Disclaimers: Bueno, aunque esta por demás decirlo, las protagonistas de mi historia tienen un ligero (aunque a veces muy grande) parecido con las titulares del programa Xena, Princesa Guerrera. Respeto los derechos de propiedad de la empresa productora... (realmente no se escribir el nombre correctamente, pero tampoco me mortifica ja,ja,ja). Pero en este caso Celeste y Daniela si han salido de mi cabecita, por lo tanto ¡¡Son mias!!
Esta cuarta parte, tiene contenido sexual explícito, entre dos mujeres. Si te asusta ni modo... si te animaste a leerla, es porque no te es del todo indiferente. Asi que si no has disfrutado el placer de estar con otra mujer, intercambiando caricias que sean realmente de amor...
¿Por qué no te animas a intentarlo...? Ganarás mucho... jajajaja.
Si gustas enviar algun comentario, cualquiera que sea será bienvenido... mmmmm... Recordemos que lo que no mata engorda... en este caso yo giraré el sentido de la oración al decir que lo que no mata... engrandece, por lo tanto, con tus criticas; solo harás que mejore mi trabajo.
Mi correo es: laoma_san1973@hotmail.com
Dedicatorias: A todos ustedes... Solo espero que les guste.


UNA MELODÍA PARA CELESTE

Lao Ma San

Cuarta parte

Un mundo de sensaciones nuevas fue el que se abrió ante la rubia pianista. Por primera vez se animaba a besar a alguien... y ese alguien era una mujer. Pero la mujer más hermosa que hasta ese momento se atravesara por la vida de Daniela.

Separándose lentamente. Después de que la presión de la mano morena dejara de sentirse. Daniela abrió con lentitud dolorosa sus parpados. El suave respirar de Celeste fue acompañado de un quejido gutural al sentir la baja de presión de los suaves labios que se habían apoderado de los propios. Tardando un poco más para abrir los suyos, al hacerlo la morena se enfrentó con una de las miradas más dulces y profundas sentidas por ella.

- ¿Mas vino?...- Y una sonrisa a flor de labios encendía aun más el blanco rostro de la pianista. El calor provocado por ese beso encendía la piel de la muchacha, dotándole de un color rojizo y una elevación de temperatura.

- Creo que... he bebido lo suficiente... por esta noche realmente no soy una bebedora consumada... Termino haciéndole al tonto cuando se me pasan las copas y lo último que deseo en este momento es echarlo a perder...

Y a medida de que iba diciendo esto, nuevamente se fue acercando a un rostro que reflejaba la impaciencia de seguir sintiendo sus besos y quería complacerle.

*****

El fin de semana pasó mas rápido de lo que Daniela esperaba. El concierto sería en ocho días más y el nervio propio del evento se apoderaba de toda ella. Sin embargo placía su cuerpo entero el sentir a cada momento, esa serie de sensaciones extrañas que como pequeños temblores le recorrían. Eran los recuerdos de los besos que hasta muy entrada la noche estuvo compartiendo con Celeste. Aquel viernes, en casa de la pianista, no había pasado mas nada que el intercambio de suaves caricias y besos castos y realmente se sentía a gusto con ello. Tampoco deseaba que fuera pasión de una noche. Muy en el fondo se sentía tocada nuevamente por la necesidad de amar con toda su alma. Sabía que se le estaba presentando nuevamente la posibilidad de entregarse toda ella. Como le gustaba que fueran siempre las cosas. No era propio de Daniela dejar bosquejos de su ser en uno u otro lugar. Le gustaba entregarse al 100%, o nada. No había pequeñeces en su vida, todo lo hacia en grande o mejor no lo hacía. Así era ella total.


Por otro lado Celeste también se sentía satisfecha de lo pasado la noche del viernes. Realmente ni siquiera había pensado la posibilidad de encontrarse con la rubita en el restaurante y mucho menos había pensado la posibilidad de terminar en los brazos de esta.
Si que las cosas habían sido algo extrañas, pero gracias a esas cosas extrañas e insondables de la vida es que estaba allí, pensando en su concertista, quien desde hacia tiempo había penetrado en su corazón tocándole las fibras mas profundas de su espíritu y no solo con su música si no con su esencia misma.


