Renuncia: ¿Lo de siempre? Bueno... vale, pero sólo porque me caéis bien: Esta historia está basada en los personajes de Xena the Warrior Princess por lo tanto no tengo ningún derecho sobre ellos (ya me gustaría :p), eso sí, esta historia es mía por lo tanto si en algún arrebato de locura quisieras copiarla o hacer cosas perversas con ella deberías avisarme (e invitarme jeje).
Advertencia: Por curiosidad ¿alguien lee esto? Bueno da igual. A ver... el contenido de este fan fic posee una relación explícita entre dos personas del mismo sexo sino te gusta lo que hago que sepas que no diré nada sin la presencia de mi abogado. También tiene alguna palabrita por ahí suelta que es poco adecuada osease, algún taco. (No queremos que los niños lean esto y le ponemos que hay relaciones entre mujeres y palabrotas... no me extraña que al final lo acaben leyendo, es que los tentamos).
Agradecimientos y dedicatorias: Bien, esto se lo tengo que agradecer en primer lugar a Tazey (que no sé como todavía aguanta este dichoso ff), a Eugenia que fue justo cuando estaba en la mitad de tu ff cuando me vino la inspiración, a Bea que me pide que siga, a Laura y a Xisa que son la leche!!!!, a Isa para que tome ejemplo de Eva y se me frene un poco y mi suegra porque me ha invitado a un actimel. Y gracias a todos los BARDOS y a todos los LECTORES que gastan su tiempo en mi.
¿A quién se lo dedico? A mi niña. Porque sino fuese por ella no podría saber lo que siente Lucy, ni la desesperación de Eva... ni que... puuuff la vida es perfecta desde que está conmigo. Por supuesto también se lo voy a dedicar a Raver Djin, por ser como es que ya es mucho. Espero que las cosas te vayan mejor.


HUIDA COBARDE, POR UN AMOR IMPOSIBLE

Por Valky

Cuarta parte

Eva se aferraba a Samy como si le fuese la vida en ello. Acababa de dejar a Lucy. Se sentía el ser más despreciable que existía en el mundo. ¿Cómo podía hacerle daño de ese modo a la persona que amaba? Si le hubiesen clavado una espada en el pecho juraría que le hubiese dolido menos. Se apartó de su amiga e intentó contenerse mientras fijaba la mirada en ese móvil que estaba empezando a odiar, como si fuese el contrato con el que acababa de vender su alma. Un mechón de pelo rubio, tan claro como contrastante resultaba su piel, le caía como una cascada ante el destello esmeralda, intensificado por las lágrimas, en el que se habían convertido sus ojos. Levantó la mirada y la clavó en su amiga, tan fría y tan llena de odio que cortaría la respiración al más ostentoso.

-No puedo vivir así...- Susurró levemente mientras con sus dedos delineaba las teclas del teléfono.- Por favor Samy, no puedo... deja que acabe con este maldito calvario... solo tienes que irte, nadie te echaría la culpa de mi muerte.

-¡¿Estás loca?! Nada puede ser tan terrible que no tenga remedio.- Eva permanecía en silencio.- ¡Dime algo!.- Gritó enfurecida solicitando una respuesta.

-¡Qué te diga algo! ¡Estoy harta de que me exijan! ¿Quieres saberlo? Eso es lo que quieres... pues muy bien, abre el periódico por la página de necrológicas a ver si encuentras una miserable razón por la cual yo pueda o no suicidarme... pero claro ¿tú que vas a ver si te parece todo perfecto?

Samy lo dijo todo con una mirada y prefirió callarse porque comprendía la situación en la que se encontraba su amiga, si estaba al borde del suicidio no debía tener muy bien algo dentro de esa cabecita. El periódico estaba sobre una estantería, como si hubiese sido colocado allí en un arrebato de ira, con las hojas arrugadas y con cierto desorden. Estaba abierto justamente en la sección de esquelas y aunque no lo comprendía muy bien leyó con paciencia el nombre del desafortunado fallecido que en letra negra resaltaba el seudónimo que le unía a esta vida. Le resultaba ligeramente familiar, pero no tenía la menor idea de donde había escuchado ese apellido anglosajón: "Jonh Stivenson Mcgregor fallecido a la edad de 53 años después de una enfermedad que marcó la última etapa de su vida en la localidad madrileña de Leganés..."

