dibujar con su dedo índice en el asfalto a la vez que
las gotas que llegaron a ser sus lágrimas marcaban un camino enlutado allí donde caían.
Sentía que no era nadie, sentía que no podría soportarlo...
*****
Eva pegó a los labios a los de Lucy sintiendo ese cálido aroma que le daba la vida de
nuevo. Notó como sus lenguas se iban entrelazando, como su respiración se aceleraba y
como ningún arrepentimiento la llenaba por saber que eran hermanas. Comenzó a separarse
cuando la intensidad disminuyó por completo. El cosquilleo perpetuo que sentía cuando
estaba con ella se incrementó haciéndola sonreír cuando se apartó del todo.
-Te amo... está mal, horriblemente mal, pero no puedo verte como mi hermana.
-Yo...- Lucy le sonrió mirándola con absoluta devoción.- también te amo... y pase lo
que pase júrame que intentarás... ser... feliz...
Si Lucy hubiese podido decir algo más lo habría dicho. La falta de aire le impedía
articular cualquier palabra. Un dolor delirantemente intenso se instalaba en su cabeza.
Todo se iba. Todo transcurría a cámara lenta. Los ojos húmedos de Eva, de nuevo ese
cuarto gris sin vida, se desvanecía ¿Por qué? Intentaba moverse y sólo escuchaba como
la máquina que marcaba su ritmo cardíaco entonaba un ritmo diferente, cada vez más lento
hasta quedar en un absurdo piiiiiiiiiiiii... ahí todo se volvió oscuro tenía miedo,
miedo no, rabia por dejar a Eva, por no volver a verla más.
-¿Lucy?
-... ... ...- sólo silencio.
-Cariño, Lucy... por favor.- Las lágrimas la traicionaban.- ¡Maldita sea, Lucy! ¡No me
dejes! ¡Lucy!- La rabia la llevaba a golpearla en el pecho como si así pudiese
despertarla de nuevo- Lucy, mi amor... no me dejes. Te amo, me da igual lo que unos
papeles puedan decir de nosotras... pero no me dejes. Te amo... no quiero perderte Lucy.
Mi niña... mi niña grande ¡¡¡No me dejes!!! No soy nada sin ti...
-¡Por favor, apártese!- El médico acababa de entrar con cara de auténtica preocupación.
-¡¡No la toque!!- Eva se abrazaba al cuerpo sin vida.- ¡Es mi culpa! ¡Sólo quiero que
me perdone!- Se aferraba a ella.- Usted tenía que haberla salvado ¿Dónde se cree que
estaba? Ahora no tiene derecho a tocarla... Lucy, cariño, no soy nada sin ti...
*****
Eva metía las manos en los bolsillos con la mirada clavada en el suelo. Ya no lloraba,
demasiadas lágrimas derramadas ya. Levantó sus ojos verdes un instante para encontrarse
con el ataúd cubierto de todo tipo de rosas en el que se encontraba el cuerpo sin vida
de Lucy. ¿Rosas? Eva dibujó una leve y triste sonrisa... Su flor favorita.
Dolía. El dolor la consumía por dentro. "Es tu culpa" algo se lo repetía una y cien
veces y ella lo sabía, no hacía falta que se lo repitiesen hasta la saciedad. Quería
morir, ahora sí que deseaba morir. Miró a la madre de Lucy quien le había puesto la
mano en su hombro. Su cara lo debía decir todo para recibir ese acto desprendido de
consuelo.
-No ha sido tu culpa- Miriam se atrevió a romper el silencio.
-No es momento para echarse la culpa de nada- Si las miradas matasen la madre de Lucy
moriría en ese mismo instante.
-¿Te apetece sentarte?- A Eva ya le apetecía cualquier cosa antes que quedarse junto a
la tumba de Lucy macabramente situada al lado de la de su padre.
No dijo ni una sola palabra. Parecía encontrarse en un estado de shock donde todo era
una malvada pesadilla y ella la protagonista torturada a cal y canto sabe Dios por
quien. Se apoyaron contra la madera rojiza de un ciprés. A Eva siempre le había parecido
el árbol más triste y solitario de la tierra, ahora... casi llegaba a comprender la
razón de semejante prejuicio.
-No te sigas torturando por algo que no has hecho.- Eva permanecía estática con los ojos
clavados en la hierba tan sólo movida por el viento invernal que se había echo presente
desde el comienzo del funeral.- Es mi hija y me duele en todo el alma, pero ya no puedo
llorar más. Mi esposo falleció hace unos días, mi hija acaba de morirse...
-Si tanto le molesta soltarme sus palabras de consuelo puede ahorrárselas.- Al fin la
rubia reaccionó tajantemente ante el sentimental discurso que estaba escuchando.
-A Lucy le importabas y mucho.- De nuevo pasó por alto las palabras de Eva para
continuar- y por una pelea que hayáis tenido no quiere decir...
-No tiene ni idea de lo que ocurrió...
-No quiere decir...- Continuó- que dejase de amarte un solo momento. Sé que estaba
afectada por lo tuyo a pesar de la muerte de su padre. Sabía de sobra que era su
padrastro pero no por ello...
