Disclaimers: Mis personajes son eso: Mios, pero todos saben que se basan en Xena y Gabrielle que para bien o mal pertenecen a MCA/Universal and Renaissance Pictures. Nerón junto a uno que otro por ahí pertenece a la historia de la humanidad así que en parte estoy en mi derecho al utilizarlo.-

Críticas a kiaeve@hotmail.com


AMOR, FUEGO Y TRAICION EN ROMA

Autora: Kiaeve

Séptima parte

Estaba sentada en la arena con sus brazos rodeando sus piernas y el mentón apoyado en las rodillas, disfrutaba del viento que con fuerza desordenaba sus cabellos y golpeaba su perfil, habían pasado cinco meses desde su arribo a Cartago, sólo cuatro meses y toda una nueva vida.

- ¿Qué ves?- preguntó una voz a sus espaldas.-
- Nada.
-¿Nada?
- Solo tengo mis ojos abiertos pero no veo nada.
- Eso no es normal en una niña de 13 años.
- No soy una niña... Fillipo.
- Lo se... pero deberías comportarte como una ¿no crees?
- No tengo tiempo.
- Si lo tienes- rebatió el hombre sentándose junto a ella.-
- Debes enseñarme... enseñarnos a Nerva y a mí.
- ¿Y qué les puede enseñar un tipo como yo?
- Ya sabes... pelear... queremos aprender a luchar, volvernos fuertes, convertirnos en mensajeros de la muerte.
- Una expresión más delicada para decir que se quieren convertir en asesinos.
- Así es, debes ayudarnos.
- Dame una buena razón.
- Ya la sabes- contestó mordiendo su labio inferior.- ... y tu también la tienes...
- ¿Si?
- Sabemos tu historia, en la rebelión griega contra el nuevo emperador, tus amigos asesinados... tu esposa fue asesinada...

La niña sabía que ese comentario era innecesario, sabía lo doloroso que resultaba recordar y pudo notar que el cuerpo del hombre se tensaba. Sólo tenía 21 años pero en ocasiones demostraba más, había llegado a Cartago dos meses después que ella embarcado oculto en un barco que traía aceite desde Atenas, había sido uno de los muchos que se revelaron ante Nerón cuando en Grecia se supo que era el nuevo emperador, había sido uno de los muchos que habían perdido todo. Las primeras semanas había vagado por las calles sin decir nada, sin comer y sin dormir, parecía un hombre muerto caminando, se notaba el dolor en cada paso que daba, luego Josefa, la madre de Nerva se había encargado de él, lo llevó a la pequeña casa en que vivía junto a su hijo y Lea, lo alimentó y cuidó en las noches cuando las pesadillas no lo dejaban descansar. Y se recuperó y comenzó a hablar y a sonreír.

- Una ciudad romana que desea la destrucción de su imperio. Parece que esta ciudad se ha convertido en el lugar favorito de los exiliados... debe ser porque todos quieren seguir el camino de Aníbal, el hombre que casi destruye Roma... usaremos eso a nuestro favor, te enseñaré.
- Gracias... ah... y... yo no quería mencionar lo de...
- Está bien lo dejaré pasar, pero si te enseño y aprendes bien... bueno, espero que aprendas mejor.
- ¿Por...?
- La próxima vez que uses mis recuerdos para tu conveniencia te enfrentarás a mi y deberás defenderte con todo lo que tengas porque no tendré piedad.- dijo serio para luego relajarse y sonreír.- aunque tu ya sabes usar una espada ¿no?
- Ah... yo, yo... sé lo básico- dijo riendo nerviosamente.-
- Pero me superarás... lo he visto.

*****

Aquel día luego que Lea cayera al suelo la rubia corrió en busca de Amelia quien de inmediato calentó agua y preparó paños, cuando juntas lograron recostar su cuerpo inerte en la cama procedieron a descoser completamente la herida y limpiar pero evidentemente no era suficiente, cuando decidieron que lo mejor era avisar a la familia y al médico apareció Valentina quien de inmediato las ayudó y a pesar que la situación se les escapaba de las manos su trabajo rindió frutos y después de una larga noche la fiebre bajó y Lea pudo descansar por un tiempo... sólo por un tiempo. Quinto estaba más que preocupado e insistía en llevar a Lucio con el Ticio, el médico, pero la firme muralla que constituían Valentina y Adriana era intraspasable, así que Quinto al ver que Lucio en realidad mejoraba se resignó a visitar al muchacho dos veces por día, visitas en las que siempre estaban presente Valentina o Adriana o Amelia e incluso algunas veces Antonio, todos secretamente cuidando que los vendajes y las sábanas cubrieran bien el cuerpo de Lea. Incluso Cayo y Augusta se veían algo preocupados por la suerte de Lucio. Antonio había utilizado toda su persuasión para que Ticio le entregara dosis diarias de remedios y cataplasmas, persuasión que por supuesto en último momento consistió en amenazar al hombre con la espada. Por su parte Valentina y Adriana parecían haber hecho un pacto implícito de tregua, se turnaban para cuidarla y muchas veces compartían la habitación y hasta la cama que originalmente ocupara Fillipo cuando el cansancio las vencía.