-Hombre Eva, era joven pero no es para que te lo tomes tan a pecho.- Dijo intentando bromear un poco.

-Vete a la puta mierda...- Eva recapacitó ante sus palabras, no pretendía ser tan borde.- Lo siento, mira vete, quiero estar sola ¿Entiendes? No te imaginas lo difícil que está resultando esto para mi... gracias por todo, pero vete.

*****

La luz se infiltraba sigilosamente por la tienda de campaña envolviendo el ambiente en un azul verdoso a causa de la diáfana tela del mismo color.

Eva estaba como hipnotizada; los labios de Lucy eran mucho más suaves de lo que sus mejores sueños podrían mostrarle. A pesar de que sus pensamientos estaban totalmente colapsados se sentía capaz de compararlo con tener el más dulce de los caramelos en su poder, como el cosquilleo impertinente, que en cierto modo te corta la respiración, antes de subirte a un escenario y que se disipa levemente- pero sólo levemente- cuando comienzas a hablar ante la escrutadora mirada de unos espectadores. Se estaba dejando llevar. No sabía hasta que punto era recomendable, pero le estaba importando más bien poco. Sintió como en un acto del más reverente atrevimiento Lucy puso la mano en su costado, con la explícita intención de ir subiéndola como en un acto tan imprevisto como anhelado. Eva reaccionó; fue ese gesto por parte de Lucy lo que la trajo a la realidad. Estaban yendo demasiado rápido y para una vez que le importaba la persona que tenía enfrente, no quería echarlo todo a perder por un deseo mal controlado.

Se separó de sus labios, muy a su pesar, e intentando contener un poco la respiración alterada por el pequeño instante de pasión le dijo a la morena que quería ir más despacio. Lucy suspiró y le dedicó la mejor de sus sonrisas y dándole un beso en la nariz le dijo de la forma más sincera que encontró un "cuando tu quieras será el momento perfecto" y se acurrucó a su lado con intención de dormirse.

-¡Oye!- Eva mostró una muy bien fingida indignación- pero lo que te he dicho no impide que me beses...

Lucy sonrió- mmh... eres una pequeñaja un tanto exigente. ¿Sabes que si te beso puedo ser el diabólico ser que intente llevarte al más dulce de los infiernos una y otra y otra y otra... vez?.- Exageró mientras le guiñaba el ojo.- Así que... abstinencia.

-Tú quieres morir joven.- la rubia se abalanzó sobre ella haciéndole cosquillas.- ¿Te rindes o aún aguantas a esta pequeñaja exigente?

-Jajajajaj de acuerdo, de acuerdo ajajjaja... soy tuya, hazme lo que quieras.... Pero cosquillas no!!!!!!!!! jajajaj.

*****

-No tengo por qué darte explicaciones de por qué quiero suicidarme o no.- Soltó a bocajarro Eva mientras caminaba con paso decidido en dirección al ascensor.

-Eva, ¿Qué he hecho mal? Acabo de enterrar a mi padre y estoy aquí, a más de quinientos kilómetros de mi casa sin poder llorarle tan siquiera y todo por ti...

-Yo no te pedí que vinieras- La cortó la rubia quien había adquirido un color pálido al escuchar lo de la muerte de su padre.

-Y yo no te pedí que me dejaras...- puso la mano en la puerta del ascensor para que no se cerrase.

-¿Acaso no te enteras de que lo nuestro no puede ser? Eres una patética ilusa Lucy.- Eva empezó a pulsar el botón para bajar de una vez.- Sino se ha dado cuenta señorita Mcgregor... lo mío no son las relaciones a distancia.

-Desde el primer instante te pregunté si podrías soportarlo y me dejaste muy pero que muy claro que si estaba contigo soportarías eso y más.

-Pues ya ves que no.- Eva salía del ascensor frustrada al ver que Lucy no la dejaría bajar através de ese medio.- Soy... ¿Cómo me llamabas? Ah sí... "una pequeñaja exigente".

