El sol aparece cubierto de nubes grises, que entristecen la pequeña ciudad que acaba de
despertar. ¿Coincidirá el fin de sus dieciocho años con el último día del verano? Eva
no es capaz de llorar; traga sus lágrimas que le producen un profundo malestar e
incluso se le antojan indigestas. No puede contar su macabro problema a nadie. Ni
siquiera a Cris, que es su mejor amiga y mucho menos a su madre; cree que sería como
abrirle una herida que considera definitivamente cicatrizada. Tampoco puede decírselo a
la propia Lucy.
Lo más prudente será guardar la verdad como el secreto más amargo que el cruel azar
puso en su camino. A su parecer no hay un ser con tanta desventura como ella. Lamenta
una y mil veces sucumbir ante millares de ideas que consideraba inalterables. Estaba a
punto de creer en un Dios bueno y protector que dio un giro copernicano a su concepto
del amor, pero el fatal destino hizo que se derrumbaran su ideales precipitándola a un
pozo sin fondo.
El suicidio es el único final aceptable para ella. Reconoce que esa palabra le produce
escalofríos. Es demasiado cobarde como para afrontar sin miedo una situación así, pero
se siente sola en un mundo que permanece indiferente ante su particular tragedia.
¿Indiferente? Peor, las fuerzas satánicas se concentran en su contra.
Un nombre. Un maldito y fatídico nombre propio, acaba de convertir a la chica más
afortunada del mundo en la más infeliz y derrotada. ¿Por qué compraría el periódico?
¿Cómo es posible que aún después de muerto siga con sus maldades? Otra vez vuelve a
juzgar la vida desde un punto de vista negativo. Los hombres son todos unos... mejor ni
decirlo, TODOS, no se libra ninguno. Y estudiar derecho ¿Pare qué? ¿Acaso existe la
justicia?- piensa con rabia.
Eva llegó a querer tanto a Lucy, pudo sentir con tanta intensidad la fuerza del primer
y único amor, que creyó alcanzar las puertas del edén... ¿Y ahora? Ahora ni siquiera
puede odiarla.
Sí, la única solución, por cobarde que sea, es el suicidio... ¿Acaso hay otra salida?.
*****
Todo empezó a principios del verano. Enfundada en unos pantalones vaqueros y una camisa
blanca que bajaba un poco por debajo de su torso, Eva una joven de dieciocho años, con
unos ojos grandes de un luminoso verde, y una corta melena rubia que parecía querer
abordar sus hombros, cálida y sedosa. Bajaba por la calle que iba a su barrio, cuando
de golpe y porrazo se encuentra con su profesor, Santiago.
-¡Hola Eva! ¿Quieres hacer un viaje a Nápoles? Dice animadamente haciéndola frenar en
seco.
-¿Cómo? - Dijo realmente extrañada por su atrevimiento; ya que, mal le pesara siempre
le había considerado muy serio.
-Lo que oyes, durará una semana, y para nada resultará caro ya que vamos de camping.
- Pues... er... así tan repentinamente no sé... supongo que debo consultarlo en casa.
- Por supuesto, piénsalo, aún nos queda alguna plaza pero no por mucho tiempo. ¡Hasta
luego, chiquilla!- dijo al irse dando un pequeño toque en el hombro de la joven con lo
que parecía bastante prisa.
AAAhhjjjjjjjjj.- pensó indignada- ¿Es qué no sabe que no soporto que me
llamen chiquilla?
La idea no tardó en agradarle, pero la duda la asaltó al darse cuenta de que su madre
no estaba en su mejor momento económico. Esta era una mujer de cuarenta y cinco años,
tenía unos preciosos ojos oscuros, que contrastaban con la inmensa claridad de su
cabello rubio, un rubio tan intenso que hipnotizaba al mirarlo atentamente. En un
pequeño arrebato de valentía se dispuso a preguntárselo.
-¿Y realmente deseas ir?- dijo con esa noble sonrisa que tanto agradaba a Eva.
-¡Qué va! Para nada. ¡Vaya paliza! Una semana durmiendo en el suelo a cargo de mi
profesor de matemáticas- Fingió desgana ante la idea.
- Pues en realidad creo que es un viaje interesante. Oportunidades así pocas veces se
dejan caer en tus manos. Debes ir, ya estás cogiendo el teléfono para reservar plaza.-
Aclaró sin abandonar esa adorable mueca.
- ¿En serio? Voy llamar ahora mismo.
- ¿Pero no decías que era una paliza estar con Santiago?- Preguntó su madre conocedora
de que la idea le había cautivado.
- Esto... es que...- Tartamudeaba Eva tras verse descubierta.
- Anda vete... - añadió su madre.
-Te quiero, mamá- y tras un besó se fue directa al teléfono.