Habían pasado tres días desde que Lea cayera desmayada en su habitación, tres días en los que no había despertado, en los que parecía sumida en pesadillas que no tenían fin, daba vueltas en la cama emitiendo quejidos apenas audibles a veces y gritos desgarradores otras.

Enséñame... debo aprender a...

Adriana abrió sus ojos para luego posarlos en Lea, apenas había dormido en esos tres días y cada vez que lograba reposar su descanso era interrumpido por algo que la morena pronunciaba, a veces era sólo una palabra, a veces una oración... pero a Adriana no le molestaba despertar con tal sonido, saber que Lea aún estaba ahí la reconfortaba. Se levantó lentamente de la silla mecedora en la que descansaba y se acercó a la morena arrodillándose junto a la cama, tocó su frente y emitió unos de los pocos suspiros de alivio que hasta entonces había dado.

- ¿Qué es lo que quieres aprender?- dijo acariciando el cabello de Lea.-

A pesar de saber que no obtendría respuesta no pudo evitar hacer una pausa y dejar de respirar unos segundos para lograr escuchar lo que Lea podría responder, "parece que aún no quieres hablar conmigo". Revisó los vendajes y mientras lo hacía algo llamó su atención, muchas veces lo había notado pero nunca se había dado el tiempo para observarlo detalladamente: el anillo que colgaba de una muy fina cadena de plata. Lo tomó cuidadosamente, como sabiendo que no era un simple accesorio, "A mi sobrino Octavio, que mi familia te proteja y a los tuyos. Livia.", el anillo de oro llevaba esa inscripción en su interior y el magnífico sello imperial lo coronaba. Mientras su cabeza analizaba la información Valentina hizo su entrada en la habitación.

- Es hora del almuerzo, tu padre te llama... ¿Qué haces?
- Yo... nunca me había fijado en este anillo- contestó levantándolo.-
- Déjalo- dijo inexpresiva.-
- ¿Sabes lo que significa?
- Si lees lo que tiene escrito es fácil saberlo.
- Entonces...
- Era de su padre, él se lo entregó a su madre el día en que lo mataron pensando que los protegería... pero sólo Lea logró vivir... ni siquiera el sello de Augusto logró salvarlos.
- ¿Y cómo llegó a manos de su padre?- preguntó con tal ingenuidad que Valentina no pudo detestarla en ese momento.-
- No eres tan astuta como pareces- dijo mientras daba su mano a la rubia para ayudarla a levantarse- su padre se llamaba Octavio Claudio y como lo dice la inscripción era el sobrino preferido de Livia, la esposa del gran Augusto.
- Eso hace que Lea sea un miembro de la familia Julia Claudia, ¡la familia imperial!.- exclamó mientras asimilaba el descubrimiento.
- No sólo eso... si su padre hubiese aceptado vivir en el palacio junto a Augusto lo más probable es que él ...
- ¿Se hubiese convertido en Emperador?- preguntó sin dar lugar a lo que escuchaba.-
- Es probable, Josefa siempre dijo que el padre de Lea gozaba del cariño de Augusto y que Livia muchas veces le confesó al mismo Octavio que Augusto quería adoptarlo en su testamento y convertirlo en su sucesor... pero ya sabemos lo que pasó y Tiberio fue el que recibió tal honor al suceder a su padrastro. Siempre existió una rivalidad entre Tiberio y el padre de Lea por el cariño de Livia, supongo que el pobre Tiberio tenía razones para estar molesto con su madre por preferir al hijo de su hermano.
- ¿Josefa?... ¿Quien es ella?
- La madre de un buen amigo de Lea... es quien se encargó de su cuidado luego que...
- Que mi padre... - dijo para si turbada.-
- Quinto te llama... ya sabes mucho por hoy... deja que Lea te cuente el resto.
- Y... ¿Nerón sabe que parte de su familia sigue con vida?
- ¡¡Eres desesperante!!... niña debes pensar ¿Crees que a Nerón le agradaría saber que su prima lejana sigue con vida... que alguno de la familia a la que mandó asesinar sigue respirando?.- contestó moviendo las manos de un lado para otro.- ... ¿Por qué crees que Lea quiere destruirlo? ¿Por qué crees que Nerón ordenó su muerte?... créeme no es muy apegado a la familia- terminó con una mueca, recordando el rumor que decía que el propio emperador había a mandado a matar a su madre, Agripina.-
- Yo... - no sabía que decir, se sentía como una estúpida, por primera vez entendió lo que pasaba.-
- Ahora ve...

Valentina se encontró dueña de la habitación otra vez, en esa constante lucha por demostrar quien merecía o debía estar allí Adriana había logrado ganar su respeto, se había esforzado tanto como ella, había entregado tanto como ella.

- Sin duda te gustará saber el esfuerzo que ha hecho esa niña- dijo mientras se sentaba en la cama contigua.- y también te gustará saber que Fillipo ha despertado y a pesar de las heridas internas se ha recuperado... Dios está con él, preguntó por ti ¿sabes?, cuando venía Antonio le contaba lo que había pasado contigo.

La cristiana se quedó junto a ella hasta que Adriana volvió a aparecer con una bandeja repleta de frutas.

