Renuncia: Todos los personajes en los que se basa esta pequeña historia, pertenecen a ya sabéis todos quien. Así que si pensáis que en mi tiempo libre robo actores o ideas a productores necios (Tapert), os equivocáis de persona. Pero de lo que sí puedo presumir (Aunque no gane ni un sutil centavo), es de que esta historia me pertenece y por lo tanto, si deseas copiarla en algún lugar llámame... a ver si gano algo de pasta... Además si reconoces el nombre de cierta película, no es casualidad, pero tampoco es mía así que como ven estoy a dos velas...
Advertencia: Esta "cosa" que se me ocurrió escribir en una noche de insomnio, expresa una relación CONSENTIDA entre mujeres. Si eres menor de edad o es ilegal en tu finca o en el trozo de tierra (mar, luna o demás sitios raros) en los que habites, no lo leas (Aunque al final lo vas a hacer igual, pero mi responsabilidad no es así que es tu problema wapetón).
Dedicatoria: Por supuesto y sin dudarlo ni un momento, este pequeño trabajo se lo dedico a: Las colaboradoras y creadora de la pág. Gorky, Diabla y Psico sois magníficas, a mi pequeño héroe RicardoM sí a ti y que sepas que todos los demás también te los dedicaré por tu ayuda, amigo. Ami bardo más sentimental Alex Bohem. A Andre Love que me trae en vilo con Noble y Plebeya, a Shyara que lleva mucho sin escribir, a ffmorgan, a Lane que me cautiva en cada linea, a Tazey que por favor continúa tu trabajo o lo mío va a necesitar atención psicológica (muxas gracias por ayudarme kon el título, eres un sol) y por último pero por ello jamás sería menos importante a bastet esa pequeña principiante que llegará lejos. Gracias a todos los bardos, siento no poder nombraros uno a uno, pero os lo mereceríais por wapetones y por majos.

Por último y sin enrollarme más cualquier sugerencia que la agradecería con el alma a: valky89@hotmail.com


HUIDA COBARDE, POR UN AMOR IMPOSIBLE

Por Valky

Primera parte

El sol aparece cubierto de nubes grises, que entristecen la pequeña ciudad que acaba de despertar. ¿Coincidirá el fin de sus dieciocho años con el último día del verano? Eva no es capaz de llorar; traga sus lágrimas que le producen un profundo malestar e incluso se le antojan indigestas. No puede contar su macabro problema a nadie. Ni siquiera a Cris, que es su mejor amiga y mucho menos a su madre; cree que sería como abrirle una herida que considera definitivamente cicatrizada. Tampoco puede decírselo a la propia Lucy.
Lo más prudente será guardar la verdad como el secreto más amargo que el cruel azar puso en su camino. A su parecer no hay un ser con tanta desventura como ella. Lamenta una y mil veces sucumbir ante millares de ideas que consideraba inalterables. Estaba a punto de creer en un Dios bueno y protector que dio un giro copernicano a su concepto del amor, pero el fatal destino hizo que se derrumbaran su ideales precipitándola a un pozo sin fondo.

El suicidio es el único final aceptable para ella. Reconoce que esa palabra le produce escalofríos. Es demasiado cobarde como para afrontar sin miedo una situación así, pero se siente sola en un mundo que permanece indiferente ante su particular tragedia. ¿Indiferente? Peor, las fuerzas satánicas se concentran en su contra.
Un nombre. Un maldito y fatídico nombre propio, acaba de convertir a la chica más afortunada del mundo en la más infeliz y derrotada. ¿Por qué compraría el periódico? ¿Cómo es posible que aún después de muerto siga con sus maldades? Otra vez vuelve a juzgar la vida desde un punto de vista negativo. Los hombres son todos unos... mejor ni decirlo, TODOS, no se libra ninguno. Y estudiar derecho ¿Pare qué? ¿Acaso existe la justicia?- piensa con rabia.
Eva llegó a querer tanto a Lucy, pudo sentir con tanta intensidad la fuerza del primer y único amor, que creyó alcanzar las puertas del edén... ¿Y ahora? Ahora ni siquiera puede odiarla.
Sí, la única solución, por cobarde que sea, es el suicidio... ¿Acaso hay otra salida?.

*****

Todo empezó a principios del verano. Enfundada en unos pantalones vaqueros y una camisa blanca que bajaba un poco por debajo de su torso, Eva una joven de dieciocho años, con unos ojos grandes de un luminoso verde, y una corta melena rubia que parecía querer abordar sus hombros, cálida y sedosa. Bajaba por la calle que iba a su barrio, cuando de golpe y porrazo se encuentra con su profesor, Santiago.

-¡Hola Eva! ¿Quieres hacer un viaje a Nápoles? Dice animadamente haciéndola frenar en seco.

-¿Cómo? - Dijo realmente extrañada por su atrevimiento; ya que, mal le pesara siempre le había considerado muy serio.

-Lo que oyes, durará una semana, y para nada resultará caro ya que vamos de camping.