-¿¿¿¡¡¡Su qué!!!???- Eva sintió como si cientos de lanzas juntas se le clavasen en el
cuerpo, en el corazón, en el alma... ¿El Amor de su vida estaba muerto por una estúpida
confusión?
-Su padrastro... yo ya había conocido a Jonh antes de que consiguiese su nacionalidad,
pero después se fue sin más. Yo me sentí engañada y una noche cualquiera me entregué al
primer hombre que se cruzó en mi camino... y bueno, no sé cual fue la razón de su
regreso pero le dio sus apellidos a Lucy y la trató como a su propia hija.
Eva se levantó dejando allí parada a Miriam. Tan sólo corrió, corrió desesperadamente
hasta la tumba. Le debía una explicación a Lucy, a si misma, al mismo Dios. ¿No eran
hermanas? ¡Maldita sea! ¿¡Qué era todo este siniestro juego!? Se puso de rodillas sobre
la piedra blanquecina que contenía el nombre de Lucy. Delineó las letras doradas una y
otra vez, para echarse a llorar desconsoladamente. Se puso la mano en el pecho para
comprobar si aún latía; en verdad latía pero de pura inercia y sólo lloró de forma
lamentable hasta que se quedó dormida sobre la lápida. Nunca había dormido sobre su
pecho, por primera vez sentía que lo hacía...
*****
<<Juntas en todos mis recuerdos/ veo tu sonrisa / en todos los recuerdos que
llevo dentro/ mi amor, tu sabes que te amaré hasta el final de los tiempos>>
Cariño, ha pasado un año desde tu muerte... no me culpes si no he venido a verte
pero mi corazón ha muerto cuando has muerto tú y duele, duele demasiado. Te he traído
rosas rojas... tus favoritas, justamente ocho como ocho fueron los días más felices de
mi vida a tu lado.
Te juré intentarlo, fue lo último que me pediste y eso se ha quedado anclado en mi como
cada uno de tus besos. Te amo y no he podido amar a nadie más desde que posaste tu
mirada tenue en mí, desde que me tocaste por primera vez, desde que sé que soy tuya
hasta el fin de los tiempos. Pero mi vida carece de sentido. Si me clavasen la hoja de
una navaja en el pecho no saldría sangre sino lágrimas con tu nombre. He muerto, el
mismo día que cerraste tú los ojos. Mi cuerpo está aquí pero mi alma se ha ido contigo.
Me martillea en la cabeza cada recuerdo tuyo y duele, duele ¡Por el Amor de Dios, duele
demasiado! Me siento como el verdugo que te quitó el aire, como si dieses tu vida para
salvar la mía, como si yo misma apretase el gatillo que dejase huir la certera bala.
¡¡¡¡¿¿¿¿Por qué me dejaste????!!!! Yo te amaba... tanto que besaría los pasos que tú
dieses. ¿Tanto daño te he hecho? ¿Tan cruel he sido que debo pagarlo estando sin ti?
Pues mi vida... soy una cobarde. Debí haber acabado con todo cuando tuve ocasión.
¡¡¡¡Mi amor, bajo esa lápida tenía que estar yo!!!! Daría cada gota de mi sangre, cada
hálito, cada palabra, mi vida entera por que tu estuvieses aquí y yo bajo tierra
pudriéndome con la calaña que me merezco. ¡¡¡Dios, si me escuchas llévame!!! O que lo
haga el mismísimo diablo. Quiero despertar de esta pesadilla, que note de nuevo tu peso
sobre mí, verte, ver tu sonrisa... esa que sólo me dedicabas a mi. Te he matado yo...
mi amor... te he matado yo...
No se como volver a ti pero sé como intentarlo. Lucy... te amaré por siempre y aquí
sobre ti quiero morir. Porque sino me clavo yo el filo, moriré de Amor... sólo tengo
que empujar con fuerza, que la estocada llegué al interior, que se clave en mi, en mi
ser, en mi cuerpo... es como una quemazón... al principio duele... pero no te preocupes
cariño... que no duele tanto como estar sin ti... estaré contigo... hasta el fin de los
tiempos... pronto... muy... Pron... to.
Yo, Valky, simplemente soy quien escribió esta historia. Lo que pasó después no lo sé,
pero Lucy y Eva han sido mis personajes durante casi año y medio y lo que sí tengo
claro es que donde quiera que ahora estén; sea el cielo sea el infierno, sean los
Elíseos o el Tártaro, el Purgatorio o el Limbo... si sus almas están juntas no
importará todo lo demás. Se pertenecen y se pertenecerán hasta el mismísimo Apocalipsis...
------Fin------
Si quieres matarme, agredirme, apedrearme, ligar conmigo o simplemente hablar como
personas civilizadas... escríbeme a Valky89@hotmail.com
sería todo un honor recibir tu opinión y ahora que he acabado sólo me queda decirte GRACIAS,
gracias por cada minuto que has invertido en mi. Con mucho cariño...
Valky