Disclaimers: Mis personajes son eso: Mios, pero todos saben que se basan en Xena y Gabrielle que para bien o mal pertenecen a MCA/Universal and Renaissance Pictures. Nerón junto a uno que otro por ahí pertenece a la historia de la humanidad así que en parte estoy en mi derecho al utilizarlo.-

Críticas a kiaeve@hotmail.com


AMOR, FUEGO Y TRAICION EN ROMA

Autora: Kiaeve

Sexta parte

El sol ya estaba alto cuando Lea abrió sus ojos, no recordaba lo que había soñado, tal vez no había soñado y de alguna manera eso le pareció más placentero. Se quedó tendida sin despegar la mirada del techo, tratando de no sentir nada. Pero no resultó como esperaba, pronto sintió empapado su cuerpo y no demoró en notar que su túnica estaba manchada de rojo, la herida debió abrirse y había manchado sus ropas y parte de la cama. Tocó su frente, al menos no tenía fiebre.

Se levantó con cuidado y cuando se hubo lavado y vuelto a vendar, con la dificultad que implica el vendarse a si mismo con una sola mano, se vistió con la túnica y trató de envolverse en la toga, pero desechó esa opción luego; si estando en buen estado le era imposible vestirla sin ayuda era evidente que no podría hacerlo estando herida.

Al salir de la habitación tuvo que cubrirse los ojos por un momento hasta acostumbrarse a la brillante luz que el sol entregaba ese día. Se dirigió al despacho de Quinto y pese a su orgullo agradeció la atención brindada por su médico a sus amigos y a ella, tuvo que soportar el abrazo y el beso en la frente que el hombre le dio, muestras de cariño entrañable por parte de una persona.

- Sabes - dijo- yo debo agradecerte el que mi Adriana este sana y salva, fue muy valiente tu accionar.
- No fui solo yo, mi amigo Fillipo y Flavio también estuvieron allí.
- Pero Lucio, tu eres el que quedó en pie y el que hoy se levanta con fuerzas.
- Sólo fui afortunado.
- Pero te confieso... me alegra que hayas sido tu el afortunado, en este tiempo que llevas con nosotros he comenzado a creer que eres el hijo que los dioses me envían.
- No diga eso, creo que Cayo es merecedor de tal honor - contestó serena.
- Cayo es un buen hombre y sin duda ha triunfado en todo lo que se ha propuesto pero hay dos cosas que me inclinan a ti: Tu no tienes padres y al parecer mi hija te prefiere.
- ¿Perdón? - preguntó guardando la rabia que el "tu no tienes padres" había provocado.
- Que lamentablemente no tienes padres que celebren lo que has logrado y lo que sin duda lograrás y yo no tengo un hijo a quien celebrar ni a quien dejar todo lo que he conseguido.
- Tiene a sus hijas.
- Pero sabes que es diferente, yo las amo por sobre todo pero un hombre necesita tener un hijo en quien reflejarse. Y lo otro, Adriana, con un poco de esfuerzo no me sorprendería que llegarás a ser su esposo - continuó guiñando un ojo- y eso es algo que Cayo está muy lejos de conseguir, ya debes saber que Adriana lo rechazó una vez... mi hija es muy complicada a veces, en eso se parece a su madre.
-Pues entonces usted debió soportar mucho - agregó irónica.
-El amor lo vale...

Conversaron algo más y Lea agradeció que Quinto no mencionara el tema de su supuesto matrimonio con Adriana. Cuando llegó la hora de despedirse y le informó que luego del almuerzo iría a visitar a Fillipo, Quinto le dio una suave palmadita en la espalda y la acompañó hasta la puerta.

- Piensa en mi propuesta.
- ¿Propuesta?
- ¡Vaya!, pensé que te había quedado claro - dijo sonriendo- quiero que seas quien se case con Adriana, pero no hoy así que no pongas esa expresión - continuó al ver lo desencajada que estaba la mandíbula de Lea...- Nos sobra el tiempo.