- Pues... er... así tan repentinamente no sé... supongo que debo consultarlo en casa.

- Por supuesto, piénsalo, aún nos queda alguna plaza pero no por mucho tiempo. ¡Hasta luego, chiquilla!- dijo al irse dando un pequeño toque en el hombro de la joven con lo que parecía bastante prisa.

AAAhhjjjjjjjjj.- pensó indignada- ¿Es qué no sabe que no soporto que me llamen chiquilla?

La idea no tardó en agradarle, pero la duda la asaltó al darse cuenta de que su madre no estaba en su mejor momento económico. Esta era una mujer de cuarenta y cinco años, tenía unos preciosos ojos oscuros, que contrastaban con la inmensa claridad de su cabello rubio, un rubio tan intenso que hipnotizaba al mirarlo atentamente. En un pequeño arrebato de valentía se dispuso a preguntárselo.

-¿Y realmente deseas ir?- dijo con esa noble sonrisa que tanto agradaba a Eva.

-¡Qué va! Para nada. ¡Vaya paliza! Una semana durmiendo en el suelo a cargo de mi profesor de matemáticas- Fingió desgana ante la idea.

- Pues en realidad creo que es un viaje interesante. Oportunidades así pocas veces se dejan caer en tus manos. Debes ir, ya estás cogiendo el teléfono para reservar plaza.- Aclaró sin abandonar esa adorable mueca.

- ¿En serio? Voy llamar ahora mismo.

- ¿Pero no decías que era una paliza estar con Santiago?- Preguntó su madre conocedora de que la idea le había cautivado.

- Esto... es que...- Tartamudeaba Eva tras verse descubierta.

- Anda vete... - añadió su madre.

-Te quiero, mamá- y tras un besó se fue directa al teléfono.

Desde ese día, al ya estar apuntada, prácticamente a todas horas tenía que asistir a aburridas reuniones, que aguantaba con impaciencia, a sabiendas de que pronto se iría.
Y fue también desde entonces cuando decidió empezar a escribir un diario que tenía guardado con cariño, desde su primera comunión nada menos, y el cual no escribió antes porque en realidad no encontraba nada que despertase su interés por quedar memorizado entre sus líneas...

*****

A primera hora de la mañana, se disponía a salir a correr. Tras el esfuerzo de una hora por un extenso barrio residencial, más bien para olvidar la opresión de su pecho a través del duro trabajo. Decidió comprar el periódico y buscar aquella nota necrológica que acababa de convertir el verano más maravilloso de su vida en un infierno lúgubre y tétrico. Vuelve a casa recordando que estará sola todo el día, y en realidad, dentro de su desdicha es algo bueno; ya que, el fingir no será un problema.
¿Suicidio? ¿Por qué no? Una voz le grita por dentro, a diferencia de las películas; no distingue si es el ángel bueno o el ángel malo, que la incita a romper con todo en una huída cobarde hacia la dulce muerte, hacia la libertad definitiva.
Sube pesadamente los escalones hasta su piso. Introduciendo la mano derecha en su pantalón en busca de la llave, que para su fastidio está en el otro bolsillo. Cambia el periódico de mano y abre la puerta tras dos giros de la cerradura, entra y para su asombro la cierra suavemente.

Se dirige a su habitación, quitándose la sucia ropa, después de hacer deporte, a cada paso que da. Se deja caer en la cama, más cómoda con su nueva vestimenta, como un ser inerte botando varias veces. Quisiera o no, le es imposible apartar de sus pensamientos aquel odiado nombre, Jonh Stivenson Mcgregor. Con un suspiro siente que la vida se le va como a un reo de muerte en su último día.

*****

Cris era la única persona, de los muchos jóvenes que se embarcarían en el viaje, que Eva conocía. Era todo lo contrario a ella, era alta; no mucho, pero sobresalía con creces ante la no muy gran Eva. Tenía una preciosa melena pelirroja, muy poco usual en cualquier española, que realmente hacía destacar la simpatía y el brillo que dejaban ver sus hermosos ojos color miel, que en ocasiones semejaban ser más oscuros. No era para nada tímida cosa que además de su belleza innata, hacía caer a sus pies muchas oportunidades, las cuales no desaprovechaba muchas veces. Era realista, no creía en el amor, algo que en cierto modo, por el momento, la hacía parecida a Eva.

Santiago dividió los diversos preparativos del viaje en grupos, y para suerte de ambas les tocó juntas, poco a poco concretaban los pequeños detalles para el tan esperado día que las llevaría ni más ni menos que a Nápoles, una bella ciudad costera de Italia.

Pronto llegó la hora de emprender la ruta, faltaba tan sólo media hora para la salida del autobús y Eva aún no decidía que ponerse.

- Eva, muévete que son las cinco y media- su madre la animaba a apurarse mientras se fijaba en el espantoso desorden de su cuarto.- ¿Pero ha habido una batalla, chiquilla?

