De alguna manera que no puedo explicar me hice del arma miré con una sonrisa a aquel
sujeto que a cambio de mi mostraba terror en sus ojos, intenté levantarme después que
el lo hizo pero me fue imposible, al sentir humedad en mi costado coloque mi mano que
quedaba libre pues con la otra le apuntaba al tipo. Lo que hallé no fue mas que sangre,
la bala había dado en mi costilla y me resultaba difícil siquiera intentar moverme. El
tipo lo notó y salió corriendo del autobús que seguía su curso, nunca se detuvo.
El dolor comenzó a noquearme, ya había perdido demasiada sangre y aunque varias de las
personas que viajaban en el autobús intentaron ayudarme me negué. Me levanté como pude,
casi con lágrimas saliendo de mis ojos pero siempre negando la ayuda. Mas pronto de lo
que pensé llegamos a Michoacán, la chamarra que llevaba conmigo sirvió para detener un
poco el sangrado mientras llegaba con Mateo, una de las pocas personas en las que aun
podía confiar.
Bajé del autobús y tomé un taxi, no sin antes mirar atras y ver a esa chica siguiéndome
con la vista, coloqué mi mano en la ventanilla manchándola de sangre y pensando en la
posibilidad de que esa chica se preocupara por mi.
El taxista dio con la casa de Mateo, le pagué y le indiqué que se quedara con el cambio,
bajé y tomé mi mochila hallándome frente a una reja blanca de una gran casa, la casa de
un rico, pues si, Mateo me debía un par de favores, cuando él estaba a punto de
terminar su carrera su familia quedó en bancarrota, yo le presté el dinero necesario
para que terminara sus estudios, ahora no tenía problemas de dinero, era y es uno de
los mejores médicos del país, incluso me he enterado de que una que otra vez le han
mandado llamar para algunos tratamientos a gente importante en Estados Unidos.
-¿Si?
Su voz es transformada un poco en eco gracias al aparato de seguridad que ha instalado
en su casa. (interfon).
-Mateo, Mateo soy yo, Alison.
-¿Alison?, espera un minuto ahora salgo.
-Esta bien pero date prisa.
Mateo salió de su casa y abrió la rejilla para que entrara, enseguida descubrió la
herida en mi costilla y casi cargándome me introdujo a su casa.
-¿Te sorprende verme así?
-Mas me sorprendería verte llegar sin un rasguño.
Me sentó en un sofá y fue en busca de algo a la habitación contigua. Lo vi entrar y
salir muy deprisa y comenzando a desesperarse hasta que finalmente dio con aquello que
buscaba, las llaves de alguna puerta; volvió a tomarme en brazos y al bajar los
escalones de los cuales fue muy difícil llegamos a un cuarto que desde fuera no parecía
existir.
-Jeje, sabia que algún día utilizaría este lugar.
-¿A qué te... refieres con eso?
Miré el lugar al encender las luces. Mi asombro no se hizo esperar, una pequeña sala
de cirugías improvisada era ese lugar, quizás algo pequeña pero con material suficiente
como para la cura de un ejército. Me recostó en la mesa y cortó mi camisa, tocó ciertos
puntos alrededor de la herida y chasqueo sus labios en signo de desaprobación.
-¿Qué sucede?
-Has perdido mucha sangre.
-Eso ya lo se.
-Sería peligroso si no tengo un poco de tu tipo de sangre en el almacén.
-Mateo... solo hazlo, no pasará nada, sabes que he estado en peores condiciones.
Tenía miedo, claro que lo tenía, aun no había hecho lo que había venido a hacer, tenía
tantos pendientes, tantas cosas que arreglar y tantas otras por explicar que ese no me
pareció el momento indicado para morir. Mateo salió con una pequeña bolsa con sangre,
me miró pidiendo permiso para inyectarme algo de suero y después ponerme la anestesia
que durmiera los músculos y los nervios y apaciguarme un poco el dolor. Sacó unas
pinzas largas y las introdujo en el hueco que había dejado la bala a su paso, la
anestesia apenas comenzaba su efecto así que el dolor se extendió hasta mi cabeza
provocando un gruñido al que le impedí la salida. El me miró, sabía que si tenía algo
importante que hacer allí no me dejaría vencer por algo como eso.
Si bien el dolor me había noqueado desperté apenas siendo consiente del lugar en el que
me encontraba. Palpé mi costado hallando una venda por sobre la herida y sonreí
irónicamente.
-Vaya que si los líos me persiguen.
Me dije en un tono de voz muy bajo, viendo entrar a Mateo a la habitación, ya no
estábamos en su sala de cirugías improvisada, estábamos en una alcoba que muy
probablemente usaba cuando alguno de sus hermanos lo visitaba.
-Escucha Alison, sabes que no te recibirán bien ¿verdad?
-¿También tu me reprocharás el hecho de que viniera a disculparme?