*****

Amelia se sentía como perseguida por un espíritu, la persona que la seguía de un lado para otro mientras ella ordenaba y cumplía las órdenes de su madre no hablaba, estaba pálida y de no haber sido por los suspiros que de vez en cuando escuchaba hubiese jurado que no respiraba, Adriana parecía un espíritu o lo más cercano a eso que Amelia había imaginado. Muy temprano en la mañana antes de que el sol apareciera por completo Adriana había acudido a la habitación de su amiga pero no había dicho más que dos o tres palabras aunque Amelia no preguntaba pues ya sabía para quien eran esos suspiros y el sentimiento de culpa que invadía a la rubia, la noche anterior escuchó la historia y pudo comprender lo que realmente había sucedido en aquel callejón así que la dejó acompañarla en las labores de la casa, esperando el momento en que se decidiera a hablar.

- ¿Al menos has dormido algo? - preguntó Amelia finalmente.
- No.
- No te diré que no fue tu culpa porque en parte lo fue.
- Lo sé.
- Pero ya no puedes hacer nada más.
- Pero...
- Tampoco puedes esperar que a ella le reconforten tus palabras.
- Yo sólo le agradecí.
- Y lo hiciste en el peor momento, ella siente que debió dejarte morir en lugar de ver a su amigo desangrarse.
- Eso quiere decir que le importo.
- También quiere decir que no quiere que le importes... para ser honesta yo creo que no debería presionarla, ya es suficiente con todo lo que está pasando.
- ¿Pero de qué lado estas?
- De ninguno, pero es lo que creo.
- Pues no me gusta lo que crees - respondió dando la espalda a Amelia.
- Nunca te ha gustado que piensen diferente a ti, pero sabes que a mi no me importa si te enojas o no.
- Lo se... por eso eres mi amiga - volteó con una sonrisa en su rostro-, porque me soportas.
- Lo cual es mucho...


Continuaron juntas esa mañana y quedaron de acuerdo en reunirse en el jardín luego del almuerzo, pero este pasó demasiado rápido para Adriana, Lea apenas participó de la conversación y muy acertadamente los comensales no la hicieron participar, Adriana quería acercarse a ella y hablar ¿pero de que?... ¿acaso tenían algo de que hablar?, parecía que todo lo que debía ser dicho había sido escupido la noche anterior. Así que se encontraba caminando junto a Amelia en dirección a "su" jardín, aquel construido por su madre, aquel en donde había encontrado a Lucio/Lea, el mismo jardín en el que se besaron por primera vez, el mismo jardín donde todo terminó.

- Shhhh! - Amelia le tomó del brazo y detuvo se avance- por acá - agregó bajando la voz.
- ¿Qué pasa? - alcanzó a preguntar antes que Amelia hiciera que se escondiera tras una de las columnas que estaban a los lados del pasillo.
- Lea... - murmuró.
- ¿Y qué hay con eso?- preguntó malhumorada.
- No lo sé - contestó con una sonrisa- así es más emocionante.
- Oh... por Júpiter Amelia!, pensé que era importante - exclamó aún hablando bajo y haciendo gestos.
- Pero... mira su caminar - dijo tomando sus manos y deteniendo sus exagerados movimientos.

La rubia asomó su cabeza tratando de fijarse en Lea antes que se alejara de su vista, su amiga tenía razón, la morena parecía caminar con dificultad aunque era evidente que trataba de que no se notara.

- No debería salir... ni siquiera debería estar en pie - dijo pensativa Adriana.
- Pero sabes que va a ver a su amigo...
- Y a Valentina - completó despectiva.

Amelia se asomó para comprobar que Lea ya se había marchado, cuando revisó los alrededores y confirmó que estaban solas, miró a su amiga y la tomó por los hombros.

- ¿Por qué haces eso?...
- ¿Hacer que?
- Esperaba más de ti...
- ¿No sé de que hablas?
- Esa mujer, Valentina, es hora de que dejes de hablar de ella como si fuera el último eslabón del mundo.
- Pero...
- ¡Nada! Ella se enfrentó a esos soldados y salió herida, es una mujer valiente y debes respetarla. Lo que sientes son celos, y no pongas esa cara, lo que sientes son celos y no sabes como manejarlos... además por lo que veo ella a hecho más por Lea que tu.
- Yo solo causo problemas.
- ¡Exacto!...
- Sabes... no quiero que me acompañes ahora - dijo calmada.
- Toma tu tiempo y úsalo bien... por una vez en tu vida toma una decisión seria.

