Las nubes grises enmarcaban el cielo mientras leves gotas se dejaban caer sobre los
negros paraguas que llevaban el féretro a su último destino. Las lágrimas reprimidas por
Lucy amenazaban con asomarse burlonas ante la fingida fortaleza que pretendía mostrar a
todo el mundo. ¿Por qué Dios quería llevarse a su padre de ese modo? Un error médico.
¡Un maldito error médico! La había dejado destrozada ante la inercia de un padre muerto
sobre la camilla de un sucio hospital cualquiera. Recuerda que dio la vuelta, sin
observar los ojos de la afligida enfermera que parecía ser novata, y se dirigió directa
al teléfono a buscar refugio en Eva... le dolía el alma, pero el susurro de la voz que
surgía al otro lado del aparato era suficiente para permitirle seguir con aliento.
-¿Quieres que vaya a Madrid para estar contigo?
-¡No!- contuvo el aire unos segundos- lo último que deseo es que pierdas el tiempo por mi
culpa... en serio... Estaré bien.
-¿Cómo quieres que te deje en este momento?- El sufrimiento de Lucy le dolía más de lo
que pensaba.- Compro el billete y en dos días estoy...- Las palabras de Eva fueron
interrumpidas por Lucy.
-Hazlo por mi...- Un silencio eterno se hizo entre ambas.- Te quiero.
-Yo también te quiero. Si necesitas algo sólo llámame...- La morena sonrió vagamente
mientras colgaba el teléfono.
La muerte de su padre le había dejado un gran vacío, pero mayor dolor le supuso ver a
su madre al borde del desmayo al enterarse de la noticia. No había visto tanto dolor en
los ojos de nadie desde hacía mucho tiempo. La imagen era desgarradora. La respiración
entrecortada de la madre se fundía entre sollozos en los oídos de Lucy que la abrazaba
sin pretensión de soltarla. En un instante la comprendió. ¿Qué sentiría si estuviese en
su lugar? Prefirió dejar la pregunta en el aire...
Lentamente, de una forma casi tormentosa y cinéfila la gente se alejaba del cementerio
dejando a Lucy con la mirada clavada en la lápida blanca donde en letras doradas se
dibujaba un nombre: Jonh Stivenson Mcgregor.
*****
- Es un poco tarde...- Dijo Lucy intentando que la rubia no preguntase nada más.
- Eh?... oh, si... Buenas noches...- Susurró mirando al suelo.
- Buenas noches... hasta mañana.
La noche se encontraba en su perfecto apogeo, escoltada por el murmullo perpetuo de las
olas chocando contra las rocas y la suave arena. Eva se dirigía a su tienda, solo le
apetecía refugiarse en la oscuridad de sus pensamientos y nada más... no se encontraba
muy lejos e incluso antes de entrar pudo voltearse para ver como Lucy aún seguía allí
sonriéndole.
- ¡Pero se puede saber que es esto!- Gritó la rubia al abrir la tienda.
- Esto... como dirían... ¿No es lo que parece?...- Respondió Cris mientras se levantaba
de golpe...
- Cierto... ejem... no... no, es lo que parece...- Decía Pablo mientras se rascaba la
oreja sin mirar a ninguna parte en concreto.
- ¡Genial! Sencillamente perfecto... ¿Y dónde se supone que dormiré yo?... ¿Dónde están
las demás?
- Se buscaron otra tienda... no les importó mucho...
- ¡Sin mi permiso...!- Fue cortada por una voz que venía detrás de ella.
- ¿Tenéis algún problema?- Preguntó Lucy mientras se le quedaban los ojos como platos al
ver en semejante situación a Cris y a Pablo.
- ¡Perfecto!- Ahora la realmente enfadada era la pelirroja- ¿Falta alguien en esta
reunión familiar?
- Eva... si quieres puedes quedarte en mi tienda mientras... mientras... la tuya está
"ocupada"- Sonrió la morena de medio lado.
- ¿Qué? ¡Qué!... tu... yo? ¿En una misma tienda?
- Sí... ¿y por qué no?... ¿o sucede algo?- Ironizó Cris con cierta picardía...
- ¿Yo?... esto... no tengo ningún inconveniente... solo es por no molestar a Lucy ni a
sus compañeras...- Dijo entre dientes mientras miraba de reojo a su amiga.
- Oh... no me molestas... además he traído mi propia tienda, con lo cual no tengo
compañeras.