- Vaya, eso si es tragar... no te haz demorado nada.- saludó Valentina.-
- Te traje esto- contestó mientras le ofrecía la bandeja.-
- Gracias.

Adriana se sentó junto a ella y ambas comieron en silencio por un buen rato, tratando de ignorar cualquier atisbo de conversación, a ratos mirando el techo, otras observando la inusual tranquilidad de Lea al dormir.

- Para cualquiera esta escena debe parecer graciosa- dijo Adriana rompiendo el silencio.-
- Tienes razón.- contestó la cristiana sabiendo lo innecesario de preguntar por qué-
- Tratamos de ignorarnos y conversar lo menos posible, sin embargo nos vemos obligadas a pasar gran parte del día juntas.
- Aunque lo que parece una obligación en realidad no lo es, simplemente queremos estar acá, queremos ignorarnos.
- ¿Existe la posibilidad de volvernos amigas?- preguntó de pronto la rubia.-
- Creo que no... aunque si podríamos intentar llevarnos mejor, es decir, al menos tenemos algo en común... o mejor dicho...
- Alguien en común- completó Adriana y ambas desviaron su mirada hacia Lea para luego mirarse entre ellas.-

No pudieron contener la risa, a pesar que intentaban callarse para no perturbar a la morena.

- ¿Hace cuánto la conoces?
- Desde que era niña... debo haber tenido unos doce años y Lea catorce o quince... en Cartago.
- También vienes de allá... debí suponerlo- dijo cabizbaja.- muchos años e historia te ligan a ella... esa es tu ventaja.
- Entonces asumes que esto se ha convertido en una competencia- sentenció Valentina.-
- Siempre lo fue, lo que pasa es que yo empecé a competir muy tarde.
- ¿La amas?
- Tanto como tu, ya no intento negarlo... es lo que es, sin importar que en el futuro lo más probable es que la odie.
- Por lo de tu padre... ella lo matará- dijo sin emoción.-
- ¿Sabes que es lo más desesperante?... el saber que ni aún así podré dejar de sentir algo por ella, ¿Qué es lo que tiene que atrae tanto?- preguntó más relajada.-
- Supongo que lo que la hace adorable es su intención de no parecer adorable... tu sabes, ese aire de que nada le importa y de un momento a otro ¡paf! Te sorprende diciendo o haciendo algo que jamás pensaste.- contestó divertida.-
- Exacto... puede ser muy divertida a veces, me hubiese gustado conocerla a sus quince años.
- No ha cambiado, no te imagines a una Lea tomando las cosas sin gravedad... tiene un propósito y siempre planeó cumplirlo.

Silencio. Adriana sostenía una uva sin decidirse a comerla, saber tanto en tan poco tiempo sobre Lea la había golpeado y debía asimilar toda la información que Valentina en un extraño acto de sinceridad le había confesado. Dejó la uva en la bandeja y de soslayo se fijó en la mujer sentada a su lado, no le pareció tan odiosa.

- ¿Cuándo sufriste el accidente?- se atrevió a preguntar observando detenidamente el antebrazo izquierdo de Valentina.-
- En el incendio, hace cuatro años- por un breve instante consideró contarle a la rubia la verdad sobre ese terrible incendio, pero rápidamente desechó la idea.-

Silencio nuevamente.

- Ella te eligió ¿sabes?... dijo que quería estar contigo- comentó cambiando de tema.-
- Eso dijo- meditó para sí Valentina.- ... y yo quiero estar junto a ella, pero...
- ¿Pero?
- Quiero que sea feliz... así que eso de estar conmigo está por verse- quiso gritar que sí se quedarían juntas, que luego dejarían Roma y viajarían, pero también quiso reconocer que eso estaba lejos de la verdad, que más bien parecía una linda historia y nada más. Quiso obviar que el cambio de Adriana sólo significaba lo que ella más temía... aunque aún no estaba del todo segura.

"AHHHHHH". Un grito.

Lea pareció expulsar todo el dolor que había guardado, todo el agotamiento físico y mental que no la habían dejado descansar durante su inconciencia. Despertó bruscamente con el instinto de querer levantarse y salir de allí, aunque ciertamente no sabía donde se encontraba, pero cuando intentó incorporarse el dolor en su hombro hizo que volviera a caer pesadamente en la cama, sólo entonces pareció despertar.

- ¿Dónde... qué...?- logró articular mientras su respiración se calmaba.-
- Tranquila- dio por respuesta Valentina.-, ya estás bien.
- Todo está bien.- agregó Adriana.-

La morena enfocó su vista y necesitó un momento para comprender que ya no soñaba aunque la visión de las dos mujeres en paz, sin discutir ni mirarse con odiosidad parecía sacada de un sueño, Lea estaba segura que eso nunca ocurriría en la realidad.

- Adriana... tu...- la visión de la rubia la sorprendía.-
- He estado a tu lado... en realidad "hemos" estado a tu lado.
- Valentina- dijo buscando su mano.- ... estaba en Nápoles y en Cartago... ¡Fillipo!- exclamó recordando a su amigo.-
- Esta bien, hoy ha despertado- Valentina sintió la mira inquisidora de Adriana reprochándole el no haberle contado tal suceso.-
- Bien... yo... tengo sed.
- Iré por agua.- dijo la rubia mientras se incorporaba y con rapidez abandonaba la habitación.-

Lea y Valentina se miraron fijamente, como transmitiendo lo que sentían en ese momento, Lea no soltaba la mano que afirmaba con fuerza.