- Buenos días...

La inconfundible voz de Carolina se escucho apenas al abrir la puerta de su oficina. No era lo primero que quería escuchar, pero era lo que tenía por el momento. Así que Celeste no se complicó mucho la existencia y extendió una sonrisa amable a su contadora.

- Buen día... ¿Cómo pasaste el fin de semana?

- Esperándote...

Una mueca de confusión apareció en el rostro de Celeste. - ¿Cómo? No recuerdo haberte dicho que nos veríamos este fin... oh Dioses...- Ahora una expresión afligida inundó su rostro...

- Por lo visto olvidaste por completo que habíamos quedado para ir al cine.

- Carolina... Yo...

La voz pausada de Celeste, denotaba cierta pena por el olvido, pero decidida como era ella, Sabía que no había que esperar más tiempo para quitarle de una vez y por todas esas ideas de pensar siquiera la posibilidad de que existiera una relación entre ellas.

- Mira... la verdad, si me da pena contigo el no haber estado en la cita. Realmente lo olvidé, no te voy a mentir, pero...

- Pero que... ¿Ya no quieres salir conmigo acaso?... ¿Tan mal te sientes a mi lado?...

- No Caro, no es eso... Lo que pasa es que solo lo olvidé y... además creo que debes de saber que...- (porque le costaba trabajo hacerlo, solo era decir... un "No puede existir nada entre nosotras", pero no podía hacerlo). En el fondo no era tan dura como lo deseaba ser ciertas veces y no quería lastimar a su amiga.

- No nececitas decirme nada Celeste. Lo se muy bien...- Un hondo suspiro salio de la garganta de Carolina.

- Se que tu nunca te vas a enamorar de mi, como yo lo estoy de ti. Si, me pone triste saber eso...- Moviendo la cabeza y mirando hacia el suelo, por pena de que Celeste supiera el dolor tan profundo que se vislumbraba en ellos.- Solo te digo que me va a costar un poco de trabajo poder dejar de pensar en ti... Pero tampoco quiero perderte como amiga... Si tu deseas serlo.

La opresión que Celeste sentía en su pecho fue disipándose poco a poco. No había tenido necesidad de decirle nada. Ella sabía que Carolina era una persona bastante inteligente. No desestimaba ese aspecto de su compañera. Además de que ella tampoco había incitado a que pensara de manera diferente con respecto a sus sentimientos. Sin embargo era solo una buena amiga y nada más. Apreciaba enormemente la facilidad otorgada y...

- Claro que seré tu amiga, por todo el tiempo que tu lo desees... y gracias...

- No tienes por que darlas...- Extendió su mano vacilante hacia la morena, para estrechar un nuevo compromiso de amistad entre ambas. Ya no tenía caso estar perdiendo mas tiempo soñando con la posibilidad de verle como su pareja y así estaba mejor.


El día en la oficina de Celeste fue tranquilo. En el otro extremo de la Ciudad una cada vez más nerviosa Daniela, se aplicaba con fervor a sus últimos ensayos. Su rostro sereno y complaciente a la vez, dejaba notar el grado de concentración cuando una arruga asomaba por el entrecejo de la chica. Sin pensar en nada mas que no fuera el culminar su partitura transcurrieron algunos minutos hasta que se diera cuenta de que era observada por alguien mas que estaba en la sala de ensayos. Dando por terminada la ejecución de la obra. Se levantó y se dirigió hasta la escalerilla que daba acceso al foro sorprendiéndose de ver a Carolina en el sitio.

- ¿Puedo ayudarte en algo?- Fue la pregunta que salió de la garganta sorprendida de Daniela.

- La única manera de ayudarme sería que desaparecieras de la vida de Celeste.

Una dura mirada de celos y coraje apareció en el rostro de la ejecutiva, a la par de que se empezaba a tensar también el cuerpo de la pianista.

- Si...- La voz de Carolina se alzó de lleno invadiendo la sala.- Y es que desde que apareciste, no es mas que Daniela Duran para acá, Daniela Duran para allá, que si eres la mejor concertista, que si eres muy bella... Que si...- Explotando en un llanto incontrolable, se desmoronó sobre uno de los asientos de primera fila, ocultando su rostro entre las manos.