Desde ese día, al ya estar apuntada, prácticamente a todas horas tenía que asistir a
aburridas reuniones, que aguantaba con impaciencia, a sabiendas de que pronto se iría.
Y fue también desde entonces cuando decidió empezar a escribir un diario que tenía
guardado con cariño, desde su primera comunión nada menos, y el cual no escribió antes
porque en realidad no encontraba nada que despertase su interés por quedar memorizado
entre sus líneas...
*****
A primera hora de la mañana, se disponía a salir a correr. Tras el esfuerzo de una hora
por un extenso barrio residencial, más bien para olvidar la opresión de su pecho a
través del duro trabajo. Decidió comprar el periódico y buscar aquella nota necrológica
que acababa de convertir el verano más maravilloso de su vida en un infierno lúgubre y
tétrico. Vuelve a casa recordando que estará sola todo el día, y en realidad, dentro de
su desdicha es algo bueno; ya que, el fingir no será un problema.
¿Suicidio? ¿Por qué no? Una voz le grita por dentro, a diferencia de las películas; no
distingue si es el ángel bueno o el ángel malo, que la incita a romper con todo en una
huída cobarde hacia la dulce muerte, hacia la libertad definitiva.
Sube pesadamente los escalones hasta su piso. Introduciendo la mano derecha en su
pantalón en busca de la llave, que para su fastidio está en el otro bolsillo. Cambia el
periódico de mano y abre la puerta tras dos giros de la cerradura, entra y para su
asombro la cierra suavemente.
Se dirige a su habitación, quitándose la sucia ropa, después de hacer deporte, a cada
paso que da. Se deja caer en la cama, más cómoda con su nueva vestimenta, como un ser
inerte botando varias veces. Quisiera o no, le es imposible apartar de sus pensamientos
aquel odiado nombre, Jonh Stivenson Mcgregor. Con un suspiro siente que la vida se le
va como a un reo de muerte en su último día.
*****
Cris era la única persona, de los muchos jóvenes que se embarcarían en el viaje, que
Eva conocía. Era todo lo contrario a ella, era alta; no mucho, pero sobresalía con
creces ante la no muy gran Eva. Tenía una preciosa melena pelirroja, muy poco usual en
cualquier española, que realmente hacía destacar la simpatía y el brillo que dejaban
ver sus hermosos ojos color miel, que en ocasiones semejaban ser más oscuros. No era
para nada tímida cosa que además de su belleza innata, hacía caer a sus pies muchas
oportunidades, las cuales no desaprovechaba muchas veces. Era realista, no creía en el
amor, algo que en cierto modo, por el momento, la hacía parecida a Eva.
Santiago dividió los diversos preparativos del viaje en grupos, y para suerte de ambas
les tocó juntas, poco a poco concretaban los pequeños detalles para el tan esperado día
que las llevaría ni más ni menos que a Nápoles, una bella ciudad costera de Italia.
Pronto llegó la hora de emprender la ruta, faltaba tan sólo media hora para la salida
del autobús y Eva aún no decidía que ponerse.
- Eva, muévete que son las cinco y media- su madre la animaba a apurarse mientras se
fijaba en el espantoso desorden de su cuarto.- ¿Pero ha habido una batalla, chiquilla?
- OOOOhhh, por Dios no me llames así- Dijo fingiendo un enfado que no sentía en
absoluto- Es que no sabía que ponerme.
- Pongas lo que te pongas irás bien...con lo guapa que eres hija- Concluyó orgullosa.
- Que vas a decir mamá, soy tu única descendiente.
- Sí, a la que quiero y voy echar de menos- tras esto se abrazaron tiernamente.
- ¡Qué tarde! Me voy, nos vemos dentro de una semana, te quiero guapetona.- Añadió la
joven con desespero.
- Adiós, pásatelo bien. Sabes que me hubiese gustado ir contigo a la parada del bus,
pero el trabajo me lo impide.
- Lo sé adiós.
*****
Dominada por un sentimiento de enorme tristeza y de un terrible cansancio, se levanta
sin prisa decidida a llevar a cabo la última locura de su vida. Sabe que dispone de
todo el día. Aún son las diez. Va al cuarto de baño a sabiendas que allí es donde
guardan los medicamentos. Piensa tomarse todo lo que encuentre, algo habrá que le
regale el efecto esperado. Abre el armario, pero decepcionada vuelve a cerrarlo,
dándose cuenta de que su madre había tirado todos las medicinas caducadas. Sigue
buscando un remedio que pronto ponga fin a esta amarga sensación que le impide respirar.
Tras buscar, sin prisa, encuentra una caja de Aspirinas. Tragándomelas todas y con un
poco de suerte funcionará, piensa.