- ¿Cómo te sientes?
- Bien... despertar me hace bien, saber que está aquí me hace bien... yo... ya no deseaba recordar pero... muchas imágenes vinieron a mi.
- Estuviste inconsciente por tres días.
- ¡Tres...!- parecía no comprender.- ... pero si...
- Tu cuerpo no dio más, si tan solo me hubieses escuchado... pero lo importante es que estas bien y hoy es un gran día por que Fillipo también ha despertado... gracias a Dios.
- Me haz cuidado- no era una pregunta.- ...te debo mi vida...
- No solo yo.- debió reconocer a su pesar- Antonio ha estado aquí, Amelia, Quinto... Adriana.
- Ella...
- Ella sólo tiene ojos para ti- confesó bajando la cabeza.- ... nos hemos debido soportar todo este tiempo.

Lea intentó reír, pero abandonó la ideal sentir el dolor que una simple carcajada causaba.

- Debido a tu estado de salud Nerva ha considerado atrasar su llegada- informó Valentina.- llegará en dos meses.
- Dos meses para que Nerva llegue... y uno más para que todo acabe- completó la morena.- ¿Cierto?... Lamento haber arruinado lo establecido.
- El tiempo pasa y no nos espera, debes aprender a sacar ventaja de eso.
- ¿Qué quieres decir?
- Ya verás... yo mañana me encargaré de Fillipo y tal vez no pueda verte.
- Pero...- protestó Lea.-
- Nada... aquí estas bien... yo tal vez regrese en un par de días con buenas noticias sobre el griego.
- Te alejas.- sentenció la morena.-
- Ayer supe sobre Máximo y Pértinax, están bien y organizando todo, llegan los días decisivos- continuó la cristiana que parecía no haber escuchado el comentario.-

Valentina se incorporó, dio a Lea un tierno beso y decidió llevar las buenas nuevas al convaleciente Fillipo. Al momento de soltar la mano de Lea ésta la retuvo, en verdad deseaba que Valentina pasara más tiempo con ella, pero Valentina no se dejó atrapar, deslizó su mano lentamente, sin mirar a Lea mientras avanzaba hacia la puerta.

- Quédate en cama... no tengas la estúpida idea de levantarte- dijo condescendiente.- ... te veo luego.

Cuando Valentina cerró suavemente la puerta Lea tomó aire y murmuró apesadumbrada: "Te alejas".

*****

"Vas a estar bien, vas a estar bien... ¡Claro que voy a estar bien!, Lo único que desearía es que no me trataran como a una niña, ¡detesto estar en cama!... puedo valerme por mis propios medios... esto es insoportable y de Valentina sólo sé lo que me ha contado Antonio y Adriana ¡Cuatro días y sin saber nada de ella! ¿Por qué no me visita?... ¡es que acaso...? Adriana ¿será ella la razón?... Mi Adriana..."

Puso fin a su monólogo interno, como siempre sus pensamientos la llevaban hasta la rubia y entonces decidía obviarlos. Aunque debía reconocer que la presencia de Adriana ya no era inquietante. Ella había cambiado pues parecía respetar todos los silencios de Lea y no intentaba forzar una conversación, simplemente cumplía con mantener agua fresca y revisar su herida.

Golpes en la puerta.

- Soy yo... Adriana.
- Puedes entrar- "Y entonces ella aparece", pensó.-

La rubia entró con una sonrisa iluminando su rostro.