Aun helada por las palabras de Caro, Daniela sintió el impulso irrefrenable de acercarse a dar consuelo a esa persona que se veía abatida y derrotada. Y como era su naturaleza, se acercó lentamente posando su mano en el hombro de la llorosa mujer, pero sin atreverse a decir nada.

- Yo, discúlpame...- Alzo de pronto la vista y el cuerpo sorprendiendo nuevamente a Daniela la cual se impulsó rápidamente hacia atrás.

- Es que me duele aceptar que Celeste no me podrá amar jamás...- Y una mirada mas relajada se reflejo en el fondo de la otra verde mirada que atónita con las palabras que estaba escuchando no alcanzaba a reaccionar, ni parpadear, ni respirar siquiera...

- Ella esta enamorada de ti... rubita... Y eso no puedo evitarlo, ni podré nunca. Así que será mejor que la hagas feliz, porque si no... soy capaz de encontrare donde quieras que estés... y allí si, tendrás que cuidarte de mi.

Y sin decir nada más se dio la media vuelta para retirarse por donde había entrado, dejando sumida en un caos psicológico, emocional y sentimental a la rubia pianista.

*****

Al salir de la oficina, Celeste llamó a Daniela para invitarle a cenar. (Ahora si había tenido cuidado de pedirle su numero de celular), por lo que al escuchar el tercer timbrazo escucho un dulce "Hola" del otro lado de la línea.

- Daniela... Habla Celeste... que te parece si vamos esta noche a cenar, prometo que te llevaré temprano a casa.

El tono utilizado por Celeste embriagaba todo el ser de Daniela aun a través de la línea telefónica y un leve murmullo de sonrisas y asentimiento por parte de la pianista se dejó escuchar del otro lado.

- Espero que ese gorjeo... haya sido un si...- Y en se momento se escucharon las risas de ambas... en cada extremo.

- Por supuesto que si, te espero a las 8:00 p.m. No tardes.

- Podría llegar tarde a cualquier parte, menos a tu lado.- Y un suave silencio acompañó a las palabras, dejando escuchar solo las respiraciones de ambas.

- Creo en ti, y se que no me defraudarás.- Fue la culminación de la rápida conversación. Y hasta que no se escucho un "clic" del otro lado del teléfono, Celeste no se movió del lugar, solo para recargarse en el amplio asiento de su taurus y arrancarlo, ya que le quedaban escasamente dos horas para cambiarse de ropa y llegar hasta la casa de Daniela a las afueras de la ciudad.


El tiempo fue el apropiado para que Daniela preparara una exquisita cena casera. No era la intención de ella el salir de casa esa noche. Quería investigar a fondo si lo dicho por Carolina en su intempestiva visita a la sala de ensayos era cierto. Ya que Celeste no le había dicho nada a pesar de la apasionada cesión de besos y caricias vivida con ella en días anteriores. Quería estar segura, ya que difícilmente había podido concentrarse desde ese encuentro y más que perder concentración, quería sentir la seguridad necesaria para poder continuar con su vida, al lado de un amor verdadero y esto significaba Celeste para ella.

Unos minutos después de las ocho de la noche, Daniela alcanzó a escuchar el suave rodado de los neumáticos del auto de Celeste, en la vereda de entrada a su casa. Ella ya había decorado el comedor de su casa con senda vajilla, velas y flores por doquier. Lo que dotaba al ambiente de una rica calidez, aunada ya a la proporcionada por la chimenea de la sala. Fue sorpresa para Celeste ver de lleno todo ese arreglo al momento en que la rubia abrió la puerta y mayor fue su sorpresa al saber que estaba destinado solo para ella.

- Vaya, por lo visto, nos quedaremos a cenar en casa...- Y se acercó a besar suavemente la mejilla de la rubia, con una delicadeza exquisita. Y que bien se escuchaba "en casa", se repitió así misma en su mente.

- Espero que no te moleste...