-¡Maldita sea Eva!- Lucy se puso frente a ella impidiéndole el paso. Era más que evidente que había perdido la paciencia.- ¡Mírame a los ojos y dime que no me amas! ¡Venga! Sólo que tienes que decir tres palabritas... "no-te-amo" y te dejaré tranquila. Rehaz tu vida con quien te de la gana pero dame una razón para no seguir intentándolo...

-Yo...- Eva cerró los ojos por un instante. Tenía claro que lo suyo no podía ser, con el tiempo Lucy se olvidaría de todo... la odiaría cierto, pero la habría olvidado. No supo de donde sacó fuerzas, pero clavándole la mirada helada e insensible le hundió en el pecho la última estocada.- No, Lucy. No te amo.

*****

-Eva... son las cuatro y media de la mañana ¿Adónde quieres que vaya?- Dejó el periódico en una esquina y se sentó en el borde de la cama esperando alguna reacción adversa por parte de su amiga. Le puso la mano sobre la suya en un pequeño gesto de comprensión.- Puedes contar conmigo...

El llanto de Eva no le permitió continuar. Sus lágrimas eran de auténtica rabia. Dio un golpe contra la pared y dejó allí su mano mientras clavaba sus uñas en el azul pálido que cubría los tabiques de su cuarto. Samy no sabía donde meterse. ¿Qué cosa podía ser de tan extrema gravedad para llevar a su amiga a semejante estado de desesperación? Se agachó a su lado y le puso una mano sobre la rodilla intentando que se calmara un poco.

-Eva.- Sonrió para si.- Si hablamos sé que te sentirás mejor. Llorando no arreglarás nada.- Le pasó el dedo pulgar borrándole una lágrima.- Túmbate y relájate ¿si?- Suspiró.- A ver peque... ¿Por qué tienes que dejar al amor de tu vida?

-¿Por qué?.- Eva parecía alterarse de nuevo. Se sentó en la cama y clavándole los ojos de la manera más radical sentenció: ¡¡¡Maldita sea porque es mi hermana!!!

*****

Al escuchar esas palabras que se repetían desde ese instante en su cabeza - No, Lucy. No te amo- se quedó con la mirada fija en la escalera. Eva no se movió, quería echar a correr y olvidarse de que le había roto el corazón a la persona que más amaba, pero no podía. Intentó decir, o más bien tartamudear algo, pero fue interrumpida por el puño de Lucy que enfurecido dio contra la pared. La miró con los ojos húmedos pero llenos de rencor dejando escapar de su boca el único calificativo que se le ocurría para caracterizar a la rubia.

-Eres una maldita zorra.- Se dio la vuelta y sin mirarla más bajó las escaleras con una rabia que la consumía por dentro. ¿Cómo podía haberla engañado de ese modo? Incluso ella lo había dicho: "eres una patética ilusa".

Eva no pudo soportarlo más. Esas palabras le habían calado el alma. Apoyando su frente contra la pared desechó su rabia en amargas lágrimas mientras caía de rodillas olvidando los apuntes y los libros de Historia Contemporánea que resbalaban por los escalones dejando en el fondo un perfecto desorden. Tenía que haberme suicidado. Muerta no le haría el daño que le estoy haciendo. Me odio... ¡joder! soy el ser más rastrero de este mundo. Maldito sea el momento en el que entraste en mi casa Samy... maldito sea el momento en el que creíste que me estabas dando una oportunidad.

Lucy subió a su Meganne negro y se ajustó las gafas de sol. No le apetecía largarse a Madrid, tan solo evadirse. Encendió el coche y se escuchó el monótono y conocido acompañante que resultaba ser el motor. Metió la primera y arrancó dejando una nube de polvo tras de si. Conducía de forma automática, sus pensamientos no estaban precisamente en la carretera, estaban en esos recuerdos que la marcaban a fuego mientras se aferraba al volante como si fuese su único modo de vida...