Eva miró a Cris y a Pablo quienes pusieron su mejor cara de súplica ante la mirada
verde azulada que en esos instantes chispeaba de rabia.
- Supongo que... no habrá problema...
- ¡Muy bien!- Sonrió la pareja al unísono mientras cerraban la tienda...
- ¡¡¡Hey!!! ¡¡¡Al menos podíais darme mi ropa... o algo para dormir!!!- Gritaba Eva al
darse cuenta que tenía únicamente lo puesto...
- Ahí tienes... ¡Pesada!- Dijo Cris desde la oscuridad de la tienda, tirándole
literalmente la ropa a la cara...
La situación era realmente cómica... Lucy no se atrevía a reírse, aunque al final ya no
pudo aguantar más ante la cara de absoluta indignación que lucía su amiga.
- ¿Se puede saber de que te ríes?- Preguntó la rubia intentando contener la risita,
fingiendo una pose pasota al mismo tiempo que golpeaba una y otra vez el pie contra el
suelo...
- Jajaja ¿yo? ¿Reírme? Jajaja, no sé por quien me tomas.- Soltó mientras aparentaba una
simulada inocencia.
- Mujeres... no hay quien las entienda...
*****
Veinticuatro horas. ¿Puedes olvidarte de quien amas en ese tiempo? Solo existen dos
respuestas posibles: o nunca has amado y has estado mintiendo, o la distancia consigue
borrar lo imborrable. Eran las cuatro de la mañana cuando la melodía del móvil de Lucy
la despierta tras intentar conciliar el sueño durante horas. Sin apenas moverse le da
al manos libres para responder un somnoliento "¿si?".
- Lucy...- Era Eva. Su voz sonaba triste.- Tenemos que dejar lo nuestro. Yo... ya no
siento nada por ti. No pidas explicaciones. Sé que suena egoísta... pero aléjate de mi.-
La morena creyó escuchar como lloraba y tras un monódico "pi-pi-pi" se dio cuenta de
que la comunicación se había cortado.
Siete de la mañana. Los rayos se colaban en la habitación infiltrándose estratégicamente
en el juego de la oscuridad. Poco a poco podía verse como se delineaba una silueta
acostada en la cama. Inmóvil, tan solo acompañada por ese silencio que martilleaba en su
cabeza junto a esas palabras que la estaban atormentando. A Lucy ya no le quedaban
lágrimas. Eva la había dejado, nada tenía sentido. El tiempo podía detenerse, las
estrellas caer y avecinarse el Apocalipsis pero a Lucy le daba igual... Eva no estaba
con ella.
¿Lo nuestro solo fue un juego? ¿Simplemente eso? Cada uno de tus besos me demostraban
lo contrario, cada mirada que cruzábamos me hacia sentir completa, cada segundo
compartido me decía que tras el viaje no podría soltarte. ¿Existe un juego tan perfecto?
No, no puedes ser tan buena actriz como para fingir a la perfección una estúpida
realidad en el escenario de mis sentimientos. ¡¡¡No puedes!!! ¡¡¡Maldita sea!!! No
puedes...
Cerró los ojos intentando contener el dolor. Primero su padre, ahora esto. Demasiada
presión. Ya era difícil soportar la distancia, ya era difícil escucharla a kilómetros,
ya resultaba imposible estar un día sin ella... ¿pero saber que no era suya? Quería
explicaciones. Al fin se movió tras escuchar las palabras de Eva. Se iba a Vigo. Cuatro
horas de viaje merecían la pena aunque a cambio recibiese un puñetazo por el
atrevimiento de pedir algo inútil.
- ¡Me largo!- Gritó dando un portazo.
*****
-Vale, vale...- Se disculpaba Lucy- ¿Qué puedo hacer para que la dama me perdone el
atrevimiento?
- Aish...- Suspiró- Eres imposible...
- Tengo mi encanto.- Le guiñó un ojo.- ¿Quieres que nos vallamos a pasarlo bien?.- Eva
la miró con cierta curiosidad en los ojos.- Conozco el sitio perfecto. Hacen unos
cócteles... invito yo. Cortesía de la casa by Lucy.
- ¿Y si se entera Santi? Sería más seguro hacer puenting sin cuerda.
- jajaj ¿Cómo alguien tan pequeño puede ser tan exagerado? Deja tus cosas en mi tienda
que stasera Nápoles é nostro ...