- No, para nada... al contrario... esto es... sorprendente.- Bajó la voz suavemente al momento en que se acercaba lentamente a Daniela y le daba un fuerte abrazo, siendo correspondida al instante por los brazos de la rubia. Y al momento de retirarse, fue cuando sintió la necesidad a flor de piel de quedarse estacionada en ese abrazo, ya que las manos que la rodeaban no deshacían el nudo que le habían atrapado.

Y sintiendo a su vez como unos pequeños y húmedos labios recorrían su cuello, solicitándole permiso para subir a su boca. Permiso que estaba permitido y que a su vez le exigía que ella acariciara la espalda de la concertista.

- Daniela... Una voz profunda se escuchó.

- ¿Te molesta?...- Intentó separarse, pensando que no era lo deseado por la morena.

- No, como crees... Pero me apena que alguien pueda vernos, es tu casa... y...- No pudo seguir hablando porque unos desesperados labios de apoderaron de los suyos impidiéndole emitir cualquier sonido.

- No... No hay de que preocuparse. Gaby esta ya dormida y Juanita también esta ya en su habitación...- Y sin dejar de sorprender a Celeste, Daniela apresó nuevamente esos labios que no impedirían el paso esta vez de una lengua desesperada, acariciando el borde de los mismos primero para después adentrarse con una fuerza avasalladora en el interior de esta. La fuerza de los besos iba acrecentándose a cada minuto. Desde la conversación sostenida por la tarde con Carolina. Daniela no deseaba nada mas que este momento para asegurarse que lo dicho por ella fuera cierto y no pretendía lograrlo con la aceptación de una cena, si no con un intercambio profundo de caricias y por que no... incitando a Celeste para que le hiciera el amor esa misma noche... no quería esperar mas... No deseaba esperar más tiempo ya.

Dándose pequeños respiros para llenar de aire nuevamente sus pulmones y poder continuar con el intercambio de besos, las velas empezaron a consumirse poco a poco. Realmente el paso del tiempo no era importante en ese momento. La idea de una suculenta cena también había quedado atrás. En esos momentos solo el placer de sentirse era el que embargaba a las dos mujeres, así que sin más... Daniela tomó de la mano a Celeste para conducirla a su habitación. No era necesario un intercambio de palabras, ambas de estaban comunicando a niveles mas íntimos y Daniela estaba obteniendo su respuesta, aun sin haberle planteado previamente la pregunta a Celeste.

Fue así como poco a poco llegaron a una habitación amplia y cómoda. Al centro de la misma una enorme king size, esperaba poder cobijar a esos cuerpos anhelantes de deseo y de placer en que se habían convertido ambas en el transcurso de los besos.

- En verdad quieres hacerlo...- Fue una pregunta que de pronto soltó Celeste. Temiendo un no por respuesta pero sin pensar la posibilidad de aprovecharse de la situación.

- Yo te traje hasta aquí, ¿verdad? así que no preguntes nada y hazme tuya.

Neuronas y sentidos se dispararon a mil por hora en pocos segundos. Dichas palabras actuaron como detonante para que la sangre de Celeste empezara a bombear, por todo su cuerpo, llenándolo de un calor inmenso y a la vez de una sed insaciable de placer por su compañera.

Aun así, con una lentitud espantosamente dolorosa, depositó el cuerpo de la rubia sobre las inmaculadas sabanas. No deseaba echar a perder el momento por esa acelerada explosión en su interior, pero quien sabe si se podría controlar mas tarde. Un intercambio profundo de miradas fue el paso siguiente en esa noche.

Volvieron a cerrar los ojos al sentir que se acercaba una a la otra y con un suave roce de labios dieron inicio a la entrega de sus corazones y sus cuerpos. Nunca habían soñado que pudiera ser tan delicado y tan tierno este momento.

Una de las manos de Celeste, subió flotando por la noche hasta que encontró el pelo suave, fresco de la rubia entre sus dedos. La otra mano de Celeste empezó a acariciar el cuello, frotando la mandíbula con el pulgar. Daniela se sobresaltó al sentir la humedad de su lengua rozándole los labios. Celeste se detuvo medio segundo y luego, cuando apretó la mano en su pelo, acercando de nuevo a Daniela, su boca regresó y su lengua buscó refugio en sus labios. De las gargantas de ambas se dejaban escapar pequeños gemidos cuando los besos se hicieron más profundos y el calor me inundó los cuerpos de las dos mujeres.