-¿Cómo es eso?
-Mateo, estoy cansada y arrepentida de lo que he hecho, se que no soy bien recibida por
estos lugares, pero quiero ver una vez mas a mi madre, quiero pedirle disculpas, se que
me odia, y no espero que deje de hacerlo pero...
-Has cambiado Alison... se te nota en la mirada, espero que las cosas te salgan bien, y
que alguien mas se de cuenta de que en tus ojos ya no hay tanto resentimiento.
Mateo y yo nos conocíamos desde niños, siempre lo trate mal y hasta lo use cuando
necesitaba de un doctor cuando comencé con todo lo que espero terminar. A pesar de todo
él nunca se fue de mi lado aun en momentos muy difíciles me apoyó y me dió un par de
consejos que obvio esta nunca tomé. Si hay alguien en quien aun puedo confiar estoy
segura de que es él. Mateo...
-Yo también lo espero amigo... yo también.
-Escucha necesitas reposar un poco, en dos o tres días estarás como nueva, bueno con
algunos dolores pero la herida cicatrizara, mientras puedes quedarte aquí, sabes que es
tu casa. Ahora tengo que ir al consultorio tengo un par de citas y regreso a ver como
te sientes ¿de a cuerdo?
-De acuerdo doc.
Y después de tanto tiempo reímos, los dos, como los amigos que siempre seremos.
Con los buenos tratos que me proporcionó Mateo, para el tercer día me sentía mucho
mejor y me dispuse a andar por las calles, muchas de las personas que andaban por allí
ni me conocían pero muy seguramente sus padres si, caminé un par de pasos hasta llegar
al kiosco de Yurecuaro y bajo los grande y podados ficus tomé asiento en una banca,
cerrando los ojos y tratando de no recordar todas las cosas que había pasado.
El calor en ese estado es mas intenso que en la ciudad, en el DF el clima es mas frío,
pero la sombra del árbol me brindaba suficiente frescura como para desear quedarme un
momento mas allí. Abrí los ojos a causa de las risitas de un par de niños que jugaba
intentando capturar una de las tantas palomas que bajaban a comer un poco del arroz que
un ancianito les tiraba muy cerca de él, si bien era cierto, Michoacán es uno de los
estados mas hermosos que tiene el país y de no ser por los problemas que tuve jamás me
hubiera dignado a salir de este lugar.
Con un suspiro entrecortado saqué un par de pesos que traía en mis bolsillos, me
levanté del cómodo lugar y brinqué para bajar del quiosco y cruzar la calle,
normalmente no pasa autos por allí por esa razón ni siquiera me tomé la molestia de
voltear. Llegué a una paletearía que además de usar el método de fabricación común,
hacían helados a la antigüita y con leche de vaca recién ordeñada, compré uno de
vainilla y regresé a casa de Mateo.
-¿Cómo ha estado tu día?
-Nada mal, solo unos chequeos, dos de ellos para programar partos.
-Vaya solo a ti se te da eso de ver a la gente sufrir.
-Nada que ver Alison, ayudar para que precisamente dejen de sufrir.
Ambos reímos al mismo tiempo y al mismo tiempo callamos.
-Ya te he dado mucha lata amigo.
-Ya... es tiempo...
-Si, es hora de hacer lo que he venido a hacer.
-Se que diga lo que diga, nada te detendrá así que solo me resta desearte suerte.
-Créeme que la necesitaré, en primer lugar para tener el valor de llegar al rancho.
De esa manera cogí mi mochila y una camisa que Mateo me obsequio para salir de allí, de
su casa y enfrentarme de una vez por todas a esa parte de mi pasado.
Llegué en una combi al rancho de mi madre, quedaba a unos 5 minutos de Yurecuaro, era
pequeño, pues no era el único, era algo así como un pueblito de nombre Tequezquite, el
lugar en el que me crié hasta los 17 años, había cambiado, en lugar de que las casas
tuvieran esas rejillas hechas con alambre de púas y gruesas ramas ahora tenían zaguanes
y las calles de tierra estaban pavimentadas, supongo que tarde o temprano pasaría,
hacía ya seis años que ni me acercaba por allí y ahora estaba justo frente al enorme
zaguán del rancho de mi madre, oyendo los chillidos de los puercos, el relinchar de los
caballos, el cacarear de las gallinas, un perro ladrando y el mugir de las vacas; y una
lágrima saltó de mi pupila derecha.
Temblando golpee tres veces en el zaguán recibiendo por respuesta un "ahora voy" de mi
madre. La puerta del zaguán se abrió lentamente, durando una eternidad. Mi madre
pestañeo y tembló, luego sus ojos se inyectaron de rencor y el odio se plasmo en sus
pupilas, yo solo me quede allí intentando hablar pero ni una palabra salió de mi boca.
-¿Qué diabos haces aquí?