- OOOOhhh, por Dios no me llames así- Dijo fingiendo un enfado que no sentía en absoluto- Es que no sabía que ponerme.

- Pongas lo que te pongas irás bien...con lo guapa que eres hija- Concluyó orgullosa.

- Que vas a decir mamá, soy tu única descendiente.

- Sí, a la que quiero y voy echar de menos- tras esto se abrazaron tiernamente.

- ¡Qué tarde! Me voy, nos vemos dentro de una semana, te quiero guapetona.- Añadió la joven con desespero.

- Adiós, pásatelo bien. Sabes que me hubiese gustado ir contigo a la parada del bus, pero el trabajo me lo impide.

- Lo sé adiós.

*****

Dominada por un sentimiento de enorme tristeza y de un terrible cansancio, se levanta sin prisa decidida a llevar a cabo la última locura de su vida. Sabe que dispone de todo el día. Aún son las diez. Va al cuarto de baño a sabiendas que allí es donde guardan los medicamentos. Piensa tomarse todo lo que encuentre, algo habrá que le regale el efecto esperado. Abre el armario, pero decepcionada vuelve a cerrarlo, dándose cuenta de que su madre había tirado todos las medicinas caducadas. Sigue buscando un remedio que pronto ponga fin a esta amarga sensación que le impide respirar.

Tras buscar, sin prisa, encuentra una caja de Aspirinas. Tragándomelas todas y con un poco de suerte funcionará, piensa.
Mete la primera pastilla y con un leve empujón consigue hundirla en su seca garganta de tanto llorar. Bebe un poco de agua, de golpe, cual vaquero del lejano oeste, temiendo volverse atrás. Se dirige de nuevo a su cuarto, no quiere tomarse todas las pastillas ahora, tiene tiempo y siendo este su último día le da igual que sea por la tarde. ¿Acaso no se han acabado ya todas mis ilusiones? Se tumba de nuevo y siente que hay algo bajo ella, con una triste sonrisa lo coge, es su diario, donde guardó tan bellos momentos, que para ella no son más que un sueño que la llevaron a tan cruel pesadilla.
Se fija en su cuarto. No está mal, lo decoró ella misma en un arrebato de convertir su lugar favorito de la casa en una réplica de su personalidad. A pesar de las numerosas reprimendas de su madre por ponerlo todo perdido de pintura.
Su madre ahora trabaja en un banco, con un buen sueldo y vacaciones pagadas. Resulta absurdo y una auténtica paradoja que ahora que lo tiene todo piense en el suicido como la única salida. No puedo hacer otra cosa. Prefiero que mi madre y mucho menos Lucy nunca sepan la verdad. Conseguirán olvidarme, mejor que este horrible sentir...
Se acuesta de medio lado, acariciando su diario escrito en días más dichosos, piensa que nada de lo plasmado en él puede ser real, abre las primera páginas y comienza a leer.

Sábado 30 Junio.

Querido diario, es la primera vez que te escribo; ya que, confidentemente, eso de escribirse a uno mismo, me parecía absurdo. Pero todos cambiamos de opinión y parece que tras estos nuevos acontecimientos me ha entrado la vena poética y literaria.
Me llamo Eva y vivo en Vigo, para mi una de las ciudades más bellas de España, me encanta su preciosa playa y lo bella que se ve la luna llena cuando entra a través de mi ventana reflejada en el calmado mar. Me hechiza pasear por las noche de verano junto al tranquilo océano que me tiene cautivada desde que puse los pies en este lugar.
Pero cambiando de tema y como si ya nos conociésemos de siempre, estoy muy contenta y animada porque voy a emprender un viaje a Nápoles, sí, como lo oyes, una semana gozando de las hermosas playas italianas. Todo está preparado, tras mucho esfuerzo y trabajo por parte del grupo, que recaudó fondos para ello. Sinceramente no se me pasan las horas... lo que más siento es no poder llevarte, pero no dudes que te lo contaré en cuanto vuelva.
Me despido de ti, con pesar, ya que hasta que vuelva no podremos hablar debido a los intensos preparativos. Besos hasta pronto.


Con nostalgia del que sabe que no puede retroceder en el tiempo, y el desespero de quien sabe que se apaga una vela, sigue pensando en tiempos mejores. Sonríe amargamente, se arrepiente de nuevo por haberse encontrado con Santiago ese día y lamenta también los apuros y sacrificios vividos tratando de conseguir fondos para el viaje. Dejando el diario sobre la cama se da cuenta de que son las diez y media, no hay prisa. Cree que tendrá todo el día para realizar la última acción voluntaria de su vida. Suena el teléfono, no lo coge. ¿Qué más da quién sea? Aunque dispuesta a tragarse todas las pastillas, no puede evitar un nerviosismo que le impide actuar con rapidez, restándole fuerzas. Permanece con la luz justa sin querer abrir las persianas, no quiere comprobar como el sol eleva los rayos matutinos cada vez más oblicuos por la llegada del invierno que intensifican los colores de todo lo que tocan.
No quiere reconocer que la vida sigue para los demás, esa percepción le provoca un dolor egoísta y punzante.