Mete la primera pastilla y con un leve empujón consigue hundirla en su seca garganta de
tanto llorar. Bebe un poco de agua, de golpe, cual vaquero del lejano oeste, temiendo
volverse atrás. Se dirige de nuevo a su cuarto, no quiere tomarse todas las pastillas
ahora, tiene tiempo y siendo este su último día le da igual que sea por la tarde.
¿Acaso no se han acabado ya todas mis ilusiones? Se tumba de nuevo y siente que
hay algo bajo ella, con una triste sonrisa lo coge, es su diario, donde guardó tan
bellos momentos, que para ella no son más que un sueño que la llevaron a tan cruel
pesadilla.
Se fija en su cuarto. No está mal, lo decoró ella misma en un arrebato de convertir su
lugar favorito de la casa en una réplica de su personalidad. A pesar de las numerosas
reprimendas de su madre por ponerlo todo perdido de pintura.
Su madre ahora trabaja en un banco, con un buen sueldo y vacaciones pagadas. Resulta
absurdo y una auténtica paradoja que ahora que lo tiene todo piense en el suicido como
la única salida. No puedo hacer otra cosa. Prefiero que mi madre y mucho menos Lucy
nunca sepan la verdad. Conseguirán olvidarme, mejor que este horrible sentir...
Se acuesta de medio lado, acariciando su diario escrito en días más dichosos, piensa
que nada de lo plasmado en él puede ser real, abre las primera páginas y comienza a
leer.
Sábado 30 Junio.
Querido diario, es la primera vez que te escribo; ya que, confidentemente, eso de
escribirse a uno mismo, me parecía absurdo. Pero todos cambiamos de opinión y parece
que tras estos nuevos acontecimientos me ha entrado la vena poética y literaria.
Me llamo Eva y vivo en Vigo, para mi una de las ciudades más bellas de España, me
encanta su preciosa playa y lo bella que se ve la luna llena cuando entra a través de
mi ventana reflejada en el calmado mar. Me hechiza pasear por las noche de verano junto
al tranquilo océano que me tiene cautivada desde que puse los pies en este lugar.
Pero cambiando de tema y como si ya nos conociésemos de siempre, estoy muy contenta y
animada porque voy a emprender un viaje a Nápoles, sí, como lo oyes, una semana gozando
de las hermosas playas italianas. Todo está preparado, tras mucho esfuerzo y trabajo
por parte del grupo, que recaudó fondos para ello. Sinceramente no se me pasan las
horas... lo que más siento es no poder llevarte, pero no dudes que te lo contaré en
cuanto vuelva.
Me despido de ti, con pesar, ya que hasta que vuelva no podremos hablar debido a los
intensos preparativos. Besos hasta pronto.
Con nostalgia del que sabe que no puede retroceder en el tiempo, y el desespero de
quien sabe que se apaga una vela, sigue pensando en tiempos mejores. Sonríe amargamente,
se arrepiente de nuevo por haberse encontrado con Santiago ese día y lamenta también
los apuros y sacrificios vividos tratando de conseguir fondos para el viaje. Dejando el
diario sobre la cama se da cuenta de que son las diez y media, no hay prisa. Cree que
tendrá todo el día para realizar la última acción voluntaria de su vida. Suena el
teléfono, no lo coge. ¿Qué más da quién sea? Aunque dispuesta a tragarse todas las
pastillas, no puede evitar un nerviosismo que le impide actuar con rapidez, restándole
fuerzas. Permanece con la luz justa sin querer abrir las persianas, no quiere comprobar
como el sol eleva los rayos matutinos cada vez más oblicuos por la llegada del invierno
que intensifican los colores de todo lo que tocan.
No quiere reconocer que la vida sigue para los demás, esa percepción le provoca un
dolor egoísta y punzante.
*****
Era una mañana fresca, a pesar de las fechas estivales del calendario. Uno de Agosto,
seis de la madrugada. El sol comenzaba a levantarse encendiendo los cristales de las
casas con cegadoras luces amarillas. La calle les pertenecía por completo a juzgar por
la extensión de los más de veinticinco vehículos particulares, bolsas, mochilas,
maletas, pequeñas tumbonas de playa, paquetes de comida, tiendas...
Para muchos era la primera expedición de su vida lejos de su país. Los nervios, las
emociones, los miedos, parecían querer reclamar un lugar entre las numerosas despedidas,
que tenían un mismo hilo común, la alegría por el viaje y la tristeza de dejar por un
tiempo a los seres más queridos.
Puede que eso fuera lo que más mal hizo sentir a Eva, el no poder despedirse de su
madre antes de subir al autobús. Pero pronto volvería verla con nuevas experiencias y
con algún que otro regalo...
- Mira...- Decía con un brillo en los ojos Cris.- aquel es Pablo, ¿A qué está bastante
bien?
- Ya te he dicho que me da igual.- Decía resignada sabiendo lo que le esperaba todo el
viaje.