-Mamá yo solo...
Traté de explicarle pero no me dejó hacerlo y tan pronto Doña Carlota me vio en el
lugar, el pueblo se lanzaba sobre la casa de mi madre con insultos dirigidos a mi
persona.
-Amanda que hace este demonio en tu casa. - Dijo alguien.
-Según tu no le volveríamos a ver. - Continuo alguien mas.
-Cállense ya. - Exploté.
-Victor ¿qué hace toda esa gente allí reunida?
-¿Mm?, pues la hija de Doña Amanda regresó.
-¿La hija de Doña Amanda?
-Si, Alison, la niña con la que jugabas antes de que mamá te llevara con ella a la
capital.
-¿La niña de ojos azules?
-La misma hermanita.
-Ven, vamos a ver.
Genial, lo que me faltaba, mas gente para mas barullo. Una carroza jalada por un par de
caballos se acercó, la gente molesta comenzaba a lanzarme piedras y gritarme que me
largara de allí, yo no hacía ni decía nada. Solo sentía las piedras golpear mi cuerpo,
apreté los puños para no dejarme vencer y cerré los ojos con fuerza para resistir el
dolor de las pedradas, me mordí el labio cuando una de esas piedras dio en la herida
del accidente en el autobús y ahogué un grito mas. Bajé la cabeza y sucedió. Deje de
sentir mas piedras magullar mi cuerpo, habían dejado de arrojarme cosas, pero ¿por qué?,
me erguí y abrí los ojos, viendo la escena un poco borrosa me tallé con el puño de la
mano derecha encontrándome frente a mi una conocida melena entre rubia y rojiza, el sol
de esa tarde le resaltaba un poco lo rojizo, mas en el autobús, si ningún tipo de luz
el rubio predominaba. Poco a poco fui consiente de que ella hablaba con la gente, decía
cosas, podía ver sus labios moverse y expresarse mas con las manos. Abrió sus brazos e
impidió que me lincharan de nuevo. Sacudí la cabeza tomando un poco mas de control de
mi conciencia y mi cuerpo y me centre en oír lo que decía.
-... por esa razón no os permitiré que le hagan daño, no dejaré que le lastimen mas.
-Pero Amara ella nos ha causado mucho daño a nosotros.
-No se que haya hecho antes pero estoy segura de que ya no es la misma, no es quienes
ustedes me dicen que es, sino, ¿por qué daría la vida por alguien a quien no conoce?,
díganme, la Alison que tanto mencionan ¿lo haria?
-Pues... no.
Finalmente tomé el control. La hice a un lado y le dije al oído.
-Esto no es asunto tuyo...
Uno de los chiquillos que se encontraban hasta al frente tomó una piedra de tamaño
considerable y sin pensárselo dos veces la arrojó gritando que por mi culpa su hermano
había muerto, muy posiblemente era verdad, la roca sin embargo ni siquiera tenía como
destino mi cuerpo, la mala puntería del chico le haría daño a la chica que todos
llamaban Amara, la abracé y la piedra fue a caer justo, en el punto exacto en que la
bala me atravesó, no pude ahogar esta vez el grito de dolor, sentí las puntadas abrirse
y el chorro de sangre fluyó como si recién me hubiesen disparado.
-Por dios ¿estas bien?
Me preguntó, no respondi y aparte mi vista de la de ella, no aguantaba tanta dulzura,
no era capas de darle la cara a alguien que sin conocerme me daba la mano, me ofrecia
lo que nadie mas, una sonrisa sincera, una sonrisa tan pura como el agua, no, era
imposible que yo aguantara ese mirar.
-Alison... es verdad... tu... ayudaste a Amara.
-Jeje, si, eso creo madre...
Sentí como un nudo se formaba en mi garganta cuando mi madre corrió hacia mi y me
abrazó antes de que cayera al suelo y dejé que las lágrimas retenidas por tanto tiempo
salieran libres de su prisión.
-Pero creo que solo fue un momento de bondad, sabes tan bien como yo que ellos tienen
razón y todo lo que me culpan es cierto... deberían dejarme morir ahora.
-Pero que dices Alison.
-Amara, ahora te recuerdo, la hija de Don Bronzon, tu padre te extraña, no ha regresado
a New York por esperar a que tu regreses aquí.
-Dioses, necesitamos un doctor, por favor llamen a un doctor.
La gente solo se hizo la desentendida, ¿qué esperaba?, ¿qué alguien saliera corriendo
por un médico?.
-Yo haré algo por ti.
Intente levantarme al escuchar esa voz, no era posible, no podía pasarme esto, no en
este momento... Rodrigo estaba allí, y yo sabía que intentaría cobrarse las que le
había hecho y si no podía lastimarme a mi, me haría sufrir con aquellos que aun amaba.
-Andrés tenia razón Alison, te has vuelto muy débil...
To be... continued...