- ¿Por qué tan feliz?
- Fillipo mejora cada vez más, hoy a la novena hora lo traerán.
- ¿Qué...?
- Ha decidido que ya se siente mejor y el médico lo respalda, quiere volver a esta casa... esta desesperado por verte y comprobar con sus ojos tu recuperación.
- Ese idiota debe preocupare por él...- sonrió.- Gracias por traer la noticia... ¿Sabes algo de Valentina?
- La vi hoy en casa de Ticio.
- ¿Y?
- Manda sus saludos.
- ¡¿Pero qué le pasa a esa mujer?!
- Tranquila... ¿Por qué estas tan molesta?
- No lo estoy- gruñó mientras intentaba alcanzar un cuenco con agua que estaba en una pequeña mesa a su lado izquierdo.- ¡No lo estoy!- exclamó levantando la voz, frustrada por no poder alcanzarlo.-
- Si lo estas- dijo suavemente mientras rodeaba la cama y le pasaba el agua.- No te apoyes sobre tu brazo izquierdo- agregó sentándose a un lado.-, puede que...
- ¿Que se dañe más?- bebió un sorbo y entregó el cuenco a la rubia.- ... no es posible, créelo, está inservible.
- Perdiste movilidad, eso es todo, pero...
- ¡¿Eso es todo?!... cuando deba usar la espada apenas podré defenderme.
- ¿Ya piensas en usar tu espada?
- Nunca dejé de pensarlo- un incómodo silencio siguió a ese comentario.-
- Estás enojada porque esto te limita, retrasa sin duda lo que llevas planeando hace años.
- No sólo a mí, sino que hay otros... yo- sacudió la cabeza.-, yo no debería hablar de eso... tú no deberías saberlo pero...
- Pero aquí estoy... respetando tu rabia, respetando tus planes, aunque eso incluya... tu sabes- bajó la mirada.- llegará el día en que me des la espalada... harás lo que debes hacer y yo deberé impedirlo.
- ¿Por qué haces esto?- no la entendía.- Si quieres evitar ese problema... debiste dejar que me desangrara, debiste abandonarme en estos días...
- Por la misma razón que tu arriesgaste todo salvando mi vida... me siento una traidora ¿sabes?, tienes razón: podría venir por la noche y clavar un puñal, pero si vengo en las noches es para comprobar que duermes bien. Esto parece una...
- ¿Tragedia griega?- Adriana asintió.- ... una estúpida tragedia griega, eso es lo que es.
- Creo que sé la razón del por que Valentina no ha venido- dijo calmadamente.-
- ¿Y cuál es?
- Supongo que piensa que tu me amas y se ha dado cuanta que yo siento lo mismo por ti y... quiere que nos demos una oportunidad.
- No hay oportunidad para nosotras- volteó su lado derecho y dio la espalada Adriana.-
- No quieres ver esa pequeña oportunidad- contestó levantándose y caminando hacia la puerta.- Descansa, Fillipo no tarda en llegar- y suspirando agregó- ya no se trata de mis caprichos, de tener lo que deseo o no... se trata de vivir el tiempo que me pueda quedar junto a los que amo... y eso por supuesto te incluye. Te amo Lea Claudia, hija de Octavio Claudio.- Tras decir eso dejó la habitación.-

"¡Maldición!"

Y así estuvo, maldiciendo a todos, desesperada porque cada vez que intentaba levantarse su cuerpo reclamaba agotado, golpeando la cama con su puño derecho, detestando a todo el mundo, esperando la llegada de Fillipo, esperando a Valentina... esperando a Adriana. Se encontraba en un agradable letargo y en esos momentos mataba el tiempo observando como los rayos de luz producían hermosos rayos de colores al atravesar la botella medio vacía de agua que siempre mantenía en la mesita al lado izquierdo de su cama. Estaba hipnotizada, en una etapa entre la lucidez y el abandono... sencillamente aburrida. Entonces la puerta se abrió de golpe, Lea reaccionó y se acomodó esperando ver a su amigo cruzar el umbral, sin embargo no ocultó la mueca de desagrado al ver que quien ingresaba a la habitación y cerraba la puerta de un golpe era nada más ni nada menos que Cayo.

- ¿Qué quieres?- preguntó enojada.-
- Hablar- contestó lacónico.-
- ¿Y qué tenemos que hablar?
- ¿Cómo te sientes?
- Debo contestar eso o dejo que tu brillante intelecto lo deduzca.
- Era una pregunta de cortesía, sabes que como te sientas o estés no me importa en lo más mínimo.
- Excelente... y bien, ¿Qué haces acá?
- Quería aprovechar el tiempo que tenemos antes que el Griego llegue... Adriana.
- No... no me vengas con eso...
- Ella ha cambiado...br> - Muy bien, te diré algo que quizás te sorprenda pero... a ver, como lo digo... ah! si!... ¡No me interesa!- dijo irónica.-
- Un cambio maravilloso- continuo como si no hubiese escuchado lo anterior.- ... amaba a esa mujer y me decía que no podría amarla más... pero si es posible.
- Pues... felicitaciones- agregó sarcástica.-
- Idiota.- dijo entre dientes y se acercó amenazante a la cama.- la he visto deambular de un lado para otro, sin saber que pasa a su alrededor, sin prestar atención a los demás... excepto a ti... Te ama.
- Si, si- dio vuelta la cara para no verlo pero Cayo apretó su cara y la obligó a mirarlo.-
- Idiota- repitió ejerciendo más presión en la mandíbula ya dañada de Lea y parecía no importarle.- sería tan fácil si tan solo hubieses muerto, si tus fuerzas te hubiesen abandonado, si un golpe de aquellos hombres hubiese sido mortal...- soltó la mandíbula para que Lea pudiera hablar.-
- Pues tus hombres no hicieron bien su trabajo.
- ¡¿Qué insinúas Lucio Claudio?!... ¿mis hombres?, ¿crees que yo mandé a esos soldados a asesinarte?
- Veo que finalmente entiendes algo- contestó.-
- Si quisiera matarte lo haría yo mismo, de frente... no soy ningún cobarde que se esconde detrás de una mujer... como tú ¿no?, ¿Cómo es que se llama la cristiana?... ¡ah! ¡si! Valentina... acostumbras esconderte tras ella, si ella no hubiese avisado a tiempo tu posiblemente no estarías aquí.- Lea levantó su puño derecho e intentó golpear a Cayo, pero éste la contuvo fácilmente con una mano y con la otra y presionó suave pero suficientemente fuerte la herida en el hombro izquierdo de la morena, lo suficiente como para que ahogara un grito.
- Eso... quisieras ¿no?- dijo resistiendo el dolor y levantando una ceja.-
- Claro que sí...- la soltó.- Pero no fue así y aquí estamos... en fin- agregó mientras se levantaba y sacudía su túnica.- estoy aquí para que sepas que esta historia terminará como debe ser: ella se quedará conmigo de una forma u otra.
- ¿Y cuánto llevas diciendo eso?... no creo que decírmelo cambio tu serie de fracasos.
- Muy cierto, llevo diciendo esto por mucho tiempo... es hora de actuar, de hacer, de tomar con mis propias manos...
- Lo que acabas de decir es más serio de lo que crees- infirió seria.- ... hablas de una persona no de una cosa... no puedes llegar y tomar a Adriana, forzarla a estar contigo.
- Quédate en tu cama, incapacitado como estás... y obsérvame, Adriana será mía antes de lo que piensas.

