VANESSA

Por Ricardo M.

Capítulo 11

El calor de un cuerpo célido, y la luz de la mañana que se va filtrando por la ventana, despiertan a Carolina.

Instintivamente busca el aliento de Vanessa. Carolina aun exhaltada por el sueño que ha tenido, sonrie al comprobar que Vanessa sigue con ella, y se queda mirando ese rostro de ojos cerrados que utiliza el hombro de Carolina como almohada.

Carolina acaricia el rubio pelo de Vanessa, mientras Vanessa comienza a despertarse.

Abro mis ojos en la mañana
Y lo primero que veo
Eres tu
Y me digo
¿Puede haber momento mas memorable?
Y me respondo
Si los hay
Cuando veo su cara al besarme
Cuando miro sus ojos observándome
Cuando esta encima de mí
Amándome
Cuando llora por mí
Cuando sonríe conmigo
Cuando por las noches
Me atrae hacia ella
Y me proteje con sus brazos
Y deja que el resto de su cuerpo
Vele mi sueño
Que acaso un amor así
No merece mil batallas internas
Contra los propios demonios


- ¡Hola! -Saluda Carolina.
- ¡Hola! Buenos días.
- Buenos días. -Y una sonrisa se refleja en ambos rostros.
- ¿Dormiste bien?
- Si muy bien y ¿tú?
- Muy bien también. -Un par de minutos de solo mirarse.- ¿Nunca te he dicho lo bien que me haces sentir al despertar a mi lado? -Carolina sonríe con mucha ternura.
- No... no me lo habías dicho.
- Pues así es, es verdad.

Carolina se acomoda en la cama para estar más cerca del rostro de Vanessa. Lleva una mano al hombro de Vanessa y lo acaricia mientras lo observa, después levanta la vista y con amorosa mirada le dice.

- ¿Qué te parece si...?
- ¿Ahora?
- Si.
- Pero es muy temprano.
- No seas floja.
- Bueno... pero... está vez yo voy encima.
- ¡Bien! Por mi no hay problema.

Vanessa ha encontrado la motivación para pelear contra sí misma, la ha encontrado en Carolina. He de suponer que todos encontraremos a nuestra Carolina en algun momento de nuestras vidas. Esa persona que al principio nos lastima, nos obliga a llevar mirada triste, y aguantar esa sensación tan rara en el pecho y en el estómago, esa que por las noches no nos da descanso, no ofrece tregua ni pacto.

Cuando creemos haberla encontrado, y tristemente nos damos cuenta que no, que días tan malos pueden ser, y las noches peores. No hay cosa peor que la noche en soledad, cuando nada hay para pelear, ni fuerzas, ni amigo que nos ayude, solo la mente perversa que no deja de recordarnos la tristeza. Peor aun cuando el cuerpo se une a ella.

A partir de Carolina, Vanessa crea hermosos sus días, y aunque a veces vuelve su instinto a mirar atrás, hay algo ya en el aire que respira, en el calor de su casa, en el amor de su cama, que la obliga a mirar de frente.

Espero que todos encontremos a nuestro Carolina, sino es que la han encontrado ya, siendo así, no la dejen ir, en caso contrario, sigan buscando que la sola busqueda ya valio la pena.

FIN


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