- No sé como no puedes verlo ¿Dónde tienes los ojitos, cariño?- Preguntaba sin mirarla.-
Mejor, este va a ser mío antes de que la semana acabe... ¿Eva? ¿Eva?- Decía al darse
cuenta de que su amiga ya había subido al autobús y la había dejado hablando sola.
- ¿Sí?- Contestó en un tono inocentón mientras Cris se sentaba a su lado.
- Mmmm. No tienes remedio...- Argumentó fingiendo enfado, mientras empezaba a hacerle
cosquillas...
- Jajajajaj, para o te arrepentirás.- Gritaba ante el inesperado ataque, mientras se
daba cuenta de que le impedían el paso a una joven que esperaba con una ceja enarcada y
los brazos cruzados ante el panorama.
- ¿Habéis terminado?.- Dijo sonriendo de medio lado...
- Pe... per...done. - Tartamudeó Eva al observar la perfecta sonrisa de la joven. Oh,
Dios mío que ven mis ojos. Pensó sacudiéndose la cabeza ante tan raros pensamientos.
- Disculpa, no pretendíamos molestarte.- Contestó sin titubeos Cris.- ¿Verdad, Eva?
¿Eva? Quieres volver a tierra...
- Eh... o claro, sí lo siento. ¿Có... mo te llamas?- Dijo en un impulso que no supo muy
bien de donde le salió.
- ¿Perdón?- Preguntó dándose la vuelta de nuevo- Ah, Lucy ¿Y tú?
- Eva mucho gusto.- Decía mientras se levantaba para darle los dos besos típicos de
España.
- Igualmente.
Ya eran la siete de la mañana, el sol acariciaba el ambiente con sus rayos oblicuos
sobre las formas que la oscura noche ocultara. La luna se desdibujaba y el autobús
emprendía el rumbo a Nápoles. Pronto la calle volvió a adquirir el aspecto de un día
cualquiera ante la desaparición del rumor del los motores del vehículo.
Santiago, empleando el micrófono, dirigió unas breves palabras a todos.
- Como podéis ver, vuestro esfuerzo a merecido la pena y nos dirigimos a Nápoles. Con
permiso vuestro os presento a los conductores, Ramón es quien va al volante y Saúl mi
compañero de asiento. Os sugiero que recéis un poco, nada de gritos que os conozco,
para que Dios nos ayude en este viaje.
- Santi.- Interrumpió Lucy- y no olvides decírselo a los conductores, de ellos depende
el éxito.
Muchos aplaudieron la sugerencia. Mientras tanto Cris y Eva hablaban de sus cosas.
- ¿Cómo puede tener tanta confianza con un profesor de matemáticas?- Apuntaba la rubia.
- Creo que es su tío, según he oído.
- Ahora lo entiendo...- Decía pensativa.
Llevaban siete horas de viaje, cuando los conductores decidieron parar para descansar y
poder comer. Estaban en el Gran Campig Zaratrauz, en Guipúzcoa. Todos se bajaron
rápidamente, entre el cansancio y el hambre les servía cualquier sitio, aunque había
que decir que aquel era precioso.
-¡Oh, no!- Soltó Eva con fastidio- ¡Me he olvidado de la comida para hoy!
- Tranqui, tía. Yo te lo soluciono- Dijo Cris- ¡¡¡¡Quién está dispuesto a compartir un
poco de su comida con Eva!!!!
Automáticamente todos miraron a la joven de memoria frágil que se olvidara de que el
primer día había que traer comida de casa. Eva quiso desaparecer, un rubor cubrió sus
mejillas y de buena gana le habría estampado un guantazo a su amiga por ponerla en tal
situación. Los bocadillos y demás alimentos empezaron a llover a su alrededor ante las
risas de todos.
- Me las vas a pagar- Susurraba al oído de Cris.
En esas estaban cuando oyen que alguien habla detrás suya.
- Oye Eva, yo no te di nada porque creo que los demás...- Sonrió mientras miraba el
estropicio de comida que a su alrededor había- Además mi madre es muy mala cocinera,
pero ¿Quieres Coca cola?
Ambas se dieron la vuelta para encontrarse a Lucy sujetando una lata de refresco con
una delicadeza casi estúpida, como si estuviese regalando un ramo de flores a su dama
en un cuadro medieval.
- Grac... gracias.- Contestó aceptando inmersa en nervios.
- No sé que pensar.- Argumentaba Cris.- Pero cada vez que se acerca a ti, empiezas a
tartamudear.
-¡Oh, cállate!
Tuvieron una hora para comer, tras un leve paseo y ojeada por el lugar, todos montaron
el vehículo para emprender de nuevo el viaje, esta vez guiado por Saúl.