Dominado por una incontrolable rabia y frustración su cuerpo reaccionó y la acompañó, con un movimiento rápido giró para tomar la botella que momentos antes fuera su distracción y la arrojó con fuerza hacia el hombre parado a los pies de su cama, Cayo la atrapó con un ágil movimiento antes que pudiera golpearlo en la cabeza.

- Veo que algo de lo que he dicho te ha molestado- sonrió.- me pregunto qué será.
- ¡Vete!
- Bueno ya sabes lo que debes saber... desde tu confortable cama serás testigo de lo que pase...- destapó la botella y bebió el agua que quedaba, luego caminó lentamente depositó la botella de cristal en la mesita al lado de Lea y se dirigió a la puerta.-
- No...
- ¿No qué?- preguntó de espaldas.-
- Nada- bufó.-
- Ah... y lo último... piensa bien lo que harás... te estaré vigilando a ti y a los tuyos. Los soldados del callejón fallaron pero yo no... debes hacer las cosas por ti mismo si deseas que resulten ¿cierto?- se encogió de hombros.-
- Cayo...- murmuró.-
- Cuida tu espalda Lucio.

La morena se sintió invadida por algo parecido a la rabia, a los celos, a la desesperación que conlleva el no poder hacer nada. El aburrimiento se había marchado para dar paso a la impotencia.

*****

Fillipo había llegado unos momentos después que Cayo se marchara y su presencia fue suficiente para hacer que Lea dibujara una gran sonrisa y olvidara el mal rato vivido anteriormente. El griego había hecho su entrada en una camilla llevada por soldados dirigidos por Antonio, tras él venía un pequeño séquito conformado por el dueño de casa, algunos abogados, Augusta y su padre Cornelio y finalmente el hermoso rostro de Valentina había aparecido. Después de las indicaciones del médico y de los saludos correspondientes se encontraron a solas.

El griego no tenía el buen aspecto que Lea había imaginado, estaba pálido y sus movimientos eran débiles e imprecisos, pero se mostraba calmado y sus ojos tenían cierto brillo que hizo que la morena lograra tranquilizarse un poco. Luego de un silencio incómodo Fillipo fue el que comenzó la conversación.

- Entonces crees que Cayo... él sabe lo de nosotros- dijo el griego luego de haber escuchado el relato de su amiga.-
- Sospecha pero no creo que esté seguro... dijo que vigilaría nuestros movimientos, además creo que él es el que hablaba con Flavio aquella tarde.
- Pues no tendrá mucho que vigilar- esbozó una sonrisa.- yo no me moveré de esta cama por al menos unos diez días.

Lea rió, feliz de ver a su amigo, feliz que él estuviera bien.

- Yo me levantaré mañana, ya no soporto esto, además debo hablar con Valentina, está muy rara conmigo, hoy te acompañó hasta acá y no fue capaz de quedarse y acompañarme un momento.
- No presiones Lea.
- ¿Qué?
- Valentina me contado algunas cosas... que no te contaré ni espero que tu le preguntes, pero creo que debes dejarlo como está.
- Pero... no se que te ha dicho pero nosotras ya... bueno tenemos un proyecto juntas... yo la quiero...
- Aún así nuestra amiga tiene la convicción que ustedes no deben estar juntas y debes respetarlo, acepta su alejamiento y cuando la veas no insistas.
- Tu no sabes nada.
- Lea... sólo transmito las palabras que ella quiere que escuches y que no se atreve a decir- explicó serio.-
- Pensé que me amaba...- dijo aturdida.-
- Y por que lo hace ella ha decidido no verte, verás, sabes que nunca quise que te enamoraras de esa pequeña rubia pero he visto y... vivido las cosas que haces por ella- Lea ocultó su mirada.- y Valentina me ha contado cómo ella ha tratado de enmendar lo que ha hecho.
- Nunca podrá enmendarlo del todo.
- Por supuesto que no... pero... lo dejo a tu discreción, ya no pondré barreras ni prohibiciones...
- ¿Y por qué el cambio?- preguntó molesta.-
- Mientras estuve en ese estado, entre esta vida y la muerte, no estaba consciente de lo que pasaba a mi alrededor o del tiempo transcurrido, pero mi persona no se había perdido.
- No comprendo Fillipo.
- Vagaba entre recuerdos y memorias y el dolor, y cuando ese dolor consumía mis recuerdos aparecía ella... mi esposa, me daba paz y tranquilidad y entonces- hizo una pausa y por un momento Lea creyó que su amigo lloraría.- entonces entendí que cualquiera sea el día de mi muerte la última imagen que veré será la suya y...
- ¿Y?
- Comprendí lo que sientes, no amas a la persona más indicada, pero eso no importa porque cuando ese día llegue, el día de tu muerte, cuando sientas dolor o frustración el rostro de ella aparecerá y transformará todo eso en paz... mereces morir en paz.
- Entonces...- dijo luego de un momento.- crees que moriré ¿no es así?- preguntó sonriendo.-
- Sabes a lo que me refiero.