Se acordaba de su primera vez, la primera vez que ella y Eva habían sido una sola, la primera vez que se sintió como una niña pequeña sin saber que hacer. En otra ocasión esto le provocaría una sonrisa. Ahora... ahora solo era el recordatorio de que había sido engañada, manipulada y manejada al antojo de la rubia. No podía seguir así... no podía hacer como si nada mientras las imágenes transcurrían por su mente de la forma más cinéfila y malvada. Dios... recordaba como si fuese en ese mismo instante cuando se pegó a su cuerpo, cuando poco a poco le iba desabrochando esa camisa que parecía tener más botones que nunca, cuando dejó viajar su lengua en el más peligroso de los recorridos que buscaba encontrar detrás de cada curva el lugar perfecto que haría reaccionar a Eva de ese modo en el que solo la había visto ella: cerrando los ojos y dejándose llevar a la entrega absoluta que la "pobre ilusa" creía que hizo porque la amaba...

La bocina de un coche la devolvió a la realidad, a toda velocidad y en dirección contraría venía un Seat plateado que parecía estar jugueteando en plena ciudad a las carreras con otro del mismo color. Lucy pegó un volantazo en último instante con la esperanza de esquivarlos, lo que llevó al Meganne a empotrarse de lleno contra la hilera interminable de coches que recorría la acera. Los peatones, algunos curiosos otros con pretensión de ayudar, se acercaron rápidamente al lugar de los hechos. Lucy no pudo ver mucho más, sobre el volante cerró los ojos y se dejó llevar...

*****

Era el último día de viaje. Eva estaba recogiendo su ropa para meterla en la maleta mientras sonreía recordando como había empezado todo: como días atrás se había chocado con Lucy en el autobús, sus repentinos tartamudeos al encontrarse con ella, como le había ofrecido su bebida con una pose incluso ridícula, las infinitas interrupciones de Santi, las horas que había pasado imaginándose como podía decirle lo que sentía... Se rió al recordar el puñetazo que le había dado al profesor de surf y como por su culpa no pudieron tener las tan esperadas clases y estuvieron tragándose unos monumentos tras otros acompañados por las pedantes explicaciones de su queridísimo profesor de matemáticas que parecía haberse tragado el atlas.

-Uy... ¿Por qué sonríe la princesa?.- Lucy se había acercado por detrás mientras le daba un beso en la mejilla.

-Me estaba acordando de cómo te conocí.- Confesó Eva mientras se giraba quedando frente a frente con la morena.

-Muy entretenido el no dejarme pasar en el autobús mientras te lo montas en grande con tu amiga Cris.- Se agachó para besarla.

-Mmh... soy muy ¿espontánea?- Eva sonrió y recorrió el espacio que la separaba de los labios de Lucy.- Sí, esa sería la palabra.

-No, no exactamente. Es más como...- Volvió a besarla haciéndola retroceder hasta la pared del almacén donde se guardaban las maletas.- una chiquilla muy elocuente.

-No te imaginas cuanto.- Sentenció Eva atrayéndola de nuevo a su boca.

-Oye... ¿A ti no te ofendía que te llamasen chiquilla?

-¿A mí?- Fingió sorpresa.- Te equivocas de persona.

Lucy se acercó de nuevo con una sonrisa cómplice iniciando un lento descenso con sus labios por el cuello de Eva. No les preocupó mucho el lugar donde estaban y las muy posibles interrupciones que sufrirían. La rubia se dejaba llevar, a pesar de no querer perder el norte, pero era ya demasiado tarde, se encontraba atrapada entre la pared y el cuerpo de Lucy que seguía con su pequeño juego de seducción. ¿Qué rayos le daba esa mujer para hacerla perder la coherencia de semejante modo? Las preguntas parecieron evaporarse cuando notó que las manos de la morena se acercaban lentamente bajo su camiseta mientras le susurraba al oído un "te quiero". Eva sabía que tenía que parar, que llegarían en cualquier momento sus compañeros con el equipaje o, aun peor, el tío de Lucy, pero llegó un momento en el que le dio igual, si a alguien no le gustaba lo que veía...

-¿Interrumpo algo?- Ambas se separaron de golpe ante la mirada confusa que les dirigía Cris desde la puerta.

*****

-¡¿Qué Lucy es tu hermana?!- Samy se había quedado de piedra. Hubiera esperado cualquier desastre mundial, una guerra nuclear y ya en un caso extremo el Apocalipsis antes que eso.- No puede ser cierto, ni siquiera os parecéis, no... no lo entiendo.