*****

Era una mañana fresca, a pesar de las fechas estivales del calendario. Uno de Agosto, seis de la madrugada. El sol comenzaba a levantarse encendiendo los cristales de las casas con cegadoras luces amarillas. La calle les pertenecía por completo a juzgar por la extensión de los más de veinticinco vehículos particulares, bolsas, mochilas, maletas, pequeñas tumbonas de playa, paquetes de comida, tiendas...

Para muchos era la primera expedición de su vida lejos de su país. Los nervios, las emociones, los miedos, parecían querer reclamar un lugar entre las numerosas despedidas, que tenían un mismo hilo común, la alegría por el viaje y la tristeza de dejar por un tiempo a los seres más queridos.
Puede que eso fuera lo que más mal hizo sentir a Eva, el no poder despedirse de su madre antes de subir al autobús. Pero pronto volvería verla con nuevas experiencias y con algún que otro regalo...

- Mira...- Decía con un brillo en los ojos Cris.- aquel es Pablo, ¿A qué está bastante bien?

- Ya te he dicho que me da igual.- Decía resignada sabiendo lo que le esperaba todo el viaje.

- No sé como no puedes verlo ¿Dónde tienes los ojitos, cariño?- Preguntaba sin mirarla.- Mejor, este va a ser mío antes de que la semana acabe... ¿Eva? ¿Eva?- Decía al darse cuenta de que su amiga ya había subido al autobús y la había dejado hablando sola.

- ¿Sí?- Contestó en un tono inocentón mientras Cris se sentaba a su lado.

- Mmmm. No tienes remedio...- Argumentó fingiendo enfado, mientras empezaba a hacerle cosquillas...

- Jajajajaj, para o te arrepentirás.- Gritaba ante el inesperado ataque, mientras se daba cuenta de que le impedían el paso a una joven que esperaba con una ceja enarcada y los brazos cruzados ante el panorama.

- ¿Habéis terminado?.- Dijo sonriendo de medio lado...

- Pe... per...done. - Tartamudeó Eva al observar la perfecta sonrisa de la joven. Oh, Dios mío que ven mis ojos. Pensó sacudiéndose la cabeza ante tan raros pensamientos.

- Disculpa, no pretendíamos molestarte.- Contestó sin titubeos Cris.- ¿Verdad, Eva? ¿Eva? Quieres volver a tierra...

- Eh... o claro, sí lo siento. ¿Có... mo te llamas?- Dijo en un impulso que no supo muy bien de donde le salió.

- ¿Perdón?- Preguntó dándose la vuelta de nuevo- Ah, Lucy ¿Y tú?

- Eva mucho gusto.- Decía mientras se levantaba para darle los dos besos típicos de España.

- Igualmente.

Ya eran la siete de la mañana, el sol acariciaba el ambiente con sus rayos oblicuos sobre las formas que la oscura noche ocultara. La luna se desdibujaba y el autobús emprendía el rumbo a Nápoles. Pronto la calle volvió a adquirir el aspecto de un día cualquiera ante la desaparición del rumor del los motores del vehículo.

Santiago, empleando el micrófono, dirigió unas breves palabras a todos.

- Como podéis ver, vuestro esfuerzo a merecido la pena y nos dirigimos a Nápoles. Con permiso vuestro os presento a los conductores, Ramón es quien va al volante y Saúl mi compañero de asiento. Os sugiero que recéis un poco, nada de gritos que os conozco, para que Dios nos ayude en este viaje.

- Santi.- Interrumpió Lucy- y no olvides decírselo a los conductores, de ellos depende el éxito.

Muchos aplaudieron la sugerencia. Mientras tanto Cris y Eva hablaban de sus cosas.

- ¿Cómo puede tener tanta confianza con un profesor de matemáticas?- Apuntaba la rubia.

- Creo que es su tío, según he oído.

- Ahora lo entiendo...- Decía pensativa.

Llevaban siete horas de viaje, cuando los conductores decidieron parar para descansar y poder comer. Estaban en el Gran Campig Zaratrauz, en Guipúzcoa. Todos se bajaron rápidamente, entre el cansancio y el hambre les servía cualquier sitio, aunque había que decir que aquel era precioso.

-¡Oh, no!- Soltó Eva con fastidio- ¡Me he olvidado de la comida para hoy!

- Tranqui, tía. Yo te lo soluciono- Dijo Cris- ¡¡¡¡Quién está dispuesto a compartir un poco de su comida con Eva!!!!

Automáticamente todos miraron a la joven de memoria frágil que se olvidara de que el primer día había que traer comida de casa. Eva quiso desaparecer, un rubor cubrió sus mejillas y de buena gana le habría estampado un guantazo a su amiga por ponerla en tal situación. Los bocadillos y demás alimentos empezaron a llover a su alrededor ante las risas de todos.