*****

Al día siguiente a primera hora Adriana golpeó la puerta de la habitación, en algo que ya era habitual la rubia iba todas las mañanas a la habitación de Lea a revisar sus heridas y realizar las curaciones, lo hacía desde que Valentina dejó de aparecer por la casona y ella no podía verlo sino como la señal que esperaba, la señal que indicaba que verdaderamente terminarían juntas. Al escuchar la adormecida voz de Lea indicando que entrara, nuevamente y como todas esas mañanas su corazón latió con más fuerza.

Se sorprendió al encontrar a Fillipo despierto con una expresión aburrida en su rostro, Adriana comprendió que el griego había despertado muy temprano esperando entretenerse conversando con su amiga, sin embargo era obvio que Lea apenas había abierto los ojos hasta ahora. Fillipo la saludó muy entusiasta y tuvieron tiempo de intercambiar impresiones mientras la morena dejaba de protestar y apenas se dignaba a mirar a la rubia. En silencio se sentó a un costado de la cama y con una recién adquirida habilidad retiró un parte de la túnica y las vendas del hombro, luego limpió la herida cuidadosamente tratando de no escuchar los quejidos de Lea y preparó un cataplasma humedeciéndolo en una solución de trementina, que evitaba que la herida se inflamara y la mantenía limpia, luego vendó con suavidad, arregló la túnica y comprobó que había agua en la botella que Lea mantenía en la mesa al lado izquierdo de su cama.

- ¿Me tratarás a mi también?- preguntó el griego buscando romper el silencio reinante en el lugar durante todo el tiempo que le tomó a la rubia realizar su trabajo.-
- No tengo problema- contestó con una sonrisa que implícitamente agradecía las palabras.-, pero es Ticio quien debe revisar tus heridas, yo sólo me encargo de Lea.

Silencio nuevamente.

- El cataplasma que preparaste...- dijo finalmente Lea.- ¿llevaba también mandrágora blanca?

La mandrágora blanca se utilizaba como anestésico.

- No, he reservado la que queda para la curación que el médico hará a Fillipo... será más necesario en ese caso.
- Ah.
- Muchas gracias Adriana.
- Filipo... ¿me odias?- preguntó con un hilo de voz Adriana.-

El griego fue golpeado por aquella pregunta, si pensaba cuidadosamente en cierto sentido si la odiaba, pero verla frente a él con esa expresión de verdadero arrepentimiento y verla cuidar a Lea habían aliviado ese odio lo suficiente como para tomarse el tiempo de considerar su respuesta, volteó para ver la expresión de su amiga y sintió cierta presión sobre sus hombros, estaba claro que para Lea la respuesta que él diera importaba demasiado.

- Ya no- contestó finalmente.-
- Gracias.

Adriana se retiraba cuando finalmente Lea habló.

- Avisa a tu padre que hoy almorzaré con ustedes... hoy me levanto.
- Por supuesto.

Todos celebraron la recuperación de Lucio y el dueño de casa no ocultaba su orgullo, lo abrazaba con cariño y cada vez que Cayo hacía algún comentario desagradable Quinto lo miraba con reproche y eso era suficiente para hacer que se sintiera mal. Lea casi no probó bocado en la hora de almuerzo y se mantuvo silenciosa escuchando y asintiendo de vez en cuando, su energía se concentraba en evitar la mirada inquisidora de Cayo y en eludir el peso de los ojos de Adriana.

Avanzada la tarde Lea ya había recorrido toda la casona, sonreído a todo el mundo y esquivado exitosamente las palabras de la rubia. Esa mujer la desconcertaba, estaba segura que ya no volverían a estar juntas y aún así no dejaba de seguirla y dejar en claro que estaba enamorada- "o al menos eso cree"-.

Caminaba algo molesta intentando mover su brazo izquierdo pero éste no seguía las órdenes que le daba y lo máximo que logró fue lograr la movilidad de su antebrazo por momentos. Eso la frustraba. Estaba cerca de su habitación cuando escuchó un grito proveniente de esta, Fillipo parecía estar siendo sometido a una tortura atroz.

- ¿Qué pasa ahí?!!- grito acercándose a zancadas.-

Su grito hizo que dos mujeres que estaban a punto de ingresar a la habitación se detuvieran en el acto, eran Valentina y Amelia.

- Tranquilo... Lucio- contestó con suavidad la cristiana mirando hacia todos lados. Había poco movimiento en la casa.-
- ¿Qué pasa ahí dentro?- preguntó acercándose a la cristiana lo suficiente como para que Amelia se sintiera incómoda.-
- El médico está con él... está tratando la herida...
- Pero... ¿Y qué hay de la mandrágora blanca?
- Adriana ha facilitado la que guardaba para usted... aunque es evidente que no es suficiente.