Se separaron, Adriana caminó apurada, marcando los pasos hasta llegar a su destino y deleitarse con el color y aroma de las flores que allí habitaban... ¿¡Quién demonios se creía Amelia!?


Lea se encontraba sentada en una silla a un lado de la cama en la que se encontraba Fillipo, con los brazos cruzados velaba el sueño de su amigo, Ticio había insistido en limpiar sus heridas y vendarlas nuevamente pero Lea obviamente se rehusó alegando que ella sabía lo que hacía cada vez que revisaba su herida. Antonio la había acompañado pero se había marchado hace unas horas y Valentina estaba a punto de llegar, Lea lo sentía.

Fillipo se movió en su lugar y murmuró palabras que Lea no pudo identificar, supuso que la mente de su amigo estaba lejos, en Atenas junto al recuerdo de su esposa.

- Ticio dice que hoy no despertará - la voz de Valentina se notaba serena.
- No importa lo que diga.
- Eres terca... como siempre - continuó posando su mano en el hombro sano de Lea.
- Es parte de mi encanto - dijo sonriendo y tomando la mano de su amiga.
- Dímelo a mí... - soltó una carcajada, separándose para tomar una silla e instalarse al lado de la morena.
- ¿Cómo te sientes?
- No tan mal... no dormí muy bien pero creo que se podría decir que me llevé la mejor parte.
- No creo que haya "mejor parte" en todo esto...
- Sabes a lo que me refiero - replicó- ... ¿y tu cómo estas?
- Mis heridas están bien, aunque no las he revisado desde la mañana... todo está bien...
- Mentirosa.
- Siento que esto te haya pasado - continuó tomando una mano de Valentina y envolviéndola entre las suyas- ... todo es mi culpa.
- No quiero entrar en ese tema.
- ¿Qué tema?
- El de las culpas, si empiezo a analizarlo me dan ganas de asesinar a una pequeña y molesta rubia... Dios me perdone.

Lea rió fuerte, tanto así que ese simple acto hizo que le doliera todo el cuerpo, apretó con más fuerza la mano de su amiga y cuando levantó la vista se encontró con sus ojos miel contemplándola tiernamente.

- En realidad me duele - dijo recobrándose.
- Te amo - sentenció sin dejar de mirarla.
- Acostumbras decirlo en situaciones extrañas - respondió sonriendo.
- Son las situaciones extrañas las que me ligan a ti.
- Tienes razón en eso - contestó y luego levantó la vista como imaginando algo.
- ¿Qué piensas?... ah ya sé, crees que soy una ilusa ¿cierto?
- Pensaba que tal vez cuando esto terminara, me refiero a cuando mi estadía en Roma termine, tal vez te gustaría viajar conmigo a Grecia... sólo nosotras - y apretó la mano de Valentina con fuerza.
- Me encantaría... me encantaría.

Entonces Lea se acercó y sin que Valentina pudiera pensar en las repercusiones, en las mentiras y verdades que eso arrastraría, sin pensar en un futuro que quizás no existiría, se dejó besar.

- Oh... disculpen - la voz de Ticio las interrumpió-, está anocheciendo, creo que es hora de que se marchen.
- Creo que es hora de quedarnos más tiempo - respondió Lea.
- Por favor joven Lucio, ha estado aquí desde la tarde y no me ha dejado revisar su vendaje.
- Ya le dije que yo me las arreglo bien.
- Usted es estudiante de medicina ¿no?, debería saber que debería estar guardando reposo y no en pie... en realidad me asombra que haya tenido fuerzas para levantarse de la cama...
- Hay muchas cosas que le asombrarían de mi, sé lo que hago y a pesar de exigir mi cuerpo me siento bien... Mi lugar es aquí así que acostúmbrese a mi presencia.
- Lucio... - intervino Valentina- creo que debemos irnos... ¿me acompañas a casa?
- Pero... - intentó responder.
- Deja que Ticio haga lo suyo...
- Al menos haga caso a ella - intervino Ticio.