¿Quién podía resistirse a semejante invitación? Salieron de la playa evitando hacer
ruido. Cerca de allí se distinguía el cartel con luces de neón que dejaba realmente
claro el nombre del lugar "Terminal river" Hasta en Italia tienen que ponerlo todo en
inglés. El lugar no era muy grande y la verdad no había mucha gente. De fondo se
escuchaba un repetitivo hip hop que estaba muy acorde con el lugar. En la barra el
típico camarero que le gusta demasiado lo que hace, fácil de clasificar por los cientos
de giros que le da a las botellas antes de servirlas. Lucy pidió dos cervezas. Su escaso
acento italiano era realmente gracioso.
- ¿También sabes idiomas?- Intentó contener la sonrisa que le provocaba.
- Uy... tengo muchas facetas que aun no conoces- Dijo Lucy mientras se llevaba la
botella a los labios.
- ¿Cómo cuales?
- ¿Mmmm?- Inesperada pregunta. Lucy creyó atragantarse mientras buscaba una respuesta-
Apuesto a que tengo más aguante que tú bebiendo.
- Has herido mi orgullo. Creo que acepto la apuesta.
- Al quinto botellín tendré que llevarte yo misma a la tienda.- Dijo Lucy mientras se
acercaba a la rubia en tono desafiante.
- Al quinto botellín desearás haberme hecho una propuesta mejor...- Eva aun se acercó
más.
- ¡Camarero! Otras dos cervezas.- La morena se apartó disimuladamente. Le causaba
nerviosismo estar tan cerca de ella.- Grazie...
*****
Lucy ya llevaba dos horas de viaje. El paisaje se le antojaba aburrido, todo resultaba
aburrido, hasta esa música que llevaba en el estéreo que tantas veces se ponía a cantar
mientras esperaba en los semáforos. Iba demasiado rápido. La aguja roja oscilaba entre
los 140 y 150 kilómetros por hora, por una autovía que parecía ser eterna. Su Meganne
negro adelantaba sin dilaciones a cualquiera que se le pusiese delante. Nada importaba.
Sólo quería hablar con Eva y que le dijese a la cara porque la dejaba ¿Había alguien
más? Era lo de menos. Quería oír de su boca que todo había sido mentira o al menos un
"fue bonito mientras duró". Estos pensamientos la mataban de rabia. Pisó aun más el
acelerador y se ajustó las gafas de sol. ¿Para qué llorar más? Al menos sabré si te
mereces mis lágrimas...
*****
El sonido de la puerta al cerrarse despertó a Samy. La madre de Eva había llegado de
trabajar. Que aguante Dios mio- pensó. Era las cuatro menos cuarto de la mañana
y la rubia no parecía recuperarse. Samy había decidido quedar esa noche con Eva. No
quería que se le pasase de nuevo por la cabeza la idea del suicidio. ¿Por qué lo había
hecho? Frotándose los ojos se volteó para despertarla.
- Eva.- No habló muy alto- ¿Estás mejor? Despierta.
Parecía desconcertada. Lentamente abrió los ojos y se fijó en Samy. No se acordaba de
mucho pero le agradecía que estuviese allí. Tenía un horrible dolor de cabeza y un sabor
agridulce en los labios, cosa que le recordó lo que estuvo a punto de hacer. De nuevo
las lágrimas se acercaron a sus ojos y se abrazó a su amiga mientras lloraba sin
consuelo.
- Tengo que dejar a Lucy.- susurró ante la estupefacción de Samy.
- ¿Dejarla? ¿Por qué? ¿Tienes algún problema con tu madre? Vamos... la quieres demasiado
como para que semejante idea se te pase por la cabeza. ¿Qué sucede?- A pesar de los
numerosos roces que Samy había tenido con Lucy solo le importaba que su amiga estuviese
bien y si Lucy era la felicidad de la rubia...
Eva no contestó. Sólo con pensar en que tenía que repetir esas palabras que martilleaban
en su mente se le antojaba escalofriante. ¿Por qué ese ser al que tengo que llamar
padre está empeñado en destrozarme la vida? Le odio. Aunque esté muerto le sigo odiando.
Lo único que deseaba era estar con Lucy ¿Por qué entre todas las personas tiene que ser
Lucy? Seguía con la mirada fija en el suelo. Samy no se atrevía ni a respirar. No
entendía lo que pasaba pero era lo de menos.
- Tengo que dejarla- Repitió entre sollozos mientras cogía el móvil.
- Piensa lo que haces ¿Qué puede hacer que te separes de ella?