Lea suspiró resignada.

- Puedes llamarme Lucio o... bueno ya sabes quien soy pues cuidaste de mi, trátame por mi nombre ¿está bien Amelia?
- Muy bien- contestó con una sonrisa, sintiéndose parte de algo importante- pero frente a mi madre las formalidades deberán volver- continuó sin dejar de sonreír.-
- Amelia... puedes ir a ayudar a Ticio ahora, lamento haberte detenido.

La muchacha se quedó unos instantes esperando que Valentina la siguiera, pero no tardó en comprender que su presencia allí ya no era necesaria y rápidamente se perdió tras la puerta.
Lea tomó la mano de la cristiana dispuesta a no soltarla hasta que fueran dadas las explicaciones correspondientes... si es que era necesario darlas.

- Valentina... ¿qué pasa con nosotras?
- Nada pasa- contestó tranquila.-
- Pero...
- Debo acompañar a Fillipo.
- Qué...

Otro grito proveniente de la habitación detuvo en seco a las palabras que seguían, Valentina se apresuró y en un abrir y cerrar de ojos ingresó a la habitación, librándose así de la conversación que Lea intentaba armar, separando su manos a pesar del sufrimiento que la separación causaba.

La morena se encontró sola frente a la puerta, dio unos pasos y apoyó su frente en la madera sin decidirse a entrar y acompañar a su amigo, impotente al no poder hacer nada para evitar el dolor... el dolor de todos, el sufrimiento de todos los que la rodeaban. Se maldijo pues había sentido el pesar que le causaba a Valentina, a Fillipo, a Nerva donde fuera que éste se encontrara y a todos en una casa que debía destruir. Buscó en su cuello la cadena y tiro de ella hasta dejar expuesto el anillo que había pertenecido a su padre, lo aferró con fuerza mientras que los músculos de su brazo izquierdo se tensaban por primera vez desde que había sido herido, provocando un dolor placentero. Entonces sintió su presencia.

- Adriana- pronunció en un susurro, sin girar para comprobar que era efectivamente ella quien se encontraba allí.-
- El día de tu llegada tuve un sueño muy extraño- comenzó la rubia...- me encontraba al borde de un acantilado deseando escapar de todo... estaba dispuesta a saltar cuando una mano afirmó mi hombro y detuvo mis intenciones, quise ver quien era el dueño de aquella fuerza que era capaz de detenerme y salvarme, pero... Amelia se encargó de despertarme- dejó escapar un triste carcajada.- y nunca supe de quien se trataba.- avanzó hacia la mujer que en esos momentos le daba la espalada y guardaba silencio hasta quedar sólo a unos centímetros de ella pero no se atrevió a tocarla.- hasta ahora...
- ¿Qué dices...?- preguntó en un tono de voz casi inaudible.-
- Cuando te vi esa misma tarde en el jardín supe que eras tu- prosiguió bajando su voz para que sólo Lea pudiese escuchar-, recocí esa fuerza y calidez que sentí en mis sueños... y ahora que te veo lo reafirmo. Sé que te molesta este cambio de actitud hacia ti pero... no dejaré que olvides que te amo... ¿No lo ves?, estamos destinadas.
- No lo estamos- sentenció levantando la cabeza, irguiendo sus hombros y soltando el anillo-, deja de creer en algo que no sucederá. Si estamos unidas por algo ese lazo es la muerte... tu padre mató al mío y yo lo mataré a él y... y si tu sobrevives intentarás matarme sin duda.

Su brusca reacción hizo que Adriana retrocediera un paso. A pesar de no escuchar los sollozos Lea sabía que la rubia lloraba, la conexión que sentía era tal que no necesitaba voltear para ver las lágrimas bañar su hermoso rostro.

- No... no llores- intentó elevar su voz pero le fue imposible, sentía que un nudo aprisionaba su garganta.-

Otro grito de dolor proveniente de la habitación, otro lamento de Fillipo, quebró las defensas que le quedaban a Lea y ésta no pudo hacer más que desplomar su cabeza y golpear con su frente la puerta, sus hombros cayeron y por más que empuñó sus manos las lágrimas cayeron de todas formas.

- Estoy... estoy maldita- dijo mientras las lágrimas caían- ... aquellos que me aman son destruidos, se despedazan al chocar contra mi... sufren y yo con ellos.

Sintió los brazos de Adriana rodeándola, la rubia la abrazaba con fuerza y dejaba descansar su cabeza en la fuerte espalda de Lea quien había levantado sus hombros nuevamente llena de una energía que sólo Adriana era capaz de entregarle.

- Yo ya estaba destruida cuando tu llegaste- dijo mientras sentía la túnica de Lea empapada en sus lágrimas.- la soledad me había despedazado... tomaste los trozos que quedaban de mí y me amaste tal como soy... y eso es algo que yo no pude hacer...
- Yo...
- Y me arrepiento porque...
- Te amo- confesó finalmente disfrutando de aquel momento.-
- No te dejaré Lea... y si intentas alejarte de mi te buscaré y retendré- mientras decía esto una gran sonrisa se dibujó en su rostro.-
- Confío en ello.

Continúa...


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