Daniela se sintió empujada despacio sobre una blanda hierba, sin que Celeste la dejara ni por un momento. No podía dar crédito a la sensación de calidez que le recorría el cuerpo. Le acariciaba el pelo con las manos y luego las deslizaba por su cuello y sus hombros mientras seguían besándose.

En un momento Daniela abrió los ojos cuando Celeste apartó su boca de la de ella. Viendola como se sostenía sobre los codos, mirándola, Lo que vio en sus ojos hizo que se le acelerara y se le parara el corazón al mismo tiempo.

- He soñado con esto- dijo, acariciándole con los dedos el pelo que estaba esparcido sobre las sábanas, alrededor de su cabeza.

-Yo también- fue la respuesta de Daniela recorriéndole la espalda con las manos.

Celeste la besó de nuevo, suavemente, una simple caricia, y luego su boca bajó hasta el liso cuello. Cerrando los ojos y una de sus manos regresó a su cabello, enredando los dedos en su espesa suavidad.

La morena bajó una mano y empezó a sacarle despacio de los vaqueros un polo rojo con el logotipo del centro cultural bordado en el pecho a la izquierda. Daniela aspiró con fuerza cuando sintió su mano tocándole la piel ardiente que había debajo. Siguió besándola en el cuello, abriendo el cuello de la camisa para alcanzar sus clavículas y recorrerlas con la lengua. La mano de esta había ido subiendo por la piel del rubio cuerpo, acariciando el centro de su abdomen con el pulgar, y entonces cogió el pecho por encima de la tela de su sujetador negro.

Daniela soltó un gemido cuando los morenos dedos tocaron los pezones, ya excitados. Y ésta bajando las manos le cogió el trasero, apretándola contra sí. Celeste movió una pierna, separando los muslos de la concertista con la rodilla, y luego colocando su pierna entre las rodillas. La dos no podían creer las sensaciones que me atravesaban sus cuerpos.

Mientras Celeste iba bajando por el cuerpo de Daniela, su mano fue subiéndo cada vez más la camisa de la rubia hasta que por fin se la quitó, dejando el cuerpo expuesto a la soledad de la habitación. Regresó a su boca al tiempo que se quitaba su propia blusa ot y la tiraba al suelo junto a la anterior. Su piel estaba caliente cuando volvió a echarse encima de Daniela y los besos empezaron a hacerse salvajes y ansiosos.

Ninguna de las dos habían deseado tanto a nadie en toda su vida.

Daniela subió las manos por la espalda de la morena hasta que alcanzó la parte posterior de su sujetador y metiendo los dedos por debajo de la ceñida tela negra. De repente, se incorporó, arrodillándose entre sus piernas, quitándoselo rápidamente. La pianista se le quedó mirando. Era increíble, tenía el cuerpo de una diosa. La luna, que atravesaba un amplio ventanal, se reflejaba en su piel, sus pechos eran hermosísimos y la noche los mantenía parcialmente en sombras. Daniela alargó las manos hacia ella, cogiendo los montículos de piel suave, encantada al sentir sus pezones duros contra sus palmas. Celeste cerró los ojos, acariciándole los brazos con las manos y apretándose más contra la caricia. Quiso saborearla. Se sentó y Celeste subió el cuerpo hasta sentarse a horcajadas sobre las blancas piernas, lo cual hizo que la parte inferior de ambos cuerpos se tocara. Gimieron cuando se apretaron sus carnes y luego llevó su boca hasta ella. Rozando el pezón derecho con la lengua Daniela echó la cabeza hacia atrás, hundiéndose más en esa cama que recibía gustosa el peso de las dos.

- Daniela- murmuró Celeste entre dientes, sin dejar de sentirla. Daniela ardía al saborearla una y otra vez, hasta que se metió en la boca todo el pecho que pudo y movió la lengua alrededor de la punta endurecida, mordiendo y chupando suavemente. Tenía la mano en su otro pecho hasta que Celeste bajó sus manos y liberó unos pequeños y rozados pechos. Ambas gimieron en el cuello de la otra cuando juntaron sus pechos frotándose.