Lea dio al médico una mirada y luego volteo para ver a Valentina, supo que estaba perdiendo así que decidió rendirse.

- Está bien - dijo resignada- pero mañana me tendrá aquí desde temprano y no vuelva a insistir con las vendas ni nada... yo sé lo que hago ¿bien? - Ticio movió la cabeza.


Salieron de la casa y se quedaron un momento afuera, ninguna de las dos sabía muy bien que hacer, miraron a sus respectivos aurigas que las esperaban impacientes, deseosos de llevarlas a sus respectivos hogares y marcharse a los suyos.


- Bueno... aquí nos separamos - sentenció Valentina.
- ¿Quieres separarte?
- ¿Qué dices?
- Que puedo despachar a este hombre y ambas podemos ir en tu carro... a tu casa.
- ¿Eh? - Valentina no pudo evitar sonrojarse.
- No, no... no quise que sonara así... pero tal vez podamos pasar esta noche juntas.
- ¿EH? -Valentina se transformó en un tomate.
- No... no... es decir, no quiero volver a casa de los Escevola, siento que voy a explotar en ese lugar... pensé que podría quedarme contigo hoy, en tu casa pero no necesariamente juntas.
- Claro... - contestó reponiéndose de la impresión- ... pero ¿Qué pensará Quinto y los demás?
- No importa lo que les pase por la cabeza... - caminó hacia su auriga y le dio órdenes de volver donde los Escevolas y comunicar que esa noche se quedaría en casa de Valentina y los cristianos, que esperaba volver al día siguiente en la noche.
Había anochecido completamente cuando llegaron a la casa que Valentina compartía con algunos amigos, también cristianos como ella, los dueños de casa miraron sorprendidos cuando su amiga presentó Lea como Lucio, un amigo de infancia. David, el que los había llevado el día anterior a su encuentro con Flavio lo saludó cordialmente y Magdalena, una mujer de unos 20 años, provocó que Valentina sufriera un leve ataque de celos al prestarle demasiada atención al recién llegado. Los otros, una tres personas más lo saludaron e invitaron a la mesa.

- Son amables - dijo finalmente Lea cuando todos ya estaban en sus respectivas habitaciones- tu habitación es linda, pequeña pero bien decorada.
- Si, son buenas personas... ¿Y desde cuando te preocupas de la decoración?
- Hey... también tengo buen gusto sabes... -contestó indignada.
- Puede ser... ¿Quieres que revise tu hombro o me alejarás tal y como lo hiciste con Ticio?
- No... tu puedes, no lo he revisado desde la mañana.
- Irresponsable.
- No, no irresponsable... tan solo descuidada.

Estaban en la habitación, solas, por lo que no habría peligro de que alguien descubriera que el joven Lucio era en realidad la joven Lea. La morena se mantuvo quieta mientras Valentina retiraba la túnica y a continuación removía los vendajes, cuando lo hizo no pudo evitar mostrar una mueca de dolor.

- ¿Qué tan mal está? - preguntó Lea luego de ver la expresión de su amiga.
- Rojo... - dijo mientras mojaba un paño y limpiaba la herida- parece que se abrió o lo hará muy pronto, está caliente, eso quiere decir que no está sana.
- Ay!... duele... cuidado ¿quieres?
- Sin morder - sonrió- ... no se ve bien, la fiebre puede extenderse, deberías haber descansado hoy... mañana no debes levantarte.
- No empieces... ay!
- ¿Puedes mover tu brazo?
- No - sentenció- y no creo que vuelva a moverlo... o a menos por un buen tiempo y si es así no será lo mismo.
- Te arriesgaste mucho...
- Tenía que hacerlo.
- Y ni siquiera usas un cabestrillo.
- Yo...
- No sigas, sales mal parada cada vez que hablas.