El camino empezaba a resultar pesado, los conductores decidieron poner una película,
Sheaskpeare in Love, una de esas románticas sin final feliz. Cris más bien la miraba
por las veces que se besaban o en las que fingían hacer el amor que por lo bonito de
sus palabras. Eva cerraba los ojos, se le antojaba asqueroso besar a un chico... ¿y a
Lucy?... Volvió a sacudir la cabeza intentando hacer cambiar de tema a sus pensamientos.
De golpe a su mente vinieron recuerdos de como su madre se dejó engañar y lo más triste
es que siempre quiso ocultarle la maldad de su padre, justificando su asquerosa
conducta a que eran demasiado jóvenes. En verdad lo que Eva pensaba era que su padre se
aprovechó de su ingenuidad para después dejarla sola. Poco a poco se quedó dormida
entre ese pensamientos y el único adjetivo que le identificaba era "cerdo, como
todos los hombres".
Eran las once y media cuando llegaron a Nápoles, todos estaban inmensamente cansados.
Montaron el camping a lado del mar, cosa que hizo a Eva recordar la hermosa playa que
frente a su casa tenía. Santiago preparó la cena.
- Oye, Santi.- Decía Lucy ante la comida que les había preparado.- Esto es horrible.
Prométenos que no cocinarás más.
- Si cocinas, tú...
- Esto... Retiro lo dicho, la última vez casi me denuncian por intoxicación masiva,
eso si no me ataca ninguno de los bichitos que esté cocinando...
Todos se echaron a reír ante la ingeniosa Lucy, que a pesar de no ser muy conocida en
el grupo, pronto cautivó a todos con sus hermosos ojos azules y con una sonrisa
perpetua en los labios.
Tras este no muy apetitoso banquete, todos se acostaron en sus tiendas. Eva la
compartía con Cris y con otras dos jóvenes Carol y Laura. No podía dormir recordando
los acostumbrados paseos nocturnos por su playa, que casi se podría decir que estaba
enamorada de ella. Lentamente evitando hacer ruido, se levantó y salió a respirar el
aire nocturno.
Estaba vacía, cosa que en realidad prefería. La luna mostraba todo su esplendor, tan
redonda y reluciente como la última vez que estuvo llena. Pero sus pensamientos no
iban dirigidos a ella precisamente, no podía sacarse de la cabeza la perfecta sonrisa
de Lucy y su amabilidad al no tirarle, como todos, la comida a los pies. ¿Qué me
pasa? ¿Por qué no puedo quitármela de la cabeza?
- Hola, ¿Qué haces sola de noche por aquí, tras el duro viaje?.- Preguntaron detrás
suya.
- Oh, Lucy. Es que...- Volvió a tartamudear- me encanta... la playa- piensa en otra
cosa, que no te va a morder, más quisieras. Se repetía mentalmente una y otra vez.
- A mi también, pena que donde yo viva no la tenga. ¿Te apetece sentarte?- Preguntó
mientras se recostaba en la suave arena.
- Claro- Consiguió decir claramente por primera vez desde que la había conocido- ¿De
dónde eres?
- ¡Vaya! Pense que eras tartamuda - Argumentó divertida en medio de una sonrisa- Soy
madrileña. ¿Y cómo he venido a este viaje? Pues porque estaba de visita con mi tío
Santi y me convenció... cosas de mi madre... pero en realidad no me arrepiento.-
Susurró.
- Entiendo... ¿Tienes novio?- Soltó de repente ante la interrogante que se le puso en
el rostro a Lucy, mientras levantaba una ceja divertida. - Oh, lo siento, no debí
atreverme, mejor me voy a dormir es tarde... jejej- Rió nerviosa mientras se dirigía a
la tienda.- Hasta mañana... O hasta nunca, después de la tontería que he hecho
pensó tapándose con las sábanas a pesar del calor.
Lucy se quedó allí sentada sin moverse, ni saber que decir únicamente pensando Pero
que dulzura de chiquilla, me la comería... espero que después de la situación en la que
la metí vuelva a hablarme.
El alba empezaba a despuntar filtrándose por la leve lona de la tienda que cubría a una
joven rubia. No había dormido nada en toda la noche ¿Cómo se le pudo ocurrir hacerle
tal pregunta a alguien que acababa de conocer? ¿Tanto le interesaba? En realidad no lo
sabía, lo único que tenía claro es que la tenía tatuada en su cabeza y que no se la
podía quitar. No podía gustarle, eso era algo que impediría a toda costa. Sabía que
tras eso venía el amor y después de este, el sufrimiento. Igualmente le pasó a su madre,
¿Por qué seguía defendiendo a su padre? ¿Aún estaba enamorada de él? No se lo merecía
en absoluto.
-¿No duermes?- Preguntó Cris al darse la vuelta y verla con los ojos abiertos.
- No puedo... No se me quita algo de la cabeza.- Dijo sin darse cuenta.