-¡Pues ahora ya lo tienes clarito! ¿Crees que puedo vivir viendo a Lucy como mi hermana? ¿Hablar con ella y no sentir nada? ¿Sentirme el ser más asqueroso del mundo al haberla besado? No tienes la menor idea del asco que me doy...- Eva empezó a llorar de nuevo ante la perplejidad absoluta de su amiga.

-Pero Eva ¿Estás segura de lo que dices? ¿Cómo es posible?

-¿Es qué no lo ves?- Su voz se había calmado un poco para darle una explicación- Lucy es hija del desvergonzado hijo de puta que dejó embarazada a mi madre y que está empeñado en joderme la vida incluso después de muerto...

-Pero ¿quién te ha dicho semejante cosa? Como sea mentira me lo cargo.

-¡No tienes a nadie a quien cargarte!- Eva perdía la paciencia de nuevo al ver como su amiga no comprendía lo que pasaba.- ¿No me llamó Lucy diciéndome lo de la muerte de su padre? ¿No pone en la necrológica los nombres de la familia? ¿No sabes que ella se apellida Mcgregor? Dios... siempre creí que era una irónica coincidencia que la persona que más odio y la que más amo se apellidasen igual.

-Pero tú no llevas... - Se vio interrumpida de nuevo por las explicaciones de Eva.

-Lo sé... no llevo el dichoso apellido, llevo los dos de mi madre. Es ese el cerdo que quiso hacerme la última faena. ¡Lo odio! ¡Lo odio! ¡Maldita sea, lo odio!

-Por favor cálmate...- Samy no es capaz de decir nada más, incluso ella necesita asimilar semejante noticia.

-Quiero morir. No quiero hacerle más daño a Lucy. Quiero cerrar los ojos y desaparecer sin causarle dolor a nadie. ¿Una solución? No hay ninguna, Samy. Lucy seguirá siendo mi hermana haga lo que haga. Joder, ni tan siquiera estoy segura de lo que quiero hacer: no quiero morir, pero mucho menos vivir sin ella.- Samy simplemente se acercó a su lado y la abrazó en un intento vano de consolarla.

*****

-No, no... no interrumpes nada.- Lucy intentaba sonreír como si no sucediese nada.

-A mi no es que me importe mucho lo que estabais haciendo.- Por dentro se repetía una y otra vez "lo sabía, lo sabía".- Pero viene Santi con algunos equipajes y no es por fastidiaros vuestro nidito de amor pero... no creo que le guste mucho que...

-Ya, ya Cris... gracias.- Eva intentaba cambiar de tema pero no se le ocurría nada más elocuente que comentar el tiempo que hacía, una opción desechable desde un comienzo.

Santi entró por la puerta del almacén cargado hasta las orejas de equipaje. Lucy intentando huir de la conversación se prestó sin dilaciones a ayudarlo mientras Eva se quedaba con Cris con quien se suponía que tenía que aclarar algún leve detalle. Cris se acercó con una sonrisilla cómplice hacia la rubia a quien se había sonrojado y no sabía donde meterse.

-¿Qué?- Preguntó Eva al ver que le seguía sonriendo sin decir nada.

-No, nada.- Se acercó hasta ella.- Enhorabuena, menudas nochecitas me diste entrando en la tienda a las tantas de la mañana por estar con la sobrinita de Santiago.- Eva tragó saliva al verse sorprendida.

-¿Me espiabas?- Se indignó.

-Digamos que lo suponía más bien... se te veía en los ojillos.

-¿Y lo de dormir...?

-¿Lo de dormir con Lucy? Pues sí... totalmente adrede y veo que mereció la pena, pequeño Romeo.- Le guiñó un ojo.- Por cierto, nada personal, pero se te está saliendo la tira del sujetador bajo la camiseta...

-¡A ti aun te debo unas cuantas!- le gritó a Cris que se dirigía, como si nada, a dejar su maleta mientras se colocaba decentemente la ropa.

*****

Samy aun no había asimilado por completo las palabras de Eva. ¿Cómo podían ser hermanas? Sonaba a ciencia ficción, a cine, ¡A locura! Y lo peor, sentía que había traicionado a su amiga al decirle lo del suicidio a Lucy. Ahora no pararía de preguntarle la razón y Eva no podía darle la menor respuesta, sólo herirla.