Y Lea no habló, tan solo emitía un gruñido aislado cada vez que la presión de las vendas que Valentina envolvía en su cuerpo se hacía mayor. Notaba la suavidad de las manos de Valentina, la delicadeza de su trato y por algunos instantes se envolvió en el perfume de ésta. Sin duda sería placentero y divertido viajar junto a ella, de pronto la idea de caminar a su lado le pareció reconfortante.

- ¿En que piensas? - preguntó Valentina mientras se lavaba las manos.
- Pienso en nuestro viaje - contestó acomodándose en la cama.
- Pues yo prefiero no pensar en ello... no me haré falsas esperanzas.
- ¿Falsas esperanzas? - preguntó arqueando una ceja.
- Si... me he alimentado de falsas esperanzas desde el día en que me enamoré de ti, no quiero seguir viviendo de ellas nunca más - contestó mientras se acomodaba junto a la morena.
- ¿Y que te hace pensar que no viajaremos?
- Tu lo sabes - contestó seria- ... ella...
- Ella no existe... -interrumpió sabiendo a quien se refería- yo no...
- No digas nada... te tengo aquí a mi lado y... y no quiero estropear esto, este momento.

Lea pasó su brazo sano por el hombro de Valentina y la apretó contra sí para luego, con suavidad, besar su frente.

- Me tienes aquí... ¿Por qué no lo intentamos?... déjame estar a tu lado.
- No me amas - afirmó.
- No... pero ahora soy capaz de amar... y no quiero perder esa pequeña luz en mi...
- Ambas sabemos quien hizo que esa luz apareciera en ti... yo no la cree.
- Pero la mereces... algún día te amaré con la misma intensidad que tu amas, algún día aprenderé como hacerlo.
- Tu ya lo sabes... sabes lo que es amar, pero esa persona no se lo merece... no ha hecho nada por merecerlo...
- ¿No estarás conmigo?
- Ya te dije - dijo incorporándose, deshaciéndose del abrazo de la morena para quedar mirándola fijamente- tu no me amas... pero mi amor es suficiente, y porque te amo estaré contigo para que esa luz que dices nació en ti no se pierda... o hasta que...
- ¿Hasta qué?
- Hasta que esa irritante rubia haga algo para merecer ser amada...
- Eso no pasará - contestó fría.
- Eso no lo sabes... - se acercó y la besó- y ahora... bueno estás muy lastimada como para hacer lo que se me vino a la cabeza...
- ¡Dios te perdone! - respondió sonriendo y acariciando el rostro de Valentina.
- Lo hará, pero debes descansar... a mi me basta pasar la noche abrazada a ti.

Lea se dejó abrazar por Valentina, tomó su mano sintiendo calma y vio claramente el camino a seguir, nunca en su vida el camino había estado despejado así que a pesar de lo claro que se veía no pudo evitar sentir en lo profundo de su ser que tal vez esa era la calma antes de la tormenta o que algo no andaba del todo bien... después de todo las cosas nunca andaban del todo bien. Cerró los ojos y se dejó amar tratando de entregar todo lo que le era posible en esos momentos... Valentina de verdad lo merecía.

*****

Adriana estaba furiosa, todos en la casona lo sabían por lo que evitaban encontrarse con ella, Amelia intentó acercarse pero un sonido que identificó como un gruñido la detuvo. Todos en la casa sabían también el motivo de su enojo y cada uno tenía una diferente perspectiva de ello.
Augusta, quien había llegado temprano ese día, encontró de lo más divertido y único el ver a la rubia tan molesta, la conocía desde hacía años y jamás imaginó verla tan enrabiada por lo único, que al parecer, escapaba de sus manos... ese Lucio lo había conseguido.

Cayo por su parte estaba tan enojado como Adriana, debido a la misma persona pero por distintos motivos, no soportaba la idea de ver a la mujer que amaba enfurecida por la ausencia de otro así como tampoco soportaba el descaro de Lucio al haber pasado la noche en la casa de otra... eso no era de caballeros.

Quinto no parecía mostrar enojo, es más se podría decir que lucía complacido por el actuar de Lucio Claudio, a su parecer a su hija le hacía falta perder algo al menos por un momento y disfrutaba con paternal cariño el verla tan enojada... Lucio era el hijo que quería, alguien que dominara el carácter de su Adriana. Por el momento eso era bueno, si la relación entre Valentina y él de verdad existía y duraba el mismo Quinto se encargaría de romperla... por ahora era necesario que su hija apreciara a un buen hombre y fuera capaz de recuperarlo.