- ¿Qué es? Si se puede saber.
- Te lo cuento, pero no se lo digas a nadie.- ¿Y ahora que le digo? Lo de Lucy por
supuesto que no.- Pues sabes, soy hija de soltera... Mi padre, por llamarlo de
alguna manera, dejó a mi madre embarazada cuando aún era una cría por decirlo de algún
modo y se largó. Dejándola conmigo, sola y sin saber que hacer.- Continuó- Tuvo que
abandonar los estudios y ponerse a trabajar como costurera y así malamente... vivimos y
quieras o no me hace sentir culpable el dejarla sola.
Cris lo único que hizo fue abrazarla, sin saber porque, pero quería consolarla de algún
modo. ¿Cómo podía existir alguien tan ruin? Quizá por eso Eva tenga tal fobia a las
relaciones de pareja y sobre todo a los hombres.
Las diferentes actividades diarias comenzaban a las diez. Tras un buen desayuno
preparado esta vez por Cris, que se ofreció voluntaria después de las pesadillas que
tuvo la noche anterior con el extraño mejunje preparado por Santiago. Una de las
actividades que harían durante todas las mañanas era surf, ya tenían las tablas
alquiladas y los instructores ya estaban en sus puestos. Eran dos fornidos chicos de
más o menos veinte años. Uno era alto con un largo pelo castaño que llevaba recogido en
una cola que parecía lucir orgulloso. Tenía los ojos color miel y cada vez que le daba
el sol semejaban, por raro que resultase, ponérsele verdes. Por otra parte el otro era
más bajo, pero tenía el cuerpo más trabajado, su pelo era negro y corto y apostaría que
siempre lo tenía mojado; quizás porque nunca salía del agua. Sus ojos eran de un azul
grisáceo extrañamente visto.
A pesar de ser italianos hablaban perfectamente el castellano, con un gracioso acento
que parecía que se expresasen cantando.
- Bien chicos y chicas.- Dijo el más alto.- Me llamo Kevin y este es Carlo, sabemos que
nunca habéis practicado este deporte, pero os aseguro que con tan buenos profesores
saldréis de aquí siendo profesionales.
Se oyó alguna que otra carcajada de fondo, ante los alardes de superioridad de los
recién conocidos profesores. Empezaron a explicar uno a uno como tenían que colocarse
sobre la tabla. Lucy parecía haberlo hecho siempre; pues aprendía rápido. En cambio Eva...
le resultaba imposible poner los pies sin acabar postrando su... bueno, sin acabar en
el agua.
- Permíteme ayudarte.- Dijo Carlo mostrando su amabilidad.
- No, no hace falta gracias.- Contesto apartándolo.- Ya lo intentaré yo sola.
- Venga, no me gustaría que una joven tan bella como tú se cayese por mi culpa.-
Argumentó agarrándola por la cintura.
En eso estaban cuando en un inesperado resbalón se quedó atrapada entre sus brazos, de
una forma que no le agradó mucho; ya que se levantó y tras gritarle un sonoro
¡¡¡¡Cerdo!!!! Y soltarle un guantazo que lo tumbó al suelo, salió corriendo hacia la
tienda.
Todos se quedaron absortos ante semejante reacción. No sabían que hacer, Santiago
sentía que se mareaba mientras era agarrado por Lucy. Recuperado un poco le rogó que
por favor fuera a hablar con ella. La morena no sabía que decirle ¿A qué vino semejante
reacción ante la ayuda del instructor?
Cris se iba adelantar pero Santiago se lo impidió.
- Por favor, ya hablará con Lucy.- Dijo parándola.- Tú ayuda a levantar al pobre hombre
del suelo...
Lucy se dirigía a su tienda, en realidad no sabía que decirle y menos sabía porque
había aceptado la petición de Santiago. Abrió la tienda poco a poco para encontrarse a
la joven envuelta en lágrimas, su pelo estaba totalmente mojado y caía con mechones
rebeldes a través de su rostro. Se le partió el corazón o por lo menos fue lo que ella
notó al encontrarla en semejante estado. Se sentó a su lado y con su brazo le rodeó la
espalda.
- ¿Estas bien?.- Que pregunta más absurda, si se está deshaciendo en lágrimas
pensó.
Ante la pregunta lo único que consiguió es que llorase más al darse cuenta de quien era
la persona que la estaba consolando.
- Entiendo que pudo molestarte la reacción de Carlo, pero, ¿Por qué lloras?
- Desde... que... bueno...- Consiguió decir entre gimoteos- no soporto que ningún...
chi.. co me toque....
- Entiendo...- En realidad no lo entendía pero no quería abrirle heridas.- Escúchame,
por favor no llores o también lo haré yo y después ¿Quién me consuela a mi?- Dijo
intentado sacarle importancia al asunto mientras se vislumbraba el brillo de las
lágrimas en sus ojos.