Samy aferró sus apuntes saliendo de casa, no se encontraba en condiciones de ir a la facultad pero tampoco podía dejar de lado el dichoso examen de Mecánica de las estructuras con el que tantas horas había pasado últimamente. Aun le quedaba media hora y lo que menos le apetecía era quedarse en la biblioteca buscando la información que le hacía falta para el trabajo del estirado de Geometría descriptiva; así que acelerando el paso decidió entrar en el bar más próximo a descansar, a pensar, a diluir sus pensamientos en una agradable taza de lo primero que se le ocurriese.

-Un descafeinado, por favor.- Dijo al tiempo que se sentaba en la barra del garito menos recomendable de la zona pero no estaba muy en condiciones de escoger y si salía de allí con vida contaría su temeraria hazaña a sus nietos, pensó mientras sonreía por las tonterías que se le ocurrían.

Empezó a jugar con la cuchara dándole vueltas y más vueltas al descafeinado, quien a ese ritmo se quedaría frío de un momento a otro. Apoyó su frente en la mano derecha con un gesto de cansancio e impotencia que no dejaron impasible a la camarera.

-Oye... ¿estás bien?- Preguntó a la vez que se sentaba en un taburete tras la barra permitiéndole quedar en frente de Samy.

-Sí, gracias.- Mintió- Sólo un poco cansada con tanto examen y tantas vueltas como le doy a la cabeza.

-Si te ayuda en algo, hoy invita la casa.- La camarera sonrió a la vez que se quitaba el delantal negro que parecía uniformar a todos los que allí trabajaban.- Marta- Se atrevió a decir.- mi nombre es Marta.

-Yo me llamo Sandra, pero puedes llamarme Samy.- Le sonrió.- Las damas eligen.

-No vienes mucho por aquí ¿verdad?

-No. Tan sólo me apetecía sentarme a pensar un poco mientras tomaba algo. Por cierto, el descafeinado muy bueno.

-Gracias.- La camarera pareció exagerar más esa sonrisa que parecía llevar encima a todas horas.

Su conversación se vio interrumpida por estruendo que procedía de la calle. Samy se giró con curiosidad para mirar por la inmensa ventana rectangular que, a pesar de su tamaño, no otorgaba mucha luz al antro. Fue entonces cuando vio como un Seat plateado iba en sentido contrario contra un Meganne negro -Lucy- pensó. Se disculpó y salió a toda prisa hacia la puerta del bar viendo como en una maniobra marcada por el volantazo que acababa de pegar el conductor, el coche se estrellaba contra la hilera de coches aparcados pacíficamente contra la acera. La camarera la había seguido, impulsada por su curiosidad, para comprobar lo que había sucedido. "Voy a llamar una ambulancia" dijo en un momento de lucidez y entró corriendo en busca del teléfono.

Samy comprobó como el propietario del Seat ni tan siquiera se había parado a disculparse por lo sucedido. Con el miedo calándola hondo se acercó corriendo hacia el coche donde los curiosos se agolpaban. Abrió la puerta recientemente abollada y se quedó como si hubiese recibido un golpe en pleno estómago al ver a Lucy con los ojos cerrados y la cabeza apoyada sobre el volante, mientras una gota de sangre caía desde su barbilla a la alfombra del coche tras haber recorrido el camino desde su boca.

*****

Todos habían montado en el autobús con el típico cachondeo y algún que otro/a sensibles descontrolados dejaron escapar alguna lagrimilla al tener que dejar a su recién encontrado amor (más bien ligue) en tierras italianas. Poco a poco los ánimos se fueron calmando. Llevaban ya unas cuatro horas de viaje y algún que otro se había quedado dormido viendo la aburridísima película que se le había ocurrido poner al conductor de exageradas orejas.

Eva era una de los que no pudieron soportar semejante tortura y se había quedado dormida apoyada contra el cristal del autobús. Lucy estaba a su lado mirando, con cierta admiración, como era capaz de mantenerse dormida a pesar de los bruscos movimientos que hacía el no muy experimentado conductor. Le encantaba verla ahí dormida: con los ojos cerrados, ajena a todo el mundo, ajena a esos ojos azul zafiro que no se apartaban un solo instante de ella.