- Lucy...- Le costaba hablar, la mano le temblaba mientras agarraba el teléfono- Te... nemos que dejar lo nuestro. Yo... ya
no siento nada por ti. No pidas explicaciones. Sé que suena egoísta... pero aléjate de
mi.- Dejó caer el móvil en la cama. No había sido tan difícil, lo más difícil sería
estar sin ella...
*****
Eva se volteó acomodándose frente a Lucy. Empezaba a amanecer y el sol se filtraba por
la fina tela de la tienda de campaña. Abrió los ojos encontrándose con la morena que
dormía justo a su lado. Mmmmmm estoy soñando...- Sonrió. Pronto se dio cuenta de
que no era un sueño, un horrible y molesto dolor de cabeza la hacía volver a la realidad.
Se habían pasado la noche bebiendo en aquel bar. Sólo se acordaba de que Lucy la tuvo
que ayudar a volver a la tienda y después... Sonrió de nuevo y cerró los ojos ¿Y después?
Se levantó de golpe al ver que no se acordaba de nada.
- ¡Oh, Dios mio! ¿Qué hemos hecho?- Dijo en alto casi sin darse cuenta.
- Mmmm ¿Perdón?- Lucy se había despertado y la miraba divertida.- Vamos cariño... ¿tan
mal lo he hecho que ya no te acuerdas? Jajaj.- Se echó a reír ante la cara que puso Eva.-
Tranquila... lo más interesante que pasó a noche fue que te rendiste en la primera
ronda de cervezas. Chiquilla... hay que tener más aguante.
- No... me... llames... ¡Chiquilla!
- Vale... chiquilla...- Le echó la lengua en gesto de burla.
- ¿Has decidido hacerme la vida imposible?- Eva se acercó a Lucy que seguía tumbada en
un intento de amenaza.
- Uy... que tentador pero no... creo que eres una pequeñaja que ya se la complica ella
solita, yo solo doy un pequeño empuje al destino.- Le guiñó un ojo.
- ¡Aaajjjj! Te odio- Soltó sin saber que responder ¿De dónde sacaba tantos argumentos
esta chica?
- No es cierto- Aseguró mientras se levantaba un poco.
- Sí lo es- Puso su frente contra la de Lucy en un intento más que fallido de resultar
convincente.
- No tienes razones, pero...- Inesperadamente se fue acercando a los labios de Eva y la
besó. ¿Cuánto tiempo había durado? No importaba. Lucy sólo sabía que había sido perfecto.-
¿Las tienes ahora?
*****
El tráfico se hacía más denso a medida que entraba en la ciudad. Se estaba desesperando.
Eran las once y media, en quince minutos Eva entraría a clase y no estaba dispuesta a
esperar un solo segundo más. Siguió el primer desvío a la derecha que encontró con el
fin de abolir todos los semáforos que al parecer estaban también en su contra. Se
encontraba realmente agotada. No había dormido ni dos horas esa noche. La muerte de su
padre, Eva... Suspiró. Prefería no pensar en nada más. Encendió la radio en busca de la
primera canción que la divina providencia le mandase. Ahora si que notaba que todo se
había puesto en su contra. ...oh mia cara non riesco a mangiare non dormo ormai da
un secolo non mi credi senti la mia voce e con questa che ti supplico tu che sei il mio
angelo. Genial. Justamente la canción que sonaba a todas horas en el autobús.
Non dormo ormai da un secolo...- pensó- y menos que voy a dormir sino estás...
Con un golpe que expresaba toda la rabia que contenía apagó la radio.
Se ajustó de nuevo las gafas de sol. No le apetecía que todo el mundo viese su patético
estado. Cambió de marcha pisando el acelerador aun más afondo. Estaba cerca de la casa
de Eva y algo por dentro le decía que diese la vuelta y se olvidase de ella, algo que
intentó acallar. Observó el reloj, quedaban once minutos. Con un poco de suerte aun
podría hablar con ella. Aparcó justo en frente del portal. Iba a bajarse cuando vio que
alguien salía. A través de sus oscuras gafas adivinó con cierta rabia quien era.
Samy...te juro que como Eva me dejase por tu culpa...
- ¡Espera!- Gritó Lucy.
- ¿Qué haces aquí?- Era evidente que la confusión de Samy se mezclaba con algo más.
- ¿Eso no debería preguntarlo yo?
- No tienes ningún derecho a decirme lo que debo, o no, hacer.
- ¿Por qué me ha dejado Eva?- Las discusiones sin fundamento no era algo que le agradase
mucho.
- Sus razones tendrá- Samy dio la vuelta para irse pero fue parada de nuevo.