Celeste, depositó nuevamente sobre la cama a Daniela. Aunque ella siguiera a horcajadas sobre las caderas de la rubia, pero sin ejercer ninguna presión por su peso, y siguieron besándose.

Las manos de Daniela empezaron a vagar sin rumbo por la piel ardiente de la morena hasta que encontraron sus pechos. Cerró los ojos cuando la pianista se puso a jugar con sus pezones, apretándolos entre los dedos delicados, tirando de ellos y enviando descargas directas a su centro. Su otra mano bajó hasta el pantalón, recorriendo la cintura con los dedos y deteniéndose en los botones. Con lenta precisión que me volvió loca a la otra mujer, desabrochó cada botón, acariciándo la piel de su vientre al mismo tiempo. Deslizó los dedos por debajo de sus bragas y la excitó con su tacto, quedándose justo fuera de donde necesitaba que estuviera.

- Daniela... Mi amor...- murmuró la morena. Provocando una sonrisa en Daniela y dando con ello respuesta a su pregunta. Las dos mujeres sonrieron y de nuevo volvieron a la batalla de besos.

- Sigue acariciándome así- dijo Celeste en el cuello de la rubia, explorándolo de nuevo con la lengua. Así mismo fue bajando sus dedos un poco más cada vez hasta que se puso a acariciarla, sin la presión suficiente como para penetrar a través de los pliegues húmedos que la rubia le ofrecía, pero con cada caricia iba haciendo cada vez más fuerza, hasta que sus dedos quedaron humedecidos y las caderas de la pianista se agitaban bajo su mano exploradora.

Volvió a bajar por su cuerpo, pasando la lengua por los pechos, excitando los pezones con los dientes, y luego dejó un rastro húmedo hasta que llegó donde tenía la otra mano. Despacio, terminó de quitar la ropa que aun cubría las caderas y las piernas de la rubia, seguidos de las bragas totalmente mojadas. La pianista se estremeció cuando la humedad de la habitación la acarició, exponiendo la necesidad de la mujer de ser penetrada totalmente.

Daniela sintió un aliento cálido que le acariciaba la piel sensible del interior de los muslos, seguido de la boca de Celeste. Sus manos bajaron rápidamente a su cabeza cuando sintió que una lengua insistente encontraba su ansiosa necesidad posandose sobre ese excitante palpitar.

Daniela sentía que Celeste la acariciaba con los dedos, tocándola como si fuera el instrumento de su vida, al igual que ella acariciaba las teclas de su piano. Sintiéndola como la penetraba sólo para salir despacio y luego volver a llenarla, hasta que estableció un ritmo constante. Daniela jadeaba mientras le acariciaba el pelo, tirando de él en un momento dado, y aun mas cuando la llevó a un punto en que sintió que iba a explotar, gimiendo su nombre. Daniela notaba esa creciente bola de calor y supo que estaba a punto. Apretó a Celeste mas contra mí, moviendo las caderas al ritmo de sus dedos y su lengua, hasta que arqueando la espalda, cerró los ojos con fuerza y se sintió estallar a su alrededor mientras ella me metía en su boca todo lo posible, embistiéndola con fuerza con los dedos para seguir los movimientos de su propio cuerpo. Por fin Daniela cayó en un precipicio y gritó en la noche silenciosa y bajo la protección de su habitación, el nombre de su amante.

Celeste subió de nuevo por el cuerpo de la pianista y se puso boca arriba, tirando de ella para que apoyara la cabeza en su pecho. Mientras acariciaba su cabello, iba calmando poco a poco la piel caliente y sudorosa. A su vez la respiración de Celeste también volvía a la normalidad. A partir de ese momento ninguna de las dos sabian que volverían a ser las mismas.

Celeste había tocado dentro del corazón de Daniela y la pianista sabía durante la entrega de esa noche, que había llegado también a conocer el fondo de la mujer que amaba, Celeste.

Y a partir de ese momento ella se convertiría en melodía, la cual solo podría ser tocada por las manos de la morena de forma experta y maravillosamente como esa noche.

Daniela es desde ese entonces una melodía para solo una voz... UNA MELODÍA PARA CELESTE.

FIN


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