Se escuchó una leve sonrisilla y tras eso se abrazó a Lucy de una forma tan fuerte como
inesperada.
- Gra... cias.- Dijo por lo bajo contra su hombro.
- De nada. ¡¡Ah!! Y por cierto... no, no tengo novio.- Argumentó con una enorme sonrisa
mientras la obligaba a que la mirase.
- ¡Oh, lo siento!- Soltó alejándose de ella toda avergonzada.
- No lo sientas, que porque no tenga novio no se acaba el mundo, muchos no tienen con
quien compartir su vida jajajaa.- Rió al darse cuenta de que lo que sentía era habérselo
preguntado no que esta no tuviese pareja.
- Jo, no te pases, quiero decir que siento habértelo preguntado. Por favor discúlpame...
- Está bien, pero... con un condición...- Fingió estar pensativa.- que esta noche me
acompañes a pasear por la playa. ¿Hecho?.
-¿En ser...? quiero decir... hecho, gracias de nuevo.- Y se volvieron a fundir en otro
abrazo.
- Eva... esto... no es por romper el momento ni nada por el estilo, pero... ¿No le
debes una disculpa a cierto monitor?
- De acuerdo... pero ¿Qué le digo? Oye Carlo siento soltarte un bofetón por intentar
ayudarme o aunque no lo parezca no pertenezco a la mafia Rusa...
- Jajaja. Eres un sol, chiquilla. Anda sal y muéstrale que no necesitas a tus matones
para defenderte.- Argumentó entre carcajadas Lucy.
Eva sintió un leve cosquilleo ante la palabra "chiquilla", era la primera vez que no
le importaba que así le llamasen. Tu si que eres un sol, Lucy...
- Carlo...- Susurró tímidamente Eva mientras Lucy se encontraba detrás de ella
animándola- ...lo.... siento, no sé... como pude reaccionar de tal, tal modo... yo...
- Déjalo, te entiendo, fue culpa mía- Contestó colocando hielo en un ojo mientras era
atendido por Cris.
- Creo que es la primera vez que nos ocurre esto...- Decía Kevin ayudando a su amigo-
Eso te pasa por listo, siendo yo te daba otra jejeje.
La clase continuó sin más inconvenientes, pero evidentemente, Kevin y muchísimo menos
Carlo, se volvieron acercar a Eva. Le costó aprender; ya que, sin tener ayuda tenía que
ingeniárselas. Lucy parecía un pez en el agua, viendo el panorama desolador que le
mostraba su rubia amiga, decidió mostrarle como tenía que hacer. Sin más dilaciones la
agarró por la cintura amarrándola a la tabla. Con sus cuerpos todos mojados y el
infarto que casi le da a Eva, mismamente parecía que la morena le estuviese enseñando
otra cosa. La más joven se pegó a quien su ayuda le ofrecía casi en un intento
descarado que provocó una sonrisilla en Lucy y una descarga en todo su cuerpo.
- Espero que a mi no me pegues...- Dijo en su oído.
- No, no... no...- Tartamudeaba, para no perder la tradición.
La mañana se pasó volando, o al menos, eso le pareció a ambas. Para hoy no tenían
ninguna tarea programada y por lo tanto pasaron el día en la playa. Eva intentaba
evitar en todo momento a Lucy ¿Pero que le estaba pasando? Si sólo por haberla agarrado
en la clase de surf, casi se derrite como la nata montada. No quería enamorarse, eso lo
tenía claro. No sufriré como lo hizo mi madre se repetía todo el tiempo. Pero
¿cómo evitarlo? Sus cuerpos pegados mientras las gotas de agua resbalaban al unísono
por un solo ser y cuando notó que el cabello moreno la rozaba descuidadamente, húmedo
y brillante. ¿Cómo resistir eso? No podía simplemente, ya había sucumbido a las redes
de un amor bello en un principio pero imposible después...
De nuevo llegó la noche; estaba despejada y se podrían contar, con un poco de paciencia,
todas las estrellas que como un manto cubrían el campamento. La arena se antojaba fría,
pero sedosa al tacto de los pies descalzos. El ronroneo de las olas parecía un lenta
melodía de cuna acompañado por la leve luz de una fogata rodeada por todos.
- Eva .- Dijo Cris.- ¿Por qué no nos cuentas una de tus historias?
- ¿Perdona?
- Venga, que se te da muy bien...
- Per....- Intentó decir, pero fue cortada por un griterío que la animaba.
- ¡¡¡Qué la cuente, que la cuente!!! ¡¡¡¡Qué la cuente!!!
- Me las pagarás y con esta ya son dos las que me debes.- Dijo al oído de Cris.