Delante iban Cris y Pablo que se traían un jueguecito que debía ser de lo más divertido porque no paraban de reírse. A Lucy se le estaba acabando la paciencia. Como despertasen a Eva le iba a montar la bronca más grande que en sus jóvenes vidas pudiesen haber tenido y fue cuando la parejita feliz le dio al asiento hacia atrás para poder montárselo más cómodamente cuando ese límite de paciencia se vio sobrepasado.

-¡Queréis estaros quietos de una dichosa vez!- Gritó mientras veía a los dos asomándose desde el asiento con caras de "¿qué hemos hecho?".

Ante la helada mirada que les echó a ambos no se atrevieron ni a respirar más alto de lo normal mientras se sentaban de nuevo más tranquilitos e inmóviles que nunca. Eva se había despertado debido a las enfurecidas palabras de su novia, quien en ese instante estaba comenzando a arrepentirse de todo lo que había dicho y más aún de haber molestado a la rubia.

-Lucy ¿Qué pasa?- Eva apenas abrió los ojos.

-Nada mi niña. Duerme otra vez.- Se acercó para darle un leve beso en los labios.

-¿Lucy?- Preguntó abriendo los ojos mientras la agarraba para que no se separase de ella tras ese beso.- Cuando lleguemos a Vigo ¿Te irás?

-No pienses en eso ahora...- Tragó saliva. No le apetecía en absoluto contestar su pregunta en ese instantante.

-En serio. Quiero hablar de ello aquí y ahora. No me apetece encontrarme con sorpresas de última hora. ¿Qué será de lo nuestro en cuanto esta excursión acabe?

*****

Al fondo de la calle se distinguían las luces y la sirena de la ambulancia que se acercaba a toda velocidad hasta el lugar del accidente. Un médico se bajo a toda prisa para atender a Lucy mientras los demás se dedicaban a dispersar los peatones que se mantenían atentos y curiosos por lo sucedido. La morena seguía inconsciente y apenas parecía respirar. Tras colocarle un collarín la bajaron del coche y allí tumbada sobre el asfalto se dieron cuenta de que no tenía pulso.

-¡Joder que se nos va!- Gritó el médico desesperado.- Inyéctale una cápsula de epinefrina. ¡Vamos!- Daba una orden tras otra mientras empezaba a hacerle el masaje cardíaco.

-Doctor, la perdemos. Ha estado demasiado tiempo en parada cardiorrespiratoria.

-¡Y una mierda! ¿Quién es el médico aquí? De momento yo, así que abstente de decirme lo que debo o no hacer.- La enfermera cerró la boca acatando lo mandado sin discutirlo un solo segundo más, mientras él seguía empeñado en reanimarla.

Samy estaba viendo toda la escena paralizada. Se echó una mano a la cara al no poder soportar semejante imagen. ¿Cómo le explicaría todo esto a Eva? Las manos le temblaban. Se sentó en la acera y buscó el móvil en alguno de sus bolsillos.

-¿La conocías?- Marta le puso una mano en el hombro en un intento de consuelo cuando vio que Samy apenas podía asentir.

-Discúlpame, pero tengo que hacer una llamada.- La camarera permaneció en silencio mientras su recién conocida amiga marcaba un número de teléfono.

Eva había permanecido estática, sentada en la escalera, desde que Lucy le había llamado de semejante modo. Ya no podía llorar más. Ahora sí que deseaba morir, pero de una forma egoísta, no para salvar a Lucy de la verdad sino para olvidar el dolor que le habían causado sus palabras. Iba a levantarse cuando sintió la conocida melodía de su móvil. Con toda la paciencia del mundo e intentando mantener la compostura contestó.

-Samy ¿Qué quieres?

-Eva...- Le temblaba la voz- tienes que venir. Lucy...

-¡No quiero saber nada de ella!

-Ha tenido un accidente de tráfico.

Continuará...

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Si deseáis hacer cualquier comentario, en principio gracias por llegar hasta aquí porque supongo que es por haberlo leído, hacerlo en: Valky89@hotmail.com
Gracias de nuevo y ¡Arriba esos bardos!


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