Adriana seguía furiosa luego del almuerzo, pensó que vería a Lucio pero no fue así, al parecer había mandado a un mensajero informando que pasaría el día fuera, acompañando a su amigo. Era más de lo que podía soportar, era más de lo que su orgullo merecía. En esos momentos camino a la casa de Ticio repasaba los hechos: había meditado acerca de Lea, de ellas, había considerado los puntos positivos y negativos y en un vuelco extraño del destino había comprendido su punto de vista. Estaba decidida a reconocer su error y a intentar ser amiga de Lea... pero la noticia de que ella se quedaría en casa de Valentina lo había cambiado todo, y aunque una "amiga" no debería estar enojada por lo que otra "amiga" hiciere o no, ella reconocía su rabia. En esos momentos se encontraba camino a la casa del médico con el pretexto de ver a Fillipo aunque el trasfondo era claro para todos, necesitaba ver a Lea.

*****

Temblaba de vez en cuando y su vista se nublaba cada vez más seguido, Lea no había escuchado los consejos de Valentina ni mucho menos los del médico. Había despertado con fiebre y con un dolor que cada vez se hacía más profundo en su brazo izquierdo y durante el paso del día había debido enfrentar fuertes e intermitentes dolores de cabeza. Pero seguía allí, terca y obstinada esperaba que su amigo despertara, necesitaba verlo, comprobar que su amigo mejoraba con los días. Valentina se había resignado a verla luchar por demostrar que estaba bien, actuación que hasta esos momentos era un verdadero fracaso. Al menos había conseguido que llevara un cabestrillo.

- Hoy volverás donde Quinto - sentenció.
- Pensé que querías que me quedara.
- Claro que si - contestó tomando su mano- pero creo que lo mejor es que estés en tu propia habitación, por la noche iré y me encargaré de tu herida.
- Gracias.
- Pero debes entender, si es posible que te sientas peor yo tomaré las medidas necesarias para que Ticio te vea o al menos te quedes en cama - habló con convicción.
- Como quieras - se acercó y besó la frente de su amiga.

"Espero no interrumpir", la voz y la presencia de Adriana invadió la habitación, Valentina apretó con fuerza la mano de Lea pero saludó cortésmente a la recién llegada, ésta por su parte recorrió el lugar con la mirada evitando fijarla en la morena.

- No te ves bien - dijo finalmente.
- ¿Qué haces aquí? - preguntó Lea.
- ¿Acaso no es obvio?, quiero saber como se encuentra Fillipo.
- El griego no ha despertado... pero creo que lo hará en cualquier momento.
- ¿Les molesta si los acompaño?
- Ya nos íbamos - intervino Valentina mientras caminaba hacia la puerta llevando a Lea de la mano.
- Mi padre pregunta si volverás esta noche.
- Aún no lo he decidido - y diciendo esto se marchó.

Todo había sido muy rápido, no tuvo tiempo de decir o demostrar lo que sea que hubiese querido decir o demostrar a Lea, todas sus intenciones quedaron congeladas cuando lo primero que vio fue a Lea besar con amor la frente de la cristiana, cuando no pudo evitar notar que sus manos no se separaban. "Aún no lo he decidido", luego de aquella respuesta había querido golpear su hombro herido. Ocupó la silla que hacía unos momentos había ocupado Lea y contempló la figura de Fillipo, se veía tranquilo a pesar de haber estado al borde de la muerte.