- De acuerdo, tranquis. Haber, esta es una historia que un día me contaron y hasta hoy
me quedó grabada: Por suceder, sucedió un día....- Contaba con un brillo en los ojos
que fascinaba a todos y en especial a Lucy que se dejó llevar al oír su voz.- que una
hermosa princesa fenicia, Europa, cogía flores cerca del hermoso y sosegado mar. Zeus,
padre y señor de los antiguos dioses griegos, la vio. Cautivado y prisionero de su
belleza se acercó a ella bajo la forma de un toro.- Narraba pausadamente y en ocasiones
gesticulando para que la entendiesen.- Enamorada por su dulce mirar, Europa se subió a
lomos de la bestia. De repente el animal se alejó a galope en dirección al calmoso mar
y ayudado por las olas de Poseidón, la depositó en las costas de Creta. Una vez allí,
Zeus volvió a recuperar su aspecto humano y bajo una palmera, cerca de Gortys,
disfrutaron juntos de su amor, el primero y el verdadero...
- ¡Hey!.- Exclamó Carol.- ¿Os habéis fijado en Cris y Pablo? Deben pensar que son Zeus
y Europa jejeje.
- ¿¿Qué??.- Decía Eva asombrada al darse cuenta de que su amiga había conseguido, Ya su
propósito en la excursión. Madre mía lo que me faltaba por ver, dos monos en celo...
pensó con una leve sonrisa alegrándose por su amiga.
Todos estallaron en carcajadas, excepto Santiago; que como buen aguafiestas les cortó
el rollo.
- Venga chicos, que aún falta mucho para el invierno y estar tan pegados...
Regresaron cada uno a su tienda, algunos pensando en la historia que la rubia había
contado, otros... bueno específicamente otros dos... mejor ni saber en lo que pensaban
y mientras tanto, lo único que en su mente tenía Eva, era a su Lucy y la carita de
ángel que ponía mientras la escuchaba.
Deseaba que todos en su tienda se durmieran para poder salir a la playa, la noche era
cálida y la luna regalaba un perfecto reflejo en las aguas marinas. Tras una hora sólo
oyó el cantar de los grillos y el molesto ruido de la gaviota de turno. Suavemente se
levantó, se vistió unos vaqueros y una chaqueta y salió de la tienda. En principio no
divisó a nadie; pero para no perder la costumbre, alguien se le acercó por detrás...
- Hola, ya pensé que habías roto nuestro trato.
- Ah, no, no...- Decía Eva con una enorme sonrisa al darse la vuelta.
- ¿Estas mejor?
- Sí, supongo. - Contestó mientras se sentaban en la fina arena.
- Bonita noche, no sé... incluso se podría decir que romántica...- Argumentó Lucy, a
pesar del rubor, oculto por la oscuridad, en las mejillas de la más joven.- Por cierto...
me encantó tu historia... ¿Crees en el amor? Bueno... ¿Tan auténtico como tu lo
mostrabas?
- Esto...- Tartamudeó, de nuevo y como siempre, ante la pregunta.- Según en mi historia
existe ¿Pero sinceramente? Demasiados desengaños como para esperar que la persona que
tú quieres sienta lo mismo por ti.
- ¿Y existe alguien que esperas que lo sienta? Es decir merecedor de tus dudas e
insomnios.
- Buena pregunta... - dijo sonriendo de medio lado TÚ y solamente TÚ pensaba.-
¿Tu que crees?
- Que el que consiga tu corazón va a tener mucha suerte...
- Y eso Señorita Lucy...- Bromeó en tono burlón.- ¿Lo ha adivinado usted en dos días?
- No, lo he adivinado esta mañana, tras dejar semiconsciente al instructor... Cualquiera
se acerca a usted Señorita Eva...- Dijo mientras se echaba a reír.
- ¡Oiga! No se pase Señorita Lucy.- Fingía indignación mientras se lanzaba sobre ella
en un ataque de cosquillas, haciéndolas restregarse por toda la arena.
- ¡Para! ¡Para!.- Gritaba Lucy.
- Puede que sí, puede que no y si me dices que... que soy muy guapa ¿Qué te parece?
- ¡De acuerdo, de acuerdo!.- Gritaba sin parar en medio de una sonora carcajada.- Eres
muy guapa... ¡Para, para! Ya te lo he dicho ¡Estás muy buena, más buena que un zumo
recién exprimido!
- ¿Estoy más buena que un zumo recién exprimido? Interesante...- Fingía intrigarse
mientras sentada a horcajadas sobre su vientre, le sujetaba los brazos encima de la
cabeza.- ¿Usted cree señorita Lucy?
- Aja...
Continuará. To be continued....
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Repito cualquier comentario sea cual sea, será bien recibido. Gracias por leer mi
historia ya que si estas palabras llegan a ti supongo que será porque te has quedado
desde un principio. Así que gracias por emplear tu tiempo y besos por wapetón.