- Me las vas a pagar- Susurraba al oído de Cris.

En esas estaban cuando oyen que alguien habla detrás suya.

- Oye Eva, yo no te di nada porque creo que los demás...- Sonrió mientras miraba el estropicio de comida que a su alrededor había- Además mi madre es muy mala cocinera, pero ¿Quieres Coca cola?

Ambas se dieron la vuelta para encontrarse a Lucy sujetando una lata de refresco con una delicadeza casi estúpida, como si estuviese regalando un ramo de flores a su dama en un cuadro medieval.

- Grac... gracias.- Contestó aceptando inmersa en nervios.

- No sé que pensar.- Argumentaba Cris.- Pero cada vez que se acerca a ti, empiezas a tartamudear.

-¡Oh, cállate!

Tuvieron una hora para comer, tras un leve paseo y ojeada por el lugar, todos montaron el vehículo para emprender de nuevo el viaje, esta vez guiado por Saúl.

El camino empezaba a resultar pesado, los conductores decidieron poner una película, Sheaskpeare in Love, una de esas románticas sin final feliz. Cris más bien la miraba por las veces que se besaban o en las que fingían hacer el amor que por lo bonito de sus palabras. Eva cerraba los ojos, se le antojaba asqueroso besar a un chico... ¿y a Lucy?... Volvió a sacudir la cabeza intentando hacer cambiar de tema a sus pensamientos.
De golpe a su mente vinieron recuerdos de como su madre se dejó engañar y lo más triste es que siempre quiso ocultarle la maldad de su padre, justificando su asquerosa conducta a que eran demasiado jóvenes. En verdad lo que Eva pensaba era que su padre se aprovechó de su ingenuidad para después dejarla sola. Poco a poco se quedó dormida entre ese pensamientos y el único adjetivo que le identificaba era "cerdo, como todos los hombres".

Eran las once y media cuando llegaron a Nápoles, todos estaban inmensamente cansados. Montaron el camping a lado del mar, cosa que hizo a Eva recordar la hermosa playa que frente a su casa tenía. Santiago preparó la cena.

- Oye, Santi.- Decía Lucy ante la comida que les había preparado.- Esto es horrible. Prométenos que no cocinarás más.

- Si cocinas, tú...

- Esto... Retiro lo dicho, la última vez casi me denuncian por intoxicación masiva, eso si no me ataca ninguno de los bichitos que esté cocinando...

Todos se echaron a reír ante la ingeniosa Lucy, que a pesar de no ser muy conocida en el grupo, pronto cautivó a todos con sus hermosos ojos azules y con una sonrisa perpetua en los labios.

Tras este no muy apetitoso banquete, todos se acostaron en sus tiendas. Eva la compartía con Cris y con otras dos jóvenes Carol y Laura. No podía dormir recordando los acostumbrados paseos nocturnos por su playa, que casi se podría decir que estaba enamorada de ella. Lentamente evitando hacer ruido, se levantó y salió a respirar el aire nocturno.

Estaba vacía, cosa que en realidad prefería. La luna mostraba todo su esplendor, tan redonda y reluciente como la última vez que estuvo llena. Pero sus pensamientos no iban dirigidos a ella precisamente, no podía sacarse de la cabeza la perfecta sonrisa de Lucy y su amabilidad al no tirarle, como todos, la comida a los pies. ¿Qué me pasa? ¿Por qué no puedo quitármela de la cabeza?

- Hola, ¿Qué haces sola de noche por aquí, tras el duro viaje?.- Preguntaron detrás suya.

- Oh, Lucy. Es que...- Volvió a tartamudear- me encanta... la playa- piensa en otra cosa, que no te va a morder, más quisieras. Se repetía mentalmente una y otra vez.

- A mi también, pena que donde yo viva no la tenga. ¿Te apetece sentarte?- Preguntó mientras se recostaba en la suave arena.

- Claro- Consiguió decir claramente por primera vez desde que la había conocido- ¿De dónde eres?

- ¡Vaya! Pense que eras tartamuda - Argumentó divertida en medio de una sonrisa- Soy madrileña. ¿Y cómo he venido a este viaje? Pues porque estaba de visita con mi tío Santi y me convenció... cosas de mi madre... pero en realidad no me arrepiento.- Susurró.

- Entiendo... ¿Tienes novio?- Soltó de repente ante la interrogante que se le puso en el rostro a Lucy, mientras levantaba una ceja divertida. - Oh, lo siento, no debí atreverme, mejor me voy a dormir es tarde... jejej- Rió nerviosa mientras se dirigía a la tienda.- Hasta mañana... O hasta nunca, después de la tontería que he hecho pensó tapándose con las sábanas a pesar del calor.

Lucy se quedó allí sentada sin moverse, ni saber que decir únicamente pensando Pero que dulzura de chiquilla, me la comería... espero que después de la situación en la que la metí vuelva a hablarme.