- ¿Y tu qué opinas? - preguntó al hombre tendido en la cama- ¿Tienes alguna idea de todo lo que pasa a tu alrededor?... Tu amiga y la cristiana andan en algo, algo más que una simple y antigua amistad -suspiró- Valentina la ama, es evidente por la forma en que la mira... Lea es valiente luchó con todas sus fuerzas para llegar a ti en aquel callejón, pero ya debes saber que la culpa es mía no importa cuánta responsabilidad crea cargar sobre sus hombros... no sé que pasa conmigo, porque debo reconocer que el estar aquí es sólo una excusa que inventé para verla, ¿qué pasa conmigo?
- Tu la amas - Una voz grave se escuchó a sus espaldas, avergonzada Adriana volteó para reconocer a Antonio.
- Antonio... no te sentí llegar - dijo sonrojada.
- Estabas concentrada en tu "conversación" con Fillipo - sonrió.
- Oh...
- ¿Por qué no lo reconoces de una buena vez?... no pierdes nada.
- Pero Valentina...
- Valentina siempre será una buena amiga de Lea, nada más y ella lo sabe...
- No quiero arruinar su vida.
- Su vida ya está arruinada pero no por ti o tus acciones, Lea carga con una historia muy fuerte... lo único que puedes traerle es paz y ella lo necesita.
- Así fue una vez... ahora ya no tengo...
- Ve y díselo ¿Cuántas veces en tu corta vida haz sentido lo que sientes ahora?... al menos después no podrás decir que nunca lo intentaste.

*****

"Al menos no podrás decir que nunca lo intentaste", las palabras de Antonio daban vueltas en su cabeza y cada vez les encontraba más sentido. Llegó a la casona esperando no encontrar a Lea y decidida a que si así era entonces iría a casa de Valentina y exigiría hablar con la morena, hace mucho que no estaba tan decidida y dispuesta a lograr algo, sin embargo se sorprendió al saber que ella ya estaba en su habitación.

- "Se ve muy mal, Adriana"- le había dicho Amelia-, tu padre está preocupado"
- "Lo sé pero si es necesario yo misma me encargo de curarla."

Y allí estaba frente a la puerta de su habitación reuniendo fuerzas para golpear. Quien sabe cuánto hubiese esperado pero un grito en la habitación hizo que se decidiera.

- ¿Quién es? - se escuchó un gruñido.
- Adriana, abre la puerta.
- Vete, no quiero verte.
- Entonces te tendré que gritar lo que quiero decirte... Lea.

Ante eso la reacción de la morena fue abrir inmediatamente la puerta.

- Pensé que guardarías el secreto - dijo en voz baja mientras abría.

Al verla Adriana quiso abrazarla, se veía mal, sudaba y sus ojos no enfocaban bien, su mirada se detuvo en la gran mancha de sangre que cubría su hombro izquierdo.

- ¿Qué... Qué... tu hombro...
- Me duele... esto está mal... ni siquiera tengo el valor para arrancar las vendas... me duele.
- Déjame ver...
- No... Valentina vendrá luego... - Lea pudo ver que la expresión en la rubia cambiaba.
- ¿La amas? - preguntó.
- Estoy con ella... quiero estar con ella... es suficiente.
- No para mi.
- ¿Debemos tener esta conversación aquí y ahora? - preguntó fastidiada tomando su hombro.
- Entonces invítame a pasar.
- Haz lo que quieras - respondió y se apartó para que Adriana entrara en la habitación y luego cerró la puerta.
- Te amo... tenías razón todo este tiempo... jamás mentí juntó a ti, amé a Lucio y amo a Lea - confesó tranquilamente mientras se sentaba en la cama.
- ¿Por qué me dices... ésto ahora? - preguntó enojada, apoyándose en la puerta.
- Porque tu me amas también.
- ¿Acaso no quieres que sea feliz?... sabes que... contigo nunca lo... seré.
- Te equivocas.
- Sal de... aquí...

En esos momentos Lea cayó desmayada, Adriana no se dio tiempo para desesperar, inmediatamente rompió la túnica y quitó las vendas encontrándose con la herida abierta, afiebrada y de un color amarillo, estaba infectada, Lea podía morir y ella no lo dejaría así, había una conversación pendiente... toda una vida pendiente.

- Voy por Amelia - dijo mientras se levantaba y salía rauda de la habitación.

Continúa...

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Pd.: ... bueno si por alguna razón haz leído todo esto y quieres dar alguna idea o criticar o algo... escribe... (en realidad las ideas me están faltando últimamente)


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