- Por favor...- Lucy se quitó las gafas para frotarse los ojos. Esa situación la estaba
agotando de verdad.
- Yo...- Sintió realmente compasión por ella. Era más que evidente que no había dormido
nada. Lucy y Eva se amaban ¿Cuál era el inconveniente? Bueno... realmente ella sabía la
razón de la decisión de Eva. Había sido difícil de explicar pero hubo un momento en que
llegó a entenderla.- Lucy no soy nadie para decírtelo. Eva te lo explicará. Lo está
pasando realmente mal. Casi comete una...- Samy se calló. Su mirada la delataba.
- ¿Casi qué...?- Empezaba a preocuparse de verdad- ¿Qué ha sucedido? ¿Está bien? ¡Joder
contesta!
- Ahora está bien pero...- no sabía como decirlo- ... puuuff... ha intentado...
suicidarse.
*****
Eva estaba realmente confusa ¿Lucy la había besado? ¿Sus labios juntos? No podía ser
cierto. Acababa de cerciorarse de que eso debía ser un sueño. Intentó hablar pero sólo
era capaz de tartamudear del mismo modo que lo había hecho cuando se habían conocido.
- Yo... yo... ¿Por... por qué...- Lucy no la dejó continuar.
- Porque me moría de ganas de hacerlo.
No sabía que responder. Se esperaría cientos de reacciones excepto esa. ¿Y ahora qué?
Era una pregunta que no la dejaba actuar con claridad. Lo deseaba. Era un deseo que la
estaba matando, prefirió no dudar un instante más. Para sorpresa de Lucy en esta ocasión
fue Eva quien la besó. Resultó diferente. Sus labios no solo se rozaron, era la eterna
lucha por un mayor contacto. Demasiados deseos reprimidos, demasiado tiempo en silencio
buscando la forma de decirlo y ahora ni siquiera hacía falta. Ninguna de las dos
pretendía separarse ¿Explicaciones? Las palabras sobraban, aunque realmente siempre
había sido así. Eva estaba sobre Lucy, su mano se encontraba sobre la suya. Si se
hubiese muerto en ese instante le habría dado igual.
- Te quiero- Por una vez se olvidó de tartamudear.
- Lo sé ¿Ves como al final no me odias?- El tono juguetón de Lucy apareció de nuevo.
- ¡A ti no hay forma de callarte!
- Puede ser... pued...- Eva la besó de nuevo.- Ves... al final acabas convenciéndome...-
Se mordió el labio.- Yo también te quiero...
*****
Lucy no esperó a más explicaciones. Se dio la vuelta y empezó a correr subiendo las
escaleras a toda prisa. La idea de perderla dolía demasiado. Los escalones se sucedían
uno tras otro, el camino resultaba más eterno que el viaje. Por un momento se olvidó de
su padre, del cansancio, del sueño, de que la había dejado. Todo daba igual. La idea de
que Eva se suicidase era peor que todo lo anterior. Al fin llegó al cuarto piso. Estaba
agotada pero pensar en esperar el ascensor le pareció absurdo. Cuando levantó la vista
se encontró con ella. Salía de casa con el mismo aspecto pesaroso de Lucy. Sus ojos se
encontraron. Eva reaccionó y se dio la vuelta para entrar en casa. A cada segundo me
arrepiento más de lo que he hecho pero no puede ser... duele demasiado. Prefería que
Samy no hubiese entrado. Prefería estar muerta ahora mismo y no haberla dejado. Ya me
da igual voy a alejarte de mi lado por las buenas o por las malas...
- ¡Eva!- Lucy consiguió que la puerta no se cerrase delante de sus narices.- ¿Por qué
me haces esto?
- Déjalo. Se acabó. No busques explicaciones que no vas a tener.- No se atrevía a
mirarla.
- Y tú no busques dejarme y que me quede en Madrid sin hacer nada.
- Vete de aquí ahora mismo.- Ya no sabía como contener las lágrimas.
- No sin saber por qué me dejas.
- ¡Vete! ¡No quiero escucharte! ¡No quiero saber nada más de ti!- Lucy seguía ante la
puerta con la vista clavada en el suelo sin poder simular que todo le daba igual.-
¡Lárgate! No quiero verte... no quiero...- Eva había empezado a llorar de auténtica
rabia.- Ya no me importas... nunca me has importado...
-Claro... no te importo...- Su voz era un innegable susurro- Por eso has intentado
suicidarte...
Continuará... algún día...