El alba empezaba a despuntar filtrándose por la leve lona de la tienda que cubría a una joven rubia. No había dormido nada en toda la noche ¿Cómo se le pudo ocurrir hacerle tal pregunta a alguien que acababa de conocer? ¿Tanto le interesaba? En realidad no lo sabía, lo único que tenía claro es que la tenía tatuada en su cabeza y que no se la podía quitar. No podía gustarle, eso era algo que impediría a toda costa. Sabía que tras eso venía el amor y después de este, el sufrimiento. Igualmente le pasó a su madre, ¿Por qué seguía defendiendo a su padre? ¿Aún estaba enamorada de él? No se lo merecía en absoluto.

-¿No duermes?- Preguntó Cris al darse la vuelta y verla con los ojos abiertos.

- No puedo... No se me quita algo de la cabeza.- Dijo sin darse cuenta.

- ¿Qué es? Si se puede saber.

- Te lo cuento, pero no se lo digas a nadie.- ¿Y ahora que le digo? Lo de Lucy por supuesto que no.- Pues sabes, soy hija de soltera... Mi padre, por llamarlo de alguna manera, dejó a mi madre embarazada cuando aún era una cría por decirlo de algún modo y se largó. Dejándola conmigo, sola y sin saber que hacer.- Continuó- Tuvo que abandonar los estudios y ponerse a trabajar como costurera y así malamente... vivimos y quieras o no me hace sentir culpable el dejarla sola.

Cris lo único que hizo fue abrazarla, sin saber porque, pero quería consolarla de algún modo. ¿Cómo podía existir alguien tan ruin? Quizá por eso Eva tenga tal fobia a las relaciones de pareja y sobre todo a los hombres.

Las diferentes actividades diarias comenzaban a las diez. Tras un buen desayuno preparado esta vez por Cris, que se ofreció voluntaria después de las pesadillas que tuvo la noche anterior con el extraño mejunje preparado por Santiago. Una de las actividades que harían durante todas las mañanas era surf, ya tenían las tablas alquiladas y los instructores ya estaban en sus puestos. Eran dos fornidos chicos de más o menos veinte años. Uno era alto con un largo pelo castaño que llevaba recogido en una cola que parecía lucir orgulloso. Tenía los ojos color miel y cada vez que le daba el sol semejaban, por raro que resultase, ponérsele verdes. Por otra parte el otro era más bajo, pero tenía el cuerpo más trabajado, su pelo era negro y corto y apostaría que siempre lo tenía mojado; quizás porque nunca salía del agua. Sus ojos eran de un azul grisáceo extrañamente visto.
A pesar de ser italianos hablaban perfectamente el castellano, con un gracioso acento que parecía que se expresasen cantando.

- Bien chicos y chicas.- Dijo el más alto.- Me llamo Kevin y este es Carlo, sabemos que nunca habéis practicado este deporte, pero os aseguro que con tan buenos profesores saldréis de aquí siendo profesionales.

Se oyó alguna que otra carcajada de fondo, ante los alardes de superioridad de los recién conocidos profesores. Empezaron a explicar uno a uno como tenían que colocarse sobre la tabla. Lucy parecía haberlo hecho siempre; pues aprendía rápido. En cambio Eva... le resultaba imposible poner los pies sin acabar postrando su... bueno, sin acabar en el agua.

- Permíteme ayudarte.- Dijo Carlo mostrando su amabilidad.

- No, no hace falta gracias.- Contesto apartándolo.- Ya lo intentaré yo sola.

- Venga, no me gustaría que una joven tan bella como tú se cayese por mi culpa.- Argumentó agarrándola por la cintura.

En eso estaban cuando en un inesperado resbalón se quedó atrapada entre sus brazos, de una forma que no le agradó mucho; ya que se levantó y tras gritarle un sonoro ¡¡¡¡Cerdo!!!! Y soltarle un guantazo que lo tumbó al suelo, salió corriendo hacia la tienda.

Todos se quedaron absortos ante semejante reacción. No sabían que hacer, Santiago sentía que se mareaba mientras era agarrado por Lucy. Recuperado un poco le rogó que por favor fuera a hablar con ella. La morena no sabía que decirle ¿A qué vino semejante reacción ante la ayuda del instructor?
Cris se iba adelantar pero Santiago se lo impidió.

- Por favor, ya hablará con Lucy.- Dijo parándola.- Tú ayuda a levantar al pobre hombre del suelo...

Lucy se dirigía a su tienda, en realidad no sabía que decirle y menos sabía porque había aceptado la petición de Santiago. Abrió la tienda poco a poco para encontrarse a la joven envuelta en lágrimas, su pelo estaba totalmente mojado y caía con mechones rebeldes a través de su rostro. Se le partió el corazón o por lo menos fue lo que ella notó al encontrarla en semejante estado. Se sentó a su lado y con su brazo le rodeó la espalda.

- ¿Estas bien?.- Que pregunta más absurda, si se está deshaciendo en lágrimas pensó.

Ante la pregunta lo único que consiguió es que llorase más al darse cuenta de quien era la persona que la estaba consolando.

- Entiendo que pudo molestarte la reacción de Carlo, pero, ¿Por qué lloras?

- Desde... que... bueno...- Consiguió decir entre gimoteos- no soporto que ningún... chi.. co me toque....

- Entiendo...- En realidad no lo entendía pero no quería abrirle heridas.- Escúchame, por favor no llores o también lo haré yo y después ¿Quién me consuela a mi?- Dijo intentado sacarle importancia al asunto mientras se vislumbraba el brillo de las lágrimas en sus ojos.

Se escuchó una leve sonrisilla y tras eso se abrazó a Lucy de una forma tan fuerte como inesperada.

- Gra... cias.- Dijo por lo bajo contra su hombro.

- De nada. ¡¡Ah!! Y por cierto... no, no tengo novio.- Argumentó con una enorme sonrisa mientras la obligaba a que la mirase.

- ¡Oh, lo siento!- Soltó alejándose de ella toda avergonzada.

- No lo sientas, que porque no tenga novio no se acaba el mundo, muchos no tienen con quien compartir su vida jajajaa.- Rió al darse cuenta de que lo que sentía era habérselo preguntado no que esta no tuviese pareja.

- Jo, no te pases, quiero decir que siento habértelo preguntado. Por favor discúlpame...

- Está bien, pero... con un condición...- Fingió estar pensativa.- que esta noche me acompañes a pasear por la playa. ¿Hecho?.

-¿En ser...? quiero decir... hecho, gracias de nuevo.- Y se volvieron a fundir en otro abrazo.

- Eva... esto... no es por romper el momento ni nada por el estilo, pero... ¿No le debes una disculpa a cierto monitor?

- De acuerdo... pero ¿Qué le digo? Oye Carlo siento soltarte un bofetón por intentar ayudarme o aunque no lo parezca no pertenezco a la mafia Rusa...

- Jajaja. Eres un sol, chiquilla. Anda sal y muéstrale que no necesitas a tus matones para defenderte.- Argumentó entre carcajadas Lucy.

Eva sintió un leve cosquilleo ante la palabra "chiquilla", era la primera vez que no le importaba que así le llamasen. Tu si que eres un sol, Lucy...

- Carlo...- Susurró tímidamente Eva mientras Lucy se encontraba detrás de ella animándola- ...lo.... siento, no sé... como pude reaccionar de tal, tal modo... yo...

- Déjalo, te entiendo, fue culpa mía- Contestó colocando hielo en un ojo mientras era atendido por Cris.

- Creo que es la primera vez que nos ocurre esto...- Decía Kevin ayudando a su amigo- Eso te pasa por listo, siendo yo te daba otra jejeje.

La clase continuó sin más inconvenientes, pero evidentemente, Kevin y muchísimo menos Carlo, se volvieron acercar a Eva. Le costó aprender; ya que, sin tener ayuda tenía que ingeniárselas. Lucy parecía un pez en el agua, viendo el panorama desolador que le mostraba su rubia amiga, decidió mostrarle como tenía que hacer. Sin más dilaciones la agarró por la cintura amarrándola a la tabla. Con sus cuerpos todos mojados y el infarto que casi le da a Eva, mismamente parecía que la morena le estuviese enseñando otra cosa. La más joven se pegó a quien su ayuda le ofrecía casi en un intento descarado que provocó una sonrisilla en Lucy y una descarga en todo su cuerpo.

- Espero que a mi no me pegues...- Dijo en su oído.

- No, no... no...- Tartamudeaba, para no perder la tradición.

La mañana se pasó volando, o al menos, eso le pareció a ambas. Para hoy no tenían ninguna tarea programada y por lo tanto pasaron el día en la playa. Eva intentaba evitar en todo momento a Lucy ¿Pero que le estaba pasando? Si sólo por haberla agarrado en la clase de surf, casi se derrite como la nata montada. No quería enamorarse, eso lo tenía claro. No sufriré como lo hizo mi madre se repetía todo el tiempo. Pero ¿cómo evitarlo? Sus cuerpos pegados mientras las gotas de agua resbalaban al unísono por un solo ser y cuando notó que el cabello moreno la rozaba descuidadamente, húmedo y brillante. ¿Cómo resistir eso? No podía simplemente, ya había sucumbido a las redes de un amor bello en un principio pero imposible después...

De nuevo llegó la noche; estaba despejada y se podrían contar, con un poco de paciencia, todas las estrellas que como un manto cubrían el campamento. La arena se antojaba fría, pero sedosa al tacto de los pies descalzos. El ronroneo de las olas parecía un lenta melodía de cuna acompañado por la leve luz de una fogata rodeada por todos.

- Eva .- Dijo Cris.- ¿Por qué no nos cuentas una de tus historias?

- ¿Perdona?

- Venga, que se te da muy bien...

- Per....- Intentó decir, pero fue cortada por un griterío que la animaba.

- ¡¡¡Qué la cuente, que la cuente!!! ¡¡¡¡Qué la cuente!!!

- Me las pagarás y con esta ya son dos las que me debes.- Dijo al oído de Cris.

- De acuerdo, tranquis. Haber, esta es una historia que un día me contaron y hasta hoy me quedó grabada: Por suceder, sucedió un día....- Contaba con un brillo en los ojos que fascinaba a todos y en especial a Lucy que se dejó llevar al oír su voz.- que una hermosa princesa fenicia, Europa, cogía flores cerca del hermoso y sosegado mar. Zeus, padre y señor de los antiguos dioses griegos, la vio. Cautivado y prisionero de su belleza se acercó a ella bajo la forma de un toro.- Narraba pausadamente y en ocasiones gesticulando para que la entendiesen.- Enamorada por su dulce mirar, Europa se subió a lomos de la bestia. De repente el animal se alejó a galope en dirección al calmoso mar y ayudado por las olas de Poseidón, la depositó en las costas de Creta. Una vez allí, Zeus volvió a recuperar su aspecto humano y bajo una palmera, cerca de Gortys, disfrutaron juntos de su amor, el primero y el verdadero...

- ¡Hey!.- Exclamó Carol.- ¿Os habéis fijado en Cris y Pablo? Deben pensar que son Zeus y Europa jejeje.

- ¿¿Qué??.- Decía Eva asombrada al darse cuenta de que su amiga había conseguido, Ya su propósito en la excursión. Madre mía lo que me faltaba por ver, dos monos en celo... pensó con una leve sonrisa alegrándose por su amiga.

Todos estallaron en carcajadas, excepto Santiago; que como buen aguafiestas les cortó el rollo.

- Venga chicos, que aún falta mucho para el invierno y estar tan pegados...

Regresaron cada uno a su tienda, algunos pensando en la historia que la rubia había contado, otros... bueno específicamente otros dos... mejor ni saber en lo que pensaban y mientras tanto, lo único que en su mente tenía Eva, era a su Lucy y la carita de ángel que ponía mientras la escuchaba.

Deseaba que todos en su tienda se durmieran para poder salir a la playa, la noche era cálida y la luna regalaba un perfecto reflejo en las aguas marinas. Tras una hora sólo oyó el cantar de los grillos y el molesto ruido de la gaviota de turno. Suavemente se levantó, se vistió unos vaqueros y una chaqueta y salió de la tienda. En principio no divisó a nadie; pero para no perder la costumbre, alguien se le acercó por detrás...

- Hola, ya pensé que habías roto nuestro trato.

- Ah, no, no...- Decía Eva con una enorme sonrisa al darse la vuelta.

- ¿Estas mejor?

- Sí, supongo. - Contestó mientras se sentaban en la fina arena.

- Bonita noche, no sé... incluso se podría decir que romántica...- Argumentó Lucy, a pesar del rubor, oculto por la oscuridad, en las mejillas de la más joven.- Por cierto... me encantó tu historia... ¿Crees en el amor? Bueno... ¿Tan auténtico como tu lo mostrabas?

- Esto...- Tartamudeó, de nuevo y como siempre, ante la pregunta.- Según en mi historia existe ¿Pero sinceramente? Demasiados desengaños como para esperar que la persona que tú quieres sienta lo mismo por ti.

- ¿Y existe alguien que esperas que lo sienta? Es decir merecedor de tus dudas e insomnios.

- Buena pregunta... - dijo sonriendo de medio lado TÚ y solamente TÚ pensaba.- ¿Tu que crees?

- Que el que consiga tu corazón va a tener mucha suerte...

- Y eso Señorita Lucy...- Bromeó en tono burlón.- ¿Lo ha adivinado usted en dos días?

- No, lo he adivinado esta mañana, tras dejar semiconsciente al instructor... Cualquiera se acerca a usted Señorita Eva...- Dijo mientras se echaba a reír.

- ¡Oiga! No se pase Señorita Lucy.- Fingía indignación mientras se lanzaba sobre ella en un ataque de cosquillas, haciéndolas restregarse por toda la arena.

- ¡Para! ¡Para!.- Gritaba Lucy.

- Puede que sí, puede que no y si me dices que... que soy muy guapa ¿Qué te parece?

- ¡De acuerdo, de acuerdo!.- Gritaba sin parar en medio de una sonora carcajada.- Eres muy guapa... ¡Para, para! Ya te lo he dicho ¡Estás muy buena, más buena que un zumo recién exprimido!

- ¿Estoy más buena que un zumo recién exprimido? Interesante...- Fingía intrigarse mientras sentada a horcajadas sobre su vientre, le sujetaba los brazos encima de la cabeza.- ¿Usted cree señorita Lucy?

- Aja...

Continuará. To be continued....

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Repito cualquier comentario sea cual sea, será bien recibido. Gracias por leer mi historia ya que si estas palabras llegan a ti supongo que será porque te has quedado desde un principio. Así que gracias por emplear tu tiempo y besos